EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS. LOS TALENTOS. Localidad de Teusaquillo (9 de junio de 2006) (Gino Iafrancesco V) Ruego que me apoyen en oración. Querido Padre, en el precioso nombre del Señor Jesús, te agradecemos que nos hayas dado su Nombre para invocarte; venimos a ti, Señor, porque nada somos en nosotros mismos, sino pura necedad. Señor, en tus manos encomendamos toda nuestra necedad, todo nuestro ser; dejamos todo, Señor, en tus manos y a tus pies. Hemos puesto sobre ti todos nuestros pecados, lo único que hacemos y lo único que te ofrecemos; ten misericordia de nosotros, límpianos con Tu preciosa sangre. Que tú nos puedas tocar con Tu palabra, que la sencillez de Tu palabra, que el mensaje que ya sabemos acerca de estas cosas no impida que nos toques; algunos hemos leído esta palabra bastantes veces, hemos oído unas mismas cosas muchas veces, pero si Tú nos tocas todo es diferente. Necesitamos de Ti e imploramos Tu presencia y Tu toque; tócanos con Tu Espíritu mientras leemos Tu preciosa y siempre fiel palabra; en el Nombre del Señor Jesús, amén. Hermanos, siguiendo, con la ayuda del Señor, la serie que estamos viendo sobre los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús, estamos ya considerando casi todas las parábolas; nos faltan unas tres; hoy estaremos entonces en la antepenúltima y ella se encuentra solamente en el libro de Mateo, el evangelio que escribió Mateo, en el capítulo 25, también junto con la parábola de las diez vírgenes que consideramos la vez pasada; esta parábola fue pronunciada a continuación. El Señor a veces decía una detrás de otra; varias parábolas. Esta parábola no se encuentra sino en Mateo, la parábola de los talentos. Hay una parábola parecida, que ya consideramos, que es la parábola de las minas; pero no es igual. La parábola de las minas, que se encuentra en Lucas, habla de que a cada uno de los siervos le fue dada una mina; todos tienen la misma mina, pero uno hace que esa mina produzca diez, otro hace que produzca cinco, o dos, y otro la entierra. Esta parábola de los talentos es diferente; por lo tanto, no es una misma parábola; entonces hay alguna otra cosa, junto con aquella de la parábola de las minas, que ahora, con la de los talentos, nos quiere enseñar el Señor; y la parábola está relacionada con la parábola anterior; está en el capítulo 25 desde el verso 14. Aquí voy a tener que apelar a la confianza de los hermanos; estuve revisando en el texto griego, y hay unos pequeños comentarios de crítica textual que quisiera hacer, para que nos sirvan mejor en la exégesis, en el entendimiento de la parábola. La parábola, aunque en sí misma es una perícopa, es una unidad, por su comienzo con la palabra “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos…”, allí la palabra “porque”, realmente dice: “pero es como…”; la expresión “el reino de los cielos” no está incluida en el texto griego; pero al decir: “es como”, venía hablando del reino de los cielos en la parábola de las diez vírgenes; y por lo tanto, la expresión “el reino de los cielos” está incluida de manera tácita, se sobreentiende; entonces los traductores, como por el contexto se sobreentiende, incluyeron esa expresión “el reino de los cielos”. “Porque es como…”; no dice: “El reino de los cielos es como”, sino que, como venía hablando del reino de los cielos en la parábola anterior de las diez vírgenes, entonces la expresión está incluida allí de manera implícita o tácita, y el traductor solamente es quien la hizo explícita. Entonces, vamos a leerla, como solemos hacerlo, de corrido, y luego volveremos sobre nuestros pasos para comentarla, masticarla un poquito más, con la ayuda del Señor. “Porque (o pero) es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos, y les entregó todos sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno; a cada uno conforme a su dinami (lo que aquí se traduce capacidad; la palabra en el griego es dinami; o sea, conforme a su dinámica o capacidad) y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”. Parábola seria que, ya con una sola leída, lo hace pensar a uno, verdad? pero vale la pena no sólo leerla, sino masticarla, para poderle extraer algo más; porque a primera vista captamos unas cosas, pero cuando masticamos captamos otras; las cosas espirituales tienen esa característica; cada vez que se consideran, muestran que tenían una capa debajo; es como una cebolla que tiene varias capas; primero tú ves la primera, después la segunda, después la tercera y así sucesivamente. Entonces, la palabra: “Porque”, significa también mas, sin tilde, o pero, y está vinculando esta parábola con la anterior; y la parábola anterior, ustedes recuerdan que comienza también: “Entonces”; quiere decir que la está vinculando con toda la enseñanza que aparece en el Pequeño Apocalipsis Sinóptico, que son las revelaciones que hizo el Señor Jesús a sus discípulos, dos días antes de la pascua, cuando salía del templo, y salía por el torrente de Cedrón, y subió al Monte de los Olivos. Allí conversaron bastante, tanto en el templo, como saliendo y bajando, y subiendo de nuevo al monte, y sentándose en el monte; fue un momento de mucha comunión. El Señor estaba a punto de ser entregado, y El les habló como un resumen de la conclusión del programa de Dios aquí en la tierra, mientras tanto, con la iglesia, luego con el reino; y les habló del Reino. Esa palabra “entonces” de la parábola de las diez vírgenes, y aquí traducida por Reina y Valera: “porque”, nos muestra que es una parábola que tiene que ser interpretada en su contexto mediato; no solamente leída como perícopa aislada, sino como perícopa ensartada en un contexto mayor; la perícopa mayor sería el Pequeño Apocalipsis Sinóptico; y la perícopa menor sería la parábola de los talentos. “El reino de los cielos es…”; eso está implícito, como lo decía, en el griego; pero explícito en la traducción. “…como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos”. El Señor sabía que iba a morir; el Señor conocía el pensamiento de ellos; a pesar de que El había dicho estas parábolas, todavía, cuando resucitó, le preguntaron sus discípulos: ¿Señor, restaurarás el reino a Israel en este tiempo? O sea que ellos tenían un sentimiento de la venida inmediata del Señor; pero el Señor tenía que explicarles que entre la primera venida y la segunda venida hay un trecho que es el trabajo de la Iglesia; el reino de la Iglesia se extiende por medio del trabajo de la Iglesia en Espíritu. Los judíos, cuando leen las profecías mesiánicas, ellos no ven sino una sola venida del Mesías; ellos están esperando una venida gloriosa que cambie el mundo. Como el mundo no cambió, aunque sí cambió, pero no como ellos esperaban, con la venida del Señor Jesús, entonces ellos creen que Jesús no es el Mesías, porque ellos no entienden que el Mesías vendría dos veces; y aquí, en esta parábola, muy claramente el Señor muestra que hay una segunda venida y que hay un período intermedio largo entre la primera y la segunda venida; casi los judíos no lo podían entender, que el Mesías fuera a venir dos veces: una vez y otra vez; ellos pensaban que iba a venir una sola vez. A veces pensaban ellos que había dos Mesías: uno sufriente y otro político; uno hijo de David y otro hijo de José; esa era la interpretación judía; pero quiero leerles, para complementar y ayudar a entender esta parábola, un pasaje de Miqueas capítulo 5, donde, con toda claridad, el Señor ya profetizaba las dos venidas: la primera y la segunda del Mesías. Uno no la entendería sino a la luz de los acontecimientos, a la luz de los hechos; pero ahora que han pasado tantos años, comprendemos mejor la profecía y las parábolas. Dice Miqueas capítulo 5, en los primeros tres versos, de la siguiente manera: “Rodéate ahora de muros…”; ésta fue la profecía que los escribas sabían cuando los magos llegaron a preguntar por el niño que había nacido, el Rey de los judíos, y Herodes preguntó: ¿dónde es que tiene que nacer? Y ellos sabían que en Miqueas decía que era en Belén. Fue ésta profecía la que ellos conocían, y le respondieron a Herodes y a los magos: “Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado…”; eso sucedió en Jerusalén. Jerusalén, en el año 70, fue sitiada por causa de que persiguieron al Mesías, porque mataron al Mesías; lo mismo decía Daniel; la profecía de las 70 semanas de Daniel dice: quitarán la vida al Mesías, y entonces el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Entonces esa profecía tiene también esta parte que dice aquí: “Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado”; pero ¿a qué se debió el sitio? Al rechazo del Mesías. Entonces dice aquí: “con vara herirán en la mejilla al juez de Israe” .Entonces aquí se ve a este juez de Israel que es el Mesías; lo vemos sufriente, como lo dice también Daniel: quitarán la vida del Mesías. Por eso Pablo decía: era necesario, y Cristo lo decía también resucitado, y les mostraba por toda la Escritura lo que de Él decía: era necesario que el Cristo padeciese, y después entrase en su gloria; padeciese; quitarán la vida al Mesías; “con vara herirán en la mejilla al juez de Israel. Pero tú,…” ¿de dónde va a venir ese juez, ese Mesías? “Belén Efrata”, de Belén, la ciudad de David, porque a él le fue prometido que de su descendencia nacería el Cristo, y bueno, qué mejor escoger la ciudad de Belén, la ciudad de David, para que ahí naciera su descendiente; “tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas…”; para mostrar que ese que nacería en Belén preexistía, entonces dice: “sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. Aquí está mostrando la preexistencia del Mesías. En el principio era el Verbo, antes de la fundación del mundo. “Padre, glorifícame Tú con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”, antes de la fundación del mundo. Desde el principio son sus salidas; desde el principio, las apariciones teofánicas del Verbo de Dios; y aquel Verbo se hizo carne; lo que fue la venida del Mesías, en Belén. Sus salidas son desde el principio; Él no tiene comienzo aquí; el Mesías viene desde la eternidad, y ha intervenido como el Ángel de Jehová, no siendo un ángel creado, sino el Mensajero, la teofanía divina, y ahora viene como un niño, como un hombre que va a sufrir. Mas ahora viene y habla de las dos venidas; Por Miqueas Dios dice: “sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará…”; noten estas parábolas que estamos estudiando, que hablan de que El se va a ir lejos; Él no está diciendo nada distinto de lo que ya estaba profetizado: “los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz”; ustedes recuerdan que la mujer ha de dar a luz; la mujer es el pueblo del Señor, tanto Israel como la iglesia; tienen que dar a luz; Israel tiene que recibir al Mesías; es una nación que tiene que recibir al Mesías. Y la iglesia tiene que recibir al Mesías; ya lo recibimos, pero tiene que formarse en ella, así como un bebé se forma en el vientre de su madre; así en nuestro espíritu y en el resto de nuestro ser, Cristo debe crecer y formarse. Entonces dice: “los dejará”; o sea que El vino y por un tiempo se fue, “los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel”. Pero cuando dice: los dejará hasta, quiere decir que no es para siempre, quiere decir que volverá; entonces en esta profecía de Miqueas 5:3, están claramente mostradas las dos venidas del Mesías; la primera vez sufriendo y los deja por un tiempo; ¿para qué? para que la que ha de dar a luz, o sea la Iglesia e Israel, la mujer que es el pueblo de Dios, tanto de los israelitas como de los gentiles, dé a luz, reciba al Mesías, y se forme el Mesías en ellos. Entonces aquí vemos claramente que el Señor sí tenía claro que eran necesarias una primera venida y una segunda venida; El lo sabía. Los apóstoles pensaban: -bueno, Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?- Ellos pensaban solamente en Israel, como compartía nuestro hermano aquel domingo; pero el Señor, aunque es el Dios de Israel, es también el Dios de todos. Israel es un instrumento de Dios en función de todos; la Simiente de Abraham es para que en ella sean benditas todas las familias de la tierra. Entonces el objetivo de Dios no era quedarse solo en Israel; mas sí comenzar con Israel, primero en Jerusalén, y entonces en Judea, y entonces en Samaria, hasta lo último de la tierra. O sea que entre la primera y la segunda venida, habría un tiempo. Y habría personas que dirían: -aquí está el tiempo, ya llegó el tiempo-. No, no, esta guerra no es todavía la final; va a haber muchas guerras, y después va a haber otra guerra; no es todavía, porque la gente tiene que comprender que hay el trabajo principal que demora, que retarda, la venida del Señor, que es que ella no da aún a luz. Cuando ella dé a luz, llegó el cairós, porque el Señor no tiene en cuenta el cronos, el tiempo horario, cronológico, sino el cairós, el tiempo espiritual, la maduración real, la formación real de Cristo en la Iglesia. Ese es el tiempo que El está esperando. Dice: -cuando el grano está maduro, enseguida se mete la hoz-; ¿por qué no se ha metido la hoz? Porque el grano no está maduro; cuando el grano esté maduro, enseguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. ¿Cuándo llega la siega? Cuando el grano esté maduro. Nadie va a cosechar un grano que apenas está floreciendo y que no está maduro; cuando esté maduro es que llega la siega; el Señor sabía eso y El lo muestra aquí y dice así. Volvemos a la parábola de los talentos, en Mateo 25: “un hombre que yéndose lejos”; lo más lejos que puede haber: la diestra del Padre, que a la vez va a ser lo más cerca, pero también lo más lejos; “…llamó a sus siervos y les entregó sus bienes”; esa palabra: les entregó sus bienes, o sea, sus posesiones, esa palabra es muy amplia; algunos la limitan, la interpretan de una manera limitada; yo pienso que no necesitamos restringirnos a una interpretación limitada por un lado, o por otro, sino que todas ellas pueden incluir lo que quiere decir “bienes”. Por ejemplo, el hermano Witness Lee dice que los bienes son la Iglesia; pero también hay la parábola del mayordomo, donde puso los bienes para dárselos a la casa; o sea que los bienes ahí no son la Iglesia, sino hay que dárselos a la Iglesia. Entonces los bienes significan algo más que la Iglesia, aunque a la Iglesia no hay que descartarla; todo lo que el Señor es, todo lo que el Señor nos dio, es el bien; o sea, primeramente Él mismo se nos dio; el propio Dios nos dio su propia vida, el Padre se nos dio en el Hijo; todo lo que es del Padre es del Hijo; Tú, oh Padre, en Mi y Yo en ello; o sea, la vida divina del Padre, el Hijo y el Espíritu, todo lo que implica la vida divina, todas las capacidades de la vida divina y de la vida humana de Cristo victoriosa; porque no solamente nos fue dada la naturaleza divina, sino que Cristo como hombre venció, y El dijo: Padre, por ellos, yo me santifico a mi mismo para que también ellos sean santificados..; o sea, uno de los bienes que nos fue dado es que Cristo se santificó en su humanidad; El en su humanidad consiguió para el hombre la perfección; Cristo llevó la humanidad al estado de máxima perfección, y entonces El dijo: El pan que yo daré a comer es mi carne; o sea que nosotros nos alimentemos de su victoria; es decir, nos dio su naturaleza, su divinidad y su humanidad, su victoria humana; El venció al pecado, El venció al mundo y El venció la muerte; todo eso es parte de los bienes de Dios. Pero también hay unos bienes, que son, por ejemplo, lo que El ha creado, lo que nos ha dado; todos esos son los bienes de Dios; el cielo y la tierra son bienes de Dios, la calidad de ser seres humanos, los talentos en el sentido de capacidades que El dio a cada uno, diferentes tipos de inteligencia. Hoy se habla de la inteligencia emocional, de la artística y de tantas clases de cosas; todos esos son bienes. Yo pienso que no deberíamos restringir la interpretación de la palabra: “bienes”, no. Se dice que todo lo que el Señor hizo es bueno; o sea, si aún la creación primera, la material, es buena, cuanto más la nueva creación; todo eso son bienes; las oportunidades que el Señor nos da son también bienes; el Señor nos da a veces bienes materiales y también emocionales, intelectuales, espirituales; es decir, todo lo que viene de Dios son bienes de Dios; si viene de El, el Padre de las luces, es un bien; se dice que todo bien perfecto viene de Él; entonces dentro de esta palabra: “les entregó sus bienes”, se quiere decir todo eso, todo lo que hemos recibido del Señor; si algo hemos recibido del Señor, no es un mal, es un bien; o sea que el Señor nos entregó sus bienes; en verdad, hermanos, es poco lo que nos hemos dado cuenta de todo lo que El nos ha dado. Yo quisiera que miremos en la epístola paulina a Filemón, el verso 6, solamente para ver como uno a veces puede tener riquezas sin darse cuenta; en la epístola de Pablo a Filemón, que está después de aquella a Tito, antes de Hebreos, leo desde el verso 4 para llegar hasta el 6; en el 6 está la idea clara: “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones; porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos”; o sea, Filemón era alguien que compartía la palabra y sus bienes; entonces Pablo oraba por él, pero oraba con este objetivo: “para que la participación de tu fe”, o sea, cuando Filemón administraba el misterio de la fe, “la participación de tu fe sea eficaz”; o sea que produzca efecto; y aquí dice Pablo en qué consiste el secreto de que la administración de la fe produzca efecto; dice: “eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”; entonces de esta frase: todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús, dice Pablo: Mira Filemón, yo estoy orando por ti para que cuando tú compartas, tu compartir sea eficaz; Filemón, ¿sabes en que va a ser eficaz tu compartir? en el conocimiento de todo el bien que está en nosotros por Jesucristo. La Biblia usa varias palabras para conocimiento; aquí se refiere al conocimiento de experiencia íntima espiritual; no es solamente un conocimiento mental, externo, que también fue creado por Dios y tiene su lugar, intelectual; pero es más que eso, es el conocimiento de la experiencia de intimidad, de cercanía; y dice: “para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros…”; no dice que estará sino que está; mira Filemón: tú ya tienes todo el bien en ti, pero tú no lo conoces; en la medida que conozcas, experimentes todo lo que El te dio, todo lo que El te hizo, todo lo que es tuyo por la gracia, y tú cuentes con eso y vivas en la fe, entonces va a ser más eficaz tú compartir Filemón, “eficaz en el conocimiento de todo el bien…”; ahí están los bienes, “todo el bien que está en vosotros”. Es como si alguien te diera un sobre, y en ese sobre hay 10 millones de dólares en unos chequecitos viajeros; pero tú no sabes, tú ves solo el paquete por fuera; a lo mejor te imaginas que es el juez que te está llamando para dar cuenta por alguna cosa, y tú guardas el sobre, y es tuyo, pero tú no sabes lo que tienes, no porque no lo tengas, sino porque no lo sabes, no lo conoces; pero de pronto empiezas a abrir el paquete y te das cuenta de que eras un millonario, siempre lo fuiste, desde que recibiste ese sobre, pero nunca te habías dado cuenta; ya estaba el bien en tu bolsillo, pro no lo usabas porque no sabías. Entonces dice: “la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”; es decir, por haber recibido a Cristo, en Cristo recibimos al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, la naturaleza divina, la victoria humana sobre el pecado, sobre el mundo, sobre el diablo, sobre la muerte; todo eso está en Cristo, y a ese Cristo victorioso lo recibimos; no es que lo vamos a recibir, lo hemos recibido y está en nosotros, pero no contamos con El; pero en la medida, dice Pablo a Filemón, que vayas conociendo el bien que ya hay en ti, entonces vas a ser más eficaz. Entonces esos son los bienes que El nos ha dado, ¿para qué? para ponerlos a funcionar. Volvamos a Mateo 25:14: “…y les entregó sus bienes”; esos bienes están representados aquí en talentos; o sea que aquí incluye no solamente las cosas espirituales, sino también las naturales, ¿ven? Hay personas que son buenas para la música, por ejemplo; personas que son buenas para las matemáticas, para la literatura, o tienen una facilidad para las artes manuales y otras capacidades; otros se quedan sin saber hacer, pero ellos las hacen, como Bezaleel y Aholiab que sabían manejar el hierro y el cobre, y hacían bellezas; cuántas clases de bienes también en esa área. Entonces dice: “yéndose lejos llamó a su siervos”; los siervos son llamados; “y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos; y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos”. Aquí hay un misterio en esta frase; por qué el Señor a unos les dio cinco; a otros les da dos, y a otros les da uno, ¿Por qué no a todos, como en la parábola de las minas, que a todos les dio una mina? O sea que hay cosas que son iguales en todos; la parábola de las minas nos muestra lo que es igual en todos, pero la parábola de los talentos nos muestra que Dios en algunas cosas reparte diferente: a unos les da cinco, a otros les da dos; claro que al que le da cinco, no le va a pedir cuenta por dos; si le da cinco, le va a pedir cuenta por cinco; si le da dos, le va a pedir cuenta por dos; el Señor dijo: mirad, vosotros los que oís, porque recibiréis mayor condenación, porque al que mucho le es dado, mucho le será demandado. Entonces no pienses que a ti se te va a pedir conforme a otra persona. ¿Qué te dio Dios a ti? ¿Hasta dónde has conocido el evangelio, la palabra del Señor? ¿Qué oportunidades has tenido en la vida? ¿Has podido estudiar o no? ¿te has podido preparar en esto? ¿Tienes habilidades para esto? o no para esto, pero para aquello otro sí? Todo eso hay que tenerlo en cuenta; eso es un regalo de Dios, y ese regalo puede multiplicarse, o se nos puede quitar en el Milenio; porque es que una persona, que era inteligente aquí, puede ser menos inteligente, o más inteligente, en el Milenio; si tiene capacidad en la música, puede tener más capacidad en la música en el Milenio, o menos que ahora; alguien puede ser un mejor músico en el Milenio, o un músico peor. Uno pensaría: bueno, si aquí aprendió a tocar guitarra, o violín, puede ser que en el Milenio pueda tocar más; pero puede tocar menos, porque se le va a quitar si no lo pone a funcionar; no se le va a dejar; se le quitará si no puso al servicio ese bien, ese talento, esa oportunidad, ese dinero, esa sabiduría; por eso dice la Biblia: -echa tu pan sobre las aguas y después de muchos días lo hallarás. Reparte a siete y aún a ocho porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra- O sea, lo mismo que dijo en la parábola de las minas: negociad entretanto que yo vengo. Es decir, que todo el mundo tiene que poner a trabajar las cosas; pero trabajar para el Señor; porque miren lo que va llegando acá, donde dice: le dio a cada uno conforme a su capacidad. La palabra capacidad acá es conforme a su dinamis, su dinámica, su poder, su capacidad de actuar; porque digamos que es como un niño al que tú no le puedes dar una cuchilla y una pistola porque va a matar a alguien, o él mismo se puede cortar, o matar; entonces, según lo que la persona es, el Señor le da y eso le va a demandar. Si le dio dos, ¿tú que hiciste con dos? ¿Produjiste otros dos? Le dijo lo mismo que al que le había dado cinco: Bien, buen siervo fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor; o sea, le dijo lo mismo al de cinco que al de dos y la recompensa fue igual, porque a uno le dio cinco pero le pidió cuentas sobre cinco; a otro le dio dos, y le pidió cuentas sobre dos; así que no hay injusticia en Dios; injusticia sería si a uno le da uno y le cobra cinco; después a otro le da cinco y le cobra uno; pero si le da cinco, le va a pedir por cinco; si le da dos, le va a pedir por dos; así que no se preocupe si hay gente más rica que usted en este mundo, porque ellos van a tener que dar cuenta por todo ese dinero que tuvieron en el banco, invertido en hoteles y en porquerías; cada uno va a dar cuenta de todo lo que ha hecho con lo que ha recibido de Dios. Sigue diciendo el verso 15: “y luego se fue lejos”; vuelve a hablar: yéndose lejos, se fue lejos. Verso 16: “Y el que había recibido cinco talentos fue…” Note ese verbo: fue; aquí hay actividad; no hay que ser pasivos, hay que ir; Jesús dijo: id. Entonces este fue, pero uno se queda, no está yendo, uno está esperando que El venga, pero El ya dijo: vayan, id, negociad, ya la orden está dada, hay que salir a negociar, hay que actuar, no hay que quedarse pasivos, id, dice el Señor. Trabajad entretanto que tenéis la luz porque la noche viene cuando nadie puede trabajar, ahora que tenemos oportunidad hay que trabajar, hay que prepararse, hay que evangelizar, hay que discipular, hay que dar testimonio, hay que madurar, ahora, porque después va a ser muy difícil; ahora nos podemos reunir aquí, pero el enemigo ya está cerrando el círculo; entretanto podemos, avancemos; “fue y negoció con ellos”; fue y negoció, son las palabras: ir y negociar, trabajar, poner a funcionar lo que Dios le ha dado; haga lo mejor que puede; en eso fue que el Señor defendió a María Magdalena cuando Judas y los discípulos, azuzados por Judas, criticaban porque ella había derramado el vaso de alabastro a los pies del Señor; y El les dijo: ¿por qué la criticáis? ella ha hecho lo que podía. Entonces miren esa frase: ha hecho lo que podía. Usted no tenga a otra persona como modelo, sino al Señor Jesús; usted haga lo que usted pueda, trabaje con las uñas, no espere que las cosas le lleguen, vaya y negocie, así sea con las uñas, que el Señor va a decir: miren, éste con las uñas hizo esto; dice que en el día del juicio se van a levantar los de Nínive y van a acusar a los de Capernaum, porque los de Nínive se arrepintieron con la predicación de Jonás que era menos, porque mayor que Jonás es Jesús, y los de Capernaum no se arrepintieron con la predicación de Jesús; por eso los de Nínive van a juzgar a los de Capernaum. Yo estuve ahora en octubre del año pasado en Israel; muchas ciudades se mencionan en la Biblia y tú las ves ahí, allí está Nazareth, allí está Belén, allí está Caná, allí está Sarón, allí está Haifa, ahí están muchas ciudades, pero Capernaum, Corazín, Betsaida, de las que el Señor dijo: ay de ti!, no existen esas ciudades, son pura ruina, piedras, casi no se sabe donde está Corazín, difícilmente se puede encontrarlo, cosa difícil! Se le dio mucho e hizo poco. Aquella reina de Sabá hizo un esfuerzo desde el sur de Arabia, desde Sabá, y vino en esos tiempos en que no había avión, seguramente se vino en camello, en caballo, en burro, no se sabe que usó, pero se vino a oír la sabiduría de Salomón; pero ellos tenían a Jesús, que es más que Salomón, y no le ponían atención, y lo tenían entre ellos. En aquel día dirán: Señor, entre nosotros comiste, y tal; pero responderá: no os conozco, no os conozco. O sea que una por algo menor hizo más, y esa va a juzgar al que teniendo más hizo menos. Dice el verso 17: “Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos•; o sea, ganar, aquí la responsabilidad es ir, negociar y ganar; es decir, no tenemos que volver como vinimos, no, sino que tenemos que aprovechar el tiempo para ganar, ganar a Cristo, ganar en madurez, ganar en la cuenta de nuestro banco celestial, del que se dice en Filipenses, que tenemos una cuenta.¿ Recuerdan lo que alguna vez compartió Arcadio de lo que está en Filipenses?: Busco fruto que abunde en vuestra cuenta; o sea, tenemos una cuenta. No os hagáis tesoros en la tierra, sino en los cielos; hay una cuenta en los cielos donde debemos estar abonando durante nuestra vida. Verso 18: “Pero…”, aquí está, ese es el problema, “el que había recibido uno”, él hubiera podido hacer lo mismo, trabajar con uno y venir con otro; pero cuál fue el problema? Dice: “cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor”; ¿qué es cavar en la tierra? ¿A qué se refiere la tierra? ¿Sabe qué es la tierra? El mundo; muchos pusieron su talento al servicio del mundo y no del Señor; eso es enterrarlo en la tierra. Elvis Presley era un hermano de las Asambleas de Dios, pero después empezó a cantar rock para el mundo; en cambio al hermano Danny Berrío, le propusieron grabar, pero no canciones cristianas sino mundanas, pero él dijo: no, no, yo me quedo con las cristianas. A Billy Graham le propusieron ser Presidente de Estados Unidos y él dijo: Yo no me voy a rebajar a ser Presidente, yo soy siervo de Dios; pero nosotros hacemos al revés, lo del Señor lo dejamos de último, a lo del Señor no le ponemos atención, pero lo que es del mundo eso sí consideramos que es serio, porque ahí está el gerente, el profesor, el patrón, esos si son serios, lo del Señor es de segunda. Hermanos, todas nuestras capacidades las ponemos al servicio del mundo y no del Señor; para el Señor no producimos nada, pero para el mundo dejamos el talento debajo de la tierra. ¿Recuerdan lo que dijo el Señor, que vino y sembró trigo, y vino el enemigo y sembró cizaña, y cuando se vino a espigar se dice que se sembró en el campo del mundo? O sea, la tierra donde se siembra es el mundo; y muchos pusieron sus talentos, no al servicio del Señor, sino al servicio del mundo, porque el mundo paga, el mundo aplaude, en cambio el Señor.... Él paga más, pero lo mejor un poquito después, amén? Dice: “cavó en la tierra”; éste también fue, ¿se dan cuenta? Pero ¿a dónde fue? Fue a cavar, o sea, a trabajar; ese también trabajó, pero no para el Señor; escondió el talento, lo escondió debajo de la tierra, y no era de él, era de su señor; nada de lo que tenemos es nuestro, es de nuestro Señor; ¿en qué estamos empleando lo que tenemos? Entonces dice en el verso 19: “Después de mucho tiempo”; noten como el Señor dijo: no es dado a vosotros saber los tiempos y las sazones, no, no es ahora, que esta guerrita ya es el fin, no, que el mundo se iba a acabar el martes, no, hay que madurar; entonces dice: “Después de mucho tiempo”; aquí el Señor está mostrando la segunda venida como estaba profetizado, hasta que dé a luz la que ha de dar a luz; no los va a dejar para siempre, va a volver, por eso dice: “hasta”, ahí están las dos venidas. “Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos”; o sea, eso se llama “el tribunal de Cristo”; es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba según lo que haya hecho, sea bueno o sea malo; aquí no está hablando de la salvación, está hablando del Reino; el Reino es el contexto milenial donde se recompensa a los hijos, a los siervos que trabajan; tanto el beneficio como el castigo no tienen que ver con la salvación, porque la parábola de los talentos es en el contexto de las parábolas del Reino; o sea, el período de la Iglesia y el período del Milenio; esos son los períodos de los capítulos del Reino que ya aquí los hemos estudiado; por eso lo digo rápido, no está hablando aquí de la salvación, porque la salvación nunca podríamos merecerla; por más que trabajemos nunca mereceremos la salvación; la salvación es un regalo, no por obras para que nadie se gloríe; la salvación es un don de Dios; la dádiva de Dios es vida eterna, no por obras para que nadie se gloríe; entonces ¿para qué son las obras? Para colaborar con Dios por amor, y por lo cual Él nos da el galardón que es distinto de la salvación; el galardón es tu posición en el Reino, sé sobre cinco ciudades, sé sobre dos ciudades, ese es el galardón, no la salvación; aquí no se trata de la salvación, aquí el asunto es el Reino, el Milenio, ese es el asunto de que se trata aquí. Entonces dice: “arregló cuentas con ellos”; porque nuestra salvación ya está arreglada. Dice: el que cree ha pasado de muerte a vida y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida, ya resucitó espiritualmente; o sea, esa persona tiene la vida eterna, pero la tiene para trabajar con ella, para producir fruto que será recompensado con una recompensa adicional y diferente de la salvación, lo que es el Reino, el galardón. Entonces dice acá: “arregló cuentas con ellos”. Dice el verso 20: “Y llegando el que había recibido cinco talentos”; llegaron porque debían presentarse cada uno; “trajo otros cinco talentos”, o sea, el doble de lo que recibió. “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos”. Entonces dice el Señor que por haber sido fiel en lo poco, lo colocaría sobre lo mucho. Las mayores cosas que recibamos en la tierra es lo poco; y lo que hagamos para el Señor es lo poco, Él lo considera poco; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; pero fíjate, aquí añade una frase que es muy linda; cuando habló la parábola de las minas, El también dijo esto, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades; eso se refiere a la recompensa externa, a nuestra posición en el Reino; pero hay una cosa todavía mejor que no se esperó, que no es exterior, sino interior; dice: “entra en el gozo de tu señor”; o sea, si entendiéramos lo que quiere decir el gozo de nuestro Señor, imagínense que sólo pudiéramos vislumbrar qué significa eso, el gozo de tu señor, o sea, disfrutar internamente el gozo de Dios; uno puede estar reinando sobre diez ciudades, pero si está triste, qué? pero no, aquí dice además: entra en el gozo de tu señor; es decir, disfruta la corriente de los ríos de agua viva de Dios, la vida de Dios llenándote de adentro para afuera; ser como Él es y servir como Él es mejor que cualquier cosa que puedas tener por fuera. Hay gente que vive en una jaula de oro, todo por fuera es de oro, pero por dentro están presos, están tristes, de nada les sirve lo que tienen; pero en cambio aquí hay un gozo en el amar, dar y servir; dice que será un gozo que salta para vida eterna; aquí dice: el gozo de tu señor; no dice solamente: sobre mucho te pondré, aunque eso es también una promesa, sobre mucho te pondré; pero hay algo más, entra en el gozo de tu señor; porque nosotros tenemos nuestros gocitos, y hay cosas que a nosotros nos alegran; pero ahora el gozo de Dios! Esto es lo más grande, el gozo del Señor; es más grande que cualquier cosa. Luego dice así en el verso 22: “Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos”; o sea, hizo exactamente lo mismo que el otro; uno pensaría pero no, este tenía diez, pero es igual, porque diez es del doble, y cuatro es el doble, porque el Señor es justo; no es como ahora que le cobran el IVA a los pobres, y los pobres como los ricos pagan el mismo monto; pero el sistema correcto es el diezmo, porque si usted gana 10, el diezmo es 1; si gana 100 el diezmo es 10; si gana 1000, el diezmo es 100; si gana 10000, el diezmo es 1000; o sea, el sistema justo del Señor es el porcentaje, no el monto en sí. El Señor no dice: pero es que este dio 50, el monto en sí; pues el 50 del rico no es ni la centésima parte de lo que gana; entonces Dios no es injusto. El principio del Señor es el principio del diezmo. Entonces así, ese principio deberían los ministros de hacienda establecer en los países; es decir, que se diga que el impuesto es, para todos, el 5% de las ganancias. Entonces el que gana 1, paga 00,20, pero el que gana 10 millones tiene que pagar 500.000; eso sería lo justo, el principio correcto, el porcentaje, y no el mismo valor agregado a las mercancías para todos. Entonces aquí en la parábola de los talentos vemos que los dos son iguales porque uno tuvo cinco y produjo diez, o sea produjo el doble, un 100% más, y el otro también produjo 100%. Usted no juzgue las cosas por la apariencia; parece que diez es más que cuatro, pero no, diez es el 100% de uno, y cuatro es el 100% de otro; ¿por qué? porque éste sólo tenía dos y con las uñas produjo el 100%; y el otro, más holgado, también trabajó para producir su 100%; por eso Jesús le dice lo mismo. Verso 23: “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel (exactamente lo mismo) sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. En el caso de la parábola de las minas es diferente, pues a todos les dio la misma mina; entonces uno con una mina produjo diez; entonces a ese le dio de una manera más exaltada la bendición; el otro con la misma mina produjo cinco, y entonces a éste también le habló, pero no igual que al primero. Entonces esta es una parábola, y aquella es otra; y tratan aspectos diferentes. Hay cosas que todos tenemos por igual; por ejemplo, el Espíritu Santo que todos tenemos, es igual; la capacidad que tiene el Espíritu Santo en todos es igual, ¿ven? Pero hay cosas que son distintas. Uno, por ejemplo, nace con la cucharita de plata en la boca, y otros nacen por allá en una barriada, porque los ricos le invadieron la tierra a los pobres. Y ahora es a los barrios de los pobres a los que llaman de barrios de invasión; es decir, consideran que los pobres le invaden la tierra a los ricos, a los terratenientes; pero, ¿no son acaso los terratenientes los que invadieron para sí mismos tan solo, lo que también de parte de Dios era igualmente para los pobres? ¿Quiénes dejaron arrinconados a los pobres? Esos agalludos son los invasores, los que agarran todo lo que Dios creó para todos, y de eso se sirven unos pocos; esos son los invasores; no estoy hablando del fruto justo del trabajo justo, sino de lo que Dios creó y no se repartió con equidad; por ejemplo, la tierra, las minas, el petróleo; ¿hubo alguno que trabajó sembrando el petróleo? Y la tierra, ¿alguien la produjo? ¿Las playas las sudó alguno y trabajó para producir playa? Esas playas son de todos, la tierra es de todos, el petróleo, el oro, las esmeraldas, son de todos, ¿se dan cuenta? Hay cosas que son de todos. Ahora, lo que alguien trabaja, basado en herencia divina equitativa, por eso sí merece, pero no porque se agarró lo de todos. Hay que saber distinguir donde hay mérito y donde hay bandidaje, ¿verdad? porque ahora se le llama bueno a lo malo, y malo a lo bueno, ¿verdad? Entonces ahí Dios dice lo mismo: “sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Verso 24: “Pero”, siempre hay peros; imagínense que le hubiera dado cinco y hubiera enterrado los cinco; el Señor lo sabía de antemano; entonces le dio uno, y dice: “llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía”; este verbo “te conocía” es exterior; o sea que no conoce al Señor íntimamente, se imaginaba que el Señor era duro, le trató de duro al Señor, imagínense; hay personas que suponen que Dios es un ogro, que Dios tan terrible! Y así hablan. “eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste”; claro, pero ¿acaso no le dio Dios los talentos? El vino y sembró, vino y predicó allá en Israel y Él va a cosechar en Colombia, pero El dio talentos en Colombia, en Perú y en cada país. Y dice el verso 25: “por lo cual tuve miedo”; o sea, la persona que se imagina que Dios es un ogro, no tiene esa confianza de ir y negociar, sino que tiene miedo; o sea que el miedo paraliza; no hay que tener miedo; ¿por qué habríamos de tener miedo? Lo que el Señor nos dio, vamos a trabajarlo, vamos a recibirlo con acción de gracias, vamos a disfrutarlo y vamos a trabajar y a producir para el Señor, no enterrarlo, ir; uno fue, los dos fueron, pero ¿para dónde fue el otro? A cavar; cavar es peor que negociar, porque negociar es un trabajo mejor que cavar; por allá el mayordomo no quería cavar, quería negociar; el mayordomo infiel, ¿recuerdan? Este otro negoció, no cavó; y aún otro dedicó su vida a trabajar, pero para hacerle ladrillos a faraón; enterró en la tierra, en el mundo, lo que era para el Señor; “tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo”; él pensaba que no se había robado nada, si se le dieron cinco, le devuelve cinco, pero no, como se le dio uno, es para devolverle por lo menos dos, o por lo menos algunos intereses, no usureros, pero sí intereses. Pero malgastó sus oportunidades. Verso 26: “Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente”; esta palabra es muy seria; es decir, esa actitud de pensar así del Señor, eso es maldad, el Señor lo llama siervo malo y negligente, o sea perezoso, persona que no funcionó, no fue dinámico en lo que debía hacer; y dice: “sabías”, como dice en la otra parábola: por tu propia boca te juzgo, “sabías que siego donde no sembré”; el Señor no dice que no, dice sí, yo siego donde no sembré y recojo donde no esparcí. Verso 27: “Por tanto, debías…”; aquí está el deber, el deber es que si tenemos un talento, no tenemos que enterrarlo, y ni ponerlo al servicio de los intereses del mundo, sino ir a los banqueros; la palabra “banquero” en el griego es casi la palabra “trapecista”, que sabe moverse y hacer sus vueltas, su manera de producir; entonces dice: “debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”. El asunto de los intereses sí es de Dios, pero claro que la usura no; pero los intereses del trabajo sí; si se siembra cinco, no es para cosechar 4, no, sino para cosechar 30, 60, 100 por uno, ¿verdad? Entonces la vez pasada mencionamos esto de los banqueros; si tú solo no sabes producir, asóciate con otros, trabaja en equipo con otras personas, asóciate para que tu trabajo sea un trabajo en equipo, que sea todo el equipo galardonado y tú estés ahí; pero si estás solo, no haces nada; pero si en el equipo uno hace una parte, otro hace otra parte, todos hacen su parte y todos juntos apoyándose, sirviendo al Señor en equipo, eso quiere decir lo de dar el dinero a los banqueros, asociarse con los que saben manejar el dinero; pero si nos quedamos solos, ahí no podemos hacer nada. Ahora viene lo que estábamos diciendo: “Quitadle, pues, el talento”; eso es lo que es terrible; no dice que se le dejó con el talento, no, sino que se le quita; o sea que hay personas que aún siendo siervos de Dios van a tener menos en el Milenio que ahora, ¿por qué? porque dice: el que gana su vida en este mundo, la perderá, pero el que la pierda por causa del Señor, la ganará; entonces puede haber pérdidas en el Milenio. Imagínese a una persona que tiene buena vista y que sea un miope en el Milenio. Imagínese a un guitarrista aquí y en el Milenio ni maracas. ¿Se dan cuenta? ¿Me entienden, hermanos? Porque dice: “Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos”; o sea, a éste que produzca, a éste que haga, ¿verdad? Y no sólo eso. Añade ya terminando: “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más”; a la persona que es diligente, que se ocupa de hacer las cosas, vienen los demás y lo apoyan, y saben a quien se le puede confiar esto, porque saben que es persona diligente. Hay incluso ministros de hacienda que ni siquiera ellos mismos organizan las finanzas del país, sino que contratan a un técnico, como de aquellos judíos que saben mover el dinero por aquí y por allá, y ellos son los que organizan las finanzas del país, ¿se dan cuenta? No estoy hablando despectivamente; no vayan a tomar esto despectivamente; no soy antisemita; “al que tiene le será dado, y tendrá más”; estoy explicando que a quien sabe hacer una cosa, a él se la encargamos, y con él trabajamos y le apoyamos; “y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado”; vuelve y repite, “le será quitado”; esta es una palabra del Señor; parte del castigo es pérdida, no de la salvación; mas dice: sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, así como por fuego, dice 1ª a los Corintios 3; o sea que si habrá salvación, no pérdida de la salvación, sino pérdida de algo del galardón, algo de capacidad para actuar; ya no tuvo más oportunidad, ahora le toca es entrenarse durante el milenio para la Nueva Jerusalén y ahí si habrán aprendido la lección. Lo que no se aprende en la historia de la Iglesia, a la fuerza se va a tener que aprender en el Milenio. Ahora dice ahí donde va a estar este caballero; verso 30: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera”; si la presencia del Señor es luz, estar lejos es como tinieblas; claro que hay gente que está acostumbrada a las tinieblas, pero es mejor estar en la luz, ¿verdad? Que en las tinieblas de afuera. Aquí no se está hablando la palabra “eterna”; no se dice que la persona se perderá eternamente, porque era un siervo, fue llamado y le fueron dados los bienes del Señor; pero entonces aquí habla de una corrección, “allí será el lloro; o sea, llorar por las burradas que uno cometió; entonces es mejor llorar ahora, ¿verdad? antes de que sea tarde. “…y el crujir de dientes”; ¡Dios mío! No quiero ni imaginarme eso. Termino diciendo lo que un hermano decía en San Antonio do Monte, que un pariente cercano, su esposa estaba pasando una situación tan terrible, de depresión, de lucha, un caso nervioso, y decía que nunca había visto a nadie sufrir tanto; que si eso es acá, como será al otro lado; Dios tenga misericordia, el Señor nos guarde hermanos. Padre, en el nombre del Señor Jesús, Tú no dejas de insistir en nosotros, de invertir y convidarnos; Señor, ayúdanos y encamínanos en el servicio a Ti, queremos estar cerca de ti, queremos dar oportunidad a Tu Espíritu para que nos use, para que puedas usarnos, que no estemos embotados, que nos estemos enredados, que no estemos enterrados por montón de basura, sino que podamos estar disponibles para Ti, cooperar con las cosas Tuyas y contigo, con Tu persona, con Tu Espíritu. Límpianos con Tu sangre, Señor, perdónanos a todos, todos los que estamos oyendo Tu palabra, perdónanos y límpianos con Tu sangre de toda maldad y negligencia, y haznos personas diligentes que aprovechan el tiempo, que aprovechan las oportunidades, que aprovechan los bienes, que aprovechan los talentos, lo que Tú has dado a cada uno; ayúdanos a ir y a negociar para tener algo que presentar a Ti, porque queremos participar de Tu gozo, entrar en el gozo Tuyo, servirte en el Reino, en el Nombre de Jesucristo, amén y amén! Gino Iafrancesco V., 9/VI/2006, Teusaquillo, Bogotá, Colombia. Transcripción de Marlene Alzamora, revisada el autor.