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28 de Marzo, 2012

PARÉNTESIS DE RECONSIDERACIONES DE LA OBRA Y LA IGLESIA

Por Gino Iafrancesco V. - 28 de Marzo, 2012, 21:41, Categoría: General

PARENTESIS DE RECONSIDERACIONES DE LA OBRA Y LA IGLESIA. Localidad de Teusaquillo. (10 de septiembre de 2010). Gino Iafrancesco V.. Vamos a hacer un paréntesis necesario por causa de la coyuntura espiritual, pero también tengo aquí un documento que después quiero pasar a los hermanos. En el día de hoy es necesario hacer un pequeño paréntesis de mi parte. Hemos estado siguiendo una serie sobre “El motivo de la casa de Dios” en la Biblia, y llevamos unos capítulos iniciales; creo que 3; y estaba procurando atender en el espíritu si debía dar continuidad al capítulo 4; pero también hay unas cosas que necesitaba decir a los hermanos; y entonces, atendiendo cual de las dos cargas pesaba más, sentí que era necesario hacer el paréntesis, por causa de los tiempos; y después, si Dios lo permite, continuar con la serie; no sé si es posible hoy; depende del tiempo que nos tome; sin embargo, no quisiera ir muy rápido; quisiera que expliquemos las cosas lentamente por la Palabra. Los que me puedan seguir en su Biblia, les ruego que la sigan. Quisiera que miráramos un pasaje bien conocido de algunos hermanos, que está en Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 13, desde el versículo 1: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre…” Colocamos los puntos suspensivos allí. Algo muy relacionado con lo que acabamos de leer aquí se encuentra en Romanos capítulo 1; si los hermanos quieren acompañarme a Romanos 1 inicialmente: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios”; esa palabra que dice aquí: “apartado para el evangelio de Dios”, tiene que ver con lo que acabamos de leer en Hechos 13, cuando el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Un tercer verso semejante está en Gálatas capítulo 1, versos 1 y 2: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia)”. Volvamos allí al capítulo 13 de Hechos donde iniciamos, y quería llamarles la atención primeramente a la distinción que existe entre la iglesia en cada localidad y la obra regional del Señor. En el capítulo 13 leíamos de lo que escribe Lucas inspirado por el Espíritu Santo, que “había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía…”; entonces la Palabra nos habla de la iglesia en Antioquía; o sea, es la iglesia de la jurisdicción local; y en la Biblia se habla también de la iglesia en Jerusalén, de la iglesia en Éfeso, de la iglesia en Pérgamo, en Esmirna, en Sardis, en Tiatira, en Filadelfia, en Laodicea, y también Cencrea, en Tesalónica, en Filipos, en Colosas; o sea que una ciudad dentro de su aspecto normal es la jurisdicción de una iglesia; nunca aparece en la Biblia, en ningún versículo, que en una localidad, municipio, ciudad, o aldea, haya más de una iglesia; es solamente un candelero; eso cuando se refiere a ciudad, municipio, pueblo, o aldea dentro de su normalidad. Ya en los casos metropolitanos, o sea que van más allá de una localidad, como es el caso, por ejemplo, del Distrito Capítal, es diferente; el Distrito Capital está formado por varios municipios que anteriormente estaban alejados, y cada uno de ellos, incluso hasta hoy, tienen su propio alcalde local, su propia junta de ediles; y luego, por ir creciendo los unos y los otros, se fueron juntando, y fueron creciendo, y llegaron a conformar un distrito, que es un caso más allá de una localidad. En Colombia un distrito es cuando dos o más municipios se juntan y conforman un área metropolitana mayor a la jurisdicción de una localidad, o un municipio, o un pueblo, o una aldea. En Colombia, ese caso se da en muchas partes; hay varios distritos en Colombia; está el distrito de Cartagena, el de Santa Marta, el de Barranquilla; por ejemplo, el de Barranquilla incorpora Soledad, Malambo, Puerto Colombia, etc. Y así, en otros lugares. En el caso de Bogotá, de entre todos los distritos de Colombia, Bogotá es el capital; por eso se habla de Bogotá D.C., Distrito Capital; pero ahí adentro está el municipio de Usaquén, que viene desde antes de los españoles; está el municipio de Suba, que viene desde antes de los españoles, incluso con el mismo nombre. No sé si ustedes saben que el cacique Suba, con el nombre Suba, de donde viene el nombre del municipio o localidad, fue el primero que recibió al Dios Todopoderoso entre los muiscas, por la evangelización de Domingo de las Casas, que vino con Gonzalo Jiménez de Quesada; el primero que creyó en el Dios verdadero que traían los católicos hasta su medida, hasta donde ellos entendían, fue el cacique de Suba. Entonces esos municipios, cuando yo era niño, estaban distantes. Yo me acuerdo que cuando iba a ir para Suba era un viaje largo. Hoy en día ya se unió con esta metrópolis de 7 millones de habitantes, que creo que estoy atrasado en los datos. Entonces en el caso del Distrito, como en la Biblia no existen iglesias distritales, ni existen iglesias provinciales, ni iglesias departamentales, ni nacionales, sino locales, por eso Suba es la jurisdicción suficiente de una iglesia local, de un candelero así como este de Antioquía. En el caso, por ejemplo, de Corinto, estaba pegado con su puerto que se llamaba Cencrea; estaban formando un área metropolitana; sólo que Corinto estaba un poco más adentro, y Cencrea más afuera; Efeso más adentro, y Mileto más afuera, en el puerto; como decir Barranquilla y Puerto Colombia, que hoy son un distrito; y así la Biblia habla de la iglesia en Corinto y de la iglesia en Cencrea, y las iglesias de Acaya. Entonces, cuando la Biblia habla en singular, quiere decir que no debe haber división de la iglesia en esa localidad, porque es en singular; la iglesia en la localidad es una sola, es un candelero con varios brazos; puede reunirse en muchos lugares, pero todos esos brazos forman un solo candelero, una sola pieza, y tiene un solo gobierno y una sola supervisión; no digo una sola persona, sino un gobierno que tiene los límites de la localidad. Cuando Pablo dejó a Tito en Creta, vamos mejor a leerlo allí en la epístola a Tito. La isla de Creta es toda una isla que se llamaba Caftor; entonces, dice Pablo allí en el capítulo 1, cuando viene hablando en el verso 5 y dice: “Por esta causa te dejé en Creta…”; ¿por qué dice: te dejé? Porque cuando Dios dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo, Dios mencionó esos nombres propios; y luego Pablo dice que “llevó consigo a Tito”, y: “te dejé”; no se quedó, sino que fue dejado; él se hubiera podido quedar para hacer lo propio de él; es una persona libre, y puede hacer lo que quiere con su vida; pero como estaba participando con Pablo en la obra, entonces estaba participando de lo que le fue encomendado a Pablo; entonces Pablo lo dejó en Creta; dice: “te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente…”; esa es una, no es la única, ni la primera, es una de las funciones de los obreros; “…y establecieses ancianos en cada ciudad”; o sea que la jurisdicción de los ancianos es la misma que la de la iglesia; si la de la iglesia es la iglesia en Antioquía, los ancianos son los ancianos en Antioquía; si la iglesia es la iglesia en Éfeso, dice que él llamó a Mileto a los ancianos de la iglesia de Éfeso; los ancianos de la iglesia en Éfeso tenían a Éfeso como su jurisdicción; los ancianos de cada una de las iglesias de la isla de Creta, tenían su propia ciudad como la jurisdicción de su servicio al Señor. ¿Qué quiere decir: “Obispo”, que es lo mismo que “Anciano”? Como lo ven acá, dice: “establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque…”, note esa palabra de continuidad de contexto: “Porque es necesario que el obispo…”, y ahora cambia la palabra “anciano” por “obispo”, mostrando que son las mismas personas, pero con nombres distintos, así como si fuesen sinónimos, banco, silla, asiento; es una misma cosa; entonces “anciano” se refiere a los hermanos más antiguos y más maduros que son reconocidos por el Espíritu Santo; y la palabra “obispo”, que viene del griego “epíscopo”, significa supervisores, sobreveedores o superintendentes; o sea, hermanos que están mirando, que están cuidando. Si ustedes quieren ver conmigo allí en la 1ª epístola a Timoteo, capítulo 5, dicen los versos 17 hasta el 20 lo siguiente: “Los ancianos que gobiernan bien…”; ahí nos vamos dando cuenta de que el círculo se va haciendo cada vez más pequeño; “los ancianos” se refiere a los ancianos de cada ciudad. Donde era la jurisdicción de la obra regional de Pablo con Timoteo, allí le está escribiendo a Timoteo, y le está dando unas instrucciones a Timoteo, así como se las dio a Tito, y le dice a Timoteo: “los ancianos que gobiernan bien…”; es decir, los ancianos son un grupo; unos gobiernan bien, otros más o menos, y otros quizá mal; no vamos a hablar de estos; pero cuando dice “los ancianos”, es un círculo que abarca a todos los que fueron nombrados ancianos desde un principio; pero con el tiempo se vio que algunos gobernaban bien; entonces el círculo se redujo de entre “los ancianos” a “los ancianos que gobiernan bien”; después incluso se reduce más, y dice así: “los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente…”. Cuando dice “mayormente”, se ve que dentro de “los ancianos que gobiernan bien”, algunos se dedican, como aquí dice: “mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.” Ahora es un círculo todavía más pequeño. Está el círculo en cada ciudad a donde llegó el Espíritu Santo a levantar ancianos; entonces en esa ciudad el círculo de los ancianos es más grande; pero entre los ancianos, los que gobiernan bien son menos; y dentro de los que gobiernan bien, los que se dedican a predicar y enseñar sean tenidos por dignos de doble honor; unos tienen honor, y otros doble honor. Aquí nos damos cuenta también de otro verbo que se relaciona con la palabra “anciano”. Vemos que “anciano” y “obispo” están relacionados; lo vimos en Tito; y los que lo quieran ver, aunque yo sé que para algunos esto es “pan comido”, pero hay algunos nuevos; por eso me disculpan que quise ir despacio. Vamos allí a Hechos de los Apóstoles, al capítulo 20; notemos lo que dice en el verso 17: “Enviando, pues, desde Mileto”, el puerto, como decir, tal como era Cencrea para Corinto era Mileto para Éfeso: “…desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia”. Fíjense en que la iglesia en Éfeso es una sola, como aparece en Apocalipsis, la iglesia en Éfeso, un candelero, pero los ancianos eran ancianos en plural; los que con el tiempo el Señor fue llamando, y poniéndoles la carga, y dándoles la gracia; empiezan a aparecer unos primero, y después el Señor va incorporando más; en la medida en que la iglesia va creciendo y los santos van madurando, el grupo de los ancianos va aumentando; eso es lo ideal. Pero no aumentan por causa de una obra exterior del hombre, sino que aumentan por la unción del Espíritu; nunca es un puesto, nunca es un título, sino que es un funcionamiento por la gracia de Dios. Dice Pablo: “yo fui hecho ministro por la gracia de Dios, por la operación del poder”; nunca es si a alguien se le da un título; no es solo el título, no es solo un puesto, o solo un cargo; es una función que da el Espíritu, que es evidente a la conciencia de los hermanos, principalmente de los más maduros, y especialmente de los apóstoles, que no nombran a los que ellos quieren, ni cuando ellos quieren, sino que reconocen lo que el Espíritu Santo ha hecho cuando el Espíritu los llama a esto. Entonces aquí vemos que le está hablando a los ancianos de la iglesia, iglesia en singular, es una sola en Éfeso; pero los ancianos llegaron a ser varios con el tiempo; hubo un tiempo en que no los hubo, hasta que hubo un tiempo en que comenzó a haber; eso es en la medida en que haya maduración y se evidencien las funciones. Pero luego, hablándoles a ellos todo este discurso, llegamos al verso 28 del mismo capítulo 20 de Hechos: “Por tanto, mirad por vosotros…”; ¿quiénes son estos vosotros? Los ancianos de la iglesia en Éfeso; “…y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo…”, no fueron los apóstoles por sí mismos; ellos simplemente reconocieron lo que hizo el Espíritu Santo; pero fue el Espíritu Santo el que “…os ha puesto por obispos, para apacentar…”; apacentar es un verbo que puede tener sus antónimos; enfaticemos el sentido: “…apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé…”, y Pablo lo sabía, porque, primero, no era la primera vez que él estaba trabajando como en Éfeso; y segundo, porque el Espíritu Santo estaba con él y le anticipaba las cosas que le venían; “yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces”; no vamos a hablar de esto solamente, a mostrar que “de vosotros mismos” se levanten algunos para extraviar; es posible que aún entre los mismos ancianos se levanten personas que desvíen a los hermanos; y lo dice Pablo, que había reconocido a los ancianos; a veces suceden esas cosas; pero no estamos hablando ni poniendo los ojos en la parte triste, sino, digamos, en la parte normal; no estamos acusando a nadie. Entonces vemos que aquí le llamó a los ancianos: “obispos”. El Espíritu Santo os ha puesto por obispos; entonces vemos que los ancianos y los obispos son los mismos; y ¿qué significa “obispo”? epíscopo, de scopo: ver, como en microscopio, que es para ver lo micro, lo pequeño; o telescopio, que es para ver un objetivo lejano; de telos: objetivo; telescopio; epíscopo quiere decir que está en la posición para supervisar, para ver, para estar mirando un poquito de lejos, para ver como se están moviendo las cosas espirituales, lo que está haciendo el Señor, como están madurando los hermanos, quienes están bien, quienes están un poquito quedados; todo eso lo tienen que supervisar los obispos, que eso es lo que significa el nombre; no es solo un título, es una función; y ahora veíamos en Timoteo: “los ancianos que gobiernan bien”; algunos gobiernan, y a veces les sale bien, y a veces les sale mal; a mi me sale muy mal; pero bueno, no estamos hablando de mi, estamos hablando de la función de los ancianos, supervisar y gobernar; o sea, representar la dirección del Espíritu, eso es gobernar; gobernar no es mandar, no es enseñorearse; gobernar es representar la dirección del Espíritu, como para ver qué es lo que la Palabra y el Espíritu nos muestran, cuáles son los principios del gobierno de Dios en la Biblia, y supervisar, como les decía, mirando desde arriba para ver que las cosas estén funcionando. Entonces lo normal es que, en cada localidad, el Señor, con el tiempo, va levantando y poniendo a estas personas. Vamos a ver esto en Tesalonicenses; si quieren ir conmigo a 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 5; aquí todavía no eran ancianos en el sentido reconocido, pero eran personas serias, maduras, que empezaban a amar al Señor, la verdad, que pasaban las pruebas, y que querían poner el hombro para servirle al Señor, porque el que anhela obispado, buena obra desea; no es una mala obra; entonces dice en el capítulo 5 verso 12: “Os rogamos…”; y me gusta ese espíritu tan caballeroso de Pablo, que así es el Espíritu de Dios; “…hermanos, que reconozcáis…”, porque a veces no es fácil que suceda, “…a los que trabajan…”; no dice “a los que se llaman”; sino que llama la atención a la función de la persona. Cuando convivimos juntos, ya nos vamos conociendo, vamos viendo el perfil que tiene cada uno, la carga que tiene, las responsabilidades que asume por amor al Señor, por amor a los hermanos, enfrentando inclusive las cosas difíciles, pero están ahí; entonces dice: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan”; son tres verbos que vamos a decir que son como: el primero, es alerta amarilla; el segundo es alerta naranja, y el tercero es alerta roja; “trabajan” es alerta amarilla; “presiden” es un poco más difícil de aguantar para las personas; “el que preside”; de ahí viene la palabra “presidente”, el que preside; es un poco difícil; sin embargo hay la función de presidir, y también es el don del que preside; porque no se puede presidir sin don de Dios; y aún con el don erramos como seres humanos; cuanto más si nos ponemos a hacer las cosas solitos; presidir es como la alerta naranja; y la alerta roja es: “y os amonestan”; “reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor; y os amonestan”. O sea, ahí se van perfilando los que el Espíritu Santo está haciendo madurar, y está capacitándolos de a poco para asumir la carga de supervisar, de cuidar y de gobernar; es normal que haya gobierno y supervisión en la iglesia; pero se puede hacer bien, o simplemente hacerse, ven? Pero si se hace bien, se reconoce mejor. Entonces eso es lo normal durante un proceso que vaya sucediendo en una ciudad; y por eso cada localidad debe orar para que el Señor levante entre ellos varones y ancianos; a veces se ora que no lleguen; estamos tan cómodos que sería mejor que no hayan; no lo decimos, pero es nuestra actitud; y el Señor nos conoce. Pero queremos que el testimonio del Señor sea levantado, y que estas cosas, este fluir de la vida, comience a aparecer; no por una manipulación externa de nosotros, sino por una función otorgada por el Espíritu. Vemos que existe la iglesia en cada localidad; y existe un período donde están ellos sin ancianos, ayudados por los apóstoles, los obreros, los colaboradores. Entre los obreros, hay apóstoles encargados específicamente, encargados por el Señor, de la obra; y hay los que les colaboran, les ayudan; por eso la Biblia habla de los colaboradores, de los ayudantes, y habla también de los apóstoles. Mientras no haya ancianos, estos hermanos pueden ayudarles, si ellos quieren, si los hermanos quieren, porque no se trata de forzar a nadie. Si en Nazareth el Señor no era nadie para ellos, Él no hacía milagros entre ellos; porque Él había sí sido enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a dar vista a los ciegos; sólo que en Nazareth la actitud que había para con Jesús era la de: ¿Quién es éste? ¿Acaso no es el hijo del carpintero? Siempre tratando de rebajarlo; y cuando lo rebajaban ellos mismos, los motivos sólo Dios lo sabe, se estaban privando de lo que Dios les estaba queriendo regalar a través del Señor. Hay una jurisdicción local de la iglesia, que es la misma de los que van a ser y llegan después a ser los ancianos; empiezan a funcionar, y luego son reconocidos; ¿Por quién? Por los apóstoles que Dios envió para iniciar desde el principio esa obra. Hay otros apóstoles en muchas partes; unos trabajan en una jurisdicción; otros en otra; cada uno de los que han sido enviados por el Señor, lo han sido directamente; y por lo tanto dice Pablo: no de hombre, ni por hombre; y por lo tanto, cada cual debe responder al Señor mismo por aquello que se le encomendó; y luego, cuando sea, de tanto en tanto, no hay un concilio cada semana, pero entonces, bueno, si surgió una situación específica, se reúnen los apóstoles a tratar en privado las cosas, para que los más nuevos no mueran; y por eso a veces hay que guardar distancia, para que no mueran, solamente para eso. Además de la iglesia con sus ancianos, también hay diáconos; eso ustedes ya lo saben; pero como los nuevos lo necesitan ver, vamos a Filipenses 1:1 y miremos lo que es una iglesia local ya madura; ha pasado un tiempo, han crecido, y ellos han trabajado, han madurado, y el Señor les ha dado fruto; entonces dice Filipenses 1:1: “Pablo”, ahí está, apóstol que fue llamado directamente, enviado, “y Timoteo”, que también es llamado apóstol, pero es colaborador en relación con Pablo, porque Timoteo fue introducido por Pablo en la obra; en la obra le llamó apóstol, pero siempre se pone “Pablo y Timoteo”, nunca “Timoteo y Pablo”; no es por orgullo, no es por hacerse el grande, sino porque fue a Pablo a quien el Señor encomendó la obra, y fue Pablo el que reconoció a Timoteo; “siervos de Jesucristo, a todos…”; entonces esa es la normalidad: “todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos”, los santos todos, no los que entienden bien, sino los santos, entiendan o no entiendan; si es un hermano, pertenece a la iglesia de la localidad, aunque no la entienda; los que la entienden, los incluyen; y dice: “con los obispos y diáconos”; entonces eso es lo normal que hay en una iglesia; los obispos y diáconos; entonces Pablo apóstol, le dice a su cooperador Timoteo, apóstol con Pablo, y le da instrucciones de como manejar el asunto de los ancianos; y eso está en 1ª a Timoteo, capítulo 3, donde habla de los requisitos para los ancianos; y vamos a verlos allí. Vamos a 1ª a Timoteo capítulo 3 que dice: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”. Y luego le dice Pablo, adulto, a Timoteo que es un joven, pero un joven especial, en el versículo 8: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas, que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también…”, y cuando dice: “también”, eso es explicando lo que venía hablando de los ancianos, y ahora viene y se lo aplica a los diáconos; o sea que la palabra “también” implica que esto es igual para los ancianos, que ahí está implícito; pero este “también” lo hace explícito: “sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, sí son irreprensibles. Las mujeres (porque también hay diaconisas en la iglesia, y también esposas de diáconos que cooperan con ellos) asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien…”, así como habló de los que gobiernan bien; a veces no se hace bien, pero bueno, gracias a Dios, “…los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso y mucha confianza en la fe que es Cristo Jesús”. Entonces eso que dice en Filipenses, la iglesia, son todos los santos de Cristo que están en ese municipio, en esa aldea, en esa localidad, en esa ciudad; esos son los que pertenecen a la iglesia; y Dios va manifestando Su gobierno, la dirección de Su Espíritu en aquellos que trabajan por comisión de Dios, por capacitación de Dios, y que también presiden, y que también amonestan; a los cuales nos pide que los reconozcamos; así se van formando los ancianos y también los diáconos; sólo que no se empieza a ser anciano de un día para otro, ni diácono, sino como dice: sean sometidos a prueba primero; y si lo obtienen, ganan un grado honroso; entonces esa es la normalidad del Espíritu establecida de lo que es una iglesia. Podemos decir, volviendo a Hechos 13: “Había en la iglesia que estaba en Antioquía…”, y ahí menciona hermanos que tenían esos dones, incluso ministerios de enseñar y profetizar, “profetas y maestros”, y menciona cinco; esa es una iglesia normal; posiblemente esos hermanos que tenían estos dones y ministerios eran también los ancianos. De los ancianos, algunos gobiernan bien; y dentro de los que gobiernan bien, algunos tienen ese ministerio de la enseñanza y del kerigma profético, de la profecía; entonces son menos; no todos los ancianos enseñan y profetizan, pero son hermanos antiguos que han sido probados, que han sido rectos, que han puesto el hombro sin el menor interés, y cuyo fruto es conocido por aquellos que los conocen desde el principio; esos también son ancianos, y también gobiernan, y hay una diferencia entre gobierno y don. El don, como lo enseñaba nuestro hermano Arcadio el domingo, es irrevocable, el llamamiento es irrevocable; si el Señor le da a algún hermano el don de la enseñanza, que aparece allí en el Nuevo Testamento, cuando viene hablando de los dones, y dice: el que preside, el que enseña, el que exhorta, etc., ese es un don que Dios da; hay otros dones además de esos; y esos dones el Señor los da conociendo nuestras debilidades y faltas desde antes de la fundación del mundo, y no los quita, y el lugar para ejercitarlos es en medio de la iglesia; entonces cualquier hermano que tenga un don, y que sus pecados hayan sido perdonados, y esté reconciliado con el Señor, ese don donde va a ser ejercido, ¿dónde sino en medio de la iglesia? Ahora, gobierno es diferente de don, porque gobierno requiere unos requisitos más serios, que son los que acabamos de leer. Para gobernar se requiere más que don; entonces no es lo mismo gobierno que don. Muchas personas tienen don, pero su gobierno es limitado por su cola de paja, ¿me comprenden? Si yo estoy fallando y pecando, tengo cola de paja, aunque el Señor no me haya quitado el don; sin embargo, las personas adentro no se sienten como tan satisfechas, y como que no perciben la autoridad de la misma manera, porque no se trata sólo del don, sino del carácter de la persona; y entonces el gobierno requiere más que don. El gobierno requiere unos requisitos que están en la Biblia; y por eso no es tan fácil que se reconozcan de un día para otro ancianos. Muchos hermanos son muy queridos, y sirven en muchas cosas, pero en el misterio de la fe no están claros, no entienden bien las cosas esenciales de la Palabra; estoy diciendo esto con todo cariño, con toda delicadeza, hablando de los principios, sin que pongamos nombres, apellidos, ni cédulas, ¿amén, hermanos? Recibamos los principios para que el Espíritu pueda gobernarnos. Ahora dice: “Había en la iglesia…”, ya está la iglesia, es una iglesia normal que tenía a estos hermanos que eran profetas y maestros, que normalmente enseñaban y también profetizaban; habla de cinco y da sus nombres; y dice que ellos ministraban al Señor en cada localidad, y en esa localidad se reunían a buscar juntos al Señor, y hasta a ayunar; y en medio de ellos dijo el Espíritu Santo: “Apartadme…”; o sea que a partir de ese momento, estas personas que ya eran maestros y profetas, y que ejercían eso en medio de la iglesia, de esos cinco dos fueron separados por el Espíritu Santo; así como seguían al Señor muchas personas, pero Él pasó la noche entera orando, y escogió a doce, y sólo esos doce son los doce apóstoles del Cordero; este es el estricto sentido de en medio de todos los santos de los apóstoles; todos los santos son santos; no se menosprecia la santidad de ningún santo; no se menosprecia, sino que al contrario, se promueve su función; pero no todos los santos son ancianos, ni todos los santos son diáconos, ni todos los santos son apóstoles, aunque todos son santos, ¿ven? Pero el Señor dijo: Bernabé y Saulo; los separó para la obra; la obra es ya un trabajo extra-local, no solamente local; no es un trabajo solamente ahora en Antioquía, sino que es un trabajo donde el Señor mismo los escogió, los preparó y los envió; un envío directo de parte del Señor, que ellos sabían que no fue por hombres ni por medio de hombres; ellos van a responder a Dios; puede ser que los hombres no crean; si al propio Hijo de Dios no lo recibieron; “si a mí me rechazaron, a vosotros también los rechazarán, pero si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”; cualquier enviado de Dios va a ser recibido y rechazado al mismo tiempo, como el mismo Señor Jesús que fue a la vez recibido y rechazado; sus enviados también; pero no todos son apóstoles; pregunta Pablo: ¿Son todos apóstoles? La respuesta es: no. También dice Santiago: “no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. ¿Usted cree que es fácil estar al frente, sabiendo que a ti se te va a reclamar con mayor rigidez? Muchos dicen que preferirían estar sentados en la banca, porque se les va a exigir menos; pero de todas maneras el Señor reparte como Él quiere, y es una gran honra que el Señor conceda a algunas personas una responsabilidad y un ejercicio mayores; porque en la medida en que el Señor da autoridad, las exigencias son mayores, y las cargas son mayores. Sin embargo, aquí vemos que hay una distinción entre la iglesia y la obra, y segundo, entre los apóstoles y los otros ministros. Desde ese momento Bernabé y Saulo son llamados apóstoles; hasta aquí habían sido llamados maestros y profetas; pero desde aquí, cuando el Espíritu Santo los envió, habiéndolos escogido desde antes de la fundación del mundo, habiéndolos preparado para la función a la que los enviaba, luego el Espíritu Santo los envió por nombre propio; entonces en el capítulo 14, versículo 14, si ustedes quieren verlo, dice: “Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo”; ahora ya son llamados “apóstoles” Bernabé y Pablo, porque fueron enviados. Entonces, noten, a la iglesia le da autoridad; el Señor se la encomienda a los ancianos que Él pone, y que llegan a ser reconocidos primeramente por los apóstoles; no los ponen los apóstoles cuando ellos quieren, sino que los ancianos van siendo evidenciados porque funcionan, “por sus frutos los conoceréis”; entonces los apóstoles piden a los santos que los reconozcan, y luego eventualmente se les reconoce con imposición de manos, y todo según sus funciones. No es la imposición de manos o el título lo que hace funcionar a alguien, no; es la función que le da el Espíritu, quien es quien revela a la conciencia de los más maduros en la región, y luego en su propia localidad, la que hace que sean reconocidos, porque los puso el Espíritu Santo. Nosotros no podemos poner al que a nosotros nos gusta, sino a los que el Señor pone. Luego dice acá, no sólo en este versículo, sino también un poco antes, pues había hablado en el verso 4, del mismo capítulo 14: “Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles”. Esos apóstoles eran Bernabé y Pablo, ¿ven? Cuando el Señor dice: Apartadme a Bernabé y a Pablo para la obra a que los he llamado, significa que el Señor le encargó la obra a Bernabé y Pablo; entonces esa obra está descrita aquí en los capítulos 13 y 14; ellos evangelizaban en distintos lugares, discipulaban a esos evangelizados, y fundaban iglesias, y reconocían a los ancianos, corregían lo deficiente, y hacían las cosas que están escritas, que son muchas más; pero que para ganar tiempo tengo que resumir bastante; y ese era el trabajo que les correspondía hacer en la obra a los que el Señor dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para esta obra. Entonces, en la localidad, el gobierno y la supervisión está con los ancianos que el Señor levanta; y en la región, Dios colocó la responsabilidad en los apóstoles que Él envió, que fueron los que hicieron el trabajo inicial, y lo continuaron dando entrada a los demás; son los que fueron enviados por el Espíritu Santo, que comenzaron de cero y que fundaron las iglesias; algunas no permanecieron, como pasó con Éfeso, que tuvo que ser quitado el candelero, y etc.; pero otras quedaron como Filadelfia; pero fueron los que el Señor envió, los que dieron el testimonio, los que pusieron el fundamento, los que establecieron los principios, los que fundaron las iglesias, reconocieron los ancianos, pidieron que las iglesias tuvieran los diáconos, la ofrenda para los santos pobres; o sea, la manera ordenada por los apóstoles en las iglesias. “Haced también vosotros de la manera que ordené en todas las iglesias de Galacia”, dice Pablo. Están las costumbres de los apóstoles, las instrucciones de los apóstoles, que son los que Dios envió primero; y después ese círculo va creciendo por colaboradores que también llegan a ser después, como Silvano y Timoteo; se llamaban apóstoles; entonces hay ese proceso. Hay una frase del Señor Jesús, que no la digo, sino hablando de principios, y sin nombres propios: “el que dirige”; así como en lo local hay los que presiden, el Señor Jesús dijo: “el que dirige como el más joven”; o sea que la instrucción para el que dirige es que se haga como el más joven, como si fuera igual a todos, pero le toca dirigir, porque el Señor dijo: el que dirige como el más joven. Entonces hay personas que presiden, personas que dirigen, personas que supervisan, personas que gobiernan de parte de Dios; ojalá lo hagan bien, porque a veces no se hace bien, pero existe, eso existe; es palabra de Dios; es de derecho divino; es Dios el que lo dice; por el Señor Jesús lo dijo. Así como hay el trabajo de la iglesia, bajo la supervisión y gobierno de los ancianos, con la ayuda administrativa de los diáconos, está el trabajo de todos los santos, pero bajo supervisión y gobierno en la localidad y en la obra; están también los que el Señor envió, y les cooperan los que también el Señor envió como cooperadores; por eso Pablo tenía como cooperador a Tito, y lo dejó en Creta, y le encargó incluso de nombrar ancianos al propio Tito; ni siquiera tenía que hacerlo Pablo; podía hacerlo Tito, si se lo encomendaba por el Espíritu Santo, Pablo. Entonces hay cosas que hacen los ancianos en la iglesia, con los santos, con los diáconos, y cosas que hacen los apóstoles con los cooperadores, con los obreros, con los que trabajan en la obra, que los hay apóstoles, que van primero, luego van de segundo los que cooperan, como Timoteo, por ejemplo, que estaba acompañando y ayudando; ellos son los que ayudan; son colaboradores dentro de la obra; entonces en la obra hay apóstoles, ancianos y jóvenes, y hay también cooperadores y cooperadoras en la obra; cooperadoras, hermanas que cooperan. Dentro de esa normalidad, hay reuniones que son propias de la iglesia, y reuniones que son propias de la obra; las normales de la iglesia son las de mutualidad, las de partir el pan, aunque la iglesia también evangeliza, la iglesia discipula, los santos parten el pan, los santos cuidan unos de los otros; hay reuniones de iglesia para disciplinar a alguien. Dice Pablo: “reuníos vosotros y mi espíritu, en el nombre del Señor Jesucristo, y el tal sea entregado a Satanás…”, y: “…para que aprendan a no blasfemar”; bueno, son cosas serias que son locales, aunque asesoradas por la obra; las jurisdicciones no deben violarse; lo que el Señor entregó a los ancianos de la iglesia en Éfeso, pues, es de la iglesia en Éfeso; la iglesia en Esmirna no tiene que meterse en los asuntos de la iglesia en Éfeso; allá es una jurisdicción aparte; la última instancia para los problemas internos, es la iglesia de la propia localidad. Entonces lo que es, por ejemplo, de Teusaquillo, es de Teusaquillo, no es de Puente Aranda, no es de Suba, no es de Ciudad Bolívar; y mucho menos de Chile; es de Teusaquillo; lo que es de Suba, es de Suba; lo que es de Ciudad Bolívar, es de Ciudad Bolívar. Hay que respetar cada localidad, no sobrepasarla; ¿por qué? Porque el Señor escogió a los que le van a dar cuenta por ese lugar allá; entonces ellos son los que están “manejando el taxi”; y si yo voy al lado del taxista, no voy a meterle la mano al timón, ni a meter el pie; yo tengo que dejar al taxista manejar de la mejor manera que él sabe; puede ser que tú seas mejor chofer, pero ahora tú no eres el taxista; después, cuando tú estés manejando tu carro, manéjalo de la mejor manera que tú sabes; y seguro que no vas a dejar que el taxista vaya a meterte el pie a la chancleta; deja a cada localidad lo mejor que sabe; ninguna localidad irrespete a otra. Eso es lo relativo al gobierno y a la supervisión; hay que respetar, porque es una jurisdicción distinta; o si no, va a ver “choque de trenes”. Y en la obra del Señor, también el Señor dijo así: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado; entonces el Señor separa a ciertas personas para una obra específica de ellos; cada obrero que es llamado tiene una parte en la obra del Señor. Una vez estudiamos allá en el barrio Pablo VI, en una reunión unida, si lo pueden repasar se los aconsejo, el tema de la obra de Dios en lo general, la obra del ministerio, que es la del cuerpo; la obra de cada uno, y la obra de otro. Vamos a ver esos versículos: la de Dios, la sabemos; la del cuerpo también la sabemos; pero la de cada uno hay que verla. Vamos al Evangelio de Marcos capítulo 13; dice el Señor en el verso 34 y en adelante así: “Es como…”; miren como es, es así: “Es como el hombre que yéndose lejos…”; ese es el Señor Jesús que subió a la diestra del Padre para que todos los enemigos le sean puestos por estrado de Sus pies; y abrió uno de los Sellos, y al primero que mandó fue al caballo blanco; el Espíritu Santo mandó a los apóstoles, envió a la Iglesia, y comenzó a cabalgar ese caballo del Evangelio; “dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos”; o sea que hay una autoridad dada por Dios, delegada a los siervos, dada por el Señor. Si nosotros realmente queremos sujetarnos al Señor, debemos respetar lo que Dios delega; no pensemos que estamos sujetos al Señor, porque algunos enfatizan su sujeción al Señor, pero la sujeción al Señor se reconoce cuando tú reconoces lo que Él delega. “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió”; aún si recibe a un niño “en mi nombre, a mí me recibe”; pero entonces el Señor delega; y eso está aquí cuando dice: “dio autoridad a sus siervos”; y ahora miren la siguiente frase: “y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase”. Entonces noten que el Señor a cada uno le dio su obra; o sea que cada uno debe responder por aquello que le fue encomendado particularmente. Ustedes recuerdan, si quieren verlo conmigo como una ilustración tipológica en Cantar de los Cantares, y podemos ir allí hacia el final de Cantares al último capítulo; y dicen los versículos 11 y el 12, lo que ya es una posición distinta a la de cuando ella estaba al principio. Al principio, dice el 1:6, para que notemos la inmadurez del principio y la madurez del final. Al principio dice el capítulo 1, verso 6: “No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mi; me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé”; o sea, ella todavía estaba empezando a amar al Señor, y claro, ella se sentía muy criticada, muy discriminada, porque ella era de raza negra; entonces prácticamente dice: no me discriminen, porque el sol me miró; y el sol de justicia es el Señor que miró a esta “negra” que los otros despreciaron; el Señor no la despreció, sino que se enamoró justamente de ella; entonces los otros se airaron con ella, y la forzaron a manejar las viñas de todos de una manera especial; me pusieron a guardar las viñas; pero no el Señor, sino los hijos de su madre; pero entonces dice aquí ella: “Y mi viña que era mía”, lo que se le había encomendado a ella, no guardó, por ponerse a ver cómo podía arreglar las cosas con sus hermanos; no sé. Ahora pasemos al capítulo 8; el capítulo 8 ya es el final; al principio de este cántico ella es nueva, y le pasa esto; pero después ella ha madurado a punta de golpes, y llega a los versos 11 y 12, que dicen así: “Salomón (que es el hijo de David, que es figura de Cristo) tuvo una viña en Baal-hamón”; nada menos; la viña es el cuerpo de Cristo en general; una viña; y ¿dónde estaba la viña? nada menos que en la multitud de Baal, que es Belzebú; o sea, en el mundo; “no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal; los he enviado al mundo”; ahí, en medio de Baal-hamón está la viña del hijo de David; esa es la Iglesia; y dice: “la cual entregó a guardas”; ahí está la delegación de autoridad; como dijo: negociad entre tanto que Yo vengo; la entregó a guardas esa viña en el mundo; pero miren lo que dice: “Cada uno…”, amados, cada uno, tú; por eso, hermano, a nadie se le prohíbe lo que debe hacer, sólo que no impida al otro lo que él debe hacer. Si hay la obra de cada uno, hay la obra de otro, que vamos a ver; si no, no habría cuidados; pero dice aquí: “cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto”. Vemos que la viña es lo general, es el cuerpo de Cristo, la viña de Salomón, el hijo de David, en Baal-hamón; pero Él la entregó a guardas, y no le entregó lo mismo a todos; a ti te tocó esta parte, a ti te toca esta otra parte, a ti te toca esta jurisdicción, a ti te toca esta otra; a ti te toca esta localidad, a ti te toca esta otra; a ti te toca esta posición en la región, y a ti te toca esta otra, y así. Entonces dice: “cada uno”; ahora viene ella: “Mi viña, que es mía”; ella ahora honraba su ministerio, no a ella misma, sino lo del Señor que le había sido encomendado. “Mi viña, que es mía, está delante de mí;” ¿Ven la diferencia? Al principio, me pusieron a guardar las viñas mis hermanos airados, pero la viña que era mía, yo no guardé; pero ahora dice ella: “Mi viña, que es mía, está delante de mi”; yo tengo que responder; y no sólo yo, sino que cada uno va a responder; y por eso dice: “Las mil serán tuyas, oh Salomón”; o sea que la viña de Salomón es mil en una, y por eso hay muchos guardas, y a cada uno le toca su parte. Si son apóstoles, entonces dicen: nosotros iremos a la circuncisión; dicen Pedro, Juan y Santiago; y ustedes irán a los gentiles; nosotros trabajaremos aparte; si son apóstoles, se les había encomendado algo para empezar; entonces cada uno tiene su jurisdicción; sin son cooperadores de esos apóstoles, o de aquellos otros, entonces trabajan juntos en esa región. Si son apóstoles con comisión específica, tienen su jurisdicción específica. Pablo, no van a recibir tu testimonio en Jerusalén, pero Yo te envío lejos a los gentiles. Pablo, tú no te metas en Bitinia, pero tú, Pedro, escríbele a Bitinia y a Capadocia, ¿se dan cuenta? Esa es la obra de cada uno. Entonces veíamos en Marcos la obra de cada uno, y en Cantares la tipología de la obra de cada uno. Entonces, si hay la obra de cada uno, hay también la obra de otro (2ª Cor.10:13-16: “Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros que llegamos a vosotros con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado”). Vamos también a 2ª a los Corintios; hay varios lugares aquí. Vamos a ir primero al capítulo 1; solamente algunos ejemplos; dice en el verso 15: “Con esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia, y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea”. Fue de Pablo que el Señor dijo: apartádmelo para la obra a que Yo le he llamado; él está moviéndose; el mismo Pablo se mueve por Macedonia, se mueve por Judea, se mueve por Acaya, y las iglesias inclusive lo encaminan; y dice: “Así que al proponerme esto (o sea, de andar en ese movimiento) usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No?”. Ahí nos damos cuenta y llegamos al verso 21 que dice: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes. Esto, pues, determiné…”; noten, al que le fue encomendado un trabajo, tiene que tomar sus determinaciones en la jurisdicción que le fue encomendada, y que viene llevando desde tiempo atrás; “determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé?” En fin, hay muchos otros pasajes en esta carta, que es una carta muy preciosa. Voy a saltarme ahora al capítulo 7, llegando al verso 8. Pablo escribió una carta que produjo mucha tristeza e indignación incluso de algunos en Corinto, porque eran “duras”; entonces dice Pablo en el 7:8: “Porque aunque os contristé con la carta (y se refiere a la primera que es bastante dura, pero es inspirada por el Espíritu Santo), no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte (o sea, para que ellos no sufrieran pérdida, él tenía que arriesgarse a contristarlos); “pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros. Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros…”, y ahí sigue hablando de cosas y cosas y cosas; y en esta carta hay muchos pasajes. Si ustedes leen toda la carta 2ª a los Corintios, es una carta tan especial con respecto a las otras, porque las otras son bastante más doctrinales, en cambio en ésta se ve todo el vaso de barro, todo el conflicto, todos los sufrimientos; y en esa carta es donde Pablo dice que Dios nos ha puesto una norma, que no entramos en la obra de otro para gloriarnos en lo que estaba preparado; o sea, ¿qué quiere decir la obra de otro? Si el Señor envió a Pedro, Jacobo y Juan para con la circuncisión, Pablo puede cooperar con ellos, pero sin sobrepasar a Pedro, Jacobo y Juan; cooperar según ellos se lo soliciten, si quieren; pero aún el Señor le dice a Pablo: no te van a recibir en Jerusalén; Jerusalén no estaba preparada para el ministerio de Pablo; entonces el Señor lo mandó lejos, para con los gentiles; en cambio le prohibió a Pablo ir a Bitinia, y mandó a Pedro; la obra de cada uno, implica la obra de otro, en el caso de los que son apóstoles; a cada uno se le dio una viña, sin son apóstoles; pero si son cooperadores, están en la misma; entonces unos trabajan acá en equipo, otros trabajan allá, otros allá, en comunión unos con otros, se dan la diestra de comunión, se reconocen mutuamente, de tanto en tanto; eso sucedió después de 14 años de trabajar Pablo, que fue a conversar en privado con Jacobo, Cefas y Juan; no es una modalidad que se establece digamos que cada lunes vamos a reunirnos con Pedro, con Juan, no, no, no; Pablo no tiene que estar en aquello que no le fue encomendado; y cuando ameritara, y según el gobierno de la cabeza, entonces el Espíritu Santo le dice a Pablo: vaya con Bernabé; y él va, y “lleva consigo” a Tito; el Señor había dicho: Apartadme a Bernabé y a Saulo; y dijo: Vayan Pablo y Bernabé; pero Pablo llevó consigo a Tito; pero cuando Pedro, Jacobo y Juan le dieron la diestra de compañerismo, se la dieron a Pablo y a Bernabé, y no a Tito; no porque Tito no mereciera la diestra de compañerismo, sino porque Tito había sido incorporado por Pablo y Bernabé; pero el Señor había dicho: Bernabé y Pablo. Entonces por eso existen unas delicadezas, unos cuidados, y unos trabajos en cada jurisdicción. Entonces a nadie se le está imponiendo algo, o prohibiendo que haga su propia obra; si el Señor lo ha llamado directamente, hágalo de la mejor manera que sepa, de la mejor manera que pueda, ¿verdad? Haga lo mejor, lo apoyamos, nos alegramos por eso; pero cada uno debe tener la viña delante; es decir, ser responsable por aquello que se le ha encomendado. Procurar en lo de otros, si los otros te invitan; cooperar en lo que ellos permiten, pero sin sobrepasar las jurisdicciones ajenas. Yo no le quiero a decir a ustedes: ustedes tienen que hacerlo de ésta manera; sino: hágalo como usted quiera; pero yo debo hacerlo correctamente. Hay reuniones que son de la iglesia, y hay reuniones que son de la obra; por ejemplo: las reuniones que convocaba Pablo, las reuniones de enseñanza, la escuela de la obra en Éfeso, era lo que le había sido encomendado a él hacer; él era el responsable y el que dirigía lo que se le había encomendado que hiciera; entonces él lo hacía de la mejor manera; él podía pedirle el favor a alguien; podía decirle: Timoteo, quédate aquí y ayúdame en esto si quieres. Pero Apolo formaba otro equipo con Zenas; y Pablo le pidió a Apolo, pero Apolo nunca vino; entonces noten que Pablo trataba a Timoteo de una manera diferente que a Apolo, porque Apolo formaba un equipo con Zenas y otros, y de vez en cuando venía y se iba; como, por ejemplo, vienen los hermanos de Chile de vez en cuando a ayudarnos; pero el Señor les encomendó a los de Chile: Chile; y a los de Colombia: Colombia. Los de Chile pueden ayudar, pero hasta donde los encargados de Colombia lo soliciten, y sea provechoso, y no haga daño, y viceversa. Los de Chile a veces reciben a los hermanos, y hemos recibido cartas donde dicen: bueno, esta vez solamente los obreros de Chile van a enseñar; y con ello se da a entender que ningún otro de los que vaya va a enseñar; ¿por qué? Porque allá les fue encomendado a unas personas. Ninguno es modelo para el otro. Siempre que queremos imponer modelos, estamos enajenando lo que el Señor está haciendo en cada lugar, y entonces se forman confusiones; no. Si tú estás en una localidad, y a ti te fue encomendada esa localidad, a ti te toca hacer lo mejor que sepas, y decidir hasta qué punto sí y hasta qué punto no tú puedes admitir una ayuda, o mejor la difiere; o es muy grande, o es muy pequeña; eso le corresponde decidirlo a ti que fuiste enviado. Incluso a cada iglesia local le corresponde la responsabilidad de probar los que dicen ser apóstoles. El Señor le dice a la iglesia en Éfeso, que tenía a favor de la iglesia el que había probado a los que se decían ser apóstoles y los había hallado mentirosos y no lo eran. No estoy diciendo que no lo sean otras personas, pero lo que les estoy recordando es que es la responsabilidad de cada localidad, la que sabe a qué apóstoles y obreros convida, y a cuáles no. Si tú no eres convidado, es mejor ir como un hermano, pero no vamos a imponer nada; hay que respetar a cada localidad. Si ellos te invitan, hasta donde ellos te invitan tú puedes cooperar con ellos; si Dios te dio algo para ellos, y ellos te reciben, reciben al Señor; pero si te dio algo para ellos, y ellos no te quieren, no reciben lo que es del Señor, pero a ellos les toca probar; la iglesia es la que prueba a los apóstoles, y a los profetas, y a los espíritus. No creáis a todo espíritu, probadlos; ¿en qué espíritu están las personas o el grupo? No siempre se está en un espíritu puro. Y si aún los profetas profetizan, deben hacerlo dos o tres, y la iglesia no se lo tiene que tragar crudo; la Biblia dice: “los profetas hablen dos o tres, y los demás (o sea, la iglesia) juzguen”, no en un espíritu prevenido, no, sino juzgar según el Espíritu. A veces están en el Espíritu del Señor; el Señor dice: mis ovejas conocen mi voz y me siguen, pero no seguirán a los extraños, porque no conocen la voz de los extraños. Cuando hay algo que es de Dios, hay “luz verde”; y cuando hay algo que sí es de Dios, pero mezclado con algún desequilibrio, los cuidados deben darse; ¿por qué? Porque si no la iglesia se convertiría en un auditorio privado de un apóstol. La iglesia en Teusaquillo no es un auditorio privado del hermano Gino; es la iglesia del Señor Jesucristo; si el hermano fulano o el hermano sutano es anciano en esa localidad, si el Señor los puso, les toca a ellos ayudar a la iglesia; pero la iglesia es del Señor; la iglesia es la que determina a quienes invita y a quienes no; entonces no podemos invitar personas por encima o por detrás de la iglesia, ni mucho menos en cuanto a la obra por encima o por detrás de los que Dios puso; ellos son a quienes Dios les dijo: a ti te toca Bitinia, a ti te toca Macedonia, a ti te toca tal; a veces nosotros en nuestra ingenuidad e inclusividad hemos abierto la puerta demasiado, y luego se tardan hasta uno o dos años en repararse los problemas; así que en cuanto a localidad, cada localidad debe ejercer su cuidado; y esa localidad tiene su jurisdicción, tiene su supervisión y tiene su gobierno; además tiene su tipo de relación con los de otras ciudades. Y a la vez, en la región en donde el Señor ha puesto obreros, esa responsabilidad está en manos de esos obreros; especialmente los apóstoles; ellos son los que manejan las cosas, porque a ellos fue que se les dijo: la obra a que los he enviado; Él dio a cada uno su obra, a cada guarda dio su viña; entonces por eso dice Pablo: procuré no entrar en la obra de otro para no edificar sobre fundamento ajeno. Si es apóstol, tiene que poner fundamento; entonces tiene que poner fundamentos donde el Señor le abrió la puerta; pero si voy a un lugar donde otros habían llegado primero, los otros no pueden llegar a darles un codazo, y decirles: así no se hacen las cosas, ahora yo agarro el taxi, usted no maneja el taxi. Haz tu parte donde Dios te encamina, donde el Señor te guió; ahí hazla de la mejor manera, como dice la Escritura; eso está en Jeremías: arad para vosotros mismos campo, y no sembréis entre espinos, ¿amén? (Continúa con ciertas consideraciones y disposiciones en cierta jurisdicción particular, de interés solamente en esa jurisdicción). Gino Iafrancesco V., 10-IX-2010, Teusaquillo.

LOS OBREROS DE LA VIÑA

Por Gino Iafrancesco V. - 28 de Marzo, 2012, 14:07, Categoría: General

(33) LOS OBREROS DE LA VIÑA. EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (33). LOS OBREROS DE LA VIÑA. Localidad de Teusaquillo. (6 de agosto de 2005). (Gino Iafrancesco V.). Querido Padre: Gracias por el Señor Jesús por medio de quien estamos delante de Ti, te agradecemos que nos hayas conservado hasta hoy la vida y que nos continúes dando oportunidades en esta tierra, concédenos Señor acercarnos a Ti y a tu Palabra, ten a bien Señor, por tu Santo Espíritu, hablarnos una vez más, concede a nuestro corazón atenderte a Ti Señor, no te canses de llamarnos y encaminarnos y reprendernos si es necesario, Señor. Ayúdanos a estar contigo. Gracias porque podemos dejarlo todo en tus manos, concédenos desaparecer mientras miramos a Ti para que Tú nos puedas hablar Señor, nos puedas dar vida, conducirnos. En el nombre del Señor Jesús. Amén. Hermanos, la parábola que vamos a considerar, Dios mediante, esta noche, no se encuentra sino en Mateo; ni Marcos, ni Lucas, ni Juan, ni tampoco el llamado evangelio de Tomás, la mencionan, solamente la menciona Mateo. Entonces vamos al libro del evangelio según Mateo y vamos a mirar el capítulo 20, los primeros 16 versículos que habla de los obreros de la viña. Mateo capítulo 20, versículos 1 al 16. Voy a hacer una primera lectura de corrido para que, con la ayuda del Señor, recibamos la primera impresión y hacer un pequeño comentario de crítica textual que es necesario hacer al principio para que toda la parábola tenga una mayor riqueza. Mateo 20:1: “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña.” Esa frase: “y recibiréis lo que sea justo”, es un agregado de algunos manuscritos posteriores, no se encuentra en los manuscritos más antiguos, ni tampoco en las menciones antiguas del latín, ni el copto, ni de otros idiomas antiguos, fue agregada porque en un verso anterior si aparece, entonces algún escriba pensó: aquí como que le faltó a Mateo decir lo mismo que había dicho antes, y agregó esto, y algunos manuscritos lo copiaron y entonces los manuscritos tardíos contienen esa frase, pero realmente cuando tú vas al texto griego, el verso 7 termina ahí: “Id también vosotros a la viña” y esto es significativo, como vamos a verlo después, Dios mediante, en la parte exegética. “Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú mal ojo, porque yo soy bueno?” La palabra que aquí se tradujo envidia es mal ojo u ojo malo. “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” Esa frase: “porque muchos son llamados, más pocos escogidos”. También es acrecentada en manuscritos tardíos, pero no está en los manuscritos más antiguos, ni en las traducciones más antiguas, entonces fue una explicación de algún escriba que quiso registrar esto. Bueno hermanos, hasta aquí la parábola leída. Vamos a considerar, con la ayuda del Señor, esto que en la historia de la exégesis cristiana es considerada la segunda en dificultad, después de la del mayordomo infiel; la del mayordomo infiel es considerada la más complicada de interpretar y ésta también, después de aquella, es considerada una de las más difíciles de entender, porque ustedes saben que hay distintas escuelas y a veces uno se acerca a la parábola del Señor con esas escuelas y las cosas como que no encajan con el pensamiento de las escuelas. Los reformados que hablan de la sola gracia, no entienden eso de cómo es que se paga un denario. Lutero interpretaba y otros con él, que no se refería a la venida del Señor, sino a los bienes temporales que recibimos en esta vida y otros que sí hablan del denario, lo toman como si fuese la salvación y confunden la salvación con el reino, de manera que esta parábola ha requerido un largo parto de casi 19 siglos para que, poco a poco, pueda ir siendo mejor entendida. Lógicamente que todos nosotros somos deudores y estamos sobre los hombros del resto de la iglesia que nos antecede en este proceso de tratar de entenderle al Señor, lo que el Señor nos quiere decir y aunque somos deudores a ellos, y estamos en los últimos tiempos tampoco pretendemos decir la última palabra, pero por lo menos estamos sobre los hombros de otros, ¿amén? esperamos que otros que vienen, si es que hay tiempo, estén sobre los hombros de los que anteceden. Desde el comienzo nos damos cuenta que la parábola no es una parábola aislada, sino que está en un contexto, vale la pena ver ese contexto porque la parábola comienza con la palabra “Porque”, quiere decir que el Señor va a explicar algo que había dicho antes, o sea que el contexto inmediato de la parábola comienza desde antes. Fíjense que hablando del joven rico, porque el joven rico venía a preguntar qué era necesario hacer para heredar la vida eterna y el Señor le dijo: -Bueno, tú conoces los mandamientos-, ustedes conocen toda la historia, dijo: todo esto he hecho desde mi juventud, y el Señor le dijo: -una cosa te falta, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás tesoro en los cielos-1, entonces el Señor estaba hablando en el contexto del reino, no sólo de la salvación, sino del reino y en ese contexto es que Pedro hace una pregunta; puede ser que sea sólo de Pedro o que Pedro sea el portavoz de una inquietud general de los apóstoles o de una buena parte de ellos, o de una buena parte de las personas. Acordémonos que cuando vino el Señor Jesús, El vino bajo la ley y en aquel tiempo los judíos estaban bajo la ley de Moisés, recién el Señor Jesús estaba introduciendo el nuevo pacto. ¿Amén? Entonces, los primeros obreros estaban bajo la bandera del legalismo, bajo la bandera del mérito humano, bajo la bandera del comercio; te doy tanto por tanto y esto merece tanto, se espera que al final del negocio las cosas estén en otro espíritu, un espíritu de gracia, no en un espíritu de comercio, de legalismo, sino en un espíritu de gracia, de la soberana gracia de Dios. Miren como empieza del verso 27 del capítulo anterior, para ver el contexto. Estamos ahora en el capítulo 19 de Mateo desde el verso 27: “Entonces respondiendo Pedro”, ese entonces es a lo que el Señor le dijo a este joven rico. “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros”, él no, él no te siguió, él se fue, él amó sus propiedades, pero nosotros sí, nosotros si pagamos el precio, nosotros tomamos la cruz, nosotros si luchamos para ser de los vencedores, nosotros sí, entonces dice: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué pues, tendremos?” es decir, por esta inversión, ¿cuánto da la cosecha? Entonces Pedro estaba bajo la égida del legalismo judaico, ¿se dan cuenta? Y el Señor claro, El es justo, pero es más que justo, El es también bondadoso, lleno de gracia, pero aquí Pedro está hablando de que hemos puesto esto y ¿qué vamos a tener? Entonces el Señor le dice, a todos, ya no solo a Pedro: “De cierto os digo que en la regeneración,” aquí esta palabra “regeneración”, no se refiere al nuevo nacimiento, sino al nuevo nacimiento incluido el alma y el cuerpo, es decir, la resurrección. Hay dos aplicaciones de la palabra “regeneración”, comienza por el espíritu, pero continúa pasando a nuestra alma y también a nuestro cuerpo. El propósito de que nuestro espíritu sea regenerado es también que nuestra alma lo sea y también el cuerpo; la vida de Dios comienza en el espíritu, el lugar santísimo, el río de Dios comienza a salir hacia el lugar santo y hacia el atrio y a llenar las naciones, y toda alma que entre en ese río del Espíritu, vivirá, entonces la regeneración que comienza en el espíritu, tiene la intención de llegar con su efecto pleno hasta el cuerpo, entonces aquí la palabra regeneración en este contexto, incluye la resurrección del cuerpo, por eso dice: “en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente” cuando hemos resucitado y comienza el reino, “se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”2. Aquí el Señor hizo la promesa y por eso usted ve que cada tribu tiene su piedra y cada apóstol tiene su piedra y a través de la piedra se conoce que tribu le tocaría a cada apóstol, por lo menos a través de las tribus se asocian las tribus con los apóstoles. -En la regeneración, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel- Aquí lógicamente que está Matías en lugar de Judas Iscariote. “Y cualquiera”, ahora no sólo ustedes doce, sino cualquiera “que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”. Aquí cuando dice: heredará la vida eterna, es decir la vida eterna como herencia, ya tenemos vida eterna por la fe, pero la vida eterna como herencia, como le había preguntado anteriormente el joven rico, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna? Sabemos que el inicio de la vida eterna viene por la fe, pero una cosa es creer y otra cosa es renunciar a casas, hermanos, padres hijos etc. por Su nombre. Entonces dice: “recibirá cien veces más”, eso es aquí, ¿verdad? “y heredará la vida eterna”. Noten: “Pero”. Aquí el Señor dijo: “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, serán primeros”. O sea, muchos de los que comenzaron, al final no serán los primeros, estarán allí, pero no serán los primeros y otros de los que fueron los postreros como los de la hora undécima, los últimos que el Señor llamó, llegarían a ser primeros y tendrían un trabajo que el Señor valoraría y que el Señor no sólo recompensaría sino que añadiría gracia a la recompensa; eso es algo que tenemos que aprender también, cuando estamos tratando el asunto del reino, porque hemos visto que la salvación es por fe y que el galardón es por obra, pero tenemos que ver también junto con eso y para eso está esta parábola que aún en el galardón, el Señor es soberano, puede acrecentar según su bondad, lo que a Él le place al galardón de las personas, porque Él es soberano y tiene que tratar con la raiz legalista de nuestra envidia. ¿Amén? Hay algo en el ser humano que tiene que ser tratado y aquí con esta parábola el Señor lo trata. Pero vamos poco a poco, aquí nos damos cuenta que en el verso 30 el Señor dijo: “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros. Porque” ese porque es para explicar esa frase: muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros, al final de la parábola de los obreros de la viña, en el capítulo 20, verso 16, dice: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros” , noten que el verso 19:30 dice lo mismo que el 20:16, sólo que el 20:16, dice: “Así”, quiere decir que esta parábola es para explicar lo que acaba de decir en el capítulo 19, el objetivo es precisamente explicar eso. Entonces. ahora si entremos en la explicación, eso era para entender lo que dice aquí: “Porque”, todo esto que dijimos del contexto es porque: “porque el reino de los cielos”, aquí está hablando del reino de los cielos, vamos a ubicar esta parábola junto con todas las demás que hablan del reino de los cielos, aquí no está hablando sólo de la salvación por la fe, está hablando del reino de los cielos, ya como eso se ha tratado, no voy a detenerme aquí, sólo llamo la atención, es una más de las parábolas que esclarece otro aspecto del reino de los cielos. Dice: “es semejante a un hombre, padre de familia,” aquí podemos representar al Señor mismo, a Dios mismo, Dios mismo es este padre de familia que se hizo hombre, “que salió por la mañana a contratar obreros para su viña”. Aquí aparece la palabra “viña”, que es una palabra muy importante. Siempre el Señor considera su trabajo en la tierra aún con Israel, después con la iglesia, como con una viña. Ustedes recuerdan Isaías capítulo 5, los primeros siete versos nos hablan de esa viña, como Dios consideraba a Israel como una viña, inicialmente Israel. Vamos a Isaías capítulo 5 desde el verso 1 hasta el 7. El Señor le habla así a Israel: “Ahora cantaré por mi amado”. Aquí está hablando Isaías, ese amado es el Señor, Yahvheh, “el cantar de mi amado a su viña”, o sea el pueblo del Señor, tanto Israel en el antiguo como la iglesia en el nuevo, es la viña del Señor. “Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar, y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres”, o sea esas uvitas de mala calidad, que no era lo que se esperaba de una viña, uvas silvestres, es decir, no la vida nueva, sino la vieja, la natural. “Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá”, o sea, ustedes que han visto lo que ha pasado con Jerusalén, con Judá, “juzgad ahora entre mi y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña:” El Señor la reconoce como suya, pero dice lo que va a hacer, va a tener que barrer con ella, porque es una cosa totalmente natural y tiene que empezar de nuevo y para empezar de nuevo, tiene que barrer primero, luego a trabajar. Por eso dice aquí: “Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aún a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella”. ¿Por qué el Señor tomó esa posición? Porque El no puede respaldar lo que tiene un origen errado, tiene que cortar de raíz para después volver a empezar de nuevo. Aquí está anotando el Señor lo que va a hacer con Israel y lo que sucedió después cuando vino Nabucodonosor y todo eso, y recién después con la vuelta del cautiverio, al retorno, ahí empezó el Señor otra vez a trabajar, ¿ven? “Ciertamente la viña de Yahveh Sabaot es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”. El Señor no reconoció esa planta, es una planta de malos frutos, hay que cortarla para poner una que de buenos frutos. Entonces aquí Israel era su viña. En Cantar de los Cantares aparece varias veces la viña y aparece la viña en distintas etapas que ahora vamos a ver, distintas horas del llamamiento a trabajar en la viña. Vamos al Cantar de los Cantares; la primera mención de la viña, está en el capítulo 1 versículo 6 al final, dice ella cuando era nueva, cuando estaba apenas comenzando en los caminos del Señor, lo amaba y él la amaba a ella, pero ella todavía no caminaba con él, ni discernía. Entonces dice: “Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña que era mía, no guardé.” Esa es la primera mención de la viña, o sea, no le puso cuidado a la viña, no la guardó para nada. Ya en el capítulo 2, ya está trabajando con la viña, pero deja que las zorras la dañen; las zorras son esas astucias, esas cosas que hacemos en el hombre natural, no hacemos en el espíritu, sino en nuestra propia astucia, eso es lo que representan las zorras. Capítulo 2 versículo 15, dice el Señor: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne”. O sea, ya las uvas ya están produciendo y ahí cuando ya empiezan a aparecer esos racimos, ahí mismo vienen las zorras que no quieren que esas uvas sean para el Señor, sino que las zorras las quieren para ellas. Entonces ahora hay que cazar las zorras, volverse cazador de astucias. Después pasamos un poco más adelante al capítulo 7, ya ella ha madurado y en el versículo 12, lo leo desde el 10 porque ustedes ya conocen el asunto de cómo ella primero decía: “Mi amado es mío y yo soy de mi amado”, como ella fue descentrándose de los intereses de ella y se centró en los del Señor. Ahora dice ella desde el 7:10: “Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento. Ven, oh amado mío, salgamos al campo,” ahora es ella, primero le decía: ve a trabajar en la viña, no, no cuidó su viña, ¡como ha madurado al final!, ya en la última página, ahora es ella la que le dice a él, esa es la oración de intercesión con la iglesia. “Salgamos al campo, moremos en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados, allí te daré mis amores”3. A ella al principio no le importaba nada de la viña, ahora le importa, es en la viña que ella le quiere dar sus amores y lo último que ella dice, ya estamos en el capítulo 8 desde el verso 11 y el 12, ya terminando este libro, como una síntesis del cantar, Salomón, hijo de David que es tipología de Cristo, dice: “Salomón tuvo una viña en Baal-hamón,” Baal-hamón quiere decir la multitud de baales, o sea, el mundo, el hijo de David, plantó una viña en el mundo y dice: “la cual entregó a guardas”, o sea, él encomendó personas, esos guardas son los que deben trabajar en la viña, deben guardar que las zorras no se la coman, ni los ladrones, y ni siquiera los gusanos, ni la maleza, tienen que trabajar en la viña, son los guardas, ¿verdad? “Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.”, es decir, el equivalente a mil monedas de plata como fruto de la viña, ese fruto de la viña iba a producir plata, o sea, es el fruto de la redención, esto debe producir la viña. Y ahora, miren lo que dice ella, miren qué diferencia. Al principio dijo: “Me pusieron a guardar las viñas y la viña que era mía, no guardé”4. Ahora, miren después de la maduración dolorosa de parte del Señor, ahora dice así: “Mi viña, que es mía, está delante de mí;”5 ¡qué diferencia! “Está delante de mí”, las mil, o sea, las mil monedas que hay que traer por esa viña. “Las mil serán tuyas, oh Salomón, y doscientas para los que guardan su fruto”, es decir que las viñas producían mil doscientas monedas de plata, 1/6 era para los trabajadores y 5/6 eran para el capital, el capital era 1000 y el trabajo de los guardas era 200, vemos ahí los distintos niveles de la viña; vemos la viña descuidada totalmente al principio, luego la vemos cuidadita pero con algunas zorritas allí comiéndose las uvas, y ahora la vemos aquí trabajando en la viña y produciendo el fruto. ¿Amén? Ahora, lo mismo vamos a ver aquí en Mateo. Vamos a Mateo capítulo 20: “salió por la mañana a contratar obreros para su viña.” La viña es el pueblo del Señor y habla de contratar porque era que Pedro le había dicho: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué pues, tendremos?”6 Es decir, nosotros ponemos esto y ¿Tú que pones? Entonces el Señor le dijo que iba a poner algo, y al principio aparece la palabra “contratar”, “convenir”, “llegar a un acuerdo”, al final ya no se habla así y ese espíritu de legalismo, ese espíritu de comercio, al final de la parábola no se menciona, al principio se menciona, es decir, al principio del servicio uno sirve por legalismo, por ganancia, después sirve solamente porque nos vamos pareciendo al Señor, no por querer ganar recompensa, aunque la recompensa vendrá no nos interesa la recompensa, nos interesa más llegar a ser como es el Señor. ¿Amén? Entonces dice aquí en el verso 2: “Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”. Son enviados, son los apóstoles del principio, ahí está Pedro porque Pedro le está diciendo: “nosotros lo hemos dejado todo, te hemos seguido”, entonces estos son los primeros obreros, los de la madrugada, los obreros de las 6 de la mañana cuando recién está saliendo el sol, o sea, cuando está comenzando la era de la iglesia, pero fíjense que al principio la iglesia está bajo el régimen de la ley y hasta está saliendo apenas de la ley, estaban saliendo de ese ambiente legalista y empezando a entrar, ¿verdad? Continua en el verso 3: “Saliendo cerca de la hora tercera”, o sea, la hora tercera son las 9 de la mañana, acuérdense que las horas comienzan cuando sale el sol y termina cuando se pone el sol, es decir, más o menos doce horas, claro que en verano eran 14 horas, casi 15 y en invierno eran 9 horas y un poquito, pero digamos el promedio eran 12 horas, de la salida del sol, a la puesta del sol, entonces cuando aparecía la primera estrella se acababa el día y comenzaba la tarde del siguiente día, ¿verdad? Entonces dice aquí: “Saliendo cerca de la hora tercera”, ¿por qué? porque a la madrugada era la hora primera, es decir, las 6 de la mañana sería la hora primera, la hora tercera son las nueve de la mañana, “del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados”; o sea, estar sin trabajar en la viña del Señor es estar desocupado, perdiendo el tiempo, ocupando el tiempo en cosas sin sentido, cosas que no tendrán ningún fruto; si no se está sirviendo al Señor en la viña se está desocupado u ocupado en tonterías, como dice por Habacuc: “en vano se afanaron las naciones, para el fuego trabajaron”, ¿por qué? “porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor.”7 Luego dice en el verso 4: “Y les dijo: Id también vosotros a mi viña,” ahora noten la palabra: “y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron”. Lo primero fue un convenio, o sea, algo comercial, hasta que llegaron a un acuerdo. Realmente en aquella época el salario del trabajo del día, un denario era un salario liberal, generalmente se pagaba un poquito menos de un denario y la persona que pagaba un denario para un soldado, para un obrero, se consideraba en la época antigua un salario bueno para el día. De la palabra denario viene la palabra dinero. Entonces les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo”. Noten: los primeros dice: los envió a su viña, ya aparece la palabra “enviar” de una manera bien notoria, claro que también los envió, pero ya no mencionó la palabra “enviar”, son apóstoles de una categoría diferente, los primeros son fundamento, los otros ya son edificadores del cuerpo, trabajadores de la viña. “Y ellos fueron”, noten: ahí ya no hubo ningún convenio con ellos; ellos confiaron en la justicia de él, no fue una cosa tan exacta. Bueno, nosotros lo hemos dejado todo ¿y qué vamos a tener? Esa fue una cosa bien definida, ya no, a medida que pasa el tiempo y el Señor va llamando, la iglesia tiene que ir madurando, y dice: “y os daré lo que sea justo”. El Señor hará justicia, sólo que el Señor no sólo es justo, sino que Él también es bueno, su gracia es soberana y ese es otro aspecto que tenemos que reconocer del Señor para que nosotros, que estamos entendiendo el reino no caigamos en legalismo, no caigamos en comercio con Dios. ¿Amén? Verso 5: “Salió otra vez”, o sea, éstos de las 9 de la mañana, eran como decir el período patrístico, después del período apostólico viene el período patrístico, dice: “Salió otra vez cerca de las horas sexta”, o sea, eso era a mediodía, el período medieval “y novena,” o sea, a las tres de la tarde, o sea, el período de la reforma, períodos diferentes en el trabajo de la viña del Señor, la era apostólica, la era patrística, la era medieval, escolástica y la era de la reforma. Ahora, la hora sexta es mediodía, la hora novena, la hora nona cuando murió el Señor eran las 3 de la tarde, traducido a nuestro horario actual. Y dice, miren como habló primero, primero habló así: convino con los obreros en un denario al día, ya ahora lo hace más simple: “y os daré lo que sea justo”, ahora simplemente hizo lo mismo, lo dio a entender, pero ellos fueron a trabajar, aunque sea tarde, ya sobre los hombros del trabajo de todos los demás, ellos no tuvieron que empezar nada, como dijo el Señor: “Otros trabajaron y ustedes entran en su labor”8, dijo en otro contexto. Verso 6: “Y saliendo”, o sea, el Señor siempre está llamando personas a la viña, el Señor está interesado en que la viña, trabaje y produzca lo que tiene que producir, tiene que producirse algo al final de la viña. La Biblia habla de un principio del negocio y habla de un fin del negocio. Vamos a mirar esto en Eclesiastés capítulo 7, versículo 8, la primera parte, dice: “Mejor es el fin del negocio que su principio”, o sea, el Señor dice que mejor el fin del negocio que su principio, claro, ¿cuál es el principio? Invertir para sembrar, para trabajar, para arreglar, para poner insumos, etc., pero ¿cuál es el fin del negocio? Recuperar el fruto y venderlo y tener las 1000 piezas de plata, ese es el fin del negocio, o sea que el fin del negocio es mejor que el principio. El Señor tiene obreros que contrata para el principio que son primeros, no todos los primeros, pero algunos de los primeros llegarán a ser postreros y el Señor se reservó algunos de los postreros que llegarán a ser primeros, se reservó el Señor obreros para la época apostólica, para la época patrística, para la época medieval, para la época de la reforma y para la época del fin. La hora undécima, es una hora antes de las seis, es decir, las 5 de la tarde, es la última hora pero es la hora del fin del negocio, es la hora de la cosecha, es la hora por la cual todo lo demás se trabajó, todos trabajaron para esta hora, fíjense los patriarcas trabajaron para el fin; Moisés, Josué, los jueces, los reyes, los profetas trabajaron para el fin; los apóstoles del principio trabajaron para el fin, los llamados padres de la iglesia, los escolásticos, los reformadores, los grandes misioneros trabajaron para el fin, pero ¿a qué generación le tocó el fin? A la de la hora undécima, la última generación, por eso quiero animar a los jóvenes, hermanos y hermanas, vean el privilegio de haber sido reservados para la generación del fin. Los postreros serán primeros. ¿Saben cuál es la recompensa más alta que se promete a las iglesias, a la última de las iglesias? A la iglesia en Laodicea se le promete una recompensa que a ninguna otra se le promete, tú vas a Apocalipsis, comparas las recompensas, todas son muy buenas, pero a la última dice: los que vencieren, o sea, los que vencieren la condición final de Laodicea, ese espíritu mercantilista, soy rico, no tengo necesidad de nada, los que vencieren la prueba final, el lazo, que dijo el Señor Jesús que vendría como un lazo, ese afán de las riquezas, ese afán del consumismo; “los que vencieren les daré que se sienten conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me sentado con mi Padre en mi trono”9, a ningún otro se le prometió eso, sino a los finales, ¿qué les parece? “El fin del negocio es mejor que su principio.” ¿Amén? Entonces ahora llega la hora undécima: “Saliendo cerca de la hora undécima”, o sea, alrededor de las 5 de la tarde, un poquito antes, todavía no eran las 5, pero eran como las 4 o las 4 y media, a esa hora quién se va a poner a trabajar, pero el Señor tiene interés en su viña y tiene interés en ellos. ¿Qué pasa si esos hombres se quedan sin trabajar? ¿Qué van a llevar a su casa, qué va a comer su esposa, sus hijos? ¿se dan cuenta? Entonces él contrató a los desocupados. A veces decimos: Señor, ¿por qué será que no me está saliendo ningún trabajo? Se me cierran las puertas por aquí, se me cierran por acá, el mundo no lo está ocupando, pero el Señor sí tiene interés en ocuparlo, pero hermano, si las puertas se le han cerrado ¿no será que el Señor lo está llamando como obrero de la hora undécima? Dice: “Saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados;” perdiendo el tiempo, viviendo sin sentido en la vida, “y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado”. Es decir, no le servimos a nadie, ni al mundo, ni faraón quiere que le hagamos ladrillos, ¡gracias a Dios! Esa no es una mala señal. “El les dijo: Id también vosotros a la viña” y ahí está el punto. Esa frase que dice: “y recibiréis lo que sea justo”, fue agregada por escribas posteriores, no está en los manuscritos antiguos. A los primeros les habló con todo detalle, hizo un convenio, bueno, un denario, con los otros les habló que van a confiar en la justicia, ellos pensaron, a mi me dará tres cuartos, a mí me dará medio denario porque sólo trabajé mediodía; yo trabajé desde las tres puede ser que me dé un cuarto de denario y aquí a estos últimos no les dijo nada, simplemente: “Id también vosotros a la viña” y ellos fueron a la viña, fueron en el espíritu del final del negocio, en un espíritu de gracia, ellos iban a ganar poco, pero no dijeron, ¿qué voy a ganar? Mejor me quedo sin hacer nada, a última hora, ¡todo lo que hicieron los apóstoles!, yo ya me convertí muy tarde, yo ya ¿que voy a hacer? ¡No, no!, claro que tú conoces que el Señor es justo, pero además de ser justo es bueno, El no solo es justo, El es bueno ¿ven? Verso 8: “Cuando llegó la noche,” porque el Señor cumple sus propias leyes. Vamos a ver esas leyes del Señor en Levítico 19, versículo 13, la parte b y esto hay que aprenderlo aquí en esta tierra antes de irnos para la gloria, primero dice: “No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás” y la parte b) “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana”. Hoy es muy común, claro, un fin de semana, no le pagan el viernes por ahí le pagan el martes y hacen negocio esos días, compran y venden, cambian dinero, pero el Señor prohibe retener el salario, el salario hay que pagarlo cuando apareció la primera estrellita, ahí, al anochecer, por eso dice ahí en el verso 13: “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana” y Deuteronomio 24:15, allí también el Señor da esa ley que El mismo cumple, porque El no da una ley que El no cumpla: “En su día le darás su jornal”, no hay que hacer esperar a la persona a quien se le debe, hay que pagar esa misma noche, ni siquiera hay que esperar que oscurezca, tan pronto como aparece la primera estrella ahí hay que pagar, “En su día le darás su jornal, y no se podrá el sol sin dárselo”; por eso digo lo de la primera estrellita, Dios quiere que se pague diariamente lo que se trabajó, se pague ese mismo día y dice porqué: “pues es pobre, y con él sustenta su vida”, o sea, va a vivir de préstamos, pagando intereses de usura, “es pobre, y con él sustenta su vida, para que no clame contra a ti a Yavheh, y se en ti pecado”, o sea es pecado retener el salario una noche, es un pecado, tiene que ser al instante, claro como tú no eres el que está con la apretura, a ti no te importa pero el otro no tiene con qué desayunar, a él si le importa, ¿ven? el que tiene la panza llena está tranquilo, pero el otro no, entonces Dios cumple sus propias leyes. Volviendo a Mateo 20:8, dice: “Cuando llegó la noche”, a la medianoche como dice el Señor: “aquí viene el esposo”10, pero aquí todavía no es la medianoche y llegó la noche, y dice: “El señor de la viña dijo a su mayordomo”, ¿quién será este mayordomo? Será Cristo el ecónomo de Dios, el epictropos como se le llama allí en el griego. “Llama a los obreros y págales el jornal” aquí se habla de pagar, aquí no está hablando de salvación, sino del reino de los cielos, el jornal, o sea lo que hicieron porque la salvación es por gracia, pero fuimos salvos para buenas obras las cuales serán galardonadas, “he aquí vengo pronto y mi galardón conmigo para recompensar a cada uno según fuere su obra”11. La salvación es por fe, es un regalo, la dádiva de Dios es vida eterna, pero los salvos por gracia, servimos al Señor, pero ¿en qué espíritu? Como el espíritu que se manifestó en aquellos obreros primeros que empezaron a envidiar, que no conocían la gracia, que sólo conocían el comercio, que sólo conocían la justicia pero no la soberana gracia, ¿qué espíritu se manifestará en aquel día? ¿En qué espíritu fue nuestro trabajo? Porque en el espíritu en que fue nuestro trabajo se manifestará en el último día. ¿Cuál fue el espíritu de aquellos? Hacía mucho sol, arduo trabajo, en cambio a esos les tocó trabajar cuando hacía brisa fresca, ya se estaba poniendo el sol, a nosotros nos tocó el calor, ¿se da cuenta en que espíritu estaban aquellos? ¿Qué nos quiere enseñar el Señor con esta parábola? Será que cuando en alguna bibliada se quiere conceder gracia a unos, entonces dicen: ¡no, con todos tiene que ser igual! ¿no fue eso lo que hizo el diablo? ¿Saben por qué el diablo está tratando que otros le sigan al infierno? Porque él no quiere la desgracia para el sólo, como dice: mal de muchos, consuelo de tontos, ese es el diablo, él quiere que todos se vayan al infierno, que no sea uno solo el desgraciado sino que ojalá haya millones de desgraciados, ese es el espíritu del diablo, pero el Señor tiene un espíritu de gracia; lo mínimo que hace el Señor es justicia, pero la justicia es lo mínimo; el Señor no es solamente justo, sí la ley viene por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo12; lo mínimo que hace el Señor es justicia, Él no le va a quitar a nadie nada, Él nunca va a cometer injusticia, pero Él además de hacer justicia, es bondadoso, Él regala cosas para exponer la envidia de los corazones y tratarlo, si no fuera así, hubiera dado el salario cuando no lo vieran los primeros, para que los primeros no se dieran cuenta, -no, espere que salgan los otros y los otros no se den cuenta y así ellos no van a criticar; tú sólo trabajaste una hora y ellos trabajaron doce horas,- no eran ocho, sino doce en esa época, ¿ven? pero ¡no! delante de ellos, delante de los quisquillosos, delante de los legalistas les dio lo mismo que a ellos, pero a ellos no les hizo injusticia. Entonces dice, primera cosa rara para este mundo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros”. El Señor quería era el fin del negocio, se terminó el negocio; los últimos fueron los que debieron terminar y esos son los primeros que lo disfrutan, ¿verdad? Los obreros de la hora undécima: “págales el jornal, comenzando desde los postreros”, o sea, así es como los postreros comienzan a ser primeros y ¿cuál fue el salario? verso 9, “Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.” Un denario, o sea, el Señor les dio un mismo denario, igual le dio a los otros, a unos como actuaron en ese plano de negocio con Dios, entonces le pagó lo que les debía, no les hizo injusticia, pero los otros trabajaron en un espíritu diferente y el Señor también actuó como es Él, El es bondadoso, nosotros no tenemos que ser de esas personas que si a mi me apretaron, yo tengo que apretar al otro, ¿por qué no voy a alegrarme de que haya gracia para otro? ¿porqué no voy a alegrarme con la soberanía del Señor?. Allí hay unos pecados escondidos en la reacción de estos, caballeros entre comillas. Miren lo que dice en el verso 10: “Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario”, o sea, lo justo, ¿por qué? porque ellos hicieron un contrato, ellos trabajaron no por el interés de la viña, no por amor al dueño, ¡no! ellos trabajaron para ellos, bueno, el Señor fue justo, no les quitó nada, les dio lo que habían convenido, con los otros no convino nada y fue bondadoso, entonces ¿en qué espíritu prefieres trabajar para el Señor? en un espíritu, bueno, si me pagan el salario de pastor voy a pastorear, si no me pagan, no voy a pastorear, ¿cómo voy a ir a visitar a los hermanos si no me pagan? ¿No es ese el espíritu mercenario? Un denario por justicia, pero el que hace un trabajo por amor, por gracia, por colaborar, por estar en el mismo espíritu, en la misma causa de su Señor, ese recibirá una recompensa según el espíritu en que trabajó, una recompensa de gracia. Hay recompensa de justicia y hay recompensa de gracia, las dos son recompensas, pero una cosa es recompensa de justicia y otra es una recompensa graciosa, abundante, también es llamada recompensa, pero una recompensa basada en la gracia, basada en la actitud bondadosa del Señor y así es el espíritu en que Él recompensa, en ese espíritu es que demos servir, no servir en el espíritu de mercadería, porque entonces el Señor nos dirá: ya tienes tu recompensa; hay que servir al Señor en otro espíritu y eso es lo que Él, nos quiere enseñar, y eso se esperará de los últimos; de los últimos se esperará un servicio al Señor en ese espíritu, con los últimos Él no hizo negocio. Vayan, trabajen, no les prometió nada, ellos no lo hicieron por promesa, por cálculos, simplemente estaban felices de tener oportunidad de trabajar por esa causa tan importante de esa viña de ese propietario, entonces Él los recompensó con gracia. ¿Amén? Dice el verso 10: “Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más;” ¿ se dan cuenta en que espíritu estaban ellos? Ellos estaban comparándose el uno con el otro; cuando nosotros nos comparamos uno con el otro, cuando queremos que al otro le pase lo mismo que a mi, que lo traten lo mismo que a mi, estamos en ese espíritu mercenario, no estamos en el espíritu correcto del evangelio. Es muy natural exigir igualdad, digamos, en el castigo por nuestros pecados, pero en lo que se da de gracia ¿cómo puede uno exigir igualdad? ¿Acaso puedo yo exigirle a Alejandro que me regale su reloj a mí, y si él se lo quiere regalar a Elsa me voy a poner bravo porque siempre me tiene que regalar a mi? Entonces ¿yo soy el único que puedo recibir todo, él no puede hacer ninguna bondad a nadie? ¿Se dan cuenta hermanos, como el Señor con esta parábola entra en lo profundo de nuestro legalismo, de nuestra justicia propia, de nuestro mercantilismo? Como Jacob, Jacob diezmó lo mismo que Abraham, pero ¡qué diferencia hay entre el diezmo de Jacob y el de Abraham! Jacob le dijo: “Mira, si tú me bendijeres, no me faltare comida, no me faltare calzado ni ropa, entonces vas (futuro) a ser mi Dios, ahora no, vas a ser mi Dios y yo te voy a dar el diezmo”13. Abraham no hizo ningún negocio, simplemente, espontáneamente lo dio, ¿ven? Dice: “Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais”14, Abraham actuaba en ese espíritu de generosidad como el Señor en el reino actúa no sólo con justicia, sino también con espíritu de generosidad, es un aspecto del reino que también es verdadero. El Señor incluye en la recompensa su espíritu de generosidad. Verso 11: “Y al recibirlo”, o sea, lo recibieron, cada uno de ellos recibió cada uno un denario, pero noten esa reacción, aunque lo recibieron lo volvieron a dejar ahí, lo recibieron y dijeron: -¡es un denario!- ¿Cómo sabemos que lo volvieron a dejar? Porque el Señor más adelante dice: -tómalo-, o sea que el que lo había recibido, lo había soltado y el Señor le tuvo que decir que lo tomara de nuevo, ¿se dan cuenta? A veces si no nos dan lo que queremos, no le queremos recibir, ¡Dios tenga misericordia de nosotros! De mi primeramente. “Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia”, pero ¿había sido injusto? ¡No! ¿Por qué murmuraban? ¿Por qué? porque era bueno, porque era soberano, entonces miren ese espíritu que el Señor está denunciando dentro de los mismos siervos a la hora del galardón, a la hora del salario, ¿ven? Verso 12: “Diciendo:” miren como murmuraban. “Estos postreros han trabajado una sola hora”, minimizando el trabajo de los otros, siempre engrandeciendo el trabajo de uno, es que mi trabajo ha sido muy arduo, muy difícil, al sol, a ustedes les tocó todo masticadito, todo facilito, ¿se dan cuenta? “y los has hecho iguales a nosotros”, ¡ah! noten, ¡iguales a nosotros!, ¡nosotros somos superiores!, nosotros somos los pioneros, los fundadores fuimos nosotros, éstos son recién llegados; no hay recién llegados hermanos, hay llamados a la hora que el Señor quiere. Es que uno no puede decir: ¡ah es que somos superiores, merecemos más! ¡No!, el Señor no les dio menos de lo que había prometido y era justo, el Señor no está haciendo injusticia. Entonces le dijeron eso: “nosotros, que hemos soportado la carga”, ahí está como ellos tomaban el trabajo, como una carga, para los otros, los de la hora undécima, era una oportunidad, pero para éstos era una carga. Se puede trabajar para el Señor considerando que nos dio una oportunidad o como una carga, ¿se dan cuenta, la diferencia de espíritu?, ellos le llamaron carga, “el calor del día”, siempre resaltaban lo peor, lo que soportaron, lo que habían sufrido ¿ven? Verso 13: “El, respondiendo, dijo a uno de ellos:”, quizá al portavoz, debía ser Pedro, yo no digo que sea, pero Pedro era el que había empezado a negociar y por eso fue que el Señor habló de que los primeros serían postreros, o sea, habrá algunos postreros con espíritu diferente al final, ¿verdad? Entonces dice: “Amigo, no te hago agravio”, o sea, tú estás murmurando, estás ofendido, pero yo no te he hecho agravio, “¿no conviniste conmigo en un denario?” Verso 14: “Toma lo que es tuyo”, ya lo había dejado, dice que lo había recibido, pero lo había soltado, “Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero”, ahí está la voluntad soberana, la soberanía de Dios, “quiero dar a este postrero, como a ti”, o sea, contigo soy justo y con él quiero ser bondadoso, ¿no tiene derecho de ser bondadoso? No dice la escritura: “¿Por qué peleas con el Altísimo?” El dice: “tengo misericordia de quien tengo misericordia, me compadezco de quien me compadezca,” 15 ¿vas a altercar con Dios, por qué hace esto así? Aquí el soberano soy yo Dios, y tú te vas a sentar en el banquillo de los acusados y yo ¿voy a ser juez de Dios? ¡No! Dios es el Señor, Él no está haciendo injusticia, lo mínimo que hace es justicia y lo demás es gracia y en el reino de los cielos habrá gracia también y por eso dice aquí: “quiero dar a este postrero, como a ti”. Verso 15: “¿No me es lícito”, o sea, ¿vamos a decirle que no le es lícito hacer lo que quiere, no puede hacer el Señor lo que quiere con lo de Él? Lo que te debe a ti te lo dio, pero lo que es de Él, ¿no puede hacer con ello lo que quiere? ¿Puede o no puede? ¡Amén hermanos!, vamos a limpiar ese espíritu de comercio, ese espíritu de legalismo de nuestro corazón, debemos aceptar esas bondades que el Señor le hace a otros, con alegría, no con envidia. “O tienes tú” esa palabra que se tradujo aquí envidia, es “mal ojo”. Dice la Biblia “que toda excelencia de obra despierta la envidia”16, ese asunto de la envidia es mal ojo, pero ¿por qué a él le dio un postre más grande? ¿Verdad que el Señor tiene que tratar con nosotros hermanos? Aquí estamos retratados y el Señor tiene que tratar con nosotros eso del mal ojo, inclusive hay por ahí ciertos lugares donde se habla del mal ojo que le echaron mal de ojo, por eso dice: “si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas; si la luz que hay en ti es tinieblas”17, o sea que debemos alegrarnos con la justicia de Dios y con la bondad soberana, El reparte como Él quiere, soberanamente, y tenemos que aprender a entrar en esa área que a veces no queremos entrar. Hermanos, es que Dios es justo, sí es justo, pero Él es soberano en su bondad, reparte como Él quiere. A éste lo hizo cucaracha y a éste lo hizo serafín. ¿Va a decir la cucaracha, por qué me hiciste cucaracha? ¿No tiene Dios derecho de hacer cien mil cucarachas, y cuatro serafines si quiere? ¿No tiene derecho? ¿Tiene o no tiene? Tiene derecho, porque Dios es soberano. Entonces dice: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tu envidia, porque yo soy bueno?” Esa palabra “envidia” es la palabra “mal ojo”. Hay varias cosas que se ven, voy a leer algunas por ejemplo para terminar esta parte aquí. Vamos a Proverbios capítulo 30, versículos 21 al 23: “Por tres cosas se alborota la tierra,” no puede soportar la tierra, “y la cuarta ella no puede sufrir”; miren como es la gente de la tierra, los naturales, los nativos, ¿por qué cosa se alborota la tierra? “Por el siervo cuando reina”, o sea, si reina el rey, el de sangre azul, todo el mundo está agradado, pero el proletario que reine, ¡uy! ¡No, cómo va ser, como va a reinar el proletario! Nadie quiere que el proletario reine, se alborota la tierra. Otra: “Por el necio cuando se sacia de pan” ¿no dice la escritura también que no es de los ligeros la carrera, ni de los sabios las riquezas, ni de los prudentes, ni de los elocuentes el favor, sino que tiempo y ocasión acontecen a todos, no dice así la Escritura? 18 Como lo cantamos, vanidad de vanidades, no es de los ligeros la carrera; o sea que a veces a los necios les va bien, ¿no ven a alguno que es presidente de esto y de aquello? Nacieron con cucharitas de plata, otros nacieron por allá en una barriada; la gente se alborota cuando el necio se sacia de pan. Otro: “Por la mujer odiada cuando se casa;” ¡se casó esa, me debiera casar yo, pero no ella! Eso es mal ojo también. “Y por la sierva cuando hereda a su señora”, eso no lo puede soportar la tierra, eso es el mal de ojo, ¿verdad? Ese es un ojo malo. Hermanos, Dios puede hacer bondad, de pronto hereda la sierva toda la riqueza de la señora, Dios se lo quiso dar, ¿verdad? Se alborota la tierra, porque la gente es mala, pero Dios sabe lo que hace. Por eso dice al final: “Así”, o sea lo que él había dicho en el 19:30 después de hablar que los primeros serán postreros, entonces aquí explicó como, así como lo explicó en la parábola: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” Y ahí termina Bueno hermanos, gracias al Señor. Yo les aconsejo que tomen la concordancia, busquen la palabra “envidia” y leamos cada uno con cuidado, yo ya hice ese trabajito, por eso se los aconsejo. Busquen la palabra “envidia” y lean todos los versos donde aparece la palabra “envidia” para que nosotros seamos librados de ese espíritu. ¿Amén hermanos? Vamos a dar gracias al Señor. Señor: te damos las gracias por tu infinita bondad y por tu soberanía. Tú eres Rey de reyes, Señor de señores, eres santo, eres bueno, eres justo y eres Señor. A Ti honra y gloria, concédenos honrarte, glorificarte por cada obra que haces, por cada bondad que concedes inmerecidamente a tus criaturas. No somos tus jueces, Señor, sino tus siervos. Gracias por cada bondad que has concedido a otros y que a nosotros no has concedido, gracias Señor, gracias porque Tú eres bueno, justo, soberano y te es lícito hacer lo quieres con lo que es tuyo. Gracias por tu bondad y tu soberanía. A Ti la honra y la gloria por los siglos de los siglos, amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez Durán del comité de revisión para revisión final del autor. 1 Mat 19: 16-21 2 Mt 19:28 3 Cnt 7:11,12 4 Cnt 1:6 5 Cnt 8:12 6 Mt 19:27 7Hab 2:13,14 8 Jn 4:38 9 Ap 3:21 10 Mt 25:6 11 Ap 22:12 12 Jn 1:17 13 Gn 28:20-22 14 Jn 8:39 15 Ro 9:15 16 Ec 4:4 17 Lc 11:34 18 Ec 9:11

LOS OBREROS DE LA VIÑA

Por Gino Iafrancesco V. - 28 de Marzo, 2012, 14:07, Categoría: General

(33) LOS OBREROS DE LA VIÑA. EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS (33). LOS OBREROS DE LA VIÑA. Localidad de Teusaquillo. (6 de agosto de 2005). (Gino Iafrancesco V.). Querido Padre: Gracias por el Señor Jesús por medio de quien estamos delante de Ti, te agradecemos que nos hayas conservado hasta hoy la vida y que nos continúes dando oportunidades en esta tierra, concédenos Señor acercarnos a Ti y a tu Palabra, ten a bien Señor, por tu Santo Espíritu, hablarnos una vez más, concede a nuestro corazón atenderte a Ti Señor, no te canses de llamarnos y encaminarnos y reprendernos si es necesario, Señor. Ayúdanos a estar contigo. Gracias porque podemos dejarlo todo en tus manos, concédenos desaparecer mientras miramos a Ti para que Tú nos puedas hablar Señor, nos puedas dar vida, conducirnos. En el nombre del Señor Jesús. Amén. Hermanos, la parábola que vamos a considerar, Dios mediante, esta noche, no se encuentra sino en Mateo; ni Marcos, ni Lucas, ni Juan, ni tampoco el llamado evangelio de Tomás, la mencionan, solamente la menciona Mateo. Entonces vamos al libro del evangelio según Mateo y vamos a mirar el capítulo 20, los primeros 16 versículos que habla de los obreros de la viña. Mateo capítulo 20, versículos 1 al 16. Voy a hacer una primera lectura de corrido para que, con la ayuda del Señor, recibamos la primera impresión y hacer un pequeño comentario de crítica textual que es necesario hacer al principio para que toda la parábola tenga una mayor riqueza. Mateo 20:1: “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña.” Esa frase: “y recibiréis lo que sea justo”, es un agregado de algunos manuscritos posteriores, no se encuentra en los manuscritos más antiguos, ni tampoco en las menciones antiguas del latín, ni el copto, ni de otros idiomas antiguos, fue agregada porque en un verso anterior si aparece, entonces algún escriba pensó: aquí como que le faltó a Mateo decir lo mismo que había dicho antes, y agregó esto, y algunos manuscritos lo copiaron y entonces los manuscritos tardíos contienen esa frase, pero realmente cuando tú vas al texto griego, el verso 7 termina ahí: “Id también vosotros a la viña” y esto es significativo, como vamos a verlo después, Dios mediante, en la parte exegética. “Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú mal ojo, porque yo soy bueno?” La palabra que aquí se tradujo envidia es mal ojo u ojo malo. “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” Esa frase: “porque muchos son llamados, más pocos escogidos”. También es acrecentada en manuscritos tardíos, pero no está en los manuscritos más antiguos, ni en las traducciones más antiguas, entonces fue una explicación de algún escriba que quiso registrar esto. Bueno hermanos, hasta aquí la parábola leída. Vamos a considerar, con la ayuda del Señor, esto que en la historia de la exégesis cristiana es considerada la segunda en dificultad, después de la del mayordomo infiel; la del mayordomo infiel es considerada la más complicada de interpretar y ésta también, después de aquella, es considerada una de las más difíciles de entender, porque ustedes saben que hay distintas escuelas y a veces uno se acerca a la parábola del Señor con esas escuelas y las cosas como que no encajan con el pensamiento de las escuelas. Los reformados que hablan de la sola gracia, no entienden eso de cómo es que se paga un denario. Lutero interpretaba y otros con él, que no se refería a la venida del Señor, sino a los bienes temporales que recibimos en esta vida y otros que sí hablan del denario, lo toman como si fuese la salvación y confunden la salvación con el reino, de manera que esta parábola ha requerido un largo parto de casi 19 siglos para que, poco a poco, pueda ir siendo mejor entendida. Lógicamente que todos nosotros somos deudores y estamos sobre los hombros del resto de la iglesia que nos antecede en este proceso de tratar de entenderle al Señor, lo que el Señor nos quiere decir y aunque somos deudores a ellos, y estamos en los últimos tiempos tampoco pretendemos decir la última palabra, pero por lo menos estamos sobre los hombros de otros, ¿amén? esperamos que otros que vienen, si es que hay tiempo, estén sobre los hombros de los que anteceden. Desde el comienzo nos damos cuenta que la parábola no es una parábola aislada, sino que está en un contexto, vale la pena ver ese contexto porque la parábola comienza con la palabra “Porque”, quiere decir que el Señor va a explicar algo que había dicho antes, o sea que el contexto inmediato de la parábola comienza desde antes. Fíjense que hablando del joven rico, porque el joven rico venía a preguntar qué era necesario hacer para heredar la vida eterna y el Señor le dijo: -Bueno, tú conoces los mandamientos-, ustedes conocen toda la historia, dijo: todo esto he hecho desde mi juventud, y el Señor le dijo: -una cosa te falta, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás tesoro en los cielos-1, entonces el Señor estaba hablando en el contexto del reino, no sólo de la salvación, sino del reino y en ese contexto es que Pedro hace una pregunta; puede ser que sea sólo de Pedro o que Pedro sea el portavoz de una inquietud general de los apóstoles o de una buena parte de ellos, o de una buena parte de las personas. Acordémonos que cuando vino el Señor Jesús, El vino bajo la ley y en aquel tiempo los judíos estaban bajo la ley de Moisés, recién el Señor Jesús estaba introduciendo el nuevo pacto. ¿Amén? Entonces, los primeros obreros estaban bajo la bandera del legalismo, bajo la bandera del mérito humano, bajo la bandera del comercio; te doy tanto por tanto y esto merece tanto, se espera que al final del negocio las cosas estén en otro espíritu, un espíritu de gracia, no en un espíritu de comercio, de legalismo, sino en un espíritu de gracia, de la soberana gracia de Dios. Miren como empieza del verso 27 del capítulo anterior, para ver el contexto. Estamos ahora en el capítulo 19 de Mateo desde el verso 27: “Entonces respondiendo Pedro”, ese entonces es a lo que el Señor le dijo a este joven rico. “Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros”, él no, él no te siguió, él se fue, él amó sus propiedades, pero nosotros sí, nosotros si pagamos el precio, nosotros tomamos la cruz, nosotros si luchamos para ser de los vencedores, nosotros sí, entonces dice: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué pues, tendremos?” es decir, por esta inversión, ¿cuánto da la cosecha? Entonces Pedro estaba bajo la égida del legalismo judaico, ¿se dan cuenta? Y el Señor claro, El es justo, pero es más que justo, El es también bondadoso, lleno de gracia, pero aquí Pedro está hablando de que hemos puesto esto y ¿qué vamos a tener? Entonces el Señor le dice, a todos, ya no solo a Pedro: “De cierto os digo que en la regeneración,” aquí esta palabra “regeneración”, no se refiere al nuevo nacimiento, sino al nuevo nacimiento incluido el alma y el cuerpo, es decir, la resurrección. Hay dos aplicaciones de la palabra “regeneración”, comienza por el espíritu, pero continúa pasando a nuestra alma y también a nuestro cuerpo. El propósito de que nuestro espíritu sea regenerado es también que nuestra alma lo sea y también el cuerpo; la vida de Dios comienza en el espíritu, el lugar santísimo, el río de Dios comienza a salir hacia el lugar santo y hacia el atrio y a llenar las naciones, y toda alma que entre en ese río del Espíritu, vivirá, entonces la regeneración que comienza en el espíritu, tiene la intención de llegar con su efecto pleno hasta el cuerpo, entonces aquí la palabra regeneración en este contexto, incluye la resurrección del cuerpo, por eso dice: “en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente” cuando hemos resucitado y comienza el reino, “se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”2. Aquí el Señor hizo la promesa y por eso usted ve que cada tribu tiene su piedra y cada apóstol tiene su piedra y a través de la piedra se conoce que tribu le tocaría a cada apóstol, por lo menos a través de las tribus se asocian las tribus con los apóstoles. -En la regeneración, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel- Aquí lógicamente que está Matías en lugar de Judas Iscariote. “Y cualquiera”, ahora no sólo ustedes doce, sino cualquiera “que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”. Aquí cuando dice: heredará la vida eterna, es decir la vida eterna como herencia, ya tenemos vida eterna por la fe, pero la vida eterna como herencia, como le había preguntado anteriormente el joven rico, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna? Sabemos que el inicio de la vida eterna viene por la fe, pero una cosa es creer y otra cosa es renunciar a casas, hermanos, padres hijos etc. por Su nombre. Entonces dice: “recibirá cien veces más”, eso es aquí, ¿verdad? “y heredará la vida eterna”. Noten: “Pero”. Aquí el Señor dijo: “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, serán primeros”. O sea, muchos de los que comenzaron, al final no serán los primeros, estarán allí, pero no serán los primeros y otros de los que fueron los postreros como los de la hora undécima, los últimos que el Señor llamó, llegarían a ser primeros y tendrían un trabajo que el Señor valoraría y que el Señor no sólo recompensaría sino que añadiría gracia a la recompensa; eso es algo que tenemos que aprender también, cuando estamos tratando el asunto del reino, porque hemos visto que la salvación es por fe y que el galardón es por obra, pero tenemos que ver también junto con eso y para eso está esta parábola que aún en el galardón, el Señor es soberano, puede acrecentar según su bondad, lo que a Él le place al galardón de las personas, porque Él es soberano y tiene que tratar con la raiz legalista de nuestra envidia. ¿Amén? Hay algo en el ser humano que tiene que ser tratado y aquí con esta parábola el Señor lo trata. Pero vamos poco a poco, aquí nos damos cuenta que en el verso 30 el Señor dijo: “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros. Porque” ese porque es para explicar esa frase: muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros, al final de la parábola de los obreros de la viña, en el capítulo 20, verso 16, dice: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros” , noten que el verso 19:30 dice lo mismo que el 20:16, sólo que el 20:16, dice: “Así”, quiere decir que esta parábola es para explicar lo que acaba de decir en el capítulo 19, el objetivo es precisamente explicar eso. Entonces. ahora si entremos en la explicación, eso era para entender lo que dice aquí: “Porque”, todo esto que dijimos del contexto es porque: “porque el reino de los cielos”, aquí está hablando del reino de los cielos, vamos a ubicar esta parábola junto con todas las demás que hablan del reino de los cielos, aquí no está hablando sólo de la salvación por la fe, está hablando del reino de los cielos, ya como eso se ha tratado, no voy a detenerme aquí, sólo llamo la atención, es una más de las parábolas que esclarece otro aspecto del reino de los cielos. Dice: “es semejante a un hombre, padre de familia,” aquí podemos representar al Señor mismo, a Dios mismo, Dios mismo es este padre de familia que se hizo hombre, “que salió por la mañana a contratar obreros para su viña”. Aquí aparece la palabra “viña”, que es una palabra muy importante. Siempre el Señor considera su trabajo en la tierra aún con Israel, después con la iglesia, como con una viña. Ustedes recuerdan Isaías capítulo 5, los primeros siete versos nos hablan de esa viña, como Dios consideraba a Israel como una viña, inicialmente Israel. Vamos a Isaías capítulo 5 desde el verso 1 hasta el 7. El Señor le habla así a Israel: “Ahora cantaré por mi amado”. Aquí está hablando Isaías, ese amado es el Señor, Yahvheh, “el cantar de mi amado a su viña”, o sea el pueblo del Señor, tanto Israel en el antiguo como la iglesia en el nuevo, es la viña del Señor. “Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar, y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres”, o sea esas uvitas de mala calidad, que no era lo que se esperaba de una viña, uvas silvestres, es decir, no la vida nueva, sino la vieja, la natural. “Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá”, o sea, ustedes que han visto lo que ha pasado con Jerusalén, con Judá, “juzgad ahora entre mi y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña:” El Señor la reconoce como suya, pero dice lo que va a hacer, va a tener que barrer con ella, porque es una cosa totalmente natural y tiene que empezar de nuevo y para empezar de nuevo, tiene que barrer primero, luego a trabajar. Por eso dice aquí: “Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aún a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella”. ¿Por qué el Señor tomó esa posición? Porque El no puede respaldar lo que tiene un origen errado, tiene que cortar de raíz para después volver a empezar de nuevo. Aquí está anotando el Señor lo que va a hacer con Israel y lo que sucedió después cuando vino Nabucodonosor y todo eso, y recién después con la vuelta del cautiverio, al retorno, ahí empezó el Señor otra vez a trabajar, ¿ven? “Ciertamente la viña de Yahveh Sabaot es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor”. El Señor no reconoció esa planta, es una planta de malos frutos, hay que cortarla para poner una que de buenos frutos. Entonces aquí Israel era su viña. En Cantar de los Cantares aparece varias veces la viña y aparece la viña en distintas etapas que ahora vamos a ver, distintas horas del llamamiento a trabajar en la viña. Vamos al Cantar de los Cantares; la primera mención de la viña, está en el capítulo 1 versículo 6 al final, dice ella cuando era nueva, cuando estaba apenas comenzando en los caminos del Señor, lo amaba y él la amaba a ella, pero ella todavía no caminaba con él, ni discernía. Entonces dice: “Me pusieron a guardar las viñas; y mi viña que era mía, no guardé.” Esa es la primera mención de la viña, o sea, no le puso cuidado a la viña, no la guardó para nada. Ya en el capítulo 2, ya está trabajando con la viña, pero deja que las zorras la dañen; las zorras son esas astucias, esas cosas que hacemos en el hombre natural, no hacemos en el espíritu, sino en nuestra propia astucia, eso es lo que representan las zorras. Capítulo 2 versículo 15, dice el Señor: “Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne”. O sea, ya las uvas ya están produciendo y ahí cuando ya empiezan a aparecer esos racimos, ahí mismo vienen las zorras que no quieren que esas uvas sean para el Señor, sino que las zorras las quieren para ellas. Entonces ahora hay que cazar las zorras, volverse cazador de astucias. Después pasamos un poco más adelante al capítulo 7, ya ella ha madurado y en el versículo 12, lo leo desde el 10 porque ustedes ya conocen el asunto de cómo ella primero decía: “Mi amado es mío y yo soy de mi amado”, como ella fue descentrándose de los intereses de ella y se centró en los del Señor. Ahora dice ella desde el 7:10: “Yo soy de mi amado, y conmigo tiene su contentamiento. Ven, oh amado mío, salgamos al campo,” ahora es ella, primero le decía: ve a trabajar en la viña, no, no cuidó su viña, ¡como ha madurado al final!, ya en la última página, ahora es ella la que le dice a él, esa es la oración de intercesión con la iglesia. “Salgamos al campo, moremos en las aldeas. Levantémonos de mañana a las viñas; veamos si brotan las vides, si están en cierne, si han florecido los granados, allí te daré mis amores”3. A ella al principio no le importaba nada de la viña, ahora le importa, es en la viña que ella le quiere dar sus amores y lo último que ella dice, ya estamos en el capítulo 8 desde el verso 11 y el 12, ya terminando este libro, como una síntesis del cantar, Salomón, hijo de David que es tipología de Cristo, dice: “Salomón tuvo una viña en Baal-hamón,” Baal-hamón quiere decir la multitud de baales, o sea, el mundo, el hijo de David, plantó una viña en el mundo y dice: “la cual entregó a guardas”, o sea, él encomendó personas, esos guardas son los que deben trabajar en la viña, deben guardar que las zorras no se la coman, ni los ladrones, y ni siquiera los gusanos, ni la maleza, tienen que trabajar en la viña, son los guardas, ¿verdad? “Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.”, es decir, el equivalente a mil monedas de plata como fruto de la viña, ese fruto de la viña iba a producir plata, o sea, es el fruto de la redención, esto debe producir la viña. Y ahora, miren lo que dice ella, miren qué diferencia. Al principio dijo: “Me pusieron a guardar las viñas y la viña que era mía, no guardé”4. Ahora, miren después de la maduración dolorosa de parte del Señor, ahora dice así: “Mi viña, que es mía, está delante de mí;”5 ¡qué diferencia! “Está delante de mí”, las mil, o sea, las mil monedas que hay que traer por esa viña. “Las mil serán tuyas, oh Salomón, y doscientas para los que guardan su fruto”, es decir que las viñas producían mil doscientas monedas de plata, 1/6 era para los trabajadores y 5/6 eran para el capital, el capital era 1000 y el trabajo de los guardas era 200, vemos ahí los distintos niveles de la viña; vemos la viña descuidada totalmente al principio, luego la vemos cuidadita pero con algunas zorritas allí comiéndose las uvas, y ahora la vemos aquí trabajando en la viña y produciendo el fruto. ¿Amén? Ahora, lo mismo vamos a ver aquí en Mateo. Vamos a Mateo capítulo 20: “salió por la mañana a contratar obreros para su viña.” La viña es el pueblo del Señor y habla de contratar porque era que Pedro le había dicho: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué pues, tendremos?”6 Es decir, nosotros ponemos esto y ¿Tú que pones? Entonces el Señor le dijo que iba a poner algo, y al principio aparece la palabra “contratar”, “convenir”, “llegar a un acuerdo”, al final ya no se habla así y ese espíritu de legalismo, ese espíritu de comercio, al final de la parábola no se menciona, al principio se menciona, es decir, al principio del servicio uno sirve por legalismo, por ganancia, después sirve solamente porque nos vamos pareciendo al Señor, no por querer ganar recompensa, aunque la recompensa vendrá no nos interesa la recompensa, nos interesa más llegar a ser como es el Señor. ¿Amén? Entonces dice aquí en el verso 2: “Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña”. Son enviados, son los apóstoles del principio, ahí está Pedro porque Pedro le está diciendo: “nosotros lo hemos dejado todo, te hemos seguido”, entonces estos son los primeros obreros, los de la madrugada, los obreros de las 6 de la mañana cuando recién está saliendo el sol, o sea, cuando está comenzando la era de la iglesia, pero fíjense que al principio la iglesia está bajo el régimen de la ley y hasta está saliendo apenas de la ley, estaban saliendo de ese ambiente legalista y empezando a entrar, ¿verdad? Continua en el verso 3: “Saliendo cerca de la hora tercera”, o sea, la hora tercera son las 9 de la mañana, acuérdense que las horas comienzan cuando sale el sol y termina cuando se pone el sol, es decir, más o menos doce horas, claro que en verano eran 14 horas, casi 15 y en invierno eran 9 horas y un poquito, pero digamos el promedio eran 12 horas, de la salida del sol, a la puesta del sol, entonces cuando aparecía la primera estrella se acababa el día y comenzaba la tarde del siguiente día, ¿verdad? Entonces dice aquí: “Saliendo cerca de la hora tercera”, ¿por qué? porque a la madrugada era la hora primera, es decir, las 6 de la mañana sería la hora primera, la hora tercera son las nueve de la mañana, “del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados”; o sea, estar sin trabajar en la viña del Señor es estar desocupado, perdiendo el tiempo, ocupando el tiempo en cosas sin sentido, cosas que no tendrán ningún fruto; si no se está sirviendo al Señor en la viña se está desocupado u ocupado en tonterías, como dice por Habacuc: “en vano se afanaron las naciones, para el fuego trabajaron”, ¿por qué? “porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor.”7 Luego dice en el verso 4: “Y les dijo: Id también vosotros a mi viña,” ahora noten la palabra: “y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron”. Lo primero fue un convenio, o sea, algo comercial, hasta que llegaron a un acuerdo. Realmente en aquella época el salario del trabajo del día, un denario era un salario liberal, generalmente se pagaba un poquito menos de un denario y la persona que pagaba un denario para un soldado, para un obrero, se consideraba en la época antigua un salario bueno para el día. De la palabra denario viene la palabra dinero. Entonces les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo”. Noten: los primeros dice: los envió a su viña, ya aparece la palabra “enviar” de una manera bien notoria, claro que también los envió, pero ya no mencionó la palabra “enviar”, son apóstoles de una categoría diferente, los primeros son fundamento, los otros ya son edificadores del cuerpo, trabajadores de la viña. “Y ellos fueron”, noten: ahí ya no hubo ningún convenio con ellos; ellos confiaron en la justicia de él, no fue una cosa tan exacta. Bueno, nosotros lo hemos dejado todo ¿y qué vamos a tener? Esa fue una cosa bien definida, ya no, a medida que pasa el tiempo y el Señor va llamando, la iglesia tiene que ir madurando, y dice: “y os daré lo que sea justo”. El Señor hará justicia, sólo que el Señor no sólo es justo, sino que Él también es bueno, su gracia es soberana y ese es otro aspecto que tenemos que reconocer del Señor para que nosotros, que estamos entendiendo el reino no caigamos en legalismo, no caigamos en comercio con Dios. ¿Amén? Verso 5: “Salió otra vez”, o sea, éstos de las 9 de la mañana, eran como decir el período patrístico, después del período apostólico viene el período patrístico, dice: “Salió otra vez cerca de las horas sexta”, o sea, eso era a mediodía, el período medieval “y novena,” o sea, a las tres de la tarde, o sea, el período de la reforma, períodos diferentes en el trabajo de la viña del Señor, la era apostólica, la era patrística, la era medieval, escolástica y la era de la reforma. Ahora, la hora sexta es mediodía, la hora novena, la hora nona cuando murió el Señor eran las 3 de la tarde, traducido a nuestro horario actual. Y dice, miren como habló primero, primero habló así: convino con los obreros en un denario al día, ya ahora lo hace más simple: “y os daré lo que sea justo”, ahora simplemente hizo lo mismo, lo dio a entender, pero ellos fueron a trabajar, aunque sea tarde, ya sobre los hombros del trabajo de todos los demás, ellos no tuvieron que empezar nada, como dijo el Señor: “Otros trabajaron y ustedes entran en su labor”8, dijo en otro contexto. Verso 6: “Y saliendo”, o sea, el Señor siempre está llamando personas a la viña, el Señor está interesado en que la viña, trabaje y produzca lo que tiene que producir, tiene que producirse algo al final de la viña. La Biblia habla de un principio del negocio y habla de un fin del negocio. Vamos a mirar esto en Eclesiastés capítulo 7, versículo 8, la primera parte, dice: “Mejor es el fin del negocio que su principio”, o sea, el Señor dice que mejor el fin del negocio que su principio, claro, ¿cuál es el principio? Invertir para sembrar, para trabajar, para arreglar, para poner insumos, etc., pero ¿cuál es el fin del negocio? Recuperar el fruto y venderlo y tener las 1000 piezas de plata, ese es el fin del negocio, o sea que el fin del negocio es mejor que el principio. El Señor tiene obreros que contrata para el principio que son primeros, no todos los primeros, pero algunos de los primeros llegarán a ser postreros y el Señor se reservó algunos de los postreros que llegarán a ser primeros, se reservó el Señor obreros para la época apostólica, para la época patrística, para la época medieval, para la época de la reforma y para la época del fin. La hora undécima, es una hora antes de las seis, es decir, las 5 de la tarde, es la última hora pero es la hora del fin del negocio, es la hora de la cosecha, es la hora por la cual todo lo demás se trabajó, todos trabajaron para esta hora, fíjense los patriarcas trabajaron para el fin; Moisés, Josué, los jueces, los reyes, los profetas trabajaron para el fin; los apóstoles del principio trabajaron para el fin, los llamados padres de la iglesia, los escolásticos, los reformadores, los grandes misioneros trabajaron para el fin, pero ¿a qué generación le tocó el fin? A la de la hora undécima, la última generación, por eso quiero animar a los jóvenes, hermanos y hermanas, vean el privilegio de haber sido reservados para la generación del fin. Los postreros serán primeros. ¿Saben cuál es la recompensa más alta que se promete a las iglesias, a la última de las iglesias? A la iglesia en Laodicea se le promete una recompensa que a ninguna otra se le promete, tú vas a Apocalipsis, comparas las recompensas, todas son muy buenas, pero a la última dice: los que vencieren, o sea, los que vencieren la condición final de Laodicea, ese espíritu mercantilista, soy rico, no tengo necesidad de nada, los que vencieren la prueba final, el lazo, que dijo el Señor Jesús que vendría como un lazo, ese afán de las riquezas, ese afán del consumismo; “los que vencieren les daré que se sienten conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me sentado con mi Padre en mi trono”9, a ningún otro se le prometió eso, sino a los finales, ¿qué les parece? “El fin del negocio es mejor que su principio.” ¿Amén? Entonces ahora llega la hora undécima: “Saliendo cerca de la hora undécima”, o sea, alrededor de las 5 de la tarde, un poquito antes, todavía no eran las 5, pero eran como las 4 o las 4 y media, a esa hora quién se va a poner a trabajar, pero el Señor tiene interés en su viña y tiene interés en ellos. ¿Qué pasa si esos hombres se quedan sin trabajar? ¿Qué van a llevar a su casa, qué va a comer su esposa, sus hijos? ¿se dan cuenta? Entonces él contrató a los desocupados. A veces decimos: Señor, ¿por qué será que no me está saliendo ningún trabajo? Se me cierran las puertas por aquí, se me cierran por acá, el mundo no lo está ocupando, pero el Señor sí tiene interés en ocuparlo, pero hermano, si las puertas se le han cerrado ¿no será que el Señor lo está llamando como obrero de la hora undécima? Dice: “Saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados;” perdiendo el tiempo, viviendo sin sentido en la vida, “y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado”. Es decir, no le servimos a nadie, ni al mundo, ni faraón quiere que le hagamos ladrillos, ¡gracias a Dios! Esa no es una mala señal. “El les dijo: Id también vosotros a la viña” y ahí está el punto. Esa frase que dice: “y recibiréis lo que sea justo”, fue agregada por escribas posteriores, no está en los manuscritos antiguos. A los primeros les habló con todo detalle, hizo un convenio, bueno, un denario, con los otros les habló que van a confiar en la justicia, ellos pensaron, a mi me dará tres cuartos, a mí me dará medio denario porque sólo trabajé mediodía; yo trabajé desde las tres puede ser que me dé un cuarto de denario y aquí a estos últimos no les dijo nada, simplemente: “Id también vosotros a la viña” y ellos fueron a la viña, fueron en el espíritu del final del negocio, en un espíritu de gracia, ellos iban a ganar poco, pero no dijeron, ¿qué voy a ganar? Mejor me quedo sin hacer nada, a última hora, ¡todo lo que hicieron los apóstoles!, yo ya me convertí muy tarde, yo ya ¿que voy a hacer? ¡No, no!, claro que tú conoces que el Señor es justo, pero además de ser justo es bueno, El no solo es justo, El es bueno ¿ven? Verso 8: “Cuando llegó la noche,” porque el Señor cumple sus propias leyes. Vamos a ver esas leyes del Señor en Levítico 19, versículo 13, la parte b y esto hay que aprenderlo aquí en esta tierra antes de irnos para la gloria, primero dice: “No oprimirás a tu prójimo, ni le robarás” y la parte b) “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana”. Hoy es muy común, claro, un fin de semana, no le pagan el viernes por ahí le pagan el martes y hacen negocio esos días, compran y venden, cambian dinero, pero el Señor prohibe retener el salario, el salario hay que pagarlo cuando apareció la primera estrellita, ahí, al anochecer, por eso dice ahí en el verso 13: “No retendrás el salario del jornalero en tu casa hasta la mañana” y Deuteronomio 24:15, allí también el Señor da esa ley que El mismo cumple, porque El no da una ley que El no cumpla: “En su día le darás su jornal”, no hay que hacer esperar a la persona a quien se le debe, hay que pagar esa misma noche, ni siquiera hay que esperar que oscurezca, tan pronto como aparece la primera estrella ahí hay que pagar, “En su día le darás su jornal, y no se podrá el sol sin dárselo”; por eso digo lo de la primera estrellita, Dios quiere que se pague diariamente lo que se trabajó, se pague ese mismo día y dice porqué: “pues es pobre, y con él sustenta su vida”, o sea, va a vivir de préstamos, pagando intereses de usura, “es pobre, y con él sustenta su vida, para que no clame contra a ti a Yavheh, y se en ti pecado”, o sea es pecado retener el salario una noche, es un pecado, tiene que ser al instante, claro como tú no eres el que está con la apretura, a ti no te importa pero el otro no tiene con qué desayunar, a él si le importa, ¿ven? el que tiene la panza llena está tranquilo, pero el otro no, entonces Dios cumple sus propias leyes. Volviendo a Mateo 20:8, dice: “Cuando llegó la noche”, a la medianoche como dice el Señor: “aquí viene el esposo”10, pero aquí todavía no es la medianoche y llegó la noche, y dice: “El señor de la viña dijo a su mayordomo”, ¿quién será este mayordomo? Será Cristo el ecónomo de Dios, el epictropos como se le llama allí en el griego. “Llama a los obreros y págales el jornal” aquí se habla de pagar, aquí no está hablando de salvación, sino del reino de los cielos, el jornal, o sea lo que hicieron porque la salvación es por gracia, pero fuimos salvos para buenas obras las cuales serán galardonadas, “he aquí vengo pronto y mi galardón conmigo para recompensar a cada uno según fuere su obra”11. La salvación es por fe, es un regalo, la dádiva de Dios es vida eterna, pero los salvos por gracia, servimos al Señor, pero ¿en qué espíritu? Como el espíritu que se manifestó en aquellos obreros primeros que empezaron a envidiar, que no conocían la gracia, que sólo conocían el comercio, que sólo conocían la justicia pero no la soberana gracia, ¿qué espíritu se manifestará en aquel día? ¿En qué espíritu fue nuestro trabajo? Porque en el espíritu en que fue nuestro trabajo se manifestará en el último día. ¿Cuál fue el espíritu de aquellos? Hacía mucho sol, arduo trabajo, en cambio a esos les tocó trabajar cuando hacía brisa fresca, ya se estaba poniendo el sol, a nosotros nos tocó el calor, ¿se da cuenta en que espíritu estaban aquellos? ¿Qué nos quiere enseñar el Señor con esta parábola? Será que cuando en alguna bibliada se quiere conceder gracia a unos, entonces dicen: ¡no, con todos tiene que ser igual! ¿no fue eso lo que hizo el diablo? ¿Saben por qué el diablo está tratando que otros le sigan al infierno? Porque él no quiere la desgracia para el sólo, como dice: mal de muchos, consuelo de tontos, ese es el diablo, él quiere que todos se vayan al infierno, que no sea uno solo el desgraciado sino que ojalá haya millones de desgraciados, ese es el espíritu del diablo, pero el Señor tiene un espíritu de gracia; lo mínimo que hace el Señor es justicia, pero la justicia es lo mínimo; el Señor no es solamente justo, sí la ley viene por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo12; lo mínimo que hace el Señor es justicia, Él no le va a quitar a nadie nada, Él nunca va a cometer injusticia, pero Él además de hacer justicia, es bondadoso, Él regala cosas para exponer la envidia de los corazones y tratarlo, si no fuera así, hubiera dado el salario cuando no lo vieran los primeros, para que los primeros no se dieran cuenta, -no, espere que salgan los otros y los otros no se den cuenta y así ellos no van a criticar; tú sólo trabajaste una hora y ellos trabajaron doce horas,- no eran ocho, sino doce en esa época, ¿ven? pero ¡no! delante de ellos, delante de los quisquillosos, delante de los legalistas les dio lo mismo que a ellos, pero a ellos no les hizo injusticia. Entonces dice, primera cosa rara para este mundo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros”. El Señor quería era el fin del negocio, se terminó el negocio; los últimos fueron los que debieron terminar y esos son los primeros que lo disfrutan, ¿verdad? Los obreros de la hora undécima: “págales el jornal, comenzando desde los postreros”, o sea, así es como los postreros comienzan a ser primeros y ¿cuál fue el salario? verso 9, “Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.” Un denario, o sea, el Señor les dio un mismo denario, igual le dio a los otros, a unos como actuaron en ese plano de negocio con Dios, entonces le pagó lo que les debía, no les hizo injusticia, pero los otros trabajaron en un espíritu diferente y el Señor también actuó como es Él, El es bondadoso, nosotros no tenemos que ser de esas personas que si a mi me apretaron, yo tengo que apretar al otro, ¿por qué no voy a alegrarme de que haya gracia para otro? ¿porqué no voy a alegrarme con la soberanía del Señor?. Allí hay unos pecados escondidos en la reacción de estos, caballeros entre comillas. Miren lo que dice en el verso 10: “Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario”, o sea, lo justo, ¿por qué? porque ellos hicieron un contrato, ellos trabajaron no por el interés de la viña, no por amor al dueño, ¡no! ellos trabajaron para ellos, bueno, el Señor fue justo, no les quitó nada, les dio lo que habían convenido, con los otros no convino nada y fue bondadoso, entonces ¿en qué espíritu prefieres trabajar para el Señor? en un espíritu, bueno, si me pagan el salario de pastor voy a pastorear, si no me pagan, no voy a pastorear, ¿cómo voy a ir a visitar a los hermanos si no me pagan? ¿No es ese el espíritu mercenario? Un denario por justicia, pero el que hace un trabajo por amor, por gracia, por colaborar, por estar en el mismo espíritu, en la misma causa de su Señor, ese recibirá una recompensa según el espíritu en que trabajó, una recompensa de gracia. Hay recompensa de justicia y hay recompensa de gracia, las dos son recompensas, pero una cosa es recompensa de justicia y otra es una recompensa graciosa, abundante, también es llamada recompensa, pero una recompensa basada en la gracia, basada en la actitud bondadosa del Señor y así es el espíritu en que Él recompensa, en ese espíritu es que demos servir, no servir en el espíritu de mercadería, porque entonces el Señor nos dirá: ya tienes tu recompensa; hay que servir al Señor en otro espíritu y eso es lo que Él, nos quiere enseñar, y eso se esperará de los últimos; de los últimos se esperará un servicio al Señor en ese espíritu, con los últimos Él no hizo negocio. Vayan, trabajen, no les prometió nada, ellos no lo hicieron por promesa, por cálculos, simplemente estaban felices de tener oportunidad de trabajar por esa causa tan importante de esa viña de ese propietario, entonces Él los recompensó con gracia. ¿Amén? Dice el verso 10: “Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más;” ¿ se dan cuenta en que espíritu estaban ellos? Ellos estaban comparándose el uno con el otro; cuando nosotros nos comparamos uno con el otro, cuando queremos que al otro le pase lo mismo que a mi, que lo traten lo mismo que a mi, estamos en ese espíritu mercenario, no estamos en el espíritu correcto del evangelio. Es muy natural exigir igualdad, digamos, en el castigo por nuestros pecados, pero en lo que se da de gracia ¿cómo puede uno exigir igualdad? ¿Acaso puedo yo exigirle a Alejandro que me regale su reloj a mí, y si él se lo quiere regalar a Elsa me voy a poner bravo porque siempre me tiene que regalar a mi? Entonces ¿yo soy el único que puedo recibir todo, él no puede hacer ninguna bondad a nadie? ¿Se dan cuenta hermanos, como el Señor con esta parábola entra en lo profundo de nuestro legalismo, de nuestra justicia propia, de nuestro mercantilismo? Como Jacob, Jacob diezmó lo mismo que Abraham, pero ¡qué diferencia hay entre el diezmo de Jacob y el de Abraham! Jacob le dijo: “Mira, si tú me bendijeres, no me faltare comida, no me faltare calzado ni ropa, entonces vas (futuro) a ser mi Dios, ahora no, vas a ser mi Dios y yo te voy a dar el diezmo”13. Abraham no hizo ningún negocio, simplemente, espontáneamente lo dio, ¿ven? Dice: “Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais”14, Abraham actuaba en ese espíritu de generosidad como el Señor en el reino actúa no sólo con justicia, sino también con espíritu de generosidad, es un aspecto del reino que también es verdadero. El Señor incluye en la recompensa su espíritu de generosidad. Verso 11: “Y al recibirlo”, o sea, lo recibieron, cada uno de ellos recibió cada uno un denario, pero noten esa reacción, aunque lo recibieron lo volvieron a dejar ahí, lo recibieron y dijeron: -¡es un denario!- ¿Cómo sabemos que lo volvieron a dejar? Porque el Señor más adelante dice: -tómalo-, o sea que el que lo había recibido, lo había soltado y el Señor le tuvo que decir que lo tomara de nuevo, ¿se dan cuenta? A veces si no nos dan lo que queremos, no le queremos recibir, ¡Dios tenga misericordia de nosotros! De mi primeramente. “Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia”, pero ¿había sido injusto? ¡No! ¿Por qué murmuraban? ¿Por qué? porque era bueno, porque era soberano, entonces miren ese espíritu que el Señor está denunciando dentro de los mismos siervos a la hora del galardón, a la hora del salario, ¿ven? Verso 12: “Diciendo:” miren como murmuraban. “Estos postreros han trabajado una sola hora”, minimizando el trabajo de los otros, siempre engrandeciendo el trabajo de uno, es que mi trabajo ha sido muy arduo, muy difícil, al sol, a ustedes les tocó todo masticadito, todo facilito, ¿se dan cuenta? “y los has hecho iguales a nosotros”, ¡ah! noten, ¡iguales a nosotros!, ¡nosotros somos superiores!, nosotros somos los pioneros, los fundadores fuimos nosotros, éstos son recién llegados; no hay recién llegados hermanos, hay llamados a la hora que el Señor quiere. Es que uno no puede decir: ¡ah es que somos superiores, merecemos más! ¡No!, el Señor no les dio menos de lo que había prometido y era justo, el Señor no está haciendo injusticia. Entonces le dijeron eso: “nosotros, que hemos soportado la carga”, ahí está como ellos tomaban el trabajo, como una carga, para los otros, los de la hora undécima, era una oportunidad, pero para éstos era una carga. Se puede trabajar para el Señor considerando que nos dio una oportunidad o como una carga, ¿se dan cuenta, la diferencia de espíritu?, ellos le llamaron carga, “el calor del día”, siempre resaltaban lo peor, lo que soportaron, lo que habían sufrido ¿ven? Verso 13: “El, respondiendo, dijo a uno de ellos:”, quizá al portavoz, debía ser Pedro, yo no digo que sea, pero Pedro era el que había empezado a negociar y por eso fue que el Señor habló de que los primeros serían postreros, o sea, habrá algunos postreros con espíritu diferente al final, ¿verdad? Entonces dice: “Amigo, no te hago agravio”, o sea, tú estás murmurando, estás ofendido, pero yo no te he hecho agravio, “¿no conviniste conmigo en un denario?” Verso 14: “Toma lo que es tuyo”, ya lo había dejado, dice que lo había recibido, pero lo había soltado, “Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero”, ahí está la voluntad soberana, la soberanía de Dios, “quiero dar a este postrero, como a ti”, o sea, contigo soy justo y con él quiero ser bondadoso, ¿no tiene derecho de ser bondadoso? No dice la escritura: “¿Por qué peleas con el Altísimo?” El dice: “tengo misericordia de quien tengo misericordia, me compadezco de quien me compadezca,” 15 ¿vas a altercar con Dios, por qué hace esto así? Aquí el soberano soy yo Dios, y tú te vas a sentar en el banquillo de los acusados y yo ¿voy a ser juez de Dios? ¡No! Dios es el Señor, Él no está haciendo injusticia, lo mínimo que hace es justicia y lo demás es gracia y en el reino de los cielos habrá gracia también y por eso dice aquí: “quiero dar a este postrero, como a ti”. Verso 15: “¿No me es lícito”, o sea, ¿vamos a decirle que no le es lícito hacer lo que quiere, no puede hacer el Señor lo que quiere con lo de Él? Lo que te debe a ti te lo dio, pero lo que es de Él, ¿no puede hacer con ello lo que quiere? ¿Puede o no puede? ¡Amén hermanos!, vamos a limpiar ese espíritu de comercio, ese espíritu de legalismo de nuestro corazón, debemos aceptar esas bondades que el Señor le hace a otros, con alegría, no con envidia. “O tienes tú” esa palabra que se tradujo aquí envidia, es “mal ojo”. Dice la Biblia “que toda excelencia de obra despierta la envidia”16, ese asunto de la envidia es mal ojo, pero ¿por qué a él le dio un postre más grande? ¿Verdad que el Señor tiene que tratar con nosotros hermanos? Aquí estamos retratados y el Señor tiene que tratar con nosotros eso del mal ojo, inclusive hay por ahí ciertos lugares donde se habla del mal ojo que le echaron mal de ojo, por eso dice: “si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas; si la luz que hay en ti es tinieblas”17, o sea que debemos alegrarnos con la justicia de Dios y con la bondad soberana, El reparte como Él quiere, soberanamente, y tenemos que aprender a entrar en esa área que a veces no queremos entrar. Hermanos, es que Dios es justo, sí es justo, pero Él es soberano en su bondad, reparte como Él quiere. A éste lo hizo cucaracha y a éste lo hizo serafín. ¿Va a decir la cucaracha, por qué me hiciste cucaracha? ¿No tiene Dios derecho de hacer cien mil cucarachas, y cuatro serafines si quiere? ¿No tiene derecho? ¿Tiene o no tiene? Tiene derecho, porque Dios es soberano. Entonces dice: “¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tu envidia, porque yo soy bueno?” Esa palabra “envidia” es la palabra “mal ojo”. Hay varias cosas que se ven, voy a leer algunas por ejemplo para terminar esta parte aquí. Vamos a Proverbios capítulo 30, versículos 21 al 23: “Por tres cosas se alborota la tierra,” no puede soportar la tierra, “y la cuarta ella no puede sufrir”; miren como es la gente de la tierra, los naturales, los nativos, ¿por qué cosa se alborota la tierra? “Por el siervo cuando reina”, o sea, si reina el rey, el de sangre azul, todo el mundo está agradado, pero el proletario que reine, ¡uy! ¡No, cómo va ser, como va a reinar el proletario! Nadie quiere que el proletario reine, se alborota la tierra. Otra: “Por el necio cuando se sacia de pan” ¿no dice la escritura también que no es de los ligeros la carrera, ni de los sabios las riquezas, ni de los prudentes, ni de los elocuentes el favor, sino que tiempo y ocasión acontecen a todos, no dice así la Escritura? 18 Como lo cantamos, vanidad de vanidades, no es de los ligeros la carrera; o sea que a veces a los necios les va bien, ¿no ven a alguno que es presidente de esto y de aquello? Nacieron con cucharitas de plata, otros nacieron por allá en una barriada; la gente se alborota cuando el necio se sacia de pan. Otro: “Por la mujer odiada cuando se casa;” ¡se casó esa, me debiera casar yo, pero no ella! Eso es mal ojo también. “Y por la sierva cuando hereda a su señora”, eso no lo puede soportar la tierra, eso es el mal de ojo, ¿verdad? Ese es un ojo malo. Hermanos, Dios puede hacer bondad, de pronto hereda la sierva toda la riqueza de la señora, Dios se lo quiso dar, ¿verdad? Se alborota la tierra, porque la gente es mala, pero Dios sabe lo que hace. Por eso dice al final: “Así”, o sea lo que él había dicho en el 19:30 después de hablar que los primeros serán postreros, entonces aquí explicó como, así como lo explicó en la parábola: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” Y ahí termina Bueno hermanos, gracias al Señor. Yo les aconsejo que tomen la concordancia, busquen la palabra “envidia” y leamos cada uno con cuidado, yo ya hice ese trabajito, por eso se los aconsejo. Busquen la palabra “envidia” y lean todos los versos donde aparece la palabra “envidia” para que nosotros seamos librados de ese espíritu. ¿Amén hermanos? Vamos a dar gracias al Señor. Señor: te damos las gracias por tu infinita bondad y por tu soberanía. Tú eres Rey de reyes, Señor de señores, eres santo, eres bueno, eres justo y eres Señor. A Ti honra y gloria, concédenos honrarte, glorificarte por cada obra que haces, por cada bondad que concedes inmerecidamente a tus criaturas. No somos tus jueces, Señor, sino tus siervos. Gracias por cada bondad que has concedido a otros y que a nosotros no has concedido, gracias Señor, gracias porque Tú eres bueno, justo, soberano y te es lícito hacer lo quieres con lo que es tuyo. Gracias por tu bondad y tu soberanía. A Ti la honra y la gloria por los siglos de los siglos, amén. La paz del Señor sea con los hermanos. Transcripción: Marlene Alzamora Revisión: Piedad Gutiérrez Durán del comité de revisión para revisión final del autor. 1 Mat 19: 16-21 2 Mt 19:28 3 Cnt 7:11,12 4 Cnt 1:6 5 Cnt 8:12 6 Mt 19:27 7Hab 2:13,14 8 Jn 4:38 9 Ap 3:21 10 Mt 25:6 11 Ap 22:12 12 Jn 1:17 13 Gn 28:20-22 14 Jn 8:39 15 Ro 9:15 16 Ec 4:4 17 Lc 11:34 18 Ec 9:11

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