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LINAJE MESIÁNICO

Por Gino Iafrancesco V. - 15 de Abril, 2008, 15:31, Categoría: General

LINAJE MESIÁNICO

 


De manera que siendo el Mesías la Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, según prometió Yahveh Elohim delante de Adam y Eva,[1] Adam engendró a Set en el año 130 de la humanidad,[2] y éste a Enós en el año 235,[3] y éste a Cainán I en el 325,[4] y éste a Mahalaleel en el 395,[5] y éste a Jared en el 460,[6] en cuyo tiempo descendieron los vigilantes a la Tierra y tomaron para sí mujeres engendrando gigantes y enseñándoles diversas perversiones;[7] Jared engendró en el año 622 desde Adam al profeta Enok setita que caminó con Dios, profetizó y fue tomado por Elohim.[8] Enok setita engendró a Matusalem en el año 687,[9] el hombre que mayor edad ha alcanzado en la Tierra,[10] pues Dios era longánime, pues cuando Matusalem muriera, el Diluvio se desataría sobre toda la Tierra. Matusalem engendró a Lamek setita en el 874,[11] y Lamek setita  a Noé en el año humano 1056.[12] Noé, con sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas: Emzara, Sedacatlebab, Nahlatmehoc y Adatnese,[13] sobrevivie­ron al Diluvio el 27 de Zif (Iyyar) del año 1657 desde Adam, cuando salieron del arca.[14]


El Bendito Dios de Sem se revelaría a esta descen­dencia. Sem, pues, engendró a Arfaxad en el año humano 1658,[15] y éste a Cainán II Sala en el 1693,[16] y éste a Sala II en el 1723,[17] y éste a Heber en el 1753,[18] de donde vinieron los hebreos. Heber engendró a Peleg cuando se partió la Tierra Adama o Pangéa y comenzó la deriva de los continentes en el año 1787 desde Adam.[19] Peleg engendró a Reu (Ragau) en el año humano 1817,[20] y éste a Serug[21] en el año 1849,[22] y éste a Nacor I en el 1879,[23] y éste, en el año 1908, a Taré, padre de los tarekitas hebreos[24] mencionados en la ugarítica Epopeya de Keret Refaíta,[25]y padre de Abraham,[26] de cuya Simiente prometida llegaría la Bendición a las familias y naciones de la Tierra,[27] y el cual nació en Ur de los Caldeos cerca al año 1978 desde Adam.[28]


La Simiente de la Mujer sería entonces también la Simiente de Abraham; por lo cual Abraham engendró a Isaak en el año humano 2078,[29] y éste a Jacob I Israel en el año 2138,[30] y éste a Judá I cerca al año 2192,[31] cuyo cetro no sería quebrado hasta que viniera Silo, el Enviado, el Legislador de entre las piernas de Judá.[32] Por lo cual Judá engendró a Fares en el 2256,[33] y éste a Esrom, y éste a Aram cerca al año 2451,[34] y éste a Aminadab, y éste a Naasón, y éste a Salmón,[35] esposo de Rahab la ramera salvada por fe en los dias de Josué, a la caída de Jericó;[36] y Salmón y Rahab engendran en el tiempo de los Jueces a Booz, esposo de Ruth la moabita,[37] pasadas ya las diez generaciones moabitas que no podrían entrar en relación con la congregación de Yahveh, según Deuteronomio 23:3.


Las diez genera­ciones prohibidas a Moab fueron: (1) la de Abraham, en cuyos tiempos,  de Lot y su hija mayor nació Moab; (2) la de Isaak; (3) la de Jacob I Israel; (4) la de Judá I; (5) la de Fares; (6) la de Esrom; (7) la de Aram; (8) la de Aminadab; (9) la de Naasón; (10) la de Salmón y Rahab. La generación (11) fue la de Booz, que sí pudo recibir a Ruth la moabita, nuera de Noemí, según las Cronicas de Samuel, Natán y Gad.[38] Booz y Ruth engendraron a Obed, y éste a Isaí, mencionado en las profecías de Isaías acerca del Mesías. Isaí engendró al rey David, guarda del Cetro de Israel en el año 3200 desde Adam,[39] y éste al rey Salomón y a Natán,[40] según el nombre de su amigo el profeta.


Salomón engendró al rey Roboam en el año humano 3269,[41] y Natán a Matata, y éste a Mainán.[42] Roboam engendró al rey Abiam (Abías), y Mainán a Melea, y éste a Eliaquim.[43] Abías engendró al rey Asa, y Eliaquim meleíta a Jonán, y éste a José I.[44] Asa engendró al rey Josafat, y José jonanita a Judá josita, y éste a Simeón.[45] Josafat engendró al rey Joram de Judá, y Simeón judaíta a Leví I simeonita, y éste a Matat.[46] Joram engendró al rey Ococías de Judá que anduvo en los caminos de Acab y Jezabel, y quien fue muerto por orden de Jehú,[47] y a quien el apóstol Leví Mateo no juzga digno de mencionar en la ascendencia del Mesías.[48] Matat levita de la tribu de Judá engendró a Jorim, y éste a Eliezer.[49] Ococías de Judá engendró al rey Joás de Judá en tiempos del sacerdote Joiada, y Eliezer jorimita a Josué elezierita, y éste a Elmodam.[50] Joás engendró al rey Amasías de Judá. Tampoco Mateo juzgó digno mencionar a éstos, Joás y Amasías de Judá, en la genealogía del Mesías.[51] Elmodam engendró a Cosam, y éste a Adi.[52] Amasías engendró al rey Azarías (Uzías) de Judá,[53] y Adi a Melqui I, y éste a Neri.[54] Uzías engendró al rey Jotam de Judá,[55] y éste al rey Acaz de Judá,[56] y éste al rey Ezequías de Judá, gran restaurador,[57] y éste al rey Manasés de Judá, malo, pero luego arrepentido, engendrado en el tiempo extra de gracia que le concedió Dios a Ezequías por el profeta Isaías haciendo retroceder la sombra diez grados. En ese tiempo de gracia nació el rey Manasés de Judá, antepasado del Mesías.[58] Manasés engendró al rey Amón de Judá,[59] y éste al rey Josías de Judá, también gran restaurador del imperio de la Ley;[60] éste engendró al rey Joacaz de Judá, sustituído como rey por su hermano menor el rey Eliaquim (Joacim) de Judá,[61] según maniobra política del Faraón Necao, pero al cual llevó cautivo Nabucodonosor a Babilonia.[62] Joacim engendró al rey Joaquín.[63]


Éste Joaquín rechazó La Ley. Éste es también Jeconías, y es también Conías; diferentes nombres del mismo personaje. A éste Joaquín Jeconías Conías de Judá llevó cautivo a Babilonia Nabucodo­nosor, y lo sustituyó como rey de Judá por su tio Matanías Sedequías rey de Judá.[64] Entonces comenzó a profetizar el profeta Ezequiel, el cual, a pesar de la cautividad, profetizó también la futura Presencia en el Israel restaurado de Yahveh Presente.[65] Jeremías profetizó que ninguno de los descendientes de Jeconías se sentaría en el trono de Judá, y que sería un hombre privado de su descendencia.[66] No obstante, las Sagradas Escrituras declaran que Jeconías tuvo hermanos.[67] Jeconías murió sin hijos, como lo profetizó Jeremías; por lo tanto, según la ley del levirato,[68] uno de sus hermanos debía tomar a su esposa por mujer y levantarle descendencia. Neri, entonces, su hermano uterino, engendró a Salatiel, hijo de Neri,[69] como si fuese hijo de Jeconías.[70]


Salatiel engendró a Pedaías, y éste a Zorobabel,[71] goberna­dor de Judá, por quien fue restaurada la Casa de Dios en Jerusalem al regresar del cautiverio babilónico.[72] Zorobabel engendró a Abiud y a Resa;[73] Abiud a Eliaquim , y Resa a Joana.[74] Eliaquim a Azor, y Resa a Judá II joanaíta.[75] Azor a Sadoc, y Judá II joanaíta a José I Judaíta, y éste a Simei.[76] Sadoc a Aquim, y Simei a Matatías I, y éste a Maat.[77] Aquim a Eliud, y Maat a Nagai, y éste a Esli.[78] Eliud a Eleazar, y Esli a Nahum, y éste a Amós.[79] Eleazar a Matán, y Amós a Matatías II, y éste a José II matatita, y éste a Jana joseíta, y éste a Melqui II, y éste a Leví I melquita, y éste a Matat Melqui III, y éste a Elí.[80] Por su parte, Matán eliazarita engendró a Jacob II matanita.[81]


El Talmud, Guemará, Orden 2_ Mo'ed, en Haghigha 77:4, dice que Elí matatita del linaje de David fue el padre de María la madre del Señor Jesús Cristo. La tradición dice de María ser hija de Joaquín y Ana.  Por su parte, el historiador Julio Africano (200-245), escribió su  Carta a Aristídes, donde se recoge la explicación misma dada por José III, padre putativo de Jesús, y María su esposa, acerca de sus genealogías, a la iglesia primitiva contemporánea de ellos. José y María explicaron personal­mente a los primeros cristianos que ellos poseían tablas genealógicas privadas, los Despósinoi en el Libro de los Dias, tomadas de visitas a las aldeas de Nazareth, Locoba y demás.


La razón por la cual muchos linajes, especialmente los provenientes de David, tenían tablas genealógicas privadas, era porque el idumeo Herodes II  llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, mandó quemar los registros oficiales para ocultar que él no tenía raíces israelitas; pues a la verdad, su padre Antipas Antipatro fue herido y raptado del templo de Apolo en Ascalón, Palestina, por unos bandidos idumeos, que al no poder cobrar el rescate a su padre Antipas Herodes I, sacerdote de Apolo, lo dejaron entre  ellos donde fue criado en sus costumbres; después Antipatro entabló amistad con Hircano, sacerdote de Judea, y fue su embajador ante Pompeyo. Su hijo, también Herodes como su abuelo, quiso, pues, ocultar este trasfondo quemando los registros oficiales cuando fue nombrado rey de los judíos por Augusto y Antonio. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo suyo,  arregló la cola de paja de Herodes II, llamado el grande, pretendiendo que provenía de "una de las principales familias judías que habían venido de Babilonia".


La Carta a Aristides de Julio Africano pasó a los registros históricos de Eusebio de Cesarea; también  Basilio Magno, Jorge Syncellus y Gallandi  conservaron escritos históricos de Julio Africano, al que también se refieren Orígenes, Dionisio Bar-Salibi, Suídas, Jerónimo y Focio. José y Maria explicaron a los primeros cristianos que Matán elezierita padre de Jacob II matanita, murió dejando viuda a su esposa de nombre Estha; entonces Estha fue desposada por Matat Melqui III engendrando a Elí. Por lo tanto Elí y Jacob II matanita son hermanos uterinos, siendo Estha madre de los dos: de Jacob II matanita del linaje de David por Salomón, y de Elí del linaje de David por Natán. Elí murió sin dejar hijos varones; entonces Jacob II matanita, que ya tenía dos hijos con su propia esposa, según la ley del levirato tomó, en nombre de su hermano uterino Elí,  a la esposa de éste y engendró a José III , esposo de María, y padre putativo de Jesús de Belén y Nazareth. Por lo tanto José III, esposo de María, es hijo legal, según la ley del levirato, de Elí, como aparece en la genealogía registrada por Lucas en su Primer Tratado; pero también José III, esposo de María, es hijo, según la carne, de Jacob II matanita, como aparece en la genealo­gía registrada por el apóstol Leví Mateo en su Evangelio.

Siempre, desde el rey David, estuvo el reino en manos de sus descendientes, incluso durante la cautividad babilónica, pues Nabucodonosor entregó el trono de Joaquín a su tío Sedequías.[82] Ciro el Persa[83] apoyó el gobierno de Zorobabel.[84] Lo mismo hizo Darío el Persa.[85] Pero llegado el tiempo de la primera venida del Mesías para sufrir, según la profecía de Daniel acerca de los 70 septenarios,[86] el trono del rey de los judíos fue usurpado por el idumeo Herodes II, llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, cumpliéndose la profecía de Jacob I Israel, de que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que viniera Silo.

Para esta sección genealógica mesiánica, hemos usado, pues, La Torá, los Nebiim, Los Ketubim, el Evangelio del apóstol Leví  Mateo, el Primer Tratado (el Evangelio) de Lucas, las Antigüedades de los Judios, de Josefo, El Talmud: Guemará: Orden 2° Moed: Haghigha 77:4, escrito por el rabino Asi,  la Carta a Aristides de Julio Africano, y la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.



[1]Génesis 3.15.

[2]Génesis 5:3.

[3]Génesis 5:6.

[4]Génesis 5:9.

[5]Génesis 5:12.

[6]Génesis 5:15.

[7]Génesis 6:1-6; 2 Pedro 2:4,5; Judas Tadeo Lebeo 1:6,7; [1 Enok 6:1 a  9:11]; [4 Enok 6:4 a  8:4]; [1Q20:III:3; 4Q201:III:1-23].

[8]Génesis 5:18,22-24; Hebreos 11:5.

[9]Génesis 5:21.

[10]Génesis 5:27.

[11]Génesis 5:25.

[12]Génesis 5:28,29.

[13][Jubileos 4:33; 7:14-16]; [Al-Tabarí 173, 202, 203].

[14]Génesis  8:14-16. Para una cronología, puede verse la obra de este mismo autor titulada: Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[15]Génesis 11:10.

[16]Génesis 11:12 LXX; Lucas 3:36; He restado 100 años de la LXX para adaptarlo al Texto Masorético.

[17]Génesis 11:13 LXX; Lucas 3:35. Ibid. Ver Cronología en Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[18]Génesis 11:14. Heber; ver el nombre Ibrium, visir de Irkab-Khalam en los Archivos de Ebla. Ver también los Textos de Mari, y la Epopeya ugarítica de Keret refaíta.

[19]Génesis  10:25; 11:16.

[20]Génesis 11:19.

[21]Serug, el mismo nombre Sharugi en los Textos de Harán.

[22]Génesis 11:20.

[23]Génesis 11:22. Nakhur en los Textos de Mari.

[24]Génesis 11:24.

[25]Al respecto puede leerse en el libro de este mismo autor, titulado: Sefer Gitaim; Bogotá, 1998.

[26]Génesis 11:26.

[27]Génesis 12:1-3; Gálatas 3:14-18,29.

[28]Génesis 25:7.

[29]Génesis 21:5.

[30]Génesis 25:26.

[31]Génesis 29:27-35. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[32]Génesis 49:8-12.

[33]Génesis 30:22-24; 37:2; 38:1,18,27-30.

[34]Éxodo 6:20.

[35]Rut 4:18-20; 1 Crónicas 2:5-11; Mateo 1:3,4; Lucas 3:32,33.

[36]Mateo 1:5; Josué 2:1,8-21; 6:22-24.

[37]Rut 4:21; Mateo 1:5.

[38]1 Crónicas 29:29. Según este verso, las Crónicas de Samuel, Natán y Gad abarcan los libros titulados: Josué, Jueces, Ruth y Samuel.

[39]Rut 4:21,12; 2 Samuel 5:4. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[40]1 Crónicas 3:5; Mateo 1:6; Lucas 3:31,32.

[41]1 Reyes 14:21.

[42]Lucas 3:31.

[43]1 Reyes 14:31; 15:1; 2 Crónicas 13:1,2; Lucas 3:30,31.

[44]1 Reyes 15:8-10; 2 Crónicas 14:1; Lucas 3: 30.

[45]1 Reyes 22:41; 2 Crónicas 17:1; Lucas 3:30.

[46]2 Reyes 8:16; 2 Crónicas 21:1, Lucas 3:29,30.

[47]Jehú, 1 Reyes 19:16,17, 2 Reyes 9:2-31; 10:1-36; 12:1; 13:1; 14:8; 15:12; 2 Crónicas 22:7-9; 25:17; Oseas 1:4; ver Obelisco negro de Salmanasar III en el Museo Británico.

[48]2 Reyes 8:25 ,27; 9:27; 2 Crónicas 22:1,3,9;

[49]Lucas 30:29.

[50]2 Reyes 11:2;12:1; 2 Crónicas 22:11; 24:1;  Lucas 3:28,29.

[51]2 Reyes 14:1; 2 Crónicas 24:27; Mateo 1:8.

[52]Lucas 3.28.

[53]Azarías Uzías en los Anales de Teglat-Falasar III.

[54]2 Reyes 15:1; 2 Crónicas 26:1; Lucas 3:27,28.

[55]2 Reyes 15:32; 2 Crónicas 26:23; Mateo 1:9.

[56]2 Reyes 16:1; 2 Crónicas 27:9; Mateo 1:9. Ya-u-ja-si Ya-u-da-a en los Textos asirios de Teglat-Falasar III.

[57]2 Reyes 18:1, 2 Crónicas 28:27; 29:1 a 31:23; Mateo 1:9. Ver la Inscripción del túnel de Siloé, el Prisma Taylor de Senaquerib y el Texto de Nebi-Yunus.

[58]Isaías 38:1-22; 2 Reyes 20:21; 21:1-18; 2 Crónicas 32:24, 33; 33:1-20; Mateo 1:10; ver: Oración de Manasés. Ver Prisma B,54-VI con la campaña de Asaradón; también la Lsta de los reyes de Jatti tributando a Asurbanipal.

[59]2 Reyes 21:18; 2 Crónicas 33:20; Mateo 1:10.

[60]2 Reyes 21:26; 22:1 a 23:23; 2 Crónicas 33:25 a 35:19; Mateo 1:10. Los incidentes contemporáneos a los tiempos de Josías pueden verse en Herodoto.

[61]De Joacim leer en Josefo.

[62]2 Reyes 23:30 a 24:18; 2 Crónicas 36:1-11; Mateo 1:11. Ver Papiro de Adón  pidiendo ayuda a Nabucodonosor.

[63]De Joaquín ver las Tabletas de la expedición de Koldewey, y el Ostracón de Laquis III; también el sello de Bet - Mirsim.

[64]2 Reyes 24:6-20; Jeremías 52:1-3; 2 Crónicas 36:8-11; Mateo 1:11. Ver Sello de Laquis con el nombre de su gobernador Godolías, y la tumba del ayudante de este Jazanías.

[65]Ezequiel 1:1; 3:16; 8:1; 20:1; 24:1,2; 29:1,17; 26:1; 31:1; 33:21; 40:1; 32:1; 48:35. Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.     

[66]Jeremías 22:24-30.

[67]Mateo 1:11.

[68]Deuteronomio 25:5,6.

[69]Lucas 3:27.

[70]1 Crónicas 3:17.

[71]Mateo 1:12; 1 Crónicas 3:19. Zorobabel desciende de Salatiel por Pedaías contado como pariente de Jeconías que murió sin hijos, pero que tomaba su parentela como hermanos e hijos (1 Crónicas 3:16-18).

[72]Esdras 2:2; 3:2,8; Hageo 1:14; 2:2-9; Zacarías 4:9.

[73]Mateo 1:13; Lucas 3:27; 1 Crónicas 3:19,29 (Abiud = Hasuba; y Resa = Jusab-Hesed ó Berequías).

[74]Mateo 1:13; Lucas 3:27.

[75]Mateo 1:13; Lucas 3:26,27.

[76]Mateo 1:14; Lucas 3:26.

[77]Ibid.

[78]Mateo 1:14; Lucas 3:25.

[79]Mateo 1.15; Lucas 3:25.

[80]Mateo 1:15; Lucas 3:23-25. Matat Melqui III, uniendo los datos de Lucas y la Carta a Arístides de Julio Africano.

[81]Mateo 1:15.

[82]2 Reyes 24:17; 2 Crónica 36:10 (hermano en el sentido de pariente).

[83]Ciro, Ver la Crónica de Nabonides, el Cilindro de Ciro y los historiafores Beroso, Herodoto, Jenofonte y Josefo. De su hijo Cambises hablan también los Textos de Elefantina.

[84]Esdras 1:1 a 2:2; 3:2,8.

[85]Esdras 4:24; 5:2.

[86]Daniel 9:20-27.

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Gino Iafrancesco V., Bogotá D.C., Colombia, 1998. (Cap.2 de "Historia Cristiana").

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EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO

Por Gino Iafrancesco V. - 15 de Abril, 2008, 15:27, Categoría: General

EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO

 



Dice el apóstol Pablo en su epístola a las iglesias de Galacia (Gálatas 4:4): "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley." Detengámos­nos un poco en lo relativo al cumplimiento del tiempo.

También Pablo escribió a la iglesia en Efeso (Efesios 1:10): "(Dios) se había propuesto en sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." Aquí Pablo, a diferencia de Gálatas, que habla en singular de "tiempo", dice "tiempos" en Efesios.

En Gálatas es "cronos"; en Efesios es "kairós". En Gálatas se refiere, pues, al tiempo en su estructura lineal de sucesión cronológica, los años previstos para la llegada del Mesías en su primera venida, tal como profetizó Daniel. En Efesios se refiere a las diversas maduraciones, a las ocasiones oportunas de los eones o edades o períodos, o como se ha dado en llamar en los últimos siglos: dispensaciones.

De hecho, la humanidad, según Dios, ha pasado por diferentes etapas. Vivió cerca de cien años en estado de inocencia en el jardín del Edén, según se desprende de la fecha del nacimento de Set. Este fue un primer "kairós", una ocasión especial de prueba para el hombre frente al Árbol  de la Vida, y frente al árbol de la ciencia del bien y del mal.

Pero el hombre quebrantó el pacto, como dice el profeta Oseas ( Oseas 6:7), y entró en un segundo período  a partir de su pecado y la subsiguiente expulsión del Edén. Nuevas cosas designó Dios para ellos a partir de allí, tales como la maldición de la tierra y sujeción de la creación en manos de Adam a la vanidad, el comer el pan con el sudor de la frente, los dolores en las preñeces y partos de la mujer, el volver al polvo tras la muerte, un nuevo régimen vegetariano más amplio, la cobertura provisional del sacrificio en espera de la Simiente prometida de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, el nuevo alimento de ésta, el polvo, que es el material con que está hecho el hombre, la autoridad delegada del hombre sobre la mujer, la condición caída de la naturaleza humana ahora vendida al poder del pecado en la carne, el conocimiento del bien y del mal; es decir, el gobierno de la conciencia, la conciencia de desnudez, la culpabilidad que se esconde de Dios, etc.. El gobierno de la conciencia; en este nuevo estado fue ahora un segundo "kairós", una nueva ocasión en circunstancias diferentes para estar delante de Dios, pero bajo la misma provisión de gracia de Dios concedida en la promesa acerca de la Simiente de la Mujer, y ejemplificada en la cobertura de túnicas de pieles de un sacrificio. La Vida Divina ofrecida al hombre en el Edén por medio del Árbol de la Vida, es ofrecida en este nuevo "kairós" al hombre en la Fe de la Simiente de la Mujer, pues ésta aplastaría la cabeza de la serpiente destruyendo su imperio, que es el del pecado y la muerte.

Pero así como el "kairós" de la inocencia terminó con el pecado, el "kairós" de la conciencia terminó con el Diluvio, pues el hombre llegó a ser carne estando su corazón de continuo solamente en el mal (Génesis 6:5). Dios, pues, en su infinita misericordia, no queriendo destruir del todo al hombre que le hace doler el corazón, reservó a Noé y a su familia para repoblar la tierra, y con ellos estableció el régimen del gobierno humano, del hombre sobre el hombre. Este tercer "kairós" está representado en la vigencia dentro de la humanidad de las siguientes palabras de Dios a Noé y su familia: "Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multipli­caos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo qe se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derrama­da; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella.../...He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de Diluvio, ni habrá más Diluvio para destruir la tierra.../...Esta es la señal del pacto que Yo establezco entre mi y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mi y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mio, que hay entre mi y vosotros y todo ser viviente de toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.../...Esta es la señal del pacto que he establecido entre mi y toda carne que está sobre la tierra." (Génesis 9:1-17).

Vemos, pues, que ahora en este tercer "kairós" la dieta vegetariana se amplía a una que incluye a toda carne excepto su sangre. La pena de muerte se establece sobre el hombre y los anima, para que sea aplicada por el hombre sobre quien derrame la vida humana. Esto tiene vigencia universal. Dios hace un pacto, lo señala con el arco iris, y las promesas anteriores acerca de la Simiente de la mujer se mantienen incolumnes. Entonces comienzan las primeras civilizaciones inmedia­tamente postdiluvianas. Se levanta Nimrod y las ciudades estados sumerias. También surgen los acadios, asirios, elamitas, antiguos caldeos y otros. Se levanta la torre de Babel en oposición a Dios, y el gobierno humano se envilece dando lugar a la tiranía. Satanás engaña las etnias de la tierra.

Entonces Dios llama a Abraham y le anuncia acerca de la Bendición que vendrá a las familias y naciones de la tierra, por medio de su Simiente;  y un nuevo "kairós" se abre para estos elegidos, en función de la humanidad entera. Las demás naciones, ajenas por lo pronto a la fe y al conocimiento de la promesa, continúan bajo el régimen noético, si bien la promesa de la Simiente de la Mujer todavía les cobija; solo que aún desconocen que vendría por Abraham y su descendencia. La promesa abrahámica es confirmada a Isaak y a Jacob, y entonces surge la nación de Israel, entre cuyas tribus, la de Judá recibe una nueva promesa; de él provendrá Silo y el Cetro de Israel.

Con Moisés establece Dios el pacto de la Ley con Israel, para que esta nación sea ejemplo a las demás naciones y sea Su testigo en el mundo. Dios añadió la Ley, sin anular la promesa, sino para que al estar bajo el régimen de la Ley, se pudiese conocer la necesidad del Salvador, el Mesías, profetizado ahora también por Moisés, y tipificado por las instituciones, fiestas, sacrificios, ritos y jornadas de Israel. Este "kairós" añadido, no invalida aquel anterior de la promersa a Abraham y su simiente, pero prepara el "kairos" de la primera venida del Mesías en el "cronos" respectivo revelado a Daniel.

Despúes viene el "kairós" de la gracia defintivamente cumplida y manifiesta, el cual es el de la Iglesia, con la plenitud de los gentiles.

Entonces Dios se volverá a Israel para la segunda venida del Mesías, y el Reino de los Cielos Milenial tendrá lugar. Tras el habrá la resurrección de los demás muertos (pues los justos resucitarán antes y para el Milenio) y la liberación de Satanás del abismo en el cual será sellado por el Milenio; y tras la última rebelión de todos los réprobos, establecerá Dios Su Juicio Final.

Entonces habrá por la eternidad, con Dios y Su Mesías, Cielo Nuevo, Tierra Nueva, Nueva Jerusalem y las naciones que hubieren sido salvas. Dios sujetará a Cristo todas las cosas, y a su vez el Hijo le someterá todo al Padre, porque lo que es del Padre es del Hijo, y lo que es del Hijo es del Padre. Todo esto ha sido, es y será el cumplimiento de los tiempos de que habla Pablo en Efesios. Lo que ha sido y es: los tiempos, se dirigen a su cumplimiento: lo que será.

Dentro de esos tiempos está el cumplimento del cronos de la primera venida del Mesías, a la que se refirió Pablo en su epístola a los Gálatas. También Jesús se refirió al cumplimiento del kairós  específico de Su primera venida. Kairós específico dentro del cronograma de los demás tiempos que corren hacia su pleno cumplimiento.

El profeta Daniel recibió de Dios, por el ángel Gabriel, una profecía acerca de los setenta septenarios (Daniel 9:20-27). Sesenta y nueve de ellos se pasarían desde la orden de Artajerjes en el año 20 de su reinado para restaurar y edificar Jerusalem hasta la visitación del Mesías. En el dia exacto en que se cumplían esos años, entró Jesús en un burrito a Jerusalem llorando porque no entendieron el dia de su visitación. Jesús llamaba la atención de sus contemporáneos a las señales de los tiempos.

También había otras profecías acerca del orden de los imperios mundiales. Babilonia tuvo su tiempo durante el cual Israel fue corregido de su idolatría. Entonces Persia tuvo su tiempo durante el cual fue restaurada la Casa y la Ciudad de Dios y el aprecio de la Ley y los Profetas. Entonces Grecia y sus reinos sucesores tuvieron su tiempo durante el cual se consolidó el Canon de las Sagradas Escrituras y se preparó la cultura para la difusión universal del Evangelio del Mesías. También Roma tuvo su tiempo durante el cual lo anteriormente preparado encontró realización y se abrió camino hacia toda la humanidad. En los tiempos de Roma llegó el Mesías, precisamente en el cumplimiento del tiempo, cuando la profecía, la filosofía, la cultura, la política, la religión, marcaban la hora del importantísimo "kairós" respectivo en su "cronos" previa y divinamente señalado.

Por eso podía decir el apóstol Pablo a los atenienses, en el mismo areópago, platafor­ma mayor de la cultura universal: " Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia ( y le llama ignorancia a la cúpula de la cultura humana en su capital universal), ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un dia en el cual juzgará al mundo con justicia, por Aquel Varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muer­tos." (Hechos 17:30, 31).

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Gino Iafrancesco V., Bogotá, Colombia,1998. (Cap. 3 de "Historia Cristiana").

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EDIFICACIÓN Y GUERRA / (1): conciencia conceptual

Por Gino Iafrancesco V. - 5 de Enero, 2008, 17:47, Categoría: General

 

EDIFICACIÓN

Y GUERRA

 

PREFACIO

 

 

Este pequeño libro: "Edificación y Guerra", está conformado por los cuatro capítulos de la conferencia que Gino Iafrancesco V. ministró durante el 6º campamento nacional de iglesias colombianas, en las afueras de Arbeláez, Cundinamarca, Colombia, durante los días 20, 21, 22 y 23 de julio del año 2001. El mismo tema fue abordado también en otra ocasión posterior, en portugués, en un retriro a las afueras de la localidad Lauro de Freitas, Bahía, Brasil, durante una de las conferencias bíblicas del nordeste brasilero, y de cuyos registros puede valerse el lector, si desea complementar las consideraciones de éste libro, acudiendo al presbiterio de la iglesia en Salvador.

 

El autor agradece inmensamente a las hermanas Betty Durán Bautista y María Mercedes Lozano, por su voluntario y arduo trabajo de trascripción, revisado por el autor para esta edición. Igualmente agradece, una vez más, a Betty, por su desinteresada contribución financiera para hacer posible esta edición. ¡Loado sea el Señor por el compañerismo que edifica en el cuerpo de Cristo y dentro de Su obra!

 

Que Dios dé gracia al lector, es nuestra oración, para que pueda dirigir su vista y corazón exclusivamente hacia el Señor, de manera a vivir por Él, colaborándole en la edificación de Su casa, la cual se realiza para Su gloria, en medio de la guerra.

 


 

EDIFICACIÓN Y GUERRA

 

Capítulo 1

CONCIENCIA CONCEPTUAL


Introducción.-

Vamos a comenzar con una lectura que nos ayude poco a poco a introducirnos en la carga del Espíritu. Desearía ir a Lucas 14, desde los versículos 25 a 33 inicialmente. No es mi propósito hacer una exégesis acuciada, exacta, de este pasaje, sino tomar del pasaje la carga del Espíritu. Lucas 14: 25-33. Amén. Entonces vamos a seguir la lectura y atendiendo al Señor en nuestro espíritu. Hermanos, no pretendo decir la última palabra cuando comparta lo que el Señor me ha dado; los hermanos también tienen la libertad de completarlo con lo que el Señor les dé. Toda la iglesia tiene al Señor.

Leamos:

"Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que halla puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo".

 

En el mismo contexto, porque no fue Lucas quien colocó este subtítulo que le colocó la sociedad bíblica, sigue diciendo el mismo Señor:

 

"Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga".

Hermanos, en este contexto del seguimiento de Cristo, del discipulado del Señor, Él toma dos figuras para representar el seguimiento a Él, lo cual es el discipulado; y estas dos figuras son: (1º) la figura de la edificación, y (2º) la figura de la guerra. Edificación y guerra son dos figuras claves que el Señor utiliza para representar su discipulado. Es como si el Señor dijera: vosotros me seguís en una edificación que yo estoy edificando, y me acompañáis en una guerra que yo estoy guerreando. Son dos asuntos esenciales que van uno juntamente con el otro.

El seguimiento al Señor, el discipulado del Señor, es como una edificación. Es una edificación del Señor, y una edificación con el Señor, para poder realizar la cual, hay que renunciar a todo por el Señor. No podemos cooperar con la edificación del Señor, sin renunciar a todo; aún a nuestras vidas, aún a nuestras propias familias, aún a nuestros propios bienes. Pienso que, de todo eso, lo más difícil de renunciar, pero quizá lo más necesario y primero, es renunciar a nosotros mismos, a nuestras propias vidas; es decir, a la vida de nuestra propia alma;  porque aquí, cuando dice: "el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo", y dice también: "... y aún también su propia vida", renunciar a la propia vida, aquí la palabra vida, en el griego, es la palabra psiqué; o sea, la vida del alma, la vida del yo, la vida de nuestra personalidad natural. Aún eso es necesario ponerlo en las manos del Señor. Tomar la cruz para no dejar la edificación apenas iniciada; o para no perder la guerra. También, incluso, para saber contra quién es que va a ser la guerra, de parte de quién estaremos, y contra quién.

Es en el contexto de este seguimiento que Él nos habla de la cruz, nos habla de la renuncia, nos habla de perder la vida de nuestra alma toda, de renunciar a todo; aún a los afectos naturales familiares, aún a la vida del ego, aún a las ataduras con las posesiones. Podemos tener posesiones, pero no podemos estar atados a las posesiones; porque la atadura a las posesiones, las ataduras afectivas, las ataduras del amor propio, a nuestro propio ego, a nuestra propia alma, no nos dejarán terminar con Cristo la edificación, y seremos como un hombre que comenzó a edificar, pero que no pudo terminar; o seremos como un hombre que se enfrentó a una guerra, y no tenía las armas suficientes para vencer en esa guerra.

Entonces, por eso dice acá en el verso 28, es decir, en el contexto del seguimiento, en el contexto del discipulado, en el contexto de la aplicación de la cruz al ego, e incluso a sus afectos que parecen más legítimos en lo natural, como son los afectos familiares, o los afectos de las posesiones, es en ese contexto en el cual Él nos dice: "Porque quién de vosotros, queriendo edificar una torre…",y utiliza el ejemplo de la edificación, y dice: "…no se sienta primero y calcula los gastos…"; o sea que los gastos para edificar con Cristo son nuestra propia alma, son nuestra propia personalidad natural, son nuestros propios afectos naturales, son nuestros propios apegos a las cosas materiales, y apegos a nuestro propio yo, o a nuestro amor propio; esos son los gastos en que debemos incurrir para poder terminar con Cristo la edificación. No podemos cooperar en la edificación, sin primero calcular, y hacer, después de calculados, estos gastos. El Señor no nos engaña acerca de los gastos necesarios para la edificación, y acerca de los gastos necesarios para la guerra; sin pagar estos costos no podemos ni terminar la edificación, ni vencer en la guerra.

Él usa también el ejemplo de la guerra. "¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?" Es decir, hay que hacer los cálculos para la guerra. Así como la edificación necesita costos, la guerra también necesita costos. Y aquí en esta guerra, quien que va a pelear la guerra tiene que saber de qué parte está. Hermanos, porque de todas maneras se está peleando una guerra. No podemos ser neutrales en esta guerra. El Señor Jesús nos dijo: "El que no es conmigo, contra mí es". Ninguno puede ser neutral. El que pretende ser neutral, es porque no quiere estar con Cristo; o sea que el Señor considera al que pretende ser neutral como estando contra Cristo.

Él dijo: "el que conmigo no recoge, desparrama". O sea que la guerra de todas maneras existe, y hay que pelearla, y tenemos que definirnos al respecto de con qué bando estamos. Si vamos a hacer la paz con un rey, o con el otro rey contrario. ¿Con qué rey estamos?  ¿Con el Señor Jesús, o con el príncipe de este mundo? Hay costos en esta guerra. Hay que definir con quién estamos, y estar dispuestos a pagar los costos, para que no perdamos la guerra. Hay unos costos para la guerra, y unos costos para la edificación.

Hermanos, necesitamos comprender con la ayuda del Señor en qué consiste esta edificación y en qué consiste esta guerra. Son dos cosas que acontecen en el seguimiento del Señor. Si seguimos al Señor, lo seguimos en una edificación, y lo seguimos en una guerra; y estas dos cosas, edificación y guerra, se dan al mismo tiempo.

Batallas.-

Yo quisiera usar otro pasaje que leyéramos, para ver como estas dos cosas, edificación y guerra, están juntas en el servicio al Señor, en el discipulado del Señor, en el seguimiento del Señor. Si me pueden acompañar al libro de Nehemías, vamos a ver allí, en el capítulo cuatro, algunos versos tipológicos, donde podamos ver claramente que estas dos cosas, edificación y guerra, están juntas. El Libro de Nehemías está después del de Esdras y antes del de Esther.  Pero quisiera que antes de que leyéramos los versos propios que vamos a leer en el capítulo 4, hagamos una lectura panorámica del libro, a través de los subtítulos que la sociedad bíblica le puso a los distintos pasajes. Estos subtítulos no forman parte del texto sagrado, pero sí nos resumen de qué tratan estos capítulos; por lo tanto, tienen utilidad.

Así que antes de leer en el capítulo cuatro, yo quisiera que viésemos un poco de qué tratan estos primeros capítulos del libro de Nehemías. Miren el primer subtítulo que le pusieron, lo cual nos dice de qué trata el capítulo uno: Oración de Nehemías sobre Jerusalén. Jerusalén nos habla de la ciudad de Dios, y de la edificación de Dios, y del reino de Dios. Y si del reino de Dios, entonces también de la guerra de Dios.

Acuérdense de que en el Antiguo Testamento aparece un motivo que es el de Las Batallas de Jehová. Había un libro en el cual se registró la épica israelita desde la antigüedad, y que es citado en Números 21:14, donde se habla del Libro de Las Batallas de Jehová. Jehová, solito Él, por sí solo, Él no necesitaría batallar con nadie; pero como hay una oposición a Él de sus criaturas, y hay una causa entre sus criaturas la cual se está jugando, entonces, en cuanto a sus criaturas, y a la participación de sus criaturas con Él, se puede hablar claramente de las Batallas de Jehová. Ese Libro de las Batallas de Jehová, contenía las batallas de su pueblo. Las batallas de su pueblo son las batallas de Jehová.

Cuando leemos también luego, en la historia de David y posterior, acerca de las batallas que hacía David y los israelitas, se nos dice de David que él peleaba las batallas de Jehová (1S.18:17; 25:28), y que la guerra era de Dios (1Cr.5:22; 2Cr.20:15). Del Señor se dice que pelea por Su pueblo (Ex.14:14, 25; Dt.1:30; 3:22; 20:4; Jos.10:14, 42; 23:3). Se dice, pues, que David peleaba las batallas de Jehová. Cuando David estaba peleando con los filisteos, los sirios, los amonitas, los madianitas, etc., y establecía  guarniciones,  tomaba el territorio para el reino de Jehová, no  para el reino de David, sino que era para el reino de Jehová.

Muchas voluntades se hacían en la tierra, de muchos reyes engañados por Satanás, que es el engañador de las naciones; pero un pueblo, Israel, conocía la voluntad de Jehová; y con ese pueblo Dios quería establecer Su reino, donde la voluntad del Padre sea hecha en la tierra. Dios comenzó a revelar esa voluntad a su pueblo Israel, y David peleaba con los enemigos de su pueblo, no para establecer un gobierno propio, sino para establecer un gobierno donde se hiciera la voluntad de Jehová. Por eso es que se habla aquí, no de las guerras de David, o de las batallas de David, sino que se habla que David peleaba las batallas de Jehová, y que la guerra era de Jehová. Así se habla en el Libro de Crónicas, así se cuenta en los Libros de los Reinos, acerca de las batallas que peleaba David y los israelitas; eran las batallas de Jehová. No se peleaba solo para sí, sino que se peleaba para que Dios reinara, y para que la voluntad de Dios, y no la propia, se hiciera.

Dios desechó a Saúl, porque Saúl debería haber representado la voluntad de Dios, pero él en el camino comenzó a representar su propia voluntad, y dejó de representar el reino de Jehová y el trono de Dios, para representar su propio reino particular; por eso fue desechado, porque no hizo la voluntad de Dios, y Dios lo sustituyó por David, un hombre según su corazón, que pelearía las batallas para Jehová.

Las batallas de Israel, con los egipcios en el mar rojo, durante las jornadas en el desierto, con Og rey de Basán, con Seón rey de Hesbón y las demás batallas posteriores, constituyen la épica antigua de Israel contenida en el Libro de las batallas de Jehová citado en Números. Ésta épica de Israel eran las batallas de Jehová, la guerra de Jehová para el reino de Jehová. Así también eran las batallas de David y Josafat, etc. Así también fue la batalla del Señor Jesús, y así son las batallas, la guerra, de la Iglesia.

Entonces se trata de una guerra y también de una edificación; las dos cosas al mismo tiempo. La edificación es para un reino, es para la casa de Dios; pero también ese reino tiene enemigos; entonces hay una guerra, una enemistad entre dos simientes (Gn.3:15).

Entonces, hermanos, debemos ser concientes de que existe sobre la tierra una edificación de Dios, y una guerra de Dios, y nosotros, o cooperamos, o estamos en contra. No podemos ser neutrales. El Señor considera a los que se consideran neutrales, como enemigos. El que no es conmigo, contra mí es, dice Él.  El que no edifica con Cristo lo que Cristo edifica, la casa del Padre, está en el bando contrario. Del Hijo está escrito que edificaría casa a Dios, y que Dios le sería Padre, y  que le daría el trono eterno (1Cr.17:13, 14). El trono de David era el trono de Jehová. Así se le llama en Crónicas (1Cr.29:23). El trono de David, el trono de Salomón, no es solamente el trono de ellos, sino que se dice ser el trono de Jehová.

Costos.-

Jesús edifica casa para el Padre, como Hijo de David, y también peleó la guerra por Su Padre y por nosotros; amén. Y ahora nosotros somos convocados en el seguimiento, en el discipulado del Señor Jesús, en su edificación y en su guerra. El que no recoge con el Señor, desparrama; el que no edifica con el Señor lo que Él edifica, y el que no pelea con el Señor contra lo que Él pelea, está en el bando enemigo. Tenemos que entender bien claro estas cosas. Quien no conoce qué edifica, y contra qué pelea, es porque está en el bando del enemigo. Puede estar en ese bando sin saberlo, porque el enemigo tiene muchos esclavos enceguecidos que no saben que están siendo usados para edificar otra cosa, puede ser Babilonia, y para pelear otra guerra a favor del diablo. Claro que perdida, pero están engañados.

Hermanos, estamos aquí con la ayuda del Señor, para tomar conciencia de que si estamos siguiendo al Señor, le seguimos en una edificación específica, y combatimos juntamente con Él en una guerra específica. Y para poder terminar esa edificación, y para poder ganar esa guerra con el Señor, tenemos que pagar los costos que hay que pagar. Ese costo es el de la vida de nuestra propia alma. Nuestros propios afectos naturales, nuestra propia personalidad natural, nuestros lazos sentimentales, nuestras ataduras materiales; eso y otras cosas, son el costo para poder terminar esa edificación sin que seamos burlados por el enemigo.

Intereses.-

Entonces, hermanos, fíjense ahora en lo que se dice en el Libro de Nehemías: oración. Aquí está la intercesión, el compromiso espiritual de Nehemías. Oración sobre Jerusalén, Jerusalén la ciudad del gran rey, Jehová Sabaot, Jehová de los ejércitos.

El siguiente título colocado por las sociedades bíblicas acerca del tema de este libro es: Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén. O sea que una vez que hubo la intercesión por la causa de Dios, por la ciudad de Dios, por la edificación de Dios, por el reino de Dios, por la guerra de Dios, una vez que hubo esa intercesión, entonces hubo la providencia, el movimiento providencial de Dios. Si tú quieres seguir al Señor, y oras al Señor para cooperar con él, la providencia de Dios te va a acompañar, y va a dar en tus manos todo lo que necesites para esa edificación y para esa guerra. Artajerjes era un rey del imperio persa, que era como una de las cabezas de la bestia, pero sobre él reina otro mayor: Dios, quien inclusive utiliza a sus propios enemigos para cooperar, a su pesar, con la causa de Dios. Artajerjes envía a Nehemías a Jerusalén.

Luego dice la sociedad bíblica: Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros. Aquí va el concepto de edificación; reedificar los muros de la ciudad, los muros de separación, para hacer clara diferencia entre lo que es santo y lo que es profano, entre lo que es precioso y lo que es vil, entre lo que es del cielo y lo que es de la tierra, entre lo que es del Espíritu y lo que es del alma, o del yo, o de la carne. Donde se separa lo que es del reino de Dios, y lo que es de la potestad de las tinieblas. Una edificación tiene muros y pertenece a un reino; y ese reino y esos muros defienden del ataque; porque hay guerra.

Entonces decía: Nehemías anima al pueblo a reedificar los muros. Capítulo 3, título: Reparto del trabajo de reedificación. Ahí tenemos la edificación. Capítulo 4, título: Precauciones contra los enemigos. Ahí tenemos la guerra. Cuando hay edificación, hay oposición, y entonces tenemos guerra. Edificación y guerra. ¿Quién que va a edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, para ver si tiene con qué terminar la torre?, no sea que después de haber puesto el cimiento, nos quedamos en los meros fundamentos; y después de tanto tiempo, debiendo ya ser maestros, no avanzamos hacia la perfección (Heb.5:12 a 6:1), sino que nos quedamos dando vueltas en el desierto (1Cor.10:1-5).  ¿Saben por qué nos quedamos dando vueltas, y nos quedamos niños, y nos quedamos inmaduros? porque no pagamos el costo de la edificación y de la guerra. Cuando no pagamos el costo, nos quedamos dando vueltas en el desierto.

Hay, pues, una edificación; y como hay también mucha oposición a esa edificación, hay entonces una guerra. Ya nos lo dice el título: Precauciones contra los enemigos. Hay guerra, hay enemigos de afuera, y hay enemigos que se infiltran adentro. Mire ahora el título del capítulo 5: Abolición de la usura. La usura fue la inconciencia, la inconsistencia, del mismo pueblo de Dios, que no le entendió a Dios ni en la edificación ni en la guerra; y mientras había edificación y guerra, algunos inconscientes estaban queriendo sacar provecho propio, y establecieron intereses sobre el pueblo de Dios. ¡Cómo se tornó feudal la cristiandad! Hermanos, cuantas veces las cosas no se han hecho para Dios como se debiera, porque algunos que debieran estar colaborando, han seguido sus propios intereses. Cuando mezclamos nuestros propios intereses dentro de la comunión entre el mismo pueblo de Dios, en vez de ponerlo todo para la edificación de Dios, y en vez de ponerlo todo para la guerra de Dios, mientras el pueblo está en la edificación y en la guerra, nosotros estamos aprovechando la coyuntura para nuestros intereses viles. Esa fue la razón de la usura. Por eso Nehemías tuvo que abolirla. ¿Qué significa, pues, abolir la usura? Significa que en la edificación de Dios y en la guerra de Dios no hay lugar para los intereses propios. ¡No hay lugar para los intereses propios en la edificación de Dios y en la guerra de Dios!

Infiltración.-

Luego dice el título del capítulo 6: Maquinaciones de los adversarios. Ahí continúa la guerra. Capítulo 7: Nehemías designa dirigentes; ¿para qué? Para la edificación y para guerra. Los que volvieron con Zorobabel, ¿para qué volvieron? Para la edificación y para la guerra. Entonces, en ese contexto, vamos a leer del capítulo 4, no todos los versos, sino desde el verso 15, para que nos sirva de ilustración; porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra edificación y enseñanza se escribieron (Rom.15:4).

Entonces nos dice Nehemías 4, mostrándonos juntos estos conceptos de edificación y guerra, lo siguiente, desde el verso 15 hasta el verso 23 inicialmente: "Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido…" Porque al principio los enemigos no se declaran enemigos, sino que se disfrazan de amigos: Nosotros edificaremos con vosotros, dicen (Esd.4:2; Neh.4:11); pero ellos lo que quieren es infiltrarse para destruir la edificación. Así es Satanás. Satanás quiere infiltrar a los suyos para destruir la edificación; pero si lo entendemos, entonces ahora sí tiene que declararse enemigo abierto. Mientras tanto Satanás se presenta como amigo; pero su intención es destruir, su intención es paralizar, su intención es oponerse; pero se infiltra como amigo; pero cuando lo entendimos y Satanás se dio cuenta, "…cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro".

Muro.-

Hermanos, el muro representa la síntesis de la edificación y la guerra. El muro es para edificar, y el muro es para guerrear. El muro es para detener al enemigo, y para proteger al pueblo. Es edificación y es guerra. "Nos volvimos todos al muro", todo el pueblo al muro. Es menester edificar el muro de separación; se trata de separación de lo contrario a Dios. El muro es para edificación, y el muro es para la guerra. El muro es como una espada de dos filos que separa lo que es de Dios, de lo que no es de Dios; lo que es santo de lo profano, lo que es del cielo de lo que es de la tierra, lo que es del Espíritu de lo que es de la carne. Ese muro de santidad y alabanza es la espada que separa el alma y el espíritu. Amén.

Entonces dice aquí: "…nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea". Cada uno del pueblo de Dios tiene una tarea en el muro; ningún hijo de Dios está exento, ni de la edificación, ni de la guerra. Cada uno tiene un lugar en el muro; o sea, un lugar en la edificación y un lugar en la guerra. Hermano, acuérdate, estás en una edificación y estás en una guerra; no pierdas la conciencia de estar en guerra; tienes que saber que estás en guerra y contra quién guerreas, y de parte de quién. Tienes que saber que estás en una edificación, y tienes que saber qué estás edificando. No podemos ser ambiguos; tenemos que tener claro contra quién guerreamos y qué edificamos. Amén.

Y ahora, dice aquí, "…cada uno a su tarea". Cada hijo de Dios tiene una tarea en el muro, cada hijo de Dios tiene una tarea en la edificación, cada hijo de Dios tiene una tarea en la guerra. Ninguno está exento, ni de la guerra, ni de la edificación, ni de la separación debida, ni de la devoción debida.

Armas y herramientas de nuestra milicia.-

"Desde aquel día..." o sea, desde que lo entendimos, desde que entendimos cuál era el asunto de que se trataba, y qué era lo que en realidad estaba sucediendo, cuál era el drama, desde ese día, "la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas". Las lanzas son ofensivas y los escudos son defensivos. Los arcos son ofensivos y las corazas defensivas; o sea que en la guerra hay una parte ofensiva y una parte defensiva.

La parte ofensiva es la palabra de Dios, la proclamación del evangelio, la enseñanza de la palabra de Dios; la parte defensiva es la lucha espiritual, la apologética, la defensa; distintos aspectos de la guerra; el aspecto ofensivo y el aspecto defensivo. Para el aspecto ofensivo hay armas, la lanza y el arco, la espada también; y para el aspecto defensivo, la coraza para proteger el corazón, porque Satanás procura dañar el corazón, corroer el corazón, llenar el corazón de amargura, de desánimo, de odio, de crítica; y hay que ponerse una coraza en el corazón, y hay que pagar el precio de morir a nosotros mismos. Si no morimos a nosotros mismos, se nos contamina el corazón; tenemos que tener una coraza que proteja el corazón, y también un casco que proteja nuestros pensamientos; porque Satanás nos ataca en los pensamientos y en los sentimientos; y si no pagamos los costos, incubamos malos pensamientos y malos sentimientos. Tenemos que pagar los costos renunciando a todo mal pensamiento y a todo mal sentimiento. El que no renuncia a sí mismo, a sus malos pensamientos y a sus malos sentimientos, no paga el costo, y no puede terminar la edificación, y no va a vencer en la guerra.

Hay que pagar el costo para proteger el corazón y proteger la mente del ataque; Satanás lanza ataques constantes a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos. Para eso son la coraza y el casco, para protección de nuestros pensamientos y de nuestro corazón. Escondidos con Cristo en Dios, sentados con Cristo en lugares celestiales, esa es nuestra posición, nuestro muro, nuestras armas ofensivas y defensivas. Lo que Cristo conquistó para nosotros es nuestro ya, y la guerra es para mantenernos dentro de la ciudad de Dios, como un solo cuerpo en Cristo, escondidos en Dios y reperesentando Su naturaleza y voluntad, con el ejemplo y el testimonio.

Ahora dice más: "Los que edificaban en el muro..."  4:17 de Nehemías: "Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada". Ahí está: edificación y guerra. Con una mano edificaban y con otra mano tenían la espada; ya no es la hoz y el martillo, sino el palustre y la espada. Uno es para edificar y la otra es para guerrear.

Comunión y coordinación.-

Luego sigue diciendo así: "Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí. Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros". Ah, qué importante es considerar esto. Por eso había una trompeta. La trompeta era para convocar al pueblo; esa era una clase de toque; y para convocar a la guerra; ese era otra clase de toque. La trompeta es para convocar y la trompeta es para guerrear, y tiene distintos toques; un toque es el de retirada, otro toque es el de avanzada, otro toque es el de convocación para una u otra cosa; con un toque se reunían los ancianos, con otro toque se reunían las tribus, con un toque avanzaban, con otro toque paraban. Amén. Para eso la trompeta estaba siempre allí, y había que dar un toque claro de trompeta; es decir, que se pueda discernir cuándo parar, cuándo avanzar, cuándo van los ancianos, cuándo va el pueblo, cuándo hay parada de unos o de otros, cuándo hay avanzada de unos o de otros, cuándo hay retirada de unos o de otros; para eso es la trompeta.

Y dice: "y estamos apartados en el muro, lejos unos de otros…"; o sea que en esta guerra y en esta edificación no podemos estar lejos unos de los otros. Para poder pelear esta batalla, y hacer esta edificación, tenemos que estar juntos y unánimes, coordinados unos con otros. No podemos pelear esta batalla, ni podemos hacer con Cristo esta edificación, si no estamos juntos. Pero dice que estamos apartados unos de otros; unos edifican una parte del muro, otros edifican otra parte; pero, como es el mismo muro, es el mismo reino, la misma Jerusalén, la misma ciudad, entonces tiene que haber coordinación; y para la coordinación están las trompetas; las trompetas son para la coordinación en la guerra y en la edificación. Entonces dice: "En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta...", ya sea que esté uno edificando una parte por allá a la derecha, otro al sur, otro al norte, otro en cualquier extremo, no importa que estemos apartados, uno haciendo una cosa o la otra, cuando hay convocación santa a través de la trompeta para la edificación y para la guerra, tenemos que atender la voz de la trompeta. Ay! Cuántas veces suena la trompeta, pero como el diablo nos hizo sonar otra trompetita, la de nuestros negocios, o de nuestros asuntos, no oímos la trompeta de la guerra de Dios, ni oímos la trompeta de la edificación de Dios, sino que con una cornetita el diablo nos distrajo en la guerra; y ¿sabe para qué nos distrae? ¿Por qué no nos quiere juntos? Para devorarnos. El nos quiere lejos unos de otros; él nos quiere atrasados y aislados para devorarnos. Los amalecitas atacaron por detrás a los que se quedaron atrás, los que no siguieron juntos, los que se quedaron sueltos. Esas son las ovejitas que se comen los lobos; los lobos no se pueden comer un rebaño grueso; pero una ovejita que se dispersa y se queda sola, a esa se la come.

Por eso, hermanos, para que haya verdadera edificación y guerra, tiene que haber la coordinación a través de las trompetas. Por eso dice: en el lugar donde oyereis el sonido de las trompetas, reuníos allí con nosotros. Tenemos que permanecer juntos y unánimes para esta guerra y para esta edificación.

"Reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros". ¿Cuándo peleará nuestro Dios por nosotros? Cuando estemos juntos y unánimes, convocados por sus trompetas para la guerra y para la edificación; allí Dios peleará por nosotros. Qué hermosa es esta frase: "…nuestro Dios peleará por nosotros. Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas." Es decir, todo el día estaban armados, tenían lanzas, tenían arcos y también espadas. Amén. Vigilantes, es decir, no se puede hacer la obra de Dios olvidándonos de que estamos en guerra.

Precisamente los hermanos se enferman en el momento en que hay la convocación; ese es el momento cuando le llegó una enfermedad, cuando le vino la gripe, cuando le vino esto o aquello, cuando se le dañó el aparato, cuando se le dañó el carro, cuando le llegó la cuenta, y no nos damos cuenta de que es una guerra de Satanás contra nosotros para impedir la cohesión del pueblo y para mantenernos aislados, ajenos de la causa de Dios, sin entender en qué estamos, y para mantenernos enredados en la trampa de Satanás; y ahí entonces devorarnos. Tenemos que ser sabios.

"También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, (ojo: dentro de Jerusalén) y de noche sirvan de centinela. (Esto es alternándose con su propio criado, y de día en la obra. Cuando está oscuro o peligroso, tenemos  que ser centinelas; y cuando está todo claro y tranquilo, también; y hay que edificar "Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestros vestidos; cada uno se desnudaba solamente para bañarse". Solo para bañarnos nos desnudamos; el resto siempre vestidos, siempre armados en la edificación y en la guerra.

Hermanos, Dios mediante más adelante, yo desearía entrar en más detalles de esto; pero no quisiera continuar adelante en esta parte sin abrir a la participación y al enriquecimiento de los hermanos.

Entonces vamos a detenernos por ahora aquí.

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EDIFICACIÓN Y GUERRA / (2): perspectiva primigenia trascendente

Por Gino Iafrancesco V. - 5 de Enero, 2008, 17:39, Categoría: General

Capítulo 2


PERSPECTIVA PRIMIGENIA Y TRASCENDENTE

 

Yendo a los orígenes.-

En el día de ayer, y con la ayuda del Señor, comenzamos a introducirnos, según las palabras del Señor Jesús y otras palabras de la Biblia inspiradas por el Espíritu Santo, en dos conceptos claves que aparecen a lo largo de toda la Biblia; que son el concepto de edificación y el concepto de guerra. Necesitamos ahora profundizar un poquito más, dar un paso más en la consideración de los mismos asuntos, pero tomándolos, ojalá, con la ayuda del Señor, en un contexto más amplio; sí, ojalá lo más amplio posible.

Entonces, para eso, debemos remontarnos, tanto al libro del Génesis, donde aparecen unas primeras palabras reveladoras de parte del Señor y Dios nuestro acerca de estos asuntos, como también considerar otros pasajes que son clásicos, y que nos muestran y revelan asuntos acontecidos en el cielo. Debemos, pues, remontarnos, incluso, hacia antes de la creación del hombre, para poder entender, en relación con la edificación, el propósito eterno de Dios. Hay pasajes de la Biblia que se remontan al propósito eterno de Dios. Dios no se ha quedado callado en relación a su propósito, en relación a su objetivo. Y también en relación a la guerra tenemos que remontarnos a pasajes de cosas que acontecieron también antes de la creación del hombre, que tienen que ver con seres espirituales en los cielos, donde comenzó una rebelión que se ha extendido por todo el universo; y es en el contexto del propósito eterno de Dios, y en el contexto de esa rebelión, que nosotros debemos entender estos dos conceptos claves de edificación y de guerra.

Entonces, por una parte, vamos a Génesis 1, y vamos a ir releyendo; y digo releyendo, porque sé que varios hermanos ya han leído varias veces esto, amén? Y estamos aquí para considerar juntos estas cuestiones, y para ver cómo el Espíritu Santo nos ilustra con Su palabra, y nos prepara, y nos capacita; porque eso es lo que está haciendo Dios; eso es lo que está haciendo Cristo; eso es lo que está haciendo el Espíritu Santo; dándonos conciencia clara, ubicándonos para que no estemos perdidos, sino hallados, y estemos en nuestro debido lugar.

Entonces voy a ir al libro del Génesis, y quiero llamar la atención, en el capítulo uno, a algunos detalles; desde ya vuelvo y digo, como ayer, que no pretendo hablarlo todo yo, ni dar la última palabra; solamente es, digamos, como una de las palabras entre ustedes; y ustedes también, con lo que el Espíritu les dé para complementar, pueden complementar. Amén. Entre todos está el Señor, y por medio de todos Él puede hablar; lo importante es estar atentos a Su Espíritu. Amén.

 

Heptaemerón.-

En el capítulo uno de Génesis, quiero llamarles la atención, para ir comenzando a captar este asunto de la guerra, y después de la edificación,  al Heptaemerón; palabra que significa: “los 7 días”, y que viene de hepta: siete, y emera: día. Aquí aparece ese pasaje de los siete días, que ha sido llamado por algunos, de la creación. Este pasaje es inspirado por el Espíritu Santo, como así lo reconoció Jesucristo resucitado; y prefiero confiar en la enseñanza del Señor Jesús resucitado, y no en la de algunos filósofos o críticos que ya están podridos y en el Hades; prefiero la interpretación de Jesús, y no la de los disputadores de este siglo, de quienes  san Pablo, con mucha sabiduría, pregunta ¿dónde están?, ¿dónde están los disputadores de este siglo?; la respuesta es terrible: los cadáveres de sus cuerpos están llenos de gusanos, y sus almas están en el infierno (hades). Allí están. pero el Señor Jesús resucitó de los muertos, y Él creyó en ésta palabra. Y yo soy cristiano. Los cristianos aprendemos a pensar, y a creer, con Jesucristo; poco a poco Él nos conduce a darle la razón a Dios; no a la fuerza, sino que poco a poco nos persuade. En ésta Palabra quiero llamar la atención a unos detalles curiosos. Ésta Palabra es, pues, inspirada por Dios. Jesús dijo: “La Escritura no puede ser quebrantada (Jn.10:35b); es inquebrantable; y: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt.24:35; Lc.21:33). Y Él resucitó. Él tiene credenciales; creo que es el único que ha presentado tales credenciales; los demás se quedaron muertos, mostrando que estaban en la mentira; pero Él resucitó de entre los muertos, demostrando que estaba en la verdad, ante testigos que pusieron su cabeza por ese testimonio.

San Pedro estuvo dispuesto a ser crucificado boca abajo, porque él sabía con quién había comido después de que resucitó. Amén. Él estaba seguro. San Pablo también decía: …yo sé a quien he creído” (2Tim.1:12c) y …guarda mi depósito…” (Ibid); y por eso puso la cabeza , y  lo decapitaron; pero él fue gozoso a la muerte, porque había conocido la resurrección y la vida, y la inmortalidad que fue sacada a luz por el evangelio. Lo demás son teorías de hombres pecadores y que ahora están podridos; pero Jesús es la Palabra Viva de Dios, demostrada en una resurrección histórica.

En el capítulo uno del Génesis, ustedes ven que aparece el heptaemerón, continuándo en el segundo capítulo; o sea, los siete días. Si ustedes se fijan en el verso cuatro, después del primer día, dice: Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día”. Aquí en este primer día, se nos habla que Dios vio que era bueno.

 Ahora pongan atención al segundo día: Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe la aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

Tercer día: “Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco...”. Lo seco es el protocontinente Pangea, cuando los continentes formaban un solo bloque. Y dice: ...Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno”. Fíjense que es en el tercer día en el que vuelve Dios a ver que era bueno.

Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día tercero”.

En el día primero se confiesa que era bueno; en el día tercero se confiesa que era bueno; lo mismo sucede en el día cuarto, y en el día quinto; y en el día sexto, cuando el hombre fue creado, lo dice de la siguiente manera; está aquí en el capítulo uno, versículo 31. Vamos a ver la parte del hombre. Desde el v.26 está la creación del hombre; pero en el v.31 dice así en el sexto día, cuando la creación del hombre: Y vio Dios todo lo que había hecho...”; hasta aquí no había sido todo; hasta aquí había sido una hechura por partes; pero cuando llegó al hombre, varón y hembra, coronó el trabajo de creación; ahora dice: todo. Hasta que no apareciera el hombre, todavía no era todo, todavía Él no descansaba. Fue cuando fue creado el hombre, cuando ahora se pudo hablar de todo lo que había hecho; y ahora sí viene el descanso de Dios. O sea que el hombre es la coronación de la obra de Dios. La obra de Dios fue por partes, y culmina con el hombre a Su imagen. Fue lo que Dios dijo para el hombre: “Hagamos al hombre a nuestra imagen...; la obra culmina con el hombre a Su imagen; recién ahí Dios termina éste trabajo, recién ahí Dios descansa. Dios descansa solamente cuando el hombre es hecho a Su imagen. Mientras el hombre no sea hecho a Su imagen, Dios está trabajando. Pero ahora se dice: “Y vio Dios, (verso 31 del capítulo 1) todo lo que había hecho y he aquí que era bueno en gran manera.” Ahora aquí aparece un detalle, ahora no es solamente bueno, sino bueno en gran manera. Hasta aquí, en el día primero, en el día tercero, en el día cuarto y en el día quinto las cosas eran buenas; pero ahora en el día sexto son en gran manera buenas.

El segundo día.-

Pero ¿se fijaron que en el día segundo Dios no dijo que era bueno? Acerca del día segundo específicamente, Dios guardó silencio. No dice Dios específicamente, como en cada uno de los otros días, que era bueno. Al final Dios lo engloba todo como una buena obra, pero en este segundo día específico es como si Dios reconociera que había algo malo que estaba en los aires y en los abismos, que es de lo que se trata en el día segundo. Dios no hizo nada malo en el día segundo, pero allí dejó lugar para cierta presencia maligna. Entonces, por eso, regresando al capítulo 1, versos 1 y 2, ahí encontramos un primer indicio de por qué Dios no dijo que era bueno. Es decir, se quedó callado.

Tohú wa bohú.-

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Ahí hay un punto; pero luego dice: “Y la tierra...”, y aquí este traductor tradujo: “...estaba desordenada y vacía”. Pero esta palabra que aquí en el español de esta traducción se tradujo estaba, viene de la misma palabra hebrea que se usa en aquel pasaje de la mujer de Lot, cuando se dice que ella se tornó, o se volvió, estatua de sal. O sea que, cuando aquella mujer de Lot se volvió para ver a Sodoma, dice entonces La Escritura que se volvió, o se tornó, en estatua de sal; es la misma raíz de ésta palabra que aquí el traductor colocó: estaba. Sin embargo, el mismo traductor, ante la misma raíz en hebreo, más adelante tradujo: se tornó, se volvió, en estatua de sal. La misma situación acontece unas dos docenas de veces en otros pasajes.

O sea que algo aconteció en el mundo espiritual, lo cual produjo el efecto del versículo dos. Podríamos legítimamente traducir esta palabra: “Y la tierra se tornó desordenada y vacía”; las palabras desordenada y vacía generalmente se usan como resultado de un juicio. Además, dice claramente Dios mismo en Isaías 45:18c que Dios no creó la tierra de esa manera. Si se lee el pasaje en hebreo, se verá que Dios usa la misma expresión de Génesis 1:2. Tohú wa bohú es la expresión hebrea para decir desordenada y vacía. Pero en Isaías 45:18c Dios mismo dice que Él no creó la tierra bohú, es decir, vacía, o en vano. Dios no es Dios de confusión sino de orden. Siempre que aparece el desorden y la vacuidad, es porque hubo un juicio de Dios.

Aquí en Génesis 1:2, por lo tanto, hay un indicio de algo que, aunque en este pasaje está encubierto misteriosamente, no obstante, aparece en otros pasajes más adelante, revelado claramente por Dios por boca de sus profetas. Aquí está hablando de la creación, formación, hechura y composición de los cielos y la tierra, y del hombre; aquí no está describiendo en detalle cómo son las regiones celestiales ni cómo Dios trató con los seres ángelicos y del mundo invisaible. Aquí Dios se está concentrando en función del hombre; pero, claro, Él comienza por el principio. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Listo, ahí está todo; pero ahora va a describir: “Y la tierra se tornó...”; esta misma palabra se puede traducir así con toda legitimidad. Se tornó, se volvió, así como la mujer de Lot se tornó estatua de sal, así “...la tierra se tornó desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. O sea que aquí vemos una condición caótica primordial, mas que no comenzó con el caos, sino que el caos llegó a ser caos por algo que aquí está implícito, pero que en otros versos está explícito.

Más adelante, cuando aparece la creación del hombre en el capítulo dos, se le dice lo siguiente al hombre, en el versículo 16: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Dios le está refiriendo algo al hombre, de lo cual Dios no quiere que el hombre participe, pero que Dios sabe que existe. Dios le dice: no comerás de esto; es algo que existe, pero que Dios no quería que el hombre probara; pero lo había hecho libre; el hombre podría haberse mantenido en inocencia, y haber sido guardado en la fidelidad de Dios, sin necesidad de experimentar y de conocer una realidad que Dios y sus ángeles conocían, pero que el hombre, en su inocencia, no conocía. Dios quería guardar al hombre de una esfera donde el hombre podía ser perjudicado.

Guardar.-

Hay también otro verso interesante que saltamos, que está un poquito más atrás, pero que ahora veremos más detalladamente. Leamos el capítulo 2, versículo 15, donde dice: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase”. Aquí hay una cosa misteriosa, pues aquí hay un verbo misterioso: guardar. ¿De qué tenía que guardar Adán el Edén? ¿Acaso de los espinos y abrojos, que todavía no había, pues apenas serían fruto de la maldición?, pero aquí no había habido todavía la maldición por causa del hombre para la tierra, pero sí había algo de lo cual el hombre debía guardarse. El hombre tenía una responsabilidad de guardar. Ahí empezamos a ver el principio de la guerra, el principio del muro del que estábamos hablando ayer. El hombre debía ser un muro que no permitiera la intrusión de ese mundo espiritual maligno del cual Dios tenía conocimiento. Si el hombre se mantenía en comunión con Dios, viviendo por el Árbol de la Vida, sin vivir una vida independiente de Dios, confiándose a Dios, Dios lo mantendría guardado, Dios lo mantendría protegido. Dios no quería que el hombre conociera algunas cosas que Dios sí conocía; Dios no quería descubrirle al hombre ciertas secretos de cosas que provienen de la rebelión que había acontecido en el mundo invisible, angélico, en el mundo espiritual. Y aún hoy, ya después de la caída, Dios prohibe la incursión en el ocultismo; y ésto con el fin de proteger al hombre. Apenas lo mínimo necesario para la condición actual está revelado de parte de Dios sin peligro; pero la exposición a ese mundo, aparte de Dios, está llena de peligros por la peligrosidad y mentiras de las comunicaciones prohibidas de parte de espíritus rebeldes.

Aquí en el Génesis no aparece aún la descripción de Satanás que Dios hace luego; no aparece aún el origen de Satanás. El hombre fue creado, y aún no sabía lo qué había pasado en los cielos, ni sabía que existía Satanás y sus ángeles caídos, sus espíritus inmundos. Pero Dios sí sabía que existía Satanás y su mundo. Dios sí sabía que había huestes que se habían rebelado en la esfera celestial. Ahora el hombre debía guardar el Edén y extenderlo; debía guardarlo viviendo por la vida divina mientras el Dios Todopoderoso le cubría, pero no debía comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Si el hombre se independizaba de Dios, si el hombre decidía caminar a su propia manera, si decidía salir de la Presencia y del cuidado de Dios, y quería vivir una vida independiente y por sí mismo, entonces el hombre abriría la puerta para la invasión de ese mundo espiritual rebelde, y ahí el hombre moriría, habiendo dejado su misión de guardar, y pasaría a venderse, cual traidor, al bando enemigo de Dios. Dejaría de mantener el muro y abriría la puerta.

Muro o puerta.-

En el Libro del Cantar de los cantares hay una expresión interesante que quisiera que ustedes me acompañaran a verla. Hacia el final de los Cantares de Salomón, en el capítulo 8, en el versículo 9, hablando de la esposa del Cordero, y de su pequeña hermana, o sea, hablando de los vencedores y de los otros hermanos, dice lo siguiente: Cantares 8:9: “Si ella (la pequeña hermana) es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata; si fuere puerta, la guarneceremos con tablas de cedro”.

Mire qué interesante; si es muro, quiere decir que nadie puede entrar por allí; pero si es puerta, quiere decir que la puerta se abre y se cierra y muchos entran por la puerta. Una chica que es muro, es una chica que se sabe guardar. Pero una chica que es puerta, es como decir, una chica fácil, que muchos entran y salen por ella, y puede resultar madre de muchos muchachitos que no sabrán quizá quienes fueron sus padres. Si ella es muro, edificaremos sobre ella un palacio de plata; pero si es una puerta, si es una chica fácil, hay que guarnecerla con tablas de cedro.

Entonces, ahí está el ser humano; el podría haber sido muro, o podría haber sido puerta. Esa es nuestra condición frente al mundo espiritual. Frente al mundo espiritual maligno el ser humano puede ser muro, o el ser humano puede ser puerta; pues el género humano es, como decir, la mujer de Dios. Dios es el marido, y la creación es la mujer; la mujer representa a la creación y el marido representa a Dios. Si ella es muro, si ella se guarda, se puede edificar; pero si ella es puerta y deja que pase el enemigo, entonces habrá un gran problema; ¿qué hay que hacer con esta clase de puerta? Si fuere puerta, la  guarneceremos con tablas de cedro. Ahora, el hombre fue puerta; entonces tuvo que venir la redención por la cruz de Cristo, las tablas de cedro, para guarnecer esa puerta. El hombre abrió la puerta; la redención guarnece la puerta.

La serpiente.-

Entonces, volvamos otra vez allí al libro de Génesis, y miremos ahora en el capítulo tres, cuando aparece la serpiente. Capítulo 3, verso 1. Veamos estas figuras y también esta historia espiritual y real: “Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer:...” O sea, comenzó a tocar la puerta. “¿Con que Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo…” O sea, aquí no había ni que haberse puesto a charlar;  pero la curiosidad mata al gato; lo hace a uno charlar para ver hasta dónde se puede llegar. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis...”; ahí comenzó la mentira, no moriréis; y hoy sigue diciéndole a ciertos “científicos”: descubriréis el genoma humano y lograréis la inmortalidad; porque cuando haya fallado un miembro, entonces le hacemos otro;  se lo fabricamos en el laboratorio, y así no vas a morir. No moriréis, esa es la misma mentira. Tengo un libro que se llama “El secreto final de los iluminados”, de los Iluminati, La sociedad luciferiana de los Iluminati, en el cual dice cual es el tal secreto final; consiste en la misma mentira: no moriréis; pero están todos podridos. No moriréis, y están todos podridos. Algunos están congelados, pero muertos; son muertos, no solo fríos, sino congelados. La muerte.

Ahora dice aquí: “…la serpiente era astuta”. ¿Quién es esta más antigua serpiente mencionada? Acuérdese de que siempre habrá hermanos nuevos, por lo cual es necesario ir  despacio. Vamos al Apocalipsis, al capítulo 12, donde dice en el verso 9: “Y fue lanzado fuera al gran dragón, (fue lanzado fuera el hombre, pero también es lanzado fuera el gran dragón), la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”. O sea, aquí en Apocalipsis se nos completa la revelación. Ustedes saben Apocalipsis es el último libro de la Biblia donde se completa la revelación; en Génesis se comienza la revelación, pero con el apóstol Juan se culmina la revelación proposicional de la Biblia, la palabra de Dios revelada por Dios.

Aquí al principio de Génesis apenas se nos insinúa que hay algo peligroso; pero el hombre es inocente, el hombre debe ser el muro, el hombre debe guardar el huerto y debe abstenerse de participar de aquello de lo que Dios no quiere que el hombre participe, ni le abra la puerta. Pero ¿de quién lo tiene que guardar? Eso el hombre no lo conoce bien, a qué no le tiene que abrir la puerta. Dios lo conoce y es suficiente para sostener al hombre, pero Satanás es un enemigo de Dios en los lugares celestiales; y aquí nos habla Apocalipsis de la serpiente antigua que se llama diablo y Satanás, y que es el gran dragón que arrastró a la tercera parte de las estrellas del cielo; habla de los ángeles de Satanás; hubo una rebelión en los cielos, y esa rebelión colocó en la atmósfera espiritual enemigos de Dios y del hombre, que fue creado en ese ambiente, aunque cubierto por la inocencia, y por la vida y la fidelidad de Dios.

Desde el principio Dios sabía lo que estaba haciendo con el hombre; Dios sabía para qué había creado al hombre. Vamos a ver un poquito más adelante, dónde colocó Dios al hombre y qué le encomendó Dios al hombre. Lo que estamos viendo aquí desde el principio es que el hombre no fue solamente puesto en el Edén, sino que aún en el Edén había una puerta que podría destruirlo; había peligros en y  para el Edén. Si no hubiera peligros para el Edén, no habría necesidad de guardarlo. Pero si se le encomendó el Edén al hombre para guardarlo, es porque había peligros para el Edén.

Aquel querubín.-

Ahora vamos allí al libro de Ezequiel, capítulo 28. Los hermanos que ya son más duchos en esto, por favor, toleren que yo vaya despacio porque causa de los hermanos más nuevos. Amén.Capítulo 28 en Ezequiel, desde los versos 12 y 13. Fíjense en un detalle. En la Biblia se nos enseña que detrás de los gobiernos del mundo naturales, que son tipificados por la bestia y las cabezas de la bestia, existen poderes o potestades espirituales que están detrás. Por ejemplo, cuando Daniel iba a recibir la revelación de Dios, el príncipe de Persia, dice el capítulo 10, se le opuso. Ese príncipe de Persia era una potestad espiritual, era una de las cabezas del dragón. La Biblia habla del dragón y sus cabezas, y de la bestia y sus cabezas. El dragón se refiere a Satanás, y sus cabezas se refieren a sus principados aliados a él; o sea, a los príncipes demoníacos, los de esa región espiritual, ese mundo paralelo del cual el Señor quería guardar a Adán; no de todo ese mundo, sino de determinados personajes en ese mundo.

Y la bestia, se refiere en la Biblia, al reino natural, a la “civilización”; por ejemplo, el imperio griego era una civilización representada en una de las cabezas de la bestia; el imperio babilónico era otra civilización representada en otra de las cabezas de la bestia; el imperio persa era otra civilización representada en otra de las cabezas de la bestia. El aspecto político y natural es lo que se llama la bestia y sus cabezas; el aspecto espiritual de entidades espirituales en el mundo espiritual es lo que se llama del dragón y sus cabezas.

Entonces, cuando el príncipe espiritual, el principado de Persia, una de las cabezas del dragón, estaba ejerciendo influencia sobre los hombres, su influencia se manifestó en la llamada “civilización” Persa.

Cuando cayó el príncipe de Persia, cayó el imperio Persa; cuando vino el príncipe de Grecia, surgió el imperio Griego. O sea que existen principados espirituales, los que san Pablo llama de gobernadores de las tinieblas de este siglo, como lo dice en Efesios 6, que no tenemos lucha contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades en las regiones celestes. Estos principados ya existían cuando fue hecho el hombre, y ya eran rebeldes cuando fue creado el hombre. Entonces el hombre debe conocer estas cosas. Si es muro, edificaremos, pero si es puerta, tendremos que guarnecerla. El hombre fue puerta, entonces hubo que guarnecerlo; esa es la redención, esa es la cruz, esas son las tablas de cedro.

Entonces aquí en Ezequiel 28, en el verso 12, cuando se le habla al rey de Tiro, es como cuando Daniel hablaba del príncipe de Persia. Estaba el imperio de los Fenicios con capital en Tiro, y también en Sidón, y estaba el verdadero príncipe que movía detrás de bambalinas los hilos de la civilización Fenicia; o sea, el espíritu de la nación.

Entonces aquí Dios, por Ezequiel, comienza a hablarle directamente, no al príncipe natural de Tiro, sino al verdadero titiritero que está detrás, en el mundo espiritual; ese titiritero es Satanás con sus huestes. Dios le dice así: “Hijo de hombre, (o sea Ezequiel), levanta endechas, (o sea, lamentaciones, ayes), sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras… (y mire lo que empieza a revelar Dios acerca del verdadero rey de Tiro, acerca del príncipe detrás del gobierno natural, el verdadero gobierno, el gobierno invisible, el gobierno secreto, el gobierno de las potestades que dice san Pablo, gobernadores de las tinieblas de este mundo, de este cosmos, de este siglo y de esta era). “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste… (Ah, ahora fíjate en quién había estado antes en el Edén. En qué lugar puso Dios al hombre. En el Edén había estado este personaje; después hubo una rebelión, como vamos a ver acá, y Dios hizo otra creatura, y la colocó en el lugar donde había estado esta otra, en el Edén. “En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro… (Fíjate en que después, en Apocalipsis, aparece la nueva Jerusalén con estos materiales; pero ya no está Satanás formando parte de ella; ahora es el hombre redimido el que está vestido de la gloria en esa edificación. Si fuimos muro, edificaremos. En la nueva Jerusalén vemos al hombre laborando con Dios, y edificando con Dios, y vemos estos materiales; pero estos materiales habían aparecido antes en otro personaje).

Esta belleza estaba antes en otro. Otro había sido  mayordomo antes, otro había sido sobresaliente entre la creación antes; miren la misión que tenía: “…los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. Este personaje es un querubín; mire el verso 14: “Tú, querubín,...”; no es un personaje de sangre y carne, sino que es el principado espiritual que está detrás del príncipe de Tiro, el titiritero; digamos que el príncipe natural de Tiro es el títere, y el titiritero es ese personaje querúbico. Este es un querubín. Ahora, ¿qué se dice de este querubín? “…los primores de tus tamboriles y flautas...(y también, en Isaías 14, aparecen: tus cuerdas; o sea, la música de cuerda, la música de viento y la percusión estaban a su cargo para la adoración a Dios; habían sido preparados para él. El era el que debía traer alabanza a Dios. Dios había hecho una criatura para presidir en la alabanza. Todas las criaturas debemos alabanza a Dios; y el que debía presidir en la alabanza era nada menos que este personaje querúbico llamado Lucero, que había estado en el Edén, cuya vestidura era casi como la de la Nueva Jerusalén, y cuyo ministerio era el de presidir en alabar a Dios, en reconocerlo.

Dios ya sabía, como Jesús desde el principio sabía quién era Judas Iscariote, Dios, como omnisciente que es, sabía quién iba a ser este personaje. Pero de todas maneras Dios, en su sabiduría y propósitos, lo creó, pero dentro de la libertad y la perfección. Antes de que hubiera un David, hubo un Saúl. Y David aprendió lo que era un mal gobierno, debajo de Saúl. Dios quiere otorgar dominio, quiere delegar de Su autoridad; y primero les fue delegada medida a estos personajes; y éste era uno de los líderes, pero fue como Saúl. Ahora es el hombre el que tiene que ser como David.

Entonces dice: “…los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. Preparados para ti. Es decir, Dios le había preparado un ministerio de alabanza a Dios, que debía dirigir este querubín. La creación debe reconocer a Dios; la alabanza es el reconocimiento de las virtudes de Dios; y Dios les había concedido la facultad de reconocer a Dios, asombrarse con Dios, y adorar a Dios, a estos personajes; pero principalmente a éste que parece que debía haber sido el máximo líder en la adoración. No era que no hubiera otros querubines; también había otros; pero éste fue el que cayó. Éste es el origen del mal, éste es el origen de los problemas en el mundo espiritual. Pero es necesario que tengamos esto presente para entender qué es la guerra, en qué consiste, y por qué es guerra.

Entonces sigue diciendo: “Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, (santo, y monte). “…allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”. No existía hasta este momento la maldad en ninguna parte del universo; la maldad comenzó aquí. Perfecto eras hasta que se halló en ti maldad.

Por eso se habla del árbol del conocimiento del bien y del mal. Satanás había conocido los dos; él había conocido el bien y dio origen al mal; por eso Jesús le llama a él el padre de la mentira que de suyo habla (Jn.8:44). El mal se originó en él; él dejó de centrarse en Dios, y como vamos a ver ahora en Isaías, él se centró en sí mismo. Centrarse en sí mismo, ahí está la esencia de la mentira, de la maldad y de la rebelión, la traición al Amor. Por eso hay guerra, para dilucidar quién es el centro legítimo; si el centro es Dios, o el centro es la creatura, si el centro soy yo.

Hermanos, cuán fácilmente nos centramos en nosotros mismos. Ahí está el quid de la cuestión, ahí está el principio de la guerra. Ah, mi hermano Toñito me cuenta una aventura que tuvo él; inmediatamente lo cayo yo para contar la mía. Si éste me está diciendo lo que a él le gusta, inmediatamente salgo yo para decir lo que a mí me gusta. Siempre estamos concentrados en nosotros mismos, pendientes de nosotros mismos. Cuando Adán fue creado, se dice que estaba desnudo y no se daba cuenta de que estaba desnudo, porque él estaba mirando a Dios. El era alguien concentrado en Dios y Dios era el centro; pero el problema comenzó cuando esta importante creatura, este querubín grande y protector, dejó de centrarse en Dios, y comenzó a centrarse en sí mismo. Ahí comenzó la rivalidad. Ahí comenzó la guerra. Y ahora ¿de qué bando estamos nosotros? depende del centro alrededor del cual nosotros giramos. Si nosotros giramos alrededor de Dios, estamos en el bando de Dios; pero si giramos alrededor de nosotros mismos, estamos en el mismo bando de Satanás. Esa es la guerra. Es una guerra seria, muy seria. Todo el trabajo de Satanás es para apartarnos de Dios. Esas son las palaberas de la serpiente: “¿Con que Dios os ha dicho que no comais? …sabe Dios que el día que comais serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios sabiendo el bien y el mal” (Gn.3:1,5). O sea, lo llevó a ser como él era, le participó el mismo venenoso principio diabólico.

Entonces dice la Palabra de Dios: “Perfecto eras en todos tus caminos… hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones, (es decir, tenía muchas ocupaciones, se le había delegado mucho, y por causa de eso se enalteció en el corazón. ¡Qué terrible es esto!. ¡Qué peligro es esto!. Dice: “A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor;…” Ahí está la causa de todos los problemas. ¡Que Dios nos conceda la gracia de guardarnos para no enaltecernos!. Dice La Escritura que a Pablo le fue dado un aguijón para que no se enalteciera sobremanera; Dios le dio tantas revelaciones, que había peligro de que el mismo apóstol Pablo se enalteciera; pero Dios le guardó de eso con un aguijoncito. Y cada vez que comenzaba a hincharse, ay! se chuzaba con el aguijón; así que Dios no le dejaba hincharse, porque ahí estaba el aguijón preparado. Yo pienso que tenemos que darle gracias a Dios por los aguijones que nos desinflan, para que no nos hinchemos. Unos lo tendrán por un costado, otros por otro; cada uno sabe dónde le aprieta el zapato.

Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; (y fíjese, fíjese, aquí aparece este dragón, porque este querubín es el diablo. Ese es el dragón que aparece reinando sobre los reyes de la tierra;  mire lo que dice: “delante de los reyes te pondré para que miren en ti… (Que aprendan la lección. Pero ahí fue también cuando dijo el diablo: los reinos de este mundo me han sido dados. Cuándo le fueron dados? Cuando cayó el hombre, y los reyes siguieron al dragón.) ...delante de los reyes te pondré para que miren en ti.” Existe la sociedad llamada de los Iluminati, luciferiana; son los que tienen el gran poder en el mundo, el poder del dinero, el poder del gobierno, de la ONU, de la diplomacia, de los supermercados, del petróleo, de las multinacionales, etc. Son los que tienen el reino de este mundo; pero son controlados por éste a quien Dios puso delante de los reyes para que miren en él.

“Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió…” ¿Dónde surgió ese fuego? Dentro de él mismo, cuando él se rebeló; el fuego que le consume cada vez Dios lo hizo salir de él mismo. Cuando Dios es nuestro centro, Dios no necesita que el fuego nos consuma; pero cuando nosotros somos el centro, nosotros mismos abrimos las puertas del infierno de fuego. “Yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos, (muchos lo conocieron), se maravillarán sobre ti; espanto serás, (antes eras dechado de hermosura y acabado de sabiduría) y para siempre dejarás de ser”. Es decir, lo que era, nunca lo será más.

Lucero.-

Vamos a completarlo con Isaías 14. Necesitamos hacer estas relecturas para comprender el principio de la guerra y de la edificación. La edificación es el reino de Dios, en el cual reinamos con Él, y gracias a Él, en el cual le somos leales al que tiene el auténtico derecho, que es Dios; pero la guerra es contra el reino rival. Mas ¿dónde comenzó el reino rival? Cuando quiso aparecer otro centro diferente a Dios mismo; ese es el rival. El centro diferente a Dios puede aparecer en el mundo religioso, o en el intelectual, o en el político, o en cualquier otro, pero cualquier otro centro que no sea Dios, es un centro rival, y por eso hay la guerra; hay que entender.

Entonces en Isaías 14, diciendo lo mismo que se había dicho del rey de Tiro, aquí Dios le está hablando al rey de Babilonia; pero el verdadero rey de Babilonia, no era solo Nabucodonosor con sus sucesores, ese era solamente la bestia, la cabeza de la bestia. Pero detrás de la bestia estaba el dragón, porque el dragón es el que le da el poder a la bestia, como dice en Apocalipsis; o sea, es el príncipe, el gobernador de las tinieblas, el que transmite su influencia a través del gobernador natural. Entonces leemos en el capítulo 14 de Isaías, desde el verso 4, para entender quién está detrás de Babilonia. Le dice Dios a Isaías: “…pronunciarás este proverbio contra el rey de Babilonia, y dirás: ¡Cómo paró el opresor, cómo acabó la ciudad codiciosa de oro! Esta es la civitas diabolis, la ciudad del diablo; se caracteriza por la opresión y la codicia. “Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores;” Ah, cuando viene hablando en el contexto de la caída de Satanás, le llama a Satanás báculo de los impíos y cetro de los señores, porque el dragón es el que le da el poder y autoridad a la bestia que es el poder político. Y dice acá: “...el que hería a los pueblos con furor, con llaga permanente, el que se enseñoreaba de las naciones con ira, y las perseguía con crueldad. Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas. Aun los cipreses se regocijaron a causa de ti, y los cedros del Líbano, diciendo: desde que tú pereciste, no ha subido cortador contra nosotros. El Seol abajo, (debajo de la tierra, del fuego), se espantó de ti; despertó muertos, (o sea que había muertos en el Seol y fueron despertados), que en tu venida salieron a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones, (que estaban en el Seol). Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; (en Ezequiel hablaba de los tamboriles y flautas, los instrumentos de viento y de percusión; plural flautas); gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán. ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! (Lucero quiere decir portador de luz, lo mismo que significa la palabra Lucifer, Lucero). Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón, (ahí está el comienzo del problema, ahí comenzó la guerra en los cielos, aquí está el quid del asunto), Tú que decías en tu corazón: (las cosas empezaron en lo secreto del corazón), subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, (ahí comenzó el problema), y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. (Ese es el quid de la cuestión, ahí está el problema). Más tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. (Ah, entonces ya sabemos quién es el rey del abismo, Apolión, destructor). Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel? Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada; pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. No serás contado con ellos en la sepultura; porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos. Preparad sus hijos para el matadero, por la maldad de sus padres; no se levanten, ni posean la tierra, ni llenen de ciudades la faz del mundo. (Eso que llamamos civilización no es precisamente lo que Dios aprueba. Dios quiere otra civilización, el reino de su Hijo, Jesús el Cristo). Porque yo me levantaré contra ellos, dice Jehová de los ejércitos, y raeré de Babilonia el nombre y el remanente, hijo y nieto, dice Jehová. Y la convertiré en posesión de erizos, y en lagunas de aguas; y la barreré con escobas de destrucción, dice ( Yahvé Sabaot) Jehová de los ejércitos”.

Entonces, hermanos, hemos repasado estos pasajes para tenerlos frescos, para tener conciencia del inicio del combate. De qué era lo que había ya en el aire cuando el hombre fue hecho. Entonces ahora volvamos a Génesis, tenemos todavía media hora.

Faz del abismo.---

Génesis 1:26. “Entonces dijo Dios, (ya llevaba cinco días en ese proceso creativo, y llegó Dios para culminar ese proceso y para ver que todo era bueno en gran manera. Pero fíjese en que Dios, que sabía quién andaba en los aires y en los abismos, no dijo que era bueno el segundo día. Porque fíjese en a qué se refiere el segundo día. “Luego dijo Dios, verso 6: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, (esos son los abismos), de las aguas que estaban sobre la expansión”. Para entender un poquito esto vamos a mirar unos versos, y vamos a leer y seguir en Génesis; pero para entender bien lo que está diciendo Génesis tenemos que ver esto. Vamos primero a Efesios y luego Apocalipsis. Efesios, capítulo 2, versos 1 y 2, que nos muestran ya la condición caída del hombre en esta batalla, en esta guerra. “Y él, (o sea, Dios), os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados… (se abrió la puerta, ahora hubo que guarnecerla),…en los cuales, (o sea, en los pecados), anduvisteis en otro tiempo. (Pero fíjese en que) “cuando estabais en delitos y pecados”, (no era una cosa solo nuestra, no era una cosa solo humana, cuando estábamos en delitos y pecados; algo sobrehumano estaba aconteciendo en esta guerra. Aquí dice):…anduvisteis en otro tiempo, (en delitos y pecados), siguiendo la corriente de este mundo, conforme (o sea que la corriente de este mundo se conforma) al príncipe de la potestad del aire. (Note esta palabra: príncipe de la potestad del aire, del aire).. ...el espíritu que ahora opera, (o sea que el príncipe de la potestad del aire está operando ahora; no solamente están obrando los hombres, sino que está obrando el príncipe de la potestad del aire en esos hombres). …el príncipe de la potestad del aire… que opera en lo hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros, (incluidos los apóstoles) vivimos en otro tiempo, (aleluya, gracias a Dios en otro tiempo, antes de la venida del Señor Jesús; pero aun los apóstoles estuvieron aquí) haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, (así que hacer lo que a uno se le ocurre, que parecía tan normal, tan humano, no es tan normal. Hacer simplemente la voluntad de la carne y de los pensamientos, es ser cabalgados por Satanás, el príncipe de la potestad del aire que opera en los hijos de desobediencia cuando hacíamos la voluntad de la carne y de los pensamientos) y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios (¡aleluya! No nosotros, Dios), que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, (la humanidad fue resucitada en la humanidad de Jesucristo), y así mismo nos hizo sentar (ahora ¿donde? Ah, no solamente en la tierra; es un asunto espiritual), en los lugares celestiales, (nos hizo sentar reinando) con Cristo, reinando con Cristo; este reinar con Cristo es el verdadero dominio que Dios quiso que el hombre tuviera.

Mire ahora lo que dice el capítulo 6, que lo he mencionado, pero que lo tengo que leer para algunos del mismo Efesios: Dice desde el 10: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis (resistir o) estar firmes contra las asechanzas del diablo”. (Hermanos hay algo que se llama las asechanzas del diablo; esto está completamente minado; las asechanzas del diablo). Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad, () en las regiones celestes”. Por eso se le llama el príncipe de la potestad del aire en las regiones celestes.

Por eso cuando el Señor hizo la expansión, Él sabía quién estaba allí; por eso no dijo nada, por eso no dijo que era bueno, para no engañarnos; porque si hubiera dicho que era bueno, nosotros pensaríamos que no había nada malo por ahí en la expansión, nada malo en lo cielos, nada malo en las regiones celestes, nada malo en los aires; y por eso Dios se calló, no dijo nada, se quedó callado para no engañarnos. ¿Se dan cuenta hermanos?

Ahora vamos a Apocalipsis 9, verso 1; “El quinto ángel tocó la trompeta, y vi, (ah, aquí vemos a uno que cae), una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. (El no tenía la llave; el que tiene la llave es el Señor; pero cuando cayó esta estrella, se le permitió caer para liberar algunos espíritus para atormentar a los que quieren ser sus amigos, para que conozcan de quién están siendo amigos, a ver si se arrepienten a tiempo, antes de ir definitivamente al abismo; van a vivir sufriendo de las langostas del abismo por unos cinco meses, para que conozcan a dónde van a ir eternamente si no se arrepienten; o sea que esto que parece tan terrible es pura misericordia de Dios para que conozcan dónde van a ir para siempre si no arrepienten y creen en el evangelio; los deja vivir por cinco meses una gran tortura para mostrarles con quién se aliaron, a quién escogieron; no escogieron a Dios sino que se hicieron amigos de éstos, y miren cómo son éstos. Entonces se le dio la potestad de abrir el pozo del abismo, y se dice): Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra. Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. (El sello de Dios es el Espíritu Santo; eso lo dice en Efesios.) Y les fue dado, no que los matasen, porque Dios no quería que los matasen,) sino que los atormentasen, (Dios no quiere que los maten; al contrario, lo que Dios busca es que se arrepientan; pero ni aun así se arrepintieron.) …no que los matasen sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; (A usted ¿qué le parece ahora la juventud procurando el suicidio? hablando de eso, parece que están empezando a buscar la muerte; y dice: pero la muerte huirá de ellos.) El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; (ellos sí saben en qué guerra están contra nosotros; nosotros somos los que no sabemos,) en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones; tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; (y es contra nosotros, pero se les impidió hacer daño a los que tengan el sello del Dios vivo. Hay que tener el sello del Espíritu, para no ser heridos por ellos,) tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. (Miren que Dios tiene el poder y solo les dice, hasta aquí les permito, de aquí no pasarán. Dios les permite atormentar cinco meses, pero no les permite matar. Fíjense en el verso 11:) Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión. El primer ay pasó; (ese es el primer ay. Ahora fíjese en cómo se le llama a él. Aquí quiero llamarles la atención: Abadón y Apolíon, y es rey del abismo. En la Biblia la palabra abismo se le aplica también a los mares; los mares son también llamados abismos. Vamos a ver algunos versos; por ejemplo, vamos al libro del profeta Jonás. Jonás 2: Cuando echaron a Jonás al mar, dice Jonás: “Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: desechado soy de delante de tus ojos; mas aun veré tu santo templo. (Mantenía la fe, hermanos.) Las aguas, (oigan esto: Las aguas) me rodearon hasta el alma, (eh, hasta el alma.) Rodeóme el abismo”; porque es que existe no solo un mundo material sino un mundo espiritual superpuesto; y nosotros los seres humanos participamos de los dos mundos; con el cuerpo participamos de este exterior, pero con el espíritu participamos del interior, del invisible, y nuestra alma está entre los dos. ¿Ustedes no han visto a una persona cuando se está muriendo? parece que lo ve a usted y parece que está viendo visiones, que está delirando, está entre los dos mundos, está recibiendo información a través de los sentidos de un mundo, y está percibiendo espiritualmente otro mundo, y las dos informaciones se juntan en su alma y en su entendimiento, y ve las dos cosas. También hay personas a quienes Dios les abre los ojos con visiones, que son profetas, y perciben no solo este mundo natural sino también el otro mundo. Al mismo tiempo que Jonás estaba en las aguas, las aguas le rodearon hasta el alma y lo cercó el abismo; entonces usted ve la relación de los mares, de las aguas y de los abismos. Cuando los israelitas cruzaron el mar rojo, se dice que cruzaron por el abismo, y en el salmo habla de los abismos, referido a los mares; existe una relación. En Apocalipsis 20, cuando viene el juicio del trono blanco, algunos vienen de los mares, otros vienen de la muerte y otros vienen del Seol. El mar entregó los muertos que había en él, y la muerte, o sea las regiones de sombra de muerte, y el Hades, que no es lo mismo, entregaron los muertos que había en ellos, porque son diferentes entidades, la muerte y el Hades, porque entre esta vida y el Hades hay una región intermedia por la cual las personas son llevadas, y esa región intermedia se llama el Tánatos, o la muerte, o regiones de sombra de muerte; por eso se habla de las puertas, en plural, de la muerte, y de las puertas del Hades. A la muerte le sigue el Hades; no es lo mismo la muerte y el Hades, no. La muerte y el Hades tenían muertos en ellos, y estos dos, la muerte y el Hades, fueron echados al lago de fuego; pero también había muertos en los mares, dice Apocalipsis 20; y el mar dio los muertos que había en él; había muertos en los mares, muertos en la muerte y muertos en el Hades, y de esos tres lugares fueron traídos a la presencia del gran trono blanco. Y en cuanto al cielo y la tierra, se enrollaron como un libro y no se halló más lugar para ellos. Todas estas dimensiones desaparecieron, la del primer cielo y la primera tierra, y todas aquellas otras dimensiones espirituales comparecieron ante el trono blanco.

Entonces, hermanos, no es solamente una cuestión de aguas; la Biblia habla del ángel de las aguas, un ángel de Dios que tiene poder sobre las aguas; existe algo espiritual también allí y a este Abadón o Apolión se le llama el príncipe o el rey del abismo. Entonces, cuando volvemos a Génesis 1, cuando dice el verso 2 que “…la tierra se tornó desordenada y vacía y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo,”  claro que a este abismo se le llama los mares; pero fíjense en que estos mares aquí no eran todavía los que nosotros conocemos como océanos, porque recién en el cuarto día dijo Dios: júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar y descúbrase lo seco; y a este reunión de las aguas de debajo, del abismo, llamó mares. Así que las aguas a que se refiere en el verso 2, no se refieren a estos océanos como son hoy, sino a un estado caótico anterior a la formación actual de los planetas y de la tierra; no eran de la forma de este océano, las aguas de arriba que Dios las separó de las de abajo; solamente a las de abajo reunió, reagrupó, y formó los océanos; pero hay otras aguas sobre los cielos. Por eso miren, léanlo bien, dice el verso 6 “Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión”. O sea que fueron las aguas de debajo las que fueron reunidas en mares; pero antes de ser reunidas esas aguas, estaban en otro estado; y ese otro estado de las aguas y de los elementos era lo que se llamaba la faz del abismo; aun sobre los cielos hay aguas dispersas en nebulosas.

Acompáñenme, por favor, al Salmo 148; leamos desde el verso 1 lo siguiente: “Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas. (Comenzó por arriba porque es por allá que hay que comenzar.) Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle, vosotros todos sus ejércitos. (Bueno, ahora sí puede acercarse un poco aquí al sistema solar) Alabadle, sol y luna; alabadle vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos”. Estas no son las aguas que estaban debajo de la expansión; las aguas de debajo de la expansión fueron las que se juntaron y se llamaron los mares; pero Dios no habla solo de aguas a la de los mares; Él habla también de aguas que no fueron juntadas y que permanecen expandidas sobre los cielos; y la parte de abajo fue la que se junto en los mares. Dice que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas; no era las de los océanos; todavía no eran estos océanos que nosotros conocemos, Atlántico, Pacífico,  Ïndico; era un caos universal que había, y el Espíritu de Dios se movía, y Salomón nos dice que se movía en círculo (Prv.8:27b), es decir, en órbitas. Cuando usted ve los elementos del universo, todos se mueven en órbitas; y quien los hace mover en órbitas es el Espíritu de Dios, y se forman los brazos espirales de las galaxias; y por eso se dice también que Dios extiende los cielos; y ese movimiento de expansión de los cielos, que se descubrió por el efecto Doopler, la ciencia lo descubrió despuées de que a él se refiriera ya la Biblia  desde hacía mucho tiempo. La Biblia ya decía desde muy atrás acerca de esta expansión y de este movimiento. Pero fíjese en que habla también de aguas que están sobre los cielos. Entonces, por eso, cuando oímos la palabra aguas, y del abismo de las aguas, y de la faz del abismo, no tenemos que traerlo a la configuración actual. Solamente a partir del cuarto día del heptamerón comenzó a tenerse la forma que nosotros conocemos; inclusive, antes del diluvio, todavía era distinto a lo que fue después del diluvio; era una situación diferente; y antes de los días 2º y 4º era una situación caótica universal.

Las mitologías antiguas se quedaron diciendo que todo comenzó con el caos; pero realmente Dios empezó antes; y algo produjo ese caos. Ahora, aquí la Biblia nos dice que ya cuando el hombre fue hecho, había una serpiente antigua que Apocalipsis llama el diablo y Satanás, de la cual había que cuidarse. Entonces, hermanos, cuando se nos menciona ese personaje llamado el ángel del abismo, Génesis nos hace entender un poco más quién es el hombre, pues ahora es el hombre quien debe señorear sobre los peces del mar, en la misma jurisdicción de Abadón o Apolión.

El hombre.-

Entonces, volvamos a Génesis, ahora sí a Génesis 1:26; porque es que si lo leemos sin tener todo el contexto, entonces no entendemos dónde nos puso Dios. Acordémonos de un versoque habla en Ezequiel acerca de quién había estado en el Edén primero. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; el querubín Lucero estuvo en el Edén. Ahora, acordémonos también a quién es el que la palabra del Señor llama el príncipe de la potestad del aire. Y acordémonos igualmente quién es el ángel del abismo, y la relación del abismo con las aguas y los mares. Ahora sí: “Entonces dijo Dios, verso 26: “Hagamos al hombre a nuestra imagen,... como quien dice, hagamos una criatura máxima que nos represente a nosotros, ya habíamos hecho un querubín que quiso ser semejante a Nosotros por sí mismo. Pero vamos a hacer Nosotros por Nosotros uno que sea como Nosotros, y vamos a otorgarle el que nos represente a Nosotros, el que Nos canalice, que viva en comunión con Nosotros, por medio del cual Nosotros podamos ejercer autoridad; vamos a darle Nuestra imagen y Nuestra semejanza; y vamos a darle a él el dominio. Y ¿qué dominio? este dominio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar. Ah, pero había un ángel del abismo que hasta ahí había señoreado; pero ahora ya no va a ser él; ahora vamos a entregarle ese señorío al hombre. Y dice: y en las aves de los cielos. Ah, ahora es el hombre el que va a reinar en las aves de los cielos; antes en los aires estaba el príncipe de la potestad del aire; pero ahora Dios va a colocar a una criatura que va a recuperar el reino de Dios. Y también reinará sobre todo lo que se arrastra sobre la tierra, sobre la serpiente. Hermanos, para eso fue creado el hombre, como avanzada para la recuperación del reino de Dios; porque había habido un rebelión en los aires, en los lugares celestiales.

Israel en Canáan.-

Hermanos, Dios preparó a Israel para desplazar a los gigantes cananeos; ya estaban los cananeos ahí, pero Dios hizo un pactto con Su pueblo y les dijo: si ustedes me son fieles, Yo seré con ustedes, y ustedes van a destruir a esos gigantes, van a derribar a los cananeos, y van a destruir sus altares, sus dioses; no van a aprender sus formas; ustedes son los encargados de comenzar una civilización nueva, un reino nuevo; esa es la edificación. Pero esa edificación es en medio de una guerra; existen espíritus y existen sus agentes que tienen un mundo según los principios de Satanás; es como decir, los cananeos en Canaán; pero ahora el Señor tiene una criatura que, si le es fiel, le va a entregar el reino; pero lo va a poner en el Edén. Y, claro, en el Edén había estado aquel querubín; por eso tienes que guardarlo, no tienes que abrir la puerta; si eres muro edificaremos, pero si eres puerta la guarneceremos; ¿se dan cuenta?

¿Misión o corrupción?-

Existe un mundo espiritual que quiere invadir también al hombre; Satanás sabe quién es el hombre; pero el hombre no sabe quién es, porque esto está revelado en la palabra de Dios, y Satanás siempre distorsiona la verdad: ¿Con que Dios ha dicho… o sea, la palabra de Dios es esa, pero yo tengo otra propuesta, tengo otra palabra, dice Satanás. Dios dijo que moriréis…mentira, no moriréis sino que seréis como Dios. Lo que él había dicho: seré semejante al Altísimo. El mismo principio se lo impuso al hombre. Seréis como Dios sabiendo el bien y el mal. O sea, Satanás corrompió al policía que le fue puesto, se lo compró. Es como cuando se hace toda una organización, como por ejemplo, la DEA, el departamento antinarcóticos, para ir a atrapar a los narcotraficantes; pero los narcotraficantes se compran a los agentes de la DEA, y resulta la DEA una agencia infiltrada por los narcotraficantes. Cuando estuve en Paraguay, leí unos documentos de acseso restringido donde se denunciaba que la cocaína se guardaba en la misma embajada de los Estados Unidos por toneladas. Eso es lo que hizo Satanás, se compró al alguacil, se compró al que tenía que guardar el Edén. Pero el Señor ya lo tenía previsto; ahora la redención nos devuelve a nuestro verdadero lugar. Tenemos que entender quiénes somos, y qué quiere Dios edificar, y cuál es la guerra, dónde comenzó, qué sucede cuando nos descentramos de Dios y nos centramos en nosotros mismos. Cuando dejamos de mirar a Dios y nos miramos a nosotros mismos, ahí empieza el otro reino, el de las tinieblas; el otro reino comienza cuando nos miramos a nosotros mismos y nos ponemos en el lugar donde solo debe estar Dios. Hay que entender eso. Amén. Es necesario comprender en qué consiste la guerra, en dónde nos puso Dios; nada menos que en medio de los enemigos.

¿Dónde puso Dios a Israel? Nada menos que en medio de Canaán. Pero en Canaán había gigantes y los israelitas  decían: Eh! pero nosotros parecíamos langostas frente a esos gigantes. Volvámonos a Egipto, pues allí comíamos puerros, ajos, pepinos y tomates. Aquí esto fue Meriba. Gimieron por haber gigantes, y no entraron, y se acobardaron. Pero los que creyeron, como Josué y Caleb, dijeron: con nosotros está Jehová, más podemos nosotros que ellos, los comeremos como pan: Esa es la actitud que debemos tener ante Jehová, ante Yahvé Sabaot, el Señor de los ejércitos. Ve hermano? Hay una guerra que hace tiempo comenzó, tal como lo hemos estado leyendo; y nosotros fuimos puestos aquí para cultivar y guardar, edificar y guerrear, sojuzgando la tierra para nuestro Dios, mediante una vida corporativa en unión con Él que represente y canalice a la Trinidad divina. Hermano, tenemos que entender que vinimos a cumplir una misión: representar a Dios. Escrito está: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y señoree precisamente ahí, donde merodea el enemigo. ¿Dónde? En los peces del mar, en las aves de los cielos, sobre la tierra y sobre todo lo que se arrastra sobre la tierra. Sobre la serpiente. Y ¿dónde fue colocado el hombre? En el Edén, en donde había estado aquel querubín. Dios espera, pues, algo del hombre. Tenemos que entender, pues, para lo qué fuimos creados, y para qué estamos aquí.

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EDIFICACIÓN Y GUERRA / (3): ilustración práctica

Por Gino Iafrancesco V. - 5 de Enero, 2008, 17:25, Categoría: General

Capítulo 3

ILUSTRACIÓN PRÁCTICA

Concédanme unos minutos para compartir un poquito más acerca de lo que hemos  estado charlando en estas dos mañanas pasadas del viernes y del sábado. Avanzaríamos un poquito. Quisiera presentar algunas consideraciones a los hermanos, recordar juntos algunos versos que hemos leído ya. Tengo en mi corazón llamar la atención de una manera más detenida sobre ciertos versos en relación con la guerra, y lógicamente con la edificación; porque peleamos la guerra  para que el reino de Dios sea edificado. La intención mía no es tomar todo el tiempo, sino la parte necesaria hasta donde el Espíritu dé, pero dejar entonces abierto para que los hermanos enriquezcan también, reelaboren y mutuamente nos edifiquemos.

Espectáculo.-

Entonces, para dar continuidad, quisiera que me acompañaran mis hermanos en el Libro de Job. En éste libro  vamos a abrir inicialmente en el primer capitulo. Quiero llamar la atención solo sobre algunos aspectos. Sé que este precioso libro es muy profundo y hay mucha tela que cortar de él. No es mi intención lógicamente hacer una exégesis detenida, exhaustiva, sino solamente llamar la atención a algunos aspectos específicos de este primer capítulo, y en relación con lo que hemos venido conversando y considerando juntos acerca de la guerra.

Voy a leer en el capítulo 1, desde el verso 7; Job 1:7. “Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes?...” No es que Dios no lo sepa, sino que Dios quiere hacerle tomar conciencia a Satanás de algunas cosas. “...Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella”. Bueno, supongo que un espíritu que puede rodear la tierra y andar por ella, puede andar también por la luna, por Saturno, por Plutón.

La palabra del Señor nos dice en la primera a los Corintios que nosotros, la iglesia, somos espectáculo; no solo al mundo, sino también a los ángeles; y no solo a los ángeles escogidos, sino también a los ángeles caídos. Es como si nosotros, aquí en esta tierra, fuéramos el acuario; y desde aquella dimensión donde están los ángeles de Dios y los caídos también, estuvieran mirando al acuario, a los pececitos de colores, cómo suben, cómo bajan, cómo nadan. Estamos siendo observados por una gran nube de testigos (Heb.212:1). Debemos tener conciencia de que no solamente nos ven los hombres, no solo Dios nos ve, sino que los espíritus también nos ven. No que sean omniscientes como Dios, pero sí tienen mucha libertad para ver.

Y justamente este asunto de la guerra se pelea en el corazón, se pelea en la mente, se pelea en el espíritu. Lo que nosotros aquí no vemos fácilmente, ellos sí lo ven fácilmente. Cuando los hijos de Esceva, según los Hechos de los apóstoles 19:13-20, dijeron a un espíritu malo que saliera en el nombre del Jesús que predicaba Pablo, el espíritu malo dijo: a Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?  También sabía, pues, quiénes eran ellos, los hijos de Esceva; pero vosotros, ¿quiénes sois? No que no lo supiera; sino porque sabía; por eso es como si dijera: ustedes no son como Jesús, ni como Pablo. Ustedes no pretendan venir aquí a hablar en el nombre de Jesús sin Jesús y a mencionar a Pablo, cuando ustedes son tan distintos. Conozco quién es Jesús y sé quién es Pablo.

Acusación.-

La guerra se pelea en ese ámbito. Y bueno, aquí en el Libro de Job viene el diablo de rodear la tierra. “Y Jehová dijo a Satanás, verso 8, ¿No has considerado a mi siervo Job?” Desde ahí se puede considerar, se puede observar, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” Le dice Dios a Satanás -: ¿ y en la tierra no te diste cuenta de Job?- Ah!, El acusador de los hermanos, que eso implica, como enlodador, la palabra “diablo”, y que así se le llama a Satanás en Apocalipsis 12:9. “Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra.” Estaba acusando a Job de amar a Dios por los bienes. Y aquí está confesando una cosa curiosa Satanás. Claro que Satanás se había dado cuenta de Job; y a lo mejor había querido hacer algo contra él; pero había un cerco alrededor de Job.

Cerco, permiso y prueba.-

Quiero llamarles la atención a algunos detalles. Un detalle de ellos es este cerco. Dice acá: “¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?” Las cosas no estaban solamente allí; Job no estaba solo allí; la familia de Job no estaba sola; la casa de Job no estaba sola; ni estaban solos los negocios de Job. Dios había establecido un cerco alrededor de Job, de su familia, de su casa, de sus bienes y de todo lo que tenía. Un cerco. Un cerco protector para impedir el avance del perverso, del maligno, del destructor.

Pero Dios le hizo una pregunta a Satanás; Dios sabía con qué iba a salir Satanás, Dios no fue sorprendido. Dios quería demostrarle a Satanás que no era lo que él pensaba. Y dice Satanás: “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. Ese fue el desafío que le puso Satanás a Dios. Extiende tu mano; como quien dice, dame permiso de cruzar ese cerco que tú le tienes, y yo te voy a demostrar que ese es mío y no tuyo.

Hermanos, esta es la guerra; y a veces Dios da esos permisos. Jesús dijo: “Simón, Simón, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo (Lc.22:31); y el Señor sabía lo que le iba a pasar; pero no se lo mencionó así en ese momento; en otro sí; mas ahora le dijo: “pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte”; que a pesar de la zarandeada y de tu propia caída, porque Yo he rogado por ti, que tu fe no falte, “y tú, una vez vueltto, confirma a tus hermanos” (v.32). Cuando vuelvas; o sea, vas a levantarte porque he rogado por ti, y mi Padre me oye en todas las cosas que le pido; cuando vuelvas, confirma a tus hermanos.

Qué importante son para el Señor estas cosas que el mundo no sabe que existen; confirma a tus hermanos. El mundo conoce de cuentas bancarias, de tarjetas de crédito, de posesiones, de títulos; pero eso no es lo que confirma; mas tenga fe en Dios, confianza en Dios en medio de todo, y aun confianza en Dios después de la propia caída; porque Dios nos ama con amor incondicional. Que tu fe no falte, para que puedas levantarte de nuevo, y a pesar de que caíste, cuando te levantes, por mi amor, por mi gracia, vas a poder confirmar a los hermanos en la fe y en el amor. Suceden estas cosas.

Oportunidades para los espíritus.-

 Dios sabe por dónde va Satanás, y a veces Dios les da, por permiso, oportunidades a los espíritus. En el libro de los Reyes, se nos cuenta que una vez que el profeta Elías hizo una profecía acerca de Acab, y acerca de Jezabel, y profetizó Elías que a Jezabel se la iban a comer los perros y que iban a lamer su sangre, y que Acab también moriría. Bueno, nos cuenta el libro de los Reyes, que escribió el profeta Jeremías, y que tenía varias fuentes, y que él también era profeta, que a otro profeta que se llamaba Micaías hijo de Imla, Dios le abrió los ojos para mostrarle una escena detrás de bambalinas; una escena en el ámbito espiritual del mundo invisible; para nosotros invisible. Nosotros no somos invisibles para ellos. ¿No has visto a mi siervo Job? Satanás sí veía. Nosotros somos para ellos visibles; solamente ellos son para nosotros la mayoría de las veces, no siempre, invisibles. Mas Dios le abrió los ojos a Micaías y le reveló una escena en ese mundo espiritual, así como ésta que aparece en el libro de Job. Y dice que había varios espíritus delante de Dios, unos fieles y otros infieles. En el libro de Job también se dice que vinieron los hijos de Dios, los ángeles, hijos de Dios, a presentarse delante de Dios, y entre ellos vino también Satanás. Y ahí fue cuando le preguntó, ¿de dónde vienes?; él estaba entre los hijos de Dios.

Y allá había una escena de Dios y varios espíritus, relacionada a las escenas de la tierra; porque la gran película que se ve en el cielo es la película de lo que acontece en la tierra. Entonces preguntó Dios qué idea proponían para que la palabra que había profetizado Elías se cumpliera. Mire cuán democrático es Dios; les permitió hacer proposiciones a muchos espíritus, para sugerir cómo cumplir la palabra que profetizó Elías. Dios es así; Él creó creaturas para que sus creaturas participen; ese es el carácter de Dios. Y había distintas propuestas. Unos decían una cosa, otros decían otra cosa; y de pronto un espíritu maligno, un espíritu del infierno pidió la palabra, y Dios le dio la palabra, como cuando Satanás le pidió permiso a Dios para zarandear a Simón, o como aquí el acusador de los hermanos, queriendo acusar a Job, también pidió permiso de quitar ese cerco que había, para pretender demostrar a Dios que Job era más de Satanás que de Dios. Y Dios le dió permiso a esos espíritus malignos. La Biblia habla, incluso, de espíritus malignos enviados de parte de Jehová; como aquel que atormentaba a Saúl. Ellos no podrían hacerlo si Dios no les diera permiso.

Y aquel espíritu maligno levantó la mano y pidió permiso y propuso: yo voy a ser, dijo, espíritu de mentira en la boca de los profetas, y lo vamos a inducir para que suba a Ramot de Galaad, y allá va a morir. Y dijo Dios: tú vas a conseguir que eso sea así. Porque Dios conoce de todas las tácticas que proponían, tanto los ángeles del cielo o del infierno, cuál era la que iba a dar efecto con Acab y con Jezabel. Entonces le dijo al espíritu malo: Tú lo conseguirás. Porque Dios es omnisciente y también le dio permiso: ve, pues, y hazlo así. Y salió ese espíritu, y empezaron aquellos profetas a profetizar, y Acab les creyó la profecía, que era falsa, que era de aquel espíritu maligno; pues hay espíritus de demonios operando en el ambiente religioso; y engañado fue el rey Acab, y subió a Ramot de Galaad, y allí murió, y se cumplió la profecía de Elías. Fíjense en que Dios, para cumplir las profecías, le da permiso, incluso, a los demonios. Hermano, es necesario que en esta guerra nosotros conozcamos cómo se mueven las cosas en esa dimensión, y cómo somos probados, y como, a veces, Dios permite que los espíritus vengan a molestarnos.

Una ilustración personal.-

Ustedes me perdonarían que les cuente algunas ilustraciones personales, y también sobre otros hermanos; no para establecer doctrina, no. La doctrina solo la establecemos de la Palabra; pero para poder contar algunas ilustraciones para nuestra vida cotidiana.

A veces, yo creo que también a ustedes les habrá sucedido de vez en cuando, tú percibes que el Señor te despierta, a lo mejor puede ser por un toquecito, por ahí a las cuatro de la mañana, o a las cinco de la mañana; o si estás alargando demasiado la siesta, te despierta un poquito, y te das cuenta de que es un toque para que te despiertes y busques al Señor. Y a veces son los ángeles del Señor; creo que la mayoría de las veces son los ángeles del Señor los que nos dan ese toquecito, por ejemplo aquí al costado, o en la punta del pie, para que estemos alertas. Pero me sucedió una vez, que yo, de perezoso, no me quería levantar de mi sueño. Hermanos, y entonces Dios le dio permiso a un demonio para que fuera precisamente un demonio el que viniera a despertarme, ya que no me había querido levantar antes.

 Y también me dejó ver en sueños al demonio viniendo feliz de haber recibido permiso para venir a despertarme. Venía con una felicidad en la cara, porque se le había permitido cruzar el cerco y acercarse a mi cama. Dios me dejó ver toda la escena en sueños; y vino aquel espíritu y me sacudió, pero no muy fuerte, porque Dios seguramente le dijo que solo hasta ahí. Yo no vi lo que Dios le dijo, pero me di cuenta de cómo venía el demonio, con esa alegría porqué se le hubiera dado permiso para venir a despertarme. Yo entendí perfectamente que Dios le había dado permiso, porque yo no había atendido cuando seguramente sus ángeles buenos querían que yo me despertara a orar. Después les voy a contar otras anécdotas; y ustedes, de seguro, tienen varias que después pueden servir para ilustrar; no para doctrina, pero solamente para tomar conciencia de la intervención de ese mundo espiritual acá. Cuando no damos oído a la verdad, Dios permite la operación de espíritus de error, como sostiene el apóstol Pablo (2Tes.2:9-12).

Mano.-

Entonces sigamos acá con Job y volvemos allí. Y dice, verso 12 de Job 1: “Dijo Jehová a Satanás, he aquí todo lo que tiene está en tu mano”; o sea que a veces la mano de Satanás puede posarse sobre lo que uno tiene. Hay que entender que estamos en una guerra. A veces no son las cosas solamente naturales; y eso es lo que quiero enfatizar; esa es la primera carga de lo que estamos tratando en esta noche. Que el Señor abra nuestros ojos para discernir que detrás de cosas que parecen naturales, a veces, o por una falla nuestra, o por un permiso de Dios, Satanás puede cruzar, controlado, el cerco que Dios nos ha prometido.

Escrito está que a los que aman a Dios, el ángel de Jehová acampa alrededor de ellos y los defiende. O sea que hay un trabajo de los ángeles a nuestro favor: acampar a nuestro alrededor y defendernos del ataque de Satanás; hacer un cerco alrededor de nosotros, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros bienes, en fin, nuestros viajes, etc. Pero llamo la atención a esto: Dios le dijo en esta ocasión particular de Job, y que seguramente no fue la única vez en que sucedió de esta manera, sino que suele acontecer así, que dijo esta frase: He ahí en tu mano, Satanás, lo que tiene lo que tiene Job. Como decir, sus propiedades, su familia, sus circunstancias; están en tu mano. Así que Satanás puede actuar sobre las propiedades a veces, túa sobre la familia a veces, o sobre las circunstancias a veces, o sobre acontecimientos a veces, y nosotros no discernimos a veces que detrás de determinadas circunstancias, o determinado acontecimiento, o propuesta, o situación equis o ye, está Satanás con su mano, está la mano de Satanás.

Para pronunciamiento.-

Pero estamos hablando de la guerra, y necesitamos comprender que detrás de lo que a veces parece meramente natural, Satanás es muy astuto para disfrazarse; y vamos a ver aquí unos ejemplos. Sin embargo, aunque está él,  nosotros debemos saber que estamos en guerra, y que estamos allí en medio de esa situación para pronunciarnos claramente a favor de Dios y en contra de Satanás.

Acontecimientos,-

Entonces, dice el verso 12 de Job 1, al final: “Y salió Satanás de delante de Jehová. Y un día aconteció...” ¿Ve? acontecimientos. Vamos a  ver cuál fue este acontecimiento. .”...Aconteció que sus hijos comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito y vino un mensajero a Job y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos...”. Ah! Uno podría pensar; bueno, esas fueron cosas de los sabeos; pero lo que el Espíritu Santo quiere mostrarnos en este contexto no es lo que pueden hacer los sabeos, sino lo que puede hacer Satanás con los sabeos. Satanás puede usar a los sabeos. Satanás es capaz de inspirar una horda para acometer contra un grupo de personas; él es capaz de hacer eso; si no sucede siempre es porque el cerco del Señor está ahí, y el ángel del Señor nos defiende; pero hay que saber lo que sí es capaz de hacer Satanás, inspirar una horda. Y a veces, hermanos, los espíritus se mueven en los clanes, y en los grupos, y debemos discernir si es Satanás; y al discernirlo, reprenderlo, porque el Señor nos dio la autoridad. Él nos dijo: “Os doy potestad de ollar serpientes y escorpiones y sobre toda la fuerza del enemigo y nada os dañará”, “En mi nombre echaréis fuera demonios” (Lc.10:19; Mr.16:17b).

Pero los demonios, a veces, aparecen directamente; o a veces solamente a través de escorpiones, o tarántulas, o serpientes, o mosquitos, y te salen almorranas, o ésto o aquello. Y pensamos que son solamente cosas naturales; y sí, claro, acontecen en el ámbito de lo natural; pero su inicio es de otra dimensión. En este caso aquí, fueron los sabeos; acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. Pero la cosa no terminó ahí.

Aún estaba éste hablando cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo...”, fenómenos raros; Satanás es capaz de hacer caer fuego del cielo; no sabemos si se refería a un rayo o a algún relámpago, o a algo peor. De ahí que en Apocalipsis se nos habla de ese falso profeta que hará caer fuego del cielo. Lo que hizo Elías de parte de Dios, también lo puede hacer Satanás por permiso de Dios. ¿Para qué estamos haciendo un seguimiento lento de esto? Para que sepamos acerca de lo que a veces Dios le permite hacer a Satanás, y que él quisiera hacer mucho más; solo que Dios no lo deja; pero a veces lo deja; y lo deja porque la culpa es nuestra; si nosotros no le pedimos que nos guarde y que no nos meta en la tentación, sino que nosotros mismos salimos y abrimos la puerta, entonces nosotros mismos estamos renunciando al cerco que Dios tiene alrededor nuestro. Es como si estuviéramos flirteando con algunos demonios.

En este caso cayó fuego del cielo que quemó a las ovejas y a los pastores y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. Fuego del cielo, era Satanás. Otro caso. “Aún estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones...”  Ya no solamente es un clan de los sabeos, sino tres escuadrones de caldeos; Satanás es capaz de dirigir la formación de un ejército. En Apocalipsis dice que de la boca del dragón y de la boca de la bestia salieron tres espíritus inmundos que van a los reyes de la tierra para reunirlos para la batalla del gran día del Dios todopoderoso. Eso es Satanás, con sus espíritus, obrando en la globalización del mundo, obrando en la economía mundial, obrando en la interdependencia económica, obrando en el sistema de la banca, en el sistema swift de transferencia electrónica de fondos, en la organización del comercio, en la globalización política y económica, en el ecumenismo; espíritus alrededor de la tierra trabajando por lo alto con los que tienen poder de decisión, con los reyes, para reunirlos contra el Señor y su ejército.

Cosas que uno piensa que no tienen nada que ver con Satanás, que son apenas naturales, y que hasta, incluso, parecen muy prácticas, no es así. Detrás de eso que parece tan pragmático, como tener una tarjeta de crédito, hacer transferencia electrónica de fondos, quién va a pensar que por allí haya una trampa de Satanás. Pero la Biblia dice quiénes son los que están reuniendo al mundo a través de la interdependencia, de la globalización, ecumenismo, movimientos políticos, movimientos económicos, movimientos religiosos dirigidos por Satanás, inspirados por espíritus; espíritus que son los verdaderos gobernadores de las tinieblas de este siglo.

Por lo tanto, no debemos dejarnos engañar por las cosas que acontecen; necesitamos de Dios discernimiento de espíritus; y la palabra de Dios es la que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Debemos ser uno con el Señor y su palabra para poder tener discernimiento. Si no conocemos al Señor y su palabra, no tenemos discernimiento. Debemos ser uno con el Señor y su palabra.

Siguiendo el otro ejemplo, el de los tres escuadrones, “y arremetieron contra los camellos y se los llevaron...”; espíritus de robo; no es solo el ladrón el que roba; un espíritu induce al ladrón a robar, y hasta es capaz de darle inteligencia sobrenatural para hacer cosas que para otros son difícil. Satanás vino para robar, matar y destruir. Luego se dice: “...y mataron a los criados a filo de espada y solamente escapé yo para darte la noticia. Entretanto que este hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento...”; ah, un viento. Operando en la naturaleza, un huracán, un vendabal, un gran viento; pero no es solamente cuestión de temperatura; este era Satanás. Satanás también se aprovechó de que el Señor Jesús estaba durmiendo en la barca, y con la intención de ahogarlo a él y a sus discípulos, levantó una tormenta en el mar, y se anegaban; y el Señor estaba durmiendo; y cuando ellos despertaron al Señor: Señor ¿no te da cuidado que perecemo?! El Señor se levantó y reprendió a los vientos, y los vientos se calmaron y vino una gran bonanza. Hermanos, detrás de fenómenos aparentemente naturales, también puede estar Satanás. Detrás de un viento, detrás de un huracán; puede ser un terremoto, pueden ser cosas que Dios le permite hacer. Y dice acá: “…y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia”.

Doctrinas.-

Leí estos ejemplos aquí, pero estos son solo ejemplos; hay muchas otras maneras como él trabaja. Pablo enseña a Timoteo. Pueden verlo conmigo en la primer epístola de Pablo a Timoteo, en el capítulo 4 y después. Si ustedes toman una concordancia, y empiezan a buscar la palabra “espíritu”, con minúscula, cuando se refiere a los espíritus malignos, ustedes se van a dar cuenta de cuántas clases de espíritus hay, y cuántas cosas producen los espíritus en el mundo de los hombres. Cosas que parecen naturales y no lo son. Los espíritus se mimetizan para no ser descubiertos y no ser reprendidos ni resistidos, hasta esclavizar. Por ejemplo, dice 1 Tim. 4:1: “Pero el Espíritu... (este es con mayúscula, es el de Dios), el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios...” Espíritus engañadores y doctrinas, también doctrinas! Satanás también es filósofo, teólogo, psicólogo, teórico, filósofo de la ciencia, filósofo de la historia. Doctrinas, enseñanzas, sistemas, esquemas, interpretaciones, pero de demonios. Y en el ámbito religioso, uno pensaría, bueno, si es Satanás, me va a decir que me vaya a las casas de citas, a gastarme el dinero en prostitutas, en trago, en drogas; pero no siempre viene así. Mírelo cómo viene aquí: Doctrinas de demonios; usando la hipocresía de mentirosos que teniendo cauterizada la conciencia...”,  utiliza la hipocresía y utiliza las conciencias cauterizadas; espíritus utilizando conciencias humanas que no funcionan en el Espíritu Santo. Si tu conciencia no tiene la misma voz del Espíritu Santo, puede ser influenciada por espíritus, a veces para ponerte escrúpulos exagerados, fobias; mire lo que estos espíritus enseñan: prohibirán casarse, el celibato, y a veces no solo voluntario sino obligatorio; claro, como Satanás sabe lo que puede hacer un reprimido, pero el reprimido no lo sabe, entonces a Satanás se le ocurre hacerlos célibes para después volverlos homosexuales o cualquier otra cosa, o fetichistas; mandaran abstenerse de alimentos que Dios creó, abstinencias; y quién va a pensar que esos sacrificios espirituales, abstinencia, celibato, eran inspirados por demonios. Cosas religiosas producidas por demonios. Si la persona no conoce al Señor y no conoce su palabra, está propensa a muchas ocurrencias.

Legalismo y religiosidad.-

Hermanos, ¿por qué estamos hablando de esto en la guerra? Hay que examinar las ocurrencias que te vienen a la mente. Satanás está en los aires, y a veces pone pensamientos que no son tuyos, pero te hace creer que eres tú; porque si tú sabes quién es, tú lo vas a rechazar. Entonces él conoce qué es lo que a ti te gusta, y te rasca donde te gusta. Y un demonio, lo más parecido a tus pecados, viene con algunas propuestas; ahí estamos siendo probados; y en el ámbito religioso también estamos siendo probados.

Fíjense, por ejemplo, en lo que dice aquí en Deuteronomio capítulo 13: En el ámbito religioso, leíamos ahí en Timoteo que habla de espíritus engañadores y doctrinas de demonios; y esas doctrinas de demonios eran para tratar de apartar de la fe a la gente y poniéndola a confiar en prácticas religiosas de justicia propia, que no se come esto, que si se come aquello, que no se case, que sea célibe, que no mire, que no toque; rudimentos; que entonces con esas prácticas vas a ser más limpio, vas a merecer más cosas. Pero olvidando que la única manera de ser limpio es que el Señor te perdone con su sangre y te fortalezca con su gracia. Pero Satanás te aparta de la fe en el Señor, y te guía para que tú pongas tu fe en tus propias prácticas, y no dependas del Señor, sino de que hay que poner la vela en tal esquina, y usar tal color, y la otra vela de otro color, y dormir debajo de una pirámide, etc.. Muchas ocurrencias de demonios; y la gente lo hace con una gran mística, y no sabe quién los está engañando con  doctrinas de demonios.

Y también dice, como ya recordamos, la palabra de Dios que porque no recibieron el amor de la verdad, que es Cristo y la Biblia, para ser salvos, entonces viene operación de error para que crean la mentira. No es indiferente rechazar la verdad. Rechazar la verdad es darle permiso a la mentira. Una persona que rechaza la verdad es una persona que fue entregada a operación de error, a espíritus de los aires que operan en los hijos de desobediencia; operación de demonios entre los seres humanos.

Entonces, continuando con Deuteronomio 13:1 “Cuando se levantare en medio de ti profeta, osoñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios...” ¡ay!, hoy nosotros pensamos que si es profeta ya basta, que si son sueños ya basta, que si son señales y prodigios, ya basta. ¡No basta, no basta, no basta! No todos los profetas son verdaderos, no todos los sueños son de Dios. Satanás también tiene a veces acceso a los sueños, y a veces te ataca en pesadillas, y no es solamente por culpa de los frijoles, sino por espíritus que a veces atacan; a veces entras en contacto con algo inmundo, no te guardaste para el Señor, y tuvieron acceso determinados espíritus de pitonisa, o de sexo, o de suicidio, etc., y la persona empieza a ser acosada con sentimientos y con pensamientos; y al principio la persona dice, pero ¿qué es lo que me pasa? y no sabe que son espíritus.

Y aquí, en el ámbito religioso, dice Deuteronomio 13, y después pasaremos otra consideración, si Dios nos lo concede: “...Y si se cumpliere la señal o preodigio que él te anuncio...” o sea que es posible que se anuncie un prodigio y el prodigio se cumpla, y sin embargo no es de Dios; todavía no debe considerarse como de Dios; si se te anuncia una señal o un prodigio, y se cumple, dice La Escritura, pero con cualquier otra intención, como diciendo: “...Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles...”;  te está llevando a extravíos e infidelidades a través de esas experiencias místicas producidas por demonios con la intención de apartarte del único Dios verdadero revelado en el Mesías Jesucristo según las Sagradas Escrituras. Todo lo que te aparte del Único Dios revelado en Cristo según la Biblia, te está tratando de llevar a otros dioses; o sea a espíritus rebeldes.

Entonces continúa diciendo en el verso 3: “no darás oído a las palabras de tal profeta ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando para saber si amáis a Jehová vuestro Dios de todo corazón.” ¿Qué pasaba con Job? Estaba siendo probado. ¿Qué pasaba con Simón Pedro? Estaba siendo probado. ¿Qué pasa con la iglesia? Estamos siendo probados. A veces se presentan situaciones confusas en la iglesia; vienen doctrinas, o a veces sentimientos, y no nos damos cuenta de que estamos siendo probados, que Dios ha dado un permiso para que se pronuncien las personas y sea manifiesto lo que son.

Aprobación.-

Dice primera a los Corintios que es necesario, y esa palabra “necesario” es muy seria, es necesario que vengan tropiezos, disensiones, para que se hagan manifiestos los que son aprobados (1Cor.11:19). Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos al reino de Dios, por el cual así mismo padecéis; sí, para que seáis tenidos por dignos del reino por el que padecéis. O sea que existe esta situación espiritual, y debemos saberlo, debemos tener conciencia de esto.

Falseando la personalidad.-

A veces el maligno viene detrás de cosas que parecen nimias, un viento, una saeta de enfermedad, un accdidente, un grupo, una doctrina, una enseñanza, un sueño, una profecía, un sentimiento, una obsesión, una distracción, a veces puede ser un enamoramiento fuera de lugar, muchas veces producido por espíritus. Los espíritus tienen la capacidad de falsear la personalidad y poner en tu pensamiento un pensamiento que no es tuyo; y a veces te atormenta, a veces puede ser un pensamiento de locura, o puede ser un pensamiento de suicidio, o puede ser un pensamiento de alguna cosa abominable, o pornográfica, o blasfema, o cualquier otro tipo de obsesión, y la persona no sabe lo que le está pasando, y no entiende quién es, y piensa que es ella misma, pero son espíritus. A veces pueden meterte un sentimiento que no es el tuyo; a veces te enamoras de la mujer de otro, o del esposo de otra, y es porque un espíritu te transmitió eso para que tú creas que eres tú.

No voy a decir nombres propios, aunque no fue aquí en Colombia. Una hermana casada, que amaba mucho a su marido, tuvo, durante diez años, una “locura” que se le metió por un hermano, un obrero del Señor; y se le metió un enamoramiento loco; pero ella decía: ¿qué pasa con esto?, no lo puedo soportar; a la hermana le sudaban las manos, no sabía qué hacer. Pero yo amo a mi esposo, decía; ¿por qué es esto? Durante diez años tuvo ese problema la hermana, hasta que un día habló con su esposo, y su esposo habló con este hermano, que es un siervo de Dios, y conversaron los tres, y reprendieron a Satanás y se acabó el problema, porque era Satanás falseando la personalidad, metiendo sentimientos que no eran los de Dios, metiendo pensamiento que no son los de Dios. A veces mete temores, a veces mete chispazos, doctrinas, iluminaciones; todo eso es del mundo de los espíritus; y en la guerra, es necesario saber esto, discernirlo y enfrentarlo en el nombre del Señor Jesús, y pronunciarnos en unión con Cristo, por Cristo. Decir: Satanás, sé quién eres, yo sé lo que quiero con Cristo y lo que Cristo quiere para mí, yo quiero eso; no te metas conmigo; y das tu pronunciamientoen el nombre del Señor, unido a cristo en su victoria en lugares celestiales, por la fe,  y Satanás tiene que irse. Resistid al diablo, y huirá de vosotros.

A veces en las relaciones de amistad se infiltra Satanás. Ustedes recuerdan el caso del afecto de Pedro por el Señor Jesús. Un sentimiento de amistad que parecía noble: Señor, ¿cómo vas a ir a Jerusalén para que allá, como tú has dicho,  te humillenr y te traten mal, y te van a matar, ten cuidado de ti mismo! Parecía un amigo; y Jesús sabía quién era el que estaba detrás, y le dijo, apártate Satanás; no era solo Pedro. Pedro no era Satanás, pero estaba actuando como canal de Satanás sin darse cuenta; y ¿qué estaba usando Satanás? Sus sentimientos nobles naturales. A veces unos consejitos basados en lo natural de la mamá, del papá, de la familia, son usados por Satanás, y parecen buenos consejos, y no lo son, si no vienen del Espíritu, según la Biblia; no son de Dios. Apenas sentimentalismo. A algunos Satanás los ataca con sentimentalismos, por el niño, por la niña, por el esposo, por la esposa, por los padres, por los amigos, para presionarlos y apartarlos del Señor y su palabra. Se puede mimetizar en pensamientos, y se puede mimetizar en sentimientos; a veces se mimetiza en enfermedades.

Enfermedad.-

Jesús una vez tuvo que reprender un demonio de enfermedad, y una pobre mujer, que estaba jorobada, se enderezó; así que no era solo una joroba natural, sino inducida por un espíritu, y el Señor Jesús tuvo que luchar mucho contra los espíritus, y los echaba fuera, y a él lo reconocían,  ya no se mimetizaban, sino que se manifestaban abiertamente, porque no lo podían engañar.

Hay algunas personas aquí presentes que conocen conmigo un caso de primera mano entre nosotros. Una mujer, antes de conocer a Cristo, un espíritu tomó posesión de sus manos; la persona no perdió la mente, pero no podía controlar sus manos; se ponía a hacer cosas raras, y muecas, y cosas, pero no perdió la mente. Dios permitió que no perdiera la mente para que viera lo que puede hacer Satanás, y luego comprendiera al Señor Jesús y se salvese. Las muecas y distorsiones que hacía todavía no tenían carácter satánico; parecía apenas una enfermedad de los nervios; pero entonces llamó a una amiga cristiana; ahora sí, después de no tener solucion en otras partes, ahora sí llamó a su amiga cristiana; y esa amiga nos llamó a unos hermanos, y  fueron a visitar a esta persona en su casa. En el momento en que entraron por la puerta, inmediatamente aquellos movimientos descontrolados y sin sentido de la persona, inmediatamente, tan pronto aparecieron los hermanos, tomaron carácter abierta y específicamente satánico. Empezó a hacer símbolos de Satanás que no hacía antes, y a levantarse arrogantemente contra Dios y contra el cielo. Cuando se le reprendía, diciéndole a Satanás, estás reprendido en el nombre del Señor Jesús y bajo las plantas de Sus pies,  en seguida se venía al suelo postrada boca abajo. Los movimientos cobraron sentido abiertamente demoníaco. Hay testigos aquí presentes de que esto sucedió de esta manera. Al principio, antes de la llegada de los hermanos, parecía que eran movimientos simplemente de descontrol y sin sentido;  pero cuando llegaron los hermanos, qué bien controlaba ahora los símbolos satánicos; no era simplemente un descontrol del sistema nervioso, eran espíritus; claro, que afectan también la parte física. Cuando el Señor fue recibido por esta persona y el Señor la salvó, también la liberó de esos espíritus. Pudo haber quedado con un problema físico como secuela, pero los espíritus estaban y se manifestaban como tales, con un lenguaje propio de ellos, con símbolos propios de ellos, con actitudes propias de ellos que no tenían,hasta que los hermanos llegaron al lugar. Tan pronto entraron los hermanos, inmediatamente se definió perfectamente el espíritu. Es una guerra; parecía una enfermedad de los nervios.

A veces te da diarrea en el momento equivocado, o te da dolor de cabeza en el momento equivocado, o te llega la cuenta en el momento equivocado, y nosotros no nos damos por enterados y caemos en la trampa.

Mimetización.-

Hermanos, esto que estamos hablando es para la guerra, para discernir en dónde se mimetiza el enemigo, y ser aplomados y enfrentarlo, saber quién es, y que él también sepa quién eres tú en Cristo, escondido con Cristo en Dios, por la gracia, por la fe, sentado con Cristo en lugares celestiales. Debemos decir: Satanás, no te quiero en mi camino; te apartas ya en el nombre del Señor Jesús. Y no es necesario que lo digamos cincuenta vez; basta una vez, con dos veces es suficiente, manteniendo la fe y el rostro en el Señor, porque no es en tu nombre, sino que es en el Nombre del Señor Jesús. No es tuya la guerra, es del Señor. Simplemente remites elo enemigo al Señor, y lo dejas en Sus manos. El enemigo va a querer que no creas, y pretenderá amedrentarte, pero tú sabes en quien has creído y continúas  confiando.

Entonces, hay muchas cosas en el ámbito religioso, en el ámbito de los sentimientos, en el ámbito de los pensamientos. A veces provoca también accidentes. No todos los accidentes son meramente cosas físicas ni materiales; algunos son producidas adrede por Satanás. A veces también te da sueño cuando estás oyendo la palabra de Dios, pero te despiertas tan pronto comienza la telenovela.

Permítanme que les cuente otra anécdota. Otra vez me dejó ver el Señor a otro demonio que me hacía dormir para impedirme orar. Yo vivía en ese tiempo en Argentina, en la ciudad de Salta; y a una cuadrita y poco de donde yo vivía, pasaba la carretera circunvalar; y había más allá un montecito a donde acostumbraba ir a orar. Pero, cuando me ponía a orar,  me venía un sueño, un sueño, un sueño, como para hacerme dormir. Hasta que un día el Señor me dejó ver el demonio que me hacía dormir. Era un demonio que flotaba en los aires como una tela negra; pero le vi la cara y las manos cuando me hacía pases mágicos en la frente para dormirme, como si me estuviera hipnotizando. En el mismo momento en que me dormí, el Señor me dejó ver al demonio hipnotizándome; inmediatamente lo reprendí y se me pasó el sueño;  no solamente se fue el demonio, se fue también el sueño; Dios me dejó ver al demonio que me hacía dormir. Estas anécdotas no son para que se pongan paranoicos, sino para que confiadamente, dependiendo de la gracia fiel del Señor, estemos alertas y hechemos fuera los demonios en el nombre de Jesucristo.

Dardos.-

En otra ocasión, acabábamos de terminar una reunión bellísima. Pongan atención, porque el diablo va a querer molestar cuando termine el campamento para neutralizar sus efectos. Si no pudo impedir que vinieras, va a querer que pierdas el efecto. Pero si estás alerta, vigilando en confianza, vas a saber a quién reprender y qué guardar. Habíamos tenido una reunión bellísima en la casa de unos hermanos; y al lado de la casa había un baldío lleno de malezas. Cuando salimos de la casa, felices de una reunión muy edificante, el Señor me dejó ver en cuestión de segundos, que me demoro más en contarlo que la cosa en suceder, a un demonio en forma de remolino de agitación psíquica, que salió disparado desde ese lote baldío, de debajo de un montón de maleza, y se vino directamente hacia uno de los obreros, y lo tocó, y le contagió la agitación psíquica, de manera que este obrero le habló a su compañero en un tono fuerte. Cuando se dio cuenta por el Espíritu Santo que se había excedido en el tono, entonces se detuvo y se retrajo; pero entonces el demonio salió de él y se pasó al otro, y éste otro respondió con brusquedad. Aquel demonio quiso provocar un problema, una discusión, para destruir el efecto de la reunión. El Señor me lo dejó ver con estos ojos; un diablito, así, pequeñito, en forma de remolino de agitación psíquica, para trasmitir agitación y provocar una pelea.

No piense que los problemas matrimoniales son solamente cuestión de hombre y mujer; también hay diablitos que hacen ese trabajo; te impulsan para decir una cosa, y luego pasan al otro para que le conteste, y se arme el problema, y se agiten y empiecen a discutir y a pelearse. Tu problema no es con tu esposa, o con tu marido, o con tus niños, o con tu vecino solamente; debes saber quién entró en el ambiente. Reprende a Satanás en el nombre del Señor Jesús, y se calma el problema, y todo volverá a estar tranquilo.

Algunos hermanos recuerdan que una vez íbamos a tener una reunión en casa, y justamente faltando un minuto para la reunión, empezaron a llegar muchos hermanos, y un hermana, tratando de traer una silla, se le cayó la silla por la escalera, y el hermano mismo se resbaló. Comenzó a cargarse el ambiente. Luego, justamente una persona muy querida viene y te dice unas cositas en un tonito como para descomponerte, como para que no puedas predicar. Cuando se comenzó a predicar, de pronto un señor que vende huevos, se paró frente a la ventana con el megáfono para vender con alta voz, interrumpiendo y estorbando la predicación. ¡Huevos a cien pesos! No se podía oír. Parecería que era solamente un problema de carácter, de venta de huevos, de accidente; pero todas las cosas se juntaron para estorbar la reunión. San Pablo dice que Satanás a veces estorba; dice: muchas veces quisimos ir a vosotros, pero Satanás nos estorbó. Y a veces nos dejamos estorbar.

Estorbos.-

Hay una hermana aquí presente, de la cual no voy a decir su nombre, a menos que ella misma quiera luego contarlo; con un grupo de hermanos se estaban haciendo unas transcripciones de unas charlas, y a cada cual se le encomendó un casete; y a esa hermana se le encomendó también un casete; precisamente el que trataba de cosas fundamentales; pero justamente se le perdió el casete, y no se podía completar el libro para publicarlo, y la persona estaba tan avergonzada porque había recibido ese casete con tanto cariño y con tan buena voluntad para hacer la trascripción, pero ahora se le pierde el bendito casete, y no sabe dónde está a pesar de buscarlo minuciosamente. Lo buscó para arriba y para abajo y no aparecía. Hermanos,  a veces también Satanás sabe esconder las cosas que se necesitan para el servicio de Dios. La persona toda avergonzada me dijo: me da una vergüenza porque justamente el casete que me encomendaron se perdió, y no lo hemos encontrado, y lo he buscado por todas partes, pero sin éxito. Entonces le dijimos: sabemos quién lo tiene; vamos a orar. ¡Satanás, en el nombre del Señor Jesús, devuelve ese casete inmediatamente! La hermana volvió a su casa y encontró el casete al instante. ¿Dónde estaba escondido? Era porque Satanás quería estorbar.

Una vez el herman Roujet de Río de Janeiro estaba grabando una conferencia de un tema muy necesario para aquella coyuntura. La máquina estaba lista, igualmente el micrófono; todo estaba en orden, pero la grabadora grabó apenas el ruido de los buses y las motos, de los carros, de los perros, de los niños llorando, pero no grabó la conferencia. Grabó, sí, hasta las risas, los ladridos, los ruidos, los murmullos, los aviones que pasaban, todo, menos la conferencia. No estoy inventando estas cosas.

A la imprenta Betania, que publica muchos libros, y usa una máquina perfecta, se le encomendó un determinado libro; pero justamente ahí se les quebró la imprenta. Estoy dando uno que otro ejemplo para ilustrar muchas otras cosas que no se están diciendo. En la guerra hay que discernir que detrás de cosas que parecen naturales, muchas veces hay demonios estorbando. Esa es la guerra que se pelea durante la edificación. Para vivir en Cristo y edificar Su cuerpo, se debe pelear esta guerra. El dragón esta listo para devorar al niño varón de la mujer en parto tan pronto éste nazca nazca. Pero el Señor es Todopoderoso y lo arrebata para Su reino.

Accidentes.-

Como ya les mencioné, a veces los espíritus malignos provocan accidentes; a veces hacen que se te tronche el pie; a veces hacen que se le dañe la dirección a un vehículo. Una vez el Señor nos guardó a un hermano y a mí de un grave accidente. Estábamos en la avenida 30, frente el Sena, en Bogotá,  esperando un bus, en el respectivo paradero. Justamente, mientras esperábamos,  se le dañó la dirección a un bus, se desvió hacia donde estábamos en el paradero, se subió a la acera y se vino contra nosotros. Instantáneamente invocamos al Señor Jesús, y mire el milagro que nos hizo; no sé cómo lo habrá hecho, pero el hecho fue que  el eje de abajo del bus, se le cayó por la parte delantera, y se trancó con el borde del andén, deteniéndo brúscamente al bus cuando ya estaba prácticamente por atropellarnos. Paró encima de nosotros;  lo trancó el eje caído contra la acera a centímetros de donde estábamos. No pasó más, ahí se quedó trancado. Tú estás en un paradero, y no fue que el chofer te echó el bus encima, aunque a veces algunas pilatunas, o travesuras, o locuras las mete Satanás en la mente de la gente; quizá pasan a próposito por charcos ahí cerca con el objetivo de mojarte; o a veces induce a cometer imprudencias para provocar accidentes graves imprevistos. Pero esta vez el problema se dio con la máquina cuando estaba cerca de nosotros. La intención de Satanás era matarnos, como también en otras ocasiones. Pónle mucha atención a las advertencias del Espíritu Santo.

En lo relacionado con textos, los demonios provocan descuidos, de manera que las ideas digan lo contrario de lo intentado, para inducir herejías, confusiones, escándalos. esnecesario estar muy atentos en confiada dependencia del Señor por Su Espíritu. A veces con una sola letra cambiada, agregada o quitada, las ideas mudan totalmente de sí para no, de 8un sentido para otro. Estamos en guerra, y eso significa que debemos ser vigilantes, sin temor, mas confiados en Cristo. También el enemigo traspapela los documentos que necesitas, los esconde, y es necesario reclamárselos a través del Señor. Y no solo documentos, sino lo que necesitamos para servir al Señor.

Hermanos, esto que estamos mencionando, es para que tengamos conciencia de que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra espíritus; y que hay muchas maneras como los espíritus atacan: con obsesiones en la mente, con sentimientos, con cosas en las circunstancias, cosas a veces religiosas, cosas a veces perversas. Se disfraza de diferentes maneras.

Atrevimiento descarado.-

Y a veces ya no se disfraza, a veces viene en vivo y en directo, a veces hasta se aparece para atacar. Permítanme que termine esta parte aquí con una anécdota personal. Hacía 18 años, desde que sucedió lo que les voy a contar, que yo no iba a Medellín. Yo nací en esa ciudad. Hacía poco que había retornado a Colombia desde el exterior y después de una ausencia de años. Decidí ir a evangelizar a mis parientes en Medellín. Llegué a casa de una tía, por la noche, con mi familia, según lo convenido con ella. Mi esposa y mis 3 primeros hijos se hospedaron en un cuarto grande, y mi tía me reservó otro cuarto más pequeño para mí solo. Cuando me fui a acostar esa primera noche de nuestra llegada, y cuando estaba a punto de dormirme, el Espíritu Santo me avisó en mi interior que invocara urgentemente el nombre del Señor: Invoqué tres veces: ¡Señor Jesús! ¡Señor Jesús! Señor Jesús! El ambiente ínvisible del cuarto se había puesto pesado por una presencia extraña, en ese primer momento invible. A la tercera vez que invoqué el nombre del Señor Jesús, fuí protegido de un ataque directo de Satanás que vino cual un toro furioso para golpearme, pero que al atacarme, se chocó en la frente con el fuerte puño del nombre del Señor Jesús que salió de mi interior cuando le invoqué por tercera vez. No sé cómo explicar bien este fenómeno; pero desde mi interior, desde el espíritu, salió aquela invocación al Señor Jesús como si fuese en forma de puñetazo fuerte que resistió en la frente al toro que se me avalanzó con furia. ¡Señor Jesús! y ¡trash! Se chocó el toro con el nombre del Señor Jesús. ¡Qué cosa misteriosa! Acababa de llegar a Medellín después de 18 años con la intención de evangelizar a mis parientes, y en esa misma primera noche de recién llegado, ya recibí un primer ataque. Entonces me dije: ¡Uy! ésta es la malvenida, pues no la bienvenida.

También, cuando había llegado al aeropuerto de Bogotá, con toda la familia desde el exterior, casi 10 años después del incidente con el diablo en Medellín que les estoy contando, y aún no he acabado de contar; diez años después, volvía con la familia de otros tres años de ausencia del pais. En el aeropuerto, todas las personas que iban en la fila delante nuestro en inmigración, fueron muy bien tratadas por el agente del Das. Pero cuando me tocó el turno a mí, ví que se le obnubiló la mente a este hombre agente de inmigración, y empezó a tratarme mal. Yo me di cuenta de que era un espíritu que estaba molesto por nuestra llegada. Como yo no podía reprender al hombre mismo, en mi interior le reprendí a satanás en el nombre del Señor Jesucristo, e inmediatamente éste hombre se calmó otra vez. El hombre como que se dio cuenta de que me estaba tratando tan mal y a mi familia sin ningún motivo, y trató de contenerse. Pero yo me di perfectamente cuenta de queran los malos espíritus queriendo darme otra malvenida.

Ahora, continuando con la anécdota en Medellín que les estaba contando antes de esta pequeña disgresión necesaria, después del ataque del toro misterioso en la dimensión espiritual, hubieron otros dos seguidos esa msma noche, con poco intervalo entre ataque y ataque. En total fueron tres los ataques en la misma noche de enero de 1986. Después de lo del toro, oré al Señor, y me dispuse a dormir. En el momento en que me iba a dormir de nuevo, en ese interín vino otro ataque; pero ya no me atacó el enemigo de frente en forma de toro; sino que vino por detrás y me atacó echando sobre mi cabeza, con gran ruido, algo como si fuera un montón de latas, palanganas, pailas, bandejas de panadería, con un gran ruido a propósito para no dejarme descansar. No me quería dejar dormir. Entonces dije: ¡ay! Señor, qué ataque es éste, cuan molesto está el diablo porque lacabamos de legar a Medellín.

Para complementar, haré una segunda disgresión, y en seguida regreso para continuar. Una vez también, un hermano obrero compañero nuestro, se mudó por unos días de ciudad para colaborar en otra, y en el mismo día en que llegó a la otra ciudad, mientras estaba en el baño,  escuchó una voz amenazante que le dijo: ¿Qué viniste a hacer en esta ciudad? ¡Te voy a matar!. Esa fue otra de las malvenidas del enemigo.

Entonces, volviendo a lo de Medellín, oré otra vez y dije, bueno, ahora sí voy a dormir; pero cuando me acosté como para hacerlo, ahí mismo vino Satanás en persona a mi cuarto; ya no fue en forma de un toro, ni de ruido de latas y palanganas, ni era tampoco un mero demonio, ni uno de sus príncipes, sino que conocí en mi espíritu que era el mismo diablo. Venía vestido como si fuera un gran artista, como un gran cantante de rock and roll, como un gran ídolo, con su cabello todo enrulado, y agitado,  y como a unos dos metros de donde yo estaba en la cama; había algo invisible que no lo dejaba pasar más adelante. Vino con gran furia y agitación y me gritó exigiéndome con rabia: ¡Haz un altar y adórame!. Era el mismo diablo, ya no en forma sutil, sino declarada y abierta, gritándome: ¡haz un altar y adórame!. Aconteció en Medellín la primera noche en que llegué con la familia después de 18 años de ausencia, en enero de 1986. El Señor me dió Sus palabras y Espíritu para responderle, y para disponerme a la guerra abierta en el Espíritu. Entonces me dejó por un tiempo.

Ahora, yo sé que aquí también hay muchos hermanos que pueden igualmente contar otras anécdotas que a ellos les han acontecido. No son las anécdotas, claro está, la base para la doctrina, sino que la base es la Palabra de Dios; pero las anécdotas sirven para ilustrar. Hay una guerra espiritual, y no debemos ser ingenuos, ni tampoco paranoicos como para estar viendo demonios en todas partes; pero lo que fuere realidad espiritual, debemos reconocer; y saber, por la gracia de Dios, en dónde estamos.

Debemos vivir en la paz de Dios confiado en Cristo, concentrados en el Señor y Su palabra; pero el Señor sabe que Él nos ha enviado como ovejas en medio de lobos; y esos lobos son inspirados por espíritus malignos en los aires. Entonces, hermanos, quería decirles ésto para provecho. Ahora les hago el pase a ustedes para que también complementen lo que sea necesario, y para que todos salgamos ilustrados; porque estamos en guerra, y no en vacaciones.  

Miremos al Señor Jesús y  agradezcámosle a Él.

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EDIFICACIÓN Y GUERRA / (4): instrumento fundamental

Por Gino Iafrancesco V. - 5 de Enero, 2008, 16:53, Categoría: General

Capítulo 4

INSTRUMENTO FUNDAMENTAL

 

Al respecto de lo mismo, de la guerra y de la edificación, quisiera presentar a los hermanos un énfasis en esta mañana, acerca del único instrumento que escogió el Señor para realizar su propósito. Hay un solo instrumento, digamos, un instrumento central, fundamental, sin el cual el propósito del Señor, tanto de edificar su casa, como de tratar con y juzgar a su enemigo, no podría realizarse, ni puede realizarse en nosotros. Y ese instrumento es absolutamente central y necesario; ese instrumento es inevitable; sin ese instrumento no puede haber edificación; y sin ese instrumento no puede haber victoria en la guerra. Es el instrumento de Dios: del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Tal instrumento, no es un instrumento de palo, aunque ese instrumento es la cruz. Solamente por medio de la cruz, Dios decidió realizar su plan. Dios halló que el camino de la cruz, el que Él mismo tomó, es el único medio para realizar su plan. El Padre no escatimó a Su propio Hijo, sino que lo dio por nosotros; y el Hijo de Dios asumió voluntariamente la copa que el Padre le dio, a favor nuestro; y esa copa fue la cruz. El Espíritu Santo es el agente divino que nos trasmite la naturaleza de la cruz salvadora y liberadora.

Alcances.-

Pero la cruz no se agota en la muerte del Señor Jesús, sino que la cruz del Señor Jesús nos involucra a nosotros, en dos sentidos: En un sentido, de inclusión en lo que el Señor es, y en lo que el Señor hizo, pasándonos Él lo suyo a nosotros; y en otro sentido, en el de la responsabilidad o del consentimiento nuestros a su cruz, y a nuestra cruz, que solo podemos lleva en unión con la suya.

Hermanos, solamente por medio de la cruz del Señor Jesús, Dios logró redimirnos y obtener terreno para poder edificarnos. Pero la cruz del Señor Jesús quiere incorporarnos a nosotros, y nos incorpora. Entonces, cuando estoy hablando de la cruz como el instrumento fundamental para ser edificados, ser reconciliados con Dios, y unos con otros, y dar lugar a la nueva vida, quitando y rompiendo el velo y la muralla de separación, que es  nuestra carne, y nuestro ego, quiero presentar la cruz, a mí mismo, y a los hermanos, en tres niveles:

Niveles.-

El primer nivel de la cruz, del cual nos habla la Sagrada Escritura, es la cruz del mismo Señor Jesús, la que Él vivió en la cruz, por la que murió por nuestros pecados una muerte expiatoria; la que Él pasó objetivamente en su propia persona íntegramente humana, aunque también divina, en la cruz. En ese primer sentido,  hay un aspecto de la cruz en el cual todo pertenece exclusivamente al Señor Jesús. El Señor Jesús asumió el castigo de nuestros pecados  en la cruz. Pero también el Señor Jesús fue hecho pecado por nosotros; en el Señor Jesús Cristo, en su cruz, nuestro viejo hombre fue crucificado, y en la cruz también nosotros fuimos crucificados; en la cruz le fuimos crucificados al mundo, y en la cruz el mundo nos fue crucificado a nosotros.

En la cruz se terminó con la división de judíos y gentiles, hombres y mujeres, siervos y libres, y todas las demás diferenciaciones; y todas las cosas fueron llevadas a la muerte, para dar lugar a la resurrección, y al Espíritu, en el cual, hombres y mujeres, siervos y libres, judíos y gentiles, ya no lo somos más, pues lo que éramos acabó con la muerte del postrer Adam, y ahora, después de la resurrección y la venida del Espíritu, Cristo es el todo, y en todos. El mismo Cristo es dado a los judíos y a los gentiles, que eran judíos y gentiles antes de la cruz, pero que ahora, en Cristo Jesús, ya no hay más, ni judío ni gentil, ni varón ni mujer, ni siervo ni libre, ni bárbaro ni escita, sino que todo lo que pertenece a la vieja creación, fue crucificado en la cruz; y en la resurrección comenzó un nuevo hombre donde todos somos uno, donde es el mismo Cristo en cualquier ser humano, no importa su raza, su sexo, su clase social, su cultura; Él nos dio a beber a todos de Su mismo Espíritu, constituyendo en Él, un nuevo hombre en un solo cuerpo de muchos miembros.

 

Aspectos.-

Hermanos, la cruz tiene, pues, un primer aspecto que es del propio Señor Jesús, y un segundo y tercer aspectos que son del Señor Jesús para nosotros, por lo cual, el tercer aspecto es un aspecto que podríamos decir de nosotros en Él para con él, sí,  para el Señor Jesús y para él Padre.

En la Biblia se nos habla de la crucifixión del Señor Jesús; pero acuérdense también de que Dios permitió que Simón Cireneo compartiera cargar un poquitito de la cruz; eso nos quiere enseñar algo. No que la obra del Señor no haya sido consumada en la cruz, pues realmente Él consumó Su obra de redención. Pero Su obra consumada debía ser participada a nosotros por el Espíritu Santo, para liberación, de manera a identificarnos con Él, en Su muerte y resurrección, para que, en unión con Él, podamos llevar también nosotros la cruz, cual nuevo hombre que se despoja de aquello que por su cruz ya fue juzgado, como Él también nos enseñó, y también es otra parte y otra cara de la verdad completa. Aunque en la cruz del Señor Jesús todas las cosas fueron consumadas, Él nos deja cargar, con Él y en Él, nuestra cruz. Pero lógicamente que nunca cargaremos nuestra cruz, sino es en virtud de la completación de su cruz, de la consumación de su cruz. Si alguna cruz tenemos que llevar, la podemos llevar porque la cruz de Él fue consumada, y todo lo que fue consumado en su cruz, en unión con Él y con su cruz, por la fe, también podemos nosotros llevar nuestra cruz, para no vivir más en nuestro ser meramente natural, sino, por la resurrección y el Espíritu, como nuevas creaturas, como hijos y sacerdotes de Dios, y como instrumentos suyos de justicia, colaboremos en Su edificación y guerra, ya consumada y vencida por Cristo a nuestro favor, pero que nosotros por el Espíritu y por la fe debemos disfrutar y demostrar cada día.

Hermanos, de ninguna otra manera va a haber edificación del cuerpo de Cristo, y como consecuencia, del reino de Dios, en cuanto a lo que a nosotros atañe, si no fuera por el instrumento de la cruz. El Señor Jesús pasó por la cruz; pero el Señor Jesús pasó por la cruz para pasarnos también a nosotros por la cruz; y es habiendo muerto nosotros también con Jesús, que tenemos base, en unión con él, para ir llevando practicamente, cada día, la muerte de Jesús en nuestros propios cuerpos mortales. Entonces podremos cooperar con Dios en la edificación, y guerrear en unión con Dios las batallas que ganaremos, pues ya fue ganada la  guerra íntegra por el Señor Jesús, que es ahora nuetra vida. En cuanto a provisión, todo está consumado; en cuanto a demostración de Su victoria en nosotros, nos corresponde vivir en la Fe del Hijo, responsablemente, usufructuando de Su victoria en nuestras batallas, para que la realización de todo se demuestre en nosotros. Por lo tanto, no hay nada para Dios fuera de la cruz y sin la cruz; no podemos ganar ninguna batalla sin la cruz.

En la cruz del Señor Jesús la sangre suya fue derramada para limpiarnos de todo pecado; y ciertamente el perdón es la primera cosa que necesitamos. Pero la cruz es también para liberarnos de lo que éramos. No es solamente para perdonarnos de lo que hicimos, sino también para liberarnos de lo que somos en nosotros mismos, que murió y resucitó Jesucristo, y envió Su Espíritu. Solo pudimos ser liberados de lo que somos, permaneciendo abrazados, por la fe, en unión con Cristo, a la cruz de Cristo, para que la cruz de Cristo sea efectivamente también nuestra propia cruz. La cruz de Cristo es también nuestra cruz, y debe ser también nuestra propia experiencia de la cruz.

La Palabra no solo dice que Él murió en la cruz, sino que también dice: “...si uno murió por todos, luego todos murieron...” (2ªCor.5:14b). La cruz de Cristo no es solo para que muera Cristo en nuestro lugar, sino para que Cristo nos condujese a la muerte al pecado, al ego y a lo meramente natural. Él nos ayudó a morir a nosotros mismos, uniéndonos a su muerte; estamos, por la fe, unidos a la muerte que ël pasó, y por eso, cada día, en la práctica podemos morir a nosotros mismos, pues llevamos la muerte de Jesús en nosotros. Solamente la muerte de nosotros mismos en Cristo hará lugar en nosotros para la edificación de Dios, y nos colocará en el terreno de la victoria del Señor Jesús.

En la cruz del Señor Jesús, fue cuando Satanás fue vencido; en la cruz del Señor Jesús fue cuando los principados fueron exhibidos y avergonzados; en la cruz del Señor Jesús fue cuando nuestro el viejo hombre fue crucificado juntamente con él; en la cruz del Señor Jesús es cuando la carne es tratada; por eso la Escritura (Gál.5:24) dice que los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos; esa crucifixión de la carne, y de las pasiones, y deseos, solo se ha podido hacer mediante el Señor Jesús. Es por medio de aplicar la cruz del Señor Jesús, por el Espíritu, a nosotros mismos, que podemos participar de la edificación de Dios y de la guerra de Dios.

Contraste.-

En cuanto no pasemos con Cristo por la cruz, quedamos vivitos en la vieja creación. En la vieja creación tiene poder Satanás. Satanás tiene poder en la carne, Satanás tiene lugar en la carne del hombre; la carne del hombre ha sido vendida al poder del pecado; por naturaleza es pecaminosa. Y solamente porque el Señor Jesús condenó al pecado en su carne, es que, por el velo de su carne rasgado, el poder del pecado de nuestra carne pudo ser vencido. Así que Jesús Cristo no fue crucificado solamente para expiación, muriendo apenas por nuestros pecados; Él fue crucificado para conducirnos a nosotros a la crucifixión juntamente con él. La crucifixión a nuestra carne, la crucifixión al mundo, la crucifixión al ego, la crucifixión al egoísmo, la crucifixión a las diferencias de clase, de raza, de nacionalidad, de sexo, a cualquier pretensión, a todas las cosas viejas que son aborrecibles a los ojos de Dios, fuimos crucificados juntamente con Él. Todas esas cosas fueron puestas sobre el Señor Jesús; las cosas viejas todas pasaron. En la cruz del Señor Jesús  él llevó nuestra maldición, él fue hecho pecado. Todo esto fue puesto sobre él, para que en unión con él, en el poder de su cruz, donde él terminó con todo y llevó todo a la muerte, nosotros en unión con él somos llevados efectivamente a la muerte de nosotros mismos.

Mundo y sus rudimentos.-

La Palabra, pues, no habla solamente de la muerte de Jesús, sino de la muerte de nosotros juntamente con Cristo. Si uno murió por todos, luego todos murieron. Por eso dice también Pablo: “ en la cruz de nuestro Señor Jesucristo el mundo me es crucificado a mi, y yo al mundo” (Gál.6:14b). Soy muerto para el mundo, y el mundo es muerto para mí, en unión con Cristo. Y también dice el apóstol: “si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieses en el mundo os sometéis a preceptos...?” (Col.2:20) Hace unas preguntas Pablo; pero la frase es: habéis muerto en cuanto a los rudimentos del mundo. Aquel contexto se refiere a la religiosidad, a la religión, a los deberes, al estoicismo, al querer agradar a Dios por medio de algo que nosotros somos en nosotros mismos; esos son los rudimentos del mundo de que habla Pablo en Gálatas, en Colosenses y en otros lugares. En la cruz hemos muerto a todo eso.

No solo Cristo murió en la cruz; en la cruz el mundo nos fue crucificado a nosotros, en la cruz nosotros le somos crucificados al mundo; la cruz no son dos palos la cruz no es un colgandejo; la cruz es un corte espiritual interior con todo lo que es distinto a Dios, con todo lo que es contrario a Dios; la cruz es nuestra circuncisión, pues en base a ella podemos andar en el Espíritu por la fe en la resurrección de Cristo. La cruz es una posición espiritual de fidelidad a Dios, la cruz es renunciar a sí mismo, es renunciar a todo lo que desagrada a Dios; pero no podemos hacer esa renuncia por nuestra propia fuerza, sino en unión con la cruz de Cristo.

Por eso hablé de tres niveles de la cruz: (1) lo que Cristo hizo él mismo y (2) luego lo que él hizo para involucrarnos a nosotros; eso es también la cruz; nosotros muriendo en la cruz, el mundo siendo tratado en la cruz; el segundo aspecto, no solo Cristo en la cruz, sino el viejo hombre en la cruz; no solo Cristo en la cruz sino el ego en la cruz, no solo Cristo en la cruz sino el mundo en la cruz, no solo Cristo en la cruz sino las viejas cosas en la cruz, no solo Cristo en la cruz sino también la carne crucificada y las diferencias de raza, el clasismo, el racismo, las diferencias culturales, las simpatías naturales, todo lo viejo, las antipatías naturales, todo eso en la cruz; todo eso es la cruz. En la cruz ya no hay antipatías ni simpatías naturales; en la cruz todo eso fue crucificado.

Ahora, en la resurrección, hay  un mismo Cristo para todos. Un Cristo que nos hace uno con Dios, consigo mismo y unos con otros, en la resurrección, por el Espíritu.

Entonces el instrumento fundamental del Dios Trino para la edificación, y el instrumento de la Trinidad para enseñarnos en la guerra, es la cruz. La cruz de Cristo involucra nuestra cruz con Cristo. (3) Y un tercer nivel de la cruz, es la que nosotros tenemos que tomar cada día; pero no podemos tomar la cruz, sin su cruz; su cruz fue para posibilitar nuestra cruz con su cruz. El pasó para que podamos pasar en unión con él. Si tú quieres renunciar a ti mismo sin saber que él renunció a sí mismo para capacitarte a renunciar, no podrás renunciar a ti mismo. Renunciamos cada día a nosotros mismos, porque por la fe andamos en Él. Sería imposible sin Su ayuda, si Él no hubiera renunciado a sí mismo. Fue porque Él renunció a sí mismo, que por Él somos capacitados a renunciar a nosotros mismos con su renuncia que ya se dió.

Nosotros mismos.-

Cuando tratamos de vencernos a nosotros mismos, cuando tratamos de perdonar las ofensas, cuando tratamos de no guardar amarguras, cuando tratamos de retenernos, y lo hacemos solamente con nuestra propia fuerza, nos damos cuenta de que el gigante de nuestra maldad en la carne, de nuestra venganza, de nuestra amargura, de nuestro odio, de nuestro reclamo, de nuestra exaltación, es un gigante muy grande. Por eso nuestra cruz no puede ser tomada sino en unión con Su cruz. Es porque Él venció que esa victoria ya está completa en Él, que nosotros podemos decir, Señor, yo sé que debo renunciar a esto, y yo no podría sin ti, pero Tú ya renunciaste a esto, Tú ya venciste esto, Tú ya pasaste por aquí; por eso, en unión contigo, por la fe, muerto y resucitado contigo, cual nueva creatura, cual hijo e hija de Dios, y no solo queriendo, sino también creyendo por la fe,  nosotros también pasamos contigo victoriosos por todo esto.

O si no, vamos nosotros a tratar de matar por nuestra propia fuerza unos gigantes que no podemos tratar; pero por eso la cruz es primero de Cristo; y por eso Cristo nos unió con Él. Él se identificó con nosotros, tomó nuestra humanidad, se la puso sobre sí y la condujo a la cruz; Cristo condujo la humanidad a la cruz, y luego resucitó y condujo a la humanidad a la gloria. La humanidad, la naturaleza humana, en Cristo pasó por la cruz, y en Cristo pasó por la resurrección, y en Cristo fue glorificada. Por la fe, en unión con Cristo en el Espíritu, nosotros también podemos pasar por la cruz, y hemos pasado por la cruz en posición, y hemos de pasar cada día por la cruz en disposición, en realización efectiva, ya la potencialidad para ser libres de nosotros mismos y del mal, en la cruz, ya existe, ya es un don, ya fuimos crucificados con él; ahora debemos aplicarlo por medio de la fe, por medio de la unión con Él. No es algo que nosotros hacemos por nuestra sola fuerza; es algo que Él hizo, pero que nosotros hacemos también en unión con Él por la fe.

Entonces son 3 niveles de la cruz: (1) lo que Cristo vivió, (2) lo que posibilitó proveyendo para que nosotros vivamos, (3) y lo que nosotros mismos vivimos en Él. ¿Cómo lo posibilitó Cristo? Porque Él asumió nuestra humanidad, asumió nuestra naturaleza, y condujo nuestra naturaleza a la cruz, y la condujo, a través de la muerte, a la resurrección; y la condujo en la ascensión, y la condujo a la gloria. La naturaleza humana, en Cristo ha sido glorificada después de pasar por la cruz. Todo eso ya lo tiene el Espíritu Santo. El Espíritu Santo ya contiene todo lo que Cristo es y lo que Cristo pasó; y  ¿para qué? Para conducirnos a nosotros, a Él y a lo que Él logró. Nosotros ahora podemos usufructuarlo y podemos lograrlo porque Él lo logró. Sin Él no lo podríamos lograr, pero Él ya lo logró, y nosotros estamos con Él y en Él, y por la cruz de Cristo, y la nuestra con Cristo, es posible la edificación y la victoria en la guerra, que ya son una obra consumada en Dios (Ef.3:11; Ap.21:5). Ahora ya estamos escondidos con Cristo en Dios (Col.3:4).

El instrumento elegido.-

La cruz fue la manera escogida por Dios para realizar Su propósito. El propósito de Dios solo se realiza por la cruz. Somos reconciliados con Dios por la cruz, somos reconciliados entre nosotros por la cruz, nuestra reconciliación es la edificación del reino y de la ciudad de Dios, del cuerpo de Cristo; y eso solo se realiza por la cruz, mediante la cruz. Dice Pablo: y por la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo (Ef.2:16ª). Somos un solo cuerpo solamente por la cruz y el Espíritu; no podremos encajar unos con otros sin tomar la cruz. Cada día hay que tomar la cruz. Tomar significa apropiarse por la fe y voluntariamente de la realización de Cristo, para que sea nuestra experiencia cotidiana. Es cuando renunciamos a tomar la cruz que no podemos disfrutar del ser uno con Cristo y con los hermanos. Sin la cruz no puede haber edificación, y sin la cruz no puede vencerse en la guerra; mas Jesucristo ya logró para la humanidad todo lo que Dios esperaba. Ya Jesucristo es el hombre que Dios quería, y ahora el Espíritu tiene los valores de lo que Cristo es. El pasó por la cruz para que por la fe en él, en unión con él, por medio del Espíritu, tengamos la fuerza suficiente sobrenatural resurrecta para también pasar nosotros por nuestra cruz, la cruz que él nos compartió para con Él pasarla. Todos los días habrá una cruz que tomar y no la podríamos pasar solos; pero Él ya la pasó, y su Espíritu está con nosotros; y si tú crees y quieres, le sigues. El que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. ¿Cómo? Por medio de Cristo. Amén. Cristo ya lo hizo en su naturaleza humana. Ya fue logrado, y ahora el Espíritu toma lo que Él logró para hacerlo posible en nosotros por la fe. Somos crucificados con Él, resucitados con Él y sentados con él en lugares celestiales; a la cruz hay que tomarla por la fe, hay que quererla, creer en ella. Tomarla y ejercitarla; así realmente edificaremos y así realmente venceremos en la guerra. Amén hermanos. 
 
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BREVE COMPENDIO BAUTISMAL CRISTIANO

Por Gino Iafrancesco V. - 13 de Septiembre, 2007, 22:17, Categoría: General

BREVE COMPENDIO BAUTISMAL CRISTIANO

 

 

Dios fue manifestado en carne, conforme a la profecía, en la persona de Jesucristo. Éste predicó el arrepentimiento, la fe en Dios y el reino de Dios; murió en la cruz para expiar el pecado del mundo, y resucitó, apareciéndoseles durante 40 días a sus discípulos, hablándoles del reino, y comisionándoles para hacer discípulos, bautizarles y enseñarles todo lo que Él les enseñó. Ascendió a los cielos y se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, donde intercede por nosotros, y de donde vendrá y volverá por los Suyos, y juzgará al mundo con justicia, y establecerá la manifestación del reino de los cielos.

 

Jesucristo ordenó Él mismo a sus discípulos el bautismo, y Él mismo fue bautizado. “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió y descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como paloma, y vino una Voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en Ti tengo complacencia” (Lucas 3:21,22).

 

La presente consideración es con el fin de presentar, desde los sagrados documentos de las Escrituras, este aspecto de la doctrina cristiana concerniente al bautismo; el mandamiento, su aplicación, el significado, su efecto. Procuraremos considerar no solamente su forma ceremonial externa, sino también, principalmente, el misterio de su contenido sobrenatural; pues es la verdadera identificación con Cristo lo que salva al hombre. No descuidaremos, sin embargo tampoco, su obediencia y aplicaxción externa, pues no fue descuidada por Jesús, ni por sus apóstoles. La Iglesia no tiene derecho de decir ni hacer cosa diferente, a menos que se excomulgue a sí misma de la verdad. Tengamos, entonces, presente que al considerar este asunto del bautismo, lo cual significa “sumersión”, estaremos enfocando el misterio sobrenatural de la identificación del cristiano con Su Señor en su muerte, sepultura, resurrección y ascención; misterio velado en la práctica bautismal.

 

No confundimos, pues, la práctica exterior con la operación interior, ni atribuimos a lo meramente exterior el efecto de lo interior; pero tampoco ignoramos lo exterior, que es como el canal que representa las glorias de la salvación, y hace manifiesto ante los hombres el testimonio de la operación interior efectuada a través del canal de la fe; además es mandamiento divino. Observemos esta doble dimensión en el bautismo de Jesús: “Juan les respondió diciendo: yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está Uno a quien vosotros no conocéis. Este es aquel que viene después de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. Estas cosas acontecieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando. El siguiente día vió Juan a Jesús que venía a él y dijo: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Éste es de quien yo decía: después de mí viene un varón, el cual es antes de mí, porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. También Juan dio testimonio diciendo: Ví al espíritu qquwe deescendía del cielo como paloma, y permaneció sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, Aquel me dijo: sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre Él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo y fuego. Y yo le ví, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” (Juan 1:26-34).

 

Puede notarse el lenguaje: bautismo en agua y bautismo en el Espíritu Santo y fuego. Además notamos esta yuxtaposición: cuando el agua le bautizó, el Espíritu le ungió. Ciertamente el agua no hace el papel del Espíritu, ni el Espíritu es el agua; pero entretanto que cumplía con toda justicia bautizándose en el agua, era a la vez investido del Espíritu Santo. De la misma manera, es el Cordero de Dios el que quita el pecado del mundo; pero tal operación sobrenatural se representa en el bautismo en las aguas, como obediencia de la fe. No aplicamos a la mera ceremonia externa el honor de la operación misma; el honor le corresponde a Cristo mismo que opera realmente con Su propia vida, y Suya es la eficacia de la salvación, mediante la sola fe. No obstante, éste mismo Cristo ordenó también descender a las aguas, y lo hizo Él mismo, para cumplir toda justicia.

 

He aquí, pues, el mandamiento: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que yo os he mandado…” (Mateo 28:19). Marcos también testifica de este mandamiento: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda creatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:15,16).

 

Además de Jesús, Sus apóstoles también lo ordenaron: “Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo…/…Así que los que recibieron su palabra, fueron bautizados; y se añadieron aquel día como 3.000 personas” (Hechos de los Apóstoles 2:38,41).     

 

Teniendo, pues, el mandamiento y el ejemplo de Jesús y sus apóstoles, no se justifica en un creyente una actitud descuidada en este respecto; mucho menos una actitud desobediente. Es la voluntad de Dios que los Suyos sean bautizados. Ciertamente hay casos excepcionales, como el ladrón en la cruz, en los que la gracia de Dios condesciende a prescindir de la ceremonoio por fuerza mayor; pero creemos que se trata de casos en que la persona está, a su pesar, completamente imposibilitada de cumplir el mandamiento. Eeste era el caso del ladrón crucificado al lado de Jesús. No podemos aplicar con libertad el caso de esta excepción en el curso normal donde el creyente, bajo mandamiento divino y apostólico, está en plena condición de descender a las aguas. La Iglesia tiene, pues, este mandamiento y ejemplo aplicable a todo aquel que creyere y quisiere ser discípulo de Jesucristo.

 

Ahora bien, en las Sagradas Escrituras vemos que aquellas personas que recibieron el bautismo cristiano en el génesis de la Iglesia, eran por lo general personas concientes y responsables de sí mismas; es decir, lo hacían generalmente por convicción personal propia. Sin tal fe y convicción personal, ¿no sería, acaso, nulo el efecto del bautismo? Pues su efecto de gracia recibida se debe a la fe, que obedece con la identificación voluntaria del creyente con Su Señor, por esa fe, en Su muerte y resurrección. No despreciamos las buenas intenciones de aquellos que someten forzadamente a sus bebés a una ceremonia externa, a veces mayormente para eludir el ostracismo social; pero aquello no es suficiente, sin la fe personal, para que de facto se realice una unión mutua e indispensable con el Señor. El requisito de la fe personal es necesario para recibir eficazmente la gracia expresada en el bautismo. Ciertamente Jesús dijo que dejasen a los niños venir a Él, porque de los tales es el reino de los cielos; entonces el Señor los tomaba en Sus manos y los bendecía. Hagamos hoy lo mismo, entreguémoslos en Sus manos para que los bendiga.

 

En la práctica primitiva vemos generalmente que la fe y el arrepentimiento precedían al bautismo. “Yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: aquí hay agua, ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe le dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro, y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó” (Hechos de los Apostoles 8:36-38). La pregunta era por el impedimento; la respuesta era según la condicón. ¿Qué impide?...Si crees de todo corazón, bien puedes. “Si crees…” era la condición. En el día de Pentecostés, Pedro había dicho: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros…”. Antepuso el arrepentimiento y añadió el cada uno de vosotros. Notamos, pues, en estos casos, que para acercarse a las aguas bautismales se efectuaba una operación de conciencia lo suficiente y mínimamente responsable. Creemos que es esto lo que Dios espera de nosotros y Su gracia produce. No deberíamos, pues, prescindir de esta confesión personal, madura y pública. El creyente conciente debería así, cada uno, pedir por sí mismo su propio bautismo. En alguna ocasión, Juan el bautista se había visto en la necesidad de decir a algunos de los que se acercaban a su bautismo: “Haced frutos dignos de arrepentimiento”. Jesús dijo a los apóstoles: “A quienes remitiéreis los pecados, les son remitidos; a quienes se los retuviéreis, le son retenidos” (Juan 20:23). No ignoramos, sin embargo, el caso de Simón el Mago en Hechos capítulo 8; éste, después de ser bautizado por Felipe, fue reprendido por el apóstol Pedro, pues quería comprar con dinero la facultad de conferir el Espíritu Santo. Vemos, pues, que aquella ceremonia, pues Simón el mago había consentido exteriormente, parece que no le había regenerado su corazón. Los frutos posteriores lo demostraron.

 

Es en relación a tal clase de casos por la cual creemos que el apóstol Pedro se refiere en su primera carta en estos términos: “El bautismo, que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo” (1ª Pedro 3:21). Ni la mera ceremonia, ni el agua, operan con el pecado que está en la carne. Es por la fe en la sangre de Cristo que se limpian los pecados, y el bautismo ceremonial es una aspiración a tal buena conciencia; pero es la regeneración real por el Espíritu Santo la que nos introduce en la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús que opera eficazmente contra el pecado que se halla en la naturaleza humana. Es por medio del erspíritu que combatimos contra las inmundicias de la carne. El bautismo ceremonial conciente testifica de nuestra fe personal en que la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado; y esto nos salva. Pero es por el espíritu que participamos de la vida de resurrección de Cristo, y de la ley del Espíritu de vida en Él, que nos libra de la ley del pecado y de la muerte en la carne, enfrentándole un poder superior. Y es la investidura del poder de lo Alto, por el Espíritu, la que nos capacita para el servicio cristiano a Dios y al prójimo.

 

No debemos, pues, perder de vista esta superposición de lo sobrenatural velado en la ceremonia externa del bautismo; ni tampoco confundamos los planos en la perspectiva. No siempre tal superposición coincide en nuestra experiencia subjetiva; como lo podemos ver en el caso de Cornelio y su casa. Mientras Pedro apenas aún hablaba, el Espíritu Santo descendió antes de que ellos fueran bautizados; pero entonces se bautizaron (Hchs.10:44-48). La operación interior sobrenatural precedió a la ceremonia bautismal en agua. Dejemos que Dios opere en el interior de los hombres a Su manera, y estemos listos a obedecer lo más pronto posible en lo concerniente a la ceremonia externa. Un mayor crecimiento en la revelación del misterio del bautismo puede acontecer normalmente después de realizado éste. Al fin y al cabo, la ceremonia inicial indica el comienzo de una nueva vida. El Espírittu Santo tiene derecho a obrar la gracia del Señor en los hombres de la mejor manera que le plazca.

 

Observemos las implicaciones sobrenaturales del bautismo en las declaraciones apostólicas. De la carta de Pablo a los Colosenses leemos: “Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuísteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos…/…Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, enttonces también vosotros seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 2:12; 3:1-4). Es, pues, la fe la que nos introduce en el bautismo verdaderamente. Sepultados con Cristo en el bautismo, y resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios. “Mediante la fe”; es decir, si de corazón creemos que Jesús es el Hijo de Dios, muerto por nuetros pecados, y nosotros con Él y en Él; y resucitado a la diestra de Dios, y nosotros en unión con Él y en Él. Como está escrito: “Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado; porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9-13).

 

La fe establece, entonces, el vínculo con la realidad objetiva y sobrenatural de Dios y de la obra consumada de Cristo. Y tal invocación de fe conduce a la salvación y es testificada en el bautismo: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate y lava tus pecados, invocando Su nombre” (Hchs. 22:16).

 

En la ceremonia bautismal es, pues, tal invocación en fe la que conecta el efecto de salvación con el acto externo. Sin embargo, tal invocación no acontece siempre solamente durante el acto, sino algunas veces antes. Lo normal sería que la persona, al creer, invoque el Nombre, bautizándose. Ejemplo: “Y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hchs. 18:8). Esto les salvó. ¿Qué? La obra de Cristo creída y apropiada por la fe que le invoca y obedece en el bautismo.

 

La ceremonia sola no salva sin fe; la fe sola sin la obra de Cristo no salvaría; la obra de Cristo, sin ser recibida por fe, no se hace efectiva. ¿De qué sirve una ceremonia sin fe? Al faltar la fe, entonces no se hace apropiación de la obra de Cristo. Es en virtud de la obra de Cristo, recibida por fe, que se opera la salvación. Por una parte, ¿qué haríamos con la sola fe, si Cristo no hubiera hecho Su obra? Pues sería mera fe en la fe, y no fe en Él y Su obra. Sería una fe en vano, sin una realidad expiatoria que la respalde. Por otra parte, ¿qué aprovecharía la real obra consumada de Cristo, si no la creemos y no la recibimos por la fe? No haría efecto en nosotros por causa de incredulidad. El Señor dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo” (Marcos 16:16a). Entonces la salvación descansa en la realidad objetiva y sobrenatural de la persona y obra consumada de Cristo, creída y recibida por fe, la cual se apropia por invocación y confesión, y se testifica por el bautismo. Esto es lo normal. ¡Cuántos elementos hay aquí!. Primera y principalmente, sin lo cual lo demás no tiene valor alguno, la persona y obra de Jesucristo; porque depende de quien sea Jesucristo y qué hizo, para que la fe e invocación de la persona tengan la suficiente base para un efecto de salvación. Es necesario creer que Jesucristo es el Hijo del Dios Viviente, que salió del padre y vino al mundo, hecho carne, hecho hombre, para darnos a conocer al Padre mediante sí. Ésta es la persona. Y ésta es Su obra: la reconciliación, por medio de Su muerte en la cruz en nuestro lugar; el Justo por los injustos; resucitado y glorificado a la derecha del Padre en los cielos, presentado como ofrenda por nosotros, mediador e intercesor, abogado, Señor y Cristo, y cuya vida y naturaleza nos es impartida mediante el Espíritu Santo, mediante la fe, pues al creer, vivimos por Él. Como está escrito: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados…/…Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2ª Corintios 5:19,21).

 

Es la identificación con Cristo en Su muerte y resurrección, por la fe, la que se oculta tras el velo del bautismo. Es el bautismo en Cristo confesado por el bautismo en las aguas en Su nombre, la garantía de la salvación por Su promesa y las arras del Espíritu. Jesucristo es la puerta. Nos corresponde, pues, para testimonio de nuestra salvación, cruzar la puerta de la obediencia de la fe en Jesucristo. El juicio por desobediencia parcial, lo remitimos al Supremo Juez universal en el tribunal de Cristo. Por Su mandamiento, pues, enseñamos el bautismo en las aguas.

 

¿Qué hace en el creyente su bautismo en Cristo mediante la fe? Hablamos aquí del bautismo en Cristo, de la realidad de esta identificación sobrenatural por fe, con Cristo el Señor, del creyente. No nos referimos, pues, tan solo al velo ceremonial que bien pudiera ser hueco sin la identificación de fe. Lemos, entonces, de Pablo: “Porque todos los que habéis sido bautizadois en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:27,28). La primera parte de esta declaración apostólica tiene que ver con Cristo, la Cabeza; la segunda parte: “sois uno en Cristo”, tiene que ver con nuestra identificación en Él con Su cuerpo que es la Iglesia.

 

Examinemois la primera parte: “revestidos de Cristo”. La fe nos identifica con Cristo cuando lo recibimos. Al recibirlo, recibimos juntamente con Él el efecto de Su obra. Es decir, participamos de Él, de Su muerte, sepultura, resurrección, ascención y escondite en Dios. Si permanecemos en Él, cualquier cosa que viniere a nosotros, tiene que venir a encontrarse primeramente con Él antes de tocarnos a nosotros, pues estamos revestidos, por la fe, de Él. El pecado, la maldición y el mundo fueron crucificados en Su cruz; es decir, al morir Él como postrer Adam, y que también como segundo hombre es ahora nuestra vida, fuimos libertados. El pecado, la maldición, la corrupción y la muerte se desvanecen al chocar en nuestro espíritu y ser con Su resurrección. Satanás y sus ángeles, sus demonios, resultan abatidos y aplastados bajo nuestros pies, al encontrarse con la ascención y posición suprema de Cristo que nos ha unido a sí en el Espíritu, estando nosotros muertos, resucitados y ascendidos en lugares celestiales juntamente con Cristo, en nuestra unión espiritual de fe. Cristo, entonces, se convierte en la nueva experiencia de nuestra vida, si vivimos por Él mediante la fe. Entonces Su victoria es administrada continuamente a nosotros por el Espíritu de Dios, para que sea también nuestra victoria. Porque Él vive, nosotros también vivimos. “El que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto” (Juan 15:5).

 

Tal gloriosa identificación es la que se vela en el bautismo. Nos dice el apóstol Pablo: “¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo; a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruído, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:1-11).

 

También sostiene el apóstol Pablo en otras epístolas: “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor conque nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6). “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra, porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros seréis manifestados con él en gloria” (Colosenses 3:1-4).  

 

Por estos pasajes anteriores se nos revela que la vida y obra de Cristo es impartida a nosotros  en todo Su poder, por medio de nuestra identificación con Él por la fe. Su vida, muerte, resurrección y ascención son nuestras, porque Él es nuestra vida; y cuando Él se manifieste, lo seremos también.

 

Por medio de Su muerte Cristo nos libera del cuerpo del pecado. Su sangre nos limpia de todo pecado, y Su cruz nos liverta del pecado mismo, pues ya no hemos de andar en la carne donde el pecado mora, sino en el Espíritu donde Cristo es nuestra realidad de victoria. Somos muertos a nosotros mismos en Él, y llevamos Su muerte y la cruz todos los días, unidos a Él por la fe; somos beneficiarios de la crucifixión, para libertad.  Su victoria de la Cruz es nuestra, pues Él está en nosotros al recibirle en fe. Si vivimos por Aquel que murió al pecado y por los pecados, la virtud de Su victoria nos es participada al creer. Asimismo, resultamos con Él resucitados y ascendidos, sentados con Él en lugares celestiales, sobre todo poder del diablo.

 

Entonces enfatizamos que si Jesús murió, resucitó y ascendió, al vivir nosotros en virtud de la vida del Hijo de Dios, Su paso por la muerte al pecado, nos libra, del pecado, por muerte; y del juicio, por cumplimiento en Él y ahora también en nosotros que estamos unidos a Él. Nuestra Nueva Vida ha resucitado ya levantándonos con todo Su poder, ascendida a lugares celestiales sobre todo poder del diablo, presentándonos en la misma presencia de Dios como nuevas creaturas, en Su vida perfecta y acepta, que mora en nosotros por la fe, injertado en nuestro espíritu, por el Espíritu santo, que toma lo de Él y nos lo administra a nosotros. Así tenemos vida eterna en Él, con Él y para Él, participando con Él en el seno de Su gloria, y de Su naturaleza y amor eternamente.

 

Dios se nos participó en Cristo, y la fe es el canal que le permite traducir Su realidad en nuestra experiencia. Somos llamados a esa íntima participación, bautizados incluso en Su muerte, para liberación. Éste es también un profundo privilegio: el conocerle en Su muerte. Cuando dos de Sus discípulos quisieron sentarse a Su diestra y a Su siniestra en el reino, Él les preguntó: “¿podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?.../…A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados” (Mateo 20:22,23).

 

San Pablo entendía esto cuando escribió: “…Ser hallado en él,…a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:10,11). “Si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Romanos 6:8). “Llevando en el cuerpo siempre la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal” (2ª Corintios 4:10,11). “Porque, aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para vosotros” (2ª Corintios 13:4). Así, pues, de tan sublime manera llegamos a ser revestidos de Cristo al ser bautizados o sumergidos en Él.

 

También, de nuestra identificación con Él, resulta otra maravillosa identificación: la unidad del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.Sois uno en Cristo” había declarado el apóstol. Si todos los creyentes en Cristo participamos del Padre por el Hijo, esta reconciliación nos funde en una unidad de amor en Él; porque la vida de cada miembro en el cuerpo es la misma de su compañero. La Iglesia, pues, es un vaso único que contiene la vida de Cristo. En virtud de esa vida somos unidos, nutridos, concertados y coordinados, llegando a ser coherederos de Cristo, y copartícipes de la plenitud de Dios por Jesucristo. Él había dicho: “Yo en ellos, y Tú en mi, para que sean perfectos en unidad” (Juan 17:23). Tal unidad es, pues, posible única y exclusivamente en virtud del Cristo compartido. Quien no participa primeramente de Cristo, no puede participar de tal unidad, ya que es el Espíritu de Cristo el que nos sumerge dentro de un solo cuerpo; como está escrito: “Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1ª Corintios 12:13).

 

El individuo debe, pues, identificarse primero con Cristo, la cabeza, por el Espíritu; y entonces así se convierte en miembro del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. La puerta es Jesucristo mismo, y fuera de Él no hay otro acseso. “Por medio de él, los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre…/…miembros de la familia de Dios…/…siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:15-22). “Asiéndose de la cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios” (Colosenses 2:19).

 

Cristo había declarado: “Yo en ellos…para que sean uno”; es decir, aparte de Él no puede haber reconciliación, pues Él mismo es nueestra reconciliación, Su vida. Es en Su cruz donde terminaron nuestras barreras, y es por Su Espíritu la entrada; es por Su virtud la unión y coordinación de todo el cuerpo. Primero Él, entonces lo demás. Hallamos entonces la razón de Su nombre como piedra fundamental. “Éste Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza de ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos” (Hchs. 4:12). Esa fue la declaración de san Pedro. Dios había declarado también que solamente recibiría adoración en el lugar que ël escogiera para poner allí Su nombre; y ese verdadero tabernáculo, esa verdadera casa es Jesucristo. Fue el Hijo Unigénito quien dio a conocer al Padre, viniendo en Su nombre, y poniéndolo de manifiesto. Jesús significa: Yahveh el Salvador. Jesucristo dio y da a conocer el nombre del Padre. El Espíritu santo viene en el nombre de Jesucristo. Dios en Cristo, y éste en la Iglesia por el Espíritu. Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres.

 

Considerando, pues, para el bautismo, este primordialísimo elemento: la realidad de la persona y obra de Jesucristo, añadimos que la fe de invocación necesaria para apropiarnos de la provisión de Dios en Él, debe ser una fe definida y exclusiva en ese Nombre, donde está contenida toda la plenitud de la Deidad: Jesucristo. Somos bautizados en éste Cristo específico por la fe. Jesús es el Cristo, Yahveh develado exclusivamente en Jesús. El Padre es visto en el Hijo. Fue sólo éste quien murió por nosotros y resucitó para nuestra justificación. Con Él es con quien somos identificados para muerte y resurrección en el bautismo. Por eso lo apóstoles bautizaron en Su nombre; para sepultura y resurrección con Él, identificados mediante la fe que le invoca específicamente, y que acude al Padre en Su nombre.

 

Jesús había ordenado: “…bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19b). Es decir, por una parte, de parte del Padre que envió al Hijo, y de parte del Hijo que envió al Espíritu Santo, y de parte del Espíritu Santo que habita en la Iglesia; por lo tanto habla de la autoridad de la Iglesia que bautiza. Por otra parte, también, los que son bautizados son sumergidos en el Padre por el Hijo, y en el Hijo por el Espíritu. Por eso los apóstoles obedecieron bautizando a los creyentes en el nombre de Jesucristo; pues Jesucristo vino en el nombre del Padre, y el Espíritu Santo vino en el nombre de Jesucristo. El Hijo es el lugar donde Dios escogió poner Su propio Nombre. Allí le encontraremos para adorarle. El nombre que fue puesto sobre el Hijo de Dios es Jesús: Yahveh el Salvador. Pedro les dijo: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hchs.2:38). A los gentiles les fue dicho lo mismo en casa de Cornelio. “¿Puede acaso alguno impedir el agua para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo así como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hchs.10:48).  En Cristo no hay diferencia para el judío o el gentil. Los samaritanos también fueron bautizados por Felipe en el nombre de Jesús (Hchs.8:16). Pablo encontró en Efeso a unos discípulos ya bautizados por Juan el bautista, pero sin el Espíritu Santo; entonces los volvió a bautizar, pero ahora en el nombre del Señor Jesús (Hchs.19:5), y recibieron el Espíritu Santo. A Pablo mismo se le dijo: “¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando Su nombre” (Hchs.22:16).

Todos los registros de las Sagradas Escrituras muestran que los apóstoles obedecieron el mandamiento del Señor usando Su nombre en el bautismo. Lo hacían de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, con Su autoridad, identificando a los creyentes con Dios mediante Cristo y el Espíritu, sepultándolos en la myuerte de cristo y sacándolos a resurrección, es decir, en Su nombre. Son dos aspectos complemetarios.

 

Deducimos también por las Escrituras que generalmente lo hicieron por inmersión, que es lo que significa bautismo, pues descendían para ser sepultados y subían del agua. Bautismo significa, pues, sumersión.

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Gino Iafrancesco V., 1978, Asunción, Paraguay.

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EL BUEN DEPÓSITO

Por Gino Iafrancesco V. - 6 de Septiembre, 2007, 23:44, Categoría: General

EL BUEN DEPÓSITO

 

En el libro de Zacarías, profeta de la restauración, al igual que Hageo, leemos: “…he mirado, y he aquí un candelabro todo de oro, con un depósito encima, y sus lámparas encima del candelabro, y siete tubos para las lámparas que están encima de él; y junto a él dos olivos, el uno a la derecha del depósito, y el otro a su izquierda” (Zacarías 4:2,3).

 

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, el Libro de Dios nos habla del propósito y del plan divinos, su desarrollo y consumación, todo centrado en el Misterio de Cristo. Las semillas fundamentales que son sembradas en Génesis y el resto del Pentateuco, son cosechadas en el Apocalipsis. Todos los pasajes que encontramos en la Biblia, por el mismo Espíritu que los inspiró, están ligados al hilo central del propósito y del programa divinos. Dios busca reunirlo todo en Cristo para que Dios sea contenido y expresado en gloria a través del Hombre Corporativo, Su esposa, que se consuma en la gloriosa Nueva Jerusalem, morada mútua de Dios y los Suyos.

 

Es así que vemos la revelación del candelabro en Éxodo 25:31-40 y otros pasajes del Pentateuco, relacionada a la cita antedicha de Zacarías, ambientada en Hebreos 9:2 y Mateo 5:15, y consumada en los candeleros del Apocalipsis. Se nos representa a Cristo manifiesto en el Pueblo de Dios, que en el Antiguo Pacto de figuras y sombras era Israel, y que hoy es la Iglesia universal, el cuerpo de Cristo, expresado en la iglesia de cada localidad o ciudad, según el Nuevo Testamento de realidades espirituales.

 

La Luz de Dios, cuyo esplendor es Cristo, brilla por el aceite del Espíritu, desde el depósito de la revelación divina, con plenitud séptuple, a través del organismo único que es Su cuerpo, el cual se asienta en cada localidad como la iglesia del lugar, para alumbrar también desde Dios a este mundo en tinieblas.

 

El oro del candelero representa la naturaleza divina, que ha de formarse en Su pueblo labrada a martillo; es decir, bajo la Palabra viva de Dios y el golpeteo de las circunstancias moldeadoras. El candelero es de una sola pieza, porque la iglesia es una y debe manifestar las características y la unidad de la naturaleza divina en la comunión práctica y visible del Espíritu de Jesucristo que alumbra por Su iglesia en cada localidad, a los ojos del mundo, para que éste conozca y crea (Jn.17:20-23).   

 

He allí la responsabilidad nuestra para colaborar con Dios conforme a Su palabra, y para no escandalizar al mundo con otros nombres y caracteres que el de Cristo, estorbando el propósito del Altísimo.

 

En Zacarías leíamos del depósito que alimenta al candelabro. El suministro proviene del depósito. La Iglesia ha recibido de Dios, por Jesucristo, mediante el Espíritu de la Palabra, un depósito que debe conservar. “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”, escribía el apóstol Pablo a Timoteo antes de morir (2Tim.1:14);  Lo que has oído de mi ante muchos testigos, esto encarga” (2Tim.2:2ª). Ya en su carta anterior le había escrito: “…guarda lo que se te ha encomendado” (1Tim.6:20).

 

El ministerio y la Iglesia en general no están, pues, colocados para distraerse en ocurrencias múltiples y disímiles, sino para recibir, contener, penetrar, disfrutar y también guardar, suministrar y expresar el buen depósito de Dios, según el suministro del Espíritu de la santa Palabra. Esto debe hacerlo la Iglesia y el ministerio en unidad y con luz plena, séptuple; no en división, ni en parcialidades incompletas que perjudican el testimonio de Jesucristo.

 

Según Efesios 1:22,23, la Iglesia es el cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. De manera que el contenido primero y fundamental del depósito que hace brillar a la Iglesia, es Dios mismo; lo que Dios es, y lo que ha planeado y hecho. Éste Dios se nos ha revelado por el Hijo que es Jesucristo. El Espíritu nos suministra, pues, lo que es del Padre y Cristo (Jn.16:13-15; y 14:23).

 

En Cristo vemos, no solo a la naturaleza divina, sino también a la naturaleza humana perfecta. Vemos en Cristo Su kenósis o anodadamiento y despojamiento; vemos Su encarnación desde la concepción virginal en el vientre de la virgen María. Vemos Su nacimiento, Su crecer humano en estatura, gracia y sabiduría, vemos Sus pruebas y Su vivir humano perfecto, Sus muy significativas y abarcantes crucifixión, sepultura, resurrección, ascención, mediación, gobierno y regreso. Cada uno de estos ítems es riquísimo y se relaciona al depósito de la Iglesia. Lo es también la realidad, el suministro y la obra completa del Espíritu.

 

 En esta breve panorámica a vuelo de pájaro del buen depósito que ha recibido la Iglesia, captamos que sus primeros y fundamentales contenidos son la verdad de Dios y el mismo Dios de la verdad; la verdad de Cristo y el mismo Cristo que es la verdad; la verdad del Espíritu y el mismo Espíritu de la verdad; la verdad de la salvación y la misma experiencia y realidad de la verdadera salvación y liberación. Vemos también que la plena salvación es la recuperación total de hombre para el propósito eterno de la Deidad. Ese propósito, y todo el programa de la economía, o dispensación, o administración del Misterio antes oculto en Dios, es también ahora contenido del depósito, pues la Luz Divina de la Sagrada Revelación nos muestra quien es Dios, qué quiere, y hacia dónde va; también nos muestra cómo va hacia el pleno desarrollo y cumplimiento en nosotros de Su meta. Aquí se incluye también todo el ingrediente profético.

 

La meta de Dios para con nosotros, la cual debe llegar a ser nuestra meta, es ítem fundamental del depósito y de la economía del Nuevo Testamento. El Evangelio y el Misterio de la Economía Divina están intimamente relacionados al hombre, como también a todas las cosas. Por lo tanto, la verdad acerca del hombre, el para qué y el cómo de su creación, su constitución tripartita, es decir, en espíritu, alma y cuerpo, su caída y condición, su recuperación completa en Cristo, su configuración individual y corporativa a Cristo en la Iglesia, su destino final, etc., todo esto cabe dentro de los ítems importantes del depósito.

 

Al lado del hombre, considéranse también todas las cosas; la verdad de la vieja y de la nueva creación, su estado y propósito; la realidad angélica, la obra y la caída de Lucero, sus ángeles y el mundo, junto con su juicio, por sus etapas.

 

Entonces, la mima Iglesia, como parte fundamental del programa divino, y como la edificación de Cristo, victoriosa en Él sobre las puertas del Hades, en su doble aspecto: universal y local, su naturaleza, función, practicalidad, etc., es ítem básico del depósito, pues éste depósito es el suministro especial para la luz de ella, y está relacionado a la función de la Iglesia inseparablemente. Entonces, todo lo relacionado al reino y a la consumación, con todas sus minucias mayores y menores, se relacionan al depósito.

 

Todas las doctrinas y minucias menores, que tienen su lugar secundario en la Palabra, en relación a lo más fundamental, de parte de Dios, no deben dejar de relacionarse por nosotros a lo primero y central, en su debido lugar y ubicación. Muchas veces, son estas minucias tratadas desubicadamente, las que distraen y perjudican la misión principal y fundamental de la Iglesia, según el propósito y la Palabra divinos. Descubramos, pues, el buen depósito, y ahondémosnos en él, guardándolo, porque sólo él es el suministro que hace brillar la Luz de Cristo en la Iglesia.

 

Ante el depósito de Dios no podemos pretender ser originales, ni individualistas. Debemos, más bien, recibir, conservar, penetrar y trasmitir corporativamente el río pleno del Espíritu de verdad de la Palabra, el buen depósito que nos ha confiado Dios, y el cual, conteniéndole a Él y a Su obra, es patrimonio de la Iglesia universal en pleno. La verdad es una, y nos necesitamos todos, unos a otros, en Cristo, para contenerla y expresarla completa y apropiadamente, cual casa espiritual de la plenitud de Dios (Ef.3:18,19). Nuestro individualismo, o nuestro provincialismo congregacional, ajenos a la realidad y plenitud del depósito, y a la edificación conjunta del cuerpo, perjudican y mutilan el testimonio de Jesucristo. Aunque la administración de cada iglesia particular de localidad es local, un candelero por ciudad, sin embargo, el oro y la luz de todos ellos son lo mismo universalmente, puesto que se refieren a la naturaleza y gloria divinas.

 

Todo esto es apenas una consideración panorámica e incompleta, que obviamente debe completarse y complementarse en y por el cuerpo de Cristo, mediante el Espíritu.

 

Gino Iafrancesco V., 1985, Bogotá, Colombia.

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"HAGAMOS AL HOMBRE A NUESTRA IMAGEN, CONFORME A NUESTRA SEMEJANZA"

Por cristianogiv - 5 de Septiembre, 2007, 23:52, Categoría: General

 

HAGAMOS AL HOMBRE

A NUESTRA IMAGEN,

CONFORME A NUESTRA SEMEJANZA

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12º Campamento Nacional de iglesias en Colombia.

Finca Solnock frente a Barbosa, Santander, Colombia.

Enseñanza de la Palabra por:

Gino Iafrancesco V.

3 de julio de 2007

Oración

Querido Padre, te damos gracias porque nos has permitido llegar hasta aquí; ¡Y cómo nos has enseñado, Señor! Tú quieres que sigamos tomados de Tu mano, para que podamos sortear lo que resta, en estrecha unión contigo, en comunión contigo. Nosotros, Señor,  entregamos en Tus manos toda nuestra incompetencia, y la dejamos ahí, confiados en Tu infinita gracia. Te pedimos que nos concedas seguirte en el espíritu; ayúdanos a todos para que podamos estar atentos a Tu propia persona; sí, que podamos estar atentos a Ti, y que Tú nos puedas ayudar; enséñanos a dejarnos ayudar. Oramos en el nombre del Señor Jesús.  Amén.

Grano lleno en la espiga

 Inicialmente estaríamos tomando algunos versos de la Palabra, de diferentes lugares, puesto que toda la Palabra del Señor está interrelacionada. Entonces comenzaríamos con una parábola que aparece exclusivamente en el evangelio de Marcos, y que nos ayuda a tener una visión panorámica. Se encuentra en el capitulo cuatro del evangelio de Marcos. Solo Marcos la menciona; pero lógicamente que su contenido espiritual está a lo largo de toda la palabra de Dios. Entonces vamos a leer allí desde el verso 26 del capítulo cuatro inicialmente. Marcos, capitulo cuatro; vamos a ir leyendo desde el verso 26 hasta el 29.

"Decía además…"; tenía que completar el consejo de Dios; por eso Él dice también: "además"; siempre necesitamos tener en cuenta los "además" del Señor; son estos "además" los que completan el cuadro, los que nos dan la plenitud, los que nos dan el equilibrio.

"Decía además: así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota  y crece  sin que el sepa cómo." Así es el reino de Dios: como un hombre, y ese hombre tiene una semilla, y esa semilla tiene la capacidad de brotar durante la noche, no se sabe cómo; pero brota y crece sin que él sepa cómo. V28."Porque de suyo lleva fruto la tierra…". La tierra está programada para esto, gracias a Dios; "primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado."

La siega llega cuando el fruto está maduro; ese es el tiempo de la siega. El tiempo de la siega no es un tiempo cronológico, sino que es un tiempo “kairòs”. La palabra “cronos” se refiere al tiempo externo, se refiere al tiempo de los segundos, de los minutos, de las horas, de los días, de las semanas, de los meses,  de los años, de los milenios. Pero “kairòs” se refiere al tiempo de la sazón. "Sazón" es cuando las cosas han llegado a su punto; y ese es el tiempo que Dios está esperando; ese es el “kairòs” de Dios.

El Señor comparó el reino de los cielos con figuras del mundo vegetal, también con figuras del mundo animal, como los peces, como las ovejas, y con figuras del mundo mineral, como las piedras preciosas, como ellas se forman. Y aquí Él toma el mundo vegetal; y del mundo vegetal aprendemos una analogía, una parábola acerca del reino de Dios espiritual.

 Hay un “kairòs”; y ese “kairòs” se ha de dar; la semilla que fue plantada producirá el efecto del fruto en su “kairòs”; eso, gracias a Dios, no faltará; gracias a Dios que podemos mirar a aquella palabra que salió de la boca de Dios, la cual tiene el poder  de realizar, como cantábamos aquí, "lo que Él se propuso cuando la envió". Es bueno, entonces, que miremos un poco a la semilla que fue plantada, para ver cuál es la cosecha que será recogida. Podemos decir con toda certeza que habrá una cosecha, que Dios recogerá la cosecha de lo que plantó. Esa es una cosa que Dios dijo que El haría; es algo que decidió la Santa Trinidad en Su consejo eterno; y por lo tanto, quiera Dios que nosotros seamos testigos del cumplimiento, ojalá muy pronto, de ésto.

Para ver la semilla sería bueno, entonces ahora, que nos vamos al libro del Génesis; vamos a entender un poquito esta semilla; son cosas que los hermanos, yo creo que la mayoría, ya entienden; y estamos exponiéndonos una vez más, en la presencia del Señor, a Su palabra, a la luz de Su espíritu, para que Él mismo vivifique nuestro espíritu, nos nutra y fortalezca, creciendo en nosotros esa palabra.

 

Hagamos

En el Génesis, capitulo uno, en el verso 26, allí está la semilla que Dios sembró al principio y ha de cosechar en el ámbito del reino de Dios; aquí están dichas las palabras de otra manera; pero en el fondo se trata de algo igual; se trata de la misma cosa prácticamente. Entonces, vamos a leer aquí: "Entonces…", ya después de que había preparado todo lo demás; "Entonces…"; hacia ese “entonces” era que apuntaba el Señor; "…dijo Dios:", Elohim; dice aquí la palabra "Elohim": Dios, con esa terminación plural hebrea im implicando la Trinidad; aquí habla Dios en Trinidad; y lo sigue haciendo durante todo el verso: "hagamos…"; ya hemos hecho muchas cosas; pero antes de quedar satisfechos, antes de ponernos a descansar, hagamos algo especial; "hagamos…"; el Padre hace Su parte, el Hijo hace Su parte, el Espíritu Santo hace Su parte; y ese es un propósito de Dios. Dios ya sabía que vendría la caída; ya había diablo, o habría diablo. Claro que aquí,  cuando dijo "hagamos", se está refiriendo a una decisión eterna. Antes de haber diablo, ésta decisión ya estaba en el corazón de Dios; pero lógicamente que Dios comenzó a hacer al hombre después de que ya había diablo, después de que ya había rebelión, después de que ya había una tenaz oposición a Dios. Y es que a Dios nunca le preocupa ningún tipo de oposición. El lo dijo así de esa manera: "hagamos…".

De manera que Dios sigue haciendo esto; porque, cuando Él comenzó, Él no terminó de hacer todo lo que dijo: "hagamos…"; cuando El dijo: "hagamos…", Él pensó en algo más completo que lo que llegó a comenzar a suceder cuando Adán y Eva fueron creados y colocados en el jardín del Edén. Cuando Adán y Eva fueron colocados en el jardín del Edén, Dios comenzó a hacer, e hizo, pero no terminó de hacer, porque antes de que el plan se cumpliera con el hombre, con esta primera pareja, y con los hijos de esta pareja, que llenarían toda la tierra, hubo una oposición que Dios ya conocía; pero Dios ya había dicho antes: "hagamos…"; ya lo había dicho Dios; por lo tanto, a pesar de la terrible oposición de Satanàs, el Señor continuó trabajando. Él descansó del trabajo de la creación; pero como hubo una caída, entonces ha habido también un trabajo de redención; y por eso el Señor Jesús dijo: "mi Padre hasta ahora trabaja y Yo trabajo".

En cuanto a la creación, ya ese trabajo fue terminado, ya el Señor descansó de ese primer trabajo; descansó en el séptimo día; pero ahora, cuando apenas estaba comenzando ese séptimo dia, lo que el hombre había llegado a ser, pero sin que el hombre todavía alcanzase lo que estaba en Su corazón, vino ese accidente ya previsto por Dios. Y ese accidente no frustró a Dios; ese accidente era conocido de antemano por Dios; Dios lo permitió muy a propósito, porque Dios, cuando toma una decisión, lo hace con mucha sabiduría, y siempre lo hace conforme a Su carácter, y lo hace para un bien. Entonces, sí, Él permitió que se rebelara Lucifer; Él no lo hizo rebelarse; Lucifer se rebeló solo; pero Dios ya lo sabía y lo permitió. Dios permitió la caída de la tercera parte de los ángeles; permitió la introducción del mal en el cielo y en la tierra; Dios permitió la caída del hombre. Todo eso lo hizo Dios con un propósito.

Todo ese accidente, que fue previsto por Dios, en nada cambiaría la decisión de Dios cuando dijo: "hagamos…". Al contrario; ahora la cosa se puso más interesante; ahora se va a ver quién es Dios. Si no hay oposición, y si esa oposición no es terrible, y si el mal no es tan terrible, entonces no conoceríamos a Dios. Solo Dios es capaz de admitir una oposición tan terrible, y que llegue a haber una condición tan terrible; porque Él es Dios. No hay oposición para con Dios. No existe el dualismo. Nosotros tenemos oposición, y el diablo odia a Dios; pero como no le puede hacer nada, se propuso dañarnos a nosotros. Pero así como el diablo se propondría dañarnos a nosotros, el Señor se propuso antes hacernos a nosotros hasta el final. Él dijo: "hagamos…", y comenzó a hacerlo, y continuó ahora, después de la caída, haciéndonos; y en ésto es que Dios nuestro Padre, Su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo están ocupados; en ésto es en lo que ellos están ocupados; ésta es la principal ocupación del universo, la ocupación de Dios; las demás son subsidiarias, pero este es el asunto que está aconteciendo: "hagamos…".

Le haré

Antes de terminar de leer aquí en el capitulo uno, verso 26, en "hagamos", vamos a ver ese mismo hagamos en el capitulo dos. En el capitulo dos dice el verso 18:"Y dijo Yahvé Elohim (Jehová Dios): no es bueno que el hombre esté solo; le haré…"; ésta es otra vez en que Dios  hace; "…le haré ayuda idónea"; ¡oh!, cuando uno ve una pobre costilla, uno dice: pero ¿qué puede salir de ese pedazo de hueso? eso somos nosotros, un pedazo de hueso desprendido, ¿verdad?; pero Dios dijo; "le haré…"; con eso, con ese pedazo de hueso, "le haré ayuda idónea"; le haré; esto fue lo que el Padre dijo que haría, y eso es lo que el Padre ha estado haciendo. Porque, claro, nosotros sabemos que Adán y Eva, quienes fueron este hombre y esta mujer del capítulo dos, son figura de Cristo y la Iglesia, como se dice en Romanos 5, que Adán es figura del que había de venir; así que tenemos que leer estas frases con cierto cuidado; no estamos solamente leyendo una historia del pasado, aunque sí es algo histórico; Adán es el primer hombre histórico; si no hubiera habido un primer hombre histórico, no habrían otros; pero si estamos acá, es porque hubo un primero que fue él, y hubo una primera que fue ella. Pero cuando dice la Escritura, por el consejo íntegro de Dios, por el Espíritu Santo, que le fue dando esos regalitos al apóstol Pablo de poder ver allí esa figura de Cristo y la Iglesia, y por eso él siempre que habla de Cristo y la Iglesia, habla en relación con el hombre y la mujer:  dice en Efesios 5: “por esto…”; viene hablando de Cristo y la Iglesia; "por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia"; o sea que Pablo estaba viendo algo más que solamente un asunto natural; no estaba viendo solamente a Adán, sino que, a través de Adán, Dios estaba proyectando la figura de Cristo; y a través de Eva estaba proyectando la figura de la Iglesia; por lo tanto, cuando Dios dijo: "No es bueno que el hombre esté solo…", ¡ay!, qué ocurrencia tuvo nuestro Dios. Nosotros decimos, en vista de lo que nosotros somos, ¡en qué lio se metió Dios!, ¡en qué lio se metió con nosotros!; especialmente conmigo, y con algunos de ustedes; pero Él dijo: “hagamos…”, y  está haciendo; El dijo: "le haré…", y le está haciendo; ¿amén? Y lo que dijo que iba a hacer,   es una cosa inmensamente gloriosa; "le haré ayuda idónea". Que él pueda decir de ella: "Ésta es como yo"; y eso es lo que Él va a decir: ésta es como yo. El se va a presentar una Iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga, porque Él dijo: “hagamos…”, y eso es lo que El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están haciendo; eso es lo que Yahvè Elohim se comprometió a hacer,  e involucró todo Su poder, todo Su cariño, toda Su valentía, toda Su calidad divina en hacer esto; y en hacerlo con ese pedazo de hueso; hacer con lo que no es, para deshacer lo que es.

Al hombre

Entonces, volvamos allí de nuevo al capítulo uno, a la segunda expresión; "hagamos al hombre". Aquella semilla, de aquella parábola, el Señor Jesús, el Hijo del hombre, el prototipo del hombre, del nuevo hombre, el cuerpo de Cristo que sería el hombre que cumpliría el objetivo de Dios, cuando dijo: "hagamos al hombre". No dijo: "hagamos un hombre"; no dijo: "hagamos al primero de los hombres; vamos a hacer al marido de la Eva". Claro, eso está incluído, y ella en él; pero Él dijo: "hagamos AL hombre"; o sea, no se está refiriendo solo al primero; sino que se está refiriendo al género humano; se está refiriendo al hombre corporativo; "hagamos al hombre…"; eso es lo que Dios quiso hacer, y eso es lo que Dios está haciendo; y el hombre, ese hombre corporativo, es la ayuda idónea de Su Hijo amado; y Su Hijo amado es el prototipo del hombre; y no solo el prototipo como algo externo, sino el prototipo como contenido del hombre, para hacer al hombre a Su imagen.

A nuestra imagen

Entonces dice aquí, hagamos al hombre; otra vez habla en el plural; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; "…a nuestra…". Aunque en la divinidad el Hijo solamente es la imagen, el Padre y el Espíritu Santo con el Hijo dicen: "nuestra imagen"; porque el Padre, que no es la imagen, sino que el Hijo es la imagen, el Padre se siente representado perfectamente en esa imagen la cual es Su Hijo; todo lo que el Hijo es, el Padre lo es; digamos nosotros, hablando lógicamente, no ontológicamente, porque en la Trinidad no hay primero, pues el Dios trino en el sentido cronológico y ontológico es eterno; pero en la subsistencia del Hijo, éste aparece como Unigénito del Padre, y el Padre aparece como Padre del Unigénito; pero el Padre se siente representado en el Hijo; El dice: "Hijo, si te ven a ti, me ven a mi; si te conocen a ti, me conocen a mi; si te reciben a ti, me reciben a mí; si te honran a ti, me honran a mí; porque yo quiero que toda mi plenitud more en ti; todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío". Por lo tanto, el Padre se siente perfectamente representado en el Hijo; y eso es lo que significa la palabra imagen.

Carácter

En el Nuevo Testamento aparece la palabra “imagen” varias veces; y entre esas veces, algunas de ellas las usa Pablo, si no le atribuímos Hebreos a Pablo; yo se lo atribuyo a Lucas; pero las otras veces, en Segunda a los Corintios 4:4, en Colosenses 1:15, aparece Pablo usando en griego la palabra “imagen”, que luego utiliza también la epístola a los Hebreos, igualmente como imagen. La palabra “imagen”, en el idioma griego, es "carácter"; la imagen es el carácter. Así como a las letras de una máquina de escribir también se les llama “caracteres”, que son la exacta reproducción o representación; eso es lo que está incluido en la palabra “carácter”; está incluido el sentido de representación fiel. Una representación que pueda ser reconocida por el Padre. nosotros sabemos que el Padre reconoció la representación que de El hizo Su Hijo; "Éste es mi Hijo amado, en el cual yo tengo contentamiento; a él oid"; y Jesús decía: "las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el que me envío me ha dado mandamiento de lo que he de decir y de lo que de hacer". Él vivía en estrecha comunión con el Padre, conociéndolo en Su íntimo, para poder representarlo fielmente, sin exagerar, sin desequilibrio, sin acrécimos, sin carencias, sin una representación infiel. El Hijo es la imagen del Dios invisible. El que ha visto al Hijo, ha visto al Padre; el Padre es conocido en el Hijo; el Hijo representa, canaliza, colabora, hace todo juntamente con el Padre, y no solo juntamente, sino como Él dijo también, Igual que el Padre. O sea, como se dice en la Escritura: “el Hijo ama al Padre”; y como el Padre ama al Hijo, entonces, porque lo ama, le muestra las cosas que Él hace, para que el Hijo las haga con Él igualmente. Dios, porque ama, muestra. Dijo también: ¿acaso voy a ocultarle a Abraham mi amigo lo que voy a hacer?; si es mi amigo, ¿cómo me voy a quedar callado con mi amigo?, ¿acaso no voy a conversar con mi amigo de las cosas que estoy pensando hacer? Dios hace eso; Él muestra a los que El ama. El Padre ama al Hijo, y le muestra las cosas que el Padre hace, para que el Hijo  las haga igualmente. Igualmente quiere decir: en estrecha comunión con El, y en representación de El; o sea, el Padre es el que hace con el Hijo, en el Hijo, por el Hijo y para el Hijo también todas las cosas. Entonces; eso el que quiere decir “igualmente”. El Padre involucra al Hijo en todas las cosas que Él hace.

En Proverbios 8, aparece el Hijo llamado como el arquitecto del Padre, especialmente en algunas traducciones; especialmente en portugués, cuando habla la Sabiduría Divina que es el Verbo divino, allí dice: "era yo su arquitecto delante de El,… y conmigo tenía sus delicias", desde antes de la fundación del mundo; y en la fundación del mundo el Hijo está delante del Padre, y el Padre lo está haciendo todo con el Hijo; y el Padre y el Hijo lo están haciendo todo mediante el Espíritu del Padre y del Hijo. El Espíritu contiene y es la comunión del Padre y del Hijo; Él es el agente que nos comunica lo que Dios es, y el que aplica lo que Dios hace. El Padre lo hace todo por el Hijo, y el Padre y el Hijo lo hacen todo con el Espíritu Santo, que es Espíritu del Padre y del Hijo, y es el Espíritu que ontológicamente, metafísicamente, teológicamente proviene del Padre y del Hijo. El Padre es el Amante, el Hijo es el Amado que también ama, y el Padre, por eso, también es amado; y el Espíritu es el Amor eterno compartido y pleno del Padre y el Hijo; el Espíritu contiene y es el Amor del Padre y el Hijo; por eso al Espíritu de le llama: el Espíritu del Padre; y se le llama también: el Espíritu del Hijo. En Mateo el Señor Jesús le llamo: "el Espíritu de vuestro Padre"; y  en Gálatas  Pablo dijo que "Dios ha dado en nuestros corazones el Espíritu de Su Hijo"; Espíritu del Padre y Espíritu de Su Hijo. El Espíritu, que proviene del Padre y del Hijo, es la Subsistencia Divina procedente de la comunión íntima y eterna del Padre y el Hijo. Por eso es que es por medio del Espíritu que nosotros somos introducidos  en el Hijo y en el Padre y en el cuerpo de Cristo.

Imagen y semejanza

"Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…"; imagen, tiene, pues, que ver con representación; y semejanza tiene que ver con compañerismo, tiene que ver con afinidad, tiene que ver con tener un mismo sentido, un mismo propósito, un mismo espíritu, un mismo carácter; todo eso está implicado en la semejanza; esas dos cosas tienen que estar juntas; para que pueda haber representación, tiene que haber semejanza; si no hay semejanza, ¿cómo va a ver representación? Entonces, por eso es que el Hijo conoce al Padre, contiene al Padre, lo conoce íntimamente, concuerda con El, es uno con El, no solamente en esencia; porque ellos tienen y son la misma esencia, porque son un  mismo  Dios; pero como personas también son uno moralmente, también son uno en propósito, como dicen los testigos de Jehová; ellos dicen solo la parte de que son uno en propósito, mas dicen que no en esencia; pero es en las dos cosas, tanto en esencia como en propósito.

Hay una relación tan estrecha entre el Padre y el Hijo y que es el Espíritu, la cual es el prototipo de lo que se le ocurrió a Dios hacer de la Iglesia, que es el nuevo hombre, o el hombre que El se había propuesto. Cuando El dijo: "hagamos al hombre…", Dios sabía que muchos hombres no llegarían a ser hombres en el sentido propio y pleno de las posibilidades de la raza; solamente la Iglesia llegará a ser el hombre que Dios tenía planeado cuando dijo: "hagamos al hombre…". El ya conocía de antemano, desde antes de la fundación del mundo, que la Iglesia es el hombre que Él conocía y en el que Él pensaba cuando dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”.

En función del Hijo

Entonces, fíjense en que por el solo hecho de ser humanos, y mucho más, por el hecho de ser la Iglesia, nuestro ser está totalmente creado en función de la relación íntima con el Señor Jesús. Nosotros somos creados a Su imagen, porque cuando El dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen…”, la imagen de Dios es el Hijo de Dios, como lo enseña Pablo. Pablo dice en Segunda a los Corintios 4:4: "…Cristo, el cual es la imagen de Dios". Cuando Dios pensó en el hombre, lo pensó en estrecha relación con Cristo; al no estar en estrecha relación con Cristo, el hombre ya no es el hombre normal; es un viejo hombre, es un sub-hombre, es una degeneración, una degradación; nunca se realizará el hombre en sí mismo. El hombre solo se puede realizar en estrecha e íntima relación con Dios el Padre, en el Hijo de Dios, y por el Espíritu de Dios; por eso el hombre siempre estará insatisfecho, siempre tendrá esa melancolía del sin-sentido, del absurdo corroyendo, mientras no esté en comunión, como una esposa, ayudándole idóneamente al Hijo de Dios; el hombre no tendrá sentido, el hombre será un absurdo, si no está en comunión con el Señor, viviéndolo y representándolo idóneamente; siempre habrá una falta, siempre habrá un vacio; no habrá significado en la vida; y eso es lo que testifican los mismos ateos; no somos los creyentes los únicos que hablamos de esas cosas; los ateos son los que hablan de sus vacios, de su melancolía, de su absurdo, de su sin sentido; son ellos los que hablan de eso; son ellos los que pusieron de moda esas palabras, los ateos. Decía Schopenhauer: "lo mejor habría sido nunca haber existido; pero ya que existimos, lo mejor que puede haber es morir". ¿Por qué él hablaba así? porque él era ateo; él no se soportaba, no soportaba la existencia, el vacío, el váguido del abismo; porque el hombre fue creado para ser sustentado por el contenido del Hijo, y sin ese contenido, uno está en el abismo, uno no puede aguantarse; es una desesperación terrible, es un infierno.

Imagen

Entonces dijo el Señor: "hagamos al hombre a nuestra imagen…". En Colosenses 1:15, también viene hablando Pablo de que Dios, a la Iglesia, nos ha trasladado de la potestad de las tinieblas al reino de Su amado Hijo; del Hijo dice: “el cual es la imagen del Dios invisible"; o sea que el Hijo es la imagen del Dios invisible, es la exacta representación, la impronta, el carácter de Dios, el Hijo. Y en Hebreos, que yo pienso que lo escribió Lucas, mas este no es el tema, sino que es un tema periférico, dice ahí en Hebreos, capitulo 1:1ss: "Dios, habiendo habla do muchas veces, y de muchas maneras, en otro tiempo, a los padres, por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado  por el Hijo…" Ahora Dios habla por el Hijo. Los profetas tenían algo del Hijo; era el Espíritu de Cristo el que hablaba en ellos;  tenían un anticipo, una tipología, un prototipo, porque el Señor Jesús  no solamente es del linaje de David, sino también la raíz de David; pero ahora la plenitud del hablar de Dios, es el Verbo, que es la palabra con la cual Dios se autorevela, se expresa y se da; el Verbo es el Hijo. Entonces dice: "…en estos postrero tiempos nos ha hablado por el Hijo, a quien (el Hijo es un quien, es una persona subsistente desde antes de la fundación del mundo con el Padre, porque el que no confiesa al Hijo es un mentiroso) a quien constituyo heredero de todo, y por quien (Dios, el Padre, por este quien, por esta persona del Hijo creó todo; el Hijo es antes de la creación y el Hijo es en la creación; el Hijo es el Unigénito de Dios) por quien (por este Hijo) constituyó el universo; el cual, siendo… (fíjense en esta expresión aquí del autor inspirado; es una definición inspirada , una confesión del Espíritu que viene a glorificar al Hijo; eso es lo que hace el Espíritu Santo, nos abre los ojos en cuanto al Hijo; los ojos del corazón); y dice: el cual… (el Hijo, el Hijo heredero y el Hijo creador, el Hijo arquitecto, el Hijo amigo, el Hijo de la gloria, el Hijo gloria), el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma…" (aquí dice: el carácter, otra vez) de su sustancia.. (dice aquí; dice el griego: su hipóstasis, su subsistencia, el carácter; o sea que la exacta reproducción, la representación fiel de la persona del Padre, es la persona del Hijo; el Padre es invisible; el Hijo es la imagen, la representación o carácter; el carácter de la subsistencia del Padre es el Hijo, la exacta reproducción; como decía el Concilio de Nicea : Dios de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero; y eso lo dice basado en los apóstoles; eso lo dice Juan en primera de  Juan 5:20 : "Sabemos que el Hijo de Dios ha venido para darnos a conocer al que es verdadero, y estamos en el verdadero,( en el único Dios verdadero), en Su Hijo  Jesucristo; este es el verdadero Dios y la vida eterna". Cuando dice: este es verdadero Dios, es el Dios revelado, es el Dios dispensado; por eso es que incluye al Hijo, y también al Espíritu Santo; "Éste es el verdadero Dios y la vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos." Todo lo demás son ídolos. "Este es el verdadero Dios", el único Dios verdadero; a nuestro Padre lo conocemos por el Espíritu en el Hijo. El Hijo de Dios es la imagen de Dios; Él es un prototipo, y esta expresión, que utiliza aquí el autor a los Hebreos por el Espíritu Santo, tiene origen en el Antiguo Testamento.

¿Por qué estamos viendo esto? porque en esto era que estaba pensando Dios, acerca de nosotros, cuando dijo: “hagamos”, cuando dijo: “le haré”; y esto es lo que Él está haciendo; a ésto es a lo que Él nos está llamando; y Él sabe cómo llevarnos, El sabe cómo conducirnos.

Visión de la semejanza de la gloria de Yahveh

Entonces les invito a que abramos Ezequiel capitulo 1, para que miremos allí algunas expresiones interesantes al final del capítulo. Allí la sociedad bíblica le puso un titulo a este capítulo: "La visión de la gloria divina". ¡Oh!, qué título. Cuando Dios dijo: hagamos al hombre, Dios estaba pensando en la Nueva Jerusalén. Entonces vemos que la sociedad bíblica no se equivocó con este título: "La visión de la gloria divina"; ahí hace una descripción primeramente, digamos, periférica, para llegar desde los atrios  hacia el lugar santísimo. Y después de describir aquellos querubines, etc., entonces llegamos al final del capítulo y leemos desde el versículo 26. Vamos a leer estos tres últimos versos del capítulo de la visión de la gloria divina. Versos 26 al 28: "y sobre la expansión que había sobre sus cabezas (las de aquellos querubines; sobre ellos había una expansión, y no en, sino sobre la expansión; que es como un cielo abierto) que había sobre sus cabezas se veía la figura de un  trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza…"  (les llamo la atención a esa expresión, "semejanza como de hombre". El Verbo no se había encarnado, pero el Verbo, antes de la encarnación, que es la imagen del Dios invisible, que es el resplandor de la gloria de Dios, ya era el prototipo para el hombre; ya era el prototipo; y el Verbo todavía no se había hecho hombre, pero ya era el prototipo para cuando el hombre fuera hecho. El hombre fue hecho conforme a este prototipo; y por eso el Espíritu Santo utiliza esta expresión y dice: "había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él". Claro, Ezequiel está hablándonos a nosotros para que nosotros entendamos; pero esta semejanza, que parecía como de hombre, ya existía antes que existiere el hombre; fue el hombre el que fue hecho en relación con esta semejanza, y no esta semejanza en relación con el hombre. Esta semejanza como de hombre es el prototipo conforme al cual fue creado el hombre.

Entonces ¿estamos entendiendo el supremo llamamiento de la Iglesia? Ahí vamos a entender lo que quiere decir "…y señoree…( domine)"; le fue dado al hombre representar a Dios en la medida que sea semejante a Él, y en Su nombre reinar, en Su nombre ejercer la autoridad delegada por Dios por medio de la semejanza y la representación. Entonces dice aquí en Ezequiel 1, verso 26: "y sobre la figura del trono había una semejanza  que parecía de hombre sentado sobre él.  Y vi apariencia como de broce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor…". Oh, dentro y en derredor; eso es lo que quiere decir representación; ese fuego primero está dentro, y entonces después esta en derredor; dentro y en derredor; y dice: "desde el aspecto de sus lomos para arriba…"; esa palabra "aspecto", es la misma que usa Juan en Apocalipsis cuando vio el trono de Dios; y lo que vio era el aspecto del que estaba sentado en el trono; habla del aspecto, que es  la imagen; "hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza"; y aquí estamos leyendo acerca de ese prototipo, destinado al cual fue creado el hombre. Entonces dice: "vi que parecía como fuego, y que tenia resplandor… "; la misma palabra que utiliza allá el autor a los Hebreos con el de Colosenses: "Él es la imagen del Dios invisible, el resplandor de su gloria"; de la gloria divina, de la gloria de Dios. Entonces dice aquí:"y vi que parecía como fuego y que tenia, y que tenia resplandor alrededor. Como parece el arco iris…" Así como lo vio también Juan en el capítulo 4, "que está en las nubes  el día que llueve; así era el parecer del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Yahvè."

Esta frase es muy importante; eso es lo que él estaba tratando de escribir; dice: "Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Yahvè. Y cuando yo la vi, me postre sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba." Y ahí fue cuando le entregan un rollo a Ezequiel, escrito por dentro y por fuera; y él se come ese rollo y empieza a profetizar; y todo eso que él se comió, se convirtió en el libro de Ezequiel. El libro de Ezequiel es lo que el profetizó, que fue lo que él se comió, que fue lo que él recibió delante de la gloria de Dios.

Entonces, ¿si se dan cuenta, hermanos, de las expresiones de Génesis, las expresiones  de Hebreos, las expresiones de Ezequiel, y las de Pablo también en Romanos, cuando dijo: "…a los que antes conoció, a estos predestinó para ser hechos (hagamos, le haré) conformes (conforme a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza) conformes  a la imagen del Hijo de Dios." O sea, esas frases de Pablo tienen origen en las frases del Génesis, y en las demás frases que también tienen sus raíces ahí.

Conforme

"Hagamos al hombre conforme…"; ay!, cómo duele esa palabra, conforme; significa ser conformados para no distorsionar, para no acrecentar, para no quitar, para no cambiar, sino para representar al Señor. Dios quiso una criatura  en la cual se pudiera sentir representado como se siente representado en Su Hijo. Digamos que el Padre está tan contento con lo que le da a Su Hijo, que quiere darle  a Su Hijo lo que Su Hijo le da a Él. Por eso le da una Iglesia al Hijo, para que todo lo del Padre sea también del Hijo. El Padre tiene contentamiento en el Hijo, el Padre tiene la adoración del Hijo, porque el Hijo llama a Su Padre: "mi Dios"; "Voy a mi Dios y a vuestro  Dios, a mi Padre y a vuestro Padre"; el Hijo le llama Dios al Padre, como también el Padre le llama Dios al Hijo: "Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". Entonces, el Padre  está tan satisfecho con el Hijo, que le dijo al Hijo: "Te haré una ayudadora idónea"; lo que Yo recibo de ti, Hijo, quiero que Tú lo recibas de la Iglesia; Tú eres mi Único, mi Unigénito; pero te voy a hacer Primogénito  entre muchos hermanos. Por medio de Ti mismo, Hijo, vamos a hacer los tres, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, esto. Y eso es lo que Dios se puso a hacer, y eso es lo que Dios está haciendo; y en el kairòs de Dios, cuando el grano esté maduro, cuando la vida de aquel grano se haya formado  en la historia de la Iglesia para reproducirse al final exactamente como era al principio, entonces llega la siega. La siega no llega con el tiempo “cronos”; la siega llega con el tiempo “kairòs”; la siega llega cuando la Iglesia esté en su sazón; cuando la novia se haya preparado para el casamiento.

Casamiento y delegación

Piense en un casamiento; el casamiento es hacerse los dos uno; de manera que él se siente representado en ella, y todo lo que es de él es de ella, y todo lo que es de ella es de él. Entonces en esto es en lo que está ocupado  Dios con nosotros, tanto en lo personal, como en lo eclesial. Toda la historia de nuestra vida personal, y toda la historia de la Iglesia, tiene el objetivo, de parte de Dios, de hacer a esta ayudadora idónea, este hombre colectivo, corporativo, que es la Iglesia; hacerlo conforme, conformarlo  a la imagen de Él, para que lo pueda representar, para que lo pueda canalizar, para que Dios le pueda delegar cada vez más. En la medida en que ella se va pareciendo a El, más se le va delegando; porque Dios es un Dios que es amor; Dios es un Dios que lo quiere es delegar. Así como El delegó al Hijo, ahora el Hijo delega al Espíritu, y el Padre y el Hijo, por el Espíritu, delegan a la Iglesia. Dios siempre está delegando; Dios delega; Dios es un Dios que delega, Dios es un Dios al que le gusta hacer las cosas con nosotros, y nos está enseñando a hacer las cosas juntos, como el marido con la esposa, los padres con los Hijos, los gobernantes con los súbditos, los ancianos con los santos; el principio de delegación es el principio de participación. Es Dios participándose El mismo; porque El no tan  solamente nos quiere dar  cosas; ciertamente Él nos da todas las cosas; la Biblia dice de "Aquel que no escatimó a Su propio Hijo, cómo no nos dará también con Él todas las cosas”; pero todas las cosas no son sino solamente el postre; lo que El nos quiere dar es el Mismo por Hijo en el Espíritu.

Todas las cosas con el Hijo

Ahora, si nos dio al Hijo, ¿cómo no nos va a dar también todas las cosas? Todas las cosas no son nada comparadas con el Hijo; si nos dio al Hijo, todas las cosas están ahí por añadidura; todas las cosas son pura añadidura; lo que en verdad nos quiso dar es Él mismo en el Hijo; Él mismo puso al Hijo como prototipo, y a ese prototipo como sustento dinámico, como vida para meterse en nosotros, para transformarnos de adentro para afuera, para que nosotros lo vamos conociendo puesto que está aquí, cada vez más íntimamente; oyéndolo a El, oyendo Su voz, comprendiendo Su carácter, como se nos enseñaba, que el hombre no se gloríe en otra cosa sino en entenderlo y conocerlo; simpatizar con el Espíritu de tal manera que no queramos ser algo distinto a lo que El es, y poder representarlo; igualmente con Él hacer lo que Él está haciendo durante toda la historia; porque Dios siempre está trabajando; ahora el trabajo de Dios es ese; el de la creación ya terminó; ya descansó de la creación; ahora tiene el trabajo de introducirnos en el descanso de El; y como no hemos entrado, como parece que muchos no han entrado en Su reposo, entonces Él está trabajando en eso. "Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo"; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo siguen trabajando en esto; esto es el trabajo que Dios está haciendo. Eso es lo que explica todos los pasos de la historia personal de cada uno, y lo que explica todas las vivencias de la Iglesia en su historia. La razón de nuestra experiencia personal, y la razón de la experiencia de la Iglesia, es la formación del Hijo; es que seamos hechos a la imagen del Hijo. Él dijo, hagamos esto; en eso es que Dios está. Mientras no sea el Hijo  en nosotros, todo está mal hecho, eso no lo hizo Dios, eso lo hemos hecho nosotros con el diablo, siguiéndole la corriente a él. Pero lo que Dios hace es otra cosa; lo que Dios dijo: hagamos, es lo que Él está haciendo; lo demás, como dijo el hermano Eliseo Apablaza, es pura paja, pura paja.

Formación del Hijo

Lo que Él está haciendo es formando al Hijo, que nosotros recibamos al Hijo, vivamos por el Hijo, nazcamos del Hijo, tengamos comunión con el Hijo, y en esa comunión simpaticemos con El, teniendo el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús para poder representarle. Si el Padre no ve a Su Hijo representado en nosotros, dice: ¡Uy!, cuanto trabajo tengo todavía; parece que  hay cronos, pero kairòs todavía no! Mientras Él no vea eso, Él no está satisfecho. Pero esto es lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo dijeron que harían: hagamos esto; le haré esto a mi Hijo; y eso es lo que El está empeñado en hacer; Él está empeñado haciendo esto, y debemos entenderle a Dios, y todo lo que nos pasa, pues todo es controlado por la mano de Dios para producir esto. Si amamos a Dios, colaboraremos con Dios para producir esto.

Amarle

¡Ah!, Él tiene que enseñarnos a amarlo, amándonos Él primero. A medida que vamos siendo convencidos de esto, entonces nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero; ese es el varón; tiene que amar primero; y es por el amor de Él que ahora nosotros le amamos; pero vamos aprendiendo, y le pedimos a Él que nos enseñe a corresponderle; no importa que seamos nada; eso es lo que somos; pero Él, con la nada, con lo que no es, con lo vil y lo menospreciado, con lo que no sirve para nada, Él decidió avergonzar al diablo.

El adversario

¡Ay, ay¡; ese diablo tiene unas risitas burlonas!; aparece en los ojitos de algunos; a veces hasta de los hermanos, desafiándonos, burlándose. Y dice: - ¡usted qué viene a hablar de esto!- Ese diablo se va a quedar avergonzado. Que el Señor nos de la disposición de Su Hijo, que Él nos dé el rostro de Su Hijo como cuando iba para Jerusalén; para que esa risita burlona de Satanàs se le apague de sus labios. El Señor avergonzará una vez más a Satanás. Él se propuso deshacer las obras de Satanás, y con lo que no es, avergonzar lo que es. Satanás ahora se ríe, se ríe burlonamente de nosotros, nos menosprecia; pero eso no será para siempre; Dios dijo: "hagamos", y eso es lo que Él está haciendo; le haré a mi Hijo ayudadora idónea. Y se la va a hacer en las narices del diablo; inclusive, usándolo a él. El diablo solo es un sparring para Dios enseñarnos a boxear; el diablo será avergonzado; es lo que más debemos desear; tenemos que clamar como aquella viuda: "Señor, hazme justicia de mi adversario"; no quiero que se burle de mi; como le decía Pablo a Timoteo: "Timoteo, ninguno tenga en poco tu juventud". Cualquier risita burlona de Satanàs, cualquier miradita de esas satíricas, irónicas, va a desaparecer de su mirada, y cualquier sonrisita de esas va a desaparecer de su boca, cuando el Señor presente a Su Hijo una esposa ayudadora idónea.

Eso es lo que Dios está haciendo. Y para eso es que Él nos llamó; para eso es todo lo que vivimos; y para eso ha sido la historia de la Iglesia como ha sido. No hay otra cosa que Dios haya estado sacando con provecho, sino el olor y la imagen de Su Hijo Jesucristo. Esto es lo que Dios está haciendo. 

 

Vamos a decirle a Dios, Señor, aquí estamos, no, vamos a ser la que Pedro nos enseño a no hacer, ah Señor mi vida pondré por ti; vamos a decirle, Señor, ojala tu consigas lo que quieres con nosotros, aquí estamos.

Autor: Gino Iafrancesco V., Colombia 2007.

Trascripción: Iván Darío Páez Torres.

Revisado por el autor.

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CONSIDERACIONES ACERCA DE LA IGLESIA / ensayo / 1

Por Gino Iafrancesco V. - 18 de Enero, 2007, 20:48, Categoría: General

 

 

 

 

CONSIDERACIONES

ACERCA DE LA IGLESIA

 

 

ensayo

 

 

por: Gino Iafrancesco V.

Cd. Pto. Pte Stroessner (hoy Ciudad del Este), Paraguay,

abril-julio 1982.

 

 

◘◘◘◘◘◘◘

 

 

 

(1) Dios y Cristo.-

 

El Dios de la gloria, el Dios Único, Yahveh Elohim[i], Creador[ii], Sustentador[iii] y Redentor[iv], se reveló a los hombres[v]. El Único Dios Verdadero[vi], el Padre de gloria[vii], Padre de las luces[viii], Padre de los espíritus[ix], del Cual proceden todas las cosas[x], Ingénito y Eterno[xi], que habita en Luz inaccesible[xii], Inmortal[xiii], Invisible[xiv], se dio a conocer por medio de Su Hijo Jesucristo[xv], que es Su Verbo y Dios con Él[xvi], Cuyo Principado es eterno[xvii], con el Padre[xviii], Heredero de toda Plenitud[xix], Unigénito[xx], Engendrado por la eternidad[xxi], Uno con el Padre[xxii], Imagen de Dios[xxiii], del Dios invisible[xxiv], Resplandor de Su gloria y Carácter de Su hipóstasis[xxv], por medio del Cual todo fue creado[xxvi], y todo es sostenido[xxvii], y para el Cual lo es todo[xxviii]; que siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse[xxix], sino que se hizo carne[xxx], hecho semejante a los hombres[xxxi] desde el vientre de la virgen María[xxxii]; nació en Belén[xxxiii], simiente de Abraham[xxxiv], de la tribu de Judá[xxxv], Linaje de David[xxxvi], en tiempo del emperador César Augusto durante el censo de Cirenio[xxxvii]; creció en estatura, gracia y sabiduría delante de Dios y los hombres[xxxviii], y por lo que padeció, aprendió la obediencia[xxxix]; fue tentado en todo conforme a nuestra semejanza, pero sin pecado[xl]; Hombre Verdadero y Perfecto[xli], muerto en la cruz por nuestros pecados[xlii], el Mesías de Israel[xliii], Luz de los gentiles[xliv], Salvador del mundo[xlv]; fue sepultado, y en espíritu predicó a los espíritus encarcelados que desobedecieron en los días de Noé antes del Diluvio[xlvi]; resucitó corporalmente al tercer día[xlvii], y fue visto, oído y palpado así por Sus apóstoles[xlviii], a quienes comisionó[xlix]; ascendió corporalmente al cielo[l], siendo, como hombre, mediador entre Dios y nosotros[li], sentado a la diestra de la Majestad[lii], en el Trono del Padre[liii]; intercede por nosotros[liv], y todos Sus enemigos fueron puestos debajo de Sus pies[lv], siendo ya vencedor sobre todos ellos[lvi]. Volverá en gloria y majestad[lvii], corporalmente, con Su mismo cuerpo en que vivió, murió y resucitó en la tierra[lviii], para juzgar y establecer el reino milenial[lix], habiendo arrebatado a Su Iglesia[lx], transformada y resucitada a Su semejanza[lxi], compañera Suya[lxii].

 

(2) Cristo y Su cuerpo.-

 

Éste Señor Jesucristo, por medio del cual Dios es revelado[lxiii], Dios y hombre verdadero[lxiv], constituyó a la Iglesia, la cual es Su cuerpo[lxv], depositaria de Su vida y de Su Espíritu[lxvi], del Espíritu Santo que procede del Padre[lxvii], y es Dios[lxviii], el Espíritu de Dios[lxix], el Espíritu del Padre[lxx], y el Espíritu de Su Hijo[lxxi], derramado por el Hijo[lxxii], Dios mismo que es Espíritu[lxxiii], que toma lo del Hijo y nos lo  da a conocer[lxxiv]; y todo lo del Hijo es del Padre, y todo lo del Padre es del Hijo[lxxv]; y así como el Padre está en el Hijo[lxxvi], y el Hijo en el Padre[lxxvii], en Su Seno[lxxviii], así como son Uno[lxxix], así, por el Padre en el Hijo, y el Hijo en el Padre y en nosotros[lxxx], así, por el Padre en nosotros por el Hijo, y el Hijo en nosotros por el Espíritu[lxxxi], así somos Sus miembros que vivimos por Él: Uno[lxxxii], conformando Su cuerpo[lxxxiii]; así somos uno. "Que sean uno en Nosotros", oró Jesús el Señor[lxxxiv].

 

Somos, pues, la Iglesia, los llamados fuera del mundo[lxxxv], mediante la identificación personal por fe con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección[lxxxvi], ascendidos con Él en lugares celestiales[lxxxvii], justificados, santificados y glorificados en Él[lxxxviii], con las arras, hoy, del Espíritu[lxxxix], garantía y anticipo de nuestra redención completa[xc], incluido el cuerpo[xci]; y luego, todo el resto de la creación será liberada[xcii], excepto los eternamente perdidos, pues los rebeldes serán eternamente castigados con el diablo y sus ángeles[xciii]. Somos, pues, la Iglesia, coherederos con Cristo de la plenitud de Dios[xciv], coherederos también de todas las cosas[xcv]; somos Su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo[xcvi]. "Como Tú, oh Padre en Mi, y yo en ellos, que también ellos sean Uno en Nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste. La gloria que me diste, Yo les he dado para que sean Uno, así como Nosotros somos Uno. Yo en ellos y Tú en Mi, para que el mundo conozca que Tú me enviaste y que los has amado a ellos como también a Mi me has amado" (Jn.17:21-23).

 

La Iglesia, la cual es Su cuerpo[xcvii], aunque es enviada al mundo, no es del mundo[xcviii]; ha sido sacada de él; es iglesia, ek-klesía, distinta del mundo, separada de él, y a él enviada[xcix]. En la unidad vital de este cuerpo, tan solo participan los que el Padre ha dado al Hijo y que han guardado Su palabra, que conocen que todo lo que ha sido dado al Hijo procede del Padre, y han recibido Sus palabras y han conocido verdaderamente que el Hijo salió del Padre, y han creído que el Padre ha enviado al Hijo[c]. A éstos, que no son del mundo como el Hijo no es del mundo[ci], santificados en Cristo[cii], que no aman al mundo sino al Padre[ciii], que aborrecen su vida en este mundo para guardarla para vida eterna[civ], separados en la Cruz de Cristo de los deseos de la carne[cv], los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida[cvi], a éstos ha hecho Dios Uno en Cristo Jesús, donde ya no hay raza, ni nacionalidad, ni sexo, ni clase social[cvii]. Éstos son el cuerpo, visible al mundo[cviii], de Cristo; miembros Suyos, el cuerpo de un solo y nuevo hombre[cix], resucitado de los muertos y repartido cual pan[cx], y en Espíritu vivificante[cxi], para actuar evidentemente en el mundo[cxii], ministrando reconciliación con Dios[cxiii], sometiendo, por Él, bajo las plantas de Sus pies, todas las cosas[cxiv], buscando primeramente el reino de Dios y Su justicia[cxv], cuyo propósito es el de Dios: de reunirlo todo en Cristo Jesús[cxvi]. Éste cuerpo es Uno, porque Dios es Uno y Cristo es Uno[cxvii], y no está dividido[cxviii], porque Dios es amor[cxix] y Dios es su vida[cxx]. "Uno en Nosotros" (Jn.17:21). "Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gál.3:28) [aunque los Gálatas eran varias iglesias locales en una región][cxxi].

 

(3) La unidad del Espíritu.-

 

Ésta unidad del cuerpo se debe a la unidad del Espíritu que le anima; el Espíritu es Uno[cxxii]: "Un Espíritu" (Ef.4:4). Pablo nos exhorta: "Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz"[cxxiii]. Puesto que el Espíritu es Uno[cxxiv], y no puede ser muchos[cxxv], así la unidad del Espíritu en el cuerpo de Cristo es un hecho que guardar con solicitud, y no una meta por alcanzar[cxxvi]. Meta es la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios (Ef.4:13), mas no la unidad del Espíritu (Ef.4:3).

 

La unidad del Espíritu en el cuerpo es primeramente un hecho que descubrir. Es algo hecho por Dios que debemos guardar, por medio de lo cual llevará adelante Su propósito[cxxvii], a medida que descubrimos el hecho[cxxviii], nos apropiamos de él, y en él nos posicionamos para actuar a partir de allí[cxxix]. Toda otra acción que no sea todavía a partir del Espíritu, y en el hecho de Su unidad y la de Su cuerpo, en el cual el Espíritu nos sumerge[cxxx], toda acción dislocada, está errada y debe corregirse al conocerse verdaderamente el hecho[cxxxi]. La falta de conciencia del hecho del cuerpo y de Su unidad, no afecta el hecho divino, pero sí nos priva de parte de sus beneficios[cxxxii].

 

Hay diversidad de dones, de ministerios y de operaciones, pero el Espíritu es el mismo, el Señor es el mismo, Dios es el mismo[cxxxiii]. Por ello, coordinados exclusivamente en virtud de la Cabeza: Cristo Jesús[cxxxiv], debemos solícitamente guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz[cxxxv]. Debe, pues, evitarse toda acción que no sea en el Espíritu, pues atenta, con la carne, contra el hecho divino[cxxxvi], sin anularlo[cxxxvii], pero sí privándonos de parte de sus beneficios[cxxxviii], y oscureciendo ante el mundo el Amor Divino[cxxxix].

 

(4) La Unidad manifiesta.-

 

Esta unidad es para que sea visible, como la ciudad sobre un monte que no se puede esconder[cxl]; es para que el mundo crea, para que el mundo conozca[cxli]. Es una unidad profundamente espiritual, cuyas raíces están en el Seno mismo de Dios[cxlii], y sin embargo, tal hecho debe ser manifestado ante el mundo en el amor y la verdad[cxliii]. No hay verdadero amor sin la participación de la verdad; y no hay verdad completa sin el amor[cxliv]. El amor y la verdad no se excluyen; ellos son, en definitiva, el rostro de un sólo Dios que es Santo; Quien, por la Cruz, exhibió Su justicia y Su gracia[cxlv]. No se trata, pues, de una unidad en el error[cxlvi], ni en la carne[cxlvii], ni en lo mundano[cxlviii], unidad complicada con Satanás[cxlix]; no es de esa clase de unidad de la que estamos hablando; mas sí de la unidad del Padre y el Hijo, que por el Espíritu opera en nosotros[cl] desde el Cielo, para revelar en la tierra, por la Iglesia, que es Su cuerpo, la voluntad de Dios[cli].

 

Satanás también busca una unidad; también él quiere reunir a su alrededor al resto de la creación; el propósito diabólico ha sido sentarse en el Monte del Testimonio[clii] pretendiendo hacerse semejante a Dios, usurpando Su lugar[cliii]. Es por eso que necesitamos ejercer discernimiento[cliv], porque una unidad que sacrifica la verdad, es la pretende el padre de la mentira para sentarse en el Templo de Dios, como Dios, haciéndose pasar por Dios[clv].

 

La unidad del cuerpo de Cristo brota de la revelación perfecta de la voluntad divina en Cristo Jesús[clvi]. Fuera de Él, aparte de Él, y en otros términos distintos a los Suyos, no hay unidad verdadera[clvii]; es tan solo un sutil fraude del engañador de las naciones[clviii] que se disfraza como ángel de luz y ministro de justicia[clix], pero cuyos deseos son los de sustituir al Padre Dios y al Hijo en la herencia del Trono[clx]. Así que la manifestación de la unidad espiritual y orgánica del cuerpo de Cristo solo es posible al rededor de la revelación divina[clxi], hecha perfecta y exclusiva en el Hijo del Dios Viviente[clxii], repartido[clxiii], actuante y evidente a través de Sus miembros[clxiv]; el Cual Hijo estampó Su Sello en las Sagradas Escrituras[clxv], que son leídas por la Iglesia a través de Él[clxvi], por el Espíritu[clxvii]; y las que, como testigo canónico, nos llevan hacia Él[clxviii], y entonces al mismo Padre, por Cristo[clxix].  Las Escrituras testifican de Cristo; de Su Persona y Su Obra, de Su propósito y Palabra, de Su carácter y mandamientos (grandes y pequeños), de Su ejemplo, Su voluntad y deseo. La Iglesia, la cual es Su cuerpo, no puede menos que aferrarse a Él y seguirle a pie juntillas, como el músculo al cerebro, en espíritu y verdad, en todas las cosas, aún pequeñas[clxx], las cuales también con gozo la Iglesia fiel se interesa en cumplir para expresar la medida cada vez más plena de la belleza de Cristo[clxxi], Su Cabeza[clxxii] y Vida[clxxiii], quien es el contenido que da a la Iglesia la perfecta forma de la gloria de Dios[clxxiv], la cual, un día no lejano, por Cristo y la Iglesia transfigurada, será exhibida cual Amor desbordante como capital del Universo y de Un Reino inconmovible[clxxv]. ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados! Pero ¡Ay de aquellos que ahora están saciados, porque tendrán hambre![clxxvi]

 

(5) El modelo neotestamentario.-

 

El Nuevo Testamento nos muestra un modelo de la forma enchida de Espíritu que va tomando la Iglesia cuando es guiada del Espíritu[clxxvii]; nos muestra Su Vida, Su doctrina, Su práctica, Su administración[clxxviii]. A partir de allí se extiende por el mundo entero[clxxix]; y cuando es combatida por el diablo y sus huestes, cuando es resistida y embarcada en sutiles trampas y desvíos a lo largo de su historia, de parte del enemigo de las almas[clxxx], entonces el Espíritu Santo, que la guía sin bloquear su libertad, la lleva de nuevo a su cauce legítimo, siempre tornándola a la fidelidad a Cristo, enseñada y canonizada en el Nuevo Testamento[clxxxi]. La Iglesia, pues, en su camino y durante sus batallas, retorna por la Vida de Cristo a su modelo original[clxxxii]. Satanás la combate con las persecución desde afuera[clxxxiii], con el pecado, el error y la confusión por dentro[clxxxiv]; intenta corromper su dependencia de la Vida de Cristo, su doctrina, su práctica, su administración; y con aquellos que siguen al maligno, engañados o deliberados, en mucho o en poco[clxxxv], levanta entonces el diablo a la gran Babilonia, la gran ramera madre de fornicarias, un sistema religioso falso que pretende ser el verdadero[clxxxvi]. Con todo, y a través de los siglos, y en medio de la cizaña, el trigo sigue creciendo[clxxxvii], en el mismo Espíritu del principio, el mismo Evangelio, acudiendo siempre a la misma doctrina, retornando a su administración legítima[clxxxviii], saliendo de Babilonia[clxxxix], y aferrándose a Cristo, su único y legítimo esposo[cxc]; siempre perseguida[cxci], siempre difamada[cxcii], siempre malentendida, porque la mentte natural no puede comprender las cosas que son del Espíritu de Dios[cxciii], pues, al contrario del mundo, la pasión de la Iglesia es el reino de Cristo[cxciv]; a él está destinada[cxcv]; y después de haber dado testimonio hasta la muerte[cxcvi], descansa conciente en Su presencia[cxcvii] hasta[cxcviii] el día del segundo advenimiento de Cristo[cxcix]. Entonces, todos aquellos que no querían que Él reinase, vendrán a juicio[cc]. Volvemos entonces al Nuevo Testamento: allí vemos el cuerpo de Cristo manifestado en el tiempo y en el espacio, en el mundo; la Iglesia universal se presenta entonces como "las iglesias de los santos"[cci], "las iglesias de los gentiles"[ccii], "en todas partes por todas las iglesias"[cciii].

(Continúa)

[ii] Gn.2:4

[iii] Heb.1:3

[iv] Is.43:14

[v] Ex.3:14; Jn.1:18

[vi] Jn.17:3

[vii] Mt.16:27

[viii] Stgo.1:17

[ix] Heb.12:9

[x] 1Cor.8:6

[xi] Slm.135:13

[xii] 1Tim.6:16

[xiii] 1Tim.1:17

[xiv] 1Tim.1:17; Col.1:15; Jn.1:10

[xv] Jn.1:18

[xvi] Jn.1:1

[xvii] Prv.8:23; Is.9:6

[xviii] Jn.17:5

[xix] Col.1:19

[xx] Jn.1:14,18

[xxi] Prv.8:24,25; Heb.1:5; Jn.5:26

[xxii] Jn.10:30

[xxiii] 2Cor.4:4

[xxiv] Col.1:15

[xxv] Heb.1:2,3

[xxvi] Heb.1:2; Jn.1:3; Col.1:16

[xxvii] Heb.1:3,

[xxviii] Heb.1:2

[xxix] Flp.2:6

[xxx] Jn.1:14

[xxxi] Flp.2:7

[xxxii] Mt.1:20; Lc.1:31

[xxxiii] Lc.2:15

[xxxiv] Mt.1:1

[xxxv] Ap.5:5

[xxxvi] Ap.22:16

[xxxvii] Lc.2:1,2

[xxxviii] Lc.2:52

[xxxix] Heb.5:8

[xl] Heb.4:15

[xli] Is.53:9; Ef.4:13

[xlii] 1Cor.15:4

[xliii] Jn.4:25,26

[xliv] Is.42:6

[xlv] Jn.4:42

[xlvi] 1Pd.3:18-20

[xlvii] 1Cor.15:4-8

[xlviii] Lc.24:36.46

[xlix] Mt.28:18-20; Mr.16:11-18; Lc.24:47; Hchs.1:3-8

[l] Hchs.1:9-11; Mr.16:19

[li] 1Tim.2:5

[lii] Heb.1:3

[liii] Ap.3:21

[liv] Rom.8:34

[lv] 1Cor.15:24-28

[lvi] Heb.2:8,9

[lvii] Mt.24:30

[lviii] Hchs.1:1; Ap.1:7

[lix] Ap.11:15; 20:4,5

[lx] 1Tes.4:15-17

[lxi] Flp.3:21

[lxii] Slm.45:8-17

[lxiii] 1Jn.5:20

[lxiv] 1Tim.3:16

[lxv] Mt.16:18; Ef.1:22,23

[lxvi] 1Tim.3:15; 2Tim.1:14

[lxvii] Jn.15:26

[lxviii] Hchs.5:3,4; 28:25-27

[lxix] Gn.1:2

[lxx] Mt.10:20; Is.48:16

[lxxi] Gál.4:6

[lxxii] Tito3:3

[lxxiii] Jn.4:24

[lxxiv] Jn.16:4

[lxxv] Jn.17:10

[lxxvi] Jn.17:21

[lxxvii] Jn.17:21

[lxxviii] Jn.1:18

[lxxix] Jn.10:30

[lxxx] Jn.17:21

[lxxxi] Jn.14:18-20

[lxxxii] Gál.3:27-29

[lxxxiii] 1Cor.12:12,27

[lxxxiv] Jn.17:21

[lxxxv] Jn.15:19

[lxxxvi] Gál.6:14

[lxxxvii] Ef.2:6

[lxxxviii] Rom.8:30

[lxxxix] Ef.1:13,14

[xc] Ef.1:13,14

[xci] Rom.8:23

[xcii] Rom.8:21

[xciii] Mt.25:41

[xciv] Ef.3:19; Rom.8:17

[xcv] Ap.21:7

[xcvi] Ef.1:22,23

[xcvii] Col.1:18

[xcviii] Jn.17:14-18

[xcix] Jn.15:18,19; 17:18

[c] Jn.17:6-26

[ci] Jn.17:16

[cii] Jn.17:17; 1Cor.1:30

[ciii] 1Jn.2:15

[civ] Jn.12:25

[cv] Gál.5:24

[cvi] 1Jn.2:16,17

[cvii] Col.3:11,27,28

[cviii] Mt.5:14-16

[cix] Ef.2:13-16

[cx] 1Cor.15:47

[cxi] 1Cor.15:45; Jn.14:13-20

[cxii] 1Cor.2:4; 2Cor.2:14,15

[cxiii] 2Cor.5:18-20

[cxiv] 1Cor.15:24-27; Ef.1:22,23

[cxv] Mt.6:33

[cxvi] Ef.1:9,10

[cxvii] 1Cor.8:6; 10:17

[cxviii] 1Cor.1:13

[cxix] 1Jn.4:8

[cxx] 1Jn.5:1,12

[cxxi] Gál.1:2

[cxxii] Ef.4:3,4

[cxxiii] Ef.4:3

[cxxiv] Ef.4:4

[cxxv] Mlq.3:6

[cxxvi] Ef.4:3,4; 2:16; 1Cor.12:12

[cxxvii] 1Cor.12:12,18,27; Rom.12:5

[cxxviii] Ef.3:10,11

[cxxix] Ef.4:22-25

[cxxx] 1Cor.12:13

[cxxxi] Ef.4:25; Flp.1:9; Col.1:9-14; 3:8-15

[cxxxii] 1Cor.3:9-17

[cxxxiii] 1Cor.12:4-6

[cxxxiv] Ef.2:21; Col.2:19

[cxxxv] Ef.4:3

[cxxxvi] Gál.5:3-18

[cxxxvii] Ap.21:5-8

[cxxxviii] Lc.11:23

[cxxxix] Mt.5:13; Jn.13:35

[cxl] Mt.5:14

[cxli] Jn.17:21,23

[cxlii] Jn.17:23; Ef.3:17-21

[cxliii] 1Jn.3:17-18

[cxliv] Ef.4:15

[cxlv] Rom.3:21-26

[cxlvi] Ef.5:11

[cxlvii] Flp.3:3

[cxlviii] 1Jn.5:9

[cxlix] Ap.16:13,14

[cl] Jn.14:18-20

[cli] Mt.6:9-10

[clii] Is.14:12-14

[cliii] Is.14:14

[cliv] 1Jn.4:1

[clv] 2Tes.2:3,4

[clvi] Col.3:10-15

[clvii] Jn.15:4,5

[clviii] Ap.12:9; 20:3

[clix] 2Cor.11:14,15

[clx] Is.14:14; 2Tes.2:4

[clxi] Col.3:10-15

[clxii] Jn.14:6-9

[clxiii] Mt.26:26; Jn.6:54-58

[clxiv] Col.1:29; Ef.5:30

[clxv] Mt.5:17-19; 22:29; Jn.10:35

[clxvi] Lc.24:45

[clxvii] Jn.14:26

[clxviii] Jn.5:39

[clxix] Jn.14:6

[clxx] Mt.5:9; 25:23; Lc.16:10

[clxxi] 1Cor.14:37; Stgo.1:4

[clxxii] Col.1:18

[clxxiii] Col.3:4

[clxxiv] Col.1:27

[clxxv] Ap.21:11; Heb.11:10; 12:28

[clxxvi] Lc.6:21,25

[clxxvii] Jn., Mt., Mr., Lc., Hchs., Stgo., 1y2Pd., 1,2y3Jn., Jd., Gál., 1y2Tes., 1y2Cor., Rom., Flp., Ef., Col.,           Flm., Tito, 1y2Tim., Heb., Ap.

[clxxviii] 2Tes.2:15

[clxxix] Hchs.1:8

[clxxx] Gál.3:1

[clxxxi] Ap.2:5

[clxxxii] Jer.8:4; Ap.2:5; 18:4

[clxxxiii] Hchs.8:1; Ap.2:10

[clxxxiv] Gál.3:1; 2Tim.2:16-25

[clxxxv] 2Tim.2:13

[clxxxvi] Ap.17:3-7

[clxxxvii] Mt.13:36-43

[clxxxviii] Jd.1:3; 3Jn.

[clxxxix] Ap.18:4

[cxc] 2Cor.11:2

[cxci] 2Tim.3:12

[cxcii] Mt.5:11; Jn.16:4; 2Cor.6:8

[cxciii] 1Cor.2:14

[cxciv] 2Cor.4:5

[cxcv] Ef.5:27

[cxcvi] Ap.2:10

[cxcvii] Flp.1:23

[cxcviii] Ap.6:11

[cxcix] 1Cor.15:23

[cc] Lc.19:27

[cci] 1Cor.14:33

[ccii] Rom.16:4

[cciii] 1Cor.4:17

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