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PARÉNTESIS DE RECONSIDERACIONES DE LA OBRA Y LA IGLESIA

Por Gino Iafrancesco V. - 28 de Marzo, 2012, 21:41, Categoría: General

PARENTESIS DE RECONSIDERACIONES DE LA OBRA Y LA IGLESIA. Localidad de Teusaquillo. (10 de septiembre de 2010). Gino Iafrancesco V.. Vamos a hacer un paréntesis necesario por causa de la coyuntura espiritual, pero también tengo aquí un documento que después quiero pasar a los hermanos. En el día de hoy es necesario hacer un pequeño paréntesis de mi parte. Hemos estado siguiendo una serie sobre “El motivo de la casa de Dios” en la Biblia, y llevamos unos capítulos iniciales; creo que 3; y estaba procurando atender en el espíritu si debía dar continuidad al capítulo 4; pero también hay unas cosas que necesitaba decir a los hermanos; y entonces, atendiendo cual de las dos cargas pesaba más, sentí que era necesario hacer el paréntesis, por causa de los tiempos; y después, si Dios lo permite, continuar con la serie; no sé si es posible hoy; depende del tiempo que nos tome; sin embargo, no quisiera ir muy rápido; quisiera que expliquemos las cosas lentamente por la Palabra. Los que me puedan seguir en su Biblia, les ruego que la sigan. Quisiera que miráramos un pasaje bien conocido de algunos hermanos, que está en Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 13, desde el versículo 1: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre…” Colocamos los puntos suspensivos allí. Algo muy relacionado con lo que acabamos de leer aquí se encuentra en Romanos capítulo 1; si los hermanos quieren acompañarme a Romanos 1 inicialmente: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios”; esa palabra que dice aquí: “apartado para el evangelio de Dios”, tiene que ver con lo que acabamos de leer en Hechos 13, cuando el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”. Un tercer verso semejante está en Gálatas capítulo 1, versos 1 y 2: “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia)”. Volvamos allí al capítulo 13 de Hechos donde iniciamos, y quería llamarles la atención primeramente a la distinción que existe entre la iglesia en cada localidad y la obra regional del Señor. En el capítulo 13 leíamos de lo que escribe Lucas inspirado por el Espíritu Santo, que “había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía…”; entonces la Palabra nos habla de la iglesia en Antioquía; o sea, es la iglesia de la jurisdicción local; y en la Biblia se habla también de la iglesia en Jerusalén, de la iglesia en Éfeso, de la iglesia en Pérgamo, en Esmirna, en Sardis, en Tiatira, en Filadelfia, en Laodicea, y también Cencrea, en Tesalónica, en Filipos, en Colosas; o sea que una ciudad dentro de su aspecto normal es la jurisdicción de una iglesia; nunca aparece en la Biblia, en ningún versículo, que en una localidad, municipio, ciudad, o aldea, haya más de una iglesia; es solamente un candelero; eso cuando se refiere a ciudad, municipio, pueblo, o aldea dentro de su normalidad. Ya en los casos metropolitanos, o sea que van más allá de una localidad, como es el caso, por ejemplo, del Distrito Capítal, es diferente; el Distrito Capital está formado por varios municipios que anteriormente estaban alejados, y cada uno de ellos, incluso hasta hoy, tienen su propio alcalde local, su propia junta de ediles; y luego, por ir creciendo los unos y los otros, se fueron juntando, y fueron creciendo, y llegaron a conformar un distrito, que es un caso más allá de una localidad. En Colombia un distrito es cuando dos o más municipios se juntan y conforman un área metropolitana mayor a la jurisdicción de una localidad, o un municipio, o un pueblo, o una aldea. En Colombia, ese caso se da en muchas partes; hay varios distritos en Colombia; está el distrito de Cartagena, el de Santa Marta, el de Barranquilla; por ejemplo, el de Barranquilla incorpora Soledad, Malambo, Puerto Colombia, etc. Y así, en otros lugares. En el caso de Bogotá, de entre todos los distritos de Colombia, Bogotá es el capital; por eso se habla de Bogotá D.C., Distrito Capital; pero ahí adentro está el municipio de Usaquén, que viene desde antes de los españoles; está el municipio de Suba, que viene desde antes de los españoles, incluso con el mismo nombre. No sé si ustedes saben que el cacique Suba, con el nombre Suba, de donde viene el nombre del municipio o localidad, fue el primero que recibió al Dios Todopoderoso entre los muiscas, por la evangelización de Domingo de las Casas, que vino con Gonzalo Jiménez de Quesada; el primero que creyó en el Dios verdadero que traían los católicos hasta su medida, hasta donde ellos entendían, fue el cacique de Suba. Entonces esos municipios, cuando yo era niño, estaban distantes. Yo me acuerdo que cuando iba a ir para Suba era un viaje largo. Hoy en día ya se unió con esta metrópolis de 7 millones de habitantes, que creo que estoy atrasado en los datos. Entonces en el caso del Distrito, como en la Biblia no existen iglesias distritales, ni existen iglesias provinciales, ni iglesias departamentales, ni nacionales, sino locales, por eso Suba es la jurisdicción suficiente de una iglesia local, de un candelero así como este de Antioquía. En el caso, por ejemplo, de Corinto, estaba pegado con su puerto que se llamaba Cencrea; estaban formando un área metropolitana; sólo que Corinto estaba un poco más adentro, y Cencrea más afuera; Efeso más adentro, y Mileto más afuera, en el puerto; como decir Barranquilla y Puerto Colombia, que hoy son un distrito; y así la Biblia habla de la iglesia en Corinto y de la iglesia en Cencrea, y las iglesias de Acaya. Entonces, cuando la Biblia habla en singular, quiere decir que no debe haber división de la iglesia en esa localidad, porque es en singular; la iglesia en la localidad es una sola, es un candelero con varios brazos; puede reunirse en muchos lugares, pero todos esos brazos forman un solo candelero, una sola pieza, y tiene un solo gobierno y una sola supervisión; no digo una sola persona, sino un gobierno que tiene los límites de la localidad. Cuando Pablo dejó a Tito en Creta, vamos mejor a leerlo allí en la epístola a Tito. La isla de Creta es toda una isla que se llamaba Caftor; entonces, dice Pablo allí en el capítulo 1, cuando viene hablando en el verso 5 y dice: “Por esta causa te dejé en Creta…”; ¿por qué dice: te dejé? Porque cuando Dios dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo, Dios mencionó esos nombres propios; y luego Pablo dice que “llevó consigo a Tito”, y: “te dejé”; no se quedó, sino que fue dejado; él se hubiera podido quedar para hacer lo propio de él; es una persona libre, y puede hacer lo que quiere con su vida; pero como estaba participando con Pablo en la obra, entonces estaba participando de lo que le fue encomendado a Pablo; entonces Pablo lo dejó en Creta; dice: “te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente…”; esa es una, no es la única, ni la primera, es una de las funciones de los obreros; “…y establecieses ancianos en cada ciudad”; o sea que la jurisdicción de los ancianos es la misma que la de la iglesia; si la de la iglesia es la iglesia en Antioquía, los ancianos son los ancianos en Antioquía; si la iglesia es la iglesia en Éfeso, dice que él llamó a Mileto a los ancianos de la iglesia de Éfeso; los ancianos de la iglesia en Éfeso tenían a Éfeso como su jurisdicción; los ancianos de cada una de las iglesias de la isla de Creta, tenían su propia ciudad como la jurisdicción de su servicio al Señor. ¿Qué quiere decir: “Obispo”, que es lo mismo que “Anciano”? Como lo ven acá, dice: “establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque…”, note esa palabra de continuidad de contexto: “Porque es necesario que el obispo…”, y ahora cambia la palabra “anciano” por “obispo”, mostrando que son las mismas personas, pero con nombres distintos, así como si fuesen sinónimos, banco, silla, asiento; es una misma cosa; entonces “anciano” se refiere a los hermanos más antiguos y más maduros que son reconocidos por el Espíritu Santo; y la palabra “obispo”, que viene del griego “epíscopo”, significa supervisores, sobreveedores o superintendentes; o sea, hermanos que están mirando, que están cuidando. Si ustedes quieren ver conmigo allí en la 1ª epístola a Timoteo, capítulo 5, dicen los versos 17 hasta el 20 lo siguiente: “Los ancianos que gobiernan bien…”; ahí nos vamos dando cuenta de que el círculo se va haciendo cada vez más pequeño; “los ancianos” se refiere a los ancianos de cada ciudad. Donde era la jurisdicción de la obra regional de Pablo con Timoteo, allí le está escribiendo a Timoteo, y le está dando unas instrucciones a Timoteo, así como se las dio a Tito, y le dice a Timoteo: “los ancianos que gobiernan bien…”; es decir, los ancianos son un grupo; unos gobiernan bien, otros más o menos, y otros quizá mal; no vamos a hablar de estos; pero cuando dice “los ancianos”, es un círculo que abarca a todos los que fueron nombrados ancianos desde un principio; pero con el tiempo se vio que algunos gobernaban bien; entonces el círculo se redujo de entre “los ancianos” a “los ancianos que gobiernan bien”; después incluso se reduce más, y dice así: “los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente…”. Cuando dice “mayormente”, se ve que dentro de “los ancianos que gobiernan bien”, algunos se dedican, como aquí dice: “mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.” Ahora es un círculo todavía más pequeño. Está el círculo en cada ciudad a donde llegó el Espíritu Santo a levantar ancianos; entonces en esa ciudad el círculo de los ancianos es más grande; pero entre los ancianos, los que gobiernan bien son menos; y dentro de los que gobiernan bien, los que se dedican a predicar y enseñar sean tenidos por dignos de doble honor; unos tienen honor, y otros doble honor. Aquí nos damos cuenta también de otro verbo que se relaciona con la palabra “anciano”. Vemos que “anciano” y “obispo” están relacionados; lo vimos en Tito; y los que lo quieran ver, aunque yo sé que para algunos esto es “pan comido”, pero hay algunos nuevos; por eso me disculpan que quise ir despacio. Vamos allí a Hechos de los Apóstoles, al capítulo 20; notemos lo que dice en el verso 17: “Enviando, pues, desde Mileto”, el puerto, como decir, tal como era Cencrea para Corinto era Mileto para Éfeso: “…desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia”. Fíjense en que la iglesia en Éfeso es una sola, como aparece en Apocalipsis, la iglesia en Éfeso, un candelero, pero los ancianos eran ancianos en plural; los que con el tiempo el Señor fue llamando, y poniéndoles la carga, y dándoles la gracia; empiezan a aparecer unos primero, y después el Señor va incorporando más; en la medida en que la iglesia va creciendo y los santos van madurando, el grupo de los ancianos va aumentando; eso es lo ideal. Pero no aumentan por causa de una obra exterior del hombre, sino que aumentan por la unción del Espíritu; nunca es un puesto, nunca es un título, sino que es un funcionamiento por la gracia de Dios. Dice Pablo: “yo fui hecho ministro por la gracia de Dios, por la operación del poder”; nunca es si a alguien se le da un título; no es solo el título, no es solo un puesto, o solo un cargo; es una función que da el Espíritu, que es evidente a la conciencia de los hermanos, principalmente de los más maduros, y especialmente de los apóstoles, que no nombran a los que ellos quieren, ni cuando ellos quieren, sino que reconocen lo que el Espíritu Santo ha hecho cuando el Espíritu los llama a esto. Entonces aquí vemos que le está hablando a los ancianos de la iglesia, iglesia en singular, es una sola en Éfeso; pero los ancianos llegaron a ser varios con el tiempo; hubo un tiempo en que no los hubo, hasta que hubo un tiempo en que comenzó a haber; eso es en la medida en que haya maduración y se evidencien las funciones. Pero luego, hablándoles a ellos todo este discurso, llegamos al verso 28 del mismo capítulo 20 de Hechos: “Por tanto, mirad por vosotros…”; ¿quiénes son estos vosotros? Los ancianos de la iglesia en Éfeso; “…y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo…”, no fueron los apóstoles por sí mismos; ellos simplemente reconocieron lo que hizo el Espíritu Santo; pero fue el Espíritu Santo el que “…os ha puesto por obispos, para apacentar…”; apacentar es un verbo que puede tener sus antónimos; enfaticemos el sentido: “…apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé…”, y Pablo lo sabía, porque, primero, no era la primera vez que él estaba trabajando como en Éfeso; y segundo, porque el Espíritu Santo estaba con él y le anticipaba las cosas que le venían; “yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces”; no vamos a hablar de esto solamente, a mostrar que “de vosotros mismos” se levanten algunos para extraviar; es posible que aún entre los mismos ancianos se levanten personas que desvíen a los hermanos; y lo dice Pablo, que había reconocido a los ancianos; a veces suceden esas cosas; pero no estamos hablando ni poniendo los ojos en la parte triste, sino, digamos, en la parte normal; no estamos acusando a nadie. Entonces vemos que aquí le llamó a los ancianos: “obispos”. El Espíritu Santo os ha puesto por obispos; entonces vemos que los ancianos y los obispos son los mismos; y ¿qué significa “obispo”? epíscopo, de scopo: ver, como en microscopio, que es para ver lo micro, lo pequeño; o telescopio, que es para ver un objetivo lejano; de telos: objetivo; telescopio; epíscopo quiere decir que está en la posición para supervisar, para ver, para estar mirando un poquito de lejos, para ver como se están moviendo las cosas espirituales, lo que está haciendo el Señor, como están madurando los hermanos, quienes están bien, quienes están un poquito quedados; todo eso lo tienen que supervisar los obispos, que eso es lo que significa el nombre; no es solo un título, es una función; y ahora veíamos en Timoteo: “los ancianos que gobiernan bien”; algunos gobiernan, y a veces les sale bien, y a veces les sale mal; a mi me sale muy mal; pero bueno, no estamos hablando de mi, estamos hablando de la función de los ancianos, supervisar y gobernar; o sea, representar la dirección del Espíritu, eso es gobernar; gobernar no es mandar, no es enseñorearse; gobernar es representar la dirección del Espíritu, como para ver qué es lo que la Palabra y el Espíritu nos muestran, cuáles son los principios del gobierno de Dios en la Biblia, y supervisar, como les decía, mirando desde arriba para ver que las cosas estén funcionando. Entonces lo normal es que, en cada localidad, el Señor, con el tiempo, va levantando y poniendo a estas personas. Vamos a ver esto en Tesalonicenses; si quieren ir conmigo a 1ª a los Tesalonicenses, capítulo 5; aquí todavía no eran ancianos en el sentido reconocido, pero eran personas serias, maduras, que empezaban a amar al Señor, la verdad, que pasaban las pruebas, y que querían poner el hombro para servirle al Señor, porque el que anhela obispado, buena obra desea; no es una mala obra; entonces dice en el capítulo 5 verso 12: “Os rogamos…”; y me gusta ese espíritu tan caballeroso de Pablo, que así es el Espíritu de Dios; “…hermanos, que reconozcáis…”, porque a veces no es fácil que suceda, “…a los que trabajan…”; no dice “a los que se llaman”; sino que llama la atención a la función de la persona. Cuando convivimos juntos, ya nos vamos conociendo, vamos viendo el perfil que tiene cada uno, la carga que tiene, las responsabilidades que asume por amor al Señor, por amor a los hermanos, enfrentando inclusive las cosas difíciles, pero están ahí; entonces dice: “Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan”; son tres verbos que vamos a decir que son como: el primero, es alerta amarilla; el segundo es alerta naranja, y el tercero es alerta roja; “trabajan” es alerta amarilla; “presiden” es un poco más difícil de aguantar para las personas; “el que preside”; de ahí viene la palabra “presidente”, el que preside; es un poco difícil; sin embargo hay la función de presidir, y también es el don del que preside; porque no se puede presidir sin don de Dios; y aún con el don erramos como seres humanos; cuanto más si nos ponemos a hacer las cosas solitos; presidir es como la alerta naranja; y la alerta roja es: “y os amonestan”; “reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor; y os amonestan”. O sea, ahí se van perfilando los que el Espíritu Santo está haciendo madurar, y está capacitándolos de a poco para asumir la carga de supervisar, de cuidar y de gobernar; es normal que haya gobierno y supervisión en la iglesia; pero se puede hacer bien, o simplemente hacerse, ven? Pero si se hace bien, se reconoce mejor. Entonces eso es lo normal durante un proceso que vaya sucediendo en una ciudad; y por eso cada localidad debe orar para que el Señor levante entre ellos varones y ancianos; a veces se ora que no lleguen; estamos tan cómodos que sería mejor que no hayan; no lo decimos, pero es nuestra actitud; y el Señor nos conoce. Pero queremos que el testimonio del Señor sea levantado, y que estas cosas, este fluir de la vida, comience a aparecer; no por una manipulación externa de nosotros, sino por una función otorgada por el Espíritu. Vemos que existe la iglesia en cada localidad; y existe un período donde están ellos sin ancianos, ayudados por los apóstoles, los obreros, los colaboradores. Entre los obreros, hay apóstoles encargados específicamente, encargados por el Señor, de la obra; y hay los que les colaboran, les ayudan; por eso la Biblia habla de los colaboradores, de los ayudantes, y habla también de los apóstoles. Mientras no haya ancianos, estos hermanos pueden ayudarles, si ellos quieren, si los hermanos quieren, porque no se trata de forzar a nadie. Si en Nazareth el Señor no era nadie para ellos, Él no hacía milagros entre ellos; porque Él había sí sido enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a dar vista a los ciegos; sólo que en Nazareth la actitud que había para con Jesús era la de: ¿Quién es éste? ¿Acaso no es el hijo del carpintero? Siempre tratando de rebajarlo; y cuando lo rebajaban ellos mismos, los motivos sólo Dios lo sabe, se estaban privando de lo que Dios les estaba queriendo regalar a través del Señor. Hay una jurisdicción local de la iglesia, que es la misma de los que van a ser y llegan después a ser los ancianos; empiezan a funcionar, y luego son reconocidos; ¿Por quién? Por los apóstoles que Dios envió para iniciar desde el principio esa obra. Hay otros apóstoles en muchas partes; unos trabajan en una jurisdicción; otros en otra; cada uno de los que han sido enviados por el Señor, lo han sido directamente; y por lo tanto dice Pablo: no de hombre, ni por hombre; y por lo tanto, cada cual debe responder al Señor mismo por aquello que se le encomendó; y luego, cuando sea, de tanto en tanto, no hay un concilio cada semana, pero entonces, bueno, si surgió una situación específica, se reúnen los apóstoles a tratar en privado las cosas, para que los más nuevos no mueran; y por eso a veces hay que guardar distancia, para que no mueran, solamente para eso. Además de la iglesia con sus ancianos, también hay diáconos; eso ustedes ya lo saben; pero como los nuevos lo necesitan ver, vamos a Filipenses 1:1 y miremos lo que es una iglesia local ya madura; ha pasado un tiempo, han crecido, y ellos han trabajado, han madurado, y el Señor les ha dado fruto; entonces dice Filipenses 1:1: “Pablo”, ahí está, apóstol que fue llamado directamente, enviado, “y Timoteo”, que también es llamado apóstol, pero es colaborador en relación con Pablo, porque Timoteo fue introducido por Pablo en la obra; en la obra le llamó apóstol, pero siempre se pone “Pablo y Timoteo”, nunca “Timoteo y Pablo”; no es por orgullo, no es por hacerse el grande, sino porque fue a Pablo a quien el Señor encomendó la obra, y fue Pablo el que reconoció a Timoteo; “siervos de Jesucristo, a todos…”; entonces esa es la normalidad: “todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos”, los santos todos, no los que entienden bien, sino los santos, entiendan o no entiendan; si es un hermano, pertenece a la iglesia de la localidad, aunque no la entienda; los que la entienden, los incluyen; y dice: “con los obispos y diáconos”; entonces eso es lo normal que hay en una iglesia; los obispos y diáconos; entonces Pablo apóstol, le dice a su cooperador Timoteo, apóstol con Pablo, y le da instrucciones de como manejar el asunto de los ancianos; y eso está en 1ª a Timoteo, capítulo 3, donde habla de los requisitos para los ancianos; y vamos a verlos allí. Vamos a 1ª a Timoteo capítulo 3 que dice: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro, que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo”. Y luego le dice Pablo, adulto, a Timoteo que es un joven, pero un joven especial, en el versículo 8: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas, que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también…”, y cuando dice: “también”, eso es explicando lo que venía hablando de los ancianos, y ahora viene y se lo aplica a los diáconos; o sea que la palabra “también” implica que esto es igual para los ancianos, que ahí está implícito; pero este “también” lo hace explícito: “sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, sí son irreprensibles. Las mujeres (porque también hay diaconisas en la iglesia, y también esposas de diáconos que cooperan con ellos) asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien…”, así como habló de los que gobiernan bien; a veces no se hace bien, pero bueno, gracias a Dios, “…los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso y mucha confianza en la fe que es Cristo Jesús”. Entonces eso que dice en Filipenses, la iglesia, son todos los santos de Cristo que están en ese municipio, en esa aldea, en esa localidad, en esa ciudad; esos son los que pertenecen a la iglesia; y Dios va manifestando Su gobierno, la dirección de Su Espíritu en aquellos que trabajan por comisión de Dios, por capacitación de Dios, y que también presiden, y que también amonestan; a los cuales nos pide que los reconozcamos; así se van formando los ancianos y también los diáconos; sólo que no se empieza a ser anciano de un día para otro, ni diácono, sino como dice: sean sometidos a prueba primero; y si lo obtienen, ganan un grado honroso; entonces esa es la normalidad del Espíritu establecida de lo que es una iglesia. Podemos decir, volviendo a Hechos 13: “Había en la iglesia que estaba en Antioquía…”, y ahí menciona hermanos que tenían esos dones, incluso ministerios de enseñar y profetizar, “profetas y maestros”, y menciona cinco; esa es una iglesia normal; posiblemente esos hermanos que tenían estos dones y ministerios eran también los ancianos. De los ancianos, algunos gobiernan bien; y dentro de los que gobiernan bien, algunos tienen ese ministerio de la enseñanza y del kerigma profético, de la profecía; entonces son menos; no todos los ancianos enseñan y profetizan, pero son hermanos antiguos que han sido probados, que han sido rectos, que han puesto el hombro sin el menor interés, y cuyo fruto es conocido por aquellos que los conocen desde el principio; esos también son ancianos, y también gobiernan, y hay una diferencia entre gobierno y don. El don, como lo enseñaba nuestro hermano Arcadio el domingo, es irrevocable, el llamamiento es irrevocable; si el Señor le da a algún hermano el don de la enseñanza, que aparece allí en el Nuevo Testamento, cuando viene hablando de los dones, y dice: el que preside, el que enseña, el que exhorta, etc., ese es un don que Dios da; hay otros dones además de esos; y esos dones el Señor los da conociendo nuestras debilidades y faltas desde antes de la fundación del mundo, y no los quita, y el lugar para ejercitarlos es en medio de la iglesia; entonces cualquier hermano que tenga un don, y que sus pecados hayan sido perdonados, y esté reconciliado con el Señor, ese don donde va a ser ejercido, ¿dónde sino en medio de la iglesia? Ahora, gobierno es diferente de don, porque gobierno requiere unos requisitos más serios, que son los que acabamos de leer. Para gobernar se requiere más que don; entonces no es lo mismo gobierno que don. Muchas personas tienen don, pero su gobierno es limitado por su cola de paja, ¿me comprenden? Si yo estoy fallando y pecando, tengo cola de paja, aunque el Señor no me haya quitado el don; sin embargo, las personas adentro no se sienten como tan satisfechas, y como que no perciben la autoridad de la misma manera, porque no se trata sólo del don, sino del carácter de la persona; y entonces el gobierno requiere más que don. El gobierno requiere unos requisitos que están en la Biblia; y por eso no es tan fácil que se reconozcan de un día para otro ancianos. Muchos hermanos son muy queridos, y sirven en muchas cosas, pero en el misterio de la fe no están claros, no entienden bien las cosas esenciales de la Palabra; estoy diciendo esto con todo cariño, con toda delicadeza, hablando de los principios, sin que pongamos nombres, apellidos, ni cédulas, ¿amén, hermanos? Recibamos los principios para que el Espíritu pueda gobernarnos. Ahora dice: “Había en la iglesia…”, ya está la iglesia, es una iglesia normal que tenía a estos hermanos que eran profetas y maestros, que normalmente enseñaban y también profetizaban; habla de cinco y da sus nombres; y dice que ellos ministraban al Señor en cada localidad, y en esa localidad se reunían a buscar juntos al Señor, y hasta a ayunar; y en medio de ellos dijo el Espíritu Santo: “Apartadme…”; o sea que a partir de ese momento, estas personas que ya eran maestros y profetas, y que ejercían eso en medio de la iglesia, de esos cinco dos fueron separados por el Espíritu Santo; así como seguían al Señor muchas personas, pero Él pasó la noche entera orando, y escogió a doce, y sólo esos doce son los doce apóstoles del Cordero; este es el estricto sentido de en medio de todos los santos de los apóstoles; todos los santos son santos; no se menosprecia la santidad de ningún santo; no se menosprecia, sino que al contrario, se promueve su función; pero no todos los santos son ancianos, ni todos los santos son diáconos, ni todos los santos son apóstoles, aunque todos son santos, ¿ven? Pero el Señor dijo: Bernabé y Saulo; los separó para la obra; la obra es ya un trabajo extra-local, no solamente local; no es un trabajo solamente ahora en Antioquía, sino que es un trabajo donde el Señor mismo los escogió, los preparó y los envió; un envío directo de parte del Señor, que ellos sabían que no fue por hombres ni por medio de hombres; ellos van a responder a Dios; puede ser que los hombres no crean; si al propio Hijo de Dios no lo recibieron; “si a mí me rechazaron, a vosotros también los rechazarán, pero si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”; cualquier enviado de Dios va a ser recibido y rechazado al mismo tiempo, como el mismo Señor Jesús que fue a la vez recibido y rechazado; sus enviados también; pero no todos son apóstoles; pregunta Pablo: ¿Son todos apóstoles? La respuesta es: no. También dice Santiago: “no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. ¿Usted cree que es fácil estar al frente, sabiendo que a ti se te va a reclamar con mayor rigidez? Muchos dicen que preferirían estar sentados en la banca, porque se les va a exigir menos; pero de todas maneras el Señor reparte como Él quiere, y es una gran honra que el Señor conceda a algunas personas una responsabilidad y un ejercicio mayores; porque en la medida en que el Señor da autoridad, las exigencias son mayores, y las cargas son mayores. Sin embargo, aquí vemos que hay una distinción entre la iglesia y la obra, y segundo, entre los apóstoles y los otros ministros. Desde ese momento Bernabé y Saulo son llamados apóstoles; hasta aquí habían sido llamados maestros y profetas; pero desde aquí, cuando el Espíritu Santo los envió, habiéndolos escogido desde antes de la fundación del mundo, habiéndolos preparado para la función a la que los enviaba, luego el Espíritu Santo los envió por nombre propio; entonces en el capítulo 14, versículo 14, si ustedes quieren verlo, dice: “Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo”; ahora ya son llamados “apóstoles” Bernabé y Pablo, porque fueron enviados. Entonces, noten, a la iglesia le da autoridad; el Señor se la encomienda a los ancianos que Él pone, y que llegan a ser reconocidos primeramente por los apóstoles; no los ponen los apóstoles cuando ellos quieren, sino que los ancianos van siendo evidenciados porque funcionan, “por sus frutos los conoceréis”; entonces los apóstoles piden a los santos que los reconozcan, y luego eventualmente se les reconoce con imposición de manos, y todo según sus funciones. No es la imposición de manos o el título lo que hace funcionar a alguien, no; es la función que le da el Espíritu, quien es quien revela a la conciencia de los más maduros en la región, y luego en su propia localidad, la que hace que sean reconocidos, porque los puso el Espíritu Santo. Nosotros no podemos poner al que a nosotros nos gusta, sino a los que el Señor pone. Luego dice acá, no sólo en este versículo, sino también un poco antes, pues había hablado en el verso 4, del mismo capítulo 14: “Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles”. Esos apóstoles eran Bernabé y Pablo, ¿ven? Cuando el Señor dice: Apartadme a Bernabé y a Pablo para la obra a que los he llamado, significa que el Señor le encargó la obra a Bernabé y Pablo; entonces esa obra está descrita aquí en los capítulos 13 y 14; ellos evangelizaban en distintos lugares, discipulaban a esos evangelizados, y fundaban iglesias, y reconocían a los ancianos, corregían lo deficiente, y hacían las cosas que están escritas, que son muchas más; pero que para ganar tiempo tengo que resumir bastante; y ese era el trabajo que les correspondía hacer en la obra a los que el Señor dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para esta obra. Entonces, en la localidad, el gobierno y la supervisión está con los ancianos que el Señor levanta; y en la región, Dios colocó la responsabilidad en los apóstoles que Él envió, que fueron los que hicieron el trabajo inicial, y lo continuaron dando entrada a los demás; son los que fueron enviados por el Espíritu Santo, que comenzaron de cero y que fundaron las iglesias; algunas no permanecieron, como pasó con Éfeso, que tuvo que ser quitado el candelero, y etc.; pero otras quedaron como Filadelfia; pero fueron los que el Señor envió, los que dieron el testimonio, los que pusieron el fundamento, los que establecieron los principios, los que fundaron las iglesias, reconocieron los ancianos, pidieron que las iglesias tuvieran los diáconos, la ofrenda para los santos pobres; o sea, la manera ordenada por los apóstoles en las iglesias. “Haced también vosotros de la manera que ordené en todas las iglesias de Galacia”, dice Pablo. Están las costumbres de los apóstoles, las instrucciones de los apóstoles, que son los que Dios envió primero; y después ese círculo va creciendo por colaboradores que también llegan a ser después, como Silvano y Timoteo; se llamaban apóstoles; entonces hay ese proceso. Hay una frase del Señor Jesús, que no la digo, sino hablando de principios, y sin nombres propios: “el que dirige”; así como en lo local hay los que presiden, el Señor Jesús dijo: “el que dirige como el más joven”; o sea que la instrucción para el que dirige es que se haga como el más joven, como si fuera igual a todos, pero le toca dirigir, porque el Señor dijo: el que dirige como el más joven. Entonces hay personas que presiden, personas que dirigen, personas que supervisan, personas que gobiernan de parte de Dios; ojalá lo hagan bien, porque a veces no se hace bien, pero existe, eso existe; es palabra de Dios; es de derecho divino; es Dios el que lo dice; por el Señor Jesús lo dijo. Así como hay el trabajo de la iglesia, bajo la supervisión y gobierno de los ancianos, con la ayuda administrativa de los diáconos, está el trabajo de todos los santos, pero bajo supervisión y gobierno en la localidad y en la obra; están también los que el Señor envió, y les cooperan los que también el Señor envió como cooperadores; por eso Pablo tenía como cooperador a Tito, y lo dejó en Creta, y le encargó incluso de nombrar ancianos al propio Tito; ni siquiera tenía que hacerlo Pablo; podía hacerlo Tito, si se lo encomendaba por el Espíritu Santo, Pablo. Entonces hay cosas que hacen los ancianos en la iglesia, con los santos, con los diáconos, y cosas que hacen los apóstoles con los cooperadores, con los obreros, con los que trabajan en la obra, que los hay apóstoles, que van primero, luego van de segundo los que cooperan, como Timoteo, por ejemplo, que estaba acompañando y ayudando; ellos son los que ayudan; son colaboradores dentro de la obra; entonces en la obra hay apóstoles, ancianos y jóvenes, y hay también cooperadores y cooperadoras en la obra; cooperadoras, hermanas que cooperan. Dentro de esa normalidad, hay reuniones que son propias de la iglesia, y reuniones que son propias de la obra; las normales de la iglesia son las de mutualidad, las de partir el pan, aunque la iglesia también evangeliza, la iglesia discipula, los santos parten el pan, los santos cuidan unos de los otros; hay reuniones de iglesia para disciplinar a alguien. Dice Pablo: “reuníos vosotros y mi espíritu, en el nombre del Señor Jesucristo, y el tal sea entregado a Satanás…”, y: “…para que aprendan a no blasfemar”; bueno, son cosas serias que son locales, aunque asesoradas por la obra; las jurisdicciones no deben violarse; lo que el Señor entregó a los ancianos de la iglesia en Éfeso, pues, es de la iglesia en Éfeso; la iglesia en Esmirna no tiene que meterse en los asuntos de la iglesia en Éfeso; allá es una jurisdicción aparte; la última instancia para los problemas internos, es la iglesia de la propia localidad. Entonces lo que es, por ejemplo, de Teusaquillo, es de Teusaquillo, no es de Puente Aranda, no es de Suba, no es de Ciudad Bolívar; y mucho menos de Chile; es de Teusaquillo; lo que es de Suba, es de Suba; lo que es de Ciudad Bolívar, es de Ciudad Bolívar. Hay que respetar cada localidad, no sobrepasarla; ¿por qué? Porque el Señor escogió a los que le van a dar cuenta por ese lugar allá; entonces ellos son los que están “manejando el taxi”; y si yo voy al lado del taxista, no voy a meterle la mano al timón, ni a meter el pie; yo tengo que dejar al taxista manejar de la mejor manera que él sabe; puede ser que tú seas mejor chofer, pero ahora tú no eres el taxista; después, cuando tú estés manejando tu carro, manéjalo de la mejor manera que tú sabes; y seguro que no vas a dejar que el taxista vaya a meterte el pie a la chancleta; deja a cada localidad lo mejor que sabe; ninguna localidad irrespete a otra. Eso es lo relativo al gobierno y a la supervisión; hay que respetar, porque es una jurisdicción distinta; o si no, va a ver “choque de trenes”. Y en la obra del Señor, también el Señor dijo así: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra que los he llamado; entonces el Señor separa a ciertas personas para una obra específica de ellos; cada obrero que es llamado tiene una parte en la obra del Señor. Una vez estudiamos allá en el barrio Pablo VI, en una reunión unida, si lo pueden repasar se los aconsejo, el tema de la obra de Dios en lo general, la obra del ministerio, que es la del cuerpo; la obra de cada uno, y la obra de otro. Vamos a ver esos versículos: la de Dios, la sabemos; la del cuerpo también la sabemos; pero la de cada uno hay que verla. Vamos al Evangelio de Marcos capítulo 13; dice el Señor en el verso 34 y en adelante así: “Es como…”; miren como es, es así: “Es como el hombre que yéndose lejos…”; ese es el Señor Jesús que subió a la diestra del Padre para que todos los enemigos le sean puestos por estrado de Sus pies; y abrió uno de los Sellos, y al primero que mandó fue al caballo blanco; el Espíritu Santo mandó a los apóstoles, envió a la Iglesia, y comenzó a cabalgar ese caballo del Evangelio; “dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos”; o sea que hay una autoridad dada por Dios, delegada a los siervos, dada por el Señor. Si nosotros realmente queremos sujetarnos al Señor, debemos respetar lo que Dios delega; no pensemos que estamos sujetos al Señor, porque algunos enfatizan su sujeción al Señor, pero la sujeción al Señor se reconoce cuando tú reconoces lo que Él delega. “El que a vosotros recibe, a mí me recibe; el que a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió”; aún si recibe a un niño “en mi nombre, a mí me recibe”; pero entonces el Señor delega; y eso está aquí cuando dice: “dio autoridad a sus siervos”; y ahora miren la siguiente frase: “y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase”. Entonces noten que el Señor a cada uno le dio su obra; o sea que cada uno debe responder por aquello que le fue encomendado particularmente. Ustedes recuerdan, si quieren verlo conmigo como una ilustración tipológica en Cantar de los Cantares, y podemos ir allí hacia el final de Cantares al último capítulo; y dicen los versículos 11 y el 12, lo que ya es una posición distinta a la de cuando ella estaba al principio. Al principio, dice el 1:6, para que notemos la inmadurez del principio y la madurez del final. Al principio dice el capítulo 1, verso 6: “No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mi; me pusieron a guardar las viñas; y mi viña, que era mía, no guardé”; o sea, ella todavía estaba empezando a amar al Señor, y claro, ella se sentía muy criticada, muy discriminada, porque ella era de raza negra; entonces prácticamente dice: no me discriminen, porque el sol me miró; y el sol de justicia es el Señor que miró a esta “negra” que los otros despreciaron; el Señor no la despreció, sino que se enamoró justamente de ella; entonces los otros se airaron con ella, y la forzaron a manejar las viñas de todos de una manera especial; me pusieron a guardar las viñas; pero no el Señor, sino los hijos de su madre; pero entonces dice aquí ella: “Y mi viña que era mía”, lo que se le había encomendado a ella, no guardó, por ponerse a ver cómo podía arreglar las cosas con sus hermanos; no sé. Ahora pasemos al capítulo 8; el capítulo 8 ya es el final; al principio de este cántico ella es nueva, y le pasa esto; pero después ella ha madurado a punta de golpes, y llega a los versos 11 y 12, que dicen así: “Salomón (que es el hijo de David, que es figura de Cristo) tuvo una viña en Baal-hamón”; nada menos; la viña es el cuerpo de Cristo en general; una viña; y ¿dónde estaba la viña? nada menos que en la multitud de Baal, que es Belzebú; o sea, en el mundo; “no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal; los he enviado al mundo”; ahí, en medio de Baal-hamón está la viña del hijo de David; esa es la Iglesia; y dice: “la cual entregó a guardas”; ahí está la delegación de autoridad; como dijo: negociad entre tanto que Yo vengo; la entregó a guardas esa viña en el mundo; pero miren lo que dice: “Cada uno…”, amados, cada uno, tú; por eso, hermano, a nadie se le prohíbe lo que debe hacer, sólo que no impida al otro lo que él debe hacer. Si hay la obra de cada uno, hay la obra de otro, que vamos a ver; si no, no habría cuidados; pero dice aquí: “cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto”. Vemos que la viña es lo general, es el cuerpo de Cristo, la viña de Salomón, el hijo de David, en Baal-hamón; pero Él la entregó a guardas, y no le entregó lo mismo a todos; a ti te tocó esta parte, a ti te toca esta otra parte, a ti te toca esta jurisdicción, a ti te toca esta otra; a ti te toca esta localidad, a ti te toca esta otra; a ti te toca esta posición en la región, y a ti te toca esta otra, y así. Entonces dice: “cada uno”; ahora viene ella: “Mi viña, que es mía”; ella ahora honraba su ministerio, no a ella misma, sino lo del Señor que le había sido encomendado. “Mi viña, que es mía, está delante de mí;” ¿Ven la diferencia? Al principio, me pusieron a guardar las viñas mis hermanos airados, pero la viña que era mía, yo no guardé; pero ahora dice ella: “Mi viña, que es mía, está delante de mi”; yo tengo que responder; y no sólo yo, sino que cada uno va a responder; y por eso dice: “Las mil serán tuyas, oh Salomón”; o sea que la viña de Salomón es mil en una, y por eso hay muchos guardas, y a cada uno le toca su parte. Si son apóstoles, entonces dicen: nosotros iremos a la circuncisión; dicen Pedro, Juan y Santiago; y ustedes irán a los gentiles; nosotros trabajaremos aparte; si son apóstoles, se les había encomendado algo para empezar; entonces cada uno tiene su jurisdicción; sin son cooperadores de esos apóstoles, o de aquellos otros, entonces trabajan juntos en esa región. Si son apóstoles con comisión específica, tienen su jurisdicción específica. Pablo, no van a recibir tu testimonio en Jerusalén, pero Yo te envío lejos a los gentiles. Pablo, tú no te metas en Bitinia, pero tú, Pedro, escríbele a Bitinia y a Capadocia, ¿se dan cuenta? Esa es la obra de cada uno. Entonces veíamos en Marcos la obra de cada uno, y en Cantares la tipología de la obra de cada uno. Entonces, si hay la obra de cada uno, hay también la obra de otro (2ª Cor.10:13-16: “Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros. Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros que llegamos a vosotros con el evangelio de Cristo. No nos gloriamos desmedidamente en trabajos ajenos, sino que esperamos que conforme crezca vuestra fe seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla; y que anunciaremos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en la obra de otro para gloriarnos en lo que ya estaba preparado”). Vamos también a 2ª a los Corintios; hay varios lugares aquí. Vamos a ir primero al capítulo 1; solamente algunos ejemplos; dice en el verso 15: “Con esta confianza quise ir primero a vosotros, para que tuvieseis una segunda gracia, y por vosotros pasar a Macedonia, y desde Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser encaminado por vosotros a Judea”. Fue de Pablo que el Señor dijo: apartádmelo para la obra a que Yo le he llamado; él está moviéndose; el mismo Pablo se mueve por Macedonia, se mueve por Judea, se mueve por Acaya, y las iglesias inclusive lo encaminan; y dice: “Así que al proponerme esto (o sea, de andar en ese movimiento) usé quizá de ligereza? ¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No?”. Ahí nos damos cuenta y llegamos al verso 21 que dice: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que por ser indulgente con vosotros no he pasado todavía a Corinto. No que nos enseñoreemos de vuestra fe, sino que colaboramos para vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes. Esto, pues, determiné…”; noten, al que le fue encomendado un trabajo, tiene que tomar sus determinaciones en la jurisdicción que le fue encomendada, y que viene llevando desde tiempo atrás; “determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo contristé?” En fin, hay muchos otros pasajes en esta carta, que es una carta muy preciosa. Voy a saltarme ahora al capítulo 7, llegando al verso 8. Pablo escribió una carta que produjo mucha tristeza e indignación incluso de algunos en Corinto, porque eran “duras”; entonces dice Pablo en el 7:8: “Porque aunque os contristé con la carta (y se refiere a la primera que es bastante dura, pero es inspirada por el Espíritu Santo), no me pesa, aunque entonces lo lamenté; porque veo que aquella carta, aunque por algún tiempo, os contristó. Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte (o sea, para que ellos no sufrieran pérdida, él tenía que arriesgarse a contristarlos); “pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. Así que, aunque os escribí, no fue por causa del que cometió el agravio, ni por causa del que lo padeció, sino para que se os hiciese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. Por esto hemos sido consolados en vuestra consolación; pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros. Pues si de algo me he gloriado con él respecto de vosotros…”, y ahí sigue hablando de cosas y cosas y cosas; y en esta carta hay muchos pasajes. Si ustedes leen toda la carta 2ª a los Corintios, es una carta tan especial con respecto a las otras, porque las otras son bastante más doctrinales, en cambio en ésta se ve todo el vaso de barro, todo el conflicto, todos los sufrimientos; y en esa carta es donde Pablo dice que Dios nos ha puesto una norma, que no entramos en la obra de otro para gloriarnos en lo que estaba preparado; o sea, ¿qué quiere decir la obra de otro? Si el Señor envió a Pedro, Jacobo y Juan para con la circuncisión, Pablo puede cooperar con ellos, pero sin sobrepasar a Pedro, Jacobo y Juan; cooperar según ellos se lo soliciten, si quieren; pero aún el Señor le dice a Pablo: no te van a recibir en Jerusalén; Jerusalén no estaba preparada para el ministerio de Pablo; entonces el Señor lo mandó lejos, para con los gentiles; en cambio le prohibió a Pablo ir a Bitinia, y mandó a Pedro; la obra de cada uno, implica la obra de otro, en el caso de los que son apóstoles; a cada uno se le dio una viña, sin son apóstoles; pero si son cooperadores, están en la misma; entonces unos trabajan acá en equipo, otros trabajan allá, otros allá, en comunión unos con otros, se dan la diestra de comunión, se reconocen mutuamente, de tanto en tanto; eso sucedió después de 14 años de trabajar Pablo, que fue a conversar en privado con Jacobo, Cefas y Juan; no es una modalidad que se establece digamos que cada lunes vamos a reunirnos con Pedro, con Juan, no, no, no; Pablo no tiene que estar en aquello que no le fue encomendado; y cuando ameritara, y según el gobierno de la cabeza, entonces el Espíritu Santo le dice a Pablo: vaya con Bernabé; y él va, y “lleva consigo” a Tito; el Señor había dicho: Apartadme a Bernabé y a Saulo; y dijo: Vayan Pablo y Bernabé; pero Pablo llevó consigo a Tito; pero cuando Pedro, Jacobo y Juan le dieron la diestra de compañerismo, se la dieron a Pablo y a Bernabé, y no a Tito; no porque Tito no mereciera la diestra de compañerismo, sino porque Tito había sido incorporado por Pablo y Bernabé; pero el Señor había dicho: Bernabé y Pablo. Entonces por eso existen unas delicadezas, unos cuidados, y unos trabajos en cada jurisdicción. Entonces a nadie se le está imponiendo algo, o prohibiendo que haga su propia obra; si el Señor lo ha llamado directamente, hágalo de la mejor manera que sepa, de la mejor manera que pueda, ¿verdad? Haga lo mejor, lo apoyamos, nos alegramos por eso; pero cada uno debe tener la viña delante; es decir, ser responsable por aquello que se le ha encomendado. Procurar en lo de otros, si los otros te invitan; cooperar en lo que ellos permiten, pero sin sobrepasar las jurisdicciones ajenas. Yo no le quiero a decir a ustedes: ustedes tienen que hacerlo de ésta manera; sino: hágalo como usted quiera; pero yo debo hacerlo correctamente. Hay reuniones que son de la iglesia, y hay reuniones que son de la obra; por ejemplo: las reuniones que convocaba Pablo, las reuniones de enseñanza, la escuela de la obra en Éfeso, era lo que le había sido encomendado a él hacer; él era el responsable y el que dirigía lo que se le había encomendado que hiciera; entonces él lo hacía de la mejor manera; él podía pedirle el favor a alguien; podía decirle: Timoteo, quédate aquí y ayúdame en esto si quieres. Pero Apolo formaba otro equipo con Zenas; y Pablo le pidió a Apolo, pero Apolo nunca vino; entonces noten que Pablo trataba a Timoteo de una manera diferente que a Apolo, porque Apolo formaba un equipo con Zenas y otros, y de vez en cuando venía y se iba; como, por ejemplo, vienen los hermanos de Chile de vez en cuando a ayudarnos; pero el Señor les encomendó a los de Chile: Chile; y a los de Colombia: Colombia. Los de Chile pueden ayudar, pero hasta donde los encargados de Colombia lo soliciten, y sea provechoso, y no haga daño, y viceversa. Los de Chile a veces reciben a los hermanos, y hemos recibido cartas donde dicen: bueno, esta vez solamente los obreros de Chile van a enseñar; y con ello se da a entender que ningún otro de los que vaya va a enseñar; ¿por qué? Porque allá les fue encomendado a unas personas. Ninguno es modelo para el otro. Siempre que queremos imponer modelos, estamos enajenando lo que el Señor está haciendo en cada lugar, y entonces se forman confusiones; no. Si tú estás en una localidad, y a ti te fue encomendada esa localidad, a ti te toca hacer lo mejor que sepas, y decidir hasta qué punto sí y hasta qué punto no tú puedes admitir una ayuda, o mejor la difiere; o es muy grande, o es muy pequeña; eso le corresponde decidirlo a ti que fuiste enviado. Incluso a cada iglesia local le corresponde la responsabilidad de probar los que dicen ser apóstoles. El Señor le dice a la iglesia en Éfeso, que tenía a favor de la iglesia el que había probado a los que se decían ser apóstoles y los había hallado mentirosos y no lo eran. No estoy diciendo que no lo sean otras personas, pero lo que les estoy recordando es que es la responsabilidad de cada localidad, la que sabe a qué apóstoles y obreros convida, y a cuáles no. Si tú no eres convidado, es mejor ir como un hermano, pero no vamos a imponer nada; hay que respetar a cada localidad. Si ellos te invitan, hasta donde ellos te invitan tú puedes cooperar con ellos; si Dios te dio algo para ellos, y ellos te reciben, reciben al Señor; pero si te dio algo para ellos, y ellos no te quieren, no reciben lo que es del Señor, pero a ellos les toca probar; la iglesia es la que prueba a los apóstoles, y a los profetas, y a los espíritus. No creáis a todo espíritu, probadlos; ¿en qué espíritu están las personas o el grupo? No siempre se está en un espíritu puro. Y si aún los profetas profetizan, deben hacerlo dos o tres, y la iglesia no se lo tiene que tragar crudo; la Biblia dice: “los profetas hablen dos o tres, y los demás (o sea, la iglesia) juzguen”, no en un espíritu prevenido, no, sino juzgar según el Espíritu. A veces están en el Espíritu del Señor; el Señor dice: mis ovejas conocen mi voz y me siguen, pero no seguirán a los extraños, porque no conocen la voz de los extraños. Cuando hay algo que es de Dios, hay “luz verde”; y cuando hay algo que sí es de Dios, pero mezclado con algún desequilibrio, los cuidados deben darse; ¿por qué? Porque si no la iglesia se convertiría en un auditorio privado de un apóstol. La iglesia en Teusaquillo no es un auditorio privado del hermano Gino; es la iglesia del Señor Jesucristo; si el hermano fulano o el hermano sutano es anciano en esa localidad, si el Señor los puso, les toca a ellos ayudar a la iglesia; pero la iglesia es del Señor; la iglesia es la que determina a quienes invita y a quienes no; entonces no podemos invitar personas por encima o por detrás de la iglesia, ni mucho menos en cuanto a la obra por encima o por detrás de los que Dios puso; ellos son a quienes Dios les dijo: a ti te toca Bitinia, a ti te toca Macedonia, a ti te toca tal; a veces nosotros en nuestra ingenuidad e inclusividad hemos abierto la puerta demasiado, y luego se tardan hasta uno o dos años en repararse los problemas; así que en cuanto a localidad, cada localidad debe ejercer su cuidado; y esa localidad tiene su jurisdicción, tiene su supervisión y tiene su gobierno; además tiene su tipo de relación con los de otras ciudades. Y a la vez, en la región en donde el Señor ha puesto obreros, esa responsabilidad está en manos de esos obreros; especialmente los apóstoles; ellos son los que manejan las cosas, porque a ellos fue que se les dijo: la obra a que los he enviado; Él dio a cada uno su obra, a cada guarda dio su viña; entonces por eso dice Pablo: procuré no entrar en la obra de otro para no edificar sobre fundamento ajeno. Si es apóstol, tiene que poner fundamento; entonces tiene que poner fundamentos donde el Señor le abrió la puerta; pero si voy a un lugar donde otros habían llegado primero, los otros no pueden llegar a darles un codazo, y decirles: así no se hacen las cosas, ahora yo agarro el taxi, usted no maneja el taxi. Haz tu parte donde Dios te encamina, donde el Señor te guió; ahí hazla de la mejor manera, como dice la Escritura; eso está en Jeremías: arad para vosotros mismos campo, y no sembréis entre espinos, ¿amén? (Continúa con ciertas consideraciones y disposiciones en cierta jurisdicción particular, de interés solamente en esa jurisdicción). Gino Iafrancesco V., 10-IX-2010, Teusaquillo.

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