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LOS LABRADORES MALVADOS

Por Gino Iafrancesco V. - 24 de Marzo, 2012, 23:27, Categoría: General

LOS LABRADORES MALVADOS Localidad de Teusaquillo (16 de septiembre de 2005) (Gino Iafrancesco V.) Padre: glorifica Tu nombre, santifícanos en la sangre del Señor Jesús y Su Santo Espíritu. Concédenos la gracia de hacer delante de Ti lo que es debido. Vamos a considerar Tu palabra con temor y temblor, dependemos de Tu gracia en Cristo Jesús. Hermanos, hoy, con la ayuda del Señor, vamos a estar continuando la consideración de los misterios del reino de los cielos en las parábolas del Señor Jesús. Estaremos considerando hoy una palabra que se encuentra tanto en Mateo como en Marcos y en Lucas, y también en el llamado evangelio de Tomás. Los versos son los siguientes: Mateo capítulo 21, desde el versículo 33 al 45; Marcos capítulo 12, del verso 1 al 12 y Lucas capítulo 20, del verso 9 al 19; en el llamado evangelio de Tomás se encuentra en los logiones 65 y 66; es la parábola llamada de los labradores malvados. Puesto que la parábola se encuentra en tres de los evangelios sinópticos, en los tres evangelios sinópticos, como acostumbramos hacerlo cuando una parábola aparece en más de un texto, integramos el testimonio de los tres testigos para tener una visión más completa de los detalles de la parábola que alguno de ellos da y que otro no da. Con ese objetivo, unimos los tres testimonios, los integramos en una sola redacción fluida y completa. La parte de Tomás la leo después de la integración de Mateo, Marcos y Lucas. Entonces las citas que les di son las del principio, pero la integración es la siguiente, que la hice aquí, y se las voy a ir leyendo, no voy a leer rápido para que los que puedan ir comparando los tres pasajes que, como les dije, están en Mateo 21:33-45; Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19, entonces vamos a leer despacio para que ustedes vayan viendo el por qué de la integración. “Entonces comenzó Jesús a decirle al pueblo por parábolas, esta parábola: Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual planto una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos, y se ausentó por mucho tiempo. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envío sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos y a su tiempo envió un siervo a los labradores para que le diesen del fruto de la viña, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. Mas ellos, los labradores, le golpearon y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar a otro siervo, pero hiriéndole le hirieron en la cabeza y también le enviaron afrentado. Ellos también a éste, golpeado y afrentado le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo, mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Volvió a enviar a otro y a éste mataron, y a otros muchos, golpeando a unos, matando a otros. Los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo a otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Entonces el señor de la viña dijo: ¿qué haré? Enviaré a mi hijo amado, quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. Finalmente, por último, teniendo pues un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos. Les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores, cuando vieron al hijo, al verle discutían entre sí y dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra, apoderémonos de su heredad y la heredad será nuestra. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, el señor de la viña, ¿qué pues, les hará el señor de la viña a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: Vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: Dios nos libre, pero él mirándoles dijo: ¿qué pues, es lo que está escrito? ¿nunca leísteis en las Escrituras, ni aún esta Escritura habéis leído? La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Todo aquel que cayere sobre ella, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, procuraban prenderle porque entendían que decía contra ellos aquella parábola; comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, temían a la multitud, al pueblo, porque éste le tenía por profeta y dejándole, se fueron”; integrando los detalles de los tres evangelistas sinópticos, obtuvimos esta redacción intercalada. Ahora voy a leerles cómo lo registra el llamado evangelio de Tomás que se encontró en 1945 en Egipto, en Naac Amadí; un campesino estaba arando la tierra y se encontró con unas ánforas, y en esas ánforas estaba una biblioteca de los gnósticos, en el Chenovosquión, un lugar llamado así, Chenovosquión, en Naac Amadí, en Egipto, y entre los rollos estaba una colección de 114 dichos del Señor Jesús, atribuido su registro al apóstol Tomás; entonces en el logión 65 y en el 66, él menciona esta parábola de los labradores malvados de esta manera. Les estoy leyendo ahora una traducción basada en 5 versiones de este evangelio de Tomás respecto de lo que decían también los evangelios sinópticos: “Él dijo”, o sea, dice Tomás: “Él (el Señor Jesús) dijo”. “Él dijo: Un hombre honrado tenía una viña, la entregó a unos labradores para que la cultivaran y recibiese fruto de ellos. Envió a sus siervos para que los labradores le dieran del fruto de la viña, ellos tomaron al siervo, lo golpearon y casi lo matan. El siervo retornó y lo dijo a su amo; su amo dijo: quizá no lo reconocieron; envió a otro siervo; los labradores lo golpearon igualmente. Entonces el amo envió a su hijo y dijo: quizá tendrán respeto a mi hijo. Aquellos labradores cuando supieron que era el heredero de la viña, lo agarraron y lo mataron. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Dijo Jesús: Mostradme la piedra que desecharon los edificadores, esa es la cabeza del ángulo” Entonces, ustedes pueden ver cómo la versión de Tomás es bastante similar a la de Mateo, a la de Marcos, y a la de Juan; quizás el aporte que haría Tomás es que uno de los siervos regresó y lo contó al amo; también que al principio el amo dijo: -quizá no reconocieron al primer siervo-, o sea, tratando de ser comprensivo. Entonces hermanos, ésta es, digamos, la parábola, y vamos a estar haciendo ahora un seguimiento exegético que es bastante interesante. En primer lugar, ustedes lo pueden comparar aquí, con Mateo 21, que la parábola de los labradores viene inmediatamente después de la parábola de los dos hijos. Ya la parábola de los dos hijos la consideramos, y en la misma ocasión en que el Señor Jesús dijo la parábola de los dos hijos, Él continuó con la parábola de los labradores; fue en la misma ocasión, por lo tanto, Él estaba complementando lo que estaba diciendo. Cuando habló de los dos hijos, quizá no había quedado claro para algunos de ellos, pero ya cuando habló la parábola de los labradores, que ocupa bastantes versículos, ahí nos damos cuenta de que lo calificó bastante bien; entonces vamos a ir siguiendo este testimonio de esta parábola, que la dijo el Señor Jesús, y la registraron estos cuatro apóstoles; tres sinópticos, en la Biblia, y Tomás, que se encontró después. “Entonces comenzó Jesús a decirle al pueblo por parábolas, está parábola, oíd esta parábola”, o sea, el Espíritu Santo, en el corazón de Él, le urgió a completar con más parábolas; ya dijo una parábola, pero con otra, va a clarificar las cosas. “Hubo un hombre, padre de familia”, agrega uno de los evangelistas, los otros no recuerdan esta palabra: oikodéspota, que es como decir, el gobernador de una casa, de una familia; aquí fue traducido padre de familia; “el cual plantó una viña”, aquí, el Señor está volviendo, otra vez, a dar continuidad al tema de la viña que ya nuestro Dios había iniciado en el Antiguo Testamento, y vamos a mirarlo en Isaías capítulo 5, versículos 1 al 7, porque nos vamos a dar cuenta de que esta parábola toma aquellos elementos y les da continuidad. Isaías capítulo 5, versículos 1 al 7. Ya por el profeta Isaías había hablado Yahveh, y ahora, el Señor Jesús da la continuidad con los mismos elementos, entonces vamos a hacer la ligazón: “Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña (esto es Isaías, hablando del Señor). Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar, y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aún a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Yahveh Sabaot es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”, ¡cosa seria! ¿no? Ahora el Señor vuelve a retomar el tema de la viña; en el Salmo 80, si me quieren acompañar, allí también aparece el motivo de la viña, referido inicialmente a Israel; podemos leer en este Salmo 80, desde el verso 8, lo que por el Espíritu Santo dice Asaf; es un Salmo de Asaf: “Hiciste venir una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra, y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar (eso se refiere al Mar Grande, al Mediterráneo), y hasta el río sus renuevos (el río se le llamaba al Eufrates, al norte) ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el puerco montés, y la bestia del campo la devora. Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, la planta que plantó tu diestra, y el renuevo que para ti afirmaste. Quemada a fuego está, asolado; perezcan por la reprensión de tu rostro”, etc., entonces aquí nos vamos dando cuenta de que el tema de la viña es un tema muy citado por Dios. En Cantar de los Cantares, ustedes recuerdan también, y ahorita vamos a mirar un verso allí. Aquí aparecen varias cosas: Él plantó una viña; esa viña es su pueblo en el cual quiere desarrollar su economía, su plan sobre la tierra. Cuando Dios dijo ”Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree1”, ese hombre no era sólo un hombre individual, sino el género humano; Dios quería que la tierra fuera el ámbito del desarrollo de su reino, de su economía; el hombre cayó, el Señor comenzó a hacer su operación de rescate, llamó a Abraham y le hizo la promesa de que en su simiente serían benditas las familias de la tierra2; surgió la nación de Israel, el Señor llamó a Israel su viña, dijo que trajo una viña de Egipto, la plantó en medio de Canáan, la tierra de Canaan, desalojó las naciones que había y Él quería, con ese pueblo suyo, establecer un modo colectivo de vida que fuera la economía divina y que se extendiera, y esas eran las uvas buenas que Dios esperaba, pero en vez de producir eso, hubo problemas, y ya lo dice Isaías, lo dice también Asaf, y lo ahora lo dice el Señor Jesús en esta parábola; “él plantó una viña”, y dice: “la cercó de vallado”, o sea, el Señor tuvo cuidado, el vallado es para que no entren los ladrones, para que no entren los animales para robarse el fruto de la viña; entonces había un vallado y dice que: “también edificó una torre”; en la torre estaba el atalaya, porque decía: “Cazadnos las zorras pequeñas que echan a perder las viñas3”, entonces en las torres los atalayas vigilaban también; estaba el vallado, y estaba también la torre; en la torre también se podían guardar cosas, y también podían dormir los viñadores. Y dice: “cavó en ella un lagar”; los lagares en aquel tiempo se cavaban en la piedra; los lagares tenían la siguiente forma: primero, en la misma piedra, se labraba un primer hueco en el cual se colocaban las uvas, y allí, esas uvas, eran pisoteadas por los campesinos para sacar el jugo de la vid, y ese jugo de las uvas, llegaba a otra parte más baja, que estaba también cubierta, más angosta, pero más honda, donde aquel vino iba cayendo y luego, como dice Hageo, venían al lagar y tomaban en cántaros el vino. Vamos a ver eso en Hageo; ese detalle está en el libro del profeta Hageo. Vamos a verlo allí, en el capítulo 2, dice el verso 16: “Antes que sucediesen estas cosas, venían al montón de veinte efas, y había diez; venían al lagar para sacar cincuenta cántaros, y había veinte”, entonces noten que en el lagar, donde estaba el vino, se sacaban los cántaros, o sea, una parte del lagar era donde estaban las uvas, donde se pisaban, ¿qué simboliza pisar las uvas? representa el juicio de Dios al pecado, a nosotros, al ego, entonces sólo cuando pasamos por el juicio del Señor, o por la prueba del Señor, es que hay fruto, hay vino, hay sabor y hay la vida; esa vida corría hacia la otra parte debajo del cántaro porque arriba se pisaba, y por un canal corría el vino, el jugo de la uva, a la otra parte del lagar y de ahí venían y la tomaban en cántaros, o sea que el Señor había hecho todo lo necesario para que esa vid produjera uvas y produjera el gozo de la salvación y la vida, que es lo que representa la sangre de la uva. “Cavó en ella un lagar, edificó una torre y la arrendó a unos labradores”. Es muy interesante ver esto como sucedió con Israel porque después, el Señor lo aplica también al reino de los cielos, al tiempo de iglesia, o sea que tenemos que aprender de Israel. Los labradores, o agricultores, o campesinos que trabajaban no eran los dueños; el dueño era este hombre que era el que tenía la tierra, había pagado todo el trabajo, tenía la viña, había cercado, había hecho el lagar, había hecho la torre, y en aquel tiempo entonces se le entregaba el trabajo a algunas personas y las personas trabajaban, una parte del producido era para los trabajadores y, la otra parte, lógicamente que era para el dueño de la viña. Podemos ver ese ejemplo también en Cantar de los Cantares; si ustedes lo quieren ver al final del Cantar de los Cantares, aparece cuál era el porcentaje que en esa época le tocaba a los trabajadores y el que le tocaba al dueño de la viña. En el capítulo 8, versos 11 y 12, dice lo siguiente: “Salomón (que es una figura de Cristo, hijo de David) tuvo una viña en Baal-hamón (Baal-hamón quiere decir , o sea que el Señor plantó su iglesia, su pueblo, en la tierra, en el mundo) la cual entregó a guardas, cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto. Mi viña, que es mía, está delante de mi; las mil serán tuyas, oh Salomón, (o sea las mil monedas) y doscientas para los que guardan su fruto”, o sea una quinta parte, el 20% le correspondía a los guardas, y aquí se trataba ya no de guardas contratados, sino de aparceros, personas que iban y trabajaban, pero trabajaban en un terreno ajeno, con lo que otro había invertido, entonces, el producido, lógicamente no podía ser sólo para ellos, sino para quien había invertido algo, pero cuando empezó a enviar los siervos, ahí comenzó el problema; las personas querían quedarse con la viña, querían robarse lo que le pertenecía al Señor, querían robárselo estos trabajadores mismos de la viña. ¡Qué cosa delicada! Dice: “se fue lejos y se ausentó por mucho tiempo”, o sea, el Señor vino, trabajó, trajo esa viña de Egipto, la plantó; eso fue con Moisés, con Josué, y luego, esperando que volviera el Mesías, empezó a enviar poco a poco profetas. Dice: “Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibieses sus frutos”. Vamos a ver unos versículos acá, en 2ª de Crónicas primeramente, antes de los sapienciales, antes de los Salmos y antes, están los históricos; Esther, Nehemías, Esdras y antes, 2ª de Crónicas, vamos a mirar allí el capítulo 24 primeramente, y luego vamos a 2ª Crónicas capítulo 36. En el 24:19 dice así: “Y les envió profetas para que los volviesen a Yahveh, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon” y ahora, en el capítulo 36, dice en los versos 15 y 16: “Y Yahveh el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahveh contra su pueblo, y no hubo ya remedio”, o sea que el Señor amonesta no solamente una vez, ni dos veces; nos damos cuenta, cuando tomamos el testimonio de los tres evangelistas sinópticos, que realmente el Señor envió muchos siervos. Uno de los evangelistas dice “primero uno, luego un segundo, luego un tercero”; uno cuenta de uno que fue apedreado y fue matado, dice que después envió otros, y muchos, y en más cantidad, o sea que realmente Dios estaba insistiendo en trabajar con aquellos labradores para que ellos realmente tuvieran la oportunidad de arrepentirse; ellos, como que se olvidaron que la viña no era de ellos sino del Señor, pensaban que, si mataban al Hijo, iban a quedar impunes; hasta ese punto uno se vuelve ciego cuando uno se roba la viña, que se olvida que el Señor está juzgando, que Él es poderoso. Entonces dice allí: “A su tiempo envió sus siervos a los labradores, para que les diese del fruto de la viña, para que recibiese de éstos del fruto de la viña, mas ellos, los labradores, le golpearon y los enviaron con las manos vacías”. Vamos a ver el ejemplo de Jeremías, capítulo 37, versículo 15, para que veamos que éste, por ejemplo, es uno de estos siervos que fue enviado. Jeremías 37:15, allí vemos lo que pasó precisamente con Jeremías: “Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel”, o sea, lo azotaron, lo golpearon, dice el Señor acá, y le enviaron con las manos vacías. “Volvió a enviar otro siervo, pero apedreándole…”. Vamos a ver cómo otro de los profetas, Zacarías; no el de la profecía sino otro Zacarías, fue apedreado. Volvamos a 2ª de Crónicas 24, pero ahora el verso 21, dice: “Pero ellos hicieron conspiración contra él”, o sea, contra Zacarías, hijo del sacerdote Joiada; no es el Zacarías de los profetas menores, sino otro profeta Zacarías; “hicieron conspiración contra él, y por mandato del rey lo apedrearon hasta matarlo, en el patio de la casa de Yahveh”, o sea que el Señor, con esta parábola, estaba recordando todo lo que había hecho Israel contra los profetas, ¿ven?. “Le apedrearon, le hirieron la cabeza”, dice el Señor en la parábola, “y también le enviaron afrentado. Ellos también a éste golpeado y afrentado, lo enviaron con las manos vacías. Volvió a enviar un tercer siervo, mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Volvió a enviar a otro, y a éste lo mataron, y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Los labradores tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon”. Vamos a ver Nehemías capítulo 9 versículo 26, dice: “Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones”. “Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros”, o sea, el Señor, realmente, constantemente, estuvo visitando su trabajo en el Antiguo Testamento. Después hay otra parábola que muestra que esto también se repite en el tiempo de los gentiles, así que tenemos que aprender de lo que pasó con Israel, “e hicieron con ellos de la misma manera”. Vamos a lo que dice Pablo, resumiendo esto, en 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 2, versículo 15, y voy a leer desde el 14 para tener un contexto un poco más amplio: “Porque vosotros, hermanos (ahora la iglesia también) vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea, pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, los cuales mataron al Señor Jesús (el heredero) y a sus propios profetas, y a nosotros (o sea, a los apóstoles) nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres”; entonces estamos viendo cómo todos estos versículos nos esclarecen lo puntual de esta parábola. “Entonces el Señor de la viña dijo: ¿qué haré?” Primero, Él mismo se pregunta: -¿qué haré?- Aquí nos recuerda cómo el Señor también les pregunta: -vecinos de Jerusalén, ¿qué más puedo hacer yo por mi viña? Yo hice lo que podía-. Dice: -¿Ahora qué puedo hacer?-. Envió profeta tras profeta; lo último es: -bueno, les voy a enviar a mi Hijo-; ya si rechazan al Hijo, ya es el colmo; ahora sí ya no queda más espacio, todo hasta aquí fue gracia, y lo máximo de la gracia fue, no sólo haber enviado profetas, sino haber enviado al Hijo. Como dice en Hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”4; pero en estos postreros días ha enviado al Hijo; ya si no oyen al Hijo, ya no queda sino juicio; ya esa longanimidad que se expresa por un sin número de amonestaciones, se termina cuando se rechaza al Hijo. Entonces el Señor dijo: -Qué haré? Enviaré a mi Hijo amado-. Noten que es muy interesante que aquí el Señor Jesús está hablando de que Dios tiene un Hijo amado que es mayor que los profetas, porque está haciendo, en esta parábola, un contraste entre los profetas y el Hijo. Un Hijo suyo amado, ese único, es el unigénito Hijo de Dios, o sea que el Señor Jesús, en contra de lo que algunos liberales críticos dicen, sí declaró ser el Mesías, el Hijo; en esta parábola es muy claro cuando usa las palabras “la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo”5; Él muy claramente está identificándose; aunque parece que a veces se ocultaba, a veces decía las cosas con suma claridad, y pienso que esta parábola de los labradores malvados es una de la que habla demasiado claro de su identidad, ¿amén? “Teniendo un hijo suyo amado lo envió también a ellos. Les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores cuando vieron al hijo…”, noten que el Señor Jesús discierne los corazones; aquí no está diciendo que ellos se equivocaron, no; ellos sabían en su corazón, y dijeron, ellos mismos confesaron: -este es el heredero-, eso es lo grave; aquí, con esta parábola, el Señor está mostrando que ellos sabían. Recuerden lo que dijo Caifás: -Conviene mejor que un hombre muera por el pueblo-6, pero él no hablaba en el sentido de la expiación; como era sumo sacerdote, pues proféticamente se tomó en ese sentido, pero él lo que quería decir era: -vamos a matar a éste, si no, vienen los romanos aquí y nos quitan nuestro modus vivendi”, entonces ellos quisieron conservar su modus vivendi y le querían quitar al Hijo el derecho de su propia viña. Entonces dice: “cuando vieron al hijo, al verle, discutían entre sí”, o sea, el Señor está hablando de las cavilaciones que ellos tenían, de las cuales, con toda certeza, muchos de ellos se daban cuenta; nos damos cuenta, por ejemplo, en palabras de los evangelios y de los Hechos, cómo Nicodemo estaba entre ellos7, José de Arimatea estaba entre ellos8; el mismo Gamaliel decía: -si ésta es una cosa de hombres, tranquilos, esto se acabará; pero si es de Dios…9-, o sea, entre ellos mismos había gente que tenía conciencia. “Este es el heredero”, decían ellos, “venid, matémosle para que la heredad sea nuestra, apoderémonos de su heredad y la heredad será nuestra”, ¡qué delicado es esto! especialmente para nosotros, los que pretendemos servir al Señor. Me acuerdo del testimonio que me contó el hermano Rodrigo Abarca; una vez que estaba en Argentina, en pleno congreso de hermanos muy avanzados; no voy a decir nombres propios; hermanos que dirigían inclusive avivamientos, y dice el hermano Rodrigo Abarca, él me lo contó personalmente, que vino el Señor Jesús y se paró frente a él y le dijo: -diles, diles que me devuelvan mi iglesia-, o sea que a veces nosotros, los que pretendemos servir al Señor, nos apoderamos de la iglesia como si fuera cosa nuestra, y nos olvidamos de que no es cosa nuestra; los hermanos fueron comprados por la sangre del Señor; le pertenecen al Señor; nosotros somos servidores del Señor y de los hermanos, no somos los dueños; no podemos mandar, ni manipular, ni usar a las personas, pero es tan fácil que eso suceda, que a veces el Señor tiene que mandar a su siervos, como mandó a Rodrigo Abarca, y le dijo: -diles que me devuelvan mi iglesia-. A veces, el discipulador se hacía copador y dominador de los demás, que hasta para tomarse una coca cola, a veces había que pedir permiso, o sea, había un control exagerado, entonces el Señor está mostrando que, a veces, los mismos encargados, quieren robarse la viña para sí. Cuando venían los profetas para encaminar las cosas, para que el Señor tuviera lucro, ellos, en vez de arrepentirse, se enojaban con los profetas, los herían, los expulsaban, los golpeaban y los mataban, y al Señor le hicieron lo mismo, y el Señor dice en esta parábola que ellos entre sí discutían: “Este es el heredero, venid y apoderémonos de su heredad. Y tomándole le echaron fuera de la viña y le mataron”. Ustedes recuerdan que ya estaba previsto que el sacrificio se tenía que realizar fuera del campamento. Vamos a Hebreos, capítulo 13, versículo 11, y vamos a ver eso allí. Dice, por el Espíritu Santo, el autor de esta epístola (lo más probable es que sea Lucas): “Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta”. Si nosotros queremos servir al Señor, también debemos estar dispuestos a ser echados a un lado. Dice en el verso 13: “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir”; no podemos esperar congraciarnos con el mundo, que el mundo nos aplauda; el mundo nos va a aborrecer, y el Señor salió fuera del campamento. Como los animales eran quemados afuera, Él fue al monte de la calavera, el calvario, el gólgota, y allá murió, y dice también que nosotros tenemos que aceptar ser echados, ser menospreciados, ser considerados parias o lo que fuere. Dice aquí: “Le echaron fuera de la viña y le mataron”. Mateo y Lucas lo dicen así en ese orden: “le echaron fuera de la viña y le mataron”. Marcos dice: “le mataron y lo echaron fuera de la viña”, pero eso quiere decir lo mismo, como quien dice: “le mataron habiéndole echado previamente de la viña”. Mateo y Lucas sí dicen primero, y lo mismo Tomás: “le echaron fuera de la viña y le mataron”. Ahora, cuando tú no lees los tres, tú no te das cuenta de que aquí hubo una intervención de personas; cuando lees los tres, te das cuenta de que antes que el Señor dijera estas cosas, ellos lo dijeron primero. Dijo el Señor aquí: “Cuando venga, pues, el Señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?”, o sea, el Señor les preguntó a ellos mismos qué haría el dueño de la viña. Él les está dando una parábola y, a veces, como para que la atención se mantenga más y haya un mayor involucramiento de las personas, se les pregunta: ¿y ustedes qué dicen de esto?, como cuando David había hecho morir a Urías para quedarse con Betsabé haciéndose el tonto; llegó, como si no fuera con él, Natán, y le contó la historia y le dijo: -había un hombre que tenía muchas ovejitas gordas, pero había un hombre que sólo tenía una y quiso hacer asado con la del pobre y no con una de las muchas que él tenía-10, ese era David, pero él no se daba cuenta que era él, y le dijo: -ese hombre debe morir11-, o sea, le dio la oportunidad de que él mismo pronunciara su propia sentencia; después de que David pronunció su propia sentencia, entonces Dios, por Natán, le dijo: -Ese eres tú-12. Ese mismo caso vemos aquí. Cuando juntamos los tres testimonios, vemos que antes de Él decirlo, Él les dio la oportunidad a ellos de que ellos se dieran su propia sentencia, y ellos se dieron su propia sentencia, porque dice: “le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: Vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otro”, como quien dice: -ese hombre eres tú-, ¡cosa seria! Aquí el Señor habla de cómo quitaría el reino a Israel y se lo daría a la iglesia, y aquí esto que el Señor dijo, se cumplió literalmente. Vamos a ver unos versos en Lucas, capítulo 19; vamos a mirar los versos 43 y 44. Dice el Señor Jesús, cuando entró en Jerusalén: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado”, como había dicho Isaías 5, ahora dice el Señor lo mismo a Israel, especialmente representada en sus líderes: sacerdotes, escribas y fariseos, “y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”. ¿Cuándo es el día de la visitación? Cuando llegó el Hijo amado. “…no conociste el tiempo de tu visitación”. Entonces, ¿qué dice? “Destruirá a aquellos labradores”. ¿Qué pasó en el año 70? justamente vino el General Tito, a órdenes del ejército romano, y destruyó la ciudad y los castigó, y los que habían crucificado al Hijo de Dios, fueron crucificados en Jerusalén, y la ciudad se llenó de cruces. Los que dijeron: -¡Crucifícale!-, también ellos fueron crucificados. Si ustedes leen el testimonio de Josefo, es terrible; el hambre era tan grande, que hasta las madres se comían sus hijos; le decía la una a la otra: -hoy nos comemos mi hijo; mañana nos comemos el tuyo-, o sea, vino el castigo; ellos mataron los profetas hasta matar al Hijo y ya el juicio debía venir sobre ellos, y del hermano del Señor Jesús, Jacobo el Justo, o Santiago, el autor de la epístola llamada de Santiago, que no es de los apóstoles Santiago el mayor, ni el menor, sino Santiago el Justo, hermano del Señor Jesús, dice la historia de la iglesia primitiva, que tenía las rodillas como de camello de tanto interceder a favor de Israel para que Dios aplazara el juicio, que les diera oportunidad. El día que mataron también a Jacobo con un garrote, ese mismo día, entró Tito y destruyó la ciudad; o sea, por matar al Mesías venía juicio, pero la intercesión de Jacobo hizo demorar, del año 33 al año 70, ese juicio, y cuando mataron a Jacobo, vino el juicio. Josefo dice, que se decía en Jerusalén, que el juicio era por haber matado a Jacobo, pero no por haber matado al Mesías, por haber matado a Cristo; sólo que Jacobo, intercediendo de rodillas, como con rodillas de camello, retardó casi 40 años el juicio, pero sobre esa misma generación que mató al Señor Jesús, vino la sangre de todos los profetas; el mismo día que matan a Jacobo, Su hermano, arrasan con Jerusalén, no queda piedra sobre piedra. Hoy en día sólo se recuerda, allá en Jerusalén, tres piedras de lo que era aquel templo antiguo; se tienen guardadas allí, ¡qué cosa! Vamos ahora a Hechos 13:46 para ver el otro aspecto que dice lo siguiente: “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: a vosotros”, o sea, están hablando en la sinagoga a los judíos: “a vosotros a la verdad era necesario que os hablase primero la palabra de Dios”; primeramente al judío, luego al griego; por eso, cuando el Señor estaba yendo primero a las ovejas perdidas de la casa de Israel, la sirofenicia quería sacarlo de su trabajo y quería que fuera ya el tiempo de los gentiles, pero Dios tenía primero el tiempo con Israel. Jesús le dijo: “no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”13, y ella le dijo: “pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos”14. -¡Ah, bueno!, como dijiste esto, con una migaja está bien-, y en ese momento, le concedió lo que ella pedía, y el demonio salió de la hija de ella, pero ella quería insistir, y el Señor dijo: -Id primero a los judíos-15; primero hay que honrar al pueblo del pacto, a las ovejas perdidas. Cuando Pablo y Bernabé iban a las sinagogas, siempre decían como acá: “A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios, mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”, o sea, el Señor dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer”16, pero esto es después; primero vino a las ovejas perdidas. Dijo: -por camino de gentiles no vayáis-, dice Mateo17. Primero, les mandaba ir a los judíos, después sí a los gentiles; entonces, esto que dice aquí que dijo Jesús, y que aquí lo hicieron Pablo y Bernabé, es lo que está diciendo aquí, en la parábola, el Señor Jesús, donde dice: “A los malos destruirá sin misericordia”, que ocurrió en el año 70; “y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”. Oigan hermanos, esta última frase nos llena de esperanza; se la dará a otros labradores, esos otros labradores, ¿quiénes eran? Pues los apóstoles, y después, el resto de los otros apóstoles, y profetas, y evangelistas, y pastores, y maestros, y santos de la iglesia del Señor; este otro grupo de labradores ahora es la iglesia y ahora, el Señor espera que la iglesia sí produzca el fruto que Israel no produjo. Si Él no dijera esta frase, nosotros diríamos: -bueno, exactamente lo mismo que pasó con Israel, va a pasar con la iglesia-, pero aquí hay una frase de esperanza; dice: “dará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo”, o sea que el tiempo también es muy importante. A veces, Dios nos da veinte años de oportunidad para que maduremos, y si en esos 20 años no maduramos, nos morimos niños, nos morimos sin dar fruto para el Señor; o sea que hay que dar fruto a tiempo. Gracias al Señor que dijo que tendría fruto, como también dice que en su venida lo siguen los llamados escogidos y fieles, o sea que el Señor tendrá fieles, y también dice que la esposa se ha preparado; es decir que la palabra profetiza que Él tendrá fieles, que la esposa se preparará, y que Él recogerá el fruto a su tiempo de los otros labradores, ya que no pudo recoger de los primeros labradores que representaban a Israel caído. “Jesús les dijo: vendrá y destruirá a los labradores éstos, y dará su viña a otro. Cuando ellos oyeron esto dijeron: Dios nos libre”, o sea, ellos entendieron y le pidieron a Dios que los librara, pero a veces uno dice: -Señor, Señor-, pero de boca para afuera; el corazón sigue en lo suyo, entonces ese es el problema; no es suficiente decir palabras bonitas, se necesita arrepentirse en serio y producir fruto en serio. “…pero Él mirándoles”, porque el Señor era valiente para decir estas cosas en sus caras a los que buscaban matarle. “…mirándoles, les dijo: ¿qué, pues, es lo que está escrito? ¿Nunca leísteis en las Escrituras, ni aún esta Escritura habéis leído: la piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” Esa Escritura está en el Salmo 118. Vamos allí; y también está en Isaías 28. Vamos primero al Salmo 118 que es un Salmo mesiánico; es un Salmo que acaba de cumplirse, porque esto, el Señor se los dijo cuando acababa de entrar en Jerusalén, y los niños habían dicho: -Bendito el que viene en el nombre del Señor-, y el Salmo 118 dice, en el verso 26: “Bendito el que viene en el nombre de Yahveh; desde la casa de Yahveh os bendecimos”. Esa palabra, bendito el que viene en el nombre de Yahveh, ese es el Mesías, y cuando Él había entrado en un burrito, los niños dijeron esto y le pusieron sus mantos y ramas de palmas. “Bendito el que viene en el nombre del Señor”, o sea que se cumplió esa profecía y Él, de ese mismo Salmo, les cita, pero en los versículos 22 y 23, donde dice: “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Yahveh es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. Noten que para edificar, lo principal es esta piedra; esta piedra es el mismo Señor. Vamos a ver esta profecía también en Isaías 28, versículo 16; allí se complementa esta profecía, dice así: “por tanto, Yahveh Adonai dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable, el que creyere, no se apresure”, entonces noten que la piedra angular, en ese tiempo, era la piedra principal porque era una piedra grande; esas piedras a veces medían muchos metros, medían hasta casi seis metros, 5.80 metros de largo, 1.13 de alto; son unas piedras inmensas, se colocaban en una esquina, por eso se les llamaba , y de allí era donde se trazaba una pared, y se trazaba la otra pared, sobre la cual, después, se iba a edificar el resto; se llamaba a ese tipo de piedras antiguas. Ahora, también la Nueva Jerusalén, que es la casa de Dios y es la esposa del Cordero, es una pirámide, porque tiene la misma distancia de ancho, de largo y de alto; por lo tanto, lo de arriba es la piedra de gobierno, la de cabecera, es, también, donde se junta toda la pirámide. Cuando tú estás abajo, sólo puedes ver un lado de la pirámide; sólo desde arriba tú lo ves todo, esa también es una piedra del ángulo. En dos sentidos, Jesús es la piedra del ángulo; es la piedra de arriba, y también la piedra de abajo; la del fundamento, porque Él es el fundamento, el que dice cómo se tiene que trazar la casa y levantar la casa, y a la vez, también el que la corona. Entonces, aquí en Isaías, dice: “piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure”. Esos son los versos que el Señor les estaba citando aquí: “ni leísteis aún esta Escritura, ni ésta habéis leído? La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos”. Ahora, esta frase siguiente: “todo el que cayere sobre ella, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará”; hay algunos manuscritos que no contienen este pedazo, pero, la mayoría de los manuscritos, incluso los más antiguos, sí lo contienen. La razón por la que algunos manuscritos no tienen esta frase (tanto Ireneo como Orígenes no incluyen este pedazo), es que hay una terminación muy parecida en una frase arriba y en una frase abajo, entonces, seguramente, el copista, al ver una terminación semejante abajo, pensó que era la de arriba, entonces se saltó esa frase, por eso algunos manuscritos no la tienen, pero muchos otros sí la tienen, los antiguos la tienen; por eso las ediciones críticas no la quitaron, la ponen entre paréntesis cuadrado doble para mostrar que falta en algunos, pero está en el texto porque es muy antigua; y lo dice, ciertamente en Lucas18, que también se cita; ahí sí está citada sin ningún problema de crítica textual, y la profecía en Isaías19; también el comentario de Pablo en Romanos20 incluyen este pasaje, entonces es inspirando. Dice: “todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará”. Hay dos cosas; en un momento, la piedra es pasiva y el atacante es activo. “El que cayere sobre esta piedra”, o sea, imagínese caer sobre una piedra; el que se destutana es usted, no la piedra. Si usted se cae encima de una piedra, usted se rompe; pero si la piedra le cae encima, usted es el pasivo y la piedra es la activa; si la piedra le cae a usted, le vuelve polvo, ¿se da cuenta? Entonces hay dos cosas, caer sobre la piedra, trata de los que se ponen a atacar a Cristo, a atacar la palabra del Señor, a atacar a los cristianos, porque atacar a los cristianos es atacar al Señor. “El que a vosotros recibe, a Mí me recibe; el que a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”21. “¿Por qué me persigues Saulo?”22, cuando él perseguía a los cristianos, el Señor considera: “lo que hicisteis a uno de estos pequeñitos, a Mí lo hicisteis”23, entonces, caer sobre la piedra es quebrantarse. Eso lo dice Isaías capítulo 8. Volvamos a Isaías 8, versículos 14 y 15, dice desde el 13: “A Yahveh Sabaot, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo. Entonces él será por santuario”, por eso dice que en la Nueva Jerusalén no había templo, porque el templo era el mismo Señor. “Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel (o sea, la de las diez tribus del norte, y la de las dos tribus del sur) por piedra para tropezar”. ¿No han tropezado los judíos en Cristo? Aquí dice: “por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red al morador de Jerusalén. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; y se enredarán y serán apresados”, o sea que los judíos tropezaron en esta piedra de tropiezo, y dice que el que cayere contra esa piedra, sería quebrantado. Si usted se pone contra Cristo, usted es quebrantando, pero ahí Cristo está tranquilo; Él no está haciendo nada, fue usted el que se puso a pelear, o el crítico fue el que se puso contra Cristo cuando Cristo no estaba haciendo nada; cuando Cristo está quieto, uno se quebranta; cuando Él se mueve, uno se desmenuza. Ahora vamos a ver la piedra que lo desmenuza a uno. Vamos a Daniel, pero primero veamos el comentario de Pablo a lo anterior y luego vemos Daniel. Romanos 9:33, allí dice Pablo, desde el 32: “¿Por qué? porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo, como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída”, por eso dijo el Señor: -Bienaventurado el que no halle tropiezo en Mí24-, el que no se escandalice con el Señor y con la disciplina del Señor, porque dice: “He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado”. Ahí Pablo empieza a comentar eso. Ahora sí, vamos a Daniel, capítulo 2, versículos 34 y 35; ahora vemos el otro aspecto, ya no vemos a la piedra pasiva, sino a la piedra activa. Primero, el atacante era el activo y la piedra quietita; venía el atacante y venía contra la piedra y se desmenuzaba el atacante, y la piedra, tranquila. Ahora no; ahora es la piedra la que viene. Daniel 2:34-35: “Estabas mirando”, le dice Daniel a Nabucodonosor, a quien se le mostró toda la historia del mundo en una estatua donde el reino de Babilonia era una cabeza de oro; el reino de los persas era unos brazos de plata; el reino de Grecia era un vientre y muslos de bronce; y el reino de Roma eran dos piernas de hierro; y los reinos finales es una mezcla de barro con hierro, entonces dice: “Estabas mirando”, y ahí iba la historia, “hasta que una piedra fue cortada”, esta piedra es el Señor, “no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano”, o sea, donde el viento se lleva la paja, “y se los llevó el viento sin que de ellos quedare rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra”, entonces es el Señor el que viene ahora a destruir las llamadas civilizaciones humanas para establecer el reino suyo. Por eso dice: “Todo el que cayere sobre aquella piedra será quebrantado”, eso es poco, “mas sobre quien ella cayere…” porque no era una piedra pequeña, “le desmenuzará. Por tanto os digo, que el reino de Dios…”, notemos que en Mateo 3:2 y en Mateo 4:17, del reino de los cielos, se anuncia que viene. En Mateo 3:2, es Juan el Bautista el que dice que el reino de los cielos se acerca, y, en Mateo 4:17, es el Señor Jesús el que comenzando su ministerio dice: -El reino de los cielos está cerca-; por tanto, nos damos cuenta de que el reino de los cielos es uno de los capítulos del reino de Dios. Israel participaba del reino de Dios porque el reino de Dios es de eternidad a eternidad, pero de todos los capítulos del reino de Dios, el capítulo de la historia de la iglesia y del milenio, es el que se llama “el reino de los cielos”; el que más habla del reino de los cielos, y el único que lo menciona así, de esa manera, en la Biblia, es Mateo, pero en el caso cuando estaba tratando con los labradores malvados, refiriéndose a Israel, ya no habló del reino de los cielos, sino del reino de Dios; noten con qué puntualidad Mateo puso las palabras “reino de Dios” y “reino de los cielos”; no las usa indiscriminadamente, sino que las usa apropiadamente; entonces dice aquí: “El reino de Dios”, o sea que Israel tenía parte en el reino de Dios; los sacerdotes, los escribas, los fariseos, con Israel, estaban en un capítulo del reino de Dios, todavía no el reino de los cielos; es de Dios. “El reino de Dios será quitado de vosotros”, no dice “el reino de los cielos”, porque el reino de los cielos apenas estaba siendo anunciado e introducido por Juan y el Señor Jesús. “El reino de Dios será quitado de vosotros”, se lo dice claramente a los sacerdotes, con los escribas, y los fariseos, “y será dado a gente”, aquí la palabra “gente”es en el griego la palabra “etnia” y se refiere a otra raza que ahora es la iglesia; ya no es Adán, sino el Cristo, “y será dado a gente que produzca los frutos de él”, o sea que cuando el Señor le dio a la iglesia el reino de Dios, o sea, el capítulo del reino de Dios que ahora se llama “el reino de los cielos”, es para que produzca; aquí hay otra vez esperanza. Podemos ser muy críticos de la iglesia, pero el Señor le dio el trabajo ahora a la iglesia para que la iglesia produzca lo que Israel no pudo producir en su época; después lo producirá otra vez. “Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Y procuraban los principales sacerdotes y los escribas, echarle mano en aquella hora. Procuraban prenderle porque entendían que decía contra ellos aquellas parábolas”, porque también les habló la de los dos hijos y la de los labradores malvados, y ahora comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola, o sea, la de los labradores malvados. “Pero al buscar cómo echarle mano, temieron al pueblo”, o sea, ellos, si hubiera sido por sí mismos, lo hubieran hecho ya, pero la mayoría no lo tenía como el Mesías, sino como profeta; Juan era un profeta, había hablado de Él, un profeta, un profeta de Dios; Él es la voz del pueblo ahora que está hablando contra las injusticias de esa clase, entonces, ¡claro!, ellos tenían miedo de hacer las cosas porque el pueblo, de pronto, se levantaba contra ellos. Dice: “temían a la multitud, al pueblo, porque éste le tenía por profeta, y dejándole se fueron”. Hemos hecho un comentario. Veamos este apéndice que estamos colocando, no al mismo nivel de los canónicos, porque el Señor en su providencia quiso que la Biblia fuera la que tenemos, pero también en su providencia quiso que se encontrara después este testimonio del apéndice de Tomás. Entonces voy a que lo comentemos y terminamos; Tomás 65 y 66. En el evangelio de Tomás, los dos dichos están separados, sin embargo, es muy interesante que están uno detrás del otro; en los canónicos están juntos como una narración de corrido, pero como Tomás lo que hace es coleccionar dichos, él simplemente colecciona dichos sin un hilo narrativo. Solamente: dijo, dijo, dijo; entonces, él puso en el 65 la parábola, y en el 66, las últimas palabras, pero las puso una detrás de otra mostrando que realmente esa era la tradición oral que él tenía. Entonces ahora leo de Tomás, vamos a ver qué puede añadir Tomás a esto: “El dijo”, o sea, Tomás diciendo que el Señor dijo, “un hombre honrado tenía una viña, la entregó a unos labradores para que la cultivaran y recibir su fruto de ellos, y envió a su siervo para que los labradores le diesen del fruto de la viña. Ellos tomaron al siervo, le golpearon y casi lo matan”. Hasta ahí es casi lo mismo, pero lo que añade Tomás, que no añade ninguno de los sinópticos es esta frase: “el siervo retornó y le dijo a su amo”, o sea, cuando Dios envía a alguien y esa persona hace lo que tiene que hacer y no es recibido, él ora y dice: -Señor, hice lo que dijiste, pero ellos no pusieron atención-, y aquí se ve la siguiente frase: “su amo dijo: quizá no lo reconocieron”, miren la buena voluntad del amo que se expresó también en la cruz de Cristo. -Padre: perdónales porque no saben lo que hacen25-, y, ciertamente muchos de ellos no sabían lo que hacían, pero muchos de ellos, los que dijeron: -éste es el heredero-, ellos sí sabían. Entonces dice aquí: “quizá no le reconocieron”, esa es la parte que añade Tomás. “Envió otros siervos, los labradores le golpearon igualmente. Entonces el amo envió a su hijo y dijo: quizá tendrán respeto a mi hijo. Aquellos labradores cuando supieron que él era el heredero de la viña, lo agarraron y lo mataron. Quien tenga oídos para oír, oiga”, que lo acostumbraba decir el Señor, no lo recuerdan los sinópticos, pero lo recuerda Tomás. Es plausible que él hubiera dicho eso porque el Señor solía decirlo. “Dijo Jesús: mostradme la piedra que desecharon los edificadores”, lo que no tenían en cuenta los otros, “esa es la cabeza del ángulo”, ¿qué es lo que no se tiene en cuenta? Al mismo Señor. A veces se pone atención a todo, se hacen actividades, mas no se ora, no se consulta al Señor; el Señor está fuera de la iglesia tocando la puerta, y la iglesia está sin el Señor adentro, no teniendo en cuenta al que es el único que puede edificar. La piedra que los edificadores desecharon, descuidar al propio Señor, es la que vino a ser la cabeza del ángulo. Vamos a dar gracias al Señor. Padre, en el nombre de Jesús, agradecemos que nos has dado la oportunidad de considerar esta, Tu palabra, es muy seria también para nosotros, porque si ciertamente Tu fuiste estricto con Israel, también lo serás con los gentiles, como lo dice tu siervo Pablo a los Romanos. Ten compasión de nosotros, Señor, perdona nuestros pecados, ayúdanos a devolverte a ti la iglesia, porque la iglesia no es nuestra, la iglesia te pertenece a Ti y Tú eres el único que edifica la iglesia. Concédenos hacer lugar para Ti entre nosotros y límpianos Señor, sé Tú en nosotros, en el nombre de Jesucristo. Amén y amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Hermana Marlene Alzamora Revisado por Johanna Alvarado de Salamanca, del comité de revisión, para revisión final del autor. 1 Gn 1:26 2 Gn 22:18 3 Cnt 2:15 4 He 1:1 5 I P 2:7 6 Jn 11:50 7 Jn 7:50 8 Jn 19:38, Mt 27:57, Mr 15:42, Lc 23:50 9 Hch 5:34-39 10 II Sm 12:1-4 11 II Sm 12:5-6 12 II Sm 12:7 13 Mr 7:26-27 14 Mr 7:28 15 Hch 1:7-8 16 Jn 10:16 17 Mt 10:5 18 Lc 20:18 19 Is 8:13-15, Is 28:16 20 Ro 9:32-33 21 Mt 10:40, Mr 9:37, Lc 10:16 22 Hch 9:4 23 Mt 25:40-41 24 Mt 11:6 25 Lc 23:34

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