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PROPICIACIÓN, REDENCIÓN, JUSTIFICACIÓN, RECONCILIACIÓN Y SALVACIÓN

Por cristianogiv - 15 de Julio, 2006, 22:43, Categoría: General


Provisiones de la Cruz (2)


PROPICIACIÓN, REDENCIÓN,
JUSTIFICACIÓN, RECONCILIACIÓN
Y SALVACIÓN


La Propiciación

Vamos a compartir la Palabra del Señor, hermanos, continuando con la serie que hemos estado trayendo acerca de la obra del Señor en la cruz.  La vez pasada estábamos viendo la centralidad de la persona del Señor Jesús, en Su cruz y en Su resurrección.  Hoy vamos a fijarnos en algunos pasajes, versículos, y especialmente algunas palabras en la epístola a los Romanos, y vamos a ver cómo se relacionan unas cosas con otras, para luego con la ayuda del Señor, partir de allí, y seguir durante un tiempo profundizando, con la ayuda del Señor, lo que nos dice la Palabra acerca de la obra de la Cruz.  La obra de la cruz es realmente más profunda de lo que uno se imagina a primera vista. A veces nosotros escuchamos palabras, pero esas palabras se refieren a hechos, se refieren a realidades espirituales, y son distintas palabras porque son distintos aspectos de la realidad espiritual; y la intención de Dios obviamente es no sólo que nosotros conozcamos las palabras, que a veces ni siquiera las conocemos ni las distinguimos, sino que al conocerlas tomemos conciencia por el Espíritu de que se refieren a realidades espirituales, y que estas realidades son para ser disfrutadas real y plenamente por la Iglesia. 

La Iglesia es depositaria del evangelio, no sólo de las palabras sino también de las realidades espirituales nombradas o denominadas por esas palabras.


Voy a mencionar tres o cuatro palabras interrelacionadas.  Una es propiciación, otra es expiación, que realmente significa lo mismo que propiciación, con la diferencia que la palabra propiciación proviene del griego, y la palabra expiación proviene del hebreo; pero son palabras sinónimas: propiciación y expiación.  Sin embargo, hay otras palabras; por ejemplo la palabra redención.  Redención pareciera que fuera lo mismo que propiciación, pero no lo es.  Vamos a ver que hay versículos que nos muestran que la redención descansa en la propiciación, por lo tanto una descansa en la otra.  No son lo mismo.


Otra palabra es la justificación; y vemos también que la justificación descansa en la redención; es decir, que la propiciación propicia la redención, y la redención produce la justificación.  Y también hay otra palabra relacionada, la reconciliación.  Todas estas cosas fueron hechas en la cruz, pero no son lo mismo.


Vamos al capítulo 3 de la epístola a los Romanos.  Vamos a leer desde el versículo 21.  Son las palabras centrales claves de la salvación, de la obra del Señor en la cruz. “21Pero ahora”...  Este ahora está contrastando con el antes bajo la ley.  Este ahora se refiere al Nuevo Pacto, por el contexto del capítulo; al Nuevo Testamento.  “Ahora, aparte de la ley (quiere decir, sin tener relación con la ley, aparte de la ley), se ha manifestado la justicia de Dios, testificada (sí, claro) por la ley y por los profetas; 22la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo”.  El Nuevo Testamento introduce un nuevo concepto de justicia.  Siempre pensábamos que la justicia era actuar conforme a la ley, pero ahora dice que se ha manifestado la justicia de Dios aparte de la ley; es decir, que la justicia de Dios no tiene nada que ver con la ley, excepto que es el cumplimiento de ella.


“22La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24siendo justificados (ahí aparece un concepto, justificación) gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”.  Fíjense que no es lo mismo justificación que redención, sino como decíamos, la justificación descansa en la redención. La redención es el medio para la justificación.  Justificados por su gracia mediante la redención; es decir, la redención es la que establece un fundamento para que seamos justificados aparte de la ley por la gracia. “Por la gracia que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación”.  Es decir, que la redención es en Cristo, y Cristo fue a quien Dios puso como propiciación, o sea que la propiciación es la base de la redención, y la redención es la base de la justificación. No es lo mismo; son tres cosas diferentes, y necesitamos conocerlas, oír del evangelio, creerlas y disfrutarlas.  ¡Aleluya!


“25A quien (¿a quién?  A Cristo Jesús) Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”.  Entonces fíjese que todo es con este fin: Manifestar en este tiempo Su justicia.  No pudo Dios manifestar bien Su justicia en el tiempo de la ley.  Ahora la justicia de Dios se va a manifestar a través de tres cosas principales: La propiaciación, la redención y la justificación.  La propiciación es la base de la redención, y la redención es la base de la justificación. 

Entonces vamos a distinguir estos tres conceptos.


¿Qué quiere decir propiciación?  Ustedes ven que la misma raíz de la palabra, por lo menos en español, viene de propiciar.  Propiciar es poner en pro o a favor de; porque se puede estar a favor, que quiere decir en pro, o se puede estar en contra; entonces el hombre estaba en contra de Dios, había pecado, y por lo tanto el juicio de Dios estaba en contra del hombre, de manera que había que hacer algo para que Dios pudiera estar a favor del hombre y no en contra del hombre, y el hombre a favor de Dios y no en contra de Dios. 

Entonces propiciar es hacer todo lo necesario para que ahora el hombre esté vuelto hacia Dios, y Dios puesto hacia el hombre; pero se necesitaba una base.  Entonces dice que a quien puso por propiciación es a Cristo Jesús.  Vamos a ver eso también en la primera epístola del apóstol San Juan.  Allí vamos a ver un primer aspecto de la obra de la cruz de Cristo.  Cristo como propiciación, Su persona y Su muerte por nosotros en la cruz.


Leemos 1 Juan 2:1: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo, y él es (Él, Su persona) la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”.  Aquí hay dos cosas diferentes, aunque son de la misma persona, Jesucristo nuestro abogado, se refiere a Su intercesión a nuestro favor; pero, ¿cuáles son las credenciales que puede presentar nuestro abogado a favor de nosotros?  ¿Qué puede presentar nuestro abogado para que el juez se ponga en pro de nosotros, de nuestra parte?  ¿Cuáles son sus argumentos?  Los argumentos son que Él mismo se hizo hombre, fue tentado como hombre y murió por todos los hombres sin haber Él pecado, y que la muerte de Él es el precio pagado para que ahora nosotros podamos ser redimidos, rescatados; porque no podemos ser rescatados o redimidos sin que se pague un precio.  Y ese precio es Él mismo.  Él es la propiciación, Él es el precio suficiente para cambiar la actitud de Dios, justa.  Dios siempre es justo, pero Él no puede tolerar el pecado; y Él, si perdona sin propiciación, entonces Él estaría contra Su propia justicia y Su propia ley.


Alguien tenía que pagar los platos rotos.  Sí, perdono, ¿pero sobre qué descansa la justificación y todo lo demás?  Sobre la propiciación, es decir, la persona de Señor.  Ninguna otra persona podía ser la propiciación.  Dios mismo puso como propiciación a Jesucristo; porque dice que Él es la propiciación, Él, Su persona; porque Él es dos cosas al tiempo: Dios y hombre.  Si fuera solamente hombre, o solamente Dios, no hubiera sido suficiente.  Tenía que ser Dios el que pagara los platos rotos, porque sería injusto aun delante de Dios mismo que un ángel u otra criatura que no fuera Él mismo, asumiera la responsabilidad de llevar sobre sí las consecuencias de muerte del pecado.  Porque si alguien pecó contra Dios, y Dios le pone esa responsabilidad de llevar esa carga a otra criatura, sería injusto para esa criatura.  Tenía que ser Dios mismo.  Dice: Si yo voy a perdonar, entonces soy yo el que tengo que sobrellevar el castigo.  Pero como Dios Él no puede morir, entonces Él tenía que ser hombre, y además de ser hombre, tenía que ser probado, y tenía que vencer en la cruz, porque si no vencía en la prueba como hombre, tampoco Su muerte sería propiciación, sino que moriría por su propio pecado, por su propia caída en la prueba.


De manera que nadie más, sino el Verbo de Dios podía ser la propiciación.  Nadie más sino el Verbo de Dios encarnado podía ser la propiciación.  Entonces Él es a quien Dios puso como propiciación. 

Volviendo de nuevo a Romanos, capítulo 3, allí encontramos justamente que lo que posibilita la propiciación es la redención, donde encontramos otra vez esta relación de justificación y propiciación. 

Estas palabras en la parábola del fariseo y del publicano, como ustedes recordarán, en la cual el fariseo, dice Jesús, oraba consigo mismo; o sea que él pensaba que oraba, pero él no tocaba a Dios, porque si realmente él hubiera tocado a Dios, no hubiera podido seguir jactándose; no hubiera podido pensar que era digno y que era mejor.  Solamente es cuando uno está en oscuridad que uno se da cuenta de lo vil que uno es.  Uno está en la oscuridad, se acostumbra a la oscuridad, se agrandan las pupilas, uno se adapta a la penumbra y parece que todo está cómodo; pero cuando viene la luz, salen las cucarachas despavoridas.


Y lo mismo dice el Señor Jesús: “Que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19).  Cualquier persona que realmente se acerca a Dios se le acaba la jactancia, o si no solamente está orando consigo mismo como el fariseo.  No dice que él oraba a Dios; dice: “11El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo, diciendo: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (Lucas 18:11-12).  Es decir, él estaba confiado en sí mismo; él estaba teniendo una imagen de sí mismo, con una autocomplacencia, pero no había tocado a Dios; porque cuando se toca a Dios se le acaban todos los argumentos y las autocomplacencias a uno.  ¿Qué le pasó a Isaías?  Cuando Isaías vio al Señor, dijo: “¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habito en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al rey, Jehová de los ejércitos” (Isaías 6:5).


Job discutía y discutía, y en 38 capítulos Dios le dejó discutir a Job, pero cuando le apareció Dios mismo, se le acabaron los argumentos a Job y cayó postrado y dijo: “3¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?  Por tanto yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.  4Oye, te ruego y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.  5De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.  6Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:3-6).


¿Qué le pasó a San Juan?  Se recostaba en el pecho del Señor, pero cuando vio Su gloria cayó como muerto a sus pies, en la isla de Patmos; es decir, que realmente cuando se toca a Dios, uno no puede justificarse por la ley, por sus propias obras o sus propios méritos.  En cambio ¿qué hacía el publicano?  Esta traducción nuestra dice: “Sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).  Pero en el griego se puede traducir: Propicia para mí; es decir, Dios.  Sí, es que yo no me atrevo a levantar mi cabeza, pero propicia algo Tú, Señor, para que yo pueda ser aceptable a Ti, porque por mí mismo no tengo nada, porque soy consciente de todas las estafas, los robos, las opresiones que he cometido.  Imagínese todo lo que había hecho un publicano.


Un publicano no era uno que necesariamente andaba por allá en casas de lenocinio, no; era el gran oligarca, estafador.  Era el que pagaba los impuestos al Imperio Romano a nombre del pueblo, el impuesto que el pueblo no tenía que pagar ante un Imperio que lo había subyugado.  ¿Y sabe qué?  Ellos venían y le cobraban los intereses al pueblo.  Pagaban a nombre del pueblo para poder cobrar intereses, es decir, que el pueblo tenía una doble carga, la del Imperio Romano y la de los publicanos, que eran los que mantenían al Imperio Romano sobre el pueblo de Israel.  Y además le cobraban a Israel los intereses; o sea que realmente era un opresor.  Quizás cuando él estaba cobrando se sentía muy contento; pero cuando vino ante el Señor, y él realmente tocó al Señor, él sabía que podía ser fulminado si Dios no propiciaba.  Entonces dice: Sé propicio a mí, o propicia para mi; solamente podré permanecer en tu presencia si hay una propiciación.  Entonces dice que por eso él salió justificado y no el fariseo (Lucas 18:14), es decir, que fue justificado porque hubo una propiciciación.


La redención

Y ahora, dice aquí, como habíamos visto en Romanos 3: “24Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Ro. 3:24-25).

Eso significa que la redención descansa en la propiciación que es Jesucristo y Su obra. No sólo como abogado, porque abogado es una fase de Su trabajo después de morir, resucitar, ascender, ser glorificado e interceder; pero antes de ser el abogado, Él tuvo que haber sido ascendido, resucitado, y antes tuvo que haber muerto, o sea que las credenciales para poder ejercer la abogacía fue la propiciación; fue Su propia persona, Su pago. Entonces el pago de esa persona que puso su propia vida es la propiciación; pero lo que empieza, no lo único que logra, lo que empieza a lograr la propiciación es la redención. Porque es que dice que la redención es en Cristo Jesús a quien Dios puso como propiciación (Romanos 3:25).

Es decir, porque hubo una propiciación, puede haber una redención; entonces ya sabemos lo que quiere decir redención.


Redimir es rescatar algo que estaba perdido, algo que le pertenecía al dueño: y el dueño lo vendió o lo empeñó y quedó empeñado aunque él era el dueño.  Ahora está con otro dueño; ahora otro dueño es el que tiene poder sobre la cosa, sobre el asunto, sobre la persona.  Entonces para poder rescatar, es decir, volver a ser el dueño de lo que antes era dueño, pero que había perdido, había que pagar el precio.  Si tú empeñaste el reloj en la casa de empeño, bueno, era tu reloj, pero ahora, tú por un plato de lentejas, lo vendiste.  Ahora está bajo el poder del dueño de la compra-venta o del prestamista; entonces, ¿qué hay que hacer?  Hay que pagar el precio; ese precio es la propiciación, y gracias a la propiciación ahora puedes recuperar el reloj, y ahora el reloj vuelve a ser tuyo, es rescatado; entonces el rescate es la redención.


La redención es diferente de la propiciación, y descansa en la propiciación.  La propiciación es el precio que se paga; la redención es el rescate que se consigue gracias a ese precio; entonces ahora la persona es redimida, rescatada, porque se pagó por ella, porque hubo una propiciación, de manera que hay también una redención.  Son aspectos diferentes; y esos son reales para nosotros.  ¡Aleluya! 

Nosotros somos redimidos, rescatados; estábamos bajo otros dueños, pero se pagó un precio por nosotros que puso a Dios a nuestro favor. 

Él siempre había estado a nuestro favor, pero se necesitaba un precio.  No podíamos tener el favor de Dios sin ese precio, porque Dios es justo.  Dios quiere hacer justicia; pero si Él hubiera hecho justicia sin la propiciación, la justicia sería que estaríamos todos en el infierno.  Esa sería la justicia.  Y como Dios no quería que nos fuéramos al infierno, pero era lo justo, alguien tenía que morir en lugar de nosotros; ese es Cristo, la propiciación.


La justificación

Dice el verso 24: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención, que es en Cristo Jesús”; o sea que la redención, así como la propiciación consiguió la redención, que es el rescate, que es el salir debajo del poder de un dueño distinto al Señor, ahora también la redención consigue la justificación. La justificación es distinta de la redención, aunque se relacionan, cuanto más la justificación descansa en la redención. La redención quiere decir el rescate de la persona, pero la justificación quiere decir la declaración de inocencia del redimido, porque justificar es declarar inocente a una persona. ¿Qué es justificarse a sí mismo? Cuando tú piensas que eres justo y tratas de demostrar que no eres culpable sino justo, y que tú no tenías esa intención, y lo que pasó fue que te entendieron mal, y tratas de responder a tu manera; y siempre mientras más tratamos de defendernos más el diablo y las demás personas y aun nuestra conciencia, dicen: Mentira, exagerado; estás dorando la píldora; tú sabes que sí tenías mala intención, tú sabes que sí hubieras hecho esto, pero no lo hiciste; es decir, si es pecado de omisión, de acción o lo que sea.  Entonces ya la persona que no es justificada es la persona culpable; es decir, que el problema fue que hubo pecados; esos pecados nos mancharon, de manera que quedamos con la mancha del pecado, que no es lo mismo que los pecados. Los pecados son los que hicimos; la mancha es lo que pasó en nosotros. Al pecar quedamos manchados, quedamos vendidos al poder del pecado; entonces tenemos que ser perdonados, tenemos que ser limpiados de la mancha y libertados del pecado. Pero por haber pecado quedamos manchados; entonces también quedamos culpables, porque el pecado es lo que hice, y la mancha es lo que me pasó, es la consecuencia, y la culpa es la responsabilidad que tengo y el merecimiento del juicio por lo que hice, por lo que quedé y por lo que soy.

Entonces soy culpable; soy merecedor, de manera que como soy culpable, había un acta de decretos contraria a nosotros como lo dice la Biblia. Colosenses 2:14 habla de un acta de decretos que nos era contraria; es decir, que nosotros somos malos, hicimos cosas malas, somos culpables, somos responsables; entonces el decreto de Dios mismo está en un acta.  La Biblia dice eso; un acta de decretos que nos era contraria, de manera que había que quitar, perdonar los pecados, limpiar la mancha del pecado, purificarnos, liberarnos del pecado, justificarnos de la culpa.  Ahí es donde entra la justificación.


La justificación es para ya no declararte culpable sino declararte inocente.  Ahora, ¿cómo puede un culpable ser declarado inocente? Porque el culpable fue puesto en la propiciación; y cuando la propiciación se dio, el culpable murió juntamente con la propiciación. 

Y ahora, el que fuera la propiciación, resucitó, y ahora se metió como vida y regeneró como una nueva criatura; ya no es vieja, nació de nuevo, es otro nacimiento.  Es como un nacimiento en otra persona; el viejo murió, y el otro es uno nuevo.  Por cuanto Cristo murió por él, la deuda y la culpa fue quitada. Entonces, como también es nuevo ahora en Cristo, no se le puede echar la culpa de cosas, siendo que el viejo fue condenado a muerte, y ya murió.  Ahora nació el nuevo.  El nuevo nació en virtud de la resurrección de Cristo; entonces ahora el nuevo es justificado, es declarado inocente.  ¿Por qué? porque su culpa fue pagada, y además porque es nuevo.  Es Cristo en la persona; no es la persona en su carne, en virtud de vieja creación, no.  Es la persona limpiada, perdonada, regenerada y justificada.


También, entonces, la justificación es una respuesta a la culpa.  Pero ¿cómo es que un culpable puede llegar a ser declarado inocente?  Dice la Palabra que “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación...” (versos 24-25); entonces la justificación es mediante la redención, la redención es el rescate; la persona fue rescatada, ya no está bajo ese poder, y entonces la persona ahora delante de Dios es justificada, es decir, es declarada justa, no por ella misma sino porque ella fue puesta en Cristo, y Cristo fue puesto en ella.  Eso es lo que significa el bautismo.


Si mi mano izquierda representa a Cristo, y mi mano derecha nos representa a todos nosotros, los pecadores, entonces nosotros fuimos cargados en Cristo.  Cristo se puso nuestra humanidad encima y la llevó a la muerte. Cuando nosotros bajamos a las aguas, bajamos a ser enterrados, ser sepultados; como nosotros fuimos puestos sobre Cristo, Cristo, con el peso de todos nosotros fue abandonado, fue juzgado y fue enterrado y descendió a los infiernos.  Nosotros cuando bajamos a las aguas, bajamos para ser sepultados para muerte; ahí quedamos enterrados.  Pero ahora Cristo resucitó, para que así como nosotros estábamos en Él, y eso le llevó a la muerte y a nosotros con Él, ahora Él resucita para estar Él en nosotros.  Así que por la fe nosotros estamos en Él y por eso Él tuvo que morir, y ahora Él está en nosotros, y para poder hacerlo tuvo que resucitar.


La resurrección es para salir y para sacarnos a nosotros a nueva vida.  Ahora somos nuevas criaturas, las cosas viejas pasaron; todas totalmente son hechas nuevas.  Ese bautismo es como una frontera.  Aquí está el Jordán; antes y después, se pasa por aquí y estamos en otro reino, totalmente otra cosa, una nueva criatura entonces inocente.


Dice Efesios 4:24: “Y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.  Entonces ahora hay la justificación.  Por la justificación es que ahora eres inocente.  Entonces ya hemos visto propiciación, redención, justificación.


La reconciliación

Ahora vamos a la reconciliación .  Vamos a Romanos 5, que es el evangelio de Dios. ¡Aleluya!  Este es el evangelio de Dios.  La epístola a los Romanos es el evangelio de Dios.  Vamos a leer inicialmente, rápido, los primeros versos, y luego nos detenemos un poquito más.

“1Justificados, pues, (Aleluya.  ¿Verdad que cuando estas palabras se hacen realidad ya no leemos como un lorito, justificar?  ¿No es esto una experiencia?) tenemos paz”.  Ahora ya se nos muestra la justificación como la base de la paz; es decir, la reconciliación; porque la reconciliación es volver a poner en amistad a los que estaban como enemigos.  Entonces, como ahora eres inocente, ahora vuelves a ser amigo, o sea tienes paz, puedes ahora reconciliarte; porque es que el perdón es olvidar lo que hiciste; la liberación es hacerte otro distinto, librarte de lo que eras, pero la reconciliación es volver a ser amigos como antes, que es distinto.  Claro que está relacionada, pero es otro aspecto diferente.  También fue hecho en la cruz.  Por eso es que en la Biblia había que hacer el sacrificio de transgresiones, que era uno; el sacrificio por el pecado, que era otro; el sacrificio de paz, que era otro.  Sin embargo, todos representaban el sacrificio de Cristo; pero como Cristo consiguió muchas cosas en la cruz, entonces algunas de esas cosas tenían que ser representadas diferentemente de las otras.

 Y el sacrificio de Cristo estaba representado con muchos sacrificios en Levítico y en muchos otros pasajes.  Sin embargo fue uno solo, pero está representado en varios; porque cada uno de esos varios simboliza un aspecto distinto de lo que Él logró en la cruz.


Entonces vemos:  “1Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; 2por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”.  Fíjese que consiguió también la gloria, porque estábamos destituidos de la gloria de Dios.  Ahora se consiguió la gloria.  La gloria es otra cosa distinta al perdón, es algo más.  Y dice: “3Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo (porque cuando uno no sabe, no entiende las tribulaciones, pero ahora sí las entiende, entonces se puede gloriar) que la tribulación produce (produce, aleluya) paciencia, 4y la paciencia, prueba, y la prueba, esperanza, 5y la esperanza no avergüenza (¿Por qué?;  porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.  Otra cosa más que nos fue dada.


La salvación

Entonces empieza a colocar el fundamento  ¿Por qué?  Ese es el estilo típico de Pablo.  Pablo hace declaraciones tremendas adelante, y luego empieza a explicarlas: por eso, por esto, por esto.  Pablo siempre es así.  Pablo dice: “6Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”; es decir, que Pablo ya dice eso de la debilidad; era algo.  Pero ahora se sentía fuerte en Cristo, o sea que aquí hay otro aspecto más, fortaleza en Cristo.  “A su tiempo murió por los impíos.  7Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno”.

Como acontteció con la abuelita del ciclista Oliverio Rincón.  Fue sustituida por la tía de éste en un secuestro, en estos días.  Apenas morirá alguno por un justo, “con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno, 8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”; es decir, Él tomó la iniciativa, Él no esperó que nosotros nos las arreglásemos solos.


Si yo no hago algo, otro no hace.  Así es que tengo que empezar.  Así tiene que ser la Iglesia, así tiene que ser en la familia; así tiene que ser en el trabajo.  Si tú no empiezas, si sólo vas a empezar cuando el otro haga, nunca se va a hacer nada.  Uno tiene que procurar empezar; imitando al Señor, y en Su poder empezar.  “8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  9Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”.  ¿Se da cuenta que no es lo mismo sino que es algo más?  Porque es que Cristo al morir por nosotros era la propiciación para la redención.  Aquí la salvación es algo más incluso que la justificación.  Porque es que algunas veces hemos visto la salvación solamente como no irse al infierno; pero la Biblia usa la salvación como algo muy grande, la salvación implica muchas cosas.  Por eso aquí dice:  “Mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”.  Aquí dice ser salvos de la ira, pero más adelante va a decir, aquí en los mismos versos, ser salvos por la vida.  Antes habíamos oído sólo que somos salvos por la muerte de Cristo, pero no por la vida de Cristo.


Pero Pablo enseña que hay un aspecto de la salvación que se debe a la vida de Cristo y no a la muerte.  Claro, la muerte logra unas cosas, pero la vida logra otras cosas.  Vamos a ver eso aquí en la Biblia.


8Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  9Pues mucho más, estando ya (nótese el tiempo pasado del verbo) justificados en su sangre, por él seremos (futuro) salvos de la ira”.  Aquí está hablando que cuando llegue ya en el futuro el juicio de Dios, gracias a que fuimos justificados, seremos salvos de la ira. Pero eso no es todo lo relativo a la salvación; es la salvación de la ira que descansa en la obra ya hecha por el Señor que se mostrará en el futuro en el día del juicio. 

Pero la salvación es algo más grande, no es sólo para el día de la ira.

 Durante toda nuestra vida tenemos que ocuparnos de una gran salvación que fue ya provista, pero que hay que usufructuarla.


“10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.  La reconciliación es otro aspecto logrado en la Cruz. 

Claro que aquí no está diciendo todo, en otras partes dice que también reconciliados entre nosotros, y luego desglosa esa reconciliación de razas, de clases, de sexos, de culturas; todo eso está incluido en la reconciliación.


Hermanos, nosotros no podemos dejar que esto sea sólo palabras; esto es una obra ya hecha en la cruz, anunciada por el evangelio, que si oímos y lo creemos, lo disfrutamos, lo tenemos presente, estamos en lo nuevo.  Hay que oírlo y hay que creerlo.  Primero hay que saberlo, como habíamos dicho, sabiendo esto.  10Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. 

¿Usted cree que si estas no fueran experiencias, Pablo iba a hablar con ese desglose: esto, y además de esto, y además?  Él sabía lo que disfrutaba, lo que estaba anunciando.  No eran palabras de esas que nosotros leemos a toda carrera sin disfrutar.  No, hermanos, es el evangelio.  Dice: “Mucho más (es decir, mucho más que reconciliados), estando reconciliados, seremos salvos por su vida”. 

No sólo salvos por la muerte, sino que la vida de Señor nos salva de la muerte; pero no sólo de la muerte allá al final.


Hermanos, nosotros llevamos en nosotros la ley del pecado y de la muerte en la carne.  Cuando estamos que no podemos decir aleluya, ese es el peso de la muerte.  Señor Jesús, ¿cómo cantarte?  Yo sé lo que soy y lo que he hecho.  Ahí estamos aplastados como una tumba.

 Cualquiera otra cosa podemos hacer, pero decir aleluya, no.  ¡Qué peso terrible!  Pero cuando se es reconciliado por Su sangre, por Su muerte en la cruz, entonces eres justificado, ahora puedes decir aleluya; ahora eres otro distinto; ahora estás dentro del Lugar Santísimo, porque Él entró en tu lugar, y ahora Su vida está en ti y tú estás con Él en una nueva posición, sentado con Él en lugares celestiales.  Ahora eres salvo por la vida incluso de la muerte, de tu muerte, de la ira, del pecado, de la ley del pecado y de la muerte en ti por el Espíritu de vida en ti.  Esa es una salvación por la vida, por el fluir de la vida.  No es sólo salvación del juicio.  Una cosa es salvación de la ira, pero hay que ser salvos de lo que somos, de la muerte operando en nosotros, de la ley del pecado, del mundo, del diablo. 

¿Por qué?  Salvos por la vida; es decir, que existe realmente algo precioso que se llama la vida; y existe una operación de la vida que consiste en salvar, no sólo del juicio sino de todo lo que todos los días tenemos que ser salvados.  Es otro aspecto de la salvación, que es más allá de la reconciliación.


La reconciliación es una cosa grande; pero dice que además, estando ya reconciliados, mucho más seremos salvos por Su vida.  “11Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”.  Cómo me gustan estos versículos.  Y mucho más, y más y además. 

Pablo está rebozando.  Él habla de las inescrutables riquezas de Cristo.  Como ya recibimos la reconciliación, nos gloriamos en Dios. 

Gloriarse en Dios significa muchas cosas.  Significa tener la conciencia de lo nuevo que Él nos hizo y dar testimonio por la fe, y actuar confiados, gloriándonos, sin dejarte acusar, sin dejarte disminuir por el diablo ni por nadie.  Te paras de frente.  Gloriándonos por lo que Dios es y por lo que Dios ha hecho. Le damos gracias al Señor.

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Continúa con: El perdón.

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