ANTICIPACION PROFETICA MESIANICA
Yahveh Elohim es el Dios Eterno, Uno
y Trino[i],
cuyo Verbo Divino, igual a Sí, el Hijo eterno de Dios, Su propia Imagen y
resplandor de Su gloria, por Quien Dios se revela,
es el arquetipo conforme al cual fue creado el hombre. Cuando Elohim dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme
a nuestra semejanza[ii], tal imagen y semejanza es el Hijo de Dios.
El hombre sería, pues, corporativo,
destinado a la relación estrecha con el Hijo de Dios,
conteniéndolo como vida para vivir por Èl,
y configurándose a Su imagen y semejanza para expresar Su gloria.
Adam, el primer hombre,
fue, pues, figura del que habrìa de venir.
Eva, entonces,
figura de su mìstica esposa,
tomada de su costado mientras él pasaba por el sueño profundo, para ser su
asistente compañera y coheredera, su ayuda idónea, carne de su carne y hueso de
sus huesos. La
vida del hombre sería la del Árbol de la Vida,
corporificación de la vida divina que está con el Padre y es Su Hijo.
Al venderse el hombre al pecado y quedar bajo su poder y el de Satanás y el de
la muerte, Yahveh
Elohim prometió una Simiente de la Mujer
que aplastaría la cabeza de la serpiente aunque fuese herida en el calcañar.
Vencería, pues, al pecado y a la muerte, al mundo y al diablo con su séquito.
También Yahveh Elohim cubrió la desnudez del hombre con las túnicas de pieles
de un sacrificio que prefiguraba el del Cordero de Dios. Por eso Abel se
acogió por la fe a este sacrificio para poder ser acepto ante Dios, y lo fue en
lugar de Caín
que apenas se confió en el fruto de su propia labor, lo cual es siempre
insuficiente para reparar la ofensa de lesa majestad cometida contra Dios, Su
santidad, justicia y gloria.
Desde Adam en el Edén y desde
Abel, los hombres comenzaron a entender y usar el valor protector del
sacrificio propiciatorio.
A esta fe se acogió Set
y su hijo Enós,
comenzando éste último, como frágil mortal, a invocar el hombre de Yahveh. Enós
fue el gran sacerdote antediluviano que enseñó a la humanidad primigenia la
invocación a Yahveh; es, pues, figura del Sumo Sacerdote.
Caín, no obstante, salió y huyó de la presencia de Yahveh Elohim, tornándose Nod el errante y edificando con sus
descendientes su propia civilización cainita, enajenada ahora del Único Dios
Verdadero. Aunque
Caín mató a Abel, no pudo evitar que éste fuese sustituido por Set.
De Enós setita vino luego el séptimo desde Adam, el profeta que anduvo con
Dios, Enok setita, arrebatado por Elohim.
Éste Enok setita profetizó diciendo: “He
aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio
contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías
que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los impíos han hablado
contra Él”. Y por este profeta vino luego, por Matusalem
y Lamek setita, Noé,
que construyó inmediatamente antes del Diluvio el arca salvadora que
prefiguraba al Salvador.
Este Noé hizo pacto con Dios, el cual fue bendecido como Dios de Sem, hijo de Noé, que acoge en sus
tiendas al engrandecido Jafet.
Por los semitas vino Abraham
a quien Dios prometió que por su simiente bendeciría a las familias de la
tierra.
Isaak, hijo de Abraham, prefiguró a
aquella Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la
Tierra.
La Simiente de Abraham sería, pues,
la antigua Simiente de la Mujer, prometida para vencer el imperio de la
serpiente. Isaak y su hijo Jacob I Israel recibieron la confirmación de las
promesas hechas por Dios a Abraham.
Sara prefiguró el Nuevo Pacto, e Isaak al nacido por el Espíritu. Agar
prefiguró al viejo pacto en la carne, e Ismael al nacido de ésta.
De Israel nació, pues, el pueblo de Israel según la carne, formado por las Doce
Tribus; pero en medio de este Israel, se fue formando el Israel Espiritual, el
verdadero Israel, circuncidado de corazón, con aquellos verdaderos creyentes en
el Dios de Abraham y en su simiente prometida que bendeciría a las naciones,
formado por los fieles y los profetas.
Jacob I Israel, antes de morir,
inspirado por el Espíritu de Dios, profetizó a sus doce hijos. Entre ellos
profetizó a Judá que no sería quebrado el cetro de Judá hasta
que viniera Silo,
es decir, el Enviado, Aquella Simiente de la Mujer y Simiente de Abraham
prometida, prefigurado en Adam, Cabeza de la Humanidad. Que no sería quitado el
Legislador de entre sus piernas.
Silo, pues, el Enviado, el Ungido, el Mesías, el Cristo, sería el verdadero Legislador,
y vendría del linaje de Judá.
Yhaveh Elohim llamó y envió
entonces a Moisés por medio del cual
realizó con Israel y sus prosélitos, los términos de la Antigua Alianza que
entregaba al hombre mandamientos a la carne, para demostrarle a éste la necesidad
de una mayor liberación. Mas junto a los mandamientos colocó Dios las fiestas,
y los sacrificios que cubrían sus pecados, prefigurando éstos, sacrificios y
fiestas, incluido el sábado, la Gesta del futuro Mesías, el Ungido, el Cristo,
aquella Simiente de la Mujer, y Simiente de Abraham, aquel Silo del Linaje de
Judá.
Lo transitorio y pasajero de la Antigua Alianza lo enseñó Moisés al profetizar
que Dios enviaría después de él a Un
Profeta como él, que le salvaría la palabra de Dios, y que quien no oyese a
ese Profeta, las palabras que El nos hablaría de parte de Dios, sería
desarraigado del pueblo.
En tiempos de Moisés también profetizó Balaam que saldría Estrella de Jacob y se levantaría Cetro de Israel.
La simiente de la mujer que aplastaría al dragón, la Simiente de Abraham por
quien serían bendecidas las familias de la tierra, las naciones, la Estrella de
Jacob, el Enviado, o Silo, del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas,
sería, pues, el Profeta anunciado por Moisés que hablaría las palabras de Dios
que nadie podría desatender sin gravísimo peligro, y quien sería el verdadero
Cetro de Israel.
Antes de que ese Cetro comenzase
a ser más proyectado proféticamente, el Verbo de Dios, en una de sus salidas
desde la eternidad como el Ángel de
Yhaveh que apareció a Moisés en la zarza como el Dios de Abraham, de Isaak
y de Jacob, y que
había aparecido a Agar como el Viviente que Ve,
y que luchó como Dios con Jacob en forma de varón,
Éste, en otra de sus salidas desde la eternidad,
así como acompañó a Israel en el desierto cual Angel de Yhaveh y Roca herida
dadora de aguas, Éste
apareció a Josué como Príncipe de los Ejército de Yhaveh introduciéndoles en la
Tierra Prometida, figura
de la plenitud de Cristo.
Josué, como Conquistador, prefiguraba al Mesías; y por eso la semejanza de su
nombre con el de Jesús. Y el Ángel
de Yahveh también apareció al pueblo de Israel Boquim, en el tiempo de los
Jueces, confirmándoles el Pacto.
Era el mismo que había hablado a Job desde un torbellino,
como hablaba a los patriarcas antes de èl.
Fue Aquel que apareció a la madre de Sansón y a su padre Manoa.
Habiendo Samuel establecido la monarquía hebrea,
y habiendo sido escogido David como rey según el corazón de Dios, prometió
Dios a David que de su descendencia levantaría al Cristo. Que David mismo, por
haber derramado mucha sangre, no le levantaría casa a Dios pero que el Hijo de David, Éste sí le levantaría
Casa a Dios, y Dios le sería a Él por Padre, y Él le sería a Dios por Hijo, y
Su trono seria eternamente.
Salomón, pues, en figura tipológica,
como hijo de David, edificó el templo en Jerusalén;
pero el verdadero Hijo de David que le edificaría el verdadero templo no hecho
con manos humanas, sería el Mesías, el Cristo, el Ungido, el Enviado, Silo del
Linaje de Judá, Cetro de Israel, Estrella de Jacob, el Profeta, Simiente de
Abraham y Simiente de la Mujer, ahora descendiente del rey David y edificador
de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, verdadera Casa de Dios, formada por
israelitas y gentiles,
así como el templo de Salomón fue edificado con madera de Israel y de los
gentiles allegada a Israel por Jope,
hoy Tel-Aviv, entrada internacional a Israel de los gentiles, lugar donde el
apóstol Pedro recibió en visión orden de Dios de abrir las puertas de la
Iglesia Cristiana a los gentiles, tal como Jesús de Belem y Nazareth había
ordenado a sus discípulos ir, después de a Jerusalem, a Judea y a Samaria,
también hasta lo último de la Tierra para hacerle discípulos, de modo que la
bendición de Abraham alcanzase a los gentiles según la promesa de Dios.
También otros profetas profetizaron acerca de la Bendición a los gentiles por
medio del Mesías de Israel. Y así como cuando Salomón terminó de edificar el
templo e introdujo el Arca del Pacto mientras 120 sacerdotes tocaban sus
trompetas, así
también 120 discípulos del Mesías testificaron del descenso del Espíritu Santo
a la Iglesia Cristiana, Casa de Dios, a partir de Jerusalem.
Por eso profetizó David por el Espíritu Santo con las
siguientes palabras postreras: “Habrá un
Justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será
como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes,
como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra”.
David, siendo profeta, y a quien Dios le
había prometido que de su descendencia levantaría al Cristo,
hablando inspiradamente por Su Espìritu,
profetizó que sería traicionado,
horadados sus manos y sus pies, escupido, golpeado, mofado, abandonado a la sed
con vinagre, clamando a Dios ante el abandono,
pero que en la muerte su cuerpo descansaría sin ver la corrupción pues su alma
no sería dejada en el Seol = Hades;
entonces, pues, resucitaría y se sentaría a la diestra del Padre, hasta que
todos sus enemigos le fuesen puestos por estrado de sus pies.
También profetizó Job al decir que aún deshecha su piel en la
muerte, aún en su carne vería a su Redentor.
Salomón también lo prefiguró en el Amado de la Amada
en el Cantar de los Cantares.
De Éste Simiente de la Mujer, Simiente
de Abraham para bendición de las familias de la Tierra, Estrella de Jacob, Silo
del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, Profeta anunciado por
Moisés, Hijo de David prefigurado y también por él profetizado, de Éste
profetizaron también los profetas de Israel y de Judá. Isaías profetizó que la virgen daría a luz un niño, cuyo nombre Emanuel significa Dios con nosotros;
que tal niño nacería como Hijo que nos era dado y cuyo nombre sería Admirable,
Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz que reinaría eternamente
sin lìmites. Que
saldría una vara del tronco de Isaí,
y un vástago retoñaría de sus raíces. Y reposaría sobre Él el séptuple Espíritu
de Yahveh quien le haría entender diligente en Su temor. No juzgaría según la
vista de sus ojos, ni argüiría por lo que oyeran sus oídos, sino que juzgaría
con justicia a los pobres, y argüiría con equidad por los mansos de la tierra,
hiriéndola con la espada de Su boca. La justicia y fidelidad serían cinto de
Sus lomos; y en Su reino hasta los animales estarían en paz entre sí y con los
hombres. La Raiz de Isaí sería Pendón a los pueblos, y los gentiles lo
buscarían.
También profetizó Isaías con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán en
juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio
contra el turbión; como arroyos de aguas en tierras de sequedad, como sombra de
gran peñasco en tierra calurosa”. Profetizó también que Dios mismo vendría y la
lengua del mudo sería abierta, el ciego vería y el cojo andaría y saltaría de
gozo y el sordo oiría, y que habría Calzada y Camino de Santidad desde Su
venida.
Mas sería precursado por una voz del desierto, Juan el Bautista,
que le prepararía el camino y le enderezaría las sendas.
También profetizó Isaìas: “He aquí mi
siervo; yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he
puesto sobre èl mi Espìritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni
alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni
apagará el pabilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se
cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas
esperarán su ley…. Yo Yahveh te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano;
te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por Luz de las naciones, para que
abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de
casas de prisión a los que moran en tinieblas”.
Y más profetizó Isaías diciendo: “He aquí
que mi siervo será prosperad, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy
en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los
hombres su parecer, y su hermosura que la de los hijos de los hombres, así
asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque
verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿ Y sobre quièn se ha manifestado el brazo
de Yahveh? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no
hay parecer en èl, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le
deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebrantos; y como que escondimos de Él el rostro, fue
menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y
sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios
y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros
pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros
curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por
su camino, mas Yahveh cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él y
afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja
delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por
juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de
la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso
con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca
hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahveh quiso
quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en
expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de
Yahveh será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y
quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y
llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, Yo le daré parte con los grandes,
y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la
muerte, y fue contado entre los pecadores, habiendo El llevado el pecado de
muchos, y orado por los transgresores”.
También Isaías, prefigurando al Mesías, profetizó con las siguientes palabras:
“El Espíritu de Yahveh está sobre Mi,
porque me ungió Yahveh; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos,
a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a
los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de
Yahveh, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los
enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de
ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu
angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Yahveh, para
gloria suya”. Y
también Isaías, en el capítulo 63 de su libro, habla inspiradamente acerca de
la venida del Señor para pisar el lagar.
El profeta Jeremías profetizó diciendo:
“He aquí que vienen días, dice Yahveh, en
que levantaré a David Renuevo Justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso,
y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel
habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: Yahveh
Justicia Nuestra”.
Igualmente Jeremías anunció de parte de Dios que El haría un Nuevo Pacto, que
daría Su ley en la mente y la escribirìa en el corazón, y que sería conocido
hasta del más pequeño de los hermanos, y que perdonaría la maldad de su pueblo
sin acordarse ya más de su pecado.
Como también el profeta Ezequiel anunció de parte de Dios que El quitaría el
corazón de piedra y daría corazón de carne, y espíritu nuevo, haciendo andar en
Sus estatutos, y colocando Su Espìritu dentro de Su pueblo.
Ezequiel vio al Hijo del Hombre en la gloria divina en medio de los querubines.
Oseas profetizó que Dios nos daría
vida después de dos días y que al tercer día nos resucitaría y viviríamos
delante de Él. Joel profetizó que quien invocare el
nombre del Señor sería salvo, y que El derramaría de Su Espíritu.
Jonás sirvió de señal al volver
prácticamente de la muerte al tercer día.
Miqueas profetizó como Isaías acerca
del reino de Yahveh y anunció la venida y sufrimientos del Mesías diciendo: “Con vara herirán en la mejilla al rey de
Israel. Pero tú, Belèn Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá,
de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el
principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que
dé a luz la que ha de dar a luz; y el remanente de sus hermanos se volverá con
los hijos de Israel. Y Él estará, y apacentará con poder de Yahveh, con
grandeza del nombre de Yahveh su Dios; y morarán seguros, porque ahora será
engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz”.
Habacuc vio su venida gloriosa con rayos brillante de
luz.
Prácticamente casi todos los profetas hablaron de ese día glorioso final. Hageo profetizó diciendo: “Porque así dice Yahveh Sabaot: De aquí a poco yo haré temblar los
cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las
naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones”.
El profeta Daniel en Babilonia, Media y
Persia profetizó acerca del Mesías y su reino.
Interpretando el sueño de Nabucodonosor
vio que una Piedra no cortada con mano de hombre destruía la estatua que
representaba la historia de los imperios mundiales, y crecía cual el Monte del
Reino de los Santos del Altìsimo. También vio Daniel al Hijo del Hombre en una
nube recibiendo del Anciano de Días el reino tras los imperios mundiales. Vio
su sufrimiento a manos de un Vil, y la muerte del Mesìas, no por sí, tras los
69 septenarios contados a partir de la orden de Artajerjes
de restaurar y edificar Jerusalem. Vio el reino y la resurrección.
Zacarías también profetizó de su primera venida humilde y para
sufrir, y también de su segunda venida gloriosa para juzgar y reinar. Anunció
Zacarías así: “Alègrate mucho, hija de
Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem; he aquí que tu rey vendrá a ti,
justo y salvador, humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de
asna. Y de Efraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem, y los
arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío
será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la Tierra. Y tú también
por la sangre de tu pacto serás salva; Yo he sacado tus presos de la cisterna
en que no hay agua”.
Y también anunció Yahveh por Zacarías diciendo: “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi
salario treinta piezas de plata… ¡Hermoso precio con que me han apreciado!....”.
Y dijo también: “Mirarán a mi, a quien
traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él
como quien se aflige por el primogénito”,
Y también: “Se afirmarán sus pies en
aquel día sobre el monte de los olivos, que está enfrente de Jerusalem al
oriente… Y vendrá Yahveh mi Dios, y con él todos los santos… Y Yahveh será rey
sobre toda la tierra”.
Malaquìas también lo anuncia y a su mensajero, así: “He aquí yo envío mi mensajero, el cual
preparará el camino delante de Mi; y vendrá súbitamente a Su templo el Señor a
quien vosotros buscáis, y el Angel del Pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí
viene, ha dicho Yahveh Sabaot”.
Gino
Iafrancesco V., Bogotá 2003.