El Blog

Calendario

<<   Julio 2006  >>
LMMiJVSD
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31       

Categorías

Sindicación

Enlaces

Alojado en
ZoomBlog

LOS RUDIMENTOS DEL MUNDO

Por cristianogiv - 15 de Julio, 2006, 21:09, Categoría: General


Provisiones de la Cruz (9)


LOS RUDIMENTOS
DEL MUNDO



Tergiversaciones sobre los rudimentos

El Señor trató en la cruz con los rudimentos del mundo.  Si el lector o las personas no están bien familiarizadas con la Palabra, quizás cuando oyen por primera vez hablar de los rudimentos del mundo, es posible que se imaginen que se trata de cosas pecaminosas que hay en el mundo, que hay en la tierra.  Generalmente cuando oímos hablar de los rudimentos del mundo, entendemos o lo relacionamos con que una persona es muy mundana, que seguramente se trata de un borrachín, mujeriego, drogadicto, ladrón, mal hablado, mal marido o mala mujer, o lo que sea; eso es lo que uno piensa cuando se oye decir que una persona es mundana. Pero, ¡qué paradoja! Muchas veces esa misma actitud de tachar de mundano es también mundana, y precisamente vamos a estar analizando esa otra cosa del mundo, que precisamente por no tener “cachos”, es que ha engañado a muchos hijos verdaderos y tergiversado ciertas verdades de Dios, y a nosotros mismos en cualquier momento nos puede engañar. Entonces necesitamos saber lo que la Palabra del Señor dice acerca de los rudimentos del mundo, y en qué consisten, y cómo, gracias a la cruz de Cristo, hemos muerto a los rudimentos del mundo. En capítulos anteriores ya hemos hablado en forma global del mundo.  El mundo nos fue crucificado y nosotros al mundo; pero es posible que nos haya quedado el sabor de que el mundo quizá se refería a las cosas negativas, a las cosas feas, a las cosas malas, desagradables, y ahora vamos a ver la cara muy simpática del mundo, y que es nada menos que el mundo, y que se llama así en la Biblia, el mundo.

La etapa de la niñez espiritual

“1Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; 2sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre” (Gálatas 4:1-2).

Este problema no se da solamente con personas perdidas, sino como dice este versículo, también con legítimos herederos, solamente que cuando los herederos son niños, por su niñez pueden deslizarse en este aspecto del mundo que vamos a considerar en este capítulo.  Sí, hay período, digamos de enriquecimiento espiritual, unas primeras etapas, en que son necesarios los tutores y curadores. ¿Cuál es la función de los tutores?  Son los que tienen que enseñar qué es lo que hay que hacer, cómo hay que encarar aquello, esto, si se hace así; esto lo hace así porque si no se hace así queda mal; debes de hacerlo de tal manera, porque si no lo haces así no te conviene, en cambio así sí te conviene.  Es un continuo acudir a las opiniones, a los consejos exteriores de otras personas un poco más maduras que uno, y eso es necesario mientras el heredero es un niño.


Pero no es la voluntad de Dios que ese sea el estado permanente de los hijos de Dios, de los siervos de Dios. Es un período en que la persona misma admite la necesidad de ayuda.  A todos los hijos de Dios el Señor ha llamado al ministerio, pero algunos lo están ejerciendo hace mucho tiempo, y es cuando tenemos la tentación muchas veces de querer decirle a las personas todo en su vida: cómo se tiene que mover, si se puede planificar o no se puede, y este método es posible o no, y en esta cosa cómo es que hay que hacerlo,  y uno vive todo el tiempo en eso: Sí, hermano, hágalo, siéntese, camine; esta es la casa pastoral, este es el púlpito y esta es la silla pastoral, el trono pastoral, y eso allá es el banquito de los pobres hermanitos que vienen a consultar al reverendo pastor. Se toma esa actitud y se crea en los hermanos una constante dependencia del tutor o del curador, y por lo general ellos no maduran y nunca se arriesgan a crecer delante del Señor, a tomar una decisión responsable, sino que desde afuera se les tiene que estar haciendo o diciendo todo.


Los rudimentos frente a la unción

¿Qué es a lo que la Biblia llama los rudimentos del mundo?  Precisamente son esas constantes enseñanzas, mandamientos exteriores: esto lo tienes que hacer así, y es cuando la persona no ha madurado, Cristo no se ha formado aún en la persona, ésta no sabe qué hacer.  Pero cuando Cristo se ha formado en la persona, la persona sabe qué hacer, la unción le enseña todas las cosas.  Ya lo dice san Juan. “20Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. 21No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

25Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. 26Os he escrito esto sobre los que os engañan. 27Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2:20-21,25-27).


San Juan no quería tomar esa actitud de, hermanos, hagan esto o aquello, no. No os escribo como si ignoraseis. El apóstol Juan confiaba en la obra verdadera del Espíritu de Dios, y san Pablo también dice lo mismo.  Estos pasajes los podemos analizar poniendo nuestra confianza en las Escrituras. Esto no significa que no haya ninguna razón por la cual el Señor haya puesto apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros; sí la hay, y esto no los anula, pero los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, tampoco anulan lo otro; es un equilibrio.


“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas”; es decir, no hay pregunta que tú tengas que no la sepa responder la unción, y no tú, pues no has aprendido a distinguir el mover de la unción, pues todavía dudas.  Será de Dios, no será de Dios, hermano Gino, ¿qué debo hacer?  Mire, tengo este problema. ¿Usted qué dice?  Oh, qué bien, hermano, ven y te digo qué tienes que hacer.  No, eso no es bueno, eso no está bien; la persona debe ser llevada a que ella misma sepa de la unción qué tiene que hacer y asuma su propia responsabilidad, y esa responsabilidad sea respetada. Los hermanos tienen que dejar de ser niños, aprender a ser maduros y a conocer qué es lo que dice el Espíritu Santo, qué dice Cristo que está dentro de la persona. Es muy fácil querer mantener a los hermanos siempre como niños, que nunca se equivoquen, o que por miedo a que se equivoquen, no abran la boca, que nunca digan nada, que nunca hagan nada.  Claro que está bien consultarnos unos con otros, coordinarnos unos con otros, pero no quiere decir que Cristo como persona no tenga que formarse y que llegue a ser la máxima voz en la vida de la persona Cristo mismo.


“No os escribo como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad”.  Mire esa actitud de Juan.  No os escribo como a ignorantes, sino porque conocéis la verdad.  Ninguna mentira procede de la verdad cuando realmente la unción es el Espíritu del Señor.  Él nunca te va a decir una mentira; por eso san Pablo podía decir: acerca de esto no tengo mandamiento del Señor, pero doy una opinión; como quien ha alcanzado misericordia para ser fiel. Doy mi opinión, y luego, cuando él da unos consejos, el apóstol Pablo también dice en 1 Tesalonicenses: “Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu”.  Estos consejos que damos, dice Pablo, son de Dios, no sólo de hombre; aunque no tenga una palabra directa, un versículo que el Señor haya dicho en esta situación, sin embargo doy mi opinión como quien ha alcanzado misericordia para ser fiel, y creo que tengo el Espíritu Santo.  Esa era una persona madura que podía hablar así, una persona madura que podía dar su opinión.


La madurez espiritual no necesita tutores

Ahora, está bien que haya tutores y curadores durante algún tiempo que nos dan su opinión, pero que no nos mal acostumbren a esa opinión, sino por el contrario, llegamos a la madurez espiritual en el Señor, para que ya no estemos manejados desde afuera, porque si no hay fortaleza y dirección clara adentro, hay confusión interna, y debido a eso buscamos afuera una luz.  Pero si el Señor se forma en ti, entonces dice que: “ninguna mentira procede de la verdad”. “Os he escrito esto sobre los que os engañan”, pero como quien dice, no solamente tienen mis escritos.  Sí, claro, Dios quiere un testimonio exterior de lo que es legítimamente la voz del Espíritu, porque uno también en su subjetivismo, puede atribuirle al Espíritu lo que no es cuando no se ha madurado; entonces, para evitar atribuirle al Espíritu lo que es apenas subjetivo, hay también un parámetro externo, la Escritura.

“Os escribo esto sobre los que os engañan. Pero la unción que recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe”. No está diciendo aquí que porque no tienes necesidad de que nadie te enseñe, vayas a tomar una actitud soberbia y deseches a los apóstoles, a los profetas, a los evangelistas, a los pastores y maestros; no es eso, porque el Espíritu te va a guiar, a respetar y a atender; pero lo que está queriendo decir acá es esto: que realmente cuando el Espíritu te enseña, no necesitas que te lo digan, porque ya te lo dijeron; te lo dijo ya el Espíritu Santo. Después, cuando hablas y conversas con otros y expones lo que piensas, ves cómo hay ese testimonio común del Espíritu, y cómo los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, y el mismo Espíritu, lo conservan. Entonces por eso dice, no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; es decir, que lo que enseña la unción, lo enseña de una manera muy directa; lógicamente que lo conferimos con lo que Él ha enseñado en el Cuerpo de Cristo según la Palabra, y comprobamos la comunión del Espíritu. No se trata de aislarnos en nuestro subjetivismo y nos rebelemos contra lo que el Señor haya puesto, no; sino que cuando Él enseña, lo hace tan verdaderamente, que tú aprendes la lección con una certeza que no se puede ni siquiera explicar. Tú sabes. A veces inclusive con sólo saber lo que se va a comenzar a tratar, cuando el Espíritu te lo ha enseñado, lo captas con sólo las primeras palabras; ya captas el Espíritu; lo demás son arandelas de la vestidura de la carga del Espíritu. Pero cuando ya estás en espíritu y el Espíritu ya te ha enseñado la verdad, tú la captas, la intuyes solamente en el primer contacto; ya recibes esa transmisión, la carga ya la interpreta tu espíritu y tu alma, tu entendimiento.


San Juan tenía una confianza absoluta en el Espíritu Santo.  A veces nosotros desconfiamos demasiado porque sabemos que hay mucho subjetivismo y mistificaciones raras; pero San Juan tenía una gran confianza en el Espíritu Santo. El Señor Jesús tenía más confianza en la enseñanza del Espíritu Santo que en la suya propia. El mismo dijo: “12Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.  13Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”.  El Señor Jesús se confió más en la enseñanza que en el futuro haría el Espíritu Santo, que en la que Él pudiera hacer ahora.  Él no se apresuró a enseñar cosas.


La madurez y las apariencias

Las circunstancias exteriores, las cosas que nosotros movemos desde afuera, nos producen imaginaciones naturales acerca de los asuntos espirituales cuando no ocurren en la hora de Dios. Nos metemos a tratar cosas del Señor pero con la imaginación natural; mas cuando llega el tiempo señalado por el Padre, o sea la hora de Dios, el Espíritu, como dice el libro de Job, “el soplo del Omnipotente le hace que entienda”, el Espíritu se mueve y te enseña, y ahora Él te dice: Pero cuántas veces yo había dicho y hablado de esta misma cosa, pero recién ahora entro en la vida de ella. En realidad, esa fue la verdadera enseñanza del Espíritu Santo. No nos confiemos nunca en las apariencias de las cosas.  Hay personas que son muy corteses y muy educadas, y se conforman con todo en el ambiente sin que hayan aprendido una lección de Dios. Realmente hay quien tiene ese aliento espiritual, perfecto, pues ha aprendido, y quienes solamente se conforman al medio. Ahora, si a uno lo que le interesa son las apariencias, pues que vengan todos y aquí vemos la apariencia que somos; pero si realmente queremos lo verdadero, lo que nos interesa realmente percibir es lo que concientemente hemos aprendido del Señor mismo; eso es lo único que realmente tenemos, lo que de verdad hemos aprendido de la unción misma.  Nunca nos engañamos para edificar cosas sobre la apariencia o conformidad exterior.  Se necesita un verdadero aprendizaje de Dios. San Pablo también habla en términos similares en Efesios. “17Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús” (Efesios 4:17-21).


¿En qué se caracteriza el andar de los gentiles?  En que andan en la vanidad de su mente; ellos están muy seguros de sus opiniones, muy seguros de su juicio, muy seguros de su propia prudencia; como dice el dicho aquí en Colombia y en otras partes, la ignorancia es atrevida.  Pero, ¿qué dice Proverbios? “No te apoyes en tu propia prudencia”.  A veces eso le pasa a uno, cuando uno no se da cuenta cuándo confía en su propio juicio y cuánto se equivoca uno, hasta que el Señor le permite errar a uno, y le hace dudar a uno de su propio juicio. Entonces uno dice: Señor, necesito que tú me enseñes; no soy digno de confianza en mi juicio; muchas veces me he equivocado, me he desequilibrado en las cosas y sólo ese fallar y fallar es lo que nos hace dudar de la confianza que tenemos en nosotros mismos, en la vanidad de nuestra mente humana natural. A veces encaramos las cosas espirituales con la imaginación natural; entonces eso se llama el andar gentil en la vanidad de la mente.


“Teniendo el entendimiento entenebrecido”; es decir, como a oscuras, que hay cosas que no perciben, como si no existieran. Ahora, ¿a qué se debe esa oscuridad o entenebrecimiento del entendimiento? “Ajenos de la vida de Dios”. Es la vida la que tiene luz y es la luz la que alumbra. Las cosas que entenebrecen el corazón son la ignorancia y la dureza del corazón, lo cual hace que se pierda toda sensibilidad, ya que como cosas malas, no se nota que son malas; se vuelven comunes, se vuelven normales, la gente como que se habitúa a lo horroroso. “Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo”. Estos son los dos versos claves del pasaje. Note que no dice no haber aprendido de Cristo, sino a Cristo. Aprender a Cristo quiere decir que Cristo, al estar dentro de ti, es cuando Él te dice no y tú aprendes a oír ese no, y aprendes a juzgar como Él juzga y a valorar como Él valora. Al principio uno casi no ponía atención a la voz del Señor, y cuando se le ponía atención era como algo vago en lo íntimo, como que el Señor avisa algo, y después no le ponemos atención, seguimos a nuestra costumbre, metemos la pata o suceden las cosas, pero como que se tenía un avisito que te decía algo, pero que no le ponías atención.

Parece que estamos tan alocados en carreras de caballos desbocados, que no percibimos que estamos actuando mal, y lo hacemos así de esa manera y no percibimos ese llamamiento del Espíritu, que nos quiere retener hasta que vamos recobrando la sensibilidad. Entonces ya somos resguardados desde el interior y aprendemos de Cristo. El don que tenemos no es de afuera sino de adentro; el don es Cristo, y cuando te vas a salir, sientes adentro como el sonido de una guitarra destemplada, que sientes como si se te fuere la mano, o la boca o la nariz, o el oído o cualquier cosa en donde nos vamos más allá de la línea, y ese tironcito que sentimos tan imperceptible, es ir aprendiendo de Cristo; pero cada vez ese tironcito se hace más claro, hasta que se perciben todos los detallitos pequeños hasta en la comida, exacta la medida, lo demás sobra.


“Si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús”. Nótese que los efesios no eran testigos oculares de Cristo. Pablo les predicó cuando Cristo había ascendido al cielo hacía muchos años atrás, y sin embargo Pablo les escribe en relación a que han oído a Cristo; no a Pablo sino a Cristo.

No es solamente un conformarse exterior, algún arreglo humano, lo cual es el mundo. A veces queremos ser espirituales, pero hacemos arreglos exteriores a los cuales nos queremos conformar y conformar a los otros, diciendo: eso nos parece correcto, así es que hay que hacer esto o lo otro. Bueno, ya estamos de acuerdo, ya estamos uniformados, toditos iguales. Eso es querer edificar algo artificialmente. Eso es una edificación artificial; eso no es el crecimiento en vida de Cristo; es solamente un artificio humano. Esos artificios humanos son los que se llaman, y vamos a verlos, los rudimentos del mundo.


Los rudimentos y los ritos

“3Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. 4Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gál.4:3-5). Cuando éramos niños espirituales estábamos en esclavitud.  Palabra muy dura esta. Todo lo que se convierta en una especie de movimiento exterior, en donde a la persona se le impide su autenticidad con el Señor, trata de ser artificialmente encuadrado; eso es el mundo. Esa no es la formación de Cristo. Pero vino el cumplimiento de los tiempos, o sea el tiempo señalado por el Padre, en que Dios envió a Su Hijo; entonces ahora no se trata de mandamientos, de costumbres, de formas, de ritos, se trata del Hijo. En otros tiempos se hablaba a través de ritos, de normas, de símbolos, de leyes, de símbolos en las puertas, en las vestiduras, en las filacterias, en todas partes; pero aquí es el Hijo.  Él nació de mujer, bajo la ley, para que redimiese a los que habían nacido bajo la ley, que redimiese a los que estaban bajo la ley.  No solamente que sean redimidos del pecado, sino redimidos de la ley; es otro aspecto que también se hizo en la cruz. A veces decimos: Bueno, la redención es sólo ser redimidos del pecado, pero no es así.

El esclavo se convierte en hijo

Ahora, uno no se da cuenta que muchas veces se conduce por exterioridades, por la ley, la ley misma de Dios, los rudimentos del mundo. Un esclavo se comporta diferente a un hijo. Un hijo es parecido al papá, y es heredero del padre, y se mueve al ritmo del papá, casi como si fuera el papá. En cambio el esclavo no considera suyas las cosas y se le tiene que decir todo. Así también lo dijo Jesús.

Cuando sus apóstoles eran niños espiritualmente, los trataba como siervos, pero cuando ya fueron madurando, se fueron haciendo sus amigos. “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer”. El Señor Jesús no nos quiere retener en una condición de siervos, y en la medida que uno conoce directamente de Dios a Dios, el querer de Dios, el sentir de Dios; tú sientes como Dios, te pareces a Dios, eres un hijo o hija de Dios; entonces ya no te llamará siervo sino amigo.


“6Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! 7Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gá. 4:6-7). Antes las leyes estaban escritas en libros de piedras, en rollos, en las puertas, en los vestidos, en los estatutos, en todas partes, externamente, pero ahora están escritas en el corazón. El Padre envió a nuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, y en este caso, ¿qué hay que hacer? El agrado de Dios está en Cristo. El Padre ha dicho que Él se agrada de Cristo. “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Ese Cristo que está en el Padre, está en ti, y tú has madurado de tal manera que sientes como Cristo, actúas como Cristo, y aun el Padre respeta lo que haces porque lo haces como Cristo, en Cristo, porque eres amigo de Cristo, porque estás cerca de Cristo.


“8Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?  10Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años” (Gá. 4:8-10). ¿Cuáles son esos rudimentos? Guardar los días, los meses, los tiempos y los años; es decir, una conducta guiada por el exterior, por la forma, por las costumbres, por las festividades, porque aquí o allí dice; no es Cristo moviéndose en ti, eres tú tratando de amoldarte a alguna forma, y eso no es todavía madurez.

Por eso Pablo dice lo siguiente. “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gá. 4:11). ¿Sabe qué temía Pablo? Que estuvieran guardando fielmente los días, él temía de su fidelidad exterior, de su acomodarse a la religión, pero sin que Cristo se acomodara o se sintiera cómodo en ellos y se expresara por ellos Cristo mismo. Ellos estaban haciendo cosas religiosas, cumpliendo mandamientos: primero va esto, segundo esto, sin relación ninguna con Cristo, solamente haciendo cosas buenas y esas cosas buenas son el mundo también.


Los rudimentos son del mundo

“16Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, 17todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. 18Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal.” (Col. 2:16-18). Conforme al contexto anterior, venía hablando de que el Señor murió en la cruz por nosotros, nos circuncidó con Él, anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, despojó a los principados, los expuso, y eso tiene sus consecuencias. ¿Cuáles? Las expuestas a partir del verso 16. En materia de comidas o bebidas no se dejen juzgar; no se dejen manipular ni amedrentar en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo. Nótese que la religión afecta humildad; pero esto no sólo ocurre en el catolicismo, sino también en el protestantismo ocurren cosas que no son de Cristo, sino meras configuraciones y posturas exteriores, que no constituyen la verdad. La mente carnal la conforman todas estas actitudes mistificantes.

“19Y no asiéndose de la cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. 20Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques 22(en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Col. 2:19-23). En virtud de Cristo nos nutrimos, estamos unidos y crece todo el cuerpo.  Con Cristo en la cruz hemos muerto y también en cuanto a los rudimentos del mundo; es decir, fuimos liberados del mundo completo, no solamente de la parte cachuda, sino de la parte angelical del mundo. Miremos atentamente el versículo 20. “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo”; porque Pablo no es un anarquista, como algunos lo tomarían, pero, podría decir él, si no lo decimos a todas las personas, qué hay que hacer, ¿Se va a volver una anarquía? No. Pablo sabía que el Señor tiene más riendas que la ley; él sabía que la ley no había perfeccionado nada, que el único que realmente perfecciona es Cristo. Él no era un anarquista, pero lo acusaban de anarquista. Pablo dice que comamos y bebamos, porque mañana moriremos (en el caso de que los muertos no resucitaran).

No, hermanos, no hay que comer carne, ni esto, ni aquello, y hay que ayunar tal día; hermanos, eso es el mundo también. “Como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos”. Vais a las casas de cita, os emborracháis los viernes por las noches; es decir, cuando tú te estás guiando por preceptos exteriores y por doctrinas de hombres, estás viviendo en el mundo; eso es lo que está diciendo Pablo. ¿Por qué como si vivieses en el mundo, te sometes a preceptos tales como los que citamos? Pero hay muchos otros preceptos que nosotros los hombres nos inventamos y con los que queremos configurar.


El disfraz eclesiástico

Hermanos, hay que hacer así, esto se toma así, así se ora, así se habla; no, hermanos, es Cristo. Nunca te guíes por cosas que no sea Cristo mismo en cada ocasión. No configurar la gente desde afuera.

Hermano Gino, ¿esto se puede gustar o no? ¿Esto se puede tocar o no? ¿Esto se puede hacer o no? Todo eso es vivir el mundo. Al hermano Gino le preguntan, hermano, ¿qué podemos tomar? Hermano, tome esto o aquello; no tome Cocacola porque los mormones son accionistas o está contribuyendo con el mormonismo.

No, hermanos, esos son los rudimentos del mundo; esos mandamientos exteriores son los rudimentos del mundo. No es Cristo en ti, son preceptos. Note que no es solamente la discoteca, la casa de citas, la borrachera, la droga, el asesinato, el robo, no sólo eso es el mundo. Los preceptos de que hay que comer o que no hay que comer, si el vestido se puede combinar o si la falda se usa hasta aquí o hasta acá. Jesucristo mismo te lo va a decir; pero si el de afuera te lo dice, tú te pones el disfraz, pero se te salen las plumas de cuervo por otro lado; sí, hermanos, porque no es algo real, es la persona acomodándose exteriormente, pero no es una edificación de Cristo en la persona. Lo que el Señor edifica es el Espíritu en el hombre interior; lo demás no es real. Lo que aquí dice es esto: “Tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso”. Vivir sometidos a esos preceptos, San Pablo lo llama claramente por el Espíritu Santo, esclavitud. Hay hermanos que piensan que la santidad consiste en la esclavitud, y aun hay lugares, por ejemplo en Puerto Rico es muy común que no permiten entrar en los templos a mujeres empantalonadas o vestidas así o asá. Entonces ninguna ramera se va a salvar, según ese templo. Uno quiere ser más santo que los demás, y entre más exigencias pongamos a los fieles, somos más santos que los demás; no, hermanos, eso no es así.


Una vez me invitaron a predicar la Palabra del Señor en cierto lugar, y pasé al púlpito tranquilo, y si hubiera sabido lo que iba a suceder, hubiera previsto o acatado mi actuación. Me miraban y me miraban y yo notaba que no había receptividad en mi mensaje, sino como una crítica constante, y yo me preguntaba, ¿qué sucede? Yo no sabía qué era. Terminé de predicar y a la salida del lugar me llamaron aparte y me reprendieron y me criticaron porque me había atrevido a subir al púlpito en camisa de colores, con manga corta y sin apuntar los botones en el cuello. Pues, hermanos, si yo hubiera sabido, me habría colocado camisa blanca de cuello, porque como se dice: al judío, judío, al griego, griego. No hubiera habido problema, me hubiera puesto mi camisa blanca y me hubiera abotonado muy bien y me hubiera subido así al púlpito; pero ellos no me estaban poniendo atención a mi enseñanza de la Palabra, sino fijándose en mi camisa y criticándome. La Palabra de Dios dice: “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es” (Ro. 14:14). El problema es que queremos convertir nuestra estrechez en normas de conducta para todos los hermanos, y la Palabra agrega, en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres. Eso de someterse a esos preceptos es estar en esclavitud.  La Iglesia no debe ser de preceptos de ese tipo; la Iglesia no anda creando formas artificiales como qué cosas hacer, qué día, de qué manera, no. La Iglesia tiene y debe estar en Espíritu, tal y como es su verdadero nivel.  ¿Para qué aparentar lo que no es realmente, lo que es del Señor por Su Palabra?  Todos esos preceptos se destruyen por el uso.


Cierta congregación tenía como precepto que no se podía ir a cine, ni siquiera ir a ver “Los Diez Mandamientos” de Moisés, alegando que el cine está mal. Llegan a extremos, que si un cristiano tiene que pasar por una calle, pero en esa calle hay un cine, es necesario pasar por la acera de enfrente, porque, ¿qué tal que un hermano lo vea por la acera del cine?  Va a pensar que sale o entra del cine. Después también se podía dar el caso que si lo veían en la acera de enfrente, pues tenía que pasar por la otra acera, y así la vida se va volviendo tan complicada cada vez más, y tener que dar vueltas para un lado y otro y acomodarse a las exigencias de unos y de otros.  No, hermanos, eso se vuelve terrible. Ya la gente no sabe qué es lo que hay que hacer. Todos esos preceptos se destruyen con el uso. Miren lo que pasó con los fariseos.  Basta con que lea los escritos de los rabinos, que de un mandamiento legítimo que Dios les dio, sacaron un montón de cosas, mejor dicho donde ya era imposible vivir, y aún los mismos apóstoles decían: “Ni aun nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar”; es decir, una carga muy pesada. La cosa se volvió tan pesada que era muy difícil vivir. Ya no se puede poner esto, ya no se puede hacer esto o aquello, todo es desde afuera, temores, supersticiones. Hermanos, la Iglesia de Cristo tiene que cuidarse de estas cosas, de estos preceptos, los cuales se destruyen con el uso.


Como dice el verso 23, es verdad que estas cosas tienen cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo, pero fíjense en qué radica su problema.  Si tiene buena reputación ese precepto es el correcto, eso de no ir a cine, todo eso es muy bueno, pero, ¿cuál es el problema? No tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. Todos los rudimentos del mundo no cambian la carne, al contrario, ¿saben qué hacen? Azuzan la carne; la estimulan, o sea que se crea ese ambiente de que yo soy más santo que tú, pero adentro está el mal. Antes ni siquiera se le ocurría pensar en eso, pero desde que todo el mundo está pendiente a ver si tocó el jarrón, antes ni siquiera sabía que existía el jarrón, y ahora con tanto cuidado por el jarrón, todo el mundo pendiente del jarrón, que algún día alguien lo va a romper; porque se volvió una cuestión en que hay ese pensamiento malicioso, esa vigilancia suspicaz de unos contra otros, que estamos atormentados y atormentándonos unos a otros con tantos mandamientos, con tantas exigencias, y eso no es el cristianismo, eso es el ascetismo, ese es el judaísmo, ese es el rabinismo, ese es el fanatismo, pero no es el cristianismo.


Juan el Bautista no come ni bebe, y usted sí come con las rameras y los borrachos, y es el cristianismo. Lo acusaban de que comía con las rameras, o fornicaba con ellas o bebía con los borrachos y se emborrachaba con ellos; pero Él estaba en Espíritu, no siguiendo formas, Él era el Cristo y Él es nuestra vida. La Palabra de Dios dice que esos mandamientos no tienen ningún valor contra los apetitos de la carne. Dice que hemos muerto con Cristo a los rudimentos del mundo y esos rudimentos del mundo son todos esos artificios que nos quieren configurar, imponer desde afuera; no es Cristo en nosotros, es nosotros en nuestras fuerzas tratando de agradar al medio.  Eso no es el cristianismo. El cristianismo es Cristo, Cristo mismo formado en nuestro ser, en nuestra alma y depositado en nuestro corazón.

-------------------------------------------------------
Continúa con: Las dos Justicias.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Blog alojado en ZoomBlog.com