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LAS DIEZ DRACMAS
Señor, Tú conduces por tu Espíritu a tu Iglesia
a proclamar tu Nombre, tu grande victoria a nuestro favor. Gracias te damos,
Señor; exaltado seas Tú, exaltado en medio de la iglesia, exaltado en los
cielos y en la tierra; porque la tierra también será llena del conocimiento de
tu gloria, en Cristo Jesús. Gloria a Ti, exaltado seas, exaltado por tu Iglesia,
Oh Dios, en Cristo Jesús, amén. Padre, gracias por concedernos estar en tu Santa
Presencia por Su preciosa sangre. Señor, seamos con tu socorro abriendo tu Palabra,
que Tú nos hables por todos los rincones de tu Palabra, que Tú puedas, Señor,
afirmarnos en tu gracia y en tu poder; que lo que veamos de tu Palabra, Señor,
alimente nuestro hombre interior, nos establezca firmemente en Ti; seamos
afirmados para la eternidad, y habiendo acabado todo, estar firmes en el Señor
Jesús; amén.
Hermanos, muy buenas noches, la paz del
Señor Jesús sea con todos. Con la ayuda del Señor, vamos a estar hoy dando
continuidad a la consideración de las parábolas del Señor Jesús, por medio de
las cuales el Señor nos habla de los misterios del reino de los cielos. Hoy
vamos a considerar una de las parábolas de la trilogía de parábolas que
comenzamos a ver la vez pasada; y la parábola de hoy se encuentra solamente
registrada en el capítulo 15 de Lucas. Lucas capítulo 15, versículos 8-10. “O ¿qué
mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y
barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra,
reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la
dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de
Dios por un pecador que se arrepiente”. ¡Amén, hermanos! Esta parábola,
como dijimos al principio, forma parte de una trilogía que aparece solamente
aquí en Lucas; porque Mateo sólo menciona lo de las cien ovejas, y punto; pero
Lucas sí menciona las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esas
tres parábolas tienen un fondo muy semejante; y el Espíritu Santo le dio a
Lucas un principio de asociación, y las agrupó aquí en este capítulo 15; de
manera que todas ellas nos hablan algo parecido, solamente que con algunas
pequeñas variantes; y esa trilogía nos muestra también la trilogía de la
Trinidad. Ustedes se dan cuenta de que en la parábola del hijo pródigo, que
consideraremos, si Dios permite, después, ahí aparece el personaje que representa
al Padre; aparece el Padre recibiendo a su hijo pródigo. En la que vimos la vez
pasada aquí mismo en el capítulo 15, la de las cien ovejas, ahí aparece el
pastor buscando la oveja y llevándola en sus hombros; o sea que ahí aparece el
Hijo; y nos queda, entre esas dos, esta parábola de esta trilogía, la de la
moneda perdida, el dracma perdido, las diez dracmas, donde seguramente que es
el Espíritu Santo el que busca; sólo que Él lo hace usando sus medios; y
entonces vamos a ir viendo los medios que usa el Espíritu Santo para encontrar
el dracma perdido. Lógicamente que aquí la mujer no representa al Espíritu
Santo, sino que representa más bien a la Iglesia, porque la iglesia es el
cuerpo de Cristo, es la casa de Dios, es la morada del Espíritu; por lo tanto,
es el vehículo del Espíritu. Es decir que en esta trilogía aparece el Padre
resaltado en la parábola del hijo pródigo, el Hijo como el pastor en la
parábola de las cien ovejas, y aquí el Espíritu Santo obrando por los medios de
gracia para salvar a las personas perdidas, y también a los que están caídos
levantarlos.
Vamos a repasar las frases en esta
parábola. Vamos a empezar desde el verso 8: “O ¿qué mujer…?”; sólo ese inicio está diciendo que es inaudito, que
eso no se va a dar, que sería raro que a una mujer a quien se le pierde algo
que tiene, algo que valora, no le va importar, y lo va a dejar perder; eso
sería extraño; entonces el Señor está diciendo: Si una mujer de la tierra tiene
cuidado de algo que ella valora, algo que ella tiene, ¿cuánto más Dios? En otras
ocasiones también el Señor Jesús hace esas comparaciones, mostrando como
incluso personas de la tierra, que somos malos, hacemos cosas buenas. Dice: Si un hijo le pide a su padre, un hombre
de la tierra, si vosotros siendo malos,
si su hijo le pide pan, ¿acaso le va a
dar una piedra? y si le pide un huevo, ¿le va a dar una serpiente? Lo dice
a propósito para hacer el contraste; ¿cuánto más vuestro Padre? Entonces el
Señor quiere dirigir nuestro corazón principalmente a nuestro Padre, el Señor
quiere que conozcamos al Padre; lo que el Señor Jesús hizo de una manera muy
especial fue presentar a ese Dios que era tan Altísimo, tan lejano, presentarlo
tan cercano, presentarlo como nuestro Padre, Dios totalmente cercano. Entonces
esas parábolas lo que hacen es traer el cielo a la tierra, la presencia del
Señor bien cercana, como que lo podemos tocar; y lo hace con preguntas como
ésta: “¿O qué mujer…”; es que una
mujer ni siquiera se descuidaría de una moneda; ¿cuánto más Dios? Entonces Él
empieza y da estos detalles: “¿Qué mujer que tiene…”, o sea, hay un sentido
de posesión; quiere decir: cuando tú aprecias algo, tú no quieres que eso se
pierda, no eres indiferente, lo tienes. Si algo te es indiferente, si algo no
te importa, pase lo que pase no te hace ni fu ni fa, lógicamente tú no tienes
ninguna ligazón con eso, ¿verdad? Pero aquí lo que Dios quiere mostrar es que
tenemos ligazón con Dios; el corazón de Dios está ligado a nosotros; por eso Él
habla de una mujer que tiene, es decir, que posee algo; o sea que Dios sentiría
en su corazón si le faltara; eso es lo que Él quiere decir.
Vemos el ejemplo
de diez dracmas. El dracma es una moneda griega; realmente la moneda es griega,
pero equivale a una moneda romana que es el denario; digamos que un dracma se
cambiaría por un denario; y un denario es una moneda que equivale al salario de
un día de trabajo. Cuando la persona trabajaba todo ese día, ganaba un denario;
y con ese denario podía mantenerse él, mantener su familia, y quizás ahorrar un
poquito. Entonces eso sería un denario; y esa es más o menos una dracma; y aquí
Él usa diez dracmas.
El número diez en
la Biblia es un número de universalidad, es un número de generalidad, o de
totalidad; cuando aparece en la Biblia el número diez, aparece como la
generalidad. Por ejemplo, en el capítulo 10 de Génesis aparece la Tabla de las Naciones
mostrando toda la humanidad. Cuando aparece el reino final del mundo, aparece
con diez dedos, o diez cuernos rodeando a la bestia final, hablando de un
gobierno mundial. Cuando aparecen los hijos de Dios, las iglesias esperando al
Señor Jesús, los compara con diez vírgenes. Entonces, es el número de la
totalidad; quiere decir que el Señor, que es el Dios de todo, no quiere que le
falte nada.
Ustedes recuerdan un pasaje, si lo quieren
leer conmigo, y luego volveremos aquí; en Apocalipsis, vamos a leer allí un
pasaje que nos ayuda a entender ese sentir del Señor, como es el sentir de
cualquier padre, como lo decíamos la vez pasada, que si tiene tantos hijos, y
el asiento de uno de ellos está vacío en la mesa, aunque se alegra con los que
están, su corazón sabe que todavía le falta el otro hijo que se sienta ahí;
sólo cuando todos los hijos están ahí, él está satisfecho, porque su casa es
lugar de reposo de él. Entonces vamos allí a Apocalipsis, a los dos capítulos
de las iglesias, al 2 y al 3, que es donde aparecen los mensajes a las siete
iglesias; y quiero que miremos allí en el capítulo 3, en el verso 1, como el
Señor le dice a Sardis, que como ustedes saben, era una iglesia que estaba
perdiendo las cosas, y se estaban quedando con vacíos. Podemos leer lo de los
vacíos en el verso 2 que dice: “Sé
vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir;” o sea, las cosas
están muriendo, y sigue diciendo: “porque
no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que
has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete”; o sea que el Señor no
quiere que se pierda nada; aún cuando sobraron aquellos panes después de que
comieron, esos que sobraron de aquellos pocos panes y peces que El multiplicó,
hubo un principio de economía que siempre tenemos que recordar, que lo podemos
escribir en el corazón y en las paredes: “que no se pierda nada”; es una frase
corta, pero es un principio de economía: “que
no se pierda nada”.
Entonces el Señor,
al inicio del verso 1, le dice a la iglesia: “Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete
espíritus de Dios”; el número siete es el número de plenitud; “y las siete estrellas”. Lo mismo le dice
a Efeso; miren en el capítulo 2 al inicio: “Escribe
al ángel de la iglesia en Efeso:”, o sea, la iglesia que había comenzado a
aflojar, “El que tiene las siete
estrellas en su diestra, El que anda en medio de los siete candeleros”.
Cuando Juan vio la visión, eran siete candeleros; y ahora Él dice: -Yo soy el
que ando entre los siete-; pero ¿por qué le menciona a Efeso los siete
candeleros? A ninguna otra de las iglesias le mencionó los siete candeleros; ¿por
qué a Efeso? Porque Efeso corría el peligro de perder su candelero, y Él es el
que anda en medio de los siete, no seis, ni cinco, ni cuatro; entre los siete
candeleros. Entonces dice allí en el versículo 5 del capítulo 2: “Recuerda, por tanto, de donde has caído, y
arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y
quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”; tu
candelero de su lugar; o sea que cada candelero tiene un lugar, y el Señor es
el que anda en medio de los siete candeleros, o sea, en medio de la plenitud de
las iglesias; Él no quiere que haya un lugar vacío; así es el corazón de Él, y
así tiene que ser también nuestro corazón. Dios no es indiferente si faltamos,
Dios no es indiferente si no estamos presentes; lo mismo a nosotros no nos
puede ser indiferente ningún hermano; si no está, si falta algún hermano, y
somos indiferentes, es como si no tuviéramos ligazón con los hermanos; pero si
somos hermanos, tenemos el mismo Espíritu, y sentimos la carga del hermano. No
porqué esté el otro ya no es necesario que esté éste, no; tenemos que estar
todos, el otro y éste, todos, que no falte ninguno, ¿verdad? Entonces ese mismo
principio aparece en Lucas.
Volvamos a Lucas: “tiene diez dracmas”; antiguamente, especialmente las mujeres
casadas en ese tiempo, ellas hacían una especie de balaca con las diez monedas;
las mujeres casadas acostumbraban tener esas monedas, y se ponían esas diez
monedas porque ¿qué es lo que hay en una moneda? En una moneda está impresa la
imagen del dueño de la moneda, allá era el César. Cuando le preguntaron a Jesús
por qué no pagaba los impuestos, Él dijo: traedme
la moneda. ¿Es lícito dar tributo al César? Traedme la moneda; y le trajeron la moneda; y ¿a qué fue a lo que Él
les llamó la atención?: ¿De quién es esta
imagen? O sea, ¿a quién le pertenece esta moneda? Pertenece según la imagen
que esté grabada; eso es muy importante entenderlo. Nosotros le pertenecemos a
aquel que está impreso en nosotros. Si el Señor se imprime en nosotros, quiere
decir que somos sellados por Él, quiere decir que le pertenecemos a Él; pero si
otra cosa se imprime en nosotros, le pertenecemos a aquello que se imprime en
nosotros; por eso es que los que tengan la marca de la bestia en la mano o en
la frente, le pertenecen al enemigo; ¿por qué? porque se dejaron marcar, tanto
en su frente, y sus pensamientos son dirigidos por el enemigo; su servicio, su
mano, es para trabajar para el enemigo; por eso tienen una marca en su frente y
en su mano; y se dice que los que tienen esa marca de la bestia no tienen
reposo ni de día ni de noche, sino que van a ser atormentados delante del Señor
por los siglos de los siglos; lo dice allí en Apocalipsis. O sea que lo que
está impreso en uno, indica a quien uno le pertenece. Si nosotros nos dejamos
imprimir propaganda, ya sea directa o subliminal, porque ahora también hay
subliminal, y no hay que estar exponiéndose, ni a la directa, menos a la
subliminal, ¿verdad? Porque uno se va pareciendo a aquello que uno aprecia, a aquello
en lo que uno se concentra. Yo les contaba una vez que había un político aquí
en Colombia, yo no lo sabía, pero yo le decía a mamá: me parece que ese señor
tiene cara como de caballo; y resulta que era amigo de los caballos y le
gustaba pintarlos, dibujarlos.
Repito también para los hermanos más nuevos:
vamos a 2ª a los Corintios capítulo 3 desde el verso 17 y 18, donde dice: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está
el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a
cara descubierta como en un espejo…”, aquí la palabra dice: en, es una
parte de la traducción, pero realmente el espejo somos nosotros, nosotros somos
el espejo que mira al Señor; cuando el espejo se pone frente al Señor, entonces
el rostro del Señor aparece en el espejo; la intención es que nosotros
observemos al Señor. Cuando permanecemos delante de Él, vamos siendo
transformados a la imagen de Él; pero ¿qué pasa si en vez de estar en la
presencia del Señor, estamos en la presencia de una telenovela boba, y a veces
no tan boba, sino bien sucia, o estar delante de cualquier cosa indigna? eso es
lo que va a aparecer en el espejo, eso es lo que se nos va a grabar en
nosotros, aquello que nosotros miramos. Entonces dice acá: “mirando a cara descubierta como en un espejo
la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma
imagen, como por el Espíritu del Señor”, o sea que el ser humano fue
diseñado para estar delante del Señor y expresar al Señor; pero ¿qué pasa
cuando uno no está delante del Señor, cuando le da la espalda al Señor, y
empieza a seguir a los demonios? se va pareciendo a los demonios; o ¿no les
parece que así es como lucen muchos artistas de rock ahora? Con lenguas largas,
bípedas, con ojos todos pintados; ellos se parecen más a los demonios. El
diablo está profanando la imagen del Señor en los seres humanos, porque nos
volvemos a las cosas bajas, y en eso nos vamos volviendo. Como dice también un
Proverbio: “Según es el pensamiento en el
corazón, tal es la persona”; lo que uno contempla en su corazón es lo que
determina a lo que uno se va pareciendo. Entonces por eso hay que mirar al
Señor, para ser transformados por el Señor.
Entonces estas
monedas, eran monedas que tenían el sello del rey; las monedas son con lo que
se paga, con lo que se compra, con lo que se entra, con lo que se sale; y en
las monedas, en las dracmas, estaba la imagen del rey. ¿De quién es esta imagen? Del César; entonces dadle al César lo que es del César; si tiene la imagen del
César, es porque es del César; entonces denle a él lo que es de él. Entonces ¿a
quién le pertenecemos? A quien está forjando su imagen en nosotros. Amén.
Tomamos estos versos para enriquecer lo que
quiere decir un dracma, una moneda; pero ya no es una, sino que son diez; y en
esas diez monedas está impresa la imagen del dueño; y eso las mujeres se lo
colocaban como una balaca en aquel tiempo; imagínense que se le perdiera, que
se le saliera una moneda. Ellos antiguamente lo tomaban como un mal agüero; no
estoy diciendo que nosotros hagamos eso; nosotros no tenemos que vivir por
agüeros; pero si a alguna de ellas se le caía una moneda, ella pensaba, bueno,
que se le iba a dañar el matrimonio, o que le estaba siendo infiel su esposo, o
que algo le iba a pasar; ellas se preocupaban si les faltaba una moneda. Nosotros
no lo tomamos en ese espíritu, claro que no. Como unos que dicen que se les
cayó el anillo, y entonces ahora se les va a romper el matrimonio; nosotros no
lo tomamos en ese sentido, pero lo digo para que comprendamos la preocupación
de esta mujer, ¿verdad? Porque ellas acostumbraban ponerse esas balacas con las
monedas. Si era una persona pobre, y no se ponía las monedas en la balaca, las
guardaban como en un pañuelito; y lógico, al manipularlas, quizás en un
tropezón se le cayó; y aquellas casas no eran como las de ahora. Recuerden que
en ese tiempo no había luz eléctrica, y Jesús hablaba para el pueblo, ¿verdad?
Las casas eran pequeñas, y el piso era de tierra, no había ventanas; algunas
casas tenían una ventanita pequeña, pero lo normal era que no había ventanas;
de manera que si se caían esas monedas, había que encender la lámpara, había
que prender la luz, no como ahora, que hay luz eléctrica; allá era un problema
si se le caía una moneda; si se caía, quedaba en la oscuridad; eso es lo que
quiere decir una moneda perdida, es una moneda en la oscuridad.
Entonces dice aquí: “si pierde una dracma”; puede ser que tenga las nueve, pero si
pierde una de las diez, no va a quedar contenta con las nueve que tiene, porque
le falta la décima, porque la décima significa algo. No piense que porque tú
eres apenas una persona, y a lo mejor quizá no seas un gran apóstol, un gran
escritor, puedes pensar que tú no eres nadie; no es así. Para el Señor cada
persona es importante, cada persona es de valor; para el Señor no hay montón; hay
seres humanos a quienes el Señor los conoce íntima y profundamente y que los
ama, que los creó para que lo reciban, lo conozcan, y participen de Su gloria;
para eso creó los seres humanos. Él no quiere la muerte de ninguno, Él quiere
que todos se arrepientan, y Él quiere que todos sean salvos y que todos vengan
al pleno conocimiento, a la epignosis, al pleno conocimiento de la verdad; ese
es el deseo de Dios para todos; no hay ninguno que pueda decir: -seguramente yo
no estoy en el interés de Dios-, no; por eso nos está hablando esta parábola,
para decirnos que cada uno está en el interés de Dios; Dios está interesado en
ti, no pienses en otro; tú puedes ser esa moneda, allá escondida en la
oscuridad, en el polvo; en ti está interesado el Señor, ¿amén?
Ahora vemos que aquí empieza a decir tres
cosas claves para encontrar esa moneda: la primera, enciende la lámpara. Entonces vamos a ver cuales son los medios de
gracia para encontrar la moneda perdida. Primero enciende la lámpara; la
lámpara en la Biblia representa dos cosas, y esas dos cosas se relacionan; por
una parte, representa la palabra del Señor. Dice en el Salmo 119: Lámpara es a mis pies tu palabra, o sea
que la palabra del Señor es la lámpara; pero no es la palabra muerta, la
palabra sin entender, no, sino la palabra vivificada por el Espíritu; por eso
también nuestro espíritu humano representa la lámpara. Dice la Biblia que el
espíritu del hombre es la lámpara del Señor; o sea que lo primero para
encontrar lo que está perdido, es encender la lámpara, usar Su palabra viva,
revelar Su palabra en el espíritu; eso es lo primero para que alguien sea
encontrado; si no, vamos a seguir en la oscuridad, no va a haber luz; para ser
encontrados tiene que encenderse la luz de la Palabra y del Espíritu, eso es lo
primero. Entonces dice: “¿no enciende la
lámpara?”, porque esa interrogación cobija a todas estas frases.
Segunda: “barre
la casa”; la casa puede tener un significado colegiado, como estaba
orando nuestra hermana Lisbeth al principio, pero también individual. Nosotros somos
cada uno, la casa del Señor; y todos juntos somos la casa del Señor, porque
cada uno lo es y todos juntos lo somos con mucha más razón. Entonces primero
tiene que haber un trabajo de encender la lámpara, que tiene que ver con un
trabajo en el espíritu, en el interior, es decir de regeneración; y es un
trabajo del Espíritu usando la iglesia, llevando la Palabra del Evangelio para
que haya primero luz. ¿Qué fue lo primero que dijo el Señor cuando tuvo que
componer el caos, porque había un caos? ¿Qué fue lo primero? Sea la luz; y luego: sepárese lo de arriba de lo de abajo,
porque estaba todo mezclado; y entonces Él empieza a separar lo que es de
arriba de lo que es de abajo, lo que es del Espíritu de lo que es de la carne,
lo que es del ego, lo que es de la naturalidad, lo que es del mundo, de lo que
es de Dios; lo que es santo de lo que es profano, lo que es vil de lo que es
precioso. Dios tiene que hacer primero un trabajo de regenerar, y luego de
santificar, de renovar. Entonces aquí estamos viendo ese trabajo del Espíritu a
través del testimonio de la iglesia, buscando la persona que está perdida pero
que para el Señor es valiosa. Regenerando primero, es decir, trayendo luz al
espíritu, trayendo vida; si no hay luz en nuestro espíritu, seguimos perdidos;
pero esa vida en el espíritu tiene que pasar al alma; entonces tiene que haber
una barrida de la casa, una limpiada, una renovación; o sea, se tienen que
sacar todas las cosas sucias; porque a veces recibimos al Señor, y somos
regenerados, pero todavía no renovados, porque son dos cosas diferentes.
Vamos a la epístola de Pablo a Tito, que
nos habla de esas dos cosas. Vamos a Tito, capítulo 3. Miremos en el versículo
3, la moneda perdida, el dracma perdido. “Porque
nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados,
esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia,
aborrecibles y aborreciéndonos unos a otros”. Esa es la moneda perdida, esa
es la moneda en oscuridad, debajo del polvo, en la carne, en el mundo, en la
perdición, éramos. “Pero cuando se
manifestó la bondad de Dios nuestro Señor, y su amor para con los hombres”,
allí es cuando Él estaba buscando con diligencia esa moneda perdida,
trayéndonos la palabra de Dios, que es el evangelio, y que nos anuncia ese
amor, esa obra a favor de nosotros. Entonces dice: “nos salvo, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho”;
¿qué era lo que nosotros hacíamos? Pecar, nosotros estábamos perdidos; el que
buscó la moneda fue la mujer, no fue la moneda la que buscó a la mujer, fue la
mujer la que buscó la moneda, es Dios el que nos buscó a nosotros a través de
sus medios de gracia: “nos salvó, no por
obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”;
eso es algo jurídico, nos salvó por su
misericordia; y ahora empieza lo orgánico, la operación en nuestro interior:
“por el lavamiento de la regeneración”;
no dice “la regeneración de lavamiento”, como si el lavamiento regenerara, sino
que la regeneración lava. Ya vosotros estáis
limpios por la palabra que Yo os he hablado. Entonces primero viene el
lavamiento de la regeneración, la palabra que limpia y que regenera, es decir,
que comunica la vida divina a nuestro ser; entonces menciona primero la
regeneración; la regeneración es la vida divina del Espíritu de Dios en nuestras
vidas; por eso es la lámpara encendida; y dice aquí: “y”, no sólo la regeneración; “y
por la renovación”; del lugar santísimo pasa al lugar santo; “y por la renovación en el Espíritu Santo, el
cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para
que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la
esperanza de la vida eterna”. Entonces aquí nos damos cuenta de que en un
sentido inicial renovación es algo más que regeneración.
Vamos a ver esa misma renovación en Romanos
capítulo 12; vamos a ver esa expresión allí en Romanos capítulo 12. Dice desde
el verso 2: “No os conforméis a este
siglo, sino transformaos por medio de la
renovación de vuestro entendimiento”; o sea, la renovación es la obra
del Señor en nuestra alma; quiere decir también: en nuestros pensamientos; allí
es donde hay que barrer; hay que barrer en nuestros pensamientos, en nuestras
emociones; allí también hay que barrer; hay que barrer en nuestras emociones y en
nuestra voluntad; ahí también hay que barrer, porque primero recibimos el
Espíritu en nuestro espíritu por la fe, pero esa vida viene para comenzar un
proceso de renovación; porque la regeneración es en un instante; la
regeneración es cuando crees en el Señor y el Espíritu del Señor vino a tu
espíritu; el Espíritu de Dios entró en el tuyo, y ahí tienes un nuevo Espíritu,
eres una nueva creatura, eres un hijo de Dios en el espíritu; eso es
instantáneo, la regeneración sólo requiere del instante primero de la fe
verdadera. Cuando de verdad crees en el Señor, ya naces de nuevo. Pero ahora la renovación es una barrida que dura
todo el tiempo; es decir, ahora necesitamos ser renovados, que es distinto de
regenerar; la regeneración es la vida divina en nuestro espíritu, pero que
ahora es necesario que pase a nuestra
alma, o sea, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a nuestra
voluntad, o sea, a la casa; ahora viene la barrida de la casa; ¿para recuperar
qué? aquello que Él aprecia, en lo cual está la imagen del dueño, ¿ven?, está
la imagen del dueño. Lo que el Señor quiere recuperar es la imagen de Cristo en
nosotros, porque nosotros la hemos manchado por causa del pecado; entonces
tiene que haber una barrida; es decir, primero hay la encendida de la lámpara y
entonces la barrida de la casa, barrer la casa; ¿para qué se barre la casa?
Para que toda la mugre que está encima posiblemente de la moneda, salga, y
pueda aparecer la moneda con la imagen; pero si está debajo del polvo, en la
oscuridad, no se va a encontrar; entonces se tiene que encender la lámpara y se
tiene que barrer; eso es lo que el Señor está haciendo.
Y dice más: “y
busca con diligencia hasta encontrarla”. El Señor es diligente en la
búsqueda; nosotros pensábamos que nosotros éramos los que buscábamos,
pensábamos que nosotros éramos los buscadores, ¿verdad? A veces nos jactamos de
ser creyentes. Nosotros leíamos filosofía, psicología y esoterismo, buscando la
verdad, pero realmente esa hambre interna era el Señor buscándonos a nosotros;
y luego tiene que barrer ese montón de porquerías con que nos atosigamos,
porque el que en verdad nos busca es el Señor; Él es el que nos busca. Entonces
dice:”y busca con diligencia”; ¡qué
precioso es esto! dos palabras claves: buscar;
o sea el Señor en verdad nos busca, en realidad le importamos a Él, de tal
manera que si no nos encuentra en el lugar en que tenemos que estar, que es ahí
en la mesa con los demás hijos, Él nos busca. ¿Cuándo te parece que Él ejercita
la intercesión? No solamente cuando estoy bien, sino precisamente cuando estoy
peor. ¿No le dijo eso el Señor a Simón?:
Simón, Satanás te ha pedido, porque Satanás, para poder tocarnos, tiene que
pedirle permiso al Señor; y el Señor le da permiso sólo un poquito, solamente
para que nosotros reaccionemos y veamos en qué peligro estamos. Entonces le
dijo: Satanás te ha pedido para
zarandearte como a trigo, pero yo he rogado por ti; es decir, cuando tú
estás en plena zaranda, mejor dicho, con esos nervios que suben y que bajan,
porque ¿saben que es zarandear? Zarandear es sacudirlo; o sea, cuando estamos
en esa sacudida, que estamos para arriba y para abajo, ahí es cuando Él está
intercediendo; no es cuando estás bien, cuando todo está bien contigo, tú estás
orando, ayunando, estar reuniéndote, estás amando, estás sirviendo; claro que
también ahí, pero cuando tú necesitas, cuando estás en el peligro, cuando estás
en la prueba, cuando estás en el conflicto, ahí es que Él está cuidando de ti,
ahí es que Él está intercediendo por ti, ahí es cuando Él dice: yo rogué por ti para que tu fe no falte;
es decir, fíjense que a Judas Iscariote le faltó la fe y se ahorcó, se reventó,
se explotó. Pedro también negó al Señor, pero el Señor intercedió para que no
le falte la fe, y él venció. Entonces por eso dice la palabra del Señor: cuando vuelvas, confirma tus hermanos; o
sea, Él intercedió por Pedro cuando Pedro estaba en la zaranda; dice: yo he rogado por ti que tu fe no falte;
es decir, no te puede faltar la fe cuando estás en la zaranda, porque la
zaranda viene para hacerte sentir tus sentimientos, como si Dios te hubiera
olvidado, como si ya no hay caso contigo, esas emociones negativas,
pensamientos y sentimientos negativos que el enemigo trae, es como para hacerte
sentir que estás en el aire, porque como a veces te quieres guiar por los
sentimientos, y los sentimientos son como el ascensor que sube y baja, que no
son seguros, cuando viene el día de la prueba, la hora difícil, cuando viene la
andanada de dardos de fuego del maligno y tú empiezas a desconfiar porque no
puedes sentir, ahí tu fe empieza a tambalear; esa es la zaranda. Pero dice: que tu fe no falte; la fe es en la Palabra,
nunca busques la fe en los sentimientos, nunca te bases en lo que sientes, sino
en lo que Dios dice. Si Dios dice algo, es así, tienes que creer, resistir otro
pensamiento, resistir todo sentimiento; lo que Tú dices, Dios, es esto; y esto es lo que yo creo; porque los
enemigos vienen a la mente, vienen a las emociones, vienen al sistema nervioso,
viene a la piel; ahí es donde el enemigo viene; a veces viene deleitoso, y a
veces viene terrible, de las dos maneras; él es terrible, él viene a matar, a
robar y a destruir, él nos tiene un odio terrible. Gracias a Dios que el amor
del Señor es mayor, y el poder del Señor es mayor. Pero ¿qué es lo que Él pide
para mantenernos firmes y resistir? La fe, que
tu fe no falte. Entonces allí es cuando el Señor intercede. Dice que El
intercede por nosotros siempre; no que Él es sólo sacerdote cuando estamos bien,
y luego deja de serlo cuando cometimos la falta; al contrario, es porque Él
conoce que somos terriblemente falibles, más de lo que nos imaginamos, y eso es
lo que vamos descubriendo a medida que caminamos con el Señor, cuán débiles
somos; y entonces ahí es que Él intercede, intercede para que no nos falte la
fe; la fe no en nosotros, porque nunca estaremos delante de El por la justicia
propia; sino la fe en Su amor; nunca
debemos dudar de que Él nos ama, no importa lo que pensemos, no importa lo que
sintamos; Él nos ama, y ahí tenemos que estar seguros, y ahí nos afirmamos, y
ahí resistimos, y ahí pasa la tormenta y nos levantamos de nuevo, ¿amén
hermanos? Esa es la búsqueda diligente,
es el Señor buscándote a ti, donde estás, en una cueva, porque si no estuvieras
en una cueva no habría que buscarte; pero a veces estamos en pozos, y Él nos
busca diligentemente en el pozo, porque ¿hasta dónde Él bajó? ¿saben hasta
dónde? Hasta el Seol, a llevar a los que estaban cautivos en el Seol; y predicó
el evangelio a los muertos, que Él era el Mesías que todos esperaban, para
sacarnos del hueco; para eso vino el Señor, amén. La búsqueda diligente del
Señor nos alcanza en el hueco. ¡Dónde estaba Elías? En un hueco, huyendo,
temeroso; ¿qué haces ahí Elías? Sal, sal del hueco. Lázaro ¿qué haces en la
tumba? Sal fuera; y salió; eso es lo que hace el Señor, ¿qué haces tú ahí? Sal
fuera del hueco, sal a la luz , levántate y ven, ¿amén? “busca con diligencia hasta…”, ¡aleluya! La búsqueda del Señor, “…hasta encontrarla”. No es como nosotros,
no, no; tiro la toalla; el Señor no tira la toalla, Él busca hasta encontrar; ¿a
quién? a quien ama; Él nos ama, y entonces busca hasta encontrarnos.
Verso 9: “Y cuando la encuentra”, ¡aleluya! ¡Gracias a Dios! “Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas”;
si esta es la iglesia local, serán las otras iglesias; “y vecinas”, que podrán ser los ángeles, porque después habla de los
ángeles también; “diciendo: gozaos
conmigo”, ¡aleluya! Ese es el amor del Señor; todavía no estaba gozando
mientras está buscando, pero Él busca hasta encontrar para poder gozarse,
porque dice que El menospreció el oprobio
por el gozo puesto delante de Él; Él sabía el mal que existiría si dejaba a
las personas libres, pero si hacía solo títeres, ¿qué gloria habría? Entonces
son libres, tanto los ángeles, como los querubines, y los hombres; y se rebeló
el maligno. Él sabía el daño que habría, pero Él sabía también el gozo mayor
que habría; Él sabía la terrible cantidad de aflicción, pero conoce una
cantidad mayor de consuelo; si Él no permite la aflicción, no vas a conocer el
consuelo; sólo porque has probado la aflicción vas a conocer el consuelo. Una
persona que nunca conoce la aflicción, no conoce el consuelo, no sabe lo que es
salir del fango a la Roca firme. Entonces el Señor es sabio, y a veces nos
tiene que dejar un poquito conociendo lo que es el fango, para que apreciemos
lo que es la Roca firme, ¿amén?
“Gozaos conmigo”, es decir, hay que
alegrarse con el Señor, con la Iglesia, que es el instrumento del Señor;
gócense conmigo; es un gozo conjunto del Espíritu del Creador y de sus
instrumentos, de la Iglesia, de las iglesias, de sus ángeles; gócense conmigo;
qué lindo que en el reino hay gozo. Hay otro reino también, pero no hay gozo,
sólo temor; aquí en este reino del Señor hay gozo; en el del Señor. “Gozaos conmigo, porque he encontrado la
dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de
Dios por un pecador que se arrepiente”. Precioso ¿no hermanos? Gozo en los
ángeles, porque la película favorita que se ve en el cielo es lo que pasa en la
tierra; no sólo la de los ángeles electos; incluso los ángeles caídos se la
pasan mirando este planeta; ¿de dónde
vienes Satanás? De recorrer la tierra y andar por ella. Dios también tiene
siete ojos para recorrer la tierra, Dios está constantemente mirando sobre la
tierra; sobre todo ¿saben qué es lo que Él mira? Nuestro corazón, eso es lo que
Él mira, Él mira nuestros corazones, Él mira lo que está pasando en nuestros
corazones, eso es lo que Él está mirando, lo que pasa en nuestros corazones.
Lastimosamente no solamente Él ve eso; los ángeles también ven, y los demonios
ven, y cuando nos “meten un gol”, ellos hacen fiesta, y los nuestros lloran;
pero cuando nosotros “metemos el gol”, los nuestros hacen fiesta, y los otros
se enfurecen, tiran la puerta, y hacen lo que puedan; si no te pudo matar a ti,
mata al de al lado, pero te quería matar a ti, como no pudo, mató al de al lado.
Yo he visto eso, accidentes aquí al frente y aquí detrás; yo sabía que era para
nosotros, pero no pudo, porque el Señor nos guardó; entonces se lo hizo al otro;
ese es el enemigo; el Señor nos guarde. Es como si fuésemos pescaditos en un
acuario; nosotros estamos aquí en el acuario, y los otros están en la otra
dimensión; el Señor que lo llena todo; Él está en todas las dimensiones, Él es
omnisciente y omnipresente en todo, pero también los ángeles, que a veces
vienen a ésta, lo normal es que están en la suya, y también los otros espíritus;
nosotros no los podemos ver a ellos, pero ellos si nos pueden ver a nosotros, a
veces hasta adivinan algo, ellos no conocen todo, por eso es que no hay que
hablar de una manera errada cosas que vamos a hacer, porque vas a hacer algo
para el Señor, y lo dices sin cuidado, sin la protección del Espíritu, y lo
oyen los demonios, y ellos van a estorbar; entonces hay que ser muy prudentes
no solamente con el mundo natural, sino con el espiritual, porque nosotros
somos espectáculo. Vamos a leer esa
frase allí en 1ª a los Corintios para ver ese aspecto.
1ª a los Corintios capítulo 4; vamos a ver
esa noción de espectáculo, vamos a leer desde el versículo 9: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido”, noten esa palabra
“exhibición”, “exhibido a nosotros los
apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte, pues hemos llegado a
ser espectáculo al mundo”, pero
no sólo al mundo, “a los ángeles”, y
entre esos hay unos que no cayeron, dos tercios, y un tercio que cayó, que
también son ángeles. Por eso nuestras hermanas tienen el velo puesto por causa de los ángeles, ¿por qué?
porque ellos están viendo lo que significa este mundo, ellos saben lo que
significa el velo, cuando se hace con revelación; significa: yo proclamo que el
reino es del Señor y me someto al Señor, y estoy bajo la cobertura del Señor. Entonces
Dios te ve bajo esa cobertura y se sabe a quién tienes por rey, se sabe a quién
le perteneces, y bajo quién estás cubierta, y no pueden llegar, porque tienes
señal de autoridad sobre tu cabeza. Esa señal
de autoridad quiere decir que reconoces la autoridad del Señor. A
diferencia de los demonios que se rebelaron, la Iglesia sí lo reconoce, y las
mujeres representan a la Iglesia; cuando se cubren la cabeza, están dando
testimonio, están dando señal de autoridad, están mostrando que ellas reconocen
un gobierno que es el Dios, y que ese gobierno es su protección, su cobertura. Pero
si se actúa de una manera rebelde, descuidada, es como decir: yo no necesito
cobertura: entonces le llegan directo los demonios; ese es el problema; quien
no está cubierto es pasto de los demonios.
Les cuento una anécdota: una vez un hermano
le dijo al presbiterio, y no voy a decir el lugar, ni el nombre, sólo voy a
contar el acontecimiento; dijo: ah! ya estoy cansado de que los hermanos me
estén cuidando, déjenme vivir mi vida, no estén pendientes de lo que yo hago,
déjenme vivir mi vida; y salió; los hermanos lo respetaron, y él salió. Tan
pronto salió a la calle, vio a lo lejos una nube de demonios felices que
llegaban en dirección a él, porque él dijo: déjenme vivir mi vida; entonces los
demonios encontraron lugar para venir a atacarlo. Cuando él vio eso, el Señor
fue misericordioso, le dejó ver lo que pasaba, salió corriendo y les dijo:
hermanos, perdónenme, oren por mi y cúbranme; y fue cubierto. No piensen que el
mundo maligno es inocente, es asesino, hace las peores cosas. Si tú no estás
bajo la cobertura del Señor, si tú no tienes en cuenta el cuidado del Señor, la
sujeción al Señor, tú sales a tu propia manera, tú te burlas de las
prescripciones del Señor, tú estás saliéndote de la cobertura, estás
inmediatamente expuesto o expuesta a los ataques del maligno. Cuando tú estás
en sujeción al Señor, y cuando tú pronuncias la sujeción, las hermanas cuando
se colocan el velo para orar están diciendo: yo le pertenezco al Señor,
reconozco que Él es el Señor, es una señal de autoridad, yo estoy bajo
autoridad y bajo cobertura; entonces la persona está protegida.¿ Qué pasa si un
equipo de fútbol pierde cinco partidos?, ¿a quién echan? Al técnico, porque el
técnico es el que dirige, el técnico es el que dice: vayan por allá, hagan ese
juego así; y nunca le sale bien; entonces el general es el que lleva la cuenta,
porque él es el responsable. Eso es lo que quiere decir estar bajo sujeción. Si
los jugadores hicieran lo que dijo el técnico, si los soldados hicieren lo que
dijo el general, entonces la responsabilidad no está en los jugadores, no está
en los soldados, está en el técnico, está en el general; eso es lo que quiere
decir estar bajo cobertura. Cuando tú no aceptas la cobertura del Señor, tú
estás expuesto a los ataques de los espíritus; cuando tú te sometes al Señor,
estás protegido por el Señor, protegida por tu marido si eres mujer, protegido
por los ancianos de la iglesia si obedeces lo que ellos dicen; pero si te sales
y haces lo que tú quieres en tu casa, si tú no cuentas con el cuidado de tu
marido, sales y no saben para dónde, tu marido no sabe para dónde saliste, ni
que hiciste, así como cuando los hijos no obedecen una prohibición del padre,
quedan desprotegidos, porque existe un mundo espiritual. El Señor estableció la
cobertura para la protección, ¿por qué? porque somos espectáculo y esos
espectadores intervienen; los ángeles fieles intervienen a nuestro favor; se dice
que son espíritus ministradores a favor
de los herederos de salud, pero los que se rebelaron no están a favor,
están en contra, y también intervienen, provocan accidentes, provocan cosas, y
a veces Dios tiene que permitir que algo le pase a alguno de los suyos, porque
no se mantuvo debajo de la cobertura, no se mantuvo debajo de la protección,
salió por sí solo haciendo las cosas, como decía el verso anterior. Miremos el
verso anterior aquí en 1ª a los Corintios capítulo 4, verso 8: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis,
para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” Ya estamos
saciados, no necesitamos a los apóstoles, no necesitamos que nos digan nada, ya
estamos saciados, ya reinamos, no queremos oír opiniones, no queremos ser
guardados, queremos hacer las cosas, reinar solitos, ahí es donde se abre la
puerta y la brecha a los demonios. Del Libro de Crónicas, ¿qué se escribió en él?
No hay el tiempo ahora por causa de la hora; pero allí se trata de cuando los
demonios tienen acceso, por cuanto no hay cobertura. Cuando lean los últimos
capítulos de mi libro “Aproximación a
Crónicas”, los que pueden sacar fotocopia de las lecciones del libro y de los
conceptos claves del libro de Crónicas, ahí van a detenerse en más detalles
sobre esto que para ahora ya no tenemos tiempo, pero esto lo quise decir por
causa de lo que decía esa última frase: Gozo
delante de los ángeles; o sea que los ángeles son espectadores porque
nosotros somos espectáculo; nosotros estamos siendo vistos por un mundo
invisible, y en ese mundo invisible existe una guerra, y existe un campamento
que nos cubre, y un cerco que nos cerca, como Satanás se quejaba delante de
Dios porque había cercado a Job y que por eso Job lo adoraba, pero que lo
dejara probar y vería como Job iba a
maldecir. Hermanos, si Dios no nos tuviera cercados, ya estaríamos muertos;
somos cercados, pero a veces nosotros mismos nos salimos del cerco, y Dios
respeta nuestra decisión, ¿por qué? ¿saben qué, hermanos? Con esta frase termino: El temor de Dios es la sabiduría y el principio de la sabiduría.
Cuando tú respetas a Dios, y te guardas, esa es la sabiduría; y esa es la inteligencia: el apartarse del
mal; el avisado ve el mal y se aparta; pero los insensatos pasan, y llevan el daño;
¿no es así? Entonces, hermanos, mejor es temer a Dios, vivir en la comunión,
vivir en la sujeción mutua unos a otros, respetándonos, y así estamos
protegidos, y así los “hinchas” del otro equipo no nos van a molestar; nosotros
tenemos que ganar este “partido”, ya el Señor lo ganó y nos dio la victoria, y ahora nos toca a nosotros demostrar Su
victoria; y esa es nuestra misión, viviendo en unión con Él. Vamos a orar
al Señor.
Padre
amado, en el nombre del Señor Jesús, te agradecemos que eres bondadoso, te
agradecemos que Tú eres una cobertura verdadera, te agradecemos que nuestras
hermanas no tienen sólo un trapo en la cabeza sino la cobertura del Dios
Altísimo, el cerco de Dios, porque se han sometido a Ti y a tu protección.
Padre, en el nombre del Señor Jesús, gracias porque nuestras hermanas
representan a la Iglesia; lo que la Iglesia es, se ve en ellas; ayúdanos a ser
personas que te amamos, personas que quieren vivir en el Espíritu, personas que
quieren vivir en unión contigo; Tú eres el marido que te haces cargo de las
cosas, déjanos vivir bajo tu regazo, bajo tu cobertura, en el nombre del Señor
Jesús, amén.
Puede
ser que una hermana piense que su esposo no es lo suficientemente bueno,
maduro, para cuidarla; pero acuérdese de que es Dios quien la está cuidando a
través de su marido, no es sólo él. La Biblia dice que usted esté allí en ese
lugar y que ahí Dios la protege, si usted respeta a los que Dios puso para
protegerla, ¿amén? La paz del Señor sea con los hermanos.
Gino Iafrancesco
V., 13 de mayo de 2005, localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.
Transcripción de
la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.