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VALOR POLIFACÉTICO DE LA SANGRE DE CRISTO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:49, Categoría: General

Valor Polifacético de la Sangre de Cristo. En el capítulo anterior, nos introdujimos en aquellas dos promesas básicas del nuevo pacto en relación con la Sangre y el Espíritu Santo. La primera provenía de la obra de Jesús crucificado, y la segunda de la promesa del Padre luego de la resurrección y ascensión. Observamos algunos aspectos que sintetizan la obra del Señor en la Cruz, de su trabajo extrayendo las cosas negativas implantadas en nosotros por el mundo, quitando todo lo relativo a la vieja creación, limpiando y colocando todo lo que ahora es nuevo en lugar de lo viejo. Entonces, la obra de la Sangre es para limpiar y la obra del Espíritu es para introducir lo nuevo. Las múltiples funciones de la Sangre Profundizando en lo relativo a la Sangre del Señor Jesús, podemos señalar que ésta es polifacética, es decir, tiene múltiples funciones; y la primera, sería delante de la faz de Dios; segundo, ante nuestras conciencias; y tercero, delante del acusador de los hermanos. Para explorar estas funciones, veremos el libro de Éxodo en el capítulo 12 sobre la Pascua, donde el Señor está dando ciertas instrucciones a Israel, y en el que también está instruyéndonos a nosotros como Iglesia, ya que dice que estas cosas les acontecieron a ellos y están escritas para amonestarnos a nosotros. Pero, antes de esto, veamos un verso en el libro de Hebreos, donde el Espíritu Santo por mano del escritor nos dice: “Y Moisés (del que vamos a leer en Éxodo) a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, como testimonio de lo que se iba a decir” (He.3:5). Esa frase “lo que se iba a decir” es importante, porque tiene relación con lo que acontecerá en el futuro, y no en la propia generación de Moisés, ni en la de Josué, ni en la de los Jueces, sino en la de la Iglesia, en lo se iba a decir en el Nuevo Testamento. Lo que Dios tenía que decir hoy en la era de la Iglesia, en la era de la gracia, lo fue preparando desde los tiempos antiguos. Así que ahora, cuando leamos a Moisés en el pasaje de la Pascua, veremos que no sólo es un pasaje arqueológico o histórico, porque detrás de esa historia estaba la mano de Dios, la providencia de él preparando algo para nosotros, porque Dios nos quería hablar hoy. Y así como nosotros estamos sobre los hombros de nuestros antepasados, tenemos que ser fieles como lo hizo Moisés en sembrar, trabajar, cosechar y servir a la causa de Cristo en nuestra generación, para que las próximas descendencias se asienten sobre nuestros hombros. Entonces, veamos qué nos dice Dios en su Palabra en el libro de Éxodo, capítulo 12 desde el verso 1 al 15: “Habló Jehová a Moisés y Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros…” (Ex.12: 1-2). Este mes es abib-nisán, identificándolo como el principio del año en el equinoxio de primavera del hemisferio norte, donde la elíptica comienza. El mundo tiene su calendario babilónico diferente, pero “para vosotros” que es su pueblo, los suyos, nos dice que: “…será éste el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: en el diez de este mes tómese cada uno un cordero según la familia de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuera tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero” (Ex.12:2-4). Podemos ver desde el principio cómo Dios muestra el alcance corporativo de la obra del Cordero. “El animal será sin defecto…” (Porque está representando al Señor Jesús) “…macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes…” (Ex.12:5-6). Esto es justamente el día que murió el Señor Jesús, el día catorce del mes de nisán, que es el mes de abib. Aquí, en estas palabras, está profetizado cuándo sería la muerte de Jesucristo. “… Y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes” (Ex.12:6). La Sangre para presentarla al Señor El Señor daba instrucciones a su pueblo y ellos le obedecían, pero sin entender el significado de estos ritos. “Y tomarán de la sangre…” (Ex.12:7). Esto no es en un sentido literal, sino que se valdrán de la sangre para presentarla delante del Señor. Tomar de la Sangre es hacer uso de Su provisión. De esta manera empieza a enseñar a su pueblo el valor de la Sangre. Ya al principio Dios le dijo a Noé que podían comer de todos los animales, de todo lo que se mueve, menos de la sangre, porque ésta era reservada para presentársela a Dios. El Señor ha entrenando a la humanidad desde el comienzo para que vea las cosas desde su punto de vista, y él sabe desde antes de la fundación del mundo que el Cordero de Dios estaba destinado a ser inmolado, y nosotros a ser redimidos por su Sangre y edificados por su Espíritu. “…. y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer” (Ex.12:7). Ellos primero tenían que poner la sangre en las casas antes de comer del cordero. Con esto nos dice que, además de poner la sangre en el lugar donde Dios la vea, debe estar a la altura valórica que le corresponde estar. Después dice: “Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová” (Ex.12:8-11). El Señor está pidiendo conciencia de diligencia, de urgencia, porque el tiempo del hombre no es el tiempo del Señor. La palabra “Pascua” (Pesaj) quiere decir “pasar por alto”, y en el siguiente verso lo explica. “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis…” (Ex.12j12-13). Desde el comienzo, en la Sangre estaba la seguridad del hombre y Dios quiere que nuestra fe tenga su base en ella. El Señor no está buscando en nosotros nada fuera de la Sangre derramada por su Hijo, nada que nosotros podamos hacer, sino algo que ellos como Padre, Hijo y Espíritu Santo hicieron: “…y veré la sangre y pasaré de vosotros…” (Ex.12:13). Con esto, el Señor nos dice que pasará de ellos, no porque los Israelitas fueran mejores que los egipcios, ya que si no hubieran colocado la sangre igualmente hubieran muerto sus primogénitos. Lo mismo ocurre hoy, porque él pasará por alto nuestros pecados por la Sangre de Jesucristo. Pasar por alto es ignorar, y eso es lo que Dios quiere, ignorar nuestros pecados, pero él no perdonará sin la Sangre. No podemos venir delante del Señor en base a lo que somos, a lo que hacemos, a lo que sentimos: sólo podemos venir a su presencia en base a la Sangre del Cordero, del Hijo de Dios. Por esa Sangre es que nosotros estamos en pie y podemos dejar de escondernos y venir confiados y reconciliados, porque siendo sus enemigos, Jesús nos reconcilió con el Padre. Entonces ¿qué está buscando Dios? ¿Cuál es la base? La única respuesta es la sangre. La Sangre sobre las conciencias El segundo aspecto de la Sangre de Jesucristo es sobre nuestras conciencias. Dios nos enseña que la valoración de nuestras conciencias debe ser la valoración Dios. Con respecto a esto, veamos qué nos dice la epístola a los Hebreos: “Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (He.9:13-14). Dios, para enseñarnos a nosotros, había instruido primeramente a Israel en función del testimonio que hoy se habría de decir en la era de la Iglesia, de la gracia, del Espíritu del Nuevo Testamento, en el cual estamos hoy. Hoy es estar en Cristo. Esto era lo que nos quería enseñar: que él limpiaría nuestras conciencias. Y nuestras conciencias deben estar en el Espíritu, o sea, si la Sangre de Jesucristo fue válida para Dios, cuánto más debe serlo para nuestras conciencias. El apóstol Pablo, después de haber sido salvo y maduro en el Señor, decía: “mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo” (Ro.9:1). La conciencia de Pablo estaba en el Espíritu. Dios es misericordioso, aunque también es objetivo. Nosotros debemos tener una conciencia de pecado, y no ser ignorantes sobre las cosas que Dios no tolera. De esta forma, cuando viene a nosotros esta conciencia de pecado, debemos arrepentirnos y aplicar la Sangre de Jesús. No debemos estar con cargas en la conciencia o no podremos servir a Dios, porque cuando estamos con la certeza de haber sido perdonados y aceptados, nos animamos a evangelizar, a orar, a predicar, tenemos conciencia de que Cristo sana, limpia, y nos hace hijos de Dios. Pero pretender algo de esto sin estar vinculado con Cristo, con su Sangre y con su Espíritu, no sirve de nada, puesto que la base que Dios quiere no está. Esto es lo que hace Satanás, hacernos olvidar esta base y nos hace adquirir la situación del hombre caído, esta situación esquizofrénica en la que nos idolatramos y nos detestamos al mismo tiempo y nos olvidamos de las promesas de Dios. Pero ante este escenario, el Señor nos recuerda nuevamente que la Sangre de Cristo limpiará nuestras conciencias y aprenderemos a decir lo mismo que dice Dios, a estimar a su Hijo y a su sacrificio y a tener su sentir por encima de nuestras autoacusaciones y las acusaciones de Satanás. Ahora, nuestras conciencias tienen que aprender a valorar la Sangre de Cristo como la valora Dios. Él nos ama y se olvida de nuestras iniquidades. Esto es la Pascua y él quiere que así también nuestra conciencia lo acepte y lo crea de la misma manera. Dios dice que: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos” (1ª Jn.1:9). Su Hijo pagó la deuda y el Padre lo aceptó. No podemos servir a Dios si nuestra conciencia y nuestro corazón nos acusan, pero mayor que todo lo nuestro es Dios. Por eso la Sangre de Jesucristo habla más alto que la de Abel. Cualquier otra sangre derramada en la tierra pide venganza, pero la de su Hijo pide perdón a favor nuestro. La Sangre aplicada delante de Satanás El tercer aspecto de la Sangre que veremos es cómo ésta se aplica incluso delante del propio Satanás. Leamos apocalipsis 12: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Ap.12:9). El diablo, o sea, enlodador – eso es lo que quiere decir Diablo –, está tirando lodo, embarrando; y Satanás, quiere decir adversario. “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche” (Ap.12:10). Ese es el trabajo de Satanás, el inculpar a los hermanos, como cuando se presentó delante de Dios para acusar a Job o cuando pidió tentar a Pedro. Cuando este último pecó, se sentía triste y lloró amargamente porque había negado a Jesús, pero el Señor le perdonó. En el día de Pentecostés Pedro se olvidó de su pecado porque sus palabras fueron: “Vosotros negasteis al Santo y al Justo” (Hch.3:14). Pedro dice estas palabras como si él nunca lo hubiera negado. Pero Pedro se arrepintió y se olvidó de su pecado y se deshizo de las acusaciones de Satanás. Podríamos pensar que Judas también se arrepintió, pero se ahorcó; la diferencia fue que Judas no creyó. Pedro le dice “vosotros negasteis”, no incluyéndose. Ahora ellos también podían creer y levantarse como nuevas criaturas porque se habían encontrado con el ministerio del nuevo pacto. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Ap. 12:11). Ellos dieron testimonio del amor de Dios, de la obra de Jesucristo, ése es su testimonio: “Creí por lo cual hablé” (2ª Co. 4:13). Acudamos a la Sangre, démosle valor y no prestemos atención a Satanás. La Palabra dice que los que vencieron al acusador, fue por la Sangre del Cordero; esta Sangre es la que da victoria. La Sangre de Jesús tiene valor ante Dios, ante nuestras conciencias y también le calla la boca al acusador de los hermanos. Satanás ya no tiene nada más que decir cuando nosotros le respondemos con la Sangre del Cordero de Dios.

ELEMENTOS DE LA PROMESA

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:48, Categoría: General

Elementos de la promesa: la Sangre y el Espíritu de Cristo EL tema sobre la Sangre y el Espíritu del Señor es algo simple, sencillo, pero necesario para todas las personas, tanto para los que no conocen al Señor, como para los que recientemente han nacido de nuevo, y también para los que ya han caminado con el Señor más tiempo. La Sangre y el Espíritu Santo será el mensaje, y los consideraremos como dos elementos prometidos por Dios en su Palabra. El Señor ha provisto para nosotros su Sangre que nos limpia, como un don permanente que fluyó por las heridas de Cristo, y ha provisto también su Espíritu Santo que nos vivifica, nos fortalece y nos sostiene en toda situación. En los Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, en “el día de Pentecostés”, pudiendo llamarlo como la inauguración de la Iglesia, el tema del discurso de Pedro fue el Señor Jesús. Habló de su muerte, resurrección, ascensión y derramamiento de su Espíritu. En esto expuesto, está la base y la síntesis de la obra de Dios, que se materializó de esta manera. Desde allí brota toda edificación y trabajo de Dios a manera de gracia y por medio de la fe, como dice en la carta de los Colosenses: “…y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad. Así debemos andar, recibiéndolo constantemente por la fe” (Col.1:6). Desde este día de Pentecostés, y gracias a la predicación del evangelio por Pedro, iluminado por el Señor, y a la luz de la exposición de Cristo, de su persona divina y humana prometida en las Escrituras, y de su obra, responde una interrogante a la necesidad humana: “¿Qué haremos, hermanos?”. Aquí el apóstol comienza, inspirado por el Espíritu Santo, a hablarles, porque así Jesús había prometido que sería, que él nos recordaría todas las cosas y sus palabras (Juan 14:26). Entonces, tenemos que la enseñanza de los Apóstoles y ésta específica, donde el Espíritu habla por medio de Pedro, son palabras que provienen del Antiguo Testamento, del trabajo progresivo de Dios, de sus promesas, de la tipología o preparación de Dios, y palabras que también habían sido interpretadas por Jesús. Y esa fue una de las tareas preciosas del Señor, y que continuó siendo también una tarea preciosa del Espíritu Santo. Durante los cuarenta días después de la resurrección, Jesús estuvo apareciéndoles a los Apóstoles, trayendo a ellos la enseñanza del Padre por medio de él y del Espíritu Santo; enseñándoles e interpretando las Sagradas Escrituras, abriéndoles el entendimiento espiritual. A raíz de esta enseñanza hecha por el propio Hijo de Dios, es que no podemos menospreciar la instrucción de los Apóstoles encontrada en la Biblia. De ahí que recibir lo que ellos han escrito por el Espíritu Santo, es recibir al mismo Señor Jesús, y recibir al Señor Jesús es recibir a Dios nuestro Padre. “El que a vosotros recibe, a mi me recibe y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mt.10:40). Lo que ellos enseñaron, en esta inauguración de la Iglesia, y a la luz del evangelio, es que el hombre reconozca su necesidad de Dios y de la salvación, y todo lo que implica comenzar el camino de la vida eterna. Por esto surge la pregunta del discurso de Pentecostés: ¿Qué haremos, hermanos, qué haremos? quedando de manifiesto en esta interrogante la necesidad del hombre al tratar de salvarse por sus propias fuerzas. Lo trascendental es lo que él hizo por nosotros y no lo que nosotros tenemos que hacer. Por nuestra parte sólo debemos creer. No obstante, el Señor ha dado respuesta a esta consulta y nos presenta los elementos claves antes mencionados: La Sangre y El Espíritu Santo. Esta es la base que necesitamos para comenzar, continuar y terminar; es la respuesta del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, de la Palabra y de los Apóstoles; y ésta tiene que ser también la respuesta de la Iglesia. Esto era lo que en síntesis Dios había prometido. Aquí Pedro está totalmente orientado hacia las promesas del Padre, en los elementos centrales, fundamentales del nuevo pacto, que es la manera apropiada de andar con Dios. Si continuamos en Hechos, nos dice que: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (……) “Habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hch.2:32-33). Pedro lo recibió como un hecho, como algo ya cumplido. Dios esperaba la resurrección de Jesús para incorporar la gloria a la humanidad y, por su Espíritu, entregárnosla, y comenzar su obra de convicción sobre el mundo: convencer de pecado, de justicia y de juicio, sin importar cuán duro sea, o cuán difícil a nosotros nos parezca, pero para el Espíritu Santo todo es posible. “… Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1). “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hch.34-36). Aquí David profetiza la ascensión de Jesús, y la conclusión final de todo ese testimonio acerca del Hijo, de su persona divina, humana, de su muerte expiatoria, de su resurrección, ascensión, intercesión y derramamiento de su Espíritu. Esto es necesario saberlo, oírlo para creerlo, porque se recibe por la fe, y la fe es por el oír. Por esta razón es fundamental predicarlo; Jesucristo lo mandó, y que de esta manera se reciba y comience la salvación verdadera de los seres humanos. En el siguiente verso vemos la pregunta antes mencionada: “…Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hch.2:37). Y Pedro les responde: “Arrepentíos”. Antes teníamos un paradigma conforme a las mentiras de Satanás, pero ahora, esas mentiras se exponen a la luz de la Palabra. Comenzamos a comprender las cosas de Dios porque estamos oyéndole. Entonces, Pedro continúa diciendo: “….Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hch.2:38). Él nos está indicando lo que tenemos que hacer: comenzar a ver las cosas desde el punto de vista de Dios, identificarse con Jesucristo, con su persona, con su muerte y resurrección. Debemos obedecer en el Señor; la obediencia que proviene de la fe, del descansar en él y contar con él. Ésta es la primera parte expuesta en esta Palabra, que Jesucristo murió, y he aquí por su Sangre la remisión de los pecados. En seguida, se presenta la segunda parte, que es su complemento: “…Y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hch.2:38). Aunque no podemos confiar en nosotros mismos, sí podemos confiar en Jesucristo y en el Espíritu Santo. El Señor Jesús confió tremendamente en el Espíritu Santo, incluso diciendo: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…” (Jn.16:13). Y fue de esta manera cómo el Espíritu Santo les recordó y les interpretó a los apóstoles la exposición de la Palabra de Dios hecha por el propio Señor Jesús. Lo que hace el Padre siempre es traernos al Hijo; lo que hace el Espíritu Santo es glorificar al Hijo y que lo recibamos por la fe. Al Padre por el Hijo y al Hijo por el Espíritu. ¿Cuáles eran los términos del nuevo pacto? Podemos leerlos en Hebreos capítulo 8, desde el verso 1. Ahora bien, toda esta epístola es preciosa porque su punto principal es declararnos que tenemos ayuda, porque antes éramos ajenos a Dios, y ahora tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la majestad de Dios en los cielos. Además de él, ministro, servidor del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre, porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer. De esta manera nos presenta que si estuviera sobre la tierra, como Caifás, como Anás y todos ellos, no sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley. Podemos aclarar que esta carta a los Hebreos se escribió antes del año 70, porque no había sido destruido el templo y aún funcionaba el sacerdocio, “los cuales sirven (todavía en esa época) a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: “… haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Heb.8: 5). Lo que erigió Moisés es un modelo, mas Juan en Apocalipsis vio la realidad, que concuerda con lo que Dios le mostró en el monte a Moisés. “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Heb.8:6). Este “ahora” es muy importante. Este es el Nuevo Testamento a partir de Cristo, de un ministerio mejor que el de aquellos sacerdotes del antiguo pacto. Note que aquí está hablando de un pacto nuevo que tiene unas promesas mejores, refiriéndose a la Sangre de Jesucristo para el perdón de los pecados, y el don del Espíritu Santo. Estos son los elementos centrales del nuevo pacto a los que se refiere Hebreos, prometidos por Dios, quedando de manifiesto que únicamente por estos elementos se hace posible andar con Dios; esa es la única base real. Continuemos en Hebreos 8, que dice: “Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: “He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor” (Heb.8:7,9). Existen personas que quieren agradar a Dios en la base del antiguo pacto, pero Dios ya no se entiende con nosotros en esos términos. Dios sabía cuál era el objetivo de aquel antiguo pacto, y a modo de ilustración nosotros podemos referirnos a él como un instrumento de diagnóstico. Pero el ministerio del nuevo pacto es el del remedio por medio de la Sangre y del Espíritu. “…por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: (¿Cómo?) Pondré mis leyes en la mente de ellos y sobre su corazón las escribiré; (por obra del Espíritu) y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos (Obra de Espíritu). Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades” (Esa es la sangre) (Heb.10-12). ¿Podemos ver presentes los dos elementos esenciales de las promesas de Dios? Como dice en Colosenses: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él…” (Col.2:6). No sea que nos ocurra lo que pasó con los gálatas, que comenzaron por el Espíritu, pero que quisieron acabar por la carne. Lo que comienza por el Espíritu, tiene que culminar por el Espíritu y por la Sangre. Sólo por la Sangre y por el Espíritu se puede completar la carrera. En el Antiguo Testamento podemos ver también que Dios nos habla del nuevo pacto que vendrá. Jeremías dice: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jer.31:31). Claro que inicialmente la promesa era para ellos, pero nosotros fuimos incorporados en Cristo y en la simiente de Abraham, por lo cual nos corresponde también a nosotros. Continúa diciendo: “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jr.32-34). Estas mismas palabras son las que Jesucristo les había enseñado a los apóstoles, y que ahora podemos ver que claramente se referían a la Sangre y el Espíritu, para llevar a cabo el nuevo pacto. Lo mismo distinguimos en Ezequiel: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré”. Esto es lo que hace la sangre de Cristo. Y “os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu…” (Ez.36:25-27). Notemos que todo lo expuesto en la Palabra es algo que Dios ha dado; por ejemplo: “yo esparciré”, “yo daré”, “yo limpiaré”, “yo quitaré”. ¿Y nosotros qué haremos? Solamente recibirlo. Y vivir por la fe en el Hijo de Dios. Todo este “quitar y limpiar” es por la Sangre, por la Cruz, por la resurrección, por sus obras, por la ascensión y derramamiento del Espíritu. “…Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ez.36:27). Nosotros solos no podemos, pero Dios dice “yo haré que andéis”. ¿Se puede dar cuenta de esta dádiva de Dios? Nos dio a su Hijo y el don del Espíritu Santo para todo aquel que en él cree. No es un préstamo, no es un alquiler, es un regalo, ya que por méritos nunca lo podríamos obtener. Y existe una sola manera de recibir este regalo y es por fe; creyéndole a Dios, creyendo en el Señor Jesús como el don de Dios. Esa es la obra, que creáis en el que él ha enviado (Juan 6:29). Esto es la gracia de Dios y se recibe por revelación. Eso es algo que Dios enciende, que Dios inicia, y que tú descubres por gracia y socorro de Dios. Las obras surgen como resultado de lo que él ponga y haga. Esas son las promesas del nuevo pacto, anunciada por los profetas y apóstoles: la Sangre derramada por Jesucristo para perdón de pecados y el Espíritu Santo. Jesús nos dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Jn.5:24). El que oye y cree, ha pasado de muerte a vida y vida eterna; y el Señor le resucitará en el día postrero.

LA PERSONA DEL HIJO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:46, Categoría: General

LA PERSONA DEL HIJO. Veremos algunos versos que nos muestran aspectos de la divinidad, y aspectos de la persona del Hijo, confesiones centrales de la fe cristiana. En 1 de Juan capítulo 2 versos 22 y 23 dice: “¿Quien es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”. Estos versículos nos enseñan que Jesús es el Cristo, frase básica del cristianismo, pero esta confesión es más profunda de lo que parece a primera vista, porque no solamente quiere decir que Jesús es el Mesías que había sido prometido a Israel, sino que Dios está muy interesado en que nosotros sepamos que Jesús es el Hijo del Dios viviente. El Señor Jesús dijo que: “…porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis…” (Jn.8:24). Esta palabra es muy fuerte, y con consecuencias incluso para Israel, ya que muchos de ellos ellos renegaron del Mesías. Satanás ha hecho un trabajo muy sutil, ya que él no sólo ha querido negar el hecho de que Jesús es el Cristo, sino que inclusive, en medio de personas que confesaron que Jesús es el Cristo, él ha querido separar a Jesús de su divinidad, como si fuera simplemente un hombre. Dicen que la palabra Cristo se refiere a lo divino y Jesús a lo humano. Algunos personas hacen una separación de Jesús, entre el hombre que fue acá en la tierra, y entre la persona de la unción a la que le llamaban el Cristo o Dios. No sólo estaban los judíos clásicos que negaban a Jesús como el Mesías prometido a Israel, sino que también el anticristo utiliza el gnosticismo, es decir, diciendo que la persona del Señor Jesús es una y la persona divina es otra, como si fueran dos personas distintas, como si la persona humana fuera Jesús y la divina fuera el Cristo. Hoy en día, desgraciadamente, esto también sucede con personas que han sido engañadas por el espíritu de error en su entendimiento, que niegan al Hijo diciendo que la persona del Padre se introdujo en un hombre y que a ese hombre se le llamó Hijo, sosteniendo equivocadamente que en la divinidad solamente existe la persona del Padre y de esta manera también negando a la Trinidad. Veamos nuevamente cómo nos es revelado Jesús en el Antiguo Testamento que nos dice: “¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si lo sabes? (Pr.30:4). Cuando se comienza a ver lo que Dios ha hecho, su creación, entonces su eterno poder y deidad se hacen claramente visibles por medio de las cosas hechas. Es maravilloso ver cómo en el Antiguo Testamento se nos muestra la presencia del Hijo junto al Padre; ¿cuál es el nombre de su hijo? “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1ª Jn.2:23). Dios tiene un Hijo, por medio del cual, en el cual y para el cual, creó todas las cosas. Debemos ver esto con mucha claridad para comprender el orden del universo, toda su armonía, toda lealtad, todo amor en la familia, en la Iglesia, en todo negocio justo, que dependen de la relación de la Trinidad. Conocer a Dios en Trinidad, es saber qué es ser un buen padre, un buen hijo, qué es ser un buen esposo, un buen hermano; es saber de la lealtad y solidaridad que nos debemos unos a otros; y muchas de estas cosas no serían conocidas, si no hubiera sido revelada la Trinidad del único Dios. Si no hubiera Trinidad no habría Iglesia. ¿Y qué es la Iglesia? Es la Trinidad incorporada entre nosotros; el Padre por el Hijo, el Padre y el Hijo por el Espíritu Santo en nuestro espíritu, en nuestra alma, en el templo completo; en cada uno de nosotros, y haciéndonos uno como la Trinidad es una. Entonces es muy práctico y fundamental tener de Dios la revelación que el Espíritu ha dado a la Iglesia acerca del Dios trino dada por Cristo. La unidad de la Iglesia es la Trinidad morando en nosotros, haciéndonos partícipes de su naturaleza divina. La naturaleza se refiere a los atributos comunicables que Dios desea compartir con el hombre; pero en cambio la esencia divina se refiere a los atributos incomunicables de Dios que lo hacen ser como es, lo que hace que Dios sea Dios eterno, divino, omnipotente, omnisciente, omnipresente, autosuficiente; y esto, la esencia divina, es lo que hace la diferencia entre el ser de Dios y el ser de las criaturas que dependen de él. En teología a esto le llaman aseidad, lo que es exclusivo de la divinidad, de lo cual nadie participa, solo la divinidad. Pero los atributos comunicables divinos que él quiere compartir con nosotros sus criaturas, son su naturaleza, de lo cual dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gn.1:26). Pedro enseña que nosotros los hijos de Dios, miembros de la Iglesia, del cuerpo único de Cristo, somos participantes de la naturaleza divina. Los seres se diferencian unos de otros también por su naturaleza, por ejemplo, la humana, y la de los animales, la de los minerales, la de los vegetales, la de los espíritus. Dios quiso comunicarnos y transmitirnos su naturaleza, que tengamos su carácter, su rectitud, su santidad, su amor. Nosotros somos creados por Dios, y él en su voluntad ha querido que seamos sus hijos, y herederos de su naturaleza divina. Nosotros somos criaturas por la voluntad de Dios. Nuestro ser comenzó de la nada por la Palabra de Dios y por la voluntad de Dios, no por su conocimiento anticipado, sino por su voluntad. En Apocalipsis dice: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap. 4:11). Nosotros no tenemos vida por nosotros mismos como el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo, que existen eternamente antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, toda criatura que existe es deudora de la voluntad soberana de Dios y él debe dar el sustento a quien creó y mantenerlo en existencia; y nuestro sustento es Jesús, porque la Biblia nos dice que él es el sustento de todo el universo visible e invisible. “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Jn.5:26). “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios…” (Jn.1:1). Juan está confesando lo que Dios le ha revelado, y él estaba viendo al Hijo que era el Cristo que confesaban los apóstoles, y que nosotros no podemos recibir de manera ingenua otro espíritu, ni otro Jesús, ni otro evangelio. “…y el Verbo era Dios” (Jn.1:1). Aquí habla no sólo de la pre-existencia del Hijo junto al Padre, sino que era con Dios y era Dios. Esto es antes que todo existiera. El Verbo no fue creado, fue engendrado. Dios engendra una imagen de sí que es igual a sí mismo, pero no la engendra en el tiempo, porque este Verbo no comienza a existir, sino que siempre le ha acompañado. A este Verbo se le llama Hijo, no solo a partir de la encarnación, sino que también estaba presente en la creación. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el hijo…” Ahora, esa persona del Hijo que habló en los días postreros, ¿apareció solo en los días postreros? ¿O era siempre con el Padre? (La Palabra nos sigue diciendo que) “…a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…” (He.1:2). Además, como se dice en la epístola a los Hebreos: el Hijo no solamente participó con el Padre y el Espíritu de la creación, sino que también sostiene todas las cosas. El Hijo vivió en función del Padre, y el Padre en función del Hijo; ese es el amor, el vivir en función del otro, vivir para el otro. Si Dios no fuera trino, no sabríamos a dónde vamos ni en qué consiste la obra que Dios está haciendo por nosotros.

BASE DE LA EFICACIA

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:44, Categoría: General

Base de la eficacia. Vamos a la epístola que Pablo le escribió a Filemón, capítulo único versículos del 4 al 6. “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús”. En este versículo, podemos ver primeramente que hay una provisión de Dios, colocando en Cristo Jesús todo lo que nosotros necesitamos. El apóstol Pablo no nos dice que “estará” en vosotros, sino que “está”. No estamos completos en nosotros mismos, pero estamos completos en Cristo Jesús. Dios perfeccionó en el Señor Jesús todo lo que habría de darnos; todo lo que sería eficaz Dios lo colocó en el Señor Jesús. Cuando nosotros recibimos a Jesús por primera vez, y al entrar por su Espíritu a nuestro espíritu, como dice Pablo en 1 a los Corintios 6:17: “…el que se une al Señor, un espíritu es con él…”, la traducción en griego dice “un espíritu es”. Esto indica que esas dos cosas, estos dos espíritus ya son sólo uno y se hacen un solo espíritu. Este es el espíritu nuevo. El Señor prometió que daría espíritu nuevo, es decir, pondría su Espíritu en el nuestro, y de esta manera nos da a nosotros lo que es él y lo que él ha conseguido. Todo nuestro ser debe estar habitado por el Señor Jesús y cubierto por Él. Todo nuestro ser es para que el Espíritu Santo lo habite, y lo vivifique, y así también que de nuestro espíritu pase a nuestra alma, que incluye la mente, la que a su vez incluye el intelecto. Las cosas del Padre vienen a nosotros por el Hijo, y las cosas del Padre y el Hijo vienen a nosotros por el Espíritu. Por eso en el contexto de la venida del Espíritu Santo, en las palabras del Señor Jesús, que registró el evangelio de Juan, él dice: “…no os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Jn.14:18). En el mismo capítulo, comienza a hablar que nos enviará otro “Consolador” y que ellos mismos vendrán. “… Y mi Padre le amará y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn.14:23). Escrito está que la venida del Espíritu nos trae al Hijo, y no está refiriéndose a la Segunda Venida en gloria y majestad del Señor, sino a esa venida prometida de su Espíritu; pero también nos señala que no viene solo, sino como siempre nos dice: “…el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre…,… …” (Jn.8:29). Entonces, cuando el Hijo vino, el Padre vino con él y en él. “…Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo…” (2 Co.5:19). De la misma manera como el Señor fue, así también lo iremos siendo nosotros, porque para eso él vino, para hacer ese trabajo en nosotros. Las tres personas de la Trinidad, cada uno y todos, viniendo primero a nuestro espíritu. A esto podemos llamarlo que es la regeneración. Cuando somos regenerados, una vida nueva entra en nosotros, la que tiene todo el potencial para desarrollar el don de Dios en nosotros. En Romanos 8, cuando habla del Espíritu, dice una frase interesante: “…la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte…” (Ro.8:2). Con esta palabra se quiso revelar que dentro del Espíritu hay una ley que siempre nos lleva a lo que Dios aprueba; nos lleva a vivir en el Espíritu, así como dentro de nuestra carne hay otra ley que siempre nos lleva al pecado. Entonces, el Señor nos dio un Espíritu, y este Espíritu conteniendo una ley. Nuestra carne, después de la caída del hombre, quedó programada para pecar. Cuando nosotros recibimos al Señor, no significa que nuestra carne se ha convertido; por lo tanto no nos engañemos, porque la carne sigue siendo pecaminosa. Solamente que ahora Dios nos dio algo mayor que ella para poder ayudarnos, y socorrernos en combate contra la carne, pudiendo decir entonces que existe una lucha entre el Espíritu y la carne. La carne no puede desconectarse, los mandamientos, y las buenas intenciones no pueden cambiarla, y ella sigue funcionando, pero sí fue vencida en Cristo, y esa victoria sobre la carne está en el Espíritu. No debemos pensar que después de que las personas se convierten, y leen la Biblia, y ayunan, son menos terribles en su carne, porque ésta no mejora para nada. Solamente si nosotros andamos en el Espíritu vamos a poder vencerla. No piense que su carne ha mejorado o mejorará en esta vida. Sólo cuando este cuerpo de muerte sea transformado en un cuerpo de resurrección, el problema de la ley del pecado en la carne ya no será una molestia. Dios nos ha librado, no quitando el pecado de nuestra carne, sino poniendo en nuestro espíritu una ley superior a nuestra carne. El Espíritu también tiene una ley dentro de él mismo. El Espíritu Santo siempre va a agradar a Dios, siempre va a glorificar al Hijo, y siempre va a hacer la voluntad del Padre. Dentro del Espíritu Santo, esta ley siempre va a actuar como Cristo, y Cristo actúa como su Padre y ellos hacen morada en nosotros. La carne siempre nos conducirá hacia la muerte, pero el Espíritu nos levanta de la muerte, combatiéndola, porque el Espíritu es más poderoso. No se pretende decir que no exista más la ley del pecado en nuestra carne cuando recibimos al Señor, ya que mientras estemos en nuestra carne operará siempre el Adán caído. Pero si estamos en el Espíritu, por la fe, el Espíritu operará siempre en el Cristo resucitado. Y, como decíamos anteriormente, hay un combate constante entre la carne y el Espíritu. Si andamos en el Espíritu tenemos una herencia, y si nos quedamos en nuestra carne, en nuestra sola naturalidad, en la fuerza de nosotros mismos, tenemos otra herencia. En nuestra carne heredamos todo lo que Adán llegó a ser después de la caída. Él vendió la naturaleza humana al poder del pecado, de manera que toda la fuerza de la sola naturaleza humana no es suficiente para vencer el poder del pecado que ahora está en la carne. Antes estaba afuera, estaba en Satanás, en los demonios, pero no estaba en la carne de Adán antes de la caída. Dios hace responsable a Adán diciendo que “….como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte…” (Ro. 5:12). Y la naturaleza humana fue vendida al poder del pecado. De manera que en nuestra carne opera la ley del pecado hasta que un día no estemos más vestidos de esta carne, hasta que esta carne sea vestida de inmortalidad. Y así como la carne absorbe muerte, el Señor Jesús en su resurrección hace el proceso contrario dándonos vida. Dios nos dio al Hijo para llenarnos de la victoria y de la resurrección del Señor Jesucristo, primero en nuestro espíritu, así como también en nuestra alma y cuerpo. El Señor nos usa con todo lo que él mismo nos dio, haciéndonos saber que todo es “en él”. “…Todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús” (Flm.1:6). Todo el bien de que se habla en este versículo, es la paciencia de Cristo, es gozo, paz, benignidad, misericordia. Por eso es necesario tener un corazón inclusivo de todo lo que es de Dios en Cristo, y de todos los que son de Cristo, que es el cuerpo completo, para que la plenitud pueda ser contenida y expresada en la Iglesia. “… Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra: Gracia y paz os sean multiplicadas…” (2ª P.1:2). Ahí está la fuente de la misma luz que es Jesucristo, y continúa diciendo “…como todas las cosas…” (2ª P.1:3). Es unidad en diversidad, un Espíritu, muchos dones; un Señor, muchos ministerios; un Dios, diversidad de operaciones “…que pertenecen a la vida y a la piedad…” (2ª P.1:3). Él nos hizo participantes de la naturaleza divina; o sea, en la vida divina nos fueron dados los que son los atributos comunicables de Dios. Ahora, el regalo de Dios se llama también vida y se llama también piedad. Y ¿qué es la piedad? Es la semejanza a Dios. El misterio de la piedad es Dios manifestado en carne. Muchas cosas pertenecen a la vida y a la piedad, y el Espíritu Santo nos dice que “…nos han sido dadas…”. Esto es una afirmación; todo lo necesario para vivir en Cristo y para asemejarnos a Cristo, nos fue dado “…por su divino poder…” (2P.1:3). ¿Quién puede impedir al poder de Dios darnos todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad? Y aun dice más: “…mediante el conocimiento de aquel…” (2ª P.1:3). Conocerlo a él y conocer acerca de él no es lo mismo. A veces oímos cosas acerca de Jesucristo pero no lo oímos a él, no lo tocamos a él, ni nos dejamos tocar por él. Pero cuando lo conocemos, decimos lo correcto acerca de él porque lo hacemos en la fe y en la comunión con el Señor. Todo lo que necesitamos para tener la vida de Cristo, y ser transformados a su imagen, es ser prosperados mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria, y no por nada nuestro. Ahora, lo que hace el Espíritu Santo es comenzar a transmitirnos todo lo que Jesucristo nos trajo, cubriendo nuestra alma a lo largo de nuestra vida en la que tenemos que estar adquiriendo “cosas” de este pozo, todos los días, a cada hora, aplicando el Espíritu Santo, aplicando lo que nos fue dado de una vez y para siempre. Como dice la Palabra: “…nos ha dado preciosas y grandísimas promesa, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido…” (2P.1:4). Todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos lo prometió y nos fue dado. Debemos creer esas promesas, recibiendo con fe lo dado y anunciado por el evangelio prometido, que es el nuevo pacto. Y ese “habiendo huido” es la Cruz, pues ya no vivimos más por nosotros y sólo podemos vivir por Cristo. “… yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo…” (Mt.2:20). Si él falta, no lograremos llegar a ninguna parte, pero nosotros también tenemos que estar en él, creyendo y recibiendo gracia, y actuando en su nombre. Ahora habla de: “…habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud… ” (2P.1:4). Hemos hablado de gracia, y ahora hablamos de la responsabilidad de los que creen. Si nosotros ponemos solo nuestra diligencia, no hay ni gracia, ni paz, ni provisión, porque nuestra diligencia no hace nada; pero si nuestra diligencia está puesta en él, y él está puesto en nosotros, nuestra diligencia que es vacía, él la llena. El Señor en nosotros es la provisión y nosotros en el Señor es la responsabilidad. Por causa de que él nos ha hecho partícipes de la provisión, nos dio todo lo que pertenece a la vida y a la piedad, pero nosotros debemos ser diligentes en que todo lo que él nos dio vaya creciendo, y se vaya formando en nosotros. Lo que él nos da con la fe se convierte en virtud (“añadid a vuestra fe virtud”); todo empieza con la fe que nos da él, porque la fe es un don de Dios. Dice la Escritura que la fe viene por el oír la Palabra de Dios, que es el Hijo. Y por eso es que viaja con Dios, nace de Dios, y él nos hace nacer para una esperanza viva, por medio de una Simiente incorruptible que es la Palabra que salió de Dios. Entonces la Palabra es la que nos da la fe, y ahora esa fe se vuelve virtud; es decir, todo es el desarrollo de Cristo en nosotros. Él tuvo misericordia, nos cubrió, nos vistió, nos regeneró, nos dio fe y la fe se vuelve virtud. Esa virtud es la experiencia del don y ese es el que se vuelve conocimiento; es decir, el verdadero conocimiento es cuando experimentamos la virtud que produce la fe. “…a la virtud, conocimiento…” (2P.1:5). ¿Nos damos cuenta? “…al conocimiento, dominio propio” (2P1:5). Notemos cuál es la base del dominio propio, porque a veces uno no se sabe dominar porque no ha experimentado la virtud, vale decir, el conocimiento del Señor. Entonces, ahora ¿qué hace el Señor? “Al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2P.1:6-7). Podemos ver cómo Cristo se va formando; esto es Cristo y estas son las escaleras del templo de Dios, cuyos escalones se dirigen en bajada, y no en subida, para humillarnos, y cuando llegamos a la descripción de estas escaleras llegamos a la puerta que es Cristo. Otro pasaje también relativo a esto, se encuentra en Efesios capítulo 1 verso 3: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…”. Otra vez se vuelve a usar el pasado. No sólo que nos va a bendecir, sino que ya nos bendijo y todas las bendiciones que dio vinieron en Cristo. Él es la realidad de todas las bendiciones. ¿Y dónde nos bendijo? “En los lugares celestiales”, porque esa es la realidad de Señor. Continúa con: “según nos escogió en él” (Ef.1:4). Otra vez “nos escogió en él”; nunca es por algo que nosotros somos, o por algún aporte propio, porque el aporte es de él. Jesucristo es quien nos salva, quien nos perdona, limpia, resucita, él es el que hace todo. Veamos que la provisión ya fue dada, y la bendición espiritual, en Cristo Jesús: “…a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención…” (1ª Co.1:29-30). Esto ha sido iniciativa, obra y realización de Dios en Cristo, contenida en el Espíritu; por él estamos nosotros, los que hemos creído, en Cristo. Estar en Cristo es no estar en sí mismo, sino descansando en él, como si nuestro cuerpo descansara en otro. Luego nos señala que siempre hay sabiduría en él, pero no lo que la Iglesia sabe de sí misma, sino lo que la Iglesia aprende de Cristo, a no rendirse ante el mundo, a pedirle ayuda al Señor, invocarlo, confiando en él, porque para eso vino el Espíritu Santo. Él se ha manifestado a su Iglesia, porque el mundo no lo oye. “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia (…) y él enderezará tus veredas” (Pr.3:5). Pero será destruido y exterminado el que no busca a Dios y no le consulta (Paráfrasis de Sofonías 1:4,6). Entonces uno a veces no consulta a Dios, sino que se fía de su propia prudencia y establece su propio tropiezo. Si nosotros nos aferramos a su mano (porque no sabemos cuidarnos solos) el Señor nos cuidará y nos será fiel. Dios escogió lo vil del mundo, pero no para dejarlo en lo vil, sino para que Cristo sea nuestra justificación, y nuestra santificación. No tenemos otra manera de justificarnos, sino por medio de Cristo. Él es la justificación, la santificación, la redención, que ha pagado un precio tan alto según nos valorizó. Nadie daba nada por nosotros, pero él pagó consigo mismo por nuestros pecados. Dios nos ha dado a Cristo y en él vida, piedad, fe, virtud, conocimiento, paciencia, dominio propio, piedad, afecto fraternal, amor. También sabiduría, justificación, santificación y redención. Dios nos ha dado a Cristo y debemos acudir a él, contar con él cada día.

MANIFESTACIONES TEOFÁNICAS DEL HIJO DE DIOS ANTES DE LA ENCARNACIÓN

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:42, Categoría: General

Manifestaciones teofánicas del Hijo de Dios antes de la encarnación. Hemos visto de Jesús, su Divinidad y su persona. Ahora podremos ver qué nos dice la Palabra acerca de Jesús antes que se hiciera Hombre. Debemos recordar que él ya existía antes de la creación; por lo tanto, también hubo manifestaciones antes de la encarnación. A estas le llamaremos “teofanías”. La palabra teofanía viene de teos (Dios) y fanos o manifestación; por lo tanto, necesitamos ver aquellas apariciones de Dios en la historia de su pueblo, porque éstas eran a través del Verbo de Dios, de su Hijo. Es decir, la Segunda Persona de la Trinidad ya estaba en la historia de su pueblo aún desde el Antiguo Testamento. En la Palabra hay versículos que aparentemente pueden ser contradictorios, pero lo más probable es que haya un tercer versículo en otro lugar donde la aparente contradicción es resuelta. Por ejemplo, donde se nos dice que Dios es invisible (refiriéndose al Padre), “…a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver…” (1Ti.1:16). Pero por otra parte, en Éxodo, Moisés conversaba cara a cara con él. Cuando la Palabra del Señor está hablando de que Dios es invisible y que ningún hombre le ha visto ni le puede ver, se está refiriendo a la manifestación del Señor en la plenitud de su Gloria. Y de hecho, esa frase “ninguno lo puede ver”, se refiere a aquella manifestación gloriosa del Señor a Moisés, cuando en aquella ocasión Moisés le dice: “…Te ruego que me muestres tu gloria” (Ex.33:18). Moisés realmente no sabía lo que eso significaba y lo que estaba pidiendo, y respondiéndole el Señor le dice: “… no me verá hombre y vivirá” (Ex.33:20). Recordemos cuando iban a arrestar al Señor Jesús en el huerto de Getsemaní, y los soldados y alguaciles preguntaron por Jesús nazareno, y simplemente él responde: “Yo soy”, entonces los hombres retroceden y caen. Si Jesús hubiera mostrado su gloria, no solamente hubieran caído sino que también hubieran muerto. Podemos entonces darnos cuenta de que sí ha habido una manifestación de Dios, aunque restringida. Él se ha revelado y se ha aparecido, pero no en toda su gloria. En el Nuevo Testamento hay una revelación del Hijo más completa de la que podemos encontrar en el Antiguo Testamento, porque ha sido una revelación en continuidad y no hay contradicción en ella. Dice la misma Escritura: “…las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visible desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas…” (Ro.1:20). Dios quiere ser conocido, revelado, porque nos hizo a su imagen para que, mirando su gloria a cara descubierta, seamos transformados a su imagen y así también nosotros avanzar de gloria en gloria. En Miqueas encontramos una expresión interesante en relación con el Mesías, que veremos a continuación: “… con vara herirán en la mejilla al juez de Israel” (Mi.5:1). Podemos ver cómo el pueblo de Israel rechazaría al Mesías. “…Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, (una ciudad en aquel tiempo pequeña) de ti me saldrá el que será Señor en Israel…” (Mi.5:2). Aquí hay profecía diciéndonos que el Mesías nacería en Belén y que sería despreciado. Pero ahora, miremos esta otra parte, versículo 2 última parte: “… y sus salidas (noten las salidas del que sería el Mesías) son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Mi.5:2). El que había de nacer en Belén y que sería su líder y juez, se ha mostrado y revelado desde el principio. Aquel que había de hacerse hombre, ya había salido del Padre a intervenir en su nombre. Veamos lo que nos dice Éxodo sobre las salidas del Mesías: “Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza…” (Éx. 3:1). El Ángel de Jehová, el que ha sido enviado por el Padre, es el Hijo, pero también es Dios. El Padre es invisible, y nadie le ha visto en toda su gloria, pero el Hijo lo ha dado a conocer en muchas de sus salidas antes de hacerse hombre. Pero luego, en la encarnación dio a conocer al Padre de manera perfecta. Jesús es la imagen del Invisible. “…y he descendido para librarlos de mano de los egipcios…” (Éx. 3:8). Podemos ver cómo Dios está en todas partes; él no tiene que descender porque es omnipresente, pero en cuanto a su manifestación como teofanía él desciende. El Ángel de Jehová continúa dirigiéndose a Moisés cuando lo envía a hablar con Faraón para sacar a los hijos de Israel de Egipto, diciendo: “…Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros Padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. Ve y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob, me apareció…” (Éx.3:15-16). Podemos ver en esta palabra que el Ángel de Jehová era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob que se le apareció. Esa es una de las importantes salidas de aquel Verbo de Dios, que estaba con Dios y que salía a representar a su Padre – porque como decíamos anteriormente, Dios en sí mismo es invisible, pero la imagen del Dios invisible se venía revelando en el Hijo antes de la encarnación. Podemos advertir que desde el Génesis Dios se paseaba por el huerto del Edén y el hombre podía escuchar su voz. El Dios omnipresente se revelaba de una manera particular moviéndose de lugar en lugar, como un viento apacible. Dios habla, se aparece y a la vez se oculta para que vivamos, pero su intención es llenarnos y conducirnos él y conocer su gloria. En el capítulo de Génesis en el cual Agar, la esclava Egipcia de Sarai, huye por los maltratos de su señora, y es encontrada por el Ángel de Jehová en el desierto, podemos nuevamente apreciar otra aparición del Hijo. “Y la halló el Ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto…” (…) “Y le dijo el Ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora,…” (…) “Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?” (Gn.16:7-13). He aquí nuevamente al Ángel de Jehová apareciéndose en nombre del Padre, como el mismo Dios, haciendo que fuera visible y se comunicara con los hombres. Continuando en Génesis, cuando Jacob estaba preparándose para el encuentro con su hermano Esaú – al que le arrebató su primogenitura –, se nos cuenta sobre una lucha que sostuvo con un varón: “…Así se quedó Jacob sólo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba” (…) “Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gn.32:24-28). Este varón del que se habla no es cualquier varón, sino el mismísimo Hijo, en el que se nos deja de manifiesto ya en el versículo 28. Aquí también en este hecho podemos encontrar una figura que representa la relación de Dios con los hombres, ya que él también ha estado contendiendo con nosotros por gracia, para que nos amoldemos al Señor y dejemos de ser quienes somos, y así recibir del Señor un nuevo nombre. Siguiendo con el libro de Éxodo, que dice: “He aquí yo (es el Padre) envío mi Ángel (es el Hijo) delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él” (Ex.23:20-21). El propio nombre de Dios está en el mensajero. Por eso Jesús decía que: “…el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mt.10:40). Pero no lo entendían y procuraban matarle. Los hombres tenían el Antiguo Testamento, pero tenían un velo en sus ojos que les impedía ver a Jesús como el enviado e Hijo de Dios, y muchos se encuentran hasta hoy en ese estado. Sin ir más lejos, podemos ver que el pueblo de Israel al ser sacados de Egipto y ser guiados por el Ángel (Hijo) a la tierra que se les había prometido, ellos también se olvidaron y no escucharon su voz. “El Ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres” (…) mas vosotros no habéis atendido a mi voz” (Jue.2:1-2). El Ángel de Jehová es el que ha estado en el Antiguo Testamento; él introdujo a los israelitas a la tierra prometida, fue él que los acompañó en todas sus jornadas. Veamos esto en Primera a los Corintios, capítulo 10.“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1Co.10:1-4). Aquella roca que los seguía era Cristo, porque él ya existía antes de la encarnación y aun antes de la creación. Él estaba en el principio, el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios (Jn.1:1). Al Padre nadie le puede ver, pero el Hijo es la imagen del Dios invisible, el representante, o como se le llama también, el Ángel de Su Faz. Veamos otros versículos, ahora en Isaías, donde el Padre envía al Hijo y en el que también podemos apreciar a la Trinidad en el Antiguo Testamento: “Yo, yo hable, y le llamé y le traje; por tanto, será prosperado su camino. Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envío Jehová el Señor, y su Espíritu” (Is.48:15-16). “… y fue su Salvador. En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad” (Is.63:8-9). He aquí el mensajero portador de su rostro, de su imagen, el que lo representa. Por eso decíamos anteriormente que la palabra ángel no se restringe a naturaleza, sino que se refiere a su oficio de mensajero. Los ángeles celestiales, arcángeles y los hombres también son mensajeros, pero creados. Otra expresión semejante a ésta, la podemos encontrar en Malaquías: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Mal.3:1). Jesús es el deseado de las naciones, el Ángel del Pacto. Retrocediendo al capítulo 2 de Zacarías, vemos cómo aquí también el profeta nos habla del Mesías: “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo” (Zac.2:8). Aquí está hablando el Mesías como el enviado del Padre: “Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió” (Zac.2:9). Las apariciones de Dios eran por medio del Hijo. Por eso dice Juan: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn.1:18). Sabemos que el Hijo de Dios ha venido, nos ha dado entendimiento para conocer al que es Verdadero. Ya estaba escrito que el que hacía las salidas desde el principio, vendría a hacerse hombre, y que volverá “…hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz” (Mi.5:3). ¿Quién ha de dar a luz? La mujer que representa al cuerpo de Cristo. En el Antiguo Testamento era Israel que tenía que dar a luz como nación al Mesías; pero en el Nuevo Testamento es la Iglesia, donde se está formando Cristo. Cuando la Iglesia esté lista, e Israel esté listo, llegarán los dos rediles a ser un sólo rebaño a través del Mesías. Cuando Israel reciba al Mesías, será reinsertado en el olivo, en el cuerpo de Cristo. Entonces luego dice aquí: “Y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel” (Mi.5:3). Esto nos quiere decir que el resto de los hermanos son el remanente que queda al final. “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer… y habrá un rebaño, y un pastor” (Jn.10:16). “Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra” (Mi.5:4).

LA DIVINIDAD DEL HIJO

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:40, Categoría: General

La Divinidad del Hijo. La Palabra nos dice de Jesús: “…siendo en forma de Dios (…) se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombre, (…) obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil.2:7-8). En ese despojamiento, en esa encarnación, vamos a encontrar palabras del Señor donde él habla en esa condición de hombre, en esa condición de despojamiento, en esa condición de humanidad. Algunas personas quieren engancharse de esos versículos para negar su divinidad. No están comprendiendo que él se dio y se hizo hombre, y que cuando vemos los versículos de su humillación, de su encarnación, no debemos olvidar lo de su divinidad, así como cuando vemos lo de su divinidad, no debemos olvidar su encarnación. Los dos versículos son verdaderos y complementarios, no son contradictorios, pero es mucho más fácil confesar la humanidad del Hijo y dejarlo solamente humano y usar los versos de su despojamiento y de su humillación para tratar de negar su divinidad. Pero es el mismo Dios, el Padre, quien ha confesado la divinidad del Hijo, y el mismo Hijo lo ha hecho en ciertas ocasiones, y así también el Espíritu Santo lo ha hecho, y no sólo en el Nuevo Testamento, sino desde el Antiguo por los profetas y en el Nuevo Testamento por los apóstoles. Veremos los versos que Satanás está negando constantemente, y por todas partes, pero que la Iglesia confiesa con las propias palabras del Padre, las del Hijo y las propias palabras del Espíritu Santo por los profetas, y apóstoles en la Biblia. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo? Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Y: tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura, y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán. Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? (He.1:1-14). Este pasaje lo iremos desglosando para poder extraer minuciosamente lo que el Señor quiere mostrarnos. Ya la palabra “Porque”, con que inicia el verso 5, nos liga este verso con lo que acaba de decir en el saludo de la carta. En ese saludo, él confiesa al Hijo como el heredero de todas las cosas y también como el creador con el Padre; por eso en el verso 2 nada de lo que ha sido hecho fue hecho sin el Hijo. El Padre lo planeó todo con el Hijo y lo creó con él, por él, en él y para él. El Hijo estuvo en el planeamiento y en la creación de todas las cosas. El Hijo, superior a los ángeles Luego dice en el verso 4, después que él se hizo hombre y murió por nuestros pecados, después de resucitar, y sentarse a la diestra del Padre, que es “hecho tanto superior a los ángeles”, porque como hombre – los hombres somos inferiores en fuerza y en poder que los ángeles, aunque tenemos un destino superior; el Señor se hizo hombre y luego fue glorificado, y fue reconocido como Hijo de Dios con poder, por eso dice “hecho tanto superior a los ángeles”. Después nos detendremos en cierto espacio en la consideración de este aspecto angélico. Para que lo otro no sea malentendido tenemos que poner esta primera base. El nombre del Señor Jesús es un nombre superior al nombre de los ángeles, y no podemos poner al Señor Jesús en el nivel de los ángeles creados, pues su nombre es superior, y aquí se comienza a hacer un contraste. Toda esta epístola a los Hebreos está llena de contrastes, contrasta al Hijo con los ángeles, el Antiguo Pacto con el Nuevo, etc., mostrando la superioridad del Hijo y del Nuevo Pacto. Aquí comienza esa comparación con los ángeles, para mostrar que el Hijo heredó un nombre superior al nombre de los ángeles y vamos a ver que ese nombre es de Hijo. Este nombre no se lo dijo Dios a ninguno de los ángeles creados, y lo que dijo el Padre, lo dijo exclusivamente de su Hijo nuestro Señor Jesucristo. Entonces, no importa lo que cualquier teólogo, concilios, o denominaciones digan del Hijo, sino lo que importa primeramente es lo que el propio Dios, el Padre, ha dicho del Hijo. Queremos llamar la atención a que en este pasaje el que habla repetidamente es el Padre, y no habla una sola vez, sino varias veces, y esas “varias” veces fueron habladas en el Antiguo Testamento, en distintas ocasiones, y fueron recogidas por el Espíritu Santo a través del autor de esta epístola y reunidas en un pasaje: “¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy?”. A ningún ángel Dios le llamó Hijo de esta manera tan especial, como el Hijo unigénito, el unigénito del Padre. Continúa diciendo: “y otra vez”, es decir, que la siguiente cita proviene de otro pasaje del Antiguo Testamento, también del Padre, y dice: “Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo”. La cita aquí aparece en futuro, porque era una profecía del Mesías que nacería como hombre. Desde el tiempo de David se había profetizado esta venida: “David, tú has derramado mucha sangre,”… tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre” (1 R.8:19). Aunque vino Salomón y edificó el templo, eso era apenas una figura del verdadero hijo de David que edificaría el verdadero templo. Entonces, fue en ese contexto que él habló en futuro, porque estaba hablando del aspecto humano del Mesías, descendiente en el futuro de David. “Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo”. El Padre ha pronunciado estas palabras y está reconociendo al hijo de David como su Hijo. “Y otra vez”. Ya hay una tercera vez que el Padre habla: “Cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice… Veamos qué es lo que dice el Padre cuando introduce al Primogénito, al Señor Jesús, en el mundo: “Adórenle todos los ángeles de Dios”; o sea que el propio Padre manda a los ángeles a adorar a su Hijo. Cuando un ángel se le apareció al apóstol Juan, él, encontrándose confundido, se quiso postrar, pero el ángel no lo permite, diciéndole: “…no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos los profetas…” (Ap.22:9). Cuando iban a adorar a Pablo y Bernabé, ellos rehusaron también ser adorados. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, aún desde niño fue adorado, desde los magos que le adoraron al nacer, aquel ciego de nacimiento lo adoró, y los apóstoles, aunque algunos dudaban, pero al verlo resucitado lo adoraron. El Señor nunca dijo que no lo adoraran, lo que molestaba a la gente y buscaban apedrearlo pues creían que Jesús era sólo un hombre. “Adórenle”, esto lo dice “otra vez”. Es una tercera vez en que el Padre habla del Hijo y manda a los ángeles a adorarle. Y ¿qué dice de los ángeles? Se hace una comparación, un contraste, para no dejar al Señor Jesús en el mismo nivel que los ángeles creados: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego, mas del Hijo dice…”. Aquí viene el contraste, ¿qué dice el Padre del Hijo? “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros”. Dios el Padre ungió con el Espíritu al Hijo. El Padre es el que viene hablando en todos estos pasajes, hablándonos de Dios-el Hijo. Él utilizó a escribas, pero la confesión del Espíritu proviene del Padre proclamando que el trono del Hijo es eternamente. Esa es una manera hebraica o hebrea de referirse a la eternidad. La Divinidad del Hijo Ahora estaremos deteniéndonos en versos que nos conducen al reconocimiento de la divinidad del Hijo de Dios, aquella que no pueden soportar los judíos, ni los musulmanes, ni los llamados Testigos de Jehová, ni muchos otros seres humanos en la tierra. Pero ésta es la confesión de la Iglesia, porque ella no puede decir nada distinto del Padre, ni del Hijo, ni del propio Espíritu Santo. La Iglesia tiene que decir lo que la Biblia dice, porque la voz del Espíritu y de la Iglesia es la misma. Entonces en el verso 10 aparece “Y”, la conjunción que liga esta nueva confesión con las anteriores, y liga al autor de ésta próxima cita con el autor de las anteriores: “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra”. Esto se dice del Hijo y no de ningún ángel, y no se está hablando sólo del Padre, sino también del Hijo. Se está confesando al Hijo para que todos le honren, como honran al Padre. Qué palabra más tremenda es ésta, y qué difícil de oír para los judíos. Dios ha dicho que “…toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.” (Hch.3:23). Y también dijo: “…El que no honra al Hijo, no honra al Padre…” (Jn.5:23). En el verso 10 aparece el Hijo en la creación y en la fundación del mundo. No está hablando esto sólo de Dios el Padre, sino también del Hijo como partícipe de la creación. Los cielos, eso tan tremendo que apenas ahora, en estos últimos siglos, desde Galileo hacía acá es que empezamos a mirarlo más, y nos dice que “ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura”. Todo ese universo inmenso, es sólo un vestido que el Señor se va a cambiar: habrá cielos nuevos. El primer cielo y la primera tierra pasarán, y ya no se hallará lugar para ellos; Dios se cambiará de vestido, y ese vestido es el universo. “Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán. Pues, ¿a cuál de los ángeles…? Y continúa en el mismo Espíritu, comparando al Hijo con los ángeles, para mostrar que el Hijo no está en el mismo nivel de los creados, sino tanto superior a los ángeles. “¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores?”. Porque acaba de decir que los ángeles son espíritus que son ministros de fuego “enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”. Los ángeles fueron enviados a servicio de los herederos de la salvación, y que también les fue mandado adorar al Hijo; entonces cuando escuchemos la palabra Hijo, no nos imaginemos solamente al Señor Jesús como hombre, aquel nacido en Belén, sino acordémonos de aquel que nació, ya antes de nacer era Dios con el Padre, y era divino, y no fue creado en ningún momento. Todas las cosas fueron hechas por el Padre a través del Hijo, con el Hijo, y nada creó el Padre directamente, sino todo a través del Hijo. Testimonios del Espíritu Santo acerca del Hijo Ahora vamos a ver otro aspecto. Ya hicimos una mención rápida de las palabras del Padre, ahora también del propio Hijo acerca de sí mismo, palabras que confesaban su divinidad, y por las que los hombres buscaban apedrearlo, porque decían que Jesús era un hombre que se hacía pasar por Dios. Jesús pudo escaparse de esta gente, porque aún no había llegado su hora. El Señor se humilló y se vació, pero no dejó de ser la persona eterna que siempre ha sido, que es y será, solamente que estuvo en una actitud de humillación como hombre, y como hombre el Señor dice: “… el Padre es mayor que yo” (Jn.14:28). Pero también en otro pasaje se dice: “siendo igual a Dios”. Entonces, ¿es igual o es menor que el Padre? En su divinidad es igual, pero en su humanidad es menor. No nos confundamos por esos versos, tengamos los dos presentes, porque son las dos cosas al tiempo. No dejemos que uno sea usado contra el otro. Los dos versículos son verdaderos, y no son contradictorios, sino complementarios y se refieren a aspectos diferentes. Ahora vamos a ver algunas de las confesiones del Espíritu Santo acerca del Hijo. Primero, en el Antiguo Testamento a través de los profetas, y luego en el Nuevo Testamento a través de los apóstoles. ¿Qué hizo Jesús durante los cuarenta días después de su resurrección, antes de ascender públicamente al cielo? Él tomó las Escrituras y les mostraba lo que estaba escrito, y fue necesario que esto sucediera así. El Señor Jesús hizo un trabajo, y fue mostrarles a lo largo de todas las Escrituras lo que decían de él. Siempre se aferró a las Escrituras diciendo: “Así está escrito…” (Lc.24:46). Lo que hablaron los apóstoles no era un invento de ellos, sino que hablaban lo que habían aprendido del propio Señor Jesús, quien les enseñaba de las Escrituras. Veamos lo que nos dicen estas Escrituras, en el Antiguo Testamento, sobre el Hijo de Dios. “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Is.7:14). O sea, era necesaria una señal de que él es el Mesías que nos viene a revelar a Dios, y que cuando él viniera “nos declarará todas las cosas” (Jn.4:25), como decía también la mujer samaritana. Y ¿cuál es la señal que el Señor mismo nos daría? Es esta: una virgen concibiendo, ¡eso sí es una señal! Si fuera una mujer normal, común y corriente que concibe de la manera común y corriente, no sería una señal. Mateo, inspirado por el Espíritu Santo, nos muestra lo que significa Emanuel: “…que traducido es: Dios con nosotros” (Mt.1:23). Ése hijo sería Dios con nosotros. Más adelante en el mismo libro de Isaías, sigue hablando de ese hijo, diciendo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is.9:6). El Hijo del Padre, el Hijo heredero del Padre, es el heredero del trono de Dios. Muchos hombres han sido llamados “admirables”, pero nunca podrían llegar a igualar al Señor, quien a través de él revelaría a Dios el Padre. Una vez le preguntaron a un rabino: ¿De quién habla este versículo en Isaías? Él responde: del Mesías. Nuevamente le preguntan: ¿Qué relación tendrá el Mesías con Dios? Pues el Mesías será el mismo Dios. A este rabino sólo le faltó decir que su nombre es Jesús. Hace apenas unos años atrás, murió un rabino muy respetado entre los judíos, llamado Kaduri, el principal de los rabinos cabalistas de Israel, respetadísimo, de 106 años. Kaduri tenía un hijo a quien le pidió un favor, que luego de un año después de su muerte abriera una caja en la que dejó una carta. Todo el mundo esperaba lo que el rabino diría en su carta. Cuando se cumplió la fecha, abrieron el sobre, y éste decía que “el Mesías era Jesús”. Lo que le faltó decir al otro rabino lo dijo este, aunque sea después de muerto. Actualmente, en Sao Pablo de Brasil, Dios ha comenzado a moverse entre los Judíos, y ya van 613 judíos ortodoxos convertidos a Cristo. Testimonios de los profetas tocante al Hijo Sigamos viendo qué nos dice la Palabra en otros versos de Isaías. “Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad” (Is. 35:4,6). ¿Quién es el que nos va a galardonar? Aquel Salvador de quien se habla sería Dios mismo, el Salvador y el Juez. Y ¿qué hizo en la tierra el Señor? Sanó enfermos, cojos, todo lo que aquí dice que haría Dios mismo cuando viniera. “Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios” (Is.40:3). ¿A quién se le prepararía el camino? Pues, a Jehová. Ahora se entiende cuando Juan el Bautista decía: “Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado” (Jn.1:27). Juan sabía que él era la voz que clamaba en el desierto, para preparar camino al propio Jehová que vendría detrás. “Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu” (Is.48:16). ¿Quién es éste que está hablando? El propio Jehová. Jehová enviando a Jehová. Más adelante nos detendremos en esto, pero por el momento estamos viendo la divinidad del Hijo, y aquí lo vemos a él hablando. Es el Hijo enviado por el Padre y aquí menciona al Padre, al Hijo y al Espíritu. Ese “yo” es el Hijo; Jehová el Padre y el Espíritu es quien lo envía. Pasemos ahora a otro testigo, porque dice la Palabra: “…el Padre es mayor que yo” (Jn.14:28). Ya vimos a Isaías, y ahora veremos a Jeremías. Vamos a ver aquí como habla del Mesías que viene de David. “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra” (Jer.23:5-6). Este es el Hijo de David, linaje de David, el Mesías, y ese es su nombre: “Jehová, justicia nuestra”. Entonces ¿quién sería el Mesías? El renuevo de David, el propio Dios que nos salvaría. Esta es la explicación de Pablo en el Nuevo Testamento que dijo: “Él se hizo justicia por nosotros”. Él nos hizo justicia, haciéndose como si fuese pecador en la cruz por nosotros. Vamos ahora a Ezequiel, nuestro tercer testigo. Vamos a leer allí una descripción de unos querubines. “Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas. Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él. Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba” (Ez.1:25,28). No nos dice claramente que veía a un hombre, porque todavía él no se había hecho hombre, pero antes de hacerse hombre, ya era el prototipo a la luz del cual fue hecho el hombre. Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gn.1:26), esa imagen de Dios es el Hijo, y el Hijo antes de la encarnación ya era el prototipo para el ser humano, para el hombre. Por eso dice de este que está describiendo en el trono, que tenía como la semejanza de un hombre, porque éste es el que se haría hombre. Notemos que el lenguaje aquí es muy semejante al de Hebreos, donde dice que: “Él es el resplandor de su gloria, la imagen misma”, o sea, el carácter es la palabra exacta, de su hipóstasis, o sea, su subsistencia. Él es la semejanza de Dios, su imagen. A Dios el Padre nadie le puede ver, y para poder verlo hay que mirarlo a través del Hijo: “…nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn.14:6). Y manuscritos más antiguos incluso dicen: “El unigénito Dios, el Dios unigénito le ha dado a conocer”. Luego nos dice sobre aquel resplandor, pero ¿de quién? “de la semejanza de la gloria de Jehová.” La imagen del Padre es el Hijo. Él es el resplandor de su gloria. Las palabras del Nuevo Testamento tienen base en el Antiguo. Vamos al libro del profeta Zacarías, nuestro cuarto y último testigo. “Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza, a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tienen piedad de ellas. Por tanto, no tendré ya más piedad de los moradores de la tierra, dice Jehová; porque he aquí, yo entregaré los hombres cada cual en mano de su compañero y en mano de su rey; y asolarán la tierra, y yo no los libraré de sus manos. Apacenté, pues, las ovejas de la matanza, esto es, a los pobres del rebaño. Y tomé para mí dos cayados: al uno puse por nombre Gracia, y al otro Ataduras; y apacenté las ovejas. Y destruí a tres pastores en un mes; pues mi alma se impacientó contra ellos, y también el alma de ellos me aborreció a mí. Y dije: No os apacentaré; la que muriere, que muera; y la que se perdiere, que se pierda; y las que quedaren, que cada una coma la carne de su compañera. Tomé luego mi cayado Gracia, y lo quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los pueblos. Y fue deshecho en ese día, y así conocieron los pobres del rebaño que miraban a mí, que era palabra de Jehová. Y les dije: Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata. Y me dijo Jehová: Échalo al tesoro; ¡hermoso precio con que me han apreciado! Y tomé las treinta piezas de plata, y las eché en la casa de Jehová al tesoro (Zac.11:4,13). Es necesario nuevamente decir que aquel que habla no es sólo Zacarías, pues no está hablando sus palabras humanas, sino que claramente dice: “Así ha dicho Jehová”; por lo tanto, estas palabras en adelante son de Jehová, quien viene hablando en primera persona. En el verso 11 dice: “Y fue deshecho en ese día”, o sea, el pacto de Jehová fue deshecho. En estos versos Jehová está profetizando que lo venderían a él, por treinta piezas de plata; y ¿con quién se cumplió esta profecía? Cuando el Señor Jesús fue traicionado por Judas y recibió de los sacerdotes treinta monedas de plata. Pero aquí dice Jehová que es a él a quien valorarían por treinta piezas de plata. Entonces ¿quién era el Mesías? ¿Quién es el que viene hablando en todo este pasaje? ¿No es Jehová? El Mesías era el propio Jehová, ¿nos damos cuenta? Si pasamos más adelante en el mismo libro, en el capítulo 12 sucede lo mismo. “Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel. Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho: He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella. En aquel día, dice Jehová, heriré con pánico a todo caballo, y con locura al jinete; mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera. Y los capitanes de Judá dirán en su corazón: Tienen fuerza los habitantes de Jerusalén en Jehová de los ejércitos, su Dios. En aquel día pondré a los capitanes de Judá como brasero de fuego entre leña, y como antorcha ardiendo entre gavillas; y consumirán a diestra y a siniestra a todos los pueblos alrededor; y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén. Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá. En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos. Y en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén. Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito (Zac.12:1-10). ¿Quién es el que viene hablando en primera persona todo este pasaje? Jehová. ¿Qué dice Jehová? “Mirarán a mí, a quien traspasaron”. El que fue traspasado con una lanza era el propio Jehová, pero ¿quién es el que va a poner los pies en el Monte de los Olivos? Y ¿quién fue el que ascendió del Monte de los Olivos? ¿Acaso no fue el Señor Jesús? La Palabra dice que: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hch.1:11). Cuando venga en su gloria el Señor Jesús va a poner sus pies en el Monte de los Olivos, pero aquí Zacarías dice: “Y vendrá Jehová”, y con él todos sus santos y afirmará sus pies en el monte de los Olivos. Entonces, ¿quién es el Señor Jesús? El propio Dios, el Hijo de Dios, y también el Hijo del Hombre. A él venderían por treinta piezas de plata, a él traspasarían y llorarían por él como se llora por un hijo unigénito. Con mucha claridad los profetas confiesan que el Mesías no sería cualquiera, sino que sería el mismo Dios, el Hijo de Dios, Dios el Hijo, ése sería el Mesías, que sería el propio Dios. Testimonios de los apóstoles respecto del Hijo Dejemos por ahora el Antiguo Testamento y veamos cómo se expresa el apóstol Pedro en el Nuevo Testamento. “Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra” (2P.1:1). Es hermoso leer cómo se expresa Pedro. La Iglesia ha alcanzado una fe igualmente preciosa que la de los apóstoles. Y ¿qué confiesa de Jesucristo? Que es nuestro Dios y Salvador. Lo mismo confiesa Pablo, en la carta a Tito. “…aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit.2:13). En el momento que el Señor Jehová ponga los pies sobre el Monte de los Olivos, llegará nuestra esperanza bienaventurada. Y al igual que en la carta de Pedro, aquí se confiesa que Jesucristo es nuestro Dios y Salvador, y esta también es la confesión de la Iglesia. “Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Ro.9:3,5). ¿Qué nos dicen estos sobre el Cristo? Que él es Dios. Hemos visto la divinidad de Cristo, y que él es la segunda persona en la Trinidad con el Padre, pero ahora estamos reforzando el aspecto de su divinidad. San Juan, nos dice que “En el principio era” (Jn.1:1). Esa es la pre-existencia, que no comenzó en el principio, sino que ya era antes del principio. “…y el Verbo era con Dios” y también ya nos hemos detenido en esto que se nos muestra de la co-existencia del Hijo con el Padre. El siguiente versículo, que deben recordar especialmente los hermanos más nuevos, subráyenlo, recuérdenlo, está la confesión de los profetas y apóstoles que el Señor envió, y son las confesiones del Espíritu Santo. Ya vimos la del Padre, la del Hijo y ahora estamos viendo la del Espíritu Santo por los profetas y apóstoles acerca de la divinidad del Hijo de Dios. “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna (1Jn.5:20). ¡Qué confesión de Juan!, diciéndonos que el Hijo vino a darnos a conocer al verdadero, al Padre y que estamos en el Hijo. “Este” se refiere al Hijo, al verdadero Dios, es decir, que el verdadero Dios, el Dios único, es también trino. Donde es un solo Dios Padre, que se revela por el Hijo, y el Hijo revela al Padre. El Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento acerca del que es verdadero, y estamos en el verdadero. El que está en el Hijo, el mismo Hijo lo coloca en el Padre. Esta es la confesión exclusiva de la Iglesia, no del Judaísmo, no del Islam, no es de la Filosofía ni de la Ciencia. Sólo a la Iglesia Dios le ha revelado esto; sólo la Iglesia conoce a Dios y lo conoce en Jesucristo: “…nadie viene al Padre sino por mí.” (Jn.14:6). Esa es la confesión de la Iglesia. “…Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré” (Jn.20:25). En el evangelio de Juan vemos esta confesión de Tomás. El Señor se les había aparecido resucitado a los apóstoles, pero Tomás no estaba y él no quería creer, y tampoco pensaba que el Señor podría estar escuchándolo. Ocho días después de esto se les aparece Jesús y le dice a Tomás: “…Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Jn.20:27). No es casualidad que el Señor Jesús resucitara con las cicatrices. Esas son su gloria y nuestra salvación eterna. Tomás, al verlo resurrecto, al mismo que fue crucificado, con el mismo cuerpo, y no como algunos piensan que va a venir a través de otro. Él no necesita venir a través de nadie más; este mismo Jesús que fue tomado de vosotros al cielo, este mismo vendrá, el mismo Jesucristo, con las mismas cicatrices del mismo cuerpo que fue crucificado, en el cuerpo con que resucitó. En la gloria hay un Hombre, no sólo un espíritu, sino Jesucristo Hombre, nuestro único mediador, un hombre completo, con espíritu humano, alma humana y cuerpo humano glorificado, pero dejando a propósito sus mismas cicatrices. Entonces Tomás, otro testigo, al igual que Pedro, Pablo y Juan, también lo confesó diciendo: “¡Señor mío y Dios mío!” (Jn.20:28). Ese es el testimonio de Dios, del Padre, así como vimos también en ese ramillete de pasajes del Antiguo Testamento pasajes del Hijo, y como él recibió adoración, por medio del Espíritu por los profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel, Zacarías y los apóstoles, Pedro, Pablo, Juan y Tomás. Esa es la confesión de la Iglesia.

EL VERBO DE DIOS

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:38, Categoría: General

El Verbo de Dios La diferencia entre las tres Personas de la Trinidad Lo distintivo del Espíritu Santo no es la divinidad, porque la divinidad es la misma, y así también como la esencia es la misma, la naturaleza también es la misma. Pero esa divinidad, esencia y naturaleza divina del Espíritu subsiste a manera de procedente del Padre y del Hijo. La procedencia es lo característico distintivo del Espíritu Santo. En cambio el Padre no procede, pero el Espíritu sí procede. Es la misma esencia, es la misma divinidad, la misma naturaleza, pero que subsisten de una manera distintiva en el Padre, de una manera distintiva en el Hijo. Lo que se puede decir del Padre, no se puede decir del Hijo, pero hay cosas que sí se pueden decir de ambos, como la divinidad, la naturaleza, y la esencia. Pero la subsistencia o la hipóstasis, como dice la palabra griega, es distinta. Por eso no estaba equivocado nuestro hermano Tertuliano de Cartago cuando escribió por allá en la Iglesia primitiva que: “Hay un solo Dios Verdadero, pero tres personas distintas”; no tres dioses diferentes, sino un solo Dios verdadero. Pero ¿por qué tres personas distintas? No son distintas en la divinidad, porque Dios es uno solo; y si no lo son en la divinidad, ni en la esencia, ni en la naturaleza, entonces ¿en qué son distintas? En la manera cómo esa única divinidad, esencia y naturaleza, subsisten. En el Padre subsiste de manera ingénita, sin que nadie lo engendre, y sin que proceda de nadie; pero esa misma divinidad subsiste en el Hijo como unigénito del Padre, y esa misma divinidad con esencia y naturaleza divinas subsiste en el Espíritu Santo como procedente del Padre y del Hijo; pues eso es lo distintivo. Lo que se confiesa del Hijo como distintivo, no se puede decir del Padre – sí que es Dios y que tiene vida en sí mismo, implicando esencia y naturaleza; pero que es unigénito no, porque eso es distintivo del Hijo, el ser unigénito del Padre. Con el Padre, en la misma divinidad, ha estado siempre el Hijo. El Espíritu Santo se demoró cuatro siglos enseñándole a la Iglesia que el Hijo tiene la misma sustancia del Padre. Cuatro siglos se demoró la Iglesia digiriendo esta verdad que desde el principio fue confesada en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento por los profetas; por el Padre primero, por el propio Hijo, y por el Espíritu Santo a través de los profetas en el Antiguo Testamento, y de los apóstoles en el Nuevo Testamento. La divinidad del Hijo fue confesada, pero esa divinidad del Hijo debe confesarse también con la personalidad de él, como una segunda persona junto con el Padre; no la misma persona, sino una persona propia, distintiva, unigénito del Padre, a quien el Padre le dio el tener vida en sí mismo. El Padre es ingénito, pero esa vida eterna en sí mismo, autosuficiente, de esencia y naturaleza divinas, quiso que también el Hijo las tuviera, y las tiene, pero como dadas por el Padre, y por eso a él se le llama Unigénito del Padre. Luego, ya nos detendremos en la palabra unigénito, pero por ahora vamos desembocando en un reconocimiento del Hijo. No podemos negar al Hijo, ni tampoco que estuvo siempre con el Padre. ¿Conoces el Nombre de Dios y el de su Hijo? “En el principio” (Gn.1:1). Así empezó Génesis, y así también empieza Juan: “En el principio” (Jn1:1). La diferencia está en que lo que aparece en Génesis está oculto, en cambio en Juan aparece explícito. “En el principio creó Dios (Elohim)…” (Gn.1:1). La personalidad del Hijo Veremos dos pasajes claros, donde no sólo se confiesa la divinidad del Hijo, sino también se confiesa la personalidad de él, porque nuestra confesión cristiana va más allá de su divinidad. Porque la divinidad del Hijo todavía es confesada por los “Solo Jesús”, y sin embargo ellos confiesan una sola persona. Entonces, ¿dónde está la segunda persona? El problema con los “Solo Jesús” o los Unitarios, es que se les desapareció la segunda persona, están negando al Hijo, porque están prácticamente diciendo que sólo existe el Padre, y lo del Hijo es solamente el hombre en el que se “metió” el Padre. El Hijo es otra persona, es la segunda persona de la divinidad, de la Trinidad. Es el unigénito del Padre que tiene vida en sí mismo como el Padre, y no a partir de la encarnación, sino desde antes que el mundo fuese. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios” (Jn.1:1). Podríamos pensar que Juan está complicando tanto las cosas, y que hubiese sido mejor decir: “En el principio el Verbo era Dios”, y punto; o, “En el principio era Dios”, pero él no está complicando, sino que él está revelando. Dios lo ha revelado, y él está confesando la revelación Divina que aprendió del propio Hijo, del Espíritu y del Padre, porque si alguno viene al Hijo es porque el Padre le reveló quién es el Hijo. “En el principio era”, o sea, antes del principio, ya en la eternidad pasada, pre-existía el Verbo con el Padre; en el principio era no solamente el Padre, sino que también era el Verbo. Por eso, cuando Juan leía: “En el principio creó Dios”, él ya estaba viendo al Hijo y a “Elohim” cuando dijo: “…Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gn1:26). Y también estaba viendo al Hijo cuando la Palabra decía: “… ¿quién irá por nosotros?...” (Is.6:8). Ese es el Cristo que confiesan los Apóstoles. Y no podemos recibir de manera ingenua otro espíritu, ni otro Jesús, ni otro evangelio. Aquí hay que tener mucho cuidado. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn. 1:1). Aquí no sólo está confesando la pre-existencia del Hijo, sino la co-existencia del Hijo con el Padre. Hoy en día, muchas veces la gente dice que el Verbo era Dios, pero pon atención en ver si también dice “que era con Dios”. Algunos quieren decir que “era con Dios” para confesar una segunda persona, pero no divina. El Verbo no fue creado, fue engendrado, pero no en el tiempo, sino en el auto conocerse de Dios. Dios genera una imagen de sí, que es igual a sí, en el auto conocerse de Dios. En ese conocimiento eterno de Dios, el Verbo es el unigénito del Padre, que es engendrado por el Padre, pero no en el tiempo, pues no empieza a existir, sino que siempre acompañó a Dios, porque la omnisciencia de Dios acerca de sí mismo, la imagen que él tiene de sí mismo, siempre le ha acompañado. “Este era en el principio con Dios” (Jn.1:2). Aquí “este”, no es “esto”, porque algunos dicen que el Verbo quiere decir la Palabra, pero la palabra no es un “esto”, es decir, no es una cosa, no es un sonido, pero sí es una persona. Aquel Verbo fue hecho carne, y vimos su gloria. “…gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn.1:14). Juan está confesando al Hijo, y no negándolo. Desde la eternidad estaba el Hijo todavía no encarnado; antes de todo existir, el Verbo era con Dios y el Verbo era el Hijo; se le llama Hijo no sólo a partir de la encarnación, sino que se le llama Hijo en la creación. Esta declaración confiesa la divinidad en el medio, habiendo confesado antes, y volviendo a confesar después, la co-existencia del Hijo con el Padre en la eternidad; es decir, que ya en el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, co-existencia del Hijo con el Padre. ¿Y por qué le llamamos persona? Esa persona no comenzó con la encarnación, porque si esa persona hubiera comenzado con la encarnación, no hubiera podido decir “…antes que Abraham fuese, yo soy…” (Jn.8:58). Juan recordaba todo eso, así también cuando decía “…Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn.17:5). En la epístola a los Hebreos se dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…” (He.1:1-2). Es decir, aquel Hijo ha estado en los días postreros; en aquellos tiempos en que escribía el autor, eran los últimos días, habían comenzado los últimos días. El resto de la historia del Antiguo Testamento –larga historia – había pasado, y él podía hablar que: “…en estos postreros días nos ha hablado…” (He.1:2). Empecemos a leer ahora con cuidado “…por el Hijo, a quien…” (He.1:2). Ese pronombre “quien” se aplica a una persona; sólo una persona puede ser un quien, o si no sería un “que” y sería alguna cosa, pero si dice “quien” tiene que ser una persona. Ahora, esta persona del Hijo que habló en los días postreros, ¿es algo que apareció y fue creado sólo en los días postreros? ¿O ya era con el Padre en la creación y antes de la fundación del mundo? El Padre nada creó solo, y ni siquiera lo planeó solo, pero no solo planeó con el Hijo, sino que creó con él. ¿Dónde va a parar nuestro individualismo ante este hecho de que ni siquiera el Padre hizo nada solo? Todo lo que ha hecho el Padre ha sido hecho por medio del Hijo, con el Hijo, en el Hijo, para el Hijo, y todas la cosas fueron creadas teniendo como punto de referencia el Hijo. Si Dios no tuviera un Hijo, no conoceríamos el amor, no conoceríamos la lealtad. Si Dios mismo no fuera Trino, no sabríamos a dónde vamos, ni en qué consiste la obra que Dios está haciendo con nosotros. Todo lo hace el Padre en función del Hijo, y todo lo hace el Hijo en función del Padre; si esto no nos es revelado y participado por el Espíritu que proviene del Padre y del Hijo, y si no vemos la Trinidad, no veremos la Iglesia. Todo empieza desde aquí, y desde aquí salen todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia de Dios. “…a quien constituyó heredero de todo… ” (He.1:2). Todo fue hecho para el Hijo, y Juan nos dice que: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él todo lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn.1:3). “… y por quien asimismo hizo el universo…” (He.1:2). O sea, Dios el Padre, por ese “quien”, que es el Hijo, hizo el universo. El Hijo aparece aquí en la hechura del universo, por medio del cual Dios hizo todo. Todo lo que existe es amor del Padre al Hijo, y es por causa del amor que el Padre tiene al Hijo. La Trinidad es la que explica la creación, la que explica el universo visible y el invisible. Todo es una expresión de amor eterno del Padre al Hijo. Todo lo que existe es un regalo que el Padre le da al Hijo, y Dios, que conoce al Hijo, quiere honrarlo dándole la Gloria; y el Hijo se la devuelve otra vez al Padre. Como veíamos anteriormente, antes que el mundo fuese, el Hijo tenía con el Padre la gloria, porque él mismo era la gloria de su Padre. “… el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…” (He.1:3). Todo el propósito eterno de Dios era en relación con el Hijo, así como todo lo que el Hijo tiene en su corazón es en relación con el Padre. El Hijo vivió en función del Padre, y el Padre en función del Hijo; ese es el amor, el vivir en función del otro, vivir para el otro. No conoceríamos el amor, si no se nos revela la Trinidad. No conoceríamos lo que verdaderamente tiene valor, lo que verdaderamente tiene altura y sublimidad, sin la Trinidad. El Hijo en el libro de Proverbios En Proverbios podemos ver muchas frases que aparecen dichas por Pablo, o por Juan en el Nuevo Testamento. Recordemos que en la Primera Carta a los Corintios se nos dice: “Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1Co.1:24). Salomón, como hijo de David, es una figura de Cristo, y se nos enseña en el Nuevo Testamento que el Espíritu de Cristo obró a través de los profetas. Por eso David pudo profetizar y hablaba como si fuera Cristo. Era el Espíritu de Cristo hablando a través de ellos, y ahora la sabiduría de Dios hablando a través del que es tipo de Cristo, el hijo de Isaí, a quien Dios le dijo: “…tú no me edificarás casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él me edificará casa…” (1 R.8:19). Salomón le edificó el templo, pero eso era sólo una figura del verdadero hijo de David que edifica el verdadero templo. El verdadero Hijo de David edifica la casa de la Sabiduría que es el Señor Jesús. Él es el Hijo de David que edifica el cuerpo de Cristo, que es la verdadera casa de Dios; pero aquello tenía una tipología que era Salomón edificando el templo físico, que era la figura de la casa espiritual de Dios que es el cuerpo único de Cristo. Entonces, aquí aparece la Sabiduría de Dios, que, según Pablo por el Espíritu Santo, es Cristo. “Yo, la sabiduría…” (Pr.8:12). Aquí la sabiduría aparece personalizada, aparece hablando en primera persona, aparece diciendo “Yo”. Es la persona de la sabiduría, que es Cristo hablando a través de su tipo, que era el hijo de David, Salomón. “…habito con la cordura, y hallo la ciencia de los consejos” (Pr.8:12). ¿Quién viene hablando en todo este capítulo? La persona de la Sabiduría: “Jehová me poseía en el principio…” (Pr.8:22). La persona de la Sabiduría estaba con el Padre en el principio. “Ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio” (Pr.8:22-23). Porque antes del principio no había nada aparte de la Trinidad. Desde el principio él tuvo el principado. Él fue el Principio de lo demás y el Primero de todo. “Antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada…” (Pr.8:23-24). Es fundamental aclarar que ser engendrado no es lo mismo que ser creado. Aquí aparece la Sabiduría divina diciendo que eternamente ha estado con el Padre, y antes de todas las cosas tenía el principado, y a la misma vez dice que fue la sabiduría engendrada. ¿Por qué se habla de la sabiduría siendo engendrada? No quiere decir “siendo comenzada”, no vayamos a confundir esto, pues a la Sabiduría no se le dice que empezó, porque si la Sabiduría hubiera comenzado, entonces tendríamos que decir que hubo un tiempo en que Dios no tenía sabiduría, que Dios no era sabio, pues entonces no era Dios. ¿Nos damos cuenta? A la Sabiduría se le dice engendrada, pero no creada. ¿Por qué engendrada? Porque cuando Dios, y ese “cuando” no empieza en el tiempo, sino ese cuando viene desde la eternidad, cuando Dios se conoce a sí mismo. Por ejemplo, podemos decir que cuando una persona tiene un conocimiento claro de sí mismo, esto se puede entender, sólo que en el plano de Dios esto es elevado a una potencia más perfecta, pero para entenderlo, así como nosotros fuimos creados a su imagen, podemos entenderlo. Una persona, al ser consultada, por ejemplo por su testimonio, o cómo ha sido su vida, la persona se conoce a sí misma y tiene una imagen de sí misma, y es capaz de contarnos sobre su vida, su familia, y nos empieza a hablar acerca de sí misma; por lo tanto, tiene una imagen de sí misma, aún cuando esa persona pueda pensar que es más o menos de lo que es. Pero a Dios no le pasan esos problemas, porque Dios no se equivoca acerca de sí mismo; Dios se conoce a sí mismo tal como él es. Él tiene de sí una imagen que es igual a él, a quien nada le falta, ni nada le sobra. El auto-conocimiento perfecto que Dios tiene de sí desde la eternidad, ha engendrado de sí una imagen que es igual a él, que es uno con él, en la cual él se conoce, y por la cual él se revela. Porque antes de Dios revelarse y decir: “YO SOY EL QUE SOY” (Ex.3:14), él tiene que auto-conocerse, porque si él no se auto-conoce, ¿cómo va a auto-revelarse? Esa auto-revelación plena de Dios es el Verbo de Dios. El Verbo de Dios es la Palabra de Dios, pero no es la Palabra sólo acerca de alguna cosa. Cada cosa se menciona con una palabra, cada objeto, es como una imagen de algo, pero existe una palabra acerca de lo que Dios mismo revela, representa, y expresa. Entonces, el Verbo de Dios es la Palabra de Dios que lo expresa a él mismo, un Verbo que contiene su plenitud. El Verbo de Dios expresa la plenitud de Dios, y no es cualquier palabra. En el caso de Dios, la Palabra de Dios es en la que él se auto-revela, porque él se auto-conoce, y se reconoce en su imagen. Y esa imagen que Dios tiene de sí mismo, por la cual él se revela, que ha estado con él eternamente y que es igual a él, es el Verbo de Dios, que estaba con Dios. El Padre quiso que el Hijo, que es el Verbo, tuviese vida en sí mismo, para que la Palabra lo exprese a él tal como era. Esa es la teofanía de Dios, la expresión de Dios total. El Verbo se refiere a la Palabra que expresa a Dios, tal como Dios es, por eso también el Verbo es llamado: “… la imagen del Dios invisible…” (Col.1:15). Esa imagen es la auto-revelación de Dios, pero antes de auto-revelarse, debe auto-conocerse, y en ese auto-conocerse eterno de Dios, la Sabiduría de Dios acerca de sí mismo, y acerca de todo, es engendrada por Dios, pero no engendrada en el tiempo, porque Dios no empieza a conocerse, sino que es engendrada porque Dios se auto-conoce, por lo que engendra una imagen de sí, que es igual a sí. “Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas” (Pr.8:24). Estas “fuentes de las muchas aguas” no se refiere solamente a las aguas de la tierra, porque en Génesis y en los Salmos habla de: “Y las aguas que están sobre los cielos” (Sal.148:4). Estas muchas aguas, no sólo las del planeta tierra, son los elementos que también están en los océanos de la tierra, pero que antes de estar aquí en la tierra, y antes de ser reunidas, estaban dispersas, y antes de ser separadas, estaban unidas con el resto del material del universo que fue creado por Dios. “Antes que los montes fuesen formados, Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;…” (Pr.8:25). Es por eso que al Hijo se le llama unigénito del Padre, pues: “…como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;…” (Jn.5:26). “No había aún hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo” (Pr.8:26-27). La persona de la Sabiduría, del Verbo que estaba con Dios, y era Dios, por medio del cual todo fue hecho, y sin el cual nada de lo que ha sido hecho fue hecho. “…Allí estaba yo; Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo” (Pr.8:27). Aquí dice “círculo”, pero la palabra exacta es órbita. El Espíritu se movía, y el movimiento del Espíritu era enorme. La faz del abismo se refiere al material de todo el universo, y las aguas se refieren a todos los elementos que están también en los océanos, pero que han estado también en las estrellas, y en todas partes. Continúa diciendo: “Cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; cuando ponía al mar su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento...” (Pr.8:28-29). Antes no había separación entre océanos y tierra, ya que fue en el tercer día que Dios dijo: “descúbrase lo seco” (Gn.1:9), “cuando establecía los fundamentos de la tierra…” (Pr.8:29). “Fundamentos” se puede traducir como “los ejes de la tierra”. Con él estaba el Hijo, ¿haciendo qué? “Con él estaba yo ordenándolo todo…” (Pr.8:30). Nada de lo que ha sido hecho fue hecho sin él. “Y era su delicia de día en día, teniendo solaz delante de él” (Pr.8:30). Esa palabra que nos dice “delante de él”, es como una imagen de sí mismo, porque la Sabiduría de Dios estaba con Dios delante de él. “… en todo el tiempo. Me regocijo en la parte habitable de su tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres” (Pr.8:30-31). El surgimiento del concepto de Verbo Este es nuestro Dios, es Dios Trino, el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Espíritu Santo se detuvo primero a hablarnos quién es Jesús. ¿Nos damos cuenta que el prólogo del evangelio de Juan tiene base aquí en Proverbios 8? Ese fue el propósito de los 400 años inter-testamentarios. Para eso es que se escribió la Septuaginta, y para eso fue que a Alejandro Magno Dios le dio tanto reino, y se hablaba en griego, y hubo un periodo en que las culturas hebrea y griega tenían que crear un puente de comprensión, porque desde el mundo judío tenían que pasar las cosas a los demás pueblos y naciones y lenguas; entonces Dios trabajó extendiendo la cultura griega y luego la romana, preparando las cosas, y traduciéndose la Biblia al griego. Comenzaron Aristóbulo, sumo sacerdote y genio, y Demetrio de Falerón, bibliotecario de Alejandría, y Filón, a hacer el puente entre la cultura hebrea y la griega, porque el Señor tenía que pasar la revelación que había comenzado en Israel al resto de las naciones. El periodo inter-testamentario fue la preparación soberana de Dios, para que por el Nuevo Testamento surgiera desde Jerusalén a los cuatro ángulos de la tierra el evangelio de la paz, y el concepto clave fue el concepto de Verbo, ahora encarnado y salvador. El concepto de Verbo, Dios hizo que comenzara con los griegos, allá con Heráclito de Éfeso, y después con Platón y los estoicos, para que estuviera madurito, para que Juan lo viera escrito en el muslo de su visión apocalíptica del Señor Jesús. Dios tuvo que “cocinar” cuatro siglos para que pudiera haber un entendimiento entre los judíos y los griegos, y poderse escribir el Nuevo Testamento en griego, y podernos hablar del Señor Jesús; siendo un trabajo largo, precioso, significativo, porque nada de lo que sucede en las naciones sucede al azar, sino que Dios gobierna todo en función de su Hijo, porque él creó todo para su Hijo. Comenzó con Abraham, y con Israel, pero en su simiente serían benditas todas las familias de la tierra, entonces el Antiguo Testamento iba a preparar el Nuevo, y también el periodo inter-testamentario iba a preparar el Nuevo. Toda la historia ha sido para preparar el Nuevo, y el Nuevo es para llevar a culminación el propósito eterno de Dios, pero todo comienza en la Trinidad, en el amor que el Padre le tiene al Hijo, y que el Hijo le tiene al Padre, siendo ese amor el Espíritu que proviene del Padre y del Hijo, y que es derramado en los corazones de la Iglesia, haciéndonos uno. “…y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Jn.14:23). Esto es un fundamento importante, y acordémonos siempre que Dios tiene un Hijo desde la eternidad, y el Hijo de Dios es Dios con él, y no es otro Dios, pero es una segunda persona de la misma y única Divinidad. El Hijo era el objetivo de existencia de todas las cosas, y todo es un regalo, una herencia del Hijo.

DIOS TIENE UN HIJO DESDE LA ETERNIDAD

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 4:34, Categoría: General

Dios tiene un Hijo desde la eternidad I. Personalidad Jesucristo existía desde antes de la fundación del mundo, no sólo desde cuando vino a la tierra y se hizo hombre, sino que ha estado junto al Padre y al Espíritu desde la eternidad. Lo podemos apreciar cuando Jesús pronuncia aquellas palabras: “…glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Jn.17:5). Es necesario poder conocer esta revelación y advertir que en la Palabra, desde el Antiguo Testamento, se nos deja ver la presencia del Hijo en compañía del Padre y del Espíritu Santo, pudiendo ir descubriendo los misterios de los que nos habla cuando promete enviarnos a un Salvador. Dios ha venido revelándose desde el principio, desde Génesis, pero su revelación completa se dio en el Hijo. Al ver a Jesús podemos ver al Padre, y al Hijo lo vemos por el Espíritu, quien es el que lo glorifica. Sin la ayuda del Espíritu no conocemos al Hijo; y si no lo conocemos a él, no conocemos a Dios el Padre que viene en plenitud a la Iglesia en el Hijo, y estos vienen en plenitud a la Iglesia por el Espíritu; por lo que lo relativo a la Trinidad es central y debemos detenernos en eso, para asentar esa revelación. Dios se reveló en Trinidad Por esta razón es necesario conocer la Trinidad del Padre, Hijo y Espíritu, la que realmente nos revela a Dios. Si la Iglesia no hubiera aprendido en estos siglos que Dios es trino, no conocería a Dios, ni sería edificada. Dios se reveló en Trinidad y esa revelación fue perfecta. Entonces la revelación de la Trinidad comienza así: “…hagamos al hombre a nuestra imagen…” (Gn.1:26). La imagen de Dios es una sola, y la Biblia dice que: “Él (el Hijo) es la imagen del Dios invisible…” (Col 1:15). Pero además el Padre nos dice que: “el Hijo lo expresa a Él” (Hch.1:1). O sea que el Padre se siente identificado y complacido con el Hijo. Dios el Padre quiere que el hombre en general lo represente, así como Jesús lo ha representado. Continuemos viendo cómo la Trinidad se ha manifestado desde el Antiguo Testamento, y las muestras de ella que comienzan a ser significativas a la luz del Nuevo Testamento. Señalemos algunos pasajes donde se revela esta Trinidad, comenzando, por ejemplo, con aquella vez cuando los hombres construían la torre de Babel, cuya intención era que su cúspide llegara al cielo; y Dios nos vuelve a hablar en plural diciendo: “Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”(Gn. 11:7). O como en Isaías 6: 3, que nos dice: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”, proclamando tres veces Santo; y en ese contexto continúa diciendo: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Is.6:8). Destaquemos en este último versículo la palabra “nosotros”. El hombre fue creado para marchar con Dios, en Dios y para Dios, y en esta afirmación el hombre encuentra su razón de ser, encuentra su realización en Dios. Cristo es el misterio de Dios revelado, Dios como un hombre: “…el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos…” (Col.1:26). Y este ahora hombre Jesús, ya era una persona divina con el Padre. Cuando Dios habla en plural, diciendo “hagamos”, “descendamos”, “confundamos”, o “¿quién irá por nosotros?”, nos hace comprender la esencia de Dios, su naturaleza y su amor a la Iglesia. Nada de esto se entendería si no vemos espiritualmente a Dios en Trinidad. Dios tiene una propuesta, y es la Trinidad formada en la Iglesia, por el Padre, el Hijo y el Espíritu. Lo que él tiene planeado con la Iglesia es lo más alto que se ha hecho en la eternidad. Esto no será comprendido, ni sospechado, si no se ve a Dios trino, ya que es ella la que nos va guiando, la que nos va enseñando, en la medida que vamos conociendo, contemplando al Señor y siendo ganados por él y para él, mostrando la multiforme sabiduría de Dios para que sea conocida por medio de la Iglesia, ante principados y potestades en lugares celestiales. La revelación del misterio: Cristo En Colosenses 1, en el verso 25, Pablo nos dice: “…de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios…”. Él nos muestra que había sido hecho ministro según la economía de Dios que le fue dada para con las Iglesias, y nos habla de un anuncio cumplido de Dios. Lo que está haciendo Pablo es explicarnos estas promesas de la Palabra, lo que permite que ella pueda ser vista y entendida de manera completa. Él dice aquí en Colosenses: “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos…” (Col.1:26). Este misterio del que nos habla es un privilegio para los santos, a quienes Dios quiso dar a conocer estas riquezas de la gloria. Él dice en una frase sintética algo que simboliza todo este misterio, y que le da la clave de unificación y de coherencia a todas las porciones de la Palabra de Dios, diciéndonos: “…de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros…” (Col.1: 27). He aquí el misterio revelado: Cristo es la clave de toda la Palabra de Dios. Cuánto contenido implican las palabras “Cristo” y “en”. Cuando leemos en la Palabra “Cristo en vosotros”, está incluyendo a cada uno de los hermanos; ahí está el espíritu, el alma, el cuerpo de cada uno; están todas las Iglesias de la tierra, de todas la épocas, y mostrándonos la única esperanza de gloria. “A quien anunciamos (al Cristo de este misterio glorioso), amonestando a todo hombre y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre…” (Col.1:28). Luego nos dice: “para lo cual”; aquí nos está mostrando para qué trabajamos nosotros; “…trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Col.1:29). Así como también el mismo Jesús nos dice: “Trabajad no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece…” (Jn.6:27). Trabajamos y luchamos por una labor de edificación en medio de la guerra, según la potencia de él. Porque – y aquí empieza a explicar lo de su trabajo y su lucha –: “…quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro” (Col.2:1). Pablo luchaba, oraba y trabajaba en función más allá de lo que se veía. Él sabía que si estaba colaborando con el Espíritu y estaba en la corriente del Espíritu, su trabajo no era solamente para su generación, sino que tendría trascendencia, no por causa de él, sino por causa del Espíritu que en él estaba y por el propósito eterno de Dios. También dice que trabaja y lucha para que: “…sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo…” (Col 2:2). Este entendimiento del que nos habla Pablo no es solamente intelectual, sino espiritual, es revelación, es participación espiritual, es un toque verdadero de la gracia del Espíritu del Señor. “…en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col.2:3). Pablo nos presenta la suficiencia del Señor Jesús, la plenitud divina en el Hijo y cómo nosotros en el Hijo estamos completos. Pero estas cosas no están escondidas para quedarse de esa forma, sino para que por medio de la Iglesia sean manifestados, expresados, vividos. Pablo dice: “el misterio de Dios”, y este asunto del misterio, es el mismo Dios, quien está revelándose, dispensándose y formándose en nosotros, llenándonos de su plenitud. Fuera de Dios, las cosas están perdidas, sin rumbo, pero el que coordina, realiza y le da lugar a cada cosa es el propio Dios. Así como Pablo le dice a Timoteo: “…el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1ª Ti.2:4). Estas son palabras claves, que luego en el verso 9 del capítulo 2 de Colosenses nos dice: “… en él (en Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad…”. Luego continúa con una palabra sumamente importante “… y vosotros estáis completos en él” (Col. 2:10). Estos son dos versículos sumamente ricos. En Cristo está toda la plenitud de la divinidad, y nosotros, la Iglesia, como el cuerpo de Cristo en general, estamos completos en él. Entonces, aquí está la plenitud del Padre en el Hijo y la plenitud del Padre y del Hijo en la Iglesia por el Espíritu. Continuemos con 1 Corintios 15:26 y 27: “Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies”. Cuando dice que todas las cosas han sido sujetas a él, claramente se exceptúa a Dios el Padre que fue quien sujetó las cosas a su Hijo. Este es el sentido de la Palabra cuando dice “que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla….” (Fil.2:10), “…y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor…” ¿Para qué? “… para gloria de Dios Padre” (Fil.2:11). Toda esta palabra nos guía a reunir en el Hijo todas las cosas, someterlo todo a él y que todo le obedezca. El sentido de toda la historia de Dios ha sido este sometimiento de todo a su Hijo; y la historia sucede con este objetivo. Ahora también se nos muestra lo que ocurrirá cuando todo esté sujeto a Cristo: “Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (1ª Co.15:28). Este es el objetivo final, el Dios que estaba antes de todo, ahora “sea todo en todos”.

MANIFESTADO EN CARNE (2)

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 3:35, Categoría: General

ADMINISTRACIÓN APOSTÓLICA DE LOS MISTERIOS DE DIOS 24 de Abril de 1993 “Continuación del Misterio de la Piedad” Manifestado en carne (2) Gino Iafrancesco V. La vez pasada, iniciamos lo relativo al Misterio de la Piedad, y lo vimos inicialmente en 1 Timoteo 3:16 que dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad” comienza diciendo “fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.” Existen aquí varios elementos, pero el que podríamos llamar inicial, el de “fue manifestado en carne” es una frase corta pero que tiene muchas indicaciones; y la vez pasada lo vimos de la forma global, vimos lo que significaba el vivir humano del Señor y creo que el Señor nos centró a comprender cómo todo el vivir del Señor, su crecer, vivir, su ser probado, ser tentado, era todo con la intención de realizar en sí mismo a la humanidad, Él se vistió de humanidad para realizarla en su persona en todo su vivir humano, para ver en el alimento, para que sea asimilado todo fue preparado en Él para ser asimilado por su pueblo a través de Él ¿amén? Pero la vez pasada lo vimos en una forma global, ahora es necesario desglosar algunas cositas, desglosarlas para que no queden en la vaguedad, que sean precisamente identificadas por su pueblo, y que su pueblo conozca las razones de ésta precisión. Porque todo esto es para el beneficio de la iglesia. En primer lugar, para ver todo esto de la encarnación, la manifestación de Dios en carne, el misterio de la piedad, manifestado en carne. Necesitamos ver algo que alguna vez no se tiene lo suficientemente en cuenta, entonces vamos a masticarlo despacio, es una cosa muy sencilla pero que de todas maneras tenemos que verla. El Señor estaba cumpliendo profecías acerca de su ascendencia, es decir, como sus antepasados en la carne, después de ver esto, eso nos ayudará a comprender un poco mejor la concepción virginal. Sin tener en cuenta lo relativo a las promesas de Dios, respecto de los antepasados de Jesucristo se hace un más difícil comprender un poco lo de la concepción virginal en el vientre de la virgen María, entonces necesitamos ver que Dios había hecho compromisos previos acerca del mesías en cuanto a la carne, y luego veremos cómo es la concepción del mesías en el vientre de la virgen María y con la participación de la carne de María, se cumplen esas profecías. Eso es necesario mirarlo. Empecemos por la primera de todas que es génesis 3:15 Ahí se nos dice con toda claridad. Le dice el Señor a la serpiente, y lo dice delante de la humanidad “Y Pondré enemistad entre ti, o sea la serpiente, y la mujer, y entre tu simiente, o sea la de la serpiente, y la simiente suya; aquí ya la palabra suya indica la participación de la mujer en la simiente. “Tu simiente y la simiente suya; ésta, o sea la simiente de la mujer, te herirá en la cabeza, y tú, la serpiente, le herirás en el calcañar.” O sea que la muerte de Jesús en la cruz fue el sufrimiento que él tuvo que sufrir fue la herida en el calcañar, era necesario para poder aplastar la cabeza de la serpiente, que Él fuera herido en el calcañar, o sea la muerte en la cruz, pero en la simiente de la mujer, fue la herida en el calcañar con la cual aplastó la cabeza de la serpiente antigua, como dice en apocalipsis 12 que es el diablo o satanás. Primeramente llamo la atención es al aspecto de la participación de la mujer. Aquí dice: “simiente suya;” normalmente quien tiene simiente es el varón y el varón entonces premia a la mujer, el esperma fecunda el óvulo y de allí surge esa nueva vida. En este caso, aparece esa vida que será victoriosa que vence sobre la serpiente, sobre satán; como la simiente de la mujer. Así que ya estaba profetizado el nacimiento virginal, es decir, sin intervención de varón, eso se llama simiente de la mujer ¿amén? Ahora cuando dice suya, es decir, de la mujer; quiere decir que si hay una participación de la mujer, en la carne, de la simiente. Esa es una señal. La segunda señal, en Génesis 12:3 “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti, o sea en la simiente de Abraham, todas las familias de la tierra.” Ustedes ven que ahí en el texto hay una letra pequeñita que es una “b”, que nos lleva al pie de página. Nos indica Gálatas 3:8, entonces vamos a ver las implicaciones de ésta promesa y ya leídas por Pablo en el texto hebreos y a lo mejor en el griego de la septuaginta también. Entonces vamos a ver lo que dice Pablo al respecto de la simiente de Abraham. Epístola de San Pablo a los Gálatas 3:6-8 “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.” Entonces fíjese un detalle muy obvio, la bendición de Dios a las naciones tiene que ver, en primer lugar, porque no es todo y en esos pasajes no muestran todo; tiene que ver con la justificación de las naciones por la fe. Pero dice que es en Abraham, en la simiente de Abraham; en la que las naciones serían benditas. Esa bendición en primer lugar es la justificación, en segundo lugar es el Espíritu; como dice más adelante si lo quieren ver mis hermanos. En el v.14 del mismo capítulo, vamos a leerlo completo dice: “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” La justificación por la fe, el Espíritu y la herencia de todas las cosas como dice en otros pasajes. Esa es la bendición de Abraham. Pero fíjese que se le llama así: la bendición de Abraham, o sea que la descendencia traería la bendición. Vamos a saltarnos ahora unos versitos más y lleguemos todavía entre el capítulo de Gálatas 3, ahora desde el versículo 25: “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, es decir, bajo la tutoría de la ley, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; mire cómo Pablo va pasando esa bendición de Abraham, que es bien por medio de la simiente de Abraham, la va pasando a los gentiles por medio de la fe; es decir, Cristo vino de la simiente de Abraham, pero Cristo al incorporarse en los gentiles por la fe, hace a los gentiles incorporados a Cristo, simiente de Abraham juntamente con Cristo, puesto que de Él están revestidos y conforme a su cuerpo. Eso es lo que Pablo explica acá, dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Porque los que estamos en Cristo, estamos revestidos de Cristo, por lo tanto, todos los que recibimos a Cristo somos uno en Cristo. Y por ser uno en Cristo somos, con Cristo, somos el cuerpo de Cristo y la simiente de Abraham, o sea, la heredera de la promesa, la bendición que comienza con la justificación por la fe, el espíritu y la herencia completa. Entonces dice v.29, “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” o sea, somos herederos ¿Por qué somos herederos? Porque somos del linaje de Abraham, ¿dónde dice que las familias de la tierra heredarían bendición en Abraham? Pues ahí está la primera promesa que Dios le hizo a Abraham que luego se la volvió a repetir más adelante, ya se la dijo ahí, uno, en el capítulo 12 de Génesis; luego se la trasmite otra vez a Isaac, luego a Jacob, si usted lee detenidamente todo Génesis van a encontrar esa promesa complementada reiteradas veces ¿amén? Entonces dice que nosotros, por ser uno en Cristo, ciertamente somos la simiente de Abraham, y porque somos la simiente de Abraham por causa de estar incorporados a Cristo, por ser los miembros de Cristo, el cuerpo de Cristo somos también herederos según la promesa. Dios habría dicho: “Abraham, en ti serán benditas las familias y naciones de la tierra”. O sea que en el principio, cuando Dios le hizo la promesa a la simiente de Abraham, fíjese que no lo refirió a los judíos, Inicialmente esa descendencia natural, vino a través de Isaac, Jacob, las doce tribus de Israel y luego se completó en el Mesías; pero a partir del Mesías, esa promesa pasó a los gentiles, por eso leíamos ahí en el v.14, mire lo que dice: “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” ahora, el Espíritu es el anticipo de la herencia completa. Entonces ya vemos que esa bendición implica la justificación por la fe, el Espíritu y la herencia en que está el reino completo de todas las cosas. En Él dice el Señor, heredaran todas las cosas. “Yo seré su Dios”. Así que el Mesías tenía que venir de la simiente de Abraham. Por eso es que la primera palabra del nuevo testamento es precisamente esa. Si quiere ver conmigo, la primera frase de todo el Nuevo Testamento aparece en Mateo 1:1, dice así: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.” Y empieza a demostrar la genealogía. Por eso es que aparecen genealogías en la biblia, para demostrar la legitimidad del mesías, la legitimidad en la carne del mesías. Entonces, fijémonos por qué Jesucristo tenía que tomar carne de María, para poder ser legítimo heredero de la bendición y del reino; por eso les dije que al considerar los antepasados de Jesucristo vamos a comprender mejor la concepción virginal. ¿Por qué tenía que ser concepción virginal? Porque había compromiso de Dios respecto de la mujer, respecto de la simiente de Abraham y ahora respecto de la familia de David. Pero entre Abraham y David, está Judá, así que también están las promesas de Judá. Entones ahora vamos a ver Judá en Génesis y después vemos la de David. Génesis 49:8-12. En éste capítulo están las profecías de Jacob acerca de sus hijos. Pero de entre todas esas profecías de los versos citados, de los doce, entonces le dice a Judá uno de los doce hijos de Jacob. Entonces dice ésta profecía: “Judá, te alabarán tus hermanos; entonces note que entre todos los hermanos, hijos de Jacob que eran doce; el cuarto era Judá y comienza el Señor a ser resaltar a Judá. Tu mano en la cerviz de tus enemigos; o sea la victoria de Judá; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti”. ¿Recuerda que después en la historia se dividieron las tribus, que se fueron por el reino de Samaria, cuando la muerte de Salomón, Jeroboam y Roboam dividieron las tribus de Israel? Diez se fueron, pero esas tribus después, si usted sigue la línea, se pelearon ahí en un golpe de estado, uno subía otro bajaba y se perdió la legitimidad se perdió; mas sin embargo, el remanente quedó a través de dos tribus, la de Judá y la de benjamín una del reino del norte, que es el reino de Samaria, el reino de Israel de la línea de Jeroboam no por descendencia sino por golpe de estado, etc., y la línea de la tribu de Judá que sí mantuvo la descendencia prometida. Por eso cuando la samaritana que había heredado la tradición del reino del norte le discutía a Jesús, ella le dice: “ustedes dicen que es en Jerusalén que hay que adorar, mis padres adoraron desde éste monte”, y el Señor le dijo que la verdadera adoración era la que venía del Espíritu; mas sin embargo, el Señor le dijo: “vosotros adoráis a lo que no sabéis” es decir, vosotros, los del reino de samaria desde las diez tribus. Nosotros adoramos lo que sabemos es decir el remanente del linaje de David. Y dice: “porque la salvación viene de los judíos, es decir, de la línea de Judá, o sea que el Señor reconoció la legitimidad de la línea del reino Judá, y no de la del reino de Israel. Esta legitimidad, se ve en las genealogías, si usted sigue atentamente los reinados de Israel todos eran a través de golpes de estado, que no trabajaba, que no tenía ni una legitimidad, en cambio, toda la línea de Judá fue: “el hijo del rey, y el hijo de éste fue el que reinó” es decir, que toda la promesa de Jacob a Judá, como vamos a seguir leyendo acá; por eso llegó a Jesucristo, Él dijo: “la salvación viene de los judíos”, entonces esa línea vino a través de Judá. Entonces, estaba Dios diciéndolo a través de Jacob cuando él ya estaba por morir, y a Judá le dijo justamente eso: “Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de León, Judá; por eso al Señor se le dice el León de la tribu de Judá, y al Señor se le llama Linaje de la raíz de David, entonces es por esto que se le llama así. Y dice: De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león. Así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá”, ¿ven? Esa es la historia, y dice Jacob: “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; “Siloh” quiere decir el enviado, o sea el Mesías, por eso había un estanque que se llamaba el estanque de Silohé, es decir, el estanque del Mesías ahí fue donde el Mesías hizo milagros y se apoderó como Siloh, como el verdadero Mesías. Y ahora hay una secta que se agarra de ese nombre y se llaman los Silohistas que surgió de un falso profeta que se hacía llamar Siloh en Latinoamérica pero esos son falsos, el verdadero Siloh que quiere decir el verdadero enviado, es el Mesías que es el Señor Jesucristo. Entonces fíjese, “No será quitado el cetro de Judá hasta que venga Siloh; recién cuando llegó el Señor Jesús entonces ahí sí, vino la destrucción de Jerusalén, ahí sí se perdió todo el asunto y hoy en día algunos ni saben qué tributan y algunos si saben. Pero la profecía era “hasta que venga Siloh;” o sea, Jesucristo, el Mesías. Y Dice: “Y a él se congregarán los pueblos, a él, o sea a Siloh; Fíjese que desde el principio que Dios dio Su promesa a los judíos y la descendencia de Abraham, nunca estuvieron de lado los gentiles, es decir, que la intensión de Dios era trabajar con los gentiles, en medio pero no en sí, el instrumento pero no el objetivo final, era Israel, era Judá. Pero mire, “en tu simiente” o sea la de Abraham, ahí está Israel; serán benditas las familias” o sea, el objetivo eran éstas personas, y aquí la misma cosa; “No será quitado el cetro de Judá hasta que venga Siloh;” ahí está Judá, o sea los judíos. Pero dice: “A él se congregarán los pueblos” eso ya estaba previsto, eso lo vieron los apóstoles desde el concilio de Jerusalén, eso lo vio Pablo, eso no lo vieron los judíos, y por eso era la molestia de ellos de incorporar a los gentiles. Eso fue lo que hizo a Pablo preso, eso fue lo que ellos no pudieron tragar, pero justamente eso era lo que estaba profetizado. Y nosotros, si el Señor nos prepara para testificar del Mesías a los judíos, necesitamos conocer las escrituras del Antiguo Testamento donde aparece las escrituras hebreas la incorporación de los gentiles a través del Mesías; porque si nosotros les venimos a ellos con las escrituras en el Nuevo Testamento, ellos no las van a aceptar; pero si les venimos con su propia escritura y desde la primera mención de promesa para la descendencia original en Israel ya vemos que el objetivo era venir a los gentiles, entonces, eso les va a ayudar a comprender un poco más a Jesucristo y el porqué los gentiles estamos adheridos a Jesús, y por las mismas escrituras hebreas y las mismas que hablaban de Judá, que dice que al Mesías, a Siloh, se congregarían los pueblos. Ahora, no se ha cumplido esa profecía; nosotros estamos aquí en Colombia después de dos mil años congregados a Siloh ¡qué tremenda profecía! Ésta profecía tiene más de dos mil años, casi cuatro mil años. “Y a él se congregarán los pueblos. Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos rojos del vino, Y sus dientes blancos de la leche.” Eso es lo relativo a Judá. Ahora veamos a David, porque dice: “Hijo de David” En el libro de crónicas, aparecen profecías a David. 1 Crónicas 17. Si ustedes pueden ver en el subtítulo que le ponen, también se puede encontrar en 2 Samuel 7:1-29 un texto paralelo al de Crónicas. En Crónicas nos habla del pacto de Dios con David por eso el Nuevo Testamento comienza diciendo: “De la genealogía de Jesucristo, Hijo de David, Hijo de Abraham.” Entonces ahí explicándonos cómo el verdadero heredero de las promesas a la simiente de Abraham para bendecir las naciones y como heredero de David que es que edificaría una casa al Padre, esa casa es la Iglesia, entonces, ese paso estaba desde David. 1 Crónicas 17:1- “Aconteció que morando David en su casa, dijo David al profeta Natán: He aquí yo habito en casa cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas. Y Natán dijo a David: Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios está contigo. En aquella misma noche, vino palabra de Dios a Natán, diciendo: Vé y dí a David mi siervo: Así ha dicho Jehová: Tú no me edificarás casa en que habite. Porque no he habitado en casa alguna desde el día que saqué a los hijos de Israel hasta hoy; antes estuve de tienda en tienda, y de tabernáculo en tabernáculo. Por dondequiera que anduve con todo Israel, ¿hablé una palabra a alguno de los jueces de Israel, a los cuales mandé que apacentasen a mi pueblo, para decirles: ¿Porqué no me edificáis una casa de cedro? Por tanto, ahora dirás a mi siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas para que fueses príncipe sobre mi pueblo Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y he cortado a todos tus enemigos de delante de ti, y te haré gran nombre, como el nombre de los grandes de la tierra. Asimismo he dispuesto lugar para mi pueblo Israel, y lo hé plantado para que habite en él y no sea más removido; ni los hijos de iniquidad lo consumirán más, como antes, y desde el tiempo que puse los jueces sobre mi pueblo Israel; mas humillaré a todos tus enemigos. Te hago saber, además, que Jehová te edificará casa. Aquí la palabra casa, no se refiere solamente al edificio físico, sino a la familia; la casa de Aarón, la casa de Leví, la casa de José, la casa de David; se refiere a su familia, su descendencia; no solamente a lo físico. Entonces dice: “Jehová te edificará casa. Y cuando tus días sean cumplidos para irte con tus padres, levantaré descendencia después de ti, a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino.” Entonces fíjese que ya Dios estaba haciendo un compromiso con la descendencia de David. “levantaré a uno de entre tus hijos, y afirmaré su reino. Él me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente.” O sea que Salomón que fue el hijo de David, fue apenas el tipo, una figura del verdadero hijo de David, el Mesías; porque Salomón no reinó eternamente, y la casa que él edificó fue una casa física, porque Dios mismo le dijo a Salomón que Él no habitaba en templos hechos con mano de hombres, o sea, que la edificación de la casa hecha por Salomón hijo de David, era una figura de la verdadera edificación de la verdadera casa de Dios por el verdadero hijo de David, o sea, que Salomón y el templo eran apenas una figura o tipo; o sea que el verdadero hijo de David era el Mesías; por eso al Señor Jesús se le llamaba: “Hijo de David, ten misericordia de mi” y cuando entraba en Jerusalén en un burrito decían: “¡Hosanna al Hijo de David!” ¿Por qué? Porque Dios había prometido a David que su descendencia, o sea, de la familia de David; Él levantaría uno; por eso era que Pablo le decía a Timoteo: “acuérdate de Jesucristo, del linaje de David”. Entonces sigue diciendo así: “Él me edificará casa, y yo confirmaré su trono eternamente. Yo le seré por padre, y él me será por hijo; y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que fue antes de ti; o sea de Esaú, sino que lo confirmaré en mi casa, la verdadera casa es la Iglesia, esa es la verdadera casa que Dios quería que el hijo de David edificara, por eso el Señor Jesucristo dijo: “yo edificaré” ¿Para qué el Señor edifica la Iglesia? Para el Padre, lo que Jesucristo vino a hacer a la tierra como Hijo de David, era para edificarle una casa al Padre, una casa verdadera, la cual casa es la iglesia. Sólo que antes de la edificación se hace la maqueta, entonces ese plano, esa figura, esa tipología; antiguamente el tabernáculo cuando Moisés, el templo en el caso de Salomón hijo de David. O sea que la edificación de la iglesia está simbolizada en la edificación del templo de Salomón hijo de David y rey de Israel. Y dice: “sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino eternamente, y su trono será firme para siempre. Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así habló Natán a David.” O sea el pacto de Dios con David. Por eso es que cuando leemos Crónicas vemos que la legitimidad se refiere a David, cuando los hermanos pudieron leer el tomo de “Aproximación a Crónicas” que entregué a cada localidad, se puede leer más detenidamente, aquí estamos viendo los puntos cruciales más rápidamente. Ahora, volvamos al Nuevo Testamento, a Romano 1:1 “Pablo siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, entonces fíjese, el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, éstas Santas Escrituras de “antes” se refiere al Antiguo Testamento de todos los antiguos profetas, y dice que en ellos, Dios había prometido un evangelio de Dios, en el v.3 dice: acerca de, el evangelio de Dios el tema central de Dios, acerca de su Hijo, o sea el Hijo de Dios es el tema central del evangelio, el hijo es el Mesías, el que moriría por nuestros pecados, el que moriría, el que ascendería y el que le edificaría casa al Padre; el tema del evangelio, el Hijo lo que es el Hijo y lo que hace el Hijo. Entonces dice: acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne,” quiero detenerme en ésta frase, porque entonces así vamos a entender la participación de María en la concepción. Si María, como dicen algunos, solamente hubiera sido una incubadora a través de la que pasó el Mesías pero de la cual ella no dio nada, no se cumplirían en Cristo las profecías acerca de la simiente de la mujer, el hijo de David, el cetro de Judá, la familia de David, Abraham, Judá y la simiente de la mujer. Para que esas profecías de la simiente de Abraham, el cetro de Judá la familia o el hijo de David se cumpliesen, María tenía que ser descendiente en la carne de David, el Señor tenía que haber tomado de María su carne. Porque dice que Jesús era del linaje de David según la carne. Por eso les dije que para comprender mejor el asunto de la concepción virginal del Mesías en María, teníamos que ver primero los compromisos de Dios con los antepasados en la carne. Entonces dice: “…era del linaje de David según la carne, paremos ahí y vamos a otro pasaje, vamos al capítulo 9: 1- “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, porque ser separado de Cristo es ser anatema, y él está viendo que el pueblo de Israel por separarse de Cristo se hizo a sí mismo anatema, entonces, lógicamente hace poner triste a Pablo, él dice que preferiría que fuera yo y no fueran ellos. Entonces dice así: “por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, es decir Dios los tomó a ellos primero antes que a los otros pueblos. La adopción fue dada a él, la gloria, fue dada a él, el pacto, fue dado a él, la promulgación de la ley, fue dada a él, el culto, también fue dado a él y las promesas.” Fueron dadas a él. Y dice: “de quienes son los patriarcas, o sea Abraham es de él, Isaac es de él, Jacob es de él, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.”, o sea, en la promesa de Dios, “En Isaac te será llamada. Esto es, no los hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.” Fíjese que según la promesa por creerle a Abraham, son contados como descendientes. “Porque la palabra de la promesa es ésta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Esa es la promesa a Abraham. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre, a Jacob y a Esaú. Pero no era por cualquier lado, era por el de Jacob. (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Es decir que esa descendencia llamada en Isaac era Jacob, después Jacob tuvo doce hijos y era por Judá, entonces después los hijos de Judá viene David, y David tuvo también varios hijos, de Dios. Y una tiene que ver con José y otra tiene que ver con María. En la carne, tiene que ver con María y en el reino, tiene que ver con José, por eso es que no coinciden las dos en todos los detalles y en alguna parte, pero luego vuelve entonces a juntarse por cualquiera de las líneas, la de José o la de María, Jesucristo es descendiente según la carne de David. Y en cuando a posesión del trono, el legítimo heredero del trono de David. Dios le dijo a David, tu descendiente te edificará casa y yo afirmaré su trono entonces por eso comienza el Nuevo Testamento: “Libro de la genealogía de Jesucristo” antes del nacimiento virginal ¿se dan cuenta? La genealogía. ¿Para qué? Para entender mejor mateo, “Hijo de David Hijo de Abraham.” Y ¿qué es esto? la legitimidad del Mesías en quien se cumplen los compromisos de Dios. La promesa. Entonces ahora, pasemos a la parte relativa al nacimiento en Mateo y el de Lucas. Mateo 1:18: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, desposada quiere decir que se casó después de estar comprometida, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. Aquí la frase clave, es que ella había concebido del Espíritu Santo, ¿qué quiere decir concebir? Ser fecundada, recibir en el óvulo el esperma, o sea, que si ella había concebido, quiere decir que ella había recibido en su óvulo el esperma pero no del varón sino del Espíritu Santo, por eso es que no aparece en la profecía de Génesis 3:15 la intervención de ningún varón, sino que en lo humano se le llama “simiente de la mujer”, y se le llama también hijo del Altísimo. Ahí vemos las dos naturalezas, la divina y la humana desde el mismo momento de la concepción; la naturaleza Divina trasmitida por el Espíritu Santo, y la naturaleza humana heredada según la carne de David, de Judá, de Abraham y simiente de la mujer. Esas son frasecitas corticas pero que hay que detenerse en ella para tenerlo claro desde el principio. Para enriquecer esto, antes de seguir leyendo, vamos a ir a Gálatas y luego volvemos. Porque éste versículo, hay que tenerlo presente precisamente en éste momento. Gálatas 4:4 “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.” O sea al ser nosotros hijos por adopción, esa frase es la clave, “nacido de mujer”; claro, todos somos nacidos de mujer, pero en el contexto de Cristo, esta palabra dice algo más de lo común, (min.44:55-58) del verbo y de la virgen María. Ahora sí sigamos en Mateo: “José su marido, como era justo y no quería infamarla, porque era obvio que nadie iba a pensar que ella había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, porque David es el punto de referencia, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, fíjese otra vez en esa expresión nombrada anteriormente: concebido del Espíritu Santo, ahora el ángel lo dice otra vez, es una doctrina del ángel, es el ángel mismo que lo dice de parte de Dios. “…lo que de ella es engendrado, del Espíritu Santo es.” El verbo es engendrado, concebido, no es incubado, no es que haya pasado a través de ella sin tomar nada de ella, porque así lo sostenían los anabaptistas en sus orígenes, incluso los menonitas en sus orígenes en el tiempo de la reforma, los reformadores, Lutero, Calvino; entonces, eso creó una discusión entre los católicos con los protestantes, no era del protestantismo en general sino solamente la vertiente anabaptistas del siglo, es decir, una herejía al Señor, al considerar sólo como una incubadora a María, pero si eso se hace se le quita al Señor la divinidad, es decir, la simiente de la mujer, la descendencia de Abraham, el cetro de Judá y el hijo de David. Entonces fíjese por qué yo creé espacio, porque a veces parece que ya sabemos esto pero es necesario tener éstas puntualizaciones bien claras, paso a paso; todo sobre su manifestación en carne teniendo en claro desde su misma ascendencia, concepción, nacimiento. Seguimos, “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Eso es salvador, Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: he aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás Su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.” Entonces aquí está claramente sin entrar en más detalles la participación de María que es lo que en este momento estamos viendo, en la carne, el verbo se hizo carne, la parte divina la puso el Espíritu de Dios, el poder del Altísimo por obra del Espíritu Santo, hizo que el Espíritu Santo hiciera que el verbo fuera concebido como hombre en el vientre de virgen María; que en ella se concibiese y se engendrase del Espíritu Santo. Entonces ahora vamos a ver el aporte de Lucas al respecto. Lucas 1:26 Ahí Lucas nos da unas pequeñas claves para saber que el Señor Jesucristo no nació el 25 de Diciembre, pero ese no es el tema central, pero de todas maneras, valga la pena como curiosidad. (Intervención sobre el mes de nacimiento de Cristo min. 49:35-53:09) Leamos: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás, del verbo concebir, ahora cuando ustedes oyen la expresión: la inmaculada concepción de maría por los católicos protestantes, no se refieren a la concepción de Cristo en María, sino a la de María; ellos dicen que fue María concebida sin pecado, pero la concepción inmaculada que habla la biblia, no es la de María, sino, la de Cristo, es la del Señor Jesús ¿amén? Entonces por eso dice aquí la concepción de María, entonces digo esto para que cuando oigamos esa expresión: la inmaculada concepción, sepamos que no se está refiriendo a ésta. Porque ellos toman después esto para explicar el por qué el Señor no heredo el pecado en la carne, entonces dicen que es porque seguramente María no tenía pecado, y para que María no tuviera pecado, entonces decían que María concibió sin pecar, pero bueno si se pudiese hacer que María concibiese sin pecado entonces ¿por qué el Señor, igualmente, ser concebido sin pecado de María? Porque después había que retroceder de María a los padres de María, y a los otros y otros y otros…, son consecuencias que ellos dijeron después tratando de enfrentar ese asunto meticuloso de cómo el pecado no entró a la carne del Señor Jesús. Pero de toda maneras, para poderlo decir, tenemos que verlo desde las palabas de María. Entonces, vemos que aquí en Lucas 1:47, de las palabras de María. Lucas 1:46 “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador, o sea, que si María no necesitase un salvador, no hubiera mencionado a su salvador. Ahora, cuando dice: ¡Salve! Como los católicos rezan: Dios te salve maría… o sea que sí tenía que ser salvada, por lo menos ella sí lo confesó. Entonces, hay que aceptar esas palabras de María ¿amén? Volvamos a la parte del nacimiento leyéndolo despacio. “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Esta frase es la que algunos católicos, desde la edad media, la agrandaron para decir que ella fue concebida sin pecado original, y ¿en qué se basan? En ésta frase, pero al ver esta frase hallar gracia delante de Dios ¿significa que somos concebidos sin pecado original? Habría que ver ésta misma frase en otras ocasiones que dice la misma frase, y a otro le dijo la misma frase; ésta frase no rectificó el ser concebido sin pecado original, eso es herencia Adámica ¿amén? Entonces debemos interpretarla como fue interpretada en todas las ocasiones. Sigamos, “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; fíjese como dice, porque fue Dios quien tuvo la idea, hasta el ángel tiene que decir, fíjese que siempre aparece David allí, tanto en el sueño de José, como en la aparición del ángel Gabriel, aparece David. Y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿cómo será esto? Ella se preocupada por el “cómo”, pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.” María hizo exactamente todo lo contrario a Eva, Eva tenía la palabra y no la creyó, y dio la entrada al mal; ahora María oyó la palabra y la creyó y dio lugar a la entrada del Señor. Entonces, esto era necesario ver. Ahora vamos a ver el nacimiento de Cristo, vamos al capítulo 2 de Lucas, verso 39, ahí está la presentación de Jesús en el templo que esto también, aunque no sean los temas centrales y como nos movemos en un medio católico y las personas se hacen preguntas, entonces debemos conocer los versos y dejarnos enseñar, nos podemos dejar enredar con cosas que no son centrales y provocan discusión, sino que hay que ir a lo clave. Pero de todas maneras hay que saber lo que la palabra dice acerca de lo que la gente pregunta en el medio en donde nos tenemos que mover. Aquí vemos que en Mateo se le llama: “Y no la conoció hasta que dio a luz su hijo primogénito, ese “hasta” es muy interesante y al decir primogénito, es como si tuviera el primero y al tener al primero es como si tuviera luego otros. Ahí es donde aparecen los hermanos de Jesús con sus nombres propio, Jacobo, Santiago, Judas llamado José, no Simeón, y su hermana. Aquí aparece en Mateo como primogénito, pero el hecho de la presentación de Jesús en el templo, también significa que tuvo hermanos, porque dice así: v.21: “Cumplidos los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre JESÚS, el cual le había sido puesto por el ángel antes que fuese concebido. Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor), y para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos palominos. Ya el hecho de que María llegara al templo después de la purificación con dos tórtolas o dos palominos quiere decir que se había abierto la Matriz, ¿Qué quiere decir abrir la matriz? (Intervención de una hermana “no se entiende”) y ahí dice que todo varón que abriere la matriz será llamado santo al Señor. Entonces ahí tenemos lo relativo al nacimiento de Cristo. Pero ahora vamos al v.39 ahora ya estamos verificando algunos puntos relativos al vivir humano, porque lo que la vez pasada hicimos, fue ver en globo, la importancia del vivir humano pero en general, pero ahora veamos unos puntos de ese vivir en cuanto hombre, estamos viendo esta parte del misterio de la piedad que es “manifestado en carne” y esto viene desde la concepción hasta el reino. Entonces leamos: “Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la ley del Señor. Volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El verso 40 es el clave. Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. O sea, el niño crecía en estatura, en gracia y en sabiduría. Ese en total es el verbo. Porque hay que entender esto, que hay veces que tenemos la imagen del Señor Jesús, no como verdadero Dios y verdadero hombre, si no que no era un hombre real y se cambió real, entonces, lo que la palabra nos enseña es los dos aspectos completos, hay versos en que expresa su divinidad con suma claridad que aquí ya lo vimos y vimos el aspecto de la divinidad, cuando vimos el misterio de Dios, del Padre y de Cristo, pero ahora estamos viendo el aspecto de su humanidad, el aspecto de su vivir humano. En cuanto a hombre él tuvo que vivir normal en la misma situación de cada uno de nosotros, porque lo que él estaba haciendo era realizando en su persona a la humanidad, para llevar a la humanidad a su máxima expresión, en su persona y luego, convertir a su persona en alimento de todas las personas, para ser asimilado todos los que creemos en él, para formarse en nosotros y para trasmitir más de él en nosotros lo que él alcanzó como persona. Entonces tenemos que comprender todo el proceso de él ¿amén? Es que hay veces, como vimos antes, las distintas herejías, hay herejías que no lo presentan a él en su verdadera humanidad o en su verdadera debilidad, por eso antes necesitábamos traer todas esas herejías y dedicamos bastante tiempo porque eso era base para esto. ¿él no tenía conciencia? Sí tenía, hay un verso en Lucas donde dice que él a los doce años ya tenía conciencia, “¿acaso no sabéis que en los negocios de mi padre me es necesario estar? Quiere decir, que a los doce años, él ya tenía conciencia de eso, pero aquí dice que él fue creciendo en gracia y sabiduría, en fortaleza y en estatura, etc., entonces esas frases que lo muestran como hombre es importante. Entonces vamos ahora vamos a ver otros pasajes en Hebreos, que son sumamente claves, volvamos a ver el que vimos la vez pasada y luego otros complementarios en Hebreos. Hebreos 2:10 “Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, el verbo de Dios, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.” Entonces fíjese que él tuvo que ser perfeccionado por las aflicciones, no que él haya tenido imperfecciones, sino que él tenía que crecer en sabiduría hasta llegar a la estatura del varón perfecto; por eso es que uno tiene que entender que en cuanto a Dios él no tiene que crecer, pero en cuanto a hombre como nosotros él tenía que crecer, él tenía que ser perfeccionado. La frase “perfeccionado” no es perfecto en divinidad, en cuanto a verbo, sino en cuanto a la humanidad que adquirió de Dios, esta tiene que ser perfeccionada. Por eso, dice aquí: “perfeccionase, Dios, por aflicciones a Jesucristo.” esta es la razón, como les decía la vez pasada, por la cual no apareció el Mesías así de repente, estrambóticamente por allá en el templo de Jerusalén y dijera “yo soy el Mesías esperado, a ver, dónde están los romanos y los tiramos al fondo del mar” Así no hubiera salvado a nadie, él lo que tenía que hacer era venir en la misma condición humana, la naturaleza humana que en nosotros estuvo desaprobada, él tuvo que realizarla paso a paso, gota a gota, prueba a prueba, hasta la perfección en su persona para poder ser la virtud de nuestro perfeccionamiento en él, Dios tenía que lograrlo en él, tenía que perfeccionarlo a él para poder llegar a ser autor de la salvación, nosotros no podemos llegar a la perfección sino en virtud de la que él llevó en su humanidad, esa es la razón de la humanidad de Cristo, no es solamente historia del pasado, es un trabajo de Dios en él para conseguir lo que necesitamos, que no tenemos en nosotros mismos. Ahora, vamos a ver otros pasajes donde nos muestran lo mismo. Hebreos 5:7 “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su, ¿divinidad? No, de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” Fíjese, como hombre tuvo que aprender en su persona para que nosotros, en él, en estrecha comunión con él, aprendamos también. No podemos aprender si él no hubiera aprendido, por eso les decía, “yo me santifico a mí mismo, para que ellos sean santificados” eso fue lo que vimos la vez pasada. O sea que la historia de Cristo no solamente es una historia de un hombre, es la del Hijo del hombre, es la de la restauración de la humanidad en su persona, es el de llevar la humanidad en su persona a su máxima expresión en función de la redención de nosotros, nosotros no hubiéramos alcanzar eso, si él no lo hubiera alcanzado, no como el gran mesías, sino antes como hombre, en una circunstancia difícil bien humilde, y tenía que trabajar en carpintería y aprender, aprender… eso no se puede decir de la divinidad, pero sí de la humanidad, por eso dice aquí que “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.” Ese es el vivir humano ¿porque él tenía que aprender? Porque nosotros tenemos que aprender y él tiene que ser el sustento de nuestra redención, por eso se llama “crecer en Cristo”. Ahora Cristo vuelve a nacer otra vez en nuestros corazones en la regeneración, y Cristo vuelve a vivir otra vez formándose en nosotros, incluso Cristo nos resucitará a nosotros y Cristo nos arrebatará en las nubes como él ascendió en las nubes, él solo la primera vez, nosotros también en las nubes cuando él venga. Pero ¿es en virtud de quién? de que él lo logró solo porque él es el primogénito entre muchos hermanos, él es el grano de trigo que se reproduce, que entrega lo que él es, lo que consiguió a la Iglesia, o sea, nosotros somos el resto de granos que estamos recibiendo la savia que es él, para que él vuelva a vivir su vida, la de él, la que él vivió personalmente, ahora la vive él por su Espíritu en nuestra circunstancia. ¿Me comprenden hermanos? Ese es el misterio de Cristo, el cuerpo de Cristo, Cristo corporativo. Ahora, sigue diciendo acá, “aunque era Hijo, eso es necesario verlo minuciosamente, no solamente como una historia de Cristo sino como la provisión de Dios para nosotros, en todos esos verbos y su significados, ahí está la seguridad de nuestra fe, ahí está, ¿cómo es que nosotros aprenderemos de Dios? Pues Cristo vino a nosotros, y está formando en nosotros, y él también aprendió, él no sabía como hombre, él tuvo que aprender. Ahora, nosotros queremos evitar el sufrimiento, pero si ni siquiera él, que no pecó, que es él Hijo de Dios, tuvo que ser perfeccionado por aflicciones. Entonces no podemos hacernos los bobos, porque nuestra participación con él es en sus aflicciones. Por eso dice Pablo: “yo cumplo en mi carne de las aflicciones de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia” o sea, que la medida de las aflicciones de Cristo, se van reproduciendo en su pueblo, para que lleguemos a la medida, no llegaremos a la medida de Cristo sin las aflicciones, porque las aflicciones de Cristo, son instrumentos para el aprendizaje de Cristo, pero el aprendizaje de Cristo se cumplió, ahora, ese es el primer grano y ahora tiene que cumplirse en nosotros. Y sigue diciendo en el siguiente verso: “… por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.” Lo relativo al sacerdocio lo vemos cuando leamos “recibido arriba en gloria” mientras tanto estamos es en cómo llegó a ser sumo sacerdote, luego qué hace él como sumo sacerdote, cómo nos participa su sacerdocio; todo esto, no es solamente historia, esto es nuestra vida, tenemos que saber lo que tenemos en él y que gracias a él, con todo este trasfondo, valores que tenemos en nosotros por él, tomar de él gracia sobre gracia. ¿Cómo vamos a enfrentar nosotros nuestro orgullo o nuestra jactancia si él no se hubiera humillado? No es que él se humilló en la historia él allá y yo acá, no; el diablo sin ser, dijo: seré semejante al Altísimo y se enalteció, y nosotros en la carne tenemos la misma simiente de enaltecimiento de Satanás, ahora Él Señor siendo en forma de Dios se humilló, se despojó. Ahora, es porque él se pudo despojar y humillar de lo que era, y nosotros en virtud de él, cuando encaramos la tentación en la carne, tenemos en nuestro espíritu de Su Espíritu, los valores de la humillación, no es enfrentar en nosotros mismo las tentaciones sino en la humillación de Cristo, de Cristo en mí, la humildad de Cristo, no lo que nosotros somos, por eso dice, todo lo que Cristo es, todo lo que vivió, lo que padeció, lo que conquistó, porque él es nuestro sustento, nuestro alimento y porque nosotros acudimos a él, contamos con eso, es a Cristo a quien le seguimos los pasos, y le seguimos los pasos, de eso se trata, seguirle los pasos, de Cristo y en Cristo, la vida cristiana a parte de Cristo no existe, la vida cristiana consiste en Cristo viviendo en nosotros y por medio de nosotros, “porque yo vivo, vosotros también viviréis” Eso es suficiente para nosotros. Volvamos a Hebreos 2:14 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente, no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham, esto es a la descendencia por la fe, a la simiente de Abraham por fe, Por lo cual, o sea, para poder socorrer, debía ser en todo semejante a nosotros, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” Entonces la clave aquí es en todo semejante a nosotros. Pasemos a Hebreos 4:14 “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, ¡Ah! Que agradable es escuchar la palabra debilidad en la biblia, compadecerse de nuestras debilidades, y por causa de eso es que él se sometió, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Tentado pero no pecó, fíjese, tentado en todo según nuestra semejanza, uno dice yo sí pero él no. Fue tentado en todo pero sin pecado. Y dice: “Acerquémonos, pues, confiadamente, ¡Aleluya! que precioso saber que hay un hombre a la diestra del Padre, tener a Dios es grande, pero el acordarnos que fue un hombre, que hay un hombre que pasó por aquí, porque eso era lo que Dios quería, porque las criaturas le podían decir: “¡Ay! Dios, eso es porque tú eres Dios y nosotros somos hombre”, pero hay un hombre a la diestra del Padre. Jesús dijo: por esto se le ha dado potestad al Hijo del hombre, por cuanto es Hijo del hombre, o sea que Dios mismo, Él mismo decidió que no iba a juzgar, sino que le entregaría el juicio a Su Hijo, por cuanto es Hijo de hombre, por cuanto sabes lo que hay en el hombre, eso lo dice Juan, porque él sabía lo que había en el hombre, porque él nos comprende. Entonces allá hay un mediador a la diestra del padre, Jesucristo Hombre. Por eso es que el diablo no quiere confesar que Jesucristo vino en carne, si un Jesús que es divino, que aparece, pero un hombre que nace, que ni siquiera nace en un pueblito sino a las afueras del pueblo en un pesebre, que tiene que sufrir, luchar, traer agua del pozo; eso es lo que el diablo no quiere, porque eso es lo que es cercano a nosotros, eso es lo que hacía él por nosotros, pero el diablo le dijo: “tú eres el hijo de Dios” pero él no quiere confesar que vino fue en carne, porque fue en la carne que Él condenó el pecado, fue en la carne que el diablo fue destruido, por eso es que la humanidad de Cristo hay que entenderla, la divinidad y la humanidad. Entonces cuando estudiamos lo relativo al Concilio de calcedonia ¿amén? Dios verdadero y hombre verdadero, todo en una misma persona, sin perder la naturaleza de cada persona por causa de la unión en la persona, en cuanto a verbo, Dios; en cuanto a cercano, hombre, que luchó, sufrió, fue tentado, y todo lo hizo para nosotros ¡amén hermano? Hay que ver ese aspecto de Cristo, porque a ese Cristo es que estamos nosotros unidos, el Espíritu del Señor nos trae lo que es de Cristo, “Él tomará de lo mío” esto es lo mío, Jesús dijo: “todo lo del Padre es mío”, pero es también en él, cuando veamos lo relativo al Espíritu, recordaremos más sobre este tema. Sigamos leyendo Hebreos 4:14-16,5:1-6 “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombre es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tu eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.” Vamos a dejar hasta aquí por causa del tiempo. Amén.

MANIFESTADO EN CARNE (1)

Por Gino Iafrancesco V. - 25 de Marzo, 2012, 3:29, Categoría: General

ADMINISTRACIÓN APOSTÓLICA DE LOS MISTERIOS DE DIOS "El Misterio de la Piedad" Manifestado en carne (17 de Abril de 1993) (Gino Iafrancesco V.) Ésta es la serie de los Misterios de Dios, que es la que estamos viendo, es un aspecto muy importante, más de lo que quizá parezca a primera vista, es un aspecto central, de Dios el Padre y de el Hijo. La doctrina de los apóstoles tiene como punto central a Jesucristo, de tal manera que hay veces en los pasajes en los que se habla que ellos predicaban a Jesucristo, y dice que no cesaban de enseñar y predicar, predicando a Jesucristo. Jesucristo, entonces, es el que ocupa el lugar central en el programa de Dios que es el que revela a Dios y es el que realiza al hombre en Dios, por tanto, Jesucristo es el centro, y es lo primero que la Iglesia tiene que tener, cualquier otra cosa la Iglesia puede tolerar quizá por un descuido, no es que tenga un pequeño descuido, pero en éste punto, la palabra es sumamente clara en los pasajes. La primera serie que vimos acá, sobre la escuela de la Obra vimos el "odre" porque la palabra que habla que el vino nuevo, necesita odre nuevo, entonces todo lo relativo al odre, o sea, a la visión de la Iglesia, la obra, lo que es las Iglesias locales que es el movimiento de las Iglesias. Entonces, lo relativo al "odre" lo vimos en el primer bloque, osea en el primer semestre. Entonces ese es el odre; ahora, en ese odre hay que poner el vino nuevo, o sea, el contenido o el depósito de Dios. El depósito de Dios tiene un vino, y ese vino obviamente tiene que centrarse en Dios y Su Cristo, sin Dios y sin Cristo no hay lo demás, todo empieza con Dios y con Cristo. Yo les he dicho que de las grandes verdades que contiene la Iglesia son: la de la Trinidad y la de la encarnación del verbo, iniciando con eso se edifica todo lo demás. Cuando vimos el Misterios de Dios que le dedicamos bastantes sábados en el asunto de la Trinidad y luego le dedicamos al Misterio de la Voluntad de Dios, porque de Dios antes de la creación, están los planes de Dios y luego la revelación de Dios en Cristo; y hasta aquí, vimos lo relativo a Cristo, a Su ser, a Su persona, a Su naturaleza que en primer lugar la divina y la humana, y viendo también a la luz de las herejías para distinguirla con claridad, la Iglesia tiene que tener esto claro. Pero ahora entonces pasamos en esa serie de los Misterios de Dios, que mis hermanos quizá recordarán que tiene cierta coherencia, que empieza con el Misterio (en singular) de Dios, luego desglosamos el Misterio de Dios, en los Misterios de Dios y entonces el Misterio de Dios del Padre y de Cristo, una vez que vimos el Misterios de Su Voluntad, el Misterio de la Trinidad Divina, o sea, del plan de Dios y del programa de Dios lo realiza es Cristo. Entonces nos detuvimos fue en la persona de Cristo, pero ahora nos toca pasar a la obra de Cristo. Entonces de: el Misterio de Dios el Padre y de Cristo, nos toca pasar al Misterio de la Piedad. Hasta aquí lo que hemos visto es relativo al ser de Él, pero Él ha hecho una obra para y por nosotros, ¿amén? Entonces en el Misterio de la Piedad se ve parte de esa obra luego viene el Misterio del Evangelio que la vimos, el Misterio de la Fe, el Misterio del Matrimonio de Cristo con la Iglesia, o sea, el Misterio de Cristo: el cuerpo, entonces desglosado el Misterio de las siete estrellas, El Misterio de los siete candeleros. Vemos como va descendiendo desde Dios o Cristo, el Evangelio y la Fe a la Iglesia en sentido universal y luego en su aplicación local, en su aparición en las localidades de la Iglesia. Luego continua con los Misterios por la línea positiva, es decir, por la línea de Dios, el Misterio del endurecimiento parcial de Israel, y su restauración final, el Misterio de la final trompeta, los Misterios que habla el Espíritu a través de los creyentes; esos son una serie de los Misterios de Dios que están en la línea que podríamos llamar positiva, porque también hay la línea negativa, la Biblia nos habla del Misterios de la Iniquidad, el Misterio de Babilonia, el Misterio de la mujer y la bestia que la trae, entonces todos esos misterios que la biblia llama con ese nombre y otros que no hemos recordado acá deben ser administrados a la iglesia. Pero fíjese que todo lo demás…. [min. 6:01 a 6:06 no se oye nada] y de qué manera ha sido invertido y desde los distintos aspectos heréticos, pero ahora nos toca la Obra de Cristo. Y para esto, entonces vamos a: el Misterio de la Piedad. Fijé éste preámbulo para ubicarlos en qué contexto estamos hablando, digamos la coherencia del orden que se está llevando ¿amén? Entonces vamos al texto clásico, de 1 Timoteo 3:14; en ésta epístola, el apóstol Pablo da varias instrucciones, éstas instrucciones, son de obrero maduro a obrero joven, de Pablo a Timoteo; para cómo moverse en las Iglesias como lo dice después de haberle dado ciertas instrucciones a Timoteo acerca del obispado, del diaconado, entonces después de haberle dado esas instrucciones de cómo hacer la obra en medio de las Iglesias en que se mueven estos obreros, entonces dice después de las instrucciones en el verso 3:14, así: "Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, (es decir, la razón por la cual se escribe esta carta es porque Pablo podía tardar, entonces lo que él hubiera hecho ahora se lo pide a Timoteo que lo haga él, si Pablo tarda) de ir pronto a verte, pero si tardo, para que… sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad." Y fíjese en qué contexto, por eso lo leí desde el verso 14, aparece el Misterio de la Piedad. Cuando está hablando de qué? como él posiblemente podía tardar, entonces Timoteo debería saber cómo conducirse en la casa de Dios que es la Iglesia, era el obrero que debería saber cómo ordenar las cosas en las iglesias, está hablando lo relativo al obispado, al diaconado y otras cosas que le dijo en los dos capítulos primeros. Y luego dice que la Iglesia es la casa de Dios, es columna y baluarte de la verdad. Y fíjese, cuando está pensando en la Iglesia como casa de Dios y como columna y baluarte de la verdad inmediatamente, fíjese de lo que habla: el Misterio de la Piedad. Es como si la palabra verdad y columna y baluarte de la verdad, le trajera a la memoria, que realmente es el contenido de esa verdad que contiene la Iglesia, que enseña la Iglesia. Entonces dice: "E indiscutiblemente, (en ese contexto) grande es el misterio de la piedad:…" y luego declara en partes lo que es el misterio de la piedad, y pareciera, como ustedes lo ven allí, como un poquito metido del margen normal, que fuese una cita. Entonces, Pablo está haciendo una cita, pareciera que no fuera algo que Pablo por primera vez iba a decir, sino algo que del contenido entre ellos, conocido antes entre todos ellos desde antes ser escrito, y pablo lo está citando. Porque cuando se hace una cita, la cita no pertenece al autor, sino que pertenece a quien cita el autor. Por ejemplo, si nosotros estamos escribiendo una monografía de Simón Bolívar, entonces cuando citamos un dicho de Bolívar, lo ponemos entre comillas o lo ponemos en un margen diferente. Pablo suele hacer citas, en otros pasajes Pablo cita a poetas, griegos y también versículos bíblicos y por ejemplo a los hebreos, que es uno que tiene muchas citas, entonces uno se da cuenta que en todas esas citas se marcan en un margen diferente. Lo que nosotros en español haríamos con comillas y también con márgenes, para resaltar que no es algo de nuestras propias palabras sino que entonces estamos tomando algo del depósito anterior. Entonces cuando Pablo dice: "E indiscutiblemente, grande es el misterios de la piedad, aparecen dos puntos y un entre margen, nos damos cuenta que Pablo hace una especie de cita, algo que no solamente es una palabra que él está diciendo de manera informal, sino es una trasmisión de algo tradicional en medio de los apóstoles ¿amén? Es una verdad encomendada a ellos que él también la está trasmitiendo ¿amén? Claro que llega a ser de él, pero de todas maneras es algo que viene de la tradición apostólica. O sea, no es sólo de él, sino de ellos los apóstoles. Entonces vamos a leer primeramente esa cita y luego desglosamos. Primero voy a leer tal como está en esta traducción y después voy a tener que acudir al texto griego. Dice en 1 Timoteo 3:16: "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne," hasta aquí es como si se tratara todavía de la primera parte que le dedicamos varios sábados, al misterio de Dios, Cristo, Dios manifestado en Cristo en la carne, que tanto insistimos ahí, en el verbo hecho carne, que Jesucristo vino en carne y que el que no confiesa que vino en carne es anticristo, etc. "…Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, ya es otra cosa, Visto de los ángeles, otra cosa, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria. Qué interesante esto, a primera vista uno no se da cuenta de todo lo que dice, pero lo que dice es mucho. En primer lugar, o sea desde el mismo título que le da pablo podríamos decir de este poema inspirado, este es como un credo porque es como un poema, podría ser la letra de un cántico, como tan grandes verdades se componen en cánticos y se cantan en la Iglesia y se vuelven tradicionales. Dice: "grande es el misterio de la piedad:" ¿qué significa piedad? Piedad significa: Semejanza a Dios, en el idioma inglés la palabra piedad se entiende mejor por sus raíces, piedad se dice así: Godness; "God" es Dios y "Ness" es semejante a, entonces Godness es semejante a Dios. Tomándola en inglés nos damos cuenta mucho mejor, del sentido de la palabra. Semejanza a Dios . Entonces fíjese una cosa, el misterio de la piedad significa, el misterio de la semejanza de Dios, de la aparición manifiesta de Dios, es una cosa muy interesante. Ahora, fíjense algo curioso, que aparecen en el orden de las frases que leímos aquí en el misterio de la piedad, porque ese orden, nos da un indicio, quizá nosotros diríamos: "bueno, Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, recibido arriba en gloria, creído en el mundo, predicado a los gentiles." Pero lo curioso es que este "Recibido arriba en gloria" en vez de estar antes de "Predicado a los gentiles" y "Creído en el mundo" aparece después. Porque la intensión del Señor no es solamente que la cabeza sea recibido arriba, sino también el cuerpo de Cristo, o sea recibido arriba a la semejanza de la cabeza. Fíjese que al poner el "Recibido arriba en gloria" al final después de predicado y creído nos recuerda aquel pasaje del Señor Jesús que dice: "vendré otra vez y os tomaré a mí mismo", y aquel pasaje donde el Señor se compara con el grano de trigo que se produce y cae a tierra para reproducirse, lo que sucedió con ese grano de trigo solo, empieza a reproducirse en los demás granos de trigo. Fíjese que así como él vivió a Dios, nosotros debemos vivir a Dios por Él, así como el murió, también nosotros debemos morir con Él, como Él resucitó nosotros resucitamos con Él, por Él y en Él y así como Él ascendió, nosotros espiritualmente estamos ascendidos con Él y físicamente también seremos arrebatados también con Él en las nubes, porque Él fue arrebatado en las nubes, pero eso sucedió con uno, pero lo que sucedió con uno debe también reproducirse en los muchos, incluso en la ascensión y ser recibido arriba en gloria. Pero entonces para entender lo que se va a dar con toda la Iglesia, hay que ver lo que se da primeramente con uno, es decir, que todo el vivir humano del Señor es en función de la Iglesia, hay veces que nosotros miramos la historia del Señor Jesucristo como algo solamente del pasado, y nos olvidamos que el Espíritu viene para tomar lo que es de Cristo y reproducirlo en nosotros para formar a Cristo en nosotros, por eso es tan importante para que hoy la Iglesia, aproveche del Espíritu, lo que el Espíritu tomó de Cristo, es necesario ver qué fue lo que estaba haciendo Cristo en su vivir humano, porque él no solamente estaba viviendo una historia independiente para sí, Él estaba realizando en su ser algo que había de ser trasmitido a la Iglesia, ¿me comprenden hermanos? Por esto es que tenemos que empezar en Cristo, porque lo que Cristo es e hizo por nosotros eso es lo que toma el Espíritu, eso es lo que el Espíritu luego trasmite a tú espíritu y luego a tu alma y entonces a tu cuerpo. Si no entendemos ese proceso en tu espíritu a mi espíritu, a tu alma a nuestra alma sin primero saber qué es lo que trata el espíritu, cuál es la operación que el Espíritu de Dios hace en el espíritu tuyo, entonces no interpretas ese mover del Espíritu subjetivo en tu experiencia porque no sabes qué elementos tiene, porque no tienes con qué interpretar el mover del Espíritu de Dios en tu espíritu, porque no conoces la vida, no puedes interpretar la experiencia. Primero hay que ver qué es lo que el Espíritu trae a tú espíritu para cuando tú experimentes el mover del Espíritu lo interpretes con altura con contenido, porque o si no nosotros ni siquiera nos damos cuenta lo que significa el mover del Espíritu de Dios en el hombre, a veces experimentamos una guianza de paz, de vida, sentimientos buenos; estamos acostumbrados a tener una vida exteriorista, una vida en que nos guiamos por lo que pensamos, por lo que miramos, sentimos, por lo que queremos, entonces la voz del Espíritu es tan suave que a veces parece que es una emoción débil, porque hay otras emociones más espectaculares y cuando somos muy emocionales entonces buscamos emociones fuertes y ese suave hablar del Espíritu por allá al fondo de nuestro ser, parece que es demasiado pálido en comparación con las emociones fuertes pero no interpretamos algo tan importante y tan suave en nuestro espíritu. Para poder interpretar el mover en nuestro espíritu, necesitamos conocer antes que es lo que el Espíritu de Dios trae y hace en nuestro espíritu, o sea que antes de nosotros tenemos que ver el Espíritu de Dios con todo su contenido, pero a la vez, para poder entender qué es lo que el Espíritu de Dios hace en nuestro espíritu y con el resto de nuestro ser y qué es lo que trae, tenemos que ver lo que estaba haciendo Cristo cuando vino y vivió, porque Cristo no se apareció de muerte, él no dijo: "¡yo soy el mesías!" y apareció de golpe con voces y platillos y luces de colores, porque así el no nos hubiera salvado. ¿Por qué Él tenía que demorarse nueve meses en el vientre de su madre? ¿Por qué Él tenía que crecer como todos los humanos? ¿Porqué vivir una vida larga llena de privaciones y tentaciones? ¿Por qué el no vino de otra manera? ¿Por qué tenía que venir así como uno cualquiera de nosotros? Porque Él estaba viviendo la humanidad en Su persona, y realizando en Su persona a la humanidad para perfeccionar el primer grano de trigo y una vez que haya conseguido llevar a la humanidad a las máximas posibilidades en su propia persona, tenía que liberar a Su Espíritu con todo el contenido con Él logrado para poder reproducirlo en la Iglesia. Y entonces, el Espíritu trae a tu espíritu, entonces tu sabes que es lo que está haciendo el Señor y que es lo que trae el Espíritu, ya interpretas esa suave voz y ese suave suministro de Dios, de Cristo, como la realización tuya en Él, entonces tienes conciencia de lo que estás haciendo, en el nombre de Él, y ¿Quién te sostiene esa conciencia? El Espíritu, pero ¿qué tiene el Espíritu? A Dios y Cristo y ¿Qué te trae el Espíritu de Cristo? Todo lo que es del Hijo y ¿Qué te trae el Hijo? Todo lo que es del Padre, entonces tienes ese contacto con Dios, con el misterio de Dios, con la trinidad, con la relación del Padre y el Hijo, con la plenitud del Padre dada al Hijo, como el contenedor y cooperador de la plenitud de Dios y luego entonces si Su encarnación, y luego Su obra. Aquí ésta sola frase, "fue manifestado en carne" está incluido todo el vivir humano, desde no solamente la concepción, ahí está la concepción, la gestación el nacimiento, el crecer en sabiduría delante de Dios, delaten de los hombres, el ser sometido a todas las pruebas, perfeccionar la humanidad en Su persona. Esa es esa primera frase; porque lo de Justificado en el Espíritu, viene a partir de la resurrección, pero no lo de Manifestado en carne. Ahora, aquí nosotros leímos "Dios fue manifestado en carne" en el idioma griego la palabra theos, Dios, no aparece, aparece la palabra (¿min.25:31?), el cual, es decir, el misterio de la piedad fue manifestado en carne; claro que se refiere a Dios, la piedad es la semejanza de Dios, pero ahí lo que quiere decir es que la semejanza de Dios, Dios apareció revelado en la carne. En el texto original dice (¿min.25:31?), el cual fue manifestado en la carne, y ¿Quién es ese "cual"? El misterio de la piedad, la semejanza de Dios. Antes de pasar al siguiente punto, "Justificado en el Espíritu" quiero que mis hermanos tengan algunos versículos para entender mejor la razón del vivir humano de Cristo. Vamos a la epístola a los Hebreos 2: 10-15, "Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas", o sea, éste es el verbo de Dios, la manifestación de Dios en la eternidad, antes de la creación y en la creación, "y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos", o sea que Dios el Padre había que perfeccionar al verbo encarnado como autor de la salvación de ellos, fíjese; "convenía a aquel por cuya causa son todas las cosa, o sea Dios y el verbo, "por quien todas las cosas subsisten, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria"; "Recibido arriba en gloria" (1Timoteo 3:16) por eso ese no aparece sino después, porque fue Él primero, pero fue como precursor, ¿amén? Pero ahí no termina el "llevar a la gloria", tenemos que entender el misterio de Cristo corporativo. El recibido arriba en gloria no es solamente para la cabeza, sino para el cuerpo, "llevar muchos hijos a la gloria". Después vamos a ver otros pasajes para aclarar esto. Dice así: "…perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos;" Entonces note que al Señor se le llama, autor de la salvación de ellos, el que santifica, o sea, que Él tenía que vivir en Él las aflicciones y la santificación, por causa de los que habría de salvar, no era suficiente que Él apareciera con bombos y platillos y luces de colores, no; Él tenía que someterse a la condición nuestra vestírsela y realizarla para cuando tú la asimiles los suministros del Espíritu, tú puedas ser realizado en Él, si no sucedió en Él no puede suceder en ti. Tenemos que ver qué sucedió en Él, para saber qué hace el Espíritu en ti; no solamente es una historia del pasado, para entender esto de que Él que santifica y son santificados, vamos a San Juan 17:17-19, "Santifícalos en tu verdad; Tu palabra es verdad." Él dijo: "no son del mundo como tampoco yo soy del mundo", "Como Tú me enviaste al mundo, fíjese la primera parte del verso 18, así yo los he enviado al mundo. Ahí vemos el principio de la reproducción, pero entonces, para que se dé esa reproducción, sigue el verso clave, v.19; "Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad." Es decir, como leíamos en hebreos, el que santifica y los que son santificados, la cabeza y el cuerpo, de uno, de Dios, son todos, del Padre. Entonces dice: "por ellos yo me santifico… para que también ellos sean santificados" Aquí vemos el principio de trasmisión y reproducción. O sea que el vivir humano del Señor Jesús, su santificación personal, su vida, no fue solamente para que tengamos el recuerdo de cómo Él fue sino que Él está siendo constituido en santificación nuestra, tenía que ser en Él realizado para que el Espíritu suministrara lo que Él consiguió, y nosotros lo pudiéramos tener fíjese que no solamente es ser perdonados, se trata de que Cristo sea formado en la Iglesia, pero para que Él sea formado, tenía que ser primero realizada la humanidad de Él, o sea, Él tenía que alcanzar para la humanidad el nivel óptimo en su propia persona y luego de alcanzarlo, el mismo Dios tenía que testificar que así era, por eso Él dijo: "Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia" o contentamiento oídlo a Él. Por eso es que Él no apareció misteriosamente, sino que tuvo que venir como un ser humano, tenía que venir en la condición tuya, en una situación difícil, ser probado como tú eres probado, o si no ¿cómo te va a ayudar? Entonces ¿qué opera el Espíritu en ti? Eso es lo que hace el Espíritu, tomar de Él; como dice "De Su plenitud hemos ya todo recibido, de gracias sobre gracia. Tenía que realizarse en Él, uno puede decir pero ¿por qué Dios no podía perdonar sin que Él muriera y sin que Él viniera, por qué no nos llama al cielo sin necesidad de que su Hijo se encarne y muriera y resucite y envíe el Espíritu, por qué Dios no nos perdona así porque si y nos lleva al cielo? Porque nosotros carecíamos de lo que Él tenía que ser y lograr en manifestar. Entonces Él tenía que perfeccionarse, él tenía que pasar por aflicciones porque Él era el autor de la salvación, Él tenía que santificarse para poder santificar a otros. Si Él no hubiera logrado la realización del hombre en Dios, en su propia persona, nosotros no tendríamos tampoco de donde sacar, ¿me entienden hermanos? Por eso el diablo está tan interesado en presentar otro Jesús que no sea Dios, o que no sea hombre, que sea medio hombre; es decir, con tal que no sea el que realmente es, para que entonces tú no te sientas unido a Él, para que no lo sientas como Él en el fondo, esa es la trampa de diablo, él quiere que veas a un Jesús que no es como tú, que no es humano como tú, como medio divino pero medio humano, pero que no es tan humano, porque su alma no es tan humana porque es solamente divina y así comienza el rollo de las herejías, porque él está tratando de tergiversar a ese Cristo para que tú no encuentras a aquel que puede realizarte a ti. Porqué se le ocurrió a Él hablar esas palabras tan raras de: "el que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna… tomad y comed, éste es mi cuerpo… yo resucitaré en el día postrero…" ¿Por qué esas palabras tan raras? Si no hubiera una relación vital en que nosotros tuviéramos que asimilarlo a Él; Él no habría entonces hablado esas palabras, pero Él habló esas palabras para que entendamos que así como nosotros vivimos por lo que comemos, por lo que asimilamos y digerimos, Dios nos dio a Él como pan para ser digerido por nosotros, tenemos que ver quién es él, qué ha hecho Él, porque esto… (min. 37:10-14) Esto es hasta acá. Voy a dar un ejemplo para empezar lo de la manifestación en carne, para que pudiera haber la manifestación en carne, tuvo que haber la la humillación, el despojamiento, "si siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse sino que se despojó a si mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres y estando en la condición de hombre se humilló hasta la muerte y muerte de cruz" Esa es la Si nosotros no estuviéramos pendientes de eso y si solamente miráramos como una doctrina teológica ¿de dónde sacas tu fuerzas para humillarte? Porque el diablo hizo todo lo contrario de Jesús, el diablo sin ser Dios pretendió hacerse semejante a Dios, porque eso fue lo que hizo el diablo: "seré semejante al Altísimo sobre las estrellas estableceré mi trono y en el monte del testimonio me sentaré" esto fue lo que hizo el diablo, y esa naturaleza maligna que operaba en el diablo entró en el ser humano y en cualquier momento en que estemos en la carne aparece en nosotros. Ahora, ¿qué hizo el Señor Jesús? Exactamente lo contrario del diablo, lo contrarrestó totalmente: Filipenses 2:6 "…siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo" Y estando en condición de hombre se humilló hasta la muerte, y no cualquier muerte, sino la de cruz. Ahora de pronto uno está bien tranquilito y empieza a salirse la soberbia, a salírsele las plumas de diablo a la naturaleza carnal nuestra. Si no contáramos con la de Cristo e invocaras en nombre de Cristo y contando con Su humillación y Su victoria con la cual Él enfrentó totalmente lo que hizo el diablo, ¿cómo lo enfrentarías tu? ¿De dónde sacarías tu para humillarte, si Él no lo hubiera hecho? Porque lo que nosotros heredamos no fue una naturaleza humilde sino una naturaleza soberbia, dañina. ¿Y cómo podemos nosotros humillarnos a nosotros mismos sin asimilarlo a Él? Y ¿Cómo podría Él enfrentar en nosotros esa naturaleza perversa heredada si Él mismo no hubiera tenido que hacerlo Él primero su ser? ¿Se dan cuenta hermanos? Todo lo que tenemos lo heredamos de Él, todo el antídoto al mal está es en Él, por eso tenía que ser santificado primero Él, Él tenía que humillarse, tenía que hacer totalmente todo lo contrario a Satanás para luego darse como alimento a mí, como sustento de tu nueva vida, para que tu de Él, por creerle, por contar con Él, por permanecer en Él, por agarrarte de Él, de lo que Él es y lo que Él hizo, ahora el Espíritu te lo da a ti. Ahora tu de Él puedes hacer algo que no puedes hacer por ti mismo, el Espíritu te ayuda a hacerlo; pero de ¿Dónde lo sacó el Espíritu? Del Hijo, de quién es el Hijo, cómo es el Hijo, qué hizo el Hijo, que logró el Hijo, a parte del Hijo no tenemos lo del Espíritu, por eso San Juan dice así, voy a apelar al texto griego; San Juan 7:38-39: "El que cree en mí, es como decir el que se confía en mí, el que cuenta conmigo, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Entonces primero es creer en Él, venir a Él, quién es Él, qué logró Él, que hizo Él, y venir a confiar en eso, a contar con quién es Él, qué ha hecho Él y que está listo a nuestra disposición, hay que ver primero eso. Es decir, el que hace eso, "de su interior correrán ríos de agua viva," Es decir, comienza del espíritu hacia el exterior, en griego desde, su interior, de adentro hacia afuera, vienes a Él y pasa por Su Espíritu y de Él a tu espíritu y luego a tu cuerpo, esa es la salvación completa, aplicada, lograda por su persona, suministrada por el Espíritu desde el interior hacia afuera. Luego entonces, dice San Juan por el Espíritu: "Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; ésta traducción, porque a veces los traductores, claro, para evitar un mal entendimiento no lo traducen con esa actitud, sino lo traducen parafraseando con la buena intensión de evitar un mal entendido; como en el caso de Colosenses donde Pablo dice: "…el misterio de Dios, Cristo" entonces el traductor como para evitar que, algún solo Jesús, porque como Pablo escribió: (min. 43:54) Pablo no tenía ese temor, pero como eso vino después, entonces el traductor Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera dijeron a lo mejor, "eso no tiene sentido, mejor vamos a parafrasear "…el misterios de Dios Padre y de Cristo" Pablo no tuvo esos temores que Casiodoro y de Cipriano de Valera, "…el misterio de Dios, Cristo". Entonces Juan, tampoco tuvo temor de que algunos lo fueran a mal entender, entonces lo parafraseó y dijo "pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado." ¿Saben cómo dice Juan?: Porque aún no era el Espíritu,…porque Jesús no había sido glorificado. No era, no quiere decir que no existía el Espíritu Santo con persona divina, porque dice que el Espíritu es eterno, pero al meternos un poco más a fondo, lo que es la Neumatología, es decir, lo que trata el Espíritu, nos cuenta que aparece varios nombres con los que se designa al Espíritu Santo, se le designa como el Espíritu Santo, también como el Espíritu de Jehová, como el Espíritu de Cristo, como el Espíritu de Jesucristo, de Jesús y simplemente como el Espíritu, ¿amén? Imagínese que tenemos aquí un vaso de agua, entonces a esa agua le añadimos leche en polvo, luego a la leche, porque ya se volvió leche, le añadimos azúcar, otro ingrediente más, y luego malta, es una leche malteada y si quiere añadirle vainilla o cualquier otro elemento entonces ya tienes los ingredientes completos, entonces cuando te tomas el agua, te tomas el agua con la leche, el azúcar, la malta, la vainilla, es decir, todos los ingredientes que fueron puestos en el agua llegan a ser una bebida para ti, el agua los lleva y te los trasmite a ti. El Espíritu eterno de Dios, el Espíritu Santo, antes de que el Señor Jesús, se encarnara, viviera y lograra todo lo que logró; entonces, podemos compararlo con la parábola como el vaso de agua, pero una de las tareas del Espíritu, es tomar lo de Cristo y dárnoslo a nosotros, por eso dice: "el Espíritu aún no había venido… traduce acá, …porque Jesús no había sido aún glorificado" es decir, el Espíritu no era en el sentido que ahora en el Antiguo testamento es, no que no existía como persona, la biblia dice que es un Espíritu eterno, pero el Espíritu de Dios tenía asignada una tarea que iba a trasmitirnos a nosotros, trasmitirnos lo que Su Hijo consiguiera. Por eso es que ¿cuándo fue derramado el Espíritu? Cuando Jesús ascendió, entonces recibió el Padre la promesa y ha enviado esto: "que vosotros ves y oís". O sea, derramó el Espíritu después de que Él ascendió y fue glorificado. No había venido el Espíritu en esa traducción porque el Señor Jesús no había sido glorificado, si el Espíritu viene antes de que Jesús sea glorificado, no nos podía traer la glorificación, porque Él fue recibido en gloria, pero la biblia dice que no solo Él fue glorificado. San Pablo dice en Romanos 8: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó,… y a los que predestinó; a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". No está en pasado, ahora ¿Dónde fueron glorificados los escogidos de Dios? Primeramente en una sola persona, la humanidad se la puso el verbo de Dios, fue manifestado en carne, se la puso, y luego la glorificó, a la humanidad, en su persona. Y ahora, "la gloria que me diste, yo les he dado;" nos la dio, por eso, como Él fue glorificado, fue glorificado para nosotros, porque Él como Dios, como verbo con el Padre, ya tenía la gloria, por eso dice: "Padre glorifícame al lado tuyo con aquella gloria que tuve contigo". Pero ahora como el Padre le volvió a dar la gloria después de la ahora en la exaltación, resulta que Él siguió siendo la misma persona, el verbo, pero ahora tenía algo añadido que no tenía antes, era la humanidad, Él ahora tenía añadida la humanidad, así que cuando el Padre volvió a dar la gloria al Hijo la recibió, pero como el Hijo venía ahora con la humanidad, recibió la gloria en su humanidad. Entonces la humanidad fue glorificada en la persona del Hijo, y por eso es que nosotros como nos alimentamos del Hijo, "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré" Y ¿Por qué? Porque lo estaba asimilando a Él, entonces la gloria que el Padre le dio a Él, nos la dio a nosotros, porque Él se vistió como vida de nosotros, y como Él fue glorificado, en Él nosotros fuimos glorificados. ¡Aleluya, Gloria a Dios por ésta maravilla! Lo que Él es y logró, todo lo hizo para nosotros. No solo la historia de Jesús, que nació en Belén, lo mataron y dicen por ahí que resucitó y se fue al cielo, ¡ay! Si tú crees y lo tienes a Él y lo invocas a Él y al venir a Él, confiar en Él y contar con Él, de tú interior correrán ríos, y esos ríos son el Espíritu, cuando ya toda esa consumación de lo que al agua se le añadió, porque fíjate que antes de que el verbo se hiciera carne, Él era el Hijo, pero no era carne y luego se tuvo que hacer humano y tuvo que realizar a la humanidad en su persona, Él llegó a ser el varón perfecto, el grano de trigo fue perfeccionado y todo eso para que, para que Él pueda ser autor de la salvación, se santificó por nosotros, "por ellos, yo me santifico a mi mismo para que también ellos sean santificados en mi. Por eso el ascendió ¿Qué es lo que nosotros tenemos que hacer? ¿No tenemos que recibirlo en el aire?, ahora de ¿Dónde vas a sacar tú para recibirlo en el aire si Él no lo hubiera hecho primero? Pero ¿no ascendió Él a la vista hasta las nubes? Ahora Él es tu vida, así como Él resucitó, Él te resucita, como Él ascendió, Él te asciende. Todo tenía que ser hecho en Él, para que de Él pudiera pasar a mí. Por eso hermanos no podemos descuidarnos de Él, Él es el centro, y dice: "Esto dijo del Espíritu,…porque el Espíritu aún no era" En ese sentido es que Juan dice: no era; es decir, todavía el "elipse" no estaba preparado antes de la glorificación de Cristo, la persona del Espíritu Santo sí existía como Dios, como tercera persona de la trinidad, como Espíritu eterno, ya desde la eternidad, pero ese Espíritu tenía una tarea, entonces cuando el Espíritu Santo venga Él tomará de lo mío, todo lo que tiene el Padre y el Hijo, "tomará de lo mío y os lo hará saber". Nosotros al decirlo en español, es como conocer intelectualmente ¿no? Pero ahí es conocer, conocer por la experimentar, la experiencia, ese es el saber espiritual divino, lo que Él es, lo que Él hizo el Espíritu os lo comunicará, os lo hará conocer por experiencia, ¡Qué maravilla! Por eso no podemos descuidar de quién es Él y de lo que ha hecho Él. Ahora, estas en una tentación, ¿cómo vas a enfrentar tú la tentación si Él no hubiera sido tentado en todo primero antes que tú? Él fue tentado primero, por eso es que el arca va primero, dice: "cuando veáis el arca, vosotros seguiréis el arca detrás" Por eso lo que Él hizo primero, lo que Él logró tu lo lograste, porque Él vive, tú vives, porque Él fue santificado tú eres santificado, porque Él venció tú vences. Entonces tenemos que ver cómo Él venció y cómo reaccionó, cómo superó las tentaciones al diablo. Porqué nos hemos detenido en Teusaquillo y aquí tenemos que hacerlo, a "Las provisiones de la cruz", porque si no entendemos, para creer lo que Él hizo no lo aprovechamos, aunque él lo haya hecho, tú no cuentas con eso, por la fe, porque no lo sabes, por eso dice: "sabiendo primero esto que nuestro viejo hombre fue crucificado" ¡ah! Entonces puesto que ya fue crucificado en él entonces ahora yo tengo de dónde sacar para ser libre del problema, pero si yo no sé, Él murió para que yo fuera perdonado y mientras yo no lo sepa, yo no lo experimento, cuando yo lo sé, lo creo cuento con Él, acudo a Él, le dices al Señor, te recibo, entonces recibir al Señor es algo muy grande. Entonces cuando tú percibes la intuición del Espíritu, Él dice: estoy acá contigo. Hermanos, entonces cualquiera que está ahí, es carne de su carne y huesos de sus huesos, sabes que estás haciendo las cosas en el Nombre del Señor, que no solamente es un movimiento raro ahí que no le ponías atención antes a esa pequeña intuición del mover del Espíritu de Dios, ahora ya entiendes lo que significa qué es el suministro, ahora es Jehová ¡el presente! "he aquí de tu interior me declararé a ti" Entonces la Iglesia va tomando conciencia cada vez más. "Cuán terrible es éste lugar, casa de Dios y puerta del cielo" aún la Iglesia va percibiendo eso cada vez con sacralidad, pero si no sabemos qué es, quien, qué nos da él, qué hace el Espíritu en nosotros, qué significa ese pequeño movimiento. ¡Ay! Hermanos, nosotros no somos conscientes de lo que es, pero lo es. Pero Pablo era consciente, dice: "somos uno con Jesucristo" Y le decía a la Iglesia: "¿acaso no sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡Aleluya! Qué cosa grande es ésta. "En aquél día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, vosotros estáis en mí y yo estoy en vosotros" ¡Gloria a Dios! ¡Amén! No son memorias, no son cuentos, no son películas, es la casa de Dios en cada localidad, el cuerpo de Cristo, el Señor a través de la iglesia, el misterio del matrimonio de Cristo y la Iglesia, de eso se trata las bodas del cordero, eso es cuando por fin el esposo y la esposa se hacen uno, mientras la Iglesia no llegue a esa conciencia de a dos están lejos, pero la iglesia poco a poco va llegando a esa conciencia. ¿Amén hermanos? Lo que Él es, lo que Dios es, se reveló, se manifestó en carne y todo lo logró para la humanidad, para Él, por Él Dios lo santificó. Vamos a seguir Hebreos, para seguir viendo ésta parte. Hebreos 2:11-13: "Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tú nombre," como Él dice nadie conoció al Padre sino el Hijo, primero era, nadie conoce al Hijo sino el padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo y aquél a quien Él lo quiera revelar, o sea, que en la medida que conocemos al Hijo conocemos al Padre, el que conoce al Hijo conoce al Padre, "Si me conocieseis también a mi Padre conoceríais" Qué destino el de la Iglesia tan glorioso, por éste destino vale la pena dejarlo todo ¿Amén? Ahora sigue diciendo así: "Anunciaré a mis hermanos tu nombre" por eso dice: ni al Padre conoce algunos sino el Hijo y aquél a quien el Hijo lo quiera revelar." ¿Qué hace el Hijo? Le da el Padre a sus hermanos, que conozcamos al Padre a través del hijo. Entonces dice: "Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la iglesia, eso que ahí traduce congregación pero en el griego es en medio de la Iglesia te alabaré. Imagínense, es el Hijo alabando al Padre a través de la iglesia, pero nosotros no captamos eso, no tenemos conciencia de lo que es la alabanza, a veces pensamos que la alabanza es que me gusta algún canto y se lo cantamos al Señor, pero no, es el Hijo alabando al Padre a través de su cuerpo que es la Iglesia. Nosotros no venimos al Padre en nuestro propio nombre, ¿se acuerdan del incienso? El incienso tenía machacado algunas especies, esas especies machacadas representan los distintos aspectos de Cristo eso es lo que está expresado, nosotros no vamos directo al Padre, nosotros vamos envueltos en incienso y especies, eso es lo que el Padre recibe, el Padre recibe es al Hijo, o sea, en el Nombre del hijo, nosotros nunca debemos venir en nuestro propio nombre, decir que a mí me gusta este canto porque como yo te estoy alabando ¡no! La Iglesia tiene que tener conciencia de lo que es, la iglesia está en el Nombre del sumo sacerdote, cuando el sumo sacerdote se presentaba al Padre, a Dios, sobre su pecho traía las piedras preciosas, los pectorales, el efod, sobre los hombros, y cuando el Señor Jesús se presenta al Padre en nuestro nombre o cuando nosotros nos presentamos al Padre en el nombre de Jesucristo, es como si nosotros le habláramos desde el pecho de Cristo, desde los hombros de Cristo, como si tu canto saliera del costado de Cristo, del "achada" de Cristo, Dios ve a Cristo, Dios no te ve a ti, es en el Nombre de Jesucristo, es por la sangre de Jesucristo, por eso dice ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios mediante Jesucristo, siempre acuérdese de eso, al principio, las primeras veces cuando yo abrías las escrituras me parecían tan bonitas esas palabras que en Cristo, por Cristo, a través de Cristo, y yo decía bueno eso es con cariño que uno le dice a Cristo, pero no mis hermanos, ahora ya sé que esto no es poesía es como una transfusión, eso es, es Él que nos va volviendo como Él, es el que se nos da como vida, como alimento. Por eso dice, "…en medio de la Iglesia te alabaré. Y otra vez: yo confiaré en Él. Y de nuevo he aquí" que tremendo este misterio, "he aquí yo y los hijos que Dios me dio". ¡Qué belleza! Es el Hijo presentándole al Padre la Iglesia como sus propios miembros. Dios está tan enamorado de ese Hijo que no quiere que el Hijo se quede como unigénito, Él quiere el unigénito se vuelva primogénito entre muchos hermanos, quiere que ese grano de trigo se reproduzca en muchos que la vida de ese se meta en todos y que hayan muchos como Él. Dios quiere encontrar un cuerpo para Su Hijo, que se reproduzca la vida divina revelada en Él, y que aparezca Dios con Su gloria a través de la esposa de Su Hijo. Y por eso dice, "…he aquí yo y los Hijos que Dios me dio" es decir, cuando la Iglesia está alabando al Padre es miembros de Cristo, somos Hijos, porque el Hijo le presenta al Padre, "he aquí yo", no sólo los Hijos, sino yo y los Hijos que Dios me dio. Bueno, sigue diciendo: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte," entonces aquí vemos para qué Él participó de carne y sangre ¿para qué fue manifestado en carne? Para destruir en la carne todo lo que nosotros habíamos dejado que entrara en la carne; nosotros participamos de carne y sangre, pero, nosotros dejamos que en la carne entrara el mal, entonces él hizo lo contrario, él también participó de carne pero él no dejó que el diablo tuviera nada de él ¿para qué? Para recuperar la carne en su persona, por eso él dice: "el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré con la vida" Él liberó con su carne a la carne, por eso es que nosotros resucitaremos en carne, por eso es que no solo es espíritu, "un espíritu no tiene carne ni huesos como ves que yo tengo", pero ya en carne no es la condición caída sino en la condición resurrecta, en la condición glorificada en la condición de Jesucristo, de él primero, por eso se llama el primogénito de los muertos, primero en resucitar de los muertos, pero él lo hacía para resucitarnos a nosotros, pero para que yo sea resucitado, para que tú seas resucitado, él tiene que resucitar primero, pero Dios para resucitarlo a Él, Él tenía que ser justificado en Espíritu, tenía que demostrarse que realmente Él era el que era y que había vencido, y ser probado, fue puesto a prueba, y ser tentado por toda tentación como nosotros somos tentados, para que entonces habiendo vencido, él dice: y habiendo logrado esto,… a derramar mi Espíritu," él no iba a derramar el Espíritu si él no era glorificado, no podía ser el Espíritu en ese sentido, no que no tuviera ser eterno, no que no tuviera existencia como Padre antes de la fundación del mundo, era en el sentido en que al "agua" no se le ha puesto la leche y los demás elementos. O sea, toda la victoria de Cristo, eso es lo que trae el Espíritu, tomará de lo mío ¿amén hermanos? Por eso es que en la biblia, no se habla solamente del Espíritu de Dios, fíjese, cuando se refiere a la creación, en el libro de Génesis, dice: el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas", Pero antes de la creación, pero ya cuando se refiere a la revelación personal ya no obra por la creación, sino obra la revelación, entonces dice, el Espíritu de Jahvé o del Jehová, el Señor está sobre ti." Se toma como un nombre personal, y como Él es la cabeza y está dirigiendo la obra, aquí en ésta versión no se nota, pero en el griego si se nota, donde dice que cuando Pablo y ellos querían ir a Bitinia, el Espíritu no se lo permitió, él mismo dice: "el Espíritu de Jesús no se lo permitió" ¿Por qué? Porque Jesús es la cabeza del cuerpo, Él es el que dirige a la Iglesia, para eso se sentó a la diestra del Padre, "He aquí toda potestad que está en el cielo y en la tierra; por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones,…y yo estoy por vosotros" Él está dirigiendo a la Iglesia, ese trabajo lo está haciendo Él, Él está constituyendo apóstoles y profetas, evangelistas, pastores y maestros para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para edificar el cuerpo hasta que lleguemos a la unidad, esa obra la dirige el Señor a la diestra del Padre, y por eso es que cuando Pablo está de acá para allá dice: el Espíritu de Jesús, (min.1:08:21-23) Pero ya en romanos y en otros pasajes ya Pablo habla del Espíritu de Cristo; cuando nosotros decimos el Espíritu Santo, Él sólo, antes de la fundación del mundo, bueno, ahí tenemos digamos el vaso de agua, pero entonces hubo algo que Dios hizo con el verbo, el verbo fue el destinado a encarnarse para traer a la divinidad en contraste y para asumir la humanidad, entonces cuando el verbo asumió la humanidad hubo un elemento nuevo en el verbo pero no en su divinidad, porque la divinidad es completa en sí misma, nada se le puede añadir a la divinidad, pero dice que Dios al Señor Jesús lo hizo Señor, dice: "Y por cuanto se humilló hasta lo sumo, Dios lo exaltó hasta lo sumo y le dio autoridad sobre todo nombre, el nombre de Jesús, sobre toda rodilla que está sobre los cielos y en la tierra para la gloria de Dios Padre" Entonces Dios lo hizo algo, lo hizo Señor ¿no era acaso Señor antes, por qué lo tuvo que hacer Señor? Porque Dios se enseñorea de todo, pero ahí dice que como Hombre señorea, ahí aparece el primer hombre que Dios quería fíjate; Dios quería que el hombre señoreara, y ahí aparece el primer Señor. Pero dice aquí en Hebreos, sigamos leyendo Hebreos 2:5- "Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, esto lo vemos para entender qué tipo de señorío es el que Dios le dio al hombre y que no aparecía en el hombre, pero que ya apareció en el Hombre, pero hay que aparecer en los demás hombres unidos a éste Hombre. Por eso se llama el Hijo del Hombre, entonces dio al Hombre para realizar al hombre en él, para dárnoslo de comer, para asimilarlo, nos alimentemos de él y vivamos por él. Entonces dice: "¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, O el hijo del hombre, para que le visites? Le hiciste un poco menor que los ángeles, Al principio, antes de ser glorificado, un poco menor, aunque el hijo cuando se humilló era un poco menor que los ángeles, pero ahora le dio más excelente nombre que los ángeles, o sea eso fue hecho cuando lo hizo Señor ya definitivamente. Entonces, "Le hiciste un poco menor que los ángeles, Le coronaste de gloria y de honra, note que cuando ésta palabra, escrita por el salmista que cita el autor de los hebreos se refería a los seres humanos en general, no sólo al Hijo, sino para todos los hombres, pero el primer hombre que logró el destino que Dios tenía para todos los hombres fue el Hijo y el Hijo lo logró a favor de los demás hombres, los seres humanos, o sea la Iglesia. Entonces dice: "Le hiciste un poco menor que los ángeles, Le coronaste de gloria y de honra, Y le pusiste sobre las obras de tus manos; Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía, ahora en este tiempo nosotros, no vemos que todas las cosas le sean sujetas." O sea, a los demás, al género humano, pero si vemos a aquél que primeramente fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos," y ahí si sigue hablando de que todo eso lo hizo él por nosotros. Para nosotros. v.10 "Porque convenía a aquél por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, éste es el misterio de la piedad, por eso termina recibido arriba en gloria. Mire cuando Él lo recibió personalmente Él sólo, no terminó el trabajo, no; ahí fue cuando terminó el ministerio terrenal de Él, pero ascendió comenzó su ministerio celestial, y ¿Cuál es ese misterio celestial? Muchas cosas, pero entre esas, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a todos tus enemigos por estrado de tus pies. Y el último será la muerte. Y cuando esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra bien escrita, solo vives la muerte en victoria. Ya comenzó la vida en mi cuando Cristo resucitó, pero Cristo es las primicias; luego los que somos de Cristo esperamos su venida, luego el fin cuando entrega el reino y cuando también la creación será libertada de la esclavitud y la corrupción a la semejanza de los hijos de Dios, por eso dice que la creación gime a una esperando la manifestación de los hijos de Dios, ya somos hijos de Dios dice Juan, pero todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser , y entonces ¿qué estamos haciendo? Pues alimentando el nuevo hombre, "el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida… y yo le resucitaré en el día postrero" yo no sé si los hermanos al tomar la cena del Señor tienen esa conciencia de que están alimentando su propia resurrección "el pan que yo daré es mi carne el cual yo daré por la vida del mundo, el que come mi carne… tiene vida y yo le resucitaré en el día postrero". Hemos heredado la tradición protestante que habla de símbolo o la católica que habla de la transustanciación, y nos discutimos de paradigmas bajas que es símbolo que transustanciación y la vida del discípulo no es transustanciación porque la vida lo que está es dándonos al Hijo para convertirnos en su cuerpo, para ser partícipes de su vida, semejantes a Él y le veremos tal como Él es, y seremos a semejantes a Él porque le veremos tal como Él es. Eso es lo que Él está haciendo, entonces la iglesia desde la próxima vez que celebremos la cena del Señor, digamos: ¡Señor, que gran cosa es ésta! Pero fíjese que en la transustanciación es un paradigma demasiado bajo, por ejemplo: ¿un símbolo puede resucitar o puede resucitar? Hermanos, tenemos que tener conciencia que el símbolo simboliza a alguien, no estamos participando solamente del símbolo aunque lo sea sino del simbolizado, eso es discernir el cuerpo, discernirlo detrás de las apariencias. Y cuando tú estás comiendo del pan, sí estás comiendo del pan pero el que se está dando a comer es Él mismo, Él dijo "el que come mi carne y bebe mi sangre" el que me come a mí, vivirá por mí como yo vivo por mi padre, el que me come vivirá por mí. Y ¿qué es la transustanciación? La transustanciación, es decir, de que el pan y la especie de la vid nada se convierte en el cuerpo de Cristo, entonces la biblia no dice que se convierte ni dice que simboliza, entonces los hermanos protestantes, no todos sino los de la línea de "S" que porque no todo el protestantismo ha enseñado solamente lo del símbolo, la línea de Pedro y David, ellos enseñaron la presencia real, pero la línea de "S" ella fue la que enseñó que era sólo un símbolo, entonces los hermanos se pelean que es sólo un símbolo pero en la biblia tu no encuentras que sea un símbolo al respecto de eso en ninguna parte, Jesús no dijo: esto simboliza, y tampoco dice esto se convierte; y los católicos se pelean con los protestantes porque o simboliza o se convierte, pero Jesús no dijo eso, lo que Él dijo es que "el que me come a mí tiene vida eterna, como yo vivo por el Padre", el que me come, o sea Él se dio a beber y a comer; porque todo lo que Él logró en sí es para ti. Hermanos, nosotros debemos remontarnos mas atrás del siglo XVI, y dejar los sentimientos y temores del siglo XVI y los perjuicios que hemos heredado de la reforma, no; nosotros tenemos que ir a la Palabra, a la Palabra misma antes de que empezara "Montescarlo" a hablar de tal cosa, a predicar y discutir sobre la transustanciación, que si y que no; esa fue la edad media apenas, entonces en la edad media unos se fueron a un toro y a causa de la transustanciación entonces adoraron la ostia con culto, la "treutico" de adoración entonces, lógicamente los protestantes reaccionaron diciendo que no, que eso es simbolizado y que no se le puede adorar a la vida, o sea a la ostia, pero eso empezó fue a causa de la edad media, nosotros debemos remontarnos más atrás de la edad media, irnos a las palabras de Jesús, a la realidad de Jesús, a la práctica de los apóstoles ¿qué decían los apóstoles? El pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? La copa de bendición que bendecimos ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? O ¿tú puedes explicar o entrar en discusión sobre la transustanciación o por símbolo? No hermanos, esa no es la clave ¿cuál es la clave? El dispensarse de Cristo, del suministro del Espíritu de Jesucristo, obteniendo todo lo que es de Cristo, eso es lo importante. Un símbolo no te resucita, es el simbolizado el que te resucita. Uno sólo participa del símbolo, no digo que no lo sea, pero participar del simbolizado ésa la clave, lo importante es su presencia real. Habían de las discusiones en el tiempo de la reforma, esas tres posiciones la de la transustanciación de unos de trento, o sea el concilio de trento, la de simbolización que era de la línea de "S" y la presencia real era la línea central de los reformadores, la de Pedro y ellos, eso ha continuado hasta el día de hoy, por ejemplo: la línea del hermano Nee, entonces ellos hablan de la presencia real sin mencionar la palabra transustanciación, que se refiere que el pan se convierte en; Jesús no dijo que el pan se convierte, Él dijo que el pan era su carne, porque el Hijo dice, el pan que yo daré esa es mi carne, Dios es el pan, la cual yo daré por la vida del mundo. Lo que hay que percibir es el espíritu del sentido, la vida, la realidad, nosotros nos centramos en el hombre exterior discusiones por afectos y tradiciones recientes, lo que hay que percibir es el Espíritu, con tu espíritu es que hay que discernir de que el Señor vive, y que porque Él vive tú vives, lo que Él logró es para ti, por eso es que Él se presenta como el alimento nuestro, como el pan del cielo, "éste es el pan que bajó del cielo y da vida a los hombres el que comiere de este pan vivirá eternamente". ¿Cuál es éste pan? Él es este pan, Él se representó en el pan, tomó el pan y dijo: "éste es mi cuerpo que por vosotros es partido, tomad y comed todos de él", esas eran palabras duras para la gente de las sinagogas, cuando él decía eso, y decían pero ¿cómo? La carne se pregunta ¿cómo es que puede darnos a comer su carne? Él no explicó nada, Él dijo: "mientras está la luz con vosotros… veréis la luz del oriente sobre este mundo" así que él no dio explicaciones, porque él no está hablando para la mente natural, Él está haciendo vida a nuestro espíritu, a nuestra alma y también a nuestro cuerpo. Porque dice: "el espíritu de aquel que le levantó de los muertos a Jesús, mora en vosotros vivificará a vosotros también vuestros cuerpos mortales" por su espíritu que mora en vosotros. Entonces, el Espíritu toma lo que es del Señor, por eso es que el óleo de la unción tenía mica, tenía canela, cálamo, acacia, todos esos representando los elementos de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, y ¿quién traía esas especies? pues el óleo, el aceite, ese aceite representa el Espíritu en su estado eterno, pero su función de tomar lo de Cristo y trasmitirlo es cuando se le añade la acacia, se le añade al óleo el cálamo, la canela; es lo que está dando el ejemplo aquí, dice que se le va añadiendo; por eso es que Juan dice que el Espíritu aún no era, no que no existía, porque vemos que aún antes de ser purificado el mismo Cristo fue concebido por el Espíritu Santo ¿Pero en qué sentido dice el Espíritu "no era"? En el sentido de que todavía no tenía la glorificación de Cristo para trasmitírnosla, por eso era necesario que Él fuera glorificado, si Él no habría venido, dice esa traducción, porque él no había sido glorificado, pero cuando fue glorificado, ya la humanidad llegó a su máxima posibilidad en su persona, ¡vemos a Jesús coronado de gloria y de honra! Y en Él la humanidad fue glorificada. Para eso Pablo dice: Nos glorificó, ya es un hecho, ya no falta nada, ahora lo único que tenemos que hacer es creer, "el que oye y cree… me invoca a mí, de su interior correrán ríos de agua viva" ¡Aleluya! Es nuestro evangelio, es la administración de Cristo, de la gracia, es el Espíritu, no tenemos que enredarnos en discusiones Bizantinas, lo que hay que captar es la vida, el suministro, el poder, el alimento, la provisión, la ascensión. Eso es lo que quiere decir alimentarse. Por eso lo dice San Pablo: instruido por las palabras de Dios, ¿no dice nutridos? pablo le escribe a Timoteo como nutridos, no sólo instruidos, claro que también instruidos, la palabra es redargüir, enseñar, preparar, etc., pero Pablo utilizó la palabra: nutridos. ¿Qué es lo que es nutrir? Es el pasar todos los ingredientes, todos los alimentos; vamos a seguir con el ejemplo del vaso de agua con leche y malta y etc. Hay elementos, que podríamos llamarle en forma de parábola antibióticos, o sea, que los antibióticos los que en aquellos ingredientes donde encuentran una cosa maligna, la destruyen, destruyen lo maligno, y las vitaminas y proteínas son las que suplen lo que sirve para la vida, o sea que hay partes que quitan lo negativo y partes que suplen lo positivo. Entonces, necesitamos para la vida, vitaminas; para nutrirnos, proteínas; pero para los gérmenes, virus, bacterias; antibióticos. Bueno ¿por qué tenemos que concentrarnos en Cristo, en la obra de Cristo, por qué es que el evangelio se centra en la cruz y en la resurrección? Porque en la cruz fue donde el Señor Jesús fabricó todos los antibióticos ¿se da cuenta? Hay que atacar todo lo negativo; fabricó todos los antibióticos cuando se puso la cruz, fue hecho pecado, fue hecho maldición, el mundo fue crucificado con él, el viejo hombre, todo eso fue terminado con Él. Ahora el Espíritu contiene mirra, el óleo trae mirra, es decir, el espíritu nos trae lo que Cristo logró en la muerte. Cuando nos encontramos con ese germen, cualquiera que sea nosotros ya sabemos que el espíritu de Cristo tiene mirra, entonces eso quiere decir que tiene la victoria sobre la muerte, sobre el pecado, sobre el diablo, sobre el mundo, sobre la carne. Todo germen ya lo venció Cristo, Él y ahora el Espíritu trae eso, el Espíritu le aplicó muerte, ahora es muerte que ya está hecha en la cruz de Cristo; se la aplica a todo eso. Pero si no, tú tienes que hacer tú sólo y ¿cómo vas a hacerlo? Pero también necesitamos lo positivo, o sea las proteínas, las vitaminas, eso es lo que proviene de la resurrección, porque la cruz es para quitar lo viejo y la resurrección es para sustituir lo viejo con lo nuevo; entonces, lo viejo tiene que ser quitado, tiene que ser enfrentado, que viene de esos antibióticos, es decir, la mirra es del aceite, el Espíritu trayendo lo que Cristo logró en la cruz, por eso hay que ver qué logró en la cruz Él; por eso hay que detenerse en eso, en Cristo, en su persona, su obra en la cruz y la resurrección. Ese es centro del evangelio. Dice Pablo: "Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado,… que si permanecéis en él sois salvos;… primera vez que les enseñé que Cristo, ahí está la persona pero bueno,… por nuestros pecados conforme a las Escrituras;… fue sepultado y que resucitó al tercer día,… y apareció" ese es el evangelio. Entonces, la persona de Cristo en su muerte y en su resurrección, la Iglesia, nosotros tenemos que tener ese evangelio, lo que Cristo hizo en la cruz y en la resurrección, estamos viendo el misterio de Dios el Padre y de Cristo en su persona, ahora el Misterio de la Piedad es la obra de Cristo, y el evangelio es lo que hizo en la cruz, en la resurrección, lo que nosotros logramos, lo que el Espíritu trae, el misterio de la fe, todo; conseguido, es el plan de Dios, por Cristo. Dice efesios 3:10-11 "conforme al propósito eterno he hizo en Cristo Jesús" viene hablando de la iglesia, pero luego dice que el propósito de Dios para con la Iglesia ya lo hizo en Cristo. Efesios 3:10-11 Ahí se muestra el lugar central de la iglesia como cuerpo de Cristo, pero el logro de todo lo que necesita la iglesia. Dice que Pablo: "…anunciado el evangelio y de las inescrutable riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cual sea, la economía o dispensación, del misterio desde los siglos en Dios…" ¿para qué era todo esto? Dice: "Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora, es decir, desde el nuevo testamento en adelante, dada a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,… conforme al propósito eterno que hizo en Cristo" Entonces fíjese, que el propósito eterno de Dios es dar ese lugar central a la Iglesia como canal de la manifestación de Dios, incluso a los principados. Pero eso dice que ya ese propósito eterno ya lo hizo en Cristo. O sea que Cristo es el hombre que Dios quiere, cuando Dios dijo hagamos al hombre estaba pensando en algo así como Cristo a la diestra del Padre. Entonces vemos Génesis, y nos olvidamos de la ascensión de Cristo, Génesis está representado por la ascensión de Cristo, como vemos en Hebreos 2, Hebreos 2 relaciona a Génesis con la ascensión de Cristo, no sé si se dieron cuenta cuando lo leímos. El lugar de la expresión de la gloria de Dios, es decir, la sabiduría de Dios es manifestada por medio de la iglesia, o sea desde ahora ¿por qué desde ahora? Porque la nueva creación comenzó desde ahora, desde la resurrección de Cristo, sólo que apenas va en nuestro espíritu y está pasando a nuestra alma y va a llegar a nuestro cuerpo, cuando aparezca en nuestro cuerpo será glorioso; pero eso que aparecerá en nuestro cuerpo ya está en nuestro espíritu esa es la regeneración. Desde el interior correrán hacia el exterior, o sea, lo que Cristo logró en Él ahora lo toma el Espíritu a tu espíritu y te dice qué hacer, esa es la regeneración, ahora de tu espíritu circula a tu alma que estamos entre la renovación y luego en un abrir y cerrar de ojos aparecerá en tu cuerpo y esa es la adopción o glorificación, serás semejante a Él resucitado. ¡Hermanos el primogénito! ¡Gloria a Dios! Ése es el bien de Dios. Hay que ver al Señor. Mira la relación de Hebreos 2 con Génesis 1, el propósito de Dios con el hombre está relacionado con la ascensión, o sea la ascensión de Cristo a la diestra del Padre en gloria hecho Señor es el comienzo del cumplimiento del plan de Dios con el hombre. Cuando Dios dijo: "hagamos al hombre nuestra imagen y semejanza y… señoree", eso era lo que estaba pensando. Pero luego el hombre comenzó, bueno, fue puesto a prueba, Génesis dice que fue puesto a prueba; dice en uno de los profetas que Adán traspasó el "pacto", es decir, había un pacto, o sea que fue puesto a prueba y aquí está la vida de Dios para que el hombre coma de Dios, del árbol de la vida; y entonces la vida empiece a aparecer en el hombre, y el hombre empiece a ser glorificado con la vida de Dios, lo que Dios iba a suplir en el hombre. Pero aquí está el vivir por sí mismo, independiente de Dios, por el árbol de la ciencia y el conocimiento, separado de Dios, muerto. Ahí está el hombre, puede vivir dependiendo de Dios o puede vivir independiente sin dejar a Dios vivir en él y el vivir en Dios, el hombre escogió vivir independientemente. Cayó el hombre. Pero el plan era que el hombre comiera del árbol de vida divina; esa palabra que dice ahí en Génesis, "y te daré a comer del árbol de la vida" es de la vida divina quiere decir comer del árbol vivo de la vida divina. O sea que el plan de Dios era que el hombre comiera a Dios, que dios fuera digerido por el hombre. Mira cuando tú comes, tomates, zanahorias, remolachas, te pones "coloradito", te vas pareciendo a lo que comes; lo que comes te constituyes. Bueno, Dios quiere que nos lo comamos a Él, para comérnoslo fue que se hizo fruto, se hizo vid; la vid es algo tan cercano para comer, quizá está ahí a la mano para comer, para que nos alimentemos de Dios, el árbol de la vida es la vid verdadera que es Cristo, por eso es que el árbol de vida que está al lado y lado del río y desciende por toda la nueva Jerusalén. Si fuera un árbol como un eucalipto no puede estar al lado y lado del río, pero como es una vid, puede estar al lado y lado del río y descender y descender y multiplicarse y esas ramas y pámpanos de la vid, es la iglesia, y la vida de la vid es Cristo; Él es nuestra vida, por eso dice que cuando Cristo nuestra vida se manifieste vosotros seréis manifestados también con Él en gloria. Entonces fíjese, Él es la vida porque dice: "porque yo vivo vosotros vivís", pero fíjese que la biblia habla de la manifestación gloriosa, dice: "ahora ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él porque le veremos tal como Él es", o sea el Señor físicamente viene del cielo a la tierra pero espiritualmente viene desde el interior hasta el exterior. Es como una "crispeta" que es como una florecita blanca, la gloria de esa crispeta la tiene adentro en la semilla, ahí está la vida, todo el potencial de la vida de la crispeta está ahí adentro, y ¿qué está haciendo la crispeta? Bueno, está en el fuego y en el aceite así como estamos nosotros ahora, pero ¿para qué es eso? Para aflojar la cáscara de ese hombre exterior para que de pronto en un abrir y cerrar de ojos ¡pum! Explota la crispeta, así es, esa será la transformación, la resurrección. Pero esa vida ya está aquí en nosotros, ya somos resucitados en espíritu, estamos en lugares celestiales en espíritu dice la biblia. Ahí estamos viendo las provisiones de la cruz y hay que ver las de la resurrección, las de la ascensión, las de la afiliación, por eso no podemos no concentrarnos en Cristo, porque en Él está todo, todo lo que Él es en sí es para nosotros, de Cristo es que viene el Espíritu y del Espíritu es que viene la aplicación a la Iglesia y de la iglesia es que surge el reino y la gloria aparece en la iglesia, pero la gloria ya apareció en uno. Volvamos a leer Hebreos 2, para que mis hermanos vean eso que les dije de la relación de la ascensión de Cristo con génesis, porque en génesis hizo al hombre "a nuestra imagen, de expresar a Dios, a nuestra semejanza, es decir, a fin con Dios y señoree". Para hacer el señorío, la autoridad del Nombre de Dios con nosotros, sin ser el hombre Dios, Dios vive su vida en el hombre, Dios participa Su señorío con el hombre, el hombre es el guante de Dios. Pero cuando el hombre fue puesto a prueba para alimentarse de Dios, contenedor de Dios y expresión de la vida de Dios y canal de la autoridad de Dios, él perdió la prueba, traspasó el pacto. Dice: "y vosotros con Adán traspasáis el pacto" dice también el Señor a su pueblo con los profetas, creo que es en Oseas. Entonces, el primer hombre cayó, ahora se necesita un segundo hombre que venga, manifestado encarne, como el primero que fue tentado, que fue probado, para eso fue toda la historia de Cristo, para eso es que está el evangelio de Mateo, Marcos Lucas y Juan, para eso es, para ver Sus pruebas, el dijo: "vosotros que habéis estado conmigo en mis pruebas" ¿para qué fue toda la historia de Cristo, por qué no apareció así como todos esperan que el Mesías va a aparecer? Claro, cuando venga en la segunda venida si, porque ya la gloria fue manifestada, pero la primera venida de Él es para convertirse en alimento, convertirse en cordero; pero el cordero había que comérselo. Génesis 1:26 y Hebreos 2:5, es que dice: "Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; pero alguien testificó en cierto lugar, ahí está citando el Salmo 8:4-6 éste es el Salmo de David donde dice: "¡Oh Jehová, señor nuestro, cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! Has puesto tu gloria sobre los cielos; de la boda de los niños y de los que maman fundaste la fortaleza, a causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo. Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, Digo: ¿Qué es el hombre, y de ahí es donde cita Hebreos, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Les has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ellos, y así mismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar. ¡Oh Jehová, señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!" Ahí David se está acordando de génesis, David ha leído génesis y David se está acordando del puesto que Dios le dio al hombre en génesis, cuando mira la riqueza de la obra de Dios dice pero ¿qué es el hombre para que lo corones? O sea que David que está diciendo en el Salmo 8 se lo inspiró génesis, pero el cumplimiento pleno de génesis interpretando a David por el Espíritu Santo, el autor de hebreos dice: Jesucristo. Cuando después que el autor de los hebreos leyó el salmo del cual David habló pensando en génesis, el autor a los hebreos ahí dice: "porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él" ¿quién es éste él? El hombre que está citando del salmo que David cita en base a génesis, en génesis donde dice que señoreará sobre los peces, las aves, los bueyes ¿amén? Eso es lo que recuerda David, porque ¿de dónde va a sacar David esa posición tan exaltada del hombre? De génesis, y ahora hebreos lo saca desde David, pero hebreos lo interpreta cumplido en Jesús ascendido ¿ven? O sea que el cumplimiento de génesis verdadero el "hagamos al hombre a nuestra imagen,… y señoree" es a Jesucristo, pero no solo a Jesucristo, porque Jesucristo es el primero, pero el misterio de Cristo consiste en el cuerpo de Cristo, que Dios quiere reunir en Cristo todas las cosas y en ese Cristo, alrededor de cual Él se propuso, reunir todo a sí mismo, "tuvimos herencia, coherederos con él", Él es el precursor el primero, por eso era que cuando había que trasladar el arca, el arca iba cubierta de azul por fuera, lo demás todavía iba cubierto de pieles de tejones, porque nosotros todavía estamos en la carne adámica, pero seremos semejantes. En cambio, Él ya la vida celestial apareció afuera, por eso es que el arca tiene por fuera el paño azul, pero los demás tienen por fuera pieles de tejones, animalitos silvestres comunes y silvestres, pero en cambio él no, la humanidad de él ya fue glorificada por eso sobre las pieles de tejones aparece el paño de azul, porque Él es el precursor, Él es el primero por eso se le llama el primogénito de entre los muertos, pero del primero quiere decir que hay segundos y terceros, es decir, que hay hermanos; él es el grano de trigo. Él dijo: "el reino de los cielos es semejante a un hombre que siembra la semilla en el campo, ¿y cuál es la semilla? La palabra ¿Quién es la palabra? el verbo encarnado, entonces dice que el siembra la semilla y dice que crece sin que él sepa cómo, y dice al otro día ya hay ahí, como decir, un brotecito, luego hojitas y luego grano lleno en la espiga, es decir, la vida empezó a crecer en la historia de la iglesia, la vida de Cristo va a pasar a la iglesia, edificando la vida de la Iglesia, hasta que al final a la hora de la cosecha, de la boda, el grano llega a ser como el primero, igualito; solo que muchos. Entonces, primero había que trabajar con el primero, pero a ese primero hay que reproducirlo, entonces tenía que morir. Viendo ya las provisiones de la cruz, vemos que los aspectos de la cruz es para que los aspectos de la vida fueran liberadas para que el grano de trigo se muriera y del germen brotara y diera tallos, y el tallo hojitas, y las hojitas como granitos y los granitos van madurando y cuando el grano está maduro, se mete la oz porque la ciega ha llegado. Así que la iglesia debe madurar a la medida a la estatura de la plenitud de Cristo, para eso existe la iglesia, para eso es el ministerio de los santos, "para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio para la edificación del cuerpo hasta que todos lleguemos ¿a qué? A la unidad e la fe, del conocimiento del hijo de Dios a un varón perfecto", ese varón perfecto fue primero agradable, fue el primer grano de trigo, pero ahora ese, fue sembrado y su estatura y su plenitud fue dada a la Iglesia porque el cuerpo es de Él, es el resto de Él, es el resto del misterios. El misterio de Cristo es el cuerpo de Cristo. Entonces, el misterio de la piedad del Señor "manifestado en carne" no termina en el Señor Jesús, por eso el "recibido arriba en gloria" está al final, después de "predicado a los gentiles" quiere decir que el verdadero Cristo del misterio escondido,como ya lo vimos acá que dice en colosenses: "Cristo en vosotros la esperanza de gloria", que el Señor aparecerá en gloria a través de la iglesia; es que a veces esperamos la aparición del Señor en gloria sólo en su luz, pero Él aparecerá en gloria en la iglesia. Vamos a 2 Tesalonicenses 1:10 "Cuando venga en aquél día para ser glorificado en sus santos, Él ser glorificado pero en sus santos, y ser admirado, pero ¿en quién? en todos los que creyeron" ¡Aleluya, esto es una cosa tremenda! "Ser glorificado en su santos,… ser admirado en los que creyeron" o sea que la venida del Señor es doble, en lo exterior es como hombre, viene a la diestra del Padre en las nubes, pero espiritualmente Él desde adentro aparece, dice: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios,… cuando Cristo vuestra vida se manifieste, allá, vosotros también seréis manifestado, con él en gloria". Porque Él fue glorificado para que nosotros seamos glorificados. "Vendré y los tomaré a mí mismo" entonces acerca de esto, cuando más adelante nos detengamos en ese punto de "recibido arriba en gloria" vamos a ver lo relativo al hijo varón, al varón que pare la iglesia, que está esperando un varón, entonces decimos ahora, "lloráis y lamentas mientras el mundo se alegra, pero la iglesia va a dar a luz un varón la arrebatada del Señor. Entonces fíjese, 2 Tesalonicenses 1:10 "cuando venga, Él, en aquel día, Él va a ser glorifica ¿acaso no lo es ya? Él en sí mismo ya lo es, pero lo va a ser en sus santos. Por eso es que Pablo hablaba de un misterio que después tenemos que ver más adelante, dice: magnificar al Señor en el cuerpo, dice: "Cristo es magnificado en mi cuerpo" esa es una expresión de Pablo, Cristo es magnificado ¿Qué es magnificado? "Magno" quiere decir grande, por ejemplo, Gregorio el grande, quiere decir agrandar, es decir, el engrandecimiento de Cristo que va apareciendo en su pueblo, en sus hijos y apareciendo Él y ellos en Él van creciendo y son el misterio de Cristo, es el Cristo corporativo, por eso en la nueva Jerusalén la esposa teniendo la gloria ¿Dónde se ve la gloria de Dios? en la nueva Jerusalén. Primero que era como jaspe, era el que estaba en el trono, pero la que brillaba como jaspe era la esposa y ella era diáfana como el cristal transparente, porque a través de ella pasaba la gloria de Dios, volaba. Eso es lo que Dios quiere hacer y está haciendo en nosotros haciéndonos transparentes es quitando todo lo oscuro nuestro, lo vergonzoso lo vil, lo que nos distorsiona, porque él nos diseñó para expresarlo a él pero por la caída nosotros nos distorsionamos, entonces Él trabaja y trabaja para hacernos diáfanos como el cristal transparente, hasta que Él sea visto en nosotros, sea formado en nosotros ¿cómo es formado en nosotros? Por el Espíritu y ¿por qué el Espíritu lo forma en nosotros? Porque el espíritu trae todo lo que es de Él y nos lo va pasando. Entonces en lo que necesitamos concentrarnos es en quién es Él, en qué ha vencido, en cómo venció, porque eso es lo que el Espíritu te hace consciente, y cuando lo crees, cuentas con Él y cuando cuentas con Él no serás avergonzado "el que en mí creyere, no será avergonzado" si crees ahí cuentas con Él, ahí se hace efectivo, si tú crees cuentas con Él y no eres avergonzado. Por eso hermanos Cristo es lo central del misterio de Cristo. Hay algunos versos para terminar de ver, Hebreos 2:8 "Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía, ese todavía, ya no es en la persona de Cristo sino en el resto de los hombres, pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. ¿A quién? Al hombre, Dios hizo al hombre para sujetarle las cosas, entonces ahora no vemos a los hombres en la posición de Cristo, pero si vemos a Cristo como precursor. Dice: "pero todavía no vemos que las cosas le sean sujetas" al hombre no pero a Cristo sí, ¿acaso no le obedecía el mar, los muertos resucitaban, los enfermos se sanaban, los demonios salían despavoridos? Porque en Cristo si se ve al hombre señoreando en el nombre de Dios, en Jesús. Pero en el resto de los hombres apenas ahora, dice en Hebreos que poco a poco vamos siendo partícipes de los poderes del siglo venidero, ahora el Señor va añadiendo, va dando anticipos a la iglesia. El Espíritu es las arras de la herencia, ese es el anticipo, pero la herencia completa es cuando veamos toda la creación sujeta al hombre, como a Cristo. Dice: reinará con vara de hierro, regirá y serán sacerdotes de Dios y harán milagros, entonces será todo manifiesto. Pero ese germen ya está, no importan que todavía no puedas cosechar, tienes la semilla, ya tienes la plantita y ya está la vida, ahora hay que seguir regando esa plantita, luego tiene ramitas, hojitas y florecitas, luego empiezan a salir manguitos verdes, porque todavía somos muy verdes, cualquiera que nos coma no somos muy dulces todavía, no somos ninguna pera en dulce para nadie, nosotros somos difíciles de tragar por ahora, pero cada vez será diferente, cada vez seremos más dulces, más jugosos, ¿amén? Con más vida, y cuando el grano es maduro llega la ciega, y se mete la oz, eso es lo que está pasando. Entonces hermanos, si se dan cuenta por esto, que génesis se relaciona con la ascensión, que la ascensión de Cristo es el comienzo, no la plenitud, el comienzo del cumplimiento del propósito de Dios en génesis, cuando la trinidad tuvo consejo y dijo: "hagamos al hombre a nuestra imagen conforme a nuestra semejanza" ¿Cuál es la imagen, acaso no es Cristo? En gloria, cuando vemos a Cristo vemos la gloria de Dios y Él es el primogénito entre muchos, todavía no vemos a los muchos, pero vemos al primogénito y el primogénito está formándose en los muchos. Dice: "vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, eso era antes de ser glorificado, a Jesús, coronado, ahora si lo vemos a Él, coronado de gloria y de honra" y nota que usa la misma frase de David: le coronaste de gloria y de honra. Entonces el autor a los hebreos dice que esta coronación es la ascensión de Cristo, la glorificación de Cristo. "Vemos a Jesús coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos". Entonces luego dice que si convenía que hiciera todo eso ¿para qué? Para nosotros porque "habiendo de llevar muchos hijos a la gloria", entonces tenía que pasar por eso. Ahora saben que esos hijos, cuando veamos más detenidamente la obra de la resurrección, vamos a entender que la resurrección fuimos reducidos como los hijos de Dios para la gloria y ahora ya somos los hijos de Dios ya todo nuestro potencial está alcanzado en Cristo. Y ahora como hijos de Dios tomamos de Cristo, gracia sobre gracia, como aquella planta que va produciendo el grano. Como él ascendió en las nubes, también nosotros ascenderemos en las nubes, dice que cuando el Señor venga seremos arrebatados para recibir al Señor en el aire, ahora ¿Qué nos sustentará? la resurrección de Cristo, Cristo ascendió y como Él es nuestra vida, por su Espíritu eso se va reproduciendo en nosotros, en aquél día experimentaremos la ascensión nosotros, pero desde hoy tenemos el anticipo por el Espíritu; después cuando veamos las provisiones de la ascensión ¿amén hermanos? Yo creo que podemos parar aquí para poder ver después más detalles. Pero por lo menos pudimos ver la razón de la semejanza de Dios, el misterio de la piedad, Dios manifestado en carne y todo lo implicado, no vimos todo pero gracias al Señor. Transcripción: Patricita Iafrancesco de Antezana.

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