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Junio del 2011

LAS DIEZ DRACMAS

Por Gino Iafrancesco V. - 30 de Junio, 2011, 14:32, Categoría: General

(28)

 

 

LAS DIEZ DRACMAS

 

 

     Señor, Tú conduces por tu Espíritu a tu Iglesia a proclamar tu Nombre, tu grande victoria a nuestro favor. Gracias te damos, Señor; exaltado seas Tú, exaltado en medio de la iglesia, exaltado en los cielos y en la tierra; porque la tierra también será llena del conocimiento de tu gloria, en Cristo Jesús. Gloria a Ti, exaltado seas, exaltado por tu Iglesia, Oh Dios, en Cristo Jesús, amén. Padre, gracias por concedernos estar en tu Santa Presencia por Su preciosa sangre. Señor, seamos con tu socorro abriendo tu Palabra, que Tú nos hables por todos los rincones de tu Palabra, que Tú puedas, Señor, afirmarnos en tu gracia y en tu poder; que lo que veamos de tu Palabra, Señor, alimente nuestro hombre interior, nos establezca firmemente en Ti; seamos afirmados para la eternidad, y habiendo acabado todo, estar firmes en el Señor Jesús; amén.

 

     Hermanos, muy buenas noches, la paz del Señor Jesús sea con todos. Con la ayuda del Señor, vamos a estar hoy dando continuidad a la consideración de las parábolas del Señor Jesús, por medio de las cuales el Señor nos habla de los misterios del reino de los cielos. Hoy vamos a considerar una de las parábolas de la trilogía de parábolas que comenzamos a ver la vez pasada; y la parábola de hoy se encuentra solamente registrada en el capítulo 15 de Lucas. Lucas capítulo 15, versículos 8-10. “O ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. ¡Amén, hermanos! Esta parábola, como dijimos al principio, forma parte de una trilogía que aparece solamente aquí en Lucas; porque Mateo sólo menciona lo de las cien ovejas, y punto; pero Lucas sí menciona las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esas tres parábolas tienen un fondo muy semejante; y el Espíritu Santo le dio a Lucas un principio de asociación, y las agrupó aquí en este capítulo 15; de manera que todas ellas nos hablan algo parecido, solamente que con algunas pequeñas variantes; y esa trilogía nos muestra también la trilogía de la Trinidad. Ustedes se dan cuenta de que en la parábola del hijo pródigo, que consideraremos, si Dios permite, después, ahí aparece el personaje que representa al Padre; aparece el Padre recibiendo a su hijo pródigo. En la que vimos la vez pasada aquí mismo en el capítulo 15, la de las cien ovejas, ahí aparece el pastor buscando la oveja y llevándola en sus hombros; o sea que ahí aparece el Hijo; y nos queda, entre esas dos, esta parábola de esta trilogía, la de la moneda perdida, el dracma perdido, las diez dracmas, donde seguramente que es el Espíritu Santo el que busca; sólo que Él lo hace usando sus medios; y entonces vamos a ir viendo los medios que usa el Espíritu Santo para encontrar el dracma perdido. Lógicamente que aquí la mujer no representa al Espíritu Santo, sino que representa más bien a la Iglesia, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, es la casa de Dios, es la morada del Espíritu; por lo tanto, es el vehículo del Espíritu. Es decir que en esta trilogía aparece el Padre resaltado en la parábola del hijo pródigo, el Hijo como el pastor en la parábola de las cien ovejas, y aquí el Espíritu Santo obrando por los medios de gracia para salvar a las personas perdidas, y también a los que están caídos levantarlos.

 

     Vamos a repasar las frases en esta parábola. Vamos a empezar desde el verso 8: “O ¿qué mujer…?”; sólo ese inicio está diciendo que es inaudito, que eso no se va a dar, que sería raro que a una mujer a quien se le pierde algo que tiene, algo que valora, no le va importar, y lo va a dejar perder; eso sería extraño; entonces el Señor está diciendo: Si una mujer de la tierra tiene cuidado de algo que ella valora, algo que ella tiene, ¿cuánto más Dios? En otras ocasiones también el Señor Jesús hace esas comparaciones, mostrando como incluso personas de la tierra, que somos malos, hacemos cosas buenas. Dice: Si un hijo le pide a su padre, un hombre de la tierra, si vosotros siendo malos, si su hijo le pide pan, ¿acaso le va a dar una piedra? y si le pide un huevo, ¿le va a dar una serpiente? Lo dice a propósito para hacer el contraste; ¿cuánto más vuestro Padre? Entonces el Señor quiere dirigir nuestro corazón principalmente a nuestro Padre, el Señor quiere que conozcamos al Padre; lo que el Señor Jesús hizo de una manera muy especial fue presentar a ese Dios que era tan Altísimo, tan lejano, presentarlo tan cercano, presentarlo como nuestro Padre, Dios totalmente cercano. Entonces esas parábolas lo que hacen es traer el cielo a la tierra, la presencia del Señor bien cercana, como que lo podemos tocar; y lo hace con preguntas como ésta: “¿O qué mujer…”; es que una mujer ni siquiera se descuidaría de una moneda; ¿cuánto más Dios? Entonces Él empieza y da estos detalles: “¿Qué mujer que tiene”, o sea, hay un sentido de posesión; quiere decir: cuando tú aprecias algo, tú no quieres que eso se pierda, no eres indiferente, lo tienes. Si algo te es indiferente, si algo no te importa, pase lo que pase no te hace ni fu ni fa, lógicamente tú no tienes ninguna ligazón con eso, ¿verdad? Pero aquí lo que Dios quiere mostrar es que tenemos ligazón con Dios; el corazón de Dios está ligado a nosotros; por eso Él habla de una mujer que tiene, es decir, que posee algo; o sea que Dios sentiría en su corazón si le faltara; eso es lo que Él quiere decir.

 

Vemos el ejemplo de diez dracmas. El dracma es una moneda griega; realmente la moneda es griega, pero equivale a una moneda romana que es el denario; digamos que un dracma se cambiaría por un denario; y un denario es una moneda que equivale al salario de un día de trabajo. Cuando la persona trabajaba todo ese día, ganaba un denario; y con ese denario podía mantenerse él, mantener su familia, y quizás ahorrar un poquito. Entonces eso sería un denario; y esa es más o menos una dracma; y aquí Él usa diez dracmas.

 

El número diez en la Biblia es un número de universalidad, es un número de generalidad, o de totalidad; cuando aparece en la Biblia el número diez, aparece como la generalidad. Por ejemplo, en el capítulo 10 de Génesis aparece la Tabla de las Naciones mostrando toda la humanidad. Cuando aparece el reino final del mundo, aparece con diez dedos, o diez cuernos rodeando a la bestia final, hablando de un gobierno mundial. Cuando aparecen los hijos de Dios, las iglesias esperando al Señor Jesús, los compara con diez vírgenes. Entonces, es el número de la totalidad; quiere decir que el Señor, que es el Dios de todo, no quiere que le falte nada.

 

     Ustedes recuerdan un pasaje, si lo quieren leer conmigo, y luego volveremos aquí; en Apocalipsis, vamos a leer allí un pasaje que nos ayuda a entender ese sentir del Señor, como es el sentir de cualquier padre, como lo decíamos la vez pasada, que si tiene tantos hijos, y el asiento de uno de ellos está vacío en la mesa, aunque se alegra con los que están, su corazón sabe que todavía le falta el otro hijo que se sienta ahí; sólo cuando todos los hijos están ahí, él está satisfecho, porque su casa es lugar de reposo de él. Entonces vamos allí a Apocalipsis, a los dos capítulos de las iglesias, al 2 y al 3, que es donde aparecen los mensajes a las siete iglesias; y quiero que miremos allí en el capítulo 3, en el verso 1, como el Señor le dice a Sardis, que como ustedes saben, era una iglesia que estaba perdiendo las cosas, y se estaban quedando con vacíos. Podemos leer lo de los vacíos en el verso 2 que dice: “Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir;” o sea, las cosas están muriendo, y sigue diciendo: “porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete”; o sea que el Señor no quiere que se pierda nada; aún cuando sobraron aquellos panes después de que comieron, esos que sobraron de aquellos pocos panes y peces que El multiplicó, hubo un principio de economía que siempre tenemos que recordar, que lo podemos escribir en el corazón y en las paredes: “que no se pierda nada”; es una frase corta, pero es un principio de economía: “que no se pierda nada”.

 

Entonces el Señor, al inicio del verso 1, le dice a la iglesia: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios”; el número siete es el número de plenitud; “y las siete estrellas”. Lo mismo le dice a Efeso; miren en el capítulo 2 al inicio: “Escribe al ángel de la iglesia en Efeso:”, o sea, la iglesia que había comenzado a aflojar, “El que tiene las siete estrellas en su diestra, El que anda en medio de los siete candeleros”. Cuando Juan vio la visión, eran siete candeleros; y ahora Él dice: -Yo soy el que ando entre los siete-; pero ¿por qué le menciona a Efeso los siete candeleros? A ninguna otra de las iglesias le mencionó los siete candeleros; ¿por qué a Efeso? Porque Efeso corría el peligro de perder su candelero, y Él es el que anda en medio de los siete, no seis, ni cinco, ni cuatro; entre los siete candeleros. Entonces dice allí en el versículo 5 del capítulo 2: “Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”; tu candelero de su lugar; o sea que cada candelero tiene un lugar, y el Señor es el que anda en medio de los siete candeleros, o sea, en medio de la plenitud de las iglesias; Él no quiere que haya un lugar vacío; así es el corazón de Él, y así tiene que ser también nuestro corazón. Dios no es indiferente si faltamos, Dios no es indiferente si no estamos presentes; lo mismo a nosotros no nos puede ser indiferente ningún hermano; si no está, si falta algún hermano, y somos indiferentes, es como si no tuviéramos ligazón con los hermanos; pero si somos hermanos, tenemos el mismo Espíritu, y sentimos la carga del hermano. No porqué esté el otro ya no es necesario que esté éste, no; tenemos que estar todos, el otro y éste, todos, que no falte ninguno, ¿verdad? Entonces ese mismo principio aparece en Lucas.

 

     Volvamos a Lucas: “tiene diez dracmas”; antiguamente, especialmente las mujeres casadas en ese tiempo, ellas hacían una especie de balaca con las diez monedas; las mujeres casadas acostumbraban tener esas monedas, y se ponían esas diez monedas porque ¿qué es lo que hay en una moneda? En una moneda está impresa la imagen del dueño de la moneda, allá era el César. Cuando le preguntaron a Jesús por qué no pagaba los impuestos, Él dijo: traedme la moneda. ¿Es lícito dar tributo al César? Traedme la moneda; y le trajeron la moneda; y ¿a qué fue a lo que Él les llamó la atención?: ¿De quién es esta imagen? O sea, ¿a quién le pertenece esta moneda? Pertenece según la imagen que esté grabada; eso es muy importante entenderlo. Nosotros le pertenecemos a aquel que está impreso en nosotros. Si el Señor se imprime en nosotros, quiere decir que somos sellados por Él, quiere decir que le pertenecemos a Él; pero si otra cosa se imprime en nosotros, le pertenecemos a aquello que se imprime en nosotros; por eso es que los que tengan la marca de la bestia en la mano o en la frente, le pertenecen al enemigo; ¿por qué? porque se dejaron marcar, tanto en su frente, y sus pensamientos son dirigidos por el enemigo; su servicio, su mano, es para trabajar para el enemigo; por eso tienen una marca en su frente y en su mano; y se dice que los que tienen esa marca de la bestia no tienen reposo ni de día ni de noche, sino que van a ser atormentados delante del Señor por los siglos de los siglos; lo dice allí en Apocalipsis. O sea que lo que está impreso en uno, indica a quien uno le pertenece. Si nosotros nos dejamos imprimir propaganda, ya sea directa o subliminal, porque ahora también hay subliminal, y no hay que estar exponiéndose, ni a la directa, menos a la subliminal, ¿verdad? Porque uno se va pareciendo a aquello que uno aprecia, a aquello en lo que uno se concentra. Yo les contaba una vez que había un político aquí en Colombia, yo no lo sabía, pero yo le decía a mamá: me parece que ese señor tiene cara como de caballo; y resulta que era amigo de los caballos y le gustaba pintarlos, dibujarlos.

 

     Repito también para los hermanos más nuevos: vamos a 2ª a los Corintios capítulo 3 desde el verso 17 y 18, donde dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo…”, aquí la palabra dice: en, es una parte de la traducción, pero realmente el espejo somos nosotros, nosotros somos el espejo que mira al Señor; cuando el espejo se pone frente al Señor, entonces el rostro del Señor aparece en el espejo; la intención es que nosotros observemos al Señor. Cuando permanecemos delante de Él, vamos siendo transformados a la imagen de Él; pero ¿qué pasa si en vez de estar en la presencia del Señor, estamos en la presencia de una telenovela boba, y a veces no tan boba, sino bien sucia, o estar delante de cualquier cosa indigna? eso es lo que va a aparecer en el espejo, eso es lo que se nos va a grabar en nosotros, aquello que nosotros miramos. Entonces dice acá: “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”, o sea que el ser humano fue diseñado para estar delante del Señor y expresar al Señor; pero ¿qué pasa cuando uno no está delante del Señor, cuando le da la espalda al Señor, y empieza a seguir a los demonios? se va pareciendo a los demonios; o ¿no les parece que así es como lucen muchos artistas de rock ahora? Con lenguas largas, bípedas, con ojos todos pintados; ellos se parecen más a los demonios. El diablo está profanando la imagen del Señor en los seres humanos, porque nos volvemos a las cosas bajas, y en eso nos vamos volviendo. Como dice también un Proverbio: “Según es el pensamiento en el corazón, tal es la persona”; lo que uno contempla en su corazón es lo que determina a lo que uno se va pareciendo. Entonces por eso hay que mirar al Señor, para ser transformados por el Señor.

 

Entonces estas monedas, eran monedas que tenían el sello del rey; las monedas son con lo que se paga, con lo que se compra, con lo que se entra, con lo que se sale; y en las monedas, en las dracmas, estaba la imagen del rey. ¿De quién es esta imagen? Del César; entonces dadle al César lo que es del César; si tiene la imagen del César, es porque es del César; entonces denle a él lo que es de él. Entonces ¿a quién le pertenecemos? A quien está forjando su imagen en nosotros. Amén.

 

     Tomamos estos versos para enriquecer lo que quiere decir un dracma, una moneda; pero ya no es una, sino que son diez; y en esas diez monedas está impresa la imagen del dueño; y eso las mujeres se lo colocaban como una balaca en aquel tiempo; imagínense que se le perdiera, que se le saliera una moneda. Ellos antiguamente lo tomaban como un mal agüero; no estoy diciendo que nosotros hagamos eso; nosotros no tenemos que vivir por agüeros; pero si a alguna de ellas se le caía una moneda, ella pensaba, bueno, que se le iba a dañar el matrimonio, o que le estaba siendo infiel su esposo, o que algo le iba a pasar; ellas se preocupaban si les faltaba una moneda. Nosotros no lo tomamos en ese espíritu, claro que no. Como unos que dicen que se les cayó el anillo, y entonces ahora se les va a romper el matrimonio; nosotros no lo tomamos en ese sentido, pero lo digo para que comprendamos la preocupación de esta mujer, ¿verdad? Porque ellas acostumbraban ponerse esas balacas con las monedas. Si era una persona pobre, y no se ponía las monedas en la balaca, las guardaban como en un pañuelito; y lógico, al manipularlas, quizás en un tropezón se le cayó; y aquellas casas no eran como las de ahora. Recuerden que en ese tiempo no había luz eléctrica, y Jesús hablaba para el pueblo, ¿verdad? Las casas eran pequeñas, y el piso era de tierra, no había ventanas; algunas casas tenían una ventanita pequeña, pero lo normal era que no había ventanas; de manera que si se caían esas monedas, había que encender la lámpara, había que prender la luz, no como ahora, que hay luz eléctrica; allá era un problema si se le caía una moneda; si se caía, quedaba en la oscuridad; eso es lo que quiere decir una moneda perdida, es una moneda en la oscuridad.

 

     Entonces dice aquí: “si pierde una dracma”; puede ser que tenga las nueve, pero si pierde una de las diez, no va a quedar contenta con las nueve que tiene, porque le falta la décima, porque la décima significa algo. No piense que porque tú eres apenas una persona, y a lo mejor quizá no seas un gran apóstol, un gran escritor, puedes pensar que tú no eres nadie; no es así. Para el Señor cada persona es importante, cada persona es de valor; para el Señor no hay montón; hay seres humanos a quienes el Señor los conoce íntima y profundamente y que los ama, que los creó para que lo reciban, lo conozcan, y participen de Su gloria; para eso creó los seres humanos. Él no quiere la muerte de ninguno, Él quiere que todos se arrepientan, y Él quiere que todos sean salvos y que todos vengan al pleno conocimiento, a la epignosis, al pleno conocimiento de la verdad; ese es el deseo de Dios para todos; no hay ninguno que pueda decir: -seguramente yo no estoy en el interés de Dios-, no; por eso nos está hablando esta parábola, para decirnos que cada uno está en el interés de Dios; Dios está interesado en ti, no pienses en otro; tú puedes ser esa moneda, allá escondida en la oscuridad, en el polvo; en ti está interesado el Señor, ¿amén?

 

     Ahora vemos que aquí empieza a decir tres cosas claves para encontrar esa moneda: la primera, enciende la lámpara. Entonces vamos a ver cuales son los medios de gracia para encontrar la moneda perdida. Primero enciende la lámpara; la lámpara en la Biblia representa dos cosas, y esas dos cosas se relacionan; por una parte, representa la palabra del Señor. Dice en el Salmo 119: Lámpara es a mis pies tu palabra, o sea que la palabra del Señor es la lámpara; pero no es la palabra muerta, la palabra sin entender, no, sino la palabra vivificada por el Espíritu; por eso también nuestro espíritu humano representa la lámpara. Dice la Biblia que el espíritu del hombre es la lámpara del Señor; o sea que lo primero para encontrar lo que está perdido, es encender la lámpara, usar Su palabra viva, revelar Su palabra en el espíritu; eso es lo primero para que alguien sea encontrado; si no, vamos a seguir en la oscuridad, no va a haber luz; para ser encontrados tiene que encenderse la luz de la Palabra y del Espíritu, eso es lo primero. Entonces dice: “¿no enciende la lámpara?”, porque esa interrogación cobija a todas estas frases.

 

Segunda: “barre la casa”; la casa puede tener un significado colegiado, como estaba orando nuestra hermana Lisbeth al principio, pero también individual. Nosotros somos cada uno, la casa del Señor; y todos juntos somos la casa del Señor, porque cada uno lo es y todos juntos lo somos con mucha más razón. Entonces primero tiene que haber un trabajo de encender la lámpara, que tiene que ver con un trabajo en el espíritu, en el interior, es decir de regeneración; y es un trabajo del Espíritu usando la iglesia, llevando la Palabra del Evangelio para que haya primero luz. ¿Qué fue lo primero que dijo el Señor cuando tuvo que componer el caos, porque había un caos? ¿Qué fue lo primero? Sea la luz; y luego: sepárese lo de arriba de lo de abajo, porque estaba todo mezclado; y entonces Él empieza a separar lo que es de arriba de lo que es de abajo, lo que es del Espíritu de lo que es de la carne, lo que es del ego, lo que es de la naturalidad, lo que es del mundo, de lo que es de Dios; lo que es santo de lo que es profano, lo que es vil de lo que es precioso. Dios tiene que hacer primero un trabajo de regenerar, y luego de santificar, de renovar. Entonces aquí estamos viendo ese trabajo del Espíritu a través del testimonio de la iglesia, buscando la persona que está perdida pero que para el Señor es valiosa. Regenerando primero, es decir, trayendo luz al espíritu, trayendo vida; si no hay luz en nuestro espíritu, seguimos perdidos; pero esa vida en el espíritu tiene que pasar al alma; entonces tiene que haber una barrida de la casa, una limpiada, una renovación; o sea, se tienen que sacar todas las cosas sucias; porque a veces recibimos al Señor, y somos regenerados, pero todavía no renovados, porque son dos cosas diferentes.

 

     Vamos a la epístola de Pablo a Tito, que nos habla de esas dos cosas. Vamos a Tito, capítulo 3. Miremos en el versículo 3, la moneda perdida, el dracma perdido. “Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros”. Esa es la moneda perdida, esa es la moneda en oscuridad, debajo del polvo, en la carne, en el mundo, en la perdición, éramos. “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Señor, y su amor para con los hombres”, allí es cuando Él estaba buscando con diligencia esa moneda perdida, trayéndonos la palabra de Dios, que es el evangelio, y que nos anuncia ese amor, esa obra a favor de nosotros. Entonces dice: “nos salvo, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”; ¿qué era lo que nosotros hacíamos? Pecar, nosotros estábamos perdidos; el que buscó la moneda fue la mujer, no fue la moneda la que buscó a la mujer, fue la mujer la que buscó la moneda, es Dios el que nos buscó a nosotros a través de sus medios de gracia: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”; eso es algo jurídico, nos salvó por su misericordia; y ahora empieza lo orgánico, la operación en nuestro interior: “por el lavamiento de la regeneración”; no dice “la regeneración de lavamiento”, como si el lavamiento regenerara, sino que la regeneración lava. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que Yo os he hablado. Entonces primero viene el lavamiento de la regeneración, la palabra que limpia y que regenera, es decir, que comunica la vida divina a nuestro ser; entonces menciona primero la regeneración; la regeneración es la vida divina del Espíritu de Dios en nuestras vidas; por eso es la lámpara encendida; y dice aquí: “y”, no sólo la regeneración; “y por la renovación”; del lugar santísimo pasa al lugar santo; “y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Entonces aquí nos damos cuenta de que en un sentido inicial renovación es algo más que regeneración.

 

     Vamos a ver esa misma renovación en Romanos capítulo 12; vamos a ver esa expresión allí en Romanos capítulo 12. Dice desde el verso 2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”; o sea, la renovación es la obra del Señor en nuestra alma; quiere decir también: en nuestros pensamientos; allí es donde hay que barrer; hay que barrer en nuestros pensamientos, en nuestras emociones; allí también hay que barrer; hay que barrer en nuestras emociones y en nuestra voluntad; ahí también hay que barrer, porque primero recibimos el Espíritu en nuestro espíritu por la fe, pero esa vida viene para comenzar un proceso de renovación; porque la regeneración es en un instante; la regeneración es cuando crees en el Señor y el Espíritu del Señor vino a tu espíritu; el Espíritu de Dios entró en el tuyo, y ahí tienes un nuevo Espíritu, eres una nueva creatura, eres un hijo de Dios en el espíritu; eso es instantáneo, la regeneración sólo requiere del instante primero de la fe verdadera. Cuando de verdad crees en el Señor, ya naces de nuevo. Pero ahora la renovación es una barrida que dura todo el tiempo; es decir, ahora necesitamos ser renovados, que es distinto de regenerar; la regeneración es la vida divina en nuestro espíritu, pero que ahora es necesario que pase a nuestra alma, o sea, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a nuestra voluntad, o sea, a la casa; ahora viene la barrida de la casa; ¿para recuperar qué? aquello que Él aprecia, en lo cual está la imagen del dueño, ¿ven?, está la imagen del dueño. Lo que el Señor quiere recuperar es la imagen de Cristo en nosotros, porque nosotros la hemos manchado por causa del pecado; entonces tiene que haber una barrida; es decir, primero hay la encendida de la lámpara y entonces la barrida de la casa, barrer la casa; ¿para qué se barre la casa? Para que toda la mugre que está encima posiblemente de la moneda, salga, y pueda aparecer la moneda con la imagen; pero si está debajo del polvo, en la oscuridad, no se va a encontrar; entonces se tiene que encender la lámpara y se tiene que barrer; eso es lo que el Señor está haciendo.

 

Y dice más: “y busca con diligencia hasta encontrarla”. El Señor es diligente en la búsqueda; nosotros pensábamos que nosotros éramos los que buscábamos, pensábamos que nosotros éramos los buscadores, ¿verdad? A veces nos jactamos de ser creyentes. Nosotros leíamos filosofía, psicología y esoterismo, buscando la verdad, pero realmente esa hambre interna era el Señor buscándonos a nosotros; y luego tiene que barrer ese montón de porquerías con que nos atosigamos, porque el que en verdad nos busca es el Señor; Él es el que nos busca. Entonces dice:”y busca con diligencia”; ¡qué precioso es esto! dos palabras claves: buscar; o sea el Señor en verdad nos busca, en realidad le importamos a Él, de tal manera que si no nos encuentra en el lugar en que tenemos que estar, que es ahí en la mesa con los demás hijos, Él nos busca. ¿Cuándo te parece que Él ejercita la intercesión? No solamente cuando estoy bien, sino precisamente cuando estoy peor. ¿No le dijo eso el Señor a Simón?: Simón, Satanás te ha pedido, porque Satanás, para poder tocarnos, tiene que pedirle permiso al Señor; y el Señor le da permiso sólo un poquito, solamente para que nosotros reaccionemos y veamos en qué peligro estamos. Entonces le dijo: Satanás te ha pedido para zarandearte como a trigo, pero yo he rogado por ti; es decir, cuando tú estás en plena zaranda, mejor dicho, con esos nervios que suben y que bajan, porque ¿saben que es zarandear? Zarandear es sacudirlo; o sea, cuando estamos en esa sacudida, que estamos para arriba y para abajo, ahí es cuando Él está intercediendo; no es cuando estás bien, cuando todo está bien contigo, tú estás orando, ayunando, estar reuniéndote, estás amando, estás sirviendo; claro que también ahí, pero cuando tú necesitas, cuando estás en el peligro, cuando estás en la prueba, cuando estás en el conflicto, ahí es que Él está cuidando de ti, ahí es que Él está intercediendo por ti, ahí es cuando Él dice: yo rogué por ti para que tu fe no falte; es decir, fíjense que a Judas Iscariote le faltó la fe y se ahorcó, se reventó, se explotó. Pedro también negó al Señor, pero el Señor intercedió para que no le falte la fe, y él venció. Entonces por eso dice la palabra del Señor: cuando vuelvas, confirma tus hermanos; o sea, Él intercedió por Pedro cuando Pedro estaba en la zaranda; dice: yo he rogado por ti que tu fe no falte; es decir, no te puede faltar la fe cuando estás en la zaranda, porque la zaranda viene para hacerte sentir tus sentimientos, como si Dios te hubiera olvidado, como si ya no hay caso contigo, esas emociones negativas, pensamientos y sentimientos negativos que el enemigo trae, es como para hacerte sentir que estás en el aire, porque como a veces te quieres guiar por los sentimientos, y los sentimientos son como el ascensor que sube y baja, que no son seguros, cuando viene el día de la prueba, la hora difícil, cuando viene la andanada de dardos de fuego del maligno y tú empiezas a desconfiar porque no puedes sentir, ahí tu fe empieza a tambalear; esa es la zaranda. Pero dice: que tu fe no falte; la fe es en la Palabra, nunca busques la fe en los sentimientos, nunca te bases en lo que sientes, sino en lo que Dios dice. Si Dios dice algo, es así, tienes que creer, resistir otro pensamiento, resistir todo sentimiento; lo que Tú dices, Dios,  es esto; y esto es lo que yo creo; porque los enemigos vienen a la mente, vienen a las emociones, vienen al sistema nervioso, viene a la piel; ahí es donde el enemigo viene; a veces viene deleitoso, y a veces viene terrible, de las dos maneras; él es terrible, él viene a matar, a robar y a destruir, él nos tiene un odio terrible. Gracias a Dios que el amor del Señor es mayor, y el poder del Señor es mayor. Pero ¿qué es lo que Él pide para mantenernos firmes y resistir? La fe, que tu fe no falte. Entonces allí es cuando el Señor intercede. Dice que El intercede por nosotros siempre; no que Él es sólo sacerdote cuando estamos bien, y luego deja de serlo cuando cometimos la falta; al contrario, es porque Él conoce que somos terriblemente falibles, más de lo que nos imaginamos, y eso es lo que vamos descubriendo a medida que caminamos con el Señor, cuán débiles somos; y entonces ahí es que Él intercede, intercede para que no nos falte la fe; la fe no en nosotros, porque nunca estaremos delante de El por la justicia propia; sino  la fe en Su amor; nunca debemos dudar de que Él nos ama, no importa lo que pensemos, no importa lo que sintamos; Él nos ama, y ahí tenemos que estar seguros, y ahí nos afirmamos, y ahí resistimos, y ahí pasa la tormenta y nos levantamos de nuevo, ¿amén hermanos? Esa es la búsqueda diligente, es el Señor buscándote a ti, donde estás, en una cueva, porque si no estuvieras en una cueva no habría que buscarte; pero a veces estamos en pozos, y Él nos busca diligentemente en el pozo, porque ¿hasta dónde Él bajó? ¿saben hasta dónde? Hasta el Seol, a llevar a los que estaban cautivos en el Seol; y predicó el evangelio a los muertos, que Él era el Mesías que todos esperaban, para sacarnos del hueco; para eso vino el Señor, amén. La búsqueda diligente del Señor nos alcanza en el hueco. ¡Dónde estaba Elías? En un hueco, huyendo, temeroso; ¿qué haces ahí Elías? Sal, sal del hueco. Lázaro ¿qué haces en la tumba? Sal fuera; y salió; eso es lo que hace el Señor, ¿qué haces tú ahí? Sal fuera del hueco, sal a la luz , levántate y ven, ¿amén? “busca con diligencia hasta…”, ¡aleluya! La búsqueda del Señor, “…hasta encontrarla”. No es como nosotros, no, no; tiro la toalla; el Señor no tira la toalla, Él busca hasta encontrar; ¿a quién? a quien ama; Él nos ama, y entonces busca hasta encontrarnos.

 

     Verso 9: “Y cuando la encuentra”, ¡aleluya! ¡Gracias a Dios! “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas”; si esta es la iglesia local, serán las otras iglesias; “y vecinas”, que podrán ser los ángeles, porque después habla de los ángeles también; “diciendo: gozaos conmigo”, ¡aleluya! Ese es el amor del Señor; todavía no estaba gozando mientras está buscando, pero Él busca hasta encontrar para poder gozarse, porque dice que El menospreció el oprobio por el gozo puesto delante de Él; Él sabía el mal que existiría si dejaba a las personas libres, pero si hacía solo títeres, ¿qué gloria habría? Entonces son libres, tanto los ángeles, como los querubines, y los hombres; y se rebeló el maligno. Él sabía el daño que habría, pero Él sabía también el gozo mayor que habría; Él sabía la terrible cantidad de aflicción, pero conoce una cantidad mayor de consuelo; si Él no permite la aflicción, no vas a conocer el consuelo; sólo porque has probado la aflicción vas a conocer el consuelo. Una persona que nunca conoce la aflicción, no conoce el consuelo, no sabe lo que es salir del fango a la Roca firme. Entonces el Señor es sabio, y a veces nos tiene que dejar un poquito conociendo lo que es el fango, para que apreciemos lo que es la Roca firme, ¿amén?

 

Gozaos conmigo”, es decir, hay que alegrarse con el Señor, con la Iglesia, que es el instrumento del Señor; gócense conmigo; es un gozo conjunto del Espíritu del Creador y de sus instrumentos, de la Iglesia, de las iglesias, de sus ángeles; gócense conmigo; qué lindo que en el reino hay gozo. Hay otro reino también, pero no hay gozo, sólo temor; aquí en este reino del Señor hay gozo; en el del Señor. “Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Precioso ¿no hermanos? Gozo en los ángeles, porque la película favorita que se ve en el cielo es lo que pasa en la tierra; no sólo la de los ángeles electos; incluso los ángeles caídos se la pasan mirando este planeta; ¿de dónde vienes Satanás? De recorrer la tierra y andar por ella. Dios también tiene siete ojos para recorrer la tierra, Dios está constantemente mirando sobre la tierra; sobre todo ¿saben qué es lo que Él mira? Nuestro corazón, eso es lo que Él mira, Él mira nuestros corazones, Él mira lo que está pasando en nuestros corazones, eso es lo que Él está mirando, lo que pasa en nuestros corazones. Lastimosamente no solamente Él ve eso; los ángeles también ven, y los demonios ven, y cuando nos “meten un gol”, ellos hacen fiesta, y los nuestros lloran; pero cuando nosotros “metemos el gol”, los nuestros hacen fiesta, y los otros se enfurecen, tiran la puerta, y hacen lo que puedan; si no te pudo matar a ti, mata al de al lado, pero te quería matar a ti, como no pudo, mató al de al lado. Yo he visto eso, accidentes aquí al frente y aquí detrás; yo sabía que era para nosotros, pero no pudo, porque el Señor nos guardó; entonces se lo hizo al otro; ese es el enemigo; el Señor nos guarde. Es como si fuésemos pescaditos en un acuario; nosotros estamos aquí en el acuario, y los otros están en la otra dimensión; el Señor que lo llena todo; Él está en todas las dimensiones, Él es omnisciente y omnipresente en todo, pero también los ángeles, que a veces vienen a ésta, lo normal es que están en la suya, y también los otros espíritus; nosotros no los podemos ver a ellos, pero ellos si nos pueden ver a nosotros, a veces hasta adivinan algo, ellos no conocen todo, por eso es que no hay que hablar de una manera errada cosas que vamos a hacer, porque vas a hacer algo para el Señor, y lo dices sin cuidado, sin la protección del Espíritu, y lo oyen los demonios, y ellos van a estorbar; entonces hay que ser muy prudentes no solamente con el mundo natural, sino con el espiritual, porque nosotros somos espectáculo. Vamos a leer esa frase allí en 1ª a los Corintios para ver ese aspecto.

 

     1ª a los Corintios capítulo 4; vamos a ver esa noción de espectáculo, vamos a leer desde el versículo 9: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido”, noten esa palabra “exhibición”, “exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte, pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo”, pero no sólo al mundo, “a los ángeles”, y entre esos hay unos que no cayeron, dos tercios, y un tercio que cayó, que también son ángeles. Por eso nuestras hermanas tienen el velo puesto por causa de los ángeles, ¿por qué? porque ellos están viendo lo que significa este mundo, ellos saben lo que significa el velo, cuando se hace con revelación; significa: yo proclamo que el reino es del Señor y me someto al Señor, y estoy bajo la cobertura del Señor. Entonces Dios te ve bajo esa cobertura y se sabe a quién tienes por rey, se sabe a quién le perteneces, y bajo quién estás cubierta, y no pueden llegar, porque tienes señal de autoridad sobre tu cabeza. Esa señal de autoridad quiere decir que reconoces la autoridad del Señor. A diferencia de los demonios que se rebelaron, la Iglesia sí lo reconoce, y las mujeres representan a la Iglesia; cuando se cubren la cabeza, están dando testimonio, están dando señal de autoridad, están mostrando que ellas reconocen un gobierno que es el Dios, y que ese gobierno es su protección, su cobertura. Pero si se actúa de una manera rebelde, descuidada, es como decir: yo no necesito cobertura: entonces le llegan directo los demonios; ese es el problema; quien no está cubierto es pasto de los demonios.

 

     Les cuento una anécdota: una vez un hermano le dijo al presbiterio, y no voy a decir el lugar, ni el nombre, sólo voy a contar el acontecimiento; dijo: ah! ya estoy cansado de que los hermanos me estén cuidando, déjenme vivir mi vida, no estén pendientes de lo que yo hago, déjenme vivir mi vida; y salió; los hermanos lo respetaron, y él salió. Tan pronto salió a la calle, vio a lo lejos una nube de demonios felices que llegaban en dirección a él, porque él dijo: déjenme vivir mi vida; entonces los demonios encontraron lugar para venir a atacarlo. Cuando él vio eso, el Señor fue misericordioso, le dejó ver lo que pasaba, salió corriendo y les dijo: hermanos, perdónenme, oren por mi y cúbranme; y fue cubierto. No piensen que el mundo maligno es inocente, es asesino, hace las peores cosas. Si tú no estás bajo la cobertura del Señor, si tú no tienes en cuenta el cuidado del Señor, la sujeción al Señor, tú sales a tu propia manera, tú te burlas de las prescripciones del Señor, tú estás saliéndote de la cobertura, estás inmediatamente expuesto o expuesta a los ataques del maligno. Cuando tú estás en sujeción al Señor, y cuando tú pronuncias la sujeción, las hermanas cuando se colocan el velo para orar están diciendo: yo le pertenezco al Señor, reconozco que Él es el Señor, es una señal de autoridad, yo estoy bajo autoridad y bajo cobertura; entonces la persona está protegida.¿ Qué pasa si un equipo de fútbol pierde cinco partidos?, ¿a quién echan? Al técnico, porque el técnico es el que dirige, el técnico es el que dice: vayan por allá, hagan ese juego así; y nunca le sale bien; entonces el general es el que lleva la cuenta, porque él es el responsable. Eso es lo que quiere decir estar bajo sujeción. Si los jugadores hicieran lo que dijo el técnico, si los soldados hicieren lo que dijo el general, entonces la responsabilidad no está en los jugadores, no está en los soldados, está en el técnico, está en el general; eso es lo que quiere decir estar bajo cobertura. Cuando tú no aceptas la cobertura del Señor, tú estás expuesto a los ataques de los espíritus; cuando tú te sometes al Señor, estás protegido por el Señor, protegida por tu marido si eres mujer, protegido por los ancianos de la iglesia si obedeces lo que ellos dicen; pero si te sales y haces lo que tú quieres en tu casa, si tú no cuentas con el cuidado de tu marido, sales y no saben para dónde, tu marido no sabe para dónde saliste, ni que hiciste, así como cuando los hijos no obedecen una prohibición del padre, quedan desprotegidos, porque existe un mundo espiritual. El Señor estableció la cobertura para la protección, ¿por qué? porque somos espectáculo y esos espectadores intervienen; los ángeles fieles intervienen a nuestro favor; se dice que son espíritus ministradores a favor de los herederos de salud, pero los que se rebelaron no están a favor, están en contra, y también intervienen, provocan accidentes, provocan cosas, y a veces Dios tiene que permitir que algo le pase a alguno de los suyos, porque no se mantuvo debajo de la cobertura, no se mantuvo debajo de la protección, salió por sí solo haciendo las cosas, como decía el verso anterior. Miremos el verso anterior aquí en 1ª a los Corintios capítulo 4, verso 8: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” Ya estamos saciados, no necesitamos a los apóstoles, no necesitamos que nos digan nada, ya estamos saciados, ya reinamos, no queremos oír opiniones, no queremos ser guardados, queremos hacer las cosas, reinar solitos, ahí es donde se abre la puerta y la brecha a los demonios. Del Libro de Crónicas, ¿qué se escribió en él? No hay el tiempo ahora por causa de la hora; pero allí se trata de cuando los demonios tienen acceso, por cuanto no hay cobertura. Cuando lean los últimos capítulos de mi libro “Aproximación a Crónicas”, los que pueden sacar fotocopia de las lecciones del libro y de los conceptos claves del libro de Crónicas, ahí van a detenerse en más detalles sobre esto que para ahora ya no tenemos tiempo, pero esto lo quise decir por causa de lo que decía esa última frase: Gozo delante de los ángeles; o sea que los ángeles son espectadores porque nosotros somos espectáculo; nosotros estamos siendo vistos por un mundo invisible, y en ese mundo invisible existe una guerra, y existe un campamento que nos cubre, y un cerco que nos cerca, como Satanás se quejaba delante de Dios porque había cercado a Job y que por eso Job lo adoraba, pero que lo dejara probar y vería como Job iba a maldecir. Hermanos, si Dios no nos tuviera cercados, ya estaríamos muertos; somos cercados, pero a veces nosotros mismos nos salimos del cerco, y Dios respeta nuestra decisión, ¿por qué? ¿saben qué, hermanos?  Con esta frase termino: El temor de Dios es la sabiduría y el principio de la sabiduría. Cuando tú respetas a Dios, y te guardas, esa es la sabiduría; y esa es la inteligencia: el apartarse del mal; el avisado ve el mal y se aparta; pero los insensatos pasan, y llevan el daño; ¿no es así? Entonces, hermanos, mejor es temer a Dios, vivir en la comunión, vivir en la sujeción mutua unos a otros, respetándonos, y así estamos protegidos, y así los “hinchas” del otro equipo no nos van a molestar; nosotros tenemos que ganar este “partido”, ya el Señor lo ganó y nos dio la victoria, y ahora nos toca a nosotros demostrar Su victoria; y esa es nuestra misión, viviendo en unión con Él. Vamos a orar al Señor.

 

Padre amado, en el nombre del Señor Jesús, te agradecemos que eres bondadoso, te agradecemos que Tú eres una cobertura verdadera, te agradecemos que nuestras hermanas no tienen sólo un trapo en la cabeza sino la cobertura del Dios Altísimo, el cerco de Dios, porque se han sometido a Ti y a tu protección. Padre, en el nombre del Señor Jesús, gracias porque nuestras hermanas representan a la Iglesia; lo que la Iglesia es, se ve en ellas; ayúdanos a ser personas que te amamos, personas que quieren vivir en el Espíritu, personas que quieren vivir en unión contigo; Tú eres el marido que te haces cargo de las cosas, déjanos vivir bajo tu regazo, bajo tu cobertura, en el nombre del Señor Jesús, amén.

 

     Puede ser que una hermana piense que su esposo no es lo suficientemente bueno, maduro, para cuidarla; pero acuérdese de que es Dios quien la está cuidando a través de su marido, no es sólo él. La Biblia dice que usted esté allí en ese lugar y que ahí Dios la protege, si usted respeta a los que Dios puso para protegerla, ¿amén? La paz del Señor sea con los hermanos.

 

Gino Iafrancesco V., 13 de mayo de 2005, localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

LAS CIEN OVEJAS

Por gINO iAFRANCESCO v. - 23 de Junio, 2011, 21:29, Categoría: General

(27) LAS CIEN OVEJAS Vamos a continuar con la serie de los misterios del reino de los cielos como son vistos en las parábolas del Señor Jesús. Vamos a abrir en dos lugares, hermanos, en Mateo 18 y en Lucas capítulo 15. Vamos a considerar hoy la parábola tan cercana, creo yo, a nuestros corazones, de las cien ovejas; es una parábola que aparece en Mateo 18 desde el versículo 10 hasta el versículo 14; sin embargo, aparece incrustada en un contexto especial. Ustedes se dan cuenta de que desde el versículo 1 aquí empiezan los apóstoles a pensar antes de ser, digamos, ungidos por el Espíritu Santo, cuando apenas estaban empezando a caminar con el Señor; empiezan a decir que ¿quién de ellos sería el mayor? Ellos estaban pensando en su propia grandeza, pensaban en función de su propia grandeza mundana en el reino; porque los reinos mundanos son para la grandeza de los hombres. Como dice el Señor Jesús, los que en ellos gobiernan se enseñorean sobre los demás; y los mismos apóstoles, cuando todavía no tenían el Espíritu Santo, tenían esas preocupaciones de querer mirar a los demás desde arriba, y querer ser superiores unos a los otros; y entonces, en ese contexto, el Señor les habla de ese niño pequeño, que en la tradición se dice que era Ignacio de Antioquía ese niñito; Jesús dice que si no os hacéis como uno de esos pequeñitos, no entraréis en el reino; y habla de no causar tropiezo a ninguno de esos pequeñitos; y entonces, en ese contexto del Señor presentando el contraste de ser como niños y de no causar tropiezo a los pequeños, es que el presenta, en ese contexto, según Mateo, la parábola de las cien ovejas. Y luego, si ustedes se fijan, después del verso 14, en el verso 15, dice: “Por tanto”; quiere decir que el Señor viene respondiendo a ese interés de nuestra propia grandeza, respondiendo con una invitación a ser como niños, y no causar tropiezo ni siquiera a los más pequeños; y habla de lo seriamente grave que es causar tropiezo a los pequeños. Entonces Él habla de cómo el pastor fue en busca de su oveja perdida, y como consecuencia Él habla de cómo perdonar a los hermanos, y buscar a los hermanos que han pecado, especialmente contra nosotros, aunque esa frase “contra nosotros” no figura en todos los manuscritos. De todas maneras, si pecan contra nosotros, debemos buscar al hermano, pero no para saciar nuestra venganza, ni para desahogarnos nosotros, sino para ganar al hermano; porque un pequeñito que peca, nuestro hermano que peca contra nosotros, es importante; y hay que ganar al hermano, al hermano importante que peca, y no yo, que soy el ofendido. Y luego, Lucas capítulo 15 presenta esa parábola también en un contexto interesante. En el capítulo 15 aparecen tres parábolas que tratan también con el mismo principio de la oveja perdida de entre las cien, o del dracma perdido entre diez, o del hijo prodigo perdido entre dos; de cien, de diez y dos. Eran cien ovejas perdidas, eran diez dracmas perdidos, eran de dos hermanos, uno, el pródigo, que se fue a malgastar los bienes; y en ese contexto, esas tres parábolas tienen una lección semejante; pero, como es una parábola que aparece en Mateo y también en Lucas, ellas tienen unas pequeñas variantes, cositas que se acordó Mateo que no se acordó Lucas, cositas que se acordó Lucas y que no se acordó Mateo; entonces hay que unificar esas dos parábolas para tenerlas de una manera más rica. Quise antes de leerla, que pudiéramos ver el contexto en que aparece, dónde es colocada esa parábola en el contexto en que la pone Mateo, en el contexto circunstancial, y también las otras parábolas que dijo Jesús en aquella ocasión, que no mencionó Mateo, pero que registró Lucas; porque Lucas es el único que registra la parábola de los diez dracmas, y es el único que registra la famosa parábola del hijo pródigo; sólo Lucas; Mateo sólo recordó esta parábola de las cien ovejas, y no recordó el contexto en que fue dicha; pero Lucas nos recordó las otras. Hoy no vamos a detenernos en las otras, ni vamos a detenernos demasiado en el contexto, aunque lo vamos a tener en cuenta, pero principalmente vamos a detenernos en la parábola de las cien ovejas. Entonces vamos a leer integrando Mateo 18:10-14 con Lucas 15:1-7, integrando los dos testimonios, el de Mateo y el de Lucas, acerca de esta parábola de las cien ovejas: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si un hombre tiene cien ovejas, si pierde y se descarría una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla? Y si acontece que la encuentra, cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Os digo que habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Así, no es la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Tremenda parábola; y ¡cómo se enriquece juntando los dos testimonio! En el llamado Evangelio de Tomás, que se encontró en 1945 en Nag-Hamadí, en Egipto, que contiene 114 dichos del Señor Jesús coleccionados, en el dicho o logión 107 está resumida esta parábola con las siguientes palabras: “Jesús dijo: El reino se parece a un pastor que tenía cien ovejas; una de ellas se extravió, la más gruesa (otros traducen la más grande), El dejó a las noventa y nueve y buscó aquella sola hasta que la encontró. Después de haberse fatigado dijo a la oveja: te quiero más que a las noventa y nueve”. Así es como lo cuenta el llamado evangelio de Tomás; es un recuerdo de Tomás que fue un poquito retocado por los gnósticos. Pero en Oxirrinco, que es otra ciudad más al norte, se descubrieron unos fragmentos también de estos dichos, no completos, en griego; y lo que se encontró en Nag-Hamadí es en copto, que fueron completos; los que están en copto tienen un sabor medio gnóstico, pero de todas maneras nos recuerdan estas palabras del Señor. No vamos a detenernos en la exégesis de este pasaje de Tomás; apenas lo cito como ilustración para que los hermanos lo sepan, pero vamos a detenernos en la exégesis de los pasajes que la providencia de Dios hizo canónicos en la historia de la Iglesia. Vamos a ir leyendo de nuevo, abiertos a que el Espíritu Santo nos detenga en estas frases; porque a veces, cuando vamos muy rápido, no le permitimos al Espíritu Santo tocarnos. Nunca debemos leer la palabra del Señor solamente para saber, porque así no le permitimos al Señor tocarnos. Debemos leer la palabra del Señor en oración, en su presencia, con el deseo de que su Espíritu a través de su palabra, que también es Espíritu, nos toque. La intención no es leer rápido para saber algo; ¿de qué sirve saber si no somos tocados? Lo importante es que podamos ser tocados, para que nuestro hombre interior pueda ser nutrido en el propio ser, naturaleza y Espíritu del Señor, que se ministra a nosotros a través de su palabra; entonces por eso estamos en su presencia. “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; ese es un buen marco para esta parábola; si esto no fuera así, esta parábola hubiera sido solamente palabras; pero antes de que estas palabras de esta parábola fueran pronunciadas, la vida que reflejaba esta parábola se manifestaba en el Señor; por eso las personas se sentían agradadas de venir al Señor, no se sentían acusadas, ni molestadas, no se sentían rechazadas, sino que tal como eran se sentían cómodas en la presencia del Señor; y acostumbraba a venir. Hendriksen, el llamado príncipe de los comentaristas de la reforma, o de los reformados, él traduce de esa manera: acostumbraban reunirse con Jesús; así traduce él: “Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle”; o sea, Él les hacía fácil el acercarse; no era una persona complicada como nosotros, como yo; Él hacía que las personas pudieran venir a oírle con gusto; no se sentían acusadas; se sentían más bien atraídas, porque Él estaba lleno de gracia y de verdad. La ley vino por mano de Moisés, pero la gracia, que es de lo que nos habla esta parábola, la gracia y la verdad, vinieron por medio de Cristo. No eran sólo palabras, porque Él todavía no había dicho esta parábola, y ya, como moscas estaban los publicanos y los pecadores alrededor de Él. “Y los fariseos y los escribas”, o sea, las personas que se sentían mejores, confiando en su propia justicia, como los escribas en su propio conocimiento, “y los fariseos y los escribas murmuraban”; el Señor transmitía gracia, pero ellos murmuraban; como en el caso del pródigo, también su hermano se enojó y no quería entrar a la fiesta. “Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe”; ellos esperaban que no los recibiera; pero Él los recibía, porque no hay otra manera de ayudarlos. “Y con ellos come. Entonces…”, o sea, en ese contexto, “Él les refirió esta parábola diciendo: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños”. Uno podía preguntar: ¿quiénes son estos pequeños? Pero más adelante está diciendo que estos pequeños son los pecadores que se arrepienten; no necesariamente, en este contexto, la palabra “pequeños” se refiere a los cristianos, no; Él está defendiendo a aquellos contra los cuales ellos murmuraban: esos pecadores; y son publicanos que se dedican a extorsionar al pueblo, etc. Ustedes saben bien la historia de los publicanos; y Jesús los recibe y come con ellos; y los fariseos y escribas los menospreciaban. Como dice en uno de los profetas, que algunas personas dicen: -apártate de mí porque yo soy más santo que tú- Quizá no son las palabras, pero a veces son las actitudes. Entonces dice allí en el profeta que el Señor los avergonzará a ellos, los confundirá a ellos, y se mostrará para con aquellos que son menospreciados. Jesús está en el mismo espíritu que está en los profetas. “Mirad”, o sea que hay que poner atención, “que no menospreciéis”, no tener en poco, “a uno de éstos”, o sea, a ninguno, “a ninguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Este es uno de los versos de la colección de otros con este versículo que han dado pie para el entendimiento acerca del ángel de la guarda; porque aquí habla de sus ángeles. Ellos son pecadores, y son menospreciados, sin embargo para Dios son importantes, porque Dios los hizo a su imagen y semejanza, y pueden llegar a ser sus hijos, y algunos son sus hijos que están caídos; de manera que para Dios son de tal valor que El envía ángeles para protegerlos, para guardarlos, para guiarlos; es decir, el cielo interviene, y esos ángeles tienen un privilegio: ellos pueden ver el rostro del Señor constantemente, ellos tienen acceso a la presencia del Señor; entonces, imagínense lo importante que es este pequeño, a quien nosotros menospreciamos, cuando Dios mismo pone a su servicio ángeles; porque dice en Hebreos que los ángeles están al servicio de los que han de heredar salvación. Para los hermanos más nuevos quiero leerles ese verso para que se lo graben; está en la epístola a los Hebreos, capítulo 1 versículo 14, donde viene hablando de los ángeles y dice: “¿No son todos”, hablando de los ángeles, “espíritus ministradores”, es decir, servidores, “enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” No dice solamente que ya lo son, sino que lo serán. Claro que Dios, desde antes de la fundación del mundo, sabe quien va ser salvo en el futuro; y Él empieza a cuidarlo no solamente desde que se salva, no; Él lo cuida desde que es concebido y nace, y aún lo cuida mientras está pecando, para que el diablo no se lo mate. Hermanos, yo me acuerdo de cuando todavía no era cristiano; venía de un concierto de Rock con artistas nudistas y todo, medio locos, allá en la calle 60, en el teatro La Comedia; terminó el concierto, y venía yo bajando, y como la acera estaba ocupada, yo venía bajando por el borde de la calle; y el diablo me quiso matar; un carro se me vino por detrás a atropellarme, y yo no escuché el carro, pero en el momento en que menos me imaginé fui cambiado por la persona que iba a mi lado en la acera; yo iba por la calle; él bajó y yo subí; pero eso fue en cuestión de segundos; yo me demoro mucho en contarlo; y el carro vino y atropelló al hombre donde yo estaba, de donde yo fui sacado y él fue puesto; y él murió delante de mí; yo vi que era yo quien tenía que estar muerto; el diablo a quien quería matar a mí; y el Señor me cambió en el momento; el hombre murió, y yo me quede como grogui allí asustado, y me puse a pensar que estábamos siendo espiados, que alguien nos miraba desde otro mundo invisible; yo todavía era incrédulo, pero me di cuenta desde ese momento que éramos guardados. Entonces el Señor tiene ángeles para guardar a los pequeños; ¿eso no es muy grande? ¿Cómo vamos a menospreciar a una persona a quien Dios, para cuidarlo, le envía ángeles que tienen el privilegio de ver Su rostro? Cuando hoy en día solamente los secretarios privados pueden ver el rostro del Presidente, o de algunos de sus ministros; pero el público común difícilmente puede darles una palabra a los Presidentes o a los gobernadores o a personas prominentes de esta tierra. Así que llegar a tener el privilegio de ser alguien que tiene acceso, eso no es para cualquiera, eso es para personas recibidas por esa gran autoridad y esa gran eminencia. O sea que estos ángeles tienen acceso a la presencia de Dios, a la gloria de Dios, tienen valor ante Dios, y sin embargo Dios los pone a servir personas que nosotros menospreciamos. Una vez, cuando Pedro estaba preso, y lo querían matar, y ya habían apresado a Jacobo, y mataron a Jacobo, y ya pensaban matar a Pedro, el Señor envió a los ángeles que lo libertaran de la cárcel; y cuando él llega a tocar a la casa de la madre de Marcos, porque allí se reunían los hermanos adentro, pues ellos no se reunían con las puertas abiertas sino con las puertas cerradas, tocó Pedro la puerta, y salió Rode, aquella chica, y al escuchar a Pedro, ni siquiera le abrió, sino que salió corriendo y dijo: vino Pedro, vino Pedro. Entonces ellos no le creyeron y dijeron: -no es Pedro, sino su ángel-; por esa expresión: “su ángel”, quiere decir que la iglesia primitiva en Jerusalén participaba también de ese concepto que era normal entre los suyos, que cada persona tiene su ángel; porque ellos habían leído en Daniel que cada nación tiene su ángel; Israel tenía nada menos que a Miguel como su ángel; una virgen humilde allá en Nazareth, de la que nadie pensaba que sería alguien, el propio Gabriel fue a visitarla; y ella dijo: ¿Quién soy yo? Soy una simple chica como cualquier otra; sin embargo, Gabriel vino a visitarla; ¿se dan cuenta, hermanos? Fíjense lo que pasó con Moisés; cuando menospreciaban a Moisés, no sabían a quién estaban menospreciando; ellos le dijeron: -¿quién te puso por juez sobre nosotros?- Pero Esteban dice: -A ese puso Dios por legislador-; entonces ahí se da uno cuenta de cómo el Señor hace. Seguimos leyendo acá: “os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido…”, fíjense para qué fue que vino; Él no vino a condenar, no vino a criticar, no vino a terminar de hundir a las personas; Él sabía para qué vino. Juan y Jacobo le decían: -Señor, mira, llegamos a Samaria y no nos recibieron; ¿no quieres que así como Elías mandó a caer fuego del cielo, nosotros también hagamos lo mismo? Tenían fe hasta para hacer lo que hizo Elías. Señor, ¿quieres que lo mandemos? Menos mal que preguntaron, y el Señor les dijo: -No sabéis de que espíritu sois-. Y aquí vuelve a decir lo mismo: El Hijo del Hombre no vino para perder, sino para salvar. “El Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido”. Esta es la identidad del Señor, este es el Espíritu de gracia propio del Nuevo Testamento. Y entonces les llamo la atención a esta introducción: “¿Qué os parece?” Cuando te preguntan así: ¿Qué os parece? Inmediatamente tú pones atención a qué es lo que te quieren decir; porque a veces se dicen cosas, y uno las pasa por alto; entonces Él, para que no pasen por alto las cosas, les llama la atención para ver qué es lo que va a decir; les llamó la atención para que pongan atención, para que no les pase como el agua por encima de las plumas del pato. “¿Qué hombre de vosotros…”; ustedes saben que ellos estaban allá en Israel, que era un país pastoril; “Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas”, o sea que era riquito porque tenía cien ovejas, porque aquel Urías sólo tenía una ovejita, que fue la que se le comió David; lo mandó a matar a él; pero éste tenía cien; sin embargo, aún teniendo cien, porque, fíjense, uno puede pensar: si fuera una sola oveja, por ser la única oveja de la cría, porque era la única por eso la quería; pero el Señor quiere mostrar que Él quiere a todos; y no sólo puso una, sino que puso una entre cien; cien ovejas para el contexto de ellos allá en Israel era mucho; una persona que tenía cien ovejas era una persona rica en ese contexto; y aún teniendo cien ovejas, si son ricos, ni se dan cuenta de que tienen una oveja menos o no. Cuántos de los mayordomos se comen los carneros del dueño, y el dueño ni sabe cuantas vacas tiene, ni cuantos carneros, ni caballos; no sabe, ni le importa. Pero aquí a éste le importa cada uno; por eso les llamo la atención al contraste de cien por uno. Cada una de esas cien es valiosa, cada una de ellas puede ser esta oveja que se perdió; o sea, todas las cien son importantes. “Si un hombre tiene cien ovejas, si pierde, y se descarría una de ellas…”; el Señor diciendo: -pónganse en mi lugar-, “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió?” Aquí el Señor no está poniendo muchas prioridades, porque ellas no se van a perder, ellas no necesitan de arrepentimiento, ellas son justas, un justo no necesita de arrepentimiento; Yo no vine a llamar justos, dice el Señor, sino a pecadores; o sea que el Señor aquí nos está llamando la atención a la carga que Él tiene por los que están perdidos, o por los hijos que están apartados, ya sea perdida o descarriada; perdida es que nunca se salvó, y descarriada es que siendo salva se fue a vivir al mundo, ya sea que fue débil, o que el diablo le puso una trampa, o cualquier cosa que le haya sucedido, sea la que sea, de todas maneras se descarrió; y dice acá: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto?” ¿por qué? porque la urgencia es por ésta; la urgencia es con la que está descarriada; la urgencia es con la que está perdida; no es que el Señor no ame a las noventa y nueve, sólo que las noventa y nueve ya están a salvo, ya están seguras, no están en peligro, están en la vida normal, están disfrutando de los pastos, están disfrutando de las aguas, están lejos de las fieras, están protegidas, están bajo el pastor y los que trabajan para el pastor; porque si son cien ovejas, tiene que ser alguien que contrata quien le ayude; pero la número cien no estaba protegida; puede ser que tuviera hambre, que tuviera sed, que tuviera frío, que los lobos, o los leones, o los jaguares, o los pumas se la vayan a comer, o los ladrones se la vayan a robar, o a esquilmar y a comer también. Entonces hay una urgencia que el Señor quiere despertar aquí también en nuestros corazones; nosotros a veces pensamos sólo en las noventa y nueve, pero el Señor quiere que nos acordemos de la número cien, el Señor está pensando en la cien. El hermano Rick Joyner decía que si un padre se sienta en una mesa con sus hijos, y falta un hijo, por el puesto de un hijo que está vacío, su alegría no es completa; claro que él tiene alegría con los demás, él no está menospreciando a los otros, los otros también valen para él; si fueran los otros los que se perdieran, sentiría lo mismo por ellos; pero gracias a Dios que esos noventa y nueve están bien; pero ese puesto vacío no permite que su corazón esté tranquilo. De manera que si nuestro Padre no tiene el corazón tranquilo porque le falta uno de sus hijos, ¿cómo nosotros podemos tenerlo tranquilo? No podemos tenerlo tranquilo, debemos estar pensando en aquellos por los que el Señor está preocupado, cargado; orar por los que se han apartado, o por los que no han llegado, ni se han decidido. Entonces por eso dice así: “¿no deja las noventa y nueve en el desierto y va por los montes tras la que se perdió, a buscar la que se había descarriado hasta encontrarla?” O sea que el objetivo no es hacer el papel de que va por ahí, y como no es el dueño, se hace el que estuvo buscando por allá, y luego viene a cobrar por adelantado, y dice: son trescientos dólares; porque el asalariado hace eso, ¿verdad? Pero aquí dice: “hasta encontrarla”; el objetivo era encontrarla, salió a encontrarla, como decía en el llamado Evangelio de Tomás, fatigándose por ella. Y dice: “y si acontece”, y esta es la parte que a mí me deja preocupado, que aquí el Señor puso un condicional; hay casos en que no se cumple la condición, y la oveja no se deja encontrar, o se la comieron los lobos, o quién sabe qué; pero dice: “Y si acontece que la encuentra”, o sea que podría acontecer que no la encuentrase; ¡que triste es eso! Pero si el Señor dijo “si”, le pone una situación condicional, “si acontece que la encuentra”, es decir, no se ahogó, no se la robaron, no murió, no se la comieron, la encontró, como dice el canto: gimiendo y llorando de frío, pero la encontró, la cargó en sus hombros y al redil volvió, ¿amén? Sigue diciendo: “Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso;” todos recuerdan aquella persona que veía en la arena siempre dos pares de huellas, y una vez no vio si una, y dijo: -Señor, pero aquí me dejaste solo, justo cuando estaba en el mayor problema me dejaste solo; Él dice: -no, no, ahí fue que te puse en mis hombros, por eso donde están mis huellas, no son tus huellas, sino mis huellas. Cuando pensaba que lo había dejado solo era cuando estaba más seguro, sobre los hombros; ahí era que estaba seguro, cuando parecía que estaba solo, ahí estaba en los hombros y no estaba en la tierra. Qué misericordioso el Señor, la había podido traer caminando, ah! se me escapó, ahora vas a ver, te voy a llevar a rejo; nada de eso, qué comprensivo, se puso en el lugar de ella, ¿cómo va a caminar si no ha comido, si está asustada? hay que tranquilizarla; y se la puso en los hombros, así como las dos piedras de ónice con las tribus de Israel sobre los hombros del sumo sacerdote, se la puso sobre los hombros, y no dice: “triste”, sino “gozoso”; el Señor llevando el peso gozoso de su oveja; ella ya no estaba sufriendo, pero Él gozoso se la pudo poner a los hombros porque la encontró. Y dice: “Y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos”; yo pienso que aquí, como Él después lo explicó, de cierto os digo que hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por muchos justos que no necesitan arrepentirse, ya están en paz de Dios; entonces yo pienso que estos vecinos y amigos se refieren a los ángeles; hay más vecinos que los ángeles, que son los arcángeles; y unos más vecinos que son los querubines; y unos más vecinos que son los serafines. No piensan ustedes que los serafines no se van a alegrar también por las ovejas; ellos también conocen al Señor, ellos saben quien es Él. Santo, Santo, Santo, llenos están los cielos y la tierra de Tu gloria, como cantamos. Entonces sus vecinos y amigos son convidados por el Señor para alegrarse por haber encontrado esa ovejita, ¡qué cosa preciosa! “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”, ¡qué precioso! Por eso hay gozo celestial. Yo digo a los hermanos que nosotros tenemos una barra de fans a nuestro favor en el otro lado, en el mundo invisible; cuando logramos superar nuestros problemas, cuando logramos volver al seno de nuestro Señor, arrepentidos y perdonados, hay un gozo tremendo; y hay una palpitación terrible cuando estamos alejados. Es como cuando están viendo un partido de fútbol, los seguidores de un equipo; cuando le meten gol a su equipo, que cosa terrible, muchos se mueren del corazón viendo fútbol porque su equipo pierde; pero nosotros tenemos nuestros torcedores, y el diablo tiene los de él, los demonios; cuando logran hacernos caer, ellos se alegran y nuestro Señor llora y los ángeles; pero cuando somos encontrados y volvemos a estar sobre sus hombros, ya estamos en el redil, entonces ahí se alegran el Señor y nuestros torcedores angélicos del mundo invisible. Entonces dice: “De cierto”, eso es verdad, cuando El dice: amén; esa es la palabra que se traduce: en verdad o de cierto, amén, así es. “De cierto os digo que se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron”. No quiere decir que entonces vamos a descarriarnos para que Él se goce, no, claro que no; Él se goza de encontrarnos, Él nos salvó. Una hermana, que antes de ser cristiana era una bruja y hacía “trabajos”, como dicen ellos, terribles, era terrible, terrible. Alguien una vez le predicó y le dijo: El Señor Jesús no te va a dejar; y dice ella que por todas partes donde ella iba, iba el Señor Jesús; sólo ella lo veía, pero iba con ella; se subía al bus, y el Señor Jesús con ella; se bajaba del bus, y el Señor Jesús detrás de ella; llegaba a la casa, y el Señor entraba; no le hablaba nada, pero detrás de ella; ella asombrada; ella era una bruja, y las brujas pueden ver el mundo invisible, ver demonios, pero ella veía al Señor Jesús detrás de ella. Ella hoy es la esposa de uno de los ancianos de la iglesia en Curitiba, una hermana queridísima hoy en día, y era tremenda, y el Señor detrás de ella. Este hermano le habló del evangelio y le dijo: El Señor no te va a dejar; el Señor le cumplió, y ella lo podía ver detrás de ella todo el tiempo; Él no le hablaba nada, pero ella percibía el cuidado del Señor acompañándola a donde fuera. Entonces ella empezó a hablarle: -ahora vas a ir a mi casa; mi casa es un desastre; me peleé con mi esposo, hace tiempo no habló con él-. Y el Señor la oía, y ella le contaba todas las cosas; y un día dice que el Señor le dio una visión, que ella estaba en un pozo, y que la única manera de salir del pozo era que se agarrara de Él; y ella extendió los brazos desde el pozo, ella no dijo: Señor, sólo lo recibió; nada técnico sino espiritual; y dice que el Señor la tomó en sus brazos, la tomó con gran alegría, como quien dice: te salvé. Hoy es una hermana queridísima; su esposo después recibió al Señor y son ancianos en la iglesia en Curitiba. Cosas preciosísimas, porque es verdad que el Señor salva, y dice: “os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” Miremos aquí una frase muy importante; me perdonarán los híper-calvinistas; pero da de frente contra el hiper-calvinismo; algunos hablan de una predestinación en la que Dios no quiere sino la salvación de algunos; pero aquí el Señor dice: “Así”, esa es palabra máxima del Señor Jesús; Dios dijo: “A Él oíd”, al Hijo es al que hay que oír; “Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Porque algunas personas se han ido al extremo del híper-calvinismo de la predestinación; ellos piensan: nosotros, la raza blanca, los ingleses, los holandeses, nosotros somos predestinados; pero esos negros del África, esos son predestinados a la perdición; y algunos actúan como si hubiera personas de las cuales Dios no quiere que se salven; pero ¿qué dice el Señor Jesús? No es la voluntad de vuestro Padre que se pierda uno de estos pequeños. Como dice también en otros lugares con toda claridad: Dios no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta y viva. Entonces nunca podemos pretender decir que si alguien no se salvó es porque Dios no quería; no, Dios no quiere que alguno perezca, Dios quiere que todos sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad; así le escribe Pablo a Timoteo, así escribe también Pedro en la segunda carta, Dios no quiere que alguno perezca; lo dice Pablo: Dios quiere que todos sean salvos, que todo hombre sea salvo, las mujeres también, los niños también, todo hombre se refiere a todo ser humano, que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Nosotros tenemos que tener esa claridad. Dios quiere que todos sean salvos; nunca debemos decir, ah! a ese no le predico porque a lo mejor no está predestinado para la gloria sino para el infierno, a él no le voy a predicar, por algo no tengo ganas de predicarle. No, hermano, eso no es así; cada persona que vemos Dios quiere salvarla; nunca debemos mirar a nadie como si Dios no quisiera; no es la voluntad del Padre que se pierda ninguno de los pequeños; dice que Él no quiere que alguno perezca, Él quiere que todos sean salvos; y nosotros tenemos que tener esa certeza, no mirar a nadie como si nosotros supiéramos los que están en el libro de la vida y encontramos que faltaban fulanos y fulanos; no, el Señor dijo: vayan y prediquen a toda creatura; a toda creatura hay que predicarle el evangelio; hay que ir a cualquier hueco porque Dios valora cualquier persona. Hermanos, a veces uno no conoce lo preciosas que son las personas, y las menosprecia, hasta que el Señor te muestra la belleza espiritual en las personas. Yo recuerdo una vez como el Señor me avergonzó; estábamos en una reunión con la iglesia en Guarujá; era la primera vez que iba a Guarujá, en el Estado de San Pablo, en la costa, en el año de 1980, la primera vez que fui a Guarujá; había varios hermanos, y había un hermanito ahí de esos que juegan pelota, un muchacho de esos peloteros, sentado en un banquito, y estábamos todos hablando del Señor; y el Señor me mostró Su presencia en ese muchacho; el Señor me lo quiso mostrar para que yo no lo menospreciara; me quiso mostrar que el que en lo exterior me parecía el menos valioso, del que menos uno pensaría algo, el Señor me mostró lo precioso que era para Él, como para corregir mi corazón, para que yo no estuviera pensando mal. Y en otra ocasión y lugar también me corrigió el Señor. Nosotros pensamos saber dirigir la alabanza, tenemos los cantos bonitos, vamos a cantar en espíritu y en verdad, vamos a conducir a la iglesia en adoración; y por allá había un hermano que interrumpía la alabanza y decía: cantemos: ven pecador a Jesús; y con cánticos que no tenían nada que ver con el momento, todo en la carne; y cuando yo lo iba a corregir, el Señor instantáneamente me corrigió a mí primero; yo me demoro más contándolo; cuando el Señor te hace entender, lo entiendes ya; entendió, ya entendió. Me hizo entender esto: -Yo no lo estoy mirando a él como tú lo miras; tú no sabes que Yo los miro a todos a través de la sangre de mi Hijo, y Yo no recibo nada de ustedes, sino a través de Su sangre; él se está expresando de esa manera como él es; es lo mejor que él puede hacer; pero no es en los méritos de él que le he recibido, sino por los méritos de la sangre de mi Hijo que lo he recibido-; y no porque nosotros sí sabemos cantar bien bonito, bien ungido, que lo hemos recibido, no, igual que él somos recibidos por la sangre de Cristo. Me hizo recordar mis hijos: la mayor, Silvana, la más grande, lógicamente que ella pinta muy bonito; y la más chiquita viene con un garabato y me lo muestra; pero yo me alegro con ese garabato, es lo mejor que pudo hacer, era pequeñita e hizo un garabato, yo recibo ese garabato con alegría, tengo una colección de garabatos. Entonces el Señor recibe a través de la sangre de Cristo; nunca nosotros venimos porque somos mejor que los otros y sabemos más que los otros; ah, nosotros sí sabemos y los otros no saben; nunca venimos por nuestros méritos; somos recibidos por la sangre de Cristo igual que todos, porque Dios recibe a todos por medio de esa sangre, y no podemos menospreciar a ninguno. Ay! ay! somos corregidos. Una vez el Señor me tuvo que dar una palmada en la mano por causa de pretender, yo soy aquí el maestro, los otros son las ovejitas que están aprendiendo; ay! ay! ay! Soy apenas un sirviente del verdadero pastor, ¿entienden, hermanos? “No es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños” Permítanme unos minutos más, hermanos. Hemos terminado la lectura de la parábola, pero quiero que nos detengamos ahora en el contexto de la parábola ahora sí. Vamos a Mateo 18 y veamos que esa parábola está en el corazón de una serie de enseñanzas; la parábola está en el capítulo 18, entre el verso 10 y el 14, pero el capítulo tiene 35 versículos; antes del verso 10 hay 9 versos; y del 15 al 35 hay 26 versos; y miren de qué habla antes, de lo que estábamos diciendo: Quién es el mayor, la pregunta es: ¿quién es el más importante? Esa es la preocupación de nosotros; sentimos: aquí el más importante soy yo, a quien se debe la pleitesía y el honor es a mí; así es que actuamos nosotros; y luego el Señor les habla de las ocasiones de caer, y luego les habla de los dos deudores, de la necesidad de perdonar y cómo se debe perdonar al hermano; entonces este es el contexto de esta parábola. Esta parábola está en el corazón de estos temas, porque no es una parábola aislada, aino que es una parábola que está en el corazón de estos temas, porque esta parábola ilustra estos temas. Entonces leamos desde el verso 1 de Mateo 18: “En aquel tiempo”; ahí está, esa sola frase está ubicando el contexto de la misma parábola en la tierra, en aquel tiempo; acababa de anunciar su muerte; luego había hecho un milagro para pagar el impuesto; y ellos, como si no les hubiera hablado de la muerte, como que no entendieron, les acababa de anunciar, mírenlo ahí en el capítulo 17, versos 22 y 23, les anuncia que va a morir, y ellos están como cuando uno no tiene interés en algo, como que no se da cuenta sino de lo que a uno le gusta. Cuando uno no tiene interés en algo, no se da cuenta de lo que se dijo; y Jesús les habló de su muerte y ellos estaban pensando quien era el mayor, imagínense; están tan cegados por sus intereses que el Señor hablando de que iba a morir y ellos ni se daban cuenta; ellos pensaban que eso era quizás otra parábola; llegar a Jerusalén y allí agarraba a Herodes por el cogote, y después los iba a poner a ellos de Ministros, ¿verdad? Eso era lo que estaban pensando. “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” Ellos pensando en el mayor, y el Señor empieza a hablar de los pequeños, porque al Señor le importa lo que es pequeño, mas nosotros miramos por lo grande. “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños…”, y aquí hay dos verbos: el primero tiene que ver con conversión y el segundo con compromiso para crecimiento. “Si no os volvéis”, eso es convertirse, “y os hacéis”, compromiso; una cosa es que el Señor nos haga, y eso tiene que ver con la conversión; cuando Jeremías le dice al Señor: conviérteme y seré convertido; nadie se puede convertir solo; para poder volverse, uno tiene que ser ayudado por el Señor; entonces aquí es el Señor en nosotros, Cristo en mi el que me dio por gracia la capacidad para poder elegir; aquí uno tiene que tomar una decisión: hacerse niño; hay que volverse de lo que uno es; estaba buscando grandeza, estaba buscando ser el primero, pero ahora se trata de hacerse, tomar la decisión: Señor, yo quiero hacerme pequeño, yo quiero tener en cuenta a los pequeños, quiero estar con los pequeños, porque en verdad yo soy un pequeño; hacerse como niños. “Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis…”; y aquí esta palabra que aparece: “no”, aquí aparece simple; pero cuando tú vas al griego, usas dos negatividades para decir: de ninguna manera entraréis en el reino; no solamente ese no que son dos letricas que casi no las vimos; en el griego es más enfático; no dice “no”, sino “de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos”; o sea que para participar en el Milenio hay que convertirse y hacerse niño; es decir, despojarnos de toda grandeza, de toda pretensión, de toda exigencia y hacernos niños. Hermanos, ¡qué cosa es el reino de los cielos! Si no os volvéis y os hacéis como niños no entraréis, de ninguna manera entraréis en el reino de los cielos. Verso 4: “Así que, cualquiera…”, y esto es para cualquiera, no es para algunos en especial, no, esto es para toda la iglesia, más adelante, en el 18, va a incluir a toda la iglesia; aquí ya empezó a incluirla: “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos”, o sea que la grandeza en el reino de los cielos es la humildad, la simplicidad, es hacerse niño, es confiar, es no pretender cosas; esa es la grandeza. “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mi me recibe”; o sea, el Señor envía como embajadores de Él mismo a los más pequeños. Cualquiera que recibe a un niño como éste, en mi nombre, es decir, póngale cuidado a los pequeñitos, Dios puede estarte hablando por un pequeñito; a veces uno no se da cuenta de que está rechazando al mismo Señor; por eso tenemos que ejercer una vigilancia constante sobre nuestro propio corazón, sobre nuestras maneras, sobre nuestras pretensiones, porque el que recibe a un pequeñito en el nombre del Señor está recibiendo al mismo Señor; el Señor se deja representar por los más pequeñitos. Uno dice: no, si no va fulano, no voy, porque el único que me entiende es él; no es así; el Señor, hasta al más pequeñito le da Su nombre; lo que digas en mi nombre será hecho; lo que atéis será atado y lo que desatéis será desatado, ¡qué cosa! El Señor haciéndose representar por los más pequeñitos, honrando a los pequeños, como el mismo Juan Bautista tenía que anunciar. El hacha ya está puesta, así que los montes se tienen que bajar, los valles tienen que subir; era la aplanadora del Señor, anunciando la aplanadora que es el mismo Señor. Y en ese contexto, “Y”, fíjense en el verso 6, porque como las Sociedades Bíblicas le pusieron ese titulito, uno a veces piensa que la perícopa ya se acabó, pero no; aquí “Y” es la continuidad: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mi, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno”; la piedra de molino de asno se refería a piedras que eran tan pesadas que los hombres no las podían mover, la tenían que mover los asnos. Es mejor, y la palabra más exacta, es preferible, que le pongan en el cuello, en el pescuezo, alrededor, en el perímetro de la traquea, una piedra de molino de la que mueven los asnos, que no hacer tropezar a un pequeñito; porque irse al fondo del mar es una cosa, pero irse a la gehena es otra peor, ¿verdad? Entonces dice: “Mejor” o sea, “preferible le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay” este ¡ay, “¡Ay del mundo por los tropiezos!”; la palabra tropiezo aquí es escándalo; el mundo a veces no solamente inconscientemente, sino a propósito, escandaliza; no sólo el diablo; ya sabemos que el diablo está condenado, y él lo que quiere es condenar a los más que puede con él; pero seres humanos a veces hacen cosas a propósito para destruir al otro; es terrible. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Y luego dice: “porque es necesario que vengan tropiezos”, escándalos; el Señor sí permitió el período del mundo, y permitió que su propio Hijo fuera probado, y su Hijo venció a Satanás; ahora Él va a permitir que nosotros seamos probados, para que la victoria de Cristo en nosotros se demuestre como verdadera; entonces Él va a permitir los tropiezos, las tribulaciones y las pruebas. Por eso, de esa manera San Pablo consolaba a las iglesias: Es necesario, no sólo opcional, es necesario que a través de muchas, no solamente ésta, sino muchas otras, muchas tribulaciones entremos en el reino. Es necesario que haya tribulación y es necesario que enfrentemos distintas pruebas y que vencemos diferentes tropiezos y escándalos; es necesario que vengan estas cosas. Por eso dice aquí: “Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre…”. Y yo pienso que aquí hay que poner también a las hermanas, las mujeres, los niños, los viejos, al ser humano; es decir, debemos hacer lo absoluto para no poner tropiezo; a veces podemos ser tropiezo sin quererlo, pero ay de aquel que a propósito hace algo para causar tropiezo, para causar escándalo; Dios nos guarde, hermanos, nos guarde, porque mejor sería que nos pongan esa piedra de molino y nos manden al fondo del mar; en estos tiempos es así, están ofreciendo drogas a los niños en los colegios, les dan un caramelo con droga para enviciarlo; si no, tú vas a abrir el computador en algo y te sale una mujer desnuda, a propósito; ¿no es así? a propósito lo hacen, gente que hace a propósito las cosas; se le obliga a los amigos a tomar, tienes que tomarte este aguardiente, y se lo embuten por la nariz, ¡terrible! Son maldades que se hacen a propósito. Entonces dice aquí: “¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer…”, o sea que ni siquiera tienes que ponerte tropiezo a ti mismo, ni mucho menos a otros, porque no eres tuyo, le perteneces a Dios. “Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno”, o sea, en la gehena; aquí puede ser, si es creyente, el daño de la muerte segunda temporalmente; y si es un impío entonces es eónico, se le echa en el fuego eónico. “Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”. Aquí la palabra es gehena. Entonces, hermanos, aquí está hablando de lo drásticos que tenemos que ser con nosotros mismos; este corte es del que habla Colosenses capítulo 2; es la circuncisión del corazón, y esto no es solamente la parte física, porque si a ti te quitan la mano física, pero el corazón sigue siendo ladrón, y el ojo sigue siendo adúltero o perverso, ¿de qué sirve que le quiten la mano física si su corazón no ha sido circuncidado? Este corte no es solamente un asunto exterior sino principalmente en la cruz; la cruz es lo único que nos separa de nuestro propio tropiezo; sólo abrazar la cruz de todo corazón va a aplicar ese corte en nuestros ojos, en nuestras manos, en nuestros pies, para que no nos vayamos donde no nos tengamos que ir, ni agarremos lo que no tenemos que agarrar, ni miremos lo que no tenemos que mirar; tenemos que cortarlo, cortarnos a nosotros mismos, abrazar la cruz que nos corte lo más profundo para no ponernos tropiezo a nosotros mismos ni a otros. Yo creo, hermanos, que abrazando la cruz podemos hacer mucho bien; pero si no, podemos hacer mucho mal, y podemos escandalizar a muchos, y evitar que muchos reciban al Señor, o crezcan en el Señor. Esto es para detenernos para pensar. Gracias al Señor que nos da esta oportunidad de encarar sus palabras para que ellas nos ayuden; ¡amén, hermanos! Entonces en ese contexto es que habla de la parábola. Pero luego fíjense que en el verso 15; después de la parábola de las cien ovejas, dice: “Por tanto”, es decir, no podemos menospreciar a un pequeñito; por lo tanto, no podemos escandalizarlo, ni siquiera a nosotros mismos; y por tanto es que en la vida de la iglesia tenemos que buscar que cada hermano sea restaurado. Ese “por tanto” es que no está aislando esas instancias que el Señor establece aquí, no; es para nosotros, es para cumplir la parábola de lo importante que es cada pequeño. Entonces dice: “por tanto”, o sea que esta parábola tiene consecuencias y esa consecuencia es en la vida práctica, en las relaciones de los miembros de la iglesia. Esa parábola no es solamente: yo era la oveja perdida y me salvó, qué lindo. No sólo eso, sino que tu hermano puede ser la oveja y tú tienes que cuidar a tu hermano. Si tu hermano pecó contra ti, no te preocupes porque pecó contra ti, preocúpate del problema que se le viene a tu hermano si no arregla su problema; no es para tú estar en paz; es para que al otro no le venga la cosa. Entonces dice allí: “Si tu hermano peca”, y algunos manuscritos añaden “contra ti”, otros no, no sabemos, pero ya sea que lo diga explícitamente o tácitamente, el contexto lo implica; entonces vamos a decir: contra ti; “ve”, tú, no es que eso no tiene que ver conmigo, él pecó, eso es problema de él; no, no es sólo problema de él, es problema tuyo, tú tienes que ir a hablar con él, y en privado; no vayas a tratar esto en público, no vas a avergonzarlo en público, ni vas a ir a otro, sino a él mismo, “ve y repréndele, estando tú y él solos”; solos los dos; los problemas no son para el público, nuestros problemas son sólo nuestros; si pecamos contra el Señor, es con Él; si pecaste contra alguien, es con esa persona; si la persona pecó contra ti, tienes que ir a esa persona y a solas; eso no se tiene que tratar fuera de esa instancia; es a solas; y ¿qué hay que hacer? “has ganado a tu hermano”; o sea que lo importante era ganarlo, o sea que no le venga algo peor a esa persona; hay que ganar a esa persona; lo importante no es desahogarme yo; lo importante es que el otro sea ganado porque se metió en un problema grave al pecar contra un pequeñito; porque lo que hacemos a un hijo o a una hija de Dios, a Cristo se lo hacemos. Entonces por eso dice allí: “Mas si no te oyere”, es decir, si la persona insiste en ser solamente externa, no ha sido tocada en su espíritu, no ha percibido la magnitud del pecado que ha hecho, ni del peligro en que está, entonces dice: “toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres”; uno o dos; tú eres el que decides si llevas a uno, o si llevas a dos, para que sean dos o tres contigo; no dice que tiene que ser uno, ni que tienen que ser dos; a veces puede ser uno para que contigo sean dos; o pueden ser dos para que contigo sean tres; eres tú el que debes decidir; sólo después de tratar las cosas en privado, sólo después, cuando no ha habido realmente una conciencia clara, un arrepentimiento y un pedir perdón, entonces “testigos”, personas que conocen la realidad del asunto, “que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra”, es decir, todo rhema, todo asunto; dos o tres testigos. Verso 17: “Si”, tercera instancia es la última instancia, hermanos, el Señor estableció sólo tres instancias: la privada; segundo, la instancia de los amigos íntimos, cercanos, que conocen la cosa; y tercero, la iglesia de su localidad; ahí se acaba todo; de ahí no tiene que salir; última instancia: “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia”, es decir, a la iglesia en su localidad, no a la iglesia universal, ni de todos los siglos, ni de todos los países, sino a la iglesia en donde tú vives, “dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia…”, miren que delicado es no oír a la iglesia: “tenle por gentil y publicano”. ¿Qué relación tiene la iglesia con “gentil y publicano”? No, no lo condena, no lo manda al infierno, no lo decapita; simplemente guarda distancia, porque sabe que es una persona que está actuando impíamente; pero si una persona no oye a la iglesia, la iglesia guarda distancia de esa persona de la misma manera que lo hace con un gentil, como si fuera uno del mundo; no se le pueden confiar las cosas de la iglesia; la iglesia se guarda; por eso la iglesia no come con aquellos que llamándose hermanos son borrachos, ladrones, y esas cosas. Verso 18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra”, aquí esta traducción dice: “será atado en el cielo”; la traducción más exacta es “ha sido atado en el cielo”; o sea que los cielos son los que ponen el sentir en esos dos o tres, o en la iglesia, para pronunciar una sentencia por una situación difícil. La cosa es así, y en ese caso no podemos tratar más con esa persona, tenemos que dejar a la persona que siga su propio camino; eso es delicado; “lo que atéis habrá sido atado en el cielo y todo lo que desatéis en la tierra, o desliguéis, habrá sido desligado en el cielo”; o sea que hay una relación entre el cielo y la tierra. Cuando un grupo de hermanos, de los ancianos, o de dos o tres testigos, están examinando una situación con imparcialidad, con temor de Dios, no representando el sentido del lado A ni del lado B, sino el sentir del Espíritu, y cuando el Espíritu pone ese sentir, nos damos cuenta de que fue el Espíritu el que puso en la iglesia el sentir; entonces la iglesia se pronuncia; no sólo se pronunciaron los hombres; el cielo se pronunció a través de la iglesia. “Si dos de vosotros se pusieren de acuerdo”; esa palabra “de acuerdo” es la palabra “sinfonía” en el griego; o sea, sinfonía es cuando hay el acuerdo de varios instrumentos que a una voz están dando una melodía acorde, ordenada, bonita; entonces ponerse de acuerdo es como una sinfonía, cuando hay el mismo sentir entre los santos sobre un asunto, no es sólo los santos los que están hablando, es el testimonio del propio Espíritu Santo de Dios hablando a través de los hermanos; por eso nunca debemos procurar hablar sino lo que el Espíritu Santo diga, nunca tenemos que actuar en función de nuestras propias afinidades naturales; nosotros podemos tener afinidades naturales, podemos tener inclinaciones naturales. Estas personas me gustan más, son mis amigas; estas personas me son antipáticas, éstas me son simpáticas; nunca la naturalidad es buena consejera; tenemos que renunciar a nosotros mismos; puede ser nuestra madre, nuestra esposa, nuestro esposo, nuestros hijos, los parientes, los que sean; pero si está fuera del Señor, hay que decir, está errado. Hubo un rey que fue aprobado por Dios porque incluso a su propia madre la sacó del palacio por idólatra; el rey Asa; ustedes lo pueden ver en el libro de Reyes. El Señor Jesús nunca se guiaba en los asuntos en un plano de la naturaleza. Cuando le dijeron: -Bienaventurados los pechos que mamaste y el vientre que te trajo-, ay! Él Señor dijo: antes que eso, bienaventurados los que oyen la palabra y la guardan; eso es más importante que mi propia madre. Otra vez le dijeron: -Señor, tu madre y tus hermanos te necesitan allí en la puerta-. El respondió: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Estos, los que hacen la voluntad de Dios, esos son mi madre y mis hermanos; nunca tenemos que resolver los asunto en base a cosas naturales, porque somos parientes, porque somos amigos, nada de eso; nunca tenemos que andar en el plano natural. Las emociones en el plano natural son usadas por Satanás. Una vez vino Pedro en el plano natural a defender a Jesús. Señor, pobrecito mi Señor, ¿qué te va a pasar allá en Jerusalén? Tú no vas a ir a Jerusalén a la cruz. Y el Señor no dijo: ay Pedro, como me quieres, como me amas, nada de eso. Le dijo: apártate de mi Satanás porque me eres tropiezo; le era tropiezo por medio de emociones humanas, por medio de un compañerismo en la carne; Satanás usa los compañerismos en la carne para ponernos tropiezo, para enredarnos más, por eso nunca debemos actuar en la carne, porque entonces no vamos a representar al Espíritu; tenemos que negarnos a nosotros mismos para que el Espíritu nos pueda dar el discernimiento real de la cosa y poder pronunciarnos en el nombre del Señor, ¿amén, hermanos? Nunca debemos entrar en la batahola, en el remolino de las emociones; debemos frenar, y abrazar la cruz, despojarnos de todo afecto o desafecto, simpatía o antipatía natural; negarnos a nosotros mismos y decir: -Señor, tú ves las cosas-; y ser absolutamente honestos consigo mismos y honestos con las personas, y pronunciarse en el nombre del Señor. Cuando el Señor puede expresarse a través de dos o tres, lo que ellos atan ha sido atado en el cielo; lo que ellos desatan ha sido desatado en el cielo; cuánto más cuando no sólo dos o tres, sino la iglesia en general expresa su sentir verdadero. Por eso, hermanos, tenemos que preocuparnos cuando la iglesia siente algo, cuando ofendemos a la iglesia, cuando entristecemos a la iglesia; es cosa de preocupación; no debemos justificarnos a nosotros mismos, debemos preocuparnos si la iglesia fue entristecida, porque la iglesia es la última instancia en la tierra; ya no hay otra apelación, sólo el tribunal de Cristo; eso es cuando Él venga. La última instancia de apelación en la tierra es la iglesia en el Espíritu; la iglesia no andando en sus afinidades o desafinidades naturales, sino que cuando en el Espíritu se pronuncia fue el atar o el desatar del Señor, ligar o desligar. Por eso el Señor, cuando sopló el Espíritu cuando resucitó, les dijo al final: Recibid el Espíritu; lo que remitiereis será remitido; lo que retuviereis será retenido. Como la iglesia se da cuenta de que no ha habido un sincero arrepentimiento, la iglesia retiene. Dice: esta persona está jugando, esta persona está solamente queriendo salirse con la suya; cuando la iglesia retiene, el cielo retiene. Cuando la iglesia ve que hubo un sincero arrepentimiento, ¿cómo no se ha de perdonar? La iglesia perdona, la iglesia remite y el cielo remite, lo que remitiereis será remitido, lo que retuviereis será retenido; y esto en el contexto de las cien ovejas, ¿se dan cuenta? En el contexto de no causar daño a ninguno de los pequeñitos, de los santos de la iglesia; si ni siquiera a los de fuera hay que hacerles tropezar, cuánto menos a los hermanos, ¿amén? Entonces, por eso dice aquí en el verso 19: “Otra vez os digo,” o sea, repito, ya lo dije una vez, ya lo había dicho allá en el 16, ahora lo dice en el 18 “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra”, es decir, sinfonía, si hubiera una coherencia en el sentir del Espíritu, el Espíritu da testimonio a través de varios hermanos que están en el Espíritu, “acerca de cualquiera cosa que pidieren”, y aquí lo que hay que pedir es por los hermanos que pecan; hay que pedir por quien está en problema, no pedir que se vaya al infierno, sino pedir que se salve, que se restaure; si ya está salvo, entonces que se restaure; si está perdido, que se salve, ¿verdad? Y dice: “les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre…”; congregados en mi nombre quiere decir que el Señor está donde esas personas se reúnen para buscar al Señor, interceder al Señor, pedir al Señor; “donde están dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo”. No son sólo los tres hermanitos, sino que el propio Señor está ahí. Puede ser que veamos a tres hermanitos orando, pero el Señor está ahí, ¿amén? Verso 21: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor”; ay! eso ya le pareció un poco duro a Pedro; bueno, debo perdonar a mi hermano, pero ¿hasta cuándo? Ya no lo puedo perdonar tanto, es demasiado; “Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” Nosotros no queremos ni una segunda vez; a la tercera ya se acabó, pero no; “Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”; o sea hasta cuarenta y nueve, y después cuarenta y nueve por cuarenta y nueve, y después quinientos ochenta por quinientos ochenta, o sea infinito. Porque de 7 pasó a 7 x 7, y después se va por encima, ese es un principio, “no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”, no 7 x 7, sino 70 x 7, cuatrocientos noventa; hay que estar dispuestos a perdonar por siempre, ¿por qué? porque nosotros, cada vez que nos acercamos al Señor, queremos que Él nos perdone. El Señor dijo: Si perdonáis a los hombres sus ofensas, también vuestro Padre perdonará las vuestras, pero si no perdonáis, ahí tiene que enseñarte lo que significa no perdonar. Ya me pasé de la hora. Vamos a orar. Padre eterno, Tus palabras, que las hemos leído muchas veces, las hemos oído muchas veces, ojalá Señor no pasen por encima de nosotros, ojalá nos volvamos a Ti, nos humillemos, nos hagamos simples, no menospreciemos a nadie, no pretendamos nada; te lo ponemos todo a Ti para que te puedas expresar a través de nosotros, para que puedas cargar en tus hombros a los extraviados, y volverlos a tu redil y ganarlos para ti, para que no haya un lugar vacío en la gloria donde debiera haber estado alguien que todavía estará sufriendo fuera. Oh Padre, en el nombre de Jesús, no nos dejes que esta palabra pase, ayuda que nuestro ser sea abierto a Tu palabra, que esta palabra gobierne nuestro corazón, gobierne nuestro ser. Ayúdanos, Tú sabes cuán difícil es para nosotros en nuestra situación el vencer sin Tu ayuda. Tú sabes cuán difícil a veces es perdonar, cuán difícil a veces es cortar con nuestros propios ojos, manos o pies; Tú sabes que necesitamos de Tu socorro, no nos abandones en nuestra debilidad terrible, concédenos la gracia de vencernos, ya que Tú dices que los que aman a Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Oh Señor, ayúdanos, ayúdanos por amor de Ti mismo y de nosotros, guárdanos para Ti, ayúdanos a tomar resoluciones constantes y permanentes con Tu socorro. Oramos a Ti por cada uno de nosotros mismos, y oramos unos por otros para que esta palabra sea sanadora aunque sea dura, Señor, y no que vaya a aparecer en nuestra contra en aquel día; preferimos ser heridos ahora como dice Tu palabra: fieles son las heridas del que ama, pero son terribles los besos del que aborrece; preferimos las heridas que Tú nos causas, porque Tú eres el que hieres y eres el que sana; preferimos ser heridos por Ti para ser sanados, para ser purificados y libertados; ayúdanos a preferir las heridas que vienen del cielo, y no a seguir los aplausos del mundo que quieren crear un sopor; ayúdanos, Señor, a volvernos a Ti. Tú sabes la prueba de cada uno y de cada una; Tú sabes por lo que cada uno y cada una tiene que pasar; ayuda a cada uno en su prueba; Señor, y perdónanos a todos, rogamos todos por todos y nos amamos en Tí. Queremos que Tú nos ganes a todos, en el nombre de Jesucristo. Te pedimos que de aquí en adelante tu Espíritu Santo sea usando ésta Tu palabra; que nunca la olvidemos. Amén. Gino Iafrancesco V., 6 de mayo de 2005, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.

EL SIERVO FIEL O INFIEL

Por Gino Iafrancesco V. - 14 de Junio, 2011, 23:08, Categoría: General


 EL SIERVO FIEL O INFIEL

 

 

     Padre, en el nombre de Jesús te agradecemos por estar con nosotros y en nosotros. Rogamos con confianza que tu Santo Espíritu pueda hablarnos, Señor, convidarnos a estar cerca de ti mientras consideramos tu palabra. Tú sabes que separados de ti nada podemos hacer, que te agradecemos, Señor, por tu sinceridad, por estar disponible para nosotros, para cada uno de nosotros. Gracias por eso, Señor, por tu fidelidad. De ti comemos y de ti bebemos en el Señor Jesús. Todo nuestro ser es para ti, Señor, porque fuera de ti todo es muerte. Oh Dios, en el Señor Jesús háblanos, tócanos en esta noche, Señor, vivifica nuestro hombre interior profundamente para que seamos atraídos a ti por sobre todas las cosas y guardados en ti, para ti y para la gloria tuya en Cristo Jesús, amén.

 

     Hermanos, vamos a continuar hoy con la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús; y hoy nos corresponde ver una parábola que está en dos pasajes, en Mateo y en Lucas. En Mateo se encuentra en el capítulo 24 desde el verso 45 al 51, y en Lucas se encuentra en el capítulo 12 desde el versículo 41 hasta el 48. Mateo coloca estas palabras del Señor Jesús en el contexto del llamado “Pequeño Apocalipsis Sinóptico”, aquellas enseñanzas del Señor unos pocos días antes de morir, en el monte de los olivos cuando cuatro de sus discípulos le preguntaron y El dijo muchas cosas, entre ellas esta parábola que hoy vamos a considerar. Lucas la registra posiblemente por asociación temática en otro contexto, aunque puede ser que el Señor haya hablado de lo mismo en varias ocasiones también; así que sea que la habló en dos ocasiones, o que Lucas la colocó en otro contexto por causa de su asociación con el tema que venía tratando, ya sea una o dos veces que el Señor trató esta enseñanza, es la misma, la parábola es la misma; casi el 90% coinciden Mateo y Lucas; pero vamos a integrarla como solemos hacerlo, porque realmente uno dice unas cositas que el otro no dice, y uno por el Espíritu Santo las dice de una manera, y el otro de otra manera, y las dos son complementarias, y las dos son inspiradas. Entonces, como solemos hacer cuando una parábola aparece en dos o más lugares, las integramos. Los que puedan seguir en sus Biblias, vayan comparando Mateo con Lucas y Lucas con Mateo. Yo voy a leer la integración, y voy a leer despacio para que ustedes puedan hacer la comparación. Mateo 24 del 45 al 51 y Lucas 12 del 41 al 48; es la parábola del siervo fiel o infiel; no son dos siervos; es un mismo siervo que puede ser fiel o puede ser infiel:

 

Entonces Pedro le dijo: (eso no lo dice Mateo) Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos? Y dijo el Señor: ¿quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor, al cual su señor pondrá sobre su casa, para que les dé el alimento a tiempo? Para que a tiempo les de su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad, de cierto os digo que le pondrá sobre todos su bienes. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas, y aún a comer y a beber y a embriagarse con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, mas se le pedirá”. ¿Se dieron cuenta al comparar los dos pasajes, el de Mateo y Lucas, cómo se complementan? Cómo uno le agrega cositas que el otro había olvidado, y también uno dice algunas frases en pasado, otras las dice en futuro, y eso es complemento; porque cuando las dice en pasado se refería a los que ya El había puesto; cuando las dice en futuro se refiere a los que después pondría en el lugar en que había puesto a otros; entonces el pasado y el futuro, en vez de contradecirse, se complementan y enriquecen la palabra del Señor.

 

     Vamos a ir meditando poco a poco sobre lo que hemos leído. Empieza Pedro preguntando, lo dice Lucas, porque esto no lo dice Mateo: “Entonces Pedro le dijo:” Si ustedes ven el contexto de Lucas, que es en el capítulo 12, había narrado antes la parábola de los siervos vigilantes, que la vez pasada consideramos, y después de oír esa parábola que sólo Lucas registra, entonces en ese contexto es que Pedro le pregunta; porque hay palabras que uno pensaría que se refieren a otros, algunas que se refieren sólo a nosotros, otras que se refieren a todos; y a veces el Señor también en ocasiones decía: lo que a vosotros digo, a todos lo digo; también al final allí en Mateo capítulo 28, él también habla de ir y hacer discípulos a todas las naciones, dice, enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado; o sea que lo que él dijo a algunos, también es para todos; y aquí, cuando vemos que uno de los evangelistas lo dice en pasado: a unos puso sobre su casa, y el otro lo dice en futuro: pondrá sobre su casa, así que ninguno de nosotros puede pensar que eso no es para uno. Puede ser que en este momento no sea yo el que esté puesto, pero quien quita que voy a ser puesto? A unos puso, pero a otros pondrá; y a esos que pondrá es porque quizá estén pensando que no los ha puesto todavía; así que esa pregunta surgió en Pedro: “Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola…?” La parábola de los siervos vigilantes, que analizamos el viernes pasado, “ a nosotros, o también a todos?” Y el Señor no les dijo: sólo a ustedes, ni les dijo: a todos, sino que respondió con otra parábola, y en esa otra parábola podemos estar o no estar; depende de si te das cuenta del llamamiento que tienes o no.

 

Y dijo el Señor: ¿Quién es, pues,” pues, quiere decir que esta parábola que va a decir a continuación es un desarrollo de la parábola pasada. Tanto el entonces de la pregunta: “Entonces Pedro le dijo:”, como el pues de la respuesta, “¿Quién es, pues,”; está ligando y dando continuidad a las dos parábolas. “Quién es, pues, el siervo” dice uno, doulos, y el otro: “mayordomo” o ecónomo; esa palabra que aquí se tradujo mayordomo, es ecónomo; la palabra ecónomo es la persona encargada de la economía. Existe algo en la Palabra que se llama la economía de Dios, el programa de Dios, el arreglo administrativo del Señor para llevar adelante su propósito eterno. Entonces los siervos son siervos en función de la economía divina; servimos a Dios en su economía, siervo mayordomo, “fiel y prudente”, dos palabras: el ecónomo y el siervo; el siervo ecónomo tiene que ser fiel. Fiel primeramente para con Dios; y si es fiel para con Dios, lo será para con los demás; no se puede ser fiel para con Dios e infiel para con los demás. Fiel primeramente para con Dios, le obedece a Dios, no le agrega ni le quita, hace las cosas por amor caminando con Dios. Pero la otra palabra es: prudente. Fiel y prudente. Prudente quiere decir con el pueblo primeramente; hay que ser prudente con el pueblo de Dios, porque aquí está hablando, como vamos a ver, de administrar la ración y el alimento a la casa de Dios; entonces hay que hacerlo con prudencia. Claro que con Dios también hay que ser prudente; sólo que con Dios se debe y se puede ser absolutamente sincero.

 

¿Quién es, pues, el siervo mayordomo fiel y prudente al cual puso, o al cual pondrá…”; los dos evangelistas difieren en esto; posiblemente él dijo las dos cosas, y entonces uno recordó una, y otro, otra. “al cual puso”; la palabra realmente no es “puso”, sino constituyó, la misma que usa después el traductor en Efesios 4, donde dice que el mismo Señor que descendió hasta las partes más bajas de la tierra, o sea que descendió hasta el hades y al tártaro, subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo, y El mismo constituyó, edoken, dió es la palabra allí en Efesios, pero la palabra aquí en los Evangelios es “constituyó”, la que después usa el traductor en Efesios, realmente aquí en los Evangelios viene a lugar. Efesios traducen: Constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros; pero ahí no para; dice que es para perfeccionar a los santos, para que los santos hagan la obra del ministerio; o sea que cada uno de los santos es también constituido para cumplir su función dentro del programa de Dios, dentro de la economía de Dios. “Al cual constituyó su Señor”, porque el que constituye no es sino el mismo Señor; nadie constituye; es Dios el que constituye, es Dios el que pone las personas en el cuerpo como El quiere, y a cada cual entrega lo que quiere; “puso o pondrá”, o los dos, “su señor sobre su casa”; la raíz es “epi”; uno pensaría que en la casa de Dios todos estaríamos sentados en las mismas bancas, pero no, a algunas personas el Señor les pone responsabilidades sobre los demás, y eso es lo que quiere decir la palabra “sobre”; no es para que se suban, sino para que cuiden, para que cubran, para que asuman las cosas primeramente ellos, “sobre su casa”; esta traducción “casa”, no es la traducción exacta; aquí la traducción Reina Valera no pudo traducir la palabra exacta; la palabra en el griego es “terapeías”, de donde viene la palabra “terapia”; la palabra terapia quiere decir asistencia, ayuda; cuando alguien está enfermo se le asiste, se le cuida, se le sirve; entonces aquí dice: “al cual puso o pondrá su señor sobre los que asisten, sobre los que sirven, sobre los que cuidan”; algunas traducciones dicen: sobre la servidumbre de la casa; eso quiere decir que todos en la casa sirven, que todos en la casa curan, que todos en la casa cuidan, que todos en la casa tienen algún trabajo de asistencia que prestar; “al cual constituyó su señor sobre su terapia”, sobre el resto del trabajo de sus siervos; no es solamente sobre la casa, como si solamente estos a los que el Señor puso sobre este cuidado fuera los únicos que trabajaran. La palabra “casa” no es la traducción exacta, no es oikos, es terapia; o sea que todos en la casa tienen que prestar su asistencia, porque la casa de Dios cumple una misión de Dios en la tierra, y todos tienen que servir en la tierra. Pero para perfeccionar el trabajo de éstos, y para ayudarles, entonces el Señor puso sobre su casa o sobre éstos para que les dé, y aquí no es para que les venda, no es para que les cobre, sino para que les dé, el verbo es dar, “el alimento a tiempo”; el alimento tiene que ser dado a tiempo. Dice un versículo que si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador; así que el alimento hay que darlo a tiempo, ver el momento de lo que se necesita, y suplir lo que se necesita en el momento apropiado, antes de que sea tarde; el alimento debe darse a tiempo; y aquí “tiempo” la palabra es “kayrós”, o sea en la ocasión apropiada, en el tiempo de Dios. Tenemos que tener sensibilidad para discernir cual es la palabra de Dios para cada ocasión, cual es el alimento que el Espíritu está dando en una ocasión o en una coyuntura determinada; esa es la palabra a su debido tiempo, en su kayrós, a su debida ocasión, “para que a tiempo les dé su ración?” esa palabra es su medida, ración, que es en el idioma griego; las había de tres tipos: había una ración diaria, había una ración semanal y había una ración mensual; o sea, el Señor nos da el alimento diario, el alimento de la semana y el alimento del mes; y había que dar la ración, o sea la medida del alimento, no menos, no más, sino el que fuere necesario para el día, para la semana, para el mes. Había que dar el alimento exacto, con medida; no puede ser excesivo, no puede ser menos, tiene que ser bien distribuido, bien equilibrado.

 

Bienaventurado” o feliz, o dichoso, puede traducirse esa palabra: Macario, “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” O sea que el Señor quiere hallarnos a todos nosotros sus siervos dando el alimento, el alimento diario, el alimento semanal, el alimento mensual, la ración, el alimento en la ocasión; no tenemos que ser hallados en angustias febriles ni tampoco en pereza, sino haciendo el trabajo normal. El quiere hallar a sus siervos entregando el alimento; ¿qué tal que un día en plena reunión llegue el Señor? o nos muramos de un ataque al corazón, por ejemplo; ya lo he visto suceder; o que venga el Señor, o que nos lleve el Señor; entonces lo mejor que podemos hacer es hacer la voluntad de Dios; y ésta es la voluntad de El, que su pueblo sea alimentado; así como tú eres alimentado, Dios quiere que tú alimentes las personas que El pone en tu mano, las personas que para una u otra función que Dios te dio; tú estés cumpliendo tu función, haciéndolo como para el Señor, haciéndolo de la mejor manera, de la manera más excelente, con amor, haciéndolo para Dios, y ser hallado en esa función. No es necesario que seas hallado solamente orando o ayunando, o preocupado, sino cumpliendo tu función normalmente, tranquilamente, felizmente. “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”. Dando el alimento a su debido tiempo, cumpliendo su función; cada uno tiene una función el cuerpo; y ser encontrado cumpliendo esa función, esa es la bienaventuranza del Señor. Esta es una bienaventuranza que no aparece en el capítulo 5, 6 y 7 del sermón de la montaña en Mateo, ni tampoco es una bienaventuranza que aparezca en las siete que aparecen en el Apocalipsis, donde aparecen 7 bienaventuranzas; es otra de las bienaventuranzas. “Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”, lo hallare dando el alimento. Si es evangelista, lo hallare evangelizando; te hallare consolando si eres pastor; te hallare enseñando si eres maestro; te hallare sirviendo en cualquier servicio que sea el que hay que hacer.

 

     Una vez, cuenta la historia de un santo joven llamado Domingo Sabio, estaba jugando, y le dijeron: ¿Tú que harías si viniera el Señor en este momento? El respondió: Yo seguiría jugando; porque él hacía las cosas en la presencia del Señor. El que hace las cosas en Dios y para Dios, simplemente tiene que seguir haciendo lo que es su función, haciéndola delante de Dios, haciéndola para Dios, haciéndola con Dios, haciéndola de la mejor manera; te va a salir excelente si lo haces en Cristo, si lo haces con cariño; cada uno haciendo su función, qué lindo! Aunque sea barriendo para el Señor, que el Señor lo encuentre barriendo para El; les aseguro que otros serán los que barrerán el cielo. “En verdad,  de cierto”, el traductor allí tradujo: en verdad, aquí tradujo: de cierto, la palabra es “Amén”, el Señor solía usar mucho esa palabra amén, amén o en verdad, de cierto, de cierto os digo, “En verdad o de cierto os digo que le pondrá sobre todos sus bienes”; o sea que las personas que el Señor encuentre siendo fieles a aquello que les encomendó, sea una cosa simple o sea una cosa grande y compleja, no importa la cosa, lo que importa es quien te encomendó eso. Si yo fuera una flauta rota que está en un basurero que nadie visita, y mi función es cada 500 años decir fu cuando pase un viento, voy a decir fu cada 500 años, si eso es lo que yo tengo que hacer; voy a hacer eso, porque el Señor no me va a pedir que haga otra cosa, sino lo que El me pidió que yo haga, eso tengo que hacer; lo importante es entender en que me ha preparado el Señor, en que contexto me ha puesto el Señor, qué el Señor pide de mi; claro que el Señor a veces nos pide cosas que no son fáciles; de hecho, las cosas del Señor sólo se pueden hacer en unión con el Señor, dependiendo del Señor, para que sea la obra de Dios; o si no sería nuestra obra; y por eso a veces tenemos que hacer la obra en medio de dolores, o en medio de conflictos, para que no dependamos de nosotros mismos, sino que dependamos del Señor, y así sea la propia obra del Señor ayudándonos, el Señor con nosotros, ¿amén hermanos?.

 

     Entonces dice así: “sobre todos sus bienes le pondrá”; si eres fiel en lo poco, como decía en otro lugar, te pondrá sobre lo mucho; si eres fiel en una cosa pequeña, en hacer fú cada 500 años si eres un pedazo de flauta rota en un rincón que nadie conoce, pero haces lo que tienes que hacer, eres fiel, eso el Señor valora. ¿Quién aquí recuerda el testimonio del hermano Rick Joyner, cuando el Señor le dio una visión del tribunal de Cristo, y veía como el Señor premiaba a sus siervos y los ponía en unas posiciones, algunas elevadísimas; y había uno de esos siervos que se llamaba Angelo; y aquel Angelo, pues, había sido un niño que había sufrido mucho, era mudo, era casi sordo, casi no podía sobrevivir, pero conoció al Señor, sobrevivía con una manzanita, trabajaba arreglando los jardines, y con el poco dinero que ganaba, se comía su manzanita y compraba folletos evangelísticos para repartirlos en las esquinas; y no vio a nadie que se salvó con esos folletos, pero él entregó esos folletos uno por uno de su propio dinerito. Una vez un borrachito recibió al Señor con él, se estaba congelando, lo abrazó para que no se congelara y murieron los dos; pero el Señor lo coronó con una gran recompensa, porque con lo poco que le dio, hizo mucho más que los que habían recibido más e hicieron menos; entonces el Señor mira en que circunstancia te toca servir, con las uñas a veces; lo importante es que hagas lo mejor para Dios; El no va a medir la producción en cantidad externa, El va a medir las cuestiones en calidad espiritual interior, y eso es lo que El va a premiar; lo importante es que hagas lo mejor que puedes, aquello que el Señor puso en tus manos. Si eres fiel en lo poco, dice, sobre mucho te pondré. “Bienaventurado aquel siervo que el Señor halle haciendo así. De cierto te digo que sobre sus bienes…”. Si pudiéramos entender todo lo que significan sus bienes, eso es algo inmenso, ser puesto sobre los bienes del Señor; a veces eres puesto sobre una tarea pequeña, pero la hacemos mal, la hacemos descuidadamente, no la hacemos con cariño; entonces estamos mostrando que no se nos puede confiar.

 

     Ustedes recuerdan aquel pasaje en Isaías donde había dos sacerdotes, uno Sebna y el otro Eliaquim; y dice que Sebna era como un clavo flojo que no se podía colgar nada en él; si el clavo está flojo y tú le vas a colgar una cartera, pues se cae el clavo, se cae la cartera, todo lo que usted cuelgue de ese clavo se cae; ese es el mayordomo que es infiel, no se le puede confiar nada, no es responsable con aquello que se le encomienda; entonces no se puede poner en él nada, porque se pierde lo que se le confía; en cambio, por causa de su infidelidad, sería quitado Sebna y sería colocado Eliaquim; y dice que sobre ese clavo que era Eliaquim ahí sí se podría colgar la gloria de su Señor, se podía confiar en esa persona. A veces tenemos algunas pequeñas tareas que hacer, a lo mejor fueron los hermanos que nos pusieron a guardar las viñas, y la viña que era nuestra no guardamos. A veces somos descuidados, no somos constantes, no somos responsables; no importa que sea una cosa pequeña; para el Señor lo pequeño no es lo externo, lo grande o lo pequeño es adentro, no importa lo que hagas, sino como lo hagas para quien lo hagas, en quien lo hagas; lo importante es que lo que Dios puso en tu mano lo hagas en Espíritu para el Señor de todo corazón; entonces el Señor podrá colgar en ti la gloria, podrá después encomendarte una función en el reino eterno donde ya no habrá más tentaciones, donde ya no habrá más llanto ni más dolor, donde será una gloria inenarrable, donde la vida misma del Señor, su naturaleza expresada en gloria a través de ti haciéndote majestuoso a su imagen y semejanza; podrás servir en el reino, podrás gobernar, y podrás juzgar, porque el Señor dijo que al que venciere le dará autoridad sobre las naciones y la regiría con manos de hierro.

 

     Desde Montesquieu para acá, los tres poderes están divididos en el legislativo, el ejecutivo y el judicial; pero en el reino, desde el punto vista bíblico, los tres poderes están juntos; el Señor mismo es el legislador, El es también el ejecutivo y El es el juez, y también El delegará el gobierno y el juicio a sus hijos, ¿amén? También atarán y será atado, desatarán y será desatado; pero es en lo poco donde se nota la fidelidad. En vano decimos: bueno, cuando me toque lo grande, ahí voy a ser responsable; no, es ahora cuando me toca algo así como no tan visible, como ese pedazo de flauta rota allá en un basurero que nadie conoce, ahí es donde tenemos que ser fieles, cuando nadie nos conoce, cuando nadie nos aplaude, cuando nadie nos reconoce, cuando las cosas se hacen es por amor al Señor, y a pesar de lo difícil se hacen, porque El lo merece; eso el Señor lo aprecia, y eso El lo galardonará. Entonces dice aquí: “De cierto le pondrá sobre todos sus bienes”.

 

Pero si aquel siervo, y aquí está lo curioso, no está hablando de otro siervo. “Si aquel”, aquí ese si es condicional, o sea que una misma persona puede ser un siervo fiel o puede ser un siervo infiel; a veces fiel, a veces infiel; él no cambió de personas. En el caso de las vírgenes eran otras: unas eran las prudentes y otras eran las necias. En el caso de los peces buenos, unos eran los buenos y otros eran los malos. En el caso del trigo y la cizaña, uno era el trigo y otro era la cizaña; pero aquí está hablando de un solo siervo. “Si aquel siervo”, ese mismo que puede ser fiel o puede ser infiel; aquí no está hablando de distintas personas, ni haciendo diferencia entre salvos y perdidos, como habría la tentación de pensarlo, tanto en el calvinismo como en el arminianismo, de interpretar. Los calvinistas dirían: bueno, el siervo fiel era el regenerado, el predestinado; y el otro siervo, el siervo malo, era también el predestinado a condenación, ese no había nacido de nuevo; así dirían los calvinistas; y los arminianos dirían que aquel otro siervo, el siervo malo, es que perdió la salvación, y lo interpretarían en esos extremos; pero aquí el Señor no hace diferencia; la misma persona puede ser un mayordomo fiel o puede ser infiel, hipócrita. Cualquiera de nosotros puede ser hipócrita en cualquier momento, puede ser infiel en cualquier momento, puede ser egoísta, puede ser duro con sus hermanos, cualquiera de nosotros; y por eso a través de esta parábola, no la llamé del siervo infiel, ni del siervo fiel, sino “el siervo fiel o infiel”, porque es el mismo. Si aquel siervo, y uno de los evangelistas añade “malo”, o sea, siervo, que es una persona salva, pero que no anda en el Espíritu, sino en su mera naturalidad, se puede poner mala, porque nuestra naturalidad es mala. Cuando estamos en nosotros mismos somos malos, somos capaces de maldades, somos capaces de malas intenciones, somos capaces de venganza, somos capaces de muchas cosas, que para qué las vamos a mencionar acá, de las que todos nos avergonzaríamos; sólo basta con ser naturales para que seamos malos; sólo si le pedimos al Señor socorro para vivir en su poder es que seremos buenos; ninguno es bueno en sí mismo; ¿quién es bueno, sino Dios? Pero si de Bernabé se decía que era varón bueno, era porque vivía en Dios, porque era la vida de Dios a través de él, para que se pueda decir que era un varón bueno, porque Bernabé solo sería también malo, porque se dice que en pecado nos concibió nuestra madre; la maldad no sólo está fuera de nosotros, la maldad está en nosotros. Sí, todos descubrimos que en cualquier momento podemos ser malos, o podemos estar vigilando, vigilando sobre nosotros mismos, vigilando en función de encontrarnos con el Señor, ya sea cuando El venga o cuando nos lleve. Entonces cualquiera puede ser malo, incluso el bueno; si se suelta del Señor, se vuelve malo.

 

     Si aquel siervo malo dijere en su corazón”, fíjense que no es algo público, a veces no es necesario decirlo, porque nosotros, para cubrirnos, a veces seguimos lo que es conveniente en el ambiente, pero lo que sucede en lo más profundo de nuestro corazón, esa es la realidad, lo que pensamos, lo que sentimos en lo íntimo, esa es nuestra realidad. Nosotros tenemos una vida externa que es la que todos ven, y tenemos una vida interior que es la que Dios ve, esa es nuestra realidad, lo que en lo más profundo de nuestro ser nosotros pensamos, nosotros queremos o no queremos, o sentimos, o decidimos; y aquí este siervo, que era malo, él no era malo para afuera, para afuera él cumplía con lo que se esperaría de un siervo, ¿verdad? Podía aparentar estar sirviendo, pero en su corazón él estaba lejos del Señor, en su corazón. “Si aquel siervo malo dijere en su corazón”, no afuera, no es afuera, no lo dice de boca para afuera, se lo dice a sí mismo, medita consigo mismo. “Mi señor tarda en venir”, o sea que es una persona descuidada, es una persona que bajó la guardia; cuan fácilmente bajamos la guardia. “Mi señor tarda en venir”, es bajar la guardia, es pensar que no podía suceder ahora, voy a darme un tiempito para pecar, para ser egoísta. Entonces dice aquí: “Mi señor tarda en venir, y comenzare a golpear a sus consiervos, a los criados y a las criadas”. Noten que los criados y las criadas no son inferiores, aunque él es el encargado, mayordomo, de darles el alimento a ellos, ellos son sus consiervos; pero golpear, herir, pisotear, pensar que somos superiores, que podemos pisar sobre los demás, eso lo hacemos porque estamos lejos del Señor, porque no aprendimos a temer en su presencia. En cualquier momento El viene o nos vamos.

 

     Y aún”, no solamente esto, sino otro más, “Y aún a comer y a beber y a embriagarse con los borrachos”, es decir, dedicarse solamente a la satisfacción de su carne, cuando la persona se ha alejado del Señor pierde la sensibilidad, pierde el temor; una costra le entra en la conciencia que adormece y cauteriza a la persona y la persona actúa como si el Señor no lo fuere a sorprender; nos puede sorprender su venida, nos puede sorprender la muerte, nos puede sorprender la corrección del Señor cuando menos estamos esperando; a veces es por amor que nos sorprende la corrección.

 

     Vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe”, y los dos, tanto Mateo como Lucas usaron una palabra en griego que es dikotomesei, que aquí fue traducida “castigará duramente”, porque era difícil explicar lo que es esta palabra, pero esta palabra es muy seria; la palabra dikotomesei, viene de la palabra dicotomía, de di que quiere decir dos, y tomía; átomos que no se pueden dividir, por eso es átomo; pero tomía es que se lo divide en dos; o sea, el Señor dividirá en dos, partirá en pedazos, a aquel siervo bruto con sus compañeros, dedicado a la carne, descuidado para con el Señor. Esa palabra dicotomía es una palabra muy seria. Ser divididos en dos en el momento del tribunal de Cristo, eso quiere decir que siendo nosotros siervos, y que nuestro lugar debería ser en el reino con el Señor, por no haber andado en el Espíritu en el cual tenemos al Señor, sino por haber andado en nuestra sola alma, y en nuestra carne, entonces no podemos estar con El en el reino, sino estar en una condición de castigo, aunque seamos salvos. Para que ustedes vean que quiere decir eso de cortar a una persona en dos, porque este castigar duramente no es la traducción exacta; la traducción exacta es de esa dikotomesei, o sea, lo dividirá en dos, lo partirá en dos, lo separará, lo despedazará; como quien dice: una parte aquí y otra parte allá. Para comprender ese fenómeno espiritual del castigo de ciertos salvos durante el Milenio, castigo de los salvos, su espíritu está unido al Señor cuando son regenerados, pero su alma y su cuerpo están como si estuvieran en el daño de la muerte segunda, pasando por el fuego en el Milenio, y lloro y crujir de dientes; aunque son salvos, está la persona dividida en dos, no es ni totalmente salvo, aunque es salvo en el espíritu, pero todavía su alma y su cuerpo no han sido glorificados; entonces tiene que pasar una prueba, como si fuera un perdido, porque aunque es un hijo, vive como un perdido; el Señor no lo tratará como un perdido, porque es un hijo, pero tampoco lo premiará, porque es un hijo carnal que está en pecado, y el padre debe corregir a su hijo, no para destruirlo, sino para purificarlo, para enderezarlo.           

 

     Para ver esa diferencia de ser partido en dos, vamos a ver un verso en 1ª de Pedro capítulo 4 versículo 6 donde se nota bien esa división en dos de una persona; dice allí: “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios”. Aquí Pedro, que habló con el Señor después de resucitado de entre los muertos, pues el Señor estuvo cuarenta días con ellos, entonces Pedro habla cosas que las tomó de aquellas conversiones con el Señor. Entonces él dijo, así: “por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos”, ha sido, pero algunos arminianos dicen que debe seguir siéndolo; mas aquí solamente se refiere a que ya lo fue. Cuando el Señor murió, El fue al hades y El fue al seno de Abraham. El hades estaba dividido en el seno de Abraham, donde estaba Abraham, Lázaro y aquellos justos que esperaban que llegara algún día el Mesías; ellos no conocían quien sería el Mesías, y los otros que estaban como aquel rico Epulón en el fuego, esperando juicio, aunque ya estaba en fuego, pero no era todavía el juicio final, era solamente como una prisión temporal donde el ladrón espera que se le defina su situación, pero no se le deja suelto porque es ladrón o es homicida, tiene que estar preso, pero su sentencia es después. Entonces el hades es como esa prisión temporal; la gehena es la definitiva; hay un estado intermedio antes de la gehena que es después del juicio; aunque claro, algunos, las cabras, después del juicio de las naciones de Mateo 25, van a la gehena desde que el Señor juzga a las ovejas y a las cabras, ¿recuerdan? Pero entonces dice aquí: “predicado el evangelio a los muertos”. Cuando el Señor Jesús murió se dice que en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron en los días de Noe, aquellos ángeles caídos que fornicaron con las mujeres; pero también predicó a los muertos; ¿qué predicó? El evangelio, porque David no sabía que Jesús era el Salvador, Abraham no sabía, todos los del Antiguo Testamento no sabían que El era el Mesías. Ahora, los que esperaban a aquel Mesías que vendría y creían en Dios, cuando el Señor Jesús bajó al hades, El predicó el evangelio y las personas que en el hades recibieron al Señor, recibieron vida eterna en sus espíritus; pero claro que los que vivieron en la tierra y vieron como ellos vivieron, ellos sólo recuerdan su vida humana, pero no recuerdan su arrepentimiento y fe, porque no conocieron que también en el seol recibieron al Señor. Entonces dice aquí: “ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne, según los hombres”; o sea que lo que las personas hicieron tiene que ser juzgado en la carne; pero como recibieron al Señor, entonces viven en espíritu según Dios; pero miren cómo son posibles las dos cosas al mismo tiempo suceder: vivir en espíritu según Dios, y al mismo tiempo ser juzgado en la carne según los hombres; estas dos cosas se pueden dar en una misma persona. Si ustedes recuerdan el pasaje que siempre recordamos en 1ª a los Corintios 3, por favor vayan allí, donde se ven también las dos cosas al mismo tiempo.

 

     1ª a los Corintios capítulo 3 versículo 15; allí no habla de la pérdida de la salvación, sino del galardón. Dice: “Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; o sea que aquí usa la palabra “sufrir”, usa la palabra “pérdida” y usa la palabra “fuego”, y sin embargo no perdió la salvación, no fue pérdida de la salvación, pero si fue pérdida del galardón, pérdida de estar con el rey colaborando en el Milenio, y estar, en vez de eso, en las tinieblas de afuera, en el crujir de dientes, en el lloro, en el llanto, en el lamento. Entonces dice aquí: “si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”; las dos cosas están ahí. El es salvo porque en su espíritu algún día recibió al Señor, esa persona nació de nuevo, pero si no anduvo en el Espíritu, si anduvo peleándose con sus hermanos, si anduvo dedicado a la carne y al egoísmo, entonces el Señor no va a negar que es un hijo, pero si lo va a corregir como a un hijo malcriado, porque no va a estar en el reino si fue malcriado. Para estar en la Nueva Jerusalén tiene que corregirse; y ¿qué época le va a quedar para corregirse si llega el tribunal de Cristo? Tiene que ser a partir del tribunal de Cristo, que es lo que inaugura el Milenio. Entonces por eso dice que es salvo pero como por fuego, con sufrimiento y pérdida, pero no de la salvación; es decir, cortado en dos.

 

     Veamos otro pasaje aquí en el Salmo 89; voy despacio por causa de los hermanos más nuevos. Allí en este Salmo también aparece la diferencia entre salvación eterna por gracia, y corrección o castigo de los hijos. Entonces en el Salmo 89, leemos desde el verso 26 hasta el 37 de la siguiente manera: “El me clamará”, o sea, el Hijo; por eso dice: “Mi padre”; el Hijo es el que clama: “Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación”. Entonces dice el Padre: “Yo también le pondré por Primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra”; o sea, ese es Cristo, ese es el Hijo, esa es la promesa del Padre al Hijo, lo pondré por Primogénito; el Unigénito vino a ser el primogénito entre muchos hermanos que somos todos nosotros. “Para siempre le conservaré mi misericordia, y mi pacto será firme con él”. Dios hizo un pacto, Dios el Padre le dijo al Hijo: De todos los que yo te dé, tú no pierdas ninguno, sino que lo resucites en el día postrero; y por eso El murió y derramó su sangre; la sangre del Nuevo Pacto, es decir, el precio que El pagó es la parte del pacto que El cumplió. Ahora el Hijo se refugia en el Padre, que salva. Entonces dice aquí: “Pondré su descendencia para siempre”; esos son los que van a reinar con Él. “Y su trono como los días de los cielos”;  reinar tanto en el Milenio como en la Nueva Jerusalén. Pero ¿qué pasa si esos hijos, esa descendencia, son infieles, son hijos que no andan en el Espíritu, que descuidan lo que recibieron y andan en la carne? Entonces dice: “Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades”; el Señor castigará a sus hijos en esta tierra; y si no es suficiente, en el Milenio. “Mas”, aleluya! Qué maravilla el verso 33, a pesar del castigo, “Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre”. Ah! pero son hijos renovados, pero son castigados. Puede sufrir pérdida y pasar por fuego, pero son salvos, porque la salvación no es por obras, la salvación es un regalo que se recibe por fe. Si un hijo recibió al Señor, el Señor dice: nadie los arrebatará de mi mano, esa persona es salva, pero que sea salvo no quiere decir que no pueda ser castigado en esta vida y en el Milenio. Por eso dice: si sus hijos anduvieren mal, serán castigados con vara. Entonces el Señor si anuncia castigo para los hijos, para los siervos, pero no es un castigo eterno. La palabra eterno no aparece aquí, aparece la palabra castigo, pero no eterno. Con los impíos, con las cabras, allá en Mateo 25, cuando el Señor se sienta frente a las naciones y son separados como ovejas y cabras, ahí sí dice la palabra aionico, o sea castigo indefinido, las cabras llevarán este castigo aiónico, pero los siervos son castigados duramente, son partidos en dos, pero no eternamente.

 

     Dice la Palabra: “ponte de acuerdo con tu adversario, pronto, entretanto que estás con él en el camino”; cuando estamos en esta tierra debemos arreglar nuestros problemas, no sea que el adversario te entregue al juez, el juez al alguacil y seas echado en la cárcel. De cierto te digo, dice el Señor, que no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante, o sea no es que va a quedar eternamente allí, pero va a pagar lo que debe si no lo paga ahora. Por eso es que ahora debemos corregir los errores aquí, ahora, ponernos de acuerdo con nuestro adversario, ya, finiquitar el problema ahora, no sea que se vaya el uno, y tocó esperar, o me vaya yo, o nos vayamos los dos, o venga el Señor, entretanto que estamos en el camino, porque si no, vamos a parar a esa prisión, el daño de la muerte segunda; y dice: no saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante. Por eso dice el Salmo 89:36: “Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo”; el Señor salva a la persona porque la persona recibió al Señor y creyó en el Señor, los pecados que fueron reconocidos, los pecados que fueron confesados, los pecados fueron arreglados, la sangre los ha limpiado. El Señor dice: Nunca más me acordaré de tus pecados; pero si ese hijo, ese siervo, aunque es salvo, es hijo, sigue pecando y no reconoce sus pecados, sigue ofendiendo y no reconoce sus ofensas, ¿qué va a pasar? Va a tener que ser corregido; si las reconoce es perdonado y el Señor nunca más se acuerda. Lo que la sangre limpió, la sangre borró, y Dios dice: lo eché en el mar del olvido y nunca más se acuerda; el problema es si nos sorprende la hora de su venida o nuestra muerte sin haber pagado nuestras deudas, reconocido nuestros pecados, haber arreglado las cosas a tiempo, ¿amén?

 

     Volvamos a la parábola. Creo que con esas disgresiones que hicimos en Pedro, el Salmo 89 y 1°Corintios vimos  que es posible estar en el espíritu salvo, y al mismo tiempo estar en sufrimiento, en pérdida, en lloro, en crujir de dientes, en tinieblas de afuera, que no dice que sean eternas en este contexto, porque la persona es salva como por fuego, por eso está dividida en dos, ¿se dan cuenta? Dividida en dos porque es un hijo, pero un hijo que tiene muchas cosas que pagar y muchas cosas que aprender; entonces por eso no puede estar con sus hermanos, sino que estará excluido, no para siempre, pero lastimosamente excluido de lo que era para él, hasta que pague el último cuadrante.

 

     En la hora que no sabe vendrá el Señor y lo cortará en dos” , lo separará, lo dividirá, que aquí se tradujo, lo castigará duramente, pero esa es una traducción muy generalizada; la palabra exacta es lo dicotomizará, o sea que hará una dicotomía; esa palabra se usaba cuando el sacrificio se ponía sobre el altar, venía aquel cuchillo y lo despedazaba hasta que todos los pedazos quedaran separados en el altar, aquí el hígado, allí el corazón, allí las vísceras, allí la carne, allí los huesos, todo en pedacitos; así tiene que tratar el Señor con nosotros. El trata con nosotros ahora. Amados, yo siempre lo digo, y lo digo con mucho cariño, con mucha delicadeza: lo que no nos afecta, no nos transforma; lo que no nos duele no nos transforma; solamente lo que trata profundamente con nosotros, eso es lo que nos transforma, lo digo con cariño. Tenemos que ser puestos allí y despedazados ahora para no serlo después, ¿amén?

 

     Sigue diciendo: “y le pondrá con los infieles, pondrá su parte con los hipócritas”, aquí se refiere a los siervos infieles o siervos hipócritas, o sea que solamente hacían teatro, pero que no han guardado la verdad en lo íntimo. El Señor nos guarde del teatro. “allí será el lloro y el crujir de dientes”.

 

     Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó”, o sea que para hacer la voluntad de Dios hay primero que prepararse y hacer, porque hacer su voluntad es prepararse para su venida para encontrarnos con El, “ni hizo”, son dos cosas: prepararse y hacer. A veces no hacemos porque no nos preparamos; hay cosas en que nos habríamos podido preparar y no nos preparamos, y no pudimos hacer porque para hacer tenemos que estar preparados. La oportunidad para prepararse, la descuidamos. “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”. Aquí habla de siervos azotados y les voy a decir porqué el Señor azota.

     Vamos al Libro de Proverbios; esto sobre todo para los que somos papás; tenemos que conocer esto, Proverbios capítulo 20; vamos a leer el verso 26 y el verso 30. Proverbios versos 26 y 30. El verso 26 dice: “El rey sabio”, ese es el Señor, “avienta a los impíos, y sobre ellos hace rodar la rueda”. Un rey sabio no le deja el camino fácil a los impíos. “El rey sabio avienta a los impíos, y sobre ellos hace rodar la rueda”, los pone a moler, eso hace el rey sabio. El verso 30 dice: “Los azotes que hieren son medicina para el malo, y el castigo purifica el corazón”. Ellos son siervos, son hijos, ellos recibieron al Señor. ¿Cuál es la prueba de que son salvos? Ellos dijeron: Mi señor tarda en venir, pero dijeron: Mi señor, o sea que se reconoció que era el Señor y se reconoció que iba a venir, que va tardar, pero que va a venir, viene, sólo que tarda en venir, pero reconocen que va a venir y reconocen que es su Señor, o sea que se es un creyente, un siervo que el Señor puso, el Señor no va a poner incrédulos en su reino, El pone hijos a servir en la iglesia, pero ese hijo primero fue puesto por el Señor como siervo y ese reconoció que el Señor era su Señor y que iba a venir, o sea que era un siervo, era un salvo, pero qué dice aquí: “Los azotes que hieren son medicina”, el Señor hiere. Uno qué pensaría que el azote fuera medicina; el azote no es que el Señor tenga rabia y quiera desahogarse de la rabia que tiene, no, El nos quiere curar, nos quiere hacer mejores. Entonces dice: “Y el castigo purifica el corazón”. El castigo purifica el corazón, porque el Señor quiere purificar, castiga.

 

     Vamos a ver otro verso: Deuteronomio capítulo 25 versículo 2; aquí está el Señor hablando en el tiempo de la ley, mostrando como es su rectitud; leo desde el verso 1 y voy a leer hasta el 3 para tener el contexto inmediato. Deuteronomio 25:1-3: “Si hubiere pleito entre algunos”, porque a veces hay pleito, ¿qué harán? “y acudieren al tribunal para que los jueces juzguen”, así era en la ley, cuanto más en el cumplimiento de la ley que es Cristo, “que los jueces los juzguen, éstos”, éstos (los jueces) “absolverán al justo, y condenarán al culpable. Y si el delincuente mereciere ser azotado, entonces el juez le hará echar en tierra, y le hará azotar en su presencia”; por eso dice que aquellos en la presencia del Cordero son azotados; “le hará azotar en su presencia, según su delito será el número de azotes”. Por eso dice que unos serán azotados muchos y otros serán azotados poco, porque no todos tienen el mismo delito; según el delito serán azotados, o poco o mucho; ahora, miren la misericordia de Dios. “Se podrá dar cuarenta azotes”, el número de juicio es cuarenta, más de cuarenta no, cuarenta; por eso es que ellos sólo daban 39 por si acaso daban 40 azotes menos uno, por si habían contado mal, no sea que se excedieran, era mejor que faltara y no que se excediera, por eso ellos daban 39, por si habían dado otro y no se acordaban, para no pasar a 41, porque dijo: “Se podrá dar cuarenta azotes, no más”; entonces miren aún la misericordia de Dios, el número 40 es el número de juicio, pero ese no es un juicio eterno, es un juicio para purificar, por eso tiene término, no más, “no sea que, si lo hirieren con muchos azotes más que éstos, se sienta tu hermano”, o sea que es un hermano azotado, “envilecido delante de tus ojos”. Hay que castigar pero no para que el que es castigado se sienta envilecido, sino para que él mismo compense lo que hizo, pague lo que debe, aprenda lo que debe aprender, amén?.

 

     Volvamos a la parábola: “Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco”. Uno pensaría: Señor, pero por qué va a ser azotado si no sabía; uno piensa que no sabía; hay unos que saben más, que son más conscientes, por eso dice: no os hagáis muchos maestros porque recibiréis mayor condenación; o sea que a mí, por ejemplo, se me juzgará más duro que al que no está aquí al frente; pero no piense que si no sabía no pasó nada, no. A veces uno hace lo que no debe sin saberlo, y hace eso sin darse cuenta, pero está haciendo algo malo. Cuando se de cuenta tiene que reconocerlo y tiene que haber expiación. Confesar que hizo algo equivocadamente. Vamos a ver eso en Levítico capítulo 5 versículo 17.

 

     Levítico 5:17: “Finalmente”, dice allí Dios por Moisés, “si una persona pecare”, noten que usa el verbo pecar, “o hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Yahveh no se han de hacer, aún sin hacerlo a sabiendas, es culpable”; cuánto más si lo hace a sabiendas, es más culpable, pero aún si uno hace algo malo sin saber, es culpable, “llevará su pecado”, porque debería haber indagado y conocido la voluntad de Dios, además que Dios no se ha dejado sin testimonio y a través de la creación quedamos sin excusa, por eso somos inexcusables.

    

Vamos a Números capítulo 15, vamos a leer desde el versículo 22 en adelante: “Y cuando erraréis, y no hiciereis todos estos mandamientos que Yahveh ha dicho a Moisés, todas las cosas que Yahveh os ha mandado por medio de Moisés desde el día que Yahveh lo mandó, y en adelante por vuestras edades, si el pecado fue hecho por yerro con ignorancia de la congregación, toda la congregación ofrecerá un novillo por holocausto en olor grato a Yahveh, con su ofrenda y su libación conforme a la ley, y un macho cabrío en expiación. Y el sacerdote hará expiación por toda la congregación de los hijos de Israel,; y les será perdonado, porque yerro es”; noten, era por ignorancia, pero ignorancia ¿por qué? porque no habían buscado la voluntad de Dios, ignoraban pero de todas maneras quedaba un poquito de culpa, dice que es culpable, no tanto como el que sabiendo y a propósito hace, pero el que no sabe porque no buscó como hay que hacer las cosas y las hace erradamente, cuando se de cuenta que hizo algo errado, no diga: Ay! yo no sabía; diga, erré, no me di cuenta, pero erré, Señor, perdóname, y ofrecer el novillo, reconocer y cubrirse con la sangre, no con la auto-justificación de que no sabía; la justificación de que uno no sabía, no lo limpia; la sangre lo limpia, uno tiene que confesar: Señor, éste era un error y yo no lo sabía.

 

     Vamos a ver algunos ejemplos de eso en la Biblia. Vamos a Lucas capítulo 23 , versículo 34: “Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”; o sea que necesitaban ser perdonados aunque no sabían lo que estaban haciendo, pero estaban haciendo algo malo y Jesús no decía: Padre, ellos no saben; no, perdónalos porque no saben lo que hacen.

 

     Pasemos a Hechos capítulo 3 versículo 17; dice el apóstol Pedro hablando a Israel: “Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado”; o sea, ellos hacían cosas por ignorancia, pero a esos que hacían cosas por ignorancia les dice: “Arrepentios y convertios para que sean borrados vuestros pecados, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”, amén.

 

     Pasemos a 1ª a Timoteo capítulo 1, versículo 13; dice Pablo: “habiendo yo sido antes blasfemo,” o sea, no dice que porque no sabía no blasfemó, no, blasfemó aunque no sabía; “habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador”; o sea, sus pecados fueron: blasfemia, perseguir al Señor y a la iglesia e injuriar; él no lo sabía, pero fue pecador en esas tres áreas. Y dice: “mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús”. Amén hermanos. Eso era para que enriqueciéramos esa frase del Señor Jesús que dice: “Mas el que sin conocerla”, o sea que sin conocer la voluntad de Dios, “hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco”.

 

     Miremos un último verso aquí: Salmos 19 versículo 12; vamos a ver que dice allí; dice de la siguiente manera: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos”; o sea que uno puede estar errando y para uno puede ser oculto, entonces nuestra oración no debe ser, sólo Señor perdóname de lo que soy consciente, sino perdóname Señor de lo que me es oculto; quizá yo estoy pecando en algo que no me doy cuenta y debo pedirle al Señor que El me muestre, aunque me duela; tengo que ver la verdad y que me perdone, ¿amén hermanos?

 

     Yo recuerdo una vez, y perdón por una anécdota personal; cuando era nuevo en el Señor, tenía apenas dos años, digamos, estaba en el segundo año de convertido, y empecé a leer al hermano Branham; él tenía muchas cosas buenas, pero tenía también algunos errores; como yo era nuevo, no discernía, y comía el pastel con todas las semillas crudas y todo; él mismo decía que si encontrábamos una semilla, debíamos sacarla, pero como yo no distinguía entre pastel y semilla, me comía la semilla junto con el pastel, lo bueno con lo errado, y así continué hasta que un día el Señor me concedió la gracia de decirle al Señor, así como dice allí en Proverbios: No te apoyes en tu propia prudencia, fíate del Señor, El enderezará tus veredas. Si tú te apoyas en tu propia prudencia, si tú te apoyas en la forma como tú ves, tú puedes errar, porque tú no ves todo como verdaderamente es; el que sí sabe todo como verdaderamente es, es Dios; por eso uno no debe basarse en que como uno ve, sino que uno tiene que decirle: Señor, yo quiero ver como tú ves. Esa vez el Señor me concedió misericordia, y le dije: Señor, a mi esto que leo me parece correcto, puede estar correcto o puede estar equivocado, pero yo te amo es a ti, Señor; yo te quiero seguir es a ti, así que yo te pido a ti que si esto es correcto, tú me lo confirmes, y si es errado, tú me lo muestres; a mí me parece correcto, pero ya no voy a poner el punto final, yo no voy a estar seguro, empecinado en lo que yo pienso; voy a dejar que el Señor dé la última palabra y renuncio a mi propia prudencia. Cuando yo hice eso de todo corazón, el Señor de a poquito me empezó a mostrar los errores, de a poquito, porque no aguantaba todo de golpe; esto es un error, esto también es un error y esto también, y tuve que empezar a arrepentirme y retractarme públicamente y por escrito de los errores que yo pensaba que estaban bien; pero si yo no le hubiese dicho al Señor, el Señor me habría respetado mi elección de mi propia prudencia; yo escogí mi propia prudencia, entonces El no pudo enderezar mis caminos, hasta que renuncié a mi prudencia, a mi dogmatismo y dije: Señor, puede ser que no vea como es, quiero ver como tú, te amo es a ti, enséñame tú, descanso es en ti, corrígeme si es necesario, yo no sé. Entonces El me enderezó. Fíate de Yahveh de todo corazón y El enderezará tus veredas; entonces así estamos siguiendo de verdad al Señor y no a nosotros mismos; amén hermanos.

 

     Ya estamos terminando: “El que sin conocerla”, vea, los pecados ocultos, “hizo cosas dignas de azotes”, o sea que aún sin conocer unas cosas que son dignas de azote es pecado, hay culpa, no tanta como cuando es de adrede, pero hay una medida, como dice Romanos 1 que el hombre es sin excusa, y Romanos 2 dice que aún nuestra conciencia nos redarguye, aunque no conozcamos mucho, por lo menos sospechamos algo, ¿amén? Entonces dice: “El que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho…”, aquí no dice qué, haya dado lo que haya dado, puede ser que le dio conocimiento, puede ser que le dio oportunidades, le dio talentos, le dio dones, le dio dinero, propiedades, lo que sea que Dios te haya dado, eso es para ponerlo al servicio del Señor. Según lo que te haya dado, eso te pedirá. ¿Qué hiciste con lo que te di? ¿Qué hiciste para mí, claro, dice el Señor. “a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado más se le pedirá”. Por eso el Señor dijo que el castigo para Betsaida sería menos tolerable; para nosotros oír Betsaida, qué rico Betsaida, Felipe era de Betsaida, la aldea de Pedro, Andrés y Felipe; Capernaum donde moró el Señor; Corazín; el Señor dice: en el día del castigo, será más tolerable el castigo de Sodoma y de Gomorra que el de Betsaida, más tolerable el de Tiro y de Sidón que eran fenicios que el de estas ciudades. ¿Por qué será más tolerable? Vemos que en el castigo no todos son parejos, sino que a unos el castigo es más tolerable que a otros; unos sufrirán más que otros; los dos serán castigos, pero habrá castigos menos tolerables, o sea, más difíciles de sobrellevar y hay otros castigos más tolerables; entonces el Señor habla de eso allí, ¿verdad?

 

     Leamos un verso, el último que vamos a leer. Amós capítulo 3 versículo 2. Dice allí: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades”; o sea, El escogió a Israel, se le reveló a Israel más que a otros, Israel hizo cosas peores, entonces tuvo que corregirlos más duro. Cuando vemos la historia de Israel, persecuciones, los campos de concentración, la diáspora, etc. vemos mucho castigo, pero ¿por qué? El Señor dijo: sólo a ustedes yo los conocí, sólo a ustedes el Señor se reveló, a Israel; las demás naciones no conocían nada, por eso es que los voy a castigar por sus maldades. Jesús también dijo: Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa. Hermanos, nosotros que sabemos, seremos medidos más estrictamente. Al que mucho se le haya dado, más se le demandará. Al que se le dio poco, poco se le demandará.

 

     Al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”. Entonces, hermanos, que esta parábola del siervo fiel o infiel, verdaderamente nos ayude, verdaderamente nos impulse a volvernos al Señor, a pedir su socorro, pedir su gracia y vivir por El. Amén, hermanos! Vamos a orar de todo corazón. El Señor es misericordioso.

 

     Nuestro Dios, nuestro Dios, no queremos ser oidores olvidadizos, no queremos ser como aquellas plantas espinosas que en vez de producir fruto con la lluvia, usan la lluvia para las espinas; la misma lluvia que alimenta los frutos dulces, alimenta también las zarzas y los espinos. Queremos ser buenos frutos, árboles de buen fruto, que la semilla de tu palabra, el agua viva de tu palabra que nos riega, produzca fruto para ti que eso es lo que tú deseas, y por eso nos reúnes, no para castigarnos, sino para ser tus hijos amados y porque nos amas nos amonestas y nos llamas. Padre, perdona nuestros pecados, perdona aún los que no son ocultos, ayúdanos a ser absolutamente sinceros. Si no sabemos ser sinceros, ayúdanos a serlo, ayúdanos a vivir a tu luz para juzgar las cosas según tu luz, para ser corregidos, para ser hechos hijos e hijas fieles, estables, firmes, para que tu gloria pueda ser manifiesta en aquel día. Que no estemos llorando, mientras otros están sirviendo en el Milenio. Señor, ayúdanos, ayúdanos, que la verdad no nos ofenda, que la verdad nos convierta y nos sane, en el nombre de Jesús. Te pedimos, Señor, que consueles nuestros corazones, que consueles todos los corazones, Señor, que por una u otra cosa sufren. Todos sufrimos a veces, de una u otra manera, pero tú conoces los que pasan pruebas difíciles. Señor, tu mano sanadora sea sobre cada una de nuestras almas, sé sobre el alma de los abatidos, porque tu viniste a dar gozo a los quebrantados, óleo de alegría a los contritos. Señor, porque tú eres el Cristo Salvador. Señor, aquí estamos haciéndonos más responsables delante de ti, pero no tememos esto porque de verdad queremos ser fieles, porque confiamos que nos ayudarás. Ayúdanos a serte fieles, es lo que te pedimos. Ayúdanos a vencernos a nosotros mismos y a ser buenos, compasivos, misericordiosos, delicados unos con otros; en el nombre del Señor Jesús, porque con el juicio con que juzgamos seremos juzgados y juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia. Concédenos, Señor, ser misericordiosos para alcanzar misericordia, en el nombre del Señor Jesucristo. Ayúdanos a perdonar, ayúdanos a corregirnos, ayúdanos, en el nombre de Jesucristo, amén. La paz del Señor sea con los hermanos. 

 

Gino Iafrancesco V., 26 de abril 2005, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.

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