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LOS DOS HIJOS

Por Gino Iafrancesco V. - 24 de Marzo, 2012, 23:25, Categoría: General

LOS DOS HIJOS Localidad de Teusaquillo (9 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) El Señor Jesús sea con todos. Vamos a orar un minutito hermanos. Querido Padre: Te damos gracias por tu infinito y verdadero amor, amor encarnado, amor realizado en la encarnación Señor, en la identificación plena y absoluta con nosotros, llevándonos sobre Ti mismo, en Tu muerte Señor ¡oh Verbo de Dios! Gracias por haber venido a hacerte hombre y cargar con todo el peso de lo que nosotros somos, llevarnos contigo a la cruz y resucitarnos contigo en la fe y en la gracia, en el Espíritu, sentarnos contigo, en Tu bondad, en los lugares celestiales. Gracias por haber hecho esto con nosotros. Gracias Señor Jesús que admitiste que fuésemos puestos en Ti, y admitiste también venir a vivir nuestra vida, ayudarnos a vivir la vida en la tierra para conducirnos a Tu gloria Señor. ¡A quién darle las gracias, sino a Ti! ¡Gracias te damos!, límpianos con Tu preciosa sangre, fortalécenos con Tu precioso Espíritu, concédenos que permanezcamos estrechamente unidos a Ti. Te necesitamos. Gracias Señor por ser fiel, Tú eres nuestra única esperanza, nuestra única salida. Te damos las gracias en el Señor Jesús. Padre, también pedimos que Tu Santo Espíritu, obre mientras consideramos juntos Tu palabra. Queremos abrir Tu palabra y pedimos que Tú puedas tocarnos, porque si Tú nos tocas, Tú nos encaminas. Encamínanos en Tu Hijo amado, Señor. ¡En el nombre del Señor Jesús! Hermanos, estamos considerando la serie sobre los misterios del reino de los cielos, en las parábolas del Señor Jesucristo y hoy llegamos a una parábola que se encuentra solamente en el evangelio de Mateo, en el capítulo 21 y se encuentra entre los versos 28 y 32 su parte central, claro que también tiene un contexto que con la ayuda del Señor, también hemos de considerar. Vamos a iniciar leyendo, primero de corrido, estos versos 28 al 32, para luego volver sobre nuestros pasos, para considerarlos. Mateo capítulo 21, desde el versículo 28 e inmediatamente siguientes, la parábola de los dos hijos. Dijo el Señor Jesús: “Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Si, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De ciertos os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle” Antes de que pasemos a la parte exegética quisiera hacer, especialmente en esta parábola, un necesario comentario de crítica textual. Los hermanos saben que se le llama crítica textual, al trabajo de comparar los manuscritos que nos vienen de la antigüedad, unos con otros, para poder obtener el texto más puro, porque ciertamente, la Palabra de Dios cuando fue inspirada, y el autógrafo, en esta caso, el apóstol Mateo, la escribió sin errores; él la escribió correctamente, sólo que cuando él escribió, lógicamente que él escribió un rollo, en aquella época los libros venían en forma de rollo, y aquel rollo después era copiado por muchas personas y era recopiado, y recopiado en una misma ciudad y luego en varias ciudades hasta llegar a los tres continentes, y claro, el apóstol tenía la promesa del Señor y del Espíritu, y era inspirado, pero no necesariamente, todos los copistas son inspirados porque un copista puede cometer un error, si él está viendo, puede ser, que al final de una frase él piense que es el final de otra que termina igual y se salte alguna cosa, o a lo mejor, puede ser, que alguien esté leyendo y él está copiando un dictado y oye una palabra por otra, y a veces, en las copias antiguas acontecen errores. No son errores de la Palabra de Dios, son errores de los copistas, gracias a Dios que no fue un solo copista, sino muchos copistas y no todos los copistas se equivocan en el mismo punto; entonces, gracias a esto, la crítica textual compara un manuscrito con otro y así se descubre el texto puro que va pasando, a pesar de que éste se equivoca, los otros no se equivocaron; los otros se equivocaron en un punto o en otro, pero no todos en el mismo y muchos no se equivocaron, entonces el texto nos ha llegado correctamente, pero existen errores de copia y esta parábola de los dos hijos es una de las parábolas que tiene más problemas de crítica textual. Si aquí todos estamos leyendo la versión de Reina Valera, no lo vamos a notar, pero si alguno por ejemplo, tuviera la versión del Recobro, la Internacional, o cualquiera otra de las versiones, la del Peregrino, la de Nácar Colunga, ahí se van a dar cuenta que los versos no son iguales, los versos a veces son contrarios el uno al otro; principalmente, han llegado de la antigüedad tres versiones de esta parábola y el verso más problemático de todos, es precisamente el versículo 29, es el verso que nos ha llegado con varias versiones; unos dicen que le dijo al primero que fuera y dice que él dijo que no iba y al fin no fue; aquí dice que el primero dijo que no, pero después, arrepentido, sí fue; ustedes van a encontrar, en el verso 29, varias versiones, algunos dicen que sí iba y no fue; otros dicen que no iba y si fue, no todos los versos lo dicen en el mismo orden; los manuscritos tienen esas diferentes versiones, y también incluso, hay algunos manuscritos que lo dicen de una manera rara cuando el Señor les pregunta: ¿cuál piensan ustedes que hizo la voluntad del Padre? y le respondieron: El que dijo que iba y no fue, ese fue el que hizo la voluntad del Padre, algunos manuscritos dicen eso y es porque, entre los rabinos antiguos, existía la llamada doctrina de la buena intención; si la persona tenía buena intención, ya era contado como si hubiera hecho la voluntad de Dios, aunque no la hubiera hecho; por eso había manuscritos que lo dicen así, dos formas de ellas, necesariamente son equivocadas y cuando se contaron las tres formas entonces se logra descubrir, cual es la forma correcta y cuales fueron las formas que se desviaron de la correcta, ¿verdad? Creo que Reina Valera, en este caso, escogió los manuscritos más antiguos y los manuscritos más correctos, los que crean menos dificultad en el contexto. De todas maneras, si ustedes sólo leyeran la Reina Valera, no sabrían que hay estos problemas, pero como es posible que algún día se encuentren con otras traducciones, con otras versiones, entonces se van a encontrar con eso, de una vez les explico que es lo que hay. En el caso de Reina Valera entre los críticos textuales, al analizar las distintas versiones, ellos tratan de explicar cual sería la original y cuales se desviaron de ella, cuales tienen lógica y cuales no tienen lógica; pero por ejemplo, si ustedes comparan la versión del Recobro de Witness Lee, con otros hermanos y la Reina Valera, se dan cuenta que el verso 29 dice al contrario, y cuando ustedes empiezan a estudiar porqué lo dice al contrario y vas al aparato crítico, ahí descubres todas las variantes que existen, entonces se debe a eso, puede ser que haya otras versiones también, ¿verdad? De todas maneras, cualquiera de las tres versiones, nos muestra que hay dos hijos y también nos muestra que uno actuó de una manera, otro de otra, sólo que una lo dice primero, otra lo dice después y alguna dice cosas tan raras y tan inconsecuentes, que uno se da cuenta que fue un descuido del escriba y de los que copiaron a ese escriba. De todas maneras, así como lo tiene Reina Valera es correcto, y la lección espiritual se puede aprovechar ahí; entonces hermanos vamos a detenernos, mas bien, en la lección espiritual. Pasando ahora, de la crítica textual a la parte exegética, vemos que el verso 28 comienza con la palabra “Pero” y cuando hicimos la lectura inicial ustedes vieron que al final de la parábola se menciona a Juan el Bautista; entonces, por la mención de Juan el Bautista hacia el final, y por la palabra “Pero”, nos damos cuenta que esta parábola fue dicha en un contexto que se hablaba también de Juan; como vemos en los versos anteriores desde el 23 al 27, ahí se habla de Juan el Bautista y al hablar Jesús de Juan y al decir, “pero”, quiere decir, que esta parábola, se dijo en este contexto, que conviene tener en cuenta, porque el contexto nos ayuda a entender mejor la parábola. Entonces, vamos a leer ese contexto inmediato que comienza en el mismo capítulo 21 pero desde el versículo 23: “Cuando vino al templo”, fíjense que había hablado de la higuera estéril, ya estudiamos aquí esa parábola y vimos como el Señor esperaba que diera fruto y no dio fruto, entonces como no dio fruto fue desarraigada para que no estorbara la tierra, para que otros si dieran el fruto que no dio, entonces, en ese contexto, él llegó al templo; cuando llegó al templo los principales sacerdotes y los ancianos, que eran como decir la jerarquía religiosa del pueblo, “los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba”, esto que le pasó al Señor, le pasó a nuestro hermano Alejandro cuando estaba en Guayabetal, en una reunión predicando, y llegó el cura del pueblo y ni siquiera esperó que se terminara la reunión, y entró directo a la sala de la casa de nuestra hermana Lilia, donde estaban reunidos los hermanos, interrumpió a Alejandro y le dijo: -¿usted con qué autoridad está enseñando aquí? Yo soy aquí el cura del pueblo, a mí fue a quien puso el obispo, yo soy el que tengo que enseñar, ¿quién es usted? ¿Usted con qué autoridad está enseñando?-Exactamente eso le pasó a Alejandro en Guayabetal; así que en la próxima ocasión se reunieron a puerta cerrada y cuando llegó otra vez el cura y tocó la puerta, miraron por la rendija y cuando vieron que era el cura, no le abrieron; y entonces el cura, en el propio púlpito de su templo católico, comenzó a decir: -cuidado con el señor Alejandro que está enseñando sin autoridad-, le pasó lo mismo que al Señor, eso suele suceder. “Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, (no esperaron que terminara, lo interrumpieron así, alevosamente, irrespetuosamente), y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?” fíjense que a veces los hombres se sustentan en una autoridad que no proviene del cielo, sino una autoridad fraguada por los mismos hombres, los hombres organizan algo, crean un embeleco y a ese embeleco le dan cierta respetabilidad y la gente que desciende de ese embeleco, es la que tiene el respaldo del embeleco, ¿se dan cuenta? y para ellos esa es la autoridad. Hoy en día muchas personas en los sistemas religiosos, incluso dentro del pueblo mismo del Señor, evangélico, a veces no siguen lo que dice la propia Palabra del Señor y el Espíritu del Señor, sino lo que es la tradición del embeleco y el Señor les tenía que decir: “Vosotros invalidáis la Palabra del Señor, por seguir vuestra tradición”1, como sucede a veces en el mundo religioso, que el diablo usurpa, de una manera astuta, la autoridad de Dios porque él siempre ha querido tener la autoridad, entonces él hace sus maniobras y crea sus costumbres y su nicolaismo para establecer cierto institucionalismo y exigir una autoridad que él no tiene y controlar el pueblo de Dios ilegítimamente. Por lo tanto, el asunto de la autoridad es importante entenderlo, debe ser del Espíritu y de la Palabra, es el mover del Espíritu según la Palabra, el hablar de Dios, el hablar de Dios no puede ser alguien distinto al propio Señor y algo distinto a la propia Palabra y Espíritu del Señor, porque siempre va a haber personas que reclaman autoridad y aquí le llegaron al Señor y a cualquiera de nosotros nos van a llegar. “¿Con qué autoridad haces estas cosas? (Él estaba enseñando) ¿y quién te dio esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta,” -como ustedes están reclamando autoridad, entonces yo les voy a devolver la pregunta, ¿ustedes reconocen la verdadera autoridad? ¿Reconocen ustedes la autoridad? ¿conocen ustedes la autoridad del Espíritu, la autoridad de la Palabra de Dios y la autoridad de los siervos de Dios? Entonces Él les volvió a hacer una pregunta- “Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas”, quiere decir, que Él les iba a responder con que autoridad lo hacía, pero si ellos no reconocían la autoridad ¿para que iba a decirles algo que ellos no iban a reconocer?, era como echarle las perlas a los puercos; ¿no dijo el Señor que no des lo santo a los perros y no echéis las perlas delante de los puercos?2 Si son personas que no reconocen la autoridad de Dios para que se va a poner uno a decirles cosas, simplemente no se pierde el tiempo con ellos, eso es lo que pasó aquí. Y la pregunta era ésta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era?” Juan el Bautista, ustedes recuerdan que ellos mismos, como lo testifica el apóstol Juan, habían mandado a preguntarle: ¿Tú quién eres? ¿Eres tú el Cristo? Juan dijo: no, yo no soy el Cristo. ¿Eres tú Elías? 3, aunque él venía en el espíritu de Elías y en él se cumplía la profecía de Elías, él como persona, no era Elías, el como persona era Juan el Bautista, porque el espíritu del ministerio de Elías el Tisbita se reprodujo en él y si ustedes ven el estilo de Elías y el estilo de Juan el Bautista, son iguales, y el mismo Señor Jesús dijo que Juan el Bautista era el Elías que había de venir4, pero no era la persona de Elías, sino la persona de Juan, entonces cuando le preguntaron: ¿eres tú el Cristo? El dijo: no lo soy, ¿Eres tú el profeta? No, no soy, ¿eres Elías? Porque ellos sabían que tenía que venir el Cristo, ellos sabían que Deuteronomio decía que vendría un profeta, “profeta de en medio de vuestros hermanos, os levantará el Señor vuestro Dios, a Él oiréis, toda alma que no oiga a aquel profeta será desarraigada del pueblo”5, por eso ellos preguntaban: -¿Eres tú el profeta?- Algunos decían que era Juan el propio Cristo. Hasta hoy los mandeos dicen que el Cristo es Juan el Bautista, hay un resto de los mandeos en Irak, cuya doctrina es que Juan Bautista era el Cristo, él mismo no lo aceptó, pero hubo gente que creyó en esas cosas, entonces dijo que no era ni el Cristo, ni el profeta, ni Elías, entonces ¿quién eres? Entonces él mostró lo que decía el profeta Isaías: “Yo soy la voz que clama en el desierto, preparad el camino del Señor”6, por eso Juan el Bautista sabía quien era el que venía detrás de él, el precursaba al propio Señor, dijo: “yo no soy digno de desatar la correa de su calzado, el que viene después de mi, era antes de mi”7, ahí está hablando de la preexistencia del Verbo de Dios, de Yahveh revelado, “preparad el camino del Señor”, él si identificó la profecía; Dios había dicho: “voz que clama en el desierto, preparad el camino del Señor”8, ese era Juan el Bautista, Dios lo había profetizado y lo había cumplido, y ellos lo habían visto, y él les había hablado en qué base estaba actuando con la Palabra de Dios, estaba hablando conforme a Isaías, capítulo 40, conforme a Malaquías capítulo 3: “He aquí envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mi”9, entonces Juan venía basado en la profecía de Isaías, basado en la profecía de Malaquías y con la experiencia de que el Señor lo llamó y lo constituyó y le dijo: “sobre quien veas que viene el Espíritu Santo ese es el que bautiza con Espíritu Santo y fuego”, él no sabía quien era, pero el que me envió, me envió a bautizar y me dijo: sobre quien veas descender el Espíritu Santo como paloma, ese es y yo lo he visto y he dado testimonio10; él dio testimonio, ellos habían visto y oído, ellos no eran ignorantes, ellos eran los sumos sacerdotes, los principales y entonces les pregunta, -¿están hablando de autoridad ustedes?, ustedes saben con que autoridad hago yo esto, pero ustedes ¿reconocen la autoridad? Ustedes que preguntan por autoridad, para establecer la de ustedes mismos y prohibir hablar en el nombre de Dios, ustedes mismos no reciben la autoridad de Dios-. “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, (o sea que ellos hacían un concilio privado), diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?”, ellos sabían que Juan había dicho que “Él era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que Él era el que bautizaba con Espíritu Santo y fuego”11, o sea que el Señor los puso entre la espada y la pared. - Ustedes quieren hablar de autoridad, entonces digan si el bautismo de Juan ¿era del cielo o era de los hombres?- Porque puede ser que la autoridad de algunos de ellos fuera de los hombres. Ciertamente el sacerdocio aarónico había sido instituido por Dios, pero el rabiná y todo eso era cosa de los hombres. Jesús, cuando el sumo sacerdote lo conjuró, él obedeció. Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si Tú eres el Cristo12, porque Él antes se quedaba callado, pero cuando el sumo sacerdote lo conjuró, el respetó la autoridad del Sumo Sacerdote, porque Él reconoció la autoridad del sumo sacerdote; Pablo también, cuando supo que el que lo había mandado a abofetear era el sumo sacerdote, le pidió perdón, -discúlpeme, yo no sabía que era el sumo sacerdote, porque está escrito: No maldecirás al príncipe de tu pueblo13-, entonces Pablo reconoció. Jesús mismo como su Padre y Él mismo habían constituido el sacerdocio, Él lo respetó, porque ¿qué tal constituir una cosa que El mismo no respeta?, pero ahora ellos no respetan a Dios, Juan también era sacerdote, Juan era descendiente del sumo sacerdote Zacarías, que cuando estaba en pleno ejercicio de su liturgia se le anunció el nacimiento de Juan y vino un ángel del cielo y le citó la profecía14, y con las palabras de la profecía de Malaquías, habló de Juan el Bautista y ellos sabían eso, ¿de quién es el bautismo de Juan? ¿De Dios o de los hombres? “Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creisteis? Y si decimos de los hombres, tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta”, o sea que las personas incluso las rameras y los publicanos que vivían de la usura y de la extorsión al pueblo, ellos se arrepintieron, y los sacerdotes que eran los que estaban al frente y enseñaban, como yo estoy enseñando aquí, ellos no se arrepintieron, y no creyeron ni obedecieron, entonces ellos exigían que se le sometan a la autoridad de ellos, pero ellos mismos no se habían sometido a la autoridad de la Palabra de Dios. Entonces dice acá: “Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos”, es decir, se mantuvieron en una actitud, -no sabemos-. Enseguida dice: “Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas”. “Pero”, aquí está la continuidad, es en ese contexto, “Pero”. Cuando el Señor dijo: Pero, dijo:- Yo no les voy a decir con qué autoridad hago estas cosas porque ustedes no me dijeron cuál es la autoridad de Juan, pero ahora, yo si les voy a decir quienes son ustedes y cómo son ustedes, y les dijo dos parábolas, ésta y la siguiente; hoy nos detendremos en ésta. “Pero ¿qué os parece?”, cuando dice, que os parece, apela a la conciencia de ellos, como para que ellos se den cuenta de sí mismos, “un hombre tenía dos hijos”, aquí por ejemplo, los publicanos y las rameras representaban un hijo y los sumos sacerdotes y los escribas, representaban el otro hijo; unos representaban la crema y nata de Israel, los otros vivían como los gentiles; podríamos decir que esos dos hijos también, como en una segunda instancia, podrían representar a los gentiles que no habían recibido nada del Señor, pero que después reciben al Señor y llegan a ser la iglesia, el otro pueblo que debe producir el fruto que no produjo Israel, entonces aquí el Señor habló de esos dos hijos. “Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña”, o sea, el Señor revela que este hombre que es Dios, representa al Señor y tiene una viña, muchos pasajes de la Biblia y aquí hemos visto, en varias ocasiones, algunos que hablan de la viña del Señor, y el Señor, en su viña, requiere trabajadores, a todos nosotros que somos ahora sus hijos, no hay hijo que no sea siervo, y no hay hijo siervo que no deba trabajar en la viña; no piensen que aquí la viña, es sólo para el predicador que está allá en el púlpito al frente hablando, todos nosotros tenemos que trabajar en la viña, porque algunos piensan que sólo vinimos a la tierra para trabajar en los viáticos y ¿para qué entonces los viáticos? Para volver a trabajar; ¿no sería eso comer para trabajar y trabajar para comer? ¿será ese el sentido de la vida? ¿será que el sentido de nuestra vida es esclavizarnos a trabajar, para poder comer y comer para poder seguir trabajando? ¿Será que ese círculo vicioso es lo único que existe en nuestra vida? ¿Será que Dios nos creó solamente para ese sin sentido? Claro que hay que trabajar para comer, pero hay que comer para vivir y vivir para el Señor, vivir para el propósito con que nos creó Dios y ese propósito que Dios tiene, es lo que hace que exista en la tierra la viña del Señor, el trabajo del Señor, y todos los hijos somos siervos, y todos los siervos tenemos que trabajar en la viña del Señor. Ustedes recuerdan lo que dice en Efesios capítulo 4, que los apóstoles, los profetas, los evangelistas, los pastores y maestros, fueron constituidos ¿para qué? ¿para ellos solo trabajar? ¡No!, para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, o sea que todos los santos deben hacer la obra del ministerio y todos los santos deben colaborar con la edificación del cuerpo de Cristo, no son los pastores los que se reproducen como ovejas, son las ovejas las que producen ovejas; entonces, en la viña del Señor tenemos que trabajar todos y esto lo digo para que no nos escapemos de la apelación de esta parábola, ninguno de nosotros. ¿Qué hijos somos? Los que decimos que vamos pero no vamos, o los que aunque a veces no vamos, después nos arrepentimos y vamos. Esto es para nosotros; aquellas personas ya eran religiosas, eran religiosas, mas no trabajaban para la viña del Señor sino para sí mismos, a cualquiera de nosotros nos puede pasar eso, robarnos la viña para nosotros y no trabajar para el Señor, sino robarnos lo del Señor para nosotros. ¿No pasó eso? Entonces dice aquí: “ve hoy a trabajar en mi viña”. Hay que trabajar en la viña del Señor, los gentiles y los judíos, Israel y las naciones, todos tenemos que trabajar en la viña. “Respondiendo él, dijo: No quiero”, aquí cuando decía esta palabra: “Respondiendo él”, algunos manuscritos dicen: Respondiendo el primero, aquí el traductor, como sabía que existía esa problemática, de los manuscritos le quitó la palabra “el primero”, porque algunos interpretan, por ejemplo, el hermano Witness Lee, interpreta que este primero eran los gentiles que no habían seguido al Señor y luego cuando se arrepintieron se volvió la iglesia y entonces la primogenitura de Israel fue traspasada a los gentiles, o sea a la iglesia. Ciertamente en otras parábolas el Señor dice: “El reino será quitado a este pueblo y será dado a otro pueblo que dé el fruto que éste no dio”15. Entonces, como les digo, las distintas situaciones de los manuscritos dan ocasión a distintos puntos de vista, sólo que a veces uno lo dice muy dogmáticamente y en esto hay que ser un poco más abierto y menos cerrado, ¿verdad? Entonces: “Respondiendo él, dijo: No quiero, pero después, arrepentido, fue”, es posible que al principio uno no tenga una buena disposición, porque lo más natural del ser humano es la mala voluntad, la mala disposición para con Dios, gracias a Dios que Él, concede el arrepentimiento, porque también el arrepentimiento tiene que ser una concesión de Dios porque la Biblia dice: “se les concedió arrepentimiento también a los gentiles”.16 Cuando los de Jerusalén decían: -¡pero cómo Pedro fuiste a predicar a los gentiles!- y cuando Pedro les contó todo lo que había pasado y como Dios había tomado la iniciativa y lo había metido en el problema y se le adelantó el Espíritu Santo antes de que él terminara de predicar, dicen ¡Así es que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento!17 El arrepentimiento también es dado por Dios. Por eso, cuando uno es llamado al arrepentimiento, debe arrepentirse en ese momento, porque no sabemos si después tendremos oportunidad y se nos dará arrepentimiento; gracias a Dios que a éste se le concedió arrepentimiento. También Pablo en la 2ª a Timoteo habla de la concesión de arrepentimiento18, aquí Dios le concedió que se arrepintiera y éste aprovechó la oportunidad de Dios y se arrepintió y entonces fue a la viña. Al principio tuvo mala disposición porque esa es la disposición natural humana, pero aprovechó el toque de la gracia, se agarró de esa gracia y fue a trabajar en la viña. Entonces aquí lo que el Padre llama “Su voluntad”, es que trabajemos en Su viña, porque cuando Jesús dice: “¿cuál de los dos hizo la voluntad de su Padre?” nos está enseñando que la voluntad del Padre es que trabajemos en Su viña; y aunque quizá por un tiempo no lo hayamos hecho, seamos respetuosos de la gracia, del apelo que Él nos hace, que es gracia, para que nuestra vida no pase sin que toquemos para nada la viña del Señor. Todos debemos estar sirviendo en la viña del Señor, cada uno de los que está aquí debe preguntarse: ¿Yo qué estoy haciendo en la viña del Señor? ¿Yo estoy colaborando para la viña del Señor? El primero de los hijos fue, aunque por un tiempo no fue, como los gentiles que por un tiempo fueron desobedientes pero se les concedió arrepentimiento y se les concedió fe, entonces fueron ¿verdad? Dice aquí en el verso 30: “Y acercándose al otro”, y esta palabra “otro” es una palabra que algunos manuscritos dicen: histeros que quiere decir otro; otros dicen: deutero que quiere decir el segundo, entonces aquí realmente hay variedad en los manuscritos pero la idea, el segundo o el otro, está bien. “Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera” y noten esa frase: “de la misma manera”, como decían los hermanos de la iglesia en Jerusalén, -¿de manera que también ha dado Dios arrepentimiento y fe a los gentiles, lo mismo que a nosotros?19-. El Señor no hizo diferencia, lo mismo hizo con los judíos y lo mismo hizo con los gentiles, lo mismo, de la misma manera, eso quiere decir que Dios actuó de manera justa, equilibrada y dice aquí: “y respondiendo él, dijo: Si, Señor, voy”. Hay personas que piensan que decir es suficiente, pero el Señor constantemente decía: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor y no hacéis lo que yo digo?20, aquí lo importante es hacer. Vamos a ver todos los versos de nuevo hasta terminar la parábola, aquí en este contexto ustedes van a ver que el Señor Jesús, iguala fe con obediencia, fe con hacer la voluntad de Dios. Como decía Santiago: “Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras”21, o sea que la verdadera fe incluye la obediencia, incluye el hacer, cuando hay fe hay obediencia; si no hay obediencia, si no hay el hacer la voluntad de Dios, es como si fuera una fe en vano. La Biblia habla de fe en vano. Pablo le dice a los Corintios en el capítulo 15 de la llamada 1ª epístola porque hubo una anterior perdida, le dice: si no creísteis en vano22, quiere decir, que existe el fenómeno de creer en vano, ¿qué es creer en vano? Es no creer en serio, o sea no creer de corazón, no nacer de nuevo, simplemente en el hombre exterior hacer una aceptación externa pero donde no recibimos la vida divina en nuestro espíritu, son personas que son creyentes guau, como dicen en guaraní, guau es ficticios, falsos, ¿ven? Entonces aquí dice así: “Si, señor, voy. Y no fue; que es lo mismo, que en otras palabras dice el Señor, cuando se dirigen a Él como Señor, Señor, pero no hacen lo que Él dice. Como en otro dicho en Paraguay: mucho tilín, tilín, pero nada de paletas, o sea, llega con la campanita, tilín, tilín, llaman pero no hay paletas, sólo tilín, tilín, ¿verdad? Eso es eso, decir y no hacer. El Señor está comparando, aquí justamente, a éstos que pretendían tener autoridad, a los sumos sacerdotes, ellos creían ser los enseñadores, como yo aquí, pero ellos mismos no hacían, es peor uno enseñar que estar allí calladito oyendo, porque como yo estoy enseñando, me van a cobrar más duro, yo sé eso y a eso no puedo escapar, el Señor me llama a esto. Yo sé que a los que son maestros se les demandará más y allí están los sumos sacerdotes, sin embargo, no hacían lo que decían, entonces eso es más grave y más digno de condenación, terrible que yo mismo esté diciendo esto, pero tengo que decírmelo a mi mismo primero, después a ustedes, ¿verdad? No podemos engañarnos. -Sí, si voy-, pero no fue, tomó la apariencia pero no fue real con Dios. En el libro de Malaquías, quiero que ustedes me acompañen allí por favor, como el Señor tiene que, al final, mostrar la diferencia, porque en medio del ambiente religioso hay profesión de ser sin ser, porque eso es la profesión de ser algo sin serlo, eso es nominalismo, eso es muy típico de Sardis, tienes nombre de que vives pero estás muerto, entonces dice aquí en el libro de Malaquías, si ustedes me permiten, vamos a leerlo en el capítulo 3 desde el verso 13 hasta el 18, noten que Malaquías es un libro especialmente dirigido a los sacerdotes, a los levitas; si tú lees todo Malaquías va dirigido a los sacerdotes y levitas que hacían de mala voluntad las cosas, pero yo para que voy a cerrar las puertas si nadie me va a pagar por eso y así, pero qué fastidio estar con estos sacrificios todos los días, esta sangre y estas tripas acá, así decían y el Señor dijo: “vuestras palabras fueron violentas, dijisteis, que qué fastidio es esto”, o sea que esta carta va dirigida a los servidores profesos de Dios, a los profesantes y entonces dice aquí: “Vuestras palabras contra mi han sido violentas, dice Yahveh. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti?” o sea, a veces uno no se da cuenta de que las actitudes de uno, las palabras de uno son contra el Señor. “Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Yahveh Sabaot? Noten, a veces se tiene esa actitud; los impíos bailan tranquilos, se divierten, tienen plata, tienen placeres y uno aquí todo afligido, el Señor dice que eso es violencia contra Él decir así, a veces no se dice, pero se piensa, se siente. Como uno de los hermanos que tuvo la experiencia de ser llevado al otro lado, un ángel le dijo que los pensamientos nuestros se oyen más fuerte en el cielo que lo que se oyen nuestras palabras en la tierra; nuestros pensamientos hablan en el cielo más duro que nuestras palabras en la tierra. Entonces dice aquí: “Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no sólo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon. Entonces los que temían a Yahveh”, gracias a Dios, porque en el temor de Dios está la sabiduría; por eso yo no tuve reparo en hacerles oír el asunto del infierno, porque en el temor de Dios está la sabiduría, “los que temían a Yahveh hablaron cada uno a su compañero; y Yahveh escuchó”, porque lo que uno habla cuando nos animamos los unos a los otros, escucha, “Y oyó”, noten esas dos palabras: escuchó y oyó, son dos palabras, escuchar es entender pero oír es poner atención, “y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Yahveh y para los que piensan en su nombre.” Y noten, éstos son los dos versos a los que quería llegar en aquel contexto de Mateo 21: “Y serán para mi especial tesoro, ha dicho Yahveh Sabaot, en el día en que yo actúe, y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve”, quiere decir que los hijos le sirven y fallan mientras le sirven, pero él dice: perdonaré al hijo que me sirve. Y dice: “Entonces”, ahora sí, durante este tiempo nos engañamos, pero en aquel día cuando yo actúe: “Entonces os volveréis y discerniréis la diferencia”, quiere decir que antes de ese día uno puede estar engañado y pensar que sirve a Dios, pero sólo sirve a su propio vientre y aquel debe ser un hereje perverso y ese era un santo, ¿verdad? ¡A cuántos santos de Dios los trataron como si fueran los peores! ¿no dice el Señor que fue contado con los malhechores y si con el árbol verde hicieron eso, no harían lo mismo con el árbol seco? Los siervos de Dios pueden ser contados como malhechores y los pícaros pueden ser contados como los santurrones, los pícaros, pero entonces el día que yo actúe, dice el Señor: “discerniréis la diferencia entre el justo y el malo”, quiere decir que un malo se puede disfrazar de justo y un justo puede parecer malo; entonces, “el día en que yo actúe, discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”. Puede ser que durante este tiempo no distingamos y por eso en 1ª. a los Corintios, si me acompañan en el capítulo 4, al respecto de lo mismo, dice así el apóstol Pablo por el Espíritu Santo, 1ª a los Corintios capítulo 4, voy a leer desde el verso 3, dice: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano;” Pablo sabía que los hombres no juzgan sino por las apariencias, juzgan según la carne, no según el testimonio del Espíritu, son pocos los que quieren oír lo que el Espíritu testifica de alguien, entonces vemos por las apariencias y por lo que Satanás nos quiere causar, porque Satanás trabaja para que a lo bueno le llamemos malo y a lo malo le llamemos bueno y para quitar de nosotros la semilla de Dios y meternos las cosas de él. Entonces dice acá: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano;” Pablo no confiaba en el juicio de Adán, de la carne, de lo meramente humano y ni siquiera en el de él, porque dice: “y ni aún yo me juzgo a mi mismo”, porque a veces uno piensa que está bien y mientras uno piense que está bien, nunca somete a la corrección lo que uno hace, porque uno está tranquilo pensando que todo está bien, pero ¿qué dice Proverbios?, dice: “Fíate de Yahveh de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia, reconócelo en todos tus caminos y El enderezará tus veredas”23. Es cuando tú le dices a Dios: - Señor, a mi me parece que esto está correcto, pero puede estar equivocado y no me doy cuenta, Señor, yo quiero es que Tú me enseñes, yo no quiero confiar en lo que yo entienda, yo necesito es que Tú me enseñes-, mientras tú no le digas al Señor: Enséñame Tú, tú puedes seguir creyendo erradamente, acerca de ti mismo o de lo que sea, hay que decirle a Dios: - Señor, yo puedo estar equivocado sin darme cuenta, te pido a ti que Tú me enseñes y a Ti hago responsable para enseñarme, porque yo me puedo equivocar y si Tú no me ayudas me voy equivocar otra vez.- ¿Cuántas veces nos hemos equivocado hermanos? Que sirva por lo menos para eso la experiencia, para saber que no sabemos nada, como decía Sócrates y decirle al Señor, - Señor: enséñame Tú- , como dijo también Job antes que Sócrates: “Yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí que yo no comprendía, ahora yo me voy a aborrecer, me aborrezco, me arrepiento”24; ahora me voy a preguntar, ¿cuántas personas están metidas en religiones falsas? ¿cuántos miles y millones de islámicos creyendo a un falso profeta como Mahoma y se tomaban las esposas de otros, siguiendo falsedades porque nunca le preguntaron a Dios si eso era verdad? Creyeron en su propio juicio o en la tradición y por la tradición invalidaron la Palabra de Dios; por eso dice aquí: “y ni aún yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado;” porque uno puede tener la conciencia cauterizada y no se da cuenta o no quiere darse cuenta, entonces dice: “pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo” es entonces, “cuando Yo actúe, entonces discerniréis la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve”. Ahora todavía hay mucha apariencia, mucha profesión, pero puede ser hipócrita, ser falsa, no ser pura para con Dios. En aquel día nos sorprenderemos, ¿qué dirán los jesuitas? ¿Lutero también en el paraíso y Loyola en el infierno? Yo no puedo lanzar a Loyola al infierno pero estoy hablando sólo en suposición; las sorpresas que puede haber, ¿verdad? “Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones”; y entonces”, lo mismo que dice Malaquías, “entonces”, aquí dice entonces, cuando venga el Señor en el tribunal de Cristo, “entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mi y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito”, eso hay que aprenderlo, no pensar más de lo que está escrito, restringirse a la Palabra de Dios, porque nosotros pensamos y pensamos, y creemos en nuestro discernimiento, en nuestro juicio y después somos sorprendidos ¿verdad? Volvamos aquí a Mateo capítulo 21, verso 30: “Si, señor, voy. Y no fue”. Todo esto era para ilustrar ese profesionalismo sin realidad. “Tienes nombre de que vives y estás muerto25”. Si, voy, pero no fue. Entonces ahora la pregunta del Señor es ésta: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?” fíjense que a partir de aquí el Señor va a relacionar obediencia con fe, miren como el Señor relaciona la obediencia, el hacer la voluntad del Padre con la fe, miren como Él relaciona las dos cosas, las dos cosas van juntas; si hay fe, hay obediencia; si no hay obediencia no hay verdadera fe, solamente hay esa fe en vano, esa cosa externa, esa imitación de fe, no hay un verdadero toque porque si yo en verdad sé que esta casa se va a caer, yo me salgo, pero si yo sigo aquí.., -este banco ya está quebrado- y yo sigo invirtiendo en este banco, yo no creo que está quebrado, ¿se da cuenta? O soy muy estúpido, me perdonan la palabra, ¿verdad? Entonces dice así: “¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero”, claro, el que dijo que no iba y que al fin fue. Algún manuscrito dice que fue el que dijo que iba y no fue, dice que ese hizo la voluntad del Padre, imagínense, manuscritos decían así, ¿por qué? porque había la enseñanza de algunos rabinos de que lo importante era la buena intención y el otro dijo que iba a ir, tenía la intención, eso fue que algo le pasó, se le atravesó una chica por ahí, o ir a un banco, quien sabe que se le atravesó, pero él tenía la intención, ¡no, no, el Señor no ve eso!, Él ve es la realidad. Entonces dice ahí: “Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” y miren que cuidadoso es aquí Mateo al registrar la expresión “el reino de Dios”, Mateo casi siempre usa la expresión “reino de los cielos”, pero cuando abarca la parte de los judíos y la parte de la iglesia, dice “el reino de Dios”, por ejemplo, “el reino de Dios será quitado a este pueblo (era Israel) y será dado a otro pueblo”26, porque el reino de los cielos es parte del reino de Dios, pero la parte de Israel no era todavía el reino de Dios. Juan decía: “viene el reino de Dios”, pero no había venido, Juan anunciaba que venía; el reino de los cielos, no había venido, sólo que el reino de Dios tiene varios capítulos: el capítulo de la iglesia es del reino de los cielos, el capítulo del milenio es del reino de los cielos, pero la historia anterior de Israel, la anterior a Cristo no era el reino de los cielos, pero sí era el reino de Dios, entonces como aquí está hablando de dos hijos que puede representar a Israel que fue llamado al monoteísmo, a dar testimonio y no hizo, ahora de los gentiles, el Señor toma un pueblo para su nombre y sale la iglesia que sí hace, entonces ahora ya no usa la palabra “reino de los cielos”, sino “reino de Dios”, ¿se da cuenta qué cuidadoso es Mateo? Reino de Dios que abarca también a Israel. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las ramera van delante de vosotros en el reino de Dios, no porque son publicanos, ni porque son rameras, sino porque dejaron de serlo, porque creyeron, se arrepintieron e hicieron la voluntad de Dios, como frutos dignos de arrepentimiento que decía Juan: “haced frutos dignos de arrepentimiento”27 porque también los fariseos venían a oír a Juan, pero venían no con la intención de arrepentirse y hacer, sino a analizar ese fenómeno profético, no venían a arreglarse con Dios. Dice el verso 32: “Porque”, aquí viene a explicar esto, aquí está el contexto de lo anterior, desde el verso 23 al 27 que mencionó Juan y la pregunta por el bautismo de Juan, si era de Dios o de los hombres. Aquí viene el contexto. “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia”, noten eso “camino de justicia”, hay algo que se llama “camino de justicia”, los pasos de Juan eran en verdad, eran obedeciendo a Dios, haciendo lo que es justo y él decía y hacía lo que había que hacer: no hagáis esto, no extorsionéis, compartid, etc, ese era el camino de justicia, la frase “camino de justicia” siempre está relacionado con el reino, porque a veces nosotros vemos en la Palabra el aspecto de la gracia que es sin obras, “por gracia sois salvos, no por obras para que nadie se gloríe,”28 entonces existe la gracia, pero también la Palabra de Dios nos habla de la palabra de justicia, del camino de justicia, pero el camino de justicia está relacionado con el reino. La gracia quiere decir que Dios nos perdona, pero no para que sigamos pecando y nos vuelva a perdonar, ¡no!, nos perdona para que dejemos de pecar, -vete-, Él la perdonó, - pero no peques más-29, o sea que la gracia viene para constituirnos en hijos agradecidos, en hijos temerosos, hijos convertidos que ahora quieren hacer la voluntad de Dios, entonces caminan el camino de justicia que está relacionado con el reino, porque ¿qué era lo que anunciaba Juan? El reino de los cielos está cerca30, entonces por eso, él venía en camino de justicia, porque tenía que ver con el reino, aquí habla en el contexto del reino. “Delante de vosotros al reino de Dios, porque”, esa palabra “porque” es la relación, Jesús está relacionando la entrada al reino con el camino de justicia, no es solamente la fe, sino la fe que produce fruto de arrepentimiento, de bautismo, de obediencia, de hacer la voluntad de Dios, eso es lo que se llama “camino de justicia” y se relaciona con el reino. Entonces dice acá: “vino a vosotros Juan en camino de justicia y no le creísteis;” noten que ahora usa la palabra “creer”, “no le creísteis, pero los publicanos y las rameras le creyeron” entonces noten que los publicanos y las rameras iban delante de los sacerdotes en el reino de Dios y entonces ahí está relacionando creer con hacer. Porque ¿cuál de estos hijos hizo la voluntad de su padre?, el que se arrepintió y fue, el que hizo, o sea el que creyó se arrepiente, enmienda su camino y procura agradar a Dios, por la gracia de Dios. Entonces dice: “pero los publicanos y las rameras le creyeron;” no sólo creyeron, sino que dejaron de ser publicanos, dejaron de ser rameras, se bautizaron esperando la venida del Mesías y el Mesías vino y cuántos de estos seguramente pasaron a ser discípulos del Mesías, de Cristo y entonces dice: “y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle”; noten que ese “creerle” aquí después de arrepentimiento es un creer que implica obediencia porque si no implicara obediencia hubiera dicho primero “creer” y luego arrepentirse, pero dijo arrepentirse y después creer, arrepentirse para creer quiere decir que este creer implica actuar en conformidad con la fe y por eso lo cita después de arrepentimiento. Entonces amados, esta parábola es para nosotros, para mí que estoy hablando, es primero para mí, seguramente que a mí me va a pedir primero cuentas el Señor y también para ustedes que vinieron a oír, ¿verdad? No solo a mí, sino a los que juntos estamos hablando del Señor, ¿amén amados? Hermanos, debemos arrepentirnos e ir a la viña, trabajar en la viña; somos la iglesia, ¿somos los que daríamos fruto? Israel no dio, le fue dado a otro pueblo, nos fue dado a nosotros ¿para qué? para que demos fruto. ¿Vamos a dar fruto nosotros? ¿O serán otros? Ojalá seamos nosotros. Vamos a orar hermanos con un corazón sincero. Querido Padre: Ten misericordia de nosotros, Tú sabes cuán necios somos, cuán viles, cuán hipócritas, todo esto que el ser humano es en sí mismo, que no podemos dejar de serlo por nosotros mismos pero Tú nos has concedido el arrepentimiento, nos has reunido para hablarnos, porque Tu gracia nos ha alcanzado y Tu gracia tiene poder para sobreedificarnos Señor, para conseguir fruto en nuestras vidas. Tu Palabra, como cantábamos no volverá a Ti vacía, sino que hará aquello para lo cual fue enviada. Señor, queremos ser buena tierra, que recibe Tu palabra y da fruto, no queremos aprovechar la lluvia sólo para producir espinas y alimentar espinas, no queremos ser esa clase de plantas, queremos ser plantas nacidas de Tu Palabra. Señor, nosotros sabemos que con todo esto nos hacemos más responsables delante de Ti, pero no queremos huir, porque queremos Tu gracia, queremos vivir con Tu gracia Señor, perdona nuestra negligencia, perdona nuestros pecados, nuestra hipocresía, nuestras omisiones, la mala gana con que hacemos las cosas, danos buena disposición para ir a la viña y servirte, danos disposición Señor, concede que el resto de nuestras vidas sea una vida de diligencia y de servicio sostenido por Tu gracia. Queremos vivir en Tu Espíritu Señor. Límpianos con Tu sangre y fortalécenos a todos. ¡En el nombre del Señor Jesús! Amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez D, del comité de revisión para revisión final del autor 1 Mt. 15:6 2 Mt. 7:6 3 Jn. 1: 19,21 4 Mt. 17:12,13 5 Dt. 18:18,19 6 Jn. 1:23 7 Jn. 1:27 8 Is.40:3 9 Ml.3:1 10 Jn. 1:33,34 11 Jn. 1:29, Lc. 3:16 12 Mt. 27:63 13 Hch. 23:4,5 14 Lc:1:76 15 Mt. 21:34 16 Hch. 11:17 17 Hch 11:18 18 2ª Ti. 2:25 19 Hch. 11:18 20 Lc. 6:46 21 Stg. 2:18 22 1ª Co. 15:2 23 Pr. 3: 5,6 24 Job 42:3 25 Ap. 3:1 26 Mt. 21:43 27 Mt.3.8 28 Ef. 2:8,9 29 Jn 8:11 30 Mt. 3:2

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