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LA CREACIÓN DEL HOMBRE Y SU IMPORTANCIA PARA DIOS

Por cristianogiv - 17 de Julio, 2006, 14:19, Categoría: General



Frente a la caída (2)


LA CREACIÓN DEL HOMBRE
Y SU IMPORTANCIA PARA DIOS


El Hombre en la creación

El tema del presente capítulo está íntimamente relacionado con lo relativo a la economía divina.  En el Génesis, el primer libro de la Biblia, capítulo 1, vemos cómo empieza a desarrollarse el plan de la economía divina.  Si Dios tenía un plan, y de hecho lo tiene, entonces ha hecho una revelación en función de ese plan.  Al desarrollar ese plan, Dios crea, y la creación es según el plan, según el propósito. 

Primeramente, antes de crear, Dios tiene un objetivo, y según lo que quiere en consecuencia crea, y nosotros los seres humanos por la misericordia grande de Dios alcanzamos la suerte, como dice Pablo, de hallar gracia a los ojos de Dios para ser puestos en un lugar importante dentro de Su plan, porque ninguna otra criatura como el ser humano ocupa un lugar central en el plan de Dios.


Respecto de la encarnación del Verbo, Dios no se quiso hacer otra clase de criatura.  No se quiso hacer árbol, no se hizo querubín, ni serafín, ni planeta, sino que se hizo hombre.  El Verbo se hizo carne como los hombres, como uno de nosotros.  De manera que el hombre ocupa, en el sentido de los dos sexos, un lugar central en el plan de Dios.  Entonces, la razón por cual fue creado el hombre, determina cómo fue creado.  Es decir, el para qué determina el cómo.  Tenemos un diseño.  Dios nos diseñó de cierta manera, y lo hizo en función del para qué nos creó.


En Génesis empezamos a darnos cuenta de la causa por la cual Dios creó al hombre.   Dios comienza a hablar acerca del plan para con el hombre.  Jesucristo dijo una frase que Dios cumple.  Jesucristo dijo: 

"De la abundancia del corazón habla la boca".  Y cuando Dios comenzó a hablar acerca del hombre, del ser humano, hombre y mujer; comenzó a revelar su corazón.  Por eso vamos al libro de Génesis para comenzar a oír lo que Dios empezó a decir acerca del hombre. 

En el capítulo 1:26 dice así:  "Entonces dijo Dios:".  Observemos la palabra entonces, porque la palabra entonces quiere decir que hubo una preparación de antemano, que hubo algo que Dios hizo primero para que luego llegase ese "entonces" de Dios.  Dios no comenzó con el hombre.


"1En el principio creó Dios los cielos y la tierra.  2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas.  3Y dijo Dios:  Sea la luz; y fue la luz..." (Génesis 1:1-3).


Guardando un orden, fue lo primero, y luego lo segundo, el segundo día, el tercer día, y fue creando y creando, y por último, antes de terminar, de descansar, en el día sexto que es el día de la culminación de Su obra, creó al hombre;  y en el día séptimo Dios descansó de toda Su obra y vio que era bueno y en gran manera.  De modo que hubiéramos podido aparecer en el primer día como una onda de luz, o haber sido aguas más allá de los cielos o un montoncito de tierra, o una planta, o  un ratoncito  por ahí.  Pero nos tocó el día de la culminación, como si dijéramos el asiento final para el descanso de Dios, el día sexto, el último día de trabajo, su obra cumbre.  Entonces es muy significativo porque ese es el entonces de Dios; ese entonces es como la corona del programa de Dios en la creación: el hombre.

Todo lo demás lo hizo para llegar a ese entonces.  Dios no necesitaba plata;  cuánto ha vivido Dios sin plata, cuánto tiempo sin animales.  Dios no necesita nada.  Nosotros somos los que necesitamos aire, sol, una temperatura exacta no tan cerca al sol para no quemarnos, no tan lejos para que no nos congelemos, como Marte, como Júpiter, como Saturno, como Neptuno, como Plutón, con el tamaño exacto para que la velocidad sea exacta, para que la órbita sea exacta, en el equilibrio de los demás planetas, del sol, para que nuestra órbita no sea más amplia, ni más pequeña, ni más grande, con el eje exacto para que el día, la tarde y la noche fuesen exacto;  con la luna con el tamaño exacto, a la distancia exacta, porque si está más cerca, las mareas barrerían los continentes, y si está más lejos no habría la suficiente presión gravitacional para que se formaran los continentes.

 Todo fue medido, todo el reloj del sistema fue ordenado en función del punto mayor, del lugar que desde el inicio Él nos otorgó.   Ese punto donde Dios colocó al hombre, lo preparó todo y dijo: "hagamos".  Para ninguna otra cosa hubo una conferencia tan especial.  Así dijo Dios: "Sea la luz y fue la luz"; en todas las demás cosas no se nota la Trinidad de Dios.  Pero para la creación del hombre hubo un consejo al interior de la Trinidad y dice:  "Hagamos al hombre".  Nótese cómo dice, "al hombre", no a un hombre como si se tratase solamente de uno y solo del primero.  Cuando dijo: 

"hagamos al hombre" lo habló refiriéndose no sólo al primero sino al hombre en general, en genérico, o sea el género humano, la raza humana.


La Creación del hombre y Cristo

"Hagamos al hombre a nuestra imagen".  Es importante observar que no dice nuestras imágenes, como si hubiera más de una imagen, pero tampoco dice mi imagen como si se tratara solamente de una persona.  "Nuestra" quiere decir la pluralidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  Cuando dice: hagamos al hombre, lo dice el consejo de Dios.  La imagen de Dios es Cristo; eso lo dice la Biblia en varios pasajes.  Por ejemplo  en 2 Corintios 4:4b, dice:  "...Cristo, el cual es la imagen de Dios".  Colosenses 1:15a, hablando del Hijo, de Jesucristo, dice:  "El es la imagen del Dios invisible".  Y algo parecido dice San Juan en su evangelio, capítulo 1:18: "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo,  que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer".  O sea que el Hijo, Jesucristo, es la imagen del Dios invisible.  Dios es invisible pero para darse a conocer tiene una imagen y la imagen de Dios es el Hijo.  Por eso en Hebreos 1:3 dice: 

"...el cual (Cristo), es el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder".  Fijémonos qué cosa es el Hijo en la Trinidad.  Por medio del Hijo es que la Trinidad se revela.  El Padre no puede ser conocido sin el Hijo.  Dios se da a conocer en el Hijo y el Hijo en el Padre.  Dios ama tanto a ese Hijo y se da a conocer por ese Hijo;  y dice en 1 Juan 5:20:  "...el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero;  y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo.  Este es el verdadero Dios, y la vida eterna".  O sea que el verdadero Dios se revela a través de su Hijo, su imagen.  El Padre está tan enamorado de su Hijo, que quiso que a su Hijo le fuera dada toda la plenitud;  quiso que ese Hijo Unigénito ya no fuera solamente unigénito, sino que se volviera primogénito de muchos hermanos semejantes a El.


Tanto se agrada Dios del Hijo, confía en el Hijo, se expresa en el Hijo, revela su gloria en el Hijo, que Dios quiso incorporar para casa suya, para imagen suya a otras criaturas que llegaran a ser hechas a imagen de Su Hijo.  Para que ese Hijo fuese el primogénito, ahora el primero entre muchos hermanos.  Para que el Unigénito pudiera ser el Primogénito, Dios tenía que hacer una criatura a la imagen de Dios o destinada a ser como Cristo.  ¡Qué maravilla para nosotros! 

Creados, diseñados para contener y expresar la gloria de Dios, como lo hace el Hijo.  Ahora quiere que ese Hijo sea corporativo como lo hemos visto.  Ese Hijo Unigénito, sea Primogénito entre muchos hermanos, como dice Romanos 8:29, "para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos".  Dice en Génesis: "hagamos al hombre", y nosotros estamos conscientes de que el Padre nos ha dado al Hijo, imagen del Dios invisible.  Entonces Dios nos pensó y vamos a ser muchas criaturas;  pero entre todas  esas criaturas vamos a ser una que sea como Dios.  Porque la imagen de Dios es el Hijo.  El Padre no es la imagen.  El Espíritu Santo no es la imagen; quien es la imagen como dice Corintios, como dice Hebreos, como dice Juan, como dice 1 de Juan:  la imagen es el Hijo.  Entonces Dios quiso hacer una criatura destinada a ser configurada al Hijo.  Tan enamorado está el Padre del Hijo.  En el Hijo el Padre encuentra tanta complacencia que quiere multiplicarlo y que ese Hijo sea el primero y sea la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, que es la familia de los hijos.


La creación del hombre a la imagen de Dios

Para eso Dios tenía que decir: "hagamos al hombre a nuestra imagen", y luego dijo: "conforme a nuestra semejanza".  Es decir, para que El pueda expresarse tiene que tener una relación íntima con nosotros,  tiene que poder contenerse así como el Padre puede ser, estar, morar y expresarse en el Hijo.

Entonces es necesario que haya afinidad entre esa criatura que vamos a ser.  Entonces vamos a hacerlo conforme a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza.  Pero hay algo más; como hay una creación grande y Dios es el dueño de la creación, El es el Señor, y en Su soberanía dice, vamos a delegar en él el señorío sobre la creación, en nuestro nombre, a esa criatura que va a ser la portadora de nuestra imagen, que va a ser nuestra semejanza.  Entonces Dios creó al hombre a su imagen y semejanza y le dijo: "Señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra".  Fueron tres cosas claves que Dios quiso para el ser humano.  La imagen, la semejanza y el señorío.  O sea que aparece nuestro destino y según nuestro destino el diseño del hombre es en función de esa misión.  La misión que determina el diseño.  Si tú quieres moler maíz te inventas una máquina para moler maíz, si quieres coser te inventas una máquina para coser.  O sea que tú diseñas la cosa según la misión que quieras darle.  Dios pensó en el hombre y le dio una misión.  Eso significa que la misión que tiene el hombre determina el diseño del hombre.  Pero en el presente capítulo no nos vamos a detener  mucho en el diseño sino en la misión, ya que es la misión la que determina el diseño.  "Hagamos al hombre (él es la imagen, el hombre en general) a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza".  La imagen sirve  para expresar, pero para poder hacerlo tiene que haber una relación, o sea que el hombre tiene que ser diseñado con semejanza a Dios para poder tener contacto con Dios, entenderlo, aprender de Él y representarlo.


Entonces la imagen es para expresar, pero la semejanza es para contener, porque cuando Dios es contenido entonces puede ser expresado, y cuando Dios es contenido y expresado, es cuando puede ejercer autoridad a través del hombre.  O sea que el hombre está diseñado como autoridad delegada para ejercer dominio, señorío. 

Esas son las tres palabras claves:  imagen, semejanza y señorío. 

Existe otra cosa curiosa.  El señorío que Dios quiere que el hombre tenga de su parte, portándolo a Él, conteniéndolo, expresándolo y ejerciendo en forma delegada como canal de Dios su autoridad, tiene una jurisdicción y esa jurisdicción es de Dios.  A veces no captamos todas las indicaciones de la jurisdicción de Dios, que El mismo nos coloca.  Y  dice:  "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra".  


El hombre es el canal de Dios para hacer de las cosas como Él quiere.

 O sea que el hombre primero tiene que contener a Dios para poder expresarlo;  y para representarlo tiene que recibir primero la dirección de Dios, interpretarla, ejercerla en unión con Dios.  Dios no quiere hacer las cosas solo sino a través del hombre.  Dios no quiere tratar directamente con la creación sino que la puso en las manos del hombre.  Dios quiere tratar con ella a través del hombre.  Imagínese el ejemplo del guante.  Un guante es hecho a imagen de la mano.  No es la mano.  Pero según la mano, se hace el guante, porque el guante se hace con el propósito de que la mano pueda ser contendida en él y expresarse a través de él.  Asimismo Dios diseñó para sí una criatura que fuera como su guante.  Como si El fuera la mano; entonces el guante es la criatura y esa criatura somos nosotros.  Nosotros somos el guante de Dios.  Es decir, diseñados para que Dios se nos ponga, seamos puestos en Dios, y Dios nos lleve como la mano se mete en el guante; así Dios quiere meterse en nosotros, llenarnos de Sí mismo y que nosotros seamos Su medio, Su instrumento.  El vaso de Dios.


El Hombre como vaso de barro

La Palabra del Señor nos dice que nosotros somos vasos.  Justamente hay un canto que dice: "Vaso de barro soy". Veamos dos ejemplos: 

Uno de ellos está en 2 Corintios 4:8-7, y dice: "porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.  Pero tenemos este tesoro en vasos de barro...".   ¿Cuál es este tesoro?  Este tesoro es el Dios que resplandece en la faz de Jesucristo.  Pero dice:  "Tenemos este tesoro en vasos de barro". O sea al Dios creador y revelado en Cristo, quien es su imagen, lo tenemos en vasos de barro.  Como dice en 2 Corintios:  "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros".


Dios se hizo un vaso para sí mismo. ¿De qué lo hizo?  De barro.  ¿De qué hizo al hombre? De barro.  Por eso dice:  "Vasos de barro", pero por el momento no vamos a enfatizar el barro sino la calidad de vaso.

 ¿Para qué sirve un vaso?  Un vaso sirve para contener.  Para eso sirve un vaso.  En ese vaso hay que echar un contenido.  Dios hizo un contenedor para El mismo.  Dios mismo es el contenido.  El quiere ser contenido, expresado y representado por el ser humano.  Por eso tanta envidia tenía el diablo que quería ser a la semejanza de Dios.  El quiere destruir al hombre, depravarlo, mutilarlo, torcerlo, dañarlo, rebajarlo porque lo odia, porque forma parte del lugar que él quería.


Satanás  quería sentarse donde está el Altísimo.  Pero Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra semejanza".  Fue al hombre;  no fue a los ángeles, sino al hombre, o sea varón y mujer.  La Biblia dice que somos vasos:  En Romanos 9:23 nos dice:  "Para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que El preparó de antemano para gloria".  Es una revelación clara que Dios preparó de antemano vasos de misericordia para gloria.  Dios quiere dar a conocer su gloria y para esto tiene que depositarla en unos vasos, por lo tanto son vasos de misericordia porque es por misericordia que un Dios santo, que es un tesoro, se meta en vasos de barro como somos nosotros, para gloria.  Como lo hace en el Hijo, ahora lo hace en los hermanos y hermanas del Hijo.  El Hijo es el unigénito, ahora primogénito entre los hermanos.  Somos el Cuerpo. 

Por eso hablamos que el misterio de Dios es Cristo y el misterio de Cristo es la Iglesia.


La Iglesia es el hombre redimido, porque ese hombre cayó pero el plan de Dios no se frustró por la caída del hombre, sino que el propósito de la redención es recuperar al hombre al plan de Dios;  o sea que la Iglesia es el nuevo hombre, el hombre redimido, el hombre restaurado para que ese plan, ahora sí, se cumpla a pesar de la caída, gracias a la redención.  Ahora observemos cuál es la jurisdicción:  El señorío es sobre los peces del mar y toda la creación.   Dios le dió al hombre una jurisdicción que no estaba virgen, sino ocupada por un personaje adverso a Dios.  Analicemos bien ese plan.  Esto nos enseña un poco una función que el hombre tiene.  Si Dios nos hubiera colocado en un lugar donde no hubiera ningún peligro, ciertamente no estaríamos destinados a un combate.  Pero en el lugar donde Dios puso al hombre ya existía un enemigo de Dios y ese enemigo de Dios pretendía usurpar el señorío de Dios y ahora Dios quiere que sea el hombre el canal de su señorío enfrentándolo al rival que pretende señorear en lugar de Dios.  Ahora Dios quiere que Su señorío sea establecido por el hombre y por eso la jurisdicción en la que Dios puso al hombre no es una jurisdicción virgen sino una jurisdicción donde merodea el enemigo de Dios.  Eso quiere decir que ese señorío significa combate.  El hombre fue diseñado para establecer, con la ayuda divina, la autoridad de Dios, frente a la rebelión.  Es como el caso de Israel.  Dios quiere que Israel establezca en la tierra de Canaán el Reino de Dios pero en Canaán están los cananeos; los gigantes cananeos.  Dios quiere que Su pueblo sea canal para Su Reino.  Pero ese Reino no es que esté exento de oposición.  Está en oposición.  Pero justamente en ese medio, en esa jurisdicción donde hay esa oposición, ahí fue donde Dios mismo puso al hombre.  Dios es Dios y quiere tratar al enemigo a través de la obediencia.  Dios no sería honrado si El como el Dios grande agarrara al diablito chiquito y de una vez por todas lo hiciera desaparecer. 

Otras criaturas son tentadas, son débiles, y algunas inclusive caen, pero el Señor las redime, y a través de esas criaturas que le son fieles y resisten al diablo, El ejecuta su juicio a la rebelión.


El hombre como criatura obediente

Dios no quiere ejecutar su juicio directo.  La Biblia dice que aun los ángeles serán juzgados por la Iglesia.  ¿Por qué?  Porque la criatura puede pensar que Dios es creador, no criatura, y decirle a Dios: Dios, lo que sucede es que Tú eres el Creador, no eres criatura, y por tanto Tú no sabes lo que es ser criatura, y por eso nos pones en esta situación.  Y vemos que Dios escoge la criatura como canal.  Sí, el diablo era criatura y se rebeló.  Ahora Dios escoge una criatura incluso de una condición débil, la cual obedece a Dios;  y si esa criatura obedece a Dios estando incluso en una condición más difícil de lo que estaba el diablo cuando fue creado, Satanás es avergonzado. 

Porque cuando el diablo fue creado, no había quien lo tentara, no había pecado, sino que había amor, felicidad.  Pero esas criaturas son creadas cuando ya existe el diablo y sus demonios;  y los que hemos nacido después de la caída de Adán, todavía nos ha tocado peor, pues estamos en medio del mundo, la carne, el pecado, la muerte; y si aun esas criaturas honran a Dios, Satanás es juzgado, avergonzado.


De ahí que Satanás no quiere que agrademos a Dios, sino que seamos como él, y no le gusta cuando el Señor le dice: "Mira, ¿no has visto a mi siervo Job?  Al Señor le gusta mostrarle a Satanás la obediencia de las criaturas, a esa criatura que empezó la rebelión.  Porque podría ser Dios el grande, frente a una criatura que es nada.  Pero es criatura contra criatura; por eso es que el Señor Jesús no fue solamente como Dios que encaró al diablo, sino que, como dice en Filipenses 2:7-8:  "... se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo (porque antes no era siervo), hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".


Asimismo Jesús fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza y vino en carne y en carne venció a Satanás.  Fue tentado como hombre y ahí Satanás fue avergonzado por ese hombre llamado Jesús.  Satanás sabe perfectamente quién es Jesucristo, y no tiene ningún problema en confesar que Dios es el mismo Hijo de Dios, la divinidad.  Cuando Dios apareció en la sinagoga, los demonios le decían:  Sabemos quién eres, el Hijo de Dios, el Santo de Dios.  Lo confesaban como el Santo de Dios.


Pero qué dice el apóstol Juan es su primera epístola, en el capítulo 4:  "El espíritu del anticristo no quiere confesar que Jesucristo vino en carne; porque fue por encarnación que el verbo de Dios se puso en la condición de hombre y como hombre fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza y venció al maligno".  Entonces Jesucristo cumplió el papel que debía cumplir el hombre.  Pero el plan de Dios no es que sólo El lo cumpla.  Porque creó al hombre en general;  el principal hombre es Jesús,  pero la Iglesia es el nuevo hombre, el redimido gracias a Cristo.  Y también la Iglesia es la vencedora contra Satanás; no sólo Jesucristo sino la Iglesia venció con  Jesucristo y en el nombre de Jesucristo.  Por eso la lucha del diablo era al principio con el hombre, y como venció al hombre vino la redención, y continúa el ataque contra los redimidos, la Iglesia.  Es la lucha del diablo.


La Jurisdicción del hombre

Dios colocó al hombre en una jurisdicción donde ya estaba el diablo.  Es decir que había que señorear no donde no había resistencia, no donde no había problema.  Nosotros a veces queremos irnos al cielo.

A veces solemos decir:  Señor, ya me salvé;  llévame ya para el cielo.  Qué hacemos en este mundo tan terrible;  me quiero ir al cielo.  El Señor dijo, no.  Vosotros oraréis así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.  Venga tu reino. 
Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra".  Dios hizo el hombre para la tierra.  Dios quiere al hombre con los pies en la tierra en el nombre de Dios.  Nosotros queremos irnos al cielo pero El viene a la tierra.  Claro que vamos a ir al cielo, pero vamos a volver a la tierra otra vez.  Habrá  un cielo nuevo y una tierra nueva.  La tierra es donde Dios puso al hombre, donde Dios quiere ser contenido y expresado y ejercer señorío.  Esa es la tierra.


A veces cuando hubo rebelión entre los hombres y nadie obedecía a Dios, encontramos que Dios decía ser el Dios del cielo;  pero cuando encontró a Su pueblo, cuando encontró a Abraham que le obedecía, cuando su pueblo se le sometía, era como si en esta tierra que el diablo se había robado, se abriera una pistica para que Dios pudiera aterrizar y decir también que es el Dios de la tierra.  Claro que El es el Dios de la tierra como creador pero no es honrado en la tierra. 

Pero Dios quiere ser honrado en la tierra por el hombre.  Después nos iremos para el cielo.  Por eso es que la gente que salva no se muere ahí mismo sino que es dejada aquí en la tierra,  no en el mundo. 

"Pero yo los he enviado al mundo".


En la Biblia hay otra palabra con la que se designa el mar; es la palabra "abismos".  Cuando Jonás fue echado al mar  dice que fue a los abismos; que el alga se enredó en su cabeza y fue rodeado del abismo.  Y cuando cruzaron el mar Rojo dice que cruzaron a través de los abismos y existe un personaje que se llama Abadón y Apolión que quiere decir destructor, que es el mismo diablo, porque el Señor dice en Isaías que hizo al destruidor para destruir, el cual es Apolión.

Abadón se le llama al rey del abismo en Apocalipsis 9.  O sea que en esa jurisdicción del abismo, estaba señoreando otro pero ahora Dios quiere que no sea otro sino el hombre que señoree sobre los peces del mar, no el rey del abismo.  Dios no quiere que sea  el rey del abismo el que siga señoreando en los peces del mar.


Encontramos algo curioso.  Al leer atentamente Génesis capítulo 1, encontramos que de casi todos los días (no de todos), Dios dijo que lo que había hecho era bueno.  El primer día Dios dijo, hágase la luz y vio que era buena, y cuando vio la tierra y las plantas, dijo que era buena;  y vio al hombre y vio que era bueno en gran manera. 

Cuando se refirió al hombre, Adán y Eva, no era sólo bueno, sino bueno en gran manera.  Pero, ¿de qué día no dijo el Señor que era bueno?  Del segundo día.  Si se lee con cuidado Génesis capítulo 1, nos enteramos de eso.  Dios se quedó callado.  ¿Y por qué Dios se quedó callado?  ¿Qué fue lo que pasó en el segundo día?  La creación de la expansión (los aires) y la separación de las aguas.  "Dios dijo: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.  E hizo Dios  la expansión, y separó las aguas  puso las aguas sobre lo cielos, las aguas sobre la tierra y a la expansión llamó cielos".  Pues justamente en esa jurisdicción es donde está Satanás.  A Satanás se le llama el príncipe de la potestad del aire y el rey del abismo.  Y la serpiente.  Y justamente ahí es donde Dios quiere que el hombre señoree.  ¿Dónde está el problema sino ahí mismo donde estaba el rey del abismo queriendo ser señor? ¡No!  Es el hombre a la imagen y semejanza de Dios el que ha de señorear en los peces del mar, no el rey del abismo.  ¡En las aves del cielo no!


No es el príncipe de la potestad del aire en las regiones celestes el que ha de señorear en los cielos.  ¡No!  Es el hombre.  "Hagamos al hombre y señoree en las aves del cielo".  O sea que el diablo quiere usurpar lo de Dios para sí mismo y Dios hizo al hombre para que el  hombre conteniendo, expresando y en el nombre del Señor ejerciendo el señorío juntamente con Dios, deseche las tinieblas así como Israel tenía que entrar en Canaán.  No importa que hubiera gigantes.  Josué y Caleb no se amedrentaron, no rehuyeron, aunque era demasiado complicado y había unos gigantes terribles.  Nosotros parecemos langostas.  Por eso los hermanos hablan del  complejo de langosta.  El complejo de langosta es lo que dijeron los diez espías.  Pero esos gigantes son demasiado grandes y nosotros parecemos langostas;  nosotros no podemos.  Y justamente Josué y Caleb dijeron "podemos porque Jehová está con nosotros" . Nosotros somos el guante.  Pero la mano es Dios, y Él quiere que el instrumento de su juicio sea el hombre.  Por eso fue que Jesucristo no venció a Satanás antes de la encarnación sino en la encarnación, como hombre siendo tentado, sometido a la condición de criatura.


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Continúa con: Las partes del hombre: espíritu, alma y cuerpo.

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