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JUSTIFICACIÓN Y SANTIFICACIÓN

Por cristianogiv - 15 de Julio, 2006, 20:04, Categoría: General


Provisiones de la Cruz (17)


JUSTIFICACIÓN Y SANTIFICACIÓN

Cristo dado a la Iglesia

Vamos a centrar el presente capítulo en dos conceptos. Cuando se dice conceptos, se refiere a las palabras espirituales enseñadas por el Espíritu para acomodarse al contenido espiritual, y se refieren a realidades. El nuevo pacto consiste en la administración no sólo de las palabras, sino de las realidades. En este nuevo pacto, Dios nos administra la realidad de las palabras.

En la primera carta de Pablo a los Corintios, en el verso 30 del capítulo 1, inicialmente hay cuatro conceptos, los cuales, todos ellos, son Cristo para nosotros; esos son: Sabiduría, justificación, santificación y redención. Como estamos siguiendo la serie de las provisiones tras la cruz, llegamos a dos conceptos claves que son en parte provisión de la cruz y en parte provisión de la resurrección.

Estamos por hacer el traslado de las provisiones de la cruz a las de la resurrección. Hay cosas que el Señor hizo en la cruz y en la resurrección que nos vienen de Dios por el Espíritu en Cristo, y alguna parte de ellas proviene de lo hecho en la cruz, y otra parte de lo hecho en la resurrección.


Los dos conceptos claves que vamos a mirar son el de justificación y santificación. La Palabra habla de ser justificados por Su sangre, la sangre de la cruz, pero también dice del Señor que fue resucitado para nuestra justificación. Entonces, primeramente vamos a ver a Cristo mismo siendo todas estas cuatro cosas que aparecen aquí, pero no quisiera entrar directo a analizar el verso 30, que es, como si dijéramos, el plato fuerte, sino que antes miremos unos versos que son el trasfondo que hace resaltar este plato fuerte.


Leamos desde el verso 24, porque eso hace mucho más significativo la provisión referida en el verso 30. “Mas para los llamados así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. Aquí empieza a desglosar, porque era necesario que Cristo fuera hecho para nosotros sabiduría de Dios y poder de Dios, porque ciertamente Dios no encontraría ayuda en nosotros sino necesidad y urgencia desesperada. A continuación la Palabra empieza a explicar por qué Cristo tiene que ser para nosotros de parte de Dios poder en el vivir y sabiduría divina, cuando dice (v.25): “Porque lo insensato de Dios ( no es que Dios tenga algo insensato, sino lo que a los hombres les parece insensato en Dios) es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres”. No es que Dios tenga algún rinconcito débil, pero hay personas que les parece encontrar debilidades en Dios, y hasta se atreven a opinar que podrían enseñarle un poquito a Dios. Y ahora explica a qué se refiere lo insensato y lo débil de Dios. ¿Sabe usted a qué se refieren? Nosotros somos lo insensato y lo débil de Dios.


"26Pues mirad, hermanos, vuestra vocación (analícense ustedes mismos), que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles”. La mayoría en la Iglesia no son grandes eruditos; algunos pocos, pero no son muchos. La mayoría son personas sin mucho poder decisivo, ni económico, ni tampoco muchos nobles; puede ser que alguien sea un conde, o que una marquesa se convierta al Señor, pero no son muchos. “27Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. Lo necio, pero ahora baja el escalón; y lo débil, porque lo necio es más fuerte que lo débil, pero ser débil es todavía peor que ser necio. Al escoger a lo débil, Dios no escogió a alguien que pudiera prestarle una ayuda. “28Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que es, para deshacer lo que es, 29a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

Luego en el verso 30 llegamos hasta el fondo, porque hasta ahora era trasfondo negro, lo insensato y lo débil de Dios que somos nosotros sus escogidos.


“30Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención”.

Sabiduría, porque como somos necios, Dios nos dio a Cristo por sabiduría; como somos débiles, Dios nos dio a Cristo por santificación; como somos viles, Dios nos dio a Cristo por justificación; como no valéis nada, estáis en Cristo Jesús, el cual nos ha sido dado o ha sido hecho redención para nosotros por Dios. Dios hecho para nosotros a Cristo la sabiduría de los necios, de los débiles, de los insensatos, de los que no son eruditos, de los que no saben nada. Dios les dio a Cristo en lugar de su necedad, a Cristo en lugar de su vileza, a Cristo en lugar de su menosprecio, de su debilidad, etcétera. Nos ha sido hecho por Dios sabiduría. Cristo sabiduría de Dios. Pero no sólo sabiduría de Dios para sí mismo, sino hecho sabiduría de Dios para los insensatos, para los necios; a sea que Dios ha escogido una mayoría de insensatos y algunos pocos eruditos para decir que la sabiduría del mundo no es vida; que es más sabiduría Cristo en el insensato, que la sabiduría de los sabios, y los eruditos se avergüencen ante la sabiduría de Dios.


Dice el Señor en Su Palabra: "19Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros”. Eso el mundo no lo puede recibir. Dice el Señor Jesús que sólo se le dará a la Iglesia, y que nadie la podría resistir, y nos hizo este encargo, no os afanéis. Propongámonos en no tratar de calcular qué es lo que vamos a decir, a hacer. La llave no está en confiar en mi biblioteca, en mis técnicas, en mis estudios; por eso Yo escogí insensatos, para que no tengan de dónde agarrarse, ni en quien confiarse.


Somos declarados justos

Veamos ahora el concepto de justificación. Justificar a alguien es declararlo justo; al que se declara inocente y libre de culpa es lo que se llama justificado, sin macha, pues es declarado inocente. Eso significa que fue justificado. La Palabra del Señor dice que Dios hizo a Cristo nuestra justificación. Muchas veces tenemos esta tendencia; es normal, es como un instinto de autojustificación de imagen, tratamos de limpiar nuestra propia imagen y no quedar como tan mal; entonces estamos perdiendo el tiempo, porque no estamos permitiendo que nuestra justificación sea Cristo, sino que nos estamos justificando por nuestras propias obras, pero la Palabra del Señor dice que por la ley nadie se justifica para con Dios. Algo que debemos siempre tener en cuenta es que nuestra única justificación, suficiente en tres sentidos, ante Dios, ante nosotros mismos y ante el diablo, es solamente Jesucristo. Dios hizo a Cristo nuestra justificación; nunca tratemos de responder con nuestra propia inocencia, con nuestra propia justicia. Que el Señor nos ayude a decir: Señor, a lo mejor soy más malo de lo que me quejo; porque generalmente es así. Si no nos damos cuenta de lo que somos, uno lo ve muy fácil en otras personas, pero otros lo ven igual de fácil en uno; pero uno sí que no lo ve. Llega un momento en que el Señor le dice a uno: Deja de decir cosas, deja de justificarte, cállate, lo que realmente mereces es la muerte. Pero Cristo murió por mí, me cargó en la cruz, terminó conmigo y me sepultó en el bautismo. Ahora resucitó para hacerme una vida nueva junto con lo que Él es; no con mi justicia, respuestas, justificaciones.

Somos dados a dar explicaciones para no quedar mal, a justificarnos a nosotros mismos, en vez de quedarnos con la única justificación, el Señor Jesús, que le hace bien, aun incluso a los acusados.

Fijémonos en lo que habla de la justificación y la santificación. La santificación es algo diferente a la justificación. En forma global nos dice que nuestra santificación es Cristo, pero hay aspectos de nuestra santificación que nos hizo la cruz, y otros aspectos que los ha hecho la resurrección. La santificación quiere decir separación para Dios, y por medio de la cruz es que somos separados para Dios; separados del pecado, de la carne, del mundo, del diablo, del ego y de lo natural.

Esa separación es un corte, y este corte se hizo en la cruz.

En la Biblia se habla de una santificación ya hecha, ya cumplida.

Algunas veces nosotros pensamos que la santificación, a diferencia de la justificación, es algo que nosotros tenemos que hacer. Decimos: Él me perdonó y me justificó por gracia, y ahora por mí mismo voy a hacer el esfuerzo de servir al Señor y vivir una vida santa, porque sin santidad nadie agrada al Señor. Entonces empezamos a santificarnos por nosotros mismos. Cierto que debemos vivir una vida santificada, y cierto que por gratitud al Señor, debemos separanos para el Señor, pero la virtud para esa santificación, para esa separación y vivir una nueva naturaleza santa, proviene de la resurrección. No sólo para ser perdonados, para agradecer a Dios por el perdón, necesitamos también a Cristo como nuestra santificación.


La santificación y la cruz

Veamos la santificación en el aspecto de la cruz. En la cruz fue hecha la santificación una vez para siempre; no es algo que yo voy a hacer, no; yo tengo que contar con lo que Él hizo para poder andar en santidad. Si Él no lo hace, yo no puedo. Él lo hizo y ya lo es; entonces ahora yo puedo andar en santidad.

Leamos en Hebreos 10:5-10: “5Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo”.

Esto se refiere a cuando el Señor, el Verbo, se hizo carne. Ese tipo de ofrendas antiguas, que eran de animales, eso era sólo el símbolo, eso era para enseñarnos que era necesario el sacrificio del Mesías, pero Dios no quería quedarse en ese día, en el Antiguo Testamento. El cuerpo es el verdadero sacrificio, el verdadero logro va a ser a través de la encarnación del Verbo. “6Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí”.

Entonces explica el autor: “8Diciendo primero: Sacrificios y ofrendas y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último”.


¿Qué es lo que ahora queda establecido en el nuevo pacto? Veamos lo que dice el verso 10: “En esa voluntad (en la del Señor Jesús, en la del Padre cumplida por Cristo) somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. Aquí está declarada una provisión de nuestra santificación en la cruz, porque dice que somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.


Leemos en los versos 12-14: “12Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrados de sus pies; 14porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Notemos que no se está dando poco a poco en un proceso, no. La aplicación es un proceso, pero cuyo fruto es de una provisión ya hecha; es decir, primero se pone el dinero en el banco y luego se van cobrando los cheques conforme a la necesidad; pero no podemos cobrar cheques si no hay cuenta en el banco. La cuenta en el banco es nuestra total santificación y perfección hecha ya cuando Cristo murió en la cruz por su ofrenda, la de su cuerpo; allí fuimos santificados, o sea, separados para Dios y hechos perfectos para siempre. Con una sola ofrenda hizo, en pasado, es un hecho divino, no importa si el diablo me dice, pero eso no se ve en ti. Y a ti qué te importa, diablo; eso no disminuye lo que Él hizo, así que tú te vas de aquí, porque yo cuento con eso, y lo voy a cobrar, y me levanto en fe; no por obras sino por fe, por suministro del Espíritu, por fe nos hizo perfectos para siempre a los santificados.


Vemos, pues, que la ofrenda de Cristo santifica y perfecciona como un hecho. “Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Hay una santificación y una justificación que provienen de la cruz, de manera que somos declarados inocentes gracias a que un inocente tomó nuestro lugar en la cruz y llevó Él nuestra culpa.

Entonces esa parte del inocente, morir en la cruz, hace que se vaya nuestra culpa, pero además también resucitó y por Su Espíritu se metió en nosotros y nos hizo una nueva criatura, creada en la justicia y santidad de la verdad.


La cruz y la resurrección

La nueva creación tiene un elemento de justicia y de santidad en la cruz. Allí fuimos separados y justificados, y también en la resurrección. La cruz quita lo negativo y la resurrección suple lo positivo. La operación tiene que ser doble; por eso es que la obra del Señor es en la cruz y en la resurrección. La cruz fue necesaria para encarar todas las cosas negativas que se introdujeron en el universo desde el primer pecado en el cielo; entonces el Señor Jesús habiendo sido el Verbo y siéndolo, se encarnó, debió asumir la creación, vestirse de criatura, porque la criatura fue la que llevó la condición caída, y Él tenía que vestirse de criatura y reivindicar y destruir en su condición como criatura el mal que había entrado en la criatura; entonces Él fue a la cruz para terminar todo lo negativo que fue introducido, pero ahora había que suplir lo positivo; ahora no sólo había que destruir algo que provenía de una naturaleza indigna, sino que había que insertar una nueva naturaleza, la divina, y por eso es que Él tenía que resucitar para comenzar de nuevo. Somos declarados inocentes por una parte porque alguien tomó el lugar del culpado.

Ahora, como Dios es justo, Él no va a castigar dos veces una misma culpa, porque nuestra culpa fue castigada en el inocente para que ahora el culpable sea tratado como inocente, porque el inocente fue tratado como culpable. Si el inocente fue tratado como culpable para que el culpable sea tratado como inocente, entonces Dios nos recibe como inocentes, en justicia; no sólo en misericordia sino en justicia, porque Dios es justo, porque ya hubo uno que siendo inocente pagó; y si yo pago por alguien, no pueden cobrarle otra vez.


La muerte del Señor hizo esa parte de la justificación, quitó nuestra culpa, nuestra condición de deudores, porque la deuda fue pagada, pero necesitábamos además la naturaleza de justos, no sólo el perdón y la declaración de inocencia, sino la nueva vida de inocencia; por eso Él tenía que resucitar para convertirse en nuestra justificación; y por eso dice la Biblia en Romanos 5: "Resucitado para nuestra justificación”; es decir, que la justificación nos llevó como posición judicial delante de Dios por la muerte, pero como experiencia, como naturaleza justa, por medio de la resurrección.


Separación para Dios

Lo mismo sucede con la santificación. Santificar significa primeramente separar; es decir, a alguien que está adherido a lo común y lo inmundo. Ser santo es lo contrario, no sólo de ser pecador o ser inmundo, sino de ser común. Una cosa santa no solamente es no pecaminosa sino una cosa no común. A algo que ha sido separado para Dios no se le puede dar un uso común; nosotros somos santos, no somos comunes, no solamente porque somos perdonados de los pecados, sino que ya no podemos estar en lo común, sino separados para Dios.

La santificación tiene varios niveles; inclusive hay incrédulos santificados por Dios, pero en el aspecto de ser separados para Dios por causa de sus parientes creyentes. Pero todavía esa santificación no es tan completa como tener la naturaleza santa de la nueva creación, pero sin embargo, hay una separación. Esto está en la Biblia en 1 Corintios 7:14, donde aparece un primer estadio muy superficial de la santificación, pero que la Biblia dice que hay santificación. Allí dice: "Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer (aunque en un mínimo grado es santificado por el Señor), y la mujer incrédula en el marido (también es separada para Él); pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos”. Este nivel de santificación quiere decir que hay un cerco especial en esa persona. Dios se ha comprometido con los parientes de los creyentes.

 La Palabra dice: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa". Y aquí estamos leyendo que el marido incrédulo es santificado en la mujer; esto es un primer nivel de santificación, y no es el que proviene de la resurrección en el sentido de que ellos ya en este momento hayan creído, pero ellos ya están separados, son personas que están en un nivel diferente de los demás incrédulos. Pueden ser tan incrédulos como los otros, pero hay una gran diferencia, pues están adheridos de una manera especial a alguien que es un miembro de Cristo. Por esa causa Dios lo ha separado para Él.


Participación de la naturaleza de Dios

Ahora veamos el aspecto de la justificación y de la santificación que proviene de la resurrección. Por una parte, santificación significa separación para Dios, pero por otra parte significa participación en la naturaleza santa de Dios. Este aspecto de la santificación, el de participar de la naturaleza divina, que es justa y santa por esencia, esto proviene de la resurrección. Dice en Efesios 4:22-24:

“22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.


Cuando dice renovaos, eso es ejerciendo en Su gracia la fe para ser renovados. Más adelante, cuado entremos detenidamente a ver las provisiones de la resurrección, volveremos a la renovación. En esta cita encontramos tres cosas: Verdad, justicia y santidad, y dice que el nuevo hombre fue creado en justicia, o sea, que la nueva criatura que tú eres desde que por la fe, no por las obras de la ley, recibisteis al Señor y al Espíritu, y el perdón, esa nueva criatura es justa, es santa y es verdadera por creación de Dios; no es algo que yo voy a hacer, no es algo que yo voy a lograr, es algo que Él logró, y ahora Él es nuestra sabiduría, nuestra justificación, nuestra santificación. Dios hizo a Cristo nuestra justificación, Dios hizo a Cristo nuestra santificación. Aquí no es algo que nosotros vamos a alcanzar como un premio, sino que nosotros recibimos al oír con fe la Palabra, y por la fe se nos suministra el Espíritu, y por el fluir del Espíritu, entonces nosotros nos vestimos, nos renovamos en fe, porque el Señor dice, anímate, levántate, tú puedes porque ya eres justo, porque ya eres santo.


Esta traducción bíblica fue hecha desde la época de la Reforma protestante, donde apenas se estaba comenzando a ver la justificación con Lutero, y en algunas versiones de la Biblia se encuentra alguna traducción que no dice todo lo que dice el texto de Pablo. En la traducción uno lee que dice: “llamados a ser santos”, pero Pablo dice, “llamados santos”, porque la santificación, para poder experimentarla, hay que recibirla. Si un árbol va a dar fruto, tiene que estar programado ese fruto ya en su naturaleza; si no está ya programado, no va a dar fruto, y así tenemos que entender lo que hace el Espíritu para reproducir a Cristo en la Iglesia. No es que yo vaya a alcanzar la justicia; Él es la justicia, y la justicia está programada en el nuevo hombre para realizarse a la estatura de Cristo.


Eso es provisión de Dios en la Cruz. Cristo nos ha sido hecho para nosotros los débiles, santificación. Como somos débiles, Dios tuvo que injertar una simiente nueva, incorruptible. Esta simiente tiene todo el poder de reproducirse; si es primero ofrendado por Dios, no va a perecer nunca. No solamente recibimos el perdón, sino la condición de nuevas criaturas; y una cosa que fue hecha en la cruz fue que “las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Y ese nuevo hombre fue creado por Dios; no es algo que yo tengo que hacer, ya esta hecho, creado en la justicia y santidad y verdad. Entonces esta justicia y esta santidad es la que proviene de la resurrección; es la inherente a la naturaleza divina que está en nosotros por Jesucristo.


Y también dice: "Hecho sabiduría, justificación, santificación y redención". Esta palabra es muy grande. Redimir es rescatar, y rescatar es volver a recuperar lo que se había perdido. Entonces fijémosnos en que Dios había dado algo al hombre, y el hombre lo vendió, lo perdió, y ahora el Señor lo recuperó y pagó el precio para que nos sea devuelto lo que es nuestro en Cristo. Es cierto que Dios escogió lo débil, lo menospreciado, lo que no es, lo que en sí mismo no puede presentar nada a Dios, pero por Él estamos en Cristo. Hay que entender esto muy bien, que por Dios estamos en Cristo. Si nosotros hubiéramos estado toda la reunión de pie, estaríamos cansados, pero ¿por qué estamos más descansados? Porque estamos en la silla; esto significa que todo el peso está en otro. Entonces Dios nos puso en Cristo. Esta palabra tan pequeña es tan grande. Esto quiere decir que ya no llevamos el peso, y Él ahora es hecho sabiduría para nosotros. Nuestra debilidad y nuestra vileza está en Cristo.

Nosotros hemos visto cuando se está construyendo un segundo piso. Si no fuera por el de arriba, nos enterraríamos en ladrillos. Todo se lo mandamos al de arriba.

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Continúa con: Participando de los padecimientos de Cristo.

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