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Julio del 2006

LA PREEMINENCIA DEL ARCA DEL PACTO

Por cristianogiv - 24 de Julio, 2006, 21:34, Categoría: General


LA PREEMINENCIA
DEL ARCA DEL PACTO


Servir en novedad de vida

Lectura bíblica: Números 4:1-3.  Que nos sirva este pasaje de introducción.


“1Habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 2Toma la cuenta de los hijos de Coat de entre los hijos de Leví, por sus familias, según las casas de sus padres, 3de edad de treinta años arriba hasta cincuenta años, todos los que entran en compañía para servir en el tabernáculo de reunión”.


Fíjense cómo el Señor establece aquí el requisito de los 30 años.  Yo pienso que a todos nos recuerda al Señor Jesús.  Recuerden que en Lucas 3:23, allí donde aparece la genealogía del Señor Jesús, dice:  “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años”; es decir, que Él esperó para acercarse a servir en el ministerio público, y los 30 años representaba en Israel la mayoría de edad, y los levitas no podían entrar antes de cumplir esa edad;  incluso estaban allí, pero no participaban de ciertas labores que solamente a los 30 años se podían realizar.  De manera que estos 30 años de Números y Lucas es diciente, y cuando leemos Números a la luz del Nuevo Testamento mismo, y entendemos que lo que está diciendo el Espíritu para el Nuevo Testamento a través de Números es que para servir al Señor hay que estar en Cristo.


Cuando dice hasta 50 años, quiere decir que el viejo hombre no participa legítimamente del servicio a Dios; hay que participar entre 30 y 50, lo cual significa en novedad de vida, es decir, en Cristo Jesús, en el nuevo hombre.  Para entrar a servir en compañía en la casa de Dios, hay que hacerlo de 30 a 50 años, pero en el Antiguo Testamento era figura, hoy en el Nuevo Testamento, no importa la edad de la persona, puede tener ochenta años, pero si está en Cristo Jesús está en novedad de vida, no tiene nada de viejo en sí, con Cristo no pasa nunca de 50 años.  Dice que entra en compañía para servir en el tabernáculo de reunión.  Esta es una palabra importante; el servicio del Señor en Su casa es en compañía, es en comunión unos con otros.  El Señor estableció compañías, por eso era que el apóstol Pablo decía a los Corintios en la segunda carta:  “Teniendo nosotros (plural) este ministerio” (singular); ahí se refiere al ministerio del nuevo pacto, al ministerio del Nuevo Testamento, al ministerio del Espíritu, al ministerio de justificación, al ministerio de la reconciliación, al ministerio de la Palabra, al ministerio de la edificación del Cuerpo de Cristo, de la casa de Dios.


Entonces ese ministerio es un ministerio corporativo; ningún miembro es suficiente en sí mismo, todos tenemos que participar en la comunión del cuerpo de Cristo; por eso dice: entrar en compañía para servir. ¡Qué curioso!  Uno diría:  ¿servir para entrar?  Pero ¿entrar en compañía para servir en el tabernáculo de reunión, al cuerpo de Cristo?  Solamente se puede servir en compañía, en comunión; y este capítulo 4 de Números se escribió para enseñarnos el orden de prioridades, las disposiciones divinas para el avance del campamento de una etapa a otra.  Por eso dice lo siguiente: “4El oficio de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión, en el lugar santísimo, será este”; se ofrece en el espíritu.  El apóstol Pablo dice en el capítulo 1, versículo 9 de la epístola a los Romanos: “Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo”; no solamente a quien sirvo, sino a quien sirvo en mi espíritu, que son dos cosas. 

Servir en espíritu, servir en compañía y en Cristo.  Aquí tenemos tres requisitos del legítimo servicio a Dios en Cristo, en comunión y en compañía; son tres centralidades concéntricas, o sea que en el puro centro está Dios mismo, el Padre que mana para nosotros Su Espíritu a nuestro espíritu y de ahí al cuerpo de Cristo, la Iglesia.


Tres centralidades

Dios mediante de mi parte, porque creemos que Dios nos dará otras partes con otros hermanos, estaremos siguiendo una secuencia sobre estas tres centralidades: En Cristo, en el espíritu y en el cuerpo.  Son tres cosas que Dios estableció como requisito para servir.  En Cristo de 30 a 50 años; en el espíritu en el Lugar Santísimo, y en el oficio, en compañía.  Entonces son tres cosas centrales de las cuales nunca debemos olvidar, y que tenemos que tener siempre en el centro de nuestro corazón.  Dios siempre estará purificando nuestro servicio para que no sea en la carne, sino en el espíritu, para que no sea en Adán, sino para que sea en Cristo; que no sea en división, sino en comunión, en el cuerpo; trabajo legítimo que el Señor merece, tiene que ser en Cristo, en el espíritu y tiene que ser en el cuerpo de Cristo.  Ahora también aparece un orden de prioridad en la marcha, y dice así: “5Cuando haya de mudarse el campamento”; porque el campamento siempre se está mudando, siempre está avanzando, la nube guía al campamento, y el Señor comienza a moverse en Su pueblo, y el Señor hace un movimiento en una determinada dirección, y entonces dice que cuando la nube se levantaba, entonces el pueblo se levantaba.  Yo sé que algunos hermanos ya conocen esto, pero otros todavía no lo conocen, de manera que vamos a honrarlos siguiendo estos versículos delante de ellos.

La nube guiadora

Estamos en Números 9:15; allí dice: “15El día que el tabernáculo fue erigido (la casa de Dios, ese es el cuerpo de Cristo, la Iglesia), la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana”.  Así como en el día de Pentecostés, aquellas columnas de fuego se repartían en lenguas de fuego sobre el verdadero tabernáculo, que es la Iglesia.  “16Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego.  17Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; (había que adelantarse) y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel”.  Debían parar, porque la nube guiaba la pueblo por varias estaciones.  Estaban un tiempo en un lugar, mientras estaban aprendiendo una determinada lección en ese lugar; y cuando el Señor juzgaba que era hora de dar un paso adelante, entonces la nube los guiaba a otra estación, a otro lugar.  Entonces por eso dice:

“17Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel.  18Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban”.  Ese es el caminar del pueblo de Dios.  A veces la nube se detenía por un período de tiempo en una estación hasta que Dios juzgara que ya habían aprendido la lección. 

Cuando el Señor juzga que esa sazón ya está en su punto.  Porque sólo en su potestad están los tiempos y las sazones. Cuando ya juzga que hay que darle la vuelta a la torta porque ya está cocinada por un lado, ahora hay que cocinar el otro lado, entonces la nube se levanta y baja a otro lugar que Él conoce y ahí en ese lugar se comienza un nuevo proceso; porque lo que estaba crudo en otra parte empieza a cocinarse.


Entonces dice: “18Todos los días que la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados.  19Cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo muchos días, entonces los hijos de Israel guardaban la ordenanza de Jehová ,y no partían (se estaban ahí). 

20Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban. y al mandato de Jehová partían.  21Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche 1a nube se levantaba, entonces partían”.  A veces había que partir de día, a veces había que partir de noche, a veces al día siguiente, a veces era después de un tiempo, dos días, un mes, un año, mientras la nube se detenía en el tabernáculo sobre los hijos de Israel, seguían acampados.  Había que dejar al Señor empollar esa situación, como la gallina empolla sus polluelos; no se levanta antes de tiempo porque se le mueren los pollitos que están en los huevitos, y que sabe cuánto tiempo tiene que quedarse ahí sentada, y cuando ya es la hora, los pollitos empiezan a picar y a abrir el huevito y ya nacen los pollitos; entonces se levanta la gallina, empieza a andar y los pollitos detrás.  Así el Señor sabe cuándo es el tiempo en que tiene que empollar sobre nosotros.  Él nos comparó cuando dijo: Cuántas veces quise juntarlos como la gallina junta a sus polluelos; porque es que en el libro del Éxodo estaban acostumbrados a hacer cada uno como bien le parecía.  Además después de ser esclavos en Egipto, salieron en tropel, pero entonces Dios empezó a poner orden; así como en el principio había también desorden y la nube del Señor, o sea el Espíritu del Señor comenzó a moverse sobre la faz de las aguas y empezó a poner orden, empezó a traer luz, separaba el día de la noche, separaba lo de arriba y lo de abajo, y luego hacía brotar la vida y edificaba para sí mismo una casa, al hombre a Su imagen y semejanza; hizo el trabajo del mover del Espíritu de Dios.


Poniendo orden en el pueblo

Cuando Israel salió de Egipto parecía más o menos un caos, pero el Señor comenzó a moverse sobre ellos, los liberó, comenzó a ponerlos en orden, les empezó a pedir que le hicieran un Santuario con determinadas disposiciones, que Él va a morar en medio de ellos y luego de que más o menos hicieron eso, entonces una etapa tenía que ser seguida por otra, la de Levítico; y ahí en Levítico era necesario que el pueblo empezara a vivir en función de la casa de Dios, conforme a los arreglos de santidad de parte de Dios, conforme a las ofrendas establecidas por Dios, los distintos aspectos de la cruz de Cristo, del sacerdocio del Señor, la coordinación del ministerio.  De eso se habla precisamente en el libro de Levítico; cuando esa etapa ya estaba, entonces se llegaba al libro de Números.  Si usted compara la situación del pueblo en Éxodo, cuando están recién saliendo y con lo que el Señor estaba poniendo en orden en Su pueblo a través de sus distintas jornadas, verá que a través de cada nueva revelación el Señor va trayendo a luz para ir poniendo en su lugar todas las cosas para que todas las cosas estén en su lugar.

Entonces en este libro de Números se comienza a poner en orden al pueblo.  Primero se iban para donde querían; pero esperen, ustedes juntos van a hacerme un tabernáculo y ese tabernáculo no se va a mudar cuando ustedes quieran; yo les voy a decir cómo yo los voy a entrenar, cuándo levantarse y cuándo quedarse.  Al principio todo era un caos, cada uno salía para donde quería; como en el libro de los Jueces, que no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía; pero en Deuteronomio ya el Señor les dice: No haréis más como habéis hecho vosotros hasta ahora, cada uno como bien le parezca, sino en el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner allí su Nombre, allí iréis y le serviréis, allí ofreceréis los holocaustos, o sea en Cristo, en el Espíritu y en el Cuerpo de Cristo.  Porque eso es lo que representa el Santuario de Dios, donde Dios pone Su Nombre; representa primeramente a Cristo, representa también nuestro espíritu en el Lugar Santísimo y representa también la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.  Un solo santuario, y allí le serviréis; no haréis como lo habéis hecho hasta ahora; cada uno como bien le parezca, sino como el Señor se va moviendo en medio de Su pueblo, y va enseñando a Su pueblo el orden de marcha.


Entonces, por eso dice aquí: “23Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza como Jehová lo había dicho por medio de Moisés”.  Esto es lo que nos explica el capítulo 4 del libro de Números, verso 5, la frase en que nos detuvimos.  Números 4:5: "Cuando haya de mudarse el campamento", porque e1 Señor sabía que hay jornadas de Su pueblo; había varias mudanzas del campamento, todas dirigidas por el Señor, pero cada una era una etapa nueva y había que mudar el campamento cuando era la hora, cuando el Señor daba la señal y la nube se levantaba y comenzaba a moverse en algún lugar, en algún sentido, entonces había que levantarse, seguir a la nube en un orden establecido por Dios, y ese orden es el que está aquí en el capítulo 4 de Números.  Justamente como es el libro que pone orden, por eso se llama Números, porque es para poner orden: primero, segundo, tercero, cuarto, quinto; lo de quinto no debe ir primero, lo primero no debe quedar de once, lo séptimo no puede ir de cuarto; lo primero es lo primero, lo segundo es lo segundo, lo tercero es lo tercero, lo cuarto es lo cuarto, y luego lo que viene.


El orden establecido por Dios

Hay un orden en el que el Señor se está moviendo sobre Su pueblo, está un poco desordenado para ponerlo en orden; entonces lo primero con lo que hay que tratar es el traslado del campamento como lo dice el verso 5: “Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del tabernáculo”; lo primero que tiene que ver es el velo.

¿Se dan cuenta?  Todo comienza por el Lugar Santísimo; desarmar el velo para colocar allí los paños, el arca, y cubrir el arca con paños azules y seguir avanzando.  Es un orden establecido por Dios.  Lo primero que se trata aquí es en re1ación con Cristo, incluso antes de la mesa de los panes, incluso antes del candelero, incluso antes del incensario, es el asunto del arca, es el asunto del Lugar Santísimo; comienza todo por el Lugar Santísimo.  “Vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo”.  Hay cosas que están en una situación determinada, y hay que trasladarlas a una situación más avanzada, porque hay que mudar el campamento, pues hay una manera de hacerlo mudar, una manera que es la que está aquí en figura.  Dice: "Vendrán Aarón y sus hijos", o sea, el sacerdocio; todo el pueblo del Señor es sacerdote, pero aquí se está representando la autoridad delegada del sacerdocio de Cristo, y  dice: "desarmarán  el velo de la tienda, y cubrirán  el arca del testimonio".  Lo primero es el arca, porque la parte que corresponde con la nube es primeramente el arca.  Es todo el tabernáculo, pero primeramente el arca; es todo el mobiliario del tabernáculo, pero primero el arca.  Cuando vemos en Éxodo 25, "y haréis santuario para mí", lo primero  que describe es el arca; después describe la mesa y el candelero, uno frente al otro; como en Hechos de los Apóstoles dice en el capítulo 2 que la Iglesia  perseveraba primero en la doctrina de los apóstoles, que era acerca de  Jesucristo, en  la comunión unos  con otros y en  el partimiento del pan, o sea, en los panes, el candelero y en las oraciones, o sea en el altar de oro y el incensario; es decir, que ese orden que aparece aquí, esas cuatro cosas, el arca, la mesa, el candelero y el altar del incienso con el incensario, es el orden.  Las primeras cosas que se trasladan, y esas cuatro cosas que se corresponden con aquellas cuatro del libro de los Hechos de los Apóstoles.


Para los hermanos que son más nuevos, vamos a leer esos versos.  En Hechos 2:42 está el camino de la Iglesia, lo que la Iglesia desde que fue fundada perseveraba en estas cuatro cosas, en las cuales andaban; y dice: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.  Ahí están las cuatro cosas.  Esas cuatro cosas empiezan por la doctrina de los apóstoles.  Ahora, ¿en qué consiste la doctrina de los apóstoles?  Aquí mismo en Hechos 5:42 dice de los apóstoles:

“Y todos los días en el templo y por las casas, no cesaban de predicar y enseñar a Jesucristo”.  Claro que hablaban otras cosas, pero todo en relación con Jesucristo; entonces era como si sólo hablaran de Jesucristo; porque ninguna cosa tiene ningún sentido si está separado de Jesucristo; no tiene ni sentido ni valor.


En Cristo las cosas tienen sentido y tienen valor, tienen realización, tienen redención, porque Jesucristo es el centro de la doctrina de los apóstoles.  Claro que cuando nosotros leemos las cartas de ellos, ahí encontramos que hablan de muchas cosas, pero en todas ellas está siendo revelado Dios por Jesucristo; o sea que Jesucristo es el tema central de los apóstoles; Jesucristo siendo enseñado y predicado.  La palabra didaké y la palabra kerigma.  Es la enseñanza didáctica corriente ordenada de todo lo relativo al Señor Jesús, a Su persona, a Su obra, a Su doctrina; lo esencial.  La Iglesia no puede tener otro centro; la iglesia no puede estar girando a través de ninguna otra cosa, la iglesia tiene que tener esta primera centralidad, la Iglesia no debe ser descuidada en nada de lo relativo a Cristo.  El tesoro de la iglesia es Jesucristo; lo que la Iglesia tiene que entender es a Jesucristo; a quien la Iglesia debe conocer es a Jesucristo; a quien la Iglesia debe vivir es a Jesucristo; a quien la Iglesia debe testificar es a Jesucristo; a quien la Iglesia tiene que glorificar es a Jesucristo; o sea que la Iglesia está centrada es en Jesucristo.


A veces nos centralizamos en otras cosas; a veces organizamos algo en función de algo particularista, donde el centro no es Jesucristo, pero aquí dice la Palabra del Señor que los apóstoles todos los días en el templo y por las casas, no cesaban de hacer dos cosas: de enseñar (aspecto didáctico) en forma ordenada, secuenciada, que es lo que está debajo de la palabra didaké, en forma didáctica, que se traduce enseñanza; y también la palabra kerigma, que quiere decir proclamación, o sea aquel tema coyuntural de aplicación al Señor Jesús a cualquier coyuntura, a cualquier necesidad.  La Iglesia en cualquier momento debe predicar a Jesucristo y presentar a Jesucristo como la solución para cualquier cosa que se presente en el camino; pero no sólo se predica, sino que también se enseña; y no solamente se enseña, sino que también se predica.  No podemos quedarnos sólo con la enseñanza, porque constantemente tenemos necesidades prácticas y olvidamos el depósito que nos fue encargado a la Iglesia, como un consejo de Dios centrado en el misterio de Cristo para estar constantemente recibiendolo íntegramente, transmitiéndolo constantemente; por eso se necita que Jesucristo sea enseñado y sea predicado.  Ese es el centro de la doctrina de los apóstoles; por eso es que cuando allí dice que la Iglesia es el pueblo del Señor, su perseverar en su camino se centraba en esas cuatro cosas, la primera de las cuales era la doctrina de los apóstoles, o sea, que ellos eran cristocéntricos, porque los apóstoles enseñaban y predicaban a Jesucristo.


Cristo, el fundamento

Si mis hermanos se fijan conmigo en la primera epístola a los Corintios, capítulo 15, allí vamos a ver cómo el apóstol estableció esas prioridades, y entonces nosotros aquí tendremos estas prioridades.  La primera es Cristo, la segunda es el espíritu, la tercera es el Cuerpo de Cristo (la Iglesia).  Dice en 1 Corintios, capitulo 15, los primeros versos: “1Además os declaro, hermanos (esta  es una declaración apostólica de lo que es el evangelio en su primera esencia), el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2por lo cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creisteis en vano. 

3Porque primeramente (ahí está el orden de prioridad) os he enseñado lo que asimismo recibí”; es decir, que él también lo recibió de esta manera, de Cristo, ahí está; lo primero es la persona, el Mesías, el Hijo de Dios.  “Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo (ahí está lo primero de esta declaración, lo que es el evangelio, la doctrina apostólica: Cristo; segundo) “murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras”, o sea, la muerte de Cristo según todas las riquezas de la palabra de Dios, la persona de Cristo y la obra de Cristo en la cruz.  Entonces dice: “4y que fue sepultado (sigue la secuencia de Cristo), y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5y que apareció a Cefas y después a los doce”, y ahí sigue dando una lista de todas aquellas personas que fueron testigos oculares de la resurrección del Señor Jesús.  Entonces fijémonos, hermanos, que el apóstol Pablo había establecido un fundamento, y nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  Lo primero es Jesucristo.


¿Quién es Jesucristo?  El evangelio trata de Jesucristo, de presentarnos a Jesucristo; depende de quién puede ser Jesucristo para nosotros, para llegar a aprovechar lo que seamos para Dios.  Si Jesucristo es para ti sólo un personaje histórico que pasó por la tierra y enseñó una ética más o menos parecida a la rabínica, muy poco puedes disfrutar de lo que realmente Dios tiene para ti.  Todo lo que Dios tiene para nosotros, lo tiene la persona, obra y doctrina de su Hijo Jesucristo, y en Su Espíritu; amén.


Entonces, hermanos, el Señor Jesús, lo que Él es, es algo central.  Los apóstoles en lo relativo a Jesucristo eran muy cuidadosos.  Entre otras cosas, nos dice Juan que no se les reciba en casa a determinadas personas, pero si en relación con Jesucristo están tergiversando los asuntos, dice el apóstol Juan en la segunda carta, no lo recibáis en casa, ni le digáis bienvenido; el que le dice   bienvenido participa de sus malas obras.  La Iglesia tiene que conocer Su persona.  Vamos a Romanos 1, allí nos die 1o siguiente: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios (aquí Pablo está memorizando aquel pasaje de Hechos 13: ‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado’)”.  Ahora dice, ¿apartado para qué?  “para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras”.  Se refiere al Antiguo Testamento.  El Antiguo Testamento es la preparación de Dios para el evangelio de Dios; el Antiguo Testamento era la intervención divina a través de los profetas para tipificar, anunciar y fundamentar todo lo relativo al evangelio.  Pablo en el verso 3 nos dice cuál el tema central del evangelio, de qué es lo que trata el evangelio Dios; dice que Él había prometido antes por Sus profetas a través de las Escrituras, acerca de: o sea el tema central del Evangelio de Dios, es el Hijo de Dios; ahí comienza todo.  Ese es el fundamento: nuestro Señor Jesucristo.


Cristo es la roca

Ahora identifica quién es el Hijo de Dios; dice que es Jesús y que es el Mesías.  Lo que dijo Pedro: “16Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.  18Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca (y no dice sobre ti) edificaré mi iglesia”.  Tú acabas de confesar lo que el Padre te reveló y esa revelación, y esa confesión es acerca de Jesús, como el Hijo de Dios, como el Mesías de Dios, el Cristo; sobre esta roca edificaré mi Iglesia.

Ahí está el fundamento sobre el Hijo de Dios, Jesús el Cristo, muerto por nuestros pecados y resucitado y hecho Señor, el Mesías hecho Señor y Cristo; sobre Él está; Él nos tiene que ser revelado, tenemos que conocer al Hijo, cuando agradó al Padre revelarlo. No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre.  La Iglesia tiene que estar centrada, disfrutando al Señor Jesús, conociendo al Señor Jesús, quedando perpleja del Señor Jesús.


Hermanos, Dios no recibe otro sacrificio de parte nuestra, sino lo que Jesucristo hizo para nosotros.  Nadie se puede acercar a Dios en base a ninguna otra cosa que no sea el Señor Jesús; el mejor sacrificio que se puede presentar es tu fe en el Señor Jesús, es tu aprecio por el Señor Jesús, es tu conocimiento no intelectual solamente; claro que toca lo intelectual, pero prima el conocimiento espiritual del Señor Jesús; el que conozca al Señor Jesús, lo aprecie, lo reciba, lo viva, le agradezca y sólo en él confíe.  Ese es el único sacrificio que Dios realmente recibe.  ¡Qué aprecio tiene por Su Hijo!  No es nada que hay en ti, no es nada que tú mereces, no es nada que tú puedes; es quién es Jesús para ti, qué confiesas de Él, cuál es tu aprecio por el Señor Jesús, hasta qué punto lo conoces, de tal manera que te vayas pareciendo a Él, desde adentro para afuera, es lo que a Dios le importa; eso es lo primero, eso es el fundamento, eso es lo que Dios tiene por valor.


Todos los sacrificios que Dios dio para que en el Antiguo Testamento se presentaran delante de Él para poder recibir a Su pueblo, representaban al Señor Jesús.  Y ¿cuántos sacrificios eran? eran de muchas clases; se necesitaban cantidad de becerros y de corderos, de toros y de palomillos, tenían que ser sacrificados millares.  Cuando había fiesta había que sacrificar muchísimos, porque el sacrificio del Señor Jesús es muy grande, no podía ser representado por mística, tenía que ser representado por abundancia, porque Él es abundantemente, Su obra es abundante.  Como Iglesia nos reunimos alrededor del Señor Jesús, a comer del Señor Jesús, a apreciar a1 Señor Jesús, a recibir el testimonio de lo que Él hizo.  El evangelio de Dios es acerca de Su Hijo; de eso se trata el evangelio de Dios.  Hay algo en lo que Dios tiene complacencia, y es Su Hijo, aún antes de crear todo; y toda la creación la hizo para Su Hijo, y la hizo en Su Hijo, y Su anuncio es acerca de Su Hijo, que conozcamos acerca de Su Hijo Jesucristo, a quien Él ha enviado, Jesucristo, la vida eterna.  El evangelio acerca de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David; ahí empieza a tener sentido todo el Antiguo Testamento, que fue declarado Hijo de Dios, empezamos a ver los dos aspectos:  Hijo de David según la carne, representado por la madera del arca; declarado Hijo de Dios, ahí está la Divinidad, representada por el oro del arca.  Eso es lo primero que hay que tratar en una mudanza del campamento; donde hay que centrarse siempre es en Jesucristo, porque lo que realmente hay que mudar siempre es una posición más avanzada, es nuestro conocimiento en Cristo, nuestro aprecio por Cristo y nuestro seguimiento de Cristo, eso es realmente avanzar, avanzar para con Dios, es el conocer más a Cristo, el apreciarlo más, el vivirlo más y seguirlo más; solamente eso es realmente el seguimiento.


El arca representa a Cristo

Luego se empieza a hablar ya de la obra de Él, porque recibimos la gracia y el apostolado para la obediencia; la fe en todas las naciones por amor a Su nombre, ahí aparece ya el resultado del seguimiento en Cristo el Rey; de seguir a Cristo es que resulta el Rey.  No hay reino sin seguir a Cristo.  Entonces volvamos a Números capítulo 4:5:

“Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio”.  En Hebreos capítulo 10 nos dice que ese velo es la carne de Cristo; lo primero es conocer al Señor en Su obra, en Su encarnación, cada vez más profunda y dice: “con el él arca del testimonio”; esa arca representa a Cristo, no en una forma simple, sino en una forma completa, los distintos aspectos de Su persona y de Su obra objetiva para con  el Padre en  la cruz y sustitutivo aplicada a cada uno de nosotros como personas; todos nosotros juntos como un cuerpo; porque la obra del Señor Jesús no es sólo para individuos.  El Señor Jesús no sólo murió en la cruz para perdonar pecados de personas, sino como dice Efesios, para purificar la Iglesia; para purificar no sólo personas sino la Iglesia, y para presentar no sólo un Salvador, sino una Iglesia salvada, santa y gloriosa, sin mancha, la obra de Dios corporativa, y no sólo individualismos.  Por eso es que después del arca, le toca el turno a la mesa de los panes de la comunión y el candelero, que es el partimiento del pan, o sea la expresión práctica de la vida de la Iglesia y las oraciones en el incensario, que es el ministerio sacerdotal del pueblo del Señor: liturgia sacerdotal del pueblo.  Entonces dice en el verso 6: “Y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones”, o sea todo  el aspecto de la vida del Señor Jesús.  Recuerden que  cuando se miraba  de afuera hacia la casa de Dios, lo que se veía por fuera eran dos cosas: la cortina del atrio, que era de lino fino, y la tienda adentro que estaba cubierta por pieles de tejones; la parte visible que es con apariencias; porque el oro, la plata, el mobiliario, todo esto estaba dentro de la gloria.  La parte más visible es las pieles de los tejones.  El lino fino son las acciones justas de los santos.  Un  pueblo celoso de buenas  obras.  Desde  afuera se ve gente común y corriente, presentado así sin hermosura y sin apariencia, como se dice de Jesús.


Así como no le conocieron a Él, tampoco a nosotros; ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser, por eso el mundo no nos conoce.  El mundo ve por fuera personas común y corrientes, como aquellos animalitos en el desierto.  Somos tejones, pero haciendo ya buenas obras; es decir, las cortinas, pero de lino fino; Su pueblo común y corriente, celoso de buenas obras.  Entonces aquí aparecen los tejones, y dice: “Y extenderán encima un paño todo de azul”; ninguno de los atrios tiene el azul por fuera.  Cuando tú ves después, cuando cubren la mesa, cuando cubren el altar, y antes del altar, el candelero, verás que por fuera siempre van los tejones.  En e1 único caso donde los tejones y las pieles van por dentro y el paño de azul va por fuera, es en el caso del arca; porque lo azul representa lo celestial.  Como el Señor Jesús ya fue glorificado, es nuestro precursor. Entonces Él ya fue glorificado en su carne, en aquel pasaje de Hebreos 2:9.  No vemos las otras cosas que sean sujetas, pero aquello que vemos en gloria, o sea que lo azul ya no lo tiene escondido, sino manifestado.  Por eso es que corno Él es el precursor, entonces por eso tiene la señal de haber resucitado primero, de haber ascendido en gloria como precursor, de tener lo celestial ya por fuera con un cuerpo glorificado, y ya todos sabemos que el arca es Él.  Él es el arca porque es la única que tiene el azul por fuera; lo demás está por dentro todavía.  Ya somos hijos de Dios pero todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser.  Ya vemos que todas las cosas le son sujetas, pero vemos a Aquel que fue hecho menor que los ángeles, coronado de honra y de gloria, es el Señor Jesús a la diestra del Padre.  Por eso queda señalado todos los montoncitos que hay por ahí; esos montoncitos con Él a la cabeza.  El Señor es el centro al que hay que seguir.  Entonces esta parte es para que veamos el lugar preeminente de Cristo, la primera centralidad que tenemos que desarrollar.

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PANORÁMICA BÍBLICA

Por cristianogiv - 24 de Julio, 2006, 21:14, Categoría: General


PANORÁMICA BÍBLICA


La Biblia revela la totalidad

Comenzamos la lectura bíblica en Josué, capítulos 5 y 6.
“1Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán al occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban cerca del mar, oyeron cómo Jehová había secado las aguas del Jordán delante de los hijos de Israel hasta que hubieron pasado (eso es resurrección), desfalleció su corazón, y no hubo más aliento en ellos delante de los hijos de Israel”. “2En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel” (cuando estamos en resurrección tenemos que confirmar nuestra cortada con la carne). “3Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el collado de Aralot (siempre en el camino hay un collado en el que hay que cortar con la carne)”. “4Esta es la causa por la cual Josué los circuncidó: Todo el pueblo que había salido de Egipto, los varones, todos los hombres de guerra, habían muerto en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto”. “5Pues todos los del pueblo que habían salido, estaban circuncidados; mas todo el pueblo que había nacido en el desierto, por el camino, después que hubieron salido de Egipto, no estaba circuncidado”.

Por eso vuelve a circuncidar al pueblo. Esa es la insistencia del Señor, en que ninguno se quede de nieto, porque Dios no tiene nietos. Dios no es abuelito, sino Padre.


“6Porque los hijos de Israel anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que todos los hombres de guerra que habían salido de Egipto fueron consumidos, por cuanto no obedecieron a la voz de Jehová; por lo cual Jehová les juró que no les dejaría ver la tierra de la cual Jehová había jurado a sus padres que nos la daría, tierra que fluye leche y miel”. “7A los hijos de ellos, que él había hecho suceder en su lugar (no la vieja generación, no el hombre viejo, sino la nueva generación, el hombre nuevo), Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no habían sido circuncidados por el camino”. “8Y cuando acabaron de circuncidar a toda la gente, se quedaron en el mismo lugar en el campamento, hasta que sanaron (porque cuando la carne es tratada hay heridas, y con las heridas no se puede avanzar.

Hay que cortar con la carne y superar todo sentimentalismo, todas las heridas)”. “9Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar fue llamado Gilgal, hasta hoy (gracias a Dios que en el camino del pueblo del Señor hay varias estaciones, y una de ellas es Gilgal)”. “10Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó”. “11Al otro día de la pascua comieron del fruto de la tierra (¡aleluya!), los panes sin levadura, y en el mismo día espigas nuevas tostadas”. “12Y el maná cesó el día siguiente, desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra; y los hijos de Israel nunca más tuvieron maná, sino que comieron de los frutos de la tierra de Canaán aquel año”.


El fruto de la tierra es un nuevo disfrute de Cristo más fuerte. El maná representa un disfrute de Cristo preliminar, pero el fruto de la tierra es un disfrute de Cristo más profundo.


“13Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacía él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?”


Eso no fue algo que se inventó Josué; no fue cuando Josué lo planeó. Josué fue sorprendido, pues es el Señor el Capitán. Por eso hizo ofrenda. Porque después de estar en espíritu, en la nueva creación, entonces sí viene la guerra. No se puede hacer guerra en la carne, en la presunción del viejo hombre. La guerra es después de Gilgal. No se puede hacer frente a la guerra en la carne; la guerra se hace en el nuevo hombre, en el espíritu, es en la resurrección y en la ascensión. Del Sinaí, el pueblo del Señor fue conducido a la guerra, a la verdadera guerra; eso no es un juego de niños. La verdadera guerra es después de estar al otro lado del Jordán, después de morir a lo viejo, morir al ego, morir a la carne y estar en el espíritu, estar en la novedad de vida, estar en resurrección, estar en ascensión. Entonces esa es la hora para tomarse a Jericó y las demás fortalezas. Josué vio un varón que estaba delante de él con una espada desenvainada en su mano, al cual Josué preguntó: ¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos? Pero Él es del Padre, Él es de Dios. Son los intereses de Dios, no los de Josué, ni los de Jericó; son los intereses de Dios, ya sea con Josué, Su pueblo o con otros.


“14Él respondió: No (no era ni de uno ni de otro, Él es de lo alto); mas como Príncipe del ejército de Jehová (¡aleluya! Como Príncipe del ejército de Jehová) he venido ahora (Él no vino antes a conducir la guerra, mientras no cruzaran el Jordán, mientras no circuncidaran la carne, todavía no era la hora de conducir a Su pueblo a la guerra; pero después de todo lo que hemos visto, vino). Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró (este era el Príncipe de los ejércitos de Jehová, era el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, el Señor Jesús antes de la encarnación); y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? (Aleluya! Esa era la actitud correcta de Josué, postrarse a ver qué dice el Señor). 15Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo”.


Porque la tierra es el estrado de Sus pies, y cuando el Señor viene a dirigir el gobierno de Su pueblo es para recuperar para Sí la tierra. La tierra es santa, es el lugar de Sus pies. Lo primero que tenía que entender Josué era que el Señor, puestos Sus pies en la tierra, viene a conducir a Su pueblo a tomarse la tierra; localidad por localidad, ciudad por ciudad, para Su reino. Seguimos en el capítulo 6.


“1Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. 2Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó (¡Aleluya! Jericó estaba cerrada, requete que cerrada, aleluya) y a su rey, con sus varones de guerra (aleluya). 3Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días (hay que recorrer la ciudad en el nombre del Señor)”.


“4Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca (anunciando el trono, anunciando el reino, proclamando el gobierno de Dios delante del arca); y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas”.


“5Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante”.


Gloria a Dios; qué hermosa lectura. Toda la Palabra del Señor es una ley de Dios. El Señor revela Su corazón, revela el negocio; como Jesús dijo: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar”. El Señor Jesús habló del Padre y los negocios; y toda la Palabra del Señor, todos los libros de la Biblia, toda la secuencia es la revelación de Dios, de Su ser, de Su persona, la personalidad divina, de Su naturaleza, de Su carácter, de Sus planes; Dios tiene su negocio.


Toda la historia de la Biblia es la intervención de Dios llevando adelante Su negocio. Cada libro de la Biblia ocupa un lugar en la revelación de Dios. Los libros de la Biblia no son un montón de libros que alguien coleccionó sin ton ni son. Dios preveía esa colección. Fue Dios el que providencialmente inspiró que se fuera formando poco a poco el canon de las Escrituras, y con cada nuevo libro que por la inspiración providente de Dios iba siendo añadido al Libro de Dios, que es la Biblia completa, cada uno revelaba algún aspecto del Señor mismo, y es Su negocio. Con todos y cada uno de los libros de la Biblia, Dios revela algún aspecto. No podemos pasarnos adelante sin algún libro de esta colección sagrada; tenemos que recibir de Dios cada libro de la Biblia en su propio lugar y percibir lo que el Señor nos revela de la Biblia.


La tipología en el programa de Dios

Cada uno de los siervos de Dios y de grupos del pueblo de Dios de las distintas épocas, cumplieron una función dentro de una totalidad. La Biblia revela la totalidad; y a la luz de la totalidad, a la luz de la cosmovisión, de la quintaesencia de la Biblia en general, de la Palabra del Señor, se entienden sus partes. Las partes no se pueden entender fuera del contexto, de la totalidad de la Escritura. Jesús siempre contó con la Palabra. Es Satanás el atrevido que quiere entresacar la Palabra del Señor pero a pedazos, con otras intenciones, y para llevar adelante otros negocios diferentes. Pero el negocio de Dios es coherente con toda la revelación divina; toda la Palabra de Dios en todo, en distintos ángulos del negocio del Padre.

En el libro de Génesis, Dios comienza a hablar. En el libro de Génesis, Dios comienza a dar las primeras cositas, y las primeras pistas de lo que Dios tiene planeado aparecen en el libro del Génesis.

Prácticamente el solo capítulo uno de Génesis es, además de una historia, una historia dirigida providencialmente por Dios en una secuencia ordenada por Él mismo para anunciar lo futuro. El libro de Génesis no sólo es un libro histórico; Génesis es también un libro alegórico y además profético.


Cuando, por ejemplo, leemos la epístola de Pablo a los Gálatas, él de pronto se refiere a algunas partes de la historia patriarcal, pero el Espíritu Santo le revela que detrás de esa historia hay un control soberano y providente de Dios para enseñar; y por eso Pablo dice (capítulo 4): “22Porque está escrito (en la ley) que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava (Agar), el otro de la libre (Sara). Luego dice por el Espíritu Santo: “24Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos”. Ahí empieza el Espíritu Santo a sacar el sentido alegórico de la historia, y por eso dice Pablo, lo cual, es decir, aquella historia real que aconteció pero que fue dirigida providencialmente por Dios. Dice Pablo: “Lo cual es una alegoría”. Eso nos dice que la historia de la intervención de Dios, como Dios intervino, deja señales de Sí mismo, de Su personalidad, de Su carácter, de Sus principios, de Sus objetivos, y por eso es que aun en la historia se puede percibir también alegorías.


Pablo mismo, ya no en la epístola a los Gálatas sino a los Romanos, de pronto en el capítulo 5 habla de Adán y dice: “14...el cual es figura del que había de venir”. De modo que a través de esa palabra el Espíritu Santo, por mano del apóstol Pablo, nos está dando una clave para leer Génesis. Génesis es un libro histórico, pero también es una alegoría, y en forma tipológica adelanta sus objetivos, sus estrategias. De manera, pues, que Génesis es un libro que debemos estudiar con cuidado. El libro de Génesis es básico para todo el programa de Dios.


Ninguno de los libros de la Biblia se puede entender bien sin Génesis. Tú no puedes entender bien la epístola a los Romanos sin Génesis. Tener Éxodo, por ejemplo, sin Génesis, sería incomprensible. No puedes entender la redención sin Génesis; no puedes entender Apocalipsis sin Génesis. Génesis es un libro clave. Detrás de la historia está la mano providente de Dios, pero está en forma de alegoría, en realidades espirituales; principios divinos que revelan a Dios, Su naturaleza y Sus objetivos. Eso fue la gran revelación que en el Nuevo Pacto le fue concedida a la Iglesia. Los judíos leían a Moisés desde Génesis hasta Deuteronomio, pero dice Pablo en la segunda carta a los Corintios, que el velo estaba puesto sobre el entendimiento de ellos. Pero también dice Pablo que “16cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará”. Y Dios empieza a mostrar detrás de aquellos acontecimientos históricos en los que Dios intervino, que Él estaba revelando cosas propias del Nuevo Testamento, como dice en la epístola a los Hebreos 3:5: “Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir”.

Eso significa que lo que aconteció también con Moisés y con el tabernáculo, la casa de Dios, y el pueblo de Israel, todo eso no era una cuestión que se agotaría en el pasado, como una historia que pasó y pasó, no; sino que era para testimonio de lo que se habría de decir; es decir, Dios estaba pensando en el tiempo del Nuevo Pacto, el tiempo del Nuevo Testamento. Se refiere al testimonio del Nuevo Testamento, pero a través de la historia estaba siendo preparado la alegoría, la tipología, los anticipos, las obras, los tipos, las profecías del Antiguo Testamento.


Dice Pablo en Romanos 16 que por mandato del Dios eterno, por medio de las Escrituras de los profetas con ellas, los del Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento se anunciaría el evangelio y la revelación del misterio que había estado oculto desde los siglos y edades. Eso significa que Dios comenzó Su proceso de revelación en el libro de Génesis. En Génesis se pone toda la fundamentación necesaria, se coloca la alegoría necesaria para toda tipología. El libro de Génesis debemos estudiarlo con mucho cuidado, desde el capítulo 1, que culmina con Adán y Eva, siendo activos en Dios, teniendo sí comunión con Dios, andando con Dios y tener comunión íntima con Él. Esa es la edificación final que estaba significada en Dios. Siete días de la creación: los seis de trabajo y el séptimo de reposo.


La edificación de la casa

En la versión bíblica en español que estamos usando, Reina Valera revisión de 1960, para la hechura de Eva dice que el Señor abrió el costado de Adán, y con la costilla que sacó de su costado hizo una mujer. Pero la palabra en el idioma hebreo, donde en Génesis leemos que dice: hizo una mujer, significa con más plenitud: edificó una mujer. Ya el concepto de edificación en relación con Eva, la esposa de Adán edificada desde el material mismo de Adán, edificada con el material más cercano al corazón de Adán, es figura de la Iglesia, puesto que Jesucristo es figurado en Adán. Adán es figura del Cristo que había de venir; entonces Eva venía a ser edificada del material de Adán.

La participación de Cristo es la que edifica a la Iglesia. Cuando la Iglesia participa de Cristo, participa del costado de Cristo, participa de la carne y de los huesos de Cristo; ella es edificada. Con ninguna otra cosa se puede edificar la Iglesia sino con la participación de Cristo.

Cuando Cristo es participado, la Iglesia es la costilla, porque la otra es la típica; es edificada. Ahí aparece el concepto de edificación ya en Génesis; y luego en la vida de los patriarcas, aparece otra vez el mismo concepto de la edificación de Dios con Bethel. El libro de Éxodo ya es edificación, es casa de Dios, que es lo que significa Bethel, y empieza a ser revelada a través de la erección del tabernáculo. Allí Dios empieza a dar detalles cómo erigir el tabernáculo, cuáles son las medidas de las cosas; cuáles son las cosas primeras y cuáles son las segundas, cuáles las terceras.


De modo que es después de que son librados de Egipto y de pasar a través del Mar Rojo y de ser bautizados en la nube y en el mar, cuando el Señor los llama hacia a Sí mismo y les dice que le hagan a Él un santuario en el cual Él va a morar, en el cual les va a visitar como visitaba a Adán y a Eva. Y todo el trabajo es para poder contener la visitación de Dios; y a la medida que seamos más edificados para el Señor, más purificados, será más palpable, más profunda la visitación de Dios en Su casa, porque para eso es que se levanta el tabernáculo, para que la nube de gloria repose sobre él.

Para eso fue que hubo primer día, segundo día, tercer día, cuarto día, quinto día, para que en sexto día el hombre y su mujer hubieran sido edificados para Dios y Su casa; para que en el séptimo día, Dios descansara. Y lo mismo después que es levantado el tabernáculo, el Señor haya descansado. El Señor no puede descansar mientras no le edifiquemos Su casa; esa casa se refiere a la Iglesia en el Nuevo Testamento, al cuerpo de Cristo. Esa es la verdadera Eva; esa es la verdadera Bethel, ese es el verdadero tabernáculo, ese es el verdadero templo: la Iglesia. No la denominación equis, no. La Iglesia del Señor Jesús; el cuerpo de Cristo único y general que abarca todos los implementos. Ese es el negocio, la enseñanza del negocio del Padre. Eso era lo que el Hijo de David le edificaría al Padre, una casa.


El gran conflicto entre dos líneas

Pero toda esa edificación acontece en medio de un conflicto. El Señor revela principios espirituales a través de símbolos, a través de señales. Ya allá en el Génesis había dicho Dios a la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu simiente y la simiente suya” (Génesis 3:15). ¿Para qué? Dice Dios que toda la historia de la humanidad consistiría básicamente en un conflicto entre la serpiente y la mujer; entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente.

Hay dos líneas: Una, la de la mujer, que representa a la esposa de Dios, aquella que es tomada de Él, para Él, para casarse con Él, para complementarlo a Él, para representarlo a Él, coheredera con Él, que lleva el nombre de Él, que actúa y colabora con Él, la esposa; y la otra línea, la línea de la serpiente. Esas dos líneas es lo que explica todas las cosas que acontecen en la historia. En la historia sólo acontecen dos negocios: Uno es el de Dios, que lo realiza a través de la mujer y la simiente de la mujer; y es Cristo y el cuerpo de Cristo, Cristo formado en la Iglesia. Y el otro negocio es el de la serpiente, pues la serpiente también tiene un propósito. Ella, la serpiente antigua, que se llama diablo o Satanás, en el principio lo que quiso fue sentarse en el trono de Dios; ocupar el lugar de Dios. Lucifer dijo: “13Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14:13-14). Eso significa que Satanás quiere ocupar el lugar de Dios, quiere sustituir a Dios, él quiere pasarse por Dios. Por eso es que el diablo diviniza la creación para robarse la gloria él. Entonces la intención del enemigo es una, y es la que explica el desarrollo de la llamada historia de la civilización humana, porque la serpiente es el mismo dragón.


En Apocalipsis 12 aparece de nuevo una señal: una mujer; y otra señal, un dragón. Lo mismo de Génesis 3:15, aparece en Apocalipsis 12. La mujer de Génesis 3, aparece en Apocalipsis 12 ya más detallada. “1Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 2Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento”, para dar a luz un hijo; pero dice apareció otra señal que se refiere al dragón. “3También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 4y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese”. Dice el apóstol Juan por el Espíritu que esa es una señal. ¿Qué es una señal? Una revelación, un símbolo de un principio divino.


Dios se está revelando; todo Su trabajo se realiza en medio de un gran conflicto, en medio de una gran oposición. La mujer y el niño son algo muy tiernos, muy suaves. Un dragón con siete cabezas es algo terrible. Parece que tiene más pinta el dragón que la mujer y el niño.

Pero el Señor determinó que fuera el niño y esa mujer los que reinaran y se sentaran en el trono, y no el dragón; y el dragón es el que se quiere sentar en el trono. Las fuerzas del caos, es la destrucción; pero las tinieblas no prevalecen contra la luz; no prevalecieron contra la luz. Es notorio que esas siete cabezas del dragón se corresponden con las siete cabezas de la bestia. También en Apocalipsis aparece la bestia con siete cabezas, cada una de esas cabezas bestiales es un tipo de civilización humana, pero que se ha levantado lejos de Dios.


La historia de la humano ha discurrido a través de grandes imperios: Los egipcios, los asirios, Babilonia, los medos-persas, Grecia y Roma, que es la civilización actual, la occidental, y la otra bestia, la del capítulo 13 de Apocalipsis, la que parece que es un cordero, pero habla como dragón y que hace descender fuego del cielo, y que prepara una manipulación y extorsión económica, en la cual nadie pueda comprar ni vender, sino el que esté marcado con la señal de la bestia, la cual puede ser su nombre o su marca, no es sino el serpenteo de nuevo. Esa es la historia de la humanidad. Pero aparte de la historia de la humanidad, está la historia sagrada, la historia del remanente de Dios. ¿Qué es la historia de Nabucodonosor, de Alejandro Magno y la historia de todos aquellos grandes líderes? Solamente la manifestación de las cabezas del dragón a través de la política; la historia del mundo. Ese es el dragón, y es ese con todas sus cabezas el que está siempre ahí parado, listo para comerse, devorarse al niño de la mujer vestida del sol.


Todo el mundo, toda la organización que parece grande, tiene un objetivo: se paró a fin de devorar al niño cuando naciese. Así como cuando iba a nacer el Señor Jesús de María, lo cual, además de historia, también es figura, estaba listo Herodes para matarlo; pero el Señor llevó al niño a Egipto y estuvo allá más o menos tres años y medio, que es lo que se calcula hasta que murió Herodes el Grande, y después volvió a Nazaret. Así como se dio con Israel en Egipto, y se dio con Jesús en Egipto, ahora se da con la Iglesia, sacada del mundo.


Estamos viendo que toda la Biblia nos muestra dos desarrollos, y uno de ellos es el negocio de Dios, que es la edificación de Su casa, que es lo mismo que el crecimiento de ese niño en el vientre de la mujer; aunque ese niño en el vientre de la mujer es Cristo formándose en la Iglesia; porque Jesús dijo: “20De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22También vosotros ahora tenéis tristeza...” (Juan 16:20-22). De manera que ese asunto de la mujer gestando un bebé hasta que nace, es una actitud de la Iglesia; y por eso era que el apóstol Pablo decía: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Es la formación de Cristo en la Iglesia desde la edificación de Eva, desde Bethel (la casa de Dios), de la erección del tabernáculo; pero todo ese negocio se realizará en medio de grande oposición y en medio de gran peligro. Tiene todas las cosas en contra. Tiene al diablo en contra, tiene la carne adámica en contra, la condición pecaminosa, tiene al mundo entero en contra.


Lo único que está a favor es la voluntad de Dios, el celo de Su casa. ¡Aleluya! Él quiere Su casa, Él quiere eso. El diablo no quiere, pero el Señor dijo: “Ésta (la simiente de la mujer) te herirá en la cabeza, y tú (la serpiente) le herirás en el calcañar”. Entonces la simiente de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente, y la serpiente sólo le herirá en el calcañar; hará heridas, pero no son sino en el calcañar. La simiente de la mujer aplasta la cabeza de la serpiente, y eso ya aconteció en la persona del Señor Jesús; pero ahora tiene que aplicarse esa victoria a través de la Iglesia, porque el Cristo, el Hijo de Dios, está siendo gestado, formado en la Iglesia.


La edificación de Cristo en la Iglesia, el cuerpo de Cristo, de Cristo como un organismo vivo, el Cuerpo, se tiene que realizar en medio de grandes combates, en medio de grandes malentendidos. Hay muchas luchas, hay muchas condiciones confusas, hay muchos ataques sutiles; y todo ese montón de sutilezas, Dios que todo lo sabe, lo tipificó en los libros del Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento vemos la tipificación de esas dos líneas, la línea de Dios y la línea de la serpiente; también vemos los tipos de ataque de la serpiente, los tipos de pruebas que pasaron los patriarcas, que pasó después el pueblo de Israel en el desierto, y a la vez la edificación de Dios.

También vemos las rebeliones que hubo, las confusiones que hubo, las divisiones que hubo de parte de Satanás; pero la edificación sigue. Después de eso, Dios inspiró lo siguiente.


A través de las Escrituras

Levítico. En el libro de Levítico Dios dice cómo es que un pueblo santo va a vivir con coordinación y sanamente, de la unción, del servicio a Dios en Su casa, en su sitio y a la manera de Dios.

Números. Este libro se llama así porque ahí hay censos, hay órdenes, hay campamentos, hay puertas del norte, puertas del sur, puertas del este, puertas del oeste; todas estas cosas. La preparación del pueblo, que en esos días todavía era un tropel, pero en Números ya se va volviendo tropa. De tropel, el pueblo llega a ser tropa. En Éxodo todavía no es tropa; apenas es pueblo, pero todavía no saben dónde tienen que acampar, ni cómo, ni bajo qué autoridad, ni en qué orden, ni qué es lo que tienen que hacer, ni cómo tienen que marchar. En Éxodo y Levítico se redime y se coordina el pueblo para llevar adelante el negocio de Dios en figura, como ejército de Dios; pues el libro de Números es también figura. Y luego de que ya todo el ejército está listo y ya están como para entrar a tomarse la tierra, entonces en ese momento aparece el quinto libro: Deuteronomio.


Deuteronomio. Vamos a repasar la ley. Cuando entréis a la tierra, el santuario lo haréis así, no como le parezca a cada uno, sino que debe ser en el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner allí Su nombre. Allí lo adoraréis, y no le presentaréis tus holocaustos como bien te pareciera, sino donde el Señor escogiere. Y empieza Dios a dar instrucciones de cómo va a ser el rey, cómo va a ser la guerra, cómo va a ser esto, cómo va a ser aquello. Entonces Dios, ese ejército que organizó en Números, lo prepara en Deuteronomio para el libro de Josué.


Josué. Josué es el libro de la conquista; para tomarse la tierra; tomársela ciudad por ciudad. Después de cruzar el Jordán, tomarse Gilgal, tomarse Jericó, tomarse Hai, tomarse todas las demás ciudades. Cada uno de los nombres de esas ciudades tiene un significado. No puede haber conquista sin haber Números; no hay Josué sin Números, pero no hay Números sin Éxodo, y no hay Éxodo sin Génesis.


Toda la Biblia es la revelación del misterio escondido desde los siglos en Dios. En el Antiguo Testamento estaba aconteciendo todo como en figura, como sombra de las cosas celestiales, pero en el Nuevo Testamento comienza a ser revelada su esencia espiritual en la edificación de Cristo en Su cuerpo. La Iglesia, como cuerpo de Cristo, quiere decir un cuerpo para Cristo, para que Cristo mismo se mueva, para que la vida misma de Cristo se mueva. Eso es lo que legítimamente es el cuerpo. El cuerpo de Cristo no es una teoría, el cuerpo de Cristo es un organismo vivo habitado o movido por Cristo.

El cuerpo de Cristo está formado por todos aquellos en que Cristo mora y se mueve, y el cuerpo de Cristo es movido por Cristo, y el actuar de Dios es a través del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.


El Antiguo Testamento no termina con Josué. Dios sabía lo que sucedería después de que muriera la generación de los ancianos que habían visto las cosas que Dios había hecho; se levantó luego una generación que no había estado cerca de los asuntos, que no conocían las cosas de primera mano, sino apenas de oídas, y ahí fue cuando comenzó el libro de Jueces.


Jueces. A veces el pueblo se olvidaba para qué habían sido introducidos en la tierra; se olvidaban que lo que ellos tenían que hacer en la tierra era establecer varios reinos, donde Dios reinase, reposase y se expresase; pero ellos no entendían para qué estaban en esas ciudades, en esas localidades, y en vez de darle el lugar al gobierno de Dios, dice una frase que se repite en libro de Jueces, y así termina el libro de Jueces: “No había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía”. Y por eso es que a veces Dios, para que entendieran qué era lo que había pasado, permitía que fueran oprimidos o por los filisteos o por los madianitas o por cualquier otro; para que se dieran cuenta de lo que habían hecho.


Cuando estaban debajo de aquella opresión, a veces por catorce años, veinte años, clamaban a Dios y Dios levantaba algún juez que los librase; pero luego ellos se volvían a olvidar, y seguían haciendo las cosas a su manera, y venía otro período de opresión. Y así vemos una historia de largos altibajos. Suben y bajan, suben y bajan. En el libro de Josué era conquista; pero en el libro de Jueces es sube y baja, sube y baja. A veces por allí Sansón, por allí Gedeón, por allí Jefté, pero otras veces debajo de aquellos otros en opresión. Entonces ahí es cuando llega la hora de entender que Dios está buscando reinar. Ahí comienzan los libros de los reinos.


Reyes 1, 2, 3, 4. Es decir, los dos libros de Samuel y los dos libros de Reyes son esos cuatro libros de los reinos; porque Samuel hizo el reino, pero ellos no hubieran entendido el reino si no hubieran pasado por las experiencias de Jueces. A veces no comprendemos el gobierno de Dios, porque el gobierno de Dios es espiritual, hasta no haber sufrido muchas presiones. A veces es así. Solamente después, cuando se ha aprendido todo lo que es hacer lo que a uno le parece y con lo que a uno le parece, ahí es cuando el pueblo dice: Bueno, necesitamos un rey, ahora sí queremos un rey; pero el problema era que el rey que ellos querían no era el Señor. Sí, aprendieron que necesitaban rey, pero lo que no habían aprendido todavía era que el rey que necesitaban era Dios mismo.


Y entonces le tocó a Dios decir: Bien, voy a darles un tiempo con Saúl. Saúl hizo un reino pero no conforme al corazón de Dios, sino conforme al querer de ellos; pues a veces los hombres escogen las autoridades que a ellos les gustaría. ¿Y saben qué pasa? Sufren como sufrió Israel debajo de Saúl. El Señor les dijo: ¿Saben qué va a hacer vuestro rey? Los va a manipular, los va a explotar, va a convertir a vuestras hijas en sirvientas, a vuestros hijos en soldadillos. Va a sacar lo mejor de vuestras tierras, de vuestras riquezas para engordar sus cortes.


El Señor le dijo a Samuel: "No te han desechado a ti, sino a mí me han desechado" (1 Sam. 8:7). Porque Samuel hablaba en nombre de Dios; como él los llevaba hacia Dios, pero ellos querían las cosas a la manera como ellos pensaban. "No te queremos a ti, Samuel, queremos a Saúl"; y Dios dijo a Samuel: Yo sé que tú no les has engañado en nada; tú no haz estado sacándoles o sonsacándoles en nada; no es a ti, Samuel, a quien han desechado; es a mí.


Fíjense que el negocio sigue su camino, y debajo de la historia de Samuel y de Saúl, Dios fue formando a David. David no podía aparecerse de un día para otro. Para que David pudiera representar a Dios, y no a sí mismo, tenía que haber sufrido el gobierno atrevido de Saúl; y debajo del gobierno y del sufrimiento de Saúl, David aprendió cómo es que hay que reinar y cómo no; cómo es que se gobierna para Dios y cómo no; porque todo el negocio es el reino de Dios que entre nosotros está. Es que le llegó la hora a David, pero el reino de David es en Jerusalén. David empieza por allá, detrás de la majada; luego venciendo a Goliat y luego casi venciendo a Saúl, y sufriendo la persecución de Saúl, y escondiéndose y siendo probado a ver si respetaba o no la autoridad, y Dios ponía a Saúl en su mano para ver si se vengaba por sí mismo, y él no lo hacía.


Esa era la prueba que estaba pasando David. David honró a Dios, y fue un hombre conforme al corazón de Dios, y por eso Dios dijo: David, tu hijo me edificará casa. Ahora sí era la hora de edificar la casa. David tenía que conquistar la tierra, el territorio, los materiales, recibir de Dios el plano para edificar la casa; pero no se puede hacer de un día para otro; tendría que haber pasado las estaciones de David.


Crónicas. Ahora sí le llegó el turno a Salomón. Salomón comienza ahora sí a edificar la casa, y a edificar el reino para Dios. Dice Dios que el reino de Salomón, era el reino de Yahveh. Al trono de Salomón, en la vida se llama el trono de Yahveh. ¿Por qué? Porque Salomón no reinaba para sí, sino que representaba el sentir de Dios, del Espíritu de Dios y de la Palabra de Dios. Y allá aparece lo que había sido la costilla edificada, luego una Bethel, un tabernáculo, ahora aparece más ampliada. Porque de una costilla a una casa hay un avance; y de una casa a un tabernáculo hay otro avance, y de un tabernáculo a un templo hay otro avance. Cada vez Dios iba revelando más detalles, y más detalles y más detalles. ¡Ah! pero el diablo insiste. ¿No ve que el dragón no tiene sólo una cabeza? Tiene siete cabezas, y hace caer al justo siete vece, no una sola vez. Y si insiste, y vuelve otra vez a crear problemas, entonces ya no es necesario solamente el libro de Jueces, sino el libro segundo de Reyes y el libro segundo de Crónicas, donde se ve multitudes de situaciones irregulares por las que tiene que pasar el rey, donde cualquier cosita que no se hace bien tiene sus consecuencias; y allá aparecen nítidamente patentadas en la historia de Reyes y de Crónicas, donde en un montón de reyes están tipificadas un montón de situaciones como las que tenían que pasar en ese entonces.


Ezequiel. ¡Ay, ay! Cómo termina el libro de Reyes y el libro de Crónicas, en Babilonia; es decir, que todo aquel trabajo de Dios, está siendo resistido constantemente por el dragón, por una de esas cabezas; pero justamente en Babilonia Dios no ha terminado su negocio, y le dice a Ezequiel: Ezequiel, te voy a mostrar la casa que yo quiero. Te voy a mostrar todas las disposiciones; te voy a decir cómo son los pórticos, las entradas, este ángel mío, con una caña te va a medir puerta por puerta, muro por muro, ventana por ventana; cómo es que yo quiero las ventanas por dentro, cómo es que las quiero por fuera. Ellos estaban en Babilonia, la casa estaba quemada, estaba el pueblo esparcido; pero Dios sigue queriendo Su casa, y por allá entre los espinos y escorpiones se encuentra Ezequiel, uno de los que gimen por la ciudad, y el Señor le dice: Ezequiel, yo te voy a mostrar la casa, y tú, si el pueblo se arrepiente, tú enséñales cómo es la casa que yo quiero; tú les vas a mostrar todas sus disposiciones, sus diseños, todas las cosas; porque Dios sigue queriendo Su casa.


Siete veces caerá el justo, porque siete cabezas tiene el dragón, pero siete veces se levantará porque poderoso es el Señor para levantarlo; y el Señor sigue con los justos. ¡Aleluya! Después de Crónicas viene Esdras.


Esdras. ¡Aleluya! Dios empieza a ilustrar primero el altar, porque no puede haber casa sin haber altar, después los fundamentos de la casa, y después la casa hasta cierto punto, y después se termina la casa, y después, así como alrededor en Éxodo y Levítico, se edifica el campamento. Después de Esdras viene Nehemías.


Nehemías. Así como Esdras corresponde a Éxodo, Nehemías corresponde a Números, porque Éxodo es la salida de la cautividad para edificar el tabernáculo, pero Números es la organización de toda la nación de todas las actividades, de toda la marcha y del ejército, y del gobierno de Dios desde su casa. El reino teocrático de Dios. La aplicación del gobierno de Dios a toda la vida práctica y a toda nación; para eso es Números . Es lo mismo después de Esdras que con Zorobabel y Josué edificaron la casa como Moisés: El Tabernáculo.

Después viene Números, y allí edifica el ejército, viene Nehemías y restaura la ciudad, ya no sólo la casa. Con Esdras sólo se restaura la casa, en cambio con Nehemías se restaura la nación. Porque Dios quiere traer a las naciones a la obediencia del Rey firme.


Daré, pues, las naciones. Pero la nación no puede ser restaurada, si no es primero restaurada la casa, y la casa no puede ser restaurada si no ha sido restaurado el altar. Si yo no me consagro a Dios y a su voluntad, no puede ir y tener casa. Pero con aquellos que se consagran, Él levanta Su casa; y cuando Él ha levantado Su casa, entonces comienza a tomarse ciudad por ciudad, hasta tomarse la nación. Y es el Reino, la aplicación del Reino.


Comienza lo que el Señor Jesús dijo: Hágase tu voluntad aquí en fa tierra, como se hace en el cielo. Comenzando por Jerusalén, luego en Judea, luego en Samaria, hasta lo último de la tierra, todos 3, 5, 10, 12, 15, y en otras localidades. Otros 10, 12, 15, 20; y en otras localidades otros 5, 10, 14, 50; y en otras localidades, y así el Señor va restaurando el altar, la casa y el reino. Allí está otra vez Josué. Y entonces ahí sí tiene que venir Josué, pero ahora el verdadero Josué. Y después de los libros de restauración entonces viene Malaquías.


Malaquías. Dice: Bueno, he aquí envío mi mensajero delante de su faz, el cual preparará el camino delante del Mesías, y allí le dijo a Juan el Bautista: Anuncia la venida del verdadero Adán, el verdadero Moisés, el verdadero Josué, el verdadero Samuel, el verdadero David, el verdadero hijo de David, o Salomón, y el verdadero Esdras; ahí viene el Mesías, y ahí viene la iglesia.


La Iglesia. Ahora la Iglesia comienza a vivir todo aquello, pero en espíritu y en verdad. Ahora es en verdad. Hasta aquí todo había sido testimonio de lo que se había de decir; pero ahora es lo que se está diciendo, ya no lo que se había de decir; sino lo que se está diciendo.

Eso es el Nuevo Testamento; eso es la palabra del Señor Jesús. Ese es el EVANGELIO DE DIOS, el pacto; ese es el verdadero pacto. Ese es el ministerio del Cuerpo de Cristo; es una realidad. Hoy es la realidad.


Todos los libros de la Biblia son para ayudarnos a entender desde todos los ángulos, para mirarlo desde todas las dimensiones, como si fuesen una realidad virtual, como se dice hoy, como si se proyectase en otra dimensión. Para eso es el Antiguo Testamento, para que entendamos a Dios, las maneras de Dios.


Entonces, hermanos, toda la Biblia es un solo negocio. El Señor nos tiene para que le entendamos a Él, para que le comprendamos a Él; no seamos necios, no vayamos a hacer el papel de los perdedores, sino de los victoriosos. El Señor tenga misericordia de nosotros, el Señor nos guarde en Su santa paz, en Su santa humildad; porque se trata de Su gobierno, de Su reino, de Su vida, de Su formación, del gobierno de Cristo. El Espíritu de la Palabra de Dios. Que Dios se forme corporativamente en la Iglesia, que le hagamos tabernáculo, que le hagamos altar, que le hagamos un arca, una mesa, un templo, un incensario, unas trompetas, un ejército en orden, que le tomemos las ciudades. ¿No es eso lo que le dijo a Adán? Sojuzgad la tierra, hacedla crecer, multiplicaos, henchid la tierra y sojuzgadla. Eso es lo mismo que hizo él solo.


Pero se corresponde con Josué. Si tú tomas ese versículo, es el mismo principio del libro de Josué, pero el libro de Josué sigue siendo figura.

Hoy es la realidad con nosotros los hijos de Dios; allí nos estaba esperando. Todos los patriarcas, los sacerdotes, los profetas, los escribas, los reyes, los apóstoles, los llamados "padres" de la Iglesia, los reformadores, todos han trabajado para nosotros; y nosotros hemos entrado en sus labores para continuar el trabajo. Tenemos que entender a qué trabajo fuimos convocados, en qué lugar del negocio estamos, porque mejor es el fin del negocio que su principio; y si aquello fue tan glorioso, la gloria postrera será mayor que la primera.


No se desanimen cuando vean al dragón listo echando sus zarpazos para tratar de devorar al niñito; cualquier cosita hay que lucharla, cualquier reunioncita tiene tanta resistencia, cualquier localidad que va a comenzar es como una plantita, y le viene toda clase de cosas para destruirla. Ese es el dragón queriendo devorar el bebito que se está formando en la mujer; pero entendámosle a Dios. Él quiere al hombre para que le sojuzgue la tierra, en Su nombre; portándolo a Él, teniendo comunión con Él, representándolo a Él, y no aisladamente, sino corporativamente. Porque cuando Dios dijo: Hagamos al hombre, se refería al género humano, y el hombre que Dios estaba pensando a imagen de Su Hijo, es la Iglesia. La Iglesia es el hombre en que Dios pensaba, porque Él sabía que muchos caerían, pero la Iglesia sería la que cumpliría la misión del hombre; la Iglesia es el hombre que Dios estaba esperando en Cristo. Existe humanidad para que exista Iglesia, para que exista Iglesia a imagen de Dios.


Amados, vosotros que sois de Cristo, nosotros que somos de Cristo, somos muy privilegiados. No tenemos que defraudar el corazón del Señor. El Señor ha estado esperando por largo tiempo. No sea que venga y hiera la tierra con maldición. Gracias a Dios que no será así. Él no quiere que sea así; Él busca que alguien se interponga, que le ruegue que Él siga Su negocio.


Hermanos, no importa cuanta oposición exista; el Señor sigue y comparte Su corazón, y nosotros tuvimos la suerte de haber sido salvados, perdonados, estamos siendo soportados, estamos siendo tratados para Dios, para el negocio de Dios; y hagámosle a Dios lo que Él quiere que le hagamos; que pueda contar con nosotros. Esta ha sido una introducción panorámica de la Biblia, para que después tenga sentido cada detalle, cada rinconcito, cada detallito, cada paso. Es el todo lo que da significado a la parte. Antes de entrar por partes, era necesario leer esto ¿Amén?

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PANORÁMICA DE CRISTO COMO CENTRALIDAD / 1 / aspecto objetivo

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 17:44, Categoría: General



PANORÁMICA DE
CRISTO
COMO CENTRALIDAD




por: GINO IAFRANCESCO V.



"Panorámica de Cristo como Centralidad": (Aspecto Objetivo y Aspecto Subjetivo), es la enseñanza del autor los días 10 y 17 de Agosto de 1996, en la escuela de la obra cristiana, sede de la localidad de Tunjuelito, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur. Transcripción de Angela Fernández de Blanco. Grabación y digitación en sistemas de Marlene Alzamora de Troncoso.
"Panorámica de Cristo como Centralidad", constituye los capítulos 3 y 4 de la serie titulada: "Tres Centralidades Concéntricas". La presente es la quinta edición de estos capítulos.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.


PANORÁMICA DE CRISTO COMO CENTRALIDAD

ASPECTO OBJETIVO


El orden de las tres centralidades

Cuando comenzamos esta serie aquí en Tunjuelito, mencionamos tres asuntos que son centrales. Estuvimos viendo como el pueblo, el campamento del Señor, tenía que mudarse, tenía que avanzar. Y al avanzar no podía hacerlo de cualquier manera; Dios había establecido un orden; Dios había establecido una manera de cómo había que desmontarse el tabernáculo y había que trasladarlo y había que seguir avanzando y cómo había un orden de los asuntos. Todo eso es una tipología; todo eso son capítulos que no están de balde en la Biblia; y la intención de Dios no era que terminaran cuando sucedían apenas de manera tipológica con Israel; Dios, a esa tipología la estableció pensando en nosotros también; y es para nosotros que esas cuestiones deben tener bastante sentido y bastante significado.

Entonces veíamos que lo primero que el Señor establecía que se trasladara con determinados cuidados era el arca; siempre el precursor, el que abre la brecha, digamos, la prioridad, quien lleva adelante todo el avance del pueblo del Señor: es Cristo; y por eso está representado por el arca; el arca es lo primero que tiene que avanzar; todo lo demás sigue al arca; el arca está señalada de una manera especial, mostrando la preeminencia; todo avance legítimo y verdadero en el pueblo del Señor está íntimamente relacionado con Cristo. No hay ningún avance aparte de Cristo; los verdaderos avances son en el conocimiento de Cristo; en la medida en que conozcamos mejor al Señor, en la medida que el Señor se forme en nosotros, es como realmente avanzamos; no hay ningún traslado del campamento para una etapa más avanzada que no esté íntimamente relacionado con Cristo; siempre estaremos reviendo y rumiando (para usar las palabras del mismo Antiguo Testamento) a Cristo; siempre tenemos que estar volviendo a darle un mayor lugar a Cristo, un nuevo lugar a Cristo.


Lo que en la primera sección de esta tarde nuestro hermano Alejandro Pacheco compartió sobre la panorámica de fundamentos en Cristo, está íntimamente relacionado con esto que vamos a estar viendo sobre "las centralidades". Veíamos tres centralidades: Una la de Cristo, que es la de Dios, pero obviamente en Cristo, porque Dios es conocido en Cristo; Dios el Padre se conoce a través del Hijo; la obra de Dios íntegra, empezando por la creación, no sólo por la redención, se hace con Cristo, se hace por Cristo y se hace para Cristo; todas las cosas están centralizadas en Cristo y es Dios el Padre el que puso en ese lugar central a su Hijo Jesucristo. El Padre ama al Hijo y le ha dado como herencia todas las cosas.


El Padre ha querido que en el Hijo habite toda plenitud y el Padre lo ha hecho a él heredero de esa plenitud; el Padre ha creado en el Hijo, ha creado con el Hijo y por el Hijo y para el Hijo; entonces, no hay avance legítimo separado del Hijo; cualquier cosa tiene que ser una mayor profundización, un mejor entendimiento, pero no solamente intelectual, sino por revelación; claro que iluminando también nuestro intelecto y tocando también nuestros sentimientos y emociones y renovando nuestra voluntad y poniendo nuestro cuerpo como instrumento al servicio de Cristo y como miembros de Cristo. Amén.

Pero todo es en Cristo. Cristo es lo esencial. Entonces la primera centralidad tiene que ver con Cristo; tenemos que ahondar profundamente en Cristo.


La segunda centralidad es la consecuencia de ésta; es en el Espíritu; porque Cristo mismo, así como el Padre a Él le delegó una parte del trabajo, así también el Padre juntamente con el Hijo delegaron al Espíritu la continuación de este trabajo; entonces hay algo que es propio del Padre, con el Hijo y el Espíritu; algo que es propio del Hijo, con el Padre y el Espíritu; y hay algo que es propio del Espíritu, con el Padre y el Hijo. Entonces la segunda centralidad es en el Espíritu, en Su ser y en Su obra en nosotros, comenzando por nuestro espíritu; o sea, es la segunda centralidad. Nosotros nunca debemos salirnos de eso; nunca debemos salirnos de Cristo, nunca debemos salirnos del Espíritu y nunca debemos hacer trabajos o funciones que sean fuera de la comunión del Cuerpo de Cristo.


La tercera centralidad que Dios estableció es el Cuerpo de Cristo, porque el Cuerpo es la extensión del misterio de Cristo y es el cuerpo en el que opera el Espíritu de Cristo; por tanto todo tiene que hacerse en Cristo, todo tiene que hacerse en el Espíritu y todo tiene que hacerse en el Cuerpo y como el Cuerpo y para glorificación del Cuerpo de Cristo. Un cuerpo para que Dios sea contenido y expresado y realice Su Reino a través del cuerpo que Él quiso escogerse y a través del cual quiere reinar.


El misterio de Cristo

Entonces en esas tres centralidades nosotros estaremos basados, estaremos profundizando en ellas. ¿Por qué? Porque ellas son precisamente lo que representa el misterio de Cristo; el misterio de Cristo, que es como decir, la llave maestra de toda la Escritura.

Aparte de Cristo, la Escritura no tiene un sentido claro. Es el Señor Jesús el Cristo; o sea, el Señor Jesús como el Cristo de Dios, y el misterio del Cuerpo de Cristo y en el Espíritu. El misterio de Cristo es la llave de toda la Escritura, es la clave de todos los libros de la Biblia, es el que pone todos los libros de la Biblia en coordinación unos con otros. Por eso la vez pasada estuvimos viendo esa panorámica de toda la Biblia, mostrando que toda la Biblia está íntimamente relacionada en una misma función y en un mismo sentido; lo que es la clave de toda la Biblia que es la revelación de Dios es: el misterio de Cristo. El misterio de Cristo es lo que Dios quiere hacer conocido y revelar y ha revelado en el Nuevo Testamento y Su Espíritu lo está iluminando a Su Iglesia y lo está trayendo a realidad en la Iglesia, es el Misterio de Cristo.


El misterio de Cristo es el asunto del cual trata la Biblia; el misterio de Cristo es el asunto del cual trata el Antiguo y el Nuevo Testamento; pero el Misterio de Cristo no es sin el Cuerpo; no es sin el Cuerpo de Cristo; porque lo que Dios quiso fue darle a Su Hijo un cuerpo; un cuerpo para que Él se exprese, para que exprese Su gloria, para que exprese lo que al Padre agrada. Porque el Padre se agrada en el Hijo; entonces quiso darle al Hijo un cuerpo, quiso darle al Hijo un reino para que el Hijo haga lo que Él quiere en ese reino, que el Hijo reine, que el Hijo tenga la preeminencia, porque el Padre confía plenamente en lo que haga el Hijo. El Padre le confió todas las cosas al Hijo, y el Hijo recibe todas las cosas y realiza con todas las cosas lo que gusta al corazón del Padre; o sea que el Hijo es el que lleva todas las cosas a realización; y las lleva en Él a realización, y las lleva en Él a realización para el Padre; como está escrito: "Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos" (1Co. 15:28).


Hermanos, si sabemos que el misterio de Cristo es la llave maestra de toda la revelación divina. Debemos comenzar por esa centralidad y esa centralidad tiene tres partes: Cristo, el Espíritu y el Cuerpo de Cristo. Después se verá la culminación del propósito de Dios; pero la culminación es después; todo tiene que empezar por Cristo. Hoy, lo que Dios mediante estamos haciendo, y en sintonía y empatando con lo que nuestro hermano Alejandro está compartiendo, y esperando seguir con la ayuda de Dios en esa misma secuencia, es ver como el Señor lo vaya queriendo.


Hoy tenemos que comenzar a desglosarlo, también así como lo estaba diciendo Alejandro, primero en una forma panorámica.

Necesitamos ver cuantas cosas están relacionadas con Cristo; verlas primero así en forma panorámica; después necesitamos entrar en ellas, dejar que la palabra de Dios nos hable acerca de esos aspectos, abrirnos a esa Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios es una simiente que una vez que realmente la digerimos, la recibimos con aprecio y con atención, produce fruto; porque según la simiente que se siembra es el fruto que se produce. Nosotros necesitamos conocer esa simiente de Dios, que es el mismo Cristo también. Entonces quiero usar el tablero para ir anotando algunos ítemes o algunos puntos que son esenciales en relación a esta primera centralidad que es Cristo.


Cristo en la eternidad

Vamos a comenzar por Cristo en la eternidad; no se puede comenzar por Cristo aquí en la tierra, porque realmente la encarnación es una de las importantes obras de Cristo, pero no es la única, ni es la primera y antes de Sus obras está Su propio ser; entonces tenemos que ver a Cristo en la eternidad, lo cual es como decir también Cristo en la Divinidad o en la Deidad; Cristo en la Divinidad o en la Deidad.

Ahí tenemos que ver el lugar de Cristo. Esto lo vamos a subdividir en capítulos; tendríamos que poner el lugar de Cristo en la Trinidad; quiere decir, Cristo como segunda persona de la Trinidad; eso implica la esencia o substancia y la naturaleza divina. En esto en la Iglesia tenemos que estar muy claros, porque esto es la revelación de Dios, es lo que Dios ha venido revelando a la Iglesia.


Dios ha venido revelándose a la Iglesia, Dios ha venido revelándose a Sí mismo, a través de Cristo; no hay revelación del Padre, sino por el Hijo; el Hijo es la revelación del Padre; el Hijo es la imagen del Dios invisible. Dios es conocido a través del Hijo, pero antes de la revelación es el ser del Hijo; es el ser de Dios, de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu en la eternidad, pero en Sí mismo, para Sí mismo, todavía sin tener nada que ver con la creación. La creación no es una necesidad de Dios; eso tenemos que tenerlo muy claro; la creación es un acto de amor voluntario de Dios; la creación no es necesaria a Dios; a la creación sí es necesario Dios, pero a Dios no le es necesaria la creación; el amor eterno se basta en la Trinidad, pero es tan rebosante ese amor que Dios quiso crear también; pero antes de la creación es la Trinidad en sí misma, de sí misma y para sí misma; y en esa Trinidad entonces Dios le ha dado lugar al Hijo.


De manera que debemos ver primero al Hijo en la Deidad sin relación con la creación; lo que el Señor es desde la eternidad con el Padre, lo que es Su verdadero ser con el Padre, lo cual está revelado en la Palabra del Señor; y esa revelación Dios la ha venido haciendo, la ha venido adelantando de varias maneras; la ha venido adelantando de manera tipológica, de manera profética, también revelación por encarnación, por declaración directa del Padre, del Hijo y del Espíritu; también por declaraciones delegadas de los profetas en el Antiguo Testamento y de los Apóstoles en el Nuevo Testamento y también por la experiencia de la Iglesia, gracias al Espíritu Santo. O sea que Dios se ha estado dando a conocer durante un largo período en toda la creación; basta con que hubiera comenzado la creación; ya era para Dios darse a conocer; aun la historia de la humanidad tiene el sentido de conocer a Dios. Ustedes recuerdan del capítulo que estamos distribuyendo sobre la Transición de la Revelación General a la Especial, donde Pablo decía de Dios: "para que las naciones busquen a Dios y lo glorifiquen" (Hch. 17:27; Ro. 1:21-23).


Fíjense en el objetivo que Dios le da a la historia de la humanidad, a la historia de las naciones: "para que busquen a Dios"; no hay otro fin en la creación, legítimo, que no sea el conocer a Dios y el glorificar a Dios; pero Dios es conocido y revelado y glorificado por medio del Hijo; es por medio del Hijo que se conoce a Dios y es por medio del Hijo que la creación glorifica a Dios; todo tiene que comenzar por el Hijo en la eternidad.


Después viene Cristo en la creación; pero esto de Cristo en la creación tiene que identificarse también; Cristo en el propósito de Dios; es decir, antes de la creación hubo en Dios con Cristo un propósito; no solamente un propósito para consigo mismo, sino para con la creación que haría. Antes de crear la creación, primeramente hubo una deliberación en el seno de la Divinidad acerca de la creación; entonces, lo ponemos en el capítulo de Cristo en la creación, pero es como un antecapítulo; no lo ponemos en el de Cristo en la eternidad sólo, aunque sí pertenece allí; sin embargo, es por causa de que en ese primer capítulo estamos viendo a la Trinidad en sí misma y para sí misma.


Entonces, después tiene que haber un puente hacia la creación, el cual es el propósito. El propósito no es todavía la creación; y ese propósito de la Trinidad con respecto a la creación ya muestra otro aspecto; ya no muestra el aspecto de Dios solamente en Sí mismo y para Sí mismo, sino de Dios en relación con la creación, pero primero queriéndola, preconociéndola, planeándola, deseándola, decidiéndola; entonces sí, creándola. Digamos, pues, que hay un capítulo intermedio entre Cristo en la eternidad y Cristo en la creación, pero lo estamos poniendo como si fuera una especie de prólogo a Cristo en la creación, puesto que el propósito tiene que ver con la creación; así pues que lo ponemos como una especie de antecapítulo


Cristo en el propósito eterno de Dios para con la creación

Tenemos que ver qué ha revelado Dios acerca de lo que ellos querían, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo con la creación; para qué querían la creación? y ¿qué lugar tendría el Hijo en relación con la creación? Después de que eso es decidido en el seno de Dios, pero ya no sólo en relación a sí mismo, sino a unas criaturas que comenzarían a ser de la nada por voluntad y amor de Dios y mediación del Hijo, entonces ahora sí se llega a la creación.

En la Biblia aparece revelado el lugar de Cristo en la creación. Tenemos que tener esto también presente; en la Biblia, la Palabra de Dios, se nos revela que Cristo tuvo un lugar especial en la creación y tiene un lugar especial en la creación. Tuvo, en el sentido de la creación de la nada; o sea, cuando creó él mismo; la Biblia dice que todas las cosas fueron creadas por Él y que sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Otra cosa, la creación fue hecha también en Cristo; dice que: "todas las cosas fueron creadas en él”; esto es una cosa muy misteriosa; esto es una cosa muy espiritual; ahora necesitamos aceptar esos versículos, tenerlos presentes; digamos, programar nuestro corazón y nuestra fe con esos versículos para que el Espíritu Santo pueda traerlos a la pantalla de nuestra conciencia en el momento oportuno. Hermanos, yo antes había visto esas frases en la Biblia, pero en determinados momentos de comunión con Dios el Espíritu Santo les ha dado un sentido tan grande, tan grande, de lo que es la creación haber sido hecha en Cristo (Colosenses 1:16), no solamente por, sino también en. Por Cristo y en Cristo. Hechas por Cristo en el Padre, pero el Padre mediante el Hijo y también hecha en Cristo. Dice que: “en él vivimos, y nos movemos" (Hechos.17:28); dice que todas las cosas fueron hechas en Él. Eso es una cosa grande porque eso nos va llevando un poco al misterio de lo que es el cuerpo de Cristo. Fíjense que en la eternidad Dios se basta con el Hijo; el Padre se basta con el Hijo; pero el Padre le quiere hacer regalos al Hijo; entonces el Padre le da al Hijo una creación que Él sustente. Esa palabra sustento, que en Él es sostenida la creación, ese es otro aspecto de Cristo en la creación; eso es una cosa seria. Nada de lo que existe, existe fuera de Cristo; todo existe sustentado por Cristo.

Ustedes saben que Cristo es la Palabra de Dios y que sin la Palabra de Dios nada existiría y que todo lo que se mantiene en existencia es por la voluntad y el ejercicio de la Palabra de Dios; o sea que ese es un aspecto importante de Cristo en la creación.


Primero, no había nada apócrifo como inicio de todo; Cristo es el principio; el principio de la creación de Dios; no que Él fue el primero creado, sino que a través de Él es que se da inicio a toda la creación.


Segundo, no solamente ese principio, sino que la creación fue hecha en Cristo. Esos versículos los vamos a rumiar, nos vamos a unir a ellos, les vamos a dejar que digan lo que dicen; ahora por lo pronto estamos haciendo el resumen, pero tenemos que abrir esos versos, tenemos que dejarle a ellos decir lo que dicen.


La fecundación al principio parece que no se nota, pero deje un rato y verá cómo eso va creciendo, cómo eso va multiplicándose, va formando algo grande. Tenemos que abrirnos a la Palabra del Señor y dejar que nos diga eso para que en cualquier momento el Espíritu Santo pueda iluminarlo y asombrarnos de manera que lo adoremos y le exaltemos. Bueno, entonces Cristo es el principio de la creación de Dios, en el sentido de que es el que da comienzo a ella. Segundo, la creación es hecha en Él; o sea, la esfera de la creación, incluso la vieja creación; porque de la nueva, la redención también es por medio de Él; pero la primera creación es en el Hijo. De eso hay versículos que veremos y que algunos nos parecerán raros; y ¿qué será esto de ser creados en Él? hasta que un día el Espíritu te llega y nos ilumina; pero por lo menos tenemos que recibir la Palabra como ella viene, como ella vino de Él. Ahora viene lo relativo al sustento; no sólo a la esfera en quien fue creada la creación, sino quién la sostiene. La Palabra dice que Dios "sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (Hbr. 1:3); o sea, es el sustento de ella. Ahora, ese sustento implica también algo más que se llama providencia. La providencia de Dios quiere decir el ejercicio soberano de Dios con la creación para hacer los arreglos que Dios ha determinado, para que cada una de las cosas que Él creó cumplan su función; necesitan un cuidado especial de Dios, necesitan una providencia Divina; entonces hay providencia de Dios realizada por medio de Cristo; por medio de Cristo es la providencia de Dios. Hermanos, el Padre nada hace con la creación, sino por el Hijo y con el Hijo; la Providencia de Dios es a través del Hijo, es con el Hijo; estamos viendo lo que es el lugar de Cristo en la eternidad y en la creación, desglosado.


Cristo en la revelación

Ahora vamos a Cristo en la revelación; cuando vemos a Cristo en la creación ya hay un aspecto de la revelación de Dios. Una vez que empieza a existir algo eso es señal de un creador; o sea, eso es lo que se ha dado en llamar en la historia de la Teología, la revelación general, lo que la Teología Natural puede percibir de Dios a través de la creación; pero además de eso hay una revelación de Dios que es especial; hay una intervención personal de Dios en la historia de los hombres, antes de la caída, cuando Dios habló palabras directas al hombre, cuando le dijo a Adán y Eva ciertas cosas; allí hay una revelación; cuando hizo pacto con ellos. Cuando leemos Génesis, la palabra "pacto" en relación con Adán y Eva antes de la caída no aparece; pero cuando hablamos del pacto de Dios con Adán, en los profetas (Os. 6:7), nos damos cuenta que el Espíritu Santo está utilizando estas frases en los profetas para referirse a un pacto que aconteció en el Edén, un pacto en el Edén.

Entonces el capítulo Cristo en la revelación fue subdividido: Teología Natural; es decir, Cristo revelando algo parcial, pero verdadero de Dios, por medio de la creación; luego aparece la Revelación Especial de Dios; o sea, la intervención histórica de Dios en Cristo; primero antes de la caída y segundo después de la caída. Hay una revelación especial de Dios con Adán antes de la caída y después de la caída en el Antiguo Testamento realizada mediante Cristo. Entonces aquí es donde aparece el asunto misterioso que estamos viendo en la localidad de Teusaquillo: El Ángel de Jehová; “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” (Ex.3:2,6), el Ángel de Jehová que aparece como Jehová enviado (Zac.2:8,9,11), hablando en primera persona como Dios; entonces eso tiene que ver con la revelación.

Cristo es la revelación, la revelación de Dios por medio de Cristo como el Ángel de Jehová; no un ángel creado. El nombre “ángel” no es nombre de naturaleza, sino de oficio; y el Hijo es el enviado del Padre. Por eso vemos lo relativo al Ángel de Jehová, vemos también lo relativo a las apariciones teofánicas de Cristo antes de la encarnación; eso es también Cristo en la revelación y todavía no en la encarnación, como dice el canto: "éste es el Cristo que yo predico", que la Biblia predica; la Biblia predica este Cristo. No sólo a los de la Iglesia; nosotros tenemos que conocer al Cristo de Dios, del cual somos Su cuerpo, del cual somos ahora Su cuerpo.


Cristo en la encarnación

Este es el siguiente punto de la serie; esta parte tiene muchos capítulos; la primera de ellas es la misma decisión, la decisión en Dios de redimir por medio de Cristo, incluso antes de la encarnación; pero la encarnación es la decisión de Dios. La Palabra del Señor dice que el Cordero fue inmolado desde el principio del mundo y dice que ya había sido destinado desde antes de la fundación del mundo; o sea que Dios ya había tomado esta decisión, incluso antes de que hubiera una criatura que pudiera rebelarse en carne; ¿por qué? porque Dios es omnisciente; Dios conocía todas las cosas y Dios ya había tomado decisiones y previsiones; ya ninguna cosa le sorprende a Dios. Cuánto nos consuela saber de que a Dios no le va a sorprender ningún pecado nuevo, ni ningún diablo nuevo. Dios es omnisciente y Él ya conocía todo esto y ya en la naturaleza de Él estaba el ser Redentor. Era ya una decisión en Dios; o sea, podemos comenzar por la decisión de redimir, antes de encarnarse; Cristo destinado para ser inmolado a favor de Su pueblo, antes de la fundación del mundo. Eso ya lo sabía el Señor; Él sabía para qué venía; a Él no le sorprendió nada; Él tenía clara conciencia de para qué Él había venido. Entonces Cristo en la encarnación. Tenemos que ver lo de la encarnación, primero como una decisión de Dios; y segundo, como un plan específico para redimirnos; o sea, la redención sería a través de la encarnación; el hombre se salvaría y se salvaría mediante una encarnación; o sea que el Verbo tomaría la naturaleza humana, la que en Adam cayó, y juzgaría su pecado en la cruz; y luego la renovaría; la regeneraría en la resurrección; las cosas fueron hechas en Él y entonces Él las asume; ahora Él pasa por el juicio de Dios, porque las cosas tuvieron una caída; pero no porque Él la quiso, pero sí la previó y la permitió; pero Él salvaría, Él intervendría; entonces ¿qué sucede? hay una decisión, hay que pasar por esto.

Entonces cuando Él vino, vino exactamente a eso; de manera que ahora sí, después de esa decisión, viene lo que se llama la kenosis; que es la palabra griega que significa despojamiento o anonadamiento. Cuando dice por ejemplo Pablo por el Espíritu Santo en el capítulo 2 de Filipenses: "siendo en forma de Dios, no estimó...", ahí comienza ya a revelar Dios, a Cristo, antes de la encarnación, pero para la encarnación, primero, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse; ahí comienza uno a ver esa excelencia de Cristo; ahí es donde uno se da cuenta del contraste total con Satanás, porque precisamente Satanás no siendo el Hijo se ve semejante; y el Hijo, siéndolo, no se aferra a Su condición así; y estuvo dispuesto a hacerse inferior a los ángeles, someterse a la condición de siervo y de ir hasta la muerte y beber una copa. Ahí es donde vemos la belleza de Cristo y lo que Cristo es en Su persona, lo que es para el Padre y para nosotros, porque todo esto comenzó a favor de nosotros; es decir, para que lo que Cristo es en Sí mismo por naturaleza, llegase a ser nuestro. Por eso es tan importante conocer a Cristo, porque nosotros en Adán heredamos la actitud de Satanás, pero en el Espíritu le podemos enfrentar con la actitud de Cristo, porque Cristo enfrenta a Satanás desde esa decisión; Él sabía de la caída de ese querubín y luego los que le siguieron habían tomado una actitud específica. "Seré semejante al Altísimo y sobre las estrellas estableceré mi trono" (Is. 14:13,14); entonces ¿qué se dice de Cristo? "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2:6).


No se aferró, es decir, Él confió plenamente en el Padre, dependía absolutamente del Padre, le dio toda la honra al Padre, le dio el primer lugar al Padre, corrió todos los riesgos habidos y por haber en las manos de Su Padre; esa es la mayor bofetada contra Satanás y contra todos nosotros, cuando no estamos en Cristo participando de esta misma naturaleza y sentir que hubo en Cristo Jesús; y este sentir que hubo en Cristo es para que sea realizado en nosotros, para que nosotros seamos Su cuerpo y Su expresión; entonces necesitamos conocer a Cristo, la preciosura de Cristo, la riqueza de Cristo, porque lo que Él es, lo es para nosotros, y lo que conozcamos y apreciemos de Él es lo que llegaremos poco a poco a presentar a Dios para gloria del Padre.


El despojamiento

Entonces ya con esta decisión, "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo”, aquí tenemos que detenernos a ver cómo fue ese despojamiento, en qué consistió ese despojamiento. ¿Dejó Él de ser Dios? ¿puede ser Dios mudable? o ¿es Dios inmutable? Entonces ¿en qué consistió ese despojarse? ¿en qué no y en qué sí se despojó? "Tomando forma"; no tenía, "tomó forma de siervo, hecho semejante a los hombres" y aquí vemos entonces el aspecto "el Verbo hecho carne", pero también "semejante a los hombres".

Naturaleza humana de Cristo

Entonces aquí entramos en el aspecto ya de la naturaleza humana de Cristo; hasta aquí, antes de la kenosis o el despojamiento, es la naturaleza divina; pero a partir de la encarnación es la naturaleza humana de Cristo. Entonces ahí hay un capítulo que corresponde a la antropología, qué misión tiene el hombre, qué partes tiene el hombre y cómo Cristo asumió el hombre integral. Porque hay herejías cristológicas y necesitamos poder distinguir la revelación divina bíblica acerca de este aspecto de la humanidad de Cristo y contrastarla con las enseñanzas heréticas acerca de Cristo y de Su humanidad; porque hay herejías que niegan la humanidad de Cristo y dicen que es una apariencia. O allí está el apolinarismo que dice que solamente el cuerpo de Cristo era humano, pero que su alma era divina, cosa que niega la completa humanidad de Cristo. O está el monofisismo que dice que Cristo no tenía sino una sola naturaleza. O está el monotelismo que dice que Cristo no tenía sino voluntad divina, pero no tenía voluntad humana; que son herejías acerca de Cristo. Todos los espíritus de error quieren tergiversar a Cristo. Fíjense que cuando el Apóstol Juan dice en qué conocer el Espíritu de Dios del espíritu de error, no dijo que porque la gente fuera muy amable, muy gentil, ni muy bondadosa; era por causa de la confesión acerca de Cristo (1 Jn. 4:1-6). Debemos ver todo lo relativo a la humanidad de Cristo, al espíritu humano de Cristo, el alma humana de Cristo, al cuerpo humano de Cristo; tenemos que constatar que la revelación divina bíblica nos muestra a Cristo con un alma humana, con un espíritu humano, con un cuerpo humano, pasando por pruebas humanas, tratado en todo conforme a nuestra humanidad; esos son capítulos fundamentales de la persona de Cristo; amén!.

Hermanos, entonces cuando dice: "hecho carne" (Jn..1:14), si se toma este verso sólo sin tener el de Filipenses, pensamos que se refería sólo al cuerpo, pero cuando lo completamos con Filipenses vemos que esta palabra “carne” la está usando el apóstol Juan para implicar toda la humanidad o naturaleza humana, porque el apóstol Pablo lo dice: "semejante a los hombres"; y luego cuando seguimos todas las pistas, las pisadas del caminar humano, del vivir humano de Cristo, entonces ahí nos damos cuenta que en Su persona Él tenía un espíritu humano, un alma humana y un cuerpo humano; y cuando Él dijo: "mi alma está muy triste hasta la muerte" (Mt. 26:38) y "no dejarás mi alma en el hades" (Hch. 2:27), entonces, ahí nos damos cuenta que Él tenía un alma humana; y también cuando dice: "me preparaste cuerpo" (Hbr. 10:5b), y también cuando les dijo, ya resucitado incluso; "un espíritu no tiene carne ni hueso como véis que yo tengo" (Lc. 24:39), nos referimos a un Cristo íntegro. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, hermanos. En la historia de la Iglesia se ha presentado un Cristo no solamente carne sino hombre; es decir, hombre en el sentido integral, no solamente cuerpo. Los herejes han presentado un Cristo que es humano, pero que no es divino, otro que es divino, pero apenas en apariencia es humano; otros dicen que sí es humano, pero su nacimiento fue como si fuera de apariencia; y muchas cosas más.


Aquí tenemos que desglosar esta encarnación en varias etapas, comenzando por la concepción inmaculada de Cristo en la virgen María; fíjense, no dije la concepción inmaculada de María, porque es que a veces se habla de la inmaculada concepción de María diciendo que sus padres Joaquín y Ana no transmitieron la naturaleza pecaminosa a María; que ella no la heredó, que prácticamente no necesitó ser salvada; así que cuando el ángel Gabriel le dijo: Dios te salve, María, le dijo una blasfemia.


La Palabra del Señor sí habla de la inmaculada concepción de Cristo, o sea, del Verbo de Dios como hombre en el vientre de la virgen María; entonces, es la concepción inmaculada de Cristo, del Verbo como hombre, no del Verbo como Dios; pero el Verbo como Dios se sometió a una concepción humana en el vientre de la virgen María; el Verbo como hombre en el vientre de la virgen María. Aquello también de que ella era virgen, hay también que decirlo y eso estaba profetizado; entonces debemos ver esas profecías y leerlas con cuidado, dejar que nos hablen y que cada etapa esté clara. La concepción, la gestación y el nacimiento fue el cumplimiento de las profecías.


El vivir humano de Cristo

En relación al nacimiento, cómo nació en Belén y después todo lo que Él pasó, lo que se ha dado en llamar el vivir humano de Cristo. La Palabra del Señor nos enseña el vivir humano de Cristo; o sea, nos enseña de Su crecimiento, no el de la divinidad, porque la divinidad no puede crecer, porque eso sería decir que la divinidad ha sido imperfecta y se está perfeccionando y eso es el error del panteísmo, el panteísmo de la nueva era; ellos piensan que la creación es la que es Dios y que la creación evolucionando es Dios perfeccionándose, y lo querían decir varias de las religiones paganas, incluso la de los indígenas de la Amazonía, que la creación es esa substancia divina que va tomando conciencia de sí misma y en el hombre aparece la divinidad, y por eso ellos adoraban la naturaleza; los mismos indígenas aquí de la Amazonía Colombiana llegaban a idolatrar la creación por decir que la creación es un Dios. Entonces todo esto tenemos que entenderlo: Dios en Su ser es inmutable, Él no es perfectible, Él es perfecto, pero la humanidad si es perfectible, y por eso en cuanto a la humanidad en Hebreos se dice: "y habiendo sido perfeccionado llegó a ser autor de eterna salvación de ellos" (Hbr. 2:11; 5:9); pero no en lo divino, sino en lo humano, ¿por qué? porque Él tenía que asumir nuestra naturaleza humana, que nosotros habíamos degradado, y Él tenía que asumirla, pero sin pecado, para rescatarla y para llevarla a su perfección, al varón perfecto. Por eso la Biblia, en lo del vivir humano, habla del crecimiento de Cristo como hombre (Lucas 2:40), y en varios aspectos creciendo Él, en estatura, en sabiduría, en gracia, delante de Dios y de los hombres. En ese crecimiento, acompañándolo, están lo que se llaman las pruebas. “Fue probado en todo conforme a nuestra semejanza.” (Hbr. 4:15).

Además de las tentaciones a que fue sometido Cristo, habiendo salido en victoria en las pruebas; una victoria sobre sí mismo, sobre la carne, sobre el mundo, sobre el diablo, sobre los enemigos, sobre la muerte. Ahora, todo esto lo hacía para el Padre y para nosotros, y es por eso que hay que seguirlo atentamente porque eso es lo que nos pertenece a nosotros; nosotros tenemos que seguir a Cristo, porque cada cosa que recobramos en Él es para nosotros; por eso es importante seguir a Cristo. Cuando leamos la Palabra pongámosle atención a todo el caminar de Cristo porque seguramente cuando lo necesites, el Espíritu Santo te lo transmite y te hace recordar como es Él, como fue y como sigue siendo; mira como actuó y él es el mismo hoy en ti para ayudarte. Entonces, necesitamos conocer a Cristo, leer la Palabra acerca de Cristo con cuidado, leer los Evangelios; necesitamos leer Mateo, Marcos, Lucas y Juan, seguir el caminar de Cristo, las enseñanzas de Cristo, las obras de Cristo, porque todo eso es revelación. Además dice la Palabra del Señor, (especialmente Juan es el que nos habla así), de esa realización de Cristo en señales. “Este principio de señales” (Juan 2:11); si habla de esta primera señal es porque hubo otras señales; ahora, una señal es como decir un lenguaje simbólico para expresar un mensaje; o sea que los hechos prodigiosos de Cristo, no solamente culminaban en sí mismos, sino que eran hechos en señal de algo. Nosotros, pues, debemos percibir de qué eran señales esos hechos; no solamente que Él hizo, que convirtió el agua en vino, que hizo aquello, que hizo aquello otro, sino que aquello lo hizo como señal de algo, y ¿usted cree que Dios nos va a dar señales para que las ignoremos? ¿no sería eso una ofensa al Señor? No debemos ignorar esas señales, hermanos. Tenemos que observar esas señales en el vivir humano de Cristo. Todas las señales que hizo, Sus enseñanzas, cuando actuaba como profeta, cuando actuaba como sacerdote, como rey, como Señor.


La muerte de Cristo

Llegamos ahora a la muerte de Cristo, lo que significó la muerte de Cristo; primero en qué consistió, qué significado tiene y qué logros obtuvo, son tres cosas importantes. Primero en qué consistió, segundo qué significó y luego que logró. Ahí es donde vemos las riquezas del sacrificio de Cristo. Con los hermanos de Teusaquillo en los años de 1992 y 1993, estuvimos viendo una serie sobre las provisiones de la cruz, lo que el Señor hizo en la cruz; y eso duró como un año, pero todavía no está en la mano de muchos hermanos.

Lo que el Señor hizo en la cruz; esto es una cosa amplísima, y como ya está, digamos, bosquejada en otros capítulos y ya en otros lugares fue enseñada, digamos que aquí solamente lo voy a pasar por alto; sólo voy a decir que en la cruz de Cristo fueron tratadas muchas cosas: la expiación o propiciación, el perdón, la limpieza de la mancha del pecado, la liberación del pecado, la reconciliación, la justificación, el tratar con las cosas viejas, la circuncisión, el tratar con el viejo hombre, el tratar con la carne, el tratar con el mundo, con Satanás, con los principados, con el acta de decretos que había contra nosotros, con las enemistades del sexo, de raza, de nacionalidad, etc. ¡Cuántas cosas fueron hechas en la cruz! Trató además con el antiguo ministerio de la letra, con el antiguo pacto, para pasarlo al nuevo. Por eso, hermanos, Cristo es un misterio glorioso para la Iglesia; y en esto la Iglesia no puede ser superficial. Sí, esto es lo que Dios nos ha dado, Dios nos ha dado a su Hijo para vivir por él; en esto tenemos que estar encima, tenemos que estar digiriéndolo y bebiéndolo constantemente; esto es lo central. El Evangelio comienza por la persona de Cristo, la muerte de Cristo, Su sepultura y Su resurrección.


La sepultura de Cristo

Entonces, después de todo esto sigue lo relativo a la sepultura de Cristo; lo que fue en sí misma y el efecto que tiene para nosotros; lo que objetivamente aconteció en la sepultura y también mientras su cuerpo estaba en la sepultura su alma no fue dejada en el Hades y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados. Así que hubo algunos acontecimientos de ultratumba mientras Cristo estuvo muerto, antes de la resurrección. Por ejemplo, dice que el fue al Paraíso y le dijo al otro que también iba a morir: "de cierto hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43); o sea que él fue al Paraíso, pero también dice que fue al Hades. La Biblia dice: "no dejarás mi alma en el Hades"(Hch. 2:27); y también dice que en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados que habían desobedecido en los tiempos de Noé (1 Pedro 3:18-20), a aquellos ángeles que pecaron y que están en el tártaro (2 Pd.2:4); así que el Señor fue al Paraíso, fue al Hades y fue al Tártaro; tres días de trabajo intenso en ultratumba, antes de la resurrección.

La resurrección de Cristo

Entonces ahora sí viene la resurrección, lo que fue objetivamente y lo que obtuvo para nosotros; así como la muerte obtuvo para nosotros mucho, la sepultura también tiene su significado. Dice la Biblia que nosotros fuimos sepultados juntamente con Él por el bautismo (Col. 2:12). Cuando Él fue sepultado, nosotros estábamos siéndolo juntamente con Él. Cuando somos bautizados nosotros nos identificamos con Su sepultura. Somos sepultados con Cristo por el bautismo. Es decir, todo lo que aconteció con Él objetivamente, todo lo que aconteció con Cristo objetivamente tiene una aplicación al hombre para un fin subjetivo. Debemos conocer lo que fue hecho objetivamente, ya sea que usted lo crea o no lo crea. Fue hecho, ya sea que usted lo disfrute o no lo disfrute. Fue hecho. Entonces tenemos que oír lo que fue hecho. Y segundo, el Espíritu Santo comienza a darle vida a lo que Él hizo; comienza a revelar, comienza a darlo para disfrutarlo. Cristo murió por nosotros; nosotros también morimos, empieza a decir Pablo, y ahí es cuando el Espíritu Santo comienza a enseñarle al mundo muchas cosas. Lo que Aquel Cristo objetivamente, sin que todos lo supieran, había hecho, el Espíritu Santo comenzó a decir: -mire, esto fue para usted, dice el Espíritu, para ser esto suyo. Entonces usted empieza a verlo en Cristo y comienza a creerlo, a recibirlo y a disfrutarlo. Es porque usted lo ve y lo cree que llega a ser suyo. Pero de todas maneras fue hecho. Por eso nuestro hermano lo recordaba. Cristo tiene que ser anunciado.

¿Por qué Cristo tiene que ser anunciado? Para que el Espíritu Santo pueda darle vida al anuncio y realizar Su presencia. Tenemos que hacer eso: oír de Cristo y oír a Cristo. Lo que los apóstoles predicaban era a Jesucristo. Ese era el tema de los apóstoles, porque lo que Él es para nosotros es lo que determina lo que nosotros lleguemos a ser.

Quien sea para ti Cristo, qué de Cristo te ha sido revelado, y qué de lo que Cristo es y te ha sido revelado tú confiesas, crees y recibes, eso determinará lo que tú llegas a ser. Eso es lo que Dios nos dio en Su Hijo. Sobre esa Roca somos edificados. Entonces la resurrección tiene un aspecto objetivo en la historia de Él y también un aspecto aplicable ; de hecho la resurrección toda es aplicable, toda la resurrección de Cristo es aplicable y eso significa la regeneración de nuestro espíritu, la renovación en el alma, la glorificación en Cristo, la unidad del Cuerpo de Cristo; habrá arrebatamiento en la Iglesia porque Cristo fue ascendido; ¿en virtud de qué será arrebatada la Iglesia?, en virtud de la ascensión de Cristo; Aquel que ya ascendió ahora viene a levantar la Iglesia; es una cosa maravillosa, gloriosa.


La ascensión de Cristo

Después de la resurrección viene la ascensión; la entronización; el sumo sacerdocio de Melquisedec; Él es abogado, Él es intercesor, Él es Señor, soberano, Él es cabeza y como cabeza es cabeza de todo principado y potestad, de todo varón, de la Iglesia y de todas las cosas dado a la Iglesia. ¡Precioso! Qué grande es nuestro Dios; Él es heredero, Él conduce todas las cosas, a la diestra del Padre. Aun Su Espíritu prohibe ir por allá, ir por acá, porque Él conduce y también volverá. Pero todo lo anterior es para Su regreso; volverá; esto
también tiene sus capítulos, también tiene sus detalles. Cristo vuelve.

 Por eso la tipología que nos estaba recordando Alejandro de las distintas fiestas; todas son para señalarnos los distintos aspectos de Cristo, porque la Biblia dice que las fiestas son sombra de Cristo, de Aquel que habría de venir que es Cristo. O sea que a través de aquellas fiestas, Dios estaba resaltando aspectos de Cristo que necesitamos todos; todos ellos los necesitamos. Entonces en el regreso de Cristo hay muchas cosas.


El reino

Luego viene el aspecto del reino; hay un aspecto actual del reino, de la Iglesia, y hay un aspecto dispensacional de recompensa del reino en el milenio; también está el nuevo cielo y la nueva Jerusalén; o sea la culminación de Cristo, la lámpara de Dios, el Cordero. Entonces hermanos, esta es una especie de panorama que nos demuestra cuánto debemos poner atención a Cristo. La Iglesia tiene que estar ahí; la Iglesia tiene que tener estas cosas, porque cada una de estas cosas: Qué es Cristo, qué hizo Cristo y qué logró Cristo, es para nosotros; mientras más lo apreciemos, más lo disfrutamos, más lo agradecemos; ahora, ¿qué es el sacrificio que Dios puede recibir de nosotros? Sí, Dios no recibe nada del hombre, sino es por el sacrificio de Su Hijo; es nuestra fe, confianza, nuestro aprecio y fruto de lo que Cristo es y de lo que Cristo hizo, nuestro sacrificio que nos hace aceptos al Padre; nosotros tenemos que apreciar lo que Cristo es y apreciarlo delante de Dios y asombrarnos y creerlo y recibirlo, y entonces Dios nos recibe. ¿Sabe por qué Dios nos recibe? Por la fe, porque apreciamos a Su Hijo. No hay otro motivo por el cual Dios nos reciba; si no creemos, si no apreciamos a Su Hijo, no podemos estar delante del Padre, porque sólo por Su Hijo, por Su nombre y en Su sangre es que tenemos acceso a Dios. No podemos entonces, hermanos, salir de estas tres centralidades concéntricas: Cristo, el Espíritu y el Cuerpo de Cristo.

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Continúa con: Aspecto subjetivo.

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PANORÁMICA DE CRISTO COMO CENTRALIDAD / 2 / aspecto subjetivo

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 17:19, Categoría: General


PANORÁMICA DE
CRISTO
COMO CENTRALIDAD



ASPECTO SUBJETIVO


Una recapitulación

En continuidad con esta serie, veamos lo relativo al aspecto subjetivo de Cristo. Esta serie se llama "Tres centralidades", las cuales en la primera ocasión mencionamos, que era primeramente Cristo mismo, la revelación de Dios el Padre a través del Hijo; segundo, el Espíritu; y tercero, el cuerpo de Cristo como organismo de Dios el Padre, Hijo y Espíritu. Hemos comenzado a desglosar la primera parte en lo relativo a la primera centralidad que es Cristo. La vez pasada comenzamos a desglosar los capítulos relativos al Señor, pero enfocando primeramente el aspecto objetivo. ¿Qué se quiere decir con el aspecto objetivo? Lo que el Señor es en Sí mismo, de Sí mismo y para Sí mismo, sépanlo o no lo sepan las demás criaturas, los hombres; creánlo o no lo crean los hombres, Él es el que es; para serlo, Él no depende de que lo sepamos o no. Nuestro conocimiento de Él y nuestra confianza en Él, no le añade a Él nada, porque él no es una creación nuestra; nosotros somos una creación de Él. Él es un ser objetivo y también realizó una obra objetiva en la eternidad conforme a los principios de Dios, y también en el tiempo, en la historia, una obra de encarnación como un ser humano, de muerte en la cruz, de resurrección, etc.; todo esto que mencionamos la vez pasada. Aunque obviamente tiene aplicación subjetiva, era principalmente una consideración objetiva de Cristo. Ahora bien, la intención de Dios al haber hecho al hombre, al haber hecho al hombre sujeto, es que Dios quiere meterse en Cristo, por el Espíritu; Él quiere ser conocido por el hombre también de una manera subjetiva, experimental, mística, interior. De manera que el capítulo de hoy es una continuación del de la vez pasada, sólo que en el de la vez pasada vimos un panorama de Cristo como centralidad en lo objetivo, y hoy debemos ver esa otra panorámica también de Cristo como centralidad en nuestras vidas, pero en lo subjetivo.

En lo objetivo habíamos visto a Cristo en la eternidad, Cristo en la Trinidad; Cristo como segunda persona de la Trinidad como ha sido llamado en la historia de la Iglesia por Teófilo do Antioquía y por Tertuliano de Cartago. Otro aspecto objetivo de Cristo, es Cristo en sus propósitos con la creación; o sea, lo que se llamaría la Teleología Divina. Viene del griego telos, que quiere decir el objetivo, el propósito que Dios tiene, ya no solamente en relación con Su ser, sino en relación con el ser de Sus criaturas. Claro que no puede ser sino Dios la razón y el fin de Sus criaturas; para entonces cuando consideramos la Trinidad esencialmente, Dios en Sí mismo, para Sí mismo, eso es un Dios objetivo que se conoce y que no necesita de la creación, pero por amor Él quiso incorporar a criaturas en Su felicidad, en Su conocimiento; claro que será conocido. Por una parte Su grandeza, por otra parte Su misericordia, por otra parte Su justicia y poder, incluso en Su ira para con el pecado, porque el pecado es mucho, y es muy terrible. El Señor dejó criaturas en su albedrío y ellas escogieron hacer cosas horrendas, y Dios lo ha permitido porque Él ha de revelar también un juicio; pero Dios no solamente es fuego consumidor, Dios también es amor. Además de ser el Señor en la eternidad, lo vemos también en Sus propósitos, en la eternidad, pero en Sus propósitos para con nosotros.

El otro capítulo es Cristo en la creación; eso también es objetivo, es algo fuera de nosotros; aunque después lo podemos conocer de una manera más profunda, pero ya sea que lo conozcamos o no, es un hecho objetivo, eterno y también histórico, porque la creación está en el tiempo, y el tiempo es parte de la creación; entonces es histórico, objetivo en lo eterno y objetivo en lo histórico. También lógicamente con la creación ya hay una revelación de Dios, revelación para con la creación. Dios no tiene revelaciones nuevas, Él ya conoce todo desde la eternidad; así que siempre que se habla de revelación es en relación con la creación. En el momento que Dios creó, comenzó a revelar algo en lo general, pero también hay después una intervención específica de Dios con palabras y con propósitos redentivos, porque la creación cayó, parte de la creación cayó; dos terceras partes de los ángeles, los escogidos, se mantuvieron sin caer, pero la tercera parte cayó, y todos los hombres cayeron, excepto el Señor Jesús. Hay una revelación de Dios a través de la creación, de la conciencia humana, lo que estudia la Teología Natural; y también hay una revelación de Dios al hombre antes de la caída: una revelación especial a Adán y a Eva en el jardín del Edén.

La revelación especial

Hay palabras directas reveladas al hombre y a los hombres, porque a través de la tradición y la transmisión de aquella primera pareja, esa tradición fue pasando de familia en familia, de generación en generación, y algunos desde esa tradición comenzaron a cambiarla, a modificarla; entonces Satanás trabajó en ella y resultaron perversiones de esa tradición, y de ahí surgieron algunas mitologías antiguas, especialmente en la Mesopotamia, y la de los sumerios, la de los acadios, que tienen algunos parecidos por causa de tener un origen común con la revelación bíblica; pero la tradición legítima que pasó de Adán a sus generaciones, incluso a Matusalén, que tuvo muchos años de convivencia con Adán, de manera que esas transmisiones pudieron llegar hasta el diluvio, solamente pasando de Adán a Matusalén y a Sem, y Sem vivió incluso hasta la vida de Isaac, los primeros años de la vida de Isaac. Esto se conoce siguiendo las genealogías de los capítulos 5 y 10 de Génesis y otros. Esa trasmisión, digamos, de la tradición del Edén, de los principios, de los orígenes, de Adán, de Abel, de Set, etc., fueron siendo transmitidas e incluso escritas hasta que Dios providenció una época específica con Moisés en que se escribiera el libro de Génesis en su forma primaria; después hubo algunas adaptaciones a la época, se pusieron en orden algunas palabras de ciudades que habían cambiado de nombre, eso fue efectuado por los posteriores encargados de transmitir la revelación, como Josué, como Samuel y otros; le hicieron algunos arreglitos hasta la época; pero la tradición viene original desde el primer hombre, y el principal recopilador y redactor fue Moisés, aunque antes de él ya había escritura y también tradición oral.

Hubo pues una revelación especial ya no solamente a través de la creación, huellas de un Creador en la creación, huellas de un Legislador en la conciencia, intervención directa de Dios, apariciones teofánicas de Dios a los hombres, y el Espíritu de Dios hablando a través de los profetas, y "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas" (Hebreos 1:1). La revelación más perfecta fue dada en el Señor Jesús.

 En Él se consuma la revelación de Dios. Al llegar el Señor Jesús podemos decir: "Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna", como lo escribió el apóstol San Juan: "El Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna" (1 Juan 5:20).

Entonces vemos a Cristo en la eternidad, en el propósito, en la creación, en la revelación antes de la caída, general y especial, y en la revelación redentiva también especial, progresiva, también después de la caída. Vemos a Cristo en las apariciones teofánicas antes de la encarnación; el Espíritu de Cristo antes de la encarnación operando en los profetas, como dice el apóstol Pedro. Él dice que: El Espíritu de Cristo pre-anunciaba las cosas que habían de venir; eso era a través de los profetas; eso es también una operación objetiva, histórica, de Cristo. Vemos también a Cristo en la kenosis, en el despojamiento, en la encarnación, en la concepción virginal en el cuerpo de la virgen María, en la gestación, en Su crecimiento, en su vivir humano, en Sus pruebas, en toda clase de pruebas múltiples tocando distintos aspectos, específicamente aquellos aspectos característicos de la tentación del hombre, y en los que el hombre cayó, y de donde ha surgido lo que es el mundo. Vemos a Cristo enfrentando al mundo; vemos a Cristo como profeta, como sacerdote, a Cristo como Rey, como el Mesías; vemos la muerte de Cristo y todas las cosas que fueron hechas en la muerte de Cristo; vemos también el viaje de ultratumba, entre la muerte y la resurrección de Cristo, tanto en el Paraíso, como en el Hades, como en el Tártaro.

Vemos la resurrección integral de Cristo, Su aparición a los apóstoles, como en la primera carta a los Corintios. Esas cosas esenciales de la persona de Cristo, de Su muerte, Su sepultura y Su resurrección, de Sus apariciones, Sus enseñanzas antes de la muerte y después de la muerte, Su ascensión, Su entronización, Su intercesión como abogado, Su señorío, Su gobierno de la Iglesia, de los ángeles y principados, incluso del mundo, Su pronto regreso con las distintas etapas; el aspecto del arrebatamiento de la Iglesia, el aspecto de la venida, el aspecto del milenio, el aspecto de los distintos juicios de Cristo, el tribunal de Cristo para juzgar a la Iglesia, el juicio del trono blanco, el juicio de las naciones, etc. Cristo como luminaria en la Nueva Jerusalén. Todos estos son aspectos objetivos de Cristo que hemos visto en forma panorámica y que ahora lo estamos refrescando.

Cristo en la Iglesia

Pero hay un aspecto al que todos tenemos que dedicarle un poco de tiempo, y mirarlo en forma panorámica también. Cada uno de estos ítems que hemos mencionado y los que Dios mediante mencionaremos, ameritan una consideración detenida, tanto en lo objetivo, exegéticamente, teológicamente, como en lo subjetivo, experimentalmente, místicamente.

Ahora que hemos visto a Cristo en la eternidad, en la creación, en la encamación, en la vida, en la muerte, en la resurrección, en la ascensión, ahora tenemos qué ver a Cristo en la Iglesia. La Palabra del Señor nos enseña a Cristo en la Iglesia; lo demás era para esta parte. La razón de la encamación, la razón de la muerte, la razón de la resurrección, la razón de la ascensión, la razón del renacimiento del espíritu es para la inhabitación de Cristo, la formación de Cristo, la configuración de Cristo en la Iglesia. El misterio de Cristo no es sin la Iglesia. Solemos decir que el aspecto objetivo de la historia del Señor Jesús es apenas una primera parte en el programa de Dios, pero en la eternidad, Dios había planeado que ese Hijo unigénito fuera primogénito entre muchos hermanos y fuera cabeza de un cuerpo. ¡Amén!

Entonces, en la Biblia, cuando se habla del misterio de Cristo, en esa expresión se incluye a la Iglesia: por ejemplo, en Efesios 3, Pablo habla del misterio de Cristo; y cuando tú lees todo el contexto del capítulo 3, donde Pablo está hablando de que le fue revelado el misterio de Cristo que en otro tiempo no había sido revelado, mas que ahora en el Nuevo Testamento había sido revelado, y cuando viene diciendo: ¿Cuál es el misterio de Cristo? Entonces dice que el cual es "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef. 3:6). Vemos, pues, que el misterio de Cristo se refiere a la incorporación de Cristo. Por eso es que en la primera epístola a los Corintios 2:12, cuando el Espíritu Santo por mano del apóstol Pablo habla de Cristo, él habla del Cristo corporativo.

Entonces hay un aspecto objetivo de Cristo. Hermanos, pongan atención: el mismo Cristo eterno que se despojó y encarnó, murió, resucitó y ascendió, es exactamente el mismo que se ha incorporado en Sus hijos; no es ningún otro. Nosotros, el cuerpo, tenemos que saber de qué Cristo es que somos miembros. La Biblia nos llama a nosotros miembros de Cristo, del Cristo eterno, del Cristo encarnado, del Cristo muerto; es decir, que pasó por la muerte y por el juicio, del Cristo que resucitó, ese Cristo que resucitó para resucitarnos; el Cristo que murió, es el Cristo que murió para liberarnos a nosotros por medio de la muerte juntamente con Él; el Cristo que ascendió es el Cristo que nos ha sentado con Él en lugares celestiales; o sea que el Cristo objetivo, ahora por el Espíritu es también objetivamente el Cristo subjetivo.

El Cristo subjetivo

Cuando decimos subjetivo no quiere decir que sea solamente una creación de nuestro sujeto, no, sino que es objetivamente en nuestro sujeto: espíritu, alma y cuerpo en lo individual y en el concierto corporativo de nuestras personas individuales; es un mismo Cristo.

Ese es el misterio de Cristo: cabeza y cuerpo. De manera, hermanos, que una cosa central en la Palabra del Señor es Cristo también en la Iglesia. Es lo que en Colosenses dice: "misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu" (Ef. 3:5); y ya no en Efesios, sino en Colosenses que dice: "el cual es Cristo en vosotros". Esos distintos capítulos de esta segunda parte: Cristo en la Iglesia, tenemos que considerarlos atentamente; son muy importantes; atañen a la segunda gran parte del plan de Dios; porque la primera parte es en relación con Su Hijo; ahora la segunda parte es en relación con la esposa de Su Hijo, que es Su cuerpo. Entonces la continuación del misterio de Dios, es Cristo, y el misterio de Cristo, que es la Iglesia.

Así como hay capítulos en cuanto al Cristo objetivo, eterno e histórico, también hay capítulos objetivamente aplicados a nuestro sujeto personal y eclesial; esos capítulos son ya no solamente Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en la muerte, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, Cristo a la diestra del Padre, sino también Cristo en tu espíritu. Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo sea con tu espíritu". ¡Aleluya, oh Señor Jesús! amén. Esto comienza con la regeneración, pero también con el moverse de Cristo en nuestro espíritu. Por eso en Romanos 8:10 dice:

 "Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto por causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia", la de Cristo. Ahora, es no solamente Cristo a la diestra del Padre, sino Cristo en nuestro espíritu, y eso tiene, digamos, subdivisiones también.

Cristo en nuestro espíritu

Cristo en nuestro espíritu, Cristo en el espíritu del hombre. Primero Cristo revelado en nosotros; éste es el primer aspecto de Cristo en nuestro espíritu. Dice Pablo: "Cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí" (Gál. 1:15,16). Por ahí comenzó todo; el Padre nos tiene que revelar en el espíritu a Su Hijo; o sea, Dios tiene que tocar nuestro espíritu y ponerse en contacto; Dios el Padre a través del Hijo y por el Espíritu despertando nuestro espíritu, y el Espíritu de Dios glorificando en nuestro espíritu al Hijo y el Hijo al Padre; o sea, Cristo revelado en nuestro espíritu. Por eso dice Pablo a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu". Cuando dice: "esté con tu espíritu", quiere decir que hay una operación de Cristo en el espíritu porque ya lo venía morando en el espíritu, pero no hay sólo un morar en el espíritu, hay una actividad de Cristo. Primero Cristo revelado a nosotros; ahora Cristo morando en nosotros. Ya es un poco más; Cristo revelado en nosotros y Cristo morando en nosotros, es lo que podríamos decir: Cristo como vida. Ahora, cuando Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", es el ejercicio de la vida de Cristo en nosotros.

Cuando Pablo dice en la segunda carta a los Corintios: "¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Co. 13:5). Es decir, hay una revelación de Cristo y una inhabitación de Cristo, Cristo en nosotros, primeramente en nosotros; no es sólo en nuestro espíritu, ese "en nosotros" es también nuestra alma y nuestro cuerpo, pero hay que empezar por el espíritu. Primero es Cristo en nuestro espíritu. "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", ya mora Cristo; así que cuando dice "sea", quiere decir que ejercite Su persona en tu espíritu; significa Cristo ejercitando Su persona en nuestro espíritu, así como dijo: "¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre es en mí?" (Juan 14:10).

De la misma manera, sin ninguna diferencia como el Padre es en el Hijo, el Hijo es en la Iglesia. El Padre, con el Hijo y el Espíritu es en la Iglesia y al ser, mora, y al morar, se ejercita, ejercita Su persona; es decir, que en tu espíritu como hijo de Dios legítimo, como individuo cristiano, como hijo o hija de Dios personal, existe una actividad de Cristo, Cristo en el espíritu. Dijo: "Que el Señor sea con tu espíritu", que no vivas tu vida solamente sin Cristo, sino que tengas vida, y entonces esa es una parte. Cuando es Cristo revelado y morando y ejercitando en nuestro espíritu, hay vida, pero cuando es Cristo formado en vida, ese es otro aspecto. Entonces el primer aspecto es Cristo en nuestro espíritu. Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en el sacerdocio, Cristo en la profecía, en el reino, Cristo en la cruz, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, exactamente es el mismo Cristo revelado y morando en ti y ejercitando Su persona en tu espíritu primeramente.

Qué hermoso que el ser humano haya sido creado con un espíritu, y que pueda percibir en su espíritu el ser, el vivir, el actuar, el moverse de Él; esto es algo muy grande. Es Cristo en nuestro espíritu. Tiene varias partes.

Cristo en nuestro corazón

Después viene Cristo en el alma, y vamos a agrandar un poquito esta palabra, alma, para tomar del espíritu; porque ustedes saben que el espíritu humano tiene tres partes, tres funciones: la función de la intuición, la conciencia y la comunión con Dios. Nuestra comunión verdadera es con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu. ¡Aleluya! Comunión verdadera con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu.

Entonces tomando esta parte del espíritu llamada la conciencia, más las tres partes del alma: mente, voluntad y emociones, tenemos el corazón: o sea Cristo habitando en el corazón, que equivale a Cristo formado en nosotros. Aquí era Cristo revelado, como Pablo en Gálatas nos dice: "Cuando agradó a Dios revelar a su Hijo en mí". Igual que hizo con Pedro: "No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre".

Ahora, ¿dónde se recibe la revelación? en el espíritu. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente; a Cristo se le debe conocer espiritualmente. Aun como el Cristo histórico, hay un conocimiento de Cristo según la carne, pero ahora como ha resucitado y nos ha regenerado, ya no lo conocemos solamente según la carne, no solamente según la historia. No necesitamos ponernos en esos problemas de historicidad de una manera terrible, de decir hasta qué punto eran históricos los Evangelios, cuánto tiempo hubo entre la historia y la Escritura. Hay personas que están muy preocupadas con eso, muchos teólogos, pero Pablo dice: "Aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así"; o sea que ahora el conocer a Cristo es en el espíritu; eso es el Cristo revelado en nosotros, es conocer a Cristo, es que el Espíritu de Cristo sea participado en mi espíritu y yo ya no conozco a Cristo desde afuera, sino desde adentro, y empiezas a experimentar un poquitico de lo que es experimentar a Cristo, empiezas a entender Sus frases y Sus actitudes desde adentro, se te concede incluso participar de sus padecimientos poquito a poco.

La intención de Dios es darnos a Cristo, todo de Cristo, a Cristo como todo. Sin embargo, dice Pablo en la epístola a los Efesios (yo sé que mis hermanos conocen estos versos, pero no se los estoy leyendo sino citando de memoria, porque ustedes los conocen): "14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que os les dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Ef. 3:14-17). Pablo le está escribiendo no a incrédulos, él no lo está diciendo a incrédulos que no han nacido de nuevo, que Cristo habite por la fé en sus corazones; él está diciendo a la iglesia en Efeso, que ya había recibido a Cristo y tenía a Cristo en sus vidas, pero cuando él dice: Cristo habitando en el corazón, no es una cosa simple. Hay que entender lo que es el corazón en la Biblia. Entonces es Cristo en la mente, Cristo en la voluntad, Cristo en la emoción, Cristo en la conciencia.

La Biblia dice: "Mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo". Eso es por causa de Cristo ser formado en la conciencia, porque el Espíritu Santo lo que nos hace es traer a Cristo. "18No os dejaré huédanos; vendré a vosotros; 23y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:18,23). Ahora, hacer morada es como preparar Su cuarto, preparar Su ducha, preparar Su comida, preparar Su vida cotidiana en él. Él quiere habitar en nuestra vida cotidiana; Él no nos hizo marcianos, ni ángeles; él nos hizo hombres con los pies en la tierra, y Él quiere vivir nuestra vida humana a través de nuestra cotidianidad; Él quiere meterse en todo nuestro ser, Él quiere pasar de ser vida a ser vivir.

Cristo en nuestro espíritu es Cristo como vida, pero Cristo en nuestra alma es Cristo saliendo del círculo del Lugar Santísimo al Lugar Santo y después al Atrio. Aquí es espíritu, aquí es atrio, aquí es cuerpo. Aquí en el espíritu hay conciencia, comunión e intuición. Aquí en el alma hay mente, voluntad y emociones. Entonces es Cristo en nuestra conciencia; es decir, que hay conciencias que están separadas de Cristo, que son conciencias malas, que son conciencias cauterizadas, que son conciencias corrompidas, como sucedía en el caso que nos mencionaba en la primera clase nuestro hermano Alejandro, que es el caso de aquellos seres humanos como nosotros, iguales que nosotros que eran fariseos, que colaban el mosquito pero que tragaban el camello, que a lo mayor le decían menor y a lo menor le decían mayor, o sea era una conciencia que no funcionaba bien, unas conciencias que estaban tergiversadas, y ahora Cristo tenía que formarse en esas conciencias y les ayudaba. ¿Qué es mayor? ¿Qué es primero? ¿Qué es lo más importante? Porque ellos le llamaban más importante a esto menos importante, y tenían en poco lo más importante, y decían ¿qué es lo más importante? Era el Señor corrigiendo el funcionamiento de las conciencias, sus conciencias estaban afectadas; o sea que a veces la conciencia humana anda por un lado y Cristo anda por otro, aun siendo cristianos. ¿Por qué? Porque esto se trata de la formación de Cristo en ti. Una cosa es que Cristo te sea revelado, otra cosa es que Cristo more y otra cosa es que Cristo se forme.

Cristo formado en nosotros

Dice Pablo en Gálatas dice: "Cristo ha sido revelado en mí; le agradó al Padre revelar a Su Hijo en mí", pero luego en el siguiente capítulo dice: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2:20). Cristo como vida. "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste" (Col.3:4). Cristo vuestra vida. Pero luego en Gálatas, nos dice Pablo: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gál. 4:19); ya esa es otra cosa, ya esta flor se va abriendo, hermanos. Primero estaba en la eternidad, luego se hizo hombre, luego pasó por la muerte, por la resurrección, por la ascensión, se sentó a la diestra y envió al Espíritu, y el Espíritu toma todo lo que es del Hijo y el Hijo toma todo lo que es del Padre, y el Padre en el Hijo, y el Padre y el Hijo en el Espíritu vienen primero y te revela. Ya has entrado en contacto con Dios al recibir la palabra de los apóstoles que dice: "Esto os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:3), porque el Padre viene con el Hijo, "no me ha dejado solo el Padre", "el que me envió, conmigo está", "el que recibe al Hijo recibe al Padre", "el Padre y yo vendremos y haremos morada contigo". El Padre viene a través del Hijo, y el Padre y el Hijo vienen a nosotros por el Espíritu, "el Espíritu tomará de lo mío", "todo lo que tiene el Padre es mío y él os lo hará saber". Pero esa palabra "saber" es el conocer; no es el conocer solamente intelectual, que es sólo una función exterior de la mente creada por Dios, que puede funcionar bien si está en su lugar o mal si se rebela; pero aquí el "conocer" es no según la carne, no; es conocer a Cristo según el Espíritu.

Entonces dice: "En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí, y yo en vosotros". "Yo en vosotros", ese es Cristo en la Iglesia; ese "vosotros" es el espíritu de cada uno, el alma de cada uno, el cuerpo de cada uno, el espíritu de todos nosotros juntos en la unidad del espíritu, y también el Espíritu de Dios en nuestras almas juntas como un solo corazón y alma; ya no sólo unidad, sino unanimidad. Ese es también Cristo en la unanimidad de la Iglesia, o sea que ese Cristo glorioso salió de la eternidad para meterse en nuestro ser y nos lleva con Él. ¡Aleluya! Y aparece en gloria en su Iglesia, al final. Amén. Habiendo salido, como decir, del silencio antes de la creación, a la plenitud de la revelación en gloria; esa salida de Dios es una cosa maravillosa porque el misterio es el misterio de Dios.

Cristo en la conciencia; Cristo en la mente. La palabra de Dios lo dice claro: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Co. 10:5). Una cosa son los pensamientos rebeldes, enemigos sueltos, y otra cosa son los pensamientos habitados, cabalgados, dirigidos, renovados por Cristo. Cuando dice en Efesios: "para que habite Cristo por la fe en los corazones", se lo está diciendo a la Iglesia; no está diciendo que reciba a Cristo como Salvador personal, no. Ellos ya lo habían recibido, ya habían nacido de nuevo; está hablando del proceso de formación de Cristo, el proceso de domación. Necesitamos ser domados; nuestros pensamientos tienen que ser domados por Cristo; es Cristo habitando en la mente, Cristo habitando también, en las emociones. La Palabra dice: "Haya, pues, en vosotros ese sentir que hubo tambien en Cristo Jesús" (Fil. 2:5). Lo hubo en Cristo. ¿Lo hubo desde cuándo? desde la eternidad. ¿A qué sentir se refiere? Al sentir que Cristo tenía en la eternidad, "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2:6). No se aferró de nada, no se confió absolutamente de nada, no peleó con nadie, no reclamó, confió totalmente, no le atribuyó al Padre ninguna mala intención; se humilló, se puso en las manos del Padre, y el Padre le dijo: vas a morir, y aceptó la muerte hasta lo sumo. Ese es el sentir de Cristo, del Cristo eterno que siempre fue en la eternidad, y continuó tomando esa decisión, y luego llevándola a cabo en conformidad, a partir de la encarnación, de la kenosis, el despojamiento, y la encarnación. Ahora, ese mismo sentir, dice, haya en vosotros, No es algo que nosotros nos inventamos. ¡Qué maravilla! Es algo que Él es, que Él hizo, y ahora lo hemos recibido y está haciendo Su trabajo; Él está haciendo Su trabajo.

Cuando nosotros queremos reclamar, entonces Él nos corrige; antes no nos dábamos cuenta, antes nos parecía normal reclamar, protestar; todo nos parecía lo más normal; no nos sonaba destemplado, pero ahora qué destemplado suena. Es porque Cristo se está formando, porque ahora Cristo está haciendo que haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Él. Esa es la formación, eso no es nada teórico; es algo muy práctico, es algo de nuestra conciencia, es algo de nuestros pensamientos, es algo de nuestro sentimientos, de nuestras emociones. Nosotros por años aceptamos ciertas emociones; podían ser de amargura, o de odio, o de envidia, o de lástima de sí mismo, o de jactancia, o de orgullo, cantidad de sentimientos; ahí convivimos con ellos como lo más normal, y todo el mundo se nos tenía que cuadrar, pero el Señor Jesucristo empezó a hacer Su trabajo, y ahora no nos admite esos sentimientos; ahora no nos admite esas cosas. Antes, cuando éramos chiquitos, podíamos usar los pañales y hasta podíamos arreglar las cosas así rapidito, pero después no; cosas que a otros le han sido permitidas, a ti ya no te van a ser permitidas. De pronto te encuentras con un Cristo muy verdadero, que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes; cuando se levanta la soberbia en nosotros, nos encontramos con un muro y no le podemos coquetear; no hay otra salida sino humillarnos, deponer nuestro orgullo hasta la muerte, ser perdonados, ser limpiados, pasar su examen y recibir el testimonio de Su Espíritu en nuestro espíritu, el fluir de la fuente purificadora que termine con nosotros. Ya no importamos, porque ahora estamos en Él.

Pero antes de ser cenizas, todo nos importa; pero a medida que estamos más en la luz, somos más expuestos y se nos trata más; y gracias a Dios que trata con nosotros y no nos deja en esas tinieblas, sino que nos ha llamado de las tinieblas a su luz para ir saliendo como demonios escondidos, poco a poco. Claro que no somos demonios, pero como que vamos sacando nuestra miseria y la vamos trayendo a Sus pies, y Él nos va conquistando, nos va perdonando, nos va limpiando.

Cristo renovando nuestra alma

Cristo en la voluntad, se refiere al querer de Cristo, al querer que Dios produce en nosotros; ya no es mi querer solo, sino que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer" (Fil. 2:13).

Entonces nos damos cuenta que Cristo en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en las emociones, ya es Cristo formado en nosotros.

Lo relativo a Cristo revelado y comenzando a morar en nosotros, es la regeneración; pero Cristo renovando nuestro entendimiento, nuestra voluntad, nuestros sentimientos, eso ya es un proceso; eso es la renovación.

Cristo en el espíritu es la regeneración, Cristo como vida. Cristo en el alma, en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en la emoción, en el corazón, es Cristo formándose, es Cristo como vivir. En el espíritu es como vida, en el alma es como vivir; o sea que Dios creó al hombre para el vivir de Cristo. A veces nosotros tenemos nuestro propio vivir en nosotros; pero el Señor sabe que un día quisimos ser de Él, pero estamos muy habituados al vivir en nosotros mismos; y aunque tuvimos la intención, y de corazón nos entregamos a Él, nuestra alma y la inercia nos tienen acostumbrados a vivir en nosotros mismos. Entonces le toca a Él intervenir; le toca a Él decir: ¿Me das permiso? También viene después como Cristo formado en nosotros, Cristo en el cuerpo. Claro que esta renovación, este vivir de Cristo, es el que produce la transformación; porque la Palabra dice: "transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Ro. 12:2).

Cristo vendrá, etc., etc., hasta llegar a nuestro espíritu, revelarse, morar, moverse, actuar, ejercer Su persona y empezar a ejercer desde el espíritu para habitar en nuestra conciencia, en nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, en cooperación con Él. Así es que Él nos renueva. La renovación es lo que produce la transformación; entonces por eso dice: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

 Para que comprobéis; de lo contrario, todo se queda sin comprobar, se queda en pura teoría, pero para que comprobemos, debemos cambiar de forma, pasar de una forma a otra. Eso es lo que quiere decir ser transformados; pasar de una forma a otra; y eso se realiza por medio de la renovación; la renovación comienza por el entendimiento.

Configuración a la imagen de Cristo

Ahora habita en nosotros un nuevo entendimiento que nos sopló el Espíritu de Cristo; ahora entendemos y simpatizamos y consentimos; entonces ahora Él da un paso más en nuestro ser; ahora nos va transformando hasta configurarnos; es la siguiente etapa. Después de la renovación, la transformación, es la configuración a Su imagen; ya es cuando esta transformación llega a donde está destinada a llegar.

Dios no quiere que nos quedemos por la mitad; Él quiere que por lo menos los vencedores en la Iglesia paguen el precio para que tenga culminación el programa de Dios. Puede ser que no todos en la planta vayan a llegar a reproducir el grano que fue sembrado; algunos se quedan por las ramas, por la derecha, por la izquierda; se quedarán por ahí en la cáscara, digamos, de la mazorca; pero algunos llegarán a ser exactamente como lo que fue sembrado.

La historia de la Iglesia es como esa planta que crece. Algunos se quedan por ahí por las ramas; para algo servirán. Claro que el Señor no se puede alimentar de hojas; Él se alimenta del fruto, pero las hojas nacieron de la vida o tienen algo de vida, pero no son su expresión más perfecta. Ahora, ¿será que Dios nos llamó a la expresión más perfecta? o si no, ¿para qué estamos hablando de estas cosas? ¿Por qué no estamos mejor hablando de otras cosas? ¿No será que Dios espera de nosotros consentimiento para que nos entreguemos sin ninguna reserva a Cristo? Él llevará esta transformación hasta que cambiemos de forma; no siempre será agradable, pero el Señor dijo: "20Vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora" (Jn. 16:20-21). ¿Por qué? Porque cada vez estarás más descontento contigo mismo. Antes te soportabas más, pero cada vez te soportas menos; antes te dabas muchos permisos; después dirás: Señor, no quiero mover un dedo sin tu ayuda. Entonces esto pertenece a Cristo en el alma también; aunque esta configuración va a ser también en tu cuerpo. Pero nuestra personalidad es una; lo que Dios quiere ganar y que ganemos con ella es el alma; "con paciencia ganaréis vuestras almas". Esto no se refiere a la salvación del infierno, sino a la transformación a la imagen de Cristo. Que el alma se parezca a Cristo, que Cristo pueda decir: esta alma es como yo, siente como yo, piensa como yo, actúa como yo, quiere como yo; yo quiero con él, él quiere conmigo, cooperamos juntos; así que, "Padre, dónde yo estoy, éstos estén conmigo".

Esta configuración es obviamente en el alma principalmente, pero también llegará al cuerpo, pues la Biblia habla de Cristo en el cuerpo, pero también tiene sus partes. Pablo dice en Filipenses: "Ahora también seré magnificado en mí cuerpo"; es de dos maneras: o por vida o por muerte, o sea que eso se refiere a ahora, una etapa, después viene la resurrección. Antes de la resurrección hay un operar de Cristo, hay un magnificarse de Cristo en nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos, dice: "son miembros de Cristo". Dice: "¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?" (1 Corintios 6:15). Es decir, que Cristo debe ser magnificado en nuestro cuerpo; nuestro cuerpo físico también es llamado, no sólo, pero también "miembros de Cristo". Dios está haciendo la misma operación en nuestro cuerpo; Él está santificando nuestro espíritu, alma y cuerpo. ¿Cómo? magnificando a Cristo en el cuerpo; es decir que Cristo pueda usar más nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo sea cada vez más separado, exclusivo de Cristo, que Cristo pueda caminar con nuestros pies, trabajar con nuestras manos, hablar con nuestra boca, mirar con nuestros ojos, oír con nuestros oídos; eso es magnificar a Cristo. Entonces dice Pablo: "Ahora"..., también ahora, eso todavía en vida de Pablo; que estaba preso y estaba en situaciones difíciles para el cuerpo de Pablo porque él estaba en prisión y pasando pruebas en su cuerpo. Entonces dice: "Ahora (ahora, ahora) también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte" (Fil. 1:20), es decir, si quedaba vivo, entonces él seguiría trabajando para Cristo en Su obra, en la carne. Mientras él trabajara en su carne como instrumento para la obra de Dios, que Dios mismo, Cristo mismo, el Espíritu mismo, la Trinidad misma haga Su obra por él; Pablo usando su cuerpo. Esa es una magnificación de Cristo en el cuerpo para vida. O si él moría, era ofrecido en sacrificio, en libación sobre el sacrificio; también Cristo era magnificado en el martirio, en el martirio de Pablo, cuando él fuera decapitado, allí Cristo estaba siendo magnificado. Pero, la Biblia habla no solamente de este aspecto actual de la operación de Cristo. Dice: "10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Romanos 8.10-11). De manera que esta vivificación del cuerpo mortal también tiene dos partes:

Primero ahora, como anticipo, y en la resurrección. Ahora, porque así dice en la Escritura en segunda a los Corintios; en nosotros actúa la muerte, y en vosotros la vida; y dice: para que Cristo, para que Jesús sea manifestado en vida a través de nuestros cuerpos mortales; es Cristo en nuestros cuerpos mortales. Cristo magnificado en nuestro cuerpo, por vida o por muerte; vindicando nuestros cuerpos. A veces estamos cansados, no damos más, pero el Señor llega a nuestra voluntad y le dice a nuestro cuerpo: se sienta y va a transcribir este cassette de nuevo. Como le pasó a Marlene; después de que había hecho una transcripción y el diablo se la borró, era como para no volver a sentarse en un computador en muchos meses, pero el Espíritu Santo apareció a la voluntad, al cuerpo y al computador.

Aleluya. Cristo vivificando nuestros cuerpos mortales. A veces estamos cansados, a veces nos duele algo, cualquier cosa, pero ahí está Cristo.

Cuando nosotros participamos de la cena del Señor, estamos alimentando también la resurrección del cuerpo. "54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Juan 6:54,55). Pero esa resurrección ya tiene un anticipo, lo que se llaman los poderes del siglo venidero; como por ejemplo: la sanidad, los milagros en nuestro cuerpo. Después sí vendrá la resurrección completa de nuestro cuerpo en la venida del Señor, pero no necesitamos esperar la resurrección del cuerpo para que ya nuestro cuerpo mortal reciba algún beneficio, sólo que no es el beneficio total.

La plenitud de Cristo

El Espíritu es el anticipo de la herencia, pero la herencia completa alcanza a nuestros cuerpos y alcanza la naturaleza; aun la creación será libertada de la esclavitud a la libertad gloriosa de los hijos de Dios; eso es cosa grande. Entonces es Cristo magnificado en nuestro cuerpo. Hasta aquí todo es individual, pero en la parte siguiente es la parte corporativa. Dice que Cristo habita en nuestros corazones por la fe. ¿A fin de qué? Con este objetivo: que arraigados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuáles sean las medidas de Cristo, la anchura, la longitud, la profundidad y ser llenos de la plenitud; o sea, que el trabajo que el Señor hace en el individuo es en función a Su ensamble en el cuerpo de Cristo; así como se trabajaba con las piedras allá aparte, sin hacer ruido, y después se traían y se ensamblaban unas con otras para armar la casa de Dios. Es lo que dice en Efesios: "El ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en nuestros corazones"; es decir, cuando ya Cristo está tratando con nuestros pensamientos negativos, prejuicios, sospechas; mejor dicho, somos muy terribles. ¿Para qué nos ponemos a hacer explicaciones si ya sabemos, si ya tenemos experiencia? "A fin de que arraigados en amor", o sea que esa formación de Cristo en el alma, es un echar raíces para entrelazarnos y conducirnos; allí ya no se trata de la unidad del espíritu, sino de la unanimidad de los santos. "Arraigados en amor", ya no es algo individual. Si yo no soy tratado en mi manera de pensar, de sentir, de querer, yo no voy a poder convivir con mis hermanos. A veces nuestros pensamientos son sólo lo peor y decimos lo peor e imaginamos lo peor; nunca tuvimos un pensamiento de confesión, un pensamiento de gracia; un discernimiento no es el que sana, es la gracia; la vida entre el perdón y la misericordia, el ánimo que empieza a fluir del espíritu, la compasión, eso es lo que sana.

Entonces dice: "Arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos". ¡Ah! comprender con todos. Aunque a veces, debo comprender yo solo. Yo no opino como usted, ni pienso como usted, no, no. El Señor nos quiere llevar a tener una misma mente, un mismo parecer, que hablemos una misma cosa, que sigamos una misma regla; entonces desde ya tiene que haber un trabajo en nosotros para poder tener un mismo parecer con mi hermano, de lo contrario cada uno tiene su parecer; pero Dios quiere que todos juntos tengamos el parecer de Cristo, el sentir de Cristo, pero ya juntos, ya no sólo yo, sino juntos; y entonces ahí viene lo que es la comunión del espíritu, la unidad del espíritu, la unidad de la fé y del conocimiento, que hay que alcanzarla. Es un proceso; eso es comprender con todos los santos; ahí es cuando uno tiene que aprender a encajar con todos. No es más. Que lo que de Cristo llegue y lo de Cristo en mí se reconozca mutuamente, y lo ajeno también sea sindicado y señalado. Eso es un proceso, pero en eso estamos.

¡Ah! que fácil es quedarnos solitos, porque ahí nadie me molesta, nadie me da sus opiniones, nadie me corrige, pero estar con otros que piensan distinto, que sienten distinto, es como una olla express que tiene yuca, plátano, papa, mejor dicho, un sancocho; ahí se está volviendo zancocho; al final el sancocho está cocinado; pues bueno, parece que la papa sabe a carne, la carne sabe a repollo, el repollo sabe a carne: todos han aceptado un poquito de lo de uno, han aceptado un poquito del suyo al otro, cuando el sancocho está cocinado. Mientras tanto, vamos avanzando, ese es nuestro camino; tenemos que saber eso en serio. Muy fácil es quedarse solo, muy fácil es hacer las cosas donde otros no nos supervisen, no opinen, no analicen nada, no me digan nada; pero estar viviendo las 24 horas del día delante de todos, donde todos están viéndonos las 24 horas, como eres tú, es diferente, porque ahí estamos a la luz del Señor directa y reflejada a través de los santos.

A veces, un hermano está bien y nos ayuda a todos; a veces el que está bien es otro; a veces cargo a todos, pero viene otro más poderoso y me libera de mi carga y me trae vida y entonces le trae también a los otros. "Comprender con" significa una misma mente y un mismo parecer; no echemos por la borda el querer de Dios, ese querer de Cristo; ese es el trabajo de Dios en la tierra, el trabajo de Dios con nosotros, entre nosotros y con nosotros para con otros. Es hacernos de una misma mente, de un mismo parecer en Él, la mente de Cristo, como dice la Biblia. Juntos tenemos la mente de Cristo; ese es su trabajo, pensar igual, porque el Señor nos ha dado el pensar lo mismo. No es que yo diga: Usted tiene que pensar como yo, no, no; no es eso. Es que Cristo nos hace pensar de la misma manera. Una cosa muy distinta es cuando Cristo nos hace pensar de la misma manera.

Hermanos, es una pérdida de tiempo tratar de hacer pensar a otro como yo. ¿Para qué perder tiempo? Pero deja que Cristo haga la obra. ¿Saben qué? Hasta los demonios van a pensar como piensa Dios. Dice que aun los de debajo de la tierra doblarán su rodilla y confesarán con su boca, que Jesús es el Señor. ¿Saben qué dice el Señor a los vencedores de Esmirna? Les dice: "Yo conozco... la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás" (Apocalipsis 2:9). Y a los vencedores de Filadelfia les dice el Señor: "He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo (no eres tú) haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado" (Ap. 3:9). ¡Terrible! No, tú no tienes que hacer nada; la gente puede criticar y decir cosas y tú no tienes que pelear con ellos.

Si tú estás diciendo lo que dice Cristo, déjalos que protesten; va a llegar el momento en que la mano del Señor se va a poner en la cerviz y los va a traer, y ellos van a tener que confesar: Hermanos, ustedes eran los que tenían la razón; yo era un egoista, un necio y hablaba lo que no entendía. Cuando la mano del Señor venga, entonces todos nosotros podemos opinar, decir muchas cosas, pero cada vez todo lo que es mentira va siendo expuesto, todo lo que está oculto va a ir siendo expuesto, todo lo que es vergonzoso va siendo expuesto.

Dice el Señor: "Y conoceréis". ¡Ah! todavía ustedes se dejan engañar por las apariencias, pero conoceréis la diferencia del que sirve a Dios y del que no le sirve; esa es la promesa del Señor, pero después; ahora la gente habla y dice cosas y protesta como si el Señor no fuera a establecer Su reino en forma definitiva. Ya lo está estableciendo en la lglesia por el Espíritu, pero en aquellos que querían que reinase, mientras estamos negociando para Él, mientras Él se fue a recibir el Reino. Cuando Él venga y haya recibido el reino, a ver qué negocio hicimos con lo que Él nos dio, entonces Él va a decir: Aquellos que no querían que yo reinase, serán decapitados; les quitó la cabeza porque ellos querían ser cabeza y querían que las cosas fueran como ellos pensaban. Él nos tiene que quitar la cabeza, porque no hay sino una sola cabeza en el universo: Cristo.

Hermanos, lo mejor es nosotros mismos aceptar por cabeza al Señor Jesús, para que no quedemos sin cabeza. Todo esto, hermanos, es para la Iglesia. Un solo corazón, una sola alma, unanimidad; ya no es sólo espíritu, es unanimidad. El Señor está trabajando en la unanimidad, es Cristo en el alma de la Iglesia, es Cristo en el corazón de la Iglesia en cada localidad, la Iglesia en Jerusalén juntos y unánimes: un solo corazón, una sola alma; ese es el trabajo. Entonces sí, después viene la resurrección de todos los santos y viene el milenio y viene el juicio del trono blanco y viene la participación de los santos en el juicio, incluso de los ángeles; después viene un nuevo cielo y una nueva tierra: la Nueva Jerusalén y la esposa del Cordero, teniendo transparencia de gloria. Ese trabajo de hacernos transparentes es el que está haciendo ahora. El vidrio al principio no es transparente, es como arena, es como tierra; pero es allí en el fuego que se cocina y se va volviendo transparente. Entonces, nosotros que no somos transparentes de buenas a primeras, somos sumamente astutos, pero el Señor nos va haciendo cada vez más transparentes, más directos, menos fingimiento, menos vueltas, más directos y eso hasta que seamos completamente diáfanos, sin distorsionar al Señor. No. Que no tengamos que quitar aquí ni agregar allá, sino que el Señor pueda pasar a través de nosotros, como se decía antes, como la entrada del sol pasa por el vidrio sin romperlo ni mancharlo.

Entonces ya Cristo en vosotros (ese vosotros es cada uno) y todos Juntos en Jerusalén, todos juntos en Antioquía, todos juntos en Corinto, todos juntos en Éfeso, en Tunjuelito, en Suba, en Engativá, en Teusaquillo, en Barrios Unidos, en Usaquén, en Puente Aranda, etc., en cada localidad. Cristo en vosotros, cada uno, como un solo cuerpo, y luego toda la región, la comunión de las Iglesias entre sí, y luego las de todo el mundo: el cuerpo de Cristo. Cada iglesia local, entonces los grupos de iglesias locales en regiones y campos; y entonces la Iglesia Universal. Ahí vemos esa salida de Dios, que sale de Sí mismo para revelarse y meterse en la lglesia y aparecer en gloria a través de la esposa: La Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero. Cristo en la Iglesia, el mismo Cristo desde la eternidad, en el propósito de la creación, de la encarnación, del vivir humano, de la muerte, de la resurrección, de la ascensión, de la mediación, del regreso, Él mismo en Espíritu, en el espíritu, en el alma y en el cuerpo; en la iglesia de cada localidad, en la comunión de las iglesias de la región y en la comunión de los santos: el cuerpo único de Cristo.

 Cristo corporativo, Cristo que tiene muchos miembros, Cristo en
gloria y la esperanza de nuestra gloria en Él, la Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero, teniendo la gloria de Dios. Amén.☐


"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo".
    (Pablo, 1ª Corintios 3:11)

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CRISTO EN LA ETERNIDAD Y LA TRINIDAD / 1 / la confesión divina

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 16:48, Categoría: General

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CRISTO

 EN LA ETERNIDAD
Y
LA TRINIDAD




por: GINO IAFRANCESCO V.



"Cristo en la Eternidad y la Trinidad", enseñanza de agosto 24 y 31, octubre 19 y 26, y noviembre 2 de 1996, en la escuela de la obra cristiana, en la localidad de Tunjuelito, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur. Grabación y transcripción: Marlene Alzamora e Irma Castañeda. Sistemas: Arcadio Sierra Díaz.
"Cristo en la Eternidad y la Trinidad", constituye los capítulos 5, 6, 7, 8 y 9 del libro "Tres Centralidades Concéntricas". Segunda edición; Ciudad Bolívar, julio 18 de 2001.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.



LA CONFESIÓN DIVINA


Ideas introductorias

Hace algunos sábados comenzó esta serie sobre Tres Centralidades Concéntricas: La de Cristo, el Espíritu, y el Cuerpo de Cristo, la casa de Dios. Esta serie también se relaciona con la serie sobre Teología Propia desarrollada en la localidad de Teusaquillo. Aunque era una continuidad que veíamos los sábados allá, yo pienso que con la ayuda del Señor entraríamos a una serie de empate, de la serie que se trae los viernes en Teusaquillo con la de acá; y luego empataríamos y continuaríamos eso con el tema de acá, para tomar allá otra serie.

Por ahora estamos apenas haciendo el empate. De todas maneras, algunas cosas para algunos pocos que están aquí, y que estaban allí, ya se dieron. Es necesario tomarnos algún tiempo con los hermanos que están en esta zona, que no estuvieron allá. Algunas cosas que ya leímos juntos allá, lo estaremos haciendo aquí de nuevo para empatar. Y luego entonces sí, seguimos acá con esta serie que ya Dios mediante en su momento tomamos. Estamos ahora haciendo el empate.


Lo que estuvimos viendo las dos veces pasadas fue la primera centralidad que estamos viendo, que es centrada en Cristo. Vimos primeramente una panorámica de Cristo, porque, pues, es bueno verlo en panorámica sin entrar suficientemente en los detalles, sin la suficiente masticación, sino en forma panorámica. Una panorámica de Cristo como Centralidad; porque estamos viendo la centralidad establecida por Dios. Dios puso a Su Hijo en el CENTRO, que Su Hijo tenga la preeminencia en todas las cosas.


Cuando vemos a Dios en la Nueva Jerusalén, lo vemos a través de Su lámpara que es el Cordero; entonces, Él está a la diestra del Padre y en el trono eterno del Padre, en un ser central. Entonces, esa primera centralidad es relativa al Hijo. Estuvimos desglosándola en el aspecto objetivo y en el aspecto subjetivo. Cristo en la eternidad, en el propósito de Dios, en la arquitectura, en la revelación antes de la caída, después de la caída, en las revelaciones teofánicas, el Espíritu de Cristo en los profetas anunciando las cosas que llegarían, Cristo en la encarnación, en el vivir humano, en el morir, en el viaje a ultratumba, en la resurrección, en la ascensión, en la entronización como Rey, también como sumo sacerdote, como cabeza de todo principado y potestad, de todo varón, de la Iglesia, de todas las cosas y volviendo para establecer Su reino y haciendo que todas las cosas sean reconciliadas con Su Padre, pare que Dios lo sea todo en todo.


Entonces es por medio de Cristo que las cosas fueron creadas, por medio de Cristo que Dios se ha revelado, por medio de Cristo que todas las cosas son realizadas, y Suya es la deidad del Padre; es Su deidad; por eso Jesús le dijo al Padre: Padre, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Cuando el Hijo es glorificado por el Padre, el Padre es glorificado por el Hijo. Entonces eso en lo relativo a los aspectos objetivos de Cristo. Aspectos objetivos significa lo que Él es por sí mismo y lo que Él realizó, ya sea que tú lo creas, o no lo creas, lo aproveches o no lo aproveches; pero también lo que la vez pasada vimos. Estamos haciendo la síntesis rápido; en lo relativo al aspecto subjetivo, ya no solamente Cristo aparte de los hombres, sino Cristo en nosotros, la esperanza de gloria; Cristo en el espíritu de los hermanos regenerando, Cristo habitando por la fe en los corazones, renovando todas las partes de su corazón; incluso Cristo magnificado en nuestra carne, en nuestro cuerpo, haciéndonos miembros de Él, incluso de Su Cuerpo. Y no sólo en el aspecto individual, sino en el aspecto corporativo. ¿No? Somos uno con cada uno y todos muertos con Cristo, sepultados con Cristo, resucitados con Cristo, sentados con Cristo en lugares celestiales y siendo uno nosotros en Cristo, por medio de Cristo; siendo uno universalmente y siendo uno en cada una de nuestras localidades, con todos los que participan de Él y exclusivamente en Él, por Él y para Él. El aspecto subjetivo de Cristo.

Pero aquello, tanto lo anterior y lo tras-anterior, son capítulos panorámicos. Se necesita ahora que descendamos al laberinto, pieza por pieza. Para no perdernos en el laberinto, primero vimos el plano desde arriba; ahora sí tenemos que descender a cada uno de los cuartos; y hacerlo con atención. De modo, pues, que ahora vamos a descender a ese primer capítulo de Cristo en la Eternidad.


Tengamos a la mano la Biblia, hermanos, porque lo que necesitamos es lo que la Biblia nos diga. Miren, hermanos, es la simiente que es sembrada la que la produce según su genero. Nosotros debemos exponernos a la siembra de Dios. Lo que Dios ha dicho de Sí mismo, en Cristo. Lo que Cristo es para nosotros, es lo que determinará lo que nosotros lleguemos a ser en Cristo. Hoy leíamos en Hebreos 6:7,8. La misma lluvia cae sobre justos e injustos, la misma lluvia hace producir plantas buenas con su fruto, y plantas malas con su fruto; la diferencia no está en la lluvia, ni en la tierra; la diferencia está en la semilla. El Señor hace salir Su sol sobre justos e injustos, y la misma lluvia que produce hierba provechosa, de ella se aprovechan las malezas. La lluvia que viene sobre el trigo, la aprovecha la cizaña, y por eso hay tantas cosas mezcladas, donde simientes humanas tratan de beneficiarse de la cobertura divina; pero en vez de producir lo que quiere hacer la simiente original de Dios, entonces la gente se aprovecha de Dios, y usa el nombre de Dios, y hasta como dice la Palabra: Saúl entre los profetas, también profetizando. Y como dice el Señor Jesús: viene gente e inclusive harán milagros en Su nombre; en Su nombre harán muchas cosas, pero El Señor no los reconocerá porque son inicuos. Podían hacer milagros, podían profetizar en Su nombre, y al mismo tiempo ser inicuos. Quiere decir que la simiente que estaba siendo regada no da nada del Señor, y por eso la iniquidad usaba las cosas de Dios.


Los vasos sagrados que debían ser usados en Jerusalén, fueran llevados a Babilonia, usados en banquetes para emborracharse y ponerlos allá; así cosas de Dios se mezclan con cosas del hombre.

Esto quiere decir que la lluvia cae sobre los justos e injustos; sobre el trigo y también sobre la cizaña; porque no todos son de nosotros. ¿Y qué es lo que hace la diferencia ? La Palabra en el creyente; porque en cuanto a la simiente, proviene primeramente en la carne, pero al recibir a Cristo es que nacimos de nuevo. Depende del evangelio que hayamos recibido, el que vamos a predicar. Debemos recibir el evangelio de la Palabra de Dios para que sea del evangelio; de lo contrario vamos a producir otra cosa. Si la simiente no es clara, entonces ¿qué va a producir? ¿Se acuerdan que al Señor no le gustaba que en una misma tierra se sembraran simientes diferentes? Planta aquí un frijol y luego aquí un maíz, y cuando crecen ni el maíz está maíz, ni el frijol está fríjol; es un híbrido. Por eso es necesario que lo que nosotros recibimos sea la Palabra de Dios que está en las Sagradas Escrituras, que no sea nada distinto, que no sea nada híbrido. Debido al híbrido hay muchas cosas confusas para engañar a los escogidos de Dios, muchos movimientos engañosos, y haciendo incluso milagros, pero al mismo tiempo produciendo híbridos por causa de la mezcla.


Entonces en esto, el Señor nos conceda ver al Señor. Y lo primero, pues, empieza por la revelación de Dios en Su Hijo, y es eterno. Decir solamente esa frase: Cristo en la eternidad, es una frase seria, es una frase que no toleran millones de personas en el mundo. Los musulmanes y los judíos se escandalizan terriblemente. Lo ateos también, los russelistas, los budistas, todos se escandalizan, con esa sola frase: Cristo en la eternidad. No solamente Cristo en la historia, sino Cristo en la eternidad. Decir Cristo en la eternidad, hermanos, implica divinidad. Decir Cristo en la eternidad implica Divinidad, porque eternidad no es solamente el futuro sin fin; eternidad implica también que no tuvo un principio, que siempre ha sido. De manera, pues, que la palabra eternidad, aplicada no sólo a nosotros que estamos en el tiempo, al futuro, sino nosotros que estamos en el tiempo tenemos que aplicarla también al pasado. La palabra eternidad es una palabra seria, sumamente seria; por eso lo que vamos a estar examinando es Cristo en la eternidad, y eso tiene varias implicaciones que constituyen, como decir, capítulos dentro de ese capítulo.


Cristo Divino

El primer capítulo de esta parte: Cristo en la Eternidad, es Cristo Divino. Si no es divino, no estaría en la eternidad. La divinidad de Cristo tiene que ser esa. Ahora, eso no es porque nosotros podemos decirlo; tenemos que constatar si es Dios el que lo ha dicho. Ese es el asunto. Lo ha dicho el Padre, lo ha dicho el Hijo mismo, lo ha dicho el Espíritu, por los profetas y los apóstoles; lo dice la Sagrada Escritura en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Entonces recién después de ellos lo puede decir la Iglesia. La Iglesia no puede tener una opinión propia; la Iglesia ha sido enviada en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu. La Iglesia no puede decidir eso de su propia palabra. La Iglesia tiene que tener la palabra del Espíritu, y aun el Espíritu no tiene Su propia palabra; Él no habla por Su propia cuenta, sino todo lo que oye del Hijo. El Espíritu viene en el nombre del Hijo. El Espíritu dice lo mismo que el Hijo; y el Hijo tampoco habla por Su propia cuenta, sino que el Hijo habla de lo que oye del Padre. Así que realmente es el Padre, el Hijo y el Espíritu los que hablaron primero.

Entonces la Iglesia, en el nombre del Padre, dice lo mismo que dijo el Padre, y en el nombre del Hijo dice lo mismo que dijo el Hijo, y en el nombre del Espíritu Santo dice lo mismo que dijo el Espíritu Santo, por los profetas, por los apóstoles, en el Antiguo y Nuevo Testamentos. La Iglesia no puede tener otra voz, ni decir otra cosa; no puede haber muchas opiniones; la Iglesia no está en eso, hermanos; la Iglesia ha recibido la Revelación de Dios.


La filosofía es el descubrimiento de los hombres; hombres palpando, tratando de llegar a alguna parte. Esa es la filosofía. Pero la revelación es Dios saliendo de Sí mismo hacia nosotros, diciéndonos las cosas como ellas son; eso es lo que es la Biblia. La Biblia es el registro de las salidas de Dios; Sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Nosotros, pues, hermanos, debemos ver lo que la Palabra dice acerca de este primer capítulo de Cristo en la Eternidad. En el caso de Cristo, eternidad significa divinidad.  Sí, nosotros recibimos vida eterna, pero no vida eterna aparte de Cristo.

Para poder permanecer eternamente con Dios, tenemos que vivir al eterno, al Padre eterno, al Hijo que viene desde la eternidad, y al Espíritu eterno; entonces tenemos vida eterna. No podemos tener vida eterna aparte del Padre eterno, y del Hijo cuyas salidas son desde la eternidad. En Isaías 9:6 habla del Padre eterno, y en muchos otros pasajes habla del Dios eterno. La palabra en el hebreo es El-Olam. El-Olam, quiere decir el Dios Eterno, allí se refiere al Dios íntegro; es decir, al Padre, Hijo y Espíritu Santo, a la Divinidad completa. El-Olam es eterno. Por la persona del Padre eterno, del cual aparece en la Escritura esa expresión. Lo referente a que las salidas del Hijo son desde la eternidad, está en Miqueas, capítulo 5, versículos 1 y 2. En cuanto a que el Espíritu es eterno, lo dice Hebreos. Queda como tarea para cada uno, (claro que yo no la voy a pedir) pero busquen otros versos con concordancia donde aparezca la eternidad y agréguenlos en sus notas.


Leamos Isaías 9:6. Por lo pronto solamente vamos a ver esa expresión, pero vamos a aceptarla. El que estaba hablando por Isaías era el Espíritu Santo; y dice: "Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte (esa palabra es seria), Padre eterno, Príncipe de paz". Una vez le preguntó un hermano a un rabino: Rabino, ¿a quién se refiere este versículo? Y el rabino le dijo: Al Mesías. Y el hermano le preguntó: Y, según este versículo, entonces ¿qué relación tendrá el Mesías con Dios? Y le dijo el rabino: Él será Dios. Le faltó decir que se llamaba Jesús, el Cristo. Ya que estamos en Isaías, vamos a pasarnos unos capítulos, o sea al 35, para ser más exactos. También allí dice el Espíritu Santo: "4Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará.

5Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. 6Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad".


Le preguntaron a Jesús de parte de Juan el Bautista: Dice Juan: "¿Eres tú aquel que había de venir, o esperamos a otro?" Jesús, como les había dicho a sus discípulos y a los fariseos: "Aunque no me creáis a mí, creed a las obras", entonces Jesús no les respondió sí o no. Él simplemente sanó, resucitó, hizo lo que aquí Dios haría. Cuando vieron a los cojos saltar, los muertos resucitar, que a los pobres les era anunciado el evangelio, Juan decía: Pero Él dio testimonio no sólo con palabras, sino que cumplió lo que la profecía diría que Dios haría cuando viniera a salvarnos. Eso hizo Juan, eso hizo Jesús, y eso le mandó decir a Juan. Dile a Juan lo que habéis visto y oído.


Estaremos relacionando los capítulo 6 y 40 del profeta Isaías, pero como ahora hablamos de Juan, veamos primero el capítulo 40, una profecía de casi 700 años antes, refiriéndose a San Juan el Bautista.

Dice en Isaías 40:3: "Voz que clama en el desierto; preparad camino a Yahveh; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios". ¿A quién le tenía que preparar camino esta voz desde el desierto? A Yahveh, a Jehová Dios. Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Luego la profecía continúa en el versículo 9, donde dice: "9Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Ved aquí al Dios vuestro! (¡Aleluya!) 10He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro". Nótese la similitud de esta frase del Espíritu por Isaías, y las palabras del Señor Jesús. Él mismo dice en Apocalipsis 22:12-13: "12He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último"; es decir, el Todopoderoso; y dice aquí: "10He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él (he aquí que vengo pronto, y mi galardón conmigo), y su paga delante de su rostro. 11Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas". ¿Quién? Yahveh, Adonai, Jehová, el Señor. Imposible separarlo del Señor Jesús totalmente. Entonces lo que Juan hizo fue preparar el camino ¿a quién? a Dios. ¿A quién puede precursar esa voz en el desierto? a Yahve Elohim, a Jehová Dios.


Claro está, hermanos, que hay versículos, cuando se habla de Jesús como engendrado, como enviado, Dios como cabeza de Cristo, pero esos versículos no se tienen que interpretar sin éstos, ni contra éstos.

Hay que entender que este Hijo de Dios, "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa (¿cuál es esa cosa? La igualdad del Hijo con el Padre) a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo". ¿Se despojó de qué? de esa igualdad. No estimó el ser igual a Dios, sino que se despojó. No dejó de ser Dios, pero asumió su condición de hombre. No era siervo, pero tomó forma de siervo, y fue hecho semejante a los hombres, y se hizo un poco menor que los ángeles, en cuerpo y en forma, no de gloria. Al asumir la naturaleza humana, asumió las condiciones humanas, incluso las pruebas, mas no los pecados.


Él no pecó, no hubo pecado en Él, pero la Biblia dice que nosotros también somos de Jesucristo. Cristo padeció en debilidad (2 Cor. 13:4,5). La Biblia dice que padeció en debilidad, no en pecado; es decir, eso es la condición de inferioridad de la naturaleza humana, frente a la más poderosa condición de los ángeles; no destino, pero condición angelical. La condición angelical es más fuerte que en los hombres, mientras todavía estamos aquí. Después será diferente, pues no sujetó a los ángeles el mundo venidero, sino al Hijo, y a Su esposa. Y estos ángeles poderosos, mayores que los hombres en fuerza y en potencia, mientras tanto son constituidos por Dios servidores de los que serán herederos de salud. Esto es necesario saberlo muy bien. Ahora leemos en 6:1: "En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo". Ahora, nadie puede ver al Padre, pero el misterio eterno, que establece Él, lo hará conocer.  De modo que, ¿a quién estaba viendo Isaías? ¿A quién Isaías está llamando Señor? Porque nadie puede ver al Padre, y la Biblia dice del Padre que es Dios invisible; pero del Hijo dice: que Él es la imagen del Dios invisible. El Hijo es la imagen del Padre; el Padre ahí es revelado, conocido a través del Hijo. Ninguno puede venir al Padre, sino por el Hijo; y también el Padre no viene a los hombres sino por el Hijo.


La esencia divina

Entonces cuando dice: "Vi yo al Señor" se refiere al Hijo. No lo estoy diciendo relativamente yo; esto fue lo que dijo Juan en el capítulo 12 de su Evangelio. Él se refirió a este capítulo de Isaías, y dice que se refería a Jesús. Eso lo dice el Espíritu Santo, por mano del apóstol Juan, el último de los sobrevivientes de los doce apóstoles del Cordero en la tierra; y es prácticamente su último escrito, que es el evangelio; porque él primero escribió el Apocalipsis.

Dice Isaías: "Vi yo al Señor". Siempre que alguno veía al Señor, eso era una aparición teofánica. Teofanía quiere decir manifestación o aparición de Dios. Viene de Teo, Dios, y fanos, que es manifestación.

Epifanía significa aparición en lo alto o aparecimiento o manifestación, pero aquí no es epifanía, solamente aparecer en lo alto; aquí es teofanía. Cuando leemos en la Biblia que Dios se apareció, que Dios hablaba cara a cara con Moisés, no es que se contradiga. La Biblia dice que a Dios nadie le ha visto jamás, y al mismo tiempo dice que habló cara a cara con Moisés, y que habló con Job desde un torbellino, y prácticamente Jacob luchó con Dios y venció, y Agar dice que vio a Dios cara a cara y dijo: Ahora voy a morir. Entonces ¿al fin que? Es por eso que tenemos que ver que la divinidad es una sola en esencia.

Subsiste en tres personas, y que la primera persona se caracteriza por ser el Padre invisible. En cambio la segunda persona es la imagen del Dios invisible. Con relación al Padre, dice: "A Dios nadie vio jamás; el unigénito Hijo (o el unigénito Dios, como dicen los manuscritos más antiguos), que está en el seno del Padre (o sea el Hijo), él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). El Hijo da a conocer al Padre; entonces ese concepto del Hijo como la imagen de Dios es lo distintivo de Su persona, no de su esencia. La esencia del Hijo es la misma que la del Padre, porque si no, no podría llamársele Dios.


¿Por qué aun en el concilio de Nicea tuvieron que darle razón a Atanasio de Alejandría y confesar la consubstancialidad del Padre y el Hijo, que el Hijo tiene la misma substancia del Padre? Porque la Biblia confiesa que hay un solo Dios, y confiesa del Hijo ser Dios también con el Padre. Entonces es en la esencia que el Hijo es Dios. Si no se le llamara Dios podíamos decir que no son consustanciales, que la esencia del Padre es una, la divina, y que sólo a Él se le podría llamar Dios, y que la del Hijo es otra esencia; pero entonces no se le podría llamar Dios, porque ¿cuál es el significado de esencia? ¿Qué es una esencia? Le vamos a poner atención. Una esencia es aquello fundamental que determina las características de un ser, lo que le da su categoría. Voy a repetir: Una esencia es aquello fundamental que determina las características distintivas propias de un ser; lo que le da su característica.


Todas las cosas que existen son seres. Una mosca es un ser, y un ángel es un ser; pero no son dos seres iguales; se diferencian esos seres, se distinguen porque su esencia los ha hecho diferentes, les ha dado una categoría diferente. Entonces la esencia es lo que hace que algo sea eso; por eso se llama esencia, pues le hace ser al ser lo que es. Entonces, cuando Dios dice: YO SOY, Él está confesando que es un ser, pero no como cualquier ser; sino que tiene una esencia diferente a los demás seres. Nosotros, dice la Escritura, somos en Él; pero Él es en Sí. Su esencia, la esencia de Su ser es diferente a la esencia de nuestro ser. Todas las criaturas tienen un ser, pero el ser de las criaturas es contingente, es dependiente; depende del ser de Dios; en cambio el ser de Dios, no depende de otro ser. El ser de Dios es en Sí mismo, es de Sí mismo, es por Sí mismo, tiene vida en Sí mismo, y el Padre ha dado al Hijo el tener vida en Sí mismo. Y este Dios que tiene vida en Sí mismo, ES ESPÍRITU. Tienen la misma esencia divina, la misma esencia del Padre, del Hijo y del Espíritu; de no ser así, ningún versículo podría llamar Dios a Jesús. Pero, hermanos, Pablo lo dijo, Pedro lo dijo, Juan lo dijo, Tomás lo dijo, Jeremías lo dijo, Dios el Padre se lo dijo al Hijo: Tu trono, oh Dios, desde el siglo hasta el siglo.


En Hebreos es Dios el que reconoce la divinidad del Hijo. Vamos a leer eso en Hebreos l. Por favor, estos pasajes grábenlos en su corazón, léanlos, mastíquenlos, digiéranlos. Hebreos 1:5, dice así: "Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás (y comienza a citar, lo que Dios dijo al Hijo; pero a cuál de los ángeles Dios le dijo ésto que le dijo al Hijo? ¿Qué le dijo Dios el Padre al Hijo? Le dijo así): Mi Hijo eres tú?"; o sea que ahí está confesando la existencia del Hijo; el Padre está confesando la existencia personal, es decir, la persona del Hijo. Por eso es que, hermanos, pongan atención a esto:


El unicismo o la herejía sabelianista o la de los "sólo Jesús", o de la iglesia Pentecostal Unida, es un error del espíritu del anticristo, porque San Juan dijo: ¿Quién es anticristo? El que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. ¿Qué es negar al Hijo? Es como decir: No, no hay tal Hijo; no, no hay una perdona divina distinta de la primera persona divina del Padre. Eso es lo que dicen los unicistas. No, solamente está la persona del Padre, y el Padre entonces se metió en un cuerpo humano, y a eso es a lo que llaman Hijo; pero Dios no dice eso del Hijo. Dios dice al Hijo : YO, ese es el Padre; o primera persona, te engendré hoy. Ese "te" es a la segunda persona. A la persona del Hijo, el Padre le dice: "Tú eres mi Hijo, Yo te engendré hoy." Entonces leamos con cuidado ese versículo de Hebreos: Mi Hijo eres tú. Hermanos, ahí está muy clara la distinción de personas. Mi, dice el Padre. Solamente una persona puede decir mi y yo. De manera, pues, que tenemos que confesar que el Padre es una persona, porque Él dice: Yo, y dice mi.


Ahora, el Hijo es una segunda persona, porque este Yo, le dice: Tú, mi Hijo eres tú; y también el Hijo dice: "Padre, glorificame tú para contigo, con aquella gloria que yo, (porque en griego no se puede comer uno el pronombre) tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5). De modo, pues, que no le está hablando a un hombre solamente, porque Jesús en cuanto hombre empezó a asumir la naturaleza humana viniendo de la virgen María; pero aquí le está hablando como persona interlocutora de la persona del Padre, antes de que existiera el mundo. "Padre, glorificame tú, al lado tuyo, con aquella gloria que yo tuve contigo antes que el mundo fuese".

Estamos confesando la divinidad del Hijo, la eternidad del Hijo, la personalidad del Hijo distinta a la del Padre; en persona es distinto, mas no en esencia.


Cristo, el Hijo de Dios

Sigamos en Hebreos. Aquí es el Padre el que está hablándole al Hijo: ¿A qué ángel Dios le dijo esto? Dice aquí el autor de esta epístola, que es el Espíritu Santo. Claro, puede haber sido por mano de Lucas o de Pablo. Bueno, es anónimo, pero humanamente, no anónima en lo divino. Dice: "Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy"; y dice: "y otra vez". ¿Eso qué quiere decir? Eso quiere decir que no sólo en aquella vez el Padre habló del Hijo, sino que otra vez también el Padre habló del Hijo. ¿Y qué dice? "Yo seré a él Padre, y él me será Hijo". Y otra vez, ¿quién? ¿por qué viene citando las veces en que el Padre ha confesado cosas del Hijo, que de ningún ángel puede decirlas? Lo que está diciendo el Espíritu Santo a través del escrito de la carta a los Hebreos, es que el Hijo no es solamente un ángel, porque dice: ¿A cuál de los ángeles Dios dijo esto? Ahora cree usted que esto fue que se le ocurrió al autor de la epístola a los Hebreos? ¿No sería que él se acordaba, y todos ellos (los apóstoles) se acordaban cuando el Señor Jesús allá les preguntó de quién es Hijo el Cristo? De David.

Entonces, ¿cómo David le llama Señor? Porque David dice: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies" (Hechos 2:34). Eso es una cosa seria. ¿Cómo, pues es su Hijo, si David mismo lo llama Señor? Dijo el Señor a mi Señor. Y está usando la misma palabra Señor para el que dijo y para el que se dijo. Y no dice siéntate a mis pies sino a mi diestra. De manera, pues, que el cristianismo bíblico tiene razones para seguir escandalizando a los judíos, a los musulmanes y al mundo. No podemos dejar de decir esto, porque esto lo dice el Padre. El Padre está confesando al Hijo como una segunda persona divina.


Seguimos en Hebreos 1:6: "Y otra vez, cuando introduce al Primogénito (quién introduce? El Padre, porque el que venía hablando es el Padre) en el mundo (cuando Su Verbo es encarnado en la tierra, ¿saben qué dice el Padre?), dice: Adórenle todos los ángeles de Dios".

 Adórenle. Ahora Jesús sí recibió adoración; y Él dijo: El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió. No es que el cristianismo deificó a Jesús, no. No necesitamos deificarlo. Él es Dios con el Padre y el Espíritu desde la eternidad. Dios introdujo al primogénito en el mundo. "7Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego". Aquí está haciendo la comparación entre el Hijo y los ángeles para mostrar la superioridad del Hijo frente a los ángeles. "8Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el sigo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino". ¿Quién dice esto? Dios lo dice. ¿Qué dice? Tu trono, oh Dios.


Ahora no sólo confesó la persona, sino que confesó la divinidad de esa segunda persona. "Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". Esto es una manera semítica de decir de eternidad a eternidad. "9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con el óleo de alegría más que a tus compañeros". El Dios que le unge, ese Dios tuyo, ese es el Padre; es decir, el Hijo tiene a Su Padre como Dios, porque es Dios; pero el Padre también tiene al Hijo como Dios. El Padre reconoce la divinidad del Hijo y el Hijo reconoce la divinidad del Padre. ¡Aleluya!


Hermanos, no fue a algunos de los apóstoles que se le ocurrió; no. Es el Padre que le dice Dios al Hijo, y es el Hijo el que le dice Dios al Padre. ¿A qué otro tribunal vamos a apelar? No hay otra instancia.

Tenemos que decir del Hijo lo que el Padre dice. Tenemos que decir del Padre lo que el Hijo dice. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre no conoce alguno sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quiera revelar. El Padre revela quién es el Hijo. Jesús le dijo a Pedro: "No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt. 16:17). Y también el Hijo revela quién es el Padre. El Padre es el que habla del Hijo y el Hijo es el que habla del Padre.


Cristo y la Trinidad

El Espíritu Santo habla en el nombre del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo le enseña a la Iglesia todo acerca del Hijo, pero resulta que todo lo que es del Hijo, es del Padre. El Señor Jesús dice: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad... él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16:13,14). Es decir, nadie tendrá de mí una opinioncita así como la de los judíos o como la de los musulmanes o algunas de esas sectas con el espíritu del anticristo. "Él me glorificará". ¿Por qué? Porque tomará de lo mío. Dios lo hará saber; el Espíritu Santo lo hará saber. "Todo lo que tiene el Padre es mío", dice el Señor.

Hermanos, estamos ante la confesión divina; ni siquiera la de Pedro, ni siquiera la de Pablo, no. Estamos ante la confesión de Yahveh. "Yo soy el que soy". (Éx. 3:14). Luego con los judíos Jesús dijo: "56Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. 59Tomaron entonces piedras para arrojárselas" (Jn. 8:56-59). ¿Por qué tomaron piedras? Porque ellos entendían lo que estaba diciendo. "Porque tú, siendo hombre, te haces Dios". Eso no lo entendieron mal; no. Él no dijo que le entendieron mal; entendieron muy bien, pero no creyeron.

 Pero nosotros sí creemos, por la misericordia de Dios. Hermanos, no podemos, pues, empezar por otra parte. Cristo en la eternidad, según el Padre. Él dice al Hijo: Tu trono, oh Dios. Porque si Él es la imagen del Padre, es igual a Él; y si Él es Dios, Su Hijo, el Verbo que está con el Padre, es Dios. Por eso dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (Jn. 1:1). Ahí está la distinción de personas: El Hijo con el Padre, el Verbo con Dios, pero el Verbo era Dios. Ahí está la identidad de esencia. Distinción de personas, mas no de esencia. Por eso distingamos, ¿qué es esencia y qué es persona? ¿Por qué se dice que es una misma esencia y tres personas distintas, pero no distintas en esencia sino en persona? Ya hemos entendido lo que significa la palabra esencia.


Esencia es aquello fundamental que hace que algo sea lo que es; es decir, lo que determina la categoría del ser. La Divinidad tiene Su ser con las características tales que la diferencian del ser de todas las demás criaturas. Las demás criaturas tienen ser, pero no como el divino. El ser de Dios es de Sí, por Sí, para Sí; tiene vida en Sí mismo.

En cambio nosotros somos en Él, gracias a Él; nosotros salimos de la nada; Él nos creó por amor y de Su voluntad por la Palabra con mediación del Hijo. El Padre nos creó junto con el Hijo y en el Hijo. Es clara la confesión de la Biblia; esto no era cosa sólo de Atanasio el diácono de Alejandría, ni del Concilio de Nicea. Algunos repiten, diciendo: No, fue que la Iglesia se desvió desde el Concilio de Nicea.

Sí, en otras cosas sí, pero no en estas. Esto ya había sido confesado antes del Concilio de Nicea. Que en el Concilio de Nicea tuvo que levantarse el diácono Atanasio y defender eso de los arrianos, es una cosa; pero no es justo decir que la doctrina de la Trinidad de Dios comenzó como una desviación en el Concilio de Nicea; esa es una herejía. Decir que la Iglesia antes del Concilio de Nicea no decía que Jesús era Dios, es mentira. Incluso antes de venir Cristo, los profetas por el Espíritu decían quién iba a ser el Mesías; por eso hasta el rabino tuvo que decirlo, y por eso el Hijo no vino sino después del Antiguo Testamento para que lo entendieran bien. Por eso Dios preparó el Antiguo Testamento para cuando ya estuviera la humanidad preparada como para entender el asunto; pues de lo contrario, ¿qué credenciales iba a presentar el Hijo?


El Hijo hablaba de lo que la Palabra decía de Él, lo que de Él declaraba la Escritura. Cuando resucitó se le apareció a los apóstoles y les abrió la Escritura comenzando por Moisés y por los profetas y por los salmos; es decir, las tres divisiones del Antiguo Testamento: La Torah, los Nebiim, los Quetubim, mostrándoles en todas las Escrituras lo que de Él decían; es decir, que de Jesús, así está escrito y así era necesario que aconteciera. San Pablo mismo tampoco se inventó nada. Hoy los judíos que rechazan a Cristo, culpan a Pablo. Dicen que san Pablo fue el que se inventó eso. No. San Pablo dijo: "No diciendo nada fuera de las cosas que decía la Escritura que debían suceder".

Nosotros tenemos que confesar la divinidad de la esencia del Hijo consustancial con la del Padre. En ese punto, hermanos, sí tiene razón el Concilio de Nicea, porque Atanasio, que fue la voz cantante allí, se basó en lo que Dios dijo, que la Escritura decía, los apóstoles decían, los profetas decían, el Espíritu decía, el Hijo decía y el Padre decía.


Hermanos, seguramente ustedes van a escuchar en ciertos grupos que echan pestes contra el Concilio de Nicea; que la Iglesia se desvió a partir del Concilio de Nicea. Yo no les estoy diciendo que todo lo que dijo el Concilio de Nicea sea verdad. Hubo otras cosas respecto de otros temas, especialmente del tipo de gobierno patriarcal; cosas que ya pasados cuatro siglos habían pervertido las costumbres. La situación era rara. Y otros dicen que fue Constantino. Constantino convocó el Concilio y dio su discurso de inauguración y luego se quedó calladito y dejó que los hermanos discutieran. Aquí yo no les estoy leyendo de los documentos del Concilio de Nicea, sino de Isaías, de Esdras, de Jeremías, de Hebreos; es decir, de la Biblia y a la luz de la Biblia. Es que a simple juicio evaluamos el Credo a ver si estamos de acuerdo o no, y si estamos de acuerdo sabemos por qué. Nuestra fe no nació en Nicea; nuestra fe es anterior a Nicea.


Pero no, no podemos dejarnos meter esas cosas irresponsables que algunos hermanos a veces dicen: Que Constantino tal, y que el Concilio de Nicea fue el que se inventó la Trinidad. No fue el Concilio de Nicea. El Concilio de Nicea fue convocado por el emperador a raíz de que había tanta discusión, y por culpa de la religión había una amenaza de dividir el Imperio; lógicamente que el emperador tomó cartas en el asunto y dijo: Hay que poner de acuerdo a éstos. Por favor, señores obispos, vengan, reúnanse, y pónganse de acuerdo entre ustedes, pues por las peleas religiosas van ustedes a armar líos en la política y el Imperio se va a caer; así que ustedes pónganse de acuerdo. Los convocó, pues, y él mismo quedó ahí en las sesiones a ver qué decidían ellos; y muchos ahí se levantaron diciendo cosas.

Pero el Espíritu Santo tenía un diaconito por allá que se llamaba Atanasio, que conocía al Señor y a la Palabra del Señor, y aunque él no tenía voto, por no ser todavía obispo, gracias a Dios sí tenía voz; y los que tenían voto, votaron a su favor y a favor de la ortodoxia cristológica frente al arrianismo.


Esto es apenas un pedazo de lo que estamos viendo; pero vamos identificando las partes que ya vamos viendo. El mismo Dios el Padre confiesa la divinidad de Su Hijo y la distinción de Su persona. El sabelianismo, es decir, el unitarismo, también conocidos como Sólo Jesús, o la Iglesia Pentecostal Unida, que son los que representan hoy esa herejía, no confiesan al Hijo. Ellos dicen que el que existe es sólo la persona del Padre, de manera que están negando al Hijo. San Juan, en su primera carta, dice que el que niega al Hijo es anticristo. El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. Decir que no existe la Persona divina del Hijo es contradecir al Padre, si el mismo Padre dice: mi Hijo eres tú. De manera, pues, ¿cómo vamos a decir que no existe la segunda Persona de Dios? Porque dice: "Mi Hijo eres tú, Yo (el Padre) te he engendrado hoy". Tú eres Mi hijo porque Yo te he engendrado.

Yo y Tú, Tú y Yo; primera y segunda personas. Entonces el Hijo sí es una segunda persona que está delante del Padre, con el Padre desde la eternidad.


Cristo y la eternidad

Aún no hemos terminado de ver todo lo relacionado con Cristo en la eternidad, pues eso implica varias cosas. Veamos:

La divinidad. La divinidad es el aspecto que en parte estamos viendo aquí. Pero también implica el siguiente aspecto importante.


La Persona. Estamos viendo que esencia y persona son cosas distintas. En esencia hay un sólo Dios, el Ser divino de esencia divina, cuya esencia lo distingue de todos los demás seres; de manera que esa esencia es, tiene el ser de Sí mismo, por Sí mismo, y esa esencia es perfectísima, es purísima, es omnipotente, es omnisciente, es omnipresente, es justa, es bella, es perfecta, es santa, es misericordiosa. No hay otro ser como el de Dios; pero resulta que esa divinidad se confiesa en tres Personas.


Y ahora estamos viendo la confesión acerca de la segunda Persona, y no la confesión de Pablo sólo, ni de los hombres, sino la del Padre. "¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú?" Pero en cambio del Hijo dice esto. Inclusive, si hubiéramos seguido leyendo allí en Hebreos, veríamos que el universo entero es apenas una vestidura desechable que el Señor se pone y se quita, como un vestido que se cambia. Pero podemos leerlo a continuación. "8Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros". Aquí vemos que el Padre conoce al Hijo. ¡Aleluya! Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y el Padre dice del Hijo: Has amado la justicia y aborrecido la maldad. Y dice el Hijo: Por eso me ama el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. Y dice el Padre: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mt. 17:5).


Oh hermanos, el hecho de que seamos el cuerpo de Cristo no es una cosa pequeña. La Palabra dice: "Por lo cual te ungió Dios". Ese es el Padre, el Dios tuyo. Por eso el Señor Jesús dice: "Vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios" (Jn. 20:17). Cuando Jesús resucitó habló de "mi Padre y de vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios"; es decir, que el Hijo declara Dios al Padre, y el Padre declara Dios al Hijo. Esto es algo que Dios declaró al oído de los hombres. Ningún otro hombre tiene derecho a contradecir la declaración de Dios. Así que van a tener que callárselo musulmanes, judíos, ateos, budistas, todos los que no sean cristianos.

 Esa declaración atañe a la esposa, a los cristianos, a los nacidos de Dios. Dios dijo a todos, aun a los ángeles: Adórenle todos los ángeles; y por medio de profecía ahora manda a todos los hombres, a todos, que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en que juzgará al mundo con justicia.


Y Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos. Esa fue la credencial, esa fue la firma de Dios, la resurrección del Señor Jesús.

De no ser así no habría resucitado; sería como otro filósofo medio engañado; pero resucitó. Lo vieron, comieron con Él, y estuvieron dispuestos a morir por esa voz de Dios, y fueron decapitados, y todo con alegría. Ellos sabían lo que habían visto con sus ojos, oído con sus oídos y tocado con sus manos; y ellos lo vieron en Su gloria en el monte santo, y comieron con Él después que resucitó de entre los muertos. Hermanos amados, el Espíritu nos ha hecho llegar ese testimonio por la Iglesia, y nosotros seguimos en el mismo Espíritu, con la misma Palabra, y siendo testigos, diciendo lo mismo, en Su vida, y es confirmado en Su Palabra como quiere. Leemos en la Palabra: "Te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros". Esto es lo hermoso. Cristo es el primogénito entre muchos hermanos. La palabra que aquí se traduce compañeros, en el griego puede traducirse también como socios, coherederos.


"10Y (nota esa y, que se corresponde con el verso 8, el que dice: Mas del Hijo dice. Entonces del Hijo dijo esto; ahora del Hijo, el Padre dice esto:) Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura". Los cielos, obra de tus manos, se envejecerán como una vestidura; es decir, la grandeza del universo es un vestido viejo para el Señor. Sí, lo que estudian los astrónomos es sastrería. "Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán"; él dice que el cielo se enrolló como un libro y no se halló lugar para los cielos y la tierra. Después hizo nuevos cielos y nueva tierra y se cambió esto.

Por eso es un absurdo lo que los satanistas están haciendo. ¿Sabes qué están haciendo? No sé si sepas esto: Ellos están promoviendo las bombas nucleares para recibir con esas bombas la segunda venida del Señor Jesús; pero no con bombos y platillos, sino con bombas neutrónicas. ¿Por qué es eso? Si el Señor hace estallar el sol, si hay una luz grande y tú prendes un fosforito, esa luz del fosforito ni se nota; por tanto, de la misma manera, éstos están engañados, muy engañados. Pero mira lo que dice en la Palabra de Dios: 11Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura. 12Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán". Nota el contexto en que se hace esta señal. Por eso dice que todas las cosas fueron hechas en Él; es decir, de pronto Él dijo: Bueno, voy a ponerme un vestido; ahora me voy a cambiar de vestido: cielo nuevo y tierra nueva. Todo fue hecho de día. Ahora, el universo es muy grande, asombra a la gente, pero es un vestido, un vestido que Él se pone y se quita; el Señor se muda de vestido.


El universo no es Él, como dicen los panteístas, no. Los cielos se en
vejecen, mas Tú eres el mismo. ¡Aleluya! La ley de la entropía no le funciona al Señor; funciona en el universo por el pecado, por juicio de Dios. La ley de la entropía hace que toda la materia se corrompa y todo se desmorone y todo vuelva, digamos, a lo más bajo. Esa es la ley de la entropía, la segunda ley de la termodinámica. Por eso es que no pueden adorar la naturaleza; por eso es que no le podemos llamar Dios al universo. Por eso la nueva era, que no es tan nueva, es idolatría y todo ese tipo de filosofías panteístas. Son las mismas mentiras del diablo; porque es que el diablo quiere hacer pasar por Dios a la criatura. Como dice la Escritura: "25Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas" (Ro. 1:25,26). Por eso aun los cielos tienen sentido de cuán grandes hechos son los de Dios, y Dios mostrará que esos cielos no son Dios; son una vestidura que Dios se cambia. Y eso dice el Padre del Hijo. El Padre dice del Hijo: "Los cielos son obras de Tus manos". Amén.

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CRISTO EN LA ETERNIDAD Y LA TRINIDAD / 2 / Cristo como Verbo

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 16:36, Categoría: General


Cristo en la eternidad y la Trinidad (2)


CRISTO COMO VERBO


Una mirada retrospectiva

Empezamos esta segunda clase de la tarde de hoy. Quiso el Señor, y le agradezco porque lo quiso así, que coincidieran las consideraciones que nuestro hermano Alejandro adelantó en la primera clase, con la que yo debo hacer también en esta segunda clase, como un complemento. Fue algo que el Señor hizo coincidir; no fue un plan ni de Alejandro ni mío; fue algo que el Señor quiso que coincidiera.

También cuando estaba cantando Irmita, fue del Espíritu esas canciones que cantamos al final, pero no fueron planeadas ni escogidas de una manera adrede, sino que fueron dadas en su momento por el Espíritu, y el tema es precisamente esa confesión acerca del Señor Jesús: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Vemos, pues, que de varias maneras el Espíritu del Señor nos tiene centrados en eso. Entonces aprovecho este momento para considerar estas cosas. Les ruego que los que puedan me sigan con las Escrituras, porque estaremos masticando, desglosando el tema de esta tarde, tanto en la parte de Alejandro como en la otra parte.


Demos una mirada retrospectiva para ubicarnos en el contexto de la serie. Estamos siguiendo una serie que hemos titulado: “Tres centralidades concéntricas”. Concéntricas quiere decir que es como tres círculos uno dentro del otro; las tres cosas que son centrales, las que no debemos descuidar, en las que debemos poner siempre suma atención.


1. La primera, que la estableció el mismo Padre, en Su propio Hijo. Al Padre le agradó que en Su Hijo habitara toda plenitud; lo hizo a Él heredero de todas las cosas, y quiere que Su Hijo tenga toda la preeminencia, y la preeminencia sobre todas las cosas; es decir, que la primera preeminencia establecida por Dios mismo, por el Padre, es el Hijo, es Cristo. Y el Hijo dice también: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (Juan 17:1). Eso significa que cuando se honra al Hijo, se honra al Padre, el Padre se revela por medio del Hijo. El Padre nos ha dado al Hijo; el Hijo es la lámpara de Dios; como dice en Apocalipsis que en la Nueva Jerusalén, el Cordero, que es el Verbo encarnado de Dios, era la lumbrera. Eso nos dice que al Padre se le conoce a través del Hijo. No se puede conocer al Padre sin el Hijo. En la Biblia el Padre es llamado el Dios invisible, pero el Hijo es llamado la imagen del Dios invisible.


Juan dice por el Espíritu Santo: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18). Y en el mismo tono, dice también el mismo Juan en su primera epístola: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna” (1 Jn. 5:20). Recuerden que Jesús había dicho: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. Y el Señor fue enviado para se conociese al Dios verdadero. El verdadero Padre se revela en el verdadero Hijo. El Hijo es el Dios verdadero y la vida eterna.

Entonces vemos que es Dios mismo quien estableció esa primera centralidad. La iglesia no tiene que ser superficial en esto. La Iglesia tiene que poner mucha atención al Espíritu del Señor que nos habla por la Palabra de Dios lo que Él va revelando en la Iglesia.


2. La segunda centralidad es, entonces, el Espíritu; porque así como el Hijo vino en el nombre del Padre, el Espíritu fue enviado por el Padre y el Hijo, y viene en el nombre del Hijo para darnos a conocer al Hijo, para glorificar al Hijo. Es el Espíritu el que realiza ahora la continuación del trabajo de Dios. De manera, pues, que la segunda centralidad que vamos a considerar más detenidamente después, es lo relacionado con el Espíritu de Dios, y también lo que tiene que ver con el espíritu humano. Porque el Espíritu de Dios en los regenerados, en los que hemos recibido a Cristo, se ha unido a nuestro espíritu; y una cosa que es fundamental es centrarnos en Cristo y andar en el Espíritu. Si nosotros nos ocupamos de muchas cosas religiosas, pero nos descentramos de Cristo y de andar en el Espíritu, estamos dando vueltas por los costados. Es muy importante estar centrados en Cristo y en el Espíritu. Pero Dios instituyó también la Iglesia, que es la tercera centralidad.


3. La tercera centralidad que Dios estableció es el Cuerpo de Cristo, porque el Cuerpo es la extensión del Misterio de Cristo y es el cuerpo en el que opera el Espíritu de Cristo. El Señor no quiere que todo servicio a Cristo, a Dios, se haga de cualquier manera, ni en cualquier lugar, sino que Dios estableció una tercera centralidad. Cuídate de ofrecer tus holocaustos y sacrificios en cualquier lugar que vieres, sino en el lugar que Jehová escogiere para poner allí Su nombre; ese buscaréis y allí iréis y allí ofreceréis vuestros holocaustos. Ese lugar era el santuario único, que es, en el Antiguo Testamento, la figura tipológica del Misterio de Cristo, el cual tiene dos partes. La primera parte es Jesús, la cabeza; la segunda parte es el cuerpo, la Iglesia.


De manera, pues, que el santuario único se refiere al misterio de Cristo: Cristo y la Iglesia; pero es la Iglesia no referida a alguna denominación específica, sino referida al cuerpo único de Cristo que incluye a todos los hijos de Dios comprados por la sangre de Cristo y nacidos de nuevo por el Espíritu; no importa quien le haya predicado y cómo haya llegado a los pies del Señor, a través de qué misionero, qué misión, si independiente o tradicional. Lo importante es si llegó a Cristo y nació de nuevo, entonces es miembro del cuerpo de Cristo. Esa centralidad del santuario fue establecida también por Dios. Por eso hablamos de una triple centralidad, pero no de tres centros, sino de centralidades concéntricas: Cristo, el Espíritu y el Cuerpo (la Iglesia).


Cristo, sus aspectos objetivo y subjetivo

Después empezamos a detenernos, primero de manera panorámica en Cristo; viendo los diferentes aspectos de Cristo, en lo objetivo y en lo subjetivo; es decir, en lo objetivo es en Su historia, en Su ser histórico, divino y humano, ya sea que tú lo percibas o no, lo sientas o no, lo creas o no, Él es inmutable, Él es eterno. Pero también Él es el Cristo que opera en nosotros, que se forma en nosotros, que fue enviado por Dios para ser nuestra vida, esto es, nuestra experiencia subjetiva. Estamos considerando los aspectos de Cristo en Su ser y en Su obra, en lo objetivo y también en nosotros; porque la Biblia habla de “Cristo en vosotros la esperanza de gloria”. Cristo subjetivo en nosotros, haciéndose nuestra vida. Eso es a grandes rasgos lo capítulos que estamos viendo.

Cuando empezamos a ver el aspecto objetivo de Cristo, vimos un primer capítulo: Cristo en la eternidad, y es el que la vez pasada comenzamos a desglosar. Y lo que vimos la vez pasada respecto de Cristo en la eternidad fue la confesión divina, cómo es Dios mismo el que confiesa la divinidad del Hijo. Antes que los profetas y los apóstoles, primero es Dios el Padre mismo el que confiesa la divinidad del Hijo; y veíamos los versículos en la Biblia, y cómo esa confesión de Dios muestra la divinidad del Hijo, la participación del Hijo en la naturaleza, esencia y substancia divina. Pero eso aún no está terminado. De manera, pues, que ahora en este capítulo, en perfecta sincronía con lo que el hermano Alejandro estaba diciendo en la primera parte, estaremos exactamente en eso mismo, considerando otros aspectos relativos a Cristo en la eternidad. Antes de entrar a Cristo en relación con el propósito con la creación, en la revelación y en la redención, etc., estamos detenidos considerando la Palabra del Señor en lo relativo a Cristo en la eternidad. Justamente lo que estaba diciendo nuestro hermano hoy es fundamental, y esos versículos que justamente él abrió, son los que yo tenía para abrir. Así que fue el Señor quien nos hizo coincidir, como también el tema de esos cánticos que el Espíritu colocó, y estamos ahí; el Señor nos quiere ahí. Él preparó esta tarde para eso.


Cristo, el Logos de Dios

Vamos, pues, a detenernos en la consideración de Cristo como el Verbo. La Palabra Verbo es una traducción española de una palabra griega, logos (λόγος), que se escribe con las letras griegas lambda, ómicron, gamma, ómicron y sigma. Logos es una palabra que aparece bastante en la Biblia, pero sobre todo con un sentido especial aplicado a la persona del Hijo de Dios, aplicado a la persona del Señor Jesús. Entonces la Biblia lo llama a Él el Verbo, como aparece en Juan 1:1: “En el principio era el Verbo”; y también dice allí en Apocalipsis de aquel jinete glorioso del caballo blanco, que “estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombres es: El Verbo de Dios” (Ap. 19:13). Ese es un lenguaje que usa especialmente el apóstol Juan. Vamos, pues, a estudiar detenidamente lo que implica esa palabra, el Verbo; todo lo que implica esta palabra. Es una palabra muy rica. En primer lugar, es una palabra que no se la inventó Juan.

Claro, nosotros que leemos en esta Biblia en castellano, no precisamente en griego. Esta palabra solamente la encontramos en Juan, tanto en el Evangelio, como en su primera epístola, como en el Apocalipsis. Es solamente el apóstol Juan el que usa esta expresión que, en la traducción española que tenemos, es el Verbo. Uno podría sentirse tentado a pensar que fue Juan quien se inventó esa expresión, pero realmente no es así. La expresión ya existía en la cultura en la que el Espíritu Santo hizo que el apóstol Juan la tomara.

Eso significa que el Espíritu Santo ya preveía; porque aunque Juan escribió de último, ya la Palabra que fue inspirada por Dios mismo, era conocida por Dios desde la eternidad. Lo que en el tiempo llegó a ser la Escritura, era conocida desde la eternidad en el corazón de Dios; y ya Dios había preparado el entendimiento de lo que Él hablaría en el tiempo y el sentido de las Palabras cuando fueran registradas en el tiempo apostólico o profético, según la época de la parte de la Biblia que sea.


Eso nos dice que Dios no nos mandó la Biblia así del cielo en un solo momento, como si hubiera caído en la plaza de Jerusalén un rollo gigantesco, sino que Dios se demoró siglos, se demoró casi dos milenios escribiendo la Biblia y la revelación de Dios y el registro de esa revelación en la Biblia. Dios, que venía a salvar a la humanidad, no proveyó por ahí unos pensamientos abstractos en el aire; el Señor se reveló en la historia, y el Señor se reveló en medio de las culturas humanas; de manera que el Señor llegó a la realidad de la humanidad, y en medio de esa cultura el Señor empezó a hablar a los hombres en el lenguaje de los hombres y en medio de costumbres, valores y significados culturales, algunos más primitivos, otros menos; sociedades más evolucionadas como la de Atenas, por ejemplo. Cuando Pablo llegó allá era la cumbre de la cultura de la época, y hasta hoy sigue vertiendo su influencia muchísimo.


Preparación cultural

Tenemos, pues, que tener en cuenta que los conceptos que aparecen en la Biblia, fueron elaborados por el Espíritu de Dios juntamente con los siervos que Él escogió en el antiguo y largo proceso histórico, y que el sentido final de esas palabras fue el trabajo de Dios. Nosotros tenemos que conocer el trabajo de ese concepto de Verbo; porque realmente no fue Juan el que se lo inventó. Fue Dios el que le dijo a Juan: Juan, escribe así. Dios sabía cuál era la palabra que tenía que escoger Juan y qué significado tenía que darle, porque ya en la historia en que esa palabra apareció, había estado Dios adelantando un sentido que luego Juan tomó y le dio su característica final.

Por la época cuando los filósofos comenzaron en Éfeso, los jonios y la Escuela de Elea, la filosofía griega, comenzaron los filósofos a salir, digamos, de la escuela de un pensamiento más anterior, que era un pensamiento mitológico, de la época de Hesíodo, de Homero, que era lo que más prevalecía en la mitología; y ellos comenzaron una especie de revolución cultural entre los griegos, especialmente en una comarca de Asia Menor que se llamaba Jonia. Allí los jonios empezaron a pensar. Luego en otra ciudad llamada Mileto, Tales de Mileto comenzó a tratar de entender qué era el ser, cómo estaba formado el universo, y empezaron a tratar de dar respuestas que no fueron como habían dicho las Musas, como había dicho Hesíodo. Ellos empezaron a filosofar y aparecieron Tales de Mileto, Anaxímenes, Anaximandro, todos esos filósofos que cuando uno está en bachillerato y estudia la filosofía, los recuerda. Hubo uno que se llamó Heráclites de Éfeso, y él fue el primero en usar ese concepto de Logos. Por lo menos en el registro histórico, cuando uno comienza a ver cómo empezó ese concepto del Logos, él fue aquel famoso filósofo que decía que el todo es como una especie de devenir, que nunca nos bañamos en el mismo río, que aunque tiene el mismo nombre, sin embargo, el agua en la que me bañé el año pasado no es la misma, ya el agua pasó, ya las piedras están más abajo, ya la arena no es la de antes sino que acaba de llegar; en fin, aunque el río parezca el mismo, no nos bañamos en el mismo río. Heráclides hablaba de que todo era un devenir. Él fue el primero que comenzó a hablar del Logos, del Verbo.


De la línea de Heráclides, siguieron hablando del Verbo el famoso Platón, por allá por la época de Alejandro Magno; es decir, casi cuatro siglos antes de Cristo. Después del Liceo, que fue el que fundó Aristóteles, y de la Academia que fundó Palatón, surgieron varias escuelas de filosofía, unas muy famosas citadas en la Biblia, especialmente la de los estoicos. Los estoicos fueron los siguientes que hablaron del Verbo. De manera, pues, que hubo un proceso acerca del sentido de esta palabra Logos que se fue desarrollando, digamos, en la humanidad, para que estuviera ya cocinadito para cuando llegara el Espíritu Santo y dijera: Bueno, Juan, ahora ya está cocinada esta palabra; ya llevamos cuatro siglos cocinándola. Ahora sí puedes tú decir: El Verbo que era con Dios, que era Dios y que se hizo carne. La cocinada duró casi cuatro siglos para que llegara a tener un sentido. Claro que el apóstol Juan ya tenía lo que nosotros tenemos como cristianos, el sentido de Cristo. Sin embargo, es importante que conozcamos la cocinada de ese pensamiento.


¿Qué era lo que los griegos habían empezado a hablar? Porque justamente en la ciudad de Éfeso habían empezado a hablar del Verbo; y justamente cuando Pablo ya estaba pronto a morir dice: “Me abandonaron todos los que están en Asia. Te rogué (a Timoteo) que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina”. Y Pablo se muere, lo decapitan, y se queda Timoteo en Éfeso con un encargo y luego el Señor deja a Juan justamente en Éfeso, y fue en Éfeso donde Juan escribió el Evangelio y las epístolas. El Apocalipsis fue escrito en la isla de Patmos; pero después escribió el Evangelio y las epístolas justamente en Éfeso. Él fue el que quedó allí en Asia Menor. Así como Dios hizo ir a Pablo directamente a Atenas, hizo ir a Juan directamente a Éfeso. ¿Por qué, hermanos? Porque el trabajo de Dios con la humanidad no es una cosa descoordinada e incoherente, no; es coordinada y coherente. Dios trabaja con la humanidad. No piense que los españoles llegaron en cualquier época aquí. Ya los chibchas tenían que estar en cierto nivel para poder asimilar algo y soportar a los españoles algo también, y poder hacer bien una primera pinceladita de monoteísmo con los chibchas; de manera que Dios tuvo que hacer algún trabajo, una preparación. Recuérdese que Dios habla así.


Dios le dijo a Abraham: Abraham, yo te voy a decir algo. Dios no hace nada sin revelar Sus secretos a sus siervos los profetas. Antes de hacer, lo revela. Abraham, tengo que decirte algo respecto de tu pueblo; porque es que Yo te hecho una promesa respecto de tu pueblo, pero tengo que ser sincero; antes de que esa promesa se cumpla, van a estar presos 430 años en Egipto, bajo servidumbre.

Dios es muy sincero; porque imagínese, si Dios no se lo dice, entonces iban a pensar que esa promesa era mentira; porque no es una generación la que vive 430 años después del diluvio. Dios tuvo que preparar las cosas, pero le dijo una razón, y la razón fue esta: Porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo. De manera que vemos que Dios estaba dejando que la cultura de los amorreos, de los famosos amurrú que dice la arqueología, llegara a determinado punto para recibir el juicio que Dios les daría a través de los Hebreos, a través de Josué. Ellos tenían que esperar que el proceso con la cultura amorrea que Dios estaba monitoreando, llegara a su punto. Dios monitorea todas las naciones, las culturas, los individuos, los pajaritos, los pelitos, cuánto más a las naciones y a Su Iglesia. Cada iglesia en cada localidad. Él es el Sumo Sacerdote que está mirando cómo está el proceso de cada candelero. El Señor nos monitorea, y Él está detrás de las culturas, porque Dios es el Dios de todos, claro que Él se reveló con Israel primero, pero el propósito era para todos. ¿Pensamos nosotros que solamente el éxodo fue la única intervención de Dios?


Claro, el éxodo fue una intervención de revelación proposicional, pero Dios mismo dice: ¿Acaso no fui yo mismo el que saqué a los filisteos de Caftor (Creta) y los traje a la franja de Gaza? Eso también está en la Biblia. También fue Dios el que estuvo detrás de la migración de los caftorim; es decir, toda la isla de Creta, la civilización minoica y micénica que fue a trasladarse para ser después los filisteos y los luchadores, los interlocutores. El Señor tenía que preparar a Israel con la civilización minoica en un conflicto, para que después pudieran enfrentar la civilización griega. Dios hace muchas cosas; Dios no está jugando; Dios hace unas maravillas en la historia. Él es el Dios soberano de la historia.


Entonces el Señor obró así. Juan, te vas a quedar en Éfeso. Y ese fue el centro de la obra para Juan, y él se quedó en Asia Menor porque a Pablo lo abandonaron. Dijo El Señor: Bueno, Pablo, tú vas a descansar, pero Juan se va a quedar remendando las redes. Él ya sabe cómo remendar las redes. Justo yo lo llamé cuando estaba remendando redes, y dije: Éste es el que me va a remendar las redes. Entonces Juan se quedó remendando las redes, y cuando ya ese concepto específico del que estamos ahora tratando, empezaba a tener sus opositores y se empezaban a vislumbrar los primeros brotes de herejía, Juan estaba ahí para remendar.


Pero Dios trabajó no sólo con esto, pero esto constituye lo primero, el principal. Imagínense si en otras cosas Dios es cuidadoso, ¿no lo sería con esto? Porque los hermanos que estuvieron en la escuela de la obra en Teusaquillo recordarán cuando vimos la clase, algunos tienen copia de esta clase, de la transición de la revelación general a la especial; cómo primero Dios dio señales de Sí mismo a todos los hombres, aparte de la Biblia. Lo que de Dios se conoce, dice Pablo, es manifiesto a los hombres y no tienen excusa; es decir, que algo de Dios era conocido antes de venir Dios a revelarse de manera especial por intervenciones en palabras y hechos redentivos a través de Israel; Dios ya había dado señales parciales pero verdaderas de Sí mismo a los hombres, a través del cosmos creado, a través de la conciencia humana. Por eso la Palabra dice que los gentiles que no tienen ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en los corazones; quiere decir que Dios ya estaba trabajando a la humanidad cultura tras cultura, civilización tras civilización, enseñando lecciones para preparar la tierra para recibir la semilla. Porque si Él quiere que los hombres siembren la semilla con sabiduría y preparen la tierra, eso es apenas una figura del trabajo de Dios. ¿No lo haría Dios así? ¿No prepararía Dios la tierra para el evangelio como nosotros la preparamos para los fríjoles? Pues con más razón.


Por eso es que en la Biblia dice que el Hijo vino en el cumplimiento de los tiempos. No vino antes de tiempo. La cultura tuvo que haber pasado por ciertas situaciones; la humanidad tenía que tener ya ciertas lecciones aprendidas, y por lo menos algunos tenían que estar listos como aquel Dionisio el areopagita que ya había oído mucha filosofía en Atenas, que dijera: Ya no entiendo nada de nada. Entonces llegó Pablo y le dijo: “Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Y ahí le viene con el evangelio, y lo recibió Dionisio el areopagita, aquel hombre encargado del Areópago en Atenas. Quizá era el hombre más académico y más sabio de la filosofía que había en ese tiempo, y ese hombre recibió al Señor Jesús, y también una mujer llamada Dámaris; ella debió haber sido una mujer muy interesante, por estar merodeando por el Areópago.

No estaba solamente en la cocina; estaba en el Areópago. Gracias a Dios había un programa, y así comenzó la iglesia en Atenas.


Origen del concepto de Verbo

Ese concepto del Logos que el apóstol Juan utiliza, tuvo esa preparación desde Heráclides, pasando por Platón y por los estoicos; y Juan vivió en Éfeso unos cuantos años; porque él como por el año 86 escribió el Apocalipsis, cuando el gobierno del Emperador Domiciano. Después, cuando murió Domiciano y cambiaron el Emperador, Juan salió de la isla de Patmos y se fue a Éfeso, y allí estuvo trabajando en Éfeso y conoció bien la cultura griega. De hecho si usted compara el Apocalipsis, que es el primer escrito de Juan, con el Evangelio y las Epístolas, el griego que usa en Apocalipsis es un griego como de un judío que lo está aprendiendo; pero el griego del Evangelio y de las Epístolas, después de varios años de trabajo de Juan en Éfeso, ya es un griego más culto. La primera vez que se habló del Logos fue cuando el Espíritu Santo hizo que Juan tomara esa palabra y dijera: Esto que ustedes están llamando el Logos es el mismo que nosotros decimos el Hijo, el Hijo de Dios; el Hijo es el Logos, es el Verbo.

Entonces debemos entender el sentido de esa palabra y la formación de ese sentido, que ya llegó a ser definitivo con el apóstol Juan, ya que la fe fue dada una vez, ya se cocinó, ya no hay que cocinarla más; ya no está crudo, ya está cocinado; de manera que si se cocina más, se quema. Si hubiese venido antes de tiempo, estaría todavía crudo, pero llegó en el cumplimiento del tiempo. Entonces llegó el apóstol Juan y por el Espíritu tomó esa palabra, y esa palabra tenía un sentido entre los griegos, a quienes les gustaba la sabiduría; porque lo que ellos buscaban era la sabiduría. Justamente allá fue donde surgió la filosofía, que quiere decir, amigo de la sabiduría, de filos, amigo, amor, y sofía, que quiere decir sabiduría. Justamente allí nació la filosofía o la amistad de la sabiduría.


Cuando le preguntaron a Platón qué era él, él dijo que era un amigo de la sabiduría; es decir, un filósofo; entonces allí fue que surgió el concepto de Verbo. Cuando los griegos empezaban a ver el orden del universo, veían que el universo estaba muy ordenado, que había como una razón subyacente detrás del universo, que era Él que le daba el orden a todo el universo; que el universo no era una cosa desordenada, sino que tenía que haber una mente primeramente; antes de ser palabra tenía que ser mente, tenía que ser razón. ¿Por qué? Porque la palabra expresa la idea. De manera, pues, que el concepto de Logos no sólo es palabra expresada, sino que antes de ser expresada, es entendida. Ellos veían que el universo tenía un orden y que detrás de ese orden tenía que haber una razón, y esa razón que se escondía detrás del orden del universo fue a lo que ellos llamaron el Logos, el Verbo. Primeramente esta palabra tiene el sentido de mente, el sentido de razón y el sentido de concepto, antes de poder tener el sentido de palabra, porque el sentido de palabra es cuando el concepto es nombrado, es definido, se trata de él; entonces ahí es que ese concepto llega a ser palabra. Primeramente era una mente detrás del universo que ordenaba coherentemente las cosas.

La coherencia del todo era debida a una mente escondida que estaba detrás, que daba razón de ese orden universal. A eso era a lo que ellos llamaban Logos, razón, y entonces concepto.


El concepto es una imagen, también mente, razón, y también justamente la palabra en la que hace un momento se estaba deteniendo nuestro hermano Alejandro: sabiduría. Esa palabra, sabiduría, fue la que Salomón escribió; es la misma que se llama sofía. Esa palabra sabiduría quiere decir la razón de Dios. Después de que hay mente con sabiduría y razón, que tiene una imagen de las cosas, entonces hay un concepto, y ese concepto sí se puede expresar. Después de ser una expresión entonces es palabra, y al ser palabra es también discurso, es también tratado. Todos estos sentidos están detrás de la palabra Verbo. Cuando decimos Verbo, es una palabra muy rica, que significa muchas cosas. Antes de poderse nombrar algo se tiene que tener un concepto de esa cosa, se tiene que conocer; entonces al conocerla, definirla, se nombra, y al nombrarse, entonces se pronuncia, es ya una palabra; y a veces se explica, se discurre, es un discurso, y ese discurso comprende todo un tratado. Por ejemplo, odontología quiere decir tratado acerca de los dientes; sicología, tratado acerca de la psiqué o del alma y cuantas otras cosas hablan; cronología, tratado acerca del cronos, del tiempo.

Esa terminología de las palabras españolas viene de la palabra Logos, que quiere decir tratado. Cuando se trata de algún concepto particular aparece ese sufijo logía; esa logía de tal cosa. Si es odontología, sicología, cronología o cualquiera otra logía, es el discurso o el tratado que discurre acerca de eso. La primera raíz, si es el tiempo, es cronos, y tenemos cronología. Si se trata del tiempo que ha pasado, las crónicas, entonces es cronología. Todas estas palabras están detrás de la palabra Logos. Pero vamos a algo más. Este es el concepto, digamos, básico, pero ¿qué es Logos más perfecto, más puro? Porque, bueno, tú puedes tratar acerca de esto y puedes tratar acerca de aquello, pero esto con aquello ¿qué tienen en común? El resultado de las interdisciplinas. Entonces comienza a surgir un concepto más unificado de Verbo. Ya no es tratado particularista, sino que es un concepto que expresa todo, un concepto en el cual usted puede sintetizar todo.


De manera, hermanos, que allí fue cuando Juan se dio cuenta del uso de esa palabra. Como nos recordaba Alejandro, Dios conoce todo, primero acerca de Sí mismo y segundo acerca de todo lo demás; porque Dios es omnisciente; como Dios es omnisciente, conoce todo. Ese todo es, primero, Él mismo; segundo, todas las cosas. Entonces la palabra Verbo es el conocimiento que Dios tiene de Sí mismo y de todo. Dios, al conocerse a Sí mismo y conocer todas las cosas que Él podía crear, tiene de Sí mismo un concepto igual a Sí mismo, que lo expresa a Él mismo.


La imagen de Dios

Dios primero se conoce y luego se revela, y dice: Yo soy el que soy. Para Dios decir: Yo soy, tenía primero que ser el que era. Él primeramente era, y entonces se conocía, y al pronunciarse, al tener de Sí un concepto igual a Sí, y no sólo de Sí sino de todo, entonces Él se autodefinía o autoproclamaba. Esa definición de Dios, ese autonocimiento y autorrevelación de Dios, ese es el Verbo de Dios, la Logía no acerca de los dientes, ni del tiempo, ni de cualquier otra cosa, sino de Dios mismo. Había un Verbo que era de Dios, que definía a Dios conforme Dios se conoce. Dios tiene de Sí mismo una imagen; Dios se conoce a Sí mismo; Él es el que es, pero entonces Él dice: Yo soy el que soy. Primero es; entonces ese que es, ese origen de todo y que tiene ser en Sí mismo, ese es el Padre. Pero el Padre no empieza a conocerse un día, y por eso la sabiduría no es creada, sí es engendrada, porque al conocerse engendra el conocimiento. Al saber engendra la sabiduría, pero como Él no empieza a conocer ni a saber, sino que siempre ha conocido y sabido, entonces Su Verbo, Su Sabiduría, es engendrada pero no creada; es eterna, porque Dios se conoce Él mismo; Dios tiene de Sí una imagen que es exacta. Nosotros en cambio no.

Por ejemplo, yo digo: Bueno, Gino, ah Gino debe ser, un... Esa es una imagen equivocada. A veces me deprimo, a veces me exalto. Nosotros no nos conocemos a nosotros mismos, pero esa enfermedad no le sucede a Dios. Dios sí se conoce a Sí mismo tal como Él es; de manera que cuando Él se define, según se conoce, Su Verbo es igual a Sí. Ahora, cuando Ricardo piensa en Ricardo, existe el Ricardo que piensa en sí y el Ricardo pensando por Ricardo. Puede haber una diferencia entre el Ricardo que piensa en sí y el Ricardo pensando por Ricardo, y en cualquiera de nosotros la misma cosa. Puede haber diferencia. Pero no en Dios; en Dios no hay diferencia. Cuando Dios se conoce a Sí mismo, y ese cuando es sólo un recurso literario, ese cuando realmente es una palabra temporal y en el caso de Dios no se puede usar porque Dios es eterno, entonces en el caso de Dios, Dios que es eterno, siempre se ha conocido a Sí mismo, de manera que la imagen de Sí que le acompaña, Su Verbo y Su Sabiduría, es coexistente con Él desde la eternidad, y participa de la misma esencia, porque es engendrada de la esencia; es la esencia divina que se autoconoce, y ese autoconocimiento de la esencia divina es también divino, que nadie le ayuda ni agrega nada a Dios.


Dios es el que se conoce; entonces Dios tiene de Sí una imagen que es igual a Sí, no es menor, no es mayor. Dios no se equivoca. Dios dice: Yo soy el que soy. Cuando dice Yo soy, ya es proferido. Cuando dice: Yo soy el que soy, ya es proferido; es decir, ya se ha conocido y se ha autodefinido y se ha revelado, se ha expresado. De manera que ese que dice: Yo soy el que soy, es el Verbo. Por eso es que se le llamó el Ángel de Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Fue el que dijo: Yo soy el que soy. Yo soy me envió a vosotros. Y cuando leemos el concepto aparece que es el Ángel de Jehová, pero no un ángel como un ser creado. Ya habíamos visto en otros lugares que la palabra ángel en la Biblia no es el nombre de una naturaleza, sino de un oficio. La palabra griega ángelos o hebrea mal’aj, de donde viene Malaquías o Ángel, significa mensajero.


Entonces el Hijo es el mensajero del Padre. Cuando Dios en el Antiguo Testamento se revela parcialmente en una teofanía, entonces era el Ángel de Jehová. Pero cuando el Ángel de Jehová hablaba, lo hacía como si fuera Dios, y es que es Dios, pero en cuanto Verbo, en cuanto revelación de Dios. ¿Está claro eso? Ahí es cuando uno empieza a identificar cómo el Señor venía preparando y cocinando la palabrita que Juan tenía que usar. Esto es de lo que me voy a valer para poderles explicar a los gentiles, comenzando desde Éfeso, quién es la Sabiduría de Dios, el Cristo de Dios. De manera, pues, que no sólo acerca de Sí mismo, sino acerca de todo lo demás. Dios no sólo se conoce a Sí mismo. Dios conoce los posibles mundos que Él podía crear; Dios nunca añade nada nuevo a Su conocimiento; Él es omnisciente, es decir, sapiente. Dios se conoce totalmente a Sí mismo; Dios no tiene acerca de Sí mismo ninguna nube, ninguna imagen de algo que no conozca. No hay oscuridad en Él; Él está en luz, Él conoce todas las cosas, y todas las cosas están desnudas delante de Él. Él nos conoce y luego nos crea y nos crea en Él, y en Él somos y en Él nos movemos, pero nosotros no somos Él; porque una cosa es el que se conozca a sí mismo, Su ser, en sí mismo, de sí mismo para sí mismo, eterno, necesario para todos los demás, y otra cosa es que conozca la posibilidad de crear y las posibilidades que había de criaturas, y luego las criaturas que hubo. Entonces Él ya conoce todo, el funcionamiento de todo; no hay nada que se le escape a Su conocimiento, Dios es omnisciente.


El Verbo de Dios entonces coexiste con Dios; es decir, el Hijo con el Padre. Por eso se le llama Hijo Unigénito, o sea engendrado del Padre. ¿Me comprenden ahora los hermanos por qué decimos engendrado y no creado? Porque los hermanos en el pasado decían, porque también nosotros decíamos: ¿qué es eso de engendrado y no creado? ¿Acaso engendrado no es lo mismo que creado? No. En las criaturas más o menos lo es, pero no en el caso de la Sabiduría de Dios. Como Dios nunca empezó a saber, sino que siempre supo acerca de Sí y con perfección, entonces la imagen de Sí que Él tiene es igual a Sí; Él puede decirle: Tú eres como yo; puede decirle: Yo te he engendrado hoy, mi Hijo eres tú; Tu trono, oh Dios, le dice Dios al Hijo. El Padre le dice Dios al Hijo. ¿Por qué? Porque si la imagen que Dios tiene de Sí no fuera de Dios, con Dios, entonces sería inferior a Dios; Dios no se conocería a Sí mismo como Él es, no tendría de Sí una imagen exacta; y por eso la palabra imagen en el idioma griego quiere decir carácter. La palabra carácter es la que se usa por ejemplo cuando una máquina de escribir tiene varias letras, pero parece que están al revés; y no es que estén al revés sino al frente; por eso dice: con Él estaba yo, delante de Él.


Carácter de la Hipóstasis

Cuando la máquina imprime un carácter, entonces imprime algo igual a lo que imprime, sólo que al frente; así que cuando tú te conoces, tú tienes de ti una imagen que está como en la pantalla de tu mente.

Ahora, Dios es sabio, delante de Dios está la imagen de Sí, y eso es como un carácter de Dios, como si Dios hubiera salido de Sí mismo y se hubiera autoimpreso, y dijese: Éste soy yo, yo soy éste; es como un carácter. Por eso dice que el Hijo es el carácter de la hipóstasis divina. La palabra hipóstasis es la que usa el autor de la carta a los Hebreos, que se ha traducido persona o substancia, la imagen misma de Su substancia. La palabra exacta es carácter de la hipóstasis. Esa palabra hipóstasis vamos a masticarla; hay que masticarla porque es una palabra clave que hay que entender lo que quiere decir y darle la traducción exacta para que después no digamos del Hijo lo que no dice, porque esa palabra la usa el Espíritu Santo en la confesión acerca de Cristo; de manera que no podemos ser descuidados con esa palabra. Estamos deteniéndonos en el sentido del carácter, en el sentido de hipóstasis, en el sentido de esencia, de naturaleza, de persona, porque Dios es uno en esencia y trino en personas. ¿Qué diferencia hay entre esencia y persona? Tenemos que saber qué quiere decir persona para poder comprender por qué Dios es trino en personas; pero en qué se diferencia persona de esencia para poder saber por qué es uno en esencia y por qué es correcta la confesión trinitaria: Un solo Dios verdadero y tres personas distintas. ¿Qué quiere decir distintas no en esencia? Distinta en personas dentro de la misma esencia. En esto debemos ir despacio, y detenernos en esas mismas palabras. De manera, pues, que la palabra Logos es una palabra rica.


La tradición de la cultura hebrea

Ahora vamos a entrar en una segunda sección de esta misma clase. Vamos a llegar a sabiduría. Resulta que voy a contarles una historia a grandes rasgos. En el mapa vemos el Mar Negro, a Turquía en Asia Menor, al Mar Mediterráneo, a Egipto, a Grecia, a Italia y a Israel.

Luego entre Israel y Jordania corre el río Jordán. Voy a contarles más o menos una historia bastante resumida: Los antiguos habitantes, las distintas tribus, del Oriente Medio desde Grecia hasta la Mesopotamia, habían tenido una historia común. En el mapa encontramos puntos claves como el Canal del Suez, Arabia, el Golfo Pérsico, los ríos Tigris y Eúfrates, lo que se llamó la Mesopotamia; ahí comenzó el género humano. En el Monte Ararat fue donde posó el Arca del Noé, y después los jafetitas se fueron hacia el norte, los semitas se vinieron hacia el oriente, los camitas vinieron hacia el sur.


Claro, los acontecimientos antiquísimos quedaron en la memoria, y esas cosas misteriosas que cuenta Moisés. Acuérdense que Moisés era instruido en toda la sabiduría de Egipto durante cuarenta años, y otros cuarenta años estuvo con Jetro que era sacerdote de Madian, y él mismo tenía también la tradición israelita de su madre, de su abuelo, de su tatarabuelo, de los antepasados de Abraham, de Israel y de todos ellos, incluso del diluvio.


Además, entre Adán y Matusalén, aunque hubo como novecientos y tantos años, sin embargo, hubo doscientos y tantos años de contemporaneidad; es decir, que si Adán comenzó a vivir en este punto y murió en este otro, digamos que Matusalén comenzó a vivir en este punto y murió en el año del diluvio, eso significa que este período, el final de Adán y el principio de Matusalén fueron como doscientos cuarenta y tantos años. ¡Qué contemporaneidad! Eso nos dice que la relación y experiencia que tuvo Adán, se la pudo haber contado a todos los descendientes durante muchas generaciones; incluso Matusalén la conoció, y Matusalén no necesitó sino oír de Adán para llegar hasta la época del diluvio cuando Noé y Sem; y Sem vivió hasta Isaac. Cuando Isaac era pequeño fue cuando recién murió Sem; es decir, que aunque vivieron muchas generaciones, no se necesitó mucha gente para trasmitir la revelación.


Entonces, ¿qué pasa, hermanos? Cuando nos damos cuenta de esto, nos damos cuenta que los acontecimientos primitivos cuya tradición se fue pasando, se fue registrando en la familia de Adán, porque la Biblia lo dice. Si usted pone cuidado, encuentra que en el primer verso de Génesis 5 dice:”Este es el libro de las generaciones de Adán”; y te dice cuándo nació, en qué año nació su hijo, y cuándo nació el otro, y cuándo murió el otro; o sea que eso fue una trasmisión, no fue sólo algo necesariamente oral. De manera que cuando ya viene la época de Moisés, él recibió esa tradición. Moisés no era un tonto. Yo pienso que no había persona más erudita que Moisés; porque por una parte tenía la tradición hebrea, y esa era la que él más valoraba, enfrente de la egipcia; porque aunque él fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, sin embargo, como dice la Escritura, él no se contaminó, se mantuvo fiel. Él fue y subió a Madián y estuvo otros cuarenta años con la línea de Madián. Madián había sido uno de los hijos de Abraham por Cetura, no por Sara ni por Agar. Después de la muerte de Sara, él tomó una concubina que se llamó Cetura, de la cual tuvo varios hijos, uno de los cuales fue Madián, de donde surgieron los madianitas; y Jetro, el suegro de Moisés, era sacerdote de Madián.


En el sacerdocio era donde estaba toda la tradición antigua. La misma Biblia nos muestra que no había nadie mejor que Moisés para conocer las vertientes de aquí, de allá, de todas partes. Dios sabía cómo prepararía a Moisés. De manera, pues, que Moisés tenía esa documentación antigua, esa tradición antigua; y dice Moisés en el libro de Génesis, que él escribió, que no fue el primero en escribir; había otros que habían registrado tradiciones y hasta escrito genealogías antes. Cuando tú empiezas a leer, por ejemplo, el pasaje de Jacob, dice: “Esta es la historia de la familia de Jacob” (Génesis 37:2); así empieza. Entonces cuando tú vas a escribir una historia, ¿acaso te la inventas? Tú acudes a los documentos antiguos y finalmente cuentas la historia basada en los documentos. Génesis 5:1 dice: “Este es el libro de las generaciones de Adán”.


En Génesis 10:1 leemos: “Estas son las generaciones de los hijos de Noé”. También en Génesis 36:1 dice: “Estas son las generaciones de Esaú”. Y estas son la de tal y estas la de cual; es decir que Moisés al referirse a esos tiempos antediluvianos como a los posteriores, se valió de esos registros y tradiciones. También cuando habla que los hijos de Dios se llegaron a las hijas de los hombres y tomaron para sí mujeres, y todas aquellas cosas extrañas que sucedieron en esa época tan corrompida y por lo cual vino el diluvio, y que se repetirían antes de la venida de Cristo; porque como fue en los días de Noé, así será. Y hay muchas cosas que ya sucedieron.


Claro que entre los pueblos que habían vivido y heredaban esas noticias, ellos, habían creado una mitología rara, pero esas mitologías tenían algún parecido con la realidad. Hablaban del dios tal, que el dios Júpiter vino y se disfrazó de esposo de la reina tal, y tuvo un hijo, y ese hijo había sido no de un hombre sino de ese espíritu que había tomado forma de hombre, así como los ángeles toman forma de varones. Como cuando se le aparecieron a Abraham, Jehová con dos ángeles; eran varones y comieron, y después hasta los sodomitas querían violar a los dos ángeles. Eran ángeles. Eso significa que los ángeles tenían esa capacidad de hacerse varones, y algunos hijos de Dios (Elohim) vieron a las hijas de los hombres y tomaron mujeres, y de la unión les nacieron gigantes (nefilim), y dice que “éstos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Génesis 6:4). Aquellos antiguos reyes famosos de la antigüedad como Gilgameš y otros, todos aquellos que dice Moisés que fueron varones de renombre en la antigüedad, de ellos escribieron nada menos que en el tiempo de los egipcios, de las más antiguas civilizaciones.


Moisés se está refiriendo a unos tiempos más antiguos. A los que aparecen con nombres de dioses y reyes míticos en las mitologías de las culturas antiguas, Moisés decía que eran aquellos nefilim. En todas esas mitologías todas raras aparecen esos gigantes, los titanes que leemos en Hesíodo, en Homero. Lógicamente cuando llegó la época de la filosofía en Grecia, entonces ellos decían: Bueno, ¿no será que a éstos más bien hay que interpretarlos?


Ahora ya la época era un poco distinta a lo que había sucedido antes del diluvio, porque Dios había juzgado aquello, y esos ángeles que pecaron en los días de Noé fueron arrojados en el Tártaro; es decir, prisiones de oscuridad, para el día del gran juicio; de manera que hubo una reducción de esos fenómenos. Por eso cuando uno lee la historia antigua, da la impresión de que lee un poco de historia y un poco de mitología; pero esa mitología es como mágica, como cosas mágicas, parapsicológicas, fenómenos raros registrados también en los libros de los grandes poetas y en los libros sagrados de mitología griega.


Los griegos decían: ¿No será que a éstos más bien hay que interpretarlos? Se dice que cuando Júpiter movió la cabeza, de la cabeza le salió la gran diosa Minerva, ¿no será que la tal diosa Minerva se refiere a la sabiduría y al pensamiento? Y las Musas, ¿no será que se refiere a las inspiraciones? Y comenzaron a interpretar alegóricamente a los poetas antiguos. Entonces comenzó a darse ese proceso en Grecia, principalmente con Jenófanes, y después le siguieron también Platón y las escuelas posteriores. Ellos ya no leían en clave literalista los poemas épicos y míticos antiguos de los griegos, sino que los leían en forma alegórica.


Pero resulta que Dios providenció que hubiera un contacto entre la cultura judía y la cultura griega antes que llegara el Señor Jesús y antes que llegara el apóstol Juan. Algunos de los judíos empezaron a entrar en el estilo de la filosofía griega, y trataron de interpretar también alegóricamente al Antiguo Testamento. Porque, claro, cuando hay dos culturas totalmente diferentes, hay que ver cuáles son las correspondencias para poder establecer un puente de comunicación entre una cultura y otra.


Entonces los que estaban aquí en la cultura judía tenían que buscar en la maraña de la cultura griega algunos conceptos que ellos pudieran considerar equivalentes para poder comunicarse. ¿Por qué? Porque resulta que ya no estaban unos en un lado y otros en otro, sino que vino Alejandro Magno y se tomó Palestina. Él se murió pero quedaron otros, sus cuatro generales que le sucedieron: Lisímaco, Casandro, Seleuco, Antíoco, y que se dividieron el gran imperio griego conquistado por Alejandro; luego de ellos la Biblia habla de los reyes del norte y del sur, y luego incluso vino Antíoco Epífanes, uno de sus sucesores, y estableció la cultura griega, de manera que había una mezcla de cultura egipcia, de cultura griega y de cultura judía en Palestina, Israel. Había que tratar de hacer las correspondencias entre una cosa y otra.


La Fusión de las culturas

Desde los israelitas, ellos encontraron el concepto que en hebreo correspondía al Logos de los griegos, y el concepto era Sabiduría. La Sabiduría de Dios era el Logos de Dios. Hubo algunos filósofos judíos que empezaron a interpretar al Antiguo Testamento en clave alegórica griega, y tratar de hacer la correspondencia. A veces se les iba la mano, a veces se quedaban cortos; no era un proceso fácil. El Señor no podía venir todavía; tenía que esperar que se cocinaran esos contactos, porque Él iba a inspirar que el Nuevo Testamento se escribiera en griego. De manera que primeramente los judíos tenían que estar preparados; para eso Dios tenía que permitir que Alejandro Magno se tomara a Israel. Esa no es una cosa casual. En la parte norte de Egipto, justamente donde el río Nilo desemboca en el Delta, en el llamado bajo Nilo, cuando Alejandro Magno vino de Macedonia, lo que hasta hoy se llama Macedonia, vinieron por mar, cruzaron el Mediterráneo más allá de la isla de Chipre,y se tomó todo eso, y fundo una ciudad en Egipto que la llamó con su nombre, Alejandría.

Cuando los asirios y los babilonios vinieron y se tomaron a Israel, en ambos cautiverios hubo judíos que se fueron para Egipto, y se fueron a vivir justo en ese Delta, a Elefantina y otros lugares cercanos; de manera, pues, que la cultura egipcia, la cultura judía y la cultura griega se encontraron en Alejandría; es decir, que Alejandría era la olla de presión para hacer el zancocho. Por una parte era papa, por otra parte era repollo y por otra parte era carne; pero cuando la carne está cruda, o cuando la papa está cruda, algo falta. Pero cuando pasa al zancocho, la papa sabe a papa, pero también le queda un sabor a repollo, un poco de sabor a carne, y a la carne también le queda un poco de sabor a repollo y a papa; en fin, cada cosa conserva algo propio, pero también ha tenido que comunicarse con los demás.


Es como si fuera una especie de química social; porque es que la química es eso; se mezcla un elemento con tal otro, pero a veces no se pueden mezclar, hay que disponer de un catalizador, y es a través del catalizador que se puede mezclar el uno con el otro, y resulta un tercer compuesto que es cloruro de sodio. El cloro solo puede envenenar, el sodio solo también, pero el cloruro en cierta cantidad y con el sodio en cierta cantidad, da cloruro de sodio, sal de cocina. Dios no termina su revelación completa sino que tenía que preparar la humanidad, y estaba detrás hasta de la política, y Él sabía a quién le daba el imperio y por qué y para qué; y cuando se le acabó la hora a Nabucodonosor, que fue el que hizo ciertas cositas, entonces dijo: Ciro, ahora te toca a ti. Entonces llega Ciro; pero todo ese permiso que Dios le dio a Ciro, era para que Ciro hiciera algo en relación con Israel. Israel tiene que salir de Babilonia y venirse de nuevo a su tierra y comenzar de nuevo la nación. Todo ese proceso histórico es Dios trabajando.


Antes de que llegara Cristo, en Israel hubo un hombre que se llamó Aristóbulo, que era de los judíos, quien fue el primero que comenzó a tratar de hacer un puente entre la cultura griega y la cultura judía, israelita, y buscar esa correspondencia entre la Sabiduría y el Logos, de manera que ahora, cuando se hablaba de Sabiduría se pensaba en Logos, cuando se pensaba en Logos se hablaba de Sabiduría. Cuando Juan leía que Proverbios de Salomón decía Sabiduría, él decía: Bueno, esto me lo van a entender los griegos si le digo Logos, si le digo Verbo. Después de Aristóbulo vino uno que se llamó Fenio, y después, ya en tiempos de Jesús y de Juan, llegó Filón de Alejandría, el máximo exponente del judaísmo helenista, al que podríamos llamar el fundador de la escuela alegórica, aunque ya antes Aristóbulo y otros habían dicho algo; sin embargo, se puede decir que la cumbre de ese proceso fue Filón de Alejandría, y fue justamente en Alejandría.

Vemos, pues, que el trabajo que Dios hizo con Filón y antes con Aristóbulo y otros sirvió para que los apóstoles estuvieran preparados para leer a Moisés, no sólo en sentido literalista, sino en sentido alegórico. Ahora el tabernáculo tenía un significado para ellos. Dios tuvo que preparar su mente para poder captar lo que Dios quería revelar; Dios tenía que prepararle al sacrificio este Cordero, el cordero de Dios; el aceite es el óleo de la santa unción; el tabernáculo es la Iglesia, la casa de Dios no de piedra, sino la casa de Dios; es decir, toda la base de la interpretación alegórica, que el Nuevo Testamento ve en figuras en la ley de Moisés.


Para que ellos pudieran dar ese paso, Dios tuvo que hacer un trabajo. Después de Moisés vinieron los profetas, los asirios y los griegos, las idas, las venidas, las guerras, las mescolanzas, los profetas separando lo que era válido de lo que era inválido, todo ese proceso del Antiguo Testamento hasta llegar ahí. Ya en el tiempo de Jesús y de Juan fue cuando apareció Filón; después aparecieron Bernabé y Pablo. Todos eran del primer siglo de nuestra era. Ahora sí se podía entender el fondo israelita en griego, para que todas las naciones gentiles pudieran ser evangelizadas; pero para que pudieran ser evangelizadas Dios tuvo que hacer un trabajo con Alejandro Magno, y decir: Mira, Alejandro, yo te voy a dar hasta la India. Y después de que vino Alejandro Magno e impuso la cultura griega en todas partes, tanto que hasta san Pablo escribía griego, hasta san Juan escribía griego, hasta en la cruz de Cristo tenía que escribirse en latín, en griego y en hebreo. Después Dios dijo: Ahora después de los griegos le voy a dar el imperio a los romanos. Vinieron los romanos y organizaron políticamente lo que con Alejandro era cultural. Con los romanos fue política, fue derecho, fueron carreteras, ya no había fronteras; ahora Pablo podía ir hasta Roma, podía ver todo esto. Eso significa que Dios preparó la evangelización, hizo un trabajo de arar para Dios. Cuando estaban todas esas culturas confluyendo, todo eso produjo una gran influencia en Israel; porque, ¿justo dónde puso Dios a Israel? Si miramos el mapa, abajo está África, arriba es Europa, al este está Asia, y justamente Israel queda en la parte central; mejor dicho, en el punto en que tienen que confluir todas las influencias, todos los entornos, todos los factores para que la humanidad exista para el Señor Jesús, para la revelación completa de Dios para todos los hombres.


Esas no son casualidades; Dios no ubica las cosas en ninguna parte por casualidad. Dios hace un trabajo minucioso, Dios a cada nación le dio sus límites, su habitación y su misión dentro del contexto general.

Nosotros tenemos que entender nuestra función en Colombia; estamos ubicados muy bien, porque si ciertamente del oriente sale el sol, en el occidente se pone, y el arca estaba en el occidente. Pero, bueno, sólo el Señor lo sabe.


La Sabiduría y el Logos

Entonces, hermanos, llega Juan con el concepto del Verbo y comienza a decir lo que decía Salomón. Salomón tampoco era cualquiera.

¿Saben qué dice la Biblia de Salomón, así como de Moisés? Dice que era más sabio que todos los orientales; sabía más que los caldeos, que los asirios, que los acadios, que todos. Justamente Dios tenía que hacer una preparación tremenda, y llega la hora de la revelación.

Dice el apóstol Juan: “En el principio”; y así comienza Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, pero claro, Dios para crear necesita de la Palabra, y entonces empieza Juan a añadirle detallitos: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios”, y nada de lo que ha sido hecho fue hecho sin el Verbo; es decir, que a lo que Moisés había dicho hasta aquí, le tocaba a Juan añadir algunas otras cositas que para la época de Moisés no estaban preparadas, pero sí para la época de Juan apóstol. Es como si volviera a escribir el Génesis.


Decía Moisés en el Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, pero claro, no podía empezar a hablar de Padre, Hijo y Espíritu Santo en el tiempo de Moisés, cuando ellos lo que tenían era que salir de un montón de politeísmo y de demonismo, porque los demonios y todos esos ángeles y nefilim se habían hecho los dioses del paganismo, todo era un desastre. Había entonces que trabajar en el monoteísmo, y esa parte le tocó a Moisés. Dios no podía empezar con la Trinidad en tiempos de Moisés, pero sí dejó algunas señales:

“Hagamos (plural) al hombre a nuestra (plural) imagen, conforme a nuestra (plural) semejanza”. “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros (plural)? Son señales, pero no es todo, porque había que enfatizar primero la unidad de Dios en esencia, y después vendría la Trinidad en personas; de manera que Moisés empieza diciendo: Al principio Elohim creó; ahora Juan dice: bueno, claro que Moisés no dijo mentiras, pero es que antes de crear ya era el Verbo; Moisés no dijo esto porque no era la hora. En el principio, aquí antes de crear, era el Verbo; es decir, que Juan sacó toda esa cosecha del trabajo de Dios allá en Efeso, y dijo él: Aquí es donde va el Verbo; era el Verbo, o sea, la razón de Dios y la Palabra de Dios por medio de la cual creó todas las cosas.


Claro que Moisés todavía no podía decir eso, porque se iba a armar un lío en ese tiempo. Ahora sí es la hora de decir que entre la creación y Dios, el intermediario era el Verbo que conocía y hablaba en nombre de Él, conocía con Dios; por eso es que si volvemos a leer en Proverbios 8:22 donde habla la Sabiduría de Dios, que es el Verbo, encontramos lo que dice desde el verso 22. Jehová, o sea Yahveh está hablando, como nos lo demostró nuestro hermano Alejandro, la Sabiduría de Dios que es en Cristo; está hablando el Verbo. Ya sabemos que Verbo equivale a Logos, que a su vez equivale a Sabiduría. Ya ese trabajo lo hizo Dios con Aristóbulo, con Fenio y con Filón en tiempos de Juan; ya era algo que estaba cocinado, que estaba listo. Leemos: “22Yahveh me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras”.


Claro, Dios poseía la Sabiduría en el principio, pero cuando habló Moisés él no dijo esto. Moisés, que había sido criado con toda la sabiduría de Egipto, y a los pies del sacerdocio de Madián, y además con la tradición, pues no había dicho esto; pero Salomón, que era más sabio que todos los hombres, había dicho esto, y ya todo el trabajo de Dios estaba listo para Juan. Entonces al leerlo Juan dijo: Yahveh me poseía en el principio ¿A quién? A la Sabiduría, claro, lógico; ahora sí entendí a Juan, y esa Sabiduría es el Verbo de Dios; entonces por eso en el principio era el Verbo, Yahveh me poseía en el principio, y el Verbo era con Dios.


Nótese que Salomón decía por el Espíritu Santo: “Ya de antiguo, antes de sus obras”, y en Juan dice que el Verbo era antes de todas las cosas. “1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Este era en el principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho”.

 Aquí Juan está acrecentando, perfeccionando la revelación, porque es con Juan que se termina la Biblia. El último en escribir fue Juan.

Moisés fue antes y después los otros; hubo esos períodos claves: un período clave con Abraham, otro período clave con Moisés, otro período clave con Samuel, David y Salomón, otro período clave con Esdras y Nehemías, y el otro período clave con el Señor Jesús, los apóstoles, Juan el Bautista. Sus apóstoles Jacobo, Cefas, Juan y Pablo. Ese era el momento de completar la revelación; se le iba añadiendo más detalles. Dios no puede decir todo de golpe, tenía que empezar primero con una piedra ungida, Bethel; después un poquito más complicado, el tabernáculo con un sólo candelero; después más complicado, el templo con diez candeleros; después Ezequiel.

Ezequiel, te quiero mostrar lo que Yo quiero, ustedes no me han entendido, pero están en Babilonia, están hechos un desastre, pero yo sigo queriendo lo que quiere Moisés. Pero ven, Ezequiel, te quiero mostrar el templo, y si se arrepienten enseñales todas sus descripciones. Y le muestra la visión del templo ya con muchísimos más detalles. Pero no nos podemos meter en Ezequiel sin pasar por Crónicas, o por Crónicas sin pasar por Éxodo, o por Éxodo sin pasar por Génesis, entonces Dios pasa de lo simple a lo complejo, y lo mismo hace acá. “Jehová me poseía en el principio, (y ese era el Verbo) ya de antiguo antes de sus obras”.


El apóstol Pablo dice en Colosenses 1:17: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”, y eso lo dice justamente donde habla de que Él es la imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda creación, y en Él fueron creadas todas las cosas. Ahora Pablo ya estaba preparado; pero, ¿dónde había nacido Pablo? En Tarso, y había sido criado a los pies de Gamaliel, pero también en Tarso.

¿Saben dónde queda Tarso? En Asia Menor, que comprendía tanto la cultura occidental como la cultura oriental. Ahí fue formado Pablo para poder hacer la transición del Antiguo al Nuevo Pacto; fue un trabajo de Dios.


Hermanos, nuestra vida, la de cada uno de nosotros, es preparada por Dios para Su trabajo. Dios no está improvisando nada de lo que a ti te sucede; tú naciste donde tenías que nacer, con los padres que debían ser, la cultura que correspondía, la clase social que era, las experiencias precisas, estudiaste lo que era, o no estudiaste lo que no era y pasaste lo que tenías que pasar a fin de que pudieras ocupar tu lugar en el lugar eterno con Dios, y todos los demás también; y luego Dios toma esa piedra con aquella otra y con la siguiente, y las ensambla toditas en Su casa, porque Dios hace una coherencia de todo con todo. Aquí estamos viendo cómo Pedro, Pablo, Juan ya estaban capacitados para entender todo lo que había sido revelado en el pasado y poder hablar para el futuro.


El Señor dice: Eternamente tuve el principado, desde el principio; en el principio era el Verbo eterno; era Dios, era con Dios, porque me poseía y con Él estaba Yo ordenándolo todo. La Sabiduría estaba con el Sabio, con el Anciano de días, el Hijo con el Padre ordenándolo todo. Entonces el Verbo era con Dios, pero si es la Sabiduría de Dios, ¿cómo puede ser menos que el Hijo? Y el Verbo era Dios, el Unigénito del Padre. Para poder decir Unigénito tenía que tener todas estas raíces.


Volvemos a Proverbios 8, en donde hablando de Sabiduría dice: “24Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas. 25Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada”. Por eso de Cristo se dice engendrado pero no creado. ¿Por qué no creado? Eternamente tuvo el principado. El príncipe es el hijo del rey, y en este caso el Rey es el Padre, el Príncipe de los ejércitos, el heredero del Padre es el Hijo. Ese es el Verbo que en el principio era con Dios y era Dios y “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Agustín de Hipona decía: cuando yo estudié filosofía, ya conocía el concepto del Verbo, pero no que se había encarnado. ¡Aleluya! Eso fue a partir del Señor Jesús. “26No había hecho aún la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo.

 27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo: 28cuando afirmaba los cielos arriba (por eso se llama firmamento), cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra, 30con él estaba yo ordenándolo todo”. El Verbo era con Dios, y eso es la coexistencia de las divinas personas. Ahora no podemos decir que no sea persona. Él dice: Con Él estaba yo; es decir, que la Sabiduría de Dios tiene conciencia de Sí misma; porque si Dios tiene conciencia de Sí mismo, el Padre, y Él tiene de Sí una imagen que es igual a Sí mismo, si esa imagen de Dios no tuviera conciencia de Sí misma también como persona, no sería igual al Padre, de manera que Dios no tendría de Sí una imagen completa; pero ahora Dios tiene de Sí una imagen completa; y como Él es persona, la imagen de Sí es también persona, porque es en Dios; no es como nosotros. Nosotros sólo tenemos un pálido reflejo; pero en Él todo es elevado a la suma
perfección. De manera, pues, que la imagen fue engendrada por Dios.

 Yo te engendré hoy, le dice el Padre al Hijo, todo lo mío es tuyo y lo tuyo es mío. Es el Hijo eterno; por eso se dice eterno, porque eternamente tuvo el principado. Por eso se habla del Verbo eterno y del Hijo eterno, del Padre eterno y del Espíritu eterno coexistentes, mas es un solo Dios, una sola esencia divina; pero tres personas subsisten en esa única esencia. Porque el Padre, que tiene vida en Sí mismo, le ha dado al Hijo tener vida en Sí mismo. ¿Por qué? Porque el Hijo es Su imagen. Por eso dice: “No estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo, tomando forme de siervo, hecho semejante a los hombres”. Él no tenía forma de siervo, sino que tomó forma de siervo. Por eso la Sabiduría dice:

“30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él (el carácter, la impronta) en todo tiempo.
31Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres”. Por eso se hizo carne. Amén.

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CRISTO EN LA ETERNIDAD Y LA TRINIDAD / 3 / Trinidad de personas en el único Dios

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 16:23, Categoría: General


Cristo en la eternidad y la Trinidad (3)


TRINIDAD DE PERSONAS
EN EL ÚNICO DIOS



Algunas consideraciones generales

La última vez que seguimos esta serie vimos lo relativo a Cristo como Verbo, y hoy debemos continuar considerando en la Palabra y en la historia de la Iglesia; porque no podemos pasar por alto la historia de la Iglesia, porque es la Iglesia la que ha recibido la Palabra y la que la ha estudiado, la que la ha investigado y la que se ha pronunciado por el Espíritu. De manera, pues, que también consideraremos algunos puntos mínimos de la historia de la Iglesia; porque no somos los primeros ni los últimos en tener el Espíritu Santo ni la Biblia y el Verbo. Toda la Iglesia ha tenido el Espíritu Santo. Si no lo hubiera tenido o no lo tuviera, no hubiera sido o no era parte de la Iglesia. Se ha tenido la misma Biblia a través de la historia. No pretendemos ser absolutamente originales, pero tampoco queremos repetir de segunda mano algo que no lo hayamos examinado y tengamos las razones para aprobarlo. Y algunas cosas que hoy son comunes dentro del ambiente cristiano, pues no llegaron a ser comunes de un día para otro, sino después de un largo período. Y con aquello que hoy es común con los cristianos de hoy, con lo cual nosotros nos identificamos, tenemos que tener razones espirituales y bíblicas para poder estar de acuerdo en cosas que hoy son comunes, y a veces también estar en desacuerdo, si es necesario, a la luz de la Palabra y en espíritu.

La parte que correspondería a este día está en relación con una serie que habíamos estado comenzando después de Prolegómenos allá en Teusaquillo, pero que entonces, como trasladamos la escuela de la obra para acá para Tunjuelito, estamos haciendo el empate. De manera, pues, que estaremos viendo lo relativo a la coexistencia y coinherencia de las divinas personas del único Dios verdadero. Es un tema bastante delicado; es decir, esas frases ahora, son el resultado de veinte siglos de la historia de la Iglesia; y necesitamos estudiar cómo se ha ido viendo esto poco a poco. A los hermanos que estuvieron en Teusaquillo, les ruego que tengan paciencia, pues voy a repetir algunas cosas por causa de que aquí en este auditorio también hay hermanos que no estuvieron allá, y no conviene que ellos carezcan de esos pequeños detalles.

La única Divinidad en tres Personas

La Palabra del Señor nos presenta a Dios como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En la Biblia encontramos versículos donde claramente el Padre es Dios; es Dios que se llama Padre. Con respecto a la divinidad del Padre no hay controversia dentro de la cristiandad. En lo que sí ha habido controversia es respecto a la divinidad del Hijo. Pero aquí estuvimos considerando la misma confesión del Padre acerca de la divinidad del Hijo; y allí en Teusaquillo considerábamos la confesión de los profetas acerca de la divinidad del Mesías, y la confesión de los apóstoles acerca de la divinidad de Cristo. De manera que hoy vamos a dar ya por sentado lo relativo a la confesión bíblica tanto de Dios el Padre como del propio Hijo, cuando Él dice: Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin, el Todopoderoso, y la confesión del Espíritu por los profetas y los apóstoles en el Antiguo y Nuevo Testamento, acerca de la divinidad de Cristo. Hoy lo que vamos a considerar es que en la única divinidad, única en esencia, subsisten tres personas, que son distintas pero no en esencia, sino que cada una tiene su identidad personal, tiene conciencia de sí misma, se identifica a sí misma como un Yo, como alguien que tiene conciencia de sí y dice Yo. Jesús dijo:

“Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Y el Padre dijo al Hijo: “Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hebreos 1:5). Y el Espíritu Santo habla en primera persona, como en ese verso que siempre solemos citar de Hechos 13:2: “Dijo el Espíritu Santo:

Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”; es decir, apartadme a mí. Él estaba hablando en primera persona. En español el pronombre personal yo, no se escribe como se escribe en el griego. El Espíritu Santo dice: a que yo los he llamado; es decir, Él también dice Yo. Apartadme a Mí a Bernabé y a Saulo para la obra a la que Yo los he llamado; es decir, esta es la pronunciación personal que da de Sí mismo el Espíritu Santo. A veces Dios habla como Yo, y a veces Dios habla como nosotros; así es como está en la Biblia.

Quizás las personas hubieran preferido que las cosas no fueran tan complejas, que la Biblia no dijera lo que dice; pero la Biblia tiene que decir lo que dice, porque la Biblia es la que dice la verdad de parte de Dios. De modo, pues, que Dios es un poco más complejo, aunque es simple y único. Simple en el sentido de simplicidad divina; sin embargo, no siempre es tan fácil de decir. No siempre el Espíritu Santo inspiró que se digan las cosas como a veces uno simplifica, o determinado grupo las simplifican, sino que las dijo con ciertos cuidados, y es necesario que nosotros respetemos esos cuidados que son revelación de Dios. Todo lo que está en la Escritura es revelación de Dios. En primer lugar voy a recordar que en la misma confesión del monoteísmo ya se admite de manera inicial, es decir, en apenas unos indicios, se admite la pluralidad de personas en la divinidad.

Digamos, el credo básico del monoteísmo es lo que en Israel se llama la Shemá (“Oye”) de Deuteronomio 6:4. Vamos a comenzar leyéndolo primeramente en español; luego lo referiremos a su versión en hebreo. Dice: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Este es el versículo por el cual se hacen matar los judíos, y también los cristianos. Este es, digamos, el credo del monoteísmo; lo que no existía en aquel tiempo de tanto politeísmo, y panteísmo e idolatría, animismo y demonismo. Dios escogió al pueblo hebreo para traer la revelación de la unidad de Dios. Obviamente que en un medio politeísta, el Señor tenía que hacer resaltar Su unidad en esencia. Eso era, digamos, lo primero que tenía que enfrentarse.

Después de que eso ya estaba claro y sentado y digerido, entonces Él podía dar más detalles acerca de la trinidad de personas en el único Dios verdadero. Pero eso tenía que esperar para ser clarificado a partir del Nuevo Testamento. Sin embargo, aun en el Antiguo Testamento Dios no dejó de dar indicios. Dios sí dio indicios, porque la revelación no terminaría en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento tendría que tener una base. Por lo tanto en el Antiguo Testamento hay indicios acerca de la Trinidad. Vamos a ver algunos de esos indicios comenzando justamente por la misma confesión básica del monoteísmo, que es este versículo de Deuteronomio 6:4:

“Oye, Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. En hebreo es: “Shemá, Israel, Yahveh Elohenú, Yahveh ejad”. Aquí aparece el nombre personal de Dios, Yahveh, o Jehová, con el cual Él se reveló a Sí mismo cuando dijo: “Yo soy el que soy”. Elohenú quiere decir nuestro Dios. La terminación nu está unida a la palabra Elohim en el idioma hebreo. Nosotros en castellano no modificamos la palabra Dios, sino que ponemos otra palabra, nuestro Dios; pero en cambio, la manera de decir nuestro Dios en el hebreo es modificando el final de la palabra y poniéndole un sufijo o una terminación que indica ese sentido de nuestro.

Pluralidad en el nombre de Dios

El nombre de Dios es Elohim; es decir, en el hebreo Dios quiere decir Elohim. Hay pasajes donde simplemente dice “El”, especialmente en las terminaciones de varios nombres de siervos de Dios que se refieren a Dios. Por ejemplo: Miguel quiere decir quién como Dios; Daniel, Dios juzga. Hay otros como Joel, como Misael, como Adoniel, como Ariel. Esa terminación “el” quiere decir Dios, que viene de otra raíz, Elohim. A veces dice Eloha, a veces Eliom, pero el más común es Elohim. A veces en el contexto de la traducción, esta palabra se traduce, dioses. Por ejemplo, Dios está en la reunión de los dioses.

Aparece Elohim en la reunión de los elohim, pero elohim es en el sentido plural. ¿Por qué aparece ese plural? Porque en el hebreo se hace el plural con la terminación im. En español hacemos el plural agregando una letra “s”; a mesa le agregamos una “s” y queda mesas. A puerta le agregamos una “s” y queda puertas. Elohim es la palabra hebrea que se suele traducir Dios; es decir, que si nosotros encontramos esta palabra en el idioma hebreo, la traducimos Dios, que también termina con “s” en castellano. En ciertos contextos esta misma palabra por obligación se tiene que traducir dioses; pero decir Dios y decir dioses, en el hebreo es la misma manera, Elohim.

Es interesante que cuando se dice Elohenu en “Shemá, Israel, Yahveh Elohenú, Yahveh ejad” (Oye, Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es), iba a decir Elohim, pero entonces esa terminación es la que le da el sentido de “nuestro” Dios; de manera que Yahveh Elohenu quiere decir que es nuestro Elohim; así que en la misma confesión del monoteísmo aparece el nombre Elohim, solamente que aparece modificado por el sufijo nuestro Elohim, nuestro Dios, pero el nombre Elohim está implícito en el nombre Elohenu. Decir Elohenú es nuestro Elohim. De manera, pues, que Elohim ya tiene pluralidad en el mismo nombre, la misma palabra, y de hecho a veces se tiene que traducir dioses en la Biblia. Aunque es un solo Dios, el hecho es que en el idioma escogido por Dios para hacer el Antiguo Testamento, el nombre de Dios termina en plural refiriéndose a un solo Dios, y a veces el verbo usado por Dios viene en plural. Por ejemplo dice:

“Entonces dijo Dios: Hagamos (plural) al hombre a nuestra (plural) imagen (singular), conforme a nuestra (plural) semejanza (singular)” (Génesis 1:26). No dice: Dijeron los dioses, sino dijo Dios: hagamos.

Ahí se ve la singularidad mezclada con la pluralidad. No dice: Dijeron los dioses; ni dijo Dios: Hago, sino dijo Dios: Hagamos al hombre. No dice: a mi imagen, sino a nuestra imagen. No dice imágenes, sino imagen. No dice nuestras semejanzas, como si fueran varias semejanzas o varias imágenes de Dios; hay una sola imagen, que es el Verbo, el Hijo. Él es la imagen del Dios invisible. Sin embargo, Dios usa el plural; aquí en la misma terminación de la palabra Dios, está una terminación plural que da indicio de la Trinidad.

Cuando dice: Yahveh Elohenú, vuelve a mencionar la palabra Yahveh con ejad. Aquí esta palabra, ejad, traduce uno es. ¿Qué quiere decir uno? Esta palabra, que es la palabra donde se confiesa la unidad de Dios, también es una palabra que admite pluralidad; porque resulta que en el hebreo la palabra uno, se dice principalmente de dos maneras. Uno se puede decir yahad, que se escribiría con la letra yod, la letra he y la letra dalet, y ejad, que se escribe casi parecido con la letra he y la letra dalet; pero en vez de tener aquí este pequeño apóstrofe, que es la letra yod (que es la de jahad), tiene la letra alef.

Uno, en el sentido único, que no admite pluralidad, se dice jahad. Cuando tú quieres enfatizar lo único de manera que es tan único que no admite ninguna pluralidad, que es una singularidad absoluta, se utiliza la palabra jahad, con la letra yod. Pero cuando tú también dices uno, pero en ese uno se admite una pluralidad, entonces la palabra uno no usa la yod, sino que usa alef; es uno que admite pluralidad, y es ejad. Ejemplos: Adán y Eva son una sola carne; fue la tarde y la mañana el día uno; el pueblo se reunió como uno; una compañía de obreros. Lo curioso es que en el idioma, donde aparece este verso, “Shemá, Israel, Yahveh Elohenú, Yahveh ejad”, no dice jahad, sino ejad; es decir, que Dios mismo inspiró que el uno que Él es, sea uno que admite pluralidad, el futuro reconocimiento de, en su única esencia, la subsistencia de tres personas: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo; y esto aparece nada menos que en Deuteronomio 6:4, que es el versículo bandera del monoteísmo, y es una cosa bastante seria.

El testimonio de Dios mismo

Por causa de algunos hermanos, quisiera que viéramos algunos versículos de la Escritura que otros ya conocen, pero a éstos les ruego un poco de paciencia. Vamos a analizar el 26 de Génesis 1. Como en este momento nos estamos introduciendo en la consideración de la coexistencia de las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero, entonces tenemos que ver los versículos donde Dios mismo habla en plural y los versículos donde Él habla en singular, o por qué Él es un solo Dios. En cuanto a ser, Dios es un solo ser divino; en cuanto a esencia, la esencia divina es una sola; en cuanto a naturaleza, la naturaleza divina es una sola. Pero vemos que en la esencia y la naturaleza divina única, evidentemente por la Palabra de Dios, subsiste una persona que dice de Sí mismo ser el Padre y que tiene conciencia de Sí. Él dice: Yo te engendré hoy. Vemos, pues, que el Padre, que es divino, dice: Yo; es decir, que Él es una persona. Si no pudiera decir Yo, no sería persona. Pero resulta que el Hijo que también dice Yo, no es otro Dios. Antes que Abraham fuese, Yo soy. El Padre y Yo, uno somos. Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti. Ahí vemos un segundo yo, que tiene conciencia de sí mismo y que no es otro Dios, que es Dios con el Padre, que es la segunda persona en la divinidad, que se relaciona con la primera, que es el Hijo.

Tenemos que admitir que hay una segunda persona divina en el único Dios que se reveló y habló, y de la cual el Padre mismo confesó la divinidad como lo veíamos aquí cuando estudiamos “Cristo en la Eternidad”, y veíamos en Hebreos cómo viene hablando el Padre acerca del Hijo; y dice: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”; eso se lo dice el Padre a Su Hijo. El Padre le dice Dios al Hijo. Si Dios lo dice así, ¿qué vamos a hacer? Es así; porque no nos podemos inventar a Dios; tenemos que dejarle a Él hablar como Él es, y aunque nos resulte difícil de comprender, tenemos que aceptarlo con todas sus implicaciones, y ya mencionamos el caso cuando aparece el Espíritu Santo hablando también en primera persona y diciendo también: Yo, y siendo llamado Dios por el apóstol Pedro, cuando dice:

 “Porque no habéis mentido a los hombres (cuando mintieron al Espíritu Santo), sino a Dios”. Eso significa que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios; es decir, que está equiparando al Espíritu Santo con Dios. También tenemos el ejemplo cuando el Señor Jesús habló, diciendo:”Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mato 28:19). Las tres personas aparecen en una misma categoría; y eso lo hizo el Señor Jesús. Ahora, aun la misma lógica humana nos dice, ¿cómo no va a ser divino el propio Espíritu de Dios? Que Dios tuviera un Espíritu que no fuera divino sería un absurdo; así es. El Espíritu de Dios tiene que ser divino y es Dios, pues participa de la misma esencia y naturaleza divina; solamente que Él tiene conciencia de Sí mismo, como persona. Él mismo dice: “Apartadme (a mí) a Bernabé y a Saulo para la obra a que (Yo) los he llamado” (Hechos 13:2). Es un misterio, pero hay que aceptarlo así. No podemos quitarle la personalidad al Espíritu Santo porque está muy claramente manifestada en la Escritura. La Biblia dice que incluso una blasfemia contra el Padre y contra el Hijo puede ser perdonada, pero el que blasfema contra el Espíritu Santo, no puede ser perdonado. ¿Por qué? Porque el Espíritu Santo es el que nos conduce al arrepentimiento.

Cuando blasfemamos contra el Padre y el Hijo, el Espíritu nos conduce al arrepentimiento y a la gracia. Pero si el Espíritu mismo es de tal manera ofendido, ¿por qué Él se ofende? Si Él fuera una cosa, no se ofendería; pero el Espíritu Santo se contrista; eso quiere decir que Él tiene sentimientos. Por eso se pone triste, se contrista, y si es de tal magnitud la ofensa, que ya no hay caso de hacer nada más, entonces no hay perdón. Es terrible blasfemar contra el Espíritu Santo.

Miremos, pues, algunos ejemplos de la confesión de Dios mismo. Son palabras que Dios pronuncia y que tenemos que aceptárselas como las pronuncia. No vamos a corregir la ortografía de Dios pensando que nosotros podemos hacerlo: Dios, pero aquí tú eres uno solo, y me vas a decir ejad? Pero Él dijo ejad. Leamos Génesis 1:26: “Entonces dijo (singular) Dios (Elohim, es decir, un solo Dios, pero con terminación im, plural): Hagamos (plural) al hombre a nuestra (subrayamos esta pluralidad en la boca de Dios) imagen, conforme a nuestra semejanza”. Cuando Dios dice hagamos, ¿será que se lo está diciendo a algún ángel, será que algún ángel participó de la creación? No; Él solo creó las cosas. “Hagamos al hombre”; el que hizo es Dios. Por eso dice: “e hizo Dios”; no, hicieron Dios y los ángeles. “27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó”. Hagamos; ahí está la pluralidad; eso es muy claro. En Génesis 3:22, encontramos otro ejemplo, al decir: “Y dijo Jehová Dios (Yahveh Elohim): He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargues su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”.

Señor, ¿pero por qué no dijiste como yo? ¿por qué lo complicaste? No, Él no lo está complicando; Él lo está aclarando. Aquí aparece la palabra nosotros muy explícita, ya no tácito.

Pasemos ahora al capítulo 11 de Génesis, donde encontramos un tercer testigo del uso que Dios mismo da al pronombre en plural.

Génesis 11:5-7: “5Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. 6Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7Ahora, pues, descendamos, y confundamos (vuelve hablar Dios en plural) allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”. Descendamos, confundamos, hagamos, como uno de nosotros. Ahí vemos a Dios mismo hablando en plural; de modo que tenemos que aceptar esa pluralidad de la boca del único Dios. Nótese que este caso no es de la boca de ningún teólogo, ni de la edad media, ni moderna, ni antigua, sino de Dios; es Dios el que está hablando así. En el libro de Isaías encontramos otro ejemplo.

Leemos en Isaías capítulo 6, desde el versículo 1 para tener todo el contexto: “1En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo”.

En el capítulo 12 de su evangelio, Juan se refiere a este pasaje de Isaías 6, y nos dice que cuando Isaías vio la gloria del Señor, se está refiriendo al Señor Jesús. Eso ustedes lo pueden probar al leer el pasaje en Juan 12, donde está citando a Isaías 6. “2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos alas cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Esto es lo que se suele llamar el Trisagio. Trisagio viene desde el griego tris, que quiere decir: uno, dos, tres, y agio, que quiere decir santo. Como se dice, tres veces santo; eso es lo que se llama Trisagio. Cuando ustedes escuchen por ahí en el ambiente cristiano o religioso que se oye la palabra Trisagio, se refiere a la confesión de la santidad trina; tres veces santo. Santo es el Padre, santo es el Hijo, santo es el Espíritu Santo. No hay una disminución de la santidad. Son tres santos iguales y un solo Dios verdadero. Luego Isaías describe un poco más lo que pasaba allí en el trono; saltamos en la lectura la descripción de lo que pasaba, leyendo el verso 8: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”. En este versículo, Dios vuelve a utilizar el plural para referirse a Él mismo. El Dios tres veces santo , vuelve a pluralizarse en la unidad.

Teofanías antes de la encarnación

Ahora vamos a otro verso que en otra ocasión ya hemos considerado, pero que es necesario volverlo a considerar esta vez por causa de algunos hermanos. Leamos en Zacarías 2:8: “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos (Yahveh sabaot): Tras la gloria me enviará (a Yahveh, pero enviado) él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo”. Se trata de una aparición teofánica de Yahveh, que es el Verbo cuyas salidas son desde el principio. Estas salidas de Yahveh son las salidas del Verbo de Dios.

Como Dios (el Padre) es invisible, y al cual nadie ha visto ni puede ver, Él se hacía conocido y visible, y conversaba cara a cara, pero lo hacía a través del Verbo, de una aparición teofánica parcial; es decir, Él no se revelaba en toda Su gloria, sino que el Padre se revelaba de una manera parcial a través del Hijo antes de la encarnación.

Aparecía como el ángel de Jehová en la zarza ardiendo, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; diles: Yo soy me envió a vosotros. El que hablaba era el ángel de Jehová; es decir el mensajero de Jehová.

Ya hemos mencionado que la palabra ángel no es nombre de naturaleza, sino de oficio. Personas de distintas naturalezas pueden tener el oficio de mensajero, que es lo que quiere decir ángel. Ángel es el nombre de un oficio, pero hay mensajeros humanos y mensajeros espirituales creados, como los ángeles creados, como Miguel, como Gabriel, como los otros ángeles de esa dimensión espiritual, y está también el Hijo mismo, que es el mensajero del Padre, o el ángel de Yahveh, o de Jehová, que apareció a Moisés en la zarza; y él dice que le apareció el ángel de Yahveh. ¿Pero cómo habló ese ángel? Ese ángel dijo: Yo soy el Dios de Abraham. Y hay muchos otros pasajes relativos al ángel de Jehová, que en otro lugar se ha estudiado más detenidamente, pero que aquí lo recordaremos para entender esto de Zacarías que estamos viendo. Aquí aparece Yahveh sabaot, o sea Jehová de los ejércitos, hablando como enviado por Yahveh. Vemos que aquí aparece un Yahveh que envía a un Yahveh que es enviado; pero en la Biblia no hay dos Yahveh; hay un solo Yahveh, pero que subsiste enviando y subsiste enviado. Y el Yahveh que envía tiene conciencia de Sí, y el Yahveh enviado tiene conciencia de Sí; tienen conciencia personal, utilizan el primer pronombre personal, y sin embargo, a la vez que cada uno dice: Yo, no son otros dioses; uno y otro es un solo Dios. Esto es misterioso, pero en ese único Dios subsiste más de una persona. A veces dice yo, pero a veces dice nosotros; y ese pasaje que estamos leyendo es justamente uno que revela ese misterio, esa relación de Yavheh con Su Ángel, es decir, Su mensajero, lo que llama el mensajero o el ángel de su faz.

Eso es lo que quiere decir una teofanía; es decir, una manifestación divina cuando Dios se revela. En el Antiguo Testamento dice que se le apareció Yahveh a Job, se le apareció a los padres de Sansón, se le apareció a Agar, se le apareció a Abraham, y sin embargo, dice que a Dios nadie le vio jamás; pero dice que Moisés lo veía cara a cara.

Entonces, ¿al fin qué? ¿lo veían o no lo veían? ¿Es invisible o es visible? Pues el Padre es invisible, pero el Hijo es la imagen del Dios invisible, y ya se daban sus salidas antes de la encarnación. Pero aquella era una teofanía divina, o teofanías divinas de Dios a través de Su Hijo, o el ángel de Yahveh, no un ángel creado, sino el mensajero del Padre, el Verbo del Padre, el Hijo de Dios.

Aquellas salidas nos muestran una manifestación parcial de Dios, no en toda Su gloria; solamente Dios revelaba un poquito. Era Dios y sabíamos que era Dios, y ya con sólo eso quedábamos temblando.

Moisés quedó temblando, y eso que no vio sino la espalda; es decir, que Dios no mostró toda Su gloria; era una manifestación divina pero parcial. Por eso en un sentido se dice que Dios”habita en luz inaccesible; al cual ninguno de los hombres ha visto ni puede ver”. (1 Timoteo 6:16). Eso lo dice Pablo por una parte; pero por otra parte se dice: ¿No moriremos, pues le hemos visto? ¿Por qué decía moriremos? Porque recuerda que Moisés dijo que Dios le dijo: no me verá hombre y vivirá; y nosotros le hemos visto, así que vamos a morir. Los padres de Sansón estaban preocupados porque habían visto al que les veía; pero sólo que no lo habían visto en gloria; por eso en un sentido lo habían visto y en otro sentido no lo habían visto.

Parece que es una contradicción y no lo es. Es como cuando la Biblia dice: La bestia que era, y no es, y será. Sí era, pero no es la definitiva, es apenas tipo de la verdadera , pero la que es la verdadera será. La otra era, sí era un cumplimiento tipológico de la profecía, pero no era la definitiva; de modo que no es sino que será. Lo mismo en la Biblia aparece Dios.

A Dios nadie le vio jamás; ni Moisés, ni Jacob, ni Abraham, ni Agar, ni todos los que se dice en la Biblia que lo vieron; pues lo vieron, pero no lo vieron. Lo vieron parcialmente como por espejo, un pequeño destello, una pequeña chispa de la Shekiná; es decir, la gloria de Dios, pero hasta ahí. Por eso se dice que sí lo vieron y hablaba Dios cara a cara con Moisés. ¿Y quién era esa aparición divina que habló a Moisés? Era el Ángel de Jehová, pues Él dijo: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob. A Moisés le dijo: Yo he descendido. ¿Y cómo es tu nombre? ¿cómo te llamas? Para yo decirles, el Dios fulano de tal me envió; porque como habían tantos dioses por allá en Egipto; entonces ¿cuál es el nombre tuyo? Yo soy el que soy. Diles: Yo soy me envió. ¿Quién era aquel que hablaba, que decía ser Dios? Era el Ángel de Dios. De modo pues que Moisés hablaba cara a cara con Él, pero a través de Su imagen. Por eso del Hijo de Dios se dice que Él es la imagen del Dios invisible. La Palabra dice de Dios, o sea del Padre, que nadie le vio jamás, pero el unigénito Dios, Él le ha dado a conocer. Estas traducciones de la Biblia dicen unigénito Hijo, pero los manuscritos más antiguos dicen el unigénito Dios; es decir, el Dios unigénito, que es el Hijo, Él le ha dado a conocer, tanto antes de la encarnación, en sus salidas varias, como después de la encarnación, como la persona del Señor Jesús; y le ha dado a conocer en forma perfecta. Pero aún así, dice que es la venida gloriosa del Señor Jesús, la cual mostrará Aquel que habita en luz inaccesible, el único que tiene inmortalidad (en el lenguaje de Pablo en su carta a Timoteo). Esos versículos que parecen contradictorios, no lo son, sino que cada uno tiene su lugar.

Dios envía a Dios

Continuamos leyendo en Zacarías 2: “8Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo”. En la versión original en hebreo dice Yahveh sabaot; lo menciono para que los hermanos se vayan acostumbrando; Jehová de los ejércitos; es decir, así dice Dios. Dios está hablando aquí. Ahora, ¿cómo dice Él? Tras la gloria me enviará Él; es decir, que aquí aparece Dios diciendo ser enviado por Dios. Dios dice: Tras la gloria; es decir, que aquí el que está hablando es el Hijo; esta es una de las salidas de aparición teofánica del Ángel de Jehová, del Verbo de Dios, antes de la encarnación. Cuando dice: A las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de Su ojo, está hablando Yahveh, Jehová, pero Él habla del ojo Suyo, o sea el del Padre. “9Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió”. Aquí sigue hablando Yahveh, sigue hablando Dios, pero el Dios enviado, el Dios que aparece; es decir, el Hijo; este es el Hijo antes de la encarnación.

Hermanos, acuérdense de esta frase: El Hijo antes de la encarnación, porque es que la herejía sabelianista solamente habla del Hijo referido al hombre Jesús después de la encarnación; pero aquí estamos viendo al Hijo, mensajero del Padre, antes de la encarnación. Enfatizo eso: El Hijo antes de la encarnación; es decir, este es un capítulo de Cristo en la eternidad, ahora apareciendo, viniendo de la eternidad a aparecerse en el tiempo, todavía sin encarnarse como Jesús de Nazaret. “9Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió”. ¿Pero quién está hablando? ¿No es Yahveh sabaot el que habla? Así dice: Yahveh sabaot. Yahveh sabaot me envió. Ahí tenemos a Dios que envía; ese es el Padre; y el mismo Dios va subsistiendo como el enviado del Padre; ese es el Hijo. Tenemos, pues, que en el único Dios, en el mismo Yahveh, subsiste el Padre y el Hijo, y hay otro verso donde aparece también la subsistencia del Espíritu. Por eso se dice: un solo Dios verdadero en el cual subsisten tres personas: El Padre, porque el Padre es el que envió; el Hijo, porque es el que alzó la mano y dijo: Yo alzo mi mano, y Él dijo: y conoceréis que Yahveh sabaot me envió. Pero, ¿quién está hablando? Yahveh sabaot. El Hijo hablando en el nombre del Padre, porque Él es la imagen del Dios invisible. “10Canta y alégrate, hija de Sión; porque he aquí vengo (habla en primera persona; ¿quién está hablando? Pues está hablando Yahveh sabaot, Jehová de los ejércitos, pero el enviado, el Hijo), y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová”. ¿Quién es este Jehová? Dios, el Dios trino, el Dios completo, que morará en medio de su pueblo. Porque si viene el Hijo, viene en el nombre del Padre, y el Padre viene con el Hijo. “No me ha dejado solo el Padre”, dijo el Hijo. “El que me envió, conmigo está”. “¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre es en mí?” Esto es un misterio, pero hay que aceptarlo así. “11Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré (sigue hablando en primera persona) en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos (el Padre) me (al Hijo) ha enviado a ti. 12Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén. 

13Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha levantado de su santa morada”. Estos versículos son bastante serios.

Vamos a Isaías 63:8,9: “8Porque dijo: Ciertamente mi pueblo son, hijos que no mienten; y fue su Salvador”. Si tomamos el contexto, nos damos cuenta que el que habla es Dios. Aquí no se está refiriendo a que no digan ninguna mentira, en el sentido de que nunca pecan, no; sino que el testimonio del único Dios es verdadero. En ese sentido es que no mienten. Vosotros sois mis testigos que yo soy Dios. Es como si Dios dijera: Naciones, lo que Israel dice que yo dije, que está escrito, es verdad; ellos no mienten. “9En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó (la faz es el rostro de Dios, la imagen aquella en la cual Dios dijo: hagamos al hombre a nuestra imagen. Dios tiene de sí una imagen, y esa imagen es el ángel de su faz); en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad. 10Mas ellos fueron rebeldes e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos”. En este pasaje de Isaías aparece claramente el Padre, el Hijo y el Espíritu, y aparece el Ángel de Su faz. Este Ángel de Su faz es el mismo Ángel de Yahveh que se le apareció a Moisés en la zarza y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y en todas las otras apariciones teofánicas que en otras ocasiones hemos visto.

El Ángel del Pacto

Pasemos ahora a completar esto en Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento. Al leer el capítulo 3, ya sabemos a quien se refiere, y que está relacionado con Isaías capítulo 40:3, y que aparece también relacionado en Marcos capítulo 1, que es la profecía acerca de Juan el Bautista, una voz que clamaría en el desierto y que precursaría, ¿a quién? A Yahveh. ¿Enderezaría el camino de quién? De nuestro Dios. Leemos en Malaquías 3: ”1He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mi (ese es Dios el Padre, pero el Padre viene a través del Hijo); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto (así se le llama también), a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos”. Aquí se le llama el ángel del pacto. ¿A quién era que anunciaba este mensajero? Dice: He aquí envío mi mensajero delante de mí; es decir, era Juan el Bautista que venía delante de Dios, pero Dios dice que vendría como Señor y como ángel del pacto, o mensajero del pacto.

Ahora vamos a Apocalipsis 10 para identificar cómo era ese ángel del pacto. “1Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego”. Aquí había una serie de siete ángeles desde el capítulo 8, cuando aparecen los siete ángeles con las siete trompetas, y el primer ángel, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto y el sexto aparecen en los capítulos 8 y 9, y el séptimo es mencionado en el capítulo 10 y en el capítulo 11, pero no es Este Otro. Este otro es distinto de esos siete ángeles creados que tocan trompetas. Este otro es muy especial. El arco iris es la señal del pacto, porque la primera vez que se menciona el arco iris en la Biblia, es para señalar el pacto. “Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra” (Génesis 9:13). Este arco iris era la señal del pacto de que nunca más Dios destruirá la tierra con un diluvio, en el sentido universal. El arco iris representa el pacto. Y este otro ángel, no de aquellos ángeles de trompetas, sino otro fuerte que desciende, dice allí que tenía el arco iris sobre su cabeza. Eso significa que es el ángel del pacto, el ángel de la alianza. Siempre que aparece alguien con el rostro como el sol, es el Señor. En Apocalipsis, en el capítulo 1, cuando describe al Señor, dice que Su rostro era como el sol, y cuando se describe la venida del Señor Jesús, dice que era como el sol de justicia; y vemos que el rostro de este ángel del pacto brilla como el sol, y dice más: “Sus pies como columnas de fuego.

2Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pié derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra”. Pero resulta que nadie, ni en el cielo ni en la tierra, ni debajo de la tierra podía abrir este libro, sino el Cordero. De modo que ¿quién es este ángel del pacto que brilla como el sol y que el libro no lo tiene sellado sino abierto?

“3Y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces”. ¿Quién es ese león? El león de la tribu de Judá. Todas las señales nos llevan al Señor Jesús; porque es que no podemos tomar una tipología de la Biblia y hacerle simbolizar otra cosa que lo que en todas partes nos da a entender. Habló como un león, ruge como un león, siete truenos emitieron sus voces, y dice la Biblia que Dios habla como trueno. “Truena Dios maravillosamente con su voz. ¿Y truenas con voz como la suya?” Se pregunta a todos.

Los truenos representan la voz de Dios. Si queremos ver esos truenos, vamos también a Apocalipsis 19, donde podemos ver de dónde salen esos truenos. “6Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” Esa era la voz del Hijo del hombre que aparece en el capítulo 1. Es el Hijo proclamando el reino del Padre; es como también el Padre nos da el reino del Hijo.

Volviendo al capítulo 10 de Apocalipsis, leemos: “5Y el ángel que vi en pié sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, 7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas”. Significa que este ángel no era el séptimo, él era otro; ya venían seis, y ahora él jura y habla del séptimo, de un trabajo que haría el séptimo; de manera que él no es el séptimo, él es otro. Él es el que ata a Satanás, como aparece aquí en Apocalipsis capítulo 20: “1Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. 2Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; 3y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso un sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”. Y aparece Satanás siendo atado. No importa si nosotros, o cualquiera del mundo invisible, realiza un trabajo en función de aplicar una decisión y un hecho del Señor, pero todo tiene que provenir del Señor mismo. De modo que cualquier cosa que nosotros atamos, lo hacemos en el nombre del Señor. Él realmente ata a Satanás. Quien realmente ata al hombre fuerte es el Señor. Amén.


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CRISTO EN LA ETERNIDAD Y LA TRINIDAD / 4 / confesión divina de Su misma pluralidad en unidad

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 16:09, Categoría: General


Cristo en la eternidad y la Trinidad (4)



CONFESIÓN DIVINA DE SU
MISMA PLURALIDAD EN UNIDAD


Coexistencia del Verbo con Dios

Vamos a continuar hoy lo que hemos venido trayendo en los sábados anteriores y especialmente el sábado pasado, donde iniciamos pero no terminamos el tema relativo a la coexistencia y coinherencia de las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero. La vez pasada estuvimos volviendo a ver, pues ya lo habíamos visto en Teusaquillo, lo relativo a las confesiones de pluralidad en la misma boca de Dios.

Estuvimos viendo los pasajes bíblicos donde Dios habla de Sí mismo: Hagamos, descendamos, confundamos, ¿quién irá por nosotros? Y allí cuando el Señor Jesús dice: El Padre y yo vendremos y haremos morada con ellos. Todo eso pertenece a la coexistencia de las Divinas Personas, y aparece Dios hablando en plural, nosotros. Dios a veces usa el nosotros. De manera, pues, que cuando Dios dice Yo, lo creemos, lo aceptamos, lo acatamos, y cuando dice nosotros, de la misma manera lo creemos.

Quisiera que hoy miremos algunos versos que confiesan la coexistencia de las Divinas Personas. ¿Qué se quiere decir con la palabra coexistencia? ¿De dónde sacamos esa expresión y qué se quiere decir con ella? Pues vamos a Juan. Vamos a empezar por el capítulo 1 del evangelio de Juan. “1En en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Es sacada de la expresión, era con Dios. Esta palabra, este verbo aquí se ha conjugado era, del verbo ser, del verbo eimy en griego; de ahí es de donde tomamos la palabra existencia, en el sentido de ser, del verbo ser. Dios era, y ¿por qué coexiste? porque era con. Esa palabra que se traduce con aquí en español, en el griego es la palabra pros (πρὸς), de donde surge la palabra próximo, o el prójimo. El prójimo es el que está próximo. Entonces cuando dice: el Verbo era con Dios, o sea, el Verbo era próximo, el Hijo próximo del Padre, esa palabra pros es la que quiere decir con; el Verbo era con. Esas dos expresiones, ser o existir con, es de donde tomamos esa palabra coexistencia. Después nos detendremos en la palabra coinherencia.

La coexistencia quiere decir que el Padre es con el Hijo y el Hijo es con el Padre. La coinherencia quiere decir que el Padre es en el Hijo y el Hijo es en el Padre. “Como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21). De manera que vemos primeramente la coexistencia porque estamos confesando al Padre como persona, al Hijo como persona y al Espíritu Santo como persona; tres personas. “¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en mí, y Yo en vosotros? Yo soy en el Padre, y el Padre es en mí”. Uno está en el otro, es inherente; está dentro del otro. Es un misterio como estas tres personas coexisten pero a la vez están una en la otra; lo creemos así, porque así lo dicen ellas mismas.

 “Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti”. Eso es lo que significa coinherencia.
Vamos a detenernos más en el primer aspecto, continuando en aquello de la confesión de Dios usando el plural. 1En en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en el principio con Dios”. Note esa palabra, éste, no esto, porque si se dijera esto, le quitaría la calidad de persona; sería una cosa, sería algo, no alguien; pero hay una diferencia entre algo y alguien. Algo no se refiere a una persona, mas alguien se refiere a personas; esto no se refiere a alguien sino a algo, pero éste se refiere a personas; es decir, que cuando dice; el Verbo, se presenta como éste, se presenta como quien, como alguien, una persona. Por eso dice: “2Éste era en el principio con Dios”. Nótese que la declaración acerca de la divinidad del Verbo en cuanto a esencia, Dios era el Verbo, porque aquí en la traducción dice: “y el Verbo era Dios”, pero realmente en el griego dice primeramente Dios era el Verbo, como predicado; es decir, Dios es lo que se predica que es el Verbo, la palabra Dios como predicado de la frase; la frase tiene un predicado; es lo que se dice de alguien, se dice del Verbo, ser Dios. Eso en cuanto a la esencia. Pero antes de confesar y después de confesar, inmediatamente antes y después de confesar la divinidad del Verbo, ha confesado la coexistencia del Verbo con Dios, y esto fue inspirado por el Espíritu Santo.

Dios no quiso que se dijese solamente: Y Dios era el Verbo, como se dice en el griego, o el Verbo era con Dios, como se traduce en esta versión que estamos leyendo. A veces se suele enfatizar este solo aspecto; especialmente las personas que enfatizan la doctrina sabelianista o unicista o Sólo Jesús, que niega la distinción de las tres Divinas Personas en el único Dios. Estas personas, los sabelianistas, como no confiesan la Trinidad de Personas, sino solamente la unidad de Dios, entonces suelen mencionar que el Verbo era Dios, y casi siempre se saltan la frase: el Verbo era con Dios. Es curioso ver la proporción en que está escrita. Dios dice aquí dos veces el Verbo era con Dios, y una vez el Verbo era Dios; pero las personas que están en la línea sabelianista o sólo Jesús, que no confiesan sino una persona única en Dios y que no confiesan la coexistencia de las tres Divinas Personas en el único Dios, ellos confiesan que el Verbo era Dios; y cuando ustedes oyen sus confesiones, eso es lo que ellos mencionan, pero eso del Verbo con Dios no lo suelen decir. En cambio San Juan por el Espíritu Santo lo dijo en una proporción del todo; de modo que nosotros debemos respetar ese sentir del Espíritu Santo en la mano de San Juan. Antes de decir el Verbo era Dios, dijo, el Verbo era con Dios; y después dijo: “2Éste era en el principio con Dios”. La confesión de Juan fue la coexistencia de personas. El Verbo era con Dios; ahí está la confesión del Espíritu y la apostólica de la coexistencia del Hijo con el Padre: El Verbo era con Dios.

La misma esencia del Padre y del Hijo

Luego dice: El Verbo era Dios; es decir, para que no se piense que ese que era con Dios, era una criatura, como lo dice el arrianismo y los llamados Testigos de Jehová, o russelistas, para que no se piense eso, no dice solamente que el Verbo era con Dios, sino que también dice: el Verbo era Dios; es decir, que la esencia o sustancia, en el griego ousía, la esencia y la naturaleza divina del Padre, es la misma del Hijo. Ahí se confiesa la identidad de esencia entre el Padre y el Hijo. El Verbo era Dios. Pero cuando se dice: era con Dios, está distinguiéndose el Padre del Hijo, no en la esencia sino en la persona.

Cuando dice: el Verbo era Dios, se trata de la misma esencia. La esencia divina del Padre es la misma del Hijo, que es el Verbo; porque el Verbo era Dios. Si no se dijera que el Verbo era Dios, tendría otra esencia; la esencia divina es una sola, porque Dios en cuanto a ser y esencia y naturaleza, es uno solo; pero en ese único Dios, en esencia y naturaleza, subsisten tres personas que se han revelado, las tres, que cada una ha hablado en primera persona, y habla una con la otra en un diálogo interpersonal. Eso es la confesión de la coexistencia de esas personas.

Claro que también hay una coinherencia, pero no podemos estudiar la coinherencia sino después de la coexistencia; porque si sólo se ve el aspecto de la coinherencia sin la coexistencia, el pueblo se puede deslizar a la herejía de los Sólo Jesús, a la herejía del sabelianismo, que no confiesa la trinidad de personas desde la eternidad en el único Dios; pero estamos considerando los versos de la Palabra donde es Dios mismo hablando y el Espíritu Santo por mano de los apóstoles, declarando que en el único Dios se revela patente y evidentemente más de una sola persona, y aquí donde se confiesa que el Verbo es Dios, se acaba de decir que era con Dios, y se vuelve a decir “Éste era en el principio con Dios”. Eso es como un emparedado, que tiene pan, mortadela y otra vez pan. Digamos que el pan de arriba y el pan de abajo es la coexistencia. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios”. De una vez se confiesa el Verbo con Dios. No fue suficiente decir, el Verbo era Dios; se tuvo que decir antes y después que era con Dios, porque si no se decía, ¿saben qué sucedía? Se negaría al Hijo como persona; ese es el problema serio del sabelianismo; el sabelianismo niega al Hijo porque dice que sólo existe la persona del Padre; cuando dice que el Hijo no es sino la persona del Padre en un tabernáculo humano, está diciendo que no existe la persona del Hijo; es decir, está negando al Hijo, y eso es lo que el apóstol Juan en su primera epístola dice que es una confesión del espíritu anticristo. El que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre.

La Biblia no niega al Hijo; la Biblia confiesa al Hijo, y el Padre quiere que se confiese al Hijo como se confiesa al Padre, y que se honre al Hijo como se honra al Padre. “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:23). El que tiene al Hijo también tiene al Padre. El que recibe al Hijo, recibe también al Padre. Lógico que en el Antiguo Testamento era un tiempo de politeísmo; se tenía que confesar la unidad divina en esencia; aunque había indicios de trinidad, sin embargo, era apenas una revelación todavía muy primitiva, muy incipiente, porque se estaba enfatizando lo que para la época se debía enfatizar. Cuando ya eso era firme en Israel, incluso entre los prosélitos en el tiempo de los orígenes de la Iglesia, entonces ahora sí llegó la hora que por boca del Señor Jesús y desde los indicios del Antiguo Testamento y luego por boca del Espíritu Santo y por mano de los apóstoles, comenzara a percibirse que Dios se confiesa Él mismo ser tres personas, aunque el mismo Dios. Nosotros, pues, estamos atendiendo esa confesión divina, esa confesión del Espíritu, de los apóstoles. En el principio era el Verbo; ahí se habla de la existencia del Verbo antes de la creación. Y el Verbo era con Dios, eso se dice primero; lógicamente que después se dice “y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios”. El apóstol está teniendo en mente los indicios de Proverbios capítulo 8, que ya consideramos una vez, pero para el momento es necesario volverlo a repasar.

En el capítulo 8 de Proverbios está hablando la Sabiduría de Dios, que es Cristo. Aquí ya consideramos lo que significa Verbo, y tuvimos una enseñanza acerca de Cristo como Verbo. Ahora estamos viendo a ese Verbo que coexiste con el Padre; es decir, la coexistencia. En 1 Corintios 1:24 dice que Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios; pero en Proverbios como Verbo antes de la encarnación está hablando a través de Salomón, que es figura de Cristo, porque Salomón era el hijo de David, y como el Verbo se encarnaría como el Verdadero Hijo de David, entonces aquí la Sabiduría de Dios está hablando a través de Salomón, que es figura del Hijo de David, y dice en el capítulo 8:

“12Yo, la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos”. Les llamo la atención a este Yo; uno podría decir que en el caso de Salomón era una personificación de la sabiduría, pero cuando esa sabiduría se encarnó, no podemos decir que sea solamente una personificación literaria de parte de Salomón, sino que fue una encarnación histórica de una persona. Por eso ante el Nuevo Testamento no podemos interpretar sólo poéticamente este libro de Proverbios; tenemos que interpretarlo en coherencia con toda la revelación y la consumación de ella en el Nuevo Testamento. Por tanto, este Yo no es sólo una personificación literaria; yo pienso que Salomón fue guiado por el Espíritu Santo para hacer hablar a la sabiduría como “yo”, porque la sabiduría tiene conciencia de sí, según la Biblia.

El Verbo, Sabiduría de Dios

La sabiduría se ha revelado históricamente con conciencia personal, como persona; esa es la persona del Verbo de Dios, el Hijo de Dios.

Por eso dice después el versículo 22: “Yahveh me poseía en el principio”. Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Pero aquí lo manifiesta Salomón, por el Espíritu de Cristo que estaba en los profetas del Antiguo Testamento; como dice Pedro en el Nuevo.

 Este que dice, Yo, la sabiduría, también dice: “Yahveh me poseía en el principio”; vuelve esa expresión, “en el principio”; ya había estado a través de Juan teniendo en cuenta Génesis; es decir, a Moisés, que era más sabio que todos los egipcios, que tenía la sabiduría, y Salomón más sabio que todos los orientales; ahora, Juan dice de la misma manera: “En el principio era el Verbo”; pero ya sabemos que ese Verbo se refiere a la sabiduría de Dios, personal. Quizá en algún humano, la imagen que uno tenga de sí mismo no es una persona igual a uno, porque nosotros somos imperfectos, pero no en el caso de Dios. La imagen de Dios es divina, porque es de Dios, y es igual a Él, porque es Su propia imagen, y se le concedió tener vida en Sí mismo, como el Padre tiene vida en Sí mismo. En el caso de Dios no es simplemente una proyección; es realmente el engendro del Hijo por el Padre; pero como ese engendro no tiene principio porque no se da en el tiempo, entonces es engendrado el Verbo, pero no creado; es eterno. ¿Por qué? Porque el Padre no empezó a conocerse, sino que siempre se ha conocido.

De manera que en ese conocerse es que el Padre engendra Su imagen, la imagen de Sí, que es Su sabiduría, con la cual Él se conoce a Sí mismo y conoce todas las cosas; es la imagen de Sí que Él tiene y que es igual a Sí y está con Él, y es uno con Él y no es otro que Él, pero es Su imagen delante de Él y con Él. De modo que en esencia es Él mismo, pero en persona está delante de Él, próximo a Él, con Él, coexistiendo con Él, y por eso habla así: Yahveh me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras”. Aquí está confesando la eternidad de la sabiduría. Juan está mostrando aquí por el Espíritu que fue discípulo de Salomón; pero digamos, fue el Espíritu Santo también en Salomón. “Ya de antiguo, antes de sus obras”. Por eso Juan dice: “3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Eso corresponde con esto, y es lo que también Pablo dice en la epístola a los Colosenses 1: “16Porque en él fueron creadas todas las cosas. 17Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”. Juan dice: “Sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Luego en Proverbios dice: Ya de antiguo, antes de sus obras. 23Eternamente tuve el principado”. Aquí está la confesión de eternidad de la sabiduría; por eso es que habla del Verbo eterno; por eso es que se habla del Hijo eterno.

La herejía sabelianista no habla del Hijo eterno; ellos usan la palabra Hijo, pero no se atreven a decir eterno, porque ellos dicen que Hijo se refiere al hombre desde la encarnación, al hombre Jesús cuando la persona del Padre asumió un tabernáculo humano; a ese es al que ellos llaman Hijo; pero aquí estamos viendo a Cristo hablando en inspiración a través de Salomón por el Espíritu Santo. Cristo hablando, así como Cristo habló por boca de David: “Contar puedo todos mis huesos. Me miran”, etc. Era Cristo hablando por David, asimismo es Cristo hablando por Salomón. “23Eternamente tuve el principado”; es decir, desde la eternidad fui el Hijo heredero; eso es lo que quiere decir eternamente tuve el principado. El principado quiere decir el heredero del Padre, que es el gobierno; por eso dice que todas las cosas fueron hechas para Él. El padre todo se lo da al Hijo; al Padre le agradó que en el Hijo habite toda plenitud; pero la palabra “eternamente tuve” está confesando que Él coexistió con el Padre desde la eternidad, y que esa posición de Hijo heredero es inherente a Su persona. Entonces ese que dice “tuve” o Yo tuve eternamente, Él está confesando Su propia eternidad y Su propia personalidad.

Cuando Él dice “eternamente tuve”, nosotros, pues, como ya lo mencionamos la otra vez, no decimos en español “yo tuve”, pero tanto en el griego como en el hebreo hay que poner en forma explícita y no sólo en forma tácita, el pronombre personal.

La eternidad de la persona del Hijo

Eternamente yo; es decir, la sabiduría, el Verbo, el Hijo, tuve el principado; no se le puede decir principado en relación al Padre, sino en relación al Hijo. Se le puede decir reinado en relación al Padre, pero principado sólo en relación al Hijo, heredero de toda la plenitud del Padre. Entonces, como Él dice “eternamente tuve”, está confesando Su persona: Yo tuve, Yahveh me poseía a mí, a la sabiduría, al Verbo; ahí está confesando la persona y ahora está confesando la eternidad de Su persona. No es una persona creada.

Porque dice “eternamente tuve”; por eso sin mentira, sin error, se habla del Hijo eterno; y ya aquí lo habíamos estudiado cuando vimos Cristo en la Eternidad, la confesión que el Padre hace del Hijo, y el Padre le dice al Hijo: “Tu trono, oh Dios”. Si ustedes leen todo el contexto de Hebreos 1, como lo examinamos esa vez, se dan cuenta que quien está introduciendo al primogénito en el mundo, y quien está hablando del Hijo, es el Padre, y es el Padre el que habla del Hijo. “Tu trono, oh Dios”. El Padre confiesa la divinidad del Hijo; ahora el Hijo confiesa Su propia personalidad cuando dice: Yo, la sabiduría, Jehová me poseía, Yo tuve eternamente; y al decir eternamente, además de confesar Su personalidad, confiesa Su eternidad. De manera, pues, que no es error decir: el Verbo eterno y el Hijo eterno.

Dejamos un momento Proverbios, y vamos al capítulo 1 de la epístola a los Hebreos. Allí está la preexistencia del Hijo, pues es preexistente y coexistente con el Padre, antes de la creación y en la creación.

¿Para qué lo hacemos? Para que no se diga del Hijo sólo como después de la encarnación, como si el Hijo no hubiese existido con el Padre, sino que el Padre empezó a ser Hijo después de la encarnación; porque ese es el error herético del sabelianismo, de Noeto, Sabelio, Praxeas, Miguel Servet, los Sólo Jesús; ellos dicen que el Padre comenzó a ser Hijo desde la encarnación; es decir, que el Hijo sólo se refiere a la encarnación. Pero estamos confesando la persona y eternidad del Hijo con el Padre antes de la fundación del mundo. Ese es el énfasis. Miremos, pues, el capítulo 1 de Hebreos:

“1Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Ahora va a hablar el Hijo. Dios nos habló por el Hijo. El Hijo dijo: “10Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta. 49Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me ha dado mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 14:10; 12:49).

Aquí se empieza a hablar de la persona del Hijo; ahora a partir de este verso de Hebreos comienza el Espíritu Santo a confesar quién es el Hijo. Por favor, pongan mucha atención al verso 2 en la mitad: “el Hijo, a quien”. Esta palabra quien no se puede aplicar a un algo, a una cosa, a algo indefinido; esta palabra, la preposición “quien”, sólo se puede aplicar a personas; este quien se refiere a la persona del Hijo, porque está hablando del Hijo. “A quien constituyó heredero”. El Padre constituyó a la persona del Hijo; por eso dice: “Yahveh me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado”. ¿Por qué tuvo el principado? Porque Yahveh, el Padre, lo constituyó. Dice: “A quien”; el Padre constituyó heredero a la persona del Hijo. Por eso dice: “A quien constituyó heredero”. Ahí está la perfecta correspondencia de Proverbios 8 con Hebreos, Juan, Colosenses, etc. “A quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”. Nótese lo subrayado, “por quien”, o sea, Dios; porque viene hablando de la parte completa, el Padre por el Hijo, con Él y por medio de Él. Aquí vemos al Hijo coexistiendo con el Padre antes de la fundación del mundo y en la fundación del mundo.

No sólo el Hijo en la encarnación y subrayo: aplicar la palabra Hijo solamente después de la encarnación es negar al Hijo en la eternidad con el Padre. Esa es la herejía del sabelianismo y de los Sólo Jesús.

 El Hijo, el carácter de la hipóstasis del Padre

“Por quien asimismo hizo el universo”. Porque no dice: Y Dios, habiendo hablado muchas veces, habló por el Hijo y Dios hizo todo; no. Parece que complicó las cosas; porque a veces nosotros queremos simplificar las cosas conforme a la estrechez de nuestro conocimiento natural, pero Dios tiene que hablar como es, y por eso a veces no habla simplificadamente, sino complejamente; pero como habla Él, es como es. Aquí dice que Dios, referido al Padre, hizo el universo por el Hijo. Aquí vemos al Hijo coexistiendo con el Padre antes de la fundación del mundo, siendo el heredero designado de todas las cosas; ya estaba el heredero, y ahora el Padre le da la herencia al heredero, al Hijo. “Por quien asimismo hizo el universo; 3el cual, siendo el resplandor de su gloria”. Ahí está la confesión de quién es el Hijo. ¿Siendo qué? “el resplandor de su gloria”. Aquí nos damos cuenta que el Hijo es la imagen del Padre, el resplandor de Su gloria, y luego dice en esta traducción: “y la imagen misma de su sustancia”; pero esta palabra sustancia es una palabra ambigua; y voy a explicar a mis hermanos por qué la palabra sustancia es una palabra ambigua.

Si ustedes comparan varias versiones bíblicas, van a encontrar que hay una palabrita que vamos a ver ahora, y, bueno, vamos a traducirla: ser; otros la tradujeron sustancia; otros dijeron, vamos a traducirla persona; y fueron traducciones aproximadas. Pero si tú hablas del ser de Dios, sólo puedes hablar que es uno, mas si hablas de las personas divinas, tienes que decir que Dios es trino; por lo tanto, esa palabrita no se puede traducir ambiguamente. La palabra es la siguiente, hipóstasis (υποστάσεως), que viene de la raíz hipo, que quiere decir sub, y de la raíz stasis, que viene del mismo verbo de donde se deriva estar, yacer; es decir, tener, ser, tener existencia; de donde viene la palabra éxtasis o yacer ahí. Todas estas palabras podemos ponerlas debajo de esto. Por ejemplo, ser, estar, existir, consistir, yacer, o sea estar ahí. De manera que hipóstasis se traduce de la manera más exacta, subsistencia. Esa es la traducción más exacta de la palabra hipóstasis; esa es la palabra que el Espíritu Santo usó en griego.

Esa es la palabra que se encuentra en Hebreos 1:3, confesando quién es el Hijo, la imagen o carácter de la hipóstasis divina; esa es la conclusión, el carácter. La palabra que se traduce imagen misma, en el griego es la palabra carácter (χαρακτήρ), que se usa cuando las máquinas de escribir tienen muchos caracteres y uno toca una letra y esa letra imprime; es decir, es una reproducción de sí. “Imagen misma” es lo que se traduce en Reina Valera 1960; entonces el Hijo es el carácter de la hipóstasis de Dios el Padre; es decir, la exacta reproducción de la hipóstasis del Padre; es decir, que el Padre tiene una hipóstasis; por eso se habla de Su hipóstasis, y la hipóstasis del Padre tiene una impronta, una exacta reproducción de sí, que es la persona del Hijo; porque esta hipóstasis es consciente de sí misma, es personal, es persona. Yo soy; es decir, es una persona, es una subsistencia divina que tiene conciencia de sí misma. El Padre tiene conciencia del Hijo y le dice al Hijo: Yo te engendré hoy. De manera, pues, que subsistencia es la traducción más exacta de la palabra hipóstasis. El mismo carácter tiene su subsistencia propia.

Ahora, esta palabra ha sido traducida también como ser, pero el verbo ser en griego es eimy; también esta palabra hipóstasis ha sido traducida como persona, pero la palabra persona en griego es prosopon; también ha sido traducida como sustancia, y sustancia es un poco más parecida. ¿Por qué? Es como una abreviación de la palara subsistencia. El problema está en que en la historia de la Iglesia, de la Teología y de la Filosofía, esta palabra sustancia, se ha usado como traducción legítima de dos palabras diferentes: una es ousía, que quiere decir esencia; por ejemplo, la esencia de vainilla, o esencia de coco o de limón. Esencia es aquello que hace que un ser sea como es; es lo que caracteriza la identidad de un ser. Algunas veces se traduce sustancia; pero la palabra hipóstasis también es traducida sustancia. Pero ¿en qué consiste la ambigüedad? En lo siguiente: que cuando estamos hablando de Dios en esencia, Dios es uno sólo, pero en hipóstasis se refiere a que en la divinidad subsisten las tres personas divinas. En esencia Dios es uno, en cambio en personas, que quiere decir hipóstasis, Dios es tres. Por eso esta palabra, sustancia, es ambigua para traducir hipóstasis. Si se traduce, se tiene que explicar en qué sentido se está usando. Estás usando sustancia en sentido de esencia o sustancia en sentido de hipóstasis.

Si es sustancia en sentido de hipóstasis, en eso hay tres, porque en Dios subsisten tres personas: la del Padre, la del Hijo, y la del Espíritu; en cambio la esencia de esas tres personas es una sola, la esencia divina; y esa comunidad de esencia hace que Dios sea uno en esencia; pero como esa esencia es amor, como el amor tiene que amar a alguien realmente y no esperar una futura criatura, se ama a Sí mismo, y el padre ama al Hijo, y ese amor del Padre por el Hijo es tan divino, que es el Espíritu. De manera, pues, que la palabra hipóstasis se tiene que manifestar de Dios en forma trina. ¿Por qué? Porque en la esencia divina, el Padre subsiste como un Yo que tiene conciencia de Sí, el Hijo subsiste como otro yo que tiene conciencia de Sí y tiene relación interpersonal con el Padre, y aún el Espíritu Santo se revela hablando también en primera persona, teniendo conciencia de Sí, de modo que es una tercera persona; pero la esencia es la misma; la conciencia de Sí evidentemente subsiste en el Padre y en el Hijo; es decir, la hipóstasis racional o personal.

La palabra sustancia es, pues, una palabra ambigua; por eso yo prefiero traducir subsistencia, porque este sub equivale a hipo, y esta sistencia equivale a stasis. Sustancia puede ser una abreviación de subsistencia, solamente que a veces sustancia se traduce como si fuera de esencia, pero la esencia en Dios es una, y las personas tres; la palabra hipóstasis, si se traduce como sustancia, puede dar ocasión a ambigüedades; entonces para evitar esas ambigüedades, preferimos decir subsistencia y no sólo sustancia. Explicamos que sustancia a veces es traducción de ousía, esencia, como decir un sinónimo de esencia; pero a veces es traducción de hipóstasis.

Hipóstasis es una subsistencia; es decir, es un ser concreto; una hipóstasis es un ser que subsiste, es una subsistencia del ser; eso es lo que quiere decir hipóstasis. Cuando uno dice el verbo ser, es algo general, todo, es cualquier cosa que usted piense. Dios es, pero una mosca es; todos participan de ser, porque la palabra ser es muy general; pero cuando el ser subsiste en alguno en particular, ya es un individuo, y si ese individuo tiene conciencia de sí, es una persona.

La coexistencia de las divinas personas

Esa subsistencia del Padre que dice de Sí mismo Yo, es personal. Dios es una primera persona, el Padre, pero también con el Padre aparece otra persona que está con Él delante de todo, eternamente con Él, coexistiendo con Él; y es lo que estamos viendo justamente aquí en la confesión de la propia boca de la sabiduría divina. Cristo hablando por medio de Salomón, y nos lo dice allí en Proverbios 8, donde les he llamado la atención, porque lo que estamos enfatizando ahora es la coexistencia de las divinas personas, en plural. “Yahveh me (o sea, a mí, a la persona del Verbo) poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra”. Ese Yo tuve, ese Yo eterno del Hijo, ese es el Hijo eterno, el Verbo eterno. Por eso es que pudo decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy”. Él como hombre; ese Yo como hombre, no fue humano sino a partir de la encarnación, muchos años después de Abraham; pero aquí vemos que Jesús se está identificando con un Yo que preexistía a su propia encarnación: Antes que Abraham fuese, Yo soy; y por eso ellos no podían soportar eso, como hoy algunos sabelianistas o algunos russelistas, o algunos racionalistas, etc.; pero Jesús sabía quién era Él. Antes que Abraham fuese, Yo soy, y tienen que aceptar las especificaciones de todo lo que dice el Señor Jesús, así le sea difícil al judaísmo, a lo tradicional, al vulgo o al islamismo, o al russelismo, o al sabelianismo. No lo fue para el Señor Jesús ni para sus apóstoles, ni lo debe ser para nosotros que estamos en comunión con el Señor, el Padre y el Hijo y los apóstoles. Nosotros debemos estar en la comunión del Espíritu con el Padre y con Su Hijo Jesucristo y con los apóstoles en el Padre y en el Hijo, en “Nosotros”. Padre, que ellos sean uno en nosotros, como tú en mí y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros.

Hermanos, es muy importante, muy práctico este asunto de la coexistencia de las divinas personas, porque no es solamente una cosa teológica; es la interpretación de una realidad espiritual en la virtud de la comunión del Cuerpo de Cristo. Lo que hace que persista la comunión del Cuerpo de Cristo es la realidad espiritual de la coexistencia de las Divinas Personas. La coexistencia de las Divinas Personas en la realidad espiritual, es la virtud de la comunión del Cuerpo de Cristo. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean uno en nosotros; es decir, que esa coexistencia y coinherencia y comunión, esa Trinidad, como se llamó en la historia de la Iglesia, es no sólo el modelo; así como tú en mí y yo en ti, sino también la virtud; es decir, la dinámica de la comunión de la Iglesia, en nosotros, que ellos sean uno en nosotros. Es la dinámica de ese nosotros divino lo que hace que en la Iglesia tengan comunión unos con otros; la comunión legítima del Espíritu, la comunión legítima del Cuerpo, es con el Padre y el Hijo. Cuando tú conoces el amor del Padre por el Hijo y del Hijo por el Padre, lo que al participártelo a ti tú llegas a entenderlo, hay que descansar en esta comunión, en la coexistencia de las Divinas Personas.

Antes de las fuentes de las aguas

Seguimos leyendo en Proverbios 8: “24Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas”. Por eso se dice engendrada, no creada, porque eternamente tuvo el principado; entonces no puede ser creada, tiene que ser sólo engendrada. ¿Por qué engendrada? Porque el Padre, al saber, engendra Su sabiduría; por eso fue engendrada; porque cuando el Padre está sabiendo, está engendrando Su sabiduría en Su saber; pero como el Padre no empieza a saber, sino que siempre ha sabido, por eso se dice engendrada, no creada, sino eterna. Aquí la sabiduría de Cristo está confesando algo: “Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas”. Aquí menciona abismos y aguas porque está recordando Génesis 1: “1En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Entonces Salomón por el Espíritu Santo aclara la eternidad de la Sabiduría en concordancia con Génesis, y está diciendo que antes de los abismos y de las muchas aguas ya la sabiduría divina había sido engendrada; mas sin principio, porque desde la eternidad tuvo con el Padre el principado o la herencia de la plenitud.

Sigue diciendo Proverbios 8: “25Antes que los montes fuesen formados, antes de los collados, ya había sido yo engendrada”.

Porque claro, dice que el Espíritu se movía sobre la faz de las aguas, sobre la faz del abismo, y luego descúbrase lo seco, y allí es cuando aparece el polvo del mundo; justo ya antes de la fundación del mundo. “26No había hecho aún la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. 27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Vamos a decirlo con pronombre; cuando Él, Dios el Padre, mi Padre, formaba los cielos, allí estaba yo. ¿Quién es este yo? El Hijo que estaba con el Padre. Coexistencia de personas en la eternidad. “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Aquí hay una revelación adicional de parte de Cristo; que ese mover del Espíritu sobre las aguas era en círculo. Nótese que estas aguas no son todavía las aguas que vemos ahora en el mar; acuérdense que esto era antes del segundo día, incluso del primer día, porque en el primer día dijo Dios: Hágase la luz, y en el segundo día dijo Dios: Haya expansión entre las aguas de arriba y las de abajo; y en el tercer día, dijo: Júntense las aguas de abajo en un lugar, y descúbrase lo seco; es decir, recién al tercer día aparecen los mares. Las aguas del primero y segundo día no tenían forma de mares, y algunas estaban mezcladas, porque no había expansión. Ahí se está refiriendo a esta materia primigenia del universo que todavía no tenía la forma de los océanos. Eso es lo que se llama mayim, las aguas. Ahora, las aguas de abajo de la expansión, no las de arriba, en el tercer día; porque hay aguas arriba de los cielos.

Dice el Salmo 148: “1Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas”. Eso significa que tiene que haber gente en los cielos para que ellos puedan alabarlo; es decir, que sí hay extraterrestres, que son los ángeles y los diablos. “2Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle, vosotros todos sus ejércitos. 3Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas”. Ahora pongan mucho cuidado en el verso 4. “4Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos”. Cuando usted lea la palabra aguas, tiene que leerla según la época; porque dice: aguas que están sobre los cielos. Porque en Génesis Dios dijo: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas; es decir, las aguas sobre los cielos y las de debajo de los cielos; y dice que a la expansión la llamó Cielos; pero esa expansión tiene aguas por debajo y aguas por arriba; las aguas de abajo no estaban reunidas, sino dispersas en caos; pero en el tercer día, el caos comenzó a ser ordenado por un movimiento en círculo del Espíritu, y Dios ordenó que se juntasen en un lugar. Todo el universo se mueve en círculo; las galaxias de mueven en círculo; asimismo giran los planetas, y gira el mismo sol alrededor de la estrella Vega, y los planetas alrededor del sol y los satélites alrededor de los planetas; todo eso es en círculo. Toda esa materia gira en círculo; y fue el Espíritu de Dios el que se movió en círculo sobre la faz de las aguas, pero esta faz de las aguas no es el océano del tercer día. Estamos hablando de antes del tercer día; fue en el tercer día cuando una parte de las aguas se juntó en un lugar y Dios las llamó mares. Las aguas separadas y juntadas de las aguas abajo.

Por eso en el Salmo habla de las aguas que están sobre los cielos, y las otras quedaron debajo de los cielos, de la expansión, hacia nuestro planeta; pero todavía en el tercer día estaban dispersas; era materia dispersa; sólo se juntaron en el tercer día; cuando dijo Dios:

“9Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. 10Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares”. Recién los mares aparecen en el tercer día; es decir, antes del tercer día las aguas eran materia dispersa en el universo. Una parte quedó allá arriba en los cielos y una parte quedó aquí abajo, y la que quedó abajo, en el tercer día llegó a ser los mares; y después se descubrió lo seco y apareció la tierra, y los montes y el polvo del mundo; es decir, el proceso creativo de Dios. Por eso Proverbios dice: “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Pero ese abismo no es el océano Pacífico ni el Atlántico, porque antes era un solo océano y un solo continente, porque era lo seco, pangea; pero luego Dios, en los tiempos de Peleg, se dice dividió la tierra y comenzaron a separarse los continentes, y hasta ahora se siguen apartando unos de otros, y los hombres han descubierto esto, y lo han llamado la teoría de la deriva continental.

Pero la Biblia hablaba de eso antes de que lo descubrieran los geólogos; pero al principio, antes de quebrarse en continentes lo seco, era el continente primigenio, a lo cual Dios llamó adama, que quiere decir tierra; pero la propia palabra que se traduce tierra es erets; porque es que en español tenemos una sola palabra para tierra, pero en el hebreo son erets y adama. A lo que Dios llamó lo seco, que llamó tierra, esa palabra es adama, de donde salió Adán, porque Adam fue hecho de adama.

Volvemos a Proverbios 8: “27Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo”. Esa materia primigenia que Dios creó el primer día, y después de que alguna cosa sucedió, el hecho es que estaba desordenada y vacía, esa palabra tierra era erets; no era todavía adama; erets en estado todavía descompuesto por la situación caótica. El Espíritu gobernaba sobre toda esa materia dispersa y trazaba un movimiento en círculo, y cuando esa materia comenzó a circular bajo la dirección del Espíritu de Dios, comenzó, pues, a formar los cielos y la tierra; empezó a formar la conformación actual. Pero no pensemos que siempre que la Biblia se refiere a ciertas palabras, las usa conforme a la conformación actual. Hay que ver en qué momento fueron dichas esas palabras; y esta conformación que vemos fue diferente en lo anterior a esta.

Cuando dice las aguas no se refiere al océano; el océano es solamente una parte de las aguas debajo de los cielos, que en el tercer día por orden de Dios, se juntaron en un lugar, y fue llamado por Dios, mares. Pero cuando la Biblia dice: la faz de las aguas y la faz del abismo, no se refiere sólo a los mares, porque esa palabra es aplicada por Dios antes del tercer día; es decir, que los mismos elementos que llegaron a conformar los mares, conformaban una parte del caos, y el Espíritu de Dios se movía sobre el abismo, y aquí nos dice cómo se movía, en círculo. ¡Aleluya! “Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo; 28cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo”. Quiere decir que hubo un momento en que los cielos no estaban afirmados, definidos, sino que eran indefinidos; pero luego fueron afirmados en ese proceso. Por eso recién en el cuarto día aparece Dios haciendo el sol, las luminarias. La materia de ellas ya estaba dispersa, pero fue condensada y afirmada en astros, apenas en el cuarto día. Por eso es que se llama firmamento, porque fue cuando Dios le dio el carácter actual, el carácter firme. Antes esa materia existía en otro estado, pero entonces dice que hubo un tiempo en que Dios el Padre con el Hijo en el Espíritu (porque el agente que se mueve en el nombre del Padre y del Hijo es el Espíritu), afirmó; es decir, le dio la configuración definitiva que vemos hoy. Es definitiva; claro que lo decimos provisoriamente, porque también dice que los cielos que hay ahora se enrollarán como un libro, y Dios se mudará de vestidura. Todo este universo es un vestido que Dios se va a mudar, como dice en Hebreos.

“28Cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; 29cuando ponía al mar su estatuto”. Antes no tenía estatuto, pero cuando Dios dijo: Júntense las aguas en un lugar y descúbrase lo seco, es cuando le está poniendo estatuto al mar, pero antes no. La materia de las aguas, la materia de lo seco, estaba mezclada con todo lo otro; era un caos de materia; pero el movimiento en círculo fue poniendo las cosas en orden, según la sabiduría de Dios. Cuando Dios empezó a mover en círculo, ahí empezaron todas esas leyes que debe entender muy bien Sonia, que es química, las leyes de la gravedad, de la velocidad, de la densidad. En ese movimiento en círculo comenzaron las cosas densas a reagruparse, las cosas volátiles a esparcirse, y se fueron confirmando o afirmando los cielos y las luminarias; fue un proceso; y en ese proceso ya estaba el Verbo con Dios, coexistía el Padre con el Hijo antes de que las cosas fueran como son ahora. Por esa razón dice: “Cuando ponía al mar su estatuto”. Hasta aquí llegarás y no pasarás, y aquí parará el orgullo de tus olas, como dice en otros pasajes, y Dios puso las olas en la playa a la medida de nosotros.

Imagínense que las olas de las playas fueran distintas, pero Dios las hizo para nosotros. Imagínense que ustedes llegan a la playa y les llega justo como tiene que ser la medida para que tú te puedas bañar.

 ¡Aleluya! Gracias al Señor por sus estatutos y también por lo que es distinto, para que notemos la diferencia y percibamos el amor de Dios aun en la playa; es que hay hermanos a quienes se les prohíbe ir a la playa, pero Dios hizo la playa para nosotros. “29Cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la tierra”. Parece que primeramente era algo líquido, pero se fue fundamentando, solidificando.

“30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. Esa es la coexistencia; con Yahveh el Padre estaba yo, el Hijo eterno, el Verbo eterno. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Ese por él, es la palabra dicha mediante él; es decir, el Padre a través del Hijo, porque por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

 Ahí vemos al Verbo tanto en la eternidad como en la creación, coexistiendo en la eternidad y en la creación con el Padre. “30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo”. Fíjense en esa frase, delante de Él. “Su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él”. Delante de Él; esa frase es lo que quiere decir próximo o prójimo, la coexistencia del Padre con el Hijo y del Espíritu. Ahí vemos al Espíritu moviéndose como el agente que procede del Padre y del Hijo para realizar la voluntad del Padre con el Hijo; ahí vemos al agente que se mueve y realiza; es el Espíritu de Elohim, el Espíritu de Dios. “30Con él estaba yo ordenándolo todo, y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. 31Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres”. Eso significa que Él está atento al mover nuestro hasta encamarse y meterse entre nosotros. Su delicia es con los hijos de los hombres. ¡Qué maravilla!

Coexistencia en unidad

En el capítulo 1 de la primera epístola del apóstol Juan encontramos también una expresión por el Espíritu que Juan tenía en su mente siempre presente. Leemos desde el versículo 1, pero vamos a detenernos en el 2, que es donde está lo esencial. “1Lo que era desde el principio (ahí está confesando de nuevo la preexistencia), lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó)”. Nótese esa expresión de Juan, la vida, y ya sabemos quién es la vida. Jesús dijo: “Yo soy la vida”, la vida eterna; note esa palabra, eterna. Jesús es la vida eterna; por eso es el Verbo eterno, por eso es el Hijo eterno, la coexistencia de la persona divina del Hijo con la persona divina del Padre en el único Dios verdadero, y lógicamente con la del Espíritu Santo. “La vida eterna, la cual estaba con el Padre”. Hubiera podido decir, la cual era el Padre; pero si decía la cual era el Padre, negaba la persona del Hijo; en cambio si decía, era con el Padre, confesaba tanto al Padre como al Hijo; por eso escogió decir, no que la vida era el Padre, sino que estaba con el Padre. Ahí está la confesión de la coexistencia de estas Divinas Personas.

La vida eterna. El que tiene al Hijo, tiene la vida. La vida eterna estaba con el Padre. Ahí volvemos a encontrar coexistencia en la eternidad. Cuando decimos coexistencia de las Divinas Personas, estamos diciendo que ésta era en unidad. Antes de la creación, en Dios había tres Divinas Personas; y voy a decir algo más: Estas tres Divinas Personas lo eran así desde la eternidad; por lo tanto, lo eran en Dios, de Dios y para Dios; no sólo el Padre era Padre para con la creación y para con la economía divina futura, no; Él era Padre para el Hijo, el Hijo era Hijo para el Padre; Dios era Padre, Hijo y Espíritu, primeramente de Sí y para Sí y ante Sí eternamente, sin relación con la creación y sin relación con la economía divina; es decir, en la esencialidad de la Trinidad. Después, cuando hubo creación, hubo una relación específica del Padre, otra del Hijo y otra del Espíritu Santo con la creación; pero la identidad de cada personalidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu no lo son por causa de la Iglesia ni de la creación, sino que lo son en Sí, de Sí, por Sí y para Sí. El ser de Dios no depende de la futura creación y de la futura economía de Dios para con ella. El ser de Dios lo es en Sí, de Sí y para Sí.

Trinidad esencial y Trinidad económica

Ahora, lógicamente que también Dios quiso crear, y también cada una de estas Divinas Personas tomó una función económica, administrativa, en relación a la creación, a la redención, a la aplicación de la obra; pero no es que el Espíritu sea Espíritu para, o que el Hijo sea Hijo para, o que el Padre sea Padre para la creación o para la Iglesia solamente. Eso es algo que se necesita entender un poquito más. Por algunos hermanos se había entendido. El hermano Witness Lee ha enfatizado el aspecto de la Trinidad para la economía divina; pero antes que eso, aquí se está mencionando la Trinidad esencial en la eternidad de Sí, ante Sí y para Sí, obviamente sin negar después la encarnación y la economía divina.

Lo que queremos decir es esto: que la economía divina, ni la creación, no modifica la esencia de Dios, ni las Divinas Personas; de ser así Dios, en Su esencia, estaría sujeto a accidentes producidos por Sus criaturas, pero la esencia divina no está sujeta a accidentes; es inmutable. Ahora, lógico que en esa esencia divina estaba prevista la creación y la redención, pero Dios es Dios eterno, inmutable, sin que nada se le añada, desde el principio y eternamente. “Yo Jehová no me mudo”; “En él no hay mudanza ni sombra de variación”. Ahora, se reveló y fue sacando lo propio, lo eterno, lo que Él siempre fue, y lo manifestó a la creación, y en la redención y en la economía divina.

Pero debemos mirar antes lo relativo a la Trinidad esencial, antes que lo relativo a la Trinidad en lo económico o administrativo, en cuanto a Su economía y trabajo con la creación y para con ella. Pero Su trabajo con la creación y para la creación no hace diferencia ni mudanza en el ser divino, porque Dios es eterno e inmutable, y en Él no hay mudanza ni sombra de variación. Ahora bien, en Su revelación para con la creación sí hay una revelación progresiva, y parece que hay una mudanza, pero esa mudanza no es en el ser de Dios, no es en las personas de Dios; es en la parte que el Verbo asumió de la creación para realizarla y redimirla. Allí sí hubo un proceso, pero no fue un proceso en la esencia de Dios que la modifique; la esencia de Dios es inmutable, inmodificable, eterna, y es en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu. No sólo del Padre se habla de ser eterno, no sólo del Hijo se habla de ser eterno, sino también del Espíritu.

Vamos a leer sobre la eternidad del Espíritu en el capítulo 9 de la epístola a los Hebreos. “14¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Cuando la Biblia dice en Juan que el Espíritu no era, se refiere al aspecto de la economía divina y en relación a la encarnación y a la realización de la humanidad de la persona de Cristo, porque Cristo es creador, participó de la creación siendo luego Verbo encarnado, y ahí hubo un proceso, pero no en la divinidad. En ese sentido es que se dice que el Espíritu no era, en el sentido económico; pero en el sentido esencial, el Espíritu es eterno e inmutable. Por eso dice: “Mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios”. Ahí vemos la Trinidad. Aquí vemos una obra económica de la Trinidad: la participación del Padre, del Hijo y del Espíritu en redención para con la creación; y sin embargo, en textos que hablan de la Trinidad económica, aparece una traza de la Trinidad esencial y de la eternidad del Espíritu. El Espíritu eterno.

Hermanos, la Biblia habla del Padre eterno, del Dios eterno. El Dios eterno es el Padre eterno, el Hijo eterno y el Espíritu eterno; pero se habla también del Padre eterno y se habla del Hijo eterno, del Verbo, cómo eternamente el Hijo tuvo el principado. “Antes que Abraham fuese, yo soy”. “Ahora pues, Padre, glorifícame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Padre, glorifícame tú, la persona del Padre, glorifícame, a la persona del Hijo, que no es sólo un hombre, es el Verbo que estaba con Dios, hecho hombre. Ese Hombre es el mismo Verbo que estaba con el Padre eternamente y que estuvo en la creación con el Padre ordenando con Él todo. Éste que se hizo carne y teniendo la naturaleza inmutable divina, asumió la naturaleza mutable, humana.

La mutable es del hombre, la inmutable es la de Dios. Ese Verbo divino hecho hombre, ahora divino y humano, es el que dice: Padre, glorifícame tú, al lado tuyo; eso significa próximo; con aquella gloria que Yo tuve contigo; es decir, que vemos al Padre teniendo la gloria con el Hijo. ¿Por qué el Padre tiene la gloria con el Hijo? Porque es que la gloria del Padre es el Hijo.

El Hijo está con el Padre, pero también es en Él. Ahí tenemos la coinherencia. De la coinherencia hablaremos después; pero no se puede hablar de la coinherencia antes de la coexistencia debido a que los hermanos se pueden deslizar en el sabelianismo. Por eso hay que poner primero ese fundamento.

“1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2Éste era en el principio con Dios. 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Y dice Pablo que en Él fueron creadas todas las cosas, y Él es antes de todas las cosas y todas las cosas son para Él, y ahora aparece también aquí el Espíritu eterno. Por eso se habla del Padre eterno que dice Yo, el Hijo eterno que dice Yo, el Espíritu eterno que dice Yo. Si los tres tienen conciencia de Sí mismos y hablan uno con otro, y dicen: nosotros, hagamos, descendamos, ¿quién irá por nosotros? Tenemos que confesar la coexistencia de las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero, y le tenemos que decir persona, porque persona se aplica a una subsistencia del ser que tiene conciencia de sí, y eso lo tiene el Padre, lo tiene el Hijo y lo tiene el Espíritu.

De modo, pues, que la palabra persona no le queda grande. Claro que no se le va a aplicar en el sentido humano, como a los hombres se les aplica la palabra animal en un sentido relativo. Nosotros somos animales racionales, pero no somos tan animales como los animales.

Claro, sí, en un sentido se nos tiene que aplicar la palabra animal; lo mismo a Dios se le tiene que aplicar la palabra persona, y tres personas, pero lógicamente en un sentido relativo, no en el sentido que se le aplica a los hombres; pero se le tiene que aplicar porque persona es un ser que subsiste con conciencia de sí mismo. Esa es una persona, y el Padre subsiste en la esencia divina con conciencia de Sí; lo mismo el Hijo y lo mismo el Espíritu Santo. Pero esas tres personas se dicen eternas, pero comparten la misma esencia; por lo tanto, las tres son un solo ser, son Dios. Él es un solo Dios en tres personas. Gracias a Dios.


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CRISTO EN LA ETERNIDAD Y LA TRINIDAD / 5 / la coinherencia

Por cristianogiv - 22 de Julio, 2006, 15:46, Categoría: General


Cristo en la eternidad y la Trinidad (5)


LA COINHERENCIA



Trasfondo cristológico

Para los que van a estar escuchando la palabra en esta tarde, tengan en cuenta que este es apenas un capítulo de una serie, y que en esa serie ya se han visto algunas cosas, y Dios mediante se verían otras después de lo de hoy; así que no deberíamos tomar una conclusión apresurada teniendo en cuenta solamente lo que se va a ver hoy. Me preocupo por los que no han estado en las anteriores enseñanzas, porque lo que van a escuchar hoy, sin el trasfondo de lo que se ha escuchado en las clases anteriores, podría parecerles como extraño y por eso estoy haciendo esta advertencia muy adrede desde el comienzo para que lo que se va a mirar hoy se tenga junto con lo que se ha visto en otras partes.

En la historia de la Iglesia no ha sido de un momento a otro que se ha entendido fácilmente lo que Dios ha hablado y ha revelado acerca de Sí mismo en Su Palabra. En la historia de la Iglesia se han dado conflictos. Cualquiera que lea la historia de la Iglesia en los primeros siglos, recordará que hubo necesidad de hacer concilios por causa de las posiciones diferentes que había; porque algunos hijos de Dios veían un aspecto, otros veían otro aspecto, de manera que fue necesario reunirse y escucharse mutuamente y con respeto unos a otros a ver qué era lo que todos juntos podían ver; porque todos juntos podían tener más luces que algunos solos. Claro que el Señor en su misericordia daba también a la Iglesia algunos siervos sobresalientes como Atanasio, Hilario de Poitier, Cirilo de Alejandría, los llamados tres capadocios: Gregorio de Niza, Gregorio Nacianceno y Basilio el Grande; también Dídimo el ciego y otros. Estoy mencionando nombres de hermanos sobresalientes que el Señor quiso usar para traer a la luz asuntos delicados desde la Palabra de Dios con la ayuda del Espíritu por el ejercicio del ministerio, y la Iglesia examinó, confirió y asimiló, y después se pasaron a otras consideraciones.

Yo quisiera que mis hermanos pudieran conocer algo de la historia de la Iglesia. A veces nos olvidamos que las cosas que hoy son consideradas masticadas, tuvieron que ser masticadas antes para que estén ya masticadas hoy para nosotros; tuvieron que ser molidas, tratadas y digeridas antes; a veces con dificultades. Los primeros conflictos eran acerca de la identidad del Señor; si el Señor Jesús era o no era Dios y qué tipo de relación tenía el Señor Jesús con Dios; y las primeras preguntas acerca del señor Jesús eran en cuanto si era Dios o no. Y después, si era Dios, si era la misma persona o era otra persona; y había algunos que decían que Él no era Dios, que Él era solamente una criatura, la primera criatura, quizá una importante criatura, el primero en haber sido creado por Dios, pero creado al fin de cuentas; y esa posición es la que seguía Arrio y es la que hoy sostienen los que a sí mismos se llaman Testigos de Jehová; o sea que hay mucha gente que hasta el día de hoy está diciendo esas cosas de Cristo.

El modalismo

Otros decían que el Hijo de Dios no era otra persona, sino la misma persona del Padre pero en un tabernáculo humano; o sea que ellos negaban al Hijo en cuanto persona divina juntamente con el Padre; lo que la vez pasada estuvimos considerando relativo a la coexistencia de las Divinas Personas, las tres Divinas Personas en el único Dios verdadero; entonces ellos decían que no eran tres personas, que era una sola persona que aparecía con diferentes modos; de allí que a ese grupo se le llamó en la historia de la Iglesia los modalistas, porque decían que Dios se había aparecido de tres modos, pero que al fin de cuentas Dios era una sola persona que apareció a manera de Padre en el Antiguo Testamento y luego se volvió Hijo, y luego el mismo Padre se volvió Espíritu Santo o es el Espíritu Santo; diciendo que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo no son sino tres modos o maneras de presentarse una misma persona. Eso es lo que se llamó la herejía modalista; también se le llamó la herejía monarquianista porque viene de mono, uno, y arqué, principio, de un solo principio; como negaba la distinción de personas en la Deidad, entonces decían que sólo había una persona, por eso se les llamaba monarquianistas y se les llamaba también modalistas.

Otros decían que el Padre se había encarnado y había sufrido la pasión; era como decir, los distintos aspectos de la herejía que se llama monarquianista o modalista y porque decían que el Padre era el que había sufrido la pasión se les llamaba patripasionistas.

Otros decían que el Señor Jesús había sido adoptado en la Divinidad, porque decían que el Hijo era solamente el hombre y que había sido divinizado por Dios; entonces por eso se llamaban adopcionistas; o sea el monarquianismo, el modalismo, el patripasionismo y el adopcionismo, son cuatro aspectos de una misma herejía. Algunos enfatizaban un aspecto, otros enfatizaban otro y hubo personajes que sostuvieron las cosas de esa manera. El primero del que se tiene noticias en negar la distinción de personas en la Divinidad fue Noeto y por eso también cuando ustedes lean la historia de la Iglesia puede ser que lean acerca del noecianismo; pero todas estas cosas, el noecianismo, el monarquianismo, el modalismo, el patripasionismo, el adopcionismo, son distintos nombres, pero que se refieren a una misma clase de herejía o herejías similares, íntimamente relacionadas.

El sabelianismo

Entre los noecianistas, hubo uno que llegó a ser el más sobresaliente; no fue el primero, pero llegó a ser el líder de ellos; se llamó Sabelio y por eso se le llama también sabelianismo; entonces el sabelianismo de Sabelio es el mismo noecianismo, el mismo unicismo o sólo Jesús. Hoy en día esa corriente de pensamiento está representada por la explicación de la Divinidad que dan los llamados a sí mismos sólo Jesús; hay algunas denominaciones que son unicistas, que son solo Jesús, como la Iglesia Pentecostal Unida, la Iglesia Pentecostés Unida, la Pentecostés Unida Internacional, la Pentecostés Unida de Colombia, pero son unitarios, en el sentido de que niegan la existencia o subsistencia de tres personas distintas en el único Dios verdadero; es decir, que niegan lo que con el tiempo llegó a definirse como la Trinidad. Por un lado los arrianos representados hoy por los que a sí mismos se llaman Testigos de Jehová que vienen de la línea de Charles Russel, Rutherford, Nort y Franz, que son los cuatros principales líderes de esa corriente hoy, o sea en los tiempos modernos, desde el siglo pasado; y los unitarios antiguos de la línea de Noeto, de Sabelio, como Cleomenes, Teogono, son nombres de los líderes antiguos que sostenían esas cosas, hoy están representados por la línea de los unitarios; es decir, que ese tipo de pensamiento también es antiguo.

En la Roma primitiva había un partido unitario; incluso hay quienes sostienen que algunos Papas defendieron al partido unitario; porque como los Papas de Roma dicen ser los sucesores de los obispos de Roma, pues en esa lista en que aparecen los Papas hay algunos de los cuales, por lo menos Calixto y Ceferino, un poquito después de Ireneo, eran de tendencia unitaria. El Apóstol Juan tuvo algunos discípulos para el Señor, uno de ellos fue Policarpo de Esmirna y uno de los hermanos sobresalientes de la Iglesia en Esmirna que aprendió con Policarpo fue Ireneo de Lyon; y siguiendo la línea de Ireneo hubo un hermano en Cristo que se llamó Hipólito de Roma que vivió en la Roma primitiva y a quien los católicos lo elevaron a los altares extrañamente, y lo llaman el primer santo antipapa; se dieron cuenta que era santo, lo canonizaron, pero no pudieron ocultar que estaba contra el Papa y lo llamaron el primer santo antipapa: San Hipólito o Hipólito de Roma, y lo llaman antipapa porque él en sus escritos, especialmente uno que se llamó Filosofúmena en el idioma antiguo, él combatió la herejía unicista o sabelianista de los Papas Calixto y Ceferino; por eso lo llaman antipapa, porque se pronunció en contra de esos obispos Calixto y Ceferino de Roma.

Había también un presbítero en Roma que se llamaba Práxeas, quien enseñaba también el unitarismo en Roma; entonces un hermano en Cristo que se llamaba Tertuliano de Cartago escribió un libro que se llama Contra Praxeas; es decir, en ese libro él refutaba el unitarismo que en Roma enseñaba Praxeas, que era del mismo bando de Noeto, de Sabelio y de los otros unicistas; en ese libro es donde por primera vez en la historia de la Iglesia, en el siglo III, o sea en el año doscientos y pico, aparece la palabra Trinidad, más exactamente , en latín, porque Tertuliano escribió en latín; él era norteafricano, entonces él fue el que por primera vez usó esa palabra Trinitas por Trinidad referida a las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y fue él el primero que se atrevió a hacer una confesión de fé de esta manera, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Eso que ha llegado a ser muy común y que ahora cualquier denominación trinitaria lo repite proviene de Tertuliano de Cartago.

La Trinidad

Antes de Tertuliano de Cartago hubo otro hermano contemporáneo de Ireneo, pero que vivía en Antioquía, que llegó a ser uno de los líderes sobresalientes de la Iglesia de Antioquía en el siglo II, y él se llamó Teófilo de Antioquía. Esa fue la época de las persecuciones romanas; era la época cuando los hermanos eran echados a los leones y donde algunos hermanos escribieron apologías o defensas del cristianismo y las dirigían a los emperadores o a otras personas prominentes. Hubo varios apologetas prominentes en el siglo II y algunos provenían incluso del siglo I y entraron al siglo II, como Cuadrato, Aristides, Atenàgoras, Melcíades y entre esos apologetas uno se llamó Melitón de Sardis; otro se llamó Justino mártir, muy sobresaliente; pero uno de ellos fue Teófilo de Antioquía, quien tenía un amigo que era pagano que se llamaba Autólico. Entonces Teófilo de Antioquía le escribió tres libros a su amigo Autólico, que era pagano, y en esos tres libros él defendía la fe cristiana, y en un determinado pasaje de uno de esos tres libros, Teófilo de Antioquía para resumir en una sola palabra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo se refiere a ellos en griego como la Trías. Esa palabra se puede trasliteral como tríada; esa fue la primera vez que en forma resumida se referían a Dios como Trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y Teófilo de Antioquía dijo esa expresión Tríada; pero en griego; porque Teófilo escribió en griego, pero Tertuliano de Cartago escribió en latín; entonces Tertuliano después de Teófilo es el primero en el registro histórico en usar esa palabra Trinitas, para referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como tres personas distintas y un solo Dios Verdadero. Esa expresión, esa fórmula proviene de Tertuliano.

Claro está que si uno oye solamente esto que les estoy diciendo uno podría decir que la Trinidad se le inventó Tertuliano, pero cuando lees a Tertuliano te das cuenta que él no se la inventó, sino que él está sacando de la Escritura argumentos muy sólidos para referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y fue combatiendo a la herejía unitaria de Praxeas específicamente, y en un libro de combate, un libro polémico contra la herejía unitaria fue donde él tuvo que tratar de explicar lo que era, y lo que no era y ahí fue cuando surgió por primera vez esa fórmula y también esa palabra Trinidad.

Ahora bien, la palabra Trinidad, no me refiero a la Trinidad, al contenido doctrinal, sino a la mera cáscara de la palabra Trinidad, ésta fue empleada, así como Tríada, en un principio todavía sin un contenido fijo; es decir era una manera de referirse en el principio al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ya sea lo que fuera que se explicara de ellos, qué relación tenía el uno con el otro; eso no importaba; para resumir en vez de decir: Padre, Hijo, Espíritu Santo, se decía Trinidad.

 Cuando se decía Trinidad en los primeros siglos no se entendía exactamente lo mismo que hoy cuando se dice Trinidad, sino que debajo de la palabra Trinidad, en los tiempos modernos cabe una sola concepción; en cambio debajo de la misma palabra Trinidad en los primeros tiempos cabían las tres concepciones; o sea que Arrio, que negaba la Divinidad del Hijo de Dios y decía que el Verbo de Dios era una criatura, y algunos inclusive dicen que era el arcángel Miguel como los testigos ruselistas hoy, Arrio usaba la palabra Trinidad porque ya la palabra Trinidad desde que la usó Tertuliano desde ahí comenzó a ser usada, pero con distinta explicación; entonces en esto debemos tener cuidado. La palabra Trinidad la usaba Arrio, sólo que cuando Arrio explicaba la Trinidad entonces decía que en la Trinidad solamente el Padre era Dios, aunque usaba la palabra Trinidad; en la Trinidad arriana solamente el Padre era Dios, el Hijo era una criatura y el Espíritu Santo era una fuerza; lo típico hoy de los ruselistas, y sin embargo sí usaba la palabra Trinidad, pero la explicaba con el sentido arriano negando la Divinidad del Hijo y del Espíritu.

Sabelio, que era el máximo representante de la línea unitaria que negaba la distinción de las personas, también usaba la palabra Trinidad. Cuando uno lee los escritos de Sabelio uno encuentra que él usa la palabra Trinidad porque era una manera resumida de referirse al Padre, al Hijo y al Espíritu; sólo que cuando él explicaba la Trinidad, decía que eso de Padre, Hijo y Espíritu, son sólo nombres, modos o maneras distintas de una misma persona. Entonces, hermanos, decimos estas cosas porque de una parte es necesario conocer de dónde proviene todo esto que la Iglesia ha heredado y porque no es suficiente escuchar nombres superficiales, sino que hay que ir al fondo del asunto.

Entonces hubo otros que con la doctrina correcta, sin embargo no usaron la palabra Trinidad; el mismo Ireneo que tenía una explicación más o menos sana, Novaciano que escribió un libro que hoy en día le llaman Sobre la Trinidad, pero ese es un título moderno que le pusieron a ese escrito; realmente ese no fue el título que le dio Novaciano. Él escribió un tratado maravilloso, correcto sobre la Trinidad, pero él no usaba la palabra Trinidad como Ireneo no usaba la palabra Trinidad, y otros que explicaban la Trinidad, su contenido, no usaban la palabra. De manera que en esto hay que tener cuidado; al principio en la historia de la Iglesia la palabra Trinidad no era precisamente un símbolo de ortodoxia porque no es una palabra que está en la Escritura. Apenas en el siglo II habló Teófilo de Antioquía de la Tríada, pero ni siquiera estaba tratando el tema; él estaba tratando otros asuntos, pero se refirió a los Tres como la Tríada, y después Tertuliano sí, él sí estaba tratando el asunto, él sí habló de la Trinitas y habló de las Tres Personas distintas y un solo Dios verdadero; y dice que son tres y no por la potencia, no por la esencia, sino por el orden, pero tienen la misma potencia, la misma esencia. Él habla de todas estas cosas en ese libro Contra Práxeas; y entre todas esas corrientes que hubo, la que prevaleció fue la línea de Tertuliano; y aunque en el Concilio de Nicea y las discusiones inmediatamente anteriores y posteriores a él, allí se hablaba de la Trinidad, se hablaba con distintos sentidos.

El Concilio de Nicea

Pero el sentido correcto que confesaba la Divinidad del Hijo y la subsistencia personal del Hijo como una Persona Divina subsistente en la Trinidad, coexistente con el Padre y el Espíritu Santo, el que habló de eso principalmente fue Atanasio de Alejandría. Pero resulta, hermanos, que en el principio no se entraba en las discusiones minuciosas sino solamente en esa primera, identificar qué relación de substancia o de esencia podía tener el Padre con el Hijo. Todavía no se discutía lo del Espíritu Santo; había que agotar primero la relación del Padre y el Hijo y solamente en lo relativo a esencia, no todavía en lo relativo a personas; eso fue un poco después.

Primeramente, ¿cuál es la esencia del Hijo? ¿Es la misma del Padre o es de distinta esencia, o de semejante, o de parecida o de la misma? Había los homoianos, los homoanos, unos con i y otros sin i; decían que el mundo estaba dividido por un diptongo, porque existe la palabra homousios y la palabra homoiusios; la diferencia es una sola i, pero aunque es una sola i, la diferencia entre homousios y homoiusios es grande. Uno significa la misma sustancia y el otro significa semejante sustancia; entonces unos decían que el Padre y el Hijo eran de distinta sustancia, otros de semejante sustancia y otros de la misma sustancia; es decir, había tres bandos en la discusión, y entre todas las consideraciones que unos y otros hacían prevaleció lo que el Señor le dio a un diácono de Alejandría, que ni siquiera él era el obispo de la Iglesia en Alejandría, él era sólo un diácono. El que era el obispo era Alejandro de Alejandría y había un diácono que le colaboraba; claro que Alejandro fue el que se dio cuenta de la herejía de Arrio y comenzó a tratar de corregir esto, de tal manera que hubo tantos problemas que el mismo emperador Constantino dijo que se le iba a dividir el Imperio, solamente porque unos opinaban que Cristo era divino y otros que era solamente una criatura. De manera que para que no se le dividiera el imperio convocó un concilio para que se pusieran de acuerdo los cristianos.

A ese concilio vinieron los distintos bandos y se escucharon, pero en el concilio empezó a sobresalir Atanasio y después del concilio comenzó a tratar de esclarecer a los que decían que eran de semejante sustancia, porque de semejante no necesariamente es igual, y entonces había puerta para negar la Divinidad del Hijo. La conquista de Atanasio fue hacer que el Concilio en Nicea confesara la consustancialidad del Padre y el Hijo, es decir que el Hijo es de la misma sustancia del Padre, o sea es Dios; por eso la conclusión en el Concilio de Nicea acerca del Hijo es que es Dios de Dios, luz verdadera de luz verdadera; y por eso es que en los cánones de las misas repiten eso de memoria. Dios verdadero de Dios verdadero y luz verdadera de luz verdadera, pues eso viene de aquella fórmula allá de esas discusiones con Atanasio.

Claro está que si tú lees directamente a Atanasio y lees al Atanasio de occidente que fue Hilario de Poitier, te das cuenta que ellos están hablando sobre las Escrituras. Nosotros simplemente estamos resumiendo las cosas en nuestras palabras, pero sería muy apresurado decir que ese es un invento de ellos, pues lo que están haciendo es aceptar las implicaciones de lo que dice la Escritura.

Ciertamente algunos decían que ellos no iban a decir que el Hijo es consustancial al Padre porque esa palabra homousio no está en la Escritura. Allí no dice que es de la misma sustancia; efectivamente esa frase de la misma sustancia no la dice. Pero si dice que el Hijo es Dios, que el verbo era Dios y el Padre es Dios; entonces por implicación se tiene que confesar la consustancialidad del Padre y el Hijo.

Así es que no hay que ser tan superficiales; a veces hay frases que alguno puede alegar que no están en la Biblia para pretender sostener lo contrario, y eso sí es peligroso, porque sí, ciertamente hay frases que no están en la Biblia, pero son derivadas de la Biblia y son verdaderas porque con otras palabras en forma sintética dicen lo que la Biblia en muchos versículos dice; así que ese argumento superficial de que esa palabra Trinidad no está en la Biblia, así que no hay Trinidad; esa palabra consustancialidad no está en la Biblia, así que no hay consustancialidad, pues es que ni la palabra Biblia parece estar en la Biblia, por lo menos en español, claro que en un libro sí está. ¿Entendemos esto, hermanos?

Las dos naturalezas

Después la discusión siguió siendo todavía cristológica, pero ahora la discusión era, parece que ya decantado, de que el Hijo sí es Dios con el Padre; pero entonces ¿cómo se relacionan en Jesucristo la naturaleza divina y la naturaleza humana? Esa fue la otra discusión.

Hubo algunos que se fueron a un extremo, aquellos que decían que era una sola naturaleza; eran los monofisistas: Mono, uno y fisis, que es la palabra griega que quiere decir naturaleza, de manera que los monofisistas eran los que decían que el Señor Jesús tenía una sola naturaleza, y ¿dijeron cuál es esa naturaleza? Si decimos que es la divina, entonces no es hombre, y al no confesar la humanidad estamos negando un aspecto; si decimos que es sólo hombre, se está negando que es Dios, entonces no puede tener una sola naturaleza.

La posición correcta es que la única persona del Hijo de Dios tiene dos naturalezas perfectas: La divina y la humana, que subsisten en la misma persona. Pero hubo otros que se fueron al otro extremo, y en vez de decir que eran dos naturalezas en una persona, dijeron que eran dos personas: una persona divina dentro de una persona humana, de manera que había un Hijo Divino y un Hijo del hombre, pero no eran la misma persona, pero la Palabra dice que Jesús es el Cristo y Él es el Hijo de Dios y Él es el Hijo del hombre.

No se puede decir que lo divino es una persona y que lo humano es otra persona, y que son dos personas yuxtapuestas, pero tampoco se puede decir que es una sola naturaleza, se tiene que decir sí que el Hijo de Dios es una sola persona pero que tiene dos naturalezas: la Divina en cuanto Verbo que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, pero asumió íntegramente la naturaleza humana también, así que tiene la naturaleza humana; es decir, son dos naturalezas de una misma persona. Esa fue la posición intermedia, ni un extremo ni el otro, ni el monofisismo de Eutiques que fue el que lo lideró, ni el nestorianismo; porque se llamó Nestorio el que daba a entender que eran dos personas. Donde se logró esa definición que hoy nosotros la decimos en unos pocos minutos, pero que requirió unos cuantos años de parto y por eso hablamos del parto de la Iglesia, fue en Calcedonia.

El Concilio de Calcedonia

Se logró en el llamado Concilio de Calcedonia. Así que hubo dos etapas claves en ese proceso de parto de la Iglesia acerca de la Cristología. Para confesar la consustancialidad del Hijo con el Padre; es decir que el Hijo juntamente con el Padre es Dios; eso fue la síntesis de la confesión en el Concilio de Nicea; claro que en este Concilio se trataron otros asuntos prácticos de obispados y presidencias, y algunas cosas con las cuales la Biblia no concuerda; y no estamos apoyando todo lo que se dijo y concluyó en el Concilio de Nicea, pero respecto al credo de Nicea, la parte en la que se confiesa la Divinidad del Hijo juntamente con el Padre, yo personalmente en ese aspecto tengo que decir que estoy de acuerdo con este Concilio, porque es la implicación verdadera que sale de la Biblia; y después también tengo por mi conciencia que decir que también concuerdo con la conclusión a que después llegaron en el Concilio de Calcedonia donde se definió que el Señor Jesucristo es una persona Divino-humana que tiene la naturaleza Divina y que tiene la naturaleza humana, y no es que es medio hombre y medio Dios, no. Es Dios porque es el Verbo.

La Biblia dice que el Verbo era Dios y hombre porque se hizo carne semejante a los hombres, estando en la condición de hombre; así que tenemos que confesar que el Hijo de Dios una sola Persona, es Divino en cuanto Verbo y humano en cuanto se encarnó con la plena naturaleza humana, con espíritu humano, con alma humana, con mente humana, con voluntad humana, con emociones humanas, con cuerpo humano, con pruebas humanas, excepto el pecado; porque cuando Dios hizo la naturaleza humana la hizo sin pecado. Fue Adán el que permitió que entrara, pero Él no permitió que entrara. El era un hombre en todo semejante a nosotros, solamente que sin pecado.

Entonces ahí el asunto se refirió fue a Cristo; esos fueron Concilios eminentemente cristológicos. Después sí, cuando ya el asunto de Cristo estaba más claro, vino el asunto del Espíritu Santo; porque los de Nicea estaban demasiado ocupados con un asunto y no se pueden ver todos.

Después de que estaba claro lo del Padre, lo del Hijo, lo del Hijo Divino, y luego el Hijo Divino y humano, su encarnación, cuando ya estaba claro lo que hoy se llama la Trinidad, se tuvo que tratar lo del asunto del Espíritu Santo, si el Espíritu Santo es Dios o no es Dios. Se le puede llamar también Dios al Espíritu Santo. ¿Es Divino también o no? ¿Es persona o no? o ¿qué es el Espíritu Santo? Por eso les mencioné a unos hermanos que son llamados los Capadocios, los grandes Capadocios, porque eran de Capadocia y además eran hermanos. Uno era el hermano mayor, otro el hermano menor y otro era un primo. Eran Basilio Magno, Gregorio de Niza y Gregorio de Nacianzo. Estos tres hombres, siervos de Dios, fueron los que profundizaron claramente en el asunto de la Divinidad del Espíritu Santo, la personalidad del Espíritu Santo. Y hubo otro que se llamó Dídimo que era ciego y se le llama Dídimo el ciego y es conocido como el teólogo del Espíritu Santo. ¿Por qué? porque ese fue su tema: El Espíritu Santo.

Las Personas Divinas

Fíjense que ya vamos en el siglo IV y para el V. ¿Qué le parece? solamente hablando del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y no todo; porque las primeras discusiones eran acerca de la sustancia o de la naturaleza divina o de la esencia divina. Sobre eso era que se centraba la discusión, pero como esa discusión quedó ya clara en los primeros siglos, entonces la discusión en la edad media no se centró ya tanto en la consideración de la esencia sino de la personalidad; porque primero había que definir qué era lo que la Palabra de Dios decía acerca de la esencia del Hijo, pero una vez que eso quedó claro, ahora lo que había que definir era las tres personas. ¿Qué quiere decir persona? ¿Y cómo si es una sola la esencia pueden ser tres personas? ¿Y cómo esas tres personas pueden ser distintas y en qué son distintas? ¿Qué es lo propio de cada persona? Es decir, que en la Edad Media, el análisis se concentró en la persona, en cambio en la edad temprana se concentró en la esencia, pero ya llevamos como doce siglos; o sea, que el parto ha sido largo y lento.

Gilberto de la Porré fue una de las personas que se dedicó a analizar lo que Dios decía en su Palabra y en qué se distinguían las personas del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, qué era propio de la persona del Padre, qué era propio de la persona del Hijo, qué era propio de la persona del Espíritu Santo aunque los tres eran de la misma esencia, qué se podía decir del Padre que no se podía decir del Hijo, qué se podía decir del Hijo que no se podía decir del Padre aunque tuvieran la misma esencia, o sea cuál era la distinción personal, dentro de la misma esencia, propia de cada persona, qué era lo que se podía decir del Espíritu Santo que no se podía decir del Padre y del Hijo; entonces todo eso era mirando lo que Dios mismo hablaba de Sí mismo; había que fijarse lo que Dios decía, lo que Jesús decía, cómo hablaba Jesús, cómo hablaba el Espíritu Santo, cómo Jesús hablaba con el Padre, como los Apóstoles hablaban del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, siguiendo minuciosamente las cosas. Nosotros no hemos hecho lo que otros han hecho; ellos en la Palabra seguían la pista de lo que Dios decía de sí mismo, con mucha atención en la Biblia para llegar a esas conclusiones. ¿Será que nosotros hacemos eso? pero a ellos lo que más les interesaba era tener juntas todas las declaraciones del Padre acerca de Sí mismo, todas las declaraciones del Hijo acerca de Sí mismo, todas las declaraciones del Espíritu acerca de Sí mismo, compararlas unas con las otras, ver qué era lo propio de cada uno y todo desde la Biblia, desde las Sagradas Escrituras.

Tenemos, por ejemplo, la llamada Escuela de San Víctor. No es que San Víctor se esté refiriendo a un santo en este caso, sino a un lugar que se llamaba San Víctor; claro que tuvo que haber otro Víctor para que le dieran ese nombre. Pero había un hermano que se llamaba Ricardo de San Víctor, otro se llamaba Hugo de San Víctor y había otro San Víctor que eran místicos y teólogos; entonces ellos profundizaron eso; pero había otro que se llamaba Gilberto de la Porré, y éste fue el que más se concentró en ese asunto de la distinción de las personas; todas estas consideraciones eclesiásticas tratando de comprender a Dios por lo que Dios mismo dice y comprender a Cristo y comprender al hombre; porque Cristo no es sólo Dios sino hombre también, pues si se comprende a Cristo nos vamos a comprender también nosotros. Las discusiones antropológicas duraron siglos; todo eso sirvió de base para esos tremendos castillos teológicos medievales cuando la Teología llegó a ser sistemática, escolástica, y ahí fue cuando surgieron Buenaventura, Alberto Magno y el más famoso de ellos, Tomás de Aquino. Eso fue por allá en el siglo XIII; entonces ahí se trató de resumir todo lo que había desde los siglos anteriores y llegar a una definición básica, y estos escolásticos fueron la base de lo que se llamó el Concilio de Florencia, muy famoso, en el cual se reunían los cristianos para distinguir que el Padre se distingue del Espíritu porque el Espíritu procede, pero el Padre no procede, aunque la esencia divina del Padre y del Espíritu es la misma, sin embargo la esencia divina subsiste en el Padre sin proceder, sino haciendo que de Él proceda, en cambio la misma esencia en el Espíritu subsiste procediendo, porque Jesús dijo que el Espíritu Santo procede, en cambio nunca el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu, ni los apóstoles, ni los profetas dijeron que el Padre proceda, por lo tanto el Padre no procede, y aunque la esencia divina del Espíritu es la misma del Padre, en el Espíritu subsiste como procedente; entonces la procedencia es la distinción entre el Espíritu Santo y el Padre, no en la esencia, sino en la manera como esa
esencia subsiste en el Espíritu.

El Padre, por ejemplo, no es engendrado, pero del Hijo se dice que es engendrado. Él mismo dice: Antes de los abismos, YO la sabiduría; es el Verbo, fue engendrado y se llama el Unigénito del Padre. Al Padre no se le puede decir Unigénito. Cierto, en el Concilio de Nicea se vio bien que el Padre y el Hijo eran de la misma sustancia o esencia, pero la esencia en el Hijo aparece con esta característica: subsiste como engendrado, no creado, sino engendrado, en cambio en el Padre es ingénita, no es engendrada. El Padre engendra y confiesa que Él engendra. Dice: “Yo te engendré”. En cambio el Hijo dice: Yo antes de los abismos había sido engendrado, y el Padre dice del Hijo que lo engendró y el Hijo mismo dice ser el Hijo del Padre, y el Espíritu Santo por los apóstoles le llama el Unigénito del Padre. Entonces sí hay una distinción, no en la esencia sino en la manera como la esencia subsiste en el Padre y en el Hijo. En el Padre la esencia Divina subsiste ingénita y sin proceder, entonces sí hay distinción entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, pero no en esencia, sino en la manera como subsiste la esencia en cada una de estas personas; o sea que ellos se dedicaban a tratar de comprender a Dios, según la Palabra de Dios; no fue una cosa fácil.

Filioque

Por ahí empiezan unos a decir: Entonces el Espíritu Santo procede solamente del Padre; basándose sólo en lo que el Señor Jesús dijo en Juan: “el cual procede del Padre”; de manera que dicen: Procede sólo del Padre; y hasta hoy en día la línea ortodoxa de los ortodoxos orientales, los patriarcas ortodoxos confiesan la procedencia del Padre, pero no les ha sido fácil confesar que el Espíritu Santo procede no sólo del Padre sino también del Hijo y esa expresión: Procede del Padre y del Hijo quiere decir filioque, y del Hijo. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (filioque, y del Hijo). Esa es la diferencia entre la Trinidad como la ven en occidente y la Trinidad como la ven en oriente. En oriente, los ortodoxos griegos, los rusos, confiesan solamente al Espíritu Santo procediendo del Padre; en occidente se llegó a concluir que no solamente procede del Padre, sino también del Hijo y algunos dicen del Padre y del Hijo, otros del Padre por el Hijo y otros solamente del Padre.

En el Concilio de Florencia, pero solamente durante ese Concilio, pudieron ponerse de acuerdo los de oriente y los de occidente y confesar el filioque, o sea la procedencia del Espíritu Santo no solamente del Padre sino también del Hijo, pero eso fue sólo durante el Concilio de Florencia. En cambio, después volvieron otra vez las generaciones siguientes a volver a decir: Nosotros vamos a confesar solamente la procedencia del Padre. Esas son cosas que hasta hoy algunos están discutiendo, pero en la Biblia también se ve el Espíritu Santo al cual Yo os enviaré del Padre, o sea que si es del Padre por el Hijo y es también a través del Hijo. El Padre ama al Hijo y hay un amor divino compartido, una plenitud divina que procede del Padre al Hijo y del Hijo al Padre; es una plenitud divina que tiene conciencia de sí, es el Espíritu, entonces creo que en occidente se ha tenido razón.

Sin embargo, la Iglesia Universal no es sólo en occidente, es universal y en estas cosas hasta hoy en día vemos gente que es arriana, gente que es unitaria, gente que no confiesa el filioque, gente que son monofisitas. Todavía hay reductos monofisitas, reductos nestorianos; de manera que la Iglesia Universal, debe tener estas cosas muy presentes. La Biblia dice: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios”. Fíjese que todo era lo que el Hijo creía y decía y quién era. No ha sido fácil, se ha demorado, se ha tratado el asunto de la consustancialidad, de la Trinidad en cuanto personas, de la naturaleza Divina y humana en la persona, y entonces todo esto es para mostrar que la discusión todavía continúa.

Ahora, algunos han empezado a ver el aspecto de la coinherencia de las Personas Divinas; entonces, como nosotros aquí estamos viendo coexistencia y coinherencia de las tres divinas personas en el único Dios verdadero, llegamos a considerar ahora ese asunto, pero éste se debe considerar después de lo otro. Todo lo anterior es necesario para que esto no quede en el aire. Primero había que ver si es una persona o son tres, entonces se decía son tres; esas tres son de la misma esencia o tienen distinta esencia: son de la misma esencia, pero son tres personas. Ahora, ¿qué es lo propio de cada persona? Esas tres personas son eternas y coexisten en un mismo Dios eterno; entonces todo esto se ha ido concluyendo. Cuando eso ya está decantado, empieza el Espíritu Santo a mostrar otras cosas.

Aunque el Padre y el Hijo son distintas personas y un solo Dios verdadero, sin embargo la palabra persona aplicada a las personas de la Divinidad se queda corta. ¿Por qué? Porque la palabra dice lo máximo que puede pero no dice todo lo que tiene que decir; pero como no hay otra palabra tenemos que usar esta palabra persona; pero la palabra persona se le queda chiquita. Claro que no podemos decir que no es persona porque hay que confesar lo mínimo, pero al decir todo lo que se puede, todavía no se ha dicho todo. Es como la palabra animal aplicada a nosotros; claro que se puede decir que nosotros somos animales racionales; usamos la palabra animal relativa a nuestros cuerpos de manera relativa. Todos podemos decir: nosotros somos animales, pero todos sabemos que aunque la palabra animal dice una parte de la verdad no está diciendo todo lo que debiera decir, y aunque es verdad que en lo corporal, lo biológico, tenemos una naturaleza similar a la de los animales y se nos puede calificar entre los mamíferos y entre los antropoides, pero los hombres, nosotros ya no somos antropoides sino antropos; lo de poides se lo dejamos a los orangutanes. De manera que la palabra animal la aceptaremos todos aquí con reservas, porque somos "animales racionales" y tenemos que agregarle el adjetivo "racionales"; nuestro cuerpo es mamífero, pero también sabemos que esa palabra animal se queda corta, no está diciendo todo lo que tiene que decir. Ahora, cuando empezamos a definir la palabra persona; la persona es un ser subsistente pero que tiene conciencia de sí y que puede decir: Yo soy; si alguien no es un yo, ni puede identificarse a sí mismo como un yo, no es persona; pero si alguien puede decir: yo soy, hermanos, tenemos que decir que es persona. La palabra persona no se le puede quitar porque sería decir menos; si no podemos decir todo, digamos lo máximo que se puede decir, fielmente.

Tres Personas y una esencia

La palabra persona se tiene que usar en relación al Padre, porque el Padre habla como persona. ¿Cómo podemos decir que el Padre no es una persona? Dios sería impersonal, sería una cosa, una sustancia; pero Dios se ha revelado como alguien que tiene conciencia de Sí mismo. Él dice: Yo soy el que soy, Yo te engendré hoy, venid a mí; tiene conciencia de Sí. Lo mínimo que podemos decir del Padre es que el Padre es una persona; pero ahora pasamos al Hijo; pero del Hijo también se dice que es una persona y se dice explícitamente, por lo menos en nuestra traducción. Dice que los profetas indagaban por el Espíritu considerando qué tiempo y qué persona; entonces dice que el Hijo es persona; pero además aunque no dijera en forma explícita que es persona, sin embargo, el Hijo se presenta como cualquier persona humana.

Si tú dices: Yo soy Betty, yo soy Carlos, yo soy Marlene, si no le reconocemos la calidad de persona a ustedes, se sentirían ofendidos.

El Hijo dice: Yo, Padre, tú en mí y Yo en ti; entonces no podemos dejar de confesar la personalidad del Hijo. El Hijo es una persona y vemos que también el Espíritu Santo usa la primera persona. Vimos algunos ejemplos; los dijo Dios, los dijo el Espíritu, entonces si nosotros no decimos que es persona, es casi como decir que no es persona. Puede ser que usted no diga el Hijo es persona o el Espíritu Santo es persona, pero si usted no lo dice es como si dijera el Espíritu Santo no es una persona. ¿Se da cuenta lo delicado que es? Si no es una persona, ¿cómo es que se contrista? ¿Cómo es que habla y dice: Apartadme a Bernabé y a Saulo a la obra a que Yo los he llamado? ¿Se dan cuenta, hermanos? Hay que confesar lo de personas relativo al Padre y también al Hijo y al Espíritu, y hay que confesar que son tres personas y que son tres personas distintas porque cada una tiene su particularidad y su propiedad que no se le puede decir de la otra, como lo que acabamos de decir de la procedencia del Espíritu Santo.

Eso es lo propio de la persona del Espíritu Santo, la procedencia y la generación es lo propio de la persona del Hijo y el engendrar y exhalar es lo propio de la persona del Padre.

Ahora, la esencia es una y es la misma, por eso no podemos hablar sino de un solo Dios verdadero, pero en ese Dios verdadero subsiste uno que dice: Yo te engendré; otro que dice: Tú me engendraste, y otro que dice que procede del Padre y del Hijo. Hasta aquí la cosa había quedado más o menos clara, la coexistencia de las tres Divinas Personas; pero ahora nos damos cuenta que esa palabra persona, aunque no dice mentira, no dice todo; porque resulta que de pronto Jesús habla de que una persona está en la otra, y ahí si que nos ponemos a pensar; porque si nosotros hablamos la palabra persona en el sentido nuestro, Alejandro es Alejandro, Carlos es Carlos, Fabiola es Fabiola y listo, son tres personas no sólo distintas, sino separadas; pero en la Divinidad única, esas tres personas, aunque son distintas, no están separadas, sino que están una dentro de la otra; y ¿cómo es eso? Como dice: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” Dice que el Hijo está en el Padre y también que el Padre está en el Hijo; eso lo dice Dios. El Hijo está en el Padre, el Padre está en el Hijo, y el Padre está en el Hijo de tal manera que a veces el Hijo pareciera el Padre.

“Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Y hasta el profeta Isaías le llamó el Padre eterno; y si solamente hubiera hablado Isaías, diríamos, los sabelianistas tienen razón, el Padre es el Hijo; pero en otra parte dice: “Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti” (Juan 17:21). Ahí aparecen dos personas, pero esas personas son coinherentes, es decir, una se mete en la otra, la otra se mete en la una y las dos se hacen una, y a veces dice: nosotros; a veces dice: Yo. A veces el Espíritu Santo aparece como si fuera el Hijo, el Hijo como si fuera el Espíritu, el Padre como si fuera el Hijo, y el Hijo como si fuera el Padre; o sea que la cosa es un poco más complicada, pero así es como está revelado.

A veces se dice Hijo de Dios, por ejemplo en la carta a la iglesia en Tiatira: “Y escribe al ángel de la Iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios” (Apocalipsis 2:18). Y después de que habló el Hijo de Dios que tiene ojos como llama de fuego y una espada de dos filos, aunque la espada de dos filos le habló a Pérgamo, pero como Hijo de Dios le habló a Tiatira, luego dice “29el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Al fin ¿quién dice, es el Hijo o es el Espíritu? Cuando leemos, por ejemplo, Romanos 8:11: "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús (es decir, el Espíritu del Padre) mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su espíritu que mora en vosotros”. Pero por su Espíritu.

Dice en el versículo 10: “Pero si Cristo está en vosotros”. En el versículo 11 habla del Espíritu del Padre, y ahora dice que es Cristo; luego tú recibes a Cristo y recibes también al Padre, porque el Padre viene en el Hijo. No me ha dejado solo el Padre, el que me envió conmigo está. El Padre que mora en mí, Él hace las obras. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros”.

Ahí es cuando se empieza a tomar conciencia de eso que ha sido llamado la coinherencia, o sea esas tres Divinas Personas que coexisten desde la eternidad y que son distintas pero no en esencia, sino en la manera como en la misma esencia subsiste Su persona con particularidades propias; sin embargo, esas tres personas coexistentes, tienen unas propiedades que las demás personas no tienen, así como estos animales racionales tenemos algunas propiedades que otros animales no tienen.

No os dejaré huérfanos

Es que son coinherentes y es que el uno está en el otro al mismo tiempo que el otro está en el uno, y a la vez son plurales y a la vez son singulares y a veces pareciera como si uno fuera el otro, y lo dice así en 2 Corintios 3:17: "Porque el Señor es el Espíritu". Pero al fin,
¿Quién es el Espíritu, el Hijo o el Espíritu Santo? Parece que el Hijo es el Espíritu Santo y que el Espíritu Santo es el Hijo, porque dice: “18No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 26Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, el os enseñará todas las cosas” (Juan 14:18,26). Pero al fin, ¿quién viene? ¿Viene el Hijo o viene el Espíritu Santo? El Hijo dice: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”; es decir, que Él vino y a veces dice que el Padre también vino, y el Padre y Yo vendremos y el que viene es el Espíritu Santo; pero si decimos que vino solo el Espíritu Santo, no es cierto, porque el Hijo dijo: Yo vendré, no os dejaré huérfanos, vendré a vosotros y Yo estoy en vosotros, entonces cuando vino el Espíritu Santo vino el Hijo.

San Pablo, que no había tenido que sufrir los problemas de los Concilios, sin ningún prejuicio dice: “Porque el Señor es el Espíritu”; o Isaías 9:6 dice: “Hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”, y para colmo le añade el apellido eterno.

Entonces, hermanos, nosotros tenemos que dejarle decir a Dios todo lo que dice de Sí mismo, así nuestra mente natural no entienda nada; pero tenemos que creerlo y tenemos que decirlo. Ahora, el asunto es decirlo todo junto, porque si decimos solamente que el Señor es el Espíritu y el Hijo es el Padre Eterno, entonces vamos a caer en el unicismo; y ese es el problema de que algunos escogen unos versículos y otros escogen otros, pero a nosotros nos toca aceptarlos todos y dejarles decir lo que dicen y decirlo tal como lo dicen, así nos corten la cabeza, pero decirlos toditos.

Porque ese fue el ejemplo que nos dejó Juan. Por una parte dice: En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios. ¿Se dieron cuenta? ¿Era con Dios porque no era Dios? Y el Verbo era Dios. ¡Ah! Ahora ustedes son los que tienen que darse cuenta, dice el otro lado; entonces era Dios, no, era con Dios; no, con Dios, Dios mismo; no, no, cómo va ser Dios mismo si era con Dios, no, pero es que es con Dios y es Dios, es con Dios y es Dios; pero son dos Dioses, no, es un solo Dios. La cosa es compleja; pero, hermanos, lo estamos haciendo con todo respeto; no lo estamos haciendo como broma, sino queriendo ser responsables. Es Dios el que habla así, es el Espíritu Santo el que habla así, es el Hijo de Dios el que habla así, es por el Espíritu de Dios que los profetas hablan así, que los apóstoles hablan así de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y en la Biblia estas tres personas distintas del único Dios Verdadero que coexisten desde la eternidad, están una en la otra y una viene en la otra y a veces viene como la otra, y cuando viene una viene la otra y una está aquí y la otra está ahí y el otro no es el otro, pero si es otro distinto y es el mismo; bueno, es difícil pero eso está ahí.

¿No crees que Yo soy en el Padre? Él no sólo es en Sí mismo, sino en el Padre y el Padre es en el Hijo, pero Él no dice: Yo soy y punto; Él dice: El Padre es, pero en mí y Yo soy, pero en el Padre; y dice que el Padre está en el Hijo, pero también dice que el Hijo mora en el seno del Padre. El Padre está en el Hijo; el que recibe al Hijo recibe al Padre y el Hijo viene en el nombre del Padre como si fuera el Padre, y se tiene que decir que el Padre mismo está ahí, se tiene que decir que está ahí. “¿Cuánto hace que estoy con vosotros? Está hablando el Hijo, pero habla en el nombre del Padre, como si fuera el Padre.

“8Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. 9Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?” Parece que fuera la misma persona, pero luego dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? 10¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? 11Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí” “El que me recibe a mí, recibe al que me envió”. Aquí está un Padre que envió y un Hijo enviado, pero el Padre enviador viene en el Hijo enviado y el Hijo viene en el nombre del Padre y el Padre viene en el Hijo, y cuando viene el Espíritu Santo, viene el Hijo y cuando viene el Hijo viene el Padre y no se puede tener al Padre sin el Hijo y sin el Espíritu Santo. Pero si tú recibes al Espíritu Santo, recibes al Hijo, si recibes al Hijo recibes al Padre, porque el Padre es en el Hijo y el Hijo es en el Padre y no se puede tener al Padre sin el Hijo; el que tiene al Hijo tiene también al Padre. Son cosas complejas, pero así habló Jesús y es porque así es.

Ahora, si la palabra "persona" para este tipo de relaciones en lo humano le queda corta, no podemos quitar esa palabra persona, porque es persona, pero son Personas Divinas; como nosotros somos animales, pero racionales, así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Personas pero Divinas, que son coexistentes pero también coinherentes, que está uno en el otro, y uno se trasfunde con el otro y uno aparece como el otro y es el otro, y sin embargo no es y sí es. ¡Qué misterio!

Pero así apareció, así habló, así se reveló, y a Él es a quien amamos y lo amamos como Él es y nos lo comemos enterito, con pezuñas, con intestinos, con todo, como hay que comérselo, como está escrito; y debemos tener todos los versos y dejarle a cada verso decir todo lo que dice, con todas sus implicaciones y decirlo nosotros también así, pero decirlo juntamente con lo que parece contrario, decirlo al mismo tiempo; decir esto y también aquello, ¿quién es el que está en quién? ¿El Hijo en el Padre o el Padre en el Hijo? Dice las dos cosas. ¿Quién viene el Hijo o el Espíritu? El Hijo, el Espíritu, ¿es Dios o es hombre? Es Dios, es hombre. ¿Son tres personas o es una sola persona? Son tres personas, pero a veces están tan compenetradas, trasfundidas la una en la otra que parece que fuera la misma, pero al instante parece que fueran tres, por eso no son tres Dioses, sino un solo Dios, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Eso era ya complejo antes, pero eso complejo parece sencillo frente a lo demás; está en la Biblia.

Así que, hermanos, además de la coexistencia de las tres Personas Divinas distintas en el único Dios Verdadero debemos confesar también la coinherencia de estas tres personas que están una en la otra y se trasfunden una en la otra y aparece una con la otra y vino una y llegó la otra; en fin, tenemos que aceptarlo así, porque así está en la Escritura. Nos evitaremos más problemas dejándolo así como está escrito y con todas sus implicaciones, pero nunca sacar una implicación que contradiga otra, es decir que niegue a otra que también sea confesada por Dios en la Biblia, tenemos que aceptar al Dios de la Biblia, al Dios revelado en la Biblia como está ahí. Aunque no hayamos entendido, creemos en la coinherencia del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Bendito sea el Nombre del Señor. Amén.


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HACIA EL CENTRO

Por cristianogiv - 18 de Julio, 2006, 18:59, Categoría: General

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HACIA EL CENTRO



por:   GINO IAFRANCESCO V.


© "Hacia el Centro". 1992-1993, Gino Iafrancesco V., Bogotá, Colombia. Los derechos son del autor. Se permite la total reproducción y la distribución gratuita de este libro: "Hacia el Centro", con la única condición de citarse la fuente, con el fin de que se pueda corroborar y guardar la fidelidad al texto. El autor no permite modificaciones al texto.



P R E F A C I O

El presente libro de Gino Iafrancesco V., "Hacia el Centro", constituye el primer tomo de la serie: "LA ENSEÑANZA DEL MINISTERIO", y ha sido conformado con base en  transcripciones de algunas de las enseñanzas dadas en forma oral por el autor en las localidades de Ciudad Kennedy, Fontibón y Tunjuelito, de Santafé de Bogotá D.C., Colombia, entre Octubre de 1992 y Marzo de 1993, si bien el capítulo sobre "Epignosis", que pertenecía a esta serie, fue sustituido por uno posterior un poco más completo sobre el mismo tema, aunque aquí apenas se presenta su introducción.

El nombre del libro: "Hacia el Centro", y los capítulos que integran el presente tomo, han sido seleccionados a manera de introducción preparatoria a toda la serie de La Enseñanza del Ministerio, en razón a que está dirigido mayormente a los creyentes en Jesucristo en general, en vistas a enfatizar la importancia de tener en cuenta los objetivos centrales de Dios.

Para facilitar la lectura, se ha optado por unificar las citas bíblicas utilizando únicamente la versión española de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera revisada en 1960 de las Sagradas Escrituras; sin embargo, donde se ha creído conveniente, el autor ha hecho alguna paráfrasis para mayor comprensión del tema que se trata, citándose también a veces el texto bíblico en el griego que le sirve de fuente.



CONTENIDO




   1-    La Madurez de la Esposa  
 
  2 -    Epignosis   

 
  3 -    La Encomienda Apostólica de un Depósito                    

         
para el Candelero
 
  4 -    Una lección en Efeso 

 
  5 -    Jornadas y Sazones  

 
  6 -    Conciencia de Propósito 

 
  7 -    Conciencia de la Economía Divina  





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