EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS LAS DIEZ VIRGENES Localidad de Teusaquillo (2 de junio de 2006) (Gino Iafrancesco V) Buenas noches, hermanos. Con la ayuda del Señor vamos a dar continuidad a las consideraciones de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús; vamos ya casi llegando al fin de esta serie y todavía es necesario que consideremos, con la ayuda del Señor, algunas otras pocas parábolas que ya nos faltan. Hoy estaremos mirando una que está en el capítulo 25 de Mateo y que se encuentra también en lo que se ha dado en llamar el Pequeño Apocalipsis Sinóptico. El pequeño Apocalipsis Sinóptico es lo que el Señor habló cuando salió del templo hacia el Monte de los Olivos dos días antes de ser crucificado. Sus discípulos, en ese ínterin, le preguntaron ciertas cosas y El respondió. Esa respuesta está registrada en Mateo 24 y 25, también en Marcos 13, en Lucas 21, y también a veces Lucas utiliza ciertos temas y los ubica en otro lugar, porque, a veces, su criterio, más que cronológico, en algunas ocasiones es temático. Entonces, en la disposición de estos temas, de estas perícopas, hay una combinación de un criterio cronológico y un criterio temático; a veces en un contexto histórico se trata una parábola que recuerda a otra parábola que se dijo en otro contexto, pero como es relacionada temáticamente entonces se narra a continuación. Por eso hoy vamos a saltarnos Mateo 24 desde el versículo 45 al 51, que es una parábola sobre el siervo fiel o infiel que ya vimos en el contexto de Lucas, cuando estábamos viendo la parábola de los siervos vigilantes. Puesto que hablaba de siervos vigilantes, Lucas recordó esta parábola que fue dicha en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, pero que, por el tema, fue ubicada por Lucas en el capítulo 12. Y cuando la estudiamos, nos adelantamos al contexto cronológico por causa de la analogía temática. Entonces hoy, sin negar la ubicación cronológica de esa parábola, vamos a pasar por encima de ella porque ya la consideramos en un contexto temático diferente, y vamos en lo cronológico al capítulo 25 donde aparece la famosa parábola de las diez vírgenes. Es una parábola sumamente importante; aquí en algunas ocasiones la hemos considerado; mas es necesario tenerla en este contexto, en esta serie. Vamos a volver, con la ayuda del Señor, a meditar en ella; confiamos que la gracia del Señor nos ayudará, que nos hablará. Voy a leerla primeramente de corrido, para que luego regresemos, comentando, con la ayuda del Señor, algunas partes; y seguramente algo que no sea dicho desde aquí puede el Espíritu Santo decírselo a ustedes mientras leemos o comentamos. Dice así Mateo 25: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir". La parábola comienza allí en el 25:1 de Mateo con la palabra "Entonces"; quiere decir que esta palabra "entonces" nos muestra que la parábola de las diez vírgenes está comenzada con un contexto más amplio. La palabra "entonces" nos obliga a interpretar esta parábola dentro del contexto. "Entonces" quiere decir que acababa de decir cosas que viene diciendo a todo lo largo del capítulo 24; es en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico que le preguntan los discípulos: Señor, ¿cuándo serán estas cosas? Eso de que no quedará piedra sobre piedra sobre este templo de Jerusalén, y ¿cuándo será que Jerusalén será rodeada de ejércitos y serán llevados cautivos a todas las naciones? Eso de que la abominación desoladora será puesta, y todas las cosas que tiene el contexto de la venida del Señor, las cosas inmediatamente anteriores a la venida del Señor. Ese es el contexto en el cual Él habla esta parábola. Por lo tanto, no debemos interpretar la parábola como si no hubiéramos leído todo el capítulo 24. A veces se aísla la parábola y se interpreta sola; entonces se ubican unas cosas fuera del contexto; pero la palabra "entonces" nos obliga a interpretar la parábola en el contexto; por lo tanto, no debemos ignorar todo lo que dice el capítulo 24. La vez pasada, cuando vimos lo relativo a "Como ladrón en la noche", vimos el contexto general de este capítulo; y por lo tanto, hoy no nos vamos a detener en eso, sino solamente a recordar que es necesario tener presente todos los detalles a los que el Espíritu Santo nos ha estado llamado la atención de esos pasajes. "Entonces el reino de los cielos será semejante a…"; aquí la parábola de las diez vírgenes es una parábola acerca del reino de los cielos; la parábola no es una parábola acerca del arrebatamiento; el tema de la parábola es el reino de los cielos; por lo tanto, así como tenemos que ubicar esta parábola en el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, también debemos colocar esta parábola dentro de la colección de las parábolas del reino de los cielos. Cada parábola del reino de los cielos nos presenta un aspecto del reino de los cielos. Cuando tenemos todas ellas juntas, nos damos cuenta de que la expresión: "el reino de los cielos", se refiere a dos capítulos principales del reino de Dios; lo que tiene que ver con la historia de la Iglesia, desde la primera venida de Cristo, y lo que tiene que ver con la segunda venida de Cristo y la entronización del Señor en el Milenio; o sea, la historia de la Iglesia y la historia del Milenio enmarcadas entre la primera y después de la segunda venida de Cristo; la Iglesia entre la primera y la segunda, el Milenio a partir de la segunda venida; eso es lo que en el contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos se habla. Por lo tanto, también debemos tener en cuenta cuando el Señor dice: el reino de los cielo será semejante…; tenemos que recordar que El ya dijo eso también en otras ocasiones, y que lo dijo con otras parábolas; por lo tanto, a esas otras parábolas tenemos que tenerlas también en cuenta para interpretar ésta; no podemos interpretar la parábola de las vírgenes fuera del contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, ni fuera del contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos. No hay que interpretar aisladamente, sino interpretar teniendo en cuenta el contexto inmediato y el contexto mediato. El inmediato es el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, el contexto mediato es la colección de las parábolas del reino de los cielos. Entonces las parábolas del reino de los cielos nos hablan de lo que acontece en la historia de la Iglesia y lo que acontecerá en el Milenio; por tanto, cuando El habla de las bodas, algunas veces nosotros, al asociar las bodas, las pensamos como en un momento demasiado corto, sin tener en cuenta que aquí El está comparando las bodas con el reino de los cielos. El reino de los cielos, todo el reino, será semejante a diez vírgenes; no está hablando solamente del momento del arrebatamiento; está hablando del reino de los cielos; está semejanza no habla solo de un momento, sino que habla de todo un contexto mucho más amplio. Dice así: "Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Las diez eran vírgenes, las diez eran creyentes, las diez tenían aceite en sus lámparas; por lo tanto, eran personas renacidas, eran personas regeneradas; las diez tenían la expectativa de la segunda venida de Cristo, porque las diez salieron a recibir al esposo; o sea, ellas tomaron una decisión de vivir teniendo en cuenta la venida del Señor; sólo que la venida del Señor parece retardarse. Entonces algo comenzó a suceder con estos creyentes que habían salido a recibir al esposo. Aquí no hay personas incrédulas, aquí no hay personas eternamente perdidas, aquí se trata con el número diez que es el número de la universalidad; en la Biblia el número diez es el número de la generalidad; aquí el Señor está representando con estas diez vírgenes a la generalidad de los hijos de Dios, de las iglesias, de las personas creyentes. La lámpara, vamos a leerlo, pues a veces lo decimos rápido, y por causa de los hermanos nuevos es necesario mostrar los versículos. Vamos al capítulo 20 de Proverbios, al versículo 27, para que entendamos lo que allí dice. Proverbios 20:27: "Lámpara de Yahveh es el espíritu del hombre; la cual escudriña lo más profundo del corazón"; o sea que la lámpara del Señor es el espíritu del hombre; nuestro espíritu humano es la lámpara del Señor. El Espíritu de Dios en el espíritu humano hace que el espíritu humano alumbre; nuestro espíritu humano es la lámpara, el Espíritu del Señor es el aceite; entonces el aceite en la lámpara es el Espíritu de Dios en nuestro espíritu. 1ª a los Corintios nos dice que el que se une al Señor un espíritu es. Con Él (añade el traductor); quiere decir que el Espíritu de Dios viene al espíritu del hombre, y el hombre regenerado llega a ser un nuevo espíritu, como Dios había dicho prometiendo por Ezequiel: les daré un nuevo espíritu. Antes de recibir al Señor, nuestro espíritu estaba muerto; se dice que estábamos muertos en delitos y pecados, pero que El nos dio vida. Cuando creímos en el Señor por la fe, el Espíritu del Señor entró a nuestro espíritu y nos regeneró; por lo tanto, todas las diez vírgenes tienen lámparas, porque todos los seres humanos tienen espíritu; y todos los creyentes tienen espíritu humano con minúscula y también todos los creyentes tienen aceite en la lámpara; o sea, tienen el Espíritu de Dios en su espíritu humano mezclado como uno solo; entonces las diez vírgenes tienen aceite, como vamos a ver, en la lámpara; y la lámpara se refiere a nuestro espíritu. Este versículo es el que Pablo tenía presente en 1ª a los Corintios 2:11, si ustedes lo quieren ver conmigo. 1ª a los Corintios capítulo 2 versículo 11 dice: "Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" Es la primera parte del verso 22; miren como concuerda eso con lo que acaba de decir Proverbios, la cual, esa lámpara de Yahveh que es el espíritu del hombre, escudriña lo más profundo del corazón; y aquí dice: "Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?" O sea que el espíritu del hombre escudriña lo más profundo de nuestro corazón y de nuestro ser. Entonces la lámpara se refiere a nuestro espíritu humano. Ahora dice Mateo 25:1: "tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Quiero utilizar un énfasis en la palabra "tomar". Hay que tomar la lámpara y hay que tomar la vasija; tomar la lámpara es un ejercicio de responsabilidad, tomar la vasija es un ejercicio de responsabilidad. Tomar la lámpara: nadie, si no hubiera recibido al Señor, si no hubiera responsablemente recibido al Señor por la gracia de Dios, podría tomar la lámpara; pero allí todas las diez recibieron al Señor; por lo tanto, tienen el Espíritu del Señor en su espíritu; las diez vírgenes son creyentes regeneradas. "tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo". Hubo la decisión de esperarlo, de recibirlo; pero dice: "Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas". Es decir, insensato es el que actúa sin ejercer su alma debidamente. La palabra "insensato" quiere decir una persona que no está en sus cinco sentidos; es una persona necia o fatua, una persona que no es cuidadosa, que no examina bien, y eso es lo que vamos a ver; el problema de las vírgenes fatuas era un problema de su alma, de su irresponsabilidad; la palabra "insensato" se relaciona con la palabra "irresponsable". Entonces aquí dice que la mitad de ellas eran prudentes y la mitad eran insensatas; y la prudencia y la insensatez se revela en el resto de la parábola; o sea, el Señor nos quiere enseñar a cada uno de nosotros en qué consiste la verdadera prudencia y cuál es la verdadera insensatez, que es irresponsabilidad. Entonces dice en el verso 5: "Y tardándose el esposo"; aquí ya comienza a introducirse la prueba del tiempo; dos veces con mucha claridad aparece la prueba del tiempo en esta parábola; aquí acaba de decir: "tardándose el esposo"; y después las que se tardaron fueron ellas; también aparece la prueba del tiempo. Primero, El se tardó para darle tiempo a ellas; entonces la tardanza de Él, dice el apóstol Pedro, es para arrepentimiento; ustedes recuerdan lo que dice 2ª de Pedro; hay que interpretar la tardanza del esposo según lo dice 2ª de Pedro capítulo 3, que dice en el verso 9: "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento". Entonces lo que uno interpreta como tardanza, es paciencia del Señor, es misericordia del Señor, dándonos tiempo para el arrepentimiento, para que no perezcamos; no es tardanza, es paciencia y misericordia; pero la prueba del tiempo es una prueba seria. Uno puede estar avivado por tres años, quizás en tiempo de avivamiento; pero cuando pasa la montaña y comienza la bajada y le entrada en el valle por otro tiempo, ahí es cuando uno dice: ¿Y ahora? ¿voy a seguir vivo? ¿voy a seguir en el Espíritu? ¿voy a seguir sirviendo al Señor? Porque la prueba del tiempo es una prueba seria. Pasar un mes, dos meses, un año, dos años, hasta tres. Cuando se estudia la historia de los avivamientos, generalmente los avivamiento duran a veces máximo por tres años, y los otros tiempos, que no son de avivamiento, también tienen fieles, pero fieles en circunstancias más difíciles; porque ser fieles en tiempo de avivamiento es más fácil que ser fieles en tiempos normales; porque lo normal no son los avivamientos, lo normal es ser probados con el largo tiempo. Se dice de Israel que estaba fastidiado por el largo tiempo. Entonces, volviendo al verso 5, dice: "Y tardándose el esposo, cabecearon todas…"; y aquí no dice que no cabecearon las prudentes; todas cabecearon "y se durmieron". Aquí esta frase es bastante difícil de interpretar, qué significa este dormir; yo creo que no podemos interpretar este dormir sin el contexto general de la parábola, sin el contexto del Pequeño Apocalipsis Sinóptico, sin el contexto de la colección de las parábolas del reino de los cielos. Como está hablando de la venida del Señor, y está hablando de lo que pasa con los santos, que son como estas diez vírgenes mientras el Señor viene, lo más probable es, y lo digo así sin dogmatismo, lo más probable es que este cabecear y dormir general se refiera a la muerte física; porque entre la primera venida y la segunda venida del Señor, la mayoría de los creyentes murieron sin que el Señor todavía viniera; solamente una pequeña minoría fue reservada para el fin; pero en lo general llevamos 21 siglos de cristianos que han muerto en el Señor; pero ¿cómo murieron? ¿En qué situación entraron? Porque es importante saber esto, que la resurrección primera tiene que ver con la clase de vida que se vivió; para esto quiero llamarles la atención también a 1ª a los Corintios, capítulo 15. Dice 1ª a los Corintios capítulo 15 desde el versículo 36: "Necio (que es la misma palabra de insensato o fatuo), lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes". Es decir, primero hay que morir a nosotros mismos para vivir por el Espíritu, y primero hay que morir físicamente para resucitar. "Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo". Dios le da el cuerpo a cada semilla que fue sembrada; cada uno de nosotros es como una semilla que es sembrada; morimos para esperar la resurrección; y el Señor a cada uno le dará un cuerpo como el Señor quiere; pero entonces el resto del pasaje nos dice cómo es que Él quiere; dice: "y a cada semilla su propio cuerpo"; o sea que no todos resucitarán con gloria idéntica. Vamos ahora a la 2ª a los Corintios capítulo 4, donde la palabra del Señor habla en el verso 17: "Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria"; o sea, lo que vivimos aquí en la tierra tiene repercusiones en lo que se llama "peso de gloria"; el peso de gloria es la calidad en la resurrección; por eso en Hebreos se dice que algunos no aceptaron rescate porque esperaban una mejor resurrección; o sea que en la resurrección habrá como estrellas de diferente magnitud; no todos brillarán de la misma manera en la resurrección. Sigamos leyendo ahora otra vez allí en 1ª a los Corintios 15, para que veamos ese aspecto que es necesario tenerlo presente en este contexto. Sigue diciendo desde el verso 39: "No toda carne es la misma carne"; o sea, él está mostrando las distinciones que habrá en la resurrección: "sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria"; entonces él está mostrando las distinciones que hay en los cuerpos que vienen de la resurrección. "Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual". Entonces nos damos cuenta de que así será en la resurrección; como hay distinción entre las lumbreras, que una tiene una gloria diferente de otra; cuando tú miras a un arcángel, y cuando miras a un ángel, tú sabes que éste es el ángel y aquel es el arcángel; ¿se dan cuenta? Eso se nota; esos son cuerpos espirituales. Entonces en la resurrección una estrella diferirá de otra en gloria. Por ejemplo, quien esté sobre diez ciudades tiene una gloria de una decápolis; quien está sobre cinco ciudades tiene una gloria menor; uno es un gobernador de una decápolis, otro sólo de una pentápolis; otro puede ser de una ciudad, puede ser un prefecto, un alcalde, y otro puede ser un ciudadano, sin ser un alcalde; todos son salvos; los ciudadanos que están en una ciudad del reino, están en una ciudad del reino, no están en el infierno, son personas salvas; pero hay salvos que sólo son ciudadanos, y salvos que son alcaldes, y salvos que son gobernadores o reyes de una pentápolis, y salvos que son reyes de una decápolis. O sea que algunos tienen mayor magnitud en gloria que otros. Y por eso dice Pablo que la leve tribulación momentánea que sufrimos aquí, producirá cada vez mayor peso de gloria; quiere decir que en la resurrección habrá algo que se llama "peso de gloria", habrá algo que se llama "magnitud de gloria". Tenemos que tener en cuenta el peso de gloria y la magnitud de la gloria en la resurrección; y eso nos ayuda a entender un poco mejor esta parábola. Entonces, lo más probable es que este cabecear y dormir se refiere a la muerte, al dormir de la muerte física de estas personas; pero dice la Escritura: Bienaventurados los que mueren en Cristo porque descansan de sus trabajos porque sus obras con ellos siguen (Ap.14:13); ellos están esperando, como el autor de Hebreos esperaba una mejor resurrección (Heb.11:35). Todo el mundo va a resucitar, incluso los perdidos; en la segunda resurrección van a resucitar, pero ¿con qué gloria van a resucitar? Van a resucitar con vergüenza, van a resucitar para ser juzgados en el cuerpo con que pecaron; en ese cuerpo entrarán al lago de fuego. Así que todo mundo va a resucitar, incluso los perdidos; pero aquí de lo que se trata no es solo de resucitar, sino de resucitar bien, con mayor peso de gloria y mayor magnitud de gloria, porque una estrella difiere de otra en gloria, y así también será en la resurrección de los muertos. Cuando le decían: Señor, que en tu reino nosotros nos sentemos a tu derecha y a tu izquierda, eso no es así, eso no es de esa manera que se decide, ¿amén? Por eso el Señor dice: que ninguno tome tu lugar, que ninguno tome tu corona; quiere decir que a una persona a quien Dios le quería dar una determinada gloria, otro va a tenerla, si esa persona se descuida. Y por eso se habla de una carrera y de que tenemos que correr la carrera que todos corremos, pero que sólo uno se lleva el premio; todos corren, pero no todos se llevan el premio; ese premio no se refiere a la salvación; la salvación no es un premio, la salvación es un don; pero para entre los salvos que corren, hay un galardón adicional a la salvación, el cual es su posición de más o menos gloria en el reino. Volvamos al capítulo 25 de Mateo, versículo 6: "Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡aquí viene el esposo; salid a recibirle!" Quiere decir que hay un momento en que, cuando la venida del Señor esté cerca, todo mundo tiene que prepararse para recibirlo; acuérdense de que no todos los que van a recibir al Señor estaremos aquí en la tierra; la mayoría de los hijos de Dios estarán en el paraíso, y tienen que ser reunidos de un extremo del cielo hasta el otro para venir a tomar sus cuerpos para resucitar (Mt.24:31); porque el Señor traerá con El a los que durmieron en El; los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros seremos transformados y arrebatados juntamente con ellos (1Tes.4:14-17); pero para poder recibir al Señor en el aire, ellos tienen que ser recogidos en los cielos, o sea en el paraíso, el tercer cielo (2Cor.12:2-4), y venir a tomar sus cuerpos; y allí en sus cuerpos aparecerá lo que ellos son: ángeles o arcángeles, hablando figuradamente; ninguno es ángel ni arcángel; lo que quiero decir es acerca del peso de gloria de ellos que aparecerá en la resurrección; y habrá personas que se sentirán como que sus lámparas se apagan; no se han apagado, pero sienten que como que se apagan, como que tienen poca fuerza en su espíritu. Entonces hay que tener en cuenta lo que dice acá en el verso 7: "Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas"; aquí el asunto eran las lámparas; pero dice: "Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan"; noten qué cosa curiosa: Esta sola frase del Señor Jesús derriba toda la teoría de obras supererogatorias y del purgatorio que utilizan los católicos; porque los católicos dicen: Bueno, San Francisco hizo tantas buenas obras, que ya le sobran para su salvación; entonces lo que le sobra se le puede aplicar a otra persona si compra un sufragio; entonces los que compran sufragios es como si estuvieran comprando los méritos de los santos; y esa es la teoría del purgatorio católico, como si fuera un superávit de algunos santos a quienes les sobró para su salvación, porque ellos piensan que se salvan por obras; y entonces, como ellos hicieron tantas buenas obras, tienen un almacén de méritos, que a través de un negocio aquí con los jerarcas del catolicismo, pueden hacer la transferencia electrónica de los fondos de San Francisco, o de Santa Teresita, o de San Juan de la Cruz, o de cualquier otro. Pero aquí el Señor muestra en esta frase que eso no es así; esta es una responsabilidad personal. "Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan"; no se habían apagado, pero se sentían como sin la suficiente fuerza, como que no tenían la misma gloria que las prudente; ellas se daban cuenta de que aquellas tenían más aceite que éstas. Entonces por eso es necesario ver lo que dice aquí en el verso 9: "Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas"; ¡qué cosa esta! Comprad para vosotras mismas. Aquí el verbo clave es "comprar"; la palabra "comprar" quiere decir: pagar un precio; así como habla la palabra: tomar las lámparas, es un ejercicio responsable de recibir al Señor, sustentados en su gracia, pero ejercitando la responsabilidad; sostenida la responsabilidad en la gracia, pero no desaparecida la responsabilidad. Así también habla de tomar las vasijas; y tomar aceite para las vasijas. La vasija ya no es la lámpara; la vasija se refiere a lo que contiene de reserva de aceite para la lámpara; la vasija es para contener un aceite adicional; el aceite en la lámpara es una cosa y el aceite en la vasija es otra. Tener aceite en la lámpara es ser regenerado; todo hijo de Dios tiene aceite en la lámpara, pero no todos tienen aceite además también en la vasija; y la prudencia, la sensatez, la responsabilidad consiste en preocuparse por tener un aceite adicional; no solamente tener aceite en la lámpara, sino en la vasija. La vasija se refiere a nuestra alma, incluso nuestro cuerpo, porque también cuando estamos cansados, el Espíritu vivifica también nuestros cuerpos mortales. O sea que hay un aceite adicional para la lámpara en la vasija, y para nuestra alma y nuestro cuerpo mortal. Entonces hay que ejercitar la responsabilidad, por lo que la palabra dice aquí. Primero hay que comprar; quiere decir que unas habían comprado; las prudentes habían comprado, habían pagado a tiempo el precio; porque esta es una cuestión de la prueba del tiempo; es decir, que tenemos que aprovechar el tiempo para pagar el precio, para poder tener aceite adicional en la vasija, como en nuestra lámpara; el aceite en nuestro espíritu es un regalo; dice que al que creyere se le da el Espíritu; el Espíritu es un don, el Espíritu de Dios en nuestro espíritu es un don; pero para el Espíritu en la vasija se necesita un precio; hay que pagar un precio para tener aceite en la vasija, para que el Espíritu que hemos recibido nos esté ungiendo nuestros pensamientos, sentimientos, voluntad, incluso la debilidad de nuestro cuerpo; tenemos que pagar un precio; El ya nos dio el aceite y el aceite es un regalo, es el don del Espíritu Santo en nuestro espíritu que es la lámpara; pero otra cosa es el aceite en la vasija; el aceite en la vasija es en el alma, o sea, como está escrito: consigo mismas, en nuestros pensamientos, etc. ¿Será que nuestros pensamientos son todos ungidos? A veces nos detenemos en ciertos pensamientos o sentimientos, o decisiones que no son aprobados por el Espíritu Santo, y somos debilitados, y comenzamos a apagar el Espíritu; porque la Palabra nos hace a nosotros responsables. O sea, apagamos el Espíritu, o somos vivificamos por Él. La palabra dice por Pablo: No apaguéis el Espíritu; nos lo dice a nosotros; quiere decir que nosotros somos responsables de tomar decisiones, o incluso de tomar una decisión tardía, de no decidir a tiempo, y nos quedamos flacos, nos quedamos débiles, nos quedamos sin fuerza, nos quedamos sabiendo pero no pudiendo. Entonces a tiempo tenemos que tomar una decisión ungida para que ese pensamiento, o sentimiento, o decisión sea cortado a tiempo para que nuestro espíritu no se apague; no se disminuya la fuerza de la resurrección en nuestro ser. Por otra parte dice el apóstol: fortaleceos; se lo dice la nuestra alma, a nosotros mismos: fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza; o sea, yo soy el responsable de que mi espíritu se apaga o de que mi espíritu sea ferviente; el mandamiento de ser ferviente se nos da a nosotros; sed fervientes en espíritu; no apaguéis el Espíritu. Yo lo soy, es mi alma la que apaga el Espíritu, o es mi alma la que hace ferviente al espíritu. Por ejemplo, el Señor Jesús dice: el que a mi viene, de su interior correrán ríos de agua viva; o sea, si yo vengo al Señor, esa es la manera de que yo haga ferviente mi espíritu y yo me fortalezca en el poder de Su fuerza; no es sólo que El me va a fortalecer, aunque también; pero yo me tengo que fortalecer en Su poder; es una responsabilidad de mi alma; mi alma tiene que decidir estar sumergida en el Espíritu; no importa cuán débil yo esté, pero si yo vengo al Señor, Él dice: el que a mi viene, yo no echo fuera; ¿está cansado? venga a Mí, yo le haré descansar; el que a Mi viene, o en Mi cree, de su interior correrán ríos de agua viva; y ese fluir del espíritu pasa del espíritu al alma; es decir, de la lámpara a la vasija y luego se retroalimenta. Si nos volvemos al Señor, si invocamos al Señor, si dependemos del Señor, si buscamos su perdón, su limpieza, su gracia, su fortalecimiento, El lo va a hacer; y entonces tendremos aceite no sólo en el espíritu, sino también en la vasija; porque la diferencia entre las prudentes y las insensatas es que las prudentes tienen también aceite en la vasija y no sólo en la lámpara. Entonces, por eso, siguiendo dice: "Para que no nos falte a nosotras y a vosotras (porque en este caso no hay supererogatorios, sino que cada uno es responsable de su peso y magnitud de gloria con que resucitará, ¿ven?), id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas". Así que también hay gente que vende, que nos ayuda a andar en el Espíritu, en un discipulado, si pagamos a Dios el precio, pues el Espíritu no se puede comprar de los hombres, aunque hombres de Dios nos pueden ayudar de gracia, pero esforzándonos nosotros en ella. El problema no solo fue que ellas no fueron a comprar, sino también que ellas fueron a pagar el precio demasiado tarde, se les pasó el tiempo y se les acabó sin haberlo aprovechado en crecer en Cristo, en madurar, en servir; entonces por eso dice: "comprad para vosotras mismas". Ahora, dice que hay personas que venden aceite, y esto es muy interesante; pero no eran ellas, no eran las vírgenes las que vendían, no, ellas tenían que ir a pagar un precio para ser llenas de aceite. Verso 10: "Pero mientras…"; ahí está otra vez la prueba del tiempo, ahí estuvo el problema, fue el tiempo perdido; "mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta". O sea, hay que estar preparados para las bodas; por eso dice en Apocalipsis 20 que se sentaron en tronos a juzgar los que recibieron facultad de juzgar; aquí nos estamos facultando, esta vida es la facultad que estamos viviendo, nos estamos facultando para reinar con Cristo en el Milenio, la parte del reino de los cielos que es el Milenio, que es las bodas, porque la parábola de las bodas de las vírgenes con Cristo es una semejanza del Reino; y cuando venga Cristo entraremos con Él al Milenio. Entonces, para reinar en el Reino, en el Milenio, las vírgenes tienen que estar preparadas; y estar preparadas quiere decir, como dice el Señor: erguidos porque nuestra salvación está cerca; personas que están en Espíritu, que están con la disposición de servir, y que a última hora no dicen: no nos alcanzó. No se dice que las fatuas se perdieron eternamente; aquí no habla de perdición, aquí la palabra perdición eterna no aparece, pero si aparece la exclusión del Reino, porque es que lo del cielo nuevo y la tierra nueva va a venir después del Reino, pero antes Dios va a premiar o a corregir a sus hijos en el Reino, en el reino del Milenio; ya después será lo del cielo nuevo y la tierra nueva. Durante el Milenio, ellas, las insensatas, estarán en circunstancias no muy agradables, y habrán aprendido lo que es ser descuidadas, para entonces, corregidas, estén listas para la Nueva Jerusalén; pero no estuvieron listas para el Milenio. Entonces esto es lo delicado acá. Verso 11: "Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!" Ellas lo confesaban como Señor, pero el Señor no las reconoció dignas del Reino, dignas del Milenio. "Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco". Este conocer no quiere decir que Dios no es omnisciente y que no sabe quiénes son ellas, sino que este no conocer, es no reconocerlas dignas; "no os conozco" quiere decir: no las reconozco dignas del Reino. Por eso esa expresión de dignos la dice el Señor Jesús; dice por Pablo: para que seáis tenidos por dignos del reino por el cual asimismo padecéis (2Tes.1:5). Ese padecer por el Reino es el comprar aceite para la vasija. Amén. Verso 13: "Velad, pues". Otra vez se apela a nuestra responsabilidad de velar, "porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir". Entonces hermanos, yo pienso que esta parábola nos habla, es una parábola bastante seria, ¿verdad? El verso 4 decía: "…mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas"; tomaron aceite en sus vasijas, tomaron, o sea, ejercieron la responsabilidad de tomar aceite en sus vasijas juntamente con sus lámparas. Ellas no dijeron: bueno, yo ya soy salva, siempre salva, ya no hay problema; no, ellas querían reinar, estar en la boda; la boda se refiere al Reino porque el Reino de los Cielos es semejante a esta boda, ¿amén? Vamos a dar gracias al Señor y que el Señor nos ayude. Gino Iafrancesco V., 2/VI/2006, Teusaquillo, Bogotá D:C:, Colombia Transcripción: Marlene Alzamora Para revisión del autor