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Julio del 2011

LOS DOS DEUDORES

Por Gino Iafrancesco V. - 7 de Julio, 2011, 18:06, Categoría: General

(30)


LOS DOS DEUDORES

 

      Padre, en el nombre del Señor Jesús, te damos gracias por esta oportunidad nueva de estar reunidos en tu presencia por la fe. Gracias, Señor, porque no te buscamos nosotros a Ti, sino Tú a nosotros; y no es que nosotros te hayamos amado a Ti, eres Tú el que nos has amado a nosotros, eres Tú el que nos ha buscado, nos ha encontrado, nos ha perdonado, nos has atraído a Ti. Gracias Padre, en el nombre del Señor Jesús. Concédenos en esta noche, Señor, considerar tu Palabra en tu presencia, con tu socorro y con tu ayuda, Señor; que tu Palabra nos pueda hablar. No te canses de hablarnos, Señor; siembra con tú Espíritu nuestro ser para que tu Palabra dé fruto. Tú dices que tu Palabra no volverá vacía a Ti; queremos ser buena tierra delante de Ti, que tu Palabra produzca fruto para Ti; no queremos ser oidores olvidadizos, no estamos delante del hombre, sino delante de Ti, Oh Dios; ayúdanos, en el Señor Jesús, amén.

 

     Hermanos, continuaremos entonces hoy la serie de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús y nos corresponde hoy ir al libro de Mateo, al capítulo 18, a la parábola de los dos deudores; está entre los versos 23 y 35. Esta parábola no se encuentra ni en Marcos, ni en Lucas, ni en Juan, tampoco en el llamado evangelio de Tomás; es exclusivamente registrada por Mateo; y desde el principio quiero llamarles la atención a la ubicación de la parábola, su contexto con las demás parábolas que vimos las últimas tres veces; las últimas tres parábolas que hemos considerado son: la de las cien ovejas, las diez dracmas y el hijo pródigo; y esta parábola también está dentro del mismo contexto. Si ustedes quieren ver el inicio del vero 23 donde dice: "Por lo cual". Lo que habíamos visto de la parábola de las cien ovejas, está en este mismo capítulo 18, pero el contexto comienza desde el verso 1; en el verso 10 viene la parábola de las cien ovejas, aquella oveja perdida de entre las cien, lo que hizo el Señor; y luego el Señor en continuación, como lo vimos cuando estudiamos esa parábola, dice desde el verso 15. "Por tanto, si tu hermano peca contra ti"; la palabra "Por tanto" está ligando el contexto; sólo que la parábola que recordó Mateo fue esta de las cien ovejas, pero él no recordó la de las diez dracmas, ni la del hijo pródigo, que son exclusivas de Lucas, solamente Lucas las recordó; pero Lucas las colocó como continuación de esta parábola; y a la vez, después Mateo recordó del Señor Jesús otra parábola que es esta de los dos deudores; o sea que la parábola de los dos deudores es una continuación de las cosas que se dijeron en aquel día. Aquellas primeras tres parábolas: la de las cien ovejas, la de las diez dracmas y la del hijo pródigo, las llamamos una trilogía porque tienen un mensaje muy similar. Esta parábola que vamos a ver hoy de los dos deudores, también es una parábola, que no pertenece a esa trilogía, pero que sí da un paso más allá y que tiene que ver con el contexto que se venía hablando en Mateo 18 desde el 15 hasta al 22, cómo se debe perdonar al hermano; vimos ese pasaje cuando estudiamos las cien ovejas; tenía que ver con las cien ovejas; lo importante que es para el Señor una sola de sus ovejas; por lo tanto, el cuidado que tenemos que tener con los hermanos para que ninguno falte.

 

     Vamos a comenzar a leer en el capítulo 18 desde el versículo 23 al 35: "Por lo cual"; y esa es la frase de hilación, de colocación dentro del contexto. Vamos a leerlo primero todo, recibir la impresión primera, y luego comentaremos paso por paso esta parábola que tiene muchas cosas profundas. El hermano Watchman Nee decía que era más difícil explicar Mateo que explicar Apocalipsis; y realmente uno de los pasajes más difíciles, no es por él en sí mismo, sino por esta parábola que vamos a considerar hoy. Vamos a leer desde el 23 al 35: "Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos". Otra dice: un rey que quiso hacer bodas a su hijo; pero aquí ya se trata de cuentas con sus siervos. "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo (no era otro, era el mismo) halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas." Como les decía, Mateo es más difícil de entender, de explicar, que el propio Apocalipsis. Este es uno de los pasajes más serios, más profundos, por todas las implicaciones que tiene, y porque debemos interpretarlo y entenderlo en todo el contexto mediato e inmediato, y también en el general de las Sagradas Escrituras.

 

     Comienza el Señor hablando: "el reino de los cielos es semejante"; o sea que ésta es otra semejanza más, otra parábola del reino de los cielos; las parábolas las inicia de esa manera; y aquí la inició también de la misma manera; no aparece aquí la expresión parábola, sin embargo todas las connotaciones de una parábola aparecen. Entonces está hablando del reino de los cielos; ya aquí nos da una primera clave de interpretación. Primero, cuando dice: "Por lo cual", acababa de hablar cómo se debe perdonar al hermano, y luego entonces aquí da una continuación, que es con esta parábola, y dice que es el reino de los cielos. Muchas veces el Señor Jesucristo habló del reino de los cielos; no es la primera vez, sino una entre las muchas; aquí mismo hemos estado estudiando ya más de veinte parábolas, porque se habla del reino de los cielos; de manera que tenemos que interpretar también esta parábola en relación con las demás. Él dice: el reino de los cielos es semejante a esto; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; el reino de los cielos es semejante a esto otro; de manera que todas estas semejanzas del reino de los cielos lógicamente que no son contradictorias, sino complementarias; por lo tanto, debemos interpretar también esta parábola dentro de la complementariedad; es decir, en el mismo espíritu de todas las demás. Por las demás que ya hemos estudiado, y otras que inclusive tendremos que estudiar Dios mediante, nos damos cuenta de que el reino de los cielos se refiere a un capítulo especial con sus partes del reino de Dios. La expresión de éste último, para recordarlo, es una expresión general que va de la eternidad a la eternidad; en cambio el reino de los cielos se refiere a una sección del reino de Dios. El reino de Dios no tiene comienzo ni tiene fin, porque Dios desde la eternidad reina y por la eternidad reinará, pero en el reino de Dios ha habido etapas, a partir de la creación, del mundo invisible, del mundo visible, luego la caída de Lucero, un querubín que llegó a ser Lucifer, y la tercera parte de los ángeles, y luego la caída del hombre, y luego la promesa hecha a Abraham, y luego cuando Dios dio la Ley en el período de Israel, la Ley de Moisés, luego la venida de Juan el Bautista anunciando que el reino de los cielos se acercaba; o sea que el reino de Dios ya estaba aconteciendo; por eso dijo que el reino de Dios sería quitado a Israel y dado a otro pueblo; ya estaba aconteciendo el reino de Dios, pero el reino de los cielos se acercaba, decía Juan; y luego Jesús dijo también: entre vosotros está; o sea, el Señor Jesús introdujo el reino de los cielos. Nos damos cuenta de que el reino de los cielos son unos capítulos especiales del reino de Dios. De eternidad a eternidad es el reino de Dios, pero desde que Juan lo anunció: se acerca el reino de los cielos, y desde que el Señor Jesús lo introdujo, es el reino de los cielos. Y luego, a través de las parábolas que abarcan el reino de los cielos. El reino de los cielos es como un sembrador que salió a sembrar; el Señor es el que siembra, es la primera venida de Cristo como el Verbo encarnado, sembrando la palabra de Dios; luego vino el enemigo y sembró cizaña; y luego vemos el trigo y la cizaña creciendo juntos, la historia de la iglesia con los buenos y los malos, todos mezclados; luego viene la siega, o sea la segunda venida de Cristo; luego unos van al reino, otros van al fuego; o sea, nos damos cuenta de que el reino de los cielos incluye la primera y la segunda venida de Cristo, toda la historia de la Iglesia, el tribunal de Cristo, el juicio de las naciones, el Reino Milenial; todo eso es lo propio del Reino de los Cielos.

 

Por lo tanto, para interpretar aquí el resto de la parábola, tenemos que comenzar teniendo en cuenta eso, que el reino de los cielos abarca el período de la historia de la Iglesia y el Milenio; por lo tanto, cuando entendemos la palabra "perdón", tenemos que entender la palabra "perdón" en el contexto del reino de los cielos. En la Biblia aparecen varios contextos para la palabra perdón. El perdón eterno, que es el perdón que se le da a un pecador que reconoce sus pecados y que reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, que Dios lo ama de tal manera que envió a su Hijo para que Jesucristo muriera por sus pecados en la cruz; entonces esa persona recibe al Señor Jesús, y por creer en Él como el Hijo de Dios, como su Señor, como su Salvador, es perdonado; entonces esa persona recibe el perdón eterno; ha pasado de muerte a vida, y no perecerá jamás, según las propias palabras del Señor Jesucristo; es el perdón en el nivel general, y que tiene que ver con la eternidad; incluso más allá del Milenio; tiene que ver con el cielo nuevo, con la tierra nueva y con la Nueva Jerusalén; ese es el perdón eterno, el perdón que el Señor le da a cualquier persona que de corazón sincero reconoce sus pecados y reconoce al Señor Jesús como el Cordero expiatorio que murió en nuestro lugar, derramó su sangre y nos perdonó. Entonces por eso Dios nos perdona definitiva y eternamente. Ahí no está hablando de siervos, ahí está hablando de cualquier ser humano; aunque lógico que después de ser perdonados, ahí todos nos hacemos siervos en la práctica, aunque siempre lo somos por creación.

 

     Pero hay otro aspecto del perdón, que se le da a los hijos ya salvos para restaurar la comunión perdida por los pecados de los hijos; ese es otro tipo de perdón, que es también perdón, sólo que no es un perdón para salvar, sino un perdón para restaurar la comunión. Ustedes recuerdan que David dijo: restáurame el gozo de la salvación; no dice: restáurame la salvación, porque la salvación es un regalo de Dios; la salvación es un don, la salvación nadie la puede comprar, nadie la puede merecer; el hombre no puede hacer nada para salvarse por sí solo; sumando todo lo que el hombre haga, no le alcanza para merecer la salvación. Por eso es que la palabra dice: la paga del pecado es muerte; más la dádiva, o sea el regalo de Dios, es vida eterna; y por eso Pablo escribió a los Efesios de que por gracia somos salvos por medio de la fe, no por obras para que nadie se gloríe. Entonces la salvación eterna no se debe a lo que nosotros hacemos, sino a lo que el Señor hizo por nosotros; lo que nosotros hacemos es lo que nos merece el juicio. Si vamos a sumar lo que nosotros somos y hemos hecho, merecemos este juicio, no la salvación. Por eso Dios, sabiendo que nadie puede salvarse por sí solo, envió a su Hijo; o si no Jesucristo no hubiera venido; hubiera bastado con Moisés, cumplan los mandamientos, el que los cumpla se salva y el que no los cumpla se pierde. El problema es que ninguno los ha cumplido siempre todos; por lo tanto, todos somos culpables, y todos merecemos el juicio de Dios. Entonces por eso Dios no dejó un solo Testamento con Moisés; la Ley vino por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio del Señor Jesús; es decir, el Señor Jesús introdujo la gracia. El juicio al que nos condenaba la Ley, Él lo tomó sobre Sí mismo; por eso incluso la Ley ya preparaba sacrificios con corderos, en figura del verdadero Cordero de Dios. Ahora Jesucristo es el verdadero Cordero de Dios, que en Su muerte tomó sobre Sí mismo, siendo inocente, el juicio de todos los pecadores del mundo, para que todo aquel que crea, crea y lo recibe, sea beneficiado, sea perdonado y se salve. Entonces cuando la persona cree, reconoce sus pecados ante el Señor, cree, recibe al Señor, la sangre de Jesucristo su Hijo le limpia de todo pecado, y esa persona, como dijo Jesús: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida, es salva. Entonces, en cuanto a la salvación eterna, este perdón de Dios es eterno, por cuanto es para salvación eterna, y la vida eterna. La naturaleza del Espíritu que Él nos da es también eterna; nos da vida eterna. Por lo tanto, aquí esta parábola que consideramos ahora, no está hablando de la vida eterna, sino que está en el contexto del reino de los cielos, en el contexto del período de la Iglesia, del tribunal de Cristo, del juicio de las naciones y del Reino Milenial; ese es el contexto aquí.

 

     Tenemos que ver otros pasajes de la Biblia que hablan también del perdón en otro aspecto; ya no es el del perdón para salvación eterna, sino en el del hijo que ya es salvo, y que vuelve y peca; porque ¿cuál de nosotros que ha creído en el Señor no necesita ser constantemente perdonado? Pero ese perdón no es para restaurarle la salvación, porque ésta en su primer sentido es un regalo incondicional; no es algo que se da y se quita; la salvación es un don. Pero si un hijo, que ha sido perdonado eternamente por Dios, y salvado en ese primer sentido, falla contra su padre, falla contra sus hermanos, falla contra sí mismo, falla contra la sociedad, peca incluso contra la naturaleza…, no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que pecó. Entonces necesita que el perdón restaure su comunión con Dios, y que el gozo de la salvación le sea devuelto. Entonces eso no es que un hijo dejó de serlo, y vuelve y lo es; como si en un día puede ser por tres horas hijo, y veintiuna horas perdido; no, la Biblia no habla de eso; quien nació de nuevo es un hijo, y es un hijo para siempre; sólo que por ser un hijo no quiere decir que esa persona ande siempre en el Espíritu; aunque es un hijo, no andamos siempre en el Espíritu; a veces andamos en la carne y pecamos. Entonces ¿qué pasa con un hijo que no anduvo en el Espíritu, que pecó? Necesita arrepentirse de nuevo, reconocer su pecado, y pedir perdón; y el perdón restaura la comunión con su Padre; ese es un segundo aspecto del perdón; es un perdón para restaurar la comunión, no la salvación; la salvación es eterna; pero los hijos salvos, a veces, y muchas veces, pecamos, y necesitamos de nuevo que se restaure nuestra comunión con Dios y los demás; ese es otro aspecto del perdón.

 

     Hay aún un tercer aspecto del perdón, que tiene que ver con el contexto del Reino; tanto el contexto de la Iglesia, como restaurar la comunión, y también en el contexto del Reino, del Milenio. Es que el Padre no solamente perdona a sus hijos, y restaura la comunión con ellos, sino que también el Padre los disciplina. No porque somos hijos no necesitamos disciplina; si somos un hijo como David, por ejemplo, David es un hijo, pero David cometió un pecado grande; David vio que la vecina casada con Urías era muy hermosa, la vio que se estaba bañando; pero ella era ya una mujer casada; entonces David se inventó una manera: como aquel hombre, el esposo de ella, era un gran militar, entonces lo puso al frente de la batalla de manera indirecta, para que muriera, y quedarse con su esposa; él adulteró con ella, y mató al otro; ese fue un pecado grave. Pero entonces Dios envió al profeta Natán, que lo encaró de frente, y ahí David se dio cuenta de la magnitud de su pecado; David se arrepintió de todo corazón, pidió perdón a Dios; ahí fue cuando se escribió el Salmo 51. Ahí vemos en la historia, que Dios perdonó a David; o sea, restauró su comunión con David; sin embargo, aunque Dios lo perdonó, y David seguía teniendo comunión con Dios, Dios le asignó una disciplina a David. La disciplina no es que pague por el pecado, pues la paga del pecado es muerte; ninguna de las disciplinas que nosotros suframos es para pagar todo lo que merecemos; sólo Jesucristo es el único que paga todo el pecado; pero la disciplina es para perfeccionar el carácter del hijo que peca, y para desagraviar al agraviado. Porque si el Padre solamente perdonara, y siempre perdonara, pero no disciplinara, entonces seríamos personas que solamente estaríamos pecando, porque diríamos: sí, mi Padre me va a perdonar; y ciertamente que nos perdona, pero Dios sabe como somos; entonces necesitamos, además del perdón, que es para restaurar la comunión, una medida de disciplina para entrenarnos. Entonces Betsabé tuvo ese bebé, y David se aficionó a ese niño; y Dios le iba a quitar el niño, pero no se lo llevó de golpe, sino que permitió un período de enfermedad para el niño, a fin de que David entendiera; y David empezó a luchar, y a interceder, y a orar para que el niño no se muriera; sin embargo, Dios no le oyó, y se murió su hijo. Después tuvo muchos otros problemas más  en su casa; uno de los hijos se peleó con el otro, y uno mató al otro, y otro se rebeló contra él; incluso fue avergonzado públicamente; las mujeres que tenía David se las tomó un hijo suyo y las tuvo en la terraza delante de todo el mundo; y otras personas lo persiguieron. Es decir, muchos sufrimientos tuvo David. No es que esos sufrimientos eran para que David pagara totalmente su pecado, no; la expiación, el cordero expiatorio, fue quien pagó por su pecado, en figura de Cristo, porque en ese tiempo era una tipología; pero el castigo era en relación a formar el carácter de David y desagraviar.

 

Entonces, a pesar de que la expiación es suficiente para expiar totalmente la muerte que es paga del pecado, para perdonar eternamente, para propiciar suficientemente, y nosotros con nuestros sufrimientos NO añadimos nada a la expiación, sin embargo, para nuestro tratamiento, y el desagravio de los agraviados, para la formación de Cristo en nosotros, para nuestra corrección, necesitamos una disciplina paternal. Entonces, cuando Dios establece una disciplina, esa disciplina dura un determinado tiempo, según el efecto que produzca en nosotros; NO es un efecto de salvación eterna en base a la disciplina para con él, ¡no!, sino que es un tratamiento para con nosotros, para ganar nuestra alma y librarnos de lo que somos. Cuando nosotros hemos llegado al punto que Dios esperaba con esa disciplina, entonces el Señor levanta la disciplina, y eso es lo que se llamaría un perdón de disciplina bajo el gobierno correctivo divino. Watchman Nee lo refiere como perdón de gobierno. Por ejemplo, puede ser, no es que haya sucedido, sino que digo solo como un ejemplo, que mi hijo por allá se estuvo peleando con unos muchachos en la calle; entonces yo lo llamo, lo entro, lo corrijo, lo castigo, y luego nos tratamos de nuevo como amigos; ya estamos de amigos otra vez, pero yo le digo: -hijo, tú no puedes por ahora salir de nuevo a la calle con esas personas. No es que ya no sea mi hijo; sí es mi hijo, e incluso estamos otra vez en comunión; sí, estamos en comunión, pero no puede salir libremente a la calle, hasta que llegue un momento en que la actitud del hijo sea sumisa; y  entonces el padre le dice: -ahora si puedes salir-; se levanta la disciplina, y ese es el perdón de disciplina o gobierno, en el contexto actual del reino de los cielos, en su capítulo de la historia de la Iglesia; e incluso puede continuar la disciplina durante el Milenio. No es fácil, como decía el hermano Watchman Nee, entrar apresuradamente bajo la disciplina de Dios, pues Dios es comprensivo, paciente y longánime; pero menos fácil, si fue necesario que entrásemos en esa disciplina, es salir de ella. Si llamamos la disciplina de Dios sobre nosotros, no saldremos de allí hasta que el Señor haya hecho en nuestro ser lo que esperaba con esa disciplina. A veces nosotros no entendemos aquí tan fácilmente que estamos bajo una disciplina, y lo que hacemos es prolongarla más, porque no estamos entendiendo bien lo que Dios está haciendo con nosotros.

 

Entonces son tres los aspectos diferentes del perdón: (1) el perdón eterno para un perdido que pasa a ser un hijo salvo eternamente; (2) el perdón de comunión para un hijo que restaura con su Padre la comunión; no había dejado de ser hijo, ni había perdido la salvación eterna, pero tenía problemas con su Padre, y por lo tanto podía acarrearse una disciplina en esta vida e incluso en el Milenio; entonces se necesitaba el perdón de comunión, y (3) también el perdón de la disciplina, o perdón de gobierno paternal, para que la disciplina, ya sea en esta tierra durante la era de la Iglesia, o en el Milenio, también en esta tierra, sea quitada. Allí es cuando se paga el último cuadrante. La obra expiatoria para la salvación eterna es el Señor el que la pagó con Su muerte, pero en cuanto a la disciplina que precisamos como hijos amados que somos del Padre, que a nadie deja sin disciplina, somos nosotros los que pagamos el último cuadrante; dijo el Señor Jesús: "de cierto os digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuadrante".

 

Entonces, para poder captar esta parábola en el contexto integral de la Biblia, teníamos que tener en cuenta: primero, su ubicación respecto a lo que está hablando del perdón de los hermanos en la iglesia; segundo, su contexto dentro del reino de los cielos: la era de la Iglesia y el Reino en el Milenio; y tercero, los distintos niveles de perdón de que habla la Biblia; entonces, ya con estas bases, vamos a seguir leyendo esta parábola.

 

     "El reino de los cielos es semejante a un hombre rey…"; realmente el idioma griego dice: hombre rey, antropos Basileo; no sólo rey, sino hombre rey; quiere decir que aquí nos está hablando de Cristo, de la humanidad de Cristo, de la encarnación del Verbo de Dios, que es el Señor; Él es el Rey; entonces dice: "quiso", porque es su propósito que todos sus hijos siervos pasemos por el tribunal de Cristo, de cuentas, "quiso hacer cuentas con sus siervos". Ahora está hablando de los siervos en ejercicio; aquí no está hablando de personas perdidas que debieran servir mas no lo hacen; sino que habla de personas que tradicionalmente le han estado sirviendo al Señor, a quienes el Señor les encargó una labor que hacer mientras estaban en la tierra. Pero lógicamente que de todo lo que nosotros hacemos, o lo que dejamos de hacer, lo que pensamos, lo que decimos, lo que no queremos, lo que no hacemos, pecados de acción y pecados de omisión, de todo eso, cada uno de nosotros va a rendir cuentas. Pero aquí en esta parábola se trata del contexto del reino de los cielos, que ya hemos estado estudiando; no está hablando del Gran Juicio del Trono Blanco, porque al juicio del trono blanco no pasan los siervos, sino los perdidos y los que no reinaron en el Milenio; pero los siervos pasan por el Tribunal de Cristo; son diferentes juicios; no hay que confundir los juicios. La palabra del Señor habla de tres tipos de juicios: Primero, Dios dice que su juicio comienza por Su casa, porque uno no puede corregir los bastardos, hijos ajenos, sin corregir primero los propios; entonces Dios primero corrige a sus hijos, a sus siervos, a sus amados; son éstos los primeros que Él corrige. Entonces en la Biblia se habla del Tribunal de Cristo para los siervos hijos; luego vendrá, según Mateo 25, el juicio a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, para definir las ovejas que van a entrar en el Reino, sobre los cuales reinarán los vencedores de las iglesias; y luego sí, después del Milenio, viene el Juicio Final del Trono Blanco. Son tres juicios diferentes: tribunal de Cristo para los hijos, y otro juicio para las naciones antes del Mileno y en función del Milenio;  vendrá el Hijo del Hombre en su gloria y reunirá las naciones; ¿por qué? porque la recompensa que Él dará a sus hijos es reinar sobre las naciones. Dice en Apocalipsis: Al que venciere, le daré autoridad sobre las naciones y las regirá con vara de hierro; eso se refiere al Milenio. Entonces primero los hijos son juzgados para determinar quienes van a reinar sobre las naciones; entonces los que reinarán sobre las naciones se definirán en el Tribunal de Cristo. Luego se juzga a las naciones que sobreviven a la gran tribulación, y ahí se define quienes van al infierno de la Gehena, y quienes entran al Reino Milenial bajo el gobierno de los hijos que resultaron facultados en el Tribunal de Cristo para reinar con Cristo por mil años; y después del Milenio viene el juicio final, el de los demás muertos, el juicio total de todos los demás seres humanos; porque todos serán presentados; los que no estén en el Libro de la Vida, van al lago de fuego y azufre de la Gehena eónicamente; esa es ya la perdición indefinida. Se trata del último juicio, el del Trono Blanco al final. Aquí, en la parábola por ahora, estamos hablando del reino de los cielos, o sea, del período de la Iglesia y del período del Milenio, antes del juicio final; y lógicamente antes del cielo nuevo, antes de la nueva tierra, y antes de la Nueva Jerusalén. Él está hablando del reino de los cielos. Entonces cuando dice: "un rey quiso hacer cuentas con sus siervos", sus siervos aquí se está refiriendo a los que pueden ser convocados al Tribunal de Cristo; y entonces vamos a ver los versos, por causa de los hermanos que no están acostumbrados todavía con estos detalles.


     Vamos al capítulo 14 de Romanos, versículo 10; allí dice el apóstol Pablo de la siguiente manera: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? (está hablando de los hermanos) Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí". Entonces aquí está hablando del tribunal de Cristo para nosotros; allí está incluido Pablo, los apóstoles; o sea que es para los hijos, para los siervos.

 

     2ª a los Corintios capítulo 5 versículo también 10; aquí tenemos, como se dice, dos testigos: toda palabra conste en boca de dos o tres testigos; aquí vamos a un testigo nuevo, 2ª a los Corintios 5, versículo 10; dice allí: "Porque es necesario (noten, necesario, nadie puede escaparse de esto) que todos nosotros (aquí "nosotros" somos los creyentes, los hijos, hasta los apóstoles, todos los siervos de Dios) comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo".El galardón que los vencedores recibirán es adicional a la salvación eterna. En Efesios dice: "por gracia sois salvos, no por obras, para que nadie se gloríe". En cuanto a la salvación eterna, somos salvos porque Él murió por nosotros, derramó Su sangre hasta la muerte, y nosotros creímos y lo recibimos; ahora somos salvos eternamente y somos hijos. Pero ahora los hijos somos siervos y servimos a Dios, y ese servicio, bueno o malo, el servicio y también los pecados no confesados, y los estorbos y escándalos de los hijos, de los siervos, van a ser juzgado en el Tribunal de Cristo, no para decidir la salvación, porque ya la salvación está decidida: "El que oye a mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y ha pasado de muerte a vida, no vendrá a condenación". En el Tribunal de Cristo no se decide la salvación eterna, pues la salvación eterna se decidió cuando creíste en el Señor Jesús; ahí lo recibiste y se decidió la salvación eterna; pero además de la salvación eterna, como la salvación te hace hijo, y como hijo te haces siervo, ese servicio va a ser galardonado no con la salvación eterna, sino con la salvación del alma en el Reino Milenial; el Reino es una posición especial, como está escrito: Sé sobre diez ciudades, sé sobre cinco ciudades; el Reino Milenial es una posición, algo adicional a la salvación eterna.

 

     1ª a los Corintios 3 nos habla de la diferencia entre galardón y salvación; me perdonan los que ya conocen esto que vayamos tan despacio por causa de los demás. 1ª a los Corintios capítulo 3; voy a leer desde el versículo 12 en adelante: "Y si sobre este fundamento…", (o sea, ya la persona está en el fundamento que se acaba de decir, que es Jesucristo; ya está salva, la persona ya es salva) "si sobre este fundamento alguno edificare", ahora ya habla de edificar, no habla de creer para la salvación; pero después de creer, ya eres salvo, ahora eres siervo, y entonces el trabajo ahora es edificar, no está hablando de la salvación, está hablando de la edificación realizada por los salvos, los que ya están en el fundamento; "si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera (que es distinto de oro), heno (que es distinto de plata), hojarasca (que es distinto de piedras preciosas; oro se refiere a la naturaleza divina, plata se refiere a la redención, piedras preciosas se refiere a la obra transformadora del Espíritu Santo; en cambio madera se refiere a lo meramente humano; heno es pura paja; hojarasca son las hojas que caen, que no tienen vida, que no están viviendo del árbol, y entonces están secas; esa es la hojarasca; entonces hay cosas que nosotros hacemos en la carne, y eso es pura paja; no está hablando de la salvación, sino del trabajo de los salvos por gracia; entonces dice aquí: "la obra de cada uno se hará manifiesta porque el día la declarará"; habla de la obra, no está hablando de la salvación; "la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada"; ahora dice aquí: "y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, ( no está hablando de la salvación, la salvación ya es un hecho, está hablando del reino) recibirá recompensa"; noten: "si" es un condicional, no está hablando de la salvación, la salvación es creer, ya eres salvo, pero ahora los salvos trabajan, y ese trabajo se prueba en el Tribunal de Cristo, para definir su posición en el Reino, no la salvación, la salvación ya fue definida, es otra cosa la que se define aquí; entonces dice aquí: "si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa", no dice: la salvación; la salvación no es por obras, para que nadie se gloríe; pero la recompensa sí es por obras; el lugar en el Reino. "Si la obra de alguno se quemare", si era un siervo, pero lo que hizo, él mismo lo borró, escribió con la mano y borró con el codo, que es lo que nos pasa muchas veces, "Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida", habla de sufrimiento y de pérdida, y ahora habla de fuego, pero no eterno; "sufrirá pérdida", es decir, en relación con el galardón, "sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego". O sea que la salvación es diferente del galardón; será salvo ¿por qué? porque él no pierde la salvación, la salvación es un regalo, la salvación no es un préstamo. Cuando Dios sabía que nadie se podía salvar si Él no le daba la salvación, los que creyeron la recibieron, son salvos; pero eso no quiere decir que porque son salvos no tengan que ser hijos y siervos, y que no tengan que ser corregidos o recompensados, no con la salvación, sino con su lugar en el Reino, o su exclusión temporal del Reino, ¿ven?

 

     Entonces, teniendo en cuenta esto, volvamos a 2ª a los Corintios capítulo 5, porque hicimos esta disgresión para captar de que es de lo que está hablando aquí, para no confundir salvación con galardón, ni salvación por obras; no, no es salvación por obras, es salvación por fe; pero si la salvación es por fe, ¿qué lugar tienen las obras? Este es el lugar de las obras, no para salvar, sino para edificar y ser recompensados en el Reino; es algo adicional y diferente de la salvación que es un regalo, ¿amén? ¿está claro? Entonces volvemos a 2ª a los Corintios 5; estamos en el verso 10: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba…", noten, aquí no se está decidiendo "la salvación"; ¿qué se decide en el tribunal de Cristo? El lugar en el Reino. "Bien hecho, siervo fiel, sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, sé sobre diez ciudades, o sobre 5, o sobre dos; ¿tú quien eres y qué hiciste? Pero si no se te reconoce, entonces vas al castigo temporal, ¿se dan cuenta? Entonces dice aquí: "para que cada uno reciba según lo que haya hecho…", ya no es solo por la fe; la fe es para salvación, pero aquí no se está definiendo la salvación, ¿ven? "…mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo"; si hizo algo bueno, va a recibir recompensa; pero si hizo algo malo y no lo arregló, va a sufrir pérdida; y aunque su salvación no se pierde, pasa por fuego; un salvo que sufre pérdida y pasa por fuego. Aquellos siervos, que sabiendo la voluntad de su Señor, no se prepararon ni hicieron, son castigados con pocos o muchos azotes, y van a la prisión hasta que paguen el último cuadrante. Aquí no está hablando de que él tiene que pagar por su salvación, como si el Señor no pagó, no; el Señor ya pagó su salvación; aquí lo que él tiene que pagar, el precio que el hombre tiene que pagar, es el precio para madurar, para ser hecho a la imagen de Cristo, para desagraviar al agraviado. La salvación no se está discutiendo aquí; no vayan a confundir una cosa con otra; la salvación es un regalo; pero para ser maduro y ganar el alma asemejándola a Cristo, hay que pagar un precio; si no lo paga aquí, le toca pagarlo allá; también aquí un poquito, o más adelante y después.

 

Entonces nos vamos dando cuenta de que no es cuestión de salvación eterna; nadie vaya a salir diciendo de aquí que la salvación es por obras; ya lo estamos diciendo muy claro; pero los salvos son hijos cuyo servicio o pecado se juzga en el Tribunal de Cristo, donde se determina si su edificación perduró o si se quemó; entonces allí se decide su posición en el Reino, si va a estar reinando, o si va a ser excluido del Reino como aquellos que son excluidos, como aquellos que van a prisión temporal; no saldrá de allí hasta que pague el último cuadrante, o sea, hasta que llegue a ser transformado como para no echar a perder el Reino de los otros, y haya desagraviado al que agravió y aún no solucionó su problema; porque si no somos transformados aquí, echamos a perder el reino; ysi no somos trasformados en el Reino, el Cielo y la Nueva Jerusalem; así que tenemos que ser corregidos aquí para no dañar a los demás. No estamos hablando del infierno indefinido, o sea, de la gehena, pues la gehena es para los perdidos eónicamente; aquí estamos hablando del proceso del reino de los cielos; hay correcciones en la era de la Iglesia y correcciones en la era del Milenio.

 

     Vamos a ver las correcciones en la era de la Iglesia; vamos a 1ª a los Corintios otra vez, capítulo 11; leemos desde el versículo 27: "De manera que cualquiera que comiere este pan (la mesa del Señor) o bebiere esta copa indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor". Una persona que participa de la cena del Señor, es un creyente, es un hijo; está hablándole a la iglesia; sin embargo, puede estar culpada, haciendo las cosas en broma; entonces ¿qué viene? "Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así", habiéndose probado, habiendo pedido perdón, habiéndose reconciliado con Dios y los hermanos; "como así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí"; aquí no es el juicio eterno; vamos a ver por el contexto que es un juicio temporal, es un juicio que se cumple durante la era de la Iglesia, y si no fue suficiente, continuará durante el Milenio, dice: "juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay (es la era de la Iglesia) muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen (o sea, mueren antes de tiempo). Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos…", si reconocemos nuestras faltas, somos honestos, falté en esto, reconozco, perdóname, perdónenme, Señor y hermanos; listo, la sangre del Señor lo limpió, se acabó, ¿ven? Puede ser que si la persona lo está tomando livianamente, el Señor le permite una disciplina, pero lo perdonó, ya fue reconciliado, David ya tiene comunión con Dios; Dios te ha perdonado le dijo Natán a David; sin embargo el hijo murió, sin embargo tuvo problemas con su familia, porque la disciplina no fue quitada todavía; él fue perdonado, el gozo de la salvación vino, pero la disciplina le duró un poquito, porque es un hijo, porque es una hija, entonces el perdón de la disciplina es más demorado; el perdón eterno es de una vez y para siempre; el perdón de comunión también es instantáneo, tan pronto te arrepientes y pides perdón; pero el levantamiento de disciplina es diferente, ¿amén? Dios es sabio y sabe cómo tratarnos para transformarnos.

 

     Seguimos aquí en 1ª a los Corintios 11; estamos en el verso 31: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados"; ¿cuál es este juicio aquí? No es el eterno, sino que es el de una enfermedad, o el de una debilidad, o el de una muerte prematura, se accidentó, alguna cosa, ¿verdad? Se le acabó el tiempo de seguir sirviendo y edificando su tesoro, su cuenta, porque la Biblia habla de que tenemos una cuenta; pero no para salvación eterna, pues eso ya está definido; es una cuenta para el Reino, el galardón adicional a la salvación. Entonces vemos acá: "Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados", o sea, juzgados con debilidad, con enfermedad y hasta con una muerte. Dice: "mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo" Entonces este castigo no es eterno, no es la condenación eónica, ¿se dan cuenta? Castigados para no ser condenados; o sea que Dios a sus hijos nos corrige porque El ya nos perdonó y nos perdona, y nos perdona constantemente; pero si vamos a seguir haciendo de las nuestras, nos tiene que corregir; cualquier padre corrige a su hijo, no porque no sea su hijo, sino porque es su hijo; Él comienza por su casa a corregir a los suyos, a veces con problemas, con dificultades; no sabemos qué es lo que está pasando; pues. Hermano, lo que está pasando es que la disciplina está decretada porque es un hijo falluto.

 

     Vamos al Salmo 89, que algunos ya lo conocen, pero para enriquecer esto, voy a leer desde el versículo 26, para ver la promesa del Señor para con Cristo: "Él me clamará, (el Hijo me clamará) Mi padre eres Tú"; aquí está hablando del Hijo de Dios, de Cristo; es una profecía acerca de Cristo, y de la obra de Cristo, y de los hijos de Dios gracias a Cristo; "Él me clamará: Mi padre eres tú, mi Dios, y la roca de mi salvación"; y ahora dice el Padre: "Yo también le pondré por Primogénito"; Jesús es el mayor entre muchos hermanos; "le pondré por Primogénito, el más Excelso de los reyes de la tierra" Quién es? Jesucristo, Señor de señores, Rey de reyes, "el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y su trono como los días de los cielos". Ahora ¿qué pasa si nosotros sus hijos, que decimos ser cristianos, que amamos a Dios, comenzamos a pecar? "Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios, si profanaren mis estatutos, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara su rebelión"; esa vara puede ser debilidad, enfermedad, problema; "castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades"; esos azotes pueden ser aquí en la era de la Iglesia, pero si es necesario continúan en el Milenio, porque también se dice que en el Tribunal de Cristo habrá personas que se presentarán con cosas malas, y entonces tienen que continuar en el Milenio los azotes; por eso dice: unos serán azotados poco y otros serán azotados mucho; los azotes empiezan aquí, para que aquí nos corrijamos; pero si no nos corregimos aquí, continúan en el Milenio, ¿ven? Entonces dice: "castigará con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades, más no quitaré de él mi misericordia"; no dejó de ser un hijo, pero es un hijo que está en la disciplina del Padre; "no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad, no olvidaré mi pacto";  el Señor murió por nosotros, no tenemos otra esperanza, hemos creído y lo hemos recibido, y la dádiva de Dios es vida eterna, salvos eternamente, ah! pero porque soy salvo ¿puedo pecar? No, el Padre te corregirá si pecas. Entonces dice: "ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre"; habrá pasado por fuego, pero sigue salvo en Cristo, salvo como por fuego, por el castigo. "Y su trono como el sol delante de mi. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo"; o sea que la salvación es eterna por causa de la unión con Cristo. Si pecamos, podemos ser castigados aquí o en el Milenio, ¿amén, hermanos?

 

     Ahora, si entendimos 1ª a los Corintios, que somos castigados por el Señor para que no seamos condenados con el mundo, entonces ¿cuál es la era del castigo? Aquí, mientras estamos en la tierra, y después del Tribunal de Cristo, durante el Reino del Milenio; ahí es el galardón o el castigo temporal, que podemos llamar dispensacional, si queremos.

 

     Volvamos a Mateo 18, porque todo esto era para entender esta frase: "un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos"; estábamos tratando de entender esa frase. Estamos en el 18:23 de Mateo: "el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas…", esas cuentas son en el tribunal de Cristo, ¿ven? Claro que el Señor quiere que te vaya bien en el Tribunal de Cristo, y te corrige aquí; por eso dice: Yo reprendo y castigo a todos los que amo;…no te fatigues cuando eres disciplinado…; porque ahí es cuando Dios te está demostrando Su amor; Él te está disciplinando temprano, para que estés mejor en el Tribunal de Cristo; pero algunos se escapan acá queriendo salvar la vida almática, pero allá no se escaparán; es mejor llevar el yugo desde la juventud, el yugo del Señor, ¿amén? Entonces dice aquí: "Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado", aquí ninguno se escapa; porque ¿qué dice el Señor? que Él enviará sus ángeles y reunirán a sus escogidos; y también ¿qué dice en cuanto a la red? Que recogerán peces buenos y otros malos, unos que causan tropiezo; ¿qué hace el Señor?  Los apresa con sus ángeles; no hay bandido que se escape del Señor y de sus ángeles; a cualquier bandido lo agarran y lo traen; ya sea al Juicio del Trono Blanco, pero si es un hijo que se hace el bandido, también se lo traen al Tribunal; entonces dice aquí: "fue presentado uno que le debía", no es cualquier bobería, "diez mil talentos", aquí el Señor usó una medida tan grande; por el contexto en el griego se nota después de que era una gran deuda la que tenía esta persona, este siervo de un rey, le tenía una deuda de diez mil talentos; ¿saben cuántos son diez mil talentos? Miren, el salario de un día es un denario; y 6000 denarios es un talento; diez mil talentos son sesenta millones de denarios; seguramente de ese rey tenía que ser algún ministro; aquí está mostrando el Señor que lo que Él nos da es muy valioso, y por eso tenemos que responder, ¿ven? Y este había dilapidado lo grande, lo glorioso, lo inmenso que fue puesto en sus manos; eso es lo que significa diez mil talentos; son los talentos áticos, antiguos, que son 6000 denarios por un talento; y un denario es el jornal de un día; imagínense lo que son 6000 denarios por un talento, y diez mil por seis mil son sesenta millones de denarios; aquí el Señor está mostrando que lo que Él ha puesto en manos de sus siervos no es una cosa pequeña, es una cosa muy, pero muy grande. Pero ¿qué hizo este siervo? "A éste, como no pudo pagar,…", aquí está mostrando la condición del hombre; el hombre en sí mismo no puede pagar, y transmite su naturaleza pecaminosa a su familia; él no pudo pagar, y dice acá: "como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; es decir, lo justo es que él pague lo que debe; si no se basa en la misericordia, en la gracia de Dios, paga él, y paga su familia, y pagan sus hijos, porque todos los que son hijos de pecadores son pecadores, ¿se dan cuenta? Además que aquí está el asunto de la enseñanza de la esclavitud antigua.

 

     Antiguamente, cuando una persona estaba en una guerra, digamos, cuando la guerra era justa, un país había ofendido a otro país, y entonces hubo una guerra de desagravio y también de recuperación, como pasó, por ejemplo, en Kuwait; llegó Irak y pasó por encima y agarró Kuwait; e inmediatamente vino la reacción del mundo a hacerle devolver a Kuwait; entonces eso es lo que se llamaría una guerra justa, es decir, una guerra de desagravio y de recuperación de lo que fue robado. (Aunque en el caso de Kuwait parece que hubo maniobras para inducir a Irak, para luego, por el petróleo, justificar la invasión usurpadora). Entonces ¿qué pasaba cuando había esas guerras? Estoy hablando de la antigüedad; mencioné ahora al Irak actual, pero volviendo a lo que era la costumbre en la época antigua, acordémonos de que aquí estaba en vigencia la ley, cuando Jesús está hablando; entonces ¿qué sucedía? Los prisioneros de guerra tenían que pagar, y eran esclavizados, tenían que trabajar para los victoriosos; y también si alguien robaba, y no podía pagar, tenía que pagar con su trabajo.

 

     Vamos a leer las leyes del Antiguo Testamento, para entender un poco mejor este asunto de las leyes de la esclavitud, para entender esta frase aquí. Éxodo capítulo 22, dice en los tres primeros versos, y pongan atención por favor, dice así: "Cuando alguno hurtare", mire cómo era la ley de Israel para los que estaban bajo la ley. Acuérdense de que Israel estaba en medio de unos países bárbaros; Israel también venía de ser bárbaro; y las leyes eran todavía más bárbaras; ahora Dios está apaciguando de a poco esa barbaridad de la época antigua. Entonces dice aquí: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas." Eso es lo que Dios consideraba justo. "Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido, y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte. Pero si fuere de día…", ya no de noche, porque de noche uno no sabe y está defendiendo la vida, ¿ven? "Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto"; es decir, él robó y no tiene como pagar, entonces queda como esclavo para que por medio de su trabajo pague lo que se robó, ¿verdad?

 

     Podemos inclusive pasar a la página anterior, para que veamos las leyes sobre la esclavitud, para entender un poco aquí por qué leímos eso en los dos deudores; capítulo 21 desde el verso 7: "Y cuando alguno vendiere su hija por sierva", miren cosas que sucedían en ese tiempo; o sea, no podía vivir, y vendió su hija por sierva; "no saldrá ella como suelen salir los siervos". Los siervos salían al séptimo año; pero aquí eran tomadas como esposas. "Si no agradare a su señor, por lo cual no la tomó por esposa, se le permitirá que se rescate, y no la podrá vender a pueblo extraño cuando la desechare. Mas si la hubiere desposado con su hijo, hará con ella según la costumbre de las hijas"; ya dejó de ser una esclava, ahora es una hija. "Si tomare para él otra mujer," si aquel hijo que tiene a esta esclava por mujer, tomare otra mujer, dice: "no disminuirá su alimento, ni su vestido, ni el deber conyugal. Y si ninguna de estas tres cosas hiciere, ella saldrá de gracia, sin dinero"; esa era la ley de esclavitud que antes era terrible; aquí el Señor le está poniendo orden a lo que era antes; se volvió una esposa, y tiene que cumplir con ella; y si no cumple, ella es libre; o sea, el Señor está liberando la esclavitud bárbara que había en esa época.

 

     Pasemos a Deuteronomio capítulo 23 versículo 15; allí también habla de las leyes; y el 16: "No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo"; aquí vemos como el Señor estaba aligerando la esclavitud. Filemón se volvió un hermano, y Pablo mandó a Onésimo mismo con una carta: recíbelo como a un hermano, no para que fuera esclavo, sino recíbelo como a un hermano, como a mí; entonces dice: "No entregarás a su señor el siervo que huyere a ti de su amo. Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás." Miren como el Señor estaba aligerando la esclavitud que fue tan común, y que incluso en los siglos posteriores del Cristianismo todavía ha habido esclavitud, y hasta hoy hay esclavitud; había personas que iban, portugueses que decían ser católicos, holandeses que decían ser creyentes, se iban al África a robar personas y a venderlas en los mercados para trabajar en las minas; ¡terrible! El Señor a eso lo llamó secuestro, y lo castiga terriblemente; el Señor no permitía esa clase de esclavitud que era lo común, incluso en épocas dizque civilizadas, y todavía había grupos de raza negra que se robaban a otros de raza negra para vendérselos a los negreros, cosas terribles; entonces estamos viendo como eran las cosas en esa época; hay otros versículos allí en la Escritura.

 

     Vamos a pasar a Génesis capítulo 17; allí el Señor quería que, los que eran esclavos en ese momento, entraran a formar parte de la familia, como persona de la familia. Dice desde el vero 11: "Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio (es decir cortar con la carne) y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, (porque se compraban personas por causa de la esclavitud, ¿se dan cuenta?) que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo".

 

     Ahora pasamos a Éxodo 12 versículo 44 en la continuación de esto; dice así: "Mas todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella (de la pascua) después que lo hubiere circuncidado"; o sea que el Señor estaba calmando la esclavitud. Tu siervo también va a ser circuncidado, va a entrar en Mi Pacto y va a participar de la Pascua, y vas a tratar bien a tu siervo; y hay muchas otras leyes que el tiempo no nos da, pero Dios decía: El año séptimo sale libre y no lo vas a enviar con las manos vacías, no, sino que le vas a dejar de tus vacas, de tus ovejas, le vas a dar su esposa, su casita; y él sale; o sea que el Señor aligeró lo que era la esclavitud, la hizo más bien suave, de tal manera que algunos siervos no querían dejar su casa. Decían: yo tengo aquí todo seguro, yo tengo trabajo y estoy viviendo bien; mi amo me trata como un hijo, como un amigo, así como aquel centurión de la Biblia que tenía un siervo enfermo, decía que era su niño. Primero, cuando cuenta la historia, dice que era siervo; pero él dijo que era su niño; era alguien que él amaba como un hijo; está enfermo, por favor di la palabra y mi siervo, mi niño, mi muchacho, dice el griego, sanará; y de hecho hubo épocas cuando Lincoln en Estados Unidos, después de esas guerras, abolió la esclavitud; ya vino una ley que dijo: todos los esclavos son libres; y hubo muchos esclavos que se levantaron, fueron a la plantación, trabajaron, y no se iban; decían: somos libres, pero ¿a dónde nos vamos a ir? Bueno, entonces se quedaron y aceptaron trabajar con eso; vamos a pagarles tanto, y se volvieron personas que trabajaban en común acuerdo con un salario, durante la propia independencia, y la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, con los que eran buenos; claro que eso no fue en todo lugar; hubo perversos; pero hubo casos en que los propios esclavos no se fueron, y quisieron quedarse trabajando con sus amos como alguien más de la familia. Cuando aquellos patrones tenían un corazón cristiano, incorporaban en su familia a los que antes habían sido esclavos; entonces quise leer todo esto, porque a veces, si no tenemos en cuenta el trasfondo, la época, la cultura en que se está hablando, la juzgamos en el siglo XXI; y Él está hablando aquí en el siglo I, cuando estaban bajo la ley, cuando a través de la ley en Israel Dios estaba suavizando condiciones peores; entonces Él está hablando aquí con ese trasfondo.

 

     Volvamos a Mateo capítulo 18:25: "A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle"; ahora tiene que trabajar y pagar con su trabajo, ya que no puede pagar de otra manera; "y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda", es decir, aquí está mostrando que se nos ha dado algo muy grande, que somos absolutamente deudores y que no podemos pagar. Entonces sólo porque el Señor es movido a misericordia, somos perdonados, ¿ven?

 

     Verso 26: "Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia (aquí la palabra no es paciencia, sino longanimidad, que es también como paciencia, demórate más en cobrarme y te lo pagaré todo) conmigo, y yo te lo pagaré todo". Realmente, él pensaba que iba a poder pagar; a veces nosotros pensamos que podemos pagar lo que debemos; nosotros naturalmente podemos decir: yo tengo que llevar mi "karma" encima y voy a pagar; ay, ay, no somos budistas, hermanos, somos cristianos; aquí nadie puede pagar; si el Señor no paga por nosotros, nadie se salva; pero él decía: te lo pagaré todo; este siervo no sabía en qué base estaba.

 

     Verso 27: "El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó (o sea, lo dejó libre, aunque lo habían traído preso, un ajuste de cuentas), y le perdonó la deuda" Eso es lo que Dios ha hecho por nosotros; cualquiera de nosotros debe acordarse, cuando vamos a tratar con otro, cuando vamos a reclamarle a otro, qué es lo que el Señor nos ha perdonado, de qué nos ha librado el Señor; eso es lo que siempre tenemos que recordar: El Señor me ha perdonado dos, cuatro, cinco millones de veces, ¿cómo no voy a perdonar yo? Pero miren lo que pasó. Ah! es que el hombre es terrible: "Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos", o sea uno igual a él, alguien igual que él, un consiervo; el otro era el señor, y el señor le perdonó a él diez mil talentos, 60 millones de denarios; y su consiervo le debía cien denarios, es decir, más o menos tres meses y un poquito le debía; "halló a uno de sus consiervos"; esta palabra "halló", realmente es encontró; o sea que él se vio de pronto con su consiervo "que le debía cien denarios", o sea, una sesentamilaba parte de lo que a él se le había perdonado; "y asiendo de él, le ahogaba, diciendo:"; primero actuó y después habló; aquí la palabra "ahogó" es que lo estaba como estrangulando, lo estaba ahogando, págame lo que me debes, págame lo que me debes, lo estaba casi ahogando al otro, no lo dejaba ni respirar; eso está mostrando el Señor con esta parábola, como somos nosotros, se nos olvida que hemos sido perdonados de algo tan grande, sin embargo estamos ahogando al otro, reclamando constantemente. ¡Señor, ten piedad de mi!

 

     Verso 29: "Entonces su consiervo", noten, como para recordar lo que había pasado con él, el consiervo hizo lo mismo que había hecho él con el señor, "postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré", el todo aquí agregado. Fíjense, lo mismo, era como para que él se acordara, mire él está ahora en la situación que yo acabó de estar; y ni siquiera así él quiso perdonar. "Mas él no quiso", es decir, endureció su corazón, no quiero, no quiero, le mantengo la deuda, y dice: "sino fue", y aquí la palabra fue son tres letras en español; en griego son más letras, y es insistir; ustedes saben que estaban en medio de cuando era el imperio romano, y no podían meter a alguien en la cárcel así no más. Para meter a un siervo en la cárcel tenían que ir a un tribunal y tenía que haber un juez, testigos, un fiscal acusador, un defensor, y después de todo el juicio entonces el otro iba a la cárcel; o sea que este hombre estaba tan duro que hizo todo esto; son tres letras "fue", pero ese fue es mucha cosa; una persona dura, insistió e hizo todo el trámite para hacerle a otro mal, para cobrarle al otro; son tres letras, pero hay que entenderlas, "fue y le echó en la cárcel", eso no es tan fácil, es un todo un trámite que hizo movido por la maldad, por el enojo, por el odio, por la amargura, por la venganza; qué terrible es el corazón humano, ¿verdad? "hasta que pagase la deuda"; ahora aquí está hablando de siervos; cuán terrible es nuestro corazón en su naturalidad, si no estamos en el Señor, en el Espíritu.

 

     Verso 31: "Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho"; hay una tristeza primero con lo que él es, como él es; segundo, lo que está haciendo a otro, y la ofensa que le está haciendo a su señor que le perdonó; eso causó tristeza, por la ofensa al rey, por la ofensa al que casi ahoga, y por lo que él mismo se hizo, tan miserable; entonces se entristecieron; y ahí comenzaron a orar, a interceder; dice: "viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y refirieron a su señor todo lo que había pasado"; cuando en oración se empieza a contar las cosas: Señor, tócalo, trátalo, Señor, soluciona esto, Señor, ayuda a este pobre que está en un problema.


     Verso 32: "Entonces, llamándole su señor", ahí está, ahí viene la disciplina, ¿se dan cuenta? No es que se salvó y perdió la salvación; aquí entran en discusión calvinistas y arminianos; no; por eso desde el principio hablamos de que es en el contexto del Reino Milenial, de la disciplina dispensacional, del perdón de disciplina; ese es el que se demoró acá en arreglar sus cosas. "LLamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné"; el Señor le está recordando y haciendo entender todo lo que Él perdonó; "te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías…", oigan la palabra "deber"; cuando somos perdonados, adquirimos el deber de perdonar. Hermanos, y si hacemos cuenta de todo lo que hemos sido perdonados por Dios, es este el deber que está sobre mí, sobre tí, sobre cada uno de nosotros: "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?" Porque se dice: "el que hiciere misericordia, se hará con él misericordia. Bienaventurados los misericordiosos porque alcanzarán misericordia; pero él que no hiciere misericordia, juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; por eso la misericordia triunfa sobre el juicio". Señor, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio, y la Biblia dice que tiene que morir apedreada; el Señor no dijo que esa no era la ley, sino que dijo: el que esté libre de pecado, tire la primera piedra; y ahí si se dieron cuenta de que todos eran iguales de pecadores, o peores, y se fueron empezando por los más viejos, porque más pecados tenían; y dijo Jesús: ni yo te condeno, vete y no peques más. Sí era un pecado, pero tuvo misericordia de ella. Juicio sin misericordia se hará con el que no hiciere misericordia. "¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?"

 

     Verso 34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos"; dos veces en la Biblia aparece la palabra "verdugos"; aquí y en el Antiguo Testamento; en el Antiguo Testamento son ángeles. Vamos a ver los verdugos en el Antiguo Testamento; vamos a Ezequiel capítulo 9, y volveremos aquí. Ezequiel 9, para entender esta palabra "verdugos"; aquí aparece desde el capítulo 1 hasta el 9 la visión de los pecados de Jerusalén, de los mismos líderes; en el capítulo 8 las abominaciones de Jerusalén; entonces, claro, después de todo el pecado del que era su pueblo, leyendo del 1 al 8 hay las abominaciones del pueblo de Dios, del liderazgo mismo del pueblo, los ancianos del pueblo haciendo abominaciones, eso lo digo para que no nos resulte tan duro el 9; pues acaba de venir de declarar las abominaciones; entonces dice: "Clamó en mis oídos"; aquí está la voz fuerte del Señor, "con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir. Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir, y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce". Lo primero fue el altar, para ver quien estaba bajo la expiación; pero nadie, todos pecaban y ninguno pedía perdón. "Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa;" o sea, primero estaba en el Santísimo y se puso en el lugar santo de la casa, después se puso en la puerta de oriente y se fue, abandonó la casa y la gloria se fue; y dice: "y llamó Yahveh al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Yahveh: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella", o sea, a los que no concuerdan con las abominaciones que se están haciendo; vayan márquenlos; él fue, marcó a Ezequiel, casi a nadie más; todos los demás eran indiferentes y eran partícipes de la locura como está el país, una locura de matanzas, de orgías, de sangre, de las peores barbaridades. Bueno, primero marca a los que gimen, a los que no están de acuerdo con esto; y después dice: "Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él"; primero en pos, o sea, primero los marcados, como cuando el juicio venía sobre los egipcios, los de Israel estaban bajo la sangre; primero hubo la misericordia, pero de los que no aceptan la sangre del Cordero, los que siguen sus abominaciones, entonces dice: "Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno, pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo"; noten que terrible. Ezequiel dijo: Señor, no está quedando nadie; estos ángeles son llamados los verdugos, son los que vinieron con Él por el norte. Primero viene el aspecto espiritual, el juicio espiritual, los ángeles moviendo las circunstancias; y después vienen los acontecimientos, como fue la invasión de Nabucodonosor, los caldeos y de los babilonios, y arrasaron con Israel; Dios trajo juicio, pero ese juicio fue arreglado, ordenado por ángeles; y aquí la Biblia habla de verdugos; dos veces no más aparece la palabra "verdugos"; ¿qué dice el Señor? que serán atormentados delante del Cordero y de sus ángeles, y que el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos, y no tienen reposo. ¿Usted piensa que en este momento Pablo Escobar estará teniendo reposo? ¿él a cuantos mató, a cuántos robó, a cuántos incineró? ¡Cuánta locura hizo! ¿Usted piensa que está muy feliz ahora? Hermanos, sólo mencioné uno, pero la historia está llena de barbaridades, de abominaciones; entonces por eso tiene que haber juicio, por eso la palabra "verdugos", ¿ven? Entonces la palabra es "verdugos"

 

Volvamos a Mateo 18:34: "Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos";  Dios lo permite, incluso le entrega. Por ejemplo, dice que aquellos ángeles que van a salir del abismo, van a atormentar por cinco meses a los que no tengan el sello del Dios vivo que es el Espíritu Santo, en la gran tribulación; Dios primero tiene que dar permiso para que haya un castigo; ¿por qué a veces hay países que tienen castigo? Uno no sabe lo qué está haciendo Dios; le pasó a uno, pero le tocó a usted después. Si ustedes no se arrepienten, también sucede con ustedes, dice el Señor. Dice acá: "le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía"; vemos aquí que esto no se refiere tan sólo lo que la expiación paga, sino a lo que el hombre debe pagar; él era una persona que fue perdonada, pero su carácter no era el de Cristo; entonces tenía que ser corregido; y para ser corregido fue entregado a los verdugos; a veces es aquí en la tierra, a veces es en el Milenio. Dice que será azotado mucho; los que lo azotan, lógico que son los verdugos; esos son los que azotan. A veces Dios permite incluso a  espíritus malignos, como le pasó a Saúl, que vinieron a estorbarlo. Entonces Dios nos guarde y nos dé un corazón misericordioso y perdonador.

 

     Verso 35: "Así también mi Padre celestial hará con vosotros"; y El está hablando a sus discípulos, "si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas". Hermanos, el Señor busca que perdonemos de todo corazón, no guardar nada en el corazón, perdonar y listo; ya el Señor juzgará, porque el Señor dijo: no os venguéis vosotros mismos, mía es la venganza, dejadme a mí dar el pago. Si alguien está siendo injusto contigo, tú perdónalo; Dios sabe lo que va a hacer, tú no guardes rencor, no guardes amargura, deja tu corazón libre, quédate con el Señor, perdona tú, porque tú has sido perdonado y perdonado muchas veces; entonces perdonemos y no nos cansemos de perdonar. Esto ¿lo dijo cuándo? Cuando Pedro le había dicho: ¿cuántas veces perdonaré, hasta siete? No, hasta setenta veces siete; o sea que hay que estar dispuestos a perdonar siempre para no ser atrapados por el odio, por la amargura, por la venganza, por el rencor, que es lo que más nos destruye; perdonemos y dejemos al Señor dar el pago. El Señor, cuando padecía no condenaba, sino que encomendaba la causa al que juzga rectamente. Señor, tú sabes, yo perdono, no quiero guardarlo en mi corazón; paso por alto esto; está en tu mano, límpiame; y entonces el Señor nos ayuda a perdonar. Y lo que dijo en el "Padre nuestro", y con esto termino, fue lo mismo que dijo acá: "porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre perdonará"; aquí se refiere al perdón de disciplina, que es el perdón de gobierno, ¿amén? Cuando el Señor salva, su Palabra no vuelve atrás; pero si necesita castigar, castiga a los salvos para que sean corregidos. Nunca nuestro castigo paga la expiación; aquí no se trata de la expiación, aquí se trata del precio para ser transformados, la disciplina de Dios. Vamos a dar gracias a Dios.

 

     Padre Dios, Te agradecemos que nos hayas concedido considerar estas palabras solemnes del cielo pronunciadas en la tierra a tus siervos; y ahora, Señor, nosotros las hemos oídos para que las obedezcamos. Señor, concede a nuestro corazón perdonar, concede a nuestro corazón no retener nada a nadie, porque nosotros sabemos de cuantas cosas hemos sido perdonados por Ti, y cómo constantemente nos estás perdonando de nuestras barbaridades y abominaciones. Señor, ten compasión de nosotros, danos un corazón misericordioso para también alcanzar misericordia, que es lo que Tú quieres imprimir en nuestro ser. Te lo pedimos en el nombre del Señor Jesús. Amén.

 

Esto dijo el Señor también delante de los fariseos y los saduceos que no querían perdonar. Gracias, hermanos.

 

 

Gino Iafrancesco V., 27 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia. Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada del autor.


EL HIJO PRÓDIGO

Por Gino Iafrancesco V. - 6 de Julio, 2011, 20:56, Categoría: General

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EL HIJO PRÓDIGO

 

 

     Padre celestial, gracias te damos por estar entre nosotros, por tu gracia y por tu misericordia, por la sangre del Cordero. Señor, quisiste morar entre nosotros; queremos que nos hagas una casa digna para ti, por medio de tu propio cuerpo, de tu gracia, misericordia, Señor, tu sangre y tu Espíritu. Pedimos a Ti, Señor, que una vez más nos hables por tu Palabra; que tu Palabra, que es eterna, sea vida, sea como nueva en nuestro espíritu, que el Espíritu de tu Palabra nos toque, Señor; te conozcamos a Ti por tu Palabra, por el Espíritu de tu Palabra. Te pedimos que nos ayudes a deponer nuestro ser a tus pies, para que él no te sea estorbo; lo ponemos en tus manos para que nos puedas ayudar, en nombre de Jesucristo Tu Hijo Amado, amén.

 

     Hermanos, vamos con la ayuda del Señor a seguir dando continuidad a aquella trilogía que se encuentra en Lucas capítulo 15; una trilogía de parábolas dichas en un contexto de rechazo a ciertas personas; y el Señor, con estas parábolas, nos mostró la actitud de la Trinidad; la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo; y vimos la actitud del Espíritu Santo obrando a través de la Iglesia, y de su obra con el pecador, en el santo decaído, en la parábola de las diez dracmas, y de la dracma perdida en especial. Vimos también la obra del Hijo de Dios en la parábola de esta misma trilogía, de las cien ovejas, donde el Hijo es el buen pastor que da su vida por las ovejas; y el tercer elemento en esta trilogía es la parábola famosa, quizás una de las más famosas de las parábolas, la parábola del hijo pródigo; está en Lucas, y solamente en Lucas, en el capítulo 15 verso 11 hasta el 32; y es la parábola más larga; de todas las parábolas es a ésta a la que el Señor le dedicó más tiempo y más cuidado; quiso expresar de manera muy clara el corazón del Padre; porque ¿quién conoce al Padre? Sino el Hijo; gracias a Dios que el Hijo de Dios, el Verbo de Dios, se hizo carne; el Hijo del Hombre vino y nos ha dado a conocer al Padre. Muchas imágenes distorsionadas existen acerca de Dios, pero el Hijo nos dio la imagen exacta, la imagen exacta; eso es lo que quiere decir el carácter de su hipóstasis, como dice en Hebreos 1:3, la imagen exacta de Dios. Podemos conocer a Dios a través del Señor Jesús, a través de su carácter, a través de sus palabras que abren lo que está en su corazón a través de su obra. Entonces aquí en la parábola del hijo pródigo, exclusiva de Lucas, y la más larga de las parábolas registradas del Señor Jesús, el Señor nos muestra el corazón del Padre a través de esta conocidísima parábola que vamos a leer de nuevo, y vamos, con la ayuda del Señor, a masticarla, para que el Espíritu pueda tocarnos y nutrir nuestro espíritu. El objetivo de abrirnos a la palabra del Señor es poder ser nutridos en el espíritu. Hay cosas que ya sabemos, pero el Espíritu las puede usar una vez más, si estamos abiertos, no sólo al aspecto externo, que ya sabemos, sino si estamos abiertos al Espíritu de la Palabra.

 

     Vamos a leer esta parábola con toda disposición de corazón para que el Señor nos pueda hablar y pueda tocar nuestro corazón. Voy a leerla de corrido, aunque sea larga, y luego volveremos sobre nuestros pies para masticar algunos puntos especiales: “También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó que era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado”.

 

     ¡Preciosa palabra y parábola! Todos nosotros somos hijos pródigos. Volvamos sobre nuestros pasos allí al verso 11: “También dijo”; o sea, dijo varias parábolas, todas juntas, una detrás de la otra, porque es como si el Espíritu Santo quisiera que las cosas quedaran tan claras que no fue suficiente que hablara una, ni siquiera dos, sino tres, número perfecto, el número de Dios, el número de la Trinidad. “También dijo: Un hombre tenía dos hijos”; es interesante que aquí este hombre, que el Señor va a presentar en la parábola, representa al propio Dios, representa al Padre; y fíjense que entre los hijos de Dios no es la única vez que el Señor presenta dos; en otra parábola también había dicho que había dos hijos, que a un hijo le dijo: hijo, ve a servir mi viña; y él dijo: Sí padre, pero a la verdad no fue; y el otro dijo: no, no quiero ir; pero después se arrepintió y fue. Entonces Él presenta distintas actitudes en medio de su pueblo. Y aquí Él habla de dos hijos, porque al comienzo del capítulo, cuando Él comenzó a decir estas parábolas, dice: se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, o sea, los hijos perdidos; y los fariseos y escribas, o sea, los hijos que estaban en la casa y no habían ido a dilapidar los bienes, murmuraban diciendo: -Este a los pecadores recibe y con ellos come-; entonces les refirió la parábola de las cien ovejas, la parábola de las diez dracmas y de la moneda perdida, y esta del hijo pródigo, en ese contexto. Entre el pueblo de Dios hay personas con corazón duro, corazón que no tiene misericordia para con los caídos; entonces el Señor aquí, que vino con el objeto de llamar, no a justos sino a pecadores al arrepentimiento, quiere ablandar los corazones de ellos y explicar que Él está representando el sentir de Dios. A veces pensamos que el sentir de Dios es la dureza, aunque en ocasiones tiene que ser duro; pero en esta ocasión, como en este caso en que hubo una sincera búsqueda y un sincero arrepentimiento, Él no fue duro, sino que fue misericordioso.

 

     Dice el verso 12: “y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde”. Lógicamente que ésta no era una obligación del Padre; ningún hijo tenía derecho a reclamar los bienes mientras el padre no muriera; pero de todas maneras, si el padre moría, entre los hijos tenían que repartirse los bienes de una manera que Dios había dicho. A este hijo menor le correspondía un tercio de la parte de los hijos, y al hijo mayor le correspondían dos tercios. Eso está, si quieren verlo, en Deuteronomio 21 verso 17, puesto que Dios estableció la ley de la doble porción para la primogenitura. El primogénito era el que heredaba el reino, si el padre era rey; el primogénito era el que heredaba el sacerdocio, si el padre era sacerdote; y el primogénito era el que heredaba la doble porción; es decir, que si un padre tenía varios hijos, a todos los hijos se les daba una porción, pero al primogénito, por ser el primogénito, por representar el vigor de su padre, se le daba una doble porción. Por eso José, que era el primogénito de Raquel, porque Rubén, que era el primogénito de Lea, mancilló el lecho de su padre, y entonces la primogenitura le fue quitada a Rubén, y el reinado fue a parar a Judá; el sacerdocio fue a parar a Leví, y la doble porción fue a parar a José. Pero esas tres cosas habían sido de Rubén, pero por el error de Rubén, perdió la primogenitura, y perdió sus derechos; uno de sus derechos era la doble porción. Entonces en Deuteronomio 21:17 dice precisamente esa ley; lo dice en paralelo con un contexto más inmediato; leámoslo con el verso 15: “Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida, en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura”. Entonces nos damos cuenta de cómo el Señor hacía respetar el derecho de la primogenitura; aunque fuere el hijo de la aborrecida, porque de todas maneras, el que hizo que ese hijo fuera el primogénito, fue de Dios; el hombre no puede hacer eso, es Dios; entonces hay que respetar la primogenitura. Por eso ustedes se dan cuenta que cuando se están nombrando los hijos de Israel, aunque la amada era Raquel, y no Lea, y aunque Lea le había dado más hijos, y después Raquel le dio más hijos, siempre menciona primero los de Lea; ¿por qué? porque de allí venía la primogenitura. Fue solamente el pecado de Rubén lo que hizo que perdiera la primogenitura; y la primogenitura vino entonces para Judá en cuanto al reino, para Leví en cuanto al sacerdocio, y para José en cuanto a la doble porción. Entonces este hijo era el menor, y como eran sólo dos hijos, entonces de la herencia de los hijos le correspondía al mayor dos tercios y al menor un tercio. De todas maneras, el Señor aquí, al decirlo de esta forma, sólo dos hijos, está mostrando como el hijo que se quedó en casa, que después se enojó porque el otro hijo fue recibido, tenía más de lo que el menor tenía.

 

     Continúa diciendo Lucas 15:12: “y les repartió los bienes”, porque eso lo podían hacer los padres, si querían, antes de morir; pero era para cuando murieran. De todas maneras, entre los judíos, en el libro de Eclesiástico, no Eclesiastés, sino el Eclesiástico, que se encuentra entre los deutero-canónicos, apócrifos, había este libro que circulaba entre los judíos aunque no es reconocido canónico por ellos, ni por las Biblias protestantes que se atienen al canon judío, porque el Señor dijo que a los judíos les fue encomendada la Palabra; y como ellos no lo tienen entre los canónicos, los protestantes tampoco. Entonces en ese libro del Eclesiástico, le aconseja el escritor a los padres que no repartan sus bienes mientras están en vida, sino sólo cuando están a punto de morir, o cuando mueran; porque si no, va a tener que estar dependiendo de sus hijos, y pidiéndole a sus hijos. Entonces dice allí en el Eclesiástico que es mejor que los hijos le pidan al padre, y no que los padres les pidan a los hijos. Pero de todas maneras, es parte de los deutero-canónicos o apócrifos, y no del Texto Sagrado; mas esa mentalidad existía entre los judíos. Aquí dice: “les repartió los bienes”; o sea, un padre generoso. Ahora, este padre, en esta parábola está representando al Señor mismo, a Dios mismo; sin embargo, miren que un Dios omnisciente, que sabe lo que algunos de sus hijos van a hacer, aún así les entrega bienes, sabiendo que esos bienes van a ser dilapidados. Ahí vemos como Dios hace responsables a las personas, como Dios quiere que las personas actúen con libertad. Ciertamente que nuestra libertad está ahora caída; aún así, Dios permite que nosotros ejerzamos nuestra libertad aún caída. De manera que si alguien quiere irse al infierno, Dios se lo permite, y ha permito a muchos irse al infierno, porque el carácter de Dios no es obligar a nadie, porque El no está tratando con títeres, sino con personas; entonces Dios es tan respetuoso, que aún de antemano le dio los bienes; o sea, ese tercio de la herencia a este hijo.

 

Y claro, este hijo, ni corto ni perezoso, “No muchos días después”, lo que él quería era convertir esos bienes en dinero para írselos a gastar; es el hijo menor, o sea, es un muchacho joven. Los muchachos jóvenes sólo quieren salirse de la casa, porque se sienten muy restringidos; yo también me salí de mi casa, porque me sentía muy restringido; gracias a Dios que el Señor me recogió en el camino, antes de que me llevara el diablo que me quiso llevar antes de salvarme el Señor. Dios fue misericordioso. Los muchachos nos sentimos en casa, nos sentimos en la sociedad, nos sentimos molestos, nos sentimos restringidos, pensamos que nosotros queremos hacer las cosas a nuestra manera, estar lejos de casa donde no nos estén vigilando, donde no nos estén husmeando en nuestra vida, donde no estén detrás de nosotros regañándonos, dándonos cantaleta; entonces queremos irnos lejos, donde hagamos la vida como a nosotros nos gusta. Esto fue lo que este hijo hizo. Dice: “se fue lejos a una provincia apartada”; es decir, donde nadie lo reconozca, donde nadie lo moleste, donde pueda vivir; y el Señor lo dijo muy resumido: “viviendo perdidamente”; pero su hermano fue más explícito: “ha gastado tus bienes en rameras”; lo dijo más explícitamente. Aquí, cuando el Señor fue el que habló, Él simplemente lo resumió: viviendo perdidamente; pero el otro hermano sí lo dijo con pelos y señales, ¿verdad? Y dice aquí: “y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. Lógicamente que todo eso desgasta a la persona, los pecados lo destruyen, los pecados atraen la maldición, atraen los problemas; y vamos a ver lo que dice allí.

 

     Verso 14: “Y cuando todo lo hubo malgastado”; es decir, las cosas se pueden gastar bien, o gastar mal; malgastar es invertir las cosas en algo improductivo; es ser totalmente irresponsable, totalmente inconsciente; no pensar en el futuro, sino solamente en su presente, en sus placeres del momento. Y dice: “vino una gran hambre en aquella provincia”; yo pienso que si el Señor no hubiera permitido esa hambre, este hijo se hubiera perdido definitivamente; aquí no dice que fue el Señor el que trajo esa hambre, no lo dice explícitamente, pero nosotros sabemos que el Señor controla todo; y quisiera que viéramos un pasaje que está en Jeremías, para que veamos el contraste, como a veces el Señor tiene que apretar la tuerca, pero para ayudarnos. Yo sé que es un pasaje duro, pero es necesario leerlo.

 

     Jeremías capítulo 30, sólo para ilustrar este fenómeno. Voy a leerlo desde el versículo 10; claro que vamos a llegar al verso 14, pero vamos a leerlo desde el 10 para tener un contexto de los tratos de Dios, porque este hijo que tenía bienes y estaba mal usándolos, tuvo que ser corregido a través del hambre, un hambre que le hacía doler el estómago, que ni siquiera podía comer lo que los cerdos comían; leámoslo desde el 10 para ilustrar el tratamiento del hambre: “Tú, pues, siervo mío Jacob”; aquí está el Señor hablando en amor, “no temas”; o sea, el final va a ser bueno, pero ¿por qué le dice: no temas? porque cuando se pasa por el túnel, uno teme; el Señor dice: no temas, no cuando las cosas están fáciles, sino cuando están difíciles; por eso dice: “no temas”; o sea, vas a pasar por la estrechez, vas a pasar por el hambre, vas a pasar por la prueba, pero es porque Yo estoy tratando contigo para tu bien; “no temas, dice Yahveh, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que Yo soy el que te salvo de lejos”; porque él estaba lejos; “a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad”; o sea, ¿dónde estaba Israel? En cautividad. ¿Qué profetas es? Jeremías, profeta de la cautividad. Así como aquel, al principio no era cautivo, al principio tenía muchos amigos seguramente, pero cuando le faltó, ahí tuvo que trabajar con lo peor para un judío, porque el Talmud decía que era una maldición el que criara cerdos; era un maldito, porque no estamos hablando aquí en Colombia, donde hay Zenú y todas esas fábricas de cerdos y salchichas, no. Para un judío, porque la Biblia llama a los cerdos animales inmundos, y había una maldición en el Talmud, que es el libro sagrado de los judíos, para los cuidadores de cerdos; que hubiera sido un griego, o que hubiera sido un polaco, que come muchas salchichas, ¡ok! Pero un judío tuvo que arrimarse, y después del ser un señor, ahora pasó a ser un arrimado, cuidador de cerdos; incluso los cerdos comían mejor que él. Estas algarrobas eran como una especie de cañandongas, como una especie de vainas que por dentro tienen algo pegajoso, medio dulce, que le daban a los cerdos; y él no podía ni siquiera comer las algarrobas; o sea que había otros que tenían la autoridad sobre él, y vigilaban para que él no le robara la comida a los cerdos; eso no lo dice, pero nadie le daba nada; o sea que había personas que eran las que le daban a los cerdos, y a él no le daban ni siquiera lo que los cerdos comían; o sea, estaba peor que un cerdo; su pecado lo hizo vivir peor que un cerdo, ¿verdad? Seguimos leyendo aquí en Jeremías: “te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá”, ¡aleluya!, como pasó con este hijo; “descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante. Porque Yo estoy contigo para salvarte, dice Yahveh, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia”; o sea, el Señor está hablando de salvarlo, pero lo salva después de castigarlo. Digamos que lo castiga para salvarlo, ¿amén? Y dice: “de ninguna manera te dejaré sin castigo. Porque así ha dicho Yahveh: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga”; es el caso del hijo allá. “No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto”. Yo lo he hecho, dice el Señor. “Pero”, no solamente la corrección temporal, “serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio”; es decir, ellos están viendo que tu estás ahora en las vacas flacas, y ellos en las gordas; entonces a nosotros nos tocan primero las vacas flacas, después las gordas; a algunos les tocan primero las gordas y después las flacas. Entonces, cuando estamos pasando por las flacas, los otros, que están en las gordas, te menosprecian y te ofenden; entonces el Señor está corrigiendo a través de eso; pero después Él va a curar; tú no sabes lo que estuviste haciendo; ahora tú te vas a poner en los zapatos del otro, y vas a pasar por lo que tú no entendías; entonces ahora le toca a uno ponerse en los zapatos del otro, y ahora es a uno a quien le aprieta el callo. Si uno no se mete en los zapatos del otro, uno no aprende, uno es rápido para juzgar, hasta que le toca a uno, ¿verdad? “Serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaren, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. Mas Yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Yahveh; porque desechada te llamaron, diciendo: esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Así ha dicho Yahveh: He aquí Yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina”, o sea el monte Sion, “y el templo será asentado según su forma”. Aquí está la restauración del templo; lo fue con Zorobabel, y lo será de nuevo.

 

     Volvemos a Lucas; pero quise leer este pasaje, que es tan diciente, para entender el tratamiento del Señor. Este hijo se había alejado, vivía lejos, y malgastó lo que fue puesto en sus manos; entonces le vino esta corrección, y este pasaje nos ayuda a entenderlo. “Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle”; y me alegra como Dios hace las cosas gradualmente: “comenzó a faltarle”; es decir, no le faltó todo de golpe; a veces nos falta una cosita, a ver si entendemos con una corrección pequeña; pero no entendemos con una pequeña, y entonces necesitamos una más fuerte; no entendemos tampoco con la fuerte, y entonces viene una más fuerte. Noten que el Señor no trae las siete copas de la ira de golpe. Primero vienen los sellos, después las trompetas, que es apenas un tercio de las copas, y después las copas que consuman la ira. “Y comenzó a faltarle”.

 

     Dice el verso 16: “Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos”. Ya vimos que terrible condición. “Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.” Ahora, ¿qué estaba haciendo Dios cuando permitió esto? Produciendo lo siguiente: el verso 17, la primera parte: “Y volviendo en sí”; o sea que él estaba como fuera de sí, fuera de sí, él estaba fuera de sus cabales, él había entrado en un frenesí de locura, había perdido la cordura; y el Señor, para traerlo de nuevo a la cordura, para que volviera otra vez en sí, para que reflexionara, para que se diera cuenta, para que meditara, tuvo que permitir esas cosas difíciles; pero ¿eran para qué? Para que volviera en sí, aprendiera la cordura, y dejara de ser insensato. “Dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”;  estoy en esta situación; mi padre tiene siervos, jornaleros que le sirven. Yo no merezco ser llamado hijo. Noten que él fue alguien que se arrepintió con sinceridad.

 

     Verso 18: “Me levantaré”; o sea que ahí está la gracia de Dios para permitirle ejercer su responsabilidad, porque “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere”; pero el Señor, al decir esta parábola, está queriendo decir que la gracia de Dios está disponible para poder levantarse y volver; porque algunos quieren decir: yo no puedo volver, Dios no me va a ayudar, es que Dios a unos ayuda y a mi no me ayuda, yo me voy a quedar aquí; no, no, no; él tomó una decisión que Dios respaldó; no sé como discutirán esto los calvinistas y los arminianos, pero el Señor dijo la parábola como para poner a meditar: “me levantaré e iré”, y miren dónde, “a mi padre”; o sea, él continuaba teniendo certeza de que era un hijo y que ese era su padre; “me levantaré e iré a mi padre”; a donde hay que ir es al Padre; porque podría haberse ido a otro lugar; ya se había arrimado a un ciudadano que lo puso a guardar cerdos; entonces él dijo: no, no, aquí hay que ir es a mi padre; lo que el mundo ofrece es eso: cuidar sus cerdos; hay que ir es al Padre. “Y le diré: Padre”; o sea, confesaré mi pecado; y esta es la meditación interna, reconocer; el Señor por eso hizo esta parábola tan larga, para explicar bien ese proceso interior que es necesario, proceso de reflexión, de caer en cuenta, de tomar conciencia, de decidir arrepentirse y decidir buscar a Dios; todo eso es porque el Espíritu Santo está obrando. “He pecado contra el cielo y contra Ti”; porque no se peca sólo contra el Padre, porque el Padre está también con sus ángeles, y ellos están viendo, y el cielo también llora. Posiblemente a nuestros hermanos que ya partieron, una gran nube de testigos, el Señor les deja ver nuestras caídas, y se entristecen. Entonces nuestro pecado es contra el cielo. La vez pasada hablamos de la fanaticada, de la barra que tenemos a favor, y de la que hay en contra. Entonces nuestro pecado es contra el Padre y contra el cielo. Aquí menciona primero al cielo, y contra Ti, para mostrar que tenía vergüenza de los espectadores celestiales, y que antes de poder reconciliarse suficientemente solo con Dios, Él nos pide que nos reconciliemos antes con nuestros hermanos para poder venir a hacerle ofrendas de amor.

 

     Verso 19: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo”; o sea que reconoció que había pecado, y reconoció su indignidad, reconoció que no tenía mérito ninguno. Esa es la única manera de volver: volver en sí y volverse al Padre sobre la base de la gracia del Padre, y no de ningún mérito nuestro.  Aquí él fue sincero: no soy digno; es decir, se puso en la posición verdadera, en la posición de indigno, no iba a pretender engañar al padre, no iba a hacerse el bobo, no iba a tratar de justificar las cosas; no, él dice: “Ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Y él había pensado también lo siguiente, pero el padre no se lo dejó decir; él le iba a decir: “hazme como a uno de tus jornaleros”, o sea, vengo acá aunque no sea como un hijo tuyo; pero el padre no le dejó decir esas palabras, no le dejó actuar meramente como un jornalero y no como un hijo.

 

     Verso 20: “Y levantándose”; dos veces dice algo; primero dice: “me levantaré”; pero ahora dice: “Y levantándose”; porque a veces decimos: me levantaré, pero no nos levantamos; entonces es necesario esta repetición. Se propuso, y después hizo lo que se propuso; recibió gracia de Dios para ser convencido de su pecado, para mudar su manera de ver las cosas, convencerse de justicia y juicio, proponerse, y hacer lo que se propuso. Había dicho: Me levantaré, iré a mi padre y diré; y ahora no sólo se quedó pensándolo: voy a hacer esto; sino que lo hizo. No hay que quedarse diciendo: ¡ay! si yo pudiera; ¡no!, hay que definirse, hay que tomar una actitud responsable, que cuando tú la estás tomando, la gracia te está sosteniendo. “Levantándose, vino a su padre”, aunque él había pensado antes quedarse por los bordes allá, en las barracas, viviendo con los trabajadores, con los jornaleros; pero él venía ahora a su padre. Muy importante que su foco ahora era su padre. No es suficiente estar apenas entre los jornaleros; es necesario estar con el mismo Padre. Cuantas personas, en vez de buscar a Dios por medio de Cristo, simplemente se juntan a una compañía para tener un salario.

 

     Ahora viene esta parte, la parte del padre; aquí no lo dice, pero hay muchos comentaristas que han visto como si el padre siempre estuviera buscando la llegada de su hijo; porque el padre no estaba adentro, sino que pudo verlo de lejos; es como si el padre oteara el horizonte a ver si de pronto aparecía su hijo; aquí no lo dice, pero lo da a entender. “Y cuando aún estaba lejos”, este es el amor de Dios. Yo creo que todos los hermanos hemos tenido esta experiencia; por lo menos, yo en muchas ocasiones no sé cómo hacer para empezar a arrepentirme, y ya siento el abrazo del Señor recibiéndome; y digo: Señor, todavía no he terminado de arrepentirme, pero Él ya me abrazó, ya me recibió; así es nuestro Padre; Él sólo vio la intención de lejos, el Padre no esperó. Nosotros a veces como padres decimos: vamos a ver qué hace, vamos a ver como se porta, vamos a darle un tiempito, vamos a ponerlo a prueba; pero fíjense en la misericordia de Dios; se saltó esos tiempitos, no se puso a tener en cuenta las fallas, lo único que vio fue a su hijo volviendo; y aunque venía de lejos, y había mucha distancia todavía para estar cerca de él, el padre se fue hacia él; ¿no es esto precioso, hermanos? Y dice: “cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió”, claro que si estos dos hijos eran como adultos, como para darles la herencia, este padre no era tan joven, y mucho menos en el oriente, donde ver un padre corriendo es raro; en el oriente se exige mucho obedecer a los padres, y los padres tienen que guardar su dignidad; pero aquí este padre se olvidó de sí; qué van a decir: este viejo corriendo; no; sino que él salió corriendo, el padre salió corriendo, “fue movido a misericordia”, la misericordia lo movió a correr. Hermanos, ¿entienden esa frase? Que la misericordia lo movió a correr. Cuando uno no tiene misericordia, uno no es movido a correr, y uno se queda probando; pero cuando uno tiene misericordia, porque ha recibido misericordia, corre, porque “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia, y juicio sin misericordia se hará para el que no hiciere misericordia”. Cuando la misericordia nos mueve, corremos; no nos esperamos a que el otro lo haga; por eso dice: “haced frutos dignos de arrepentimiento”. Aquí ya el padre vio de lejos la intención de su hijo, y ya fue suficiente para el padre, no fue muy exigente, sino que le fue suficiente ese “me arrepiento”, esa reflexión, esa decisión; y el padre le ahorró muchas otras pruebas, se las ahorró; ¿no debemos nosotros también ahorrar, verdad? “Movido a misericordia”, como si la misericordia fuera el combustible para que corriera; “y corrió, y se echó sobre su cuello”, no le dejó ni siquiera arrodillarse; el hijo ya tenía planeado todo lo que iba a decir, pero el padre se le adelantó, y antes de que el hijo le dijera, el padre lo recibió. ¿No es esta obra grande del Señor? Ahí se ve como es nuestro Dios. Ya el hijo tenía preparado: voy a decirle esto, esto y esto; y antes de que empiece a decirle, el padre viene a recibirle. ¿No es esto amor, hermanos?¿ no está reflejando aquí el Señor verdaderamente, y como es nuestro Dios? Para que conozcamos a Dios, Él dijo esta parábola, y para que nosotros seamos como Él es; “se echó sobre su cuello”; y aquí el traductor dice: “le besó”; pero el original griego dice: “repetidas veces lo besó”; no sólo le dio un beso, sino que repetidamente lo besaba y lo besaba; estaba feliz de que su hijo hubiera vuelto sano y salvo; lo recibió sano y salvo, dijo después.

 

     Verso 21: “Y el hijo le dijo:”; aquí empezó el hijo a cumplir lo que él se había propuesto: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”; ya la siguiente frase: “ya no soy digno de ser llamado tu hijo”, y la otra que había pensado decir: “ponme como alguno de tus jornaleros”, aquí ya no la dice; fue tal la restauración de la gracia; incluso la última frase falta en algunos manuscritos; algunos manuscritos no tienen la segunda parte de la frase, algunos se la añadieron como para completar más la confesión del hijo; pero hay manuscritos que no tienen la segunda parte; como quien dice: el padre ni siquiera le dejó a él terminar de confesar su arrepentimiento. Él iba a decir: padre, hazme como uno de tus jornaleros, porque no soy digno de ser llamado tú hijo. El padre no le dejó actuar como si no fuera su hijo; desde el principio la gracia le hizo saber que era su hijo; el padre siempre actuó con él como con un hijo; aunque él no era digno de ser hijo, el padre siempre fue fiel a la paternidad suya, y ni lo dejó terminar de arrepentirse en lo externo; le bastó el retorno.

    

     Verso 22: “Pero el padre…” ¿ven ese “pero”? Cuando el hijo empezó a hablar, no había terminado de cumplir lo que se había propuesto en su arrepentimiento, y ya el padre empezó a decir: “hagamos fiesta”; como había dicho Jesús en parábola anterior, que “hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por 99 justos que no necesitan arrepentimiento”; aquí es la misma cosa: “El padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido”; o sea, los jornaleros tenían un vestido, pero ahora es el mejor vestido; es decir, hay vestidos, pero el mejor vestido es el vestido de hijo; aquí el hijo fue justificado, vestido con la vestidura de hijo; ahora sí podía actuar como hijo, pues el padre le está haciendo sentirse como hijo; el hijo está como queriendo humillarse tanto, pero el padre le dice: espera, espera, no te dejes hundir tanto, no te desplomes tanto, ya sé, ya vi tu arrepentimiento, levántate, vístanlo, porque él no se va a vestir, pónganle el mejor vestido; así como en el caso de Josué, hijo de Josadac, que estaba Satanás acusándolo, y Yahveh dijo: “quítenle esas vestiduras viles, y pónganle vestiduras de gala”; hermanos, eso es lo que hace el Señor, nos limpia de nuestras inmundicias y dice: hijo, ya es suficiente, levanta tu rostro, olvídate del pasado, ahora de aquí en adelante usa el mejor vestido. Y además de eso dice a sus siervos: “vestidle”, ustedes tienen que vestirlo, ayudarle, porque él como que no podía solo; imagínense los cielos vistiéndolo, ¿verdad? “y poned un anillo en su mano”; porque el anillo era donde estaba el sello de la familia, el sello de propiedad; las cosas se sellaban con el anillo; o sea que es ahora como si fuera de nuevo propietario, aun habiendo desperdiciado antes sus bienes; sin embargo vuelve a tener anillo; los esclavos no tenían anillo, mas los hijos tienen anillo. Y dice: “poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies”, porque estaba descalzo; los esclavos andaban descalzos, pero ahora ya tiene sandalias, el apresto del evangelio de la paz. Esa es la restauración divina proveniente de la gracia de Dios.

 

     Verso 23: “Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta”; esto es como una expiación, ahora hay fiesta, comiendo el becerro gordo; esto nos habla del Señor Jesús que murió por nosotros para que nosotros podamos ser recibidos en la casa del Padre. En la casa del Padre hay fiesta; aquí el Señor no se pone con remilgos; como si dijera: no voy a mencionar anillo, no voy a mencionar música, ni danzas; ¡no! El Padre mandó el Espíritu sobre los gentiles en casa de Cornelio incluso antes de que fueran bautizados; el Señor no es nada de remilgado, aquí hasta mencionó danzas, ¿amén? Él no fue mojigato; aquí mencionó la palabra anillo, usó la palabra fiesta, la palabra danza, alegría; el Señor no fue mojigato; lo dijo con gran alegría, porque hay versículos en la Biblia que dicen que adoremos al Señor con danza; y habla de danza, y que los jóvenes y las vírgenes danzarán en el pueblo de Dios. La danza es normal en el pueblo de Dios, una danza santa; si es santa, no es problema; los ósculos, si son santos, no son problema; el problema es cuando el ósculo no es santo; cuando es sólo ósculo, no es santo; allí sí hay problema; pero si es santo, no es problema. Nos saludamos de ósculo santo, podemos danzar una danza santa y hacer una fiesta santa, ¿amén? Entonces dice allí: “Y comenzaron a regocijarse” porque había dicho: este mi hijo muerto era, pero ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Las expresiones: “Y se había perdido” y “muerto” están mutuamente relacionadas; como también “revivido” está relacionado con “hallado”, o encontrado, o salvado; muerto es perdido, y revivido es salvado; entonces dice las dos cosas allí: “muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”. Noten, el Señor hablando esto a los escribas duros, que decían: -¿cómo es que Él come con pecadores?- y el Señor hablándoles de esta fiesta.

 

     Ahora viene la segunda parte de la parábola; uno pensaría que ya hubiera sido suficiente; pero ¿a quién era que el Señor les estaba hablando la parábola en esos momentos? Estaba hablando a los escribas y fariseos; o sea, a los religiosos, legalistas, duros, sin misericordia, gente amargada, gente religiosa pero amargada, gente que vive en su justicia propia, que no conoce su propia indignidad, y piensa que merece algo. ¿Cuánto tiempo te serví y no me diste ni un cabrito? Esa es la justicia propia de la religión, de la religiosidad humana que pone un ambiente totalmente desagradable en medio del pueblo. Aquí el Señor empieza a hablar de la otra parte de la parábola; porque Él habló de dos hijos; la parábola comienza con dos hijos, porque ahí están aquellos que oían al Señor y recibían la gracia de Dios, pero estaban también los que los que criticaban; entonces había que completar la parábola por el otro lado. “Y su hijo mayor”, ahí estaba el mayor, “estaba en el campo”, así como Caín trabajaba también en el campo, y era alguien que trabajaba, que producía, que hacía las cosas por moral, por ascetismo; y mucha gente religiosa no tiene el gozo de la salvación, porque no vive por la gracia, sino que viven en la justicia propia; entonces estaba en el campo, “y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó música, y las danzas”; estaban en pleno baile; “y llamando a uno de los criados”, porque eso se lo preguntó al criado, no al padre, “le preguntó qué era aquello”, danzas y fiesta; ¿qué pasó en esta casa? ¡Qué raro! ¿qué está pasando? Está todo fuera de lo normal.

     Verso 27: “Él le dijo”, y miren como habla el padre, como habla el criado, y como habla el hermano mayor. El criado le dijo: tu hermano; el padre le dijo: tu hermano; pero él no dijo: mi hermano, sino: este tu hijo ha desperdiciado tus bienes con rameras; eso fue lo que él dijo, no dijo: mi hermano, no quería reconocerlo ni como hermano, ¿se dan cuenta? Pero aquí el criado le dice: “tu hermano”, no es cualquiera, es tú hermano, otro igual que tú, no es de otra categoría inferior, es tu hermano, “Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano”; ¡cómo es el Señor!, bueno y sano; eso implica que no estaba muerto como se pudo haber pensado, sino como dice Salomón: “mejor es perro vivo que león muerto”, mientras esté vivo, aunque sea perro, puede salvarse; el león muerto ya no sirve.

 

     Verso 28: “Entonces se enojó”, como se habían enojado los escribas y los fariseos: -éste tu maestro come con los publicanos, con los pecadores-; y Jesús era amigo de los pecadores; Él no pecaba con ellos, pero para salvarlos, se hizo amigo; pero aquel otro “se enojó”, el hermano mayor, “y no quería entrar”. No quería participar, quería guardar la distancia, estaba molesto con la gracia de Dios; ¿por qué? Porque él se basaba en la justicia propia. “Salió por tanto su padre”; noten como el padre es bueno para con los dos hijos; aún con este que está enojado; “y le rogaba que entrase”. Le rogaba; ahí está el Espíritu Santo tratando de convencer ese corazón para que acepte la gracia de Dios y se alegre también, se alegre que el otro fué salvo; pero en vez de alegrarse, está criticando y no quiere entrar.

 

       Verso 29: “Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo”; él no había dicho eso externamente antes, pero miren lo que la justicia propia guarda en su corazón. Cuando estamos basados en la justicia propia, estamos comparándonos con otros, pensando que somos mejores que los otros, yo ayuno, yo diezmo, pero este publicano ¡qué va a diezmar, qué va a ayunar! ¿No es así? La justicia propia comparándose y expresando amargura; eso hace la religiosidad que no conoce la gracia, que no vive por la gracia; pura amargura, gente amargada, “tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás”; exteriormente él se aguantaba, y hacía lo que el padre quería, pero eso era por fuera; su corazón no estaba contento, ¿se dan cuenta? Su corazón no conocía al padre; “y nunca me has dado ni un cabrito”, noten esa ingratitud; en realidad todo era de él, ¿por qué? Porque el padre un tercio se lo da a su hijo menor, y los otros dos tercios le quedaron a él; “todo lo mío es tuyo”; todo era de él, pero él no veía lo que tenía, el sólo vivía en su justicia propia, quejándose; “ni un cabrito me has dado para gozarme con mis amigos”; como quien dice: -a éste le diste mucho, a mí no me diste nada; ¿se dan cuenta de lo que es ese espíritu religioso, hermanos? ¿qué triste que es? “Nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo”, no mi hermano, no, tú hijo, así como cuando las señoras están enojadas con su marido, dicen: tu hijo, como si no fuera de los dos, ¿verdad? Éste no quiso llamarlo hermano sino “este tu hijo”. El Señor fue como decíamos al principio; lo dijo resumidamente, él no entró en detalles con el morbo; porque nosotros somos tan morbosos que queremos saber todos los detalles del pecado, como fue, donde fue, a qué hora y todo, quien vio, quien no vio; nosotros somos morbosos; el Señor no; vivió perdidamente, lo dijo así rápido; pero este aquí no; lo dijo bien coloreado, lo puso bien con todos los colores. Dijo: “que ha consumido tus bienes con rameras”; el padre nunca había mencionado a las rameras, pero el hijo mayor sí las mencionó; el padre no, pero el hijo sí, el hijo mayor, el religioso; “has hecho matar para él el becerro gordo”; la expiación es para el que no tiene, pero el que se basa en la justicia propia piensa que él merece las cosas; no se da cuenta de que todo es por gracia. Cuando uno se basa en la justicia propia, uno no se da cuenta de que uno no tiene nada, que es por gracia; “has hecho matar para él el becerro gordo”; pero hijo, este becerro gordo también es para ti, porque todo lo mío es tuyo, es para ti, tú también vas a comer del becerro gordo, ven a la fiesta y come tú también del becerro gordo, pero él no, él pensaba que era sólo para el otro, así como Caín se enojaba porque Dios recibió a Abel, porque Abel se basó en el becerro gordo, en la sangre; por eso Abel fue recibido, en cambio Caín venía del campo a presentar sus frutos; claro, venía en su justicia propia, pero su justicia propia no podía ser aceptada delante de Dios; entonces se enojó contra Abel y se ensañó su espíritu hasta matarlo. Estos dos hermanos también son como Caín y Abel, ¿se dan cuenta? O como el publicano propiciado, justificado, y el fariseo que se gloriaba en su justicia y oraba consigo mismo.

 

     Verso 31: “Él entonces le dijo: hijo”, hijo, qué lindo, el padre es bueno también con él, le sigue tratando de hijo; “Hijo, tú siempre estás conmigo”, tú no te apartas a otras partes, siempre estás conmigo; por lo tanto, todo lo mío es tuyo; el que está con el Señor, todo lo del Señor es de él; él pródigo se había apartado y por eso no tenía nada, y ahora vino, ahora déjame hacer fiesta, ¿verdad? Pero dice aquí: “tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta”, y aquí está el misterio de la gracia: “era necesario hacer fiesta”, y dice porqué, “y regocijarnos”. Jesús hablándoles también a los fariseos enojados, porque los publicanos oían del Señor, y se agradaban de recibir la gracia de Dios; y los otros enojados. Entonces dice aquí: “era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano”, no mi hijo solamente, “tu hermano”, uno igual a ti, “tu hermano era muerto”, y lo repite de nuevo, “y ha revivido; se había perdido, y es hallado”. Cuando alguien revive, y es hallado, es necesario hacer fiesta y regocijarnos. Si Dios revivió a alguien, lo halló, lo encontró de nuevo, lo vistió, le puso su anillo, lo calzó, hermanos, es necesario, aquí en esto no debemos pensar ser apenas opcional. Es necesario hacer fiesta y regocijarnos; y no podemos continuar con esas cosas malignas de la justicia propia. Aquí Lucas paró; no dijo ni como reaccionaron los otros; es decir, cada uno reacciona como debe reaccionar. ¿Cómo reaccionamos nosotros? ¡Que sea como reaccionó el padre, y no el hermano mayor! Vamos a dar gracias al Señor.

 

     Señor amado, te agradecemos que Tú siempre quieres alcanzar nuestro corazón, y que seamos como eres Tú. Señor, opera en nuestro ser, ayúdanos a entrar en el gozo de tu fiesta, porque tú has provisto una fiesta en este becerro gordo, y has sacrificado para la expiación, y para el alimento con una justicia jurídica y también orgánica. Oh Padre, en el nombre del Señor Jesús, ayúdanos a conocerte, y danos un corazón amplio, un corazón como el tuyo, como eres Tú con nosotros; no sea que tengas que apretarnos porque no queremos perdonar. Ayúdanos, Señor, danos un corazón amplio, en el nombre del Señor Jesús, amén. 

 

Gino Iafrancesco V., 20 de mayo de 2005, Localidad de Teusaquillo, Bogotá D.C., Colombia.

Transcripción de la hermana Marlene Alzamora, revisada por el autor.

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