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Septiembre del 2009

(47) LAS DIEZ VIRGENES

Por Gino Iafrancesco V. - 17 de Septiembre, 2009, 22:54, Categoría: General

EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS LAS DIEZ VIRGENES Localidad de Teusaquillo (2 de junio de 2006) (Gino Iafrancesco V) Buenas noches, hermanos. Con la ayuda del Señor vamos a dar continuidad a las consideraciones de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús; vamos ya casi llegando al fin de esta serie y todavía es necesario que consideremos, con la ayuda del Señor, algunas otras pocas parábolas que ya nos faltan. Hoy estaremos mirando una que está en el capítulo 25 de Mateo y que se encuentra también en lo que se ha dado en llamar el Pequeño Apocalipsis Sinóptico. El pequeño Apocalipsis Sinóptico es lo que el Señor habló cuando salió del templo hacia el Monte de los Olivos dos días antes de ser crucificado. Sus discípulos, en ese ínterin, le preguntaron ciertas cosas y El respondió. Esa respuesta está registrada en Mateo 24 y 25, también en Marcos 13, en Lucas 21, y también a veces Lucas utiliza ciertos temas y los ubica en otro lugar, porque, a veces, su criterio, más que cronológico, en algunas ocasiones es temático. Entonces, en la disposición de estos temas, de estas perícopas, hay una combinación de un criterio cronológico y un criterio temático; a veces en un contexto histórico se trata una parábola que recuerda a otra parábola que se dijo en otro contexto, pero como es relacionada temáticamente entonces se narra a continuación. Por eso hoy vamos a saltarnos Mateo 24 desde el versículo 45 al 51, que es una parábola sobre el siervo fiel o infiel que ya vimos en el contexto de Lucas, cuando estábamos viendo la parábola de los siervos vigilantes. Puesto que hablaba de siervos vigilantes, Lucas recordó esta parábola que fue dicha en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, pero que, por el tema, fue ubicada por Lucas en el capítulo 12. Y cuando la estudiamos, nos adelantamos al contexto cronológico por causa de la analogía temática. Entonces hoy, sin negar la ubicación cronológica de esa parábola, vamos a pasar por encima de ella porque ya la consideramos en un contexto temático diferente, y vamos en lo cronológico al capítulo 25 donde aparece la famosa parábola de las diez vírgenes. Es una parábola sumamente importante; aquí en algunas ocasiones la hemos considerado; mas es necesario tenerla en este contexto, en esta serie. Vamos a volver, con la ayuda del Señor, a meditar en ella; confiamos que la gracia del Señor nos ayudará, que nos hablará. Voy a leerla primeramente de corrido, para que luego regresemos, comentando, con la ayuda del Señor, algunas partes; y seguramente algo que no sea dicho desde aquí puede el Espíritu Santo decírselo a ustedes mientras leemos o comentamos. Dice así Mateo 25: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir". La parábola comienza allí en el 25:1 de Mateo con la palabra "Entonces"; quiere decir que esta palabra "entonces" nos muestra que la parábola de las diez vírgenes está comenzada con un contexto más amplio. La palabra "entonces" nos obliga a interpretar esta parábola dentro del contexto. "Entonces" quiere decir que acababa de decir cosas que viene diciendo a todo lo largo del capítulo 24; es en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico que le preguntan los discípulos: Señor, ¿cuándo serán estas cosas? Eso de que no quedará piedra sobre piedra sobre este templo de Jerusalén, y ¿cuándo será que Jerusalén será rodeada de ejércitos y serán llevados cautivos a todas las naciones? Eso de que la abominación desoladora será puesta, y todas las cosas que tiene el contexto de la venida del Señor, las cosas inmediatamente anteriores a la venida del Señor. Ese es el contexto en el cual Él habla esta parábola. Por lo tanto, no debemos interpretar la parábola como si no hubiéramos leído todo el capítulo 24. A veces se aísla la parábola y se interpreta sola; entonces se ubican unas cosas fuera del contexto; pero la palabra "entonces" nos obliga a interpretar la parábola en el contexto; por lo tanto, no debemos ignorar todo lo que dice el capítulo 24. La vez pasada, cuando vimos lo relativo a "Como ladrón en la noche", vimos el contexto general de este capítulo; y por lo tanto, hoy no nos vamos a detener en eso, sino solamente a recordar que es necesario tener presente todos los detalles a los que el Espíritu Santo nos ha estado llamado la atención de esos pasajes. "Entonces el reino de los cielos será semejante a…"; aquí la parábola de las diez vírgenes es una parábola acerca del reino de los cielos; la parábola no es una parábola acerca del arrebatamiento; el tema de la parábola es el reino de los cielos; por lo tanto, así como tenemos que ubicar esta parábola en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, también debemos colocar esta parábola dentro de la colección de las parábolas del reino de los cielos. Cada parábola del reino de los cielos nos presenta un aspecto del reino de los cielos. Cuando tenemos todas ellas juntas, nos damos cuenta de que la expresión: "el reino de los cielos", se refiere a dos capítulos principales del reino de Dios; lo que tiene que ver con la historia de la Iglesia, desde la primera venida de Cristo, y lo que tiene que ver con la segunda venida de Cristo y la entronización del Señor en el Milenio; o sea, la historia de la Iglesia y la historia del Milenio enmarcadas entre la primera y después de la segunda venida de Cristo; la Iglesia entre la primera y la segunda, el Milenio a partir de la segunda venida; eso es lo que en el contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos se habla. Por lo tanto, también debemos tener en cuenta cuando el Señor dice: el reino de los cielo será semejante…; tenemos que recordar que El ya dijo eso también en otras ocasiones, y que lo dijo con otras parábolas; por lo tanto, a esas otras parábolas tenemos que tenerlas también en cuenta para interpretar ésta; no podemos interpretar la parábola de las vírgenes fuera del contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, ni fuera del contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos. No hay que interpretar aisladamente, sino interpretar teniendo en cuenta el contexto inmediato y el contexto mediato. El inmediato es el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, el contexto mediato es la colección de las parábolas del reino de los cielos. Entonces las parábolas del reino de los cielos nos hablan de lo que acontece en la historia de la Iglesia y lo que acontecerá en el Milenio; por tanto, cuando El habla de las bodas, algunas veces nosotros, al asociar las bodas, las pensamos como en un momento demasiado corto, sin tener en cuenta que aquí El está comparando las bodas con el reino de los cielos. El reino de los cielos, todo el reino, será semejante a diez vírgenes; no está hablando solamente del momento del arrebatamiento; está hablando del reino de los cielos; está semejanza no habla solo de un momento, sino que habla de todo un contexto mucho más amplio. Dice así: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Las diez eran vírgenes, las diez eran creyentes, las diez tenían aceite en sus lámparas; por lo tanto, eran personas renacidas, eran personas regeneradas; las diez tenían la expectativa de la segunda venida de Cristo, porque las diez salieron a recibir al esposo; o sea, ellas tomaron una decisión de vivir teniendo en cuenta la venida del Señor; sólo que la venida del Señor parece retardarse. Entonces algo comenzó a suceder con estos creyentes que habían salido a recibir al esposo. Aquí no hay personas incrédulas, aquí no hay personas eternamente perdidas, aquí se trata con el número diez que es el número de la universalidad; en la Biblia el número diez es el número de la generalidad; aquí el Señor está representando con estas diez vírgenes a la generalidad de los hijos de Dios, de las iglesias, de las personas creyentes. La lámpara, vamos a leerlo, pues a veces lo decimos rápido, y por causa de los hermanos nuevos es necesario mostrar los versículos. Vamos al capítulo 20 de Proverbios, al versículo 27, para que entendamos lo que allí dice. Proverbios 20:27: "Lámpara de Yahveh es el espíritu del hombre; la cual escudriña lo más profundo del corazón"; o sea que la lámpara del Señor es el espíritu del hombre; nuestro espíritu humano es la lámpara del Señor. El Espíritu de Dios en el espíritu humano hace que el espíritu humano alumbre; nuestro espíritu humano es la lámpara, el Espíritu del Señor es el aceite; entonces el aceite en la lámpara es el Espíritu de Dios en nuestro espíritu. 1ª a los Corintios nos dice que el que se une al Señor un espíritu es. Con Él (añade el traductor); quiere decir que el Espíritu de Dios viene al espíritu del hombre, y el hombre regenerado llega a ser un nuevo espíritu, como Dios había dicho prometiendo por Ezequiel: les daré un nuevo espíritu. Antes de recibir al Señor, nuestro espíritu estaba muerto; se dice que estábamos muertos en delitos y pecados, pero que El nos dio vida. Cuando creímos en el Señor por la fe, el Espíritu del Señor entró a nuestro espíritu y nos regeneró; por lo tanto, todas las diez vírgenes tienen lámparas, porque todos los seres humanos tienen espíritu; y todos los creyentes tienen espíritu humano con minúscula y también todos los creyentes tienen aceite en la lámpara; o sea, tienen el Espíritu de Dios en su espíritu humano mezclado como uno solo; entonces las diez vírgenes tienen aceite, como vamos a ver, en la lámpara; y la lámpara se refiere a nuestro espíritu. Este versículo es el que Pablo tenía presente en 1ª a los Corintios 2:11, si ustedes lo quieren ver conmigo. 1ª a los Corintios capítulo 2 versículo 11 dice: "Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" Es la primera parte del verso 22; miren como concuerda eso con lo que acaba de decir Proverbios, la cual, esa lámpara de Yahveh que es el espíritu del hombre, escudriña lo más profundo del corazón; y aquí dice: "Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" O sea que el espíritu del hombre escudriña lo más profundo de nuestro corazón y de nuestro ser. Entonces la lámpara se refiere a nuestro espíritu humano. Ahora dice Mateo 25:1: "tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Quiero utilizar un énfasis en la palabra "tomar". Hay que tomar la lámpara y hay que tomar la vasija; tomar la lámpara es un ejercicio de responsabilidad, tomar la vasija es un ejercicio de responsabilidad. Tomar la lámpara: nadie, si no hubiera recibido al Señor, si no hubiera responsablemente recibido al Señor por la gracia de Dios, podría tomar la lámpara; pero allí todas las diez recibieron al Señor; por lo tanto, tienen el Espíritu del Señor en su espíritu; las diez vírgenes son creyentes regeneradas. "tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Hubo la decisión de esperarlo, de recibirlo; pero dice: "Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas". Es decir, insensato es el que actúa sin ejercer su alma debidamente. La palabra "insensato" quiere decir una persona que no está en sus cinco sentidos; es una persona necia o fatua, una persona que no es cuidadosa, que no examina bien, y eso es lo que vamos a ver; el problema de las vírgenes fatuas era un problema de su alma, de su irresponsabilidad; la palabra "insensato" se relaciona con la palabra "irresponsable". Entonces aquí dice que la mitad de ellas eran prudentes y la mitad eran insensatas; y la prudencia y la insensatez se revela en el resto de la parábola; o sea, el Señor nos quiere enseñar a cada uno de nosotros en qué consiste la verdadera prudencia y cuál es la verdadera insensatez, que es irresponsabilidad. Entonces dice en el verso 5: "Y tardándose el esposo"; aquí ya comienza a introducirse la prueba del tiempo; dos veces con mucha claridad aparece la prueba del tiempo en esta parábola; aquí acaba de decir: "tardándose el esposo"; y después las que se tardaron fueron ellas; también aparece la prueba del tiempo. Primero, El se tardó para darle tiempo a ellas; entonces la tardanza de Él, dice el apóstol Pedro, es para arrepentimiento; ustedes recuerdan lo que dice 2ª de Pedro; hay que interpretar la tardanza del esposo según lo dice 2ª de Pedro capítulo 3, que dice en el verso 9: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". Entonces lo que uno interpreta como tardanza, es paciencia del Señor, es misericordia del Señor, dándonos tiempo para el arrepentimiento, para que no perezcamos; no es tardanza, es paciencia y misericordia; pero la prueba del tiempo es una prueba seria. Uno puede estar avivado por tres años, quizás en tiempo de avivamiento; pero cuando pasa la montaña y comienza la bajada y le entrada en el valle por otro tiempo, ahí es cuando uno dice: ¿Y ahora? ¿voy a seguir vivo? ¿voy a seguir en el Espíritu? ¿voy a seguir sirviendo al Señor? Porque la prueba del tiempo es una prueba seria. Pasar un mes, dos meses, un año, dos años, hasta tres. Cuando se estudia la historia de los avivamientos, generalmente los avivamiento duran a veces máximo por tres años, y los otros tiempos, que no son de avivamiento, también tienen fieles, pero fieles en circunstancias más difíciles; porque ser fieles en tiempo de avivamiento es más fácil que ser fieles en tiempos normales; porque lo normal no son los avivamientos, lo normal es ser probados con el largo tiempo. Se dice de Israel que estaba fastidiado por el largo tiempo. Entonces, volviendo al verso 5, dice: "Y tardándose el esposo, cabecearon todas…"; y aquí no dice que no cabecearon las prudentes; todas cabecearon "y se durmieron". Aquí esta frase es bastante difícil de interpretar, qué significa este dormir; yo creo que no podemos interpretar este dormir sin el contexto general de la parábola, sin el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, sin el contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos. Como está hablando de la venida del Señor, y está hablando de lo que pasa con los santos, que son como estas diez vírgenes mientras el Señor viene, lo más probable es, y lo digo así sin dogmatismo, lo más probable es que este cabecear y dormir general se refiera a la muerte física; porque entre la primera venida y la segunda venida del Señor, la mayoría de los creyentes murieron sin que el Señor todavía viniera; solamente una pequeña minoría fue reservada para el fin; pero en lo general llevamos 21 siglos de cristianos que han muerto en el Señor; pero ¿cómo murieron? ¿En qué situación entraron? Porque es importante saber esto, que la resurrección primera tiene que ver con la clase de vida que se vivió; para esto quiero llamarles la atención también a 1ª a los Corintios, capítulo 15. Dice 1ª a los Corintios capítulo 15 desde el versículo 36: "Necio (que es la misma palabra de insensato o fatuo), lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes". Es decir, primero hay que morir a nosotros mismos para vivir por el Espíritu, y primero hay que morir físicamente para resucitar. "Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo". Dios le da el cuerpo a cada semilla que fue sembrada; cada uno de nosotros es como una semilla que es sembrada; morimos para esperar la resurrección; y el Señor a cada uno le dará un cuerpo como el Señor quiere; pero entonces el resto del pasaje nos dice cómo es que Él quiere; dice: "y a cada semilla su propio cuerpo"; o sea que no todos resucitarán con gloria idéntica. Vamos ahora a la 2ª a los Corintios capítulo 4, donde la palabra del Señor habla en el verso 17: "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria"; o sea, lo que vivimos aquí en la tierra tiene repercusiones en lo que se llama "peso de gloria"; el peso de gloria es la calidad en la resurrección; por eso en Hebreos se dice que algunos no aceptaron rescate porque esperaban una mejor resurrección; o sea que en la resurrección habrá como estrellas de diferente magnitud; no todos brillarán de la misma manera en la resurrección. Sigamos leyendo ahora otra vez allí en 1ª a los Corintios 15, para que veamos ese aspecto que es necesario tenerlo presente en este contexto. Sigue diciendo desde el verso 39: "No toda carne es la misma carne"; o sea, él está mostrando las distinciones que habrá en la resurrección: "sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria"; entonces él está mostrando las distinciones que hay en los cuerpos que vienen de la resurrección. "Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual". Entonces nos damos cuenta de que así será en la resurrección; como hay distinción entre las lumbreras, que una tiene una gloria diferente de otra; cuando tú miras a un arcángel, y cuando miras a un ángel, tú sabes que éste es el ángel y aquel es el arcángel; ¿se dan cuenta? Eso se nota; esos son cuerpos espirituales. Entonces en la resurrección una estrella diferirá de otra en gloria. Por ejemplo, quien esté sobre diez ciudades tiene una gloria de una decápolis; quien está sobre cinco ciudades tiene una gloria menor; uno es un gobernador de una decápolis, otro sólo de una pentápolis; otro puede ser de una ciudad, puede ser un prefecto, un alcalde, y otro puede ser un ciudadano, sin ser un alcalde; todos son salvos; los ciudadanos que están en una ciudad del reino, están en una ciudad del reino, no están en el infierno, son personas salvas; pero hay salvos que sólo son ciudadanos, y salvos que son alcaldes, y salvos que son gobernadores o reyes de una pentápolis, y salvos que son reyes de una decápolis. O sea que algunos tienen mayor magnitud en gloria que otros. Y por eso dice Pablo que la leve tribulación momentánea que sufrimos aquí, producirá cada vez mayor peso de gloria; quiere decir que en la resurrección habrá algo que se llama "peso de gloria", habrá algo que se llama "magnitud de gloria". Tenemos que tener en cuenta el peso de gloria y la magnitud de la gloria en la resurrección; y eso nos ayuda a entender un poco mejor esta parábola. Entonces, lo más probable es que este cabecear y dormir se refiere a la muerte, al dormir de la muerte física de estas personas; pero dice la Escritura: Bienaventurados los que mueren en Cristo porque descansan de sus trabajos porque sus obras con ellos siguen (Ap.14:13); ellos están esperando, como el autor de Hebreos esperaba una mejor resurrección (Heb.11:35). Todo el mundo va a resucitar, incluso los perdidos; en la segunda resurrección van a resucitar, pero ¿con qué gloria van a resucitar? Van a resucitar con vergüenza, van a resucitar para ser juzgados en el cuerpo con que pecaron; en ese cuerpo entrarán al lago de fuego. Así que todo mundo va a resucitar, incluso los perdidos; pero aquí de lo que se trata no es solo de resucitar, sino de resucitar bien, con mayor peso de gloria y mayor magnitud de gloria, porque una estrella difiere de otra en gloria, y así también será en la resurrección de los muertos. Cuando le decían: Señor, que en tu reino nosotros nos sentemos a tu derecha y a tu izquierda, eso no es así, eso no es de esa manera que se decide, ¿amén? Por eso el Señor dice: que ninguno tome tu lugar, que ninguno tome tu corona; quiere decir que a una persona a quien Dios le quería dar una determinada gloria, otro va a tenerla, si esa persona se descuida. Y por eso se habla de una carrera y de que tenemos que correr la carrera que todos corremos, pero que sólo uno se lleva el premio; todos corren, pero no todos se llevan el premio; ese premio no se refiere a la salvación; la salvación no es un premio, la salvación es un don; pero para entre los salvos que corren, hay un galardón adicional a la salvación, el cual es su posición de más o menos gloria en el reino. Volvamos al capítulo 25 de Mateo, versículo 6: "Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡aquí viene el esposo; salid a recibirle!" Quiere decir que hay un momento en que, cuando la venida del Señor esté cerca, todo mundo tiene que prepararse para recibirlo; acuérdense de que no todos los que van a recibir al Señor estaremos aquí en la tierra; la mayoría de los hijos de Dios estarán en el paraíso, y tienen que ser reunidos de un extremo del cielo hasta el otro para venir a tomar sus cuerpos para resucitar (Mt.24:31); porque el Señor traerá con El a los que durmieron en El; los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros seremos transformados y arrebatados juntamente con ellos (1Tes.4:14-17); pero para poder recibir al Señor en el aire, ellos tienen que ser recogidos en los cielos, o sea en el paraíso, el tercer cielo (2Cor.12:2-4), y venir a tomar sus cuerpos; y allí en sus cuerpos aparecerá lo que ellos son: ángeles o arcángeles, hablando figuradamente; ninguno es ángel ni arcángel; lo que quiero decir es acerca del peso de gloria de ellos que aparecerá en la resurrección; y habrá personas que se sentirán como que sus lámparas se apagan; no se han apagado, pero sienten que como que se apagan, como que tienen poca fuerza en su espíritu. Entonces hay que tener en cuenta lo que dice acá en el verso 7: "Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas"; aquí el asunto eran las lámparas; pero dice: "Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan"; noten qué cosa curiosa: Esta sola frase del Señor Jesús derriba toda la teoría de obras supererogatorias y del purgatorio que utilizan los católicos; porque los católicos dicen: Bueno, San Francisco hizo tantas buenas obras, que ya le sobran para su salvación; entonces lo que le sobra se le puede aplicar a otra persona si compra un sufragio; entonces los que compran sufragios es como si estuvieran comprando los méritos de los santos; y esa es la teoría del purgatorio católico, como si fuera un superávit de algunos santos a quienes les sobró para su salvación, porque ellos piensan que se salvan por obras; y entonces, como ellos hicieron tantas buenas obras, tienen un almacén de méritos, que a través de un negocio aquí con los jerarcas del catolicismo, pueden hacer la transferencia electrónica de los fondos de San Francisco, o de Santa Teresita, o de San Juan de la Cruz, o de cualquier otro. Pero aquí el Señor muestra en esta frase que eso no es así; esta es una responsabilidad personal. "Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan"; no se habían apagado, pero se sentían como sin la suficiente fuerza, como que no tenían la misma gloria que las prudente; ellas se daban cuenta de que aquellas tenían más aceite que éstas. Entonces por eso es necesario ver lo que dice aquí en el verso 9: "Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas"; ¡qué cosa esta! Comprad para vosotras mismas. Aquí el verbo clave es "comprar"; la palabra "comprar" quiere decir: pagar un precio; así como habla la palabra: tomar las lámparas, es un ejercicio responsable de recibir al Señor, sustentados en su gracia, pero ejercitando la responsabilidad; sostenida la responsabilidad en la gracia, pero no desaparecida la responsabilidad. Así también habla de tomar las vasijas; y tomar aceite para las vasijas. La vasija ya no es la lámpara; la vasija se refiere a lo que contiene de reserva de aceite para la lámpara; la vasija es para contener un aceite adicional; el aceite en la lámpara es una cosa y el aceite en la vasija es otra. Tener aceite en la lámpara es ser regenerado; todo hijo de Dios tiene aceite en la lámpara, pero no todos tienen aceite además también en la vasija; y la prudencia, la sensatez, la responsabilidad consiste en preocuparse por tener un aceite adicional; no solamente tener aceite en la lámpara, sino en la vasija. La vasija se refiere a nuestra alma, incluso nuestro cuerpo, porque también cuando estamos cansados, el Espíritu vivifica también nuestros cuerpos mortales. O sea que hay un aceite adicional para la lámpara en la vasija, y para nuestra alma y nuestro cuerpo mortal. Entonces hay que ejercitar la responsabilidad, por lo que la palabra dice aquí. Primero hay que comprar; quiere decir que unas habían comprado; las prudentes habían comprado, habían pagado a tiempo el precio; porque esta es una cuestión de la prueba del tiempo; es decir, que tenemos que aprovechar el tiempo para pagar el precio, para poder tener aceite adicional en la vasija, como en nuestra lámpara; el aceite en nuestro espíritu es un regalo; dice que al que creyere se le da el Espíritu; el Espíritu es un don, el Espíritu de Dios en nuestro espíritu es un don; pero para el Espíritu en la vasija se necesita un precio; hay que pagar un precio para tener aceite en la vasija, para que el Espíritu que hemos recibido nos esté ungiendo nuestros pensamientos, sentimientos, voluntad, incluso la debilidad de nuestro cuerpo; tenemos que pagar un precio; El ya nos dio el aceite y el aceite es un regalo, es el don del Espíritu Santo en nuestro espíritu que es la lámpara; pero otra cosa es el aceite en la vasija; el aceite en la vasija es en el alma, o sea, como está escrito: consigo mismas, en nuestros pensamientos, etc. ¿Será que nuestros pensamientos son todos ungidos? A veces nos detenemos en ciertos pensamientos o sentimientos, o decisiones que no son aprobados por el Espíritu Santo, y somos debilitados, y comenzamos a apagar el Espíritu; porque la Palabra nos hace a nosotros responsables. O sea, apagamos el Espíritu, o somos vivificamos por Él. La palabra dice por Pablo: No apaguéis el Espíritu; nos lo dice a nosotros; quiere decir que nosotros somos responsables de tomar decisiones, o incluso de tomar una decisión tardía, de no decidir a tiempo, y nos quedamos flacos, nos quedamos débiles, nos quedamos sin fuerza, nos quedamos sabiendo pero no pudiendo. Entonces a tiempo tenemos que tomar una decisión ungida para que ese pensamiento, o sentimiento, o decisión sea cortado a tiempo para que nuestro espíritu no se apague; no se disminuya la fuerza de la resurrección en nuestro ser. Por otra parte dice el apóstol: fortaleceos; se lo dice la nuestra alma, a nosotros mismos: fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza; o sea, yo soy el responsable de que mi espíritu se apaga o de que mi espíritu sea ferviente; el mandamiento de ser ferviente se nos da a nosotros; sed fervientes en espíritu; no apaguéis el Espíritu. Yo lo soy, es mi alma la que apaga el Espíritu, o es mi alma la que hace ferviente al espíritu. Por ejemplo, el Señor Jesús dice: el que a mi viene, de su interior correrán ríos de agua viva; o sea, si yo vengo al Señor, esa es la manera de que yo haga ferviente mi espíritu y yo me fortalezca en el poder de Su fuerza; no es sólo que El me va a fortalecer, aunque también; pero yo me tengo que fortalecer en Su poder; es una responsabilidad de mi alma; mi alma tiene que decidir estar sumergida en el Espíritu; no importa cuán débil yo esté, pero si yo vengo al Señor, Él dice: el que a mi viene, yo no echo fuera; ¿está cansado? venga a Mí, yo le haré descansar; el que a Mi viene, o en Mi cree, de su interior correrán ríos de agua viva; y ese fluir del espíritu pasa del espíritu al alma; es decir, de la lámpara a la vasija y luego se retroalimenta. Si nos volvemos al Señor, si invocamos al Señor, si dependemos del Señor, si buscamos su perdón, su limpieza, su gracia, su fortalecimiento, El lo va a hacer; y entonces tendremos aceite no sólo en el espíritu, sino también en la vasija; porque la diferencia entre las prudentes y las insensatas es que las prudentes tienen también aceite en la vasija y no sólo en la lámpara. Entonces, por eso, siguiendo dice: "Para que no nos falte a nosotras y a vosotras (porque en este caso no hay supererogatorios, sino que cada uno es responsable de su peso y magnitud de gloria con que resucitará, ¿ven?), id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas". Así que también hay gente que vende, que nos ayuda a andar en el Espíritu, en un discipulado, si pagamos a Dios el precio, pues el Espíritu no se puede comprar de los hombres, aunque hombres de Dios nos pueden ayudar de gracia, pero esforzándonos nosotros en ella. El problema no solo fue que ellas no fueron a comprar, sino también que ellas fueron a pagar el precio demasiado tarde, se les pasó el tiempo y se les acabó sin haberlo aprovechado en crecer en Cristo, en madurar, en servir; entonces por eso dice: "comprad para vosotras mismas". Ahora, dice que hay personas que venden aceite, y esto es muy interesante; pero no eran ellas, no eran las vírgenes las que vendían, no, ellas tenían que ir a pagar un precio para ser llenas de aceite. Verso 10: "Pero mientras…"; ahí está otra vez la prueba del tiempo, ahí estuvo el problema, fue el tiempo perdido; "mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta". O sea, hay que estar preparados para las bodas; por eso dice en Apocalipsis 20 que se sentaron en tronos a juzgar los que recibieron facultad de juzgar; aquí nos estamos facultando, esta vida es la facultad que estamos viviendo, nos estamos facultando para reinar con Cristo en el Milenio, la parte del reino de los cielos que es el Milenio, que es las bodas, porque la parábola de las bodas de las vírgenes con Cristo es una semejanza del Reino; y cuando venga Cristo entraremos con Él al Milenio. Entonces, para reinar en el Reino, en el Milenio, las vírgenes tienen que estar preparadas; y estar preparadas quiere decir, como dice el Señor: erguidos porque nuestra salvación está cerca; personas que están en Espíritu, que están con la disposición de servir, y que a última hora no dicen: no nos alcanzó. No se dice que las fatuas se perdieron eternamente; aquí no habla de perdición, aquí la palabra perdición eterna no aparece, pero si aparece la exclusión del Reino, porque es que lo del cielo nuevo y la tierra nueva va a venir después del Reino, pero antes Dios va a premiar o a corregir a sus hijos en el Reino, en el reino del Milenio; ya después será lo del cielo nuevo y la tierra nueva. Durante el Milenio, ellas, las insensatas, estarán en circunstancias no muy agradables, y habrán aprendido lo que es ser descuidadas, para entonces, corregidas, estén listas para la Nueva Jerusalén; pero no estuvieron listas para el Milenio. Entonces esto es lo delicado acá. Verso 11: "Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!" Ellas lo confesaban como Señor, pero el Señor no las reconoció dignas del Reino, dignas del Milenio. "Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco". Este conocer no quiere decir que Dios no es omnisciente y que no sabe quiénes son ellas, sino que este no conocer, es no reconocerlas dignas; "no os conozco" quiere decir: no las reconozco dignas del Reino. Por eso esa expresión de dignos la dice el Señor Jesús; dice por Pablo: para que seáis tenidos por dignos del reino por el cual asimismo padecéis (2Tes.1:5). Ese padecer por el Reino es el comprar aceite para la vasija. Amén. Verso 13: "Velad, pues". Otra vez se apela a nuestra responsabilidad de velar, "porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir". Entonces hermanos, yo pienso que esta parábola nos habla, es una parábola bastante seria, ¿verdad? El verso 4 decía: "…mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas"; tomaron aceite en sus vasijas, tomaron, o sea, ejercieron la responsabilidad de tomar aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas. Ellas no dijeron: bueno, yo ya soy salva, siempre salva, ya no hay problema; no, ellas querían reinar, estar en la boda; la boda se refiere al Reino porque el Reino de los Cielos es semejante a esta boda, ¿amén? Vamos a dar gracias al Señor y que el Señor nos ayude. Gino Iafrancesco V., 2/VI/2006, Teusaquillo, Bogotá D:C:, Colombia Transcripción: Marlene Alzamora Para revisión del autor

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(48) LOS TALENTOS

Por Gino Iafrancesco V. - 17 de Septiembre, 2009, 5:21, Categoría: General

EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS. LOS TALENTOS. Localidad de Teusaquillo (9 de junio de 2006) (Gino Iafrancesco V) Ruego que me apoyen en oración. Querido Padre, en el precioso nombre del Señor Jesús, te agradecemos que nos hayas dado su Nombre para invocarte; venimos a ti, Señor, porque nada somos en nosotros mismos, sino pura necedad. Señor, en tus manos encomendamos toda nuestra necedad, todo nuestro ser; dejamos todo, Señor, en tus manos y a tus pies. Hemos puesto sobre ti todos nuestros pecados, lo único que hacemos y lo único que te ofrecemos; ten misericordia de nosotros, límpianos con Tu preciosa sangre. Que tú nos puedas tocar con Tu palabra, que la sencillez de Tu palabra, que el mensaje que ya sabemos acerca de estas cosas no impida que nos toques; algunos hemos leído esta palabra bastantes veces, hemos oído unas mismas cosas muchas veces, pero si Tú nos tocas todo es diferente. Necesitamos de Ti e imploramos Tu presencia y Tu toque; tócanos con Tu Espíritu mientras leemos Tu preciosa y siempre fiel palabra; en el Nombre del Señor Jesús, amén. Hermanos, siguiendo, con la ayuda del Señor, la serie que estamos viendo sobre los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús, estamos ya considerando casi todas las parábolas; nos faltan unas tres; hoy estaremos entonces en la antepenúltima y ella se encuentra solamente en el libro de Mateo, el evangelio que escribió Mateo, en el capítulo 25, también junto con la parábola de las diez vírgenes que consideramos la vez pasada; esta parábola fue pronunciada a continuación. El Señor a veces decía una detrás de otra; varias parábolas. Esta parábola no se encuentra sino en Mateo, la parábola de los talentos. Hay una parábola parecida, que ya consideramos, que es la parábola de las minas; pero no es igual. La parábola de las minas, que se encuentra en Lucas, habla de que a cada uno de los siervos le fue dada una mina; todos tienen la misma mina, pero uno hace que esa mina produzca diez, otro hace que produzca cinco, o dos, y otro la entierra. Esta parábola de los talentos es diferente; por lo tanto, no es una misma parábola; entonces hay alguna otra cosa, junto con aquella de la parábola de las minas, que ahora, con la de los talentos, nos quiere enseñar el Señor; y la parábola está relacionada con la parábola anterior; está en el capítulo 25 desde el verso 14. Aquí voy a tener que apelar a la confianza de los hermanos; estuve revisando en el texto griego, y hay unos pequeños comentarios de crítica textual que quisiera hacer, para que nos sirvan mejor en la exégesis, en el entendimiento de la parábola. La parábola, aunque en sí misma es una perícopa, es una unidad, por su comienzo con la palabra “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos…”, allí la palabra “porque”, realmente dice: “pero es como…”; la expresión “el reino de los cielos” no está incluida en el texto griego; pero al decir: “es como”, venía hablando del reino de los cielos en la parábola de las diez vírgenes; y por lo tanto, la expresión “el reino de los cielos” está incluida de manera tácita, se sobreentiende; entonces los traductores, como por el contexto se sobreentiende, incluyeron esa expresión “el reino de los cielos”. “Porque es como…”; no dice: “El reino de los cielos es como”, sino que, como venía hablando del reino de los cielos en la parábola anterior de las diez vírgenes, entonces la expresión está incluida allí de manera implícita o tácita, y el traductor solamente es quien la hizo explícita. Entonces, vamos a leerla, como solemos hacerlo, de corrido, y luego volveremos sobre nuestros pasos para comentarla, masticarla un poquito más, con la ayuda del Señor. “Porque (o pero) es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos, y les entregó todos sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno; a cada uno conforme a su dinami (lo que aquí se traduce capacidad; la palabra en el griego es dinami; o sea, conforme a su dinámica o capacidad) y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Parábola seria que, ya con una sola leída, lo hace pensar a uno, verdad? pero vale la pena no sólo leerla, sino masticarla, para poderle extraer algo más; porque a primera vista captamos unas cosas, pero cuando masticamos captamos otras; las cosas espirituales tienen esa característica; cada vez que se consideran, muestran que tenían una capa debajo; es como una cebolla que tiene varias capas; primero tú ves la primera, después la segunda, después la tercera y así sucesivamente. Entonces, la palabra: “Porque”, significa también mas, sin tilde, o pero, y está vinculando esta parábola con la anterior; y la parábola anterior, ustedes recuerdan que comienza también: “Entonces”; quiere decir que la está vinculando con toda la enseñanza que aparece en el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, que son las revelaciones que hizo el Señor Jesús a sus discípulos, dos días antes de la pascua, cuando salía del templo, y salía por el torrente de Cedrón, y subió al Monte de los Olivos. Allí conversaron bastante, tanto en el templo, como saliendo y bajando, y subiendo de nuevo al monte, y sentándose en el monte; fue un momento de mucha comunión. El Señor estaba a punto de ser entregado, y El les habló como un resumen de la conclusión del programa de Dios aquí en la tierra, mientras tanto, con la iglesia, luego con el reino; y les habló del Reino. Esa palabra “entonces” de la parábola de las diez vírgenes, y aquí traducida por Reina y Valera: “porque”, nos muestra que es una parábola que tiene que ser interpretada en su contexto mediato; no solamente leída como perícopa aislada, sino como perícopa ensartada en un contexto mayor; la perícopa mayor sería el Pequeño Apocalipsis Sinóptico; y la perícopa menor sería la parábola de los talentos. “El reino de los cielos es…”; eso está implícito, como lo decía, en el griego; pero explícito en la traducción. “…como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos”. El Señor sabía que iba a morir; el Señor conocía el pensamiento de ellos; a pesar de que El había dicho estas parábolas, todavía, cuando resucitó, le preguntaron sus discípulos: ¿Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo? O sea que ellos tenían un sentimiento de la venida inmediata del Señor; pero el Señor tenía que explicarles que entre la primera venida y la segunda venida hay un trecho que es el trabajo de la Iglesia; el reino de la Iglesia se extiende por medio del trabajo de la Iglesia en Espíritu. Los judíos, cuando leen las profecías mesiánicas, ellos no ven sino una sola venida del Mesías; ellos están esperando una venida gloriosa que cambie el mundo. Como el mundo no cambió, aunque sí cambió, pero no como ellos esperaban, con la venida del Señor Jesús, entonces ellos creen que Jesús no es el Mesías, porque ellos no entienden que el Mesías vendría dos veces; y aquí, en esta parábola, muy claramente el Señor muestra que hay una segunda venida y que hay un período intermedio largo entre la primera y la segunda venida; casi los judíos no lo podían entender, que el Mesías fuera a venir dos veces: una vez y otra vez; ellos pensaban que iba a venir una sola vez. A veces pensaban ellos que había dos Mesías: uno sufriente y otro político; uno hijo de David y otro hijo de José; esa era la interpretación judía; pero quiero leerles, para complementar y ayudar a entender esta parábola, un pasaje de Miqueas capítulo 5, donde, con toda claridad, el Señor ya profetizaba las dos venidas: la primera y la segunda del Mesías. Uno no la entendería sino a la luz de los acontecimientos, a la luz de los hechos; pero ahora que han pasado tantos años, comprendemos mejor la profecía y las parábolas. Dice Miqueas capítulo 5, en los primeros tres versos, de la siguiente manera: “Rodéate ahora de muros…”; ésta fue la profecía que los escribas sabían cuando los magos llegaron a preguntar por el niño que había nacido, el Rey de los judíos, y Herodes preguntó: ¿dónde es que tiene que nacer? Y ellos sabían que en Miqueas decía que era en Belén. Fue ésta profecía la que ellos conocían, y le respondieron a Herodes y a los magos: “Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado…”; eso sucedió en Jerusalén. Jerusalén, en el año 70, fue sitiada por causa de que persiguieron al Mesías, porque mataron al Mesías; lo mismo decía Daniel; la profecía de las 70 semanas de Daniel dice: quitarán la vida al Mesías, y entonces el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Entonces esa profecía tiene también esta parte que dice aquí: “Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado”; pero ¿a qué se debió el sitio? Al rechazo del Mesías. Entonces dice aquí: “con vara herirán en la mejilla al juez de Israe” .Entonces aquí se ve a este juez de Israel que es el Mesías; lo vemos sufriente, como lo dice también Daniel: quitarán la vida del Mesías. Por eso Pablo decía: era necesario, y Cristo lo decía también resucitado, y les mostraba por toda la Escritura lo que de Él decía: era necesario que el Cristo padeciese, y después entrase en su gloria; padeciese; quitarán la vida al Mesías; “con vara herirán en la mejilla al juez de Israel. Pero tú,…” ¿de dónde va a venir ese juez, ese Mesías? “Belén Efrata”, de Belén, la ciudad de David, porque a él le fue prometido que de su descendencia nacería el Cristo, y bueno, qué mejor escoger la ciudad de Belén, la ciudad de David, para que ahí naciera su descendiente; “tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas…”; para mostrar que ese que nacería en Belén preexistía, entonces dice: “sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Aquí está mostrando la preexistencia del Mesías. En el principio era el Verbo, antes de la fundación del mundo. “Padre, glorifícame Tú con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”, antes de la fundación del mundo. Desde el principio son sus salidas; desde el principio, las apariciones teofánicas del Verbo de Dios; y aquel Verbo se hizo carne; lo que fue la venida del Mesías, en Belén. Sus salidas son desde el principio; Él no tiene comienzo aquí; el Mesías viene desde la eternidad, y ha intervenido como el Ángel de Jehová, no siendo un ángel creado, sino el Mensajero, la teofanía divina, y ahora viene como un niño, como un hombre que va a sufrir. Mas ahora viene y habla de las dos venidas; Por Miqueas Dios dice: “sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará…”; noten estas parábolas que estamos estudiando, que hablan de que El se va a ir lejos; Él no está diciendo nada distinto de lo que ya estaba profetizado: “los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz”; ustedes recuerdan que la mujer ha de dar a luz; la mujer es el pueblo del Señor, tanto Israel como la iglesia; tienen que dar a luz; Israel tiene que recibir al Mesías; es una nación que tiene que recibir al Mesías. Y la iglesia tiene que recibir al Mesías; ya lo recibimos, pero tiene que formarse en ella, así como un bebé se forma en el vientre de su madre; así en nuestro espíritu y en el resto de nuestro ser, Cristo debe crecer y formarse. Entonces dice: “los dejará”; o sea que El vino y por un tiempo se fue, “los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel”. Pero cuando dice: los dejará hasta, quiere decir que no es para siempre, quiere decir que volverá; entonces en esta profecía de Miqueas 5:3, están claramente mostradas las dos venidas del Mesías; la primera vez sufriendo y los deja por un tiempo; ¿para qué? para que la que ha de dar a luz, o sea la Iglesia e Israel, la mujer que es el pueblo de Dios, tanto de los israelitas como de los gentiles, dé a luz, reciba al Mesías, y se forme el Mesías en ellos. Entonces aquí vemos claramente que el Señor sí tenía claro que eran necesarias una primera venida y una segunda venida; El lo sabía. Los apóstoles pensaban: -bueno, Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?- Ellos pensaban solamente en Israel, como compartía nuestro hermano aquel domingo; pero el Señor, aunque es el Dios de Israel, es también el Dios de todos. Israel es un instrumento de Dios en función de todos; la Simiente de Abraham es para que en ella sean benditas todas las familias de la tierra. Entonces el objetivo de Dios no era quedarse solo en Israel; mas sí comenzar con Israel, primero en Jerusalén, y entonces en Judea, y entonces en Samaria, hasta lo último de la tierra. O sea que entre la primera y la segunda venida, habría un tiempo. Y habría personas que dirían: -aquí está el tiempo, ya llegó el tiempo-. No, no, esta guerra no es todavía la final; va a haber muchas guerras, y después va a haber otra guerra; no es todavía, porque la gente tiene que comprender que hay el trabajo principal que demora, que retarda, la venida del Señor, que es que ella no da aún a luz. Cuando ella dé a luz, llegó el cairós, porque el Señor no tiene en cuenta el cronos, el tiempo horario, cronológico, sino el cairós, el tiempo espiritual, la maduración real, la formación real de Cristo en la Iglesia. Ese es el tiempo que El está esperando. Dice: -cuando el grano está maduro, enseguida se mete la hoz-; ¿por qué no se ha metido la hoz? Porque el grano no está maduro; cuando el grano esté maduro, enseguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. ¿Cuándo llega la siega? Cuando el grano esté maduro. Nadie va a cosechar un grano que apenas está floreciendo y que no está maduro; cuando esté maduro es que llega la siega; el Señor sabía eso y El lo muestra aquí y dice así. Volvemos a la parábola de los talentos, en Mateo 25: “un hombre que yéndose lejos”; lo más lejos que puede haber: la diestra del Padre, que a la vez va a ser lo más cerca, pero también lo más lejos; “…llamó a sus siervos y les entregó sus bienes”; esa palabra: les entregó sus bienes, o sea, sus posesiones, esa palabra es muy amplia; algunos la limitan, la interpretan de una manera limitada; yo pienso que no necesitamos restringirnos a una interpretación limitada por un lado, o por otro, sino que todas ellas pueden incluir lo que quiere decir “bienes”. Por ejemplo, el hermano Witness Lee dice que los bienes son la Iglesia; pero también hay la parábola del mayordomo, donde puso los bienes para dárselos a la casa; o sea que los bienes ahí no son la Iglesia, sino hay que dárselos a la Iglesia. Entonces los bienes significan algo más que la Iglesia, aunque a la Iglesia no hay que descartarla; todo lo que el Señor es, todo lo que el Señor nos dio, es el bien; o sea, primeramente Él mismo se nos dio; el propio Dios nos dio su propia vida, el Padre se nos dio en el Hijo; todo lo que es del Padre es del Hijo; Tú, oh Padre, en Mi y Yo en ello; o sea, la vida divina del Padre, el Hijo y el Espíritu, todo lo que implica la vida divina, todas las capacidades de la vida divina y de la vida humana de Cristo victoriosa; porque no solamente nos fue dada la naturaleza divina, sino que Cristo como hombre venció, y El dijo: Padre, por ellos, yo me santifico a mi mismo para que también ellos sean santificados..; o sea, uno de los bienes que nos fue dado es que Cristo se santificó en su humanidad; El en su humanidad consiguió para el hombre la perfección; Cristo llevó la humanidad al estado de máxima perfección, y entonces El dijo: El pan que yo daré a comer es mi carne; o sea que nosotros nos alimentemos de su victoria; es decir, nos dio su naturaleza, su divinidad y su humanidad, su victoria humana; El venció al pecado, El venció al mundo y El venció la muerte; todo eso es parte de los bienes de Dios. Pero también hay unos bienes, que son, por ejemplo, lo que El ha creado, lo que nos ha dado; todos esos son los bienes de Dios; el cielo y la tierra son bienes de Dios, la calidad de ser seres humanos, los talentos en el sentido de capacidades que El dio a cada uno, diferentes tipos de inteligencia. Hoy se habla de la inteligencia emocional, de la artística y de tantas clases de cosas; todos esos son bienes. Yo pienso que no deberíamos restringir la interpretación de la palabra: “bienes”, no. Se dice que todo lo que el Señor hizo es bueno; o sea, si aún la creación primera, la material, es buena, cuanto más la nueva creación; todo eso son bienes; las oportunidades que el Señor nos da son también bienes; el Señor nos da a veces bienes materiales y también emocionales, intelectuales, espirituales; es decir, todo lo que viene de Dios son bienes de Dios; si viene de El, el Padre de las luces, es un bien; se dice que todo bien perfecto viene de Él; entonces dentro de esta palabra: “les entregó sus bienes”, se quiere decir todo eso, todo lo que hemos recibido del Señor; si algo hemos recibido del Señor, no es un mal, es un bien; o sea que el Señor nos entregó sus bienes; en verdad, hermanos, es poco lo que nos hemos dado cuenta de todo lo que El nos ha dado. Yo quisiera que miremos en la epístola paulina a Filemón, el verso 6, solamente para ver como uno a veces puede tener riquezas sin darse cuenta; en la epístola de Pablo a Filemón, que está después de aquella a Tito, antes de Hebreos, leo desde el verso 4 para llegar hasta el 6; en el 6 está la idea clara: “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones; porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos”; o sea, Filemón era alguien que compartía la palabra y sus bienes; entonces Pablo oraba por él, pero oraba con este objetivo: “para que la participación de tu fe”, o sea, cuando Filemón administraba el misterio de la fe, “la participación de tu fe sea eficaz”; o sea que produzca efecto; y aquí dice Pablo en qué consiste el secreto de que la administración de la fe produzca efecto; dice: “eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”; entonces de esta frase: todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús, dice Pablo: Mira Filemón, yo estoy orando por ti para que cuando tú compartas, tu compartir sea eficaz; Filemón, ¿sabes en que va a ser eficaz tu compartir? en el conocimiento de todo el bien que está en nosotros por Jesucristo. La Biblia usa varias palabras para conocimiento; aquí se refiere al conocimiento de experiencia íntima espiritual; no es solamente un conocimiento mental, externo, que también fue creado por Dios y tiene su lugar, intelectual; pero es más que eso, es el conocimiento de la experiencia de intimidad, de cercanía; y dice: “para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros…”; no dice que estará sino que está; mira Filemón: tú ya tienes todo el bien en ti, pero tú no lo conoces; en la medida que conozcas, experimentes todo lo que El te dio, todo lo que El te hizo, todo lo que es tuyo por la gracia, y tú cuentes con eso y vivas en la fe, entonces va a ser más eficaz tú compartir Filemón, “eficaz en el conocimiento de todo el bien…”; ahí están los bienes, “todo el bien que está en vosotros”. Es como si alguien te diera un sobre, y en ese sobre hay 10 millones de dólares en unos chequecitos viajeros; pero tú no sabes, tú ves solo el paquete por fuera; a lo mejor te imaginas que es el juez que te está llamando para dar cuenta por alguna cosa, y tú guardas el sobre, y es tuyo, pero tú no sabes lo que tienes, no porque no lo tengas, sino porque no lo sabes, no lo conoces; pero de pronto empiezas a abrir el paquete y te das cuenta de que eras un millonario, siempre lo fuiste, desde que recibiste ese sobre, pero nunca te habías dado cuenta; ya estaba el bien en tu bolsillo, pro no lo usabas porque no sabías. Entonces dice: “la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”; es decir, por haber recibido a Cristo, en Cristo recibimos al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, la naturaleza divina, la victoria humana sobre el pecado, sobre el mundo, sobre el diablo, sobre la muerte; todo eso está en Cristo, y a ese Cristo victorioso lo recibimos; no es que lo vamos a recibir, lo hemos recibido y está en nosotros, pero no contamos con El; pero en la medida, dice Pablo a Filemón, que vayas conociendo el bien que ya hay en ti, entonces vas a ser más eficaz. Entonces esos son los bienes que El nos ha dado, ¿para qué? para ponerlos a funcionar. Volvamos a Mateo 25:14: “…y les entregó sus bienes”; esos bienes están representados aquí en talentos; o sea que aquí incluye no solamente las cosas espirituales, sino también las naturales, ¿ven? Hay personas que son buenas para la música, por ejemplo; personas que son buenas para las matemáticas, para la literatura, o tienen una facilidad para las artes manuales y otras capacidades; otros se quedan sin saber hacer, pero ellos las hacen, como Bezaleel y Aholiab que sabían manejar el hierro y el cobre, y hacían bellezas; cuántas clases de bienes también en esa área. Entonces dice: “yéndose lejos llamó a su siervos”; los siervos son llamados; “y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos; y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos”. Aquí hay un misterio en esta frase; por qué el Señor a unos les dio cinco; a otros les da dos, y a otros les da uno, ¿Por qué no a todos, como en la parábola de las minas, que a todos les dio una mina? O sea que hay cosas que son iguales en todos; la parábola de las minas nos muestra lo que es igual en todos, pero la parábola de los talentos nos muestra que Dios en algunas cosas reparte diferente: a unos les da cinco, a otros les da dos; claro que al que le da cinco, no le va a pedir cuenta por dos; si le da cinco, le va a pedir cuenta por cinco; si le da dos, le va a pedir cuenta por dos; el Señor dijo: mirad, vosotros los que oís, porque recibiréis mayor condenación, porque al que mucho le es dado, mucho le será demandado. Entonces no pienses que a ti se te va a pedir conforme a otra persona. ¿Qué te dio Dios a ti? ¿Hasta dónde has conocido el evangelio, la palabra del Señor? ¿Qué oportunidades has tenido en la vida? ¿Has podido estudiar o no? ¿te has podido preparar en esto? ¿Tienes habilidades para esto? o no para esto, pero para aquello otro sí? Todo eso hay que tenerlo en cuenta; eso es un regalo de Dios, y ese regalo puede multiplicarse, o se nos puede quitar en el Milenio; porque es que una persona, que era inteligente aquí, puede ser menos inteligente, o más inteligente, en el Milenio; si tiene capacidad en la música, puede tener más capacidad en la música en el Milenio, o menos que ahora; alguien puede ser un mejor músico en el Milenio, o un músico peor. Uno pensaría: bueno, si aquí aprendió a tocar guitarra, o violín, puede ser que en el Milenio pueda tocar más; pero puede tocar menos, porque se le va a quitar si no lo pone a funcionar; no se le va a dejar; se le quitará si no puso al servicio ese bien, ese talento, esa oportunidad, ese dinero, esa sabiduría; por eso dice la Biblia: -echa tu pan sobre las aguas y después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete y aún a ocho porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra- O sea, lo mismo que dijo en la parábola de las minas: negociad entretanto que yo vengo. Es decir, que todo el mundo tiene que poner a trabajar las cosas; pero trabajar para el Señor; porque miren lo que va llegando acá, donde dice: le dio a cada uno conforme a su capacidad. La palabra capacidad acá es conforme a su dinamis, su dinámica, su poder, su capacidad de actuar; porque digamos que es como un niño al que tú no le puedes dar una cuchilla y una pistola porque va a matar a alguien, o él mismo se puede cortar, o matar; entonces, según lo que la persona es, el Señor le da y eso le va a demandar. Si le dio dos, ¿tú que hiciste con dos? ¿Produjiste otros dos? Le dijo lo mismo que al que le había dado cinco: Bien, buen siervo fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor; o sea, le dijo lo mismo al de cinco que al de dos y la recompensa fue igual, porque a uno le dio cinco pero le pidió cuentas sobre cinco; a otro le dio dos, y le pidió cuentas sobre dos; así que no hay injusticia en Dios; injusticia sería si a uno le da uno y le cobra cinco; después a otro le da cinco y le cobra uno; pero si le da cinco, le va a pedir por cinco; si le da dos, le va a pedir por dos; así que no se preocupe si hay gente más rica que usted en este mundo, porque ellos van a tener que dar cuenta por todo ese dinero que tuvieron en el banco, invertido en hoteles y en porquerías; cada uno va a dar cuenta de todo lo que ha hecho con lo que ha recibido de Dios. Sigue diciendo el verso 15: “y luego se fue lejos”; vuelve a hablar: yéndose lejos, se fue lejos. Verso 16: “Y el que había recibido cinco talentos fue…” Note ese verbo: fue; aquí hay actividad; no hay que ser pasivos, hay que ir; Jesús dijo: id. Entonces este fue, pero uno se queda, no está yendo, uno está esperando que El venga, pero El ya dijo: vayan, id, negociad, ya la orden está dada, hay que salir a negociar, hay que actuar, no hay que quedarse pasivos, id, dice el Señor. Trabajad entretanto que tenéis la luz porque la noche viene cuando nadie puede trabajar, ahora que tenemos oportunidad hay que trabajar, hay que prepararse, hay que evangelizar, hay que discipular, hay que dar testimonio, hay que madurar, ahora, porque después va a ser muy difícil; ahora nos podemos reunir aquí, pero el enemigo ya está cerrando el círculo; entretanto podemos, avancemos; “fue y negoció con ellos”; fue y negoció, son las palabras: ir y negociar, trabajar, poner a funcionar lo que Dios le ha dado; haga lo mejor que puede; en eso fue que el Señor defendió a María Magdalena cuando Judas y los discípulos, azuzados por Judas, criticaban porque ella había derramado el vaso de alabastro a los pies del Señor; y El les dijo: ¿por qué la criticáis? ella ha hecho lo que podía. Entonces miren esa frase: ha hecho lo que podía. Usted no tenga a otra persona como modelo, sino al Señor Jesús; usted haga lo que usted pueda, trabaje con las uñas, no espere que las cosas le lleguen, vaya y negocie, así sea con las uñas, que el Señor va a decir: miren, éste con las uñas hizo esto; dice que en el día del juicio se van a levantar los de Nínive y van a acusar a los de Capernaum, porque los de Nínive se arrepintieron con la predicación de Jonás que era menos, porque mayor que Jonás es Jesús, y los de Capernaum no se arrepintieron con la predicación de Jesús; por eso los de Nínive van a juzgar a los de Capernaum. Yo estuve ahora en octubre del año pasado en Israel; muchas ciudades se mencionan en la Biblia y tú las ves ahí, allí está Nazareth, allí está Belén, allí está Caná, allí está Sarón, allí está Haifa, ahí están muchas ciudades, pero Capernaum, Corazín, Betsaida, de las que el Señor dijo: ay de ti!, no existen esas ciudades, son pura ruina, piedras, casi no se sabe donde está Corazín, difícilmente se puede encontrarlo, cosa difícil! Se le dio mucho e hizo poco. Aquella reina de Sabá hizo un esfuerzo desde el sur de Arabia, desde Sabá, y vino en esos tiempos en que no había avión, seguramente se vino en camello, en caballo, en burro, no se sabe que usó, pero se vino a oír la sabiduría de Salomón; pero ellos tenían a Jesús, que es más que Salomón, y no le ponían atención, y lo tenían entre ellos. En aquel día dirán: Señor, entre nosotros comiste, y tal; pero responderá: no os conozco, no os conozco. O sea que una por algo menor hizo más, y esa va a juzgar al que teniendo más hizo menos. Dice el verso 17: “Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos•; o sea, ganar, aquí la responsabilidad es ir, negociar y ganar; es decir, no tenemos que volver como vinimos, no, sino que tenemos que aprovechar el tiempo para ganar, ganar a Cristo, ganar en madurez, ganar en la cuenta de nuestro banco celestial, del que se dice en Filipenses, que tenemos una cuenta.¿ Recuerdan lo que alguna vez compartió Arcadio de lo que está en Filipenses?: Busco fruto que abunde en vuestra cuenta; o sea, tenemos una cuenta. No os hagáis tesoros en la tierra, sino en los cielos; hay una cuenta en los cielos donde debemos estar abonando durante nuestra vida. Verso 18: “Pero…”, aquí está, ese es el problema, “el que había recibido uno”, él hubiera podido hacer lo mismo, trabajar con uno y venir con otro; pero cuál fue el problema? Dice: “cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor”; ¿qué es cavar en la tierra? ¿A qué se refiere la tierra? ¿Sabe qué es la tierra? El mundo; muchos pusieron su talento al servicio del mundo y no del Señor; eso es enterrarlo en la tierra. Elvis Presley era un hermano de las Asambleas de Dios, pero después empezó a cantar rock para el mundo; en cambio al hermano Danny Berrío, le propusieron grabar, pero no canciones cristianas sino mundanas, pero él dijo: no, no, yo me quedo con las cristianas. A Billy Graham le propusieron ser Presidente de Estados Unidos y él dijo: Yo no me voy a rebajar a ser Presidente, yo soy siervo de Dios; pero nosotros hacemos al revés, lo del Señor lo dejamos de último, a lo del Señor no le ponemos atención, pero lo que es del mundo eso sí consideramos que es serio, porque ahí está el gerente, el profesor, el patrón, esos si son serios, lo del Señor es de segunda. Hermanos, todas nuestras capacidades las ponemos al servicio del mundo y no del Señor; para el Señor no producimos nada, pero para el mundo dejamos el talento debajo de la tierra. ¿Recuerdan lo que dijo el Señor, que vino y sembró trigo, y vino el enemigo y sembró cizaña, y cuando se vino a espigar se dice que se sembró en el campo del mundo? O sea, la tierra donde se siembra es el mundo; y muchos pusieron sus talentos, no al servicio del Señor, sino al servicio del mundo, porque el mundo paga, el mundo aplaude, en cambio el Señor.... Él paga más, pero lo mejor un poquito después, amén? Dice: “cavó en la tierra”; éste también fue, ¿se dan cuenta? Pero ¿a dónde fue? Fue a cavar, o sea, a trabajar; ese también trabajó, pero no para el Señor; escondió el talento, lo escondió debajo de la tierra, y no era de él, era de su señor; nada de lo que tenemos es nuestro, es de nuestro Señor; ¿en qué estamos empleando lo que tenemos? Entonces dice en el verso 19: “Después de mucho tiempo”; noten como el Señor dijo: no es dado a vosotros saber los tiempos y las sazones, no, no es ahora, que esta guerrita ya es el fin, no, que el mundo se iba a acabar el martes, no, hay que madurar; entonces dice: “Después de mucho tiempo”; aquí el Señor está mostrando la segunda venida como estaba profetizado, hasta que dé a luz la que ha de dar a luz; no los va a dejar para siempre, va a volver, por eso dice: “hasta”, ahí están las dos venidas. “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos”; o sea, eso se llama “el tribunal de Cristo”; es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba según lo que haya hecho, sea bueno o sea malo; aquí no está hablando de la salvación, está hablando del Reino; el Reino es el contexto milenial donde se recompensa a los hijos, a los siervos que trabajan; tanto el beneficio como el castigo no tienen que ver con la salvación, porque la parábola de los talentos es en el contexto de las parábolas del Reino; o sea, el período de la Iglesia y el período del Milenio; esos son los períodos de los capítulos del Reino que ya aquí los hemos estudiado; por eso lo digo rápido, no está hablando aquí de la salvación, porque la salvación nunca podríamos merecerla; por más que trabajemos nunca mereceremos la salvación; la salvación es un regalo, no por obras para que nadie se gloríe; la salvación es un don de Dios; la dádiva de Dios es vida eterna, no por obras para que nadie se gloríe; entonces ¿para qué son las obras? Para colaborar con Dios por amor, y por lo cual Él nos da el galardón que es distinto de la salvación; el galardón es tu posición en el Reino, sé sobre cinco ciudades, sé sobre dos ciudades, ese es el galardón, no la salvación; aquí no se trata de la salvación, aquí el asunto es el Reino, el Milenio, ese es el asunto de que se trata aquí. Entonces dice: “arregló cuentas con ellos”; porque nuestra salvación ya está arreglada. Dice: el que cree ha pasado de muerte a vida y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida, ya resucitó espiritualmente; o sea, esa persona tiene la vida eterna, pero la tiene para trabajar con ella, para producir fruto que será recompensado con una recompensa adicional y diferente de la salvación, lo que es el Reino, el galardón. Entonces dice acá: “arregló cuentas con ellos”. Dice el verso 20: “Y llegando el que había recibido cinco talentos”; llegaron porque debían presentarse cada uno; “trajo otros cinco talentos”, o sea, el doble de lo que recibió. “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. Entonces dice el Señor que por haber sido fiel en lo poco, lo colocaría sobre lo mucho. Las mayores cosas que recibamos en la tierra es lo poco; y lo que hagamos para el Señor es lo poco, Él lo considera poco; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; pero fíjate, aquí añade una frase que es muy linda; cuando habló la parábola de las minas, El también dijo esto, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades; eso se refiere a la recompensa externa, a nuestra posición en el Reino; pero hay una cosa todavía mejor que no se esperó, que no es exterior, sino interior; dice: “entra en el gozo de tu señor”; o sea, si entendiéramos lo que quiere decir el gozo de nuestro Señor, imagínense que sólo pudiéramos vislumbrar qué significa eso, el gozo de tu señor, o sea, disfrutar internamente el gozo de Dios; uno puede estar reinando sobre diez ciudades, pero si está triste, qué? pero no, aquí dice además: entra en el gozo de tu señor; es decir, disfruta la corriente de los ríos de agua viva de Dios, la vida de Dios llenándote de adentro para afuera; ser como Él es y servir como Él es mejor que cualquier cosa que puedas tener por fuera. Hay gente que vive en una jaula de oro, todo por fuera es de oro, pero por dentro están presos, están tristes, de nada les sirve lo que tienen; pero en cambio aquí hay un gozo en el amar, dar y servir; dice que será un gozo que salta para vida eterna; aquí dice: el gozo de tu señor; no dice solamente: sobre mucho te pondré, aunque eso es también una promesa, sobre mucho te pondré; pero hay algo más, entra en el gozo de tu señor; porque nosotros tenemos nuestros gocitos, y hay cosas que a nosotros nos alegran; pero ahora el gozo de Dios! Esto es lo más grande, el gozo del Señor; es más grande que cualquier cosa. Luego dice así en el verso 22: “Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos”; o sea, hizo exactamente lo mismo que el otro; uno pensaría pero no, este tenía diez, pero es igual, porque diez es del doble, y cuatro es el doble, porque el Señor es justo; no es como ahora que le cobran el IVA a los pobres, y los pobres como los ricos pagan el mismo monto; pero el sistema correcto es el diezmo, porque si usted gana 10, el diezmo es 1; si gana 100 el diezmo es 10; si gana 1000, el diezmo es 100; si gana 10000, el diezmo es 1000; o sea, el sistema justo del Señor es el porcentaje, no el monto en sí. El Señor no dice: pero es que este dio 50, el monto en sí; pues el 50 del rico no es ni la centésima parte de lo que gana; entonces Dios no es injusto. El principio del Señor es el principio del diezmo. Entonces así, ese principio deberían los ministros de hacienda establecer en los países; es decir, que se diga que el impuesto es, para todos, el 5% de las ganancias. Entonces el que gana 1, paga 00,20, pero el que gana 10 millones tiene que pagar 500.000; eso sería lo justo, el principio correcto, el porcentaje, y no el mismo valor agregado a las mercancías para todos. Entonces aquí en la parábola de los talentos vemos que los dos son iguales porque uno tuvo cinco y produjo diez, o sea produjo el doble, un 100% más, y el otro también produjo 100%. Usted no juzgue las cosas por la apariencia; parece que diez es más que cuatro, pero no, diez es el 100% de uno, y cuatro es el 100% de otro; ¿por qué? porque éste sólo tenía dos y con las uñas produjo el 100%; y el otro, más holgado, también trabajó para producir su 100%; por eso Jesús le dice lo mismo. Verso 23: “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel (exactamente lo mismo) sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. En el caso de la parábola de las minas es diferente, pues a todos les dio la misma mina; entonces uno con una mina produjo diez; entonces a ese le dio de una manera más exaltada la bendición; el otro con la misma mina produjo cinco, y entonces a éste también le habló, pero no igual que al primero. Entonces esta es una parábola, y aquella es otra; y tratan aspectos diferentes. Hay cosas que todos tenemos por igual; por ejemplo, el Espíritu Santo que todos tenemos, es igual; la capacidad que tiene el Espíritu Santo en todos es igual, ¿ven? Pero hay cosas que son distintas. Uno, por ejemplo, nace con la cucharita de plata en la boca, y otros nacen por allá en una barriada, porque los ricos le invadieron la tierra a los pobres. Y ahora es a los barrios de los pobres a los que llaman de barrios de invasión; es decir, consideran que los pobres le invaden la tierra a los ricos, a los terratenientes; pero, ¿no son acaso los terratenientes los que invadieron para sí mismos tan solo, lo que también de parte de Dios era igualmente para los pobres? ¿Quiénes dejaron arrinconados a los pobres? Esos agalludos son los invasores, los que agarran todo lo que Dios creó para todos, y de eso se sirven unos pocos; esos son los invasores; no estoy hablando del fruto justo del trabajo justo, sino de lo que Dios creó y no se repartió con equidad; por ejemplo, la tierra, las minas, el petróleo; ¿hubo alguno que trabajó sembrando el petróleo? Y la tierra, ¿alguien la produjo? ¿Las playas las sudó alguno y trabajó para producir playa? Esas playas son de todos, la tierra es de todos, el petróleo, el oro, las esmeraldas, son de todos, ¿se dan cuenta? Hay cosas que son de todos. Ahora, lo que alguien trabaja, basado en herencia divina equitativa, por eso sí merece, pero no porque se agarró lo de todos. Hay que saber distinguir donde hay mérito y donde hay bandidaje, ¿verdad? porque ahora se le llama bueno a lo malo, y malo a lo bueno, ¿verdad? Entonces ahí Dios dice lo mismo: “sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Verso 24: “Pero”, siempre hay peros; imagínense que le hubiera dado cinco y hubiera enterrado los cinco; el Señor lo sabía de antemano; entonces le dio uno, y dice: “llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía”; este verbo “te conocía” es exterior; o sea que no conoce al Señor íntimamente, se imaginaba que el Señor era duro, le trató de duro al Señor, imagínense; hay personas que suponen que Dios es un ogro, que Dios tan terrible! Y así hablan. “eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste”; claro, pero ¿acaso no le dio Dios los talentos? El vino y sembró, vino y predicó allá en Israel y Él va a cosechar en Colombia, pero El dio talentos en Colombia, en Perú y en cada país. Y dice el verso 25: “por lo cual tuve miedo”; o sea, la persona que se imagina que Dios es un ogro, no tiene esa confianza de ir y negociar, sino que tiene miedo; o sea que el miedo paraliza; no hay que tener miedo; ¿por qué habríamos de tener miedo? Lo que el Señor nos dio, vamos a trabajarlo, vamos a recibirlo con acción de gracias, vamos a disfrutarlo y vamos a trabajar y a producir para el Señor, no enterrarlo, ir; uno fue, los dos fueron, pero ¿para dónde fue el otro? A cavar; cavar es peor que negociar, porque negociar es un trabajo mejor que cavar; por allá el mayordomo no quería cavar, quería negociar; el mayordomo infiel, ¿recuerdan? Este otro negoció, no cavó; y aún otro dedicó su vida a trabajar, pero para hacerle ladrillos a faraón; enterró en la tierra, en el mundo, lo que era para el Señor; “tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”; él pensaba que no se había robado nada, si se le dieron cinco, le devuelve cinco, pero no, como se le dio uno, es para devolverle por lo menos dos, o por lo menos algunos intereses, no usureros, pero sí intereses. Pero malgastó sus oportunidades. Verso 26: “Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente”; esta palabra es muy seria; es decir, esa actitud de pensar así del Señor, eso es maldad, el Señor lo llama siervo malo y negligente, o sea perezoso, persona que no funcionó, no fue dinámico en lo que debía hacer; y dice: “sabías”, como dice en la otra parábola: por tu propia boca te juzgo, “sabías que siego donde no sembré”; el Señor no dice que no, dice sí, yo siego donde no sembré y recojo donde no esparcí. Verso 27: “Por tanto, debías…”; aquí está el deber, el deber es que si tenemos un talento, no tenemos que enterrarlo, y ni ponerlo al servicio de los intereses del mundo, sino ir a los banqueros; la palabra “banquero” en el griego es casi la palabra “trapecista”, que sabe moverse y hacer sus vueltas, su manera de producir; entonces dice: “debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”. El asunto de los intereses sí es de Dios, pero claro que la usura no; pero los intereses del trabajo sí; si se siembra cinco, no es para cosechar 4, no, sino para cosechar 30, 60, 100 por uno, ¿verdad? Entonces la vez pasada mencionamos esto de los banqueros; si tú solo no sabes producir, asóciate con otros, trabaja en equipo con otras personas, asóciate para que tu trabajo sea un trabajo en equipo, que sea todo el equipo galardonado y tú estés ahí; pero si estás solo, no haces nada; pero si en el equipo uno hace una parte, otro hace otra parte, todos hacen su parte y todos juntos apoyándose, sirviendo al Señor en equipo, eso quiere decir lo de dar el dinero a los banqueros, asociarse con los que saben manejar el dinero; pero si nos quedamos solos, ahí no podemos hacer nada. Ahora viene lo que estábamos diciendo: “Quitadle, pues, el talento”; eso es lo que es terrible; no dice que se le dejó con el talento, no, sino que se le quita; o sea que hay personas que aún siendo siervos de Dios van a tener menos en el Milenio que ahora, ¿por qué? porque dice: el que gana su vida en este mundo, la perderá, pero el que la pierda por causa del Señor, la ganará; entonces puede haber pérdidas en el Milenio. Imagínese a una persona que tiene buena vista y que sea un miope en el Milenio. Imagínese a un guitarrista aquí y en el Milenio ni maracas. ¿Se dan cuenta? ¿Me entienden, hermanos? Porque dice: “Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos”; o sea, a éste que produzca, a éste que haga, ¿verdad? Y no sólo eso. Añade ya terminando: “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más”; a la persona que es diligente, que se ocupa de hacer las cosas, vienen los demás y lo apoyan, y saben a quien se le puede confiar esto, porque saben que es persona diligente. Hay incluso ministros de hacienda que ni siquiera ellos mismos organizan las finanzas del país, sino que contratan a un técnico, como de aquellos judíos que saben mover el dinero por aquí y por allá, y ellos son los que organizan las finanzas del país, ¿se dan cuenta? No estoy hablando despectivamente; no vayan a tomar esto despectivamente; no soy antisemita; “al que tiene le será dado, y tendrá más”; estoy explicando que a quien sabe hacer una cosa, a él se la encargamos, y con él trabajamos y le apoyamos; “y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado”; vuelve y repite, “le será quitado”; esta es una palabra del Señor; parte del castigo es pérdida, no de la salvación; mas dice: sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, así como por fuego, dice 1ª a los Corintios 3; o sea que si habrá salvación, no pérdida de la salvación, sino pérdida de algo del galardón, algo de capacidad para actuar; ya no tuvo más oportunidad, ahora le toca es entrenarse durante el milenio para la Nueva Jerusalén y ahí si habrán aprendido la lección. Lo que no se aprende en la historia de la Iglesia, a la fuerza se va a tener que aprender en el Milenio. Ahora dice ahí donde va a estar este caballero; verso 30: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera”; si la presencia del Señor es luz, estar lejos es como tinieblas; claro que hay gente que está acostumbrada a las tinieblas, pero es mejor estar en la luz, ¿verdad? Que en las tinieblas de afuera. Aquí no se está hablando la palabra “eterna”; no se dice que la persona se perderá eternamente, porque era un siervo, fue llamado y le fueron dados los bienes del Señor; pero entonces aquí habla de una corrección, “allí será el lloro; o sea, llorar por las burradas que uno cometió; entonces es mejor llorar ahora, ¿verdad? antes de que sea tarde. “…y el crujir de dientes”; ¡Dios mío! No quiero ni imaginarme eso. Termino diciendo lo que un hermano decía en San Antonio do Monte, que un pariente cercano, su esposa estaba pasando una situación tan terrible, de depresión, de lucha, un caso nervioso, y decía que nunca había visto a nadie sufrir tanto; que si eso es acá, como será al otro lado; Dios tenga misericordia, el Señor nos guarde hermanos. Padre, en el nombre del Señor Jesús, Tú no dejas de insistir en nosotros, de invertir y convidarnos; Señor, ayúdanos y encamínanos en el servicio a Ti, queremos estar cerca de ti, queremos dar oportunidad a Tu Espíritu para que nos use, para que puedas usarnos, que no estemos embotados, que nos estemos enredados, que no estemos enterrados por montón de basura, sino que podamos estar disponibles para Ti, cooperar con las cosas Tuyas y contigo, con Tu persona, con Tu Espíritu. Límpianos con Tu sangre, Señor, perdónanos a todos, todos los que estamos oyendo Tu palabra, perdónanos y límpianos con Tu sangre de toda maldad y negligencia, y haznos personas diligentes que aprovechan el tiempo, que aprovechan las oportunidades, que aprovechan los bienes, que aprovechan los talentos, lo que Tú has dado a cada uno; ayúdanos a ir y a negociar para tener algo que presentar a Ti, porque queremos participar de Tu gozo, entrar en el gozo Tuyo, servirte en el Reino, en el Nombre de Jesucristo, amén y amén! Gino Iafrancesco V., 9/VI/2006, Teusaquillo, Bogotá, Colombia. Transcripción de Marlene Alzamora, revisada el autor.

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(49) EL SEÑOR Y SUS SIERVOS

Por Gino Iafrancesco V. - 17 de Septiembre, 2009, 5:18, Categoría: General

(49) EL SEÑOR Y SUS SIERVOS Los Misterios del Reino de los Cielos en las parábolas del Señor Jesucristo (49) EL SEÑOR Y SUS SIERVOS Del Pequeño Apocalipsis Sinóptico.- Hermanos, buenas noches. Que la paz del Señor Jesús sea con todos. Con la ayuda del Señor, llegamos hoy al penúltimo capítulo de la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús. Hoy estaremos considerando la última parábola incluida en el llamado Pequeño Apocalipsis Sinóptico, que es aquel discurso escatológico del Señor Jesús, saliendo del templo de Jerusalén, descendiendo al torrente de Cedrón, y subiendo hacia el monte de los Olivos, donde se sentó y continuó respondiendo a sus discípulos. Ese Pequeño Apocalipsis Sinóptico es llamado así porque se encuentra en los tres evangelios sinópticos: está en el capítulo 24 de Mateo, es también registrado en el capítulo 13 de Marcos, y como Lucas a veces organiza las cosas con un criterio más temático que cronológico, él tiene porciones en los capítulos 12, 17 y 21 de su evangelio. Lo que vamos a ver hoy, se encuentra solamente en Marcos; Mateo no lo menciona de la misma manera que Marcos, ni tampoco Lucas, sino que esta parábola se encuentra solamente en Marcos; pero fue pronunciada, como estamos diciendo, en la ocasión de este discurso escatológico llamado el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, dos días antes de la pascua. Nos queda después una parábola, ya hacia el día mismo de la pascua; pero ésta que veremos, Dios mediante, hoy, fue dicha dos días antes, en el contexto que estamos diciendo. Vamos al capítulo 13 del evangelio de Marcos, y vamos a leer los últimos versos de este capítulo; voy a leer, para tomar el contexto, desde el versículo 31, y vamos a seguir hasta el versículo 37; podríamos llamarle: la parábola del Señor y sus siervos, para resumir; realmente merecería un título más largo, pero basta con éste. Leo primero de corrido, y con la ayuda del Señor después volvemos sobre nuestros pasos para comentar un poquito, para meditar un poquito en lo que leímos. Marcos 13, desde el 31 hasta el 37, leyendo el inmediato contexto: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel día (porque eso era lo que El venía diciendo durante todo el discurso escatológico; eso era lo que le habían preguntado sus discípulos, y ese era el tema, cuando sería su venida, qué señales habría de ella, etc.; y El estuvo explicándolo; entonces dice:) de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo”. El Hijo, en Su divinidad es omnisciente, sabe todas las cosas; pero debemos recordar que El se vació a Sí mismo, tomó forma de siervo, se hizo hombre, y se sometió a la condición de hombre, a la condición de siervo; entonces, El está hablando en este momento antes de Su glorificación, y está hablando en Su humillación. Por eso también, en el libro de Hechos de los Apóstoles, en el primer capítulo, cuando los discípulos le preguntan: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? El respondió: No os toca a vosotros saber los tiempos y las sazones, o sea los kronos y los kayrós, que el Padre puso en su sola potestad. Entonces dice aquí en Marcos: “ni aún los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuando será el tiempo. Es como (o sea, en este contexto, ya terminando, según el testimonio de Marcos, este Pequeño Apocalipsis Sinóptico, El empieza con esta parábola: Es como, o sea, es semejante a, como El suele comenzar sus parábolas) Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad”. Comenzando la parábola.- Aquí el Señor da unos datos que no recordaron bien Mateo ni Lucas, aunque ellos recordaron otros aspectos; al leer esto, nos recuerda aquellos aspectos que recordaron Mateo y Lucas; pero aquí hay unos detalles que no aparecen en Mateo ni en Lucas, lo mismo que, viceversa, hay cosas que no aparecen en Marcos que sí aparecen en los otros; pero valdría la pena tomar éstos que aparecen en Marcos en este contexto. Vamos a comenzar de nuevo a masticar un poquito desde el verso 34, porque realmente allí es donde comienza la parábola; quise leer desde el 31, para tomar el contexto inmediato; pero la parábola propiamente, aunque aquí no es llamada parábola, por el hecho de decir: es como, ahí nos damos cuenta de que es una parábola. Hombre yéndose lejos.- “Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa”; lógicamente que este hombre es el Hijo del Hombre; es el Señor Jesús. La vez pasada recordábamos, viendo la profecía de Miqueas en el capítulo 5, especialmente en el versículo 3, que se nos habla de dos venidas del Mesías: una primera venida, pero que nos dejaría, ¿verdad?, hasta que diera a luz la que tenía que dar a luz; no nos dejaría para siempre, sino hasta que…; o sea, El volvería; está implícita la segunda venida del Señor allí. Es lo mismo que dice acá: “Es como el hombre que yéndose lejos”; realmente esta palabra “lejos”, es bien lejos, porque, en el caso del Señor Jesús, se fue a la diestra del Padre, a donde nadie puede llegar sino El mismo, y los que El mismo lleve y siente con El en Su trono, los vencedores; el lugar más lejos. Dejando su casa.- “Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa”; lógicamente que esta casa aquí se refiere a la Iglesia; la Iglesia es la casa del Señor; entonces, El dejó Su casa; cuando El ascendió a la diestra el Padre, en la tierra quedó la Iglesia; y la Iglesia quedó en la tierra con una misión. El dijo: Padre, no pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal; ¿por qué que no los saques del mundo? porque Yo los he enviado al mundo, los he enviado al mundo; el Señor podría, tan pronto recibiéramos al Señor, inmediatamente llevarnos; y así lo ha hecho con algunas personas que a última hora lo reciben, y el Señor se las lleva; gracias a Dios son salvas, eternamente salvas, porque la salvación depende de la gracia del Señor, y no de las obras de ellos; ahí es la salvación la que está en el asunto. Cuando se trata del reino, ya es algo diferente; ahí sí tienen lugar las obras de los salvos; los salvos no obran para salvarse, sino que porque son salvos, obran; y esas obras tendrán una recompensa adicional a la salvación. Y entonces aquí, al dejar Su casa, El dejó Su casa con una misión, que será recompensada; pero El aquí quiere llamarnos la atención a la vigilancia; y dice algunas cosas que tienen que ir juntas con la vigilancia; o sea, debemos vigilar haciendo ciertas cosas. Son varias las parábolas que nos hablan de la vigilancia. Vimos la parábola de los siervos vigilantes, que está en Lucas 12, la parábola que continúa, la del mayordomo fiel o infiel, la parábola de las diez vírgenes, la parábola de los talentos, y como ladrón en la noche, que aquí está también relacionada; y ésta del Señor y sus siervos. Dando autoridad.- Entonces dice: “dejó su casa y dio autoridad…”; es interesante que aquí mencionó la palabra “dejar” y luego “dar autoridad”; hubiera podido decir: dio autoridad a sus siervos y dejó su casa, ¿verdad? Pero realmente es como dijo el Señor Jesús; dice así: “yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos”. El, cuando estaba aquí, le dijo a la Iglesia: he aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones; id y predicad el evangelio a toda criatura, y todas esas cosas; pero les dijo: Esperad en Jerusalén hasta que seáis investidos de poder de lo Alto. Este orden que aparece aquí en la parábola es el mismo orden que aparece en Efesios capítulo 4; me gustaría que lo miráramos, porque se trata exactamente de lo mismo; lo que se habla en Efesios 4, y lo que habla esta parábola en Marcos 13, es exactamente lo mismo. Dice el capítulo 4 de Efesios, desde el verso 10: “El que descendió…”, ese es el Verbo que se hizo carne y vino, descendió del cielo, de la gloria, a la tierra, y de la tierra bajó a las partes más bajas de la tierra, a las partes inferiores; o sea, al Seol, que es el Hades, y al Tártaro; y luego resucitó, apareció y ascendió a lo más alto, por encima de todos los cielos. Entonces dice: “El que descendió es el mismo que también subió por encima de todos los cielos…”; ese es el hombre que se fue lejos, “subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo (aquí en esta versión de Reina y Valera dice la palabra: constituyó; la palabra griega es edoken, o sea, dio, Dios dio, Cristo dio siervos a la Iglesia, y también dio autoridad a los siervos; entonces, la palabra es dar) él mismo dio a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la media de la estatura de la plenitud de Cristo”. Esto que dice Pablo aquí, se relaciona con lo que acabamos de leer del Señor Jesús: “Es como un hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos”; el Señor Jesús dio autoridad a sus siervos. Cuando apareció resucitado, nos cuenta Mateo en el capítulo 28, al final de su evangelio, y dice que El se apareció, aunque algunos dudaban; se los encontró El en Galilea, y les dijo: Toda potestad me es dada en los cielos y en la tierra. Id, por tanto, y haced discípulos a todas las naciones; o sea, toda potestad me es dada; ahora id, y por tanto, haced discípulos, bautizándolos en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; o sea, cuando el Señor nos da Su Nombre, quiere decir que nos da Su autoridad. Hay una distinción entre autoridad y poder. Autoridad es la representación del poder; el Señor tiene el poder, pero El nos delegó la autoridad, o sea Su Nombre. Autoridad y poder.- Voy a darles un ejemplo: Un policía de tránsito se para en una esquina de una avenida; él no tiene poder para frenar una tremenda tractomula que llega al semáforo; pero él tiene la autoridad; es decir que él, por causa del uniforme, está representando a la nación; y la nación sí tiene el poder; si esa tractomula pasa por encima del policía, ya no se va a enfrentar meramente a un solo policía, sino a muchos policías, y no solamente con un pito, sino con ametralladoras, con helicópteros; es decir, con todo lo que se haga necesario lo van a agarrar, y lo van a someter. Entonces aquel policía actúa con autoridad; él no tiene el poder, pero él tiene la autoridad; quien tiene el poder es aquel que le delegó la autoridad, ¿ven? El que le delegó la autoridad es el que tiene el poder; entonces el policía le dice al camión: pare, y el conductor del camión obedece a la autoridad, porque sabe que si desconoce a la autoridad, se encontrará con el poder; ¿se dan cuenta? Y el poder no necesita aparecer todavía; el poder aparecerá después. Dios tiene poder para echar en el infierno, con cuerpo y con alma. Hoy casi todo el mundo rechaza a la autoridad, y se burla, y dice cualquier cosa; pero el Señor juró por Sí Mismo que delante de Él se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará Su Nombre; ahora ellos pueden hacer lo que quieren, burlarse, hacer sus señales diabólicas, etc.; pero, porque no han conocido el poder, están desconociendo la autoridad; un día se encontrarán con el poder; la mano dura del Señor vendrá; como dice, por ejemplo, que acontecerá con aquellos de la sinagoga de Satanás que menosprecian a la iglesia en Filadelfia; y el Señor dice: Yo haré que vengan y se postren delante de ti y reconozcan que yo te he amado; o sea, cuando la iglesia estaba dando testimonio, la iglesia en Filadelfia, aquella sinagoga de Satanás desconocía ese testimonio, desconocía la autoridad, y se burlaban; es porque Dios está callado, y en otros pasajes proféticos dice Dios: Hasta ahora he estado callado, pero gritaré como la que está de parto; o sea que Dios deja que los hombres hagan, pero no para siempre; un día El actuará. Entonces le dice a la iglesia en Filadelfia al respecto de la sinagoga de Satanás: Yo haré que vengan y se postren delante de ti y reconozcan que yo te he amado; ahí ahora el enfrentamiento será con el poder; o sea, cuando la mano de Dios viene sobre la cerviz de las personas. El sabe como doblegar nuestra cerviz, como quebrantarla; viene con poder y nos somete, y nos hace reconocer, y confesar lo que no queríamos; porque Dios juró, y juró por Sí Mismo que toda lengua confesará Su Nombre y toda rodilla se doblará delante de Él. Ese es el poder; pero antes de venir el poder, que es la palabra “dinamis”, viene la palabra “exousía”, que quiere decir en griego: autoridad; o sea, la delegación de autoridad. Entonces dice aquí el Espíritu Santo, que el Señor envió a Sus siervos; o sea, a toda la Iglesia; porque no hay ningún miembro de la Iglesia que no sea siervo de Dios; los siervos de Dios no son sólo algunos; no son sólo los apóstoles, o los pastores, o los profetas; ¡no!; todos los hijos de Dios son siervos de Dios, y a todos Dios les dio autoridad; les dio, como decir, el uniforme de la policía para que represente el orden en la nación. Una cosa es el poder; a veces usted dice: pero es que no siento poder; es que usted tiene que entender que el poder es del Señor; a usted se le ha dado autoridad; usted tiene que tener fe, y hablar con autoridad que el Señor es el que tiene el poder; no es usted el que va a amarrar a los demonios; es el Señor el que lo va a hacer; pero El está esperando que usted lo diga. Un hermano, que se llama Roland Buck, escribió un libro llamado “Angeles en misiones especiales”; él escribe un testimonio, porque a él se le aparecieron ángeles, y dos ángeles que se le aparecieron a él, le contaron la anécdota de cuando ellos estuvieron en tiempos de Moisés; que Dios les había dado la orden a ellos, de que cuando Moisés dijera: Levántate Yahveh, y sean esparcidos tus enemigos, ellos entraran. Entonces, la clave era la palabra de Moisés; la palabra de Moisés era una palabra de autoridad; él decía: Levántate oh Yahveh, y sean esparcidos tus enemigos; y allí, detrás de la autoridad, entraba el poder; venían los ángeles y actuaban. Entonces, con Dios está el poder, y con nosotros está la autoridad. Cuando tú hablas en el nombre del Señor, tú no tienes que gritar, o hacer fuerza, a menos que el mismo Espíritu te haga levantar, a veces, la voz; pero no es necesario forzarla, sino hablar en el mismo tono que te dé el Espíritu; el que respalda esa palabra es el poder de Dios; la autoridad es respaldada por el poder; inclusive por señales y maravillas que Dios hace; nosotros no hacemos milagros. ¿Quién les dio este poder? preguntaba aquel Simón mago; y también los otros pensaban así; pero los apóstoles decían: ¿acaso piensan que fue con nuestro poder que hemos hecho algo? No, no fuimos nosotros; el Nombre del Señor fue el que lo hizo; el que tiene el poder es el Señor; Suyo es el poder; pero El dio autoridad; la autoridad es la representación. El dijo: el que a vosotros recibe, a Mi me recibe; y el que me recibe a Mi, recibe al que me envió; o sea, al Padre; y a la vez también dijo: el que a vosotros rechaza, a mi me rechaza; por eso es delicado rechazar a los hermanos, y rechazar la función del ministerio de los hermanos. A veces nosotros decimos: Este hermano no me gusta; ¡ay! Si Dios le dio algo a él, entonces hay algo de Cristo que no me gusta entonces; nosotros, a veces, tenemos nuestros favoritos; pero nuestro favorita debe ser la plenitud de Cristo, Cristo en plenitud en todo Su cuerpo; y recibir, y no menospreciar a ningún pequeñito. El Señor dijo: el que recibe un pequeñito en mi nombre, a mi me recibe; y El dijo: Y el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza, y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió; entonces, el Señor dio autoridad a Sus siervos. En Su Nombre.- Cuando El dijo: id y haced discípulos bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, eso no es meramente una fórmula. Algunas personas se ponen a discutir; bueno, parece que Mateo 28 se contradice con Hechos 2:38, porque Mateo 28 dice que hay que bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y Hechos 2:38 dice que es en el nombre del Señor Jesucristo. No es una contradicción; Mateo 28 le habla a los que van a bautizar, a la iglesia; hacer discípulos y bautizarlos; o sea, está hablando de la autoridad que tiene la Iglesia; el Padre envió al Hijo en Su Nombre; el que recibe al Hijo, recibe al Padre; y luego el Hijo envió al Espíritu Santo, y a la Iglesia en su Nombre. El Espíritu Santo y la Iglesia, porque el Espíritu Santo está en el vehículo de la Iglesia; viene en el nombre de Jesucristo. Entonces, el Padre tiene autoridad y poder, y envió al Hijo que lo represente; y el Hijo es la exacta representación del Padre, es la hipóstasis, el carácter de Su hipóstasis, como dice Hebreos 1:3, la exacta reproducción de Su hipóstasis o subsistencia; y luego el Hijo a la vez dice: Padre, la gloria que me diste, yo les he dado; como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo; el que a vosotros recibe, a mi me recibe. Entonces, ahora, la Iglesia, por el Espíritu Santo, no viene en su propio nombre; la Iglesia viene en el nombre del Espíritu Santo, porque el Espíritu es el que mueve a la Iglesia, el Espíritu es el que arregló las circunstancias para que usted testifique; no es solamente usted el que está testificando; recuerde que usted lo está haciendo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; no es usted solo; es el Padre actuando a través del Hijo, y el Hijo actuando a través del Espíritu, y el Padre, el Hijo y el Espíritu, actuando a través de usted, a través de la Iglesia, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. En Hechos dice: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del Señor Jesucristo…; no hay contradicción; ahí ya no le está hablando a la Iglesia que va a bautizar, sino a los que van a bautizarse; los que se van a bautizar van a ser identificados en la muerte y resurrección de Jesucristo; van a ser bautizados en el nombre del Señor Jesucristo, para morir con Cristo y resucitar con Cristo; pero ¿quién tiene autoridad de hacer eso con la gente, presentarles el evangelio, el ministerio de la reconciliación? La Iglesia. Está escrito que nos fue confiado el ministerio de la reconciliación, como si Dios rogase por medio de nosotros: Os rogamos, en nombre de Cristo, reconciliaos con Dios. La iglesia nunca debe olvidar que le fue dada autoridad, que le fue dado el Nombre del Señor, y que el Señor, cuando se compromete con algo, El está pendiente y El está atento a lo que usted está diciendo; y lo que usted está diciendo se le va a contabilizar en el día del juicio a esa persona; ¡Ay de esa persona que no se da cuenta de que Dios está hablando a través de usted! Ese fue el error que cometió Josías. El rey Josías fue un gran rey; y los reyes buenos duraron mucho tiempo, según la Biblia; pero Josías duró poco tiempo por un error; él no se dio cuenta de que Dios le estaba hablando por medio del faraón Necao. El faraón Necao le dijo a Josías, que salió aliado de Babilonia, a defenderla de Egipto; y le dice Necao de Egipto: ¿Qué problema tengo contigo Josías? Yo no vengo a pelear contigo; yo vengo a pelear contra Babilonia. Pero Josías no entendió que Dios le estaba hablando por medio de un pagano; porque a veces Dios usa a los paganos para reprender a los creyentes; porque los paganos, los incrédulos, esperan que los creyentes sí vivan como dicen; pero ellos no; los paganos quieren vivir como se les da la gana. A mí no me vengan con eso de no robar, no fornicar, no matar, no mentir; eso es para los creyentes; pero los paganos, los incrédulos, esperan que por lo menos los creyentes sí obedezcan eso; ellos saben que los creyentes tienen un testimonio que por lo menos ellos debieran obedecer; porque su conciencia les dice que si uno da un testimonio, debe ser consecuente con él. Entonces, los creyentes tienen autoridad, tienen una representación. No es necesario que usted sienta algo raro, sienta que se le paran los pelos; a veces se le paran a uno los pelos; sí, a veces uno siente corrientazos y todo; pero eso no es necesario; eso, a veces, sucede; sí, pero es por la fe; usted, cuando hable, tiene que hablar en el Nombre del Señor; no es usted solo: Jesús dice: Os envío como ovejas en medio de lobos; vayan y hagan discípulos en las naciones, y bautícenlos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. O sea, no son ustedes solos los que lo están haciendo; es el Padre el que está haciendo eso; pero ¿cómo lo está haciendo el Padre? Por medio del Hijo; y ¿cómo lo está haciendo el Hijo? Por medio del Espíritu Santo: y ¿cómo lo está haciendo el Espíritu Santo? Por medio de la Iglesia, por medio de usted. Imagínese a un policía todo flaquito, al que una tractomula de esas lo dejaría como una estampilla; pero él sabe quién es, y lleva un uniforme, y cuando pita, cualquier chorrera de tractomulas tiene que parar; ¿se dan cuenta? Y la gente que tiene respeto a la autoridad, aunque sea flaquito el policía, ve que no se trata solo del policía, sino que es el orden del país el que está representado en ese policía. ¿Se dan cuenta de por qué es que hay que respetar al policía de tránsito y a todos? hay que respetar a la autoridad porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido constituidas. Entonces uno no debe confundirse con lo flaquito y bajito que es el policía; él está representando el orden en tu Patria. Y lo mismo acontece con la Iglesia; no eres tú solo, no importa cuán flaquito seas; lo que importa es en nombre de quien estás ahí; ¿acaso no dijo Jesús: el que reciba a un niño en mi Nombre, a mi me recibe?, y no quedará sin recompensa; y a la vez, el que lo rechaza, no sabe a Quien está rechazando. Cuando Dios envió a Samuel, y la gente rechazó a Samuel, ¿qué le dijo Dios a Samuel? Samuel, no te han rechazado a ti, sino a mi es a quien han rechazado; rechazar a Samuel era rechazar a Dios; eso quiere decir que Dios dio autoridad a Sus siervos; cada hermano debe comprender que, al nacer de nuevo, y ser un hijo de Dios, tiene la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para testificar lo que sabe, aquello que creyó, que lo hizo salvo, que Jesús es el Hijo de Dios, que vino del cielo, y vivió una vida perfecta como hombre, y murió por nuestros pecados, resucitó, ascendió y va a volver; y por la fe en El, se es perdonado de los pecados. Algo que se dice en medio minuto, sin embargo es lo más valioso que se puede decir en la tierra. Eso es lo que todo el mundo necesita para ser salvo; y si no se reciben esas palabritas de 40 segundos, se van para el infierno eternamente. Usted puede ser la persona más simple, pero puede decir la verdad más grande en un minuto; y a veces no es necesario dar tantas vueltas, sino ir directo al grano. Ese paso que la persona va a dar parece el más pequeño, pero a la vez es el más grande. Creyó, aceptó, recibió al Señor, y casi no se dio cuenta; pero algún día va a comprender qué paso dio; a aquella vera del camino estaba hundido, pero aquí está salvo; aquella mitad se hunde, pero esta mitad está firme. Quien está en Cristo, fue trasladado al reino del Amado Hijo de Dios, y está firme; pero el que continúa en sí mismo, en sus pecados, está perdido para siempre. Entonces, la Iglesia, hermanos, tiene autoridad; Dios le dio autoridad; esa es una primera parte; pero dice la parábola algo más: “dio autoridad a su siervo”; no hay siervo de Dios que no tenga autoridad; es un miembro de autoridad; y por lo tanto, tiene autoridad; lo que ataréis en la tierra, será atado en el cielo; lo que desataréis en la tierra, será desatado en el cielo. Si dos de vosotros se ponen de acuerdo acerca de algo, eso que ustedes aten, Dios lo considera atado en los cielos; lo que ustedes desaten, Dios lo considera desatado en los cielos; eso es autoridad. Ilustraciones.- Recuerdo una vez, y el Señor me pone a contarlo, que eran tiempos antiguos aquí mismo en Colombia; antiguos de mi vida, no de Colombia; estábamos por ahí por los años 1985 u ’86; orábamos un grupito de cuatro o cinco hermanos; nos reuníamos a orar por distintas cosas los sábados a la tarde; y a las tres de la tarde orábamos por ahí hasta las cinco o seis, pidiendo cosas. Hermanos, lo que pedíamos ese sábado, no necesitábamos esperar al otro sábado; ya en esa semana el Señor contestaba. Por ahí una vez le dijimos: Señor, no queremos que haya programas de brujos en la radio; atamos en el Nombre del Señor Jesucristo los programas de brujos; éramos solo como cuatro hermanos; el jueves siguiente a la oración, antes del otro sábado, la Alcaldía Distrital prohibió los programas de brujos en la radio; pero nosotros lo prohibimos primero orando, y después obedeció el Alcalde; nosotros tenemos la autoridad, el Señor tiene el poder y sucedió. Lastimosamente dejamos de orar por eso, y volvieron a aparecer después; así que hay que seguir cerrando muchas cosas. Por eso las reuniones de oración, ya sean de dos o tres, son importantes, porque la Iglesia tiene la autoridad. Recuerdo que una vez, no voy a decir el nombre, para no deshonrar a la persona, porque no es mi deseo deshonrar a nadie; pero había un político que era de esos terribles, de esos que hablan y encienden, queman, y destilan veneno de aquí para allá; una situación muy difícil; y nosotros dijimos: Señor, derribamos a este hombre; pero no pensamos que se iba a caer del helicóptero; nosotros pensábamos que lo íbamos a tumbar de la política, pero esa semana se cayó su helicóptero y murió; decíamos: Señor, te pedimos que pongas personas que teman a Dios allí, personas que tengan temor de Dios y amor de patria; pon a esos y quita a los otros; y el Señor fue respondiendo y haciendo cosas; la Iglesia tiene autoridad; en lo que dos o tres de vosotros se pongan de acuerdo en la tierra, en el cielo eso queda atado; y si se desata, queda desatado; eso es autoridad. La obra del ministerio.- Ahora, hay otra cosa que también nos fue encomendada, además de autoridad; dice: “y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra”; esa es otra frase importante: “a cada uno su obra”. Hay la obra en general, o sea la obra del Señor en general, y la obra de cada uno; la obra de cada uno es parte de la obra en general. Acabamos de leer Efesios 4 donde decía que el que descendió, que es el Señor en Su encarnación, sepultura, viaje a ultratumba, El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo, y El mismo dio a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros; ¿para qué los dio? Para perfeccionar a los santos; y ¿para qué? ¿Perfeccionarlos para sus negocios, para su vida familiar, para su vida devocional? Sí, eso está incluido, pero no es sólo eso. Hoy muchos santos piensan que solamente los predicadores tienen que trabajar para Dios, y que les enseñen a ellos como ser buenos maridos, como ser buenas esposas, como ser buenos hijos, buenos ciudadanos; claro, eso está bien, eso también está incluido; tenemos que ser buenos ciudadanos, esposos, padres o hijos, patronos o trabajadores; tenemos que ser buenas personas; la palabra nos enseña eso; pero dice que el ministerio del Nuevo Pacto ha sido dado a la Iglesia para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Los santos para la obra del ministerio; todos los santos, todos los hijos de Dios, están involucrados en la obra del ministerio; la obra del ministerio es una obra en singular, es la obra macro del Señor, que es la edificación de un cuerpo para Cristo; edificar el cuerpo de Cristo hasta la plenitud de Él; esa es la obra del ministerio; todos los hijos de Dios, todos los santos, estamos involucrados en esa macro obra; esa es la obra macro de Dios; por eso se habla en singular, la obra del ministerio; el Señor es uno solo, entonces el plano es uno solo, el Espíritu de Dios, el agente, es uno solo, y por lo tanto, como el Señor es uno solo, y el Espíritu es uno solo, el cuerpo de Cristo es uno solo, y la obra del ministerio es una sola; no hay muchas obras en lo general; en lo general, la obra del ministerio es una sola. Cualquier persona que esté en Espíritu, y que esté en el ministerio del Nuevo Pacto, de la Nueva Alianza, en el ministerio del Espíritu, es una persona que va a colaborar con el propósito eterno de Dios, y con la edificación del cuerpo de Cristo, y no va a estar haciendo obras aisladas, desvinculadas del objetivo, desvinculadas de la comunión del cuerpo, y aisladas en división; ¡No!, sino vinculadas en Espíritu, edificando un solo cuerpo, velando para que ese cuerpo único sea edificado en todo lugar; todos los santos somos llamados a eso; y el trabajo de los apóstoles, de los profetas, de los evangelistas, de los pastores y maestros, es perfeccionar a los santos para hacer la obra del ministerio, de edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos, que no pare, hay que seguir en esa obra, la obra en singular, la única obra que Dios está haciendo en la tierra; la obra de Dios, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; o sea, la obra de Dios consiste en llevar a todo el cuerpo de Cristo a la plenitud de Cristo; esa es la obra, y todos estamos involucrados en la misma obra, todos tenemos el mismo Señor, el mismo Espíritu, pertenecemos al mismo cuerpo, y hacemos la misma obra en lo macro; pero esa obra grande tiene obras pequeñas subordinadas a la grande. Digamos, si la obra de un arquitecto es construir una casa para alguien que lo contrató para construirle una casa, un arquitecto, un ingeniero, bueno, esa es la obra; hay que construir esta casa para este dueño; pero uno se encarga de sacar la tierra y poner los cimientos, otros se encargan de poner las piedras, otro se encarga de levantar los muros, las principales vigas, las principales planchas, otro se encarga de las paredes, otro se encarga de revocar, otros se encargan de pintar, otro se encarga de limpiar, otro se encarga de hacer las instalaciones eléctricas, poner los bombillos; es decir, la obra es una sola, pero uno es el electricista, otro es el plomero, otro es el maestro albañil, otro es el pintor, etc. etc. Entonces, así como la Biblia habla del reino de Dios, y el misterio del reino está compuesto por capítulos, el misterio el reino se compone de los misterios del reino, el misterio de Dios se forma de los misterios de Dios, y la obra de Dios, la obra del ministerio, de edificar el cuerpo hasta la plenitud de Cristo, está distribuida en la obra de cada uno; cada uno de los hijos de Dios, de las hijas de Dios, de los miembros del cuerpo, tiene una obra micro que está relacionada con la obra macro de Dios; cada cosa pequeña que yo hago tiene que hacerse en el Espíritu y en la trascendencia, vinculada con la obra macro; no debo hacer nada micro que contradiga o estorbe lo macro; lo micro que hago debe ser en virtud de lo macro; a cada uno le dio su obra. La obra de cada uno.- Entonces hice este preámbulo de la obra del ministerio, para que sirva de fundamento de la obra de cada uno; entonces la parábola lo que dice es: a cada uno dio su obra; esa palabra “dio”, ya la había dicho antes: “dio autoridad”; y está implícita; a cada uno su obra, a cada uno dio su obra. Entonces, hermanos, a cada uno dio su obra; puedes ponerte tu nombre, tu apellido, si quieres el segundo nombre, el segundo apellido, y la cédula; ese eres tú; tú particularmente tienes de Dios una obra que hacer. Dice la Escritura, y ustedes lo recuerdan, pero a los que no lo recuerdan, podemos leerlo en Efesios capítulo 2, por los más nuevos, y voy más despacio. Efesios, capítulo 2; vamos a leer desde los versos 8 al 10: “Porque por gracia…”, no es por obras, es sólo por gracia, “por gracia sois salvos por medio de la fe”; el evangelio es que somos salvos por la fe en el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, quien murió por nuestros pecados, resucitó, ascendió y es el Señor; la esencia del evangelio, por fe; “por gracia sois salvos por medio de la fe”; ese es el piso, el fundamento de la salvación; “y esto no de vosotros, pues es don de Dios”; pero explica: “no por obras, para que nadie se gloríe”; o sea que las obras nuestras nada tienen que ver como base de la salvación, pero ahí no terminó Pablo, porque ahí no terminó el Espíritu; el Espíritu siguió hablando en el siguiente verso: “Porque somos poema suyo (esta palabra que aquí se tradujo hechura, es la palabra que en griego quiere decir: poema, una obra maestra de Dios; lo que aquí se tradujo hechura es la palabra griega que significa una obra maestra. Entonces miren lo que dice, vamos a traducirlo así; “somos obra maestra suya, creados en Cristo Jesús (esa es la salvación, creados en Cristo, pero ¿creados para qué? no por las buenas obras, no por eso; sino que es por la fe, pero para…,) creados en Cristo Jesús para buenas obras”; o sea, ningún hijo de Dios nació de nuevo sin sentido; cada hijo de Dios nació de nuevo, y fue reclutado en la casa de Dios, en el ejército de Dios, para la obra de Dios; y cada uno tiene su obra; entonces dice: “para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”; entonces, fíjense en esa expresión: Dios preparó de antemano las buenas obras de los salvos; no son buenas obras para que sean salvos; ¡no!; sino que por ser salvos, ahora son nuevas criaturas, fueron creados, son de la nueva creación, ya no de la vieja, creados en Cristo, participantes de la nueva creación, pero la nueva creación tiene una función que cumplir: creados para buenas obras; o sea que tenemos que hacer buenas obras, pero no las buenas obras que a nosotros se nos ocurren. Bueno, podríamos suponer, entonces ahora vamos a ir al África, vamos a empezar a dar leche a los hambrientos; y en verdad puede ser que eso también se lo mande Dios a algunos; pero aquí dice: “buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano…”; preparó, preparó. Preparado de antemano.- Hermano, cuando has caminado con el Señor un tiempo, y miras para atrás, te das cuenta de que Dios había preparado todo, incluso hasta tus tiempos de incrédulo, incluso hasta tus “metidas de pata” eran parte de la preparación; era Dios preparándote para comprender mejor después, poema suyo, obra maestra suya, para buenas obras que Dios preparó de antemano. Ningún hijo de Dios ha sido improvisado por Dios. En el reino de Dios no existe la improvisación; en el reino de Dios existe la predestinación; Dios te conoció antes de la fundación del mundo, y que conocerías y recibirías a Cristo, y que por eso nacerías de nuevo, que serías su hijo; te escogió y te destinó, te dio un trabajo, un lugar en el plano, un lugar irreemplazable en la economía divina, porque Dios no hace jabones en serie. Bueno, alguno podría pensar que el hermano Gino es igual que el hermano Arcadio; que el hermano Arcadio es igual que Alejandro; que Alejandro es igual que Germán; no, nada que iguales; cada uno es cada uno, nadie tiene que ser igual a otro; tú no tienes que imitar a otro; tú tienes que ser absolutamente auténtico, porque tú tienes tu propia obra que es distinta de la del otro; claro que todas esas obras están asociadas en la gran obra de Dios, y por eso no trabajamos sólo para nosotros; a veces trabajamos para otras generaciones, a veces la obra tuya no se ve todavía, se ve después; pero debes saber que Dios preparó una obra para ti, Dios no está improvisando, tú tienes que decir: Señor, quiero conocer lo que tú has preparado para mí; ¿acaso fue usted el que escogió nacer en el siglo XX y después pasar al XXI, y nacer en Colombia? Quizás usted hubiera preferido nacer en Miami, o quedarse usted por allá en la Costa Azul de Francia, o en Paris, o Miami; pero no, Dios escogió que nazcamos en Colombia, y que nazcamos en esta generación, y Dios escogió nuestros padres, nuestra raza, la clase social en la que nacimos, las oportunidades o las no oportunidades que tendríamos; inclusive las no oportunidades son oportunidades en otro sentido; fueron escogidas por Dios, ¿por qué? porque Dios es un Dios que prepara, aún los caminos estrechos que tendríamos que pasar; es una preparación de Dios. Si no pasabas por ahí, no estarías listo para cumplir tu misión; todos los túneles y molinos por los que hemos tenido que pasar son para prepararnos para cumplir una misión particular. Hermano, subrayo la palabra “particular”, porque hasta aquí, la primera parte subrayaba la palabra “general”; ahora voy a subrayar la palabra “particular”, porque dice: a cada uno su obra; y ¿dónde dice “particular”? Miembros en particular.- Vamos allí a 1ª a los Corintios 12 para ver esa palabra: “particular”; lo particular está dentro de lo general; lo particular no es contra particular; no, todos los particulares de Dios son coordinados en lo general de Dios. Dice en el capítulo 12 de 1ª a los Corintios, y primero voy a leer el verso 27 donde aparece lo de particular; y luego leemos el contexto de nuevo. “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”, noten esa expresión: miembros cada uno en particular; es decir, tú fuiste planeado por Dios para hacer algo. Si un ingeniero, por ejemplo mecánico, está haciendo un aparato, un motor, dice: bueno, el tornillo es para esto, la tuerca es para esto, este tubito es para esto, este resortito para esto, esta plaquita para esto; cada cosa la hace para una cosa; luego dice: esto va con esto, esta tuerca va con este tornillo apretando esta plaquita y en este punto; y este resortito va aquí, sube acá, baja acá, enganchado aquí, y es para esto; y este tubito y este cablecito van aquí; cada cosa tiene su lugar. Cuando tú ves una cosa suelta, tú no sabes para qué sirve; es en la comunión del cuerpo donde tú te das cuenta para qué sirves; es en medio de los demás que te das cuenta de que Dios te dio capacidad aunque sea de hacer arepas; y esas arepas pueden servir para traer un hermano de Chile, o de Brasil; qué importante entonces hacer arepas con amor y con propósito, ¿se dan cuenta? Hermano, cada uno sirve para algo, cada uno tiene que hacer algo, Dios tiene una misión para cada uno, y la tiene ya preparada, y Dios no ha improvisado con tu vida; todo lo que usted ha pasado ha sido para formarlo a usted, para cumplir su parte, la parte del motor que le toca a usted; tenemos que dejarnos ensamblar con los demás; ensamblar con los demás no quiere decir que todos tenemos que ser como el hermano Gino, que todos nos vamos a dejar la barba, que todos nos vamos a dejar el bigote, que todos nos vamos a vestir así y así; no, no; Dios los guarde a ustedes de ser como el hermano Gino; pobres de ustedes; ustedes tienen que ser como Cristo, y yo también; usted tiene que mirar al Señor; pero dese cuenta de que todos hacemos la misma obra, en lo general, y a la vez cada uno hace la suya propia; pero la de cada uno debe estar en relación con la de Dios. Usted tiene un llamamiento particular, usted es un miembro particular del cuerpo; no es que Dios dice: bueno, todos los miembros son como cubitos, todos los cubitos son iguales, se pone cubito con cubito y hacemos un montón de cubitos; no, no, no; uno es pulmón, otro es hígado, otro es bazo, otro es el estómago, o el esófago, o los dientes, o las muelas, o los ojos, o las pestañas, o la hipófisis, o lo que sea; cada uno es particular. Usted no trate de imitar a nadie, ni se mida por otro; imagínense a la hipófisis diciendo: pero yo tan blandita, tan chiquita, escondida, nadie me ve, en cambio esos brazotes durotes aparecen por todas partes; pero quítese la hipófisis, y no le funciona ni los brazos; esa hipófisis pequeñita, escondidita, es muy fundamental en el cuerpo; su función es producir una gotita nada más; pero esa gotita que destila de la hipófisis pone a funcionar todo el metabolismo del cuerpo; imagínense, afecta a todo el cuerpo esa gotita de la hipófisis; ella sólo tiene que producir esa gotita, nada más, pero qué importante es esa gotita. Entonces, hermanos, nadie, como dice este capítulo 12, piense: ah, como yo no soy mano, no soy del cuerpo; no, usted no tiene que compararse con nadie; usted agradezca que existe como usted es, agradezca donde usted nació, agradezca si es alto, si es bajito, si es blanco, si es negro; agradezca, Dios lo hizo así con un propósito; nadie puede tomar su lugar, usted tiene que hacer eso. Siempre suelo contar a los hermanos el ejemplo de la mesa. Si a la mesa le falta una pata, se derrama la sopa, no importa sí las otras tres estén; si falta la cuarta, se derrama la sopa; la cuarta tiene que estar; pero si yo soy más o menos como el otro, puedo decir, y no hago falta; no, no; usted tiene que estar ahí, porque el otro hace una parte, el otro la otra; pero si usted no hace la suya, es como dejar a los otros sin rueda; si usted es la rueda, los otros pueden ser el resto del carro, pero el carro no va a andar sin las ruedas; usted puede ser las manos; no debemos dejar al carro sin ruedas, ni al cuerpo manco; no debo decir: porque está otro, yo no estaré; era necesario que usted estuviera para que usted hiciera esa otra parte que el otro no puede; y no es contra usted, y no es compitiendo uno con otro; ese espíritu de competencia es cuando no se entiende el cuerpo; ¿cómo va a competir una rana con una tortuga? por ejemplo, o con un león; cuando se necesita la tortuga, ahí está; cuando se necesita al león ahí está; no hay que compararse; hay que aceptar la diversidad, hay que aceptar la variedad, y hay que alegrarnos por la multiplicidad, por las diferencias; Dios hizo distintas razas, distintas clases sociales, distintos temperamentos, dio distintos dones, distintos talentos, distintas oportunidades, pero toda esa variedad está controlada por un mismo Espíritu, un mismo Señor y un mismo Dios; un mismo Dios, un mismo Señor y un mismo Espíritu está detrás de toda esa variedad, y está detrás para ensamblar a uno con otro; no tenemos que ser iguales, pero tenemos que ser complementarios; no somos iguales, somos complementarios; las cosas las podemos hacer si cada uno hace su parte; uno hace su parte, el otro la suya, el otro la suya; ahí está el cuerpo andando; es Cristo ministrando Su Espíritu, Su Palabra, Su Nueva Alianza, a través del cuerpo, todos trabajando, cada uno en particular. Ustedes ya conocen el capítulo 12; no se los voy a leer; sólo se los estoy llamando a la memoria. No puedo decir: porque no soy ojo, no soy del cuerpo; ¿acaso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, donde estaría el olfato? Si todo fuese olfato, donde estarían las manos, etc. ¿se da cuenta? Entonces, usted no trate de ser otro; dele gracias a Dios porque El lo amó con amor eterno, y lo planeó con amor, y le dio un lugar inigualable e irremplazable que usted tiene que cumplir; y dice que Él ordenó el cuerpo de tal manera para que no haya desavenencia; y eso sí lo voy a leer, la parte final; ustedes después pueden repasar todo el capítulo 12 de 1ª a los Corintios, pero voy a leer esta última parte, desde el verso 15 del capítulo 12: “Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo; ¿no será del cuerpo? Y si dijere la oreja, porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros, cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso…”, y noten que El hace eso conforme a Su carácter; Su carácter es justo, y es misericordioso, y es práctico, y es amoroso, y también nos entrena. “Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: no te necesito…” Interdependencia y complemento.- Hermano, eso que uno piensa, que no necesita a los otros, eso es pura paja; nadie puede decirle a otro miembro: no te necesito, “ni tampoco la cabeza a los pies”; ni siquiera los hermanos que el Señor pone para representar la autoridad de Dios pueden menospreciar a los pies. Cristo, en cuanto Verbo divino, El no necesita nada; pero El delega Su autoridad a personas; entonces, en este caso, las autoridades delegadas son la cabeza de que habla aquí, la que necesita a los pies; Dios no necesita, pero nosotros sí necesitamos. Y dice: “ni tampoco la cabeza a los pies: no tengo necesidad de vosotros. Antes bien (noten) los miembros del cuerpo que parecen más débiles…”, como les estaba diciendo, por ejemplo, de la hipófisis, de la tiroides, digamos del corazón; ¿qué es más duro? ¿El corazón o el fémur? Pero usted no puede vivir sin corazón, aunque puede vivir sin fémur; hay mucha gente que perdió el fémur; entonces no se preocupe por ser débil; lo importante es la función que Dios realiza aunque usted sea débil; no se preocupe, la debilidad no es problema; al contrario, dice la Biblia que me gloriaré en mis debilidades, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte; cuando soy débil, me doy cuenta de que necesito al Señor; entonces pido socorro, como decimos aquí, pido “cacao”, y Dios nos ayuda en nuestra debilidad. Decoro.- Entonces dice: “Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente”; ¿no es así? “Y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro”. No todos tienen el mismo decoro; y a veces decimos: parece que a estos hermanos como que los tratan con más decoro; precisamente porque tienen que meterse con cosas más indecorosas; lo que es indecoroso se cubre con más decoro. No a todos se les dice: General, o se les dice: mi Teniente; no, porque no todos son tenientes; la mayoría son soldados; pero ¿por qué se le trata con más decoro? Porque es necesario, por causa de que le toca tratar con lo que es indecoroso; entonces por eso vean lo que dice aquí: “aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente”. Por eso yo les contaba una vez a los hermanos que, cuando estando en Paraguay, me ponía a observar a los que el Señor nos había puesto al frente, éramos los peores de todos; y yo decía: pero nosotros somos los peores de todos, somos los más malos, somos los más difíciles, los más complicados, tenemos unas pruebas terribles, y Dios nos pone al frente; yo veía a aquellos otros hermanos tan queridos, a estos otros hermanos así, y aquellos hermanos tan preciosos, ¿cómo es que no están ellos al frente? Ahora entiendo porqué; porque a los indecorosos El los cubre con decoro; no tenga envidia de los tratados con decoro, porque ellos son los más indecorosos; no tenga envidia, usted no sabe la verdad; Dios es el que sabe la verdad. Por eso dice: “y aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad”. Algunos tienen unas necesidades que otros no tienen; no todos tienen la misma necesidad; ¿qué les parece? “pero Dios, (¿Quién?), Dios ordenó el cuerpo”; no piense que el cuerpo está desordenado, que si usted no lo cuadricula va a quedar desordenado; usted no cuadricule el cuerpo, déjelo como el Señor lo hizo; no trate de meter su mano; porque nosotros, a veces, tratamos de bajar al que está arriba, subir al que está abajo, por nosotros mismos; tratamos de reorganizar el cuerpo, y lo que hacemos es dañarlo. Todos tienen que ser iguales, decimos nosotros, todos iguales; y lo que hacemos es dañarlo. ¿Cómo va a competir la hipófisis con el fémur en una carrera? Dejemos que Dios haya repartido como El quiere. Señor, pero ¿por qué me diste a mí un talento, y al otro dos, y al otro cinco? Y ¿qué te importa a ti? ¿Y qué a ti? ¿acaso no le dijo el Señor eso a Pedro? porque el Señor le dijo lo que le iba a pasar a Pedro; y Pedro, dijo: ¿Y a Juan qué?. ¿Qué te importa lo que yo quiera con Juan? ¡sígueme tú!, ¡qué a ti!, ¿a ti que te importa mi relación con Juan? lo importante es que tú me sigas como Pedro; Pedro es Pedro, y la relación del Señor con Pedro es con Pedro, con Juan es Juan; no trates de comparar a uno con otro, porque eso no es sabiduría; no es sabiduría compararse con nadie; esté, pues, agradecido de ser usted, esté agradecido que usted existe, que Dios quiso que usted existiera, o si no, usted no tendría conciencia de ser una persona; pero si usted tiene conciencia de ser alguien, Dios quiso que usted existiera; y cuando lo quiso, lo quiso con amor, con amor eterno, y lo planeó; usted es un plan eterno de Dios; y todo lo que hizo Dios es bueno, nada es de desecharse; Dios hizo algo bueno cuando lo hizo a usted; no se compare con nadie; simplemente descubra quien es usted para Dios. La recompensa de una piedrecita blanca.- Escrito está que, en el último día, cuando el Señor esté recompensando a los vencedores, a cada vencedor le va a dar una piedrecita blanca con un nombre nuevo escrito que ninguno conoce, sino aquel que lo recibe; o sea que sólo el Señor y usted van a conocer el profundo significado de su nombre definitivo. Este nombre que tenemos ahora es un nombre que nos pusieron nuestros padres; y claro, Dios les dio el derecho temporal de ponernos el nombre; y a veces, ¡qué nombrecito le han puesto a algunos! ¿verdad? Porque nosotros ponemos nombres que nos parecen bonitos; que me perdonen los Sinforosos y todos ellos; pero amados, si los padres tienen un derecho temporal de ponerte nombre, el que te pone el nombre definitivo a ti es Dios; y en la Biblia el nombre no es un sonido sin sentido; en la Biblia el nombre expresa el significado de la persona para Dios; o sea, el nombre que Dios tiene para ti, es lo que tú, de manera particular y distintiva, significas para el Señor; eso es lo que va a significar tu nombre; por eso dice: y nadie conocerá ese nombre, sino el que lo recibe. Todos podemos saber, este es Pedro, este es Juan; pero qué significa tu nombre, quien eres tú para Dios, ese algo es irremplazable, nadie lo conocerá sino Dios y tú, porque sólo Dios sabe en tu intimidad qué relación tiene contigo, porque tú eres de una manera distinta del otro, ¿se dan cuenta? Entonces, tu nombre verdadero es el que vas a recibir cuando llegue la hora del tribunal de Cristo; entonces Dios te va a decir: Esto eres para mí, y te dará tu nombre; y cuando oigas ese nombre, vas a comprender qué significa ese nombre, y qué significas para Dios, y cuál es tu lugar en Su reino, y conocerás como fuiste conocido. Y no es un significado en el aire; sino qué significas para Dios, qué significas tú para Dios; ese es el sentido del existir; estará expresado en ese nombre qué significas para Dios; porque a veces queremos significar algo para esta persona, pero no significamos lo que quisiéramos, y siempre estamos buscando significar algo, y a veces nos podemos chiflar buscando significar algo para alguien en esta tierra; resultamos pensando que somos “Napoleón”, o la reina “Elizabeth V”, porque nos sentimos muy achantados por un lado, y tratamos de compensar ese achante, y empezamos a creernos quien sabe qué, ¿verdad? Pero nadie te comprende como el Señor; lo importante es quien eres tú para el Señor; como el Señor le dijo a Moisés: te conozco; o sea, tú eres alguien especial; no tienes que serlo para otro; sólo tú vas a conocer ese nombre, sólo tú vas a saber porqué estás aquí en ese lugar, y cuál es tu lugar, y tu función, y como Dios lo aprecia, aunque nadie lo aprecie; aunque nadie se dé cuenta, Dios se da cuenta; aunque nadie te valore, Dios te valora. Hermano, cada uno tiene su obra, cada uno tiene su nombre, cada uno es miembro en particular. La palabra de Dios nunca nos dice que seamos homogenizados, todos así cuadriculados, como si fuéramos al estilo bien comunista; no, no; Dios hizo personas; nosotros no somos descendientes de los monos de Darwin; sino que somos seres humanos creados a la imagen de Dios; aunque todos tenemos la misma naturaleza humana, y somos salvados por el mismo Señor, por la misma sangre, y por el mismo evangelio, y tenemos al mismo Dios, y pertenecemos al mismo cuerpo, sin embargo, somos diferentes, y tienes que aceptarte con gratitud por todo lo que Dios te hizo a ti; debes darle gracias a Dios; no te compares con nadie; Dios te quiso a ti, y Él sabe lo que significas para Él, y Él quiere tener relación directa y personal contigo, que tú andes cerca de Él, y tú hagas tu parte, la tuya, la que nace de tu intimidad con Dios. En tu intimidad personal con Dios ha de nacer una inspiración para ti; a ti el Señor te la mostrará, a ti te va a impulsar a hacer algo; puede ser algo pequeño; a veces algo pequeño puede tener significado grande. A veces una cosa pequeña puede producir un efecto grande tanto en lo bueno como en lo malo. Haga su parte.- Yo les conté que la primera guerra mundial comenzó por una bofetada que un hombre le dio a otro; así empezó la primera guerra mundial. Un hombre abofeteó al otro, y esa bofetada fue el comienzo de la primera guerra mundial. Uno pensaría: pero ¿qué hacer o no hacer? Usted dejó de hacer algo, y quedó un hueco, y nunca más se hará lo que tú tenías que hacer, y eso siempre faltará; lo que haga otro es después, y ya es en otra época. Entonces, hermano, usted está ahí para hacer lo mejor que usted pueda, lo mejor que usted entienda; usted tenga intimidad con Dios, y lo que el Señor ponga en su corazón, hágalo, hágalo usted; no piense: pero si el otro no lo hace; cuando el otro haga, yo lo hago; no, no; hágalo usted. Puedes decir: pero yo pido perdón cuando el otro pida. No! Más bien pida usted; no piense en el otro; haga usted lo que debe hacer, haga lo mejor que pueda, que eso está tendiendo un puente para la eternidad. Si usted hace lo mejor que puede, usted no va a hacer todo, pero lo que usted haga es necesario; otro hará otro pedazo, y otro hará otro pedazo, y ahí haremos entre todos lo que Dios quería; pero si usted no hace, es, como les digo, quitarle la pata a la mesa; si usted falta, se derrama la sopa; ¿me entienden, hermanos? Usted tiene que estar ahí. A cada uno le dio su obra. Leo el verso 24: “los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba”; o sea, usted no se preocupe si a otro le dan más honor que a usted; a usted no le falta, al otro le falta, a usted no. Y dice porqué lo ordenó de esa manera Dios: “para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. ¿Será que nos gozamos cuando otro recibe honra, o será que nos da rabia? ¿Nos gozamos? Si estamos en el Espíritu, nos gozaremos con cada miembro, con su especificidad, porque él es como él es, y tú no lo puedes cuadricular a tu estilo; ¿verdad? ¡Gracias a Dios! Y dice: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Diversidad.- Y luego da algunos ejemplos de variedad: “Y a unos (no a todos, por eso dice: la obra de cada uno), a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”. Ah! todos queremos ser apóstoles, pero ¿ayudantes? Eso de ser ayudantes no nos parece tan hermoso como ser apóstol, ¿verdad? Pero se necesitan muchos ayudantes para que la obra de Dios se haga. Usted va al gallinero y encuentra un gallo y como 30 gallinas; ¿qué hace el gallo sin las gallinas? Ni poner huevo puede, ¿se dan cuenta? Así que no envidiemos al gallo, y más bien pongamos huevos; ¿amén? Entonces dice: “si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”; y ahí aparecen los que ayudan, etc. “¿Son todos apóstoles?” No; “¿son todos profetas?” No; “¿todos maestros?” No; “¿hacen todos milagros?” No; ¿Tienen todos dones de sanidad?” No. ¡Ay! pero ¿por qué estos hermanos oran y las personas se sanan, y yo oro y siguen enfermos? Dios sabe porqué con éste se sana; Dios es el mismo, y es por gracia; no quiere decir que el otro es más poderoso y por eso se sana; No; es que usted tiene otra función. Entonces dice ahí: “¿hablan todos lenguas?” No; “¿interpretan todos?” No. Yo pienso que cada pregunta de éstas, aunque no está la respuesta explícita, la respuesta tácita es No; no somos iguales, no debemos medir a uno por otro. Ah! pero allá me gusta más, decimos; allá en esa iglesia cantan, allá echan demonios y todo; bueno, está bien; es la misma Iglesia, no es otra Iglesia: la Iglesia es una sola; todos los hijos de Dios somos una sola familia; no tenemos que ser como la otra iglesia; No; nosotros somos la Iglesia con todos los hermanos; pero usted sea como usted es; no trate de ser como otro; haga su parte, la que nace del Espíritu, la que nace de su comunión con Dios, su comunión íntima con Dios; haga lo que Dios puso en su corazón; hágalo usted, porque si usted no lo hace, quizá otro no lo haga, ¿amén? Y dice: “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino más excelente”. Y ese camino es el amor. Portero.- Volvemos a Marcos; todo esto era el comentario de esa frase que dice allí: “Y a cada uno su obra”; y dio un ejemplo: “y al portero mandó que velase”. En la familia de Dios hay porteros. Cuando había el templo, el templo tenía unas puertas de cuatro alas, y había porteros; entonces hay personas a quienes Dios les encarga ser los porteros; los porteros son las personas que disciernen quienes entran y quienes salen, quienes son de adentro y quienes son de afuera; los porteros comprenden cómo llevar una persona a Cristo para que entre, y también, de una persona que no es de Cristo, saben que no es aún de adentro, y saben que aún son de afuera. Hay hermanos que tienen que estar velando en la iglesia, para no dejar entrar lo que no debe entrar, y abrir las puertas a quienes se las tienen que abrir; porque a veces se las cerramos a quienes se las tenemos que abrir, y a veces las abrimos a los que tenemos que mantenérselas aún cerradas. Entonces, en la casa de Dios hay porteros. Cuando usted lee el libro de Crónicas, usted ve la lista de los porteros; y aquí voy a decir algo: tanto en el trabajo de los porteros, como en el de los músicos, como en cualquier otro trabajo, Dios siempre puso al mayor con el menor; y esto lo digo a propósito, para que la iglesia no se divida en iglesia de viejos y en iglesia de jóvenes; Dios siempre quiere que todos estemos juntos. Si hay reunión de jóvenes, deben también ser uno con todos los adultos. Me alegraría que los jóvenes, cuando tienen reunión, o campamento, se alegren cuando se les cuelen los viejos; no se molesten; alégrense cuando llegue un joven con arrugas, porque Dios quiere que los jóvenes y los adultos estén juntos. Todas las instrucciones de Dios al respecto son estas; siempre quiere que estén juntos; excepto cuando es necesario tratar casos privados entre los ancianos o los obreros. Así que no nos molestemos; tenemos reuniones para unos y para otro0,s por función; pero eso no debe convertirse en motivo de división del cuerpo, porque en el cuerpo tiene que ser un solo Espíritu; hay un solo cuerpo y somos miembros de un solo cuerpo; entonces las reuniones normales sean abiertas, sean inclusivas; nadie excluya a nadie, ¿amén hermanos? Vigilia.- Ya terminando acá, dice el Señor: “Velad, pues, porque no sabéis cuando vendrá el señor de la casa”; y aquí menciona las cuatro vigilias típicas romanas; los judíos, no la Biblia, pero sí la tradición judaica posterior, dividía la noche en tres vigilias de cuatro horas; pero los romanos la dividían en cuatro vigilias de tres horas; y el Señor usó las vigilias de los romanos; noten, aunque El era judío, usó en la parábola las vigilias de los romanos, y ahora quedaron canónicas; el Señor las canonizó; ahora está en esta parábola la vigilia que usaban los romanos; ¿por qué nos vamos a molestar? El Señor no es sólo el Dios de los judíos; El es el Señor de todos. Entonces El menciona las cuatro vigilias: “al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana”. La primera vigilia es desde cuando se pone el sol; por ejemplo, de seis a nueve de la tarde o noche; la segunda, de nueve a doce; la tercera, de doce a tres de la madrugada; y la cuarta de tres a seis de la mañana. En todas las vigilias es necesario estar atentos al Señor, esperando Su venida. Es necesario esperarlo también en la noche, porque es más fácil esperarlo de día; hay que esperarlo incluso cuando es difícil, cuando hay oscuridad, cuando hay pruebas, cuando hay problemas, cuando hay persecución, cuando hay malentendidos, cuando hay inflación, cuando hay guerrilla, cuando hay subida y bajada de la bolsa, etc. etc. En la noche hay que estar velando, esperando al Señor, y en cualquiera de las vigilias. El Señor, a propósito de la segunda venida, no dijo la fecha; de la primera venida sí dijo acerca de los 70 septenarios, las llamadas 70 semanas de Daniel; allí dice del día de la visitación; y en el día exacto, Jesús entró en un burrito, y nadie se dio cuenta, y entonces Él lloró: no conociste el día de tu visitación; el día exacto en que se cumplían las 69 semanas de años, o septenarios, en ese día era la primera venida. Pero para la segunda venida no hay día conocido, ni hora, y nadie sabe nada, sino el Padre. Si aparece alguien por ahí diciendo que en tal año, en tal fecha, será la segunda venida del Señor, usted sabe que está hablando paja; nadie sabe el día exacto, ¿amén? Entonces Él quiere que estemos listos a cualquier hora, y especialmente de noche. Trabajad y velad todos.-. El Señor Jesús dijo así: Trabajad entre tanto tenéis luz, porque la noche viene cuando nadie puede trabajar. Hermano, trabajemos ahora, cooperemos ahora con la obra del Señor, pongámosle ruedas al carro, pongámosle manos al cuerpo, cooperemos todos, ¿amén? Cada uno haciendo su parte. Y dice: “para que cuando venga de repente…”; El Señor viene de repente; es decir, cuando menos lo esperamos, es la hora; “no os halle durmiendo”; este dormir no es el físico, sino que es el espiritual. La novia en Cantares dice: Yo dormía, pero mi corazón velaba; una persona puede estar en vela, atenta al Señor, y descansando físicamente cuando se requiere descansar físicamente; pero cuando llega la hora, como cuando el Señor estaba durmiendo en la barca, y luego como que el diablo lo quiso hundir, y se armó aquello; ese lago de Galilea es tranquilo; para que se arme algo tan grande tiene que ser un demonio que provocó eso allí; y el Señor lo reprendió; estaba dormido, pero velando; este no dormir es espiritualmente; nuestro espíritu tiene que estar alerta; no debemos estar embotados, no estar perdiendo el tiempo, especialmente durante el mundial de fútbol; hay que estar alertas; ¡Dios tenga piedad de nosotros y nos guarde! “Y lo que a vosotros digo…”, o sea, a sus discípulos, “a todos lo digo”. Es decir, vosotros vais a enseñar todo lo que yo os mando, a todas las naciones; “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo”; lo que le dijo a los apóstoles es para que se le diga a todo el mundo: “Velad”. Y cada uno a su obra; ninguno esté de vago; descubra su lugar en el cuerpo, en la comunión con Dios. ¡Amén! Y en cuanto a imitar a otros, imitemos solamente a los que, como Pablo, imitan, en Espíritu, al Señor. Gino Iafrancesco V., 16/VI/2006, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de Marlene Alzamora, revisada por el autor.

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(50) LA MUJER QUE ESTÁ DE PARTO

Por Gino Iafrancesco V. - 16 de Septiembre, 2009, 19:43, Categoría: General

Los Misterios del Reino de los Cielos en las parábolas del Señor Jesucristo (50) LA MUJER QUE ESTÁ DE PARTO La paz del Señor sea con los hermanos. Con la ayuda del Señor estamos llegando en esta noche al último capítulo de la serie "Los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesucristo". Hoy vamos a considerar la última de las parábolas dichas por el Señor antes de morir. Se encuentra solamente en el evangelio según San Juan; de ella no nos dice nada Mateo, ni Marcos, ni Lucas. Hubo dos parábolas finales que habló el Señor la misma noche después de la cena, la santa cena, cuando salieron y descendieron esa noche hacia Getsemaní en el monte de los olivos. Mientras El oraba, vino Judas Iscariote trayendo a los que le iban a prender; y lo prendieron, lo llevaron ante los sacerdotes, luego ante Pilatos, y luego lo crucificaron; o sea, ese jueves realmente ya sería el viernes, porque desde las 6 de la tarde, desde el punto de vista bíblico, hay el cambio de día; el día de la pascua era realmente ese viernes, llamado día de la preparación, antes del sábado, porque el viernes no comenzaba a las 12 de la noche, sino que empezaba a las 6 de la tarde; cuando se ponía el sol en el jueves ya comenzaba el viernes. Realmente la pascua, todo este proceso del Señor ser tomado en Getsemaní preso y ser llevado ante los sacerdotes, todo eso aconteció en el viernes, si contamos desde el jueves a las seis de la tarde. Después de la cena, el Señor mencionó dos parábolas: una que ya mencionamos en un contexto temático, que es el de la vid y los pámpanos, que correspondió a la misma ocasión, pero que ya lo tratamos en una vez pasada; y ésta de hoy, de la mujer que está de parto, que es la última parábola que el Señor dijo antes de partir. Si ustedes se dan cuenta, en el capítulo 14 de Juan, el Señor está hablando en el cenáculo cuando llegó la noche; era el día de la preparación, que hoy se dice: jueves santo, pero que realmente ya era el viernes. El comenzó a decir las palabras que registra Juan en el capítulo 14, capítulo 15, capítulo 16 y capítulo 17; en el cenáculo El habló las palabras del capítulo 14 de Juan. Luego el capítulo 14 de Juan termina con la siguiente frase: "Levantaos, vamos de aquí"; o sea que ellos se levantaron del cenáculo donde habían celebrado la pascua ese noche, que sería el jueves llamado santo, que era el viernes, la tarde del viernes, porque empieza con la tarde y la mañana, empieza con la oscuridad y se sale a la luz; así son los días de Dios. Entonces ellos se levantaron, salieron de Jerusalén, comenzaron a descender hacia Getsemaní en el monte de los olivos. Las últimas parábolas que consideramos también fueron dichas cuando descendían de Jerusalén, bajaban al torrente de Cedrón, llegaban al pie del monte de los olivos, y pasaban a veces la noche en el monte de los olivos, luego volvían a Jerusalén. Las parábolas anteriores del Pequeño Apocalipsis Sinóptico se pronunciaron dos días antes de la pascua; pero ésta se pronunció dos días después, o sea, durante la misma noche de la pascua; ellos celebraron la cena del Señor que era la pascua esa noche, y luego, cuando El dijo: -Levantaos, vamos de aquí-, ellos de noche salieron, descendieron al torrente de Cedrón, y llegaron a Getsemaní. Entonces, cuando ellos descendían de Jerusalén a Getsemaní, El dijo primero la parábola de la vid, saliendo de la ciudad, y luego ésta parábola, cuando ya se estaba despidiendo el Señor. Con ésta parábola es que el Señor se despide. Realmente, la palabra "parábola" aparece solamente en los evangelios sinópticos: parabolé; pero la palabra "paraimía", que es la que utiliza el apóstol Juan, y la usa siempre de esa manera, se ha traducido "alegoría"; las dos palabras pueden traducirse, si se considera de una manera amplia y no muy restricta, también como "parábola"; porque Juan no usa la palabra "parábola", sino la palabra "paraimía", o sea un símil, una imitación; "imía", de ahí viene la palabra "imitación"; y de "para", paralela, al lado de; es decir, parecido con. Entonces también se puede traducir de una manera amplia como parábola, aunque aquí se le llama en el capítulo 16: "alegoría". Cuando El dice: -ya no os hablaré por alegorías-, la de la mujer que está de parto fue la última que El dijo antes de no hablarles más por alegorías. Dijo: -no hablaré más en alegorías-; ésta última parábola, es ésta que vamos a estar considerando hoy, y que se encuentra en el capítulo 16. El habló que el mundo aborrecería a los cristianos, que no se extrañaran cuando estas cosas sucedieran; habló de la obra que haría el Espíritu Santo, convenciendo al mundo de pecado, de justicia y de juicio; y entonces comenzó a despedirse. En un campamento, hace ya varios años, en Melgar, el Espíritu Santo nos hizo detenernos en este tema: "todavía un poco"; ese fue el tema del campamento: "todavía un poco"; y en ese contexto es que aparece ésta parábola; entonces vamos a considerarla para terminar la consideración de todas estas parábolas, para que el Señor nos hable. Estas fueron prácticamente sus últimas palabras, aparte de las que dijo a los sacerdotes, a Pilatos y en la cruz. Leo desde el capítulo 16, verso 16, y voy a leer hasta el verso 25. Primeramente voy a leer de corrido; y luego, con la ayuda del Señor, consideraremos de nuevo lo que leímos. "Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre .Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros: ¿Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis, y, porque yo voy al Padre? Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla. Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis? De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. También vosotros ahora tenéis tristeza, pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. En aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre." Hasta aquí. Después ya hizo la oración sacerdotal de Juan 17, y después, ya en el capítulo 18, estando ya en Getsemaní lo arrestan, lo juzgan y lo crucifican y entonces resucita. Esta parábola es entonces la última de las parábolas o alegorías habladas por el Señor mientras estaba en la tierra. En el hebreo, esa palabra es "mashal", tanto alegoría como parábola, incluso proverbio; caben dentro de esa palabra: "mashal". Esta fue la última; después de ésta ya no les voy a hablar más así, porque me voy a ir, y va a venir el Espíritu Santo, que ya no va a necesitar hablar por parábolas. Empieza aquí el Señor, en el capítulo 16, versículo 16, usando una expresión que, para entenderla bien, necesitamos ver las otras ocasiones en que El usó esta misma expresión. El Señor usó esta expresión: "todavía un poco", en varias ocasiones en esos mismos días; entonces podríamos considerar las otras ocasiones, para que podamos entender qué es lo que el Señor quería decir. Vamos primeramente al mismo evangelio de Juan, al capítulo 7; vamos a mirar allí el versículo 33; fue cuando el Señor se iba a levantar diciendo: -El que bebiere de esta agua, no volverá a tener sed jamás-, el penúltimo día de la fiesta de las cabañas; o sea, unos meses antes de esta otra ocasión. La ocasión de Juan 16 que estamos considerando, es el día de la pascua; y la anterior, en Juan 7, fue el día de los tabernáculos, que es la última fiesta del año; en cambio la pascua es la primera, y hay una diferencia, más o menos, entre octubre y marzo o abril; o sea que hay unos cinco o seis meses de diferencia entre estas dos fiestas. 5 ó 6 meses antes del día de la pascua, El empleó esa expresión, y lo dice así. Voy a leer desde el 32 para tener el contexto: "Los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas…"; o sea, si era o no el Cristo; que si lo era, se los dijera abiertamente; "…y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen"; noten, que lo prendiesen; observen que ya lo querían agarrar preso desde meses antes. "Entonces Jesús dijo: Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir." Es decir, El sabía que iba a morir, sabía que en la próxima pascua El moriría; entonces cuando El dijo: -Todavía un poco-, se estaba refiriendo a esos meses que le quedaban antes de morir. Vamos ahora al capítulo 12, verso 35, del mismo evangelio de Juan; el Señor anuncia su muerte aquí cuando es ungido en Betania; los griegos lo buscan, y El dice que es necesario que el grano de trigo caiga en tierra y muera para que dé fruto; y anuncia su muerte. Entonces en el verso 35, cuando le dicen ellos: - "Nosotros hemos oído de la ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices tú que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre?"- Levantado tanto en la cruz como en la resurrección. Ellos esperaban la primera venida del Cristo como si fuera la segundara; ellos esperaban que viniera a establecer un reino, la manifestación gloriosa del reino, sin necesidad de El morir y resucitar. ¿Pero cómo iban ellos a ser perdonados? ¿cómo iban a recibir el Espíritu Santo, y a ser transformados, y a ser gente del reino, sin primero el Señor morir y resucitar? Entonces El decía que era necesario que el Hijo del Hombre fuese levantado, tanto en la cruz, como en la resurrección; y entonces dice el verso 35: "Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco…"; volvió a decir eso; ya eran menos días que faltaban para su muerte, ya era apenas como una semana, porque cuando Jesús fue ungido esta vez, ya faltaba poco tiempo; después de esto El se reunió con los discípulos para lavarles los pies, esa noche de la pascua. Fue en esos días inmediatamente anteriores que El dijo esto: "Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a dónde va. Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz". El les decía: Entre tanto, aún por un poco; entonces este primer poco, por este contexto nos damos cuenta de que está acercándose al primer poco, a la hora de su muerte. Otro pasaje está en el capítulo 13, que fue ya la noche de la pascua, porque la pascua abarcaba las primeras vigilias, que eran desde las 6 de la tarde hasta medianoche, y luego las otras vigilias, desde medianoche hasta salir el sol, y luego todo el día; ese era el día de la pascua; hoy sería jueves y viernes; pero ese día era solamente el día de la preparación, que se llamaría hoy "viernes". En el capítulo 13, versículo 33, ya en el contexto de la santa cena, cuando les lavó los pies, ahora les dice a los discípulos, ahí mismo en la santa cena: "Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros…", noten: -como dije a los judíos-; o sea que les está diciendo lo mismo; había dicho a los judíos; y ahora: -como dije a ellos, también se lo digo a ustedes. "Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir"; el Señor parece estarse refiriendo en ese primer poco, a su muerte. En el capítulo 14, verso 19, esa misma noche, todavía conversando en el cenáculo, en el aposento alto donde celebraron la mesa del Señor, allí el Señor, hablando en el contexto de la venida del Espíritu Santo, dice lo siguiente: "Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis". Entonces aquí el Señor ya comenzó a adelantar algo acerca de cuándo El sería visto; por el contexto vamos a darnos cuenta de que el Señor está hablando en tres niveles. Los discípulos no tenían ni idea como era eso de la segunda venida de Cristo; ellos, incluso resucitado, le preguntaron: -¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Quiere decir que no habían entendido. Varios de los discípulos le hacían preguntas. Por ejemplo, le preguntó Pedro, le preguntó Tomás, le preguntó Felipe, le preguntó Judas Tadeo; todos tenían esa preocupación; no entendían; y aun cuando el Señor está hablando por allá en el torrente de Cedrón, y por Getsemaní, todavía ellos preguntaban entre ellos cómo sería eso de la ida del Señor; ellos no lo entendían. Vamos a ver las preguntas de ellos. Primero, la de Pedro la encontramos en el 13:36; todas estas preguntas fueron en el cenáculo: "Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después." Esa era la pregunta de Pedro: ¿A dónde vas? No entendían; como decían los otros: El Mesías va a venir para siempre, va a establecer un reino político, glorioso, para siempre; ¿cómo es eso de que te vas? Los apóstoles también participaban de esas preguntas. No habían entendido Miqueas 5:3, que Él debía dejarlos por un tiempo hasta dar a luz la que debía dar a luz. La mayoría de los judíos hasta hoy tampoco han entendido esto. Más adelante, en el capítulo 14, en el verso 5, del evangelio según Juan, el que le pregunta es Tomás: "Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre (porque El iba al Padre) sino por mi". Bueno, ya preguntó Pedro, y parece que Tomás todavía no entendió; ahora le pregunta también Felipe, en el verso 8: "Felipe le dijo: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta"; ya que estás hablando del Padre, queremos ver al Padre. "Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido Felipe?" Luego viene Judas Tadeo, y en el verso 22 del mismo capítulo 14, todavía en el cenáculo: "Le dijo Judas (no el Iscariote)," o sea, Tadeo, uno de sus hermanos menores, que era discípulo de entre los doce: "Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?". Noten, ellos estaban confundidos, y esa misma confusión continúa, porque era en el mismo día; sólo que salieron del cenáculo, fueron descendiendo después que les dijo la parábola de la vid verdadera; al ir saliendo por las calles de Jerusalén, les fue diciendo lo de la vid, y siguieron bajando al torrente de Cedrón, ya rumbo a Getsemaní, y ahí fue cuando les dijo lo que dice el verso 17 del capítulo 16: "Entonces se dijeron:…" Noten esta pregunta: se dijeron. A veces nosotros hablamos entre nosotros, y consultamos entre nosotros, y a veces no es suficiente. Si no invocamos al Señor mismo, si no le preguntamos directamente al Señor, vamos a seguir confundidos aún entre nosotros. Mientras sigamos sólo hablando entre nosotros, vamos a seguir en oscuridad; hay que preguntarle al Señor mismo. Hermano, las dudas que tú tienes, ¿se las has preguntado al Señor mismo? Claro que se las podemos preguntar a otros hermanos también, pero primeramente al Señor mismo. El Señor puede utilizar a nuestros hermanos para respondernos, pero la pregunta hay que hacérsela a El. Pero dice aquí: "Entonces se dijeron algunos de sus discípulos unos a otros…" Es como cuando los teólogos empiezan a consultar sobre un tema, y el uno cita al otro, y el otro al otro, y fulano dice así, y el otro dice así, pero todavía no le preguntan al Señor. "Qué es esto que nos dice: Todavía un poco y no me veréis; y de nuevo un poco…". El habló de dos pocos: "y me veréis; y, porque yo voy al Padre? Como quien dice: ¿Qué tiene que ver con que El vaya al Padre, que haya otro poco, y que después, en el segundo poco lo vamos a ver. ¿Y el primer poco, y el segundo poco, qué es esto? No entendían. Verso 18: "Decían, pues: ¿Qué quiere decir con: Todavía un poco? No entendemos lo que habla"; ellos seguían perplejos, seguían confundidos; claro, porque el Señor era espiritual y ellos eran carnales; hasta no nacer de nuevo eran carnales; la mente natural no puede comprender las cosas que son del Espíritu de Dios. "Jesús conoció que querían preguntarle"; no es que le preguntaron, no; querían preguntarle, pero no le preguntaron; pero El, tan misericordioso, se les adelantó, "y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros"; ese es el problema, no me preguntaron a mí, se quedaron conversando entre ustedes; "Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y no me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?" Para que nos demos cuenta de que el Señor está respondiendo algo muy profundo, El contesta con una parábola. Si hubiera sido solamente, bueno, me voy a morir, pero voy a resucitar, está bien; la resurrección ya fue un gozo; eso fue después, a los tres días del primer poco; lo mataron, y resucita; ya es una gran alegría; pero todavía tienen que recibir el Espíritu Santo, y todavía Cristo se tiene que formar en ellos, y todavía Cristo tiene que volver. O sea que ese gozo es un gozo que comienza con la resurrección, pero que se culmina con la segunda venida; ese gozo comienza con la resurrección; estaban tristes, llorando, y hasta escondidos por medio a los judíos, dice otro evangelista; pero resucitó y comienza el gozo; de gozo no lo creían, dice. Ahí comenzó el gozo, pero todavía apenas sopló el Espíritu Santo para que renacieran; pero les dijo que quedarían en Jerusalén hasta que viniera Poder de lo Alto, hasta que fueran investidos con el Poder de lo Alto, hasta que fueran bautizados con el Espíritu Santo; y ahí el Espíritu Santo comienza a revelarles quien es el Hijo, y empiezan a ver espiritualmente al Hijo; pero comenzar no es todavía comprender al Hijo. Para conocer al Hijo directamente hay que permitir que el Hijo se forme en nosotros, que el Hijo, que entra en nosotros por el Espíritu, se forme; y en la medida en que El se forme lo conocemos más y nos gozamos más, y somos más afirmados; pero el gozo definitivo, el cumplimiento total, es cuando El venga, cuando seamos transformados. Cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste, nosotros seremos semejantes a El también; ahí se completará nuestro gozo; pero el gozo comienza con la resurrección. Entonces ese poco puede ser los días entre las horas porque ahora ya estaban en la pascua; esa madrugada ya El iba a tomar el primer poco, que tiene el primer sentido entre los días de la muerte y la resurrección; el segundo poco: entre la resurrección y la venida del Espíritu Santo, que son cincuenta días. Luego, la vida aquí en la tierra mientras Cristo se forma, y la venida del Señor Jesucristo, que viene en breve. Ese segundo poco tiene, pues, tres niveles; por eso dice así: "Jesús conoció que querían preguntarle, y les dijo: ¿Preguntáis entre vosotros acerca de esto que dije: Todavía un poco y me veréis, y de nuevo un poco y me veréis?" ¿Por qué no dijo las cosas así rápido: es que me van a matar aquí en unas horas, pero al tercer día voy a resucitar? Porque hay otras cosas implicadas; por eso es necesario hablar de nuevo en parábolas, porque cuando venga el Espíritu Santo, entonces ya no me preguntaréis nada; ahora entenderéis todo; pero todavía no había venido, ¿se dan cuenta? Si les hablaba claro, no entenderían, porque la mente natural no puede captar lo que es del Espíritu; entonces les habla en parábolas para que el Espíritu les recuerde, les dé el sentido, y ese sentido les ayude en todos los momentos, en esos tres días, en esos cincuenta días, durante toda la historia de la iglesia, hasta la venida del Señor. Entonces la parábola es útil para todas esas etapas. Entonces comienza El a explicar: "De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis…" Claro, cuando lo mataron, la gente llora; pero no solamente llora porque lo mataron; porque aún después de que resucitó, mientras se forma en nosotros, también lloramos. Eso es lo que El llama "la mujer con dolores de parto", Si el Señor habla de que lamentaremos y de que lloraremos, eso entonces no es algo extraño en la vida de los cristianos. "vosotros lloraréis y lamentaréis"; así que ninguno piense que no lloraría y que no se lamentaría. Mientras el mundo se está alegrando, ustedes están sufriendo; incluso el mundo se puede alegrar en nuestros sufrimientos, porque las sociedades bárbaras, como dice un hermano, se gozan en el sufrimiento de los otros; solamente los civilizados se duelen del dolor ajeno. El que se goza del dolor ajeno, de otro ser humano, o de un animal, ese es un bárbaro, ese es un insensato. Una persona civilizada no se goza en el dolor ajeno, verdad? se duele con el que se duele. Entonces dice aquí: "vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará"; o sea, en ese primer poco, mientras el Señor se va, primero los deja porque ellos estaban acostumbrados a vivir con El; estaban pensando: bueno, a tu derecha y a tu izquierda nos vamos a sentar, Juan y Jacobo; ellos no entendían bien las cosas como eran; entonces el Señor les habla del lloro y del lamento que comienza a cumplirse cuando a El lo matan, lo crucifican, y ellos quedan confundidos, y conversaban entre ellos: -nosotros pensábamos que éste era el que iba a libertar a Israel, pero ya hace tres días que lo mataron-., Ellos debían esperar. A pesar de que El les había dicho que iba a resucitar, ellos no entendían que significaba eso de resucitar al tercer día, ¿ven? Entonces hay oscuridad; la primera oscuridad es aquella de ese primer poco de tristeza y de lamento; pero como también la formación de Cristo en nuestro ser requiere el morir a nosotros mismos, entonces ese es el lugar de los dolores de parto de la mujer que ha de alumbrar ese niño, del que dice Jesús aquí, y del que dice Apocalipsis 12, que es lo mismo, que es el cumplimiento de Génesis 3:15, una mujer, que al dar a luz la simiente de la mujer, aplastará la cabeza del dragón. Habrá enemistad entre las dos simientes: la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer; y si habrá enemistad, habrá lloro, habrá lamento, habrá tristeza. Nosotros los cristianos debemos saber que nuestra vida debe pasar por ahí, debe, es necesario que pase por tristezas. Dice Pablo, confirmando a las iglesias, no asustándolas: es necesario que a través de muchas tribulaciones, entremos en el reino de Dios. Para que Dios reine en nosotros, debemos pasar por estas tristezas, por estas angustias del alumbramiento. Entonces dice aquí: "lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes…"; o sea que los cristianos experimentaríamos tristeza en el hombre exterior; como dice Pablo, hay una tristeza que produce fruto, en 2ª a los Corintios 7:10. Hay una tristeza del mundo que es para muerte; pero hay una tristeza que es para bien en el nuevo hombre, para que el hombre interior sea fortalecido. Dice: mientras éste, nuestro hombre exterior se desgasta, el interior se renueva; porque es que nosotros tenemos al Señor en el espíritu, y nos tenemos a nosotros mismos en el alma; y cuando vivimos en nosotros mismos, no damos lugar a que el Señor se exprese a través de nosotros; entonces Dios tiene que hacer un doble trabajo en nuestras vidas: En cuanto al hombre interior, toda la intención de Dios es fortalecer nuestro espíritu, que nuestro espíritu sea fortalecido, que seáis fortalecidos con poder en el hombre interior por el Espíritu; pero en cuanto al hombre exterior, que es el obstáculo para la manifestación del interior, le corresponde otro tratamiento; el tratamiento para el hombre interior es aceite, pero el tratamiento para el hombre exterior es la cruz, es la despabiladera. El sumo sacerdote tenía que hacer ese trabajo doble: tenía que añadir aceite a las lámparas, y al mismo tiempo tenía que usar la tijerita, la despabiladera, para quitar la parte seca del pabilo que no está ungida, que enrarece el ambiente, que se quema, que echa humo; a esa parte del pabilo la tiene que cortar. Eso se refiere a la parte de nuestro hombre exterior, a nuestra alma. Entonces respecto a esa parte exterior, se dice que le convienen tribulaciones; y Pablo le llama a esa tribulación de leve; él dice: esta leve tribulación momentánea; la palabra tribulación se refiere a tribulación misma, pero leve; como un sandwish: por un lado leve, y por el otro lado momentánea; no se asuste diciendo: ¡qué terrible!, No, no; es leve y momentánea; así era Pablo, animado; él entendía que las tribulaciones, aunque terribles, eran leves y momentáneas en comparación con la eternidad; ¿amén? Sigue hablando acá de "vuestra tristeza"; o sea, la de nuestra alma, la del yo, la vuestra, "se convertirá en gozo; ese es el nuevo nacimiento, ese es un niño; y empieza a dar el ejemplo del niño que está dentro de la madre, y tiene que salir de adentro; y para salir, a la madre le duele; pero ese dolor es pasajero, ya no se va a acordar de él cuando haya nacido el niño. Entonces Jesús les va a explicar en el verso 21: "La mujer cuando da a luz, tiene dolor"; el Señor, sabiendo que la mujer tipifica a la iglesia, por causa del pecado, y como el pecado está en los miembros de la iglesia, dijo: con dolor dará a luz; por causa del pecado que hay en nosotros debemos pasar por el dolor y la tristeza. "La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora". Dios tiene una hora para el nacimiento. Al principio son unos dolorcitos; sí hay dolores en las preñeces, pero los dolores serios son en su hora; la hora más terrible es la del nacimiento; el nacimiento es el momento en que la tristeza se convierte en gozo; la mayor tristeza termina cuando nace el bebé, y comienza el gozo. ¡Qué paradoja! Que esté tan cerca la tristeza del gozo. Por eso no nos debe asustar ni la tristeza ni el dolor; debemos presentir el gozo, ¿amén? "La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia"; como dice el Señor: que no vengan a vuestra memoria los días pasados; eso ya pasó; ahora estamos en el gozo, ¿amén? La tristeza es pasajera, leve y momentánea. Cuando nace el niño ya no se acuerda del dolor; cuando Cristo resucitó, cuando recibimos el Espíritu, cuando Cristo se forme en nosotros y cuando venga el Señor Jesús, habrá alegría total. Esa alegría comienza con la resurrección, con la regeneración, con la configuración a Cristo; y ello se completa definitivamente cuando seamos transformados en su venida, y seamos como El, y entremos en el gozo de nuestro Señor, en el reino; "ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo". Noten, espero que eso sea lo normal. Hoy en día no quieren que nazcan muchos niños; para ellos no es un gozo; pero el Señor dice: es un gozo, un gozo que nazca un hombre en el mundo; es alguien que nace quien puede llegar a conocer al Señor, ser casa y templo del Señor, y ser testigo de la gloria de Dios; ¿cómo no va a ser un gozo? Eso es bueno sentirlo en estos tiempos en que se habla del aborto "terapéutico"; y aquí les voy a contar esto: Un profesor universitario le preguntaba a los alumnos: Miren, los padres eran sifilíticos, y el primer niño nació con deformidades; el segundo, también; el tercero, también; el cuarto, el quinto, el sexto, el séptimo y el octavo, todos nacieron con problemas; y ahora viene el noveno; ¿qué dicen ustedes? Y la mayoría del curso dijo: ¡Que aborte! Y les contestó el profesor: Acaban de matar a Beethoven. ¡El noveno era Beethoven, qué cosa! "El gozo de que haya nacido un hombre…"; (es un ser humano, este hombre puede ser mujer), "en el mundo. También vosotros ahora…", eso es ahora, gracias al Señor eso es pasajero, "ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver…", primero en la resurrección; cuando se les apareció, lo volvieron a ver; pero también hay frases donde El da a entender que también es cuando el Espíritu Santo venga y nos revele a Cristo; es también otra manera de ver; primero resurrecto, pero El dijo: Bienaventurados los que no vieron y creyeron; quiere decir que es más bienaventurado creer sin haberlo visto resucitado que haberlo visto, porque ahora se le conoce espiritualmente; entonces, cuando le conocemos al Señor en el espíritu, también hay gozo; y ese gozo nos establece y nos afirma; y cuando El venga, ya no será por fe sino por vista, pues mucho más ese gozo será cumplido. Entonces esta frase tiene tres niveles: "os volveré a ver"; primero la resurrección; segundo la venida del Espíritu Santo y la formación de Cristo en nosotros, y tercero la venida segunda de Cristo en gloria; porque "os volveré a ver"; cuando resucitó ¿no lo volvieron a ver? Y cuando se forme en nosotros y lo estemos comprendiendo desde adentro, ¿acaso no es que lo estamos también viendo, espiritualmente hablando? y también cuando El venga en gloria y majestad. A veces una profecía se cumple varias veces, de varias maneras; "os volveré a ver"; aquí no dijo que sería solamente una sola vez, pero os volveré a ver se cumple de esas varias maneras. "Os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón"; el corazón es el que se entristece, porque el problema nuestro es en el corazón; pero también en ese mismo corazón habrá gozo, "se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo"; ¡Qué maravilla! A veces cosas bobas nos quitan el gozo, pero cuando llegue este gozo de "verlo", nadie nos lo quitará. Verso 23: "En aquel día no me preguntaréis nada"; eso significa entender directamente las cosas; ahora preguntan, pero en aquel día no preguntaréis nada. "De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará". Con toda fe, Señor, listo, ahí está. Dice un profeta: aún estará la palabra en su boca y yo ya habré oído, dice Dios; en mi nombre, lo que pidieren, lo haré, lo dará. Verso 24: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre"; hasta aquí han sido buenos judíos, han invocado a Yahveh el Padre, pero nunca han entendido que para obtener algo de Yahveh, hay que basarse en los méritos del Hijo. El Hijo de Dios es el que ha venido. Parte del gozo es las respuestas a nuestras peticiones; esa es parte de este gozo con que nos gozaremos. Verso 25: "Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre". ¿Por qué les hablas por parábolas? Para que viendo no vean; el hombre exterior no entiende las parábolas, pero viene la hora cuando ustedes vean que Cristo resucitó, cuando reciban su Espíritu, cuando nazcan de nuevo, cuando Cristo se forme en ustedes y cuando sean transformados a su imagen, de ahí en adelante, en todo ese proceso, me van a conocer directamente. A los suyos les decía claramente todas las cosas. Así comenzó esta serie; analizando esto: que El a los de afuera les hablaba en parábolas, para que viendo no vieran, y oyendo no entendieran; pero a los suyos en particular les declaraba todas las cosas. Así como comenzó, así termina: Ya no les hablaré por alegorías; ustedes captarán el sentido, entenderán directamente las cosas espirituales instantáneamente, no necesitarán preguntar, ustedes captarán y entenderán claramente las cosas, ya no por alegorías, sino claramente. Vamos ahora, hermanos, por unos minutos, a considerar Apocalipsis capítulo 12; hay muchos otros versos donde se habla de esta mujer; comienzan en Génesis 3:15, donde el Señor dice que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Normalmente no es la mujer la que tiene simiente; es el hombre el que siembra la simiente en la mujer para que nazca un bebé; pero aquí el Señor está profetizando que habría una mujer que daría a luz sin necesidad de la intervención del hombre; y esa mujer también es la iglesia; primeramente fue María, como parte del pueblo de Israel, que estuvo esperando al Mesías, y nació el Señor Jesús. Nació de una virgen, ¿ven?, y esa mujer, María, tipifica a la iglesia. Primeramente, ella es parte de Israel, ella es Israel, y representa a Israel; y ella es de la iglesia, representa a la iglesia; ella es la mujer. La mujer en la Biblia representa al pueblo de Dios, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Los que serán la esposa del Señor, un solo cuerpo con judíos y gentiles, injertados en el mismo olivo, esa es la mujer. La que aparece en Génesis 3:15 es la misma que aparece aquí en Apocalipsis 12, de la que se dice: "Apareció en el cielo una gran señal:" ¿Por qué aquí el Señor revela con señales o símbolos para interpretar? porque una imagen habla más que muchas palabras. "Una mujer"; esta mujer es la que ha de ser la esposa del Señor. Noten que en Cantar de los Cantares la esposa es considerada la misma madre. Dice, hablando de Salomón, figura de Cristo, como hijo de David. Dice: Mirad al rey Salomón con la corona con que lo coronó su madre en el día de su desposorio. En el día de su casamiento con su esposa, en el día de su desposorio, su madre lo corona. Es una frase mística. Mirad al hijo de David con la corona con que lo coronó su madre en el día de su desposorio. Cuando ella y él se hacen uno, cuando nos hacemos uno con el Señor, cuando el Señor se ha formado en nosotros, y nosotros permanecemos en El, nos hacemos uno; ese es el día de la boda; ese es el día cuando su madre, que es aquella que lo tiene en su vientre hasta que él se forme, lo corona. Cuando él se forma en nosotros, ese es el día de la boda, y ese es el día en que El es coronado por su madre; porque mientras no somos uno con El, no lo estamos coronando; pero ¿qué era lo que se estaba cantando al principio? "Te coronamos a Ti, Oh Señor Jesús". Coronarlo es reconocerlo como rey y someternos a su voluntad; es hacer lo que El quiere; es conformarnos, configurarnos a El. Configurarse a El, ese es el desposorio, y esa es la coronación de El. Cuando El se casa con su esposa, es lo mismo que la madre coronándole a El. La madre es la Nueva Jerusalén; esa es la madre de todos nosotros; esa es la madre que tiene a su niño formándose en su vientre. La mujer, cuando va a dar a luz, tiene dolores. El compara a la Iglesia con una mujer. Vosotros ahora sois como esta mujer; y esta mujer tiene en su vientre a un niño, lo está gestando, hasta que ese niño nazca para reinar. Bueno, entonces, esa mujer representa a la iglesia, ¿se dan cuenta? Entonces, la iglesia, como va a dar luz a ese niño, es la madre. Jesús habló que quien hiciera la voluntad del Padre, ese era su madre, hermana y hermano. Cuando ella se haga uno con El, es el día del desposorio; y por lo tanto, el día de su desposorio su madre lo corona. Coronar al Señor es hacerlo rey de nuestras vidas. Entonces, por una parte, somos la madre; y por otra parte somos la esposa, porque la mujer es una figura de esta realidad espiritual. Sigue diciendo aquí: "una mujer vestida del sol"; el sol de justicia es el Mesías, es Cristo; esa mujer revestida de Cristo tiene que ver con la parte de la Iglesia; la parte de la iglesia, en esta mujer, es notada por la vestidura de sol. Pero la parte del Antiguo Testamento, porque esta mujer es una sola, que comienza desde los primeros justos en la época patriarcal, hasta el tiempo de la segunda venida de Cristo. Dice: "con la luna debajo de sus pies"; ella estaba parada sobre la luna; y la luna es la que refleja al sol; el sol es la realidad de Cristo en el Nuevo Testamento, pero la luna es la tipología. El Antiguo Testamento era una tipología; y por lo tanto, el Nuevo Testamento, Cristo y la iglesia, están parados sobre las promesas y la tipología del Antiguo Testamento. Por eso la mujer aparece parada sobre la luna, y la luna bajo sus pies. "Y sobre su cabeza una corona de doce estrellas". En cuanto a Israel, esas doce estrellas, como lo vio José en su sueño profético, eran los hijos de Israel; pero ¿quiénes van a reinar y a juzgar las doce tribus de Israel, y en las doce puertas, donde estarán los nombres de los doce hijos de Israel? son los doce apóstoles. El Antiguo Testamento se continúa con el Nuevo, y estas doce estrellas representan también a los apóstoles que juzgarán a las doce tribus de Israel. Pero dice el verso 2: "Y estando encinta"; esta mujer ha estado encinta; de este parto ya se hablaba; los profetas en el Antiguo Testamento ya hablaban de el; Miqueas ya hablaba: hasta que dé a luz la que ha de dar a luz; no sólo en el capítulo 5, sino también en el 4 ya lo había dicho. Israel era esta mujer en el Antiguo Testamento, esperando que le naciera el niño, el Mesías; y luego la iglesia ahora continúa en las labores de Israel; y Cristo se forma en la iglesia, y la iglesia también está esperando que le nazca Cristo. Que Cristo se forme en nosotros, para que estemos pronto a recibirlo en gloria y majestad. Por eso dice aquí: "Y estando encinta, clamaba con dolores de parto"; clamaba, no son esas molestiecitas primeras; no, clamó a gritos; son dolores fuertes, como sufrió Israel, y también sufre la iglesia. Israel, hasta que viniera Cristo, y la iglesia hasta que Cristo se forme para que El pueda venir. Porque cuando el grano está maduro, entonces enseguida se mete la hoz porque la siega ha llegado; la siega llega cuando el grano está maduro; nadie va a meter la hoz cuando el grano todavía está verde y biche; cuando el grano está maduro, entonces se mete la hoz porque llegó la siega. El grano maduro es cuando la vida del primer grano, que es Cristo, entró y formó la espiga, y llenó la espiga de granos; la espiga es la iglesia. Cuando la iglesia ha madurado en Cristo, ese es el día del desposorio, es el día del nacimiento del niño varón, es el día de la coronación, ¿amén? Entonces, aquí dice: "clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento"; para alumbrar, habrá dolores; para que el reino del Milenio se establezca, tiene que haber los dolores de la gran tribulación, de la persecución contra la iglesia, y de la maduración de la iglesia en Cristo, para que esté lista para recibirlo y entrar en su gozo, cuando El venga. Verso 3: "También apareció otra señal en el cielo"; por una parte, se ve el reino de Dios; por otra parte, se ve el otro reino: "he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos"; y luego dice en Apocalipsis 17 que esas cabezas son los reinos de la bestia; las cabezas del dragón se refiere a los principados demoníacos que influyen en las llamadas civilizaciones. En Daniel 7 aparecen esas bestias; en Apocalipsis 13 y 17, aparecen también las siete cabezas de la bestia, que se corresponden con las siete cabezas del dragón; las cabezas del dragón son los principados; como por ejemplo, el príncipe de Persia, que es aquel principado demoníaco que influía en la llamada "civilización persa". Cuando cayó el imperio Persa fue porque primero fue derribado el príncipe espiritual, y después vino el de Grecia; y por tanto, surgió el imperio Griego; esas son las cabezas del dragón. Los enemigos de la Iglesia son los enemigos de Cristo, son los imperios mundiales, la corriente de este siglo; ese es el dragón con sus cabezas, que son el reino espiritual de las cabezas de la bestia. La bestia es el aspecto político de la llamada entre comillas civilización; pero el Señor no la llama "civilización"; por eso digo yo entre comillas; el Señor le llama "bestias", o sea, brutales, civilizaciones brutales que el Señor las tiene que comparar a bestias; ese es el mundo, esa es la historia universal, la historia de las bestias. Pero hay otra historia, la historia sagrada, la de esta mujer con angustia, con dolores de parto, para dar a luz la simiente de la mujer: Cristo el Señor formándose en nosotros, para que estemos listos para recibirlo en gloria y majestad, porque El está a la diestra del Padre esperando que estemos listos. Dice: Siéntate a mi diestra, dijo el Padre al Hijo, hasta que ponga todos tus enemigos por estrado de tus pies. Esto es lo que está haciendo el Señor. Entonces dice allí: "y en sus cabezas siete diademas". Eran coronados, así como el Señor es coronado; estos príncipes son coronados; la gente les sigue a ellos la corriente; los hombres les obedecen; por eso tienen diademas. Verso 4: "y su cola", que le sigue, esa cantidad de ángeles caídos, "arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo"; las estrellas son figura de los ángeles; "y los arrojó sobre la tierra"; cada vez la tierra estará más inundada del infierno, más inundada de cosas malignas; ¿no se han dado cuenta ya? Cada vez más, porque en la pelea celestial, esos ángeles caen a la tierra. "Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese." Fíjense: cuando iba a nacer Jesús, ahí estaba el imperio Romano representado en Herodes, y mandó a matar los niños, ¿se dan cuenta? Entonces José, María y el niño Jesús huyeron a Egipto; y después, cuando el niño había tenido unos añitos más, tres años y medio después, regresaron a la tierra, y El llegó a ser el Mesías; El lo era, pero llegó a ejercer su ministerio; ese es un primer aspecto. Pero ese niño, Cristo que nació de María en Belén, que vivió, murió y resucitó, ahora vive en la Iglesia; por lo tanto, el mismo dragón que persiguió a Jesús, persigue a la Iglesia. Nosotros tenemos que dar a luz en las narices de la persecución, porque el dragón se paró frente a la mujer, con el objetivo de devorar al niño cuando nazca. El mundo entero no sabe que está siendo dirigido por Satanás; y el objetivo de Satanás es esa mujer y ese niño; lo que él más odia es que Cristo se forme en nosotros, que Cristo tenga algo en la tierra que El pueda considerar suyo, y que nosotros en verdad le honremos a El. Eso es lo que menos quiere Satanás; y él va a hacer lo posible para lanzar su río y arrastrar a la mujer; pueden ser ríos de ejércitos en la persecución, y puede ser la corriente de este mundo que nos arrastre, porque ahí se habla de ese río. Verso 5: "Y ella dio a luz un hijo varón". Cuando nació Cristo de María, que representaba a Israel, nació para después cumplir su ministerio; entonces ascendió a la vista de testigos y se sentó a la diestra del Padre. Por eso dice aquí: "un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones. Pero el Cristo que ascendió, es el mismo Cristo que nos sentó con El en lugares celestiales, es el mismo Cristo que se está formando en nosotros, es el mismo Cristo que dijo: el que venciere, se sentará conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. Lo que se dio en Cristo, se está reproduciendo, y se tiene que reproducir en la Iglesia, para que también nosotros nos sentemos con El; pero para eso es necesario vencer. Y dice el verso 6: "Y la mujer huyó al desierto", como María huyó a Egipto, y también como cuando el imperio Romano iba a tomar Jerusalén, los cristianos huyeron a Jordania; así también la Biblia dice que está reservado un lugar en Jordania para que se esconda el pueblo de Dios de aquellas tierras durante la gran tribulación. Si eso les parece raro, se los voy a leer por dos testigos. Daniel capítulo 11. La gran tribulación comienza a ser descrita en el capítulo 11 desde el versículo 31; allí se describe la segunda mitad de la septuagésima semana o septenario de la profecía de Daniel 9. En Daniel 9 hay setenta shabúas, sietes, semanas de años, o sea, septenarios, semanas de siete años; la última semana se divide en dos: la segunda mitad de la semana es el gobierno bestial del anticristo; o sea los últimos tres años y medio; eso es descrito desde que se establece la abominación desoladora que está en el verso 31 de Daniel 11; allí dice: "Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora"; o sea, el establecimiento de la abominación desoladora, la imagen de la bestia, ese es el momento de la plena gran tribulación, los tres últimos años y medio, la segunda mitad de la septuagésima semana o septenario de los setenta de Daniel. Verso 32: "Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto"; los infieles a Dios serán seducidos por ese gobierno mundial, ese gobierno globalista hacia el cual todo está siendo dirigido ahora; "mas el pueblo que conoce a su Dios…", gracias a Dios que, a pesar del anticristo, hay un pueblo que conoce a su Dios, que no estará en el cielo, sino en la tierra, esforzándose y actuando. Los que murieron sí estarán en el tercer cielo, pero aquí habla del pueblo que está en la tierra mientras el anticristo está gobernando; y dice: "…el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego…"; éstos todavía no están en el paraíso; los que quedan, los santos que quedan, serán perseguidos por 42 meses; entonces dice: "caerán a espada y a fuego, en cautividad (o sea cárcel) y despojo (los bienes) Y en su caída, (la caída quiere decir en la persecución, en el despojo, en la cárcel, en la muerte) serán ayudados de pequeño socorro, (o sea, el Señor los protegerá con una mínima protección), y muchos se juntarán a ellos con lisonjas (o sea, gente que no es fiel se mezclará, como pasó cuando Israel salió de Egipto; muchos se mezclaron con ellos, y no eran verdaderos, son sólo lisonjeros, apariencia) También algunos de los sabios caerán para ser depurados (porque se puede ser sabio y a la vez impuro; entonces hay que ser depurados) y limpiados (porque se puede ser sucio) y emblanquecidos (porque se puede ser sabio y manchado, y el Señor en su misericordia permite esta persecución para depurar, limpiar y emblanquecer), hasta el tiempo determinado; porque aún para esto hay plazo". ¡Aleluya! Gracias a Dios que hay plazo para ser depurados, limpiados y emblanquecidos. No nos preocupe el método, nos interese el resultado, ¿amén? Y dice el verso 36: "Y el rey (o sea, este anticristo, este gobernante mundial) hará su voluntad, y se ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios;" como describe Pablo al anticristo en 2ª a los Tesalonicenses capítulo 2, ¿verdad? "y contra el Dios de los dioses hablará maravillas, y prosperará, (pero no para siempre) hasta que sea consumada la ira"; hasta que Dios derrame las siete tazas de la ira. Verso 37; "Del Dios de sus padres no hará caso"; puede ser un israelita apóstata, porque si los judíos lo van a recibir como el Mesías, entonces tiene que ser uno de su pueblo; pero que no será una persona que cree verdaderamente en Dios; será un ocultista que cree en Satanás, un satanista, porque dice acá: "Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres…"; eso puede ser que no le importará que ellas lo amen o lo que ellas aman, lo que puede ser otra interpretación; "ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá"; él se presentará como si él fuese Dios. Verso 38: "Mas honrará en su lugar…"; noten a quien va a honrar, al dragón, al diablo; escrito está que el dragón le dará su poder a la bestia, como dice Apocalipsis; y entonces dice acá en Daniel: "al dios de las fortalezas, dios que sus padres no conocieron", ese es lucífer, dios con minúscula, "lo honrará con oro y plata, con piedras preciosas, y con cosas de gran precio. Con un dios ajeno (o sea, Satanás) se hará de las fortalezas más inexpugnables (porque Satanás ayuda a los que le sirven, por un rato; después los tortura, pero mientras tanto los usa) y colmará de honores a los que le reconozcan, y por precio repartirá la tierra" . Verso 39: "Pero al cabo del tiempo…" ¿por qué será que Venezuela y el tercer mundo están tan molestos por Europa y Estados unidos? Noten por qué: "al cabo del tiempo el rey del sur…", corresponde al sur de Israel, que es el mundo musulmán y el tercer mundo; "…contenderá con él". No es que va a vencer a la civilización del hemisferio norte, occidental, no, pero sí va a haber problemas, resistencia, contienda; "y el rey del norte…" que ya es Rusia, porque al norte de Jerusalén está Magog, y Mesec que es Moscú, "se levantará contra él"; o sea, habrá el Armagedón. Por una parte está el anticristo, pero también los del sur, los del norte y los de oriente (o sea China, Japón, Corea, etc.,) contenderán con él; van a converger en Israel para el Armagedón. Entonces dice allí: "se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballos, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará". Con carros, gente de a caballo y naves. Verso 40: "Entrará a la tierra gloriosa"; esa es Israel; "y muchas provincias caerán…" y aquí vamos a llegar a lo que les estaba diciendo: "mas éstas escaparán de su mano:" ¿Cuáles? ¿Cuáles van a escapar de la mano del anticristo? "Edom" que es el sur de Israel; ahí está todo el sur de Israel, que es Edom, "Moab", que es la parte sur de Jordania; miren donde está Moab, de ahí del Jordán a la izquierda, al oriente; "…y la mayoría de los hijos de Amón", que es al norte, donde está Amán, que es la capital de Jordania. Estas provincias escaparán de su mano: el sur de Israel, Moab y la mayoría de los hijos de Amón; o sea, Jordania y el sur de Israel. Ahora vamos al profeta Isaías, segundo testigo. Isaías capítulo 16. Todo el capítulo 15 y el 16 es una profecía de Isaías acerca de Moab; entonces Moab, ya vimos que es el sur de Jordania; entonces dice así en el capítulo 16, los primeros versos; dice Dios por Isaías: "Enviad cordero al señor de la tierra"; pero ¿a quién va dirigida esta profecía? Dice: Profecía sobre Moab que comienza en el capítulo 15; está hablando de Moab, el mismo Moab de que habló Daniel, ya hablaba ya antes Isaías; y ¿qué dice? "Enviad cordero al señor de la tiera, desde Sela del desierto al monte de la hija de Sion. Y cual ave espantada que huye de su nido, así serán las hijas de Moab en los vados de Arnón". Arnón es uno de esos arroyos que descienden al Mar Muerto del lado oriental; y miren lo que le dice al gobierno de Jordania: "Reúne consejo, haz juicio; pon tu sombra en medio del día como la noche"; es decir, esconde, "pon tu sombra en medio del día como la noche; esconde a los desterrados, no entregues a los que andan errantes. Moren contigo mis desterrados, oh Moab; sé para ellos escondedero de la presencia del devastador (ese es el anticristo), porque el atormentador fenecerá, el devastador tendrá fin, el pisoteador será consumido de sobre la tierra". Por eso el Señor Jesús les dijo: cuando vean Jerusalén rodeado de ejércitos, huyan a los montes; y los cristianos, cuando vieron el ejército de Tito y Vespasiano llegando, se fueron, ¿saben para dónde? Para Jordania; cruzaron los vados del Jordán y llegaron a Petra y a Pella, y se escondieron allá, ¿se dan cuenta? Volvamos a Apocalipsis 12, verso 6; todo esto es parte de la angustia y de los dolores de parto de los tiempos finales: "Y la mujer huyó al desierto…" así como hizo María, como hicieron los cristianos de la iglesia primitiva; también los que estén por allá, viendo todas las cosas cumplirse, y claro que los sefarditas estarán en el Neguev, que es lo que era Edom, y ustedes saben que me refiero a la profecía de Abdías. "Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días". El atormentador fenecerá, escóndelos. Verso 7: "Después hubo una gran batalla en el cielo". Después, fíjense, esta batalla donde aparece Miguel en Apocalipsis 12, es la misma dónde aparece Miguel en Daniel 12. Después de que describió lo que acabamos de leer, de la tribulación, a finales del gobierno del anticristo, no habrá antes un arrebatamiento, sino después de la tribulación. Hacia el final de la tribulación se levantará Miguel; y eso es lo mismo que dice Apocalipsis 12, como Daniel 12, : "Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos", como Satanás que se presentaba a acusar a Job ante Dios, "el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos (nuestros hermanos) le han vencido por medio de la sangre del Cordero (con la que sus pecados fueron limpiados) y de la palabra del testimonio de ellos ( el testimonio que ellos dieron de lo que Dios es, lo que les dio en Cristo y lo que somos en Cristo, cuando dieron la palabra del testimonio, ellos confesando a Cristo y lo que Cristo hizo y lo que somos en El) y menospreciaron sus vidas (la de sus almas) hasta la muerte". Estuvieron dispuestos a morir; esos eran vencedores. Verso 12: "Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos" (porque ya la mayoría están allá) ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! (Ahí vienen las copas de la ira desde el capítulo 15 y 16, "porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo". El sabe, él está engañando a la gente, pero él sabe que tiene poco tiempo. "Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón", o sea, a Israel y a los cristianos. Dice el verso 14: "Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila" que dice ahí, esa gran águila es el mismo Señor; dice que el Señor, como gran águila, los tomó en sus alas, "para que volase de delante de la serpiente", no detrás; hay que adelantársele a la serpiente, porque dice: si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador; hay que adelantársele a la serpiente. Entonces dice: "para que volase de delante de la serpiente al desierto"; puede ser en avión porque hay que volar, "a su lugar, donde es sustentada por un tiempo (que es un año) tiempos (que son otros dos años, van tres) y la mitad de un tiempo" tres años y medio, la última semana y la segunda mitad de la última semana o septenario. Verso 15: "Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer…", noten lo que el diablo quiere hacer, arrojar "agua como un río, para que fuese arrastrada por el río"; puede ser persecución, o pueden ser las porquerías de este mundo, que es la corriente de este mundo, un río para arrastrarnos. "Pero la tierra (gracias a Dios) ayudó a la mujer"; la tierra es nuestra aliada, incluso con terremotos; los terremotos son nuestros aliados, porque miren lo que dice: "la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto (el resto es el remanente, los últimos que quedan) de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo". Este es el momento del parto final de esta mujer, la angustia de la mujer; dio luz a Cristo y ahora Cristo se forma en nosotros y nos espera la gloria, pero pasando a través de estos dolorcitos previos y pasajeros. Vamos a dar gracias al Señor, no sólo por lo de hoy, sino porque hoy terminamos esta serie. Padre: en el Nombre de Jesús, te agradecemos esta oportunidad que nos diste de considerar estas cosas; concédenos masticarlas de nuevo, digerirlas, que produzcan efecto espiritual en nuestra vida, que nos encaminen y que sean armas de nuestro testimonio para presentarlo al mundo, a las naciones, a las demás personas, en el Nombre del Señor Jesús; amén!. Oración de la trascriptora: Padre amado: Al finalizar hoy la transcripción de esta serie, yo también quiero darte infinitas gracias por haberme concedido este privilegio, esta gracia, con el deseo grande de que estos mensajes sean útiles para la edificación de Tu casa. Te ruego que aprovechemos al máximo lo que nos has enseñado a través de ellos, y que ésta, Tu palabra, corra y circule entre los demás miembros de Tu cuerpo, para que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios. Sólo agradecerte, porque de ti viene la disposición y la fortaleza para realizar este pequeño trabajo. Todo sea para Tu gloria y Tu alabanza, amén! ___________________________________________ Gino Iafrancesco V., 23/VI/2006, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de Marlene Alzamora, revisada por autor.

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