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LA HIGUERA ESTÉRIL

Por Gino Iafrancesco V. - 24 de Marzo, 2012, 23:17, Categoría: General

LA HIGUERA ESTERIL Localidad de Teusaquillo (12 de agosto de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Vamos a Lucas capítulo 13, por favor. Lucas capítulo 13, de los versos 6 al 9. Siguiendo la serie de los misterios del reino de Dios en las parábolas del Señor Jesucristo, llegamos hoy a la consideración de la parábola de la higuera estéril; esa es la consideración de hoy, la higuera estéril. Vamos a ver primeramente los cuatro versos y después volveremos sobre nuestros pasos, Dios mediante. “Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto... (esa palabra, “bien”, es un agregado del traductor; realmente, la frase en el griego, queda en suspenso) “si diere fruto; y si no, la cortarás después” Como lo dice el verso 6, es una parábola. Después de esta ocasión, nos narran también Mateo y Marcos, que el Señor actuó esta parábola, pero primero la dijo. En el contexto de Lucas, aparece primero la enseñanza oral del Señor Jesús, después Él dio un ejemplo a través de una actitud que los hermanos recordarán, y que hoy vamos a recordar también, pero empecemos a considerar esta parábola aquí como Lucas la presenta del Señor Jesús. “Dijo también esta parábola”; si hubiera dicho: “Dijo esta parábola”, sin la palabra que aquí se traduce “también”, que puede traducirse “entonces”, “igualmente”; esa palabra traducida aquí “también”, ubica la parábola desde un contexto más amplio. Cuando dice: “dijo también”, quiere decir que había dicho ya unas cosas y ahora está continuando, y la continuación es esta parábola, pero lógicamente que si la continuación es esta parábola, la parábola se ubica en una coyuntura un poco más amplia de la sola parábola; es decir, él está usando esta parábola en un contexto, el cual nos habla del arrepentimiento necesario. Fíjense en que al final del capítulo 12, el Señor había dicho desde el verso 57: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo? Cuando vayas al magistrado con tu adversario, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí, hasta que hayas pagado aún la última blanca”, o sea que no hay que dejar pasar el tiempo sin arreglar los problemas, las dificultades, sin pagar las deudas, sin pedir perdón donde corresponde, sin solucionar lo que tiene que ser solucionado, no sea que seamos sorprendidos por la venida del Señor o con nuestra muerte y ya no tengamos oportunidad de hacerlo y nos toque llegar con esa deuda al tribunal de Cristo; entonces dice desde el capítulo 13, verso 1: “En este mismo tiempo”, o sea, cuando estaban hablando de esto, “estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos?”, porque nosotros, a veces, tenemos la tendencia de decir -bueno, a éste le sucedió este percance; seguramente tenía algún pecado oculto y por eso a él le sucede eso; quizás a mi no me está pasando nada, no porque yo no tenga problemas también; quizá mis problemas son más serios y más graves, quizás estoy es perdiendo tiempo-. Dice en Apocalipsis que Dios le dio tiempo a Jezabel para que se arrepintiera[1]. La mayor cantidad de palabras dirigidas a las iglesias es la dirigida a Tiatira; la mayor longanimidad fue expresada para Tiatira: “le he dado tiempo[2]”. Si nosotros miramos en la historia de la iglesia lo que representa Tiatira: duró casi mil años; es la edad o período de la historia de la iglesia más largo, y que no le esté sucediendo nada, no significa que no tenga problemas; que le esté sucediendo a aquellos galileos que Pilato mezcló su sangre con los sacrificios paganos de los romanos, no quiere decir que esos galileos eran peores; el Señor dice -no, no hay que pensar de esa manera-; a veces nosotros pensamos que como otro está siendo corregido, el otro es más culpable que yo y puede ser que lo sea yo. Sigue en el verso 3: “No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si nos os arrepentís, todos pereceréis igualmente”, o sea que en ese contexto de la llamada al arrepentimiento es que el Señor habla esta parábola. Si lo que ha dicho hasta aquí es una llamada al arrepentimiento, la parábola que sigue es también una llamada al arrepentimiento, pero ahora mismo. Había dicho hasta aquí: “Si no os arrepentís”, pero con la parábola está diciendo: -ya estoy esperando fruto hace varios años, ya la orden de ser cortada fue dada, pero hay una intercesión, entonces vamos a esperar un poquito-. Hermanos, esta parábola está en ese contexto; uno no sabe en qué momento la decisión de Dios de esperar, termina. Nosotros no podemos tener la certeza de cuándo Dios dice: -Basta, hasta aquí-. Recordemos cuando el Señor consideraba la gente antidiluviana; el diluvio no venía, había fiesta, había parranda, había exageración, había violencia; pero Dios dijo a Noé: “No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre[3]”, o sea que el Espíritu del Señor está constantemente contendiendo con nosotros para que nos volvamos a Dios, para que reconozcamos nuestros pecados, para que arreglemos nuestros problemas, pero uno no sabe cuándo Dios va a decir: -Basta-, porque Dios es sabio. Si Él dijo que no echemos nuestras perlas a los puercos, ni demos lo santo a los perros, Él lo va a hacer así; si Dios da una orden a través del Señor Jesús, es porque Él mismo es así; Él cumple esa orden antes de darla. Dios sabe cuándo ya no vale la pena ser más longánime; cuándo hay que poner un punto final, y a veces uno piensa que porque las cosas están tranquilas, no está pasando nada, pero sí, sí está pasando algo; se está acabando el tiempo. “Le he dado tiempo para que se arrepienta, y no ha querido arrepentirse. He aquí entonces, yo la arrojo en cama y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que Yo soy, dice el Señor, el que escudriña la mente y el corazón[4]”; aunque la palabra aquí es una traducción, el original dice: los riñones, o sea, lo más íntimo y profundo de nuestro ser; entonces nosotros no sabemos cuándo cruzamos una línea invisible, porque esa línea sólo la conoce Dios, porque es Dios el que sabe decir: -¡Basta!-; uno no sabe cuándo Dios va a decir: -¡Basta!-, o sea que uno no debe abusar de la gracia de Dios, ni convertirla en libertinaje; eso nos enseña esta parábola en este contexto del llamado al arrepentimiento, y al arrepentimiento ya. Éste es el día de salvación; hoy, hoy, no sea que nosotros digamos: -mañana- y el mañana no esté en nuestras manos. “Dijo también…”, eso es lo que quiere decir “también” en el contexto de la parábola; “…esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña”; noten que aquí la viña es más amplia que la higuera; la higuera está en la viña; en la viña se plantan vides, se plantan uvas, así que se muestra lo más amplio, y lo más pequeño; si la higuera representa, como lo vamos a ver, a Israel, entonces la viña abarca el resto de las naciones, y por eso también el Señor habla de la higuera y los demás árboles, por eso habla de la higuera en la viña; la higuera es una de las plantas que hay en la viña, pero en la viña hay otras plantas. La palabra del Señor habla de las vides y de las viñas; claro que Israel también era una viña. En el caso cuando Dios trataba con Israel, Israel era la viña y Jerusalén era la higuera, pero ahora que Dios trata con todas las naciones, la viña está en todas partes donde Dios trabaja, y Dios trabaja por toda la tierra y con la iglesia, y las iglesias, hoy, son las vides en el cerner del Señor; por lo tanto, la higuera tiene que ver principalmente con Israel, aunque claro, cuando Dios trata con Israel, nosotros tenemos que poner atención también por lo que Dios dice en Romanos capítulo 11, de que nosotros, los gentiles, no nos ensoberbezcamos, porque si Dios trató con su bondad, y a la vez con severidad a Israel, que son las ramas naturales, ¿no lo haría también así con los gentiles? Vamos al capítulo 11 de Romanos, desde el versículo 16 en adelante, donde dice: “Si las primicias (que se refería a Israel) son santas, también lo es la masa restante”; es decir, el resto de los que han de ser llamados de Israel, ese remanente final de los 144.000 de las doce tribus de Israel que corresponden al resto de la masa de Israel; “…y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas…”; noten, no todas, porque Pablo mismo era judío, los apóstoles lo eran, había iglesia en Jerusalén, las iglesias de Judea existían; “algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre…”, es decir, los gentiles; éstos son los dos olivos: Israel y los gentiles; el pueblo de Dios, uno y otro; “…has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas”; para analizar esta parábola, hay que hacerlo sin ninguna jactancia; “y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti”, o sea que somos sustentados por la revelación de Dios a Israel, por las promesas de Dios a Israel, por el Mesías prometido a Israel. “Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará”. Quiere decir que en esta parábola en la cual el Señor habla a Israel, también nos habla a nosotros, porque dice: “si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permanece en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aún ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?”, y luego, a continuación, Pablo explica el misterio de Israel; su endurecimiento parcial, hasta que entre la plenitud de los gentiles que habían de ser salvos; un pueblo entre los gentiles para el nombre del Señor y luego, la restauración de Israel. Leí este pasaje porque vamos a hablar de la higuera, pero cuando Dios le habla a la higuera, que es Israel, nos está hablando a nosotros porque dice: -Mira, mira la bondad y la severidad de Dios; si Dios trató así a las ramas naturales, ¿no lo haría también contigo?-, o sea, esta parábola que va dirigida a Israel tiene que ver también con nosotros; Dios actuaría de la misma manera si nosotros actuamos de la misma manera que Israel. Volvamos, hermanos, a Lucas capítulo 13: “Tenía un hombre una higuera plantada en su viña”; aquí está lo distintivo de Israel en medio de las naciones. Que la higuera se refiere a Israel podemos verlo en varios pasajes. Miremos Jeremías capítulo 24, donde con toda claridad, el Señor, se refiere a Israel y se refiere a los higos buenos, que son los frutos de la higuera, y a los higos malos; la higuera puede tener frutos buenos o frutos malos. Entonces vamos allí a mirar Jeremías capítulo 24: “Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilona a Jeconías hijo de Joacim, rey de Judá, a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén, y haberlos llevado a Babilonia, me mostró Yahveh dos cestas de higos puestas delante del templo de Yahveh”; dos cestas de higos, o sea, el fruto de la higuera. “Una cesta tenía higos muy buenos, como brevas; y la otra cesta tenía higos muy malos, que de malos no se podían comer. Y me dijo Yahveh: ¿Qué ves tu, Jeremías? Y dije: higos; higos buenos, muy buenos; y malos, muy malos, que de malos no se pueden comer. Y vino a mi palabra de Yahveh, diciendo: Así ha dicho Yahveh Elohim de Israel: Como a estos higos buenos, así miraré a los transportados de Judá, a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos, para bien”; los eché para bien, para bien; voy a corregirlos allá, allá van a aprender que la idolatría es abominable; allá se van a aferrar a la fe de un solo Dios y lo van a buscar, y van a retornar; esos son los higos buenos. “Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré. Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Yahveh; y me serán por pueblo, y yo les seré a ellos por Dios, porque se volverán a mí de todo su corazón. Y como los higos malos, que de lo malo no se pueden comer, así ha dicho Yahveh, pondré a Sedequías rey de Judá, a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra, y a los que moran en la tierra de Egipto. Y los daré por escarnio y por mal a todos los reinos de la tierra; por infamia, por ejemplo, por refrán y por maldición a todos los lugares a donde yo los arroje. Y enviaré sobre ellos espalda, hambre y pestilencia (los tres caballos: el rojo, el negro y el amarillo) hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres”; se volvieron a Egipto, esos son los higos malos; unos son buenos, los que se someten a la disciplina del Señor y vuelven a la tierra y al plan de Dios; los otros son malos, los que siguen sus propios caminos y se vuelven a Egipto, o sea que estos higos se refieren a Israel, pero la higuera es un símbolo de Israel; pero la higuera puede tener hojas y no frutos, o puede tener frutos malos y frutos buenos, entonces esta parábola nos habla primero como parábola y después en actuación; el Señor actúa de la misma manera. Dice ahí en Lucas 13: “Tenía un hombre una higuera (Israel), plantada en su viña (que es el resto de las ovejas del Señor que no son de Israel, pero que son también de la viña del Señor), y vino a buscar fruto en ella”, vino a buscar fruto en ella; vino el Señor y estuvo tres años en medio de ellos, porque el ministerio público del Señor duró tres años y medio; en el cuarto año El murió por todos los hombres, para salvar al mismo Israel, también a todas las naciones; “y no lo halló. Y dijo al viñador”; aquí el Señor le habla al viñador; el Señor es el encargado de la viña; Éste es el Hijo de Dios, el que tiene que cuidar la viña, es el que tiene que cavar, es el que tiene que abonar; representa al Señor Jesús; el Padre diciéndole al Hijo: “He aquí, hace tres años que vengo”, porque cuando el Señor viene, el Padre viene; tres años llevaba el ministerio del Señor Jesús; “…vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo”; el Señor quería que la palabra del Señor produjera fruto en medio de Israel, pero no produjo fruto; no lo halla; “córtala”: no dijo el Señor: -el reino será quitado a este pueblo y será dado a otro pueblo que dé fruto-; fue quitado temporalmente de Israel para que después los gentiles produjeran un pueblo para su nombre; sólo al final el Señor retorna de nuevo a Israel; entonces dice: “¿para qué inutiliza también la tierra?”; noten este pensamiento tan sabio del Señor; ¿por qué el Señor no deja a Israel seguir produciendo sólo hojas? Pura pamplina, pura palabrería, pura justicia propia es lo que representan las hojas. La primera vez que aparecen las hojas de higuera en la Biblia es para enfrentar la justicia propia con la que se quisieron esconder Adán y Eva. Se pusieron delantales de hojas de higuera pensando que con eso bastaba, y eso no significaba para Dios nada; la justicia propia, la justicia del hombre, es pura paja, pura palabrería, pura necedad, nada de realidad espiritual; ¿verdad? Eso es lo que representan esas hojas; el Señor no quiere encontrar sólo hojas, sino higos; y buenos para comer. Y dice: “¿para qué inutiliza también la tierra?” Primero, está ocupando un espacio; segundo, está produciendo una sombra que no deja que el sol llegue a las otras plantas del lado; y tercero, está sacando los nutrientes de la tierra y desperdiciándolos; los nutrientes que debían ser para producir fruto se están yendo en lo que no sirve; es tiempo perdido, esfuerzo perdido, producción perdida; ¿no es eso inutilizar la tierra? Saca los nutrientes, impide que le llegue el sol a las plantas que están cerca, y está quitando espacio para que otros den fruto y él no está produciendo fruto; por eso el Señor es también un cavador. El Señor Jesús dijo que Él era una vid, que nosotros somos los pámpanos de la vid y que nuestro Padre es el labrador, y que todo pámpano que no da fruto, lo cortará; lo echará al fuego; pero el que da fruto, lo podará para que dé mas fruto[5]. ¿Para qué es que se poda? para que se concentre la savia en las ramas fructíferas. Cuando hay muchas hojas y muchas ramas que no van a producir fruto, ellas derivan para sí la savia, y la savia se dispersa en cosas innecesarias y se pierde por las ramas y no se concentra en las ramas donde verdaderamente va a haber fruto. Entonces el Señor hace el trabajo del podador; Él es el labrador que poda; Él tiene que podar todo lo que es inútil para que toda la fuerza se concentre en las ramas útiles; así el Señor tiene que hacer con nosotros; a veces nosotros nos perdemos en cosas inútiles y el Señor tiene que podar para que la fuerza se concentre en lo que realmente va a producir y no haya competencia para el fruto, pero cuando no se poda, la savia no se puede ir para el fruto; sólo un poquito le llegará al fruto, el resto se irá para actividades inútiles; ¿se dan cuenta? entonces es necesario podar. El señor dice: -es necesario cortar esta higuera inútil, esta higuera estéril; le he dado tiempo; tres años-, tres años estuvo el Señor Jesús entre ellos; tres años y medio, pero aquí, a los tres años, el Señor les dice esto. Entonces la decisión era cortarla para que no inutilizara la tierra. Verso 8: “Él entonces”, o sea el viñador, el encargado de la viña, que debía presentarle al Señor el fruto de la viña, le dijo: “Señor”; aquí está la intercesión de Cristo: “Señor, déjala todavía este año”; el Señor duró medio año más, porque a los tres años y medio Él murió; al tercer día de morir, resucitó; a los cincuenta días vino el Espíritu Santo y nació la Iglesia. Entonces dice aquí: “déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella”, ese es el trabajo del Señor: cavar; cavar es herir y poner estrumen, estiércol, esa es la palabra que dice aquí que es el abono, o sea, para que la higuera pueda dar fruto, alguien tenía que morir; tenía que haber un trabajo con la tierra, la tierra tenía que ser hendida y tenía que haber una humillación bajo la tierra de aquello que se volvió abono para que por la muerte, la vida; como dice Pablo: -en nosotros actuó la muerte y en vosotros la vida[6]-; si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no lleva fruto[7]; el Señor tuvo que abonar la tierra con su propia muerte para salvar a Israel y a los gentiles; a los que creyeran, pero los que no creen, que no dan fruto, ¿qué pasa con el que no da fruto? se secará y lo recogen en el fuego, ¿verdad? para lo único que sirven las ramas secas es para alimentar el fuego. Dice el verso 9: “Y si diere fruto”, y aquí, esta palabra “bien”, la agregó el traductor para que la idea quede completa, porque realmente en el griego la idea está incompleta; quiere decir que nosotros somos los que la tenemos que completar; si diere fruto, no estéril; Él ya hizo todo lo que tenía que hacer. Cuando hablaba de la viña: -¿qué no he hecho yo a mi viña?; todo lo que tenía que hacer, hice, pero no está produciendo fruto; o sea que la parte de Dios ya fue hecha, ahora es la parte nuestra. “Si diere fruto”, eso depende ahora es de nosotros porque la provisión ya está; Él murió por nosotros, derramó su sangre, envió el Espíritu y nos anunció la palabra, y ha estado lloviendo, pero si esa producción, en vez de producir fruto produce espinas y abrojos, entonces va a venir intervención y juicio del Señor. “Y si diere fruto… y si no, la cortarás después”. Miren al Señor diciendo: -no la cortes ahora-, ¿qué pasó? Algunos pocos recibieron al Señor, pero la mayoría de los israelitas no lo recibió, entonces dijo el Señor: -Cortadlos; he aquí, nos volvemos a los gentiles-, y Dios comenzó a trabajar con los gentiles, e Israel, la higuera, fue podada, y fueron esparcidos a los cuatro vientos de la tierra; gracias a Dios que hay promesa para un remanente final, un Israel que será salvo; no dice que cada israelita, sino Israel como nación; las doce tribus de Israel representadas en los 144.000; ahí volverá para el final. Esto que el Señor enseñó en forma de parábola, también lo actuó; a veces las profecías no solamente eran dichas, sino también actuadas. Por ejemplo, a veces el Señor le decía a Isaías o a Ezequiel que hicieran ciertas cosas; a uno le tocó desnudarse y andar desnudo, ¿qué le parece? ¡Terrible! Un profeta para hacer actos proféticos. Ezequiel tenía que salir con los enseres para mostrarles cómo ellos iban a salir con los enseres transportados al cautiverio. Uno de ellos tuvo que sentarse varios días de un costado frente a un ladrillo, y tenía que cocinar con sus propios excrementos, y Dios fue misericordioso y dijo que cocinara con los excrementos de vaca, pero le hubiera tocado con los propios, y luego actuar para el otro lado. A uno le tocó quitarse el cabello y la barba, y esparcirla; eran actos proféticos. A veces las profecías se dicen; a veces se hacen, y aconteció en la vida del Señor Jesús algo que ilustra esta profecía en la actitud del Señor. Vamos a Mateo 21, y eso también está registrado en Marcos 11; vamos a tener esos dos pasajes; Mateo 21, desde el versículo 18 al 22, y Marcos 11, desde el verso 12 al 14, y luego más adelante también en Marcos 11, del 20 al 26. Entonces vamos a leer los testimonios de Marcos y de Mateo. Leamos primero el de Mateo capítulo 21, versos 18 al 22: “Por la mañana, volviendo a la ciudad…”; noten, Él había estado en la ciudad, había purificado el templo; luego se fue a hospedar en Betania; Él no se hospedó en Jerusalén, fíjense; Jerusalén era la ciudad del Gran Rey, así era llamada Jerusalén, pero Él no encontró recepción en Jerusalén, no encontró fruto; entonces, ¿dónde lo recibían? en Betania, una aldea que quedaba en las afueras, como decir, se va de Bogotá para Chía; y allá en Betania fue acogido donde Lázaro, Marta y María, y luego posó allá; no posó en Jerusalén porque allá no fue acogido, fue acogido en Betania, que era llamada Betfagé, que quiere decir “casa de higos”; o sea que el Señor no encontró higos en Jerusalén, pero encontró higos en Betfagé, o sea, en Betania. “Por la mañana”, o sea, salió temprano; Él a veces acostumbraba a madrugar; y se fue otra vez a Jerusalén, sin desayunar, porque dice que tuvo hambre por la mañana, o sea que se regresó a Jerusalén. “Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella”, o sea que Él venía hacia Jerusalén, la capital de Israel, y Él tenía hambre, y Él quería encontrar higos en Jerusalén, como había encontrado en Betania, pero dice: “y no halló nada en ella, sino hojas solamente”, o sea, las hojas representan la justicia propia, pura palabrería, cosas del hombre natural, nada del Espíritu de Dios; eran puras hojas; “y le dijo: nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera”. Vamos a parar aquí y vamos a ver el testimonio de Marcos; volveremos aquí a Mateo para completarlo. Marcos capítulo 11, lo dice primero del 12 al 14, la primera parte: “Al día siguiente, cuando salieron de Betania”, o sea que por los datos sabemos que no iba sólo Jesús, sino con los discípulos, “tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos”. Aquí Marcos, que parece el portador de Pedro, da más explicaciones; sin embargo, ustedes saben que la higuera tiene la característica de producir higos desde el mismo tallo, y puede producir higos bastante tiempo; tres años ya es suficiente para dar fruto, pero aquí no dice que la higuera tenía tres años, sino que ya hacía tres años que esperaba que diera fruto, y no dio fruto, dice la parábola, ¿verdad? Entonces allí debía tener las primicias, porque cuando no es el tiempo de higos, debe haber las primicias o los rebuscos, los últimos, o los primeros. “Entonces dijo Jesús a la higuera: nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos”. Continuemos ahora con Mateo desde el verso 19 del capítulo 21, cuando dijo: “Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera. Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó enseguida la higuera? Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”, o sea que el Señor actuaba en la fe, en la fe de Dios; tener fe en Dios; no es fe en la fe, no es fe en la palabra hablada; es fe en Dios, y Jesús actuaba en Dios y eso se cumplió, y ellos se quedaron maravillados, pero ellos lo que vieron fue el milagro externo; la higuera natural secándose por no haberle dado fruto al Señor, pero el Señor ya había dicho una parábola que registró Lucas, no la registró Mateo ni Marcos, pero la registró Lucas. Él estaba actuando la parábola. Dice Marcos, volvamos a Marcos capítulo 11, ahora desde el verso 19; aquí está la purificación del templo, ¿verdad? Dice el verso 19: “Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad”, o sea, se fue a Betania de Betfagé. “Y pasando por la mañana”, o sea, cuando volvían de Betania a Jerusalén, “vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acercándose, le dijo: Maestro”; o sea que Marcos cuenta que era Pedro; Mateo dice: “los discípulos”, claro, el portavoz fue Pedro; “mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios”. Muchos usan esto de la palabra de la fe, pero no entienden que esta fe es en Dios, no es fe en la fe; no es un chamanismo: -ahora voy a pinchar este muñeco para acá, para que le duela a ese pobre cliente ahí en ese punto-; eso también es fe, pero esa es fe chamánica, ¿verdad? Hay mucha gente que le hace fuerza, cruza los dedos para que no haga gol el otro equipo y meta gol el que es; no es fe en la fe, no es fe en el mentalismo; la cuarta dimensión, en la visualización, en soñar, cosas tipificas de la nueva era, que es la vieja era de nuevo; es fe en Dios, en la palabra de Dios y en los planes de Dios; fe en Dios. “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón…”, si creyere, ¿en quién? en Dios, “sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho”; note que a veces se dice, y se ora, y se pide sin creer; una persona puede orar treinta veces, y reprender treinta veces, pero lo importante no es reprender treinta veces; lo importante es creer la primera vez. Si oro, debo creer y recibir; si reprendo en el nombre del Señor, debo creer y dejarlo con el Señor; si no creo, estoy repitiendo, repitiendo y repitiendo, y esa repetición muestra que no creí; debo creer que lo recibí, diciendo: -Señor, tú oíste, creo, ya está en tu mano-. No soy yo por medio de la fuerza, por medio de insistir; no es por medio de insistir y hacer fuerza, no; es por medio de la fe en Dios. Entonces creer, creer que lo recibisteis, y os será hecho, “y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad”, porque a veces lo que nos impide creer son las acusaciones en el corazón, por eso el apóstol Juan dice: “si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, pero si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios[8]”, o sea, para poder tener fe y confianza en Dios, no hay que tener acusación en el corazón, y por eso hay que perdonar. Entonces dice: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”, y eso dijo el Señor en el contexto de la higuera maldecida y seca porque no produjo fruto, o sea, el registro de Mateo y de Marcos nos muestra un hecho que aconteció, un acto; el Señor vino a buscar higos porque tenía hambre, eso es algo natural; quería desayunar, seguramente con higos, pero eso también simboliza a Israel, a la higuera, y el deseo del Señor por el propósito de Dios; querer encontrar fruto en Israel, y no lo encontró; entonces fue quitada, fue cortada esa higuera para no inutilizar la tierra, para dejar espacio para otros que lleven el fruto que ella no está llevando; hay que quitar lo que no sirve. Fíjense que cuando hay dos árboles demasiado cerca, el chiquito crece torcido porque el otro es demasiado grande, entonces el chiquito tiene que buscar el sol por el costado así. Miren, vayan por las aceras y fíjense en que a los arbolitos chicos les toca andar torcidos por causa de los grandes; eso quiere decir que hay que saber abrir espacio a los demás para que no crezcan torcidos; si siempre está el grande ahí encima, los chiquitos van a crecer con tortículis, ¿no es así? Hay que dejar suficiente espacio para que cada uno se desarrolle sin ser demasiado atosigado, sin ser demasiado sofocado por los demás; hay que dejar en libertad a las personas, dejarles su propio espacio para que en su propio espacio puedan crecer derechitos; no torcidos, ¿amén hermanos? No debemos sofocar demasiado a la gente. Entonces aquí el Señor actuó algo que era lo mismo que El había enseñado en la parábola; pudo haber sido algo natural, pero eso natural fue algo muy significativo, porque resultó ser lo que Él había dicho en la parábola: vino a buscar fruto, pasó un año, dos años, tres años; ahora nosotros, ¿qué lección tenemos que tomar de aquí? Sí, eso sucedió con Israel, y hasta hoy Israel está prácticamente fuera; gracias a Dios que ya se están viendo señales en Israel de judíos volviéndose cristianos, volviéndose mesiánicos, volviendo al Señor; quiere decir que el tiempo a los gentiles se nos está acabando, y ya el del Señor para volverse a Israel está cerca. Ya el Señor ha hablado a varios hermanos; les ha dado visiones, les ha dado sueños, les ha dado órdenes; no sé si está aquí nuestro hermano Jorge; él me contó una visión que tuvo hace unos días; estaba orando y vio al Señor y el Señor estaba alegre y le dijo: -Ya me voy a casar-, fue muy precioso, y nuestro hermano Román tuvo un sueño, que quisiera que lo cuentes ahora, que nos habla del tiempo, ¿verdad hermano? ¿Quieres contar el sueño, por favor. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. [1] Ap 2:18-21 [2] Ap 2:21 [3] Gn 6:3 [4] Ap 2:21-23 [5] Jn 15:1-6 [6] 2 Co 4:12 [7] Jn 12:24 [8] 1 Jn 3:20-21

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