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LA PRIORIDAD DEL ARCA

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:56, Categoría: General

La Prioridad del Arca. “El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana” (Nm.9:15). Esto que podemos leer en la Palabra es muy interesante, porque todos nosotros queremos la cobertura de la nube, pero por aquel entonces había que erigir el Tabernáculo llamado la Tienda del Testimonio. Miremos la relación del Tabernáculo levantado y el testimonio. Sobre el testimonio que es el Tabernáculo, el Señor hace descender su nube que es su presencia, y era continuamente de esta manera. Cuando Dios descendía (aunque él es omnipresente), no lo hacía en el sentido de su esencia, sino de su economía, la manifestación de sus atributos divinos, y nadie se atrevía a acercarse a él. Dios enseñaba la reverencia y el temor a él. De esta forma, Dios deseaba enseñarle a su Pueblo a estar cerca de él y conocerle sin caer muertos, porque estaban en presencia santa. El Señor no se quería quedar arriba en el monte; él quería descender, por eso le pidió a su pueblo que le hiciese una tienda, un Tabernáculo para él, donde moraría en medio de su pueblo. Aquella tienda era la figura de la verdadera casa del Señor, el cuerpo único de Cristo, la familia única del Señor que sería la Iglesia. “Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego. Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel. Al mandato de Jehová los hijos de Israel partían, y al mandato de Jehová acampaban…” (Nm.9:16,18). El Señor estaba entrenando a su pueblo para seguirle. Cuando se levantaba la nube, había que seguir detrás de ella, y no había que levantarse antes, como tampoco había que quedarse atrás, sino que había que aprender a seguirla, estando atentos al mover del Espíritu del Señor. “Y cuando la nube estaba sobre el tabernáculo pocos días, al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían. Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; mas cuando ella se alzaba, ellos partían. Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés” (Nm.9:20,23). Pues este es el entrenamiento de Dios en el seguimiento colectivo. El Señor nos hace pasar por distintas experiencias, a veces gratas, a veces desagradables, pero de todas maneras es el Señor que determina cuando comienza esa nueva jornada, y qué lección hay que aprender de ella; y cuando ya las cosas están en su punto se pasa a la siguiente. El Señor nos hace pasar por determinados periodos, y cuando hay que aprender o vivir una nueva experiencia la nube se levanta, y no hay que atrasarse ni adelantarse, sino debe haber un discernimiento en el espíritu, del mover de la nube, de la presencia del Señor, para no entristecernos por haber salido de su presencia sin que él lo haya indicado. Sobre este tema habría mucho más que decir, pero esto es sólo una parte introductoria. Debemos saber que eso que leímos en el capítulo 9 sintetiza una serie de muchas jornadas donde se aprendieron lecciones; sin embargo, había algo que permanecía siempre en todas estas jornadas, y es que había en ellas una disposición dada por Dios. Dice en 1ª de Corintios que estas cosas les acontecieron y están escritas para amonestarnos a nosotros, y que son un ejemplo, por lo que no estamos solamente leyendo historias del pasado, sino que con estas palabras, Dios nos quiere enseñar hoy a nosotros. Antes era una historia exterior, hoy es una historia interior espiritual. Hoy el pueblo del Señor es la Iglesia. Retrocediendo unos capítulos en Números, podemos apreciar algunas instrucciones de Dios para cada una de las jornadas, porque el avance debe ser constante en el pueblo del Señor, porque él quiere que avancemos, como dice la Escritura: “…la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento…” (Pr.4:18). Y hoy esto nos muestra que la Iglesia debe ir de gloria en gloria, de triunfo en triunfo, y de jornada en jornada, para que cada nueva etapa sea exitosa, y para que no haya muerte. Ahora continuemos viendo aquellas instrucciones de Dios a su pueblo: “Cuando haya de mudarse el campamento, vendrán Aarón y sus hijos y desarmarán el velo de la tienda, y cubrirán con él el arca del testimonio; y pondrán sobre ella la cubierta de pieles de tejones, y extenderán encima un paño todo de azul, y le pondrán sus varas. Sobre la mesa de la proposición extenderán un paño azul, y pondrán sobre ella las escudillas, las cucharas, las copas y los tazones para libar; y el pan continuo estará sobre ella. Y extenderán sobre ella un paño carmesí, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones; y le pondrán sus varas. Tomarán un paño azul y cubrirán el candelero del alumbrado, sus lamparillas, sus despabiladeras, sus platillos, y todos sus utensilios del aceite con que se sirve; y lo pondrán con todos sus utensilios en una cubierta de pieles de tejones, y lo colocarán sobre unas parihuelas. Sobre el altar de oro extenderán un paño azul, y lo cubrirán con la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán sus varas. Y tomarán todos los utensilios del servicio de que hacen uso en el santuario, y los pondrán en un paño azul, y los cubrirán con una cubierta de pieles de tejones, y los colocarán sobre unas parihuelas. Quitarán la ceniza del altar, y extenderán sobre él un paño de púrpura; y pondrán sobre él todos sus instrumentos de que se sirve: las paletas, los garfios, los braseros y los tazones, todos los utensilios del altar; y extenderán sobre él la cubierta de pieles de tejones, y le pondrán además las varas. Y cuando acaben Aarón y sus hijos de cubrir el santuario y todos los utensilios del santuario, cuando haya de mudarse el campamento, vendrán después de ello los hijos de Coat para llevarlos; pero no tocarán cosa santa, no sea que mueran. Estas serán las cargas de los hijos de Coat en el tabernáculo de reunión” (Nm.4:5,15). El Señor tenía que enseñar a su pueblo el orden de Dios y su delicadeza, para que su pueblo conociera al Señor y aprendiera a caminar personal y colectivamente conforme a su voluntad. Es necesario comprender que todo aquello de la nube levantándose y bajando, es para mostrarnos a no andar conforme a nosotros mismos, a no andar conforme a la costumbre, conforme a la inercia; sino que andar conforme a él mismo y tener un contacto directo con él, con la nube y que sea su presencia la que nos guíe, la que nos hace levantar o detener, la que nos hace hablar o callar, la que nos da tiempos de fiestas, o a veces tiempos de pruebas. En la Palabra que acabamos de ver, podemos apreciar que aparecen dos veces, al principio y al final del último pasaje la frase: “Cuando haya de mudarse el campamento”, porque llega un punto en que el Señor quiere enseñarnos algo para avanzar, no sea que nos pase lo que se dice en el libro de Oseas: “Efraín se ha mezclado con los demás pueblos; Efraín fue torta no volteada” (Os.7:8). ¿Qué pasa si la torta se cocina mucho tiempo? Va a quedar por un lado negra, carbonizada y al otro lado va a estar cruda. Así nos pasa si no atendemos la dirección del Espíritu, nos quedamos carbonizados en una cosa porque permanecemos más de la cuenta en lo mismo siguiendo costumbres. Cada pueblo del Señor era una torta, así como también la Iglesia es un pan. En ese entonces, una torta era Rubén, otra Simeón, otra Leví, etc. Cada tribu era una torta, era un pan de la proposición, o sea de la propuesta. Dios tiene una propuesta que es la vida de Cristo en la Iglesia, la vida de la Iglesia en Cristo; por lo tanto, Israel era una figura, pero ahora en el Nuevo Testamento, el pan es el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Dios nos está amasando para que juntos seamos una propuesta de vida; la vida de la Iglesia en Cristo. La obra de Jehová tiene que ser con seriedad, no con indolencia. Eso fue lo que hizo Saúl, porque él debía haber aplicado el juicio de Dios, y no representó al Señor con su actitud. Al Señor hay que representarlo con equilibrio, representar su misericordia y su santidad, así como dice la Palabra: “Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová, y maldito el que detuviere de la sangre su espada” (Jer.48:10). O como dice Pablo: “Mira, pues la bondad y la severidad de Dios…” (Ro.11:22). Necesitamos aprender el equilibrio del Señor, y para que el pueblo aprenda, él nos dice: “Quieto estuvo Moab desde su juventud, y su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija…” (Jer.48:11). “…Ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.” (…) “… Y vaciarán sus vasijas, y romperán sus odres. Y se avergonzará Moab de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Bet-el, su confianza” (Jer.48:11-13). O sea, esto nos muestra cómo el Señor nos pasa de una experiencia a otra, porque nos ama y nos quiere maduros. Continuando con Números capítulo 4, notemos cuál es la prioridad al trasladar el campamento. ¿Cuál es el primer cuidado? El Arca es el primer cuidado, porque es la que va a presidir, porque el crecimiento tiene que ver con ella. El Señor Jesucristo dijo una frase que tiene que ver con esto cuando preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el hijo del hombre? (Mt.16:13). Y había muchas opiniones acerca de Jesús, pero luego le preguntó a los suyos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y Pedro movido por el Espíritu Santo, se levanta y dice: “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente” (Mt.16:15-16). Jesús le responde “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt.16:17). Así como Pedro, nosotros somos bienaventurados porque Dios nos reveló esto. Debemos conocer cada vez mejor a Cristo, con mayor luz, con mayor equilibrio, y crecer en el conocimiento espiritual de Cristo, porque el Señor edifica la Iglesia mediante la revelación de Jesucristo. Cualquier avance legítimo y verdadero en la jornada del pueblo de Dios, tiene que ver primeramente con Cristo. El Arca de la que se nos habla es muy significativa porque ella nos habla de Cristo. Él es quien edifica la Iglesia. El primer cuidado que hay que tener para avanzar, es volvernos inmediatamente a Cristo, es crecer en el conocimiento de él. Entonces, esa Arca es llamada el Arca del Testimonio; Cristo es el testigo fiel y verdadero, Cristo es el testimonio de Dios. El Arca era hecha de dos materiales: Oro y madera de Acacia. El oro y la madera, hablan de su divinidad y su humanidad, respectivamente. El oro estaba por dentro y por fuera del Arca. El oro por dentro, se refiere a la identidad de la persona divina de Cristo como Verbo de Dios, y con Dios antes de la fundación del mundo. Ésta es su primera identidad que es eterna y aunque él se encarnó en hombre, y se humilló, y se despojó de su gloria, seguía siendo la misma persona divina, porque él no dejó de ser quien era. Jesús era la personalidad divina del Verbo hecho hombre, y ahora tenía también la naturaleza humana, representando así a la madera de acacia. Él fue un hombre verdadero, con espíritu humano, con alma humana, con cuerpo humano, sometido a las pruebas humanas, pero creció en estatura, en sabiduría, en gracia y obediencia. Por lo tanto, aquí tenemos los dos materiales, las dos naturalezas de la persona del Hijo: Hijo de Dios e Hijo del hombre; la naturaleza divina y humana de la misma persona. Pero podemos preguntarnos: ¿Por qué tiene oro por fuera también? Porque Jesús dijo: “… Padre, glorifícame tu al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn.17:5). Es decir, que ahora el Padre ascendió al Señor Jesús a su diestra, y lo glorificó recuperando la gloria que antes tenía, pero como también posee la naturaleza humana, la gloria de él apareció en su cuerpo, en su ser íntegramente humano. Ahora hay un hombre en la gloria, y el oro no está solamente por dentro, sino que también por fuera, porque él ya está glorificado en la divinidad y humanidad. El Arca es una caja con medias medidas; es decir, todas las medidas son las mitades, porque al ser un Arca de la Alianza, no puede ser uno solo, sino representa dos mitades de un todo. Ahora el Arca tiene que “aliarse” con alguien, para unirse, para casarse, como un abrazo entre el cielo y la tierra. Dios quiere casarse con su creación, con su Iglesia, con la humanidad, por lo tanto, él es una mitad y nosotros somos la otra, como el varón y la mujer. Encima de esas medias medidas de la caja del Arca, que nos habla de Cristo, en quien se une Dios y el hombre, está el propiciatorio. El propiciatorio nos habla de la esencia del evangelio, nos habla de la muerte de Cristo. Pero no sólo nos habla de la muerte, por el hecho de ser el lugar donde se colocaba la sangre, sino que también nos habla de resurrección y ascención. El Sumo sacerdote entraba y ponía la sangre en el propiciatorio; pero ¿por qué el sacerdote tenía que introducir esa sangre dentro del Lugar Santísimo y colocarla en el propiciatorio? La sangre no se quedaba afuera en el atrio en el Altar de Bronce del atrio, donde se sacrificaban los corderos, sino que el sumo sacerdote tenía que introducirla en el Lugar Santísimo. A Moisés se le dijo que hiciera eso, conforme al modelo que se le fue mostrado en el monte, pero Juan vio las cosas reales. En Apocalipsis se ve que Juan vio el Arca, y el Arca se veía en el templo. En Apocalipsis tenemos la realidad y con Moisés tenemos la figura; entonces, era necesario ver el propiciatorio junto con el Arca, porque el propiciatorio es la tapa del Arca. Existe una jerarquía y orden en los asuntos. Hay cosas que están en el Lugar Santísimo, cosas que están en el Lugar Santo, otras en el Atrio, cosas que están afuera, cosas que están adentro. Pero ¿cuál es el lugar más importante del Tabernáculo? El Lugar Santísimo. ¿Y qué es lo que el Señor puso en el Lugar Santísimo, en el lugar central de todo? El Arca. Ahora, al mudar el campamento, al tener que avanzar, ¿cuál es el primer cuidado? El Arca; y el Arca tienen sus materiales, que hablan de la persona y obra del Señor Jesús. Hay que conocer al Señor, en su relación trinitaria con el Padre y el Espíritu Santo. Conocerlo en su humanidad, como Dios y como hombre. La persona y obra de Cristo, es lo que está entronizado en el Arca, con el propiciatorio, y eso es lo que hay en el Lugar Santísimo. Eso es lo primero. He ahí está el Arca que es Cristo, y sólo debajo de esa palabra está la eternidad, su lugar en la Trinidad, su despojamiento, su encarnación, su persona divina y humana. Cristo caminó sobre las aguas, echó fuera demonios, multiplicó los panes, etc., pero si no hubiera muerto no seríamos salvos. He aquí está el Propiciatorio, la persona divina y humana que murió. Cuando hablamos del propiciatorio, hablamos de la obra completa de Jesús, tanto de su muerte, como de su resurrección; como ofrenda y como sacerdote, porque resucitó y ascendió. La Sangre y el Espíritu son cosas centrales. La Iglesia tiene que apegarse a este fundamento, en la persona divina y humana de Cristo, en su obra, en la cual primero murió conforme a las Escrituras por nuestros pecados y fue sepultado y resucitó al tercer día. Por ahí comienza el evangelio y comienza el fundamento. Esta es la prioridad. Eso es lo mayor, eso es lo primero que asegura el avance legítimo de la Iglesia y la formación de Cristo en nosotros. En Hechos se decía de la Iglesia primitiva que perseveraban en cuatro cosas: “…en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y las oraciones” (Hch.2:42). El Arca también tenía pieles de tejones por dentro y el paño azul por fuera. El azul nos habla de la divinidad, de lo celestial. El carmesí nos habla de la sangre, de la redención; pero el Arca tenía el azul por fuera, es como cuando tenía el oro por dentro, después la madera y luego nuevamente el oro, porque fue glorificado. El Arca tenía las pieles de tejones, que nos habla de la humanidad, y por fuera el paño azul que nos habla de la glorificación del Hijo de Dios, que servía para que supieran que esa era el Arca, el primogénito. Llegamos al Lugar Santo; frente a frente, al norte: la mesa de los panes, y al sur: el candelero, que nos habla de la Iglesia. Pero no puede haber Iglesia sin cabeza, que en este caso es representada por el Arca. Después viene la comunión unos con otros y el partimiento del pan, que es lo que está representado por la mesa de los panes y el candelero, uno frente al otro equivalente, y después las oraciones representadas por el altar de oro del incienso. Primero es el Arca, incluso antes de la iglesia, pues primero es Cristo. Por lo tanto, si hay que mover el campamento, primero el Arca. La doctrina de los apóstoles es acerca de Jesucristo. Pablo dijo: “…no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor…” (2Co.4:5). Y ahora, después de eso, el Lugar Santo; es decir, nosotros como vuestros siervos, por amor de Jesús, y eso viene detrás.

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